Desconfianza

Cuando dejamos de creer que alguien va a actuar en forma correcta, cuando la suspicacia se hace presente, hay un freno que se aplica y el flujo normal de la vida se ralentiza por pura precaución. Sucede a nivel global y personal. Cuando falla la certidumbre y creemos que las cosas terminaran diferente de lo que nos prometieron, desconfiamos.

La confianza es un elemento frágil, se rompe pronto si no la cuidamos. Por eso, el prestigio debe cuidarse, el buen nombre debe construirse. El que no lo hace, pierde credibilidad y un chaparrón de infortunios te vienen encima. En el caso de Rosario Robles, no es que la gente le quite de entrada la presunción de inocencia, es que no le tenemos confianza.

Ayer escuché a cierta locutora que defendió a Robles sosteniendo que la prisión precautoria impuesta por el juez es excesiva ya que el delito que ella supuestamente cometió no merece ir a la cárcel. Imaginando que este punto de vista tuviera sustento, el problema que tiene Rosario es que hay sospechas que justifican la falta de confianza que se le tiene.

La historia de Robles nos lleva a recordarla como una mujer inteligente, sí, pero siempre metida en enredos. Rosario se ha rodeado de asuntos espinosos que llevan a la gente a no tenerle confianza a pesar de que dio la cara, cosa que no han hecho otros implicados.

Es verdad, tal vez Rosario Robles tuvo el arrojo de presentarse y enfrentar los cargos. Es posible que al juez se le haya pasado la mano. Es cierto que otros de sus compinches andan a salto de mata. Pero, ella perdió la confianza. Es una pena, tal vez la estén usando de chivo expiatorio. Sí, pero ella anduvo metida en un ajo que tiene que explicar y pocos creen que haya actuado en forma correcta.

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Proteger la vida

Después de los atentados de Dayton, Ohio y de El Paso, Texas, con el regusto amargo y la tristeza de ver la capacidad de odio que tienen esos jóvenes es preciso reflexionar. Como si el mundo estuviera puesto al revés, vemos que los antivalores se ponen de moda y el odio germina como hierba salvaje en el corazón de muchos humanos.

Hemos condenado a Caín como el hermano malvado y elevamos la quijada de burro a cualquier semejante que ni vea la vida como yo ni comparta mi punto de vista. Por quítame estas pajas, una bala acaba con una vida. Mientras el mundo lloraba la muerte de inocentes en atentados absurdos, en Guanajuato y Michoacán se rebasaba la cifra de muertos.

Con una frialdad cercana a la frivolidad, un hombre seguía atendiendo su puesto y vendiendo sus cosas mientras pendían sobre él una serie de cadáveres. No hubo ni empatía ni miedo ni consciencia ni nada, mejor mirar cortito y voltear a otro lado sin meterme en lo que no me importa.

En este momento, algún semejante está muriendo ahogado tratando de cruzar una frontera que lo lleve a una mejor vida; una mujer está siendo asesinada porque se puede, un bebé sin nacer pierde la oportunidad de vivir, una persona recibe una bala y ni se entera porqué.

Es momento de proteger la vida y dejarnos de babosadas.

La visita de Trump

Hoy, Donald Trump como presidente de Estados Unidos visitará Dayton y El Paso. Lo hará, dicen, como jefe de estado. Irá a dar el pésame a las familias que perdieron a los suyos, rezará con las víctimas, los acompañará en el dolor. Se hará acompañar por su esposa. Buena suerte.

La tarea se ve difícil, incluso para para él que es un hombre de espectáculo acostumbrado a mover emociones. Trump sabe conmover a la gente, pero, a decir verdad, lo hemos visto arengado odio y a partir de ello generando simpatía y fanatismo. ¿Podrá convencer de que va en buena lid, que sus intenciones son buenas, que no cree que los mexicanos —es decir, los latinos— son malos hombres y todas las ofensas que ha vociferado? Dirá que eso de Shoot them! era lenguaje figurado.

Qué difícil será para Trump este día. Si vence este reto pasará de ser un cómico a ser un estadista. Es un salto mortal con un alto riesgo en su desempeño. La verdad, no se le ven tamaños. Aunque, el hombre puede sorprender. Sin embargo, su pasado lo atestigua y sus palabras lo acompañan.

El hombre es un bully, un narcisista, un supremacista blanco, un tipo que hizo de la ignorancia su mejor cantera y, si bien lo disparó ni jaló el gatillo, si pidió que alguien lo hiciera. Los habitantes de Dayton y de El Paso tendrán que hacer acopio de generosidad y valentía para recibirlo y no perder el control.

Ni hablar, ¿veremos a Donald Trump pedir perdón? Ojalá. No quiero ni pensar lo que sienten todos los latinos que se deslumbraron con el show de este sujeto. ¿Seguirán adorándolo? Todo puede ser. Pero el que juega con fuego de puede quemar y este hombre está chamuscado.

El odio como seña de identidad

Sería fácil hablar de la terrible actitud de odio que el Presidente Trump ha adoptado para ganar elecciones, generar voto y construir una cantera de adoradores. Pero, dadas las circunstancias, sería mezquino. El atentado en El Paso, Texas estuvo a horas de distancia del de Dayton, Ohio. Pero, tampoco está alejado de lo que sucedió en Nueva Zelanda, en Niza, en Barcelona o en Sandy Hook. El odio es un hilo comunicante que esta presente.

Muchas voces se elevan para señalar que este ha sido el atentado en el que ha habido más mexicanos muertos. A mí ese dato me parece irrelevante, estamos hablando de vidas humanas que se apagaron por una bala, de gente inocente que fue a hacer la compra y la asesinaron por el simple hecho de estar ahí. Al hacer esos señalamientos vamos en sentido contrario, hay que condenar la muerte, independientemente de la raza de quien perdió la vida para no caer en aquello que criticamos con dolor. Las autoridades aún no revelan la identidad de las víctimas. Pero, se sabe que hay una nena de 10 años.

El odio a los hispanos es terrible y sus consecuencias ponen a temblar. Igual que el odio a los judíos, a los de raza negra, a los gitanos, a los indios, a los musulmanes, a los que no son como yo. Las declaraciones xenófobas han traído consecuencias. Los candidatos que azuzan el odio han conseguido popularidad y han ganado elecciones, pero ¿se sentirán responsables por estos atentados? Parece difícil que alguien se atribuya influencia en hechos tan delicados. Sacarán las manos, esconderán el brazo qué lanzó la piedra, silbarán su disimulo mientras otros lloran la desgracia.

Pero, criticar a la distancia es tan sencillo. Buscar qué es lo que estamos haciendo mal, complica el día de cualquiera. Patrick Cruisus, el asesino de El Paso, era un solitario aficionado a la informática, presuntamente víctima de acoso escolar. Un tipo de carácter explosivo que en su confusión de valores, creyó estar actuando como héroe defendiendo a su país. Pero, el tipo perdió, según expresaba en sus redes sociales, que había perdido el sentido de la vida.

El odio trae esas consecuencias: amargura y destrucción. Le hemos dado la espalda al amor, a la caridad, a la esperanza y a la fe. Los episodios sangrientos han sido perpetrados en su mayoría por jóvenes que expresaron un gran vacío en la vida. Los vecinos de Patrick Crusius no sabían que él vivía ahí porque no interactuaba con nadie. Se marinaba solo en el odio de alta intensidad y en el hueco de su ocio. Se sumió en n el abismo de su oscuridad.

Ned Peppers, Dayton, Ohio

No ha pasado un día y ya hay otro atentado. Todavía nos estamos sacudiendo por los temblores que nos causa pensar lo que sucedió en el Wal-Mart de El Paso, Texas cuando nos enteramos de que diez personas más murieron en un tiroteo en las inmediaciones del Bar Ned Peppers en la ciudad de Dayton, Ohio. Parece que la crueldad no tiene fin y que la razón no quiere casarse con la posibilidad de parar el derramamiento de sangre.

La razón es terrible: vender armas es un buen negocio. El propio Sam Walton defendió su derecho a poner a la venta pistolas y rifles diciendo que se trataba de proveer suministros a quienes se dedican a la caza deportiva, que él mismo practicaba. Muchos sostienen que una bala es parte de la identidad de un estadounidense y defiende la libertad de poder comprarlas hasta en el súper. No veo cómo puede ser un deporte matar a un animal con un rifle automático o con una pistola automática que avientan lluvias de balas por segundo. Eso es divertirse masacrando.

Y, entre tanto, los atentados siguen y siguen, las cifras se elevan y la sangre sigue corriendo. En los Estados Unidos, la cifra actualizada al momento es de 1195 personas asesinadas en este tipo de atentados, de ellos 119 eran niños y adolescentes. La víctima de más edad fue una mujer de 92 años, Louse De Kier que recibió un disparo en Carthage, N.C. El más joven fue un bebé de ocho meses, Carlos Reyes que murió en el atentado de San Ysidro, California. Se han utilizado 315 armas y 175 de las que usaron estos tiradores fueron compradas en forma legal.

Las masacres han ocurrido en lugares como escuelas, restaurantes, bares, oficinas, cines, espacios de oración. Estos atentados traen como resultado muerte, dolor, heridas y cicatrices con las que la sociedad debe lidiar. Familias que pierden a uno de sus integrantes, inocentes que quedan mutilados, gente que tuvo la mala suerte de estar en el peor lugar en el momento inadecuado.

Y, las cifras siguen creciendo, a veces, con menos de veinticuatro horas de diferencia. El Paso y Dayton están de luto y eso no es por un deportista, es porque un asesino tuvo acceso a un arma.

Ahora, El Paso

Una vez más, sucedió. La ciudad fronteriza de El Paso, Texas tuvo uno de los días más amargos de su historia. La cotidianidad se interrumpió en el momento en que un hombre empezó a tirar balazos a la gente que hacía el súper el sábado por la mañana.

Pasó que sin razón aparente, un joven decidió acribillar a parroquianos mientras hacían la compra. Veinte personas muertas y hay otras veinte heridas, por lo menos. Fue en una sucursal de Wal-Mart una tienda que vende armas y que ha defendido el derecho que tienen de hacerlo.

No está claro de dónde sacó el tirador el arma que usó por la mañana. Pero, Sam Walton siempre de declaró a favor de la venta de armas con fines deportivos. Él mismo era un cazador y el actual director general de la compañía, Doug McMillon insiste en atender las necesidades de gente que busca una pistola o un rifle para actividades deportivas.

Ahora, le tocó a El Paso. Pero, si el tema de la venta de armas sigue el mismo curso, ¿cómo se podrán evitar este tipo de atentados cobardes? Es triste pensar en personas que fueron a comprar las cosas que necesitaban para la semana y en vez de fruta y verdura se toparon con una bala.

La responsabilidad social de las empresas no puede soslayar la pertinencia de seguir haciendo negocios que ponen en riesgo a la sociedad. Le tocó a El Paso, una ciudad texana. El atentado se perpetró en un estado que ama las armas en una compañía que vende pistolas y rifles. La desgracia cayó, ¿qué vendrá después?

Lo bueno de volver

Cada verano pasa lo mismo, hay una especie de transición que me hace pasar del modo de vacaciones y entrar al de regreso. Los últimos momentos antes de volver son trágicos, se valora el sol, no se quiere dejar de ver el mar, hay un gran esfuerzo por detener el tiempo y alargarlo para sacarle el máximo provecho, para que no se acaben los días de descanso.

No es que no quiera volver, es que no me quiero ir. Menos, cuando se ha tenido un verano espectacular, cuando todo salió a pedir de boca y los planes que se hicieron mejoraron tanto al hacerse realidad. Buenos recorridos, excelente comida, mejores bebidas, la mano de mi marido, la presencia de mis primas, la compañía de mis sobrinos, el cariño de Danny.

Me dediqué a leer y más leer. Casi ocho kilos de lectura, tal vez más. Descubrí a Markaris, me reencontré con Barnes, me entretuve con Dicker, me desilusionó Rosa Montero. Escribí muy poco. Caminé mucho. Subí de peso. Me reí con muchas ganas. Dormí. Descansé. Y, como si no tuviera llenadera, quería seguir así. La frase: anduve del tingo al tango es precisa.

Lo bueno de regresar es que empieza una especie de reconstrucción. El corte de pelo, el arreglo de manos, el ponerse a dieta, el activar las neuronas devuelve parte de la esencia. Se recupera el cuerpo y se activa el cerebro. Lo bueno de volver es que empieza la ilusión de la cuenta regresiva. Ya falta menos para el próximo verano.

Primas

En la familia de mi papá habemos muchas mujeres, tuve la fortuna de que mis tíos tuvieran hijas. Con mis primas forjé los recuerdos más entrañables de la infancia. Cuando era niña, las vacaciones las pasábamos en La Piedad, Michoacán y desde días antes de que nos fuéramos para allá yo anhelaba estar en la tierra de mis padres donde sabía que me iba a divertir jugando damas chinas, turista, stop, yendo a la plaza a comer papitas, buñuelos, andar a caballo recorriendo el rancho de mi abuelo, jugando a las casitas en casa de mi tía Tolla, acompañando a mis primas a la clase de piano con la señorita Angelina o a la de mandolina en la academia del padre Guante.

En la adolescencia la diversión también se mezclaba con confidencias. Platicar con mis primas era una delicia. Ellas eran súper valientes, se fueron muy chicas a Guadalajara a estudiar y esa autonomía siempre me llamó la atención. La responsabilidad para manejar tanta libertad a mí me admiraba porque mientras yo seguía en la comodidad y protección de mi casa paterna, ellas ya estaban haciendo frente a la vida. Pero, cada vacación nos reuníamos y ellas me contaban de la universidad, de como se divertían, de los amigos y novios, de lo que creían que debía ser el futuro. Yo las escuchaba con admiración. Alguna vez las visité en su departamento de estudiantes y, una vez más se construyó un recuerdo padrísimo en el que las risas y la emoción se hizo presente.

El destino nos llevó por caminos en los que nos hemos reunido y nos hemos separado. Pily vivió con nosotros un tiempo en la Ciudad de México y volvió a Guadalajara a convertirse en una Oftalmóloga exitosísima. Mary y yo trabajamos juntas por años en uno de los mejores proyectos profesionales en los que he participado, luego se casó y se fue a vivir a Cancún. Betty estudió lo mismo que yo y actualmente vive en en paraíso de Panajachel, Guatemala: es una empresaria a todo terreno.

Este verano, tuve la fortuna de recibirlas en casa y reunirnos después de muchos años de no vernos y mucho menos pasar una vacación juntas. Por un lado, fue como retroceder las manecillas del reloj, como echar para atrás el tiempo y como si los años no hubieran pasado. La conversación surgió de la misma forma natural de toda la vida, los recuerdos de infancia se revivieron, nos pusimos al día con el entusiasmo de adolescentes. Al mismo tiempo, a todas se nos notan las medallas que nos ganamos al luchar en la vida, cada una tenemos las señas que nos dejaron los afanes y combates que nos ha tocado pelear. Por otro lado, fue como si el reloj se hubiera vuelto loco y avanzara el tiempo en forma vertiginosa sin que hubieran pasado tantos años, mas de los que quisiéramos confesar.

Reunirnos fue reconocernos, reconocernos fue mirarnos y sonreírnos con ternura. Fue adivinar y atinar. Fue reírnos de los chistes rancios, desgastados por el tiempo pero que igual nos hacen reír, enterarnos de lo nuevo, anticipar lo que vendrá, contarnos nuestros proyectos. Fue ver a Diego y a Carla, Pili, a Ann y a Danny. Fue hablar de nuestros viejos y de lo actual. Fue hacer cosas que no habíamos hecho juntas como salir a caminar, ir al kayak, forjar nuevos recuerdos.

Insisto, por fortuna en mi familia paterna hay muchas mujeres. Tener a mis primas es una maravilla.

Filtro envejecedor

Es curioso, el ser humano tiene una relación complicada con el futuro, a veces lo quiere conocer y otras quisiera evitarlo. Hay quienes quisieran poder colgarse de las manecillas del reloj para evitar que el tiempo pase. Muchos recurren a cirugías, autos deportivos, ropa juvenil para quitarse años de encima. Así somos. Pero, se está poniendo de moda un filtro en el que a partir de una foto actual, puedes ver cómo serás de viejo.

Me imagino que muchos de los que sucumbieron a la tentación de mirar al futuro, se asustaron. Sorprende ver que sean tantos los que le jalan los bigotes al tigre y entran a la máquina del tiempo en viaje acelerado al futuro.

He visto a muchos cambiar su foto de perfil con la versión envejecida de sí mismos. Hay quienes se ven mejor que como están ahora. Danny fue la primera en jugar. Se sorprendió, la versión de mi hija con los efectos del filtro me trajo una versión muy cercana a la cara de mi mamá. ¿Quieres intentarlo? Va.

Me sorprendió tanto ver como mi cara se transformó en la de mi Mami Lolita, mi abuela materna. Una mujer hermosa en todos los sentidos que puede tener la palabra. Las arrugas que sugiere el filtro son las que ella tenía y la expresión de su cara se superpuso en la mía.

El juego tuvo un efecto impactante en mí. Ojalá me pareciera a mi Mami Lolita que fue una mujer que paraba el tráfico en su juventud y en su edad adulta. Al envejecer, claro que su belleza seguía presente, pero adquirió un tono de sabiduría y de ternura que la hizo ser hermosa con la dignidad y elegancia de quien sabe portar los años con gusto.

Si el filtro tuviera razón y si en la vejez seré como ella, ya la tengo garantizada: seré una mejor versión. El jueguito resultó una grata experiencia.

Tormenta eléctrica

Los fenómenos meteorológicos dan imágenes y sucesos que para muchas personas terminan quedando para siempre en su memoria. La contemplación de la naturaleza cuando pierde la calma es algo aterrador y maravilloso. Es fascinante. Desde las tempestades épicas, tormentas y huracanes desastrosos, a temperaturas altas o bajas las expresiones del medio ambiente nos dan dimensión de lo que es el ser humano. El clima siempre ha sabido como sorprender a las personas, y ayer en Acapulco la naturaleza se manifestó.

Creímos que sería una simple lluvia y tal vez lo fue. El fenómeno meteorológico nos dejó a muchos boca abierta. La lluvia cayó como una especie de catarata en medio de vientos muy rápidos que silbaban y una tormenta con rayos y truenos muy ruidosos. Era como si el mar y el cielo estuvieran peleando. Zeus y Poseidon se gritaban y Eolo también participaba.

El cielo cambiaba de colores y el mar tomaba su turno para hacer lo mismo. Las cosas volaban por los aires y los rayos que nacían en las nubes entraban entre las olas del mar. Medio Acapulco se quedó sin luz. La oscuridad tan negra se iluminaba por segundos y apretábamos las mandíbulas esperando el estruendo. Primero, la piel se nos puso de gallina pero ganó la admiración al ver que la naturaleza habla con autoridad y majestad.

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