El padre de Heather Haye

El funeral de Heather Haye, víctima de los eventos de Charlottesville, acaparó la atención de los medios y de la gente en Estados Unidos. El presente se impusó al futuro. El inicio de las renegociaciones del tratado de libre comercio en América del Norte quedaron en un segundo lugar, relegados a un rincón de las redes sociales, de los informativos, de los medios de información. Las declaraciones de Donald Trump encendieron la ira de propios y extraños y fueron el cerillo que incendió los ánimos de todos los que no pueden creer los niveles de cinismo al que se ha llegado en terminos de racismo. En medio de esta estridencia, el panegírico del padre de Heather fue de gran impacto.

Con ideas sencillas, claras y sentidas, con una economía  de palabras el señor Haye deja al mundo una lección necesaria: Dejen el odio y perdonen como Jesús perdonó en la Cruz. En pocos meses, la sociedad norteamericana se ha dividido, casi  podemos escuchar el desgarre de ese tejido social y es momento de pararlo. Radicalizar no es buena idea. El escándalo de lo que este hombre ha hecho es lamentable. Vemos como movimiento racistas brotan de la misma forma que hongos en la humedad. Los que estaban ocultos, moviéndose entre las sombras, salen envalentonados y embravecidos.

Del dolor de un padre que despide a su hija brota una solución: dejar de odiar. Me impactan las palabras. Bajarle al desprecio que siento por este sujeto, por sus palabras y actitudes, no es fácil. Yo estoy lejos, los que están cerca lo deben tener más complicado. Dejar el odio es la mejor alternativa. Esta noche, en Charlottesville la gente salió a la calle con velitas encendidas para tratar de darle batalla al desprecio y lugar al perdón. Ojalá muchos sigan ese ejemplo y encuentren la generosidad para disculpar. 

Me asombra la potencia de las palabras del padre de Heather Haye, que se pone a la cabeza, lo dice en primera persona y empieza a dar pasos para ir adelante, espero que su ejemplo se pueda seguir. Estados Unidos está dividido y en esa condición, se debilita. No es ese el camino de la grandeza, es al revés. 

Las tentaciones del odio

Las tentaciones son esas atracciones que tenemos para seguir un camino que no siempre es el correcto. Funciona como una seducción que nos embauca y nos hace preferir aquello de lo que nos debieramos alejar. Los sentidos se adormecen y las alertas se desestiman y miramos a la oscuridad con cierto anhelo. Pero, generalmente, la consciencia llega en nuestro auxilio y nos toma de la mano o de la oreja para regresarnos al sentido correcto.

Por desgracia, no siempre hacemos caso.

Las tentaciones que tiende el odio son tan sutiles que no nos damos cuenta cuando caemos en sus redes. De repente, arrugamos la nariz frente a un olor desagradable, o nos alejamos de la suciedad, o se nos revuelve el estómago cuando vemos algo que estimamos asqueroso y dejamos de ver que esa reacción no la causa un objeto sino un sujeto. Cuidado, ahí ya nos mordió la os uridad y nos instiló su veneno.

Las advertencias frente al abuso, la discriminación al diferente, la marginación al desposeído son conceptos fuerte y hay gente a la que le dan poder. Es triste. El mundo se ha empeñado en trazar líneas de injustica. Si alguien tiene la piel de color diferente, habla distinto, se comporta, le gusta, come, cree, vive a su modo y no al mío: rechazo. Así se empezó a conformar una tendencia que sedujo amuchos.

El deber ser, timidamente, se arinconó y dejó que la estridencia de esas voces brincara a la escena mundial. Los nombres que más nos alarman son esos del Kukuxklan, Neonazis, Racistas, Sexistas, Pederastas y piensen en tantos otros que podemos recordar. Sí, claro. El problema empieza cuando soy capaz de elevar el dedo juzgón y señalar al otro y no en mi propia dirección.

Los discursos de odio empezaron a tener éxito. No sólo Theresa May y su tendencia separatista o la ultraderechista Marine Le Pen o el mismisímo Donlad Trump han contribuido a ello. El desprecio al migrante, al débil, al que nada tiene, al que está viejo o enfermo se difundió como una bacteria contagiosa y muy infecciosa. La población se sivide y el Ser Humano explota lompeor de sí. Pero ver las cosas a la distancia es infantil e irresponsable.

Si me da risa un chiste misógino o que se burle de un gay o me alejo de alguien porque se viste distinto o porque cree en algo que yo no, o porque no sabe ni leer ni escribir o por cualquier motivo irracional: malas noticias, ya nos mordieron la mano, ya caímos en la tentación del odio.

Amenezas que no son bastante duras

Es la típica situación que se repite en todos los hogares del mundo. Un hijo hace algo que no debería haber hecho, una travesura, una grosería, algo que no fue correcto.para que se corrija y cambie su comportamiento se recurre a una amenaza:  un castigo ejemplar,  un azote, no poder jugar con los juguetes, no salir al parque o lo que sea que le ponga sobre aviso. Si haces algo vendrá una consecuencia. Pero, si la amenaza no se cumple, el límite se desgasta. Si vamos a amenazar y no estamos dispuestos a cumplir, mejor deberíamos cerrar la boca. Las consecuencias de intimidar y que luego no pase nada, es que nos convertimos en el hazmereír del amenazado.

El que amenaza muestra miedo. Si te digo que te voy a pegar, me asusta levantarte la mano. Cuando alguien quiere hacer algo y está convencido de ello, no anda advirtiendo, sencillamente lo hace. Andarle haciendo al gallito con los hijos tiene consecuencias fatales para su formación. Andar intimidando, cuando eres el Presidente de los Estados Unidos es otra cosa. El apercibimiento de un mandatario es cosa seria, a menos que se trate de Donald Trump vociferando frente a Corea del Norte.

El anciano de la Casa Blanca eleva el dedo adminitor y le advierte al escuincle maleducado de Corea del Norte que le llegará un castigo terrible si hace algún movimiento contra Guam. El mocoso le saca la lengua al viejo. Entonces, como si estuvieramos viendo un cuadro cómico de Groucho Marx o del mismísimo Charles Chaplin, vemos al abuelito hacer un berrinche mayúsculo y proferir amenazas como una cafetera destartalada a punto de deshacerse entre vapores y chiflidos. El niño le hace una trompetilla y el hombre añoso, rojo y con un lenguaje cercano a Cantinflas, vuelve a amenazar. 

La escena nos da risa y luego se nos quita al momento en que caemos en la cuenta de lo que estamos hablando. El mundo mira con horror la torpeza norteamericana, no podemos decidir si nos dan ganas de reír o llorar. ¿Qué está pasando en un país cuyas flias y fobias los sacaron de la realidad? El odio a ultranza, la falta de reflexión, los valores trastocados, la ignorancia y la patanería han dado como resultado a un engendro que no sabe mandar y quiere resolver todo a base de amenazas, que no va a cumplir.

La diplomacia es una herramienta más elegante y, sin duda, más eficaz. Pero, eso es pedirle peras al olmo. Ser firme no significa ser violento o actuar a base de gritos histéricos. Se trata de entender y planear, de ser un estratega y tener la talla de un mandatario. Para ello, hay que tener claro el motivo de la disputa y el objetivo que se quiere alcanzar. Por supuesto, siempre hay que intentar de ser los más coherente posible para poder defender argumentos y que tu contraparte note que tienes claro el camino a seguir. 

Pero, eso hoy por los rumbos de la calle de Pensilvania, es mucho pedir. Casa nación tiene el gobierno que merece. Pobres estadounidenses, se conformaron con poco, se dejaron encandilar. El mundo los miraría con ternura si no fuera porque están agitando el avispero atómico. 

El viejo dinosaurio 

El PRI más que un gato al que jamás se le acaban las vidas, es como un viejo dinosaurio que cada día adquiere nuevas mañas. Cualquiera entiende que un anciano tiene manías, pero se le disculpan por la sabiduría que ha alojado a lo largo de los años. Lo malo es que el Partido Revolucionario Institucional parece cada vez menos listo, menos ilustrado, menos prudente. La sapiencia no está en los inventarios registrados en su almacén.

La corrupción mancha al partido tricolor, se les notan las costuras y da vergüenza ver el legado. Claro que no es lo mismo Diaz Ordaz que Peña Nieto, la metamorfosis se ha dado. Y, justo es decir, que no todo ha sido malo. Pero al paso del tiempo, las cualidades de antiguos mandatarios priistas se han perdido: la capacidad oratoria de José López Portillo, la sagacidad de Carlos Salinas de Gortari, la sobriedad de Miguel de la Madrid, la disciplina económica de Ernesto Zedillo. Y, desde luego, estos notables tampoco fueron brillantes del todo, tuvieron lunares muy oscuros que ensombrecieron su gestión. También hubos cosas buenas de otros priistas: las formas de Jesús Reyes Heroles, las ideas de Jesús Silva Herzog, los conocimientos del Ing. Félix Valdés, aspectos positivos que hubo y que de verdad existieron. 

No se trata de hacer un panegírico del PRI, es al revés. En otras épocas hubieron sujetos como Fidel Velázquez, Jongitud Barrios o la mismísima Elba Esther Gordillo. Se trata más bien de ver que el dinosaurio se está poniendo peor. El presidente Peña no tiene esa capacidad para hablar en público como la de José López Portillo, ni es capaz de disciplinar a su equipo y mantenerlo en unidad como Diaz Ordaz, ni tiene gente en su gabinete de la talla de Javier Barros Sierra. Se extrañan  presencias al frente del país que tengan madera de estadistas, se echan de menos esas mentes estrategas que tenían visión y amor por México.  Me imagino al primer secretario de Comunicaciones y Transportes frente a Ruiz Esparza y lo que le diría sobre entubar un manantial en una vía rápida de largo itinerario sin que se verifique el peso del transporte que va a pasar por ahí. El socavón es sólo una muestra del envejecimiento del PRI.

El partido es como ese viejito necio y soberbio que no se da cuenta de que todos a su alrededor se están enfandando de tener aue cuidarlo. Este dinosaurio viejo está sacando chispas pues sus usos y costumbres ni encajan con la actualidad ni le gustan a la gente. Basta ver anuncios espectaculares pagdos, dando gracias al señor presidente por los favores recibidos. ¡Ay, Dios! Y, si esto es así, ¿por qué sigue ganando? Parece que las opciones que tiene el electorado tampoco convencen mucho que digamos. Pero, no se deben confiar. Sus márgenes de éxito se han reducido mucho. 

Pobre dinosaurio viejo. Abre candados para una candidatura que lleva a un ciudadano a postularse a la Presidencia de la República. Como ya está viejito, le falla la memoria. Ya se le olvidó que cuando hizo algo similar con Ernesto Zedillo, se enfrentó a la alternancia del poder. Perdió la silla grande. Claro, fueron circunstancias muy diferentes. Hoy, Margarita o Roberto no se acercan a lo que fue el fenómeno de Vicente Fox y López Obrador no es Cuahutémoc Cardenas. 

Parece que este viejo, además de experiencia, tiene suerte. ¿Le alcanzará?

La deuda de los estadounidenses 

Relacionar dos puntos que no tienen nada que ver y hacerlos concurrir en el mismo escenario trae resultados sorprendentes. Especular alrededor de datos inconexos puede servir de poco aunque nos lleva a reflexionar sobre realidades que otros no ven. Por ejemplo, qué tiene que ver el incremento récord en la deuda de tarjetas en Estados Unidos con el liderazgo que Donald Trump ejerce desde la Casa Blanca. Puede ser que nada, que imaginar un punto de contacto entre estos dos datos sea forzar las cosas, o puede que lleguemos a conclusiones sustentadas.

Mi hipótesis es sencilla. Me parece que el pueblo estadounidense no está deteniéndose a pensar. Se cree lo que le dicen sin pasar por el filtro de la reflexión más sutil. Les dicen, por ejemplo, que un país extranjero pagará la construcción de infraestructura en su propio territorio, un muro, y no les explican ni cómo ni cuándo. Les venden crédito caro y lo compran sin recordar lo que sucedió con su sistema financiero por no saber administrar sus deudas.

Desde lejos, pocos entendemos cómo es que Donald Trump llegó a la presidencia de los Estados Unidos. Tampoco entendemos cómo es  posible que los niveles de deuda con tarjeta de crédito hayan superado el hito ominoso de 1.02 billones de dólares al mes de junio, rompiendo el registro establecido justo antes de que el modelo se colapsara en 2008.  Vemos a un pueblo   estadounidense que no quiere ver al futuro, conformándose con un presente que vibra como bomba de tiempo y está por estallar.

Vemos un pueblo estadounidense algo ingenuo que va arrastrando alegremente sus saldos en tarjeta de crédito, mes con mes, cocinándole el caldo gordo a los bancos que están haciendo el negocio más lucrarivo gracias a la credulidad. Nos da ternura escuchar a un presidente que es aclamado por los ineducados, mientras el vociferante les espeta en la cara su falta de preparación.

La deuda de los estadounidenses alarma a los que vemos lo que está sucendiendo por allá. Las alertas en el tablero de control ya se encendieron desde enero. Puede ser coincidencia, puede que no tenga nada que ver, pero las señales están ahí desde los primeros días del año. Todos miramos a Estados Unidos con nerviosismo. La palabra que nos angustia se llama incumplimiento. No podrán cumplir lo prometido. Ni el señor Trump, ni aquellos que sacaron la tarjeta y la deslizaron felices. No queremos ver lágrimas. Ahí están los signos. Puede que, al final, sí sean datos concurrentes.

Agentes migratorios

Elevar el dedo para criticar al otro es una práctica común y un deporte con mucha afición. Ver la paja en el ojo ajeno sin ver la viga que traemos cargando es tan antiguo que ya es palabra de Dios. Los temas migratorios sacan chispas, especialmente cuando nos referimos a los agentes encargados de este tema. Por supuesto, siempre nos imaginamos a un estadounidense abusivo de mala entraña que se pasa de listo con un pobre migrante latino. La escena la conocemos y sabemos que se repite todos los días y que ahora las prácticas en las que se atropellan los derechos humanos son más frecuentes. Sí del otro lado de la frontera no respetan al migrante. Pero, para nuestra tristeza, de este lado tampoco.

Zorayda Gallegos nos pone el dedo en la herida que más queremos esconder. Los agentes migratorios mexicanos no son peritas en dulce. Gallegos reporta para el periódico El País que estos oficiales extorsionan a las familias de los migrantes que están a su cargo en centros de reclusión. No son casos aislados, es un mal que se ha generalizado. Las malas prácticas son un mal sistémico en los diecisiete centros a cargo del Instituto Nacional de Migración. En estos lugares, lo cotidiano es el uso excesivo de fuerza, el abuso, el trato inhumano, hacinamiento, malas condiciones de higiene y una serie de atropellos para las personas que violaron la ley al entrar sin documentos al territorio nacional.

El comité ciudadano del Instituto Nacional de Migración documentó ciento veintidós casos y recisaron ciento cincuenta expedientes. La gran mayoría de los revisados son migrantes centroamericanos, especialmente de Guatemala, Honduras y El Salvador, aunque también hay nicaragüenses. Lo que encontró el comité pone los pelos de punta. El migrante que se tope con un agente migratorio ya se puede poner a temblar y a elevar sus mejores orwciones al cielo.

Los principales delitos que comenten los agentes migratorios contra los migrantes son: robo, extorsión, privación ilegal de la libertad y homicidio. Lo hacen portando uniformes oficiales y luciendo el escudo nacional. Es una vergüenza. Mientras nos quejamos del trato inhumano que reciben los nuestros en Estados Unidos, aquí le damos vuelo a la hilacha y nos portamos igual o peor que aquellos a los que criticamos y nos queremos comer vivos. Evidentemente, una cosa no redime a la otra. Tal mal allá como acá. El tema migratorio es doloroso.

Duele al que se va  por lo que deja, por los sueños rotos, por la esperanza que se acabó, por la necesidad de huir. Duele al que se queda por la incertidumbre de no volver a ver al ser amado, por el susto que da saber lo que va a padecer, por el terror de enterarte de todos los padecimientos que enfrentará. El migrante, sinembargo, es un valiente que ante la adversidad busca alternativas en vez de achicarse y conformarse. Pero, apenas sabemos de estos pesares que causamos. 

Los mexicanos debemos exigir a nuestras autoridades lo mismo que se exige a los Estados Unidos, trato humano a un semejante que busca un sueño. ¿Es muy difícil?

Ser Xóchitl o ser Karime

Ya sabemos que hay hombres inquietos que no se conforman con un sólo amor, su generosidad le alcanza para varias mujeres. Sí, pero como dice el dicho, una es la catedral y otras son las capillitas. Javier Duarte entendía bien estos juegos. No es lo mismo ser Xóchitl que ser Karime.

Xóchitl es la capillita que fue expuesta con poca ropa , exhibieron su vida íntima, le reprocharon su ambición, vulgaridad y ya está imputada por cargos de enriquecimiento ilícito. Esta mujer no pu de explicar cómlo le hizo para comorar un departamento de ocho millones de pesos que, sin duda, le regaló el exgobernador de Veracruz. 

Karime Macías es una catedral sólida. Ella vive feliz en Europa. A la esposa de Javier Duarte le bastó decretar que toda esa riqueza que le llegó, le era merecidícima. Y, parece que la realidad le da la razón. De todos los,personajes del desfalco de las arcas veracruzanas, la que esta encantada de la vida es ella. 

No cabe duda, en este mundo tan singular, la tradición se confirma. La señora de la casa tiene preponderancia sobre lo demás. Las promesas de amor eterno que se hacen en el extraradio del hogar, dificilmente prosperarán. Claro, algunos dirán que un fracaso de ocho millones de pesos suena a victoria. Pero, no. No nos dejemos engañar. 

Xóchitl Tress fue evidenciada ante todos como la amante de un pillo que recibió una fortuna, pero si comparamos lo que tiene la señora Duarte, empezamos a entender. La violencia que se ha ejercido contra esta mujer, resulta inequitativa si nos ponemos en perspectiva: llamarse Karime tiene mejor pronóstico si el nombre de tu amor es Javier Duarte. 

Ella tampoco es inocente. Se metió entre las patas del caballo. Duarte era un hombre casado y tarde o temprano la infidelidad pega como un boomerang. El golpe es doloroso en parte porque es inesperado. Pan y circo. El espectáculo es deplorable. ¿De dónde le llegó la seguridad para lanzarse al vacío por un hombre así?

Turismofobia

Es curioso, pero para descansar en verdad y retomar bríos no es suficiente dormir horas y horas. No hay nada más efectivo que cambiar de aires, salir de la rutina y ver escenarios nuevos. Viajar constituye una de las formas de renovación más efectivas que hay. El turismo es una fuente de riquezas que echa a andar la economía. Se le conoce como la industria sin chimeneas. En esa condición, los turistas debieran ser vistos como una bendición y no siempre es así.
El fenómeno es peculiar, la gente viaja cada vez más, salir de casa se ha hecho más fácil, más accesible. El espíritu aventurero se despierta con mayor fuerza si el agobio aprieta. Por eso, muchos hemos sido turistas alguna vez en la vida. Claro que las formas de viajar han cambiado. El estilo se ha modificado. Antes una persona que vacacionaba seguía ciertas reglas de etiqueta. Hoy, otras. Y, esas nuevas formas no son del agrado de algunas ciudades anfitrionas. Este desagrado ha ido creciendo hasta ganarse una denominación: turismofobia.

Madrid y Barcelona son dos ejemplos de ciudades que padecen esta sintomatología. Han visto crecer el número de visitantes, pero no todos les resultan gratos. Parece un rasgo de petulancia —tal vez lo sea—, incluso le podemos llamar intolerancia, pero los modos de viajar y los modelos de negocio para recibir turistas han causado molestias entre los habitantes.
La ocupación hotelera ha crecido a más de cuarenta y siete millones de huéspedes que se reciben en hoteles de España, pero más de ocho millones de viajeros se han hospedado en casas y departamentos. Por supuesto, cuando se revuelve la cotidianidad del que se tiene que levantar a trabajar al día siguiente con la fiesta del turista, la mezcla saca chispas.
Peor, la situación se agrava cuando el dueño de una propiedad se la renta a alguien, pensando que será usada como casa habitación y se entera de que su inmueble se usa como hotel. El desgaste por la sobreutilización y los problemas con los vecinos se los queda el dueño, mientras el arrendatario y sus inquilinos efímeros desaparecen.
Todas las ciudades quieren recibir visitas de personas educadas que se saben comportar, pero en todos lados se cuecen habas. Florencia ve multitudes en sus calles, filas eternas para conocer sus emblemas y goza de las mieles de los ingresos que tanto turismo trae. Ese pacto es correcto. Todos dan y todos reciben. Lo que a ningún destino le gusta es recibie a gente que exige mucho y paga poco. 
El disgusto que causa ver las calles infectadas de gente con cámara fotográfica y pantalones cortos, aunque entendible, resulta egoísta. Claro que a nadie le gusta enfrentarse a situaciones de ruido y abuso del espacio. Por supuesto que a todos nos fascina escuchar el sonido de la máquina registradora. La turismofobia no es un tema menor y el libre mercado aquí no funciona, debe entrar el Estado regulador a equilibrar lo que se desbalanceó. Esto es en beneficio de propios y ajenos. 

No es agradable toparse con un mensaje de odio, cuando vas a dejar tu dinero en una comunidad. El turismo es una actividad benéfica si sabemos administrarla bien.

Dos ancianos en la foto: Trump y Kelly

En la fotografía aparecen dos ancianos sentados debajo de un cuadro con la figura de George Washington. Es el Presidente Trump presentando a su nuevo Jefe de Gabinete, el General John Kelly. Ambos visten trajes oscuros, camisas blancas, ambos peinan canas, uno teñidas y el otro muy escasas, casi no tiene pelo.  Ninguno de los dos tiene experiencia política y están en el pináculo del poder. ¿Qué hacen ahí? Nos preguntamos, nos preocupamos.

Como chivo en cristalería, el señor Trump ya se descabezó a Sean Spicer que tuvo un triste andar como portavoz oficial y ni hablar de Scaramucci que en unos cuantos días hizo de la vulgaridad su bandera, de la bajeza su modo de gestión y del vértigo su escalera al infierno. Tal vez por eso, el ceño adusto del general Kelly nos intrigue. ¿Qué pensará su patrón?

Me imagino que un hombre con mano dura es lo que se necesita en el Ala Oeste de la Casa Blanca para pinerle un bozal al primer mandatario estadounidense. El desorden que traen allá es difícil de dimensionar. Tal vez sólo lo lograremos medir el nivel del desastre cuando el terremoto haya terminado. Si es que queda algo cuando pase el temblor.

Por lo pronto, ahí se ven dos ancianos sentados, dando la cara al mundo que los mira con asombro. El rostro del general Kelly se ve agrio, serio, de pocos amigos. Su patrón hace la boca de chancla, una mueca detras de la que se oculta una sonrisa. Enhorabuena al general Kelly, esperemos que no lo alcance la tormenta y que su transitar bajo la tutela de Trump tenga mejor ventura que el de otros que lo han dejado todo por seguirlo. Al tiempo, ya veremos.

Antes de regresar

Me aferro con fuerza a los últimos momentos de la vacación. Miro al mar, veo el amanecer. El día empieza con aroma a sal. Las nubes van del tono rosa al gris claro, casi azul, parecen algodones de feria y el sol alarga los rayos como si se estuviera desperezándose mientras las olas chocan con la arena y la espuma se queda unos instantes ahí, antes de desaparecer. Así, ¿quién quiere que se acabe la vacación? Como si fuera una niña pequeña, siento ganas de llorar, no me quiero ir.
No tengo llenadera, el verano ha sido fantástico. Desde la emoción de los finales de curso, las graduaciones, ceremonias de birretes, fiestas, premios, recepciones, los aviones, aeropuertos, las carreras, el asombro, la paz, todo ha cabido en estos días de vacación que hoy reclaman su fin. Entre la sorpresa de lo que es ajeno y de lo que nos resulta familiar se dibuja el arco de los días de descanso. Si las vacaciones son para recuperar fuerzas, para mí han resultado en una alegre renovación. El calendario indica que mañana hay que volver a asumir el ritmo de las obligaciones y regresar a la rutina de trabajo bueno. Claro que no me quiero ir.
Ya han empezado a llegar los recados, los correos, las llamadas. Los compañeros de descanso ya se han ido, somos los que nos quedamos a cerrar la puerta y apagar la luz. Ya se encienden las luces del tablero, son una especie de signos: hay que volver, pero aún sigo aquí. Lo que pasa es que entre los brazos de Poseidón se está muy bien y las caricias de Apolo son irrenunciables. Hefesto nos reclama. ¡Qué caray! Cada vacaciones traen consigo algo, unas simplemente llegan para descansar, otras alcanzan el grado de diversión y algunas logran un cometido más alto: traen regalos. Esta me dejó felicidad y un gran acerbo de agradecimiento. Espero que se anide en el corazón y que no se acabe jamás.
Así, desde esta ventana miro el mar y guardo en el corazón todas las imagenes. ¡Qué fantástica vacación!

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