La ola populista

Como si se tratara del mar, la política mundial ha padecido el regreso de la ola populista. Como si la Humanidad no tuviera memoria y cerebro, las promesas incumplibles se escuchan y los incautos caen abrazados por la esperanza. Los populistas de hoy atizan el fuego a base de miedo y odio. Enseñan los dientes y buscan modos de separar, de fijar fronteras, de señalar al diferente, de golpear al migrante, de distanciar a las familias y para ello, se proponen como la mejor opción.

Dicen ser quienes enjugarán las lágrimas, compondrán al mundo, salvarán la situación pero no revelan cómo. El electorado olvidadizo y distraído, esperanzado y enfadado por los problemas de la cotidianidad brinca ante la posibilidad de un cambio. Obnubilados por palabras pegajosas se dejan encantar por el sonido de una flauta mágica y siguen al flautista que los llevará al matadero.

Pasa en todos lados. Sucedió en Cataluña donde se incendió el nacionalismo a ultranza mientras los activistas se llenaban los bolsillos de billetes. Al mismo tiempo que se llenaban la boca de motivos para independizarse de España, se dejaba de ver el panorama de lo que sucedería un día después de declararse independientes. En Escocia hubo mayor prudencia, hubo análisis. En Inglaterra, el plan no contemplaba pagar deudas adquiridas con Europa. La lengua populista prometió una Gran Bretaña aparte y no se percató de las consecuencias de quedarse aislados. Theresa May dijo que propondría un proceso rápido sin darse cuenta que en un divorcio todos pierden, nunca se hicieron cuentas sobre las pérdidas por lo que es imposible que se hiciera un análisis contra las posibles ganancias y ahí tenemos los resultados. No en balde la señora May se ve tan despeinada últimamente.

El problema con los populistas es que creen que ellos son los que ponene las condiciones, que son los magos que agitarán la varita para que todo se solucione y chocan con la realidad que los rompe a cachitos. Se olvidan que tienen una contraparte y que se tiene que sentar a negociar. No saben hacerlo. Les gana la soberbia. 

El momento de la verdad  del populismo llega cuando se les pregunta cómo y no responden o peor aún, cuando dicen que la mafia en el poder es la culpable de todo. No se hacen cargo de sus promesas, no pueden. La incapacidad se mezcla con la irresponsabilidad y los gobernados entran a un infierno peor que del que estaban huyendo. Escuchar a Maduro es situarse en el ciclo más profundo que sirve de mejor ejemplo. Trump no es tan diferente, lo que salva a los Estados Unidos del ganso que tienen en la Casa Blanca son las instituciones.

Pero, ¿qué necesidad? La ola populista nos avienta a sujetos impresentables que como encantadores de serpientes, hechizan y venden espejitos a cambio de oro. Luego, los propios electores ya ni saben qué hacer con ellos y se preguntan cuándo los sacarán de ahí. Como si se tratara del mar, la ola populista amenaza con un tsunami. La bandera está en rojo. 

Pero, para no caer en lo criticado, para no atizar el miedo, tengo una propuesta. Escuchemos. Pongamos atención. Analicemos. Veamos la factibilidad de las propuestas, el origen de las denuncias y cuestionémonos ¿eso que me proponen está sustentado en buenos valores o no? El odio, el miedo y las barreras no parecen serlo.

La propuesta moderna de Macron

El candidato Emmanuel Macron de En marche! tiene una propuesta moderna que puede llevarlo a la presidencia de Francia. Este aire fresco y diferente le ha granjeado la simpatía del electorado que empieza a ver la Marine Le Pen como una mujer con ideas anticuadas, retrogradas y que pierde brillo a cada segundo.

La candidata de la derecha propone un escenario separatista, chovinista que le pega al lema francés que sostiene como valores fundacionales: egalité, fraternité et solodarité. No parece que las propuestas de la señora Le Pen promuevan la igualdad ni busquen la fraternidad ni persigan la solidaridad, más bien, todo lo contrario. La abogada Le Pen arrastra un bajage pesado que la asocia con la intoleracia, se le conoce internacionalmente como la pesadilla francesa y parece una mujer que le gusta atizar al fuego del miedo para ganar votos.

Emmanuel Macron es un hombre singular. No viene de las fuerzas políticas tradicionales, es un ex banquero, ex asociado de la firma Rothchild &Cie., asesor de François Hollanda, es ministro. Un hombre fresco que se mueve con soltura en un mundo acartonado. Habla de temas candantes y tiene propuestas concretas. Enfrenta la crítica con gallardía y hace vida sus compromisos.

Le dijo a su maestra de literatura que volvería por ella para casarse y cumplió. Regresó a proponerle matrimonio a Brigitte Trogneaux una mujer veinticinco años más grande que él. Responde de frente a los rumores que lo implican en una relación homosexual con el director de Radio France, Mathieu Gallet y en forma elegante dijo que tal vez su holograma se había escapado. 

Habla en forma directa. Si la señora Le Pen le dice que él no tiene derecho a hablar del futuro porque no tiene hijos, el responde que la paternidad que brota del corazón es más importante que la que imponen los genes. A las pruebas se remite, Macron tiene una vida familiar íntima y cercana. Habla de sus nietos con amor, aunque por edad biológica podrían ser sus hijos. Los hijos de su mujer le son cercanos y lo apoyan y su esposa es una mujer activa que participa como asesora principal de su marido.

Lo critican por ser un hombre de izquierda con ideas de derecha, por abogar en pro de familias con padres del mismo sexo, por apoyar la fertilización in vitro a mujeres lesbianas y por tener la mente abierta a nuevos modelos familiares. Él pone ejemplo. Más que las iniciativas para reducir las posiciones en el Parlamento o por darle fuerza a los diputados, los franceses se sienten seducidos por un hombre que sustenta su modernidad en valores entrañables en Francia: igualdad, fraternidad y solidaridad.

#TodossomosReynosa

La alerta roja se enciende. Las sirenas se escuchan. Las torretas se prenden. El transporte público se suspende. Las calles quedan desiertas. La ciudad tiembla. La gente detiene la cotidianidad. Hay peligro. Reynosa deja su actividad vibrante y pone la vida en pausa. ¿Por cuánto tiempo? La violencia deposita terror. 

¿Qué sentirías si todos los días amaneces con la zozobra de que una bala de alcance a ti o a tu familia? La posibilidad de salir a la calle y encontrarte en medio de fuego cruzado, de repente, mientras vas al pan o a la farmacia es real. La probabilidad de que alguien, a quien conoces y quieres, caiga abatido por una bala sin deberla ni temerla, es altísima si vives en Reynosa. 

La Presidenta Municipal de Reynosa levanta la mano para pedir ayuda, el Gobernador de Tamaulipas busca el apoyo del Gobierno Federal, los mexicanos interrumpimos la respiración. Sabemos lo que está sucediendo ahí, ya habiamos visto esta historia. ¿Cómo es posible que la memoria diera para tan poco? Apenas elevabamos los ojos al cielo para agradecer que Ciudad Juárez estaba en calma cuando en Reynosa truenan balazos como si fueran fuegos artificiales.

La tentación de mirar para otro lado se nos quita. Volvemos la mirada a Puebla, tan chula y tan linda, para enterarnos que los huachicoleros ya la hicieron tierra de nadie. Le enseñan los dientes a la policia, agarran a pedradas a los militares y por si las moscas, usan a los niños como escudos humanos  para protegerse y seguir delinquiendo.

En Guerrero los tequileros asustan a la gente de bien, en Baja California los balazos truenan como en el viejo oeste, los expertos dicen que México vive una guerra de baja intensidad y, al ver las armas que se apuntan a la población civil, la apreciación me parece que está mal calibrada. Cualquier día, aparecen cadáveres colgados de una cuerda en un bajo puente o apilados en la cuneta de la carretera o metidos en la cajuela de un auto. Matan periodistas y escribir se convierte en un oficio peligroso. Se nos va la vida en ello. 

Lo curioso es que perdemos la capacidad de asombro. Lo triste es que ya nada nos conmueve. Lo lamentable es que olvidamos. Todos debiéramos ser Reynosa. Todos debiéramos ser solidarios con los que tienen miedo. El gobernador de Tamaulipas recorre las colonias más peligrosas para demostrar que no hay que temer y la Presidenta Municipal se queja de no tener ni un chipote chillón para defenderse. ¿Quién podrá defendernos?

No hay discursos que alcancen, ni políticos que resuelvan. Nos quedamos solos, encerrados en un cuarto sucio y con la puerta atrancada por fuera. No hay alternativa: o limpiamos nosotros o nadie lo va ha hacer. #todossomosreynosa debe ser un llamado a la reflexión. ¿Qué puedo hacer? Si veo el problema a la distancia, no puedo hacer nada. Está tan lejos y es tan grande que me desborda. Pero si limpio lo que me toca, entonces sí tengo capacidad. 

Si mis posibilidades son limitadas e ínfimas frente al problema de México, no importa. Si no empiezo a poner la basura en su lugar, seguiré viviendo entre la suciedad pestilente que me desagrada. Es mi obligación y mi prerrogativa hacerme responsable de lo que me toca, independientemente de lo que hagan los demás. Si el Presidente es incapaz o eficiente, si los Gobernadores son rateros o son honestos, si los Delegados son cínicos o son honorables, es algo que no incide en mi conducta. 

Si quiero que #todossomosreynosa sea real, tengo que poner mi propia basura en su lugar. Así que. La tolerancia cero empieza en primera persona y la congruencia es la moneda de cambio con la que se debe dar el primer paso. 

Veinte minutos 

¿Para qué te alcanzan veinte minutos? Si Gardel dice que veinte años no es nada, imaginen cuando se convierten en minutos. Pero, no debemos olvidar que el tiempo es elástico, una llamada de veinte minutos puede ser eterna si es un jefe regañando a un subordinado o efímera si es entre un par de enamorados. Una cirugia de veinte minutos es vertigionosa para el medico mientras es una eternidad para el familiar que espera. Veinte minutos significan un suspiro para el suertudo que salió con la guapa cuando para ella puede ser una perpetuidad estar con el tipo más aburrido.  

Pero veinte minutos pueden ser ambas cosas al mismo tiempo: pueden valer una inmensidad y transucrrir fugaces. El pasado domingo se abrió el muro que divide a la ciudad de San Diego de la coudad de Tijuana por veinte minutos. La gente fue tomando turnos de seis a siete minutos para encontrarse con familiares de los que han estado separados por años. ¿Qué alcanzas a decir en seis o en tres minutos? Se podrá sentir algo o se adormece el cuerpo. Se agolpan las palabras, se hace moño la lengua o con decir te quiero, te extraño basta. 

Los agentes vigilaban a las personas que estaban a cada lado de la línea fronteriza mientras los brazos se extendían y la gente se abrazaba. Cuidaban que los pies no se pasaran de la raya, no fuera a ser que lo mexicano entrara a lo estadounidense ¿o viceversa? Seis familias sin papeles en Estados Unidos fueron autorizadas para reunirse brevemente con sus familiares. ¿Será largo o corto un abrazo de tres minutos? La gente tuvo que interpretar todo lo que años de separación contienen. 

En tres minutos alcanzas a preguntar ¿cómo estas? Pero no te da tiempo de responder. Madres e hijos, familias acompañadas por autoridades y reporteros que no pararon de tomar fotos. Un espacio limitado, obturadores, lentes oscuros, manfas cortas, emociones y el tic tac que sólo permite unas cuantas palabras. 

 

TED y el Papa Francisco

Una vez más, el Papa Francisco da una lección de proximidad. Toma el micrófono en un entorno en el que no estamos acostumbrados a ver a un Pontífice, pero a este jerarca de la Iglesia Católica le gusta innovar. Aceptó la invitación de TED, una organización sin fines de lucro cuya misión es dar a conocer ideas que valen la pena, para dar una plática. Como él lo sabe hacer, como si  estuviera dando un sermón a los feligreses de su parroquia en un tono amoroso y muy consciente del impacto de sus palabras, el Papa se dirige a la cámara sentado en un escritorio sencillo, hasta pequeño y habla.

Las palabras fueron elegidas con el cuidado que un relojero tiene al arreglar una joya de precisión, son sencillas pero bien estructuradas, tienen la intención de calar hondo, son como la punta de una fecha que se abre paso en el barullo mundial y llegan a su destino. Eligió el título El futuro eres tú para su conferencia y basado en la parábola del Buen Samaritano abordó tres ejes temáticos: la interconexión y la esperanza, la humildad y la ternuna. La charla está dirigida a jóvenes pero tiene una intención de amplio espectro y es recomendable incluso a quienes no abrazan la fe católica. 

En su conferencia, que más bien parece una plática de un hombre sabio que domina el,tema que está abordando, Francisco dijo que la innovación científica y tecnológica están  bien, pero no cuando nos ciega ante el sufrimiento de las personas que se sientan junto a nosotros en el metro. “Qué maravilloso sería, mientras descubrimos planetas lejanos, volver a descubrir las necesidades de los hermanos y hermanas que orbitan alrededor de nosotros”, dijo. ¿Quién es el prójimo?, nos plantea. “Los caminos de la gente están plagados de sufrimiento, ya que todo se centra en el dinero, y en las cosas, en lugar de las personas”. Todo lo que se necesita es una persona que se detenga y ayude, para cambiar la vida de las personas que nos rodean. “Una sola persona es suficiente para que la esperanza exista, y esa persona puedes ser tú”. Concuerdo con el Santo Padre. Si la interconexión me priva de la convivencia, una pantalla me ciega y me impide ver al otro, me provoco soledad. Basta alguien que eleve la mirada y vea al otro. La incitación es fuerte: podemos ser nosotros.

En segundo lugar, el Papa Francisco aborda el tema de la humildad. La humildad comienza cuando tenemos la generosidad de transformar el “tú en nosotros”, cuando somos capaces de dejar el egoísmo a un lado empezamos una revolución que enciende la chispa de ayuda. Entonces, vemos con otros ojos al prójimo. Me maravilla la forma en que el Santo Padre simplifica las teorías económicas y llega a la conclusión que tantos economistas han planteado. El Papa propone centrarnos en lo que tenemos cerca, tender la mano a quien está próximo. La preocupación por los grandes temas tiende a disolverse, se pierde en la inmensidad de  lo que no podemos manejar, en cambio, se vuelve algo concreto cuando nuestros esfuerzos se quedan en nuestro entorno, cuando quien recibe mi ayuda tiene un nombre y un apellido que conocemos.

El último tema que aborda el Papa Francisco es la ternura. Con ese acento en la mirada, con la transparencia que materializa las palabras y nos hace confiar en quien las pronuncia, el Santo Padre nos invita. “La ternura significa usar nuestros ojos para ver a los demás, nuestros oídos para escuchar al otro, para escuchar a los niños, a los pobres, a los que tienen miedo del futuro”. Usa palabras que llegan al meollo del asunto de la actualidad, tenemos miedo y nos sentimos solos. Y, profundiza:  “Para escuchar también el grito silencioso de nuestro planeta, de nuestra Tierra enferma y contaminada. La ternura significa usar nuestras manos y nuestro corazón para confortar al otro, para cuidar de los necesitados”. Hace una precisión magnífica: “La ternura no es para los débiles,  hay que tener fuerza espiritual y emocional para identificarse y actuar en nombre de los más necesitados. Por favor, permítanme decirlo alto y claro: cuanto más poderoso eres, más impacto tendrán tus acciones en la gente, más responsable eres para actuar humildemente .Si no lo haces, tu poder te arruinará, y arruinará al otro”.

Me hubiera gustado que el Papa Francisco hubiera elegido hablar en español en esta charla de TED, ya que es el idioma en el que la mayoría de sus feligreses habla, o en inglés que es el nuevo esperanto y en el que una buena porción de los que no están afiliados a la Iglesia Católica se comunican y que usan los científicos, académicos e innovadores. Pero, eligió hablar en italiano, lo cual me hace sospechar que la audiencia a la que se dirige es universal, sí no hay duda, pero que tiene un sello espacífico, le habla a quienes, como él, habitan en el Vaticano. 

El que tenga oidos…

https://www.youtube.com/watch?v=vEZpf6wkFQc

Las palabras de una presidencia estadounidense

Amy Davidson, de The New Yorker, nos platea una pregunta interesante: ¿Por qué invertimos tanto tiempo en hacer coincidir lo que dice Donald Trump con la realidad? El hombre empezó una guerra muy particular desde que decidió recorrer el camino de la política, se enemistó con sus propias palabras y batalla contra ellas todos los días. A un compás alocado hoy dice y mañana se desdice, plantea fantasías imposibles de lograr, sueña con mundos de ficción en el que la única coincidencia es la pobreza de lenguaje con la poca factibilidad de sus planes. No obstante, nos preocupamos pues se trata del Presidente de los Estados Unidos.

Cuando el señor Trump empezó a caminar rumbo a la Casa Blanca, los pronósticos eran que jamás llegaría precisamente por esta forma descoordinada y francamente brusca de actuar. Pero, nos equivocamos y se equivocaron. Nosotros con nuestras predicciones y los electores al poner ahí a un hombre que dice haber bombardeado Siria por consejo de su hija. Por suerte, la grandeza de Estados Unidos se sustenta en sus instituciones y la herencia del pasado sirve de freno de mano a un sujeto descolocado que creyó ser rey y no presidente. Confunde conceptos, no hay duda. 

Según el planteamiento de Amy Davidson, cualquiera que sea su fuente de locura, desde la perspectiva del Presidente Trump, la realidad debe empatarse con su imaginación. Sin duda. El hombre ha querido arrugar la ley, desestimar al Congreso, hacer de lado las instituciones, ignorar a los jueces. Y, evidentemente,  esto le sucede a un hombre que no se reconcilia sus palabras, que no sabe describir lo que habita su mente y que está dando signos de una terrible falta de rumbo. Eso eligieron los estadounidenses y con ello tenemos que padecer en el mundo entero.

Con la pericia de un maraquero, tuvo la asertividad de generar ciertos eslóganes que aceleraron el ritmo cardiaco de muchos, sea para despertar temor o para generar cariño. No hay planes, hay ocurrencias. China, Corea del Norte, México, Comercio, Migración, Asuntos Internos, son temas que le llevan a emitir palabras por impulso. La forma simplista en que generaliza todo revela esa estructura desnatada, desentonada, light, frivola como base y fórmula para dirigir a un país de la talla de Estados Unidos. 

A casi cien días de gestión, el mundo está aprendiendo a leer a Donald Trump. Estados Unidos pierde credibilidad en forma acelerada. Si Trump fuera presidente de otra nación, hoy a poco más de tres meses de mandato, ya nadie le haría caso. Pero, el hombre es poderoso, aunque por suerte, hay instituciones que le amarran las manos y le ponen orejas de burro y lo mandan al rincón a reflexionar. Hay quienes no entienden.

Claro, las palabras de Trump cayeron al mundo como un mazazo. Causaron una gran impresión que se convirtió en una decepción inconmensurable. También en un alivio, mucho ruido y pocas nueces, dice el dicho. Ahí, no hay sustancia. Hay veces que el Presidente de Estados Unidos hasta me causa ternura. Lo veo como ese alumno torpe pero empeñoso, como ese chico que quiere y se esfuerza pero no logra entender la asignatura, como ese joven que sabrá Dios porqué llegó a ser titular del equipo y que cada vez que le llega la bola, se equivoca de movimiento, como ese sujeto que quiere ser popular y no le sale. Lo veo con la agilidad de un pato que camina junto al estanque. Lo malo es que el ganso va dando pasos en un campo minado en el que todos, estadounidenses y el resto de la Humanidad habitamos.

Las palabras de esta presidencia estadounidense son de jabón, provocan pompas que estallan a los pocos minutos de ser emitidas. Son efímeras pero tienen daños reales de amplio espectro. Un vocablo de este sujeto puede hacer que el tipo de cambio en México suba y eche abajo una buena transacción y deje sin empleo a personas de carne y hueso. Una orden mal calculada mata a civiles que debieran ser respetados. Una locura para la actividad aeroportuaria que le cuesta millones de dólares a una nación. El desperdicio de palabras lleva a desperdicio de recursos. Es una pena, apenas van cien días. 

En un estado de incongruencia total, Trump califica este periódo como magnífico. Está claro que el significado que el le da a las palabras es muy diferente a lo que el resto del mundo interpreta al oirlas. No hay duda, la guerra mas peligrosa que estamos viviendo es la que el Presidente de Estados Unidos le ha declarado a sus propias palabras.  

¿Qué encontramos en el debate de los candidatos a la gubernatura del Estado de México?

Ayer se sentaron a debatir frente a las cámaras los candidatos a la gubernatura del Estado de México por primera vez. Ya sabemos, porque nos lo repiten sin cesar, que la importancia de estas elecciones radica en la concepción de que lo que suceda representa una prueba para las elecciones presidenciales. Así que, se hace un experimento de laboratorio y eso nos dicen. La verdad es que los mexiquenses podrán preguntarse por qué los usan de puerquito de guinea en vez de verlos con la seriedad que representa ser uno de los estados mas poblados del país.

Más allá de las acusaciones, reclamos y pleitos que le dan sabor al chisme, me preocupa ver lo que encontramos. El hilo conductor del debate fue la exposición de motivos de cada candidato que siguió un script y no se apartó de él. Leyeron lo que llevaban apuntado y al más puro estilo del voy derecho no me quito, básicamente se ignoraron entre ellos y ni aclararon las descalificaciones y desde luego no sustentaron sus propuestas.

En el lalaland de cada uno de los candidatos no habrá corrupción, se desaparecerán por decreto los feminicidios, el progreso entrará a tambor batiente y todos vivirán felices para siempre. Desde luego, todos les creímos a pie juntillas cada cosa de lo que nos dijeron. Seguridad y justicia, corrupción y desarrollo social fueron los ejes temáticos del debate. Y, además de las ilusiones de cada uno de los candidatos, que por supuesto, todos quisieramos que fueran realidad, no hubo contundencia.

El debate nos mostró candidatos acartonadísimos, muy apretaditos, ceñidos a la camisa de fuerza de sus anotaciones, parecía que olían vinagre y se les notó tan sueltos como un bebé que da sus primeros pasos. Muchos lugares comunes y reproches poco originales, que lo mismo se podrían haber escuchado en Francia, en Argentina o en Parral. Fueron más acusaciones que debate. No hubo un acto de comunicación y exposición de ideas diferentes sobre un mismo tema entre los candidatos, por lo que no pudimos decidir quién será más capaz para gobernar en la medida que los argumentos expuestos. Todos fallaron en cantidad y en solidez de sus motivos. Fracasó la finalidad directa y expuesta a conocer las posturas, bases y argumentos funcionales, de las distintas partes de una discusión. No se  cumplió un rol de enriquecimiento de quienes participaron en el debate, y se perdió la oportunidad para convencer.  

Las mujeres dieron pena. Teresa Castell, candidata independiente, habló y habló pero nadie la escuchó, resultó transparente a sus correligionarios. Dijo ser la voz ciudadana, pero eso de escuchar, no se le dio. Se ciñó a lo que traía en las tarjetas, leyó y ya. Pero, Josefina Vazquez Mota y Delfina Gómez fueron peores. Josefina acusó y acusó; invitó a visitar un sitio sobre los cheques de Delfina y mostró a cuadro una dirección inexistente. Así se derrumba una credibilidad de por sí endeble. Delfina oyó las acusaciones sobre descuentos a la nómina de trabajadores en Texcoco y no hizo comentario alguno, sencillamente ignoró. ¿Así irá a ignorar a los electores?

Los hombres tampoco brillaron, Alfredo del Mazo fue el más atacado y lució muy frágil. Quiso borrar sus orígenes y nexos familiares, quiso anular los gastos exagerados que hizo mientras fue director de Banobras y mostró fotos que realmente lo hicieron ver como una comadre en lavaderos más que como un candidato a gobernador. El candidato de Morena se hizo bolas con los números, Juan Zepeda del PRD no supo explicar por qué durante su gestión los robos a casa-habitación crecieron a 316%, y el candidato del Partido del Trabajo iba en el asiento trasero.

¿Qué encontramos? Personas que no saben manejar las cifras que llevaron de soporte, gente que no estudió los datos que usaría para debatir, candidatos que muestran soportes falsos para acusar, buenos deseos sin planes, mucho botox, mucho maquillaje, mucha cirugía estética, sonrisas frías y una tibieza que nos hace temblar.

Fracturas sociales

El mundo vive una era de fuertes fracturas sociales que los políticos saben explotar muy bien. Promesas de campaña que van aderezadas en ese aliño que enciende los ánimos y buscan dividir. Claro, al son de divide y vencerás no hay ética, responsabilidad social, valores, ni freno que valga. Conseguir una posición de poder es la meta, el objetivo se traza a partir de tácticas estratégicas que quieren granjearse simpatías y votos. Prometer no empobrece y hoy más que nunca, cumplir aniquila.

Los nacionalismos apelan a orgullos profundos que tienen que ver con el origen de cada persona. La identidad es una fuerte moneda de cambio. Erigirse como el paladín que vendrá a defender a un sector y lo protegerá de extraños enemigos es un grito de guerra que se populariza y ha llevado a triunfar a impresentables que una vez en el poder, no pueden cumplir sus palabras.

Trump no sabe como hacer para pagar un muro, Theresa May quiere negociar un Brexit a modo, Marine Le Pen dice que está harta de ver a Francia perderse entre las telas de araña de la migración, Maduro sigue intentando como tapar el sol con un dedo, Es verdad, Holanda ya dio la espalda a esa demagogia y Macron tiene ventaja sobre la postura del Frente Nacional. Pero, la palabrería en favor de quienes defienden un patriotismo a ultranza sigue encendiendo corazones. 

El problema son las fracturas que se generan. Con enorme falta de responsabilidad y con la delicadeza con la que se mueve un elefante en una tienda de porcelanas, estos personajes nos meten en un estado de paz y tranquilidad similar al que experimenta un paciente en el sillón del dentista. Logran que arruguemos el rostro frente al difrente, que se nos revuelva el estómago ante quien no cree lo que yo. Nos convierten a la intolerancia, que es es signo que tiene más adeptos. 

Se encienden pasiones tan enardecidas que en vez de seguidores se tienen fanáticos que creen a ojos cerrados y que pierden la capacidad de análisis. La deuda que van generando es enorme y el interés compuesto de la tasa que eligieron crecerá en forma exponencial hasta  que se convierta en una cuenta impagable. 

Izquierda-derecha, integristas-soberanistas, demócratas-republicanos, liberales-soberanistas, este-oeste son las divisiones con las que se reagrupa en mundo en forma artificial. Son formas de fractura social. En realidad, la Humanidad se divide entre pobres y ricos, educados y analfabetas, sanos y enfermos, felices e infelices. El mapa mundial se transforma sobre clasificaciones acartonadas y dejamos de ver lo importante. Permitimos que nos obnubilen el pensamiento. Dejamos de ver lo importante.

Las fracturas sociales están poniendo a rechinar las estructuras que rigen la vida en comunidad, ¿es eso lo que queremos?

Día mundial del libro

¿Qué tiene este conjunto de hojas de papel manuscritas o impresas  o digitales que, cosidas o encuadernadas o guardadas en un archivo electrónico, forman un volumen? Se ha dicho tanto sobre este artefacto al que le han vaticinado mil muertes, al que se ha defendido con millones de argumentos, al que se le ha críticado por arcaico o por ultramoderno, al que se le ha tratado de encasillar en uno u otro formato y es que después de la rueda y la cuchara, no hay otro invento tan genial de la Humanidad, Umberto Eco dix it. 

El libro es ese vehículo que trasciende distancias, físicas o inmateriales, reales o virtuales. El libro es el puente que pone en contacto al lector con el autor, independientemente del lugar donde viva cada uno, si el texto acaba de ser escrito o lleva años de haber sido publicado, si el que escribió está vivo o muerto. El libro es la puerta a mundos diferentes, a universos en los que interactúan personajes que nos permiten ver sus modos de vida, sus rasgos físicos, sus sentimientos, sus anhelos, sus planes, sus pensamientos. 

Un libro es un amigo que no se reserva nada para sí. No guarda un sólo secreto. Todo lo cuenta, todo lo da, todo lo entrega. El pacto es sencillo: hay que recorrer los renglones para entrar en contacto con semejante grado de generosidad. Es una espiral de esfuerzos conjuntos de autor, editor en el que se plasman fantasías o realidades, o ambas, sean literarias, científicas, crónicas, críticas, teorías. Es el testigo fiel que está ahí para preservar el recuerdo y defenderlo del olvido.

El libro presenta la posibilidad al lector de entrar a lugares que en otra forma, tal vez, jamás podría presenciar. Por las hojas que entrelazan una historia podemos ver un asesinato en un tren, un hijo que se cuestiona sobre la muerte de su padre y los romances de su madre en la noche mientras camina por los pasillos de un castillo en Dinamarca, un pájaro que le da cuerda al mundo, un marciano que observa la tierra, un pueblo habitado por fantasmas, una mujer que reclama la necedad a los hombres que acusan a las mujeres sin razón, la mitad de un sol amarillo, un asesino serial que recorre las calles de Guanajuato, una hermana que se suicida y otra que busca entender sus razones, una oportunidad de conseguir un boleto a Tokio, un par de frailes gemelos que están en medio de una intriga que les cobró la vida.

El libro es el reflejo creador de una mano que quiso elevar la pluma. Es la oportunidad que tenemos para tomar la perilla y girarla para acceder. El pasaporte necesario para entrar es entender los signos del alfabeto. El que trasciende esa frontera accede a un espacio maravilloso en el que lo humano entra al terreno que también es sagrado.

Fernando Bermúdez Barreriro, in memoriam

Conocí a Fernando Bermúdez Barreiro en la Universidad Iberoamericana. Fue mi maestro en el Diplomado de Diseño de Imagen hace ocho años. De él aprendí lo que era la elegancia a carta cabal. Me enseñó que la máxima muestra de refinamiento es la inclusión. Por años fuimos amigos en Facebook y así era como nos manteníamos al día de lo que sucedía en nuestras vidas.

Años más tarde, invité a Fernando a participar en la revista Pretextos literarios por escrito. Sus colaboraciones tuvieron siempre dos características esenciales: eran valientes y entrañables. Tocó temas de inclusión y diversidad con fuerza y contundencia. Abrió puertas y ventanas con fuerza, no dejó nada debajo del tapete ni se amedrentó ante los posibles fantasmas que pudiera haber en el clóset.

La selección de las palabras de Fernando fueron amigas del tono sarcástico. En sus renglones supo mezclar el buen humor con el que enfrentó la vida. Tomó la pluma y nos dejó ver en sus textos cómo se le cuenta un secreto a una madre, cómo es la vida de un inmigrante, cómo se lidia con una enfermedad terminal.

La generosidad de los textos de Fernando Bermúdez Barreiro lo llevó a elevar la pluma a pesar de lo que significó escribir cuando la fuerza no ayuda y la debilidad va avanzando. Por ello, el mejor tributo con el que puedo homenajearlo, es invitarlos a leerlo. La magia de la lectura trasciende los límites de la presencia física.

El camino de Fernando lo llevó a trascender este mundo. Lo despido con tristeza. Le digo adiós a mi maestro y extrañaré a un gran colaborador de Pretextos literarios por escrito. Guardo la esperanza de que nos volveremos a encontrar. Creo firmemente que así será.

También estoy segura de que Fernando estará con nosotros siempre que tengamos la disposición de recorrer sus renglones. Lean sus textos en http://www.porescrito.org Es su voz, que al quedar por escrito no muere. Esa es la magia y la potencia que nos da la palabra. Descansa en paz, querido Fer.

 

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