El papel de Vladimir Putin

Me imagino a Vladimir Putin sonriente, acariciando a un gato, sentado en su oficina viendo el mapa del mundo. Mientras los ojos se centran en lo que sucede en Estados Unidos, en Asia, en Europa, en Africa, él mueve los hilos de sus marionetas. Así, sin hacer mucho ruido, sin llamar mucho la atención, pone a sus personajes en acción e ilumina los colores del mapamundi como mejor le conviene. Deja que otros sean los que griten y él sonríe. Que se preocupen otros, dirá y le rascará la espalda a su gato que ronrroneará complacido.

Entretanto, al otro lado del mundo, en el Capitolio, el ala demócrata se rasca la cabeza pensando qué fue lo que salió mal. Se devanarán los sesos tratando de comprender cómo le hicieron para perder La Casa Blanca teniendo una candidata tan preparada, que ganó todos los debates y se les hace bolas el engrudo al darse cuenta frente a quien perdió. El personaje impresentable, el misogino, cínico, ignorante, la representación más burda del estadounidense, la cara del gringo que no sale de su casa y quiere juzgar al mundo, el manotas que todo destruye no tenía posibilidades de sentarse en la Oficina Oval y ahí está. Unos empiezan a sospechar que algo anda mal.

Además, la evidencia revela a una mayoría votante sufragando en favor de Hillary Clinton y un colegio electoral que permite que alguien que no fue el más votado llegue a ser Presidente no jugó a facor del ala demócrata, pero hay suspicacias y ¿cómo no? Estados Unidos está dividido y ve como su futuro presidente avanza haciendo ganzadas, llamando a líderes de países como Taiwán, haciendo enojar a China, jugando al tío lolo con México, amenazando a sus connacionales para que no slagan de su país, y Putin sonriendo. No se trata de ser un mal perdedor, pero como que hay algo que no embona.

No el balde, el periódico inglés The Gardian reporta que el Presidente Obama está recibiendo mucha presión para que revele el papel que jugó Rusia en las elecciones de los Estados Unidos. Obama guarda silencio y aguanta con estoicismo, de nada vale. ¿Creerá que si abre la boca será peor? Trump sale a declarar que Rusia no manipuló nada. Los que estamos observando pensamos que eso de andar dando explicaciones no pedidas, es muestra de una acusación manifiesta. El presidente electo se pone de cuernos y se va de cabeza.

Putin sigue sonriendo y cómo no. Mueve los hilos de sus marionetas y las cosas le van saliendo bien. Mira los resultados tras bambalinas y ve a sus criaturas respondiendo a sus deseos. El brillo en sus ojos da cuenta de que las cosas le van saliendo bien, pondrá palomitas en diferentes lugares se su mapamundi y pintará las cosas del color que mas le gusta. Y, le ganará la risa al darse cuenta de dónde es el lugar en el que mejor le están saliendo las cosas. Claro, como dije desde el principio, eso es lo que me imagino y la imaginación es eso. Sin embargo, puede parecer verdad, ¿o no?

Exámenes profesionales

Cada que llegan los cierres de semestre, empieza la temporada de exámenes profesionales. Estar del otro lado de la mesa, fungiendo como sinodal, me recuerda el día de mi propio examen. Se reviven los mismos nervios, la alegría, el desazón, el encanto, la incertidumbre y en síntesis, la ilusión. Me emociono como aquel día y se me pone la piel chinita ante la toma de protesta y recuerdo mis propios compromisos. También, aprovecho para dar gracias desde el corazón a las instituciones que me formaron, a mis padres que hicieron el camino posible, a mis maestros y a mis amigos que acompañaron este proceso.

Ahora que estoy del otro lado, he tenido la suerte de dirigir muy buenos trabajos, casi siempre me tocan los mejores. La creatividad de mis alumnos me deja patidifusa. Presentan ideas en formas novedosas, lo hacen valientemente y aunque reconozco esa modulación que contiene tantos sentimientos encontrados, logran dominar la escena y postular con dignidad sus proyectos. Los veo, a ellos que llegaron con cara de novedad a iniciar una vida universitaria, con esa curiosidad que da entrar a un mundo de posibilidades; los veo transformarse, crecer y madurar. Los veo florecer como esos profesionistas que ya estan tomando las riendas de su vida y, en cierta forma, de las nuestras pues empiezan a ocupar puestos de responsabilidad. Veo a padres que llenos de orgullo acompañan a sus hijos. Veo a amigos, novios, tíos, primos que entran con los mismos nervios que los postulantes y salen sonrientes.

Misión cumplida.

Además de felicitarlos, les abrazo y les digo eso: Misión cumplida. Es momento de beber del caliz de la victoria, de saltar de gozo, de hacerse cargo que llegaron a la meta. Es tiempo de elevar la mirada al cielo y estallar de agradecimiento y júbilo pues se recorrió el camino y llegaron al destino. La vida corre en forma vertiginosa y se nos puede olvidar disfrutar el momento del triunfo. No es poca cosa titularse, obtener un grado universitario. En México, sólo el tres por ciento de la población se titula. 

La generosidad de la vida me da la oportunidad de acompañar a tantos chicos valiosos que se sobreponen a las adversidades que les presenta la vida, que hacen caso omiso de la flojera y se levantan temprano para ir a la escuela, que presentan exámenes a pesar de la gripa o del dolor de estómago, que leyeron y leyeron, que estudiaron, que prepararon cada día, que hicieron sus tareas, que investigaron y cumplieron con sus trabajos, en fin que estuvieron a la altura del reto. Me sorprende lo fácil que es sembrar en sus mentes y los hermosos frutos que germinan. 

Cada fin de semestre, me siento orgullosa por eso miro al cielo y doy gracias a Dios por este privilegio.

Tapar el sol con un dedo

Parece que esto de hacerse disimulados nos está empezando a gustar. Si no, no hay forma de entender mucho de lo que está sucediendo. Queremos taparle el ojo al macho, como si al hacerlo lográramos desvanecer aquello que molesta, que no está bien, que ha fallado o que ya no puede ser. Tal vez, tanta simulación se deba a un signo de impotencia. Lo cierto es que hacernos de la vista gorda ni resuelve ni engaña a nadie. Necesitamos reencuadrar, trasucir los eventos y expresarlos como son.

Felicitamos a Carstens por su nuevo empleo, cuando deberíamos llamarlo irresponsable. Su salida del Banco de México en estos momentos, habla mal de él como persona. En un afán egoísta, salta de un barco que está haciendo agua y corre despavorido a aguas más tranquilas. Si el señor se quiere ir, pudo haberlo hecho en una mejor oportunidad y no hacernos pagar el pato devaluatorio a los demás. Si lo que quiere es lavarse las manos y no mancharse con una política que privilegia el endeudamiento, se entiende, pero debió elegir otro momento para retirarse a una nueva responsabilidad. Pero, en vez de llamar a las cosas por su nombre, silbamos de ladito y miramos al cielo. El Presidente aplaude al gobernador del Banco de México en vez de llamarlo al orden y a la prudencia. Si se quiere ir, está bien, hágalo en el momento adecuado, debió decirse. 

Los priistas, perredistas y panistas se razgan las vestiduras ante la corrupción que se genera en el interior de sus filas, los casos de gobernadores corruptos, saqueadores, mafiosos son multicolores. Mientras los tuvieron en sus filas, hasta les elevaron los brazos y los felicitaron, cuando brotó la sangre todos se asustaron. ¿Quién puede llamarse sorprendido por lo que sucedió en Guerrero, en Veracruz o en Sonora? Los estudiantes que le jalan los bigotes a las autoridades, los periodistas que amanecían muertos, los negocios familiares todos los conocíamos antes de que la suciedad saliera a flote. Nadie hizo nada por frenarlos.

Las mentiras que generaron simpatía al rutilante presidente electo en Estados Unidos son tan evidentes y nadie las paraba. Mark Zuckerberg pone cara de asombro al enterarse de los efectos que los embustes en su red han causado. El domingo pasado un hombre salió con rifle en mano para investigar si Hillary Clinton estaba al frente de una red de pedofilia que operaba desde una pizzería. ¿Qué no hay forma de filtrar y parar esas prácticas dolosas? 

Las promesas de bienestar y trabajo en el Reino Unido empiezan a calar ante las realidades del Brexit, no todo lo que brilla es oro y claramente después de la borrachera de alegatos y de que algunos llevaron agua a su molino, la resaca del día siguiente revela realidades que ahora duelen y cuestan. Pero, en vez de asumir, se mira de soslayo y que pague el último de la fila. Ni hablar, tapar el sol con un dedo se vuelve deporte internacional.

Corrupción, impunidad se combinan con hartazgo y falta de motivación. Las personas se enfadan de ver como esa brecha entre los que todo tienen y a los que todo les falta se hace cada vez más profunda. En la oscuridad, alguien sonríe. Le conviene el disimulo porque es benéfico a sus intereses. Lo que necesitamos es una forma de comunicarnos respetuosa y abierta, que no se asute por llamar a las cosas por su nombre y que represente con amplitud la verdad que estamos viviendo. El que se va en forma y tiempos inoportunos es un cobarde hasta que nos explique sus razones, el que manda matar a periodistas es un asesino, el que abusa de niños es un pederasta, el que roba es un ladrón, el que promete lo imposible es un mentiroso, el que manda sin convocar a elecciones es un dictador y el que quiere tapar el sol con un dedo es un imbécil y peor de tontos somos los que le seguimos la corriente.

Incongruencias

Imagino que los dioses del Olimpo se pusieron a discutir sobre las fibras del Ser Humano y decidieron ponerlo a prueba. El reto consistiría en ver si el Hombre era un ser que podía albergar una inteligencia clara y un buen corazón. Para ello, liberaria un duende que jugaria el papel de la incongruencia, empezaría a darle vuelta a la rueda de lo ridículo y vería cuantos idiotas se enganchaban en ese afán. 

La colectividad de los dioses se dividían en dos grupos: los que estaban seguros del buen olfato del Hombre y los que apostaban por su estupidez. Los del primer grupo sentían pena por sus adversarios al imaginar lo fácil que sería ganar en este juego. ¿Quién podría pensar en la derrota cuando las pruebas resultarían tan evidentes?  Sin embargo, los del otro bando confiaban en que la arrogancia y el enfado serían sus mejores aliados. Los resultados fueron apallunatemente atroces. 

Sólo así se explica que la gente haya optado por el Brexit, pensando que esa sería una forma de solucionar algo, o que al llevar a un multimillonario clasista, ignorante, ostentoso, tramposo, despectivo, boquiflojoa la Casa Blanca, se ocuparía de los desfavorecidos, o que los catalanes lograrían la independencia de España y su permanencia en la Unión Europea, o que Castro no era un dictador, o que México va a pagar por un muro. No habría manera de que la inteligencia del Ser Humano se nublara a tal grado y que el corazón de la gente se encogiera a tal forma como para dar paso a esas opciones.

Imagino a los dioses del Olimpo con las quijadas caídas, jamás se habrían anticipado a un escenario tan grotesco. Ni unos ni otros podrían haber pensado en semejantes resultados. Ahora los dioses estarán preocupados, su juego le resultó demasiado mal a unos y tan bien a otros que están espantados. ¿Cómo arreglar este entuerto? Coronaron a la incongruencia de manos de la maldad y la idiotez, las situaron en el trono y bajarlas pacificamente está complicado. Ahora sus criaturas ya no creen en ellos, estan tan engolosinadas en sí mismas que se creen autónomas. 

Si los dioses se ponen de acuerdo, tal vez decidan encerrar en una botella a este duende que ya hizo muchos desaguisados. Ojalá opten por enviar un ejercito de ángeles que vengan a componer tanta maledicencia, que arregle tanto coraje, que alivie la ira, que traiga vientos de inteligencia y sepa insuflar amor.

Las alertas que no se quieren escuchar

México está en boca del mundo. Nos ven con la misma ternura con la que alguien puede ver a un pájaro enfrentando las fauces de un león. Sin embargo, el pájaro parece un dodo que no entiende bien los peligros que va a enfrentar. Es cierto, no somos gorriones, somos aguilas aztecas, así que las amenazas sobre una fábrica de aires acondicionados que no llegará, nos tira algunas plumas, pero no nos despeluca. El león que nos quiere asustar, sin duda, es fuerte, pero luce torpe y en ocasiones las mordidas que tira lo hieren en su propio cuerpo. Si el águila es astuta, sabrá sacar ventaja y salir victoriosa. 

Pero, el águila parece dodo. En vez de moverse con agilidad, opta por la torpeza y se amarra los pies. Elige la estrategia del avestruz y esconde la cabeza en un hoyo en vez de poner manos a la obra. Se encierra en sí mismo y toma decisiones caprichosas. Con el tipo de cambio en carrera descendente, con la incertidumbre en el precio del petróleo, con la tasa de interés amenazando con subir, con el crecimiento estancado y la inflación subiendo, el Gobierno Federal eleva las tarifas de sus servicios en forma arbitraria e indolente. ¿Qué no se enteran que las crisis mundiales se deben al hartazgo de la gente? 

Brexit, Trump, el no gobierno que afectó a España por tanto tiempo, son manifestaciones de que la gente está enfadada de cargar con las decisiones y ser los únicos que tienen que sacrificarse sin ver beneficios. No hay forma de querer continuar cuando los bienes en tu mesa son cada vez más escasos, cuando el dinero en el bolsillo alcanza para comprar menos y lo único que crece son deudas y angustias. En un rasgo terrible de insensibilidad, las autoridades elevan sus tarifas, como si la gente tuviera de sobra para cubrir los incrementos. Cada que se suben los precios de los servicios que presta el Gobierno, se resta la capacidad de las familias, se aumentan las deudas.

Por si fuera poco, las amenazas del león de melena despeinada nos advierten sobre el cierre de fuentes de empleo y sobre deportaciones masivas. Eso se traduce en mucha gente buscando trabajo. ¿Qué debemos hacer? Favorecer la creación de proyectos de emprendimiento que generen espacios laborales. ¿Qué encontramos? Locales clausurados, emprendedores agobiados por trámites interminables y corrupción rampante. Empresarios agobiados con extorsiones que llegan en forma de inspectores que se hacen de la vista gorda si se les entrega un fajo igual de gordo de billetes. Además, cargas fiscales, obligaciones tributarias y tarifas que crecen alegremente, mientras el empresariado pierde entusiasmo.

No en balde, estamos en boca del mundo y nos ve con ternura. Vamos caminando con torpeza y nos metemos a la boca del lobo con una inocencia que provoca alarma. Estamos siendo tan hábiles como quien se pega un balazo en la pierna. Debemos alejar al dodo y dejar que el águila azteca extienda las alas y emprenda el vuelo. Hay que apoyar al talento que tenemos, en casa hay que cuidar las ganas de quienes tienen proyectos e ideas, hay que fomentar la creatividad e impulsar la actividad. No me refiero a grandes proyectos industriales, que siempre son bienvenidos, me refiero a las pequeñas y medianas empresas que son las que sostienen a este país.

Tristemente, estos negocios pequeños son los que más sufren este tipo de embates. El incremento de tarifas les pega en forma estridente y los puede dejar fuera de mercado. Es absurdo que descuidemos nuestra posibilidad de salir adelante en forma autónoma. Es como si el dodo tuviera un salvavidas y lo ponchara con su propio pico. Es como si no quisieramos escuchar las alertas que suenan en nuestro entorno. Se equivocan las autoridadades al esordecerse. Confiar en la paciencia de la gente es mala estrategia, basta abrir los ojos para darse cuenta.

En 1989

1989 fue un año de grandes consolidaciones que cambiaron las formas en el escenario mundial. La caída del Muro de Berlín fue el signo que coronaba la intención de desdibujar los límites, de propiciar mayor libertad de movimiento a personas y mercancías. Los grandes teóricos del comercio internacional, como Mika Ronkainen, nos enseñaron que el desarrollo más dinámico se logra a partir de un mejor intercambio internacional. Volvíamos la mirada a la teoría de David Ricardo sobre la ventaja comparativa, es decir, dejar que el que hiciera economicamente mejor las cosas —a mejor precio en el emjor tiempo de entrega— y confiamos en que una mayor industrialización traería mayor progreso y mejor distribución del ingreso. 

El mundo cambiaba, dejaba atrás las políticas proteccionistas y apostaba por la globalización. En términos ideológicos, la aspiración de vivir en un planeta más unido, generaba esperanza. Las frases de todos los sabios se reunían en torno a que la Tierra se hacía cada vez más pequeña y todos estaríamos más próximos. Eran los años de Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Juan Pablo II, Lech Walesa, Michael Gorvachov y el mundo como lo conocíamos, cambió. Es justo decir que muchas cosas cambiaron para bien y otras no. No hubo un cuidado para evitar los excesos del mercado. Picketty tiene razón, la concentración de la riqueza es absurda, pocos tienen mucho y muchos casi no tienen nada. La brecha entre esos mundos es ominosa. 

Como en aquellos años, hoy el mundo está cambiando. El miedo a lo diferente, el desprecio a la proximidad, las fallas en la compasión al semejante, el disimulo y sobretodo la falta de empleo están haciendo que el Hombre reconsidere los cambios que se concretaron desde 1989. No queremos que nos quiten nuestros empleos, parece haber sido la razón más imperante para que Brexit y Trump hayan triunfado más allá de la lógica. Sin embargo, resulta evidente. Si en bienestar global no llega a mi mesa, si la riqueza se concentra y no llega a mi bolsillo, si la propsperidad se nota en las variables macroeconómicas pero a mí no me toca nada, claro que quiero cambiar las cosas. Entonces, si alguien me promete un cambio que se notará en mi hacienda personal, tentará mi curiosidad y tal vez conquiste mi preferencia. Claro que las promesas que se hacen son arrojadas y cumplir no será tan fácil. Del dicho al hecho, hay un trecho tan grande como la brecha que divide a los que viven la opulencia y los que padecen pobreza alimentaria.

Los cambios que se proponen son un golpe de timón, están planteados como una destrucción de lo que se construyó. Las destrucciones causan miedo. Las posiciones globalifóbicas, los nacionalismos y la radicalización de izquierdas y de derechas no han abonado a un cambio para mejorar. Encerrarse en casa para evitar los vientos, nos quita también los rayos de sol. Parar la rueda económica del intercambio internacional no parece ser una buena idea. Como tampoco lo fue dejar que diera vueltas y vueltas sin vigilancia alguna, sin protección a los desvalidos. Hoy esos desvalidos están enojados y quieren el cambio, su voz les abrió camino a los que buscan destejer las estructuras. La modificación de los escenarios ya está en marcha. Brexit, Trump y además se muere Fidel. 

Hoy, las palabras de un líder astuto, resuenan en el planeta. Frente a la ONU, Fidel Castro pronunció un discurso que no aplicó y que contenía advertencias pertinentes. El intercambio desigual afecta a los pueblos. ¡Y debe cesar! El proteccionismo arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar! El desequilibrio en la explotación de recursos es abusivo. ¡Debe ser abolido! Los recursos financieros que reciben los países en vías de desarrollo son insuficientes. ¡Y, deben ser aumentados! Los gastos en armamentos son irracionales. ¡Deben cesar y sus fondos deben ser empleados en financiar el desarrollo.

No parecen malas ideas las que expresó el líder cubano. En ese discurso, el hombre describió los problemas que el mundo aún no ha resuelto. Pareciera que, independientemente de la figura en la que se convirtió y de lo poco congruente que resulta su envestidura, sus palabras sí son importantes y debieramos poner atención. Los pendientes que le señaló a la Humanidad fueron oportunos y siguen vigentes. En 1989, año de cambios, no lo escuchamos, tal vez porque representaba aquello con lo que se quería acabar. Hoy, que se presenta una nueva oportunidad, tal vez lo deberíamos hacer. Si vamos a destejer las estructuras, hay que cuidar bien lo que se quiere hacer. Hay que destruir lo que no sirve y dejar lo que sí.

La vida inmoral de la pareja ideal (película)

No sé si fue el cartel de la película lo que atrajo mi atención o que en el reparto apareciera Cecilia Suárez o ambas cosas, pero decidimos ir al cine a ver el nuevo proyecto del director cinematográfico Manolo Caro. No nos equivocamos, la elección nos trajo un film divertido y una anécdota bien narrada. La estrategia de tejer dos historias como si se tratara de un lazo retorcido, es un acierto. En un juego de analepsis, se intercalan acciones que se desarrollan en forma lineal y paralela para contar la historia  de amor de Lucio y Martina.

Los protagonistas se reencuentran —aunque no queda claro porque— en San Miguel de Allende, después de casi treinta años sin verse. Cada uno le cuenta al otro una mentira para ocultar la verdad: los dos siguen enamorados, tal como lo estuvieron en sus años de preparatoria y no se atreven a confesarlo. Optan por construir una mentira y ahí corre la primera línea narrativa. La segunda es la historia de amor de un par de adolescentes, su circunstancia, sus amigos, el entorno escolar. El desarrollo de la película se dedica a dejar claro cómo se enemoraron y por qué se separaron. También se encarga de hacernos entender las razones que ambos tuvieron para continuar queriéndose a pesar del tiempo. Las líneas convergen cuando la mentira se deconstruye y la verdad queda clara.

Las locaciones hacen lucir San Miguel de Allende y tienen guiños para las personas que conocen bien el lugar. El teatro, las calles, la iglesia, el centro del pueblo tienden un lazo narrativo que ayuda a la anécdota. Los personajes secundarios están bien delineados, son redondos y están colocados en tiempo y formas adecuadas. La actuación de una Paz Vega embarazada es para desternillarse de risa. La pequeña hija de Andrea Legarreta y Alex Rubin actúa dignamente y cada uno de los papeles que acompañan a los protagonistas lucen espléndidamente 

Cecilia Suarez, extremadamente delgada, actúa en forma magnífica, lo mismo que Manuel García Rulfo, Mariana Treviño, Sebastián Aguirre Boeda, Ximena Romo, Juan Pablo Medina, Andrés Almeida, Natasha Dupeyrón, Eréndira Ibarra, Javier Jattin y, en una participación especial, a la española Paz Vega. Las actuaciones femeninas superan, por mucho a las masculinas. Ellas llevan el peso narrativo de la hiatoria en mejor forma. 

La película funciona, es atrevida, tiene escenas fuertes y plantea una historia de amor que se aleja de los tintes rosas. La estrategia de las historias que construyen una mentira para luego destruirla, funciona muy bien. La música es un elemento cuidado para dar contexto. Las canciones fueron adecuadamente elegidas, la primera escena empieza con una canción de Soda Stereo para darnos contexto y situarnos en el tiempo. El vestuario fue cuidado hasta el detalle de conseguir esas medias con brillos dorados que se usaban en los ochentas. Los peinados de melenas alborotadas y el spray también fueron parte del conjunto narrativo.

La película marcha y la anécdota de ambas historias tiene un desenlace a la vez sorprendente y esperado, lo cual da prueba de que el proyecto funciona. Al salir del cine, todos concordamos que algunas escenas sobraron pero que la elección, sea por el cartel o por Cecilia Suárez, fue buena.

Los ojos que están puestos en Fidel

Hoy, un segmento del mundo dirige su mirada al féretro. Fidel está muerto y aunque a los noventa años el acontecimiento era esperado, el planeta sintió una especie de sobresalto. Los que miran ese ataúd tienen reacciones encontradas: entre la tristeza y el júbilo, yace el cadaver de la revolución cubana. Si dentro de la caja mortuoria está el hombre barbón de nariz prolongada, cara alargada, manos aún más larga y uñas crecidas, en la tapa, sentados, conversan los fantasmas. Uno viste uniforme militar, verde olivo, gorra de camuflage y puro en la boca; el otro usa ropa deportiva negra con rayas blancas y el logotipo de la marca ADIDAS en el pecho. En medio, todos los Fideles miran con terror el cuerpo que ya no tiene vida.

En torno al féretro, los lamentos y las lágrimas se combinan con la fiesta y el regocijo. La mirada atenta nota algo. Llantos y cantos provienen de ojos viejos. Son los que recuerdan las mieles y hieles de la Revolución Cubana, así con el rigor que dan las letras mayúsculas. Los ojos que miran a Fidel con esa pasión que hace brotar el lamento o las carcajadas tienen más de sesenta años. Son los que tuvieron participación viva en ese movimiento. Sea porque fueron participantes activos, o por haber vivido en aquellos años, los que reaccionan ante la muerte de Fidel Castro ya son viejos. Vargas Llosa, Krauze, Ortega, Ramírez, Villoro no tienen veinta años. Los demás, lo leímos en los libros de Historia y conocimos a un vejete astuto que hizo rabiar a más de algún mandatario, que protagonizó escándalos diplomáticos y ruido mediático. Pero, la furia del caudillo, esa la conocieron los que crecieron antes de la Revolución Cubana.

Los presos políticos, la persecución a intelectuales, el Caso Padilla, los fusilamientos, el estar con o en contra del régimen, la vida sin Internet, el embargo económico, la visita del Papa Francisco, la proximidad de Obama, la amistad con México, la hermandad con Venezuela, la complicidad con la Unión Sovietica, la amistad con Garcia Márquez, el exilio de Guillermo Cabrera Infante, la reclusión de Lezama Lima, la diáspora cubana, entró por los ojos a través de letras a unos cuantos y muchos otros, los jóvenes de hoy, ven en Fidel una figura ajena a su tiempo, a sus ideales y a su cotidianidad. No capta su atención un hombre que pasaba horas y horas perorando, cuando ellos están tan acostumbrados a sintetizar todo en 120 caracteres, cuando no hay un filtro de Snapchat para identificarlo, cuando no hay un muro en Facebook para postear condolencias y cuando su cuenta en Instagram es tan privada porque no existe.

Los ojos que están puestos en Fidel son los del siglo XX, los que reconocen en el pasado a un Patriarca que no fue visitado por la muerte y pueden entrever el brillo que se cubrió con el polvo de los años. Los que reconocen el grito ¡Hasta la victoria! ya dejaron de ser esos jóvenes rebeldes que elevaban la voz contra el establishment, los que se rechinan los dientes ante esa arenga ya peinan canas. Tal vez para sus hijos y para sus nietos, esas palabras ya no significan nada. Los ojos que están puestos en Fidel ya tienen la mirada cansada, pero sus gritos se oyen tan fuerte que el mundo se sobresalta. El el feretro está un cuerpo sin vida.

Oumoh

Oumoh es una pequeña de cuatro años con una historia que es preciso contar. Huyó de Costa de Marfil junto con su madre para evitar la mutilación genital que se les practica a las niñas como rito de iniciación en algunos países de África. En el camino, extravió a su madre. Llegó a Italia el cinco de noviembre a la isla de Lampedusa después de ser rescatada por la guardia italiana. La balsa en la que venía naufragó. La chiquita sólo era identificada por su nombre, se ignoraba todo de ella pues permaneció en silencio después de su rescate. El impacto sufrido le quitó la posibilidad de hablar.

Oumoh es una de las 20,000 pequeñas que han caminado solas y han llegado a Italia huyendo del hambre, la marginación, el miedo. No extraña que la niña no quisiera hacer esfuerzos por comunicarse en ninguna forma con nadie. Sin embargo,la fortuna la favoreció. En el albergue al que llegó, encontró a su ángel de la guarda: Marinela Cefala, jefa de la oficina de recepción de inmigrantes. La carita de la niña la conmovió, se le grabó en la retina. 

Lo que algunos llaman coincidencia y otros preferimos decirle milagro, sucedió. Marinela Cefala, en otro refugio, le prestó su teléfono celular a otra niña de Costa de Marfil para que jugara. La pequeña encontró una fotografía de Oumoh y la reconoció. También pudo identificar a la madre perdida, una mujer de 31 años. Las niñas se conocieron en uno de los refugios de espera que están en Tunez y por eso detonó un proceso virtuoso. Se localizó a uno de los tíos de Oumoh en Francia, quien a su vez localizó a la mamá perdida. 

La mujer al enterarse de que su hija estaba viva, sana y salva estalló en lágrimas de felicidad y la pequeña Oumoh al escuchar la voz de su mamá, empezó a hablar. Marinela describe la reacción de la niña: mirada de sorpresa, casi azorada de la pequeña que se llevó la mano al corazón, sonrió tímidamente y empezó a asentir. Luego saltó y saltó por toda la habitación. Se están llevando a cabo las pruebas de ADN para confirmar científicamente lo que el corazón anhela, que madre e hija vuelvan a estar juntas. 

La historia de Oumoh es un ejemplo de éxito que nos deja el corazón hecho nudo y con un bulto pesado en la garganta. La fortaleza de una niña que peregrinó y llegó sola a Lampeduza hoy está en el umbral de tener un final feliz. ¿Será así? ¿Se le permitirá una vida de igualdad, respeto, identidad propia, manos amigas, educación, alimento, techo, protección? En fin, ¿gozará de los derechos humanos que se le otorgan a los niños? Espero que así sea, que la discriminación, las mutilaciones, el hambre y el miedo hayan terminado para esta criatura tan valiente. Se lo merece.

Día de gracias

La única fiesta de la tradición estadounidense que verdaderamente me gusta es el Día de gracias. El agradecimiento es ese sentimiento   de estima y reconocimiento que una persona tiene hacia quien le ha hecho un favor o prestado un servicio, por el cual desea corresponderle. Es, asimismo, una actitud de vida que tiende un lazo de respeto por los logros y beneficios recibidos. En suma, la gratitud es un antónimo de la soberbia.

Agradecer es entender con humildad que alguien tuvo la generosidad de tender la mano. El soberbio, por el contrario, está seguro de que sus méritos fueron suficientes para conseguir lo anhelado. Una persona agradecida sabe reconocer sus propios méritos y puede ver con felicidad que hubo alguien que estuvo en el momento en que se requería un impulso, un consejo, un puente y sabe dar las gracias. 

El que se ensoberbece, cree ser merecedor de todas las atenciones y autor de todos sus bienes. Un soberbio es también un ciego que no sabe ver más allá de su ombligo, es un ser pequeño que se cree el autor del mundo y lo embarga un sentimiento de valoración excesiva sobre sí mismo que generalmente lo lleva a tratar con desprecio a quien le rodea. La soberbia vuelve a las personas distantes y, en una dicotomía extraña, también lo vuelve ávido de aprobación de los demás. Este apetito desordenado por el aplauso ajeno choca con la altivez y genera un círculo vicioso semejante a la serpiente que se muerde la cola.

El agradecido es una persona que sabe hablar de sus éxitos y da crédito a quien está a su alrededor; sabe asumir el control de las situaciones y también sabe hacerse a un lado cuando eso es lo mejor para el bienestar general; se alegra con los triunfos ajenos y extiende la mano para dar una felicitación a quien le va bien; acepta la crítica y tiene la capacidad de desandar los pasos mal andados y reparar lo que se lastimo; sabe ofrecer disculpas. Y, por sobre todo, sabe peonunciar con facilidad la palabra gracias.

La escencia del agradecimiento es la sinceridad. La recompensa de la gratitud es la felicidad. No es una reducción cursi, es la verdad. El que cree que todo lo merece se topa con la amargura, vive creyendo que más merece porque más vale. La soberbia, dice San Agustín, no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano, y puedo   agregar que lo que está enfermo tarde o temprano duele. Además, como dijo el Rey Salomón, donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; pero donde hay gratitud, habrá sabiduría.

Por eso, dar gracias es ponerse en armonía con el Universo y eso genera alegría. La buena noticia es que  el agradecimiento cabe en cualquier corazón bondadoso, lo mismo si es ateo, agnóstico o creyente; los ingredientes básicos para generarla son la humildad y la inteligencia. La mala noticia es que estos ingredientes están bastante escasos escasos. Basta ver a nuestro alrededor para enterarnos de lo enajenados que estamos con nosotros mismos, del miedo que nos da lo que es diferente, de la amenaza que nos impulsa a marcar territorios y elevar muros. Las imagenes del día de gracias que hoy festejan los estadounidenses llaman a la reflexión.

Mejor, nos reunimos a agradecer todos los bienes que hemos recibido. Mejor, nos alegramos de las maravillas que nos han pasado este año. Mejor, miro a los ojos y con sinceridad digo gracias. Especialmente, gracias a cada uno de ustedes que se siguen asomando a ver lo que estoy pensando. Feliz día de gracias.

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