San Miguel de Allende es número uno

Según la revista Travel and Leisure y por Conde Nast, San Miguel de Allende serà galardonada como la Mejor Ciudad del Mundo por su calidad en el servicio, amabilidad, gastronomía, limpieza, experiencia de compras y movilidad.En 2016, obtuvo el reconocimiento como tercer Mejor Destino a nivel mundial y Mejor Destino de México, Centro y Sudamérica Travel and Leisure. En 2013 ganó el reconocimiento como Ciudad No. 1 del Mundo por la Revista Conde Nast Traveler.

Lo curioso es que en el extranjero aplauden semejante galardón y en México lo vemos con suspicacia. Muchos piensan que es una mención comprada o que hay gato encerrado. Creo que es lo de menos. Lo cierto es que San Miguel de Allende esta de moda y debería tener mejor infraestructura de acceso. Si se le está dando tanta publicidad a esta ciudad que es Patrimonio de la Humanidad p, hay que dotarla de lo necesario para hacerla accesible.

Más allá de cualquier especulación, entiendo los extremos que ven como una exageración semejante nominación, pero también entiendo a quienes estamos de acuerdo. Los que difieren pensarán en París, en Barcelona, en Bruselas y tendrán razón. Sólo que allá la relación precio/beneficio es distinta: se paga más y se recibe menos. Los problemas políticos y sociales espantan al turista. San Miguel tiene una magia maravillosa y eso vale la nominación.

Dice Ramón Zavala que San Miguel De Allende no se termina de conocer. Estoy de acuerdo. Cada que vengo y vengo seguido, hay nuevos cafecitos, restaurantes, exposiciones, oferta cultural. La gente es amable y no es abusiva. Hay para todos, desde ofertas de gran turismo hasta hostales a buen precio. Se camina con gusto por toda la ciudad, aunque el tema de movilidad es un problema. El mejor vehículo son las piernas.

Si vas por ahí, de repente te topas a una pareja de novios seguidos de una procesión que los acompañará al altar, o un grupo de mojigangas, —botargas altísimas— que son hombres, mujeres, calacas, alebrijes, en el centro hay mariachi, tríos, bandas. La gente que camina por ahí va feliz, sonriente y nos hace saber que efectivamente estamos en un lugar súper divertido y mágico.

Es verdad, alrededor de San Miguel de Allende hay un cinturón de miseria alarmante. Pero, más allá se otra cosa, la popularidad de la ciudad puede ayudar a aliviar la pobreza dada la derrama económica que se genera. El lugar tiene estilo. Es una localidad para andar de sombrero y no de gorra. Hay sitios de diversión para jóvenes y los viejos tienen un gran ambiente. Se come bien y se come de todo. Los postres son geniales.

No sé si es justo o no tener el número uno. Eso le queda decirlo a cada quien. Para ello, la mejor manera de verificarlo es venir. Este fin de semana vine con mi hija Dany y nos hemos reído tanto y la hemos pasado muy felices. Eso es la mejor magia del mundo.

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Otra vez, el buen fin

Una vez más el consumidor enfrenta en buen fin. Anuncios publicitarios, correos electrónicos, sugerencias de big data, redes sociales vibrantes, anuncios de radio, se vuelven impactos que buscan llamar la atención e impulsar el consumo. Oferta, descuento, oportunidad, son las palabras que nos pueblan la cabeza y nos dejan mareados. Sentimos ansiedad de aprovechar tanto remate que terminamos comprando cosas que no necesitamos y que pagaremos a cortas mensualidades. Es más, seguiremos pagando cuando la compra haya sido olvidada.

La intención es buena, activar el consumo es poner la economía en movimiento. Si y sólo si el consumo se corresponde con la capacidad de pago. Cuando nos excedemos, cuando compramos más de lo que podemos pagar, nos metemos en camisa de once varas y el circulo virtuoso se convierte en una calamidad. La calamidad inicia en un absurdo si encima compramos lo que no necesitamos. La compra se convierte en un desperdicio que se quedara arrumbada, olvidada, pero que tendremos que seguir pagando.

Como siempre, el análisis y la reflexión son el antídoto. La continencia es la mejor recomendación. El consumo inteligente activa la economía, el sobre endeudamiento, no. Es increíble la cantidad de veces que tropezamos y compramos ropa, aparatos eléctricos, electrónicos, juguetes y monaduchas que no volveremos a usar y que quedarán olvidadas en el fondo de un cajón.

Para el buen fin, el consejo de mi mamá es pertinente: cuando vayas a comprar algo, piensa en dónde lo vas a poner y cuántas veces lo vas a usar. Así, tal vez comprar una televisión o una computadora o una herramienta de trabajo sea una buena opción en vez de comprar otra camiseta de algodón color blanco que a la primera lavada quedará inservible y que tendremos que seguir pagando, incluso cuando ya nos olvidamos de ella.

Por escrito número 10

Por escrito número 10
http://www.porescrito.org/wp-content/uploads/2017/06/PRETEXTOS-010-web.pdf

Sacerdocio para las mujeres

El tema no es nada nuevo, la discusión lleva años, muchos años. En general, pensar en que una mujer tome los votos sacerdotales, causa escándalo. Para las católicas, resulta impensable, ese es un privilegio reservado a los hombres. No obsante, no todos los cristianos piensan igual. El 11 de noviembre de 1992, tras veinte polémicos años de intensos debates, el sínodo de la Iglesia Anglicana rompió con más de cuatro siglos de tradición al admitir el sacerdocio de las mujeres. Por supuesto, hubo reacciones.

 Hasta los propios elevaron las cejas. Mil sacerdotes de la Iglesia anglicana consideraron la determinación como un inadmisible alarde de modernidad y amenazaron, antes de emitir su voto, con renunciar e incluso a convertirse al catolicismo en el caso de aprobarse la ordenación de las mujeres en el seno de su iglesia. La Iglesia de Inglaterra se enfrentó al acontecimiento más revolucionario de su historia, desde que su fundador, el separatista Enrique VIII, decidiese romper con la autoridad de la Iglesia de Roma y provocase la escisión de la institución católica en 1530. Su amor por Ana Bolena y su deseo de contraer matrimonio con la que se convertiría en la segunda de sus seis esposas y sus ambiciones dinásticas dividieron a los cristianos.

Hoy, parece que el tema de las mujeres vuelve a causar divisiones. Hoy, la Iglesia católica, cauta, hace un esfuerzo consciente para mantenerse al margen de la decisión de la Iglesia Anglicana de ordenar a mujeres sacerdotes. Pero la  conocida rivalidad entre ambas iglesias no tarda en aflorar. El Vaticano califica la decisión como un grave obstáculo al proceso de reconciliación mantenido con la Iglesia de Inglaterra, que permanece inalterable.

Pasaron poco más de dos años para que el 11 de marzo de 1994, la Iglesia Anglicana volviera  a romper cánones. Treinta y dos mujeres protagonizaron una revolución con su acceso al sacerdocio. A finales de 1994 hay  más de mil son ‘ascendidas’ a sacerdotes y como tales están autorizadas a consagrar el pan y el vino en la eucaristía y a administrar la absolución. En Inglaterra hay cinco millones de católicos, lo que no implica que sean practicantes, poco más de una cuarta parte acude a misa los domingos.

En el 2016, el Papa Francisco declara: “El papa santo Juan Pablo II ha tenido la última palabra clara al respecto y esto sigue en pie”, en respuesta a las preguntas de los periodistas, subrayando que esta regla estará vigente para siempre, refiriéndose al documento de 1994 que estipula que las mujeres nunca podrán participar en el sacerdocio de conformidad con la tradición de la Iglesia. En Estados Unidos, Australia, Canadá y Swazilandia hay movimientos cristianos que ya autorizan la ordenación de mujeres como obispos. Conocido por su habilidad diplomática, Francisco dice ‘Hay muchas otras cosas que las mujeres hacen mejor que los hombres”, en referencia a la así llamada “dimensión femenina de la Iglesia”.

La fortuna de confesarme abiertamente católica prácticamente es que puedo hablar desde el conocimiento de mi ejercicio religioso. Voy a misa los domingos y veo más viejos que jóvenes en misa. Si me fijo con mayor cuidado, puedo contar a menos hombres sentados en las bancas. Hay más mujeres. También, sé que la mies es mucha y los operarios son pocos. Más allá de escándalos –cada sacerdote tendrá que darle cuentas a Dios por sus hechos y actos en su magisterio–, más allá de rivalidades, escisiones, gustos, me parece que un sacerdote está para hablar de amor, para acompañar, para consolar, para dar a conocer a Dios y eso se puede llevar a cabo desde la ternura femenina.

No habría que confundirnos, otorgar absolciones, consagrar no es un atributo de los hombres, es Dios que se vale del Hombre como instrumento. No sé, sin otro afán y entendiendo lo polémico del tema, me parece que si el Creador sólo quisiera herramientas masculinas, no nos habría dotado con los dones inherentes a la actividad sacerdotal. Cuando Dios no quiere, no dota. Dios no quiso que los hombres dieran a luz, no pueden parir, jamás lo podrán hacer. Pero, en mi condición femenina, cada día me topo con la posibilidad de dar consejo, amor, consuelo, compañía.  

Sabrá Dios, hoy hace veinte años la iglesia anglicana abrió sus puertas para dejar entrar a las mujeres a un lugar reservado a los hombres. ¿Que habra pensando el Altísimo desde su trono celestial? No sé, pero me lo imagino sonriendo.

Sacerdocio para las mujeres

El tema no es nada nuevo, la discusión lleva años, muchos años. En general, pensar en que una mujer tome los votos sacerdotales, causa escándalo. Para las católicas, resulta impensable, ese es un privilegio reservado a los hombres. No obsante, no todos los cristianos piensan igual. El 11 de noviembre de 1992, tras veinte polémicos años de intensos debates, el sínodo de la Iglesia Anglicana rompió con más de cuatro siglos de tradición al admitir el sacerdocio de las mujeres. Por supuesto, hubo reacciones.

 Hasta los propios elevaron las cejas. Mil sacerdotes de la Iglesia anglicana consideraron la determinación como un inadmisible alarde de modernidad y amenazaron, antes de emitir su voto, con renunciar e incluso a convertirse al catolicismo en el caso de aprobarse la ordenación de las mujeres en el seno de su iglesia. La Iglesia de Inglaterra se enfrentó al acontecimiento más revolucionario de su historia, desde que su fundador, el separatista Enrique VIII, decidiese romper con la autoridad de la Iglesia de Roma y provocase la escisión de la institución católica en 1530. Su amor por Ana Bolena y su deseo de contraer matrimonio con la que se convertiría en la segunda de sus seis esposas y sus ambiciones dinásticas dividieron a los cristianos.

Hoy, parece que el tema de las mujeres vuelve a causar divisiones. Hoy, la Iglesia católica, cauta, hace un esfuerzo consciente para mantenerse al margen de la decisión de la Iglesia Anglicana de ordenar a mujeres sacerdotes. Pero la  conocida rivalidad entre ambas iglesias no tarda en aflorar. El Vaticano califica la decisión como un grave obstáculo al proceso de reconciliación mantenido con la Iglesia de Inglaterra, que permanece inalterable.

Pasaron poco más de dos años para que el 11 de marzo de 1994, la Iglesia Anglicana volviera  a romper cánones. Treinta y dos mujeres protagonizaron una revolución con su acceso al sacerdocio. A finales de 1994 hay  más de mil son ‘ascendidas’ a sacerdotes y como tales están autorizadas a consagrar el pan y el vino en la eucaristía y a administrar la absolución. En Inglaterra hay cinco millones de católicos, lo que no implica que sean practicantes, poco más de una cuarta parte acude a misa los domingos.

En el 2016, el Papa Francisco declara: “El papa santo Juan Pablo II ha tenido la última palabra clara al respecto y esto sigue en pie”, en respuesta a las preguntas de los periodistas, subrayando que esta regla estará vigente para siempre, refiriéndose al documento de 1994 que estipula que las mujeres nunca podrán participar en el sacerdocio de conformidad con la tradición de la Iglesia. En Estados Unidos, Australia, Canadá y Swazilandia hay movimientos cristianos que ya autorizan la ordenación de mujeres como obispos. Conocido por su habilidad diplomática, Francisco dice ‘Hay muchas otras cosas que las mujeres hacen mejor que los hombres”, en referencia a la así llamada “dimensión femenina de la Iglesia”.

La fortuna de confesarme abiertamente católica prácticamente es que puedo hablar desde el conocimiento de mi ejercicio religioso. Voy a misa los domingos y veo más viejos que jóvenes en misa. Si me fijo con mayor cuidado, puedo contar a menos hombres sentados en las bancas. Hay más mujeres. También, sé que la mies es mucha y los operarios son pocos. Más allá de escándalos —cada sacerdote tendrá que darle cuentas a Dios por sus hechos y actos en su magisterio—, más allá de rivalidades, escisiones, gustos, me parece que un sacerdote está para hablar de amor, para acompañar, para consolar, para dar a conocer a Dios y eso se puede llevar a cabo desde la ternura femenina.

No habría que confundirnos, otorgar absolciones, consagrar no es un atributo de los hombres, es Dios que se vale del Hombre como instrumento. No sé, sin otro afán y entendiendo lo polémico del tema, me parece que si el Creador sólo quisiera herramientas masculinas, no nos habría dotado con los dones inherentes a la actividad sacerdotal. Cuando Dios no quiere, no dota. Dios no quiso que los hombres dieran a luz, no pueden parir, jamás lo podrán hacer. Pero, en mi condición femenina, cada día me topo con la posibilidad de dar consejo, amor, consuelo, compañía.  

Sabrá Dios, hoy hace veinte años la iglesia anglicana abrió sus puertas para dejar entrar a las mujeres a un lugar reservado a los hombres. ¿Que habra pensando el Altísimo desde su trono celestial? No sé, pero me lo imagino sonriendo.

Sacerdocio para las mujeres

El tema no es nada nuevo, la discusión lleva años, muchos años. En general, pensar en que una mujer tome los votos sacerdotales, causa escándalo. Para las católicas, resulta impensable, ese es un privilegio reservado a los hombres. No obsante, no todos los cristianos piensan igual. El 11 de noviembre de 1992, tras veinte polémicos años de intensos debates, el sínodo de la Iglesia Anglicana rompió con más de cuatro siglos de tradición al admitir el sacerdocio de las mujeres. Por supuesto, hubo reacciones.

 Hasta los propios elevaron las cejas. Mil sacerdotes de la Iglesia anglicana consideraron la determinación como un inadmisible alarde de modernidad y amenazaron, antes de emitir su voto, con renunciar e incluso a convertirse al catolicismo en el caso de aprobarse la ordenación de las mujeres en el seno de su iglesia. La Iglesia de Inglaterra se enfrentó al acontecimiento más revolucionario de su historia, desde que su fundador, el separatista Enrique VIII, decidiese romper con la autoridad de la Iglesia de Roma y provocase la escisión de la institución católica en 1530. Su amor por Ana Bolena y su deseo de contraer matrimonio con la que se convertiría en la segunda de sus seis esposas y sus ambiciones dinásticas dividieron a los cristianos.

Hoy, parece que el tema de las mujeres vuelve a causar divisiones. Hoy, la Iglesia católica, cauta, hace un esfuerzo consciente para mantenerse al margen de la decisión de la Iglesia Anglicana de ordenar a mujeres sacerdotes. Pero la  conocida rivalidad entre ambas iglesias no tarda en aflorar. El Vaticano califica la decisión como un grave obstáculo al proceso de reconciliación mantenido con la Iglesia de Inglaterra, que permanece inalterable.

Pasaron poco más de dos años para que el 11 de marzo de 1994, la Iglesia Anglicana volviera  a romper cánones. Treinta y dos mujeres protagonizaron una revolución con su acceso al sacerdocio. A finales de 1994 hay  más de mil son ‘ascendidas’ a sacerdotes y como tales están autorizadas a consagrar el pan y el vino en la eucaristía y a administrar la absolución. En Inglaterra hay cinco millones de católicos, lo que no implica que sean practicantes, poco más de una cuarta parte acude a misa los domingos.

En el 2016, el Papa Francisco declara: “El papa santo Juan Pablo II ha tenido la última palabra clara al respecto y esto sigue en pie”, en respuesta a las preguntas de los periodistas, subrayando que esta regla estará vigente para siempre, refiriéndose al documento de 1994 que estipula que las mujeres nunca podrán participar en el sacerdocio de conformidad con la tradición de la Iglesia. En Estados Unidos, Australia, Canadá y Swazilandia hay movimientos cristianos que ya autorizan la ordenación de mujeres como obispos. Conocido por su habilidad diplomática, Francisco dice ‘Hay muchas otras cosas que las mujeres hacen mejor que los hombres”, en referencia a la así llamada “dimensión femenina de la Iglesia”.

La fortuna de confesarme abiertamente católica prácticamente es que puedo hablar desde el conocimiento de mi ejercicio religioso. Voy a misa los domingos y veo más viejos que jóvenes en misa. Si me fijo con mayor cuidado, puedo contar a menos hombres sentados en las bancas. Hay más mujeres. También, sé que la mies es mucha y los operarios son pocos. Más allá de escándalos —cada sacerdote tendrá que darle cuentas a Dios por sus hechos y actos en su magisterio—, más allá de rivalidades, escisiones, gustos, me parece que un sacerdote está para hablar de amor, para acompañar, para consolar, para dar a conocer a Dios y eso se puede llevar a cabo desde la ternura femenina.

No habría que confundirnos, otorgar absolciones, consagrar no es un atributo de los hombres, es Dios que se vale del Hombre como instrumento. No sé, sin otro afán y entendiendo lo polémico del tema, me parece que si el Creador sólo quisiera herramientas masculinas, no nos habría dotado con los dones inherentes a la actividad sacerdotal. Cuando Dios no quiere, no dota. Dios no quiso que los hombres dieran a luz, no pueden parir, jamás lo podrán hacer. Pero, en mi condición femenina, cada día me topo con la posibilidad de dar consejo, amor, consuelo, compañía.  

Sabrá Dios, hoy hace veinte años la iglesia anglicana abrió sus puertas para dejar entrar a las mujeres a un lugar reservado a los hombres. ¿Que habra pensando el Altísimo desde su trono celestial? No sé, pero me lo imagino sonriendo.

Sacerdocio para las mujeres

El tema no es nada nuevo, la discusión lleva años, muchos años. En general, pensar en que una mujer tome los votos sacerdotales, causa escándalo. Para las católicas, resulta impensable, ese es un privilegio reservado a los hombres. No obsante, no todos los cristianos piensan igual. El 11 de noviembre de 1992, tras veinte polémicos años de intensos debates, el sínodo de la Iglesia Anglicana rompió con más de cuatro siglos de tradición al admitir el sacerdocio de las mujeres. Por supuesto, hubo reacciones.

 Hasta los propios elevaron las cejas. Mil sacerdotes de la Iglesia anglicana consideraron la determinación como un inadmisible alarde de modernidad y amenazaron, antes de emitir su voto, con renunciar e incluso a convertirse al catolicismo en el caso de aprobarse la ordenación de las mujeres en el seno de su iglesia. La Iglesia de Inglaterra se enfrentó al acontecimiento más revolucionario de su historia, desde que su fundador, el separatista Enrique VIII, decidiese romper con la autoridad de la Iglesia de Roma y provocase la escisión de la institución católica en 1530. Su amor por Ana Bolena y su deseo de contraer matrimonio con la que se convertiría en la segunda de sus seis esposas y sus ambiciones dinásticas dividieron a los cristianos.

Hoy, parece que el tema de las mujeres vuelve a causar divisiones. Hoy, la Iglesia católica, cauta, hace un esfuerzo consciente para mantenerse al margen de la decisión de la Iglesia Anglicana de ordenar a mujeres sacerdotes. Pero la  conocida rivalidad entre ambas iglesias no tarda en aflorar. El Vaticano califica la decisión como un grave obstáculo al proceso de reconciliación mantenido con la Iglesia de Inglaterra, que permanece inalterable.

Pasaron poco más de dos años para que el 11 de marzo de 1994, la Iglesia Anglicana volviera  a romper cánones. Treinta y dos mujeres protagonizaron una revolución con su acceso al sacerdocio. A finales de 1994 hay  más de mil son ‘ascendidas’ a sacerdotes y como tales están autorizadas a consagrar el pan y el vino en la eucaristía y a administrar la absolución. En Inglaterra hay cinco millones de católicos, lo que no implica que sean practicantes, poco más de una cuarta parte acude a misa los domingos.

En el 2016, el Papa Francisco declara: “El papa santo Juan Pablo II ha tenido la última palabra clara al respecto y esto sigue en pie”, en respuesta a las preguntas de los periodistas, subrayando que esta regla estará vigente para siempre, refiriéndose al documento de 1994 que estipula que las mujeres nunca podrán participar en el sacerdocio de conformidad con la tradición de la Iglesia. En Estados Unidos, Australia, Canadá y Swazilandia hay movimientos cristianos que ya autorizan la ordenación de mujeres como obispos. Conocido por su habilidad diplomática, Francisco dice ‘Hay muchas otras cosas que las mujeres hacen mejor que los hombres”, en referencia a la así llamada “dimensión femenina de la Iglesia”.

La fortuna de confesarme abiertamente católica prácticamente es que puedo hablar desde el conocimiento de mi ejercicio religioso. Voy a misa los domingos y veo más viejos que jóvenes en misa. Si me fijo con mayor cuidado, puedo contar a menos hombres sentados en las bancas. Hay más mujeres. También, sé que la mies es mucha y los operarios son pocos. Más allá de escándalos —cada sacerdote tendrá que darle cuentas a Dios por sus hechos y actos en su magisterio—, más allá de rivalidades, escisiones, gustos, me parece que un sacerdote está para hablar de amor, para acompañar, para consolar, para dar a conocer a Dios y eso se puede llevar a cabo desde la ternura femenina.

No habría que confundirnos, otorgar absolciones, consagrar no es un atributo de los hombres, es Dios que se vale del Hombre como instrumento. No sé, sin otro afán y entendiendo lo polémico del tema, me parece que si el Creador sólo quisiera herramientas masculinas, no nos habría dotado con los dones inherentes a la actividad sacerdotal. Cuando Dios no quiere, no dota. Dios no quiso que los hombres dieran a luz, no pueden parir, jamás lo podrán hacer. Pero, en mi condición femenina, cada día me topo con la posibilidad de dar consejo, amor, consuelo, compañía.  

Sabrá Dios, hoy hace veinte años la iglesia anglicana abrió sus puertas para dejar entrar a las mujeres a un lugar reservado a los hombres. ¿Que habra pensando el Altísimo desde su trono celestial? No sé, pero me lo imagino sonriendo.

Entre alto voltaje y jeringas

Esta semana hubo otra ejecución. Un mexicano más fue condenado a pena de muerte. No es el único y, tristemente, no será el último, hay una fila que espera una suerte similar. La sentencia de muerte a criminales de alta peligrosidad siempre me ha resultado en algo como un dolor de estómago. Será porque siento que la vida es un don superior y que su inico y  fin no le competen al Hombre. Pero, más allá de eso, el castigo fatal me resulta más un acto de venganza que de justicia.

Responder ante un delito buscando resarcimiento, no es igual que dar a cada uno lo que le corresponde. La justicia es una virtud y el desquite, no. Sentar a un sujeto y darle una descarga de alto voltaje o aplicarle una inyección tiene diferente grado de crueldad. Lo mismo para quien presencia que para quien es objeto de castigo. Castigado y audiencia, porque las ejecuciones tienen público, atienden a un acto de crueldad in extremis, me parece.

Es cruel el verdugo y es cruel para el sentenciado. Es cruel el que observa para verificar el castigo y es cruel para el que atestigua la muerte del familiar. Más allá del delito, –el último que se imputo fue el de violacion–, queda el cuestionamiento de la forma de llegar a la sentencia. Cárdenas Ramírez, el guanajuatense ejecutado en la prision de Wall, Texas el 8 de noviembre, dijo hasta el último momento que el era inocente. ¿Mintió? Sólo él lo supo. Pero, ¿y si dijo la verdad? 

Sé que los delincuentes mienten. Pero también sé que hay chivos expiatorios y que las carceles están llenas de gente que es condenada porque no se les llevó el debido proceso. Entre el alto voltaje y las jeringas debiera haber, por lo menos, un proceso claro que nos lleve a la certeza de que el condenado es verdaderamente culpable. No sucede así la mayor parte de la veces. 

También me parece cruel tener sentado en la silla eléctrica o tendido en la camilla al acusado, parar la ejecución y luego aplicar el castigo horas o días después. Alargar agonías es una rudeza terrible para el condenado y para quienes lo rodean, familiares y víctimas. No sé, la pena de muerte me resulta difícil de digerir. Entiendo que muchos condenados están ahi por sus actos, pero ¿y los que no?

Cumpleaños feliz

Cada cinco de noviembre llega cargado de emociones. Cumplir años es así y la intensidad aumenta con los años. El baúl que contiene los recuerdos se hace más grande y cada año vivido lo engorda más. La tentación que existe cada día de cumpleaños es la de abrir la cerradura del pasado y husmear en lo que había, traer al presente lo que sucedió. Por supuesto, otra posibilidad es mirar al futuro para planear lo que habrá.

Entre ese eje de reflexión andaba cuando mis hijas y mi marido entraron cantando las mañanitas. Pensar en lo rápido que pasó un año más y todo lo que me tocó vivir me lleva a sonreír. El corazón se llena de agradecimiento, pasaron muchas cosas buenas. Abro el cerrojo del baúl y en el balance de lo que entró este año vivido hubo muchas más risas. Las lágrimas me llevan a recordar a mi suegro que partió y nos espera del otro lado. 

¡Abre los regalos!, me dicen mis hijas. Siento miedo de romper las envolturas: ¡pantuflas y Santa Terrsa de Jesús! Abrazos ymás  abrazos. Y tan alta vida espero. Miro al frente, el baúl de recuerdos está lleno de motivos de agradecimiento. El futuro habrá de llegar igual, la mejor manera de predecir el porvenir, es echando un vistazo al pasado. 

Había estado valorando ciertas decisiones que le dieran una vuelta de tuerca importante a la vida, meditando sobre un cambio de rumbo, ¿para qué? Todo va viento en popa, no tiene sentido buscar alternativas,  cuando las cosas van bien. ¿Par qué buscar otros campos si en los que estoy hay flores y frutos? Hay que espolvorear mucha alegria y fertilizar el agradecimiento.

El cumpleaños me lleva a mirar a la que soy y a la que quiero ser. Quiero verme con menos exigencia, con menor severidad. Queiro darme un abrazo grande, cariñoso, ¿indulgente?, amoroso. Como ese que recibí de Carlos a primera hora, lleno de complicidad, o el de Andrea y Dany que llevaba tanta ternura. Rodearme con brazos protectores. 

Por eso, en este día tan lleno de emociones atesorables, miro al Dios de mi vida que para mí se llama Jesús y doy gracias por su generosidad sin límites y por ese amor tan inconmensurable que siempre me ha dado. Con humildad, ofrezco mi frente para recibir todas las bendiciones del cielo. Doblo el cuello para pedir perdón por mis pecados. Abro los brazos para sentir la presencia de los cuatro arcángeles que me custodian, del ejército de ángeles que me protegen, de la muchedumbre de los santos que me aconsejan de la madre María que me arropa. Recibo con emoción la bendición de Dios y me meto a su corazón, que es mi lugar de seguridad.

Con esa certeza quiero vivir y por ello celebro un cumpleaños feliz.

La verosimilitud de un cuento independentista

Había una vez un alcalde que se convirtió en presidente y en promotor de un sueño republicano. Sus palabras eran inspiradoras, su anhelo encendía corazones y logró que las chispas se convirtieran en un fuego abrasador. Pero, la lumbre empezó a llegar a los aparejos y en medio de la ensoñación colectiva, el alcalde despertó a su propia pesadilla. Cinco minutos después de concretar su proyecto, al proclamar la independencia tan largamente acariciada, abrió los ojos a la realidad y tembloroso y con los pelos de punta, hizo sus cálculos y huyó. ¿Se fue a refugiar a una República como la que pregonaba querer? No. Se fue a guarecer a una monarquía. Fin.

Si leyeramos este cuento en un taller de narrativa, lo primero que rechinaria sería la verosimilitud. Un republicano desprecia la monarquía pero se acoge a una corona ajena. Nadie lograría entender al autor que quiso dar un final semejante a una historia tan poco creíble. Mira nada más. Lo sucedido en Cataluña nos hace pensar en que la congruencia no fue tipo de cambio ni moneda corriente en aquellas mentes que de pronto nos resultan ni tan claras ni tan leales.

Puigdemont está en Bruselas, dice que no va a pedir asilo. Entonces, ¿qué hace allá? No tiene el apoyo de Europa. La soledad confunde, el alcalde se convrtio en expresdiente. El líder dejó a sus seguidores, los abandonó. ¿Qué harán ahora con todo ese fuego que se prendió? ¿Quién se queda para sofocar el incendio? Ya hay damnificados, hay gente que se quedó sin empleo, las inversiones se alejan, los turistas se van para otro lado, Europa mira con recelo y el mundo arruga la expresion ante semejante despropósito. ¿Eso querian? No creo. El despertar ha sido muy amargo y doloroso.

El cuento independentista se ha quedado sin su narrador. Los personajes de la historia han sido dejados a su suerte. Una grieta divide a los que se vieron inflamados por el furor de una Cataluña libre –¿de qué o para qué?– y los que no querían ser separados. Entiendo a quienes buscaban librarse de la carga de mantener una casa real, no entiendo la figura de la sangre azul, pero la verosimilitud del proyecto se agrieta al ir a cobijarse a otro manto real.

Me parece que el ejemplo catalán debe despertar al mundo. El argumento de buscar separarse porque daban más de lo que recibían, se cae por su propio peso. No podemos perder los valores que fundan al Hombre como ser social, es decir, hemos de ser solidarios, compasivos, colaborativos, porque si nos gana el egoísmo, la sensación de superioridad y el desprecio estaremos generando incendios que dejan todo chamuscado. 

En este cuento independentista, no ha habido ganadores. Peor, la justicia puede generar cargos de sedición y malversación de fondos. Tal vez ahi esté el nudo de este cuento. 

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