Las tortugas en Costa Rica

Algo que debió ser una experiencia enriquecedora se convirtió en una locura gracias a la falta de respeto de engreídos y narcicistas que con tal de obtener una selfie violentaron un acto de vida. La playa de Ostional, ubicada en el Pacífico de Costa Rica, fue invadida por una orda insensible que fue a ver como cientos de miles de tortugas golfinas salían del mar para depositar sus huevos en la playa. 

Estos selfiadictos y sus delirios por obtener una fotografía para subirla a las redes y ganar un concurso de likes violaron el  espacio vital de las tortugas. Invadieron el santuario que ellas eligiron para preservar su especie e interrumpieron un momento sagrado para, en forma por demás insensible, sacarse una foto. Como verdaderos trogloditas, sentaban a sus hijos sobre los caparazones de las tortugas, se ponían a su lado, las pisaban, posaban mostrando cuerpos atléticos y cerebros del tamaño de un cacahuate, dañaban el momento con sonrisas de plástico y bocas de huarache. Todo para decirle al mundo: estuve ahí.

En el colmo de la estupidez, subieron a las redes socialeslas imagenes que revlean la frivolidad de sus almas y exponen al universo la insensibilidad del corazón. Una orda de malcriados, irrespetuosos cuyo mejor sello es un teléfono inteligente que expone la estupidez humana. Hicieron evidente que mientras más inteligente es su teléfono más idiotas sin sus portadores. No en valde las tortugas les dieron la espalda y regresaron al mar. Los expertos en preservación de la tortuga golfina casi mueren de angustia al ver semejante desastre.

En medio de la conmoción, las tortugas volvieron al mar. Asustadas ante la rebatinga de un grupo de idiotas enagenados por inmortalizarse con una foto cuya eternidad da para tres segundos de fama, las madres decidieron no desovar en la playa y el ritual de anidación se interrumpió por la falta de respeto de quienes han hecho del retrato su llamado de vida. 

El caminar lento y entorpecido de estas golfinas retratan un fenómeno poco halagador. Nos muestran los estragos de una generación utilitaria que es tan ególatra que cree que el mundo les debe toda la atención, que están ciertos de que las cámaras están hechas para captar todo acto exhibicionista que se les ocurra mostrar, así sea una barbaridad, un acto atroz como el que sufrieron estos animales. Así, vemos mascotas metidas en bolsos de marcas de diseñador, elefantes pintados de mil colores, perros subidos a una tabla de surf, gatos adornados con moños… Tortugas que no pudieron ser madres. 

Ver la evidencia de una playa plagada de tarados que han hecho de la selfie su icono y de subir la imagen a un mundo virtual para mostrar una sinrisa que causó tanta angustia me alarma. No se dieron cuenta del daño que hicieron, no se enteraron de la devastación que causaron. En su estupidez y frivolidad, ni  se enteraron  que esas fotos quedarán como demostración de crueldad y salvajismo. Ellos sólo querían una foto. Lo lograron, ahí queda da demostración en una imagen que dice más.

  

La votación catalana

Este fin de semana es importante para Cataluña. Saldrán a votar y, dicen algunos, que irán por la independencia, no quieren ser españoles, los más categóricos afirman que jamás lo han sido. Las autonomías en la península ibérica son complicadas se entender. Hay Historia que las justifica, hay lengua que las diferencia, hay raices que los hacen ser desiguales. Sí. Pero también hay muchos años de convivencia, de comunidad, de cooperación y de vida compartida. Son muchos los que aprecian esa parte del pasado que otros desestiman en automático.

Con mucha atención he leído textos muy apreciables de intelectuales que prefieren ver una Cataluña separada de España. Prefieren irse al buen viento de la libertad aunque este resulte vertigionoso y violento, es más, parece que las advertencias de que esosmaires son adversos y que irán contracorriente los animan más a tomar ese camino. Leo y escucho esos argumentos con mucho fundamento social, con todo el urdimbre de identidad, con una gran pasion que nace desde las venas y empatizo con ellos, sin embargo, sigo sin entender.

Reconocer la identidad catalana es una cosa, buscar la independencia es otra, especialmente por las formas que se están adoptando. A lo lejos, más parece una guerra de enconos entre Rajoy y Mas que un debate por el bienestar de los que habitan Cataluña. La necedad de no acompañar a los catalanes en un plebiscito que mida lo que ahí quieren tiende una cortina de humo que es propicia para intereses oscuros y sinsentidos. 

Las palabras airadas en ambos lados del campo buscan causar efectos sentimentales más que razones. Por un lado Rajoy asusta y amedrenta, apela al miedo; por otro, Mas habla de subordinaciones, de vejaciones y apuesta al orgullo catalán, el que no me apoye es un inculto, un insensible, un dictador. Un debate que debió de darse con un alto nivel de civilidad y análisis objetivo se ha transformado en un pleito de quinto patio en el que los líderes de ambos exremos se agarran a moquetazos abrazados de las banderas que simbolizan sus posturas. Ni rayas ni escudos. Los extremos se separan dando un espectáculo muy pobre, cuando el grito prevalece, falla la razón. Sigo sin encontrar razones sólidas que justifiquen un futuro mejor.

Al preguntar a intelectuales cuál es la ventaja de lograr una Cataluña independiente, el análisis pierde cordura. No hay datos duros, no hay hechos contundentes, hay opiniones, hay puntos de vista, hay pasiones. No hay una evaluación del día siguiente, no responden qué harán fuera de la zona euro ni cómo piensan enfrentar en concierto global al negarse a pagar la deuda que tienen con el Estado Español. ¿Cuál será su moneda? ¿Qué constituye la fortaleza competitiva de ser independientes? No ven riesgos y desde luego, tampoco detectan debilidades. Se pasan por alto las cifras.

Lo cierto es que hay un setenta por ciento de los habitantes de Cataluña que no quieren independizarse de España. Los que sí quieren, se enrollan en el lienzo de barras y dicen que aquellos no son catalanes de cepa, que hay habitantes que no deberían participar en la votación. Los nuevos habitantes no deberían de ser invitados porque son inmigrantes llegados de Andalucía, Extremadura, de África o de más allá del mar. Para ellos, hay ciudadanos que tienen diferente estatus y esos no deben de participar en este banquete. Ese discurso ya causa alarma.

En este concierto de sinsentidos, los ruidos aturden la razón. Ni tantos sustos ni tantas pasiones ayudan a la claridad. Si el dialogo con el actual gobierno español está tan roto, no se puede entrar en la cordura. Si los catalanes quieren otra forma de convivir, es muy válido. Esa voz debe ser escuchada para justipreciar los argumentos y llegar a una decisión razonada, pero no es la única a la que se debe prestar atencion.

Sin duda, este fin de semana será importante en Cataluña. El mundo mirará en esa dirección. ¿Ellos a dónde estarán mirando?

  

Lo que quedamos a deber

Hace treinta años volvió a temblar en la Ciudad de México. El terremoto del veinte de septiembre fue de menor intensidad que el del día anterior, sin embargo, causó más estragos. Han pasado tantos años y los sobrevivientes de esos terribles acontecimientos nos hicimos la promesa de que jamás veríamos a nuestra queridísima ciudad volverse a romper así. 

Ciertamente, los reglamentos de construcción se modificaron, tomaron en cuenta medidas antisísmicas, se modernizaron los procesos constructivos y se incluyeron artefactos que movieran las construcciones al vaivén de las ondas telúricas sin dañar. Lo importante era enumbrar la vida humana y preservarla a toda costa. Se daba relevancia a lo que impidiera volver a buscar a los nuestros entre cascajos.

Pero los recuerdos son débiles y el tiempo implacable. Muchos de los que hoy habitamos la Ciudad de México no vivieron la trágedia. Las promesas se olvidan y los compromisos se postergan. Los muertos ya no tienen voz. Debieran tenerla.

A treinta años de los terremotos de 1985 hemos quedado a deber. El uso de suelo sirve más como caldo de cultivo de corrupción, las licencias de construcción se reparten y se conceden por medio de mordidas, en los espacios en los que estaba prohibido edificar se alzan edificios de muchos niveles. En la Capital de la República se derribaron casas para hacer condominios horizontales, se transformaron terrenos unifamiliares en base para rascacielos con departamentos, centros de negocios, alberca, gimnasio y pisos de estacionamiento. 

¿Por qué olvidamos tan rápido? La autoridad del Gobierno Central saca las manos y señala a los Delegados que a su vez hacen lo mismo. Yo no fui, fue tete, pégale, pégales que ella fue. Y todos salen sonrientes, brincando alegremente de una posición a otra, de un cochupo al que le sigue. En la Ciudad too está prohibido para el que no le alcanza y permitido al que llega la precio. 

Las placas de Cocos y las del Pacífico volverán a chocar, ya lo han hecho. Es verdad, estamos mejor preparados que hace treinta años, sin embargo, hemos quedado a deber. Hemos olvidado que la noche del veinte de septiembre de 1985 hicimos una promesa que no hemos cumplido a cabalidad. No todavía.

  

Motivos para festejar

Por ahí se alzaron voces que fueron elevando el volumen. Fueron como una especie de anticoro, como una respuesta fuera del escenario, sin identidad pero con potencia colectiva. Una masa informe que desde el anonimato exigía que los festejos de septiembre no se llevaran a cabo. 

Como buenos vendedores de espejos, quisieron encandilarnos con sus reflejos. Con sustentos aparente,ente serios pero cimentados en ceniza quisieron hacernos creer que verdaderamente ante el panorama nacional, los mexicanos no teníamos nada que festejar. Se equivocan.

Es verdad, el Presidente de la República tiene niveles de popularidad bajísimos, la primera dama es hermosa y antipática, la sospecha del el velo de la corrupción se tiende sobre la administración de Peña, la investigación sobre las casas del mandatario y del Secretario de Hacienda fue una bufonada, Ayotzinapa es un gran pendiente, la verdad histórica de la PGR es un insulto, lo del Chapo es una burla y los penales de alta seguridad, un centro de recreo. Todo eso es cierto.

Además, dicen con un rumor lastimero que el precio del petróleo bajó, el peso se devualuó, que la impunidad va a la alza, que nos mataron a algunos en Egipto, que no hay a quien irle, que las Chivas están a punto de descender a la segunda división y que Trump los tiene hasta el gorro. A mí también. 

Sin embargo, la mexicanidad trasciende coynuturas políticas y momentos históricos. Este anticoro se confunde, no sabe, no entiende lo que es ser mexicano. Nosotros somos así, alegres. Buscamos cualquier motivo para morirnos de risa y si no lo tenemos, lo inventamos. En medio de las grandes tragedias, nos brotan los chistes, las bromas y cambiamos las lágrimas por las carcajadas. 

El tequila, los chiles en nogada, los tacos dorados, el pozole, la salsa mexicana, los chapulines, los molletes, el pan de dulce, el birote, las jericayas, el arroz con leche, el mariachi, el Huapango de Moncayo, la marimba, el rebozo, el sombrero de charro, Diego Rivera, Ángel Zárraga, Remedios Varo, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, La Malinche, Hernán Cortés, Josefa Ortíz de Dominguez, Allende, Aldama, Iturbide, Hidalgo, son los héroes que nos dieron patria y nos forjan identidad. Todo este conjunto abigarrado de colores, texturas, sabores y sones son más fuertes que un rumor grisáceo sin forma. 

Estos signos que corren en la sangre y se adhieren a la piel son mas grandes que la corte presidencial de cualquier tiempo. Son nuestors más allá de situaciones económicas y condiciones internacionales. 

El anticoro aumenta el volumen y ruge con rabia. No hay que hacerle el caldo gordo al presidente, que. O haya ceremonia del grito, esa fiesta fue un invento de Porfirio Díaz para fetejar su cumpleaños. ¡Bendita ocurrencia! Nos dio pretexto para elevar la cara y gritar con enorme orgullo el gusto por se mexicano.

Porque así como las Barrancas del Cobre, el Caribe Mexicano, las Pirámides de Teotihuacan, La Bahía de Santa Lucía, el Mar de Cortés, Chichenitza, los Voladores de Papantla, El Zócalo capitalino se van a quedar aquí después de esta administración y nos van a quedar mas tiempo que todos los que estamos aquí, así, con el mayor entusiasmo y sólo por eso, con el mejor de los motivos, les dedico una gran trompetilla, les asusto con un espanta suegras, les rompo un cascaron colorido relleno de confeti en ese lomo amargado y grito llena de contento ¡Qué viva México!

El amor por México es motivo suficiente para festejar. No debemos confundirnos.

  

  

Diversiones el Altiplano

Hasta donde yo me quedé, el penal del Altiplano era de alta seguridad. Claro que después de lo del Chapo, las cosas han cambiado mucho. Antes, cuando este penal se llamaba Almoloya, hasta la gente del pueblo se sentía afectada y resentía el nombre: se les relacionaba con el espacio al que iban a dar los delincuentes más malos, los ladrones más codiciosos, los matones más crueles, es decir, lo peor de lo peor. Los mas peligrosos se encerraban ahí. Tanto así, que los habitantes del pueblo se organizaron para solicitar que le cambiaran el nombre y pasó de ser Almoloya al Altiplano. 

Por años nos hicieron creer que ese penal era una fortaleza infranqueable a la que sólo determinados funcionarios tendrían acceso y nos hicieron fantasear en lo que sucedería ahí adentro. Nos imaginábamos una especie de Alcatraz de última generación o de un Sing Sing remasterizado. Pero el Chapo nos destruyó la fantasía y nos avisó que hay puertas más grandes que las de los penales de Jalisco. Fue despedazar el sueño de un búnker como el de la Feme Nikita en México. 

Por si fuera poco y por si no hubiéramos aprendido la lección con Florence Cassez, ahora resulta que esto del entretenimiento le gusta a los funcionarios que deberían estar velando por nuestra seguridad. Me escandalicé cuando vi a Adela Micha con Monte Alejandro Rubido en la supuesta celda del Chapo. Pensé que como este hombre ya se iba, como ya sabía que lo iban a correr, pues se animó a darles más motivos y metió a Televisa hasta la cocina. Pensé que eso no volvería a sucedería jamás.

Ahora me desayuno con que en la primera plana del periódico madrileño El País se revela que ellos también tuvieron acceso a la celda de Joaquín Guzmán Loera. En un reportaje dan cuenta de las condiciones del lugar.  Parece que las puertas del penal de alta seguridad más importante de México resultaron tan grandes y tan abiertas que ahora le damos la bienvenida a cualquiera. En el desastre del sistema penitenciario, tal vez los funcionarios decidieron cambiar de giro, ahora en vez de Penal de Alta Seguridad se imaginan que se trata de una atracción.

Claro, una atracción reservada a unos cuantos. No es para cualquiera, hay que ser una celebridad del mundo del espectáculo para acceder. Pronto veremos fotos de Niurka Marcos o de Paquita la del Barrio posando desde la famosísima celda. ¿Cómo no? ¿Quién no quisiera gozar de estos privilegios? Así se forjan las leyendas, así todos quieren ver el lugar donde vivía Pablo Escobar o el espacio que ocupaba Al Capone. ¿Cómo no publicitar a nuestra propia atracción? 

El Penal del Altiplano se convierte en algo mucho más rentable, es lógico. Si ya probó ser un fiasco como cárcel de alta seguridad, hay que transformarlo en algo que si sirva, en un modelo de negocios que está funcionando, creo que no falta mucho para ser un centro de diversiones. Así, puede que los habitantes de Almoloya quieran regresarle el nombre. ¿O no?

  

Fotógrafos

Siempre he pensado en que el poder del obturador radica en la oportunidad. El ojo atento, la mirada fina y la sensibilidad del que toma una fotografía le dan al mundo, manda con una imagen, lo que a otros nos lleva varias palabras. En ocasiones, esa lámina transforma las percepciones con mayor eficiencia que muchos discursos. 

No, no me refiero a las cientos de miles de selfies que se suben a la red con un afán egolatra, ni las de la comida que inundan el espacio virtual, ni las de viajes que en general, muestran lo hermosos que nos creemos, lo sibaritas que nos decimos y lo felices que demostramos ser. Tampoco a las de los paparazzi que captan a algún famoso en circunstancias no controladas. Me refiero a esas que un fotógrafo capta en cierto momento para enviar un mensaje.

Ver la fotografía de Marilyn Monroe leyendo a James Joyce nos indica mucho más que todo lo que se ha dicho de ella. No hay duda. Ver a Fidel Castro platicando cordialmente con un Papa le saca las turcas de su lugar al más listo. Tampoco me refiero a esas, ni a los paisajes, ni a las que revelan los defectos de ciertas modelos que posaron voluntariamente. No.

Me refiero a esas fotos que incluso han ganado premios prominentes. Pienso en esa fotografía en la que el fotógrafo capta el instante en que un niño es devorado por un león o esas estampas en las que aparecen niños africanos con el vientre abultado por los parásitos que los invaden o esos cadáveres en los campos de guerra o esa mujer que pide limosna afuera de una iglesia o ese niño angustiado que grita y estira los brazos al ser separado de su madre o ese hombre desnudo a punto de ser quemado en leña verde culpable de tener un color distinto de piel. 

Hablo de esas fotos de lágrimas que provocan que el observador sienta un nudo en la garganta. Me refiero a esas imagenes poderosas que conmueven hasta a las piedras y que transmiten un discurso más efectivo que el de cualquier político, intelectual o líder religioso. Aquellas que pueden echar abajo discursos xenófobos, populistas, oportunistas, en fin falsos. Sí, Kodak tenía razón, una imagen vale más que mil palabras, aunque estas sean dichas con el corazón. 

Dice Eduardo Caccia que ciertos fotógrafos provocan con su trabajo exclamaciones o silencios con el que comprendemos cientos de palabras sin pronunciarlas. Al oprimir el obturador, un fotógrafo tiene la capacidad de reunir los sentimientos de un planeta en un instante. 

Sí, sin embargo, a veces me pregunto si ciertas imágenes que conmueven carecen de elementos éticos. ¿No debió ese fotógrafo guardar la cámara y tratar de salvar al niño de ser tragado por un león? ¿No debió de abstenerse ese hombre de fotografiar a ese hombre desnudo en el moude vejación? ¿Qué pasa con el respeto que se le debe al Ser Humano que mira la lente en un momento de aflicción? ¿Nos toca recordar así a esas personas?

No sé. Tengo mis dudas. No estoy segura si la cámara debe salir en cualquier momento, en toda circunstancia y en cada lugar. No lo creo. La fotografía de Aylan Kurdi ha dado la vuelta al mundo. Muchos han opinado y muchas más han hecho consciencia de lo que es el fenómeno migratorio, de la guerra en Siria, del horror humano y de la insensibilidad gracias a esa imagen. Sin embargo, creo que hay fotografías que no se debieron tomar jamás. 

Son más los que vieron la fotografía que los que conocen el nombre de este pequeñito turco de tres años.

En fin, siempre he pensado que el poder del obturador radica en la oportunidad en el ojo atento, la mirada fina y la sensibilidad del que toma una fotografía que le da la vuelta al mundo. En eso precisamente, en la sensibilidad del que dispara. En la sensibilidad. 

  

El Antiguo Colegio de San Ildefonso

El día de ayer, viernes por la tarde, me encaminé con Andrea al Antiguo Colegio de San Ildefonso. Corrí por toda la Ciudad de México, haciendo todos los pendientes del día para estar lista e ir por la tarde al Centro. No fue fácil abigarrar las actividades que generalmente se hacen a lo largo del día, en una mañana. El tránsito pesado no fue mi aliado, pero el cielo sí y por esos misterios que tiene la vida, logré estar lista antes de la hora de la comida.

Mi intención era ver la exposición Lo terreno y lo divino, de arte islámico —magnífica por cierto— y me quedé maravillada por este antiguo colegio jesuita que se ubica humildemente atrás del Museo del Templo Mayor. La sobriedad de la Compañía de Jesús se sigue sintiendo en el recinto que se conserva en extraordinarias condiciones. 

Al traspasar el umbral, hay una magia especial. El tiempo se flexibiliza y el hechizo cobra forma. No es que uno se sienta en el tiempo de la colonia, hay obras modernas que nos hacen evidente que no es la época virreinal, pero si se entra en una dimensión diferente. Hay tanto que ver.

El Generalito, salón de actos solementes, le debe su nombre a las actividades del altísimo rango académico que se llevaban cabo ahí. Tiene el mobiliario de la Antigua Iglesia de San Agustín, el coro del siglo XV, y la galería pictórica. 

La capilla resguarda una pintura barroca con la representación del Nacimiento de Cristo. Es una pieza singular ya que es de las pocas en las que se ve al Señor San José abrazando al Niño Jesús en vez de María. En el centro del lienzo está el Espíritu Santo irradiando luz a la escena y en extremo alto está Dios Padre viendo la escena. Es decir, también es una representación de la Santísima Trinidad. 

El Anfiteatro tiene un mural de Diego Rivera, su primer mural llamado La Creación, en referencia a la creación científica y artística. Una composición con marcada influencia bizantina donde convergen las cualidades estéticas de Rivera y las filosóficas alentadas por el pensamiento de José Vasconcelos.

Los muros de los corredores están decorados por obras de José Clemente Orozco que muestran la crítica sarcástica del autor en la que se plasmaron escenas de la vida cotidiana en México, las diferencias sociales, la guerra de la Revolución y es un panegírico de lo mexicano.

Lo que más me sorpendió fue que siendo viernes el lugar estuviera vacío. Siempre es así, me dijo la señorita de la taquilla, pero los fines de semana hay multitudes aquí adentro. Tuvimos suerte. Sin embargo, lo más sorprendente fue el costo de la entrada, $45.00 pesos, es decir tres dólares. Los estudiantes y profesores pagamos $22.00, es decir, poco menos de dos euros y medio.

Un espacio de clase mundial, un recinto muy superior a otros por los que he pagado diez veces más. Y, El Antiguo Colegio de San Ildefonso que recibe a visitantes, propios y extraños, sigue la austeridad jesuita. Sin embargo, al igual que la Compañía de Jesús, la sencillez entra hondo y deja una experiencia que llega al alma. 

Iba a ver una exposición y salí encantada por las sorpresas que alberga El Antiguo Colegio de San Ildefonso, hermoso lugar ubicado en la calle de Justo Sierra. Una visita por demás interesante.

  

Muchas preguntas, malas respuestas

El caso Ayotzinapa me genera muchas preguntas que tienen malas respuestas. Ahora, después de informe internacional, son cada vez más las dudas y las evidencias de las malas respuestas.  Desde un principio, no me queda claro qué estaban haciendo estos estudiantes tan lejos de su casa, tampoco entiendo las razones de su muerte. Sé que a estas alturas es políticamente incorrecto recordar que estos muchachos no andaban rezando el rosario, andaban secuestrando camiones. Pero, la verdad lisa y llana es que eso hacían. ¿Por qué la correcion le gana la carrera a la verdad? ¿Cuál verdad? ¿Por qué todos ven tan normal que jóvenes anden robando autobuses y quemándolos? 
Se tiende una nube de humo sobre la forma crónologica en que sucedieron los hechos, imagino que se quiere proteger a alguien y me figuro que ese alguien es el ejército. ¿No habría sido más fácil justificar una acción violenta revelando lo que estos chicos estaban provocando? Desde ese simple hecho, explicar claramente por qué estos normalistas dejaron Ayotzinapa para ir a Iguala, hay mucha turbiedad. ¿Qué andaban haciendo tan lejos? Más aún, ¿por qué los mataron?, ¿los mataron?, ¿qué pasó en realidad?
Tampoco entiendo como la izquierda, léase PRD y Morena, ahora tienen la piel tan delgada y reclaman el esclarecimiento del caso, cuando estos partidos eran uno mismo al llevar a la Presidencia Municipl de Iguala al principal implicado. Ni hablar de Ángel Aguirre, gobernador en funciones en los tiempos del desaguisado. ¿Cómo se atreven? Le endosan el problema que ellos generaron al gobierno federal, gritan en contra del presidente, se lavan las manos y se olvidan de su parte de responsabilidad. No hay que olvidar que Andrés Manuel López Obrador dio el espaldarazo al Alcalde de Ayotzinapa y hay evidencia gráfica que lo confirma. Decir que él se toma fotos con mucha gente no es pretexto. ¿Entonces? Nos enfrentamos a malas respuestas.
Peores respuestas dió la Procuraduría General de la República. Atraen el caso, pudiendo haber dejado a la autoridad estatal que se hiciera bolas y se evidenciará esa y muchas más de sus ineficiencias, ese y muchos más de sus cochupos. Pero en vez de lucirse y embarrarle en la cara el barro de la ineficiencia, son ellos los que quedan embarrados. Un soberbio Murillo Karam sale a dar una explicación terrible, manchada de rojo y, según los científicos, inverosímil. ¿Por qué lo hizo? Cierra el caso decretando que esa es la verdad histórica, se confunde de tiempos y piensa que su voz es ley. Abusa retando la inteligencia del pueblo. ¿Para qué?, ¿imaginó que dando carpetazo al asunto todo quedaría olvidado? Peores respuestas. La administración de Peña sigue sin darse cuenta de la dignidad de callarse y guardar silencio cuando no hay algo bueno que decir.
En la búsqueda de estos muchachos, nos enteramos que el subsuelo mexicano es una inmensa fosa común. La peor de las preguntas sigue sin respuesta. ¿Quiénes son todas esas personas? ¿Qué les pasó? ¿Cómo se llaman? ¿Qué hicieron para que los mataran y terminaran enterrados sin nombre? ¿Por que nadie habla de ellos?

¿Por qué nos mienten?

En medio del escándalo, en un escenario en el que nadie sabe y nadie supo, hay muchas preguntas que nadie quiere contestar y cuando lo hacen, dan muy malas respuestas.

  
  

A los españoles (la respuesta de Artur Mas)

La semana pasada, el períodico El País publicó una carta en al que Felipe González se dirigía a los catalanes y los llamaba a la relfexión con respecto al peligro que, desde su punto de vista, pone en riesgo la convivencia entre españoles y catalanes. Faltaba más, en el panorama se cierne la intención de que Cataluña se independice de España. En una relación, no hay amenaza más grande que una ruptura. Lo escrito por el expresidente es una pieza que será un referente de estudio para las siguientes generaciones, sea cual sea el giro que de esta historia. En lo impecable que es ese diario, se publica, a una semana de distancia, la respuesta de Artur Mas, presidente de la Generalitat y prinicpal impulsor del movimiento independentista, y la titula: A los españoles.

Digo que El País es impecable y respetuoso, dejó el texto intocado, no corrigió ni las faltas gramaticales, ni las fallas de puntuación. Respetó el estilo. Si la pieza del expresidente español es pulcra, correcta e intachable y refleja la reflexión de quien eleva la pluma, la de Mas parece un toque al botepronto. El incio de la de González da una introducción, tiene la cortesia de presentar a lectores no doctos el tema y una justificación del porque de su pensamiento. Tiene un cuidado extremo para sus destinatarios y va subiendo el tono en forma gradual y mesurada. Pregunta los beneficios que traerá esta independencia y da los argumentos para no estar de acuerdo con ese destino.

La de Mas comienza in media res, le da lo mismo si el lector sabe de la turbulencia o no. Se va a críticar, pegando duro y a la cabeza y sutileza del lenguaje es lo de menos “Para dar lecciones de democracia a los catalanes hay que tener mucha audacia”.  Y, de inmediato comienzan los golpes bajos” hay que ser muy poco responsable, tamaña provocación indica hasta qué punto hemos llegado”. Un lector que no esté involucrado en el tema, al leer estos renglones, tendrá varias preguntas que hacer. Es verdad, la carta va dirigida a los españoles, sin embargo, parece que es una respuesta airada a Felipe González.

“Catalunya ha amado a España”  dice , para luego reclamar una falta de reciprocidad, solidaridad y fraternidad. Continúa diciendo que “Catalunya a resistido tenzmente dictaduras” —¿y Castilla, La Mancha, Aragón, Andalucía, El País Vasco, Galicia, Asturias… no?— Sitúa a los catalanes en una posición poco digna, que no creo que a sus compatriotas les guste, de víctimas que estiran la mano. “Catalunya ha amado sin ser amada, ha ayudado a pesar de no ser ayudada, ha dado mucho y ha recibido poco o nada, si acaso migajas cuando no el menosprecio de gobernantes y gobiernos.” A lo lejos, con la distancia de los océanos, con la mirada que no se contamina del prejuicio, las palabras de Mas no son las de un dignatario. No hay decoro ni encuentro pundonor en responder así.

Mas olvida la condición de Cataluña, de la propia Barcelona hace unos cuantos años, y con él muchos ya no ven esa misma ciudad oscura, vieja, atrasada que Carmen Laforet describe en Nada. Es dificil pensar que la hermosa Ciudad Condal, tan moderna y disfrutable, fue un lugar inhóspito que expulsó a muchos que se hicieron a la mar para probar fortuna. Olvidan. En un acto de soberbia, Mas piensa que ellos solos, por sus propios méritos, sin ayuda alguna orquestaron esa transformación. No. Europa los impulsó, como lo hizo con Lisboa, con Oporto, con Dublín. Sí, los catalanes han hecho de su capital una joya, ni hablar.

Artur Mas dice que ” el problema no es España, es el Estado español que nos rrata como súbditos”. Pues sí, hasta donde me quedé España es una monarquía, y trata como súbditos a todos los territorios que se subordinan a la Corona, igual que todos los demás. Dicho esto, y a tantos kilómetros, debo de admitir que ciertamente Mas tiene un punto, los catalanes siempre han sido republicanos, ahí coincido. Sigo pensando que los reyes, reinas y demás miembros de la corte tienen la sangre tan roja como cualquier catalán, como yo, y que ningún decreto de un monarca le cambia el color al torrente sanguíneo, ni hay nombramiento que sirva de anilina para hacerla azul. Ni hablar, lleva razón.

Sin embargo, esas no son formas. En el colmo de la victimización, Mas lanza una recriminación: “ Somos pueblos hermanos pero es imposible vivir juntos sufriendo insultos, malos tratos y amenazas cuando pedimos democracia y que se respete nuestra dignidad” . El buen juez por su casa empieza. Esas son las últimas palabras de su carta. Así cierra el texto.

Por ningún lado leí una justificación formal de  porque Cataluña se debe independizar. No hay un pliego que describa las ventajas de la independencia ni una lista de como esto va a mejorar la vida de la gente que ahí  vive. Nada. La aventura independentista parece una intoxicación de pasado que nubla la objetividad y clausura las vías al análisis. Entiendo que Rajoy jugó su parte y que la necedad de cerrar la puerta para pedir opinión a los interesados ha levantado ámpula. Sí, pero eso es una cosa y otra es entender cómo mejorarán las vidas de los catalanes sin España. Sigo sin ver como.

Por lo menos, Felipe González enumeró las amenazas que ve en el horizonte y expresó sus razones. Tuvo la atencion de dirigirse a quien envió su escrito con respeto y cuidado.  Mas se puso los guantes de box, se subió al ring y en vez de dar la pelea se puso a sollozar. Perdió de vista que le escribió a los españoles, a quienes olvidó desde el primer renglón. Dio palos de ciego. No se acerco, ni de chiste, a la estatura de las palabras de González. No dio el debate de altura que los catalanes merecen ni se tomó la molestia de convencer con ideas sustentadas en cifras. Dicen por allá que asuntos que no se cuentan, son puros cuentos. ¿Será?

  

Caminar con adolescentes

Hoy en la mañana caminé por el camellón del Paseo de la Reforma. La sensación de la arcilla en la suela de los zapatos, el rechinido de los zapatos con la tierra, los charcos que evidencian la tormenta del día anterior,  el barro tan resbaloso y el aroma a ciudad se mezclaron con la sensación de caminar con adolescentes.

Mientras avanzabamos por el tramo comprendido entre el Museo de Antropología y la calle de Arquímedes, ellas fijaban su atención en cosas realmente sorprendentes. No se dejaban impresionar por el pasado, ni se transportaban a los paseos de la Emperatriz, ni a las pretensiones juaristas, ni a los destellos populistas que quieren elevarse por los cielos de las tendencias mercadológicas para transformar una ciudad en marca. 

Ellas detenían la mirada en el jardinero que llenaba de flores el camellón, en la señora que empujaba el carrito de la basura, en la exposición fotográfica que cuelga de las rejas del Bosque de Chapultepec, En los patos que nadan en el lago o en la muestra escultórica. No todo les complacía, de hecho, para sorpresa mía, emitían juicios críticos sustentados. No entregaban su agrado facilmente. 

Apreciaban.

Determinaban de manera precisa el valor estético de las piezas, estimaban el valor artístico del autor, valoraban la forma en que las obras estaban expuestas y fotografiaban lo que les parecía mejor. Caminar con adolescentes resulta refrescante. Enciende la esperanza. El eterno lugar común que muestra el desastre de la juventud se contradice y se desmaterializa al caminar al lado de ellas.

Entonces la que evoca soy yo. Todos los Maximilianos, las Carlotas, las Margaritas, los Bénitos, las tendencias conservadoras y liberales habitaron los recuerdos colectivos.  El giro de la rueda del tiempo es impercetible. Es inexorable. Ellas se quedan mirando cosas que yo no vería, descubriendo puntos que yo pasaría por alto, descorriendo un telón hacia el futuro que se ve tan lejos cuando, en realidad, se nos viene encima.  

Caminar con adolescentes ayuda a poner la mente en blanco para llenarla de nuevas visiones. De vez en cuando, es bueno guardar silencio y escucharlas. Así, logro ver lo que se esconde detras de esas caritas. Me doy cuenta que su punto de vista es sorprendente. Descubro que  lo que atesoran en ese espacio tan indómito e inaccesible es maravilloso.

  

Anteriores Entradas antiguas

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: