Todoterreno 

Resulta que los ataques de Londres fueron perpetrados por un inglés que nació en Kent y vivía en Birminghan pero se llamaba Khalid Masood. Con independencia de que la inteligencia del MI5 haya hecho un hueco por el que se les pasó vigilar a un hombre que ya había cumplido condenas por varios delitos violentos, me resulta increíble pensar en las formas tan rudimentarias con las que el terrorismo se ha sofisticado.

La vigilancia ha estado tan endurecida en los puertos aéreos que se ve muy complicado que se vuelva a utilizar un avión para causar daño. Ahora, las formas de destrucción son tan ordinarias como una todoterreno que puede ser rentada por cualquier ciudadano del mundo que tenga una licencia de manejo. Eso, adiciona una complicación ya que estos documentos son muy fáciles de falsificar. Evidentemente, la complicación es para las autoridades y una facilidad para quienes quieren hacer mal sin ser identificados. Pero, sí fue identificado. Lo malo fue que lo hicieron ya muy tarde.

¿Qué va a suceder ahora? Arrollar a inocentes parece ser la práctica gustada para generar terror. Los expertos podrán decir que esos ataques tienen menos alcances que los que se lograban con otro tipo de operativos, que son menos espectaculares y que eso es bueno. Sí, aunque, una todoterreno lo puede tener casi cualquiera. La tiene una familia para ir a pescar, una madre que recoge a sus hijos, un joven que va con sus amigos a hacer senderismo, insisto, casi cualquiera. Ahora estamos entrando a una etapa en que los elementos de la cotidianidad pueden ser un arma destructiva.

Cuidarnos hasta de las personas que empuñan una cuchara me parece un futuro poco halagador. Con la estridencia que trae consigo el miedo, ante la tristeza de ver la bandera inglesa a media hasta, con el asombro de ver a Theresa May descolocada y con la voz rota, dejamos de oír la propuesta de la OCDE que nos habla de inclusión. Es difícil entender, después de un estallido de odio insensato, que lastimó a inocentes y se llevó la vida de quienes tuvieron la mala fortuna de estar ahí, pero es cierto. Incluir para avivar el desarrollo es la forma de construir un mundo mejor.

El fertilizante para transformar las diferencias en concordancias es la inclusión. Tenemos una deuda con los desprotegidos, con los que se sienten desesperados, con los que tienen hambre, con los que después de perderlo todo, ya no tienen nada que perder. Hacerme la loca, mirar a otro lado, arrugar la nariz y lavarme las manos es tan buena idea como construir un muro que separe y lastime. Porque ellos buscarán revancha a mi indiferencia y vendrán con una cuchara, una bomba, un avión o una todoterreno a derramar rencor. 

Terror en Londres

Quisiéramos que fuera el título de uno de esos churros hollywodenses, quisiéramos que las imágenes en la pantalla fueran las de una súper producción cinematográfica o de un videojuego de realidad aumentada. Pero se trata de sucesos de la vida real. Aunque los hechos se reproducían en redes sociales y la magia de Facebook y Twitter nos dejaban ver en tiempo real lo que sucedía en las inmediaciones de Westminster, nada era realidad virtual, todo sucedía en el mundo análogico, en ese espacio al que cada vez le ponemos menos atención, pero que es en el que de verdad vivimos y en el que nos vamos a morir.

La historia del lobo solitario al que se le zafó una tuerca y empezó a atropellar a inocentes se repite una vez más. El odio se hace presente en la forma más irracional y hace víctimas a desconocidos que ni la deben ni la temen. Dicen que el atentado, ya reivindicado por el Estado Islámico, lo perpetró un hombre nacido y criado en Inglaterra. ¿Qué lleva a alguien a dirigir un despercio tan grande hacia su propia gente? Me quedo congelada frente a esa idea, ante la desesperación de la mujer que prefirió lanzarse al Támesis que quedar debajo de las llantas de vehículo que atropellaba gente como si se tratara de una bola de hierro que derriba pinos de boliche.

Theresa May estaba en el Parlamento votando el Brexit mientras en Bruselas se recordaba lo sucedido en el aeropuerto y la estación del metro. Abrimos la boca y pateamos al aire. Nos medimos la temperatura del cuerpo y nos pellizcamos las mejillas para cerciorarnos que lo de las pantallas es verdad y no realidad virtual. Se nos hace gruesa la garganta y luchamos para que estas noticias no se conviertan en novedades de segunda plana, no queremos acostumbrarnos a ver hoy sí y mañana también que la fantasía bélica ya nos alcanzó. 

Hoy Londres está más húmeda, más nublada, más fría. Las campanadas del Big Ben suenan en forma atroz y los londinenses salen del estupor para volver a la vida de todos los días. A lo lejos, un grafitti de Bambi nos muestra a la Primer Ministro May  y al Presidente Trump bailando como la pareja de La la land. Nadie parece reparar en ello. No sé cómo se para la violencia ni qué se hace con el odio. Lo que creo es que esos discursos de desprecio, esas infulas de grandeza, la falta de inclusión, las divisiones, los muros de cristal, los de cemento, hieren y causan dolores.

Lo que me deja perpleja es pensar que este soldado del Califato, como lo denomina la reivindicación de ISIS, era un hombre que fue dado a luz en Inglaterra, donde creció y donde ha vivido. Lo tocó el virus maldito del odio, se le metió en la piel la idea de agradar a Dios a partir del rencor y la rabia. Y, eso causó, una vez más, el terror en Londres.

El Espacio Memorial del FC Barcelona

Entiendo que la pasión por el deporte nos lleve a hacer cosas sumamente extravagantes, pero para todo hay un límite. También me queda claro que con el pensamiento obnubilado por el amor, podemos cometer tonterías. Cualquiera puede dejarse estafar en medio del delirio que causa la afición. A todos nos puede pasar lo que le sucedió al rey que desfiló desnudo frente a su pueblo pensando que lucía un traje maravilloso. Para caer en la cuenta de la estupidez se requiere una voz inocente que grite: ¡el rey va encuerado! Los estafadores tienen labia y modos efectivos para vender espejitos y obtener plata. Ni hablar.

El fallido negocio funerario del FC Barcelona es el típico ejemplo de la frivilización máxima del destino seguro del Hombre. La falta de un rito funerario, la pérdida de un sentido más alto, lleva a algunos a inclinarse ante cualquier cosa y a adorar hasta la veneración algo que no es sagrado. Ahí no se vendió la emoción que da recibir los boletos para un partido, ni un meet and greet con Messi, ni la camiseta sudada de Neymar Jr. Aquí estamos frente a los sentimientos de la gente. De despedir con honor a los que se fueron y de permitir a los que se quedan decir adiós con dignidad. 

La historia del Espacio Memorial del Barcelona FC es una estafa que ya está en manos de los jueces. Sólo para dimensionar, se trata de un fraude de noventa millones de euros. El proyecto pretendía construir lugares para que los aficionados al Barça pudieran dormir el sueño eterno junto al Camp Nou. Se trataba de habilitar un espacio lateral con miles de urnas. Así de gótico como se escribe y así de tétrico como se lee. El estadio se convertiría en un cementerio lateral, en el que los muertos estarían gozando a perpetuidad de los gritos de felicidad frente a los goles y padecerían el rechinar de dientes cada que su equipo perdiera.

¿En qué estarían pensando al valorar semejante idea? Mezclar la magnesia con la gimnasia es pésima iniciativa. La euforia y el dolor son mezclas muy peligrosas. La divergencia de los proyectos las ve hasta un niño. No imagino cómo sería un funeral en la lateral de la cancha si se está jugando la final de la Copa del Rey. No imagino cómo estarían los asistentes a las exequias si el Barça está a punto de anotar un gol o si de plano ya perdió frente al Real Madrid. ¿A quién le darían el pésame: a los deudos, al occiso o al entrenador del equipo? Pero eso ya no sucederá, la estafa se consumó. Los sastres del rey huyeron antes de ser descubiertos en su estafa. El traje del emperador resultó de aire.

Ya hay imputados, Santiago Bach, empresario que quiso juntar deporte y muerte, desvió recursos. Claro, el juez ya lo llamó a declarar y el señor no ha acudido. Me temo que no acudirá. El Club Barcelona se quiere lavar las manos, pero dieron autorización. Las autoridades municipales de la Ciudad Condal dieron autorización. Los directivos del FC Barcelona están metidos hasta el cuello en esta estafa. Por lo pronto, el sitio de Internet del Espacio Memorial ya está cancelado, ya no hay forma de contactar a nadie para comprar un nicho tan cerca de la cancha y las reflexiones de incompatibilidad entre lo fúnebre y lo deportivo ya dan cuenta de la incompetencia de todos los involucrados.

Lo más tétrico del asunto no es terminar este despropósito de un plumazo y que paguen los rateros. Lo verdaderamente terrible es que se vendieran gavetas para meter restos humanos. No son palomeros en los que se meten nidos, son nichos con cenizas de personas que respiraron, amaron, vivieron y tuvieron personas que los amaron. Lo macabro es que ya hay espacios ocupados y el Club Barcelona quiere sacar a los muertos de ahí. No son trebejos que como ya estorbaron hay que cambiarlos de lugar.

Algunos dirán, no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre, y aunque es cruel, puede que tengan razón. Desde pequeños nos han enseñado que no podemos sumar peras con manzanas. ¿A quién se le ocurrió que eso era una buena idea? Nadie se detuvo a medir las consecuencias del fracaso. Hemos tratado de ser tan modernos, de creer que ser cosmopolita y abierto no es compatible con ser profundo y reflexivo. No se trata de usar alzacuellos, pero esto sí es una cuestión de valores. Jugar con restos de personas que tuvieron pasos en este mundo es criminal. Los que creen que no hay nada después de la muerte se equivocan. Aunque no crean en la trascendencia, cuando alguien muere, deja deudos y si los despojos humanos no les merecen respeto, al menos los vivos sí que deberían tenerlo. 

Lo curioso es que las imagenes de los nichos muestran imágenes religiosas sobre las lápidas. La cosa se complica cuando además de los sentimientos, hablamos de cuestiones religiosas, de creencias, de fe. Ahí no hay moneda de cambio. La frivolidad y la falta de respeto adquieren otras dimensiones. Ser superficial en cuestiones deportivas es lo de menos, es lo espererado. Este tema retrata de cuerpo entero a los involucrados. A los que serán sacados de ahí, a los que los llevaron a quedarse ahí, a los que accedieron al proyecto, a los que lo autorizaron y con más ganas a los que estafaron. 

Cultura de la integridad

La integridad es un valor radical, o se tiene o no se tiene. No hay matices, no puedes ser relativamente íntegro. Cuando hay duda es que ya se empeñó la figura. Si hubo un trastabilleo ya se abolló la cosa. En términos de probidad, no hay medias tintas. Así es, no hay otra forma. Cuando tratamos de darle la vuelta, de buscarle tres pies al gato o queremos marear al velador, ya pasamos al lado oscuro.

Como no hay grados, la deshonestidad empieza con actos pequeños, tal vez imperceptibles, a veces inofensivos, pero la desgracia es que la deshonestidad va escalando. Empiezas copiando en un examen y si la cosa para ahí, no se perdió mucho, pero los temas de corrupción son como un cáncer voraz que infecta órganos vitales. Es un enemigo silencioso que atrapa y no suelta. 

Por eso, la tolerancia cero es una base sólida para la construcción de la cultura de integridad. Recientemente, en dos empresas distintas, dos funcionarios fueron atrapados mientras copiaban en un examen para acreditar una capacitación. En ambos casos se reportó la incidencia a Recursos Humanos. Sin embargo, los derroteros fueron distintos. En un caso se inició un procedimiento en el que el denunciante tenía que padecer un proceso para demostrar que efectivamente el sujeto había copiado. La presunción de inocencia se respetó tanto que parecía que quien había obrado mal era el denunciante. En el otro caso, la amabilidad se desplegó a ambos lados y todos estuvimos comodísimos.

En ambos casos, los que copiaron intentaron nadar de muertito, jamás acusaron recibo y, por supuesto, llegado el momento, qusieron echarle la culpa a todo el mundo sin asumir la responsabilidad de sus hechos. En ambos casos, se trataba de ejecutivos de alto nivel. En el primer caso, despidieron al copión. En el segundo, metieron la tierrita debajo del tapete y se conformaron con que la persona no recibiera su certificado. La cultura de la integridad no acepta hoyos ni puede tener flexibilidad. En las universidades y en las escuelas los parámetros deben radicalizarse aún más proque ahí se está formando a los que sostendrán las riendas del futuro. Ahí se inocula el germen de la deshonestidad y es justo ahí donde debemos vacunarlos para que no crezcan torcidos. Copiar, plagiar, dejar de dar crédito, hacer trampa debe ser sancionado con severidad. 

Si paramos la cadena de corrupción a tiempo, pondremos remedio y apuntalaremos la honestidad. Si no, no.

Me entristece ver que hay quienes ven con naturalidad hacerle hoyos a los asuntos de integridad. Me asusta ver que el jersey de Brady haya aparecido en poder de un directivo mexicano. Me irrita pensar en lo fácil que le resultó tomarse una selfie con el hombre al que le acababa de robar. Me indigna que hubiera querido hacerse el tonto y que se hubiera salido con la suya si no lo hubieran atrapado con las manos en la masa.

Así, los gobernadores ven natural robar del erario público o tomar lo que no es suyo. No hay hoyos posibles ni excepciones para la probidad, o eres o no. No hay medias tintas. Si respetamos este principio, estaremos creando una cultura de la integridad, si no, no.

Caminar con una amiga

Este fin de semana largo fuimos invitados a celebrar el cumpleaños de mi amiga Claudia Villarreal Peral a Aguascalientes. En los prepararivos, que iniciaron como con un mes de anticipación, las cosas se acomodaron para viajar en auto en vez de tomar un avión. Me alegro. La incomodidad de los horarios que se ofrecían para la ida y el regreso me evitaron los fastidios de la restricción del equipaje, la anticipación con la que hay que documentarse, el tiempo de espera y todo lo demás que implica volar una distancia relativamente corta. Además, mi amiga Olguita se unió al plan y fue una delicia ir platicando por seis horas sin que hubiera una pantalla que nos distrajera y nos arrebatara el hilo de la conversación.

Al llegar a Aguascalientes, el GPS de la camioneta se volvió loco y en vez de llevarnos directo al hotel, creyó que íbamos rumbo a Zacatecas. Rodeamos la ciudad por el tercer circuito periférico en lugar de ir por la vía recta. Entonces, después de aventar las maletas en la habitación, salimos corriendo a comer porque moríamos de hambre. El conductor de Uber nos recomendó un lugar excelente en el jardín de Los Encinos, comimos en un lugar de comida yucateca que es de tradición para los hidrocálidos. 

Al terminar, mi marido se fue a descansar al hotel, venía molido de manejar; Olguita y yo nos quedamos un ratito por ahí. Visitamos el Museo de Guadalupe Posadas, entramos a la Iglesia del Cristo Negro del Encino, nos maravillamos con el color del cielo, fuimos al centro, pasamos por la Plaza de la Patria, llegamos al zócalo, le dimos la vuelta a la plaza, pasamos frente al Palacio de Gobierno, al Palacio Municipal, vimos a lo lejos el Teatro Morelos, entramos a la Catedral, pasamos frente al recinto legislativo y disfrutamos del clima tan benigno de esa tarde de invierno viejo que ya quiere ser primavera.

Lo hermoso de todo fue caminar con mi amiga Olguita. Parecía que no habían pasado los años en los que nos vestiamos con el uniforme de la escuela de monjas, que seguíamos reuniéndonos a estudiar cálculo o para ir a las fistas de la Preparatoria. No nos parecían tan lejanos los juegos de dominó en la Ibero ni cuando ibamos y regresabamos de la universidad a la casa. Es verdad, han pasado tantos años y al mismo tiempo no ha cambiado mucho.

Pudimos caminar sin que una pantalla nos quitara la ilusión de platicar. Lo lindo de caminar juntas fue que no hubo esa repetición interminable de las mismas anécdotas que ya se saben de memoria. Hubo recuerdos, claro. Las anécdotas estuvieron ahí, ¿cómo no? Pero no sólo eso: hubo debate, relexiones, pensamientos: unos convergentes y otros no tanto, planes y sueños. Hubo tanta felicidad de estar dando pasos sin tener que demostrarnos nada, sin la necesidad de darnos brillos y centellas, sin mucho más que ser nosotras, lo cual ya era suficiente. Qué delicia, ¿no creen?

Beneficios colaterales: Ivana Trump

En la imagen aparecen los tres hijos mayores del Presidente de Estados Unidos y su madre. En el centro, aparece una mujer vestida de negro, con lentejuelas,  falda cortísma, enormes aretes, peinada con un chongo muy estirado, una boca pintada de rojo carmín y ojos ultramaquillados. Hay que decir que se notan las glorias antiguas y que le lucen los años que han pasado desde 1949, cuando nació en la entonces Checoslovaquia. Nada que el botox y el ácido hialurónico no traten de disimular. 

Dicen que fue el principio de todo y si no de todo lo que vemos hoy, sin duda de mucho de ello. Fue la primera modelo que intuyó el potencial mediático de un empresario de Nueva York. Fue por catorce años la esposa que estuvo ahí mientras se forjó un imperio. Ahí anduvo para apoyar, aconsejar, consolar y aguantar a un hombre al que le sacó catorce millones de dólares por habele sido infiel. Cuando Donald Trump se enredó con Marla Maples, Ivana hizo del infortunio un buen negocio, supo conseguir beneficios colaterales y lo seguirá haciendo. Es una buena gerente, dice su exesposo y él sabe de lo que habla en ese terreno. Le costó mucho dinero el sustento de esa opinión.

La mujer es inteligente y competitiva, no se conforma con poco y sabe exigir sus pedazos de pastel. Por supuesto, pedirle una posición discreta y que actúe en la sombra y deje el reflector en paz, es mucho pedir. Por eso, aprovecha la mejor posición posible y hace sonar la caja registradora a su favor. No es el prototipo de mujer divorciada, abandonada, que se lamenta por los rincones y añora el pasado. ¡Que bah! Para nada.  Ya anunció que publicará un libro en el que contará, sin filtros, sus años matrimoniales con el Presidente de Estados Unidos. Sabemos que va a cusar interés.

¿Cómo no aprovechar para compartir pasajes íntimos del Señor Presidente y de su súper asesora? Explotará la veta ahora que puede producir oro. Ampliará su fortuna. Vio una ventana de oportunidad y la está aprovechando. Estoy segura de que Melania la debe de ver con algo de envidia. Es curioso, pero imagino los papeles invertidos. La actual esposa ve con cierta ambición el lugar de Ivana. Ella escucha el tintineo de las monedas, se hace mas rica y no tiene el reflector crítico encima de ella ni tiene que soportar los desprecios del mandatario estadounidense. Me preguntó, ¿cómo la verá su hija?

Ivana sabe aprovechar los beneficios colaterales de ser madre de los vástagos de Trump, sigue presente en la vida de su exmarido y saca provecho, mientras puede, de esta posición de privilegio. ¿Quién diría? La exesposa acaricia al gato, se acicala los bigotes y se dispone a disfrutar. No hay duda, la industria del entretenimiento tiene sus códigos e Ivana los sabe leer.

De democracia y tipo de cambio

Como si las estrellas se dispusieran a favorecer a la moneda mexicana, ayer el peso regresó a  niveles de cotización similares a los de noviembre del año pasado. En realidad, no es que los astros se alinearan a favor de México, ni que este repunte sea gracias a las declaraciones de Peter Navarro, consejero comercial de la Casa Blanca o de las medidas cautelosas que Janet Yellen, presidenta de la Fed tomó. Claro que ayuda la visión moderada y la cción cautelosa de los actores, pero no es sólo eso.

Por fin, después de mareo que ha traído al mundo el hecho de que un hombre del espectáculo esté despachando en la Oficina Oval, las aguas están regresando a su nivel. Las infulas imperiales, los golpes en el escritorio, los gritos desaforados, los movimientos alocados se atemperan a causa de los efectos democráticos. Los estadounidenses han creado instituciones que  sirven de contrapeso a un hombre confundido que creyó que era monarca en vez de presidente. 

Por instantes, el mundo cayó también en ese error. Muchos se tropezaron,  intimidados por tanto efecto mediático, pregúntenle a la señora Theresa May si no. Ella salió corriendo a inclinarse ante un monarca cuyo cetro es de chocolate. Las instituciones pusieron al señor en su lugar. Se nos olvidó que ese país puede estar dividio, ser racista, mal educado, vicioso, con brotes prepotentes, pero han creído en la democracia. Si no fuera así, un ganzo como este no habría tenido oportunidad de llegar a donde está. La suerte es que las fuerzas equilibradas de los poderes ponen el fiel de la balanza en su lugar y las babosadas encuentran poderes para ser contenidas.

Por eso, mientras más ocurrencias, más golpes a media cara tendrá en Preisdente de Estados Unidos, hasta que se aplaque o hasta que lo entienda. Mientras más aplacadito, mejor le va a la moneda mexicana que fue la que ha padecido mayores males ante la estridencia de la zanahoria que se creyó en cuento imperial cuando sólo era presidente. Pobre de él y que bueno para México.

El populismo pierde cuando hay organizaciones de estado fuertes, poderosas y confiables. Pobres de los que no creamos en ellas. Aquel que manda al diablo a las instituciones muestra, de cuerpo entero, sus ambiciones intolerantes y sus intenciones poco democráticas. Una democracia previene ocurrencias y protege de actos autoritarios. En esa condición, un sujeto como Trump en México sería una desgracia. 

Hacía tiempo que no sentía admiración por lo que sucedía al norte de nuestras fronteras. Hoy, me da un gusto enorme que un juez le pueda plantar cara a la figura presidencial. Me gustaría que aquí, llegue el momento en el que un Presidente tenga las manos controladas y que si se pasa de listo, haya posibilidades de ponerlo en su lugar. 

Por eso, no creo en las estrellas, creo en la democracia.

Teléfonos móviles 

Ayer se revelaron cifras interesantes, somos más de ochenta millones de usuarios de telefonía celular en México. Son datos del INEGI. Además, nos enteramos que el uso de smartphones está desplazando a las laptops y las computadoras de escritorio han sufrido un declive importante. Igual está sucediendo con los teléfonos fijos, cada vez se usan menos, si quieres localizar a alguien, pocos recurren a un número telefónico de casa u oficina. ¿Para qué usamos el teléfono móvil? La respuesta me me brota a flor de piel es: para comunicarnos y, si lo pienso bien, ya no estoy tan segura. Si ponemos atención, nos daremos cuenta de que eso de comunicarnos está tomando otros rumbos.

Lo cierto es que el teléfono móvil no se usa para hablar o cada vez se utiliza menos la capcidad que tiene de transmitir voz. Generalmente, se usa para mandar mensajes de texto, pero vía WhatsApp. Se ha creado todo un código de uso alrededor de esta aplicación y sus palomitas, si aparece una y es de tono claro es que el mensaje no se ha enviado, si aparecen dos y son clarases que   ya se mandó pero aún no ha sido recibido, si aparecen dos en tono más oscuro es que ya lo vieron y todavía no nos contestan. Eso me remite a los tiempos en que alguien se sentaba junto al aparato telefónico a esperar una llamada que no llegaría, ahora esperamos palomitas que traigan una respuesta — qué curioso—. A veces la respuesta se manifiesta, ya vieron el mensaje y no hay contestación. 

El teléfono inteligente nos ha dado la posibilidad de trabajar a distancia, de traer la ofiicna con nosotros, nos ha transformado en seres con la capacidad de convertir cualquier espacio en un entorno laboral. Así, vemos que los lugares que tengan una conexión a Internet, más o menos estable, se vuelven salas de juntas, lugares para enviar y recibir datos, sitios para hacer entrevistas, reuniones virtuales, aulas remotas y los lugares han cambiado su naturaleza. En un café a las diez de la mañana puedes ver a mujeres chismeando sobre la última serie de Netflix, a amantes que se encontraron gracias a una aplicación y que se citan para ir a otro lado, ejecutivos decidiendo asuntos importantes, reclutadores que valoran candidatos, lectores que recorren renglones electrónicos.  Son pocos los que se sientan a tomar un café y platican sin tener un aparato interrumiendo cada cinco minutos el hilo de la conversación.

Los teléfonos móviles nos han dado la posibilidad de estar en muchos lados al mismo tiempo, nos han posibilitado formas nuevas de desempeño muy virtuosos. No hay necedidad de pasar horas y horas en un auto para llega a hacer tu labor. Puedes trabajar en pijama, despeinado, sin bañar, echado en cama. Eso, a veces es una ventaja y otras no. El equilibro es complicado. Quedarte encerrado en casa es la tentación seductora que nos dan estos aparatos. El mundo está al alcance de nuestros dedos y ahora, ya no hay porqué salir a comprar nada, todo te lo pueden llevar; no hay que traspasar el umbral de casa, ahí puedes trabajar, ser productivo y ganar mucho dinero. 

Incluso, puedes conectarte con los otros por medio de la pantalla. Dije conectarte, no comunicarte. La libertad de la ubicuidad que nos da el teléfono tan inteligente se nos puede transformar en esclavitud. Hay escenas que se repiten y se repiten. Personas abriendo la boca y sacando la lengua frente al Snapchat, mientras alguien se cae frente a ellos. Pobre del caído si necesita ayuda para levantarse. El hambre que se ha generado por aceptación de los que están lejos y el desprecio por lo cercano es alarmante. Sentimos empatía por un enfermo de cáncer que subió un video que se hizo viral y al que no conocemos, pero somos incapaces de tender la mano al que se cayó frente a nosotros.

Las formas de comunicarse nos rebasan. Llegan mensajes a toda hora y en todo lugar. Si un texto llega a las tres de la mañana, hay que responder de inmediato. La intimidad se vulnera, he visto chicos que interrumpen un beso para responder a alguien que les mandó una foto. He visto parejas que se toman una selfie dándose un beso en vez de disfrutar con los ojos cerrados. Ya ni hablamos del infinito número de conversaciones que no pueden seguir un hilo por estar pendientes de una pantalla. ¿Cuántas confidencias se han quedado sin compartir, cuántas congojas se quedaron sin consuelo, cuántos miedos se han exacerbado, cuánta soledad de ha generado? 

El uso de la tecnología es maravillosa si no toleramos el abuso. La exigencia de la inmediatez es un fastidio. Por eso, de una buena vez digo, si estoy dando un abrazo, recibiendo un beso, si estoy acariciando a alguien, si estoy nadando o jugando tennis, si estoy dando clase, si estoy en la cama, si estoy platicando, llorando o muriéndome de risa, no crean que les voy a contestar de inmediato. No me perderé un amanecer por estar atada a una pantalla, ni me voy a dejar atropellar por ir pendiente del teléfono, no voy a cambiar el sonido del ambiente por el de unos audífonos ni voy a dejar de darle la mano a alguien por traerla ocupada con un aparato. No lo voy a hacer. 

Usaré mi teléfono inteligente para comunicarme, no para enagenarme. 

El incómodo senador Barbosa

Miguel Ángel Barbosa es el coordinador de la bancada perredista en el Senado de la República. Si nos atenemos a lo que dicta el deber ser, su posición es de gran seriedad y de máxima relevancia. Los votantes de ese partido esperan que sus representantes velen porque su ideología se repete y su modo de pensar sea incluido en las normas que se dictan en el poder legislativo. Claro que en la vida real, la cosa es distinta. Los políticos ven por sus conveniencias y nadan con la dirección que les dicte la corriente. Y, en ese sentido, Barbosa hizo lo conducente, se comportó como todos pero su error fue descararse frente al respetable.

Así, con la mayor de las ingenuidades o el cinismo bien colocado, dijo que el daba su apoyo a López Obrador, líder de Morena, un movimiento político en el que Barbosa no milita y que no lo tiene sentado en el Senado. Y, así comenzó la avalancha. Claro que todos sabemos que el PRD es un partido con militancia muy rijosa, que son rebeldes, si no no estarían ahí, que todos tienen la mecha corta y la lengua floja, que se agrupan en tribus y que una y otras se sacan los ojos a cada rato para después perdonarse y salir abrazados en la foto. Ya lo sabemos, también sabemos la adoración que le tienen a López Obrador, aunque los haya abandonado ahora que el barco se les está hundiendo. Pero, creo que a Barbosa ahora sí se le notaron las costuras y enseñó las uñas largas.

No se puede andar en la procesión y tocando la campana. Hay definiciones que son sustantivas en la vida y fidelidades que no permiten inclinarse al sur y al norte al mismo tiempo. Hay que decidir. Barbosa lo hizo en una forma tan extraña que raya en la traición. 

Algunos, con largueza de generosidad, justifican a Barbosa diciendo que el señor quiere tender lazos con Morena y así salvar al partido que se les está muriendo. No sé, me parece que eso es tratar de justificar lo que no tiene mas que una explicación. En medio del escándalo, Barbosa se aferra a su curul, no tanto por amor a su partido, lealtad a sus electores, certeza en sus convicciones, sino por las canongías que se le aparejan a su posición. Al menos, eso parece. Ser líder de una bancada en el Senado tiene sus prestaciones difíciles de abandonar. 

Pero, lo que le faltaba ya llegó. Su propio sensei, su tlatoani mayor ya le puso una bofetada en los cachetes. Andrés Manuel le sugiere renunciar al PRD, no lo deja caer, lo invita a Morena. Seguro Barbosa obedecerá a su jefe. Pero, ¿no habría sido más digno hacer las cosas bien y de forma ordenada? Hubiera hablado muy bien del Senador, si en vez de agarrarse a su silla, hubiera renunciado antes de hacer público lo que ya todos sabíamos. Pero, de ese destello que nos dejó ver Barbosa, ya nos podemos dar una idea clara de cómo se manejan las cosas y cómo se negocian los destinos.

Sin duda, Barbosa es un ser incómodo que ya perdió su zona de confort.

México no pagará el muro

A veces parece que el mundo se descoloca. ¿Cuántas veces hemos escuchado a Donald Trump decir que México pagará su publicitado muro? Han sido tantas que no creo que alguien lleve la cuenta. Han sido menos y hubiéramos querido que fueran más, las que el Presidente Peña le ha contestado: México no pagará el muro. Luego, lo han repetido el Canciller Videgaray y el Secretario Osorio Chong y los senadores y diputados. Las posturas se dividen en dos bloques y ambas se han convertido en un rumor tan constante que ya casi ni lo percibimos. Pero, estas palabras en labios distintos ya no se escuchan igual.

Resulta que Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana del Senado de Estados Unidos dijo que México no pagará por el muro. Al decirlo, las palabras adquirieron potencia y muchos lo volteamos a ver. El señor McConnell pertenece al mismo partido que Trump. Imagino es sofocón que se habrá llevado el Señor Presidente al enterarse que el que le debía servir de puntal ya le llevó la contra. No es la mejor opción, respondió a pregunta expresa. Entonces, las fichas del tablero mundial se mueven de lugar y se colocan en un lugar distinto.

La construcción de un muro fronterizo, más allá de las implicaciones éticas, es un sinsentido. La ocurrencia de Trump que se volvió su grito de campaña es un monstruo que creció sobre piernas de sal. Por un tiempo, se ha sostenido en pie, pero no tardará en derrumbarse. Es un desperdicio de recursos que serán echados a un bote de basura, es un dinero que irá a parar a bolsillos que son improductivos. Eso, hace sospechar. 

Pero, echar las campanas al vuelo no es buena idea. Trump es necio. Desde luego, es agradable escuchar palabras cuerdas de un hombre que tiene posibilidades de frenar un caballo desbocado que corre rumbo al abismo. México no pagará el muro y, espero, que ya no siga pagando los platos rotos. Espero que México ni pague el muro ni siga poniendo los muertos mientras del otro lado nos siguen vendiendo las armas. Espero que se frenen las operaciones de los carteles de las drogas, los mexicanos y los que operan en Estados Unidos, porque la mercancía no se mueve ni se distribuye sola. Espero que si van a detener algo, sea el consumo de drogas que les destruye el cerebro. Eso espero.

Lo cierto es que leer las declaraciones de McConnell me hace esperar que los rumbos vayan optando por la cordura.

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