Aretha Franklin, buen viaje. No dejes de cantar jamás.

Al enterarme de la muerte de Aretha Franklin, recuerdo aquella canción de Mecano que le pide a Salvador Dalí que no se muera porque en el mundo andamos muy justos de genios. Quisiéramos que el talento fuera eterno, que la belleza no sucumbiera al paso del tiempo, que la salud fuera perpetua y sobre todo que las voces como la de esta mujer jamás se silenciara. Pero, hay que saberlos dejar ir.

Aretha Frlankilin fue una mujer exitosa, vendió algo así como setenta y cinco millones de discos, recibió cuarenta y cuatro nominaciones al grammy y se llevó diez y ocho. Se convirtió en la primera mujer en acceder al Rock and Roll Hall of Fame y lo hizo un año antes que Los Beatles. La reina del soul, la eterna Aretha Franklin, ha fallecido. Qué pena. Tenía 76 años cuando su corazón decidió dejarla descansar.

Por suerte, su legado la sobrevive. El arte trasciende. Se le recordará por haber cantado en la inauguración del primer presidente de raza negra en los Estados Unidos, por haber luchado infatigablemente contra el cáncer, por haberse comprometido a ayudar a los enfermos de Sida, por haber cantado en el funeral de Martin Luther King.

Pero, lo mejor por lo que será recordada esta mujer es por esa voz potente y hermosa que era capaz de hacer que las lágrimas brotaran con solo escucharla. Tuvo la gran capacidad de convocar a Dios cuando hizo de la alabanza y el gospell una forma de hacer oración. Buen viaje, Aretha, no  dejes de cantar jamás.

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¿Qué pasó con la decencia y el lenguaje?

El lenguaje es una seña de identidad, lo que hablamos también habla por nosotros. El que usa un lenguaje técnico revela la profesión que ejerce, el que elige palabras complicadas revela una personalidad compleja, quien prefiere la sencillez del mensaje nos deja ver a una persona práctica. ¿Qué pasa cuando el lenguaje es procaz, grosero, que insulta? Pues, en la misma línea de pensamiento, podemos entender que así son las personas.

El lenguaje es el reflejo de quienes somos, por lo tanto, es muy importante elegir adecuadamente el vocabulario con el que nos queremos expresar. Si descuidamos las palabras estamos revelando que somos personas despreocupadas y eso tarde o temprano puede convertirse en un evento similar a escupir al cielo.

El uso de las palabras no es un tema menor. Tristemente, en el mundo hay una tendencia creciente que marca el desaseo del lenguaje. Decir groserías, utilizar palabras altisonantes, expresarse con vulgaridad pareciera ser un hecho que ya a pocos sorprende. En aulas de estudio, en espacios universitarios, en ambientes profesionales el lenguaje padece el descuido a diario. Es tan fácil decir palabras que suenan mal en momentos en el que nos sentimos cómodos o que estamos muy irritados.

Estamos perdiendo la costumbre de usar un lenguaje decente.

En la cotidianidad, desde que amanece hasta que anochece, lo usual es escuchar majaderías. Al salir de casa en el trayecto al gimnasio, la gente va mascullando groserías y lanzando majaderías al que se le atravesó, al que no le dio el paso y hasta al que lo saludó. En el gimnasio es muy frecuente escuchar a entrenadores animar a sus pupilos a base de peladeces y palabras ofensivas: échale gorda, muévete marrana son parte del argot cotidiano que muchos de los que están ejercicios ya han asimilado como normales. En los pasillos de la universidad, los muchachos se hablan con palabras poco educadas y de repente uno se pregunta si está en una casa de estudio o en un billar.

Inclusive, en programas de televisión y de radio el lenguaje se ha vulgarizado en forma alarmante. En horarios familiares escuchamos palabras que antes se reservaban al espacio de adultos y los cómicos se creen muy graciosos cuando se expresan con groserías.

Todo esto podría parecer algo pasado de moda o un discurso de púlpito que se escuchaba en el siglo pasado. No obstante, mi lucha ha sido por componer el lenguaje y adaptarlo a los ambientes en los que nos encontramos. Debemos de elegir las palabras precisas, no hay palabras malditas pero para todo hay un uso correcto y un lugar para ejercerlo.

Por eso, ayer que escuché a Chris Cuomo en CNN hacer un panegírico sobre la decencia del lenguaje, no pude más que ponerme feliz. Cuomo sostiene y estoy de acuerdo que quien usa un lenguaje grosero y vulgar muestra la pobreza de sus argumentos y la falta de ideas. Se refería al tema de Donald Trump ofendiendo a Omorosa, una afroamericana que trabajó en la Casa Blanca y que está publicando un libro muy oportunista para criticar al Presidente de los Estados Unidos. El debate entre Trump y Omorosa no es de mi interés porque son tal para cual, lo que llamó mi atención fue precisamente la caída precipitosa que se ha dado en el lenguaje que se utiliza desde el poder ejecutivo de una nación de la talla de los Estados Unidos.

Es lamentable ver como un hombre de estado elige tan mal las palabras, cuando en otros tiempos otro líder mundial, Winston Churchill, ganó un Premio Nobel de Literatura por sus discursos. En fin, no hay punto de comparación. Pero, el efecto del lenguaje de Trump se ve en la forma en la que se eligen las palabras para expresarnos a diario. Sería tan bueno volver a aplicar la decencia en el lenguaje. Creo que es una forma fácil de empezar a resolver tanta violencia y agresividad que padece el mundo en estos momentos.

El lenguaje decente nos muestra como personas cuidadosas que buscamos expresarnos en forma ordenada, coherente y minuciosa, haciendo un análisis del vocabulario que queremos utilizar. El lenguaje debe ser una herramienta que nos ayude a mostrar preparación, seguridad, calidad y firmeza en las ideas.

Feliz cumpleaños, Madonna

Pensar en Madonna es entrar en un mundo vertiginoso de música, atrevimientos, fuerza, energía y talento; es entrar en un mundo de cabello platinado, bailes elásticos, ritmos peligrosos y discos de oro y platino. Madonna es éxito, es pop, es una especie de abeja reina en una colmena en la que Britney Spears, Nicky Minaj, Demi Lovato,  Ariana Grande lucen como abejitas obreras. Cuesta trabajo que el próximo 16 de agosto Madonna cumplira 60 años.

Sí, muchos piensan y tienen razón, al decir que Madonna está más allá de la edad. Logró convertirse en un icono, en una marca y para decirlo rápido: en una estrella. Madonne Louse Ciccone es una mujer especial. Más allá de la crítica que puede apuntar que Christina Aguilera tiene una mejor voz, que no sabe actuar, que no entiende lo que es rockear, que no toca ningún instrumento, que no sería aprobada por miradas eruditas, en fin, más allá de todo lo que se pueda decir, Madonna es un símbolo  que genera opinión.

Madonna es un personaje redondo. Es una mujer astuta que sabe detectar ventanas de oportunidad y las aprovecha. Es un ser humano agudo, de ese tipo de personas que nacieron con sabor, con pimienta en la sangre y que lo sabe usar a su favor. Dicen que es exigente, que ha aprovechado el talento de otros para conseguir sus objetivos, que es caprichosa. Cuentan que nadie quiere estar cerca de ella si está enojada pues se puede convertir en alguien agresivo e hiriente. La critican por vulgar, la alaban por atrevida. Seguramente es todo eso. No todo lo que hacen las estrellas tiene que ser brillante, viene en el paquete de ser humano. ¿No es así?

Lo cierto es que detrás de sí, Madonna trae una cauda de energía como pocos que han tenido el privilegio de habitar el escenario. Sin más, me parece increíble que Madonna cumpla 60 años y siga bailando y cantando con el ímpetu que lo hace. Feliz cumpleaños, Madonna.

Lo que está haciendo Netflix

Lo que Netflix está haciendo, debió haberlo hecho Televisa. Pero, parece que la televisora mexicana no se ha dado cuenta de que el mundo cambió y que los formatos se transfiguraron. Sin embargo, la nostalgia y el recuerdo son grandes activos que se pueden explotar. Netflix lo sabe y lo aprovecha en una forma genial. Ademas sigue experimentando.

Lo que Netflix hizo con Luis Miguel fue un gran experimento que revivió a un cantante del que ya poco se esperaba. Tal como sucedía antes, cuando esperábamos el programa del domingo por la noche, cada generación tuvo el suyo —los de de la mía fueron El Hombre Nuclear, La Mujer Biónica, Los Ángeles de Charlie—, ahora jóvenes y viejos estábamos al pendiente de que se liberara el capitulo de Luis Miguel, la sierie. Ahora, ya hay playeras con la frase Coño, Mickey, y en Acapulco todos los antros tocaron las canciones del Sol y en las pantallas se proyectaron videos de sus canciones y el BabyO fue lo que siempre ha sido, el mejor lugar para ir a divertirse en las noches de Acapulco.

La casa de las flores tuvo otro tipo de entrega, liberó los capítulos de la primera temporada de un jalón. Del elenco ni Cecilia Suárez, ni Aislinn Derbez, ni las escenas sexuales me llamaron tanto como la figura de Verónica Castro. La chaparrita de oro de México, a quien recuerdo más que por sus discos o por sus novelas, por su habilidad como conductora de los programas de noche, me pareció uno de los mejores golpes de astucia de Netflix.

Por supuesto, Verónica Castro no defrauda, entrega lo que siempre supimos que seria capaz de dar. Lo que más disfruté al verla nuevamente en pantalla fue esa sonrisa simpatiquísima y esos ojos que aguantan cualquier evidencia del paso del tiempo o del bisturí. La casa de las flores en su primera temporada me hizo sonreír, sin embargo, el acierto de Netflix mas que el contenido, es la estrategia.

Netflix está reviviendo a nuestros iconos mexicanos. Nos pica la nostalgia y nos hace regresar las manecillas del reloj, también tiende puentes entre una generación y otra. Televisa los hizo grandes pero los dejó morir. Hoy, Netflix entiende los signos de los tiempos y aprovecha la ventana de oportunidad que otros dejaron pasar.

La paz de los sepulcros

La muerte, dónde está la muerte, nos pregunta San Pablo. Parece que la muerte se hace evidente en los sepulcros. Pero, los cementerios, las tumbas, los nichos, las urnas donde depositamos a los muertos no son lugares tan pacíficos como quisiéramos creer. La Humanidad ha hecho poco por preservar la paz de los sepulcros.

Desde toda la vida, hemos sabido que las tumbas son profanadas por diversas razones: roban las joyas con las que los muertos fueron enterrados, sacan cadáveres para venderlos a los estudiantes de medicina, sacan a la gente para volver a vender el espacio, ocupan los nichos desatendidos para guardar todo tipo de cosas. Si acaso te toca ser un muerto célebre, o te llenan de flores o te llenan de insultos, depende.

Si, además elegiste un campo de futbol para que tus restos fueran depositados, ya sabrás que si te sacan de ahí, como sucedió en el Camp Nou, no habrá sorpresas. Pero, si moriste hace siglos y fuiste un donador para que se construyera una iglesia y de repente la institución decide vender el inmueble y el nuevo propietario lo convierte en un bar, como sucedió en Dublín, en un hotel, como pasó en Canadá, como que la cosa se pone algo terrorífica.

Hay algo de morbo que pica a la gente cuando se trata de lo que sucederá con los restos de la gente. En España, cuando se enteraron de que iban a exhumar los restos de Franco, las visitas al Valle de los Caídos se elevaron significativamente. De repente, se pone de moda ir a visitar lo que dejará de ser un templo y se convertirá en algo más.

Tal vez soy demasiado conservadora, puede que sea romántica y llegar a la estridencia del gótico, pero, ¿sería mucho pedir que dejen a los muertos en paz? No sé. Entiendo que el cuerpo es un envase y que los despojos mortuorios no contienen a la persona. La ventaja de creer en el más allá, me deja ver que la muerte no es el punto final. Pero, eso de estudiar con el cráneo de alguien, o de echarte una cerveza sobre la tumba de alguno, me pone la piel de gallina.

Si le pones nombre, pues es peor. Este es el occipital de don Juan, o salud por Mr. and Mrs. O’Higgins cuyos huesos están aquí junto mientras me como una hamburguesa con papas fritas sí que está de terror, ¿o no?

El último día de la vacación de verano

Siempre es igual, cada año. me pasa lo mismo, el último día de la vacación quisiera que fuera el primero. Siempre espero esta temporada del año con mucho anhelo, la planeo con anticipación, busco los días que estaré fuera, los que estaré en Acapulco, elijo con esmero mis lecturas y con ilusión a mis invitados. Cuento los días para que inicie la vacación, disfruto cada día, le saco el mayor jugo y cuando llega el último día siento que todo pasó tan rápido y no quisiera volver. Jamás tengo llenadera.

Unas horas antes de volver, me siento en la hamaca, pierdo la mirada en el mar, miro a la Roqueta, no puedo creer que atravesé la Bahía para llegar hasta allá, miro la alberca parece que fue ayer que mis hijas no alcanzaban a pisar lo hondo, pienso en la cantidad de niños que han aprendido a nadar aquí, la de invitados que nos han visitado en esta casa, en los que ya son parte de la tripulación de verano, los que se han dado de baja, los que di de baja, los que no volverán, los que tal vez vuelvan, los que aún queriendo, no volverán, los nuevos. Tanta gente. Tantos cariños. Y, sí, también tantos recuerdos: Luca y Vito, Muffin, Bodo, Cheto, Shekel, cuentan y conviven con todas las personas que han venido a Arimatea. Dios en medio de todos.

La de risas, chistes, juegos y recuerdos que hemos construido aquí. Por eso, nunca me quiero ir, si pudiera, no me iría. Entonces, empiezo a planear el próximo verano, así irme me duele menos, porque siento que en realidad, aquí me quedo un poco.

Mezquindad contra los muertos

El alcalde de Ferrol amenaza con depositar en la fosa común los restos de cuatro familiares de Franco.

La paz de los sepulcros es cada vez mas difícil de encontrar. Los que creen, los que no, los que dudan y los que tienen certezas mientras están vivos habitan en un cuerpo. Al morir, el destino de los restos tiene diversos derroteros. Hay quienes prefieren enterrar a sus muertos, otros optan por incinerar los cuerpos y dejar las cenizas en una urna que dejaran en sus casas, depositaran en un nicho, las arrojaran a una maceta, al mar o terminarán sirviendo de relleno para un cigarro. También, hay quienes son transformados en piedras preciosas.

Cada religión tiene sus ritos, los judíos no están de acuerdo con la incineración. En la India, los restos se creman en el Ganges. En Oriente hay pudrideros en los que se les facilita el trabajo a los carroñeros para disponer de alimento. Los católicos hemos sido reconvenidos por el Papa Francisco y llamados a dar una santa sepultura a los restos humanos. Nada de ponerlos en una maceta o aventarlos al drenaje. Mejor que descansen en un lugar santo.

Hasta hace muy poco hubiera estado de acuerdo con Su Santidad. Pero, después de visitar en Dublín una bar que se ubica en lo que antes era un templo, empiezo a tener mis dudas. Me pareció terrible tomarme una cerveza en la tumba de un matrimonio que seguro creyó que sus restos quedarían en un lugar de perpetua oración y bueno… no fue así. Se me ponen los pelos de punta.

Luego, leo que el alcalde de Ferrol amenaza con despolitizar los restos de cuatro familiares de Francisco Franco en la fosa común. Resulta que en el cementerio municipal de Ferrol descansan los restos de los abuelos paternos, una tía y una hermana pequeña del dictador fueron traslados al camposanto de Catabois cuando se clausuró el antiguo cementerio de Canido. Ahora, con la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos ha comenzado a acaparar la atención de los grupos de izquierda en el Consistorio. Este lunes el pleno municipal aprobaba una moción en la que se reclama la expropiación de la tumba para evitar un eventual traslado del dictador a su ciudad natal. El Ayuntamiento requerirá a la familia el pago de las tasas del tumulto de los últimos cuatro años, el resto de recibos ya están prescritos. Si no abonasen la factura, la tumba pasará automáticamente a manos municipales. La familia tendría que decidir entonces qué hacer con sus allegados. Si la familia tampoco quiere hacerse cargo de estos restos serán llevados a una fosa común, dijo el alcalde, Jorge Suárez, de la confluencia rupturista Ferrol en Común.

Perdón, pero ¿qué culpa tienen los muertitos? Me parece una mezquindad absoluta eso de andar profanando tumbas, moviendo huesos, removiendo restos.

En serio, ¿en eso nos hemos convertido? Seguro ya no nos da miedo que nos vengan a jalar las piernas en las noches.

El juicio de los hijos (Tú no eres como otras madres, Angelika Schrobsdorff)

 

Más que una vida

Tú no eres como otras madres

Angelika Schrobsdorff

Traducción Richard Gross

Periférica y errata naturae

España, 2017

El éxito editorial de Tú no eres como otras madres es innegable. Desde la primera edición en 2016 hasta el momento, van once ediciones agotadas. Es la primera novela de la autora Anglelika Schrosbdorff quien la publicó a los ochenta años, los datos metaliterarios son para llamar la atención y, por lo tanto, decidí leer el libro para enterarme qué era lo que estaba causando tanto revuelo. Parece que las novelas en las que se habla de los alemanes que no estuvieron de acuerdo con Hitler y que sufrieron los estragos de ser los perdedores de las guerras mundiales se están poniendo de moda. La exploración de ese mundo que se vivió en la primera mitad del siglo XX y en el que muchos quedaron atrapados, rodeados de injusticia está dando motivos para que las plumas de vuelquen sobre la hoja en blanco. La intención subyacente es dejar clara la diferencia que existe entre un alemán y un nazi.

Tú no eres como otras madres es una novela biográfica. Narra la vida de Elsie, una alemana judía de posición acomodada que nació en Berlín el 30 de junio de 1893 y que fue escrita por su hija menor —que también es personaje de la novela, evidentemente— a partir de un manuscrito de la propia protagonista que fue complementado por cartas que ella escribió a amigos, hijas y por entrevistas que la autora realizó a amistades y a personas allegadas a su madre. El narrador tiene un tratamiento muy peculiar: es un narrador con al que algunas veces se le da tratamiento de omnisciente que combinado con testimonios y con un estilo epistolar se entrelazan para dar curso a la historia. La lectura es fácil, no implica grandes retos para el lector y el hilo narrativo nos hace recordar esas pláticas entre amigas, cuando cuentan algo que le pasó a alguien cercano pero que o está presente.

“Que no dependía de ella, dijo Else, sino en primer lugar del padre de Erich… Que eso era el colmo, se escandalizaron los Kirschner…, Que qué había pasado en el caso de Fritz…, Que una cosa no podía compararse con la otra…” (P. 168)

El hilo narrativo va sobre la vida de la protagonista. Es una vez más la historia del héroe contada a partir de su deconstrucción. Es un cuento del privilegio de una niña judía que es muy mimada, que lleva una vida de consentimientos, se transforma en una adolescente caprichosa, en una mujer que se ve atraída por el desenfreno y los excesos que tiene una vida acomodada, es el retrato de la frivolidad de las primeras décadas del siglo XX y el contraste con los tiempos de guerra, la esperanza por llegar a vivir de nuevo una era de paz y el desencanto que viene con el fin del conflicto. Además, la protagonista tiene un desenvolvimiento cronológico que la lleva a coincidir con el momento histórico: cuando ella está en la flor de la belleza y salud, Alemania vive años de esplendor; cuando ella envejece y enferma, Alemania padece los años de la postguerra.

“Si de verdad quería ayudarla y evitarle penas y pesares, sin duda no lo conseguiría con sombríos pronósticos políticos, sino dándole un contenido y una dirección a su vida” (p. 257)

La novela aborda, como lo hacen tantas otras, el preludio de la guerra y las miserias que se vivieron durante y después del conflicto. En ese aspecto, encontramos poca novedad, es una anécdota muy explotada, sumamente explorada y muy conocida. La desintegración de la nación alemana, el desmembramiento de las familias, la pulverización del tejido social y, los tristísimos padecimientos y carencias de ese momento histórico han sido narrados ya con anterioridad. De hecho, podemos adivinar el contenido y la anécdota con sólo enterarnos que la autora es una judía nacida en Berlín en 1927, lo demás es rellenar el espacio en blanco. No obstante, los puntos de vista que se están siendo recurrentes en las narraciones son las que hablan de los alemanes que no estuvieron de acuerdo con el régimen nazi y que padecieron sin tener responsabilidad y en muchos casos, sin haber estado de acuerdo.

“¿Cómo era posible que aquel mequetrefe embravecido, al que ninguno de ellos había tomado en serio, llegara al poder con su banda de criminales terroristas” (p. 222)

El éxito editorial viene de la forma en que la autora decide narrar hechos conocidos, desde un punto de vista diferente, de un sector de la población que, siendo alemana, padeció los daños colaterales de una guerra en la que su nación salió vencida de un pleito para el que ellos no fueron tomados en cuenta. También de la manera en que se decide abordar la Historia, la gran virtud que tiene esta novela es su gran defecto: la frivolidad con la que se abordan temas como la muerte, la vida, la fe, el hambre, la maternidad, el matrimonio. Desde la ligereza y a la distancia, es más fácil observar y dejar testimonio de los horrores de la Humanidad.

Angelika Schrobsdorff nos presenta la disección de un ser humano real y entra en la terrible disyuntiva del autor que muestra las costuras de su propia familia, descorre el telón de su vida familiar y nos describe a su propia madre. En algunas páginas leemos la gran ternura de una hija amorosa y en otros sentimos un alejamiento que nos lleva a imaginar un desprecio total hacia el personaje. De repente, el lector se cuestiona si tanta sinceridad puede ser abrumadora.

Algunas ideas que expresa la autora lucen anticuadas y tan lejanas al mundo del siglo XXI y son tan contundentes que cuesta trabajo digerirlas:

“El amor entre el hombre y la mujer no era más que pura fantasía. El único gran amor y la única felicidad verdadera de la mujer eran los hijos, y con tal fin se contraía matrimonio, un matrimonio razonable, meditado y planificado por los padres” (P. 13)

Otras ideas son entrañables y nos podemos identificar con ellas en cualquier contexto y en todo lugar:

“Todos queremos superar, íntimamente unidos, estos tiempos difíciles y no tener que reprocharnos en el futuro haber fracasado. Afanémonos, atormentémonos, seamos infelices, pero guardemos la compostura. La recompensa llegará sin falta.” (p. 448)

Tú no eres como otras madres, parece un libro catártico que la autora escribió para poder redimir con palabras tantas experiencias vividas. El juicio de los hijos suele ser implacable. Tiene la frescura de la primera novela y puede resultar una buena lectura de pasatiempo.

Nómadas digitales

Cuando uno piensa en salir de viaje, sabe de antemano que las condiciones van a cambiar. De hecho, una de las principales razones que nos llevan a dejar la cotidianidad es el cambio. Queremos ver cosas nuevas, cambiar de aires, respirar en otras latitudes, pero también quisiéramos seguir en contacto. Irnos, pero no tanto.

La ilusión de estar en dos lados al mismo tiempo casi se materializa con Internet. Podemos transformarnos en esa especie extraña, aunque cada vez más común, de nómadas digitales. Esos trotamundos que incluyen en el equipaje dispositivos, computadoras portátiles para tener acceso a llamadas telefónicas, mensajes de WhatsApp, redes sociales, el banco, la oficina, los amigos, la familia y, en resumen, de todo.

Es más, hay quienes han hecho un estilo de vida eso de ser nómadas digitales. Salen, cierran la puerta y no vuelven más. Inician un viaje eterno. Total, ¿a qué quedarse si el clima es malo, si las condiciones no son agradables, si los artefactos se descomponen, si las paredes se deslavan, si la ropa se arruga? Mejor correr tras un clima que sea de agrado, a lugares en los que todo marche perfectamente, a hoteles en los que si el grifo gotea, te cambian de habitación. Mejor olvidarse de refrigeradores, estufas, sofás, lavadoras y planchas.

Pero, el mundo del nómada digital tiene la fragilidad de la conexión. ¿Quieres ver a un trotamundos digital nervioso? Dile que no hay conexión WIFI y ya verás. Sin una conexión a Internet confiable, todo se viene abajo. No hay listas de amigos ni fotos ni acceso al banco ni a la agenda virtual ni WhatsApp. Se materializa el llanto, la desesperación y el rechinar de dientes.

Salir de viaje tiene dos maravillas implícitas: saber que te irás y saber que vas a volver. El mundo de los nómadas digitales me causa cierto escozor. Desde verlos correr detrás de espacios con conexiones robustas a Internet hasta el desarraigo absoluto y sus implicaciones me causan acidez estomacal.

El viaje permanente tiene la ventaja de la novedad, pero la sorpresa continua es difícil de sostener. Las desventajas me resultan pesadas de sobrellevar: no hay posibilidades de tener un perro con el que salir a caminar o una gatita que ronronee al verte llegar. No hay un rincón favorito para leer ni una cobija de puntitos para cubrirte. No está el abrazo solidario ni el beso de buenas noches. No hay un buenos días ni la taza especial para servirte café.

La cotidianidad se sustituye por un movimiento perenne. Los saludos se cambian por mensajes. Los besos se convierten en caritas digitales. El acompañamiento virtual deja un vacío que es difícil de compensar. Aunque, todo en esta vida son pareceres. En lo personal, prefiero salir y saber que regresaré. Me gustan mis pantuflas, el agua que corre por mi regadera. Me hacen sonreír los rechinidos de la casa. Añoro mis caminatas con Shekel, las gracias que hacen Chai y Gis. Me gusta el café caliente y el periódico que me deja manchas de tinta en los dedos. No hay sustituto para un abrazo de mis hijas y a Carlos prefiero darle un beso que mandarle uno digital. Hay cosas que siguen siendo mejor cuando son presenciales.

Irse y volver.

Irse, volver, descansar, desconectarse. Apreciar esos pequeños desperfectos de la vida cotidiana y, sí ¿por qué no? Aprovechar las ventajas de los adelantos tecnológicos sin convertirnos en esclavos digitales.

Después del silencio

Jamás en los poco más de seis años que tiene este blog, había habido un periodo de silencio tan prolongado como éste. Fueron catorce días en los que las ventanas no fueron escritas, fue un tiempo de descanso en el que la poca conectividad no me permitía tener acceso y no pude publicar.

Entre los días de desconexión, brotó la reflexión. La maravilla de estar presente y atenta a lo que sucedía en el aquí y el ahora ayudó a pensar bien en la posibilidad de escribir, de comunicar ideas y de expresar acuerdos y concordancia. Las vacaciones y la lejanía me ayudaron a dar perspectiva. Los acontecimientos en mi país me llevan a darme cuenta que por primera vez en mi vida adulta no voté por el candidato ganador. Aunque, este blog no es un espacio en el que toquen temas políticos únicamente, sí que se abordan.

Ahora, criticar debiera ser más fácil. Los elementos que me llevaron a votar diferente a las mayorías siguen ahí y no hay dificultades en elevar la piedra y acertar. Pero, eso se llama mezquindad. Por eso, tomar nuevos aires funcionó para limpiar esos ánimos y regresar a esa posición en la que la objetividad sea la mejor consejera. Seguir escribiendo será, en este espacio, como seguir platicando.

Después del silencio, vendrán las palabras. Será, como siempre, un deleite compartir. Ven, asómate a ver lo que estoy pensando.

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