Sin entender al mundo

Me queda claro: si quisiera dedicarme a adivinar el futuro del mundo, me moriría de hambre. Últimamente, cuando yo creo que algo va a pasar, pasa totalmente lo contrario. Según yo, no había posibilidad alguna de que el Brexit ganara y desde entonces a la fecha, no doy una.

Por supuesto, jamás imaginé un mundo en el que Trump llegara a la presidencia, ni en el que un personaje como Bolsonaro ganara las elecciones, o que una encuesta sin pies ni cabeza pudiera tener un efecto vinculatorio con una de las obras de infraestructura más importantes para México. A veces creo que esto es una pesadilla que me busqué por cenar demasiado.

Y, aquí estamos, atestiguando como muchos votaron alegremente por parar un proyecto que va a costar un dineral detener. Dineral que vamos a pagar cada uno de los mexicanos, porque esto no va a salir de los bolsillos de los políticos a los que se les ocurrió que era una buena idea eso de preguntarle al pueblo sabio si Texcoco o Santa Lucía, pero al que nada se le preguntará sobre trenes ni sobre otros proyectos.

Los mercados se ponen nerviosos y eso sí que lo entiendo. No comprendo a tanta gente que me parece razonable y bien intencionada que está feliz mientras el peso se desliza y las variables económicas rechinan. No hay peor tonto que el que no quiere entender.

A mí me gustaría entender.

No lo logro. No entiendo cómo los seguidores de Trump lo aman cuando ven el tipo de persona que es. No comprendo que los votantes sufraguen a favor de alguien con las características de Bolsonaro al que le encanta agitar el avispero. No veo porque acabar con una obra necesaria que va adelantada y que detenerla y relocalizarla va a salir caro y con resultados peores.

Hay errores que cuestan y no entender al mundo es uno de ellos. Ni modo que quien va a contracorriente tenga la razón. Me duele no entender. Me abruma lo que veo. Me desespera asomarme al mundo y no saberlo interpretar.

La migración como un derecho.

Mientras la caravana de migrantes centroamericanos avanza en su andar rumbo a Estados Unidos, en medio de la estridencia de declaraciones entre el gobierno electo, los silencios incómodos de quienes siguen gobernando y la inminente visita del señor Pompeo a territorio mexicano, las palabras de Yann Moulier Boutang nos dan otro punto de vista. Una visión diferente y menos estrepitosa.

El economista e investigador francés participó en un conversatorio donde expuso la necesidad de generar políticas de integración que favorezcan a los migrantes. El “Derecho a migrar” fue el tema que abordó en la XVIII Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México 2018, que tiene por lema “Derechos y libertades”. El fenómeno de la migración no es una novedad, ha sido una constante en la historia mundial y ha dado origen a diversos países de la talla de Francia y Estados Unidos, génesis que no ha sido reconocida por ambas naciones, parece que lo han olvidado.

Según Yann Moulier Boutang, toda migración sin excepción representa un acto de naturaleza dual. Es un acto tanto económico como político en el que el migrante trata de mantener algunos rasgos identitarios pese a la necesidad de adaptación. Esta lucha interna por conservar sus raíces y mimetizarse en el territorio que los recibe es sumamente fuerte. Además, la complicación se agrava cuando las clases bajas y obreras de los países que reciben a los expatriados se ven amenazados por los recién llegados, quienes en esta condición de desprotección se perciben disminuidos. “La relevancia económica de la migración actual radica en la perspectiva de ver con inferioridad a aquellos que llegan, es una mirada que justifica la esclavitud y las malas condiciones de trabajo”, puntualizó.

La manera como los países se han cerrado a los derechos de los migrantes es un sinsentido, es una aberración y además es una tontería. La migración tiene muchos beneficios para la nación receptora, sin embargo, ha sido consistentemente desestimada. Como es el caso de la ciudad de Cali, en Francia, que multó a los campesinos que contrataran migrantes. El municipio enarbola como un gran logro que ahora ya casi no hay gente de fuera trabajando sus campos. Lo cual es un desperdicio económico.

Asimismo, el trato que se le da a los migrantes se transforma en un acto político, según Moulier-Boutang, “existe la idea de que los migrantes causan problemas, pero hay que entender que la sociedad que los recibe es la que tiene estos problemas y tratan de echarle la culpa a los migrantes, proyectan ciertos problemas a la cuestión migratoria sólo porque ahora la migración se hace más evidente”. Con esta visión, un tanto infantil, se pasan por alto los grandes beneficios que traen consigo las personas que llegan. En muchos casos, lo que traen son soluciones que no se valoran lo suficiente.

En un principio, dice Moulier-Boutang, los migrantes trabajaban en lugares cerrados y alejados como fábricas o campos, lo que los mantenía convenientemente ocultos durante el día de trabajo, pero las posibilidades laborales se han expandido y esto ha hecho que se vuelvan más visibles. “Son útiles mientras permanecen, ocultos pero se vuelven un problema cuando se vuelven evidentes. No se ha asumido que los migrantes han formado parte activa e importante a lo largo de la historia.”

Si, como lo hace Yann Moulier-Boutang, empezáramos a ver que la migración es un derecho y se debe pasar de una política de asimilación a una política de integración que favorezca a los migrantes con documentos, que eviten la discriminación en el mercado laboral y den la posibilidad de instalarse en el país con derechos, estaríamos propiciando mayor armonía y beneficios para quienes llegan y para la nación que los recibe. “Hay que pasar de lo internacional a lo transnacional, sólo así vamos a poder resolver el problema del siglo XXI: la migración.”

Ver la migración como un derecho nos pone en otro escenario. Uno en el que hay posibilidades de que todas las partes tengan un beneficio. Unos buscan trabajar y según los cursos de economía elemental, el trabajo es la fuerza que propicia el progreso.

Pretextos literarios por escrito en la FIL del Zócalo 2018

FIL del Zócalo 2018

Sobre el número 16 de Pretextos literarios por escrito (Lo dicho en la terraza del Museo del Estanquillo)

No puedo ocultar la profunda satisfacción que representa ser recibidos en el marco de la Feria Internacional del Libro del Zócalo. Esta feria ha sido el foro y el trampolín para talentos mexicanos y extranjeros, así como para las personalidades más insignes en la cultura mexicana y universal. En esta condición me parece oportuno agradecer la hospitalidad que nos brindan y la valiosa ocasión de estar aquí, reuniendo escritores y lectores para reflexionar sobre las posibilidades de una revista como Pretextos literarios por escrito.

Para no repetir verdades de Perogrullo y no comenzar con la perorata de la correlación que existe entre los hábitos de lectura de una sociedad y su índice de desarrollo, para no acentuar la curiosa desventaja que se cierne sobre quienes no leen frente a los que le encuentran gusto a la lectura, podemos estar de acuerdo que leer es una forma de interpretar al mundo. Una forma de interpretar al mundo que nos han dicho, ya no está de moda. Si siguiera por esos derroteros, tendríamos que darle la razón a quienes creen que estos proyectos tienen la cordura de aquel que sobre los lomos de Rocinante se lanzó a combatir gigantes. Están en lo correcto, si y sólo si, seguimos esta línea de pensamiento.

El ejercicio de las letras, como el de las artes y las ciencias, tienen un hilo conductor que actúa como elemento común: la exigencia de una vocación. Y cuando ese llamado se oye tan fuerte, cuando está tan enraizado en nosotros, nos hace encontrar en su práctica una satisfacción colmada que llega a dar sentido a nuestras vidas. Cuando aquello que nos apasiona está de moda, el camino se vuelve muy transitable, plano. El tema se complica cuando la vocación tiene esas tendencias que se salen de lo convencional. El camino se vuelve sinuoso y más complicado de transitar. Pero, hay quienes hemos decidido meternos aire a los pulmones y aventurarnos por ese sendero.

Es innegable, los proyectos editoriales independientes tenemos que esforzarnos el doble. Pero, ¿no fue de unas páginas similares a estas donde supimos que Sherlock Holmes vive en Baker`s Street, que la identidad secreta de Superman es Clark Kent? Tal vez, en Pretextos literarios por escrito tengamos la suerte de publicar al próximo Salgari, Charles Dickens, Leon Tolstoi, Pérez Galdós quienes dieron sus primeros escritos a revistas como la nuestra. Y luego, los personajes que brotaron de estas plumas notables, brincaron a otros espacios, a otros formatos y hoy forman parte de nuestro capital simbólico.

Leer y escribir frente al espíritu de una época en la que el vértigo de la vida y la velocidad nos marcan el ritmo, merecen persistencia. En la inmediatez, ser persistente parece anticuado. También pueden resultar un remanso de intimidad. La escritura y la lectura son labores de búsqueda y reflexión. Es un acto de exploración al entorno y al interior de uno mismo. Es un impulso ciego e insumiso que corre el riesgo de alumbrar una magia escondida entre los renglones, las palabras y los signos de puntuación. Es la búsqueda de lo asombroso, de la angustia ante la urgencia que se nutre de la curiosidad. No falta, por supuesto, quien se niegue a adentrarse el enjambre de ideas y vericuetos que se encuentran en un cuento, un relato, un poema o una imagen. Pero, aquí estamos para los que sí se atreven.

Estamos para los que se deciden a desenterrar un archivo en el que plasmaron algo que vale la pena decir; estamos para los que emprenden la aventura de atender.

En Pretextos literarios por escrito peregrinar por este camino nos ha representado subir nuevas cimas que ascender. Diecisiete números editados —contando el número cero—, seis concursos internacionales: uno de terror auspiciado por la embajada de Irlanda en México y el que aparece en esta edición en el que celebramos a la figura de Nelson Mandela y que lanzamos en coordinación con la embajada de Sudáfrica en México.

Para nuestra sorpresa, este camino anticuado, si se quiere, complicado y sinuoso ha estado muy transitado. La convocatoria que del certamen de Mandela tuvo 1000 participantes alrededor del mundo. Nuestros ganadores son mexicanos en su mayoría, pero también fueron dos cubanos, un chileno y un español. Recibimos textos de Uruguay, Argentina, Guatemala, Estados Unidos, Puerto Rico. Una participación Panhispánica para honrar a un sudafricano enorme.

Transitar por este camino nos ha traído, ahora en este momento, a comparecer ante ustedes con la humildad inherente de quien se sabe pequeño ante la magnitud de un mundo distraído que está sumergido en una simplificación de asociaciones lógicas. Paso a paso, esta tarea que he compartido con mis compañeros de viaje de esta mesa de edición, del cuarto de guerra, con poetas, escritores y fotógrafos, el panorama se ha ensanchado. Es estimulante ver que a lo largo de este camino hemos avanzado. Creímos que nos leería un reducido grupo de gente en México. Gracias a la era digital, nos leen en España y en Israel, en Irlanda y en Sudáfrica, en América Latina y en países que no son hispano hablantes. Los tres mil ejemplares de la edición impresa se agotan y la versión digital se descarga a diario. Seguramente, hay una página que todavía no se escribe y que quizá hoy el autor se decida a hacerlo. Estoy segura de que ahí existe un texto que está esperando su oportunidad para ser publicado. Podría apostar que aquí están varios pares de ojos inquietos que correrán por las páginas de la revista. Seguimos en nuestro empeño de atrapar lectores para no dejarlos ir. Seguimos ofreciendo un espacio para aquellos que tengan algo relevante que decir.

Leer y más leer sin otro afán que las letras, decía Sor Juana en su carta a Sor Filotea de la Cruz. Les pido que nos lean, en físico o en digital; que nos sigan en redes sociales: FB PorescritoMX, @porescrito, @revista por escrito. Participen en nuestro certamen de aniversario: cuento, relato, poesía, fotografía, ilustraciones y caricatura. Como dijera Umberto Eco en su ensayo Sobre Literatura: “no estamos seguros en cuál de estos dos extremos se encuentra el lector: en el de la ficción que le plantea el autor o en un mundo en el que reproduce sus propias alucinaciones.” Gracias a todos por acompañarnos el día de hoy, gracias a la Fil por recibirnos. Para no repetir verdades de Perogrullo, los dejo con los autores que llenan las páginas de esta revista.

La abeja y el economista

Yan Moulier Boutang es un economista francés que tiende un arco de unión muy interesante entre la abeja y el trabajador. Sostiene que los hombres crean valor económico de la misma manera en que las abejas polinizan. Para comunicar su teoría, comienza con una fábula sobre la relación entre las abejas y la economía agrícola. La ocupa como una referencia al famoso ensayo de Bernard Mandeville , una presentación y defensa satírica de la economía capitalista y del individualismo. Butnag adopta el mismo estilo literario para ilustrar el concepto de polinización, concepto que constituye desde su punto de vista un aspecto central de la economía post-industrial ó cognitiva.

La fábula cuenta es la historia de un agricultor que vive en cerca de un apicultor, y entre ellos se establece una relación de amistad y de intercambio informal de productos y servicios. A la muerte del agricultor, uno de sus hijos se hace cargo de la dirección del negocio agrícola de su padre. El joven heredero viene con muchas ideas innovadoras que quiere poner en práctica y entre otras medidas de modernización, pide al apicultor que pague por el uso que sus abejas hacen de los frutos y las flores en sus predios. A esto el apicultor hace una contraoferta. Por supuesto que estará dispuesto a pagar por el uso que sus abejas hacen de los predios, si el agricultor paga por el fruto de la polinización. Llegados a este punto, ambos deciden volver al régimen anterior.

Boutang está preocupado  por el carácter histórico de la acumulación del capital y a partir de su observación y de sus estudios piensa que la historia de las transformaciones del capitalismo sólo es comprensible a través de su articulación obrera, negando toda autonomía, incluso relativa, a la economía del capital, esto es, a un supuesto mecanismo natural de acumulación del beneficio. Para el economista la distribución inequitativa de la riqueza está generando relaciones económicas que dan pie movimientos políticos que tienen consecuencias directas en nuestra cotidianidad. Pero, parece que no nos damos cuenta. Así como el joven agricultor no parecía entender las relaciones virtuosas que existen entre sus plantas y las abejas.

El valor económico de las abejas no reside principalmente en la miel y la cera que producen con sus diminutas manos, sino en la polinización que permite la supervivencia de la biosfera del planeta. El valor de esta última no tiene precio directo. Si nuestros principales alimentos vegetales pierden la capacidad de reproducirse, seguidos de nuestros alimentos cárnicos, del conjunto de la fauna y de la flora y, por último, de nosotros mismos, no tendremos planeta de recambio.

Si la actividad humana estuviera gobernada por las mismas leyes, el trabajo productivo es aquel que engrandece la vida, su potencia y su perdurabilidad. El trabajo improductivo, nocivo —aun en el caso de extraer un excedente de miel y de cera— es aquel que destruye la polinización humana. Esto nos lleva inmediatamente a una conclusión: la polinización humana es el único trabajo a la vez sin precio y fundamental que constituye el punto ciego del análisis de la economía política clásica. El reduccionismo europeo que surge con los albores del capitalismo puede ser merecidamente tachado por los aborígenes como una forma de barbarie particularmente primitiva, y no sólo respecto a los seres humanos, sino a todos los seres vivos del planeta. Esta verdad cruel descalifica el humanismo que pretende asentar sus buenas intenciones en una economía estándar —ya sea capitalista o socialista—.

Por lo tanto, la utilidad de las actividades humanas y la producción de riqueza real para la sociedad en su conjunto debe partir de ahí y sólo desde ahí. Entonces comprenderemos que el trabajo invisible de los expulsados de la historia de la acumulación primitiva, de la clase obrera y del trabajo asalariado era el de la indispensable polinización. Comprenderemos el significado de las alianzas. Releeremos una y otra vez las tesis del obrero social desde un horizonte de liberación. Bienes comunes, economía pública, actividad de polinización del vínculo social, cuidado de la vida del conjunto de los seres vivos: Ésta es la fábrica social, el sol alrededor del cual gira la tierra de la política.

Miss España y Miss Colombia

Recuerdo que de niña, me causaba ilusión ver los concursos de belleza. Eso de competir siempre me ha llenado el cuerpo de adrenalina. Veía el concurso de Señorita México y el de Miss Universo y me dio mucho gusto cuando las mexicanas ganaron el certamen. Pero, antes de que arruguen el ceño, también me gustaba ver los Oscars, el box, las carreras de Fórmula 1, el tenis.

Luego, empecé a cuestionarme si los concursos que premian los atributos físicos eran válidos. ¿Cómo te entrenas para competir contra los genes de alguien más? Y corrí el peligro de caer en la tentación de juzgar esos eventos y de compararlos con las ferias de ganado. Uno llega a exagerar la nota.

Lo cierto es que las competencias del cuerpo si me causan cierta reticencia. De repente caigo en la tentación de verles el lado frívolo. ¿Será que esas figuras sólo tienen un lado? Prefiero esas justas en las que los parámetros son las habilidades, los desempeños. En fin, para competir, me gusta más usar la cabeza. Cada quien sabe lo que le acomoda más y ni modo que las bonitas no usen la belleza como atributo si eso les parece bien.

Lo que pasa es que ahora el tema sube de tono cuando Miss Colombia muestra las costuras y se lanza contra Miss España, Ángela Ponce, una concursante trans. Y el revoltijo de frivolidades, la ignorancia, falta de comprensión y estupidez humana se mezclan.

¿Tiene derecho a participar una mujer como Miss España en Miss Universo, sí o no? Y más allá de los porqués están el respeto y la capacidad de aceptar al otro. La tolerancia es un término que me cae muy mal porque se me figura que se relaciona más con la incomodidad, la incomprensión y el asco. Y, sobre todo, con el desprecio.

Las mujeres sabemos lo que es el desprecio, lo que es ser consideradas como inferiores por ciertos sectores de la población. En serio, ¿queremos seguir prácticas de las que tanto nos hemos quejado? Miss Colombia tiene un punto de vista y claramente se opone al de Miss España. Ahí se marca el rasero de la discusión. ¡Qué triste! Rebajamos todo al nivel del chisme, del morbo, de la curiosidad y perdemos una oportunidad de oro para entrarle a un debate serio y de sustancia.

Miss España y Miss Colombia son un ejemplo de un mundo extraño, a la vez es incomprensible, en el que lo diferente asusta y por eso, antes de comprender, empezamos a atacar.

Sin Nobel de Literatura

No pasaba desde hace casi 70 años. No pasaba que no hubiese un Nobel de Literatura. De pasar, había pasado, pero fue diferente. La última vez, en 1949, la Academia Sueca señalaba que ningún candidato cumplía los criterios para ser premiado. Años antes, el galardón también había sido suspendido debido a las guerras mundiales. Pero, lo de 2018 es otra historia. Este año no habrá premio a las letras por un tema metaliterario. Un hecho inédito, ajeno a las letras, bastante sintomático acabó por empañar el galardón. Como si le hiciera falta una mancha más al tigre, un escándalo sexual en la línea de las denuncias del movimiento #MeToo nos deja sin premiado.

Circunstancias extramuros nos llevan a este triste desenlace. El sujeto que desencadenó todo este revuelo es el francés Jean- Claude Arnault, fotógrafo y esposo de Katarina Frostenson, miembro de la Academia Sueca del Nobel. Todo sucede más allá de las fronteras de la organización Nobel y, ni hablar, hay que pagar los platos rotos. En noviembre del año pasado, Arnault fue acusado por dieciocho mujeres de violación o agresiones sexuales. El esposo de Frostenson habría cometido abusos en su club literario y en propiedades de la propia academia. Una especie de alimaña de las más altas élites culturales en Suecia hizo de las suyas y terminó con el escandalazo que hizo que el 2018 fuera el año del no Nobel de Literatura. El sujeto purga prisión preventiva, y este lunes 1 de octubre en Estocolmo el tribunal dictó la sentencia en su contra: dos años de prisión. Eso a él y gracias a sus hechos el mundo se queda sin medalla.

Más allá del escándalo y el delito, cabe preguntarse qué implica un año sin Nobel de Literatura. El horror al vacío ha causado incluso que un grupo de notables suecos haya creado La Nueva Academia, que el próximo 12 de octubre entregará un Nobel de Literatura alternativo, para el cual ya hay cuatro finalistas. Desde mi punto de vista es un despropósito. El vacío indica un acto de congruencia por parte de la Academia Sueca y una intención de reconocer el desprecio por estas prácticas extraliterarias. Si la corrupción llegó a un miembro de la prestigiada academia, si a Frostenson se le fue la lengua frente a su marido y si éste hizo uso de información secreta respecto al premio y se valió de esos datos para abusar de mujeres, pues, basta: no hay premio. Eso muestra un arco de respeto, me parece.

No todos piensan igual. Para el escritor Alonso Cueto, la discusión se ha desplazado un poco hacia el tema económico. “Cada vez se menciona más el monto del premio. Es algo típico de nuestros tiempos. Aun así, sigue siendo importante porque valora la calidad de un autor. Coelho y Dan Brown no lo van a ganar. En ese sentido, estimula la buena lectura”, señala. Ni mido, el discutido Nobel del 2016 a Bob Dylan dividió a propios y extraños, y abrió el debate sobre si el premio debería tomar un curso diferente. Al respecto, la escritora Claudia Salazar Jiménez apunta que si hay algún camino nuevo, esto no debería implicar que nos quedemos sin el premio. “Quizás no tenga la trascendencia de antes, pero sigue teniendo importancia, por ejemplo, para impulsar la venta de los libros de quien ganara”, afirma la autora de “La sangre de la aurora”.

Peor, la Academia Sueca ha informado que en el 2019 se entregarán dos Nobel de Literatura en conjunto, para emparejar el piso. Pero el vacío este año, y las reacciones generadas, confirma que el galardón no ha perdido relevancia. “Yo lo voy a extrañar –agrega Cueto–. El premio es siempre una sorpresa por las buenas o las malas razones. Y, ahí sí que estoy de acuerdo con Cueto. El Premio Noble nunca nos deja indiferentes. A veces es fruto del azar y todos los lectores somos aficionados a las vueltas del destino. Especulamos que toca un africano o una latinoamericana, un poeta o una novelista. Y todas las especulaciones pueden o no equivocarse. Muchos hemos terminado sorprendidos. La diferencia es que este año no nos sorprenderemos.

Que nos quedemos sin Premio Nobel de Literatura me parece un acierto de congruencia. Es un arco que se dibuja entre el vacío que generó el abuso y la corrupción y la postura frente al Premio Nobel de la Paz que se otorgó a un par de activistas que luchan en contra de la violencia sexual.

Irrupción en la intimidad (Spring, Karl Ove Knausgaard)

Spring

Karl Ove Knausgaard

 (Traducción, Ingvild Burkey, Ilustraciones Anna Bjerger)

Penguin Press, 2016, U.S.A.

Desgarrar la protección que te da la cortina de intimidad es una decisión autoral complicada. Por un lado, muchos conocen tu cotidianidad y eso de la vida diaria no siempre es luminoso ni perfecto; y por otro lado qué se hace con una tristeza tan profunda, con una situación que te desgarra el alma. Escribir es una forma de catarsis, especialmente cuando eres un escritor en serio de la talla de Karl Ove Knausgaard. Sin embargo, eso de quedar expuesto es duro. Claro, eso de generar utilidades cuando tu propia tragedia está bien escrita puede ser tentador.

Spring es la novela con la que Karl Ove Knausgaard decide regresar al oficio. Después de haber escrito el último volumen de Mi lucha, una saga de 6 libros, cuya última frase fue: Ya no soy escritor, regresa con otra serie continuada de cuatro libros que están titulados conforme a las estaciones del año. El tema es, como el lo denomina, la enfermedad de una familia.

La novela nos hace saber que se trata de una epístola para su hija que aún no ha nacido pero que ya nació. Vemos al narrador, protagonista, que también es el escritor, como un padre muy presente y muy comprometido con sus cuatro hijos. Lo acompañamos a darle la mamila a una bebita recién nacida lo mismo que cuando mete la ropa a lavar a la lavadora, lo vemos recoger la casa, lavar los trastes, llevar a los niños a la escuela, prepararles el desayuno, ponerles la pijama. Nos muestra una cotidianidad bucólica, en una casa en el medio un bosque en el que los vecinos están lejos y se necesita coche para llegar a cualquier lado.

“La vida que vivo está separada de ti por un abismo. Está lleno de conflictos, deberes, cosas que no han sido atendidas… y en una corriente continua donde casi nada se detiene pero todo está en movimiento. [1]

El lenguaje es preciso y las palabras que se seleccionaron fueron para tomar al tiempo por las manecillas y ralentizarlo. La traducción del noruego es fiel a esa forma en que Ove Knausgaard hace que los segundos se arrastren a lo largo de la narración. Las descripciones nos recuerdan al realismo francés de Balzac, muy al estilo de Eugenie Grandet. Todo parece ser como una tacita de porcelana, no obstante, tanta perfección nos hace sospechar y el lector tiene razones para la duda.

Spring nos pone frente a una familia de tres hijos justo cuando la pareja decide tener un cuarto. Estamos en la mente del narrador que disfruta de esa vida familiar, alejada de las grande metrópolis, que le acomoda vivir entre árboles y en contacto con la naturaleza ya que eso le acomoda para invocar a las musas. No se entiende bien a bien a qué hora escribe un padre que está tan ocupado de las tareas parentales. La mujer es una figura desdibujada que no se le ve. No se muestra mucho en la novela, aunque será la parte central y motivo de la anécdota en la que se centra la novela. Este libro se trata de la depresión de su mujer y las consecuencias de que la vida siga adelante aunque ella no pueda con ese ritmo.

“Era como si toda la energía de la casa estuviera siendo succionada hacia ella”[2] (p. 123)

La novela nos hace sentir el enojo y la frustración que tiene el protagonista alrededor de una situación en la que vemos que este padre de familia actúa prácticamente como si fuera un viudo, la presencia de la mujer es más bien una ausencia que causa una gran molestia.

“Obviamente, la gente se quedaba mirando, yo los dejaba mirar fijamente. Yo estaba en un lugar donde otras personas y sus opiniones no importaban. Después, los lamentos salvajes, la desesperación salvaje.” (p. 32)[3]

Y, efectivamente, a Karl Ove no le importa que miremos fijamente, le da lo mismo que el lector se entere de lo que está sucediendo en la intimidad de su casa, no tiene pudor frente a quien está leyendo y muestra a sus hijos jugando, a su esposa ausente, a un padre desbordado por las actividades diarias, la soledad de una familia que necesita ayuda y cuyo día a día pudiendo ser bello se descompone en una serie de cosas que se necesitan hacer para seguir viviendo y que parecen rebasar las capacidades familiares.

“Yo estaba harto de todos los susurros, toda la inmovilidad, la falta de iniciativa, la impotencia, el desvío de mirar a otro lado.” (p.106)[4]

La novela gira en torno a la reflexión de lo que es la depresión en uno de los miembros de la familia y de como los demás deben de seguir tirando, de como los demás debes seguir adelante y de como afecta las vidas de los otros integrantes de la familia. La vida sigue pero tiene repercusiones cuando alguien decide ponerse en pausa:

“La enfermedad tiene que hacer contigo no tomar responsabilidad por ti mismo. Cuando estás abajo, usted no asumes la responsabilidad sobre ti, cuando estás arriba, tampoco asumes la responsabilidad de tu persona” (p. 125)[5]

Spring nos deja claras las razones por las que el autor, narrador y protagonista está enojado con su mujer y con la decisión terrible que decide tomar cuando está embarazada de la niña a la que se dirige esta novela. Karl Ove nos dice que la intención es que su hija entienda lo que sucedía mientras los demás vivían el trance previo a su nacimiento y semanas después de que ella llegó a este mundo. Comparte la dureza y la crueldad que tiene que enfrentar un padre solo cuando sus hijos están tan pequeños. Contrasta con mucha habilidad la inocencia de los niños, sus ganas de jugar, de ver la tele, de salir al patio, con la oscuridad de su madre y la desesperación del padre. Contrasta los elementos de una vida casi perfecta con el infierno de una tristeza que llega y se instala sin que logremos entender bien a bien qué fue lo que la provocó. Nos enteraremos de forma tangencial, y el lector debe estar muy atento para no pasar desapercibidas las razones.

Belleza y terror, oscuridad cuando debe haber alegría, la vida de diario y sus secretos son el hilo narrativo que se entreteje en las páginas de Spring.

“La gran y aterradora belelza no nos abandona, está allí todo el tiempo, en todo lo que es siempre lo mismo, en el sol y las estrellas, en la hoguera, anuncio la oscuridad, en la alfombra azul de flores bajo el árbol” (p. 177) [6]

La novela llega en una traducción al inglés de Ingvild Burkey y con ilustraciones espléndidas de Anna Bjerger. La contracubierta tiene colores brillantes en los que se contrastan diferentes tonos de azules que se van degradando en contraste con ocres que se van oscureciendo y una niña que está acostada en la arena cerca de una playa. La novela se divide en tres partes y un epílogo.

Depués de leer Spring me queda claro que es un texto bien escrito que transmite sentimientos universales y esto le da un rango de Literatura que no se le puede regatear. Sin embargo, en otro nivel, no sé que tan válido es exponer tu vida a ese nivel, que tan necesario es dejar que los lectores se enteren de ese nivel de intimidad. Porque, todo cambia cuando sabes que los personajes son reales, que no es ficción, que todo lo que lees —novelado o no— verdaderamente sucedió. ¿Qué necesidad hay de narrar y dejar tan expuesta a una mujer que se obnubiló por la tristeza? No lo sé. Al terminar de leer, queda una especie de desarmonía que me hace reflexionar su una pluma tiene derecho a desgarrar tanto. Insisto, no lo sé.

[1] The life that I live is separated of You by an abyss. It is full of conflicts, duties, things that have not been answered… and in a continuous stream where almost nothing stops but everything is moving.

[2] It was as if all the energy in the house was being sucked towards her

[3] Obviously, people stared, I let them stare. I was in a place where other people and their opinions did not matter. Afterwards, wild regrets, wild despair.

[4] I was fed up with all the whispering, all the immobility, the lack of initiative, the helplessness, the turning away.

[5] The illness has to do with you not taking responsibility for yourself. When you are down, you do not take responsibility for yourself, when you are up, you do not take responsibility for yourself either

[6] The great and terrifying beauty does not abandon us, it is there all the time, in everything that is always the same, in the sun and the stars, int the bonfire ad the darkness, in the blue carpet of flowers beneath the tree.

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