Pretextos literarios por escrito en la FIL del Zócalo 2018

FIL del Zócalo 2018

Sobre el número 16 de Pretextos literarios por escrito (Lo dicho en la terraza del Museo del Estanquillo)

No puedo ocultar la profunda satisfacción que representa ser recibidos en el marco de la Feria Internacional del Libro del Zócalo. Esta feria ha sido el foro y el trampolín para talentos mexicanos y extranjeros, así como para las personalidades más insignes en la cultura mexicana y universal. En esta condición me parece oportuno agradecer la hospitalidad que nos brindan y la valiosa ocasión de estar aquí, reuniendo escritores y lectores para reflexionar sobre las posibilidades de una revista como Pretextos literarios por escrito.

Para no repetir verdades de Perogrullo y no comenzar con la perorata de la correlación que existe entre los hábitos de lectura de una sociedad y su índice de desarrollo, para no acentuar la curiosa desventaja que se cierne sobre quienes no leen frente a los que le encuentran gusto a la lectura, podemos estar de acuerdo que leer es una forma de interpretar al mundo. Una forma de interpretar al mundo que nos han dicho, ya no está de moda. Si siguiera por esos derroteros, tendríamos que darle la razón a quienes creen que estos proyectos tienen la cordura de aquel que sobre los lomos de Rocinante se lanzó a combatir gigantes. Están en lo correcto, si y sólo si, seguimos esta línea de pensamiento.

El ejercicio de las letras, como el de las artes y las ciencias, tienen un hilo conductor que actúa como elemento común: la exigencia de una vocación. Y cuando ese llamado se oye tan fuerte, cuando está tan enraizado en nosotros, nos hace encontrar en su práctica una satisfacción colmada que llega a dar sentido a nuestras vidas. Cuando aquello que nos apasiona está de moda, el camino se vuelve muy transitable, plano. El tema se complica cuando la vocación tiene esas tendencias que se salen de lo convencional. El camino se vuelve sinuoso y más complicado de transitar. Pero, hay quienes hemos decidido meternos aire a los pulmones y aventurarnos por ese sendero.

Es innegable, los proyectos editoriales independientes tenemos que esforzarnos el doble. Pero, ¿no fue de unas páginas similares a estas donde supimos que Sherlock Holmes vive en Baker`s Street, que la identidad secreta de Superman es Clark Kent? Tal vez, en Pretextos literarios por escrito tengamos la suerte de publicar al próximo Salgari, Charles Dickens, Leon Tolstoi, Pérez Galdós quienes dieron sus primeros escritos a revistas como la nuestra. Y luego, los personajes que brotaron de estas plumas notables, brincaron a otros espacios, a otros formatos y hoy forman parte de nuestro capital simbólico.

Leer y escribir frente al espíritu de una época en la que el vértigo de la vida y la velocidad nos marcan el ritmo, merecen persistencia. En la inmediatez, ser persistente parece anticuado. También pueden resultar un remanso de intimidad. La escritura y la lectura son labores de búsqueda y reflexión. Es un acto de exploración al entorno y al interior de uno mismo. Es un impulso ciego e insumiso que corre el riesgo de alumbrar una magia escondida entre los renglones, las palabras y los signos de puntuación. Es la búsqueda de lo asombroso, de la angustia ante la urgencia que se nutre de la curiosidad. No falta, por supuesto, quien se niegue a adentrarse el enjambre de ideas y vericuetos que se encuentran en un cuento, un relato, un poema o una imagen. Pero, aquí estamos para los que sí se atreven.

Estamos para los que se deciden a desenterrar un archivo en el que plasmaron algo que vale la pena decir; estamos para los que emprenden la aventura de atender.

En Pretextos literarios por escrito peregrinar por este camino nos ha representado subir nuevas cimas que ascender. Diecisiete números editados —contando el número cero—, seis concursos internacionales: uno de terror auspiciado por la embajada de Irlanda en México y el que aparece en esta edición en el que celebramos a la figura de Nelson Mandela y que lanzamos en coordinación con la embajada de Sudáfrica en México.

Para nuestra sorpresa, este camino anticuado, si se quiere, complicado y sinuoso ha estado muy transitado. La convocatoria que del certamen de Mandela tuvo 1000 participantes alrededor del mundo. Nuestros ganadores son mexicanos en su mayoría, pero también fueron dos cubanos, un chileno y un español. Recibimos textos de Uruguay, Argentina, Guatemala, Estados Unidos, Puerto Rico. Una participación Panhispánica para honrar a un sudafricano enorme.

Transitar por este camino nos ha traído, ahora en este momento, a comparecer ante ustedes con la humildad inherente de quien se sabe pequeño ante la magnitud de un mundo distraído que está sumergido en una simplificación de asociaciones lógicas. Paso a paso, esta tarea que he compartido con mis compañeros de viaje de esta mesa de edición, del cuarto de guerra, con poetas, escritores y fotógrafos, el panorama se ha ensanchado. Es estimulante ver que a lo largo de este camino hemos avanzado. Creímos que nos leería un reducido grupo de gente en México. Gracias a la era digital, nos leen en España y en Israel, en Irlanda y en Sudáfrica, en América Latina y en países que no son hispano hablantes. Los tres mil ejemplares de la edición impresa se agotan y la versión digital se descarga a diario. Seguramente, hay una página que todavía no se escribe y que quizá hoy el autor se decida a hacerlo. Estoy segura de que ahí existe un texto que está esperando su oportunidad para ser publicado. Podría apostar que aquí están varios pares de ojos inquietos que correrán por las páginas de la revista. Seguimos en nuestro empeño de atrapar lectores para no dejarlos ir. Seguimos ofreciendo un espacio para aquellos que tengan algo relevante que decir.

Leer y más leer sin otro afán que las letras, decía Sor Juana en su carta a Sor Filotea de la Cruz. Les pido que nos lean, en físico o en digital; que nos sigan en redes sociales: FB PorescritoMX, @porescrito, @revista por escrito. Participen en nuestro certamen de aniversario: cuento, relato, poesía, fotografía, ilustraciones y caricatura. Como dijera Umberto Eco en su ensayo Sobre Literatura: “no estamos seguros en cuál de estos dos extremos se encuentra el lector: en el de la ficción que le plantea el autor o en un mundo en el que reproduce sus propias alucinaciones.” Gracias a todos por acompañarnos el día de hoy, gracias a la Fil por recibirnos. Para no repetir verdades de Perogrullo, los dejo con los autores que llenan las páginas de esta revista.

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La abeja y el economista

Yan Moulier Boutang es un economista francés que tiende un arco de unión muy interesante entre la abeja y el trabajador. Sostiene que los hombres crean valor económico de la misma manera en que las abejas polinizan. Para comunicar su teoría, comienza con una fábula sobre la relación entre las abejas y la economía agrícola. La ocupa como una referencia al famoso ensayo de Bernard Mandeville , una presentación y defensa satírica de la economía capitalista y del individualismo. Butnag adopta el mismo estilo literario para ilustrar el concepto de polinización, concepto que constituye desde su punto de vista un aspecto central de la economía post-industrial ó cognitiva.

La fábula cuenta es la historia de un agricultor que vive en cerca de un apicultor, y entre ellos se establece una relación de amistad y de intercambio informal de productos y servicios. A la muerte del agricultor, uno de sus hijos se hace cargo de la dirección del negocio agrícola de su padre. El joven heredero viene con muchas ideas innovadoras que quiere poner en práctica y entre otras medidas de modernización, pide al apicultor que pague por el uso que sus abejas hacen de los frutos y las flores en sus predios. A esto el apicultor hace una contraoferta. Por supuesto que estará dispuesto a pagar por el uso que sus abejas hacen de los predios, si el agricultor paga por el fruto de la polinización. Llegados a este punto, ambos deciden volver al régimen anterior.

Boutang está preocupado  por el carácter histórico de la acumulación del capital y a partir de su observación y de sus estudios piensa que la historia de las transformaciones del capitalismo sólo es comprensible a través de su articulación obrera, negando toda autonomía, incluso relativa, a la economía del capital, esto es, a un supuesto mecanismo natural de acumulación del beneficio. Para el economista la distribución inequitativa de la riqueza está generando relaciones económicas que dan pie movimientos políticos que tienen consecuencias directas en nuestra cotidianidad. Pero, parece que no nos damos cuenta. Así como el joven agricultor no parecía entender las relaciones virtuosas que existen entre sus plantas y las abejas.

El valor económico de las abejas no reside principalmente en la miel y la cera que producen con sus diminutas manos, sino en la polinización que permite la supervivencia de la biosfera del planeta. El valor de esta última no tiene precio directo. Si nuestros principales alimentos vegetales pierden la capacidad de reproducirse, seguidos de nuestros alimentos cárnicos, del conjunto de la fauna y de la flora y, por último, de nosotros mismos, no tendremos planeta de recambio.

Si la actividad humana estuviera gobernada por las mismas leyes, el trabajo productivo es aquel que engrandece la vida, su potencia y su perdurabilidad. El trabajo improductivo, nocivo —aun en el caso de extraer un excedente de miel y de cera— es aquel que destruye la polinización humana. Esto nos lleva inmediatamente a una conclusión: la polinización humana es el único trabajo a la vez sin precio y fundamental que constituye el punto ciego del análisis de la economía política clásica. El reduccionismo europeo que surge con los albores del capitalismo puede ser merecidamente tachado por los aborígenes como una forma de barbarie particularmente primitiva, y no sólo respecto a los seres humanos, sino a todos los seres vivos del planeta. Esta verdad cruel descalifica el humanismo que pretende asentar sus buenas intenciones en una economía estándar —ya sea capitalista o socialista—.

Por lo tanto, la utilidad de las actividades humanas y la producción de riqueza real para la sociedad en su conjunto debe partir de ahí y sólo desde ahí. Entonces comprenderemos que el trabajo invisible de los expulsados de la historia de la acumulación primitiva, de la clase obrera y del trabajo asalariado era el de la indispensable polinización. Comprenderemos el significado de las alianzas. Releeremos una y otra vez las tesis del obrero social desde un horizonte de liberación. Bienes comunes, economía pública, actividad de polinización del vínculo social, cuidado de la vida del conjunto de los seres vivos: Ésta es la fábrica social, el sol alrededor del cual gira la tierra de la política.

Miss España y Miss Colombia

Recuerdo que de niña, me causaba ilusión ver los concursos de belleza. Eso de competir siempre me ha llenado el cuerpo de adrenalina. Veía el concurso de Señorita México y el de Miss Universo y me dio mucho gusto cuando las mexicanas ganaron el certamen. Pero, antes de que arruguen el ceño, también me gustaba ver los Oscars, el box, las carreras de Fórmula 1, el tenis.

Luego, empecé a cuestionarme si los concursos que premian los atributos físicos eran válidos. ¿Cómo te entrenas para competir contra los genes de alguien más? Y corrí el peligro de caer en la tentación de juzgar esos eventos y de compararlos con las ferias de ganado. Uno llega a exagerar la nota.

Lo cierto es que las competencias del cuerpo si me causan cierta reticencia. De repente caigo en la tentación de verles el lado frívolo. ¿Será que esas figuras sólo tienen un lado? Prefiero esas justas en las que los parámetros son las habilidades, los desempeños. En fin, para competir, me gusta más usar la cabeza. Cada quien sabe lo que le acomoda más y ni modo que las bonitas no usen la belleza como atributo si eso les parece bien.

Lo que pasa es que ahora el tema sube de tono cuando Miss Colombia muestra las costuras y se lanza contra Miss España, Ángela Ponce, una concursante trans. Y el revoltijo de frivolidades, la ignorancia, falta de comprensión y estupidez humana se mezclan.

¿Tiene derecho a participar una mujer como Miss España en Miss Universo, sí o no? Y más allá de los porqués están el respeto y la capacidad de aceptar al otro. La tolerancia es un término que me cae muy mal porque se me figura que se relaciona más con la incomodidad, la incomprensión y el asco. Y, sobre todo, con el desprecio.

Las mujeres sabemos lo que es el desprecio, lo que es ser consideradas como inferiores por ciertos sectores de la población. En serio, ¿queremos seguir prácticas de las que tanto nos hemos quejado? Miss Colombia tiene un punto de vista y claramente se opone al de Miss España. Ahí se marca el rasero de la discusión. ¡Qué triste! Rebajamos todo al nivel del chisme, del morbo, de la curiosidad y perdemos una oportunidad de oro para entrarle a un debate serio y de sustancia.

Miss España y Miss Colombia son un ejemplo de un mundo extraño, a la vez es incomprensible, en el que lo diferente asusta y por eso, antes de comprender, empezamos a atacar.

Sin Nobel de Literatura

No pasaba desde hace casi 70 años. No pasaba que no hubiese un Nobel de Literatura. De pasar, había pasado, pero fue diferente. La última vez, en 1949, la Academia Sueca señalaba que ningún candidato cumplía los criterios para ser premiado. Años antes, el galardón también había sido suspendido debido a las guerras mundiales. Pero, lo de 2018 es otra historia. Este año no habrá premio a las letras por un tema metaliterario. Un hecho inédito, ajeno a las letras, bastante sintomático acabó por empañar el galardón. Como si le hiciera falta una mancha más al tigre, un escándalo sexual en la línea de las denuncias del movimiento #MeToo nos deja sin premiado.

Circunstancias extramuros nos llevan a este triste desenlace. El sujeto que desencadenó todo este revuelo es el francés Jean- Claude Arnault, fotógrafo y esposo de Katarina Frostenson, miembro de la Academia Sueca del Nobel. Todo sucede más allá de las fronteras de la organización Nobel y, ni hablar, hay que pagar los platos rotos. En noviembre del año pasado, Arnault fue acusado por dieciocho mujeres de violación o agresiones sexuales. El esposo de Frostenson habría cometido abusos en su club literario y en propiedades de la propia academia. Una especie de alimaña de las más altas élites culturales en Suecia hizo de las suyas y terminó con el escandalazo que hizo que el 2018 fuera el año del no Nobel de Literatura. El sujeto purga prisión preventiva, y este lunes 1 de octubre en Estocolmo el tribunal dictó la sentencia en su contra: dos años de prisión. Eso a él y gracias a sus hechos el mundo se queda sin medalla.

Más allá del escándalo y el delito, cabe preguntarse qué implica un año sin Nobel de Literatura. El horror al vacío ha causado incluso que un grupo de notables suecos haya creado La Nueva Academia, que el próximo 12 de octubre entregará un Nobel de Literatura alternativo, para el cual ya hay cuatro finalistas. Desde mi punto de vista es un despropósito. El vacío indica un acto de congruencia por parte de la Academia Sueca y una intención de reconocer el desprecio por estas prácticas extraliterarias. Si la corrupción llegó a un miembro de la prestigiada academia, si a Frostenson se le fue la lengua frente a su marido y si éste hizo uso de información secreta respecto al premio y se valió de esos datos para abusar de mujeres, pues, basta: no hay premio. Eso muestra un arco de respeto, me parece.

No todos piensan igual. Para el escritor Alonso Cueto, la discusión se ha desplazado un poco hacia el tema económico. “Cada vez se menciona más el monto del premio. Es algo típico de nuestros tiempos. Aun así, sigue siendo importante porque valora la calidad de un autor. Coelho y Dan Brown no lo van a ganar. En ese sentido, estimula la buena lectura”, señala. Ni mido, el discutido Nobel del 2016 a Bob Dylan dividió a propios y extraños, y abrió el debate sobre si el premio debería tomar un curso diferente. Al respecto, la escritora Claudia Salazar Jiménez apunta que si hay algún camino nuevo, esto no debería implicar que nos quedemos sin el premio. “Quizás no tenga la trascendencia de antes, pero sigue teniendo importancia, por ejemplo, para impulsar la venta de los libros de quien ganara”, afirma la autora de “La sangre de la aurora”.

Peor, la Academia Sueca ha informado que en el 2019 se entregarán dos Nobel de Literatura en conjunto, para emparejar el piso. Pero el vacío este año, y las reacciones generadas, confirma que el galardón no ha perdido relevancia. “Yo lo voy a extrañar –agrega Cueto–. El premio es siempre una sorpresa por las buenas o las malas razones. Y, ahí sí que estoy de acuerdo con Cueto. El Premio Noble nunca nos deja indiferentes. A veces es fruto del azar y todos los lectores somos aficionados a las vueltas del destino. Especulamos que toca un africano o una latinoamericana, un poeta o una novelista. Y todas las especulaciones pueden o no equivocarse. Muchos hemos terminado sorprendidos. La diferencia es que este año no nos sorprenderemos.

Que nos quedemos sin Premio Nobel de Literatura me parece un acierto de congruencia. Es un arco que se dibuja entre el vacío que generó el abuso y la corrupción y la postura frente al Premio Nobel de la Paz que se otorgó a un par de activistas que luchan en contra de la violencia sexual.

Irrupción en la intimidad (Spring, Karl Ove Knausgaard)

Spring

Karl Ove Knausgaard

 (Traducción, Ingvild Burkey, Ilustraciones Anna Bjerger)

Penguin Press, 2016, U.S.A.

Desgarrar la protección que te da la cortina de intimidad es una decisión autoral complicada. Por un lado, muchos conocen tu cotidianidad y eso de la vida diaria no siempre es luminoso ni perfecto; y por otro lado qué se hace con una tristeza tan profunda, con una situación que te desgarra el alma. Escribir es una forma de catarsis, especialmente cuando eres un escritor en serio de la talla de Karl Ove Knausgaard. Sin embargo, eso de quedar expuesto es duro. Claro, eso de generar utilidades cuando tu propia tragedia está bien escrita puede ser tentador.

Spring es la novela con la que Karl Ove Knausgaard decide regresar al oficio. Después de haber escrito el último volumen de Mi lucha, una saga de 6 libros, cuya última frase fue: Ya no soy escritor, regresa con otra serie continuada de cuatro libros que están titulados conforme a las estaciones del año. El tema es, como el lo denomina, la enfermedad de una familia.

La novela nos hace saber que se trata de una epístola para su hija que aún no ha nacido pero que ya nació. Vemos al narrador, protagonista, que también es el escritor, como un padre muy presente y muy comprometido con sus cuatro hijos. Lo acompañamos a darle la mamila a una bebita recién nacida lo mismo que cuando mete la ropa a lavar a la lavadora, lo vemos recoger la casa, lavar los trastes, llevar a los niños a la escuela, prepararles el desayuno, ponerles la pijama. Nos muestra una cotidianidad bucólica, en una casa en el medio un bosque en el que los vecinos están lejos y se necesita coche para llegar a cualquier lado.

“La vida que vivo está separada de ti por un abismo. Está lleno de conflictos, deberes, cosas que no han sido atendidas… y en una corriente continua donde casi nada se detiene pero todo está en movimiento. [1]

El lenguaje es preciso y las palabras que se seleccionaron fueron para tomar al tiempo por las manecillas y ralentizarlo. La traducción del noruego es fiel a esa forma en que Ove Knausgaard hace que los segundos se arrastren a lo largo de la narración. Las descripciones nos recuerdan al realismo francés de Balzac, muy al estilo de Eugenie Grandet. Todo parece ser como una tacita de porcelana, no obstante, tanta perfección nos hace sospechar y el lector tiene razones para la duda.

Spring nos pone frente a una familia de tres hijos justo cuando la pareja decide tener un cuarto. Estamos en la mente del narrador que disfruta de esa vida familiar, alejada de las grande metrópolis, que le acomoda vivir entre árboles y en contacto con la naturaleza ya que eso le acomoda para invocar a las musas. No se entiende bien a bien a qué hora escribe un padre que está tan ocupado de las tareas parentales. La mujer es una figura desdibujada que no se le ve. No se muestra mucho en la novela, aunque será la parte central y motivo de la anécdota en la que se centra la novela. Este libro se trata de la depresión de su mujer y las consecuencias de que la vida siga adelante aunque ella no pueda con ese ritmo.

“Era como si toda la energía de la casa estuviera siendo succionada hacia ella”[2] (p. 123)

La novela nos hace sentir el enojo y la frustración que tiene el protagonista alrededor de una situación en la que vemos que este padre de familia actúa prácticamente como si fuera un viudo, la presencia de la mujer es más bien una ausencia que causa una gran molestia.

“Obviamente, la gente se quedaba mirando, yo los dejaba mirar fijamente. Yo estaba en un lugar donde otras personas y sus opiniones no importaban. Después, los lamentos salvajes, la desesperación salvaje.” (p. 32)[3]

Y, efectivamente, a Karl Ove no le importa que miremos fijamente, le da lo mismo que el lector se entere de lo que está sucediendo en la intimidad de su casa, no tiene pudor frente a quien está leyendo y muestra a sus hijos jugando, a su esposa ausente, a un padre desbordado por las actividades diarias, la soledad de una familia que necesita ayuda y cuyo día a día pudiendo ser bello se descompone en una serie de cosas que se necesitan hacer para seguir viviendo y que parecen rebasar las capacidades familiares.

“Yo estaba harto de todos los susurros, toda la inmovilidad, la falta de iniciativa, la impotencia, el desvío de mirar a otro lado.” (p.106)[4]

La novela gira en torno a la reflexión de lo que es la depresión en uno de los miembros de la familia y de como los demás deben de seguir tirando, de como los demás debes seguir adelante y de como afecta las vidas de los otros integrantes de la familia. La vida sigue pero tiene repercusiones cuando alguien decide ponerse en pausa:

“La enfermedad tiene que hacer contigo no tomar responsabilidad por ti mismo. Cuando estás abajo, usted no asumes la responsabilidad sobre ti, cuando estás arriba, tampoco asumes la responsabilidad de tu persona” (p. 125)[5]

Spring nos deja claras las razones por las que el autor, narrador y protagonista está enojado con su mujer y con la decisión terrible que decide tomar cuando está embarazada de la niña a la que se dirige esta novela. Karl Ove nos dice que la intención es que su hija entienda lo que sucedía mientras los demás vivían el trance previo a su nacimiento y semanas después de que ella llegó a este mundo. Comparte la dureza y la crueldad que tiene que enfrentar un padre solo cuando sus hijos están tan pequeños. Contrasta con mucha habilidad la inocencia de los niños, sus ganas de jugar, de ver la tele, de salir al patio, con la oscuridad de su madre y la desesperación del padre. Contrasta los elementos de una vida casi perfecta con el infierno de una tristeza que llega y se instala sin que logremos entender bien a bien qué fue lo que la provocó. Nos enteraremos de forma tangencial, y el lector debe estar muy atento para no pasar desapercibidas las razones.

Belleza y terror, oscuridad cuando debe haber alegría, la vida de diario y sus secretos son el hilo narrativo que se entreteje en las páginas de Spring.

“La gran y aterradora belelza no nos abandona, está allí todo el tiempo, en todo lo que es siempre lo mismo, en el sol y las estrellas, en la hoguera, anuncio la oscuridad, en la alfombra azul de flores bajo el árbol” (p. 177) [6]

La novela llega en una traducción al inglés de Ingvild Burkey y con ilustraciones espléndidas de Anna Bjerger. La contracubierta tiene colores brillantes en los que se contrastan diferentes tonos de azules que se van degradando en contraste con ocres que se van oscureciendo y una niña que está acostada en la arena cerca de una playa. La novela se divide en tres partes y un epílogo.

Depués de leer Spring me queda claro que es un texto bien escrito que transmite sentimientos universales y esto le da un rango de Literatura que no se le puede regatear. Sin embargo, en otro nivel, no sé que tan válido es exponer tu vida a ese nivel, que tan necesario es dejar que los lectores se enteren de ese nivel de intimidad. Porque, todo cambia cuando sabes que los personajes son reales, que no es ficción, que todo lo que lees —novelado o no— verdaderamente sucedió. ¿Qué necesidad hay de narrar y dejar tan expuesta a una mujer que se obnubiló por la tristeza? No lo sé. Al terminar de leer, queda una especie de desarmonía que me hace reflexionar su una pluma tiene derecho a desgarrar tanto. Insisto, no lo sé.

[1] The life that I live is separated of You by an abyss. It is full of conflicts, duties, things that have not been answered… and in a continuous stream where almost nothing stops but everything is moving.

[2] It was as if all the energy in the house was being sucked towards her

[3] Obviously, people stared, I let them stare. I was in a place where other people and their opinions did not matter. Afterwards, wild regrets, wild despair.

[4] I was fed up with all the whispering, all the immobility, the lack of initiative, the helplessness, the turning away.

[5] The illness has to do with you not taking responsibility for yourself. When you are down, you do not take responsibility for yourself, when you are up, you do not take responsibility for yourself either

[6] The great and terrifying beauty does not abandon us, it is there all the time, in everything that is always the same, in the sun and the stars, int the bonfire ad the darkness, in the blue carpet of flowers beneath the tree.

Mi tío Memo

Hoy el corazón de mi tío Memo se quedó quieto, dejó de latir. La vida terrena se detuvo para dar paso a una superior y mejor en la que será recibido entre cantos y flores. La voz que todo lo sobrepasa y que no está a la altura de ningún concepto material se puso frente a mi tío Memo y le extendió los brazos para llevarlo al reino de la Luz. Le fue dada la chispa de la gloria y entró a ese lugar de felicidad eterna y de amor del que nunca se acaba.

La última vez que hablé con él me dijo: Estoy listo. Estoy listo para lo que Dios quiera, para seguir viviendo o para encontrarme con él, de ese tamaño era su fe. De esas dimensiones será la alegría de su certeza. Mi tío Memo es el hermano mayor de mi papá, nunca dejará de serlo. De todos los Durán Saavedra era el más virtuoso: tenía la habilidad de someter cualquier instrumento musical y hacerlo hablar al son que él quería. Llevaba la música en las venas. Su talento lo llevaba a escuchar una canción, sentarse al piano y tocarla como si conociera la partitura, como si él mismo la hubiera compuesto. Me encantaba escucharlo tocar el piano de casa de mi abuelito y sentí una felicidad enorme el día que tocó para mis hijas “El chorrito” en el de mi casa. El amor por la música me los inculcó él.

No fue lo único. Mi tío me enseñó a montar a caballo. En mi infancia, no hubo vacación que mi tío no nos llevara al rancho de mi abuelito a pasear a caballo. Nos levantábamos tempranito, a veces todavía estaba oscuro y tomábamos el rumbo a La Noria. Allá veíamos el amanecer. Betty, su hija menor y mi mejor cómplice de travesuras infantiles, mi tío Memo y yo hacíamos esos recorridos todos los días de las vacaciones. Lo escuchábamos platicarnos de Las Poquianchís, de los mitos y leyendas de la región, también nos platicaba de sus operaciones, era médico, de sus pacientes. Nos hacía cosquillas. Nos indicaba el modo correcto de subir al caballo, de agarrar la rienda, de controlar una bestia.

En mi tío admiré el amor por la raqueta, jugo frontenis por muchísimos años y lo hacía muy bien: es decir, era bueno y se divertía.

Mi tío Memo era puntual y metódico, de raza le viene al galgo. Nunca llegó ni temprano ni tarde a ninguna de sus citas. Lo recuerdo jugando damas chinas con mi padre en las mañanas de aquellas vacaciones infantiles. Me enseñó a jugar, a entender que el juego no se trataba de mover caniquitas de colores, sino de entender el tablero y de tener una estrategia de movimientos.

Recuerdo que una vez, cuando estaba aprendiendo a manejar, me llevó a Ciudad del Sol, en La Piedad. Me cedió el volante y justo cuando íbamos en plena subida, apagó el coche que era de velocidades. Si sales de ésta, habrás aprendido a manejar. Él fue el primero que me enseñó lo que era el mar. Mi primer viaje a la playa lo hice con la familia de mi tío Memo, fuimos a Mazatlán.

Tantos viajes a la playa, a Manzanillo, a Acapulco, a Mazatlán, tantos cocos en la playa, tantos juegos en el mar, tantos paseos en el rancho, tantas historias y tantas anécdotas no caben en las lágrimas que se me salen al saber que el corazón de mi tío decidió tomarse un descanso. Duele la tristeza de este cambio. La evidencia de ese paso es tan contundente, pues ese paso a la trascendencia se lleva la vida de por medio. Pero, la puntualidad tan característica de mi tío Memo, la claridad de ideas y la serenidad con la que me dijo: Estoy listo sirve no sólo de certeza, sino de consuelo.

Mis palabras son más cortas que todos mis recuerdos. El reflejo de unos y otros son como un arco iris que ahora vienen iluminados por otro fuego. En medio de la memoria, se dibuja un círculo de luz que unen el presente y el pasado con esa certeza que mi tío ya contempla. Le faltan potencia a mis palabras. Pero, mi tío va al Bien a platicarle de lo que vivió en este mundo y por fin tendrá ante sus ojos todo lo que es perfecto, armonioso y luminoso.

A mi tía Bertha, a mis primas: Paty, Mary y Betty, a sus nietos y a sus bisnietos les mando un abrazo lleno de cariño. La vida terrenal de mi querido tío Memo se detuvo, la de la trascendencia en la que él creyó tan firmemente, está iniciando.

Pollo con ciruelas, Marjane Satrapi

¿Cuánta ternura y cuánto odio cabe en un libro? Marjane Satrapi es la guía que nos conduce de la mano en el intrincado mundo de un arista que ha decidido morir. La cotidianidad se vuelve imposible de soportar desde que el músico ya no puede tocar el instrumento que le da identidad.

Su tar, un instrumento de cuerdas, similar al laúd, típico en Irán, con el que Nasser Alí —el personaje principal— despliega maravillas, se rompió, lo rompieron. El busca reemplazarlo, pero la tar y el músico estaban tan compenetrados que parecían uno mismo. La destrucción de uno dio paso al comienzo del derrumbamiento del otro. El deseo de muerte se hizo presente. Y, eventualmente llegó.

Pollo con ciruelas nos lleva al recorrido de todos los personajes que amaron a Nasser Alí y como se relacionaron con él en el proceso en el que Nasser Alí decide dejarse morir de tristeza y la historia que los unió en el pasado. Satrapi juega con flashbacks para mostrarnos su relación con el hermano menor, con su madre, con su esposa. También nos empuja al futuro, en flashforwards que nos permiten ver la vida de los hijos.

En Pollo con ciruelas entendemos la mente de un artista en contraste con la de los que conviven con uno y no lo son. La frustración del desencuentro entre los mundos concretos y los artísticos, la rabia y el desconsuelo, la impotencia y el ímpetu, las ganas y la dejadez. Al final, ese regusto de tristeza que se queda en quienes no se entienden y la imposibilidad por lograrlo.

Satrapi, con esta novela gráfica apela a los sentimientos universales a través de dibujos en los que nos permite atisbar la cultura iraní. El odio y el amor como motores de inspiración para llegar a aquella ilusión que nos sirvió de inspiración a lo largo de la vida ¿No es eso literatura?

Frida Sofía

El nombre me pone los pelos de punta. Hace un año, las personas que vivíamos en la capital de la República Mexicana amanecimos con el ánimo por los suelos, sentíamos la garganta hecha nudo y una especie de polvito que nos picaba el cuerpo. Después del sismo del 19/09/17, porque la ironía no nos dispensó la mala broma de repetir la tragedia de un terremoto en la misma fecha, en el mismo lugar con casi tres décadas de diferencia, amanecimos alicaídos. Muchos salimos a la calle para ver en que podíamos ayudar, llevábamos a los centros de acopio alimento, agua, medicinas, picos, palos, cuerdas o lo que hiciera falta y queríamos ser útiles y solidarios. Por primera vez en mucho tiempo, la calle fue de los ciudadanos. Nos sentíamos más seguros afuera que en nuestras casas. No teníamos miedo de hablar con desconocidos, no nos asustaba que alguien nos fuera a asaltar o a hacer daño.

Otra vez, como hacía años no nos pasaba, nos sentamos frente al televisor para informarnos. Las redes sociales daban cuenta de muchos lugares en los que se necesitaba ayuda que luego resultaban ser falsos y, entonces, la televisión mexicana perdió una oportunidad de oro que la tragedia le estaba poniendo en bandeja de plata: ser una fuente confiable y creíble de información. No, no todos estuvieron a la altura de las circunstancias. En medio del dolor, de la destrucción, de los recuerdos surgía un nombre: Frida Sofía.

Nos enfrentaron a la realidad de la escuela Enrique Rébsamen, a imagenes de pequeñitos que fueron sacando de entre los escombros y luego nos dijeron que había una niñita que se llamaba Frida Sofía que estaba atrapada entre los pedazos que quedaron de esa construcción que después nos enteraríamos estaba rodeada de irregularidades, de permisos falsos, de certificados ilegales y de corrupción dolorosa, de esa que cuesta vidas. Pero, nada de eso importaba. Lo que queríamos era que Frida Sofía saliera con vida.

Televisa hizo una transmisión en la que casi segundo a segundo nos iba informando sobre los avances de ese rescate. Primero nos dijeron que era un niño, pero no sabíamos su edad. Me venció el sueño y me quedé dormida pidiendo a Dios por esa criatura. Soñé pesadillas. Mi primer pensamiento a día y medio del terremoto fue el niño que ya era niña y que se llamaba Frida Sofía. Puño en alto y todos guardaban silencio en los alrededores del Rébsamen y yo desde la casa también lo hacía y rezaba quedito. Hasta Denise Maerker engolaba la voz y todos llegamos a creer que si teníamos la esperanza en alto, lograríamos ver como sacaban a una nenita de las entrañas desbaratadas de una construcción vencida.

La tragedia subió de tono cuando empezó a llover en la Ciudad de México. La transmisión cambió de tono, la preocupación nos llevó al paroxismo y otra noche más me venció el sueño. Entre sueños, rezaba por Frida Sofía, por sus padres y sus familiares. En la mañana, me pregunté dónde estaría la familia de la pequeña y agradecí a los cielos que los reporteros fueran tan respetuosos con los familiares de la pequeña que estaba en semejante desgracia.

Y, el fiasco.

Frida Sofía no existe, nunca existió. Surgió de la mente retorcida de algún imbécil que además de estúpido es de un corazón tan negro como la oscuridad que reina en los infiernos. Así, la televisión mexicana que transmitió semejante mentirota, perdió el honor y la posibilidad de convertirse en un canal digno de comunicación confiable.  Nos volvieron a dar atole con el dedo y, al final, yo quisiera saber con qué afán lo hicieron.

¿Quién es Carlos Ramos?

Carlos Ramos es el árbitro que ejerció como juez de silla en la final del USOpen que disputaron Serena Williams y Naomi Osaka. Es un hombre prestigiado y en esa condición fue elegido para arbitrar un juego tan importante. No era la primera vez que lo hacía. Su fama le precede y en el circuito es conocido como un hombre estricto. Un árbitro debe serlo.

Serena Williams también tiene una fama que la precede. Sabemos que es una campeona y al igual que McEnroe, Connors y Roddick, son jugadores agresivos e intolerantes con la autoridad. No es la primera vez que vemos a la señora Williams gritar, romper, raquetas, hacer berrinches y perder una final en el USOpen por conductas antideportivas. Ya había sucedido en su encuentro con Kim Clijsters en el que perdió un punto por amenazar a una nuez de silla. Ese punto la precipitó a perder el partido. Sin embargo, ella perdió el partido porque enfrentó a una mejor rival. Su tenis no le alcanzó para ganar. Pero, Clijsters es una jugadora con experiencia, una mujer educada que extendió la mano a Williams y festejó su triunfo. Ella ganó, Serena perdió.

En el encuentro contra Naomi Osaka, Williams estaba verdaderamente apabullada por una jovencita que le pasó encima como aplanadora. Eso la desesperó al punto de montar un berrinche que le mereció las sanciones que Ramos le aplicó. Sólo un ciego no ve lo que sucedió. La mujer violó el reglamento. El coach de Williams confesó que sí estaban haciendo trampas, el warning que aplicó Ramos fue correcto. Serena rompió una raqueta e insultó a un árbitro. Tuvo claras conductas antideportivas y violaciones al reglamento vigente. Ramos aplicó las reglas.

Ahora, algunas celebridades como Billie Jean King —quien ha luchado tanto por un deporte más igualitario—, sale a defender a Williams y se hunde con la jugadora. King dice que la sanción a Williams es por cuestiones raciales y de género. Me molesta que temas tan relevantes se esgriman para defender lo indefendible. Desgastar estos argumentos y poner a una jugadora berrinchuda que violó el reglamento en condición de víctima es verdaderamente indignante.

Ahora dicen que Carlos Ramos es machista y racista.

No.

Carlos Ramos es un hombre sensato, un árbitro que hizo su trabajo, que aplicó el reglamento a la letra. Me parece que Williams hizo trampa cuando su coach le hizo señas. Serena mintió cuando dijo que no era tramposa, su propio entrenador la echó de cabeza. Ramos la sancionó correctamente. Williams rompió una raqueta y fue sancionada correctamente por ese hecho. Serena perdió los estribos e insultó a la autoridad y recibió un castigo por ello. Carlos Ramos es el árbitro que aplicó las reglas y no se dejó impresionar por la figura de Serena Williams.

Ser mujer, ser afroamericana, ser una celebridad, ser amiga de Billie Jean King no te da carta blanca para violar reglamentos, no te hace intocable y no te blinda para que puedan portarte en forma antideportiva. ¿O si? Me alegro que la Federación de Tenis apoye el arbitraje. Me parece un error que no le hayan dado un reconocimiento por su actuación en el partido.

Carlos Ramos defendió el juego blanco que caracteriza al tenis. El tenis es un juego de caballeros, la nobleza es una de sus principales características. La patanería se debe alejar de las canchas. El honor del luego se debe respetar y proteger. No existe arbitraje a la carta, dijo con toda la razón del mundo, el juez de silla.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Naomi Osaka ganó con la raqueta en la mano. Serena Williams perdió.

Lo que en realidad sucedió a Serena Williams

El escándalo que se ha levantado en torno a la derrota se Serena Williams en la final del USOpen y los comentarios que a suscitado me dejan perpleja. Desde Don Lemon hasta Christopher Cuomo han tratado de hacer un panegírico torciendo la situación esgrimiendo razones que son sinrazones para justificar a la tenista afroamericana. Algunas veces se abusa del uso del micrófono. Dicen que lo que sucedió no hubiera pasado si ella hubiera sido hombre o si hubiera sido blanca. ¿En serio piensan jugar esa carta? Entonces, o no vieron lo que sucedió o les dieron línea para torcer la realidad.

Defender a Serena Williams es no entender. Justificar es no entender. El tenis es un juego de honor, es un juego de nobleza. Es un deporte con reglas que deben respetarse. Serena Williams recibió un warning por recibir instrucciones de su coach —lo que está prohibido— y le fue a gritar al juez de silla. Le dijo que ella no era tramposa y que ella no estaba recibiendo instrucciones de su entrenador. Más tarde, en conferencia de prensa el coach confesó que sí le estaba diciendo qué debía hacer, pero que como todos lo hacen, él lo hizo. Entonces, ¿es tramposa o no?

Luego, rompió una raqueta, recibió otro warning y le aplicó el castigo: perdió un punto. Eso dice el reglamento. Entonces llegó lo peor: le dijo a Carlos Ramos, el juez de silla que era un ladrón por robarle un punto y mentiroso por decirle tramposa. Entonces, la volvió a amonestar y eso la llevó a perder un juego.

Invocar que eso le sucedió a Serena Williams por ser negra o por ser mujer es faltarle al respeto a la raza negra y a las mujeres. Carlos Ramos es un prestigiado juez y lo único que hizo fue aplicar el reglamento. No debemos confundirnos. Cuando un tramposo se quiere esconder en su color de piel o en su género insulta y no debemos permitirlo.

Lo que en realidad sucedió fue que Serena Williams estaba desesperada porque no pudo ganar. Así de sencillo. La sacó de sus casillas que una novata le estuviera pasando encima. No le pudo ganar. Y, como lo hizo en el pasado, al darse cuenta de que no iba a ganar le echó a perder el triunfo a sus contrincantes. Lo hizo con Kim Clijsters también en en USOpen y ahora lo repitió con Naomi Osaka. ¡Qué pena! Una campeona como ella se revela como una mujer berrinchuda que no sabe perder.

¿No podría Carlos Ramos decir que le quitaron injustamente la miniatura del trofeo por discriminación por tener origen latino? Lo que en realidad sucedió a Serena Williams es que nos supo ganar. No le busquemos tres pies al gato.

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