Los maravillosos viernes

Por lo general, los viernes para mí son días maravillosos. Me recuerdan que disfrutar la vida es fácil, o al menos, más fácil que los lunes o los jueves. Los viernes son días en que es sencillo habitar la piel del cuerpo, usar sonrisas y reconocer que me gusta la ropa extravagante, la comida bien sazonada, el vino pesado y las reuniones con muchos comensales.

No sé, tal vez sea porque a mí me tocó nacer en viernes y mis células lo saben. Quizá sea que mis neuronas se empiezan a acomodar para el fin de semana y se van desconectando un poco del trajín cotidiano. Entonces, me pongo en modo de decir tonterías y de morirme de risa por boberías. Pero, la materia gris no se desconecta del todo, se queda alerta lo suficiente para entender bromas y aceptar buenos chistes.

Me gusta despertarme los viernes, con esa prisa de todos los días, sabiendo que tendré la recompensa del sábado y el domingo. Entre mis inquietudes y mis obsesiones, los viernes van ocupando su lugar como si fueran ovejas que van regresando a su redil en forma mansa y pacífica. Los viernes amo la vida y me siento amada por la existencia.

Las mañanas de los viernes son más vivas y más felices. Es un juego que tenemos la vida y yo. Claro que hay veces que no tenemos ganas de participar y entonces algo se nubla, se pone gris o áspero y de amarga el gusto. Son pocas las ocasiones en que no queremos jugar, por lo general, le echamos ganas y nos ponemos en ese modo en que disfrutamos las horas y nos fascina que los segundos se deslicen. Las cervezas tienen mejor sabor, el tequila hace mejores migas con la garganta, lo agrito se convierte en dulcecito. Es una delicia.

Lo que pasa es que los viernes hay una especie de botón del volúmen que sube la intensidad de la vida: si alguien me hace enojar en estos días gloriosos pueden suceder varias cosas. O, me da igual y lo dejo pasar o sálvese quien pueda porque saldrán truenos y centellas.

Los viernes la vida y yo tenemos un pacto de reciprocidad: ella me trata bien y yo agradezco el buen trato. Son días magníficos en los que el aire abraza y el sol da de besos. En una de esas, los viernes son los días en los que Dios se asoma a ver lo que estoy pensando.

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Hace 24 años

Hace 24 años tenía más preguntas que respuestas. ¿Cómo serás?, era la principal pregunta. Las dudas que me habitaban tenían que ver con con tu porvenir, con la forma en que abordarías la vida, por los rasgos de tu rostro y de tu personalidad. Hace 23 años llegó la llamada, por fin estarías entre nosotros y podría abrazarte. Contigo nació una capacidad de amor que nunca antes había experimentado, entendí que el cariño mientras mas se da, más crece.

A lo largo de estos 24 años, te he visto florecer. Germinó la semilla, creció un buen tallo, se fortalecieron las raíces y se asentaron en tierra firme.Te he visto progresar, ir adelante, mirando al frente y pisando fuerte.

Hoy, después de 24 años, muchas de esas dudas se despejaron. Terminaste la carrera que elegiste. Hiciste vida la vocación de la escritura, pones en juego tu talento, haces de la palabra herramienta y si las fronteras del lenguaje son los límites de tu mundo, entonces el tuyo es enorme y bello. Y, das un paso mas allá y te transformas en empresaria.

En 24 años, Andrea, hay tantos motivos de felicidad. El principal es el festejo de tu vida. Feliz cumpleaños, hijita. Hoy tienes 24

La escritura de quien ama el buen gusto

Towles, A.(2011) Rules of civility, Sceptre

Amor Towles es un escritor elegante. Los que hemos leído sus libros podemos suscribir que su pluma tiene un estlo refinado. «Normas de cortesía» es uno de esos libros que se leen porque son el primer libro de un autor que ha tenido un gran éxito con el segundo libro.  Lo malo para Towles es que va a ser juzgado en comparación con El caballero de Moscú que es una obra superior en todos sentidos. Esto suele ser muy complicado y no todos autores  consiguen ser analizados con objetividad después de que se leyó primero algo mejor, lo cual habla bien de Amor Towles porque quiere decir que su escritura ha ido evolucionando.

 Las expectativas que eleva Normas de cortesía han de ser controladas y habrá que entender que se trata de una primera novela. Towles busca retratar una vida estadounidense de esa gente privilegiada que pertenece al cículo selecto que goza de las vistas del mar en Martha’s Vineyard, que tiene una casa de descanso en los Hamptons y que vive en el paraíso para ricos y demócratas. El libro nos lleva a un flashback que parece iniciar en  los años sesenta, el tiempo en que transcurre el inicio de la novela. Así, Towles arranca describiendo una fiesta de sociedad que seguro terminaría con una hipótetica escena en la que los asistentes se sentarían a la mesa de los Kennedy y quizá fueran fotografiados para salir en The New Yorker.

“En las reuniones formales, de alguna manera se vuelve aceptable, incluso elegante ser bebido antes de las ocho”.[1] (p. 2)

“Pocos de los invitados miraban las fotos, estaban demasiado ocupados divirtiéndose.”. (p.1)[2]

«Normas de cortesía» es el retrato de la Nueva York de 1938 visto con los ojos de una mujer en los años sesenta, lo cual le da a la novela una perspectiva interesante. La voz femenina está bien ejecutada por el autor. Desde el inicio sabemos que se trata de una mirada al pasado. También nos adelante que se tratará de una tragedia, porque el personaje principal, Tinker Grey, terminará fotografiado en un estado de indigencia, entonces, vamos a leer una tragedia, aunque al terminar el libro, no nos queda ese sabor amargo.

“Sí, Tinker se veía pobre en la imagen[3]”. (p. 7)

En la Nochevieja de 1937, Katey Kontent, mecanógrafa en un bufete de abogados de Wall Street, junto a Eve Ross, su compañera de casa de asistencia, salen dispuestas a disfrutar a fondo la libertad que promete Nueva York. Se dirigen a The Hotspot, un bar de tercera fila donde se toman el jazz lo bastante en serio como para que nadie moleste a dos chicas de buen ver, y donde la ginebra es suficientemente barata como para beber un dry martini cada hora. Cuando los tres dólares que llevan en el bolsillo se agotan, aparece en escena Theodore Tinker Grey, un joven prometedor de la aristocracia de Nueva Inglaterra, luciendo una sonrisa arrebatadora y un abrigo que ellas no podrían pagar con sus sueldos de un año. Juntos acabarán celebrando la llegada de 1938 en Times Square, en una noche que marcará sus vidas para siempre.

La narradora es una mujer especial y muy interesante, que no pertenece a lo mejor de la sociedad, lo que hace posible, quizá por esa misma razón, que su mirada sea amplia y sin subordinaciones. Es una mujer que tiene una distancia objetiva, es una persona inteligente que es capaz de observar y notar lo que no es evidente para los demás. Es Nueva York, y es la Nochevieja de 1937, Katey e Eve son dos jóvenes que están dispuestas a disfrutar del último día del año. Ellas quieren disfrutar de sus dry martinis y de esa noche mágica y al cabo de un rato entablan conversación sin saber ninguno de los tres que esa inocente acercamiento marcará el año que empieza y, posiblemente, el resto de sus vidas.

“Ella llegó a amar la fusión de las historias relumbrantes de purpurina y sollozos.”. [4](p. 35)

Así, el par de amigas vivió cosas que están vedadas para casi todos. Es un retrato costumbrista de esta ciudad cosmopolita tan glosada, cantada y retratada por artistas de toda clase. Los clubs nocturnos, la música de jazz, las reuniones de amigos, los lugares emblemáticos, las ideas políticas efervescentes en ese período tan intenso, a punto de empezar la segunda guerra mundial y en medio de la guerra de España…Todo se mezcla en un cóctel a veces lineal y otras veces a borbotones. Da la impresión, no obstante, de que hay cierta frialdad en el retrato, como si no se amara lo suficiente a la ciudad. Por ejemplo, si lo comparas con Woody Allen. Debe ser que hay tantos Nueva York como amantes. Y es casi imposible trazar un retrato de alguien o de algo si no se siente una pasión apabullante, hasta el fondo.  

“Uno de cada mil puede mirar al mundo con asombro”. [5](p. 276)

La novela abarca todo el año 1938 y su estructura se corresponde con las estaciones del año empezando con el invierno para acabar en el otoño. La narradora y principal protagonista de esta historia será Katey Kontent a quien conocemos en el prólogo fechado en 1966 cuando se encuentra con su marido en una exposición pictórica y dos cuadros serán los que provocarán que nos cuente su historia. También encontramos un epílogo, esta vez datado en 1940, que sirve como colofón a la historia que nos ha relatado. Al final de cada una de las partes encontramos un capítulo escrito en cursiva y en el que un narrador omnisciente será quien lleve la voz narrativa para darnos algunos datos que no sabemos de los hechos relatados anteriormente ya que nuestra narradora también los desconoce.

La prosa de esta novela es fluida, sin grandes cambios de ritmo, aunque con buenos giros de tuerca, que con un lenguaje elegante y diálogos amenos nos zambullen, casi sin darnos cuenta, en aquella sociedad neoyorkina de finales de la década de los años 30 del siglo pasado.

“No solo teníanmodales, sino que pensaban que valía la pena preservarlos”.[6] (p.151)

La ambientación es fabulosa y gracias a unas descripciones minuciosas y pertinentes hacen de esta una novela muy visual en la que parece que estemos contemplando los salones de baile, el despacho de abogados donde trabaja Katey o los grandes edificios con portero que visita. Los libros están  muy presentes también en la novela ya que nuestros personajes hacen continua referencia a títulos y citas de los mismos dando así un pequeño toque metaliterario a la novela, toque que también encontramos en un apéndice al final de la novela que recoge las Normas de cortesía y comportamiento decoroso en compañía y conversación, del joven George Washington.

Durante el año 1938 la vida de Katey Kontent va cambiando poco a poco al tiempo que va descubriendo cómo es la vida en la gran ciudad y, lo que es más importante, qué se esconde detrás del comportamiento de las personas que la rodean. Es una joven inteligente que lo único que quiere es encontrar su sitio en Nueva York y labrarse un futuro allí.

Los lectores iremos adentrándonos en la sociedad tan sui generis en la que habita Katey y junto a ella iremos descubriendo sus costumbres, las tentaciones que ofrece y los peligros que esconde. Acompañando a Katey en esta  novela encontramos un elenco de personajes muy variados entre los que sin duda destacan su amiga Eve Ross y Tinker Grey. Ella es determinada  y no duda en hacer cualquier cosa por conseguir lo que desea; un desafortunado accidente hará que su vida dé un giro y que nos muestre su verdadera cara. Él es un hombre apuesto, elegante y con buenos modales que está acostumbrado a encandilar a toda mujer que se cruce en su camino.

Katey y Eve  no iban a ser menos, caen bajo su influjo y los tres forman un extraño equipo durante un tiempo. A medida que vamos sabiendo más cosas de Tinker, intuímos también que hay algo escondido detrás de sus trajes a medida y su bonita sonrisa. Jóvenes adinerados en fiestas sin fin, porteros y chóferes que saben ser discretos, señoras de la alta sociedad con pocos escrúpulos, jefes severos y duros acompañarán a los protagonistas y, junto a ellos, conformarán un fiel retrato de la sociedad neoyorkina del momento.

“Hay pocas cosas tan sorprendentes como una persona que se ríe bien a su costa”.[7] (p. 285)

En Normas de cortesía, Amor Towles cita el evangelio de San Mateo. El prólogo que presenta la historia escrito en 1969 por la protagonista. El resto del texto recoge las estaciones de 1938. Al final, nos deja el libro omónimo escrito por George Washington

Aunque al autor hay que juzgarlopor su obra la biografía de Towles sirve para entender su forma de escribir. Un hombre que nació en Boston, se educó en Yale y Stanford. Es un autor que sabe de lo que escribe, que es elegancia y el buen gusto.

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[1] At formal gatherings, somehow it had become acceptable, even stylish to be drunk before eight.

[2] Few of the guests were looking at the pictures, they were too busy enjoying themselves.

[3] Yes, Tinker looked poor in that picture.

[4] She came to love the fusion of the glitter and sob stories.

[5] One in a thousand can look at the world with amazement.

[6] Not only did they have manners, they thought them worth preserving.

[7] “There are few things so disarming as one who laughs well at her own expense”.

Taller de escritura creativa

Anímate

Algunas reflexiones sobre la variante Ómicron

Me topo con un artículo interesante de David Leonhardt que le publica The New York Times cuyas reflexiones hacen sentido. Mas allá de dar un punto de vista sensacionalista, se aparta de las opiniones y da las cifras disponibles sobre la variante Ómicron de Covid19. Lo que se ve no se juzga, la información nos revela que esta cepa es más débil y sus efectos menos catastróficos.

Los datos se vuelven más claros conforme pasa el tiempo y dejan evidencia contundente. Hay menos hospitalizaciones, los tratamientos hospitalarios son menos severos, los síntomas son más leves, hay menos muertos —sí hay casos de personas que pierden esta batalla—. Por eso, tampoco hay que echar las campanas al vuelo.

En síntesis, Leonhardt recomienda y parece pertinente que nos sigamos cuidando. No obstante, las personas que tenemos un esquema de vacunación completa no debemos someternos a un encierro total. Los que han tomado la decisión de no vacunarse tendrán sus razones, pero son los que están en mayor riesgo de contagiarse.

Leer este artículo me da esperanza fundada. Los números no mienten. Su objetividad me lleva a respirar con mayor calma, porque francamente, otro encierro es difícil de imaginar.

La suerte de Sor Juana

La mayoría de los escritos de Juana Ramírez de Azbaje, Sor Juana Inés de la Cruz, se publicaron durante su vida, ya sea en forma de hojas sueltas, en folletos, pasquines, revistas literarias o en los grandes volúmenes de poesía y teatro que aparecieron en España.

            Las obras póstumas se conocieron cinco años después de su muerte y formaron un nuevo tomo junto con una serie de composiciones encomiásticas y laudatorias que se le dedicaron. Sor Juana tuvo suerte, o mejor dicho, su obra tuvo la fortuna de vencer al tiempo, a las termitas, a los incendios, a la envidia, a las amenazas de excomunión, a la injusticia que puede someter al talento por un alma mesquina.

            Esta fortuna hace que podamos gozar de la obra de Sor Juana porque ella jamás se ocupó de coleccionar sus poemas y mucho menos de publicarlas. Nunca tuvo que someter su trabajo al desdén editorial ni recibió una carta de rechazo ni arrumbaron sus manuscritos en algún rincón polvoso. Para ella el procedimiento era sencillo, una vez concluidos sus poemas, sus obras de teatro, sus ensayos los entregaba a sus destinatarios —si es que se trataba de encargos—, a sus amigos,  a sus benefactras, entre las que se encuentran la Marquesa de Mancera y las Condesas de Paredes y de Galve.

            Las circunstancias que rodearon la primera impresión del tomo que contenía las obras de Sor Juana son un claro testimonio de que jamás escribió con ánimo de que se imprimieran sus escritos y mucho menos de que se hicieran tan populares. La popularidad irritó a sus confesores y a los obispos del tiempo.

            De no ser por la Condesa de Paredes que al enterarse de que el encargo de su esposo como virrey de la Nueva España concluía, solicitó a Sor Juana que le entregara un manuscrito de sus poemas dispersos, esos escritos se habrian perdido. Es verdad, lo reunido no pudo ser completo, sino una muestra de la obra. Este primer tomo se tituló “Inundación castólida de la única poetisa, musa décima Sor Juana Inés de la Cruz”.

            El éxito que alcanzó esta edición fue notable: en menos de un año se agotó y se reeditó. En la segunda edición de 1690, se cambia el título por el de “Poemas de la única poetisa americana, musa décima…” El tercer tomo cotiene las obras póstumas de Sor Juana ny lleva como título: Fama y obras póstumas del Fénix de México, décima musa, poetisa americana, Sor…” y fue recopilado por otro amigo de la monja jerónima, el Doctor Juan Ignacio de Castorena y Urúsa.

            Después de la edición de estos tres volúmenes, sobrevino un largo periodo en el que la obra de Sor Juana quedó en el olvido. Fue el crítico argentino Juan María Gutiérrez quien exhumó la obra sorjuanina del abandono y desató una corriente sorjuanista en todo el mundo.

            A pesar de que la obra de Sor Juana, tal como ha llegado hasta nosotros es extensa, lo que se ha perdido parece ser abundante y valiosa. De no haber sido por la recopilación que hizo la autora para la condesa de Paredes, habría sido imposible conocer a una de las poetas más lúcidas de la Humanidad.  

El propio Castorena confiesa que “muchos otros discretos papeles y cartas que seguramente escribio la poetisa; pero como jamás se desvaneció su humildad, la esperanza de darlos a las prensas dependía si los borradores le eran solicitados, por lo que sin dificultad, muchos se perdieron”.

Y, efecivamente, Sor Juana escribió:

A ningugo tu beldad

Entregues que es sinrazón

Que sirva tu perfección

De  triunfo a su vanidad

Goza la celebridad

Común, sin verte empleada

En quien después de lograda

No te acierte a venerar

Que en siendo particular

También serás desdichada.

 

Glosa I,

Sor Juana Inés de la Cruz

El alma, el cuerpo y la poesía

¿Será posible seguirle las huellas que deja la poesía en el cuerpo y en las almas? Octavio Paz cree que sí y va más hondo, se muestra, como un pensador que recoge la herencia filosófica liberal moderna: el hombre es esencialmente libertad; en libertad de su voluntad, como decían Rousseau o Kant. Tanto en su condición antropológica como política, la libertad constituye el fundamento ontológico de la condición humana. Desde esta perspectiva, el cuerpo está sometido a la libertad del alma. La metáfora de Descartes es reveladora: el alma es el capitán del navío al que llamamos cuerpo. Pero vista así, el alma libre no necesariamente da cuenta de la naturaleza total del hombre, del mismo modo como la libertad absoluta no permite comprender el mundo como necesidad. ¿Cuál es entonces la importancia del alma?

La ciencia contemporánea, dice Paz, ha ido más allá de las posiciones filosóficas modernas. Diversas investigaciones tienden a subsumir el alma en el cuerpo, de tal modo que el cerebro, por ejemplo, puede ser visto como una suerte de máquina interpretable desde modelos computacionales. Incluso se plantea el conocido problema de si en algún momento se podrá llegar a construir máquinas superiores y más inteligentes que el hombre actual cuya alma es apenas un componente más de esa construcción.

Paz muestra su desacuerdo con esta forma de concebir el alma, le atraen las exploraciones que hacen énfasis en el sistema nervioso, en la biología y la vida. El alma sería más comprensible si se estudia el funcionamiento del cuerpo en su relación con el entorno. Recupera la importancia del cuerpo. Octavio Paz afirma que: “El alma aparece en el cuerpo. El alma es el cuerpo. El cuerpo podría representar una forma de recuperación del alma”.

 El alma es un laberinto y el cuerpo también es otro laberinto. Paz lo asume desde dos líneas que se cruzan y a la vez se separan. Por un lado, el cuerpo, a través del amor y el erotismo, permite la experiencia de la comunión tal como también lo logran la poesía o la fiesta. Comunión entre almas o comunión con el mundo.

La poesía, junto con el amor y el erotismo, juegan un papel decisivo en la relación de las almas y los cuerpos. Se podría quizás afirmar que son nuestra más genuina experiencia ontológica, pues nos revela sin mediaciones la idea de totalidad. Se trata de estados de fusión y comprensión que van más allá de las formas lingüísticas y, sin embargo, dicen más que ellas. En un instante, lo dicen todo —semejante a la experiencia musical— y permiten “tocar” o “vivir” —digámoslo así— la verdadera realidad. Es allí básicamente donde Paz encuentra los poderes de la sensibilidad y la imaginación.

No obstante, el cuerpo (incluida el alma) es una fuente de separación, vale decir, de incomunicación que también tiene un indudable peso ontológico. Paz lo plantea, en principio, considerando el problema comunicativo que envuelve la sensibilidad. En efecto, La llama doble culmina ocupándose del problema de la comunicación, un aspecto central para comprender la constitución de la cultura, pero a su vez una fuente radical de aporías que afectan la capacidad de comprensión de la sociedad contemporánea. Y para mostrarlo, se refiere a los diversos ámbitos desde los cuales se va constituyendo. El primero y fundamental de ellos es el mundo de la sensibilidad.

Los sentidos encierran un doble juego. Tienen un rol privilegiado en la experiencia amorosa y en el erotismo que surge del cuerpo, y contribuyen a la fusión de las almas. La historia del amor que ofrece Paz remontándose a los antiguos es, en alguna medida, una historia de la sensibilidad. No es una sorpresa entonces que Paz se haya ocupado de la naturaleza de los sentidos. Las diversas aproximaciones al tema de la soledad y la comunión y lo coloca en primer plano el problema de saber, qué es lo que puede llevarse al alma y al cuerpo.

“Los sentidos nos comunican con el mundo y, simultáneamente, nos encierran en nosotros mismos: las sensaciones son subjetivas e indecibles”. Paz se refiere al inevitable proceso de alienación en el que cae el hombre debido a su propia naturaleza, escindido del mundo sin la posibilidad de lograr un proceso duradero de reconciliación, de “comunión”, como le gustaba decir.

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