Rompí las suelas de mis zapatos

En uno de los días más satisfactorios de la vida, ayer caminé casi diez kilómetros. ¿A dónde fuiste? Me preguntarán. Anduve caminando en círculos, bueno en cuadrantes para ser exactos, por los pasillos de la FIL de Guadalajara. Vine a transmitir el programa de Radio Por escrito desde el stand del Fondo de Cultura Económica para seguir atrapando lectores y nunca dejarlos ir.

La emoción se verificó al conseguir nuestras acreditaciones. Verlo por escrito toma una dimensión diferente. Es más real. Es tangible. No, las palabras no se las lleva el viento y los sueños sí se hacen realidad. Vinimos a Guadalajara, Juan Carlos Padilla Monroy y yo a perseguir esa ilusión que hace algún tiempo nos parecía uno de esos proyectos que se vislumbran en la lejanía. Ya fue realidad.

El programa fue magnífico, como dijera el gran filósofo Pietrasanta, de alfombra roja y caravana. La hospitalidad de la gente del Fondo de Cultura Económica se agradece por todo lo alto. La iniciativa de Rocío García de Radio Anáhuac la honro porque fue ella la que nos puso en movimiento.

Así, los pasos nos trajeron hasta Guadalajara, las ondas del programa de radio se extendieron, la revista Pretextos literarios por escrito encontró su lugar en la FIL y yo seguí buscando. Caminé y caminé para ver y disfrutar, para dejarme seducir por tantas letras, tanto libro, tanta gente interesante, tanta diversidad y al mismo tiempo tanta convergencia.

Y, por la noche, me di cuenta de que los únicos zapatos que traje conmigo terminaron con las suelas rotas.

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Hace 57 años

Hace cincuenta y siete años, la vida se abrió paso y Dios permitió que su luz se encendiera en mi corazón y mi alma. Nací en el seno de una familia buena y me acogieron con la ilusión con que se recibe al primer bebé de la familia.

Hoy, al contemplar camino que me ha tocado recorrer, quiero contar bendiciones y agradecer. Es cierto que ha habido de todo, me ha tocado perder y ganar, restar y sumar, reír y llorar. Al hacer un corte, el saldo me deja ver que las risas han opacado las lágrimas, que he podido sumar más y restar menos y que en el ajuste entre pedidas y ganancias llego con números positivos.

Ha sido una vida variada, en la diversidad he sentido que el la meta se vuelve borrosa y olvido el propósito. Pero la fuerza de Dios me toma de la mano siempre. Entonces, cuando siento que doy palos de ciego, el camino aparece, la meta se muestra y vuelvo a construir mi pedacito de plenitud.

Ayer, para honrar el agradecimiento, para renovar mis compromisos y para generar energía, hice 108 saludos al sol. Me duele todo y me siento plena. Estoy viva, rodeada del cariño de los míos: de los que son y quieren estar, de los que fueron y me vinieron a acompañar.

La felicidad de saberme acompañada y querida es infinita y quiero que el agradecimiento a tanto amor abarque a todos los que eligen estar conmigo. Ante Carlos, Ann, Dani, a mis papás, mis amigas, mis amigos, mi Dios me inclino con respeto y los honro por estar y ser conmigo.

Gracias.

Muertos

Entre la vida y la muerte están los sentimientos. ¿Sienten los muertos? Yo siento a los muertos. Siento el vacío que dejaron, su ausencia y, algunas veces, también sus presencias.

Siento que hay ocasiones en que se hiela la atmósfera, se me pone la piel chinita y me dan unas absurdas ganas de correr. Sé que están ahí, no los veo, pero lo sé. Me apresuro a encender la luz, respiro profundo, me digo que no hay lógica en extrañarlos tanto y luego sufrir la presencia.

También, hay veces en que los percibo. Están ahí, me acompañan cuando voy en el coche, cuando salgo de casa, cuando trabajo o cuando estoy frente al salón de clases. Están y los advierto. Otras, me doy cuenta, me están protegiendo. Me hacen sentir segura.

Lo peor es el vacío que quiere ganar, la penumbra que confunde, las dimensiones distintas en las que habitamos y la lógica humana que me lleva a dudar. En la incoherencia absoluta puedo creer que no son. Ese titubeo duele, esa sospecha quema, ese temor aniquila. Pero, sí son.

Sí, sí son.

Son.

Son y están.

Incluso, son más que muchos que dicen estar y no están. Son más que todas esas palabras que se dicen y se dispersan con el viento. Nos dan evidencia de las presencias que en este plano de existencia tendieron la mano, dieron consuelo, acompañaron. Porque la presencia de los vivos frente a la muerte importa.

Mis muertos son en mí y en aquel plano de existencia en el que los quiero volver a encontrar. No sé si hay umbrales que conecten el lugar en el que están y en el que soy. Puede ser que mi fantasía me gane o que la lógica haga trampa.

Entre la esperanza y el amor, entre la fe y el corazón quiero, por mi voluntad y mi convicción, abrir ese lugar en el que mis muertos y yo podemos estar hoy, antes de volvernos a reunir.

Virginia Meade

Fueron las letras y las palabras las que unieron nuestros caminos. Aunque sería injusto decir que sólo fue eso. También fueron sus sonrisas, su dulzura, su compromiso y su disposición que siempre supo combinar con esa coquetería y salero que fueron sus dones de vida. Hoy estoy de luto porque Vicky partió a la casa de Dios a escribir en el cielo.

Virginia Meade formó parte de la Mesa de edición de Pretextos literarios por escrito y se integró con gran pasión y entrega a la sección de firmas.Vicky es de esas escritoras que le imprimen a sus renglones sentimientos y emociones tan poderosas que llevan al lector a mundos maravillosos que son fáciles de comprender y con los que nos podemos identificar.

Vicky tuvo la generosidad de escuchar cada uno de los programas de radio que transmitimos. Nos acompañó siempre con fidelidad constante. Con la misma con la que nos mandó sus textos para cada número, con la que asistió a cada conversatorio, con la que dejó sentir los latidos de su corazón en la revista.

Tuve el honor de editar y publicar los textos de Vicky por casi ocho años. En su escritura hubo corrección pero lo que mas hubo fue sensaciones. Sus páginas se llenaban con anécdotas originales, con tramas sorprendentes y daba la impresión de que leer era fácil. Leerla era sencillo porque sus textos salían del alma y le llegaban al corazón de los lectores.

Despido a Vicky y siento el hueco que su ausencia me deja. Tanta pena sólo se compensa con el homenaje que cada escritor merece: leerla.

Grandes grietas

Hay días que te despiertas como cualquier otro. Sabes que vas a recibir un golpe, aunque no tienes la certeza de cuándo ni cómo será. Aprietas los dientes, cierras los ojos, según tú, te preparas. Y, sin importar las prevenciones hechas, el porrazo te da en el alma y se abre una grieta.

El impacto te descoloca, la herida sangra y los efectos son de largo aliento. El hueco es tan grande que sientes que te vas a ir por ahí. No te vas ni se te acaban las lágrimas ni deja de doler. Dicen que te acostumbras al dolor lo mismo que a la ausencia. No lo sé, no lo creo.

Hay hoyos que no se rellenan con nada. Hay ausencias que no se colman con otras presencias. Hay grietas que no se reparan. Te preguntas cómo es posible que la vida siga, que tú estés respirando igual que ayer, que el sol siga girando y que el mar no se detenga.

Es que la grieta es tuya. Es que el mar y el sol sí se detuvieron para ti y no respiras igual que antes. Sigues y seguirás caminando. Recordarás y olvidarás algunas cosas. La vida se acomodará alrededor de la grieta. Por momentos, no podrás asomarte a verla. Llegara el tiempo en que podrás. En que podré.

Esas grietas tan personales conforman identidad. Son tan propias esas ausencias que las provocaron. El misterio de la muerte rasga nuestros velos internos. Así es. Es difícil entender. Es imposible entender a cabalidad.

Se abren grietas, se seguirán abriendo hasta que nosotros mismos formemos nuestro propio hueco. Y, tal vez sea entonces cuando en ese ahuecamiento colectivo, nos encontremos todos y así se cobre sentido.

Mi suegra

Ayer, a la misma hora en la que ella se despertó a diario la mayor parte de su vida para ir a trabajar, mi suegra emprendió el viaje más importante de su vida: fue al encuentro con Dios. Justo a las 5:32 de la mañana del 11de octubre se al a fue a la casa del cielo y su corazón se detuvo.

María Teresa Cetina Chunti fue una mujer excepcional en el sentido más amplio de la palabra. Una mujer fuerte, clara, honesta y determinada que a la vez fue amorosa, sonriente y siempre tuvo buen humor.

Quienes tuvimos el privilegio de tenerla cerca sabemos que fue de una pieza: sólida y sabia. Vivió en plenitud y supo tocarnos para darnos el impulso que nos lleva a ser mejores.

Hermosa, trabajadora, arreglada educó al mejor hombre del mundo, a su único hijo al que amó a carta cabal. Les dio ejemplo a sus nietas de fortaleza, de lucha, franqueza y amor. Vivió en sus términos, Fue una científica destacada, una química que vivió su profesión de la que cosechó grandes frutos. Trabajó en el Hospital 20 de Noviembre más de cincuenta años.

Se enamoró de Enrique y lo transformó con ese toque que ella sabía imprimir a todo y a todos. Amó a mis hijas y las arropó, les dio ejemplo, las llenó de besos, las hizo reír: fuel la mejor. Era inteligente y apasionada. Nos quisimos con ese cariño que fue evolucionando y madurando con el tiempo y se hizo bueno.

Sin ella, tengo un hueco en el corazón tan grande y tan profundo que sólo se llenará con el legado maravilloso que me dejó. Una mujer segura de sí misma, leal a carta cabal, tan inteligente que supo hacer valer sus convicciones y supo aderezar la vida con picardía.

Agradezco a Dios haber gozado el privilegio de tenerla cerca por tantos años. Le pido que este momento, ella esté reunida con sus padres y hermanos que tanto la amaron y que ella tanto amó. Nos reuniremos en el futuro, no tengo duda. Mientras tanto, sólo puedo darle las gracias con todo mi corazón. La quiero y la respeto. La honraré siempre.

La melancolía y la claridad de Michel Houllebecq

Houllebecq, M. [T. Zulaika, J.],(2022) Aniquilación, Anagrama

El nombre de la novela nos anticipa el tema que tratará Michel Hollebecq en la novela: Aniquilación. El autor pone en consonancia el título de la obra con la trama y la emoción regente que quiere transminar en el lector. Con la maestría de la pluma, el escritor logra su cometido. No hay duda, sentiremos el peso de la Aniquilación, la transformación en la nada, el nihilismo cínico, la forma en que se entra en un proceso de conversión inverso al de la creación.   La novela busca un gran significado filosófico: confirma la variedad infinita de las formas y creencias que conviven unas con otras, en forma civilizada, aunque el autor nos deja saber su opinión.

            “La sociedad no podía continuar su curso sobre esas bases”. (p. 107)

            Michel Houllebecq es un autor con fuertes posiciones frente al mundo y que no teme salirse al extrarradio de la incorrección, no le interesa ser políticamente correcto. Se atreve a decir lo que otros, por prudencia, no dirán. Él sí. Ahí su virtud y su cualidad. Ahí también está su crudeza:

“Siempre había visto al mundo como un lugar donde él no debería haber estado, pero que no tenía prisa por abandonar, simplemente porque no conocía otro”.(p. 328)

Aniquilación es una novela que tiene varias capas de análisis: revela un conocimiento claro conocimiento de la materia geopolítica, entra a temas económicos, no le huye a las opiniones sobre las tradiciones religiosas y los pensamientos alimenticios.

“Ya no exisstían, o cuando menos esa era la convicción de Bruno, más que dos mercados del automovil, el de bajo coste y el de alta gama, del mismo modo en que ya sólo había, aunque esto Bruno se abstenía a decirlo… dos clases sociales: los ricos y los pobres”. (p.38)

            Con Aniquilación nos presenta un texto crítico y duro en el que entra de lleno a reflejar una sociedad que por sus usos y costumbres tiende a la soledad, a inclinarse ante deidades novedosas, a perder tradiciones, a alejarse de la belleza de la naturaleza por preferir un mundo metropolitano.

            “La muecas del posicionamiento social dentro del grupo, por ridículas y hasta despreciables que sean, tienen un papel que desempeñar”. (p. 33)

            En esta novela, Houllebecq arremete contra la conformación sociopolítica del mundo, la aceleración social, la frivolidad frente a los temas —desde los elementales como el abandono de una alimentación omnívora hasta el olvido y desprecio de la ciencia por la trascendencia—. La crítica gira en torno al olvido de la comida casera, de la intimidad en la cotidianidad, de la falta de un núcleo familiar al que se renunció por tener una vida más civilizada, más progresista y con más avances.

“La mutación vegana, operada en Prudence desde 2015, en el mismo momento en que la palabra aparecía en el Petit Robert, desataría una guerra alimentaria sin cuartel…”(p.28)

            “El ritmo de crecimiento no era el de un desarrollo exponencial auténtico, es decir, extremo y aún así no dejaba de ser rápido”. (p.33)

            El contexto en el que se desarrolla Aniquilación es un futuro próximo, es el año 2027. El paratexto es un ambiente político, el personaje principal Paul Raison es un asesor que trabaja en el ministerio de Economía y Finanzas y es muy cercano a un probable candidato presidencial. La situación específica del personaje al iniciar la novela es la de un profesional técnico, con una situación matrimonial extraña y lejana y una situación familiar que ppondrá tensión desde las primeras páginas. La novela se divide en seis partes que a su vez están divididas en capítulos. La novela gira en torno a una serie de relaciones personales complejas:

“Paul ignoraba el carácter exacto de los problemas de Bruno con su mujer , pero imaginaba por empatía pura entre hombres occidentales de edad y ambientes comparables, más o menos similares a los suyos”. (p.32)

            Podíamos anticipar que Houllebecq nos llevaría a conforntarnos con los problemas generales en Francia y con los que en partícular a él el molestan y más especialmente los que le agobian. Aniquilación nos muestra con claridad y coherencia a personajes que irán cambiando a lo largo de la novela, que en general, lleva una construcción del tiempo aristotélica, primero pasó esto y después aquello sin saltos de tiempo hacia adelante y hacia atrás.

            En Aniquilación Houllebecq se pregunta sobre la vida: la salud y la enfermedad, del amor y la indiferencia, de la pasión y la lealtad, de la fe y del rito. Se abraza a un estilo muy suyo que se recrudece en esta novela, es una novela política —de tema político-económico—, duro y sentimental, crudo y entrañable.

“La vida humana se compone de una serie de dificultades administrativas y técnicas entrecortadas por problemas médicos”. (p. 225)

“Algunoc convienen que hay que descubrir en la vida cierta forma de dignidad”. (p.329)

            Aniquilación es una novela que permite al lector avanzar, aunque no podemos decir que sea fácil de leer. Houllebecq tiene la habilidad de hacer que el lector muerda el anzuelo y quiera seguir leyendo, a pesar de que sentimos que nos está aniquilando. Hay cierto gozo lector porque la pluma es eficiente al transmitirnos la sensación estética que nos anticipa con el título.

“A esta generación le había seguido otra mediocre,, cínica y abúlica y, ante todo, exigua; a partir de 1935, la cifra de nacimientos en Francia había incluso descendido por debajo de la de fallecimientos”. (p.579)

En 604 páginas toca varios temas y va hasta el fondo en la trama principal, en la que subyace un alegato contra la eutanasia –«la verdadera razón de la eutanasia es que ya no los soportamos», a los viejos–, percibida como una forma de aniquilación. Una campaña electoral para las elecciohnes presidenciales en Francia, una oleada de atentados de autoría enigmática y una profunda crisis de pareja y familiar, una renuncia a los valores tradicionales —desde los alimentarios hasta los de fe—, migración, patriotismo, racisimo, terrorismo, comercio, globalización vertebran el entramado argumental, aunque algunos parecen olvidarsele al autor y tienden a difuminarse en la última parte la obra.

“Las únicas guerras que seguro perdías eran las que no habías tenido el valor de librar”. (p. 494)

No se pierde el carácter provocador y, aunque muestre algunos signos de indulgencia, sobre todo en la figura del protagonista sigue tratando de escandalizar. Porque, en última instancia, ‘Aniquilación’ describe un futuro próximo de contornos cada vez más amenazadores, autodestructivos, en el que el amor preserva su condición de antídoto para restañar nuestra soledad en el mundo y contener el avance del suicidio asistido, que ya trató en ‘El mapa y el territorio’ y en “Sumisión”.

“Es curioso como los reflejos de la sumisión se borran enseguida”. (p.500)

Un mundo, el occidental, sobre el que Houellebecq oficia de vocero amargo para anunciar la desaparición de la clase media, en el que «mucha gente se había vuelto gilipollas: era un fenómeno contemporáneo evidente, indiscutible», y donde la esfera política y la mediática han perdido el poder real frente a la gobernanza europea y los lobbies e internet respectivamente.

            “La sociedad no podía contimuar su curso sobre esas bases”. (p. 107)

La trama nos muestra un panorama que retrata de modo descarnado una Europa decadente convertida en «una provincia lejana, vejentada, depresiva y ligeramente ridícula de los Estados Unidos». Houellebecq sitúa el principio de la trama en puertas del año 2027, cuando se hace viral un enigmático video que recrea la decapitación con guillotina de Bruno Juge, ministro de conomía y Finanzas, con posibilidades para ser candidato a los inminentes comicios, puesto que el presidente (Macron, a todas luces), no puede repetir. Paul Raison, un alto funcionario que se aproxima a la cincuentena y cuya vida matrimonial está rota desde hace diez años, es su asesor. Un tecnócrata, sin amigos, y que cree que la falta de convicciones en política no es un signo de cinismo, sino de madurez.

La difusión del video será el preámbulo virtual de un crescendo, ya real, de atentados primero incruentos – el hundimiento de un portacontenedores chino y el ataque a un banco de semen danés–, acciones con las que Paul en su fuero interno no discrepa si su objetivo es aniquilar «el mundo tal como él lo conocía». Porque un mundo basado en el afán de lucro por encima de cualquier otra motivación humana «se derrumbaría en un colapso gigantesco». Cuando un barco con migrantes es torpedeado en la costa balear con más de 500 muertos, saltan todas las alertas y se suceden las hipótesis sobre su autoría: grupos de ultraizquierda, católicos integristas, satanistas, ecofascistas…

Sin embargo, la vida de Paul –y el relato pormenorizado de sus sueños y pesadillas– lleva meses volcada en la atención a su padre Edouard, un jefe de espías jubilado al que un ictus ha postrado en estado casi vegetativo, y en tratar de recomponer su matrimonio con Prudence, vegana y seguidora de la neorreligión wicca. El reencuentro con sus familiares en una residencia de la campiña de Beaujolais donde el pater familias convalece –y que trae a la mente su conversión en mataderos durante el confinamiento– robustecerá la trama principal de la novela.

Paul se reencuentra con su abnegada hermana Cecile, católica y votante de Le Pen; su hermano Aurelien, que vive un infierno con su esposa Indy, plumilla fracasada y mala malísima de esta novela, y su antónima Madeleine, que cuida de Edouard, sin olvidar a la cuidadora Maryse. Ellos protagonizarán las mejores páginas, con sus encrucijadas afectivas y angustias íntimas que afrontarán –en algún caso, de la forma más radical– desde sentimientos fuertes. Sea el odio puro o el afecto incondicional, que sostendrá al protagonista cuando le diagnostican una grave dolencia.

La mirada crítica y ácida de Michel Houllebecq no soslaya aquello que no le gusta del mundo de hoy. Su crudeza nos toca, nos interpela: ¿es ese el modo que queremos construir, en el que queremos vivir? Claramente, al autor no. Por eso nos presenta un futuro próximo, para empezar a arreglar aquello que nos puede aniquilar.

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El gran Roger Federer

Imaginé que algún día escribiría sobre la forma en la que se despediría Roger Federer y se me arrugaba el corazón. A quienes hemos sido sus seguidores, se nos queda un hueco porque habrá tenistas que logren muchas hazañas, no obstante, no la forma en la que lo hizo este hombre que rompió récords en forma tan elegante.

Pensar en Roger Federer en la cancha es darle una dimensión diferente al deporte. El tenis es un juego de caballerosidad. El estilo de este jugador suizo lo llevó a un plano en el que el señorío se portó con hidalguía. Fue su forma de jugar, de plantarse en la cancha, de agarrar la raqueta, de perder y sobretodo, de ganar.

Eso es lo que se va a extrañar. Vendrán jugadores más rápidos, espectaculares, precisos. Se recordará la perseverancia de Nadal, la intensidad de Djokovic, como se recuerda la potencia de Vilas o la corrección de Bjorn Borg, la personalidad de Agassi, los juegos de Edberg, la sonrisa de Sampras. Pero de el legado de Roger Federer va más allá, fue la combinación de método y gran clase, de procedimiento y elegancia, de carácter y buenos modales.

Eso hace grande a una persona. Roger Federer entendió que más allá de ser un jugador de tenis, él era una personalidad y cuidó con pulcritud su imagen. Jamás se le vio haciendo las patanerías que manchan a muchos jugadores que confunden la cancha con un lavadero de azotea, reclamó con educación si algo no le gustó, aceptó sus derrotas cuando el triunfo no estuvo en su lado de la cancha, elevó los brazos con gloria en la victoria y alabó el esfuerzo de sus oponentes.

He admirado al gran Roger Federer porque ser impecable requiere de voluntad. Es fácil que los vapores de la grandeza obnubilen la razón. Siempre tuvo los pies en la tierra, atento al aquí y ahora y con una estrategia que lo coloca en la inmortalidad. Eso, eso es ser grande.

Pequeñas grietas

Hay días que amanecen como si se tratara de cualquier otro. Lo mismo puede ser un martes que un jueves. Despiertas, abres los ojos, te estiras y antes de poner los pies en el suelo sabes que algo anda mal. No todo, sólo algo. No es una catástrofe, es más bien una molestia que no te deja estar.

Tampoco tardas en descubrirlo. El correo electrónico dejó de funcionar, ya no salen ni recibes nada; un mensaje te avisa que el espacio en la nube ya está lleno y que tus respaldados de seguridad ya no se están haciendo, la licencia del programa que más usas ya venció. No es nada grave, la vida en el planeta corre igual, pero esas pequeñas grietas impiden avanzar y hay que arreglarlo.

Es cierto, se arreglan rápido, pero mientras estas en el proceso sientes que el mundo se te tiene encima. Hay un nudo que se debe deshacer y no siempre queda claro cómo. Hay servicios técnicos muy eficientes, rápidos y amables, como los de Apple. Se encuentran pronto y resuelven rápido. Microsoft es más tardado, pero resuelves. Google es imposible. Por más que buscas, no hay forma de contactar un ser humano. Terminas contratando a un especialista que resuelva y resuelve.

Se llenan las pequeñas grietas y se logra seguir adelante. Pero, por alguna extraña razón, hay un sabor de boca amargo. Se solucionó todo y la normalidad se restableció. Me temo que esas pequeñas grietas me angustian porque me hacen ver lo dependiente que soy de ciertos procesos que si se desajustan, me ponen a temblar.

Mexicanos: ¡Viva México!

Diré con una épica sordina: la Patria es impecable y diamantina.

Suave Patria, Ramón López Velarde

El orgullo de ser mexicana no merma jamás. Siento una satisfacción honda de declararme mexicana. Para muchos, eso puede ser un motivo de sorpresa y, dadas las circunstancias de un mundo global, llegaría a parecer algo anticuado. No importa. Para mí, ser mexicana representa una alegría que se confirma cada que convivo con los símbolos patrios. Me gusta mi bandera, me emociona el himno nacional y siento un profundo respeto por lo que significa un águila real que se encuentra sobre un nopal devorando una serpiente.

            Leer a López Velarde y remitirme a sus palabras “Patria: tu mutilado territorio se viste de percal y de abalorio” se pone en consonancia con el sentimiento de mexicanidad. Darme cuenta de las heridas que trae México no me reduce un ápice ni me menoscaba la alegría mexicana que me corre por las venas. Tengo ojos, eso sí. Puedo ver lo que no está bien y he tenido el privilegio de poderlo expresar desde mi trincera con ese optimismo del que valora lo que no le parece bien y quiere que las cosas mejoren.

            Diría López Velarde que “Suave Patria: tu casa todavía es tan grande, que el tren va por la vía como aguinaldo de juguetería”. Sí, esta nación es ese cuerno de la abundancia que nuestros egoismos aún no han podido achicar. Porque mexicanos habemos de todos: desde los que siguieron el estandarte de la Virgen de Guadalupe y lucharon por darnos patria y libertad —y eso no fue poco— hasta los que miran con ojos adormolados a la península reclamando orígenes de los cuales sentirse parte; están los que se enrollan de la bandera tricolor y se avientan del quicio de la banqueta hasta los que día a día con honestidad llevamos el pan y la sal a los hogares.

            Estamos las que nos amarramos las faldas y vamos con entusiasmo a perseguir el dinerito que hace falta en casa, las que amanecemos echandole ganas y nos vamos a dormir satisfechas por el deber cumplido; las que cuidamos a nuestros hijos y a nuestros viejos; las que formamos a nuestros jóvenes y le damos forma a las nuevas generaciones a las que les vamos a heredar esta tierra que a veces anda triste y otras ya mejor le gana la risa. No el valde el poeta escribió que esta patria vale “por el río de las virtudes de su mujerío”.

            Comparto con López Velarde ese sentimiento del “Trueno del temporal: oigo en tus quejas crujir los esqueletos en parejas; oigo lo que se fue, lo que aún no toco…”, sé que hay cosas que están mal y van a peor, sé que hay quejas que no se atienden, entiendo el pasado que nos antecede y tiendo la mirada al futuro para imaginar un México mejor. Sé que hay muchos que dicen amar a la patria y que aman más sus bolsillos, sé que hay quienes la manchan con sus malhechuras y la pisan con sus bribonadas. Sé que en este mosaico, hay quienes ven a mi país como un territorio peligroso de sangre, balas y fuego.

            Puede que todo eso sea cierto, es verdad. Pero también es irrefutable que México es un territorio de contrastes: arropa y expulsa, da y quita, es luminoso y tenebroso. En su tierra germina la vida, pero si rasamos un poco nos topamos con una fosa común de huesos inidentificados. Hay huecos de balas, de mujeres que han sido asesinadas, de hijos que desaparecieron, de personas que no volvieron. Es indudable que esta suave patria se nos pone áspera, dura y violenta. Nadie podría decir lo contrario frente a la realidad tan tosca.

            No obstante, no podemos dejar de reconocer que esta tierra bendita es un reflejo de nosotros mismos. Somos México por las decisiones que tomamos, por la necedad de tomar un camino errado, por la ingenuidad de nuestras decisiones, por las divisiones que nos hemos dejado imponer. Aunque, más allá de todo eso, somos el México que nos aflora en la piel, al que amamos y por el que vivimos.

Si nuestra suave patria es nuestro reflejo y el poeta tiene razón —y la tiene— seremos fieles a su grandeza. Somos aromas de canela y piloncillo, de chiles y jitomate, de tunas, nopales y frijoles. Esa fidelidad es la que hace que México a pesar de todo y de tanto siga siendo esa superficie de maíz y verde loro, ese lugar de nuestros amores profundos, esa tierra en la que sembramos para que germine nuestro esfuerzo. Por eso: Méxicanos: ¡Viva México!  Y, que así sea.

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