Las tonterías de una Primera Dama

Otra vez, las propiedades de la señora Angélica Rivera dan de que hablar. Pareciera que la esposa del Presidente de la República se empeña en hacer tonterías y luego, como el león cree que todos son de su condición, pone al mandatario a dar explicaciones absurdas que nadie cree. No somos tan crédulos. Resulta que la señora Peña tiene un departamento en Miami y su marido dijo que uno de sus vecinos le hizo favor de ir a pagar el predial y, en un acto de buena vecindad, le prestó dinero.

Lo que pasa es que la propiedad no está en la colonia Doctores, está en Key Biscayne y el pago no es una cantidad nimia. El periódico The Guardian los agarró en una maroma que no han sabido explicar más que ofreciendo discuplas. Enrique Peña Nieto declaró que Angélica Rivera pidió a su vecino, el señor Pierdant que le hiciera favor de cubrir sus obligaciones fiscales porque ella se encontraba en México, sin embargo, nos enteramos por otro periódico, ahora el Reforma, que esos pagos se hicieron con la gestión de un despacho de abogados. ¿Entonces? 

¡Qué raro es todo esto! Además, estamos hablando de un trámite en Estados Unidos, un país tecnologizado, no es la ventanilla de un pueblo en la sierra ni un caserío perdido en el desierto. La oficina del condado de Miami-Dade recibe pagos vía electrónica desde cualquier parte del mundo. ¿A poco la señora de Peña no lo sabía y por eso cometió la tontería de pedir un favor innecesario? Sin duda, nos sorprende que con tanta gente tan inteligente que asesora a su marido, ella no haya pedido consejo y en forma tan imprudente, haya molestado a su amigo, en vez de hacer que se pagara vía electrónica.

Sorprende que tanta gente tan inteligente haga tantas tonterías. El secretario Videgaray pidiendo préstamos absurdos, la señora Rivera empolvando más la imagen de su marido, un pobre amigo con cara de angustia saliendo a dar explicaciones insostenibles, un Presidente que pone a su entorno a ofrecer justificaciones de sus tropiezos y nosotros escuchando.

Ayer recibí una carta de uno de mis profesores, me pedía que no desestimara la importancia del reportaje de Carmen Aristegui. Me hacía notar la importancia de que una tesis se hubiera presentado para aspirar a un grado habiendo plagiado. Me exigía darle la justa medida y reconocer la gravedad del hecho. Creo que tiene razón, es preciso darle la justa medida a las cosas. Fue pésimo que el sustentante no hiciera bien el trabajo, está peor quererle echar la culpa a la imprenta o al primer incauto que vaya pasando por la calle. Y, por lo mismo, para darle la justa medida, basta abrir el periódico.

Las fosas comunes, las casas presidenciales y del gabinete, los justificantes absurdos, los favores vecinales, la degradación en la calificación del riesgo país de Moodys y Standard and Poors, la devaluación del peso, el incremento de la deuda externa, la falta de crecimiento de la economía y tantas otras, opacan los efectos de un mal trabajo presentado para obtener una licencia de abogado. Si la situación fuera otra, si el país no estuviera rechinando por doquier, este gritoestridente que   denuncia un plagio hubiera resonado más fuerte. Hoy, se le ve la mala yerba por todos lados. Lo cierto es que en la casa de los Peña, hoy el marido no le puede reclamar las tonterías que hace su mujer. Ella lo verá con ternura y elevará las cejas.

Vamos a ver qué pasa, las tonterías de la Primera Dama siempre resultan en dos cosas: una exactriz saliendo a cuadro con cara de fastidio, representando el papel de emperatriz de México para contarnos un cuento y un Presidente que sale a ofrecer disculpas y pedir mil perdones, y nosotros, escuchando. 

Azcarraga, el soldado de México

Los cambios que hizo Televisa en la programación del Canal de las Estrellas coinciden con un triste suceso, murió Chachita. La convergencia de esos hechos me lleva a reflexionar sobre como las luminarias de la época de oro del cine mexicano se van apagando y el mundo del espectáculo gira en otras direcciones. La gente está en busca de novedades. En el movimiento pendular del   entretenimiento, el consumidor ya es diferente. Las formas que ocuparon nuestros abuelos para divertirse  son cosas del pasado y las sentimos tan lejanas como la prehistoria. Los tiempos en los que recibíamos con alegría los contenidos que misericordiosamnete nos entregaban, han llegado a su fin.

Antes, alguien elegía la barra de programas para la televisión y los espectadores nos sentabamos, agradecidos, a ver lo quehabían seleccionado  para nosotros. La televisión fue no sólo el aparato reinante del hogar, sino el elemento de cohesión de una sociedad. Hubo una generación que esperó pacientemente el día y la hora para ver al Hombre nuclear o a La mujer biónica. Al día siguiente, el ritual era el mismo, los niños comentaban el programa. En el recreo, en los pasillos, en el salón de clases, en los recorridos del camión escolar los comentarios sobre las aventuras de Steve Austin y Jaime Summers eren el tema central. Sí,  eran los tiempos en los que la verdad se conocía por los labios de un Jacobo Zabludovsky ataviado formalmente, equipado con unos audífonos que lo hacian lucir como marciano y le daban la autoridad suficiente para ser creído a nivel nacional. Él poseía la verdad absoluta. Sí lo decía Jacobo, así era. 

Hoy, esos formatos no podrían funcionar. La aparición de Internet nos da la posibilidad de consumir entretenimiento personalizado. Los programas ahora se llaman series y cada quien las ve en el momento y lugar que quiere al ritmo que mejor le conviene. Las nuevas generaciones se enteran de lo que sucede a través de las redes sociales y la televisión parece enfilarse por el mismo camino que las videocaseteras, los formatos vhs y beta. Los jóvenes ya casi no ven televisión. Ni les interesa ni se identifican con la gente a cuadro. Sólo encienden el aparato para ver eventos deportivos.

Sin duda, hay que hacer modificaciones. Televisa lo sabe, pero no parece entenderlo. Al ser entrevistado para comentar sobre los recientes cambios que llevó a cabo, Emilio Azcarraga dice que se ve a sí mismo como un soldado de México. Si lo pensamos, podemos entender a un hombre tan poderoso que ha producido telenovelas y macroproducciones, que tiene a una de sus caras bonitas viviendo en Los Pinos, que por años ha exportado culebrones en forma de telenovelas súper exitosas y hasta logramos discernir los motivos de su arrogancia. Tristemente, vemos a un personaje que no está dando muestras de entender el punto de inflexión en su negocio.

Imagino a Emilio Azcarraga como a ese niño que tuvo una oruga que de repente se le transformó en mariposa. El sabía jugar con el gusano y no sabe que hacer con un animalito que tiene alas. A sus clientes les salieron alas. Los espectadores son críticos, tienen voz y ejercen el poder de cambiar de canal o de apagar el aparato. Ya no son obedientes ni abnegados. El agradecimiento que se le tenía a los soldados de México que nos hacían favor de entretenernos  se acabó. Los miembros del ejercito del Canal de las Estrellas parecen juguetes de plomo que se empiezan a oxidar. 

Por eso, quiso cambiar y parece que no supo como hacerlo. Saca de cuadro a sus rostros legendarios, con los que la generación que prende la tele se identifica y pone a gente que no tiene filiación con los que todavía encienden el aparato y menos con los jóvenes a los que ya no les interesa ese formato. Rostros acartonados, caras petulantes, chistes forzados, vulgaridad a modo, caritas bonitas pero sosas y fórmulas aquilosadas no van a funcionar. Aburren. El soldado de México debe evolucionar, tiene que reorganizar su ejército y dejar de ser un raso de tropa para ser un General. Por lo pronto, las huestes que convocó no parecen dar el ancho. No logran captar la atención del respetable. 

Ni los nuevos escenarios, ni la escenografía ultra moderna, ni los programas, ni los personajes están dando el ancho en estos primeros días de trabajo. La despedida de los viejos, fue muy larga. Dieron mucho tiempo, demasiado, para que la gente se enfermara de nostalgia y el remedio recetado, no cuaja. Es tedioso. La propuesta parece de plástico. La arrogancia se convirtió en la moneda de intercambio y si no escuchan a su audiencia, la televisión dejará de sintonizarse en el Canal de las Estrellas que cada día luce más deshabitado.

Mala yerba

Los zorros son animales astutos, a simple vista parecen unos hermosos perritos que podrías abrazar y metértelos al bolsillo porque parecen de peluche. Con ese hocico fino y puntiagudo parecen tan inocentes, tan indefensos y en realidad son cánidos rapaces, carnívoros veloces que tienen la capacidad de hechizar a sus víctimas y matarlas en instantes. No se les nota la intención. Así pasa con los venenos más potentes, son yerbas malas que a primera vista son hermosas pero resultan fatales. 

Con los humanos la cosa cambia. Las intenciones se notan. Hay una especie de sexto sentido que nos ayuda percibir las intenciones reales de las acciones. Necesitas ser muy bueno para disimular los motivos verdaderos. Entonces, si la bruja ofrece una manzana, todos saben que algo anda mal, tal vez no sepan que está envenenada, pero hay la certeza de que no es un ofrecimiento de buena voluntad. Claro, en todo lugar hay Blanca Nieves que están dispuestos a recibir alegremente esas frutas aderezadas y las muerden con tanto gusto que ni se enteran cuando caen narcotizados.

En general, nos damos cuenta de la mala yerba. Casi siempre, se encienden las alarmas y no nos tragamos los cuentos. El problema es que últimamente son tantos los yerberos que la oferta se multiplica y el gusto amargo se va apoderando de la escena mundial. Por suerte, se les nota. Tristemente, algunos deciden aceptar las manzanas envenenadas y los vemos dándole de mordidas con una alegría que en vez de causar ternura, causa alarma.

Sólo así se explica uno que existan seguidores latinos de Donald Trump, sólo así se entiende que haya gente que crea que López Obrador no tiene bienes ni dinero en el banco y viva como marqués, sólo así se comprenden los miles de tuits y posts que piden enardecidos que le quiten la cédula profesional a Peña Nieto. Mientras, imagino a Trump, a López Obrador y a Peña acariciando al gato negro, sonriendo satisfechos, sabiendo que muchos degluten gustosamente la frutita.

A mí me da pánico ver los efectos de tanta mala yerba. Los motivos de odio van germinando por doquier. Las brujas van pisando a los durmientes que tan contentos aceptaron lo que creyeron que se les ofreció de buena voluntad. El mal está hecho, la gente cree y se va con la finta. Las oportunidades de análisis se diluyen y las carcajadas de la bruja causan temblores que pasan desapercibidos. ¿Por qué nadie se pregunta cuáles son las verdaderas intenciones de Trump, con qué paga López Obrador la vida de lujo que tiene, cómo le hará Peña para seguir controlando un país que parece barril de pólvora? Al final, nadie se pregunta cuáles son los beneficios de andar con cuentos.

Claro, con los efectos narcotizantes de la manzana, vemos a latinos vitoreando a Trump mientras algunos republicanos se están muriendo de miedo; vemos a cientos de fanaticos aplaudiendo la sencillez de López Obrador mientras el pasea por Roma y vemos a miles de enardecidos pidiendo que le retiren la cédula a Peña mientras su amigo Virgilio da explicaciones de horas y horas para justificar lo que no tiene explicación más que la evidente. No hay duda, la flor del mastuerzo es bella.

Se tira una cortina de humo y enhierbados no logramos ver los efectos reales. No habrá muro, hay ríos de dinero encubierto en la honestidad valiente y en la corte peñista hay funcionarios que se van de luna de miel a Río de Janeiro haciendo gala de dispendio y frivolidad. Y, obnubilados por la mala yerba, nos olvidamos de las fosas clandestinas, de los actos vandálicos, de los robos, de las extorsiones, de los secuestros, de la pobreza alimentaria, del crecimiento, del turismo, de la salud, del campo, de la infraestructura. Lo toral se diluye.

No obstente, en el fondo sabemos la verdad. Nuestro sexto sentido se enciende y manda alertas. Es tiempo de enjuagarnos la boca, apartar la mala yerba, olvidarnos de los espejitos mal intencionados que se nos ofrecen como grandes revelaciones y empezar a darnos cuenta que si seguimos envenenado, algún zorro nos va a enterrar los colmillos en el cuello después de habernos encantado con esa carita tan inocente.

El reportaje de Carmen

El domingo en la mañana amanecimos con la noticia que se había colgado en todas las redes sociales habidas y por haber, que Carmen Aristegui había hecho otra investigación especial y que nos revelaría otro dato terrible de Enrique Peña Nieto, Presidente de la República. Sin duda, a muchos nos picó el mosquito de la curiosidad. ¿Qué habrá encontrado esta mujer? Nos convocó a estar pendientes a las diez de la noche para enterarnos de sus pesquizas.

Sin duda, este hecho me dio toneladas de motivos  para enterarme qué iba a encontrar. A la hora en punto, Aristegui Noticias tenía el material prometido. Pero, a esa hora estaba la clausura de las Juegos Olímpicos de Rio, en términos del efecto que se quiso dar, la programación de la hora fue un desacierto. ¿Quién quiere competir contra un evento de cobertura mundial? Claro que gracias a la tecnología, pude ver la televisión y consultar la noticia.

La verdad, esperaba más. El anuncio del domingo fue más grandilocuente que lo que efectivamente se dio a conocer. Una noticia cargada de adjetivos hace sospechar. Sentí que se quería forzar un escándalo y que se buscaba irritar a la población. Una noticia así, se entrega sin estridencias, debe bastarse a sí misma. No hay necesidad de calificar, lo que se ve no se juzga. En esta condición, algo le sobró al equipo de investigaciones especiales de Aristegui Noticias. Se les notó la intención, enseñaron las costuras. Ese tropezón no lo tuvieron con La casa blanca, ni cuando se echaron al balcón a Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, ahí la investigación se paró solita, sin necesidad de mayores calificativos, lo encontrado bastaba y sobraba.

Lo que sí sirvió fue para ejemplificar a mis alumnos las consecuencias de pasar por alto el rigor académico. No estoy de acuerdo con la afirmación de que fue un error de estilo. Cuando uno no revela las fuentes consultadas, está cometiendo un error grave. Ahí falló la disciplina al transcibir un texto y citar adecuadamente porque, hay que decirlo, Peña sí menciona en la bibliografía los textos consultados. ¿Está bien? No, claro que no. Sin embargo, tristemente tenemos que reconocer que estas fallas en los trabajos que presentan los alumnos, son comunes. ¿Deberían de serlo? Por supuesto que no, pero pasa. Pasará cada vez menos ya que los académicos contamos con herramientas que nos permiten verificar si hay fuentes no reveladas, si hay material que no está citiado adecuadamente. 

Enterarme de que Enrique Peña Nieto no sabe citar en forma adecuada, no me sorprende. La verdad, tampoco me irrita. Me molesta más la incapacidad que muestra para manejar los conflictos del país. Me desespera que tolere a la CNTE, que no apoye a los empresarios que han perdido tanto dinero y oportunidad de negocio mientras se consiente a tanto vándalo, me enfurece escuchar que se apoya a emprendedores, cuando en realidad se les deja solos; me alarma que no de acuse de recibo de tanto muerto enterrado en fosas clandestinas, que el crimen organizado parece no tener freno y que las variables económicas estén empezando a rechinar. Me duele ver a tanto niño que no está en las aulas.

Con honestidad, Peña puede tener mala ortografía, pésima dicción, pudo haber mandado hacer su tesis a alguien más que en realidad , no me interesa. Eso es su problema y está en él arreglarlo o no. Lo que sí es problema de todos es ver la pobreza de recursos con la que se abordan los temas y la facilidad con la que nos quieren asustar con espejitos. Del reportaje de Carmen Aristegui, esperaba más. Seguro, levantará polvo. Pero si a Peña le falto estilo, a ella también.

El homenaje a un desastre (Behold the man)

Si no fuera porque es estrictamente absurdo, rayaría en lo irreverente. Claro, de eso se trata el humor, de caminar equilibradamente entre los extremos que causan escándalo y matan de risa. Eso hizo Andrew Flack a quien se le ocurrió hacer una ópera de un despropósito de fama mundial. Es posible que a estas alturas, ya hayamos olvidado el suceso en el que una anciana, Cecilia Giménez, intentó restaurar un fresco del siglo XIX con la figura de Ecce Homo, en el Santuario de la Misericordia, en el pueblo de Borja, en la provincia de Zaragoza, en España, llegando a resultados tan terriblemente desastrosos que ganó fama internacional.  La mujer de más de ochenta años captó la atención mundial con la imagen deformada de un Cristo que dio vuelta al planeta en cuestión de horas. 

La verdad es que Cecilia Giménez le hizo un favor a Borja con la ocurrencia y cientos de turistas iban al templo a ver los resultados de la restauración. Hoy, el pueblo lo toma con tanto humor que estrenan una opera  musical en la que narran el acontecimiento con un tono de humor negro. Me gana la risa y me gustaría estar en esa plaza para ver la representación de una Cecilia que canta el sueño en el que Dios le pide que restaure esa pintura. El espectro de Elías García Martínez, el autor de la obra restaurada le canta a la anciana su tristeza por el deterioro de su creación y le hace la misma petición. Pero, ya lo sabemos, a la anciana no la dejan terminar la encomienda.

Imagino la tristeza de los personajes en escena mientras el público se mata a carcajadas. El péndulo va de la evidencia: la pintura está descuidada,  a la restauración; de la desolación de un pueblo en Zaragoza hundido en la crisis económica a la prosperidad  que trajo un evento tan curioso: la inocencia de una anciana que con buena intención eleva el pincel para remendar un mal y lo logra, pero no del modo en el que ella cree. Cecilia Giménez, esta protagonista heroica, salva a Borja dándole un flujo turístico inimaginado. Hoy, con esta sátira, la gente la recuerda y, en cierta forma la homenajea. Insisto, no sé si de la forma en la que ella lo esperaba, pero juegan con el hecho para hacer reír y traer gente al pueblo una vez más para rememorar semejante acontecimiento.

Cecilia es la reina del festejo, es el centro ya que sin ella ni pintura ni opera existirían. Derridá se sentiría tan a gusto en Borja, la deconstrucción como forma de expresión artística puesta en escena para gusto y sonrisa de tantos. Esa es la forma de celebrar, un desastre puede generar humor inteligente. Al final, si no nos gana la risa, nos gana la desesperación. Puestos a escoger, hay que privilegiar la carcajada. No hay duda, me gustaría estar allá para ver la puesta en escena de Behold the man. 


La acción de Twitter

Algunas veces el pesimismo nos toma de la mano y nos da por pensar que no hay remedio ni solución que valga. Leemos en las páginas de los periódicos noticias sobre el número de muertos en el último ataque aéreo en la ciudad de Aleppo en Siria,nos enteramos de las muchedumbres que viven en refugios, de la cantidad de niños que caminan solos por el desierto en busca de un lugar mejor, de las nuevas narcofosas, de políticos corruptos, oímos una serie de discursos excluyentes, discriminatorios, ofensivos, de muros con púas y rejas eléctricas y se nos pone la piel de gallina.Vemos como el odio va ganando terreno y bajamos los brazos pensando que no hay nada que podamos hacer.

De repente, una noticia que parece pequeña enciende la esperanza. Una decisión que se sustenta en una buena idea puede ser una herramienta que pare las manifestaciones de desprecio debe resaltarse y aplaudirse. Twitter pone manos a la obra y decide dar un paso al frente, si esta red social se estuvo utilizando como arena de maledicencia, eso se acabó. Si alguien quiere seguir vilipendiando, humillando, ofendiendo, abominando a otra persona, que se vaya a otro lado. Y, los que reclamen libertad de expresión, que se vayan con su desprecio a otro sitio.¡Bravo!

Twitter ha anunciado dos novedades que permitirán a los usuarios ver que tipo de notificaciones reciben. Está presentando su “quality filter” (filtro de calidad), que pretende mejorar el contenido que la gente recibe de sus seguidores. Al encender el filtro detectará si existen dos o más “Twits” que contengan amenzas, ofensas, burlas. La decisión la toman un mes después que Leslie Jones, quien participa en “Saturday Night Live y Ghostbusters” hiciera un llamado público a la plataforma  para que hicieran algo para dejar de ser usada como forma de acoso. Le hicieron caso, al menos, eso parece.

Asimismo, Twitter informó que canceló 235,000 cuentas en los últimos seis meses que se utilizaban para hacer promoción a causas de violencia extrema. Con esta acción, la compañía está buscando tener efectos significativos que equilibren la libertad de expresión y la protección a los usuarios para que no reciban mensajes ofensivos. No quieren ser un canal que sirva de plataforma en donde se prodigue odio.

La acción de Twitter es de amplio espectro. La decisión cambia la forma en que muchos abusivos ejercían prácticas intimidatorias, en la que terroristas difundían mensajes, en la que imbéciles incitaban al odio como una forma de verificar el número de seguidores y la capacidad de lograr que les hicieran caso. Pues, al son de basta ya, la compañía con sede en San Francisco pone manos a la obra y decide parar el flujo violento que pasó por su casa. Esto, enciende la esperanza.


 

 

Las consecuencias de una mentira 

Los Juegos Olímpicos de Rio han mostrado al mundo mucha de la riqueza y exuberancia de ese país. Por sus ritmos, su vegetación, su gente, su gastronomía, Brasil luce como a una mujer de belleza incontenible. Sin embargo, pareciera que los medios se empeñan en hacer notar que, a esa mujer, se le rompió una media. Mucha prensa internacional, ha dado cuenta de las aguas negras que llegan a los afluentes acuíferos, que los bajo puentes están mal pintados, que en las instalaciones nuevas hay paredes descarapeladas y que hay narcomenudeos y tráfico de drogas. Los reporteros sienten fascinación por internarse en las favelas para contar lo que pasa ahí y se regodean mostrando fotografías de gente en pobreza extrema.

Como si Brasil necesitara más mala prensa que la que solitos brindan la Presidenta suspendida y el vicepresidente en funciones, hay una voracidad por encontrar prietitos en un arroz que ya sabíamos: iba a venir algo sucito. Los brasileños, como todo país latinoamericano, está en vías de desarrollo, tiene desigualdades, problemas de seguridad, de salud, de corrupción, ya lo sabíamos y también lo conocía el Comité Olímpico Internacional cuando aprobó la sede. Así que, ¿de dónde tanta sorpresa o de dónde tal vocación por contar que todo lo que podía haber salido mal, quedó pésimo? Hay cierto tono morboso y cierta necesidad de exponer al anfitrión. Ni hablar, a eso se expone uno cuando abre las puertas de su casa.

Pero, una cosa es meter las narices en donde no te llaman para andar de criticón y otra muy diferente es montar una mentirota, torcer la verdad y darle vuelo a una hilacha jugosa para salvar la cara y evitar una situación penosa. Resulta que a Ryan Lotche no le basta pasar a la Historia como el que no estuvo a la altura de Phelps, sino que tiene que inventar embustes para llamar la atención.

Resulta que la prensa mundial nos contó la historia de que el pobrecito de Lothce y a otras inocentes criaturitas del equipo de natación de los Estados Unidos sufrieron un asalto a altas horas de la noche en una gasolinera en Rio. Lo primero que me vino a la mente fue ¿qué andaban haciendo los altletas fuera de la concentración en la madrugada? Y luego pensé en lo extraño de que un trio de extranjeros se vayan a turistear a horas tan inconvenientes cuando había una alerta de seguridad, cuando la delegación estadounidense se aloja en un crucero para no arriesgarse a vivir en la Villa Olímpica y cuando la cara los delata de inmediato como extranjeros . No sé, cuando algo no cuadra, me da por sospechar.

Ahora sabemos que Ryan Lothce, Gunnar Bentz and Jack Conger inventaron una serie de embustes para no confesar que andaban borrachos disfrutando de las estrellas tropicales de Rio. A esas alturas, los medios ya se comían vivas a las autoridades brasileñas por no saber preservar el orden y desollaban la honra de una nación que había atentado contra unos pobrecitos deportistas estadounidenses. Pero, las sospechas se hicieron grandes, las declaraciones fueron contradictorias y cuando reventó la verdad, bajaron a Bentz y a Conger del avión para llevarlos ante un juez a ampliar la declaración, les retuvieron los pasaportes, no pueden salir de Brasil. Lothce se libró, ya estaba seguro en su casita cuando la verdad empezó a brillar.

Muchos reporteros que se desgañitaron al denunciar el supuesto robo, ahora lo abordan como un suceso chistoso, como una travesurita de jóvenes,  o una babosa excentricidad de las rutilantes estrellas estadounidenses. Lo que por momentos fue una alerta del caos que los brasileños no pueden controlar, una seña de la incapacidad para cuidar a los visitantes del Olimpo que se difundió urbi et orbi, pasó a ser pecata minuta. 

En una vuelta de tuerca, los dedos condenatorios se bajaron y las protestas perdieron volumen. ¿Qué habría pasado si tres brasileños hubieran hecho lo mismo en Arizona? Me parece que Arpagio no se hubiera reído y como ahí las cosas se reuelven a balazos, no quiero ni pensar. ¿Alguien justificaría a un trio de latinos quebrantando la ley en la noche, aunque fuera un medallista olímpico? Me temo que ya sabemos la respuesta.

Por supuesto, los comentaristas brasileños irrumpieron con violencia contra los nadadores, los llamaron frívolos, idiotas, mentirosos y a Lothce no lo bajan de cobarde. Las reacciones han ido subiendo de tono, tanto las populares como las oficiales. Muchos norteamericanos no entienden la violencia con la que insultan a sus muchachos, pero ellos desataron una campaña de desprestigio contra quienes los recibieron en su casa y les sirvieron de anfitriones. Al ver las consecuencias, en vez de tomar el camino recto y ser honorables, corrieron como gallinas asustadas y quisieron salir de Brasil. No todos pudieron.

Varios medios de comunicación prestigiados como The Newyorker, dan sus versiones de las cosas y quieren justificar a sus atletas analizando los niveles de corrupción en Brasil. Momento, no nos confundamos, no hay que revolver temas ni agendas. Los problemas de Brasil eran conocidos antes de los Juegos Olímpicos, los líos que fueron a crear estos señores, que se salieron de la concentración, fueron a hacer desmanes en una gasolinera y mintieron son otro tema. Si quisieron desprestigiar al país, ya salieron con las manos manchadas. Uno, ve los toros desde la barrera, ya está en casa y los otros tendrán que dar cuentas a las autoridades y afrontar  las consecuencias de una mentira. 

Paren el odio

Parece una nota rosa y, tal vez lo sea. Sin embargo, es de llamar la atención que una estrella que se forjó en las redes sociales, que debe su fama a la oportunidad que encontró en YouTube para darse a conocer, que tiene tantos seguidores en Twitter que podría formar una nación de fanáticos, haya decidido irse de Instagram. Así, después de algunas advertencias, apagó su cuenta y la hizo privada. Adiós a casi ocho millones que seguían sus fotos y videos. A la voz de ¡paren el odio! Justin Bieber cierra su cuenta y en un click pone fin a una guerra de insultos que cada vez subía más de tono.

A simple vista, parece que estamos hablando de un pleito entre antiguos novios que, por ser tan famosos, nos llama la atención. Parece que estamos frente a otro de esos chismes jugosos en los que la prensa del corazón podrá sacar millones de dólares al hablar de lo que Selena Gómez publicó sobre la nueva relación de su exnovio y lo que él le respondió. Pero, esto va más allá de la vulgaridad de imágenes y lo ordinario del vocabulario. 

A mí me parece que tomar acciones en contra del odio es de destacarse. La lectura se puede quedar a nivel de lavaderos, pero viéndolo bien, es una gran manifestación de congruencia. En un mundo en el que se asesina a un sacerdote anciano, en el que podemos ver ejecuciones en línea, en el que tener la piel de un color distinto es suficiente para ser despreciado, en el que ser niña da motivos para ser golpeada, arrinconada, maltratada, mutilada, ignorada, en el que un bebé puede amanecer sin vida en una playa, o cientos de niños caminan solos en busca de un mundo mejor, en el que la frivolidad  se sienta en el trono, ver que Justin Bieber toma acciones para parar manifestaciones de odio es de alabarse.

Este cantante canadiense sabe los costos que cerrar su cuenta de Instagram le va a traer y aún así decidió hacerlo. Con independencia de si nos gusta su música, si el chico cae bien o mal, si sus sus excesos nos molestan y de todo lo que un chisme de color de rosa puede representar, una acción concreta en contra del odio merece nuestra atención y sin duda, nuestra admiración. Cada día, en nuestra cotidianidad tenemos dos opciones, escandalizarnos por la situación mundial en el que el desprecio y la falta de tolereancia avanzan o meter las manos y detener el odio. Siempre nos preguntamos qué podemos hacer y, desesperanzados, bajamos los brazos. Bieber se puso en acción y le dio una bofetada al odio. Sin duda, es para llamar la atención.

¿Qué pasó en la Terminal 8 de JKF?

Uno de los aeropuertos más transitados del mundo es el John F. Kennedy de Nueva York. Es uno de los principales nodos de comunicación de Estados Unidos al mundo, es un hob para gente de muchos países que quieren viajar a otras partes del planeta. El aeropuerto mueve a más de cincuenta y seis millones de pasajeros al año, es el puerto que maneja mayor cantidad de operaciones aéreas al extranjero en los Estados Unidos y alberga cerca de cien aerolíneas de alrededor de cincuenta países. En la terminal 8, están las líneas que viajan al oriente. Ayer hubo un escandalazo que provocó la evacuación de pasajeros y personal que trabaja en el aeropuerto, cierre de vías de acceso y el susto terrible que provoca la posibilidad de un ataqueterroritsta, ¿por? 

Aparentemente, una mujer reportó disparos y se detonó un protocolo de seguridad de proporciones descomunales. Autoridades Portuarias, policías, servicio de seguridad, agencias noticiosas corrieron a ver qué estaba sucediendo. Los protocolos de seguridad se activaron y al parecer todo se debió al festejo por alguna medalla de oro en los Juegos Olimpicos. La algarabía se confundió con un ataque. Tanto escándalo me hace pensar que no nos están diciendo la verdad. En un santiamén, las redes sociales reportaban en tiempo real las percusiones de un arma de fuego, las carreras, el llanto, la desesperación, la angustia de la gente en el JFK. ¿Qué pasó? Aparentemente, nada. ¿Les creemos?

Si decidimos creerles, la cosa no se compone mucho. Habla de la emoción que rige la vida de los estadounidenses: el miedo. Este pánico exacerbado que lleva a generar más espanto. De un festejo, brota la alarma que para las activdades de uno de los aeropuertos más ocupados del mundo. Sin contar los daños económicos que esto trae, las repercusiones son de llamar la atención. El sobresalto de una mujer estimula un operativo que se monta sobre una cortina de polvo. ¿Tan asustados están? Pues, sí. Dice el dicho que el que se quemó la boca, hasta al jocoque le sopla. Ni hablar.

Si no les vamos a creer, ¿qué se está ocultando? Hubo una bomba y no nos quieren decir, un loco disparó, se liberó  un virus  mortal, se les perdió material radioactivo, se les metió el diablo, hallaron a un marciano, aterrizó un platillo volador. ¿Qué fue lo que ocasionó semejante reacción? Ellos dicen que nada, nada sucedió ahí. Muy raro.

En todo caso, halla o no sucedido algo, el panorama luce ceniciento. La Policia estadounidense se ve mal: o exagera o miente. Peor aún, la mezquindad avanza. Imaginen lo que será viajar a Estados Unidos próximamente: más filtros de seguridad, más revisiones, más agresividad al cruzar los filtros. Pronto nos revisarán hasta las tapaduras de las muelas y querran leernos el pensamiento. El turismo mermará, ¿quién quiere ir a dejar su dinero a un país que ya te advirtió que serás sujeto a humillación, si bien te va? No creo que los evacuados de la Terminal 8 hayan estado muy contentos.

La histeria colectiva reina y la prudencia brilla por su ausencia. Si la advertencia sin fundamento de una mujer genera semejantes desproporciones en un aeropuerto, imaginen lo que pasaría si un decerebrado llega a la Casa Blanca. Muchos medios de comunicación decidieron no hablar del tema. Más me hacen sospechar. Un operativo de semejante embergadura se confina a la humildad de pequeñas notas, no alcanza las cuatro columnas. Ni siquiera en los diarios de Nueva York se le da relevancia. ¡Qué raro!

¿Qué pasó en la Terminal 8 de JKF? Ojalá alguen lo explique adecuadamente.

Lo que los académicos le agradecemos a Miguel Ángel Osorio

Ni hablar, es de bien nacido ser agradecido. No hay mejor muestra de la nobleza humana que el agradecimiento y sin duda los académicos tenemos tanto que reconocerle al Secretario de Gobernación. Desde que empezó su gestión nos a nutrido de  material para llevar al aula y nos ha generado una gran cantidad de ejemplos para compartir con nuestros alumnos que sinceramente, es necesario hacer mención por tan relevantes colaboraciones. No tenemos que mirar tan lejos para hacerle ver a nuestros estudiantes lo que no se debe hacer y las funestas consecuencias de irse por el camino torcido.

Desde las negociaciones con los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional hasta las de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, tenemos para dar y regalar modelos de lo mal hecho, casos de estudio de  lo que no hay que hacer, anécdotas para morirse de risa y motivos para hacer entender que las malas parácticas traen resultados infames. Cuando quiero hablar de motivos por los que es mejor retirarse de la mesa, vuelvo la mirada al Palacio de Cobian, cuando quiero abordar el tema de un mal negociador, leo lo que sucedió en las oficinas de Bucareli, cuando busco un tema de no caer en malas prácticas, la oficina del Secretario de Gobernación me genera tantos ejemplos que no he tenido que repetir. Siempre hay algo nuevo.

Especialmente, cuando busco un ejemplo para negociar pésimo, Osorio no me falla. Tengo material para llenar horas y horas.Lo que sucede con la CNTE me deja hablar de como las negociaciones desniveladas no llevan a ningún lado, es más, no son negociaciones. Si una parte cumple todas las demandas, cede a todas las exigencias, consiguen todo lo que piden y aún así no hacen lo que prometen, como sucede entre Gobernación y la Coordinadora, no hay negociación, hay otra cosa: chantaje. Y, así, se inicia una cadena de pasos fallidos que no tendrán fin. Se abre el vórtice    hambriento que jamás se sacia. No tiene fin.

Por eso, la Coordinadora tiene amagado al Secretario de Gobernación. Protestan, exigen, vandalizan, violan la ley, hay muertos y consiguen todo lo que exigen a cambio de nada. El Secretario cede sus puntos de fuerza: libera a los ocho dirigentes sindicales sin pagar fianza, pagan salarios retenidos a maestros que faltaron a dar clases por andar en manifestaciones, secuestrando camiones, robando mercancías, rompiendo vidrios, rayando paredes y pagan todas las comisiones sindicales. Todo con tal de apaciguar a estos vándalos y hacer que reine la tranquilidad, lo que es su trabajo. El Secretario de Gobernación debe velar por la gobernabilidad.

Pero, hace todo mal. Por andar negociando en lo oscurito, ya le salió el monstruo. Los pactos por debajo de la mesa hicieron que el chango le jalara la mano. Claro que su contraparte se ríe mientras se relame los bigotes. Nunca va a parar, ¿para qué si así está consiguiendo todo lo que quiere y puede obtener aún más? El que se aparta de un proceso transparente se llena las manos de ollín y si no me creen,véanle las manos al Secretario Osorio. El que se sienta a dialogar con los que violan la ley , se salpican la camisa con sangre, ya hubo muertos. El que está frente a un negociador que sólo quiere hacer su voluntad y no es capaz de ceder nada, no está negociando, está recibiendo instrucciones. Y, así, puedo hablar horas y horas con mis alumnos… 

¿Cómo no voy a estar agradecida con Osorio? Me da tanto material para dar clases, para escribir artículos y dar ejemplos. Insisto, es de bien nacido ser agradecidos: gracias, señor Secretario. 

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