La estupefacción en Puerto Rico

En Puerto Rico se va de la inquietud a la incredulidad. Esto de ser un Estado Libre Asociado los deja con una brecha de identidad terrible. Situados en el medio de ser o no ser parte de la nación más poderosa del mundo, con algo que no se entiende muy bien como la definición de ser un territorio con autogobierno cuyos habitantes viajan al extranjero con pasaporte estadounidense, viven hoy uno de los abandonados más graves de la Historia.

Desde Washington, se les percibe lejos. Son una isla rodeada de agua, dijo el Presidente Trump mostrando los niveles de sabiduría que siempre le han caracterizado, pero dando cuenta de la gran grieta que separa a los habitantes de la Casa Blanca y a los puertorriqueños que hoy parecen mas latinos que otra cosa. Por allá, no les gusta el acento en español y se les olvida que Puerto Rico  forma parte de la nación. Qué los ayuden los que están cerca. 

Tan distantes son percibidos que si un huracán los devasta, no encuentran forma de auxiliarlos rápidamente. Han de creer que, como están tan cerca de Haití y de Dominicana, son más hermanos de estos que de aquellos. Puerto Rico se ve tan fuera de la mirada estadounidense, tan poco enfocada por la gente en Washington, tan apartado de Capitol Hill, tan separados de su madre patria continental que los dejan a su suerte mientras se entretienen con temas deportivos que les resultan más urgentes.

¡Qué desilusión deben sentir en Puerto Rico! Borinquen, la tierra del Edén, la Preciosa te llaman los bardos que cantan tu historia. No importa el tirano te trate con negra maldad. Nunca la música pudo encontrar mejores palabras para expresar el sentir isleño. Porque, como cantan en el Caribe, como los propios puerto riqueños sienten en la letra de su segundo himno: Porque ahora es que comprendo, Porque ahora es que comprendo,Que aunque pase lo que pase, Yo serepuertorriqueño, Yo seré puertorriqueño, Por donde quiera que ande, ooohhh,Por que lo llevo en la sangre, Por herencia de mis padres,Y con orgullo repito:Yo te quiero Puerto Rico…Yo te quiero PuertoRico,  Y por eso es que me nace hoy, Dedicarle este canto, A ese noble jibarito Raphael, Y a mi isla del encanto.

Pero, en el lejano continente esos ritmos no resuenan ni significan gran cosa. Es muy triste ver como los latinos nos condolemos con la angustia hermana, mientras la tierra que les da nacionalidad los ignora desde una posición en la que se deshonra un compromiso. Duele ver al gobernador pidiendo ayuda, indigna ver a la alcaldesa de San Juan suplicando atención y atestiguar como la que ellos pensaron que seria su patria, hoy les voltea la cara y los deja a su suerte.


 

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México sobre una laguna

El ombligo del mundo que los aztecas buscaron desde Aztlán, lo vinieron a encontrar sobre una laguna. El símbolo tan ansiado del águila devorando a la serpiente, estaba en un nopal que creció en un islote y los peregrinos indigenas con fe absoluta en la figura que hoy da identidad al país entero, decidieron asentar su civilización en un espacio con agua. La belleza de lo que crearon nuestros antepasados sorprendió a tal nivel a nuestros conquistadores que la llamaron la Ciudad de los Palacios. Pero, los aztecas no eran estetas nada más, parece que fueon muy inteligentes. 

Según científicos del Cinvestav, aquella laguna y toda esa agua que nos empeñamos a entubar y hundir en el subsuelo hoy nos sirve como una especie de Tamper protector. De acuerdo con Wen Yu Liu, Jefe del Departamento de Control Automático del Cinvestav, para contrarrestar los eventos la decisión de construir sobre una laguna fue un gran acierto, espacialmente al tratarse de terremos que se encuentran en una zona telúrica. ¿Qué es un Tamper? Son swithces se pueden encontrar en diferentes dispositivos electrónicos, como detectores de movimiento, paneles de alarma, paneles de detección de incendio, controles de acceso, sirenas, cámaras, etc.

Algunos detectores y en muchos casos el mismo panel de control incorporan un par de terminales llamados Tamper. Estos son dispositivos que atemperan y amortiguan en caso de una situación de daño. Estos interrumptores operan  cuando alguien intenta quitar la cubierta del detector o en el caso del panel intenta abrir la tapa de la caja frontal, se abren dando condición de alarma. Estos contactos deben ser conectados a una zona de 24 horas del panel de control y es recomendable usarlos para evitar sabotajes del sistema cuando está desactivado.
La laguna de Texcoco funciona como un Tamper natural que sirve al mismo tiempo para ayudar a dar una alarma que para amortiguar la intensidad de onda de un movimiento telúrico, que según Yu Liu, si no existiera esta capa de agua en el subsuelo, los terremotos alcanzarían grados superiores. Hizo hincapié en la importancia de cuidar en la capital mexicana uno de los mayores tampers naturales con los que se cuenta; es decir, el agua que aún existe bajo la ciudad, pues de acuerdo con la opinión de algunos expertos mundiales en el tema de ingeniería, este líquido amortigua los movimientos telúricos. El científico señaló que hasta el momento los terremotos no pueden evitarse ni pronosticarse con mucha antelación, pero pueden implementarse medidas preventivas que harán que se reduzcan los riesgos potenciales.

A partir de estas observaciones, en Cinvestav está desarrollando un sistema de construcción que estabilice las estructuras durante el movimiento de la tierra por medio de dispositivos con tampers. Pero, lo importante es resguardar nuestro propio amortiguador que está hundido en el suelo. Esa herencia que nos dejaron nuestros antepasados y que como tesoro perdido, hoy que lo hemos encontrado, debieramos valorarlo y cuidarlo.

Espacio para llorar

A una semana del sismo del 19 de septiembre, después del susto, de las prisas por ayudar, de la necesidad de sostener la esperanza en alto, de la urgencia por dar, llega el momento de inclinar la cabeza, de llevarnos las manos al pecho y de dar tributo a los caídos.

Algunos, pensarán que todavía no es tiempo, que hay que seguir escarbando en los escombros, que es muy pronto. Tendrán razón. Tendrán toda la razón. Sin embargo. Llega un momento en el que debemos desatar el nudo que tenemos en la garganta para dejar fluir el llanto.

Todo sucedió tan rápido que ni tiempo nos dio para despedirnos. Andabamos tan ocupados tratando de servir en algo, que no hemos encontrado el momento para decir adiós. Por eso, la idea de formar un memorial de flores y mensajes dedicados a los trescientos veinte —o más— que perdieron la vida a causa del sismo es para apaludirse, para respetarse. 

Un grupo de floristas organizó en el Parque México un vergel para darle espacio a todos los capitalinos donde llorar. Lo mismo los que ayudaron donando, que los que perdieron a un ser querido, los que pusieron sus manos o contribuyeron con talento, todos podemos participar, ir a colgar una nota de solidaridad a los deudos, de ánimo a los desalojados, de pena extrema, de luto. 

Habilitaron un espacio para llorar.

Para dejar que se vacíe el cuerpo de la perplejidad que nos dejó este temblor, que se nos salga la amargura, que se viertan lágrimas. Que nada de eso se quede adentro porque le quita espacio al recuerdo de los que se fueron, al agradecimiento para los que ayudaron, a la admiración frente a tanta solidaridad.

Permisos de construcción

Por un tiempo, los permisos de construcción en lo que fue el Distrito Federal estaban restringidos. Después del terremoto de 1985, se hicieron intentos serios de desconcentrar la ciudad más grande del mundo. Se buscó dar oportunidades a las personas para ir a vivir a otros lugares y construir en el área metropolitana no era fácil. Fueron los años en los que la periferia se desarrolló y lugares como Ecatepec y Ciudad Neza crecieron en densidad demográfica.

Pero, llegó López Obrador a la Jefatura de Gobierno y la cosa cambió. Los gobiernos perredistas se dieron cuenta del gran negocio que representaba eso de dar permiso a las constructoras y se abrió la puerta que antes se había cerrado. De repente, las colonias se transformaron: las casas se demolían para construir edificios con microdepartamentos que más que viviendas, parecen cajitas de cerillos.

Nada interesó que el agua fuera a escasear, que no hubiera suficientes servicios, que las aglomeraciones y el tráfico se fueran a multiplicar. Lo importante era llenar las arcas con billetes contantes y sonantes. El paisaje incorporó maquinaria, grúas, manos de chango y la industria de la construcción floreció. Los edificios se multiplicaban como una plaga de langostas y la composición urbana se modificó.

Los gobiernos de la Ciudad de México desde el año 2000 hicieron de la legislación de uso de suelo la mejor mina de oro. Por un lado, los permisos para construir se repartían como si fueran indulgencias en la Edad Media, o se vendían o se otorgaban a quien mejor le convenía a los gobernantes. Las clausuras se daban a pequeños negocios que no tenían proximidad con algún influyente.

En el desorden se forjó el caos que representa la vida en la Ciudad  de México. Improvisaciones, construcciones, influyentismo, bicicletas, peatones, automóviles, trailers, máquinas, todos luchando por un espacio, mientras la luz, agua, drenaje, gas, recolección de basura se vuelven bienes escasos, caros e ineficientes. Tuvimos que aprender a lidiar con hoyos, baches, socavones, llantas ponchadas, aglomeraciones, tráfico, estrés, contaminación, contingencias. No son modos de vivir.

¿Y si aprovecháramos esta oportunidad para reflexionar? Tal vez, el sismo de este diecinueve de septiembre nos lleve a pensar que tantas construcciones en un suelo tan movedizo no es buena idea. Quizás podamos pensar que tantos departamentos no son lo mejor porque no tendrán los servicios necesarios para vivir adecuadamente. En 1985, se pusieron parques memoriales donde antes hubieron edificios caídos. Pero, desaparecieron para dar lugar a nuevos edificios, con espacios más pequeños y hacinados. ¿Y si volvieramos a hacer parques memoriales?

¿Y si aprovechamos la oportunidad para reflexionar sobre la ciudad en la que queremos habitar? ¿Y si las autoridades tuvieran el honor y la consciencia de dejar de firmar permisos de construcción y pensaran más en los habitantes que en sus bolsillos?

 

 

Grieta

El martes pasado salió la grieta. Tal vez sea nueva, pero me temo que ya era vieja. Los más seguro es que se haya formado hace treinta y dos años y se haya cubierto con el estuco que se forma con el tiempo. No obstante, ahí estaba. Por supuesto, el martes se hizo evidente. Tomó escena, sin importar si era vieja o la acababa de estrenar.

Por ese hueco, se me va la consciencia del tiempo. No sé si es domingo, lunes, hoy o ayer. Ni idea tengo si tenía que estar aquí o allá. Se me escurre la consciencia. Se meten los vientos que trastocan las prioridades. La grieta, abierta, deja entrar los recuerdos de polvos y escombros viejos, aunque, los confunde con los pedazos que quedaron tirados en el hoy.

En esa grieta, van sangrando mis muertos antiguos, los que se quedaron en 1985 y ya no pudieron ver las computadoras móviles, los teléfonos celulares, la inteligencia de las aplicaciones y la importancia de una pantalla. Por ahí se asoman los que no supieron lo que pasó el otro diecinueve de septiembre para entender lo que les sucederia en esa misma fecha.

Me pregunto si la grieta se volverá a cerrar, si quedará abierta, si dolerá siempre o si formará parte del paisaje de todos los días. Hoy, me duele y me tiene aturdida. Parece que voy funcionando, que sonrío, que me levanto y me acuesto como siempre, como a diario. 

No.

La grieta está latiendo. Late hoy. Late fuerte. 

Dice Celso Santajuliana que las escrituras manan de las grietas que rompen el alma. Si esto es así, no importa si la grieta es vieja o si es nueva. No es relevante si la vieja se hizo nueva o si la nueva se le encimó a la vieja. Tampoco estoy segura de que por ahí vaya a salir algo. 

No lo sé, hoy la grieta me tiene confundida. Solo el tiempo…

Entre la solidaridad y la rapiña

En México, la mayoría nos tomamos de la mano frente a la adversidad. Unidos le damos cara al dolor, a la destrucción, a los escombros, al polvo, a la muerte. Pero, también existen los contrastes. La realidad nos pone frente a lo mejor y a lo peor que tenemos y una raya separa claramente a los mejores de los peores. Por fortuna, la multitud de gente maravillosa supera a la minoría de abusivos, de estúpidos, de rateros, de chistosos que abusan del dolor ajeno.

Las redes sociales jugaron, frente a la tragedia del terremoto vivido el martes pasado, un lugar preponderante. En segundos, sabíamos dónde hacía falta ayuda y manos solidarias se hacían presentes sin mayor trámite que la convocatoria. Tristemente, algún payaso ponía información falsa. Gente con palas, picos, guantes de carnaza, comida, agua, llegaba para encontrarse que ahí no se necesitaba ayuda, que algún pasado de listo quiso reírse de la buena voluntad y mando una alerta de ayuda a un lugar en donde todo estaba bien. Lo peor era el descuido con el que la gente replicaba esa información sin verificar si era cierto o no.

Hubo alertas de destrozos en vigas del segundo piso, peticiones de peritos para casas que no existían, listas de desaparecidos con nombres falsos, derrumbes que eran falsos. Mentiras viles. La onda expansiva de la desinformación se hacía más grande porque, en una necesidad genuina de ayudar, se propagaba la necedad de algún imbécil, que en la insensibilidad frente al horror se moría de risa, sin  que hubiera freno. Los memes aparecieron y afortunadamente, no han sido tantos.

Hubo topos falsos, binomios de perros que no estaban entrenados, gente que quiso meterse a los derrumbes con chalecos falsas, noticias adulteradas que se difundieron, nombres de niños que no existieron. Por eso, de repente, había personas que se ofrecían a llevar los víveres que habían comprado, o centros de acopio que se formaron de manera espontánea y la gente prefería llevarlos personalmente para verificar que todo llegara a buen puerto, o de plano entregarlo en manos del Ejército o a las universidades para que no se hiciera mal uso de la ayuda.

Sí, seguimos creyendo en el Ejército y en la Marina, que han sido héroes que siguen trabajando día y noche para encontrar vida..

Lo asombroso era ver como las filas de gente que quería ayudar, las pilas de comida, medicina, agua, ropa que se formaban en los centros de acopio. Era tanta que conmovía el corazón. Pero, una línea divide y pone a la gente en lugares distintos. Por suerte, la solidaridad opaca a la rapiña. Las justificaciones de los que difundieron noticias falsas, no valen. No se puede jugar con la buena voluntad de la gente.

Infatigables 

Infatigables, así son nuestros héroes. Gente espontánea que se une a los escuadrones de ayuda y se convierten en rescatistas para apoyar a las víctimas. Unos preparan comida, otros corren a comprar víveres, otros ofrecen manos para clasificar la ayuda, otros orfecen mirada experta, opinión profesional, otros ponen las manos, otros talento, todos hacemos lo que mejor podemos con el corazón en la mano.  

Lo mismo los topos que militares que gente de la Armada de México e integrantes de la Sociedad Civil trabajan a pleno rayo del sol, en la oscuridad, entre polvo, bajo la lluvia, todos estos héroes mexicanos han dado su apoyo en forma masiva, a tal nivel que los centros de acopio y brigadistas han comunicado que ya no se requiern voluntarios. En la Ciudad de México, hay personas que hacen fila para empezar a ayudar.

El entusiasmo de los jóvenes emociona hasta los huesos. Se organizan en brigadas, forman líneas de producción, ayudan, se pintan en los brazos nombres, tipo de sangre, modos de identificación. Me asombra ver la forma entregada en la que se ofrecen manos y recursos. En medio de la desespeación, inyectan esperanza.

Los perros han sido rescatistas maravillosos. Estos animalitos son generosos y eficientes. Todos trabajan contra el tiempo. Las maniobras son cada vez más complicadas, más precisas, mas delicadas, en fin, más lentas. Frente a la impotencia de querer ayudar, de apresurarse y no poder, los héroes ponen sus fuerzas, su trabajo, au entusiasmo, sus oraciones, su esperanza.

La fatiga que provoca tanto dolor, no quita a nadie el impulso para poner su grano de arena. Restauranteros ofrecen café y pan, las filas son larguísimas y son para ofrecer ayuda. Los escombros nos abuman, la solidaridad que no acaba, nos conmueve. Nos unimos y si se eleva el puño cerrado, nos callamos. El silencio que se indica con el puño en alto, nos genera esperanza.

No nos podemos quedar sin hacer nada, es lo que decimos todos. Aplaudimos al Ejército y a nuestras Fuerzas Armadas, a nuestros Topos y por fin entendemos que todos somos héroes frente a la desgracia. Infatigables, eso somos hoy en México.

Otra vez 19/09

Como si se tratara de un chiste macabro, justo después de haber hecho un simulacro para honrar a las víctimas del sismo de mil novecientos ochenta y cinco y para saber qué hacer en un terremoto, empezó a temblar la tierra. Fue violento. Fue increíble. Fue de 7.1 grados. Se sintió más fuerte. 

Minutos antes, cuando todo era simulado, cuando era de mentiritas, las cosas funcionaron a la perfección, en cuarenta segundos habíamos evacuado el edificio. La realidad del terremoto nos rebasó. Si minutos antes lo hicimos en forma ejemplar, en esos momentos los nervios hicieron de las suyas. No pude bajar. Las escaleras estaban abarrotadas y no había forma de pasar.

Siempre tuve miedo de que un terremoto me sorprendiera dando clase, pensé que no sabría qué hacer. Pero, hoy no puedo dudar de las posibilidades de una voz potente. Instintivamente, grité: No empujo, no grito, no corro. Mis alumnos salieron tranquilos y en orden. Siguiendo el ejemplo de Ricardo Bernal, que en otra ocasión me enseñó que un profesor es el último en salir, yo fui quien me quedé a cerrar la puerta. 

Al tratar de bajar, me di cuenta que jamás lograría bajar. Una persona estaba fuera de sí, llorando, tirada en el suelo, bloqueando el paso. Imposible llegar a la planta baja. Uno de mis alumnos, Dios lo bendiga, me tomó de la mano. Nos pegamos a la pared para formar un triángulo de vida. Se unieron otros dos: nos tomamos de la mano. La Torre Latinoamericana se movía como si  fuera de chicle, el campanario de Regina Coelli parecía de plastilina. El suelo se movía con fuerza. Creí que nos íbamos a morir. En ochenta y cinco, la zona del Centro fue devastada. 

Cerré los ojos. 

Fue eterno. Duró una perpetuidad. Fue infinito.

El movimiento empezó trepidatorio y luego comenzó a oscilar. Todo rechinaba. Un estruendo. Una nube de polvo. El movimiento no paraba. La gente lloraba. Yo quería gritar. Pero me amarré la garganta. Me hicela valiente. Estoy hecha migajas.

Por fin acabó de moverse la tierra.

Tratamos de tranquilizar a la persona que lloraba en forma descontrolada. Bajamos lentamente. Rostros pálidos. Cuerpos temblorosos. Espíritus solidarios. Nos reunimos en el punto de encuentro. No alcancé a tomar mi celular. Estuve cuarenta y cinco minutos esperando para que los expertos de la brigada inspeccionaran el edificio y nos dejaran pasar por nuestras cosas. Las noticias de la gravedad de las consecuencias. El corazón se me salía. Pedía a Dios por mi marido y mis hijas. No me podía comunicar.

Miro al cielo. Agradezco. Otra vez fue un diecinueve de septiembre. Otra vez lo puedo contar. Tengo una tristeza en el alma que no se quiere salir. Es verdad, la emergencia no es igual que la que se vivió hace de treinta treinta y dos años, es cierto que aprendimos de aquella lección, pero hay muerte, hay gente atrapada, hay niños que son víctimas, hay pena. 

Me sorprende la capacidad que tenemos los mexicanos para ayudar, para organizarnos de inmediato y poner las manos al servicio de los demás. Los mexicanos crecemos frente a las desgracias. Hoy, nos necesitamos grandes.

Expulsar diplomáticos

Parece que España resuena al mismo ritmo diplomático que México. Allá, igual que aquí, declararon al Embajador de Corea del Norte persona non grata, es decir, ya no es bienvenido en tierras nacionales. En diplomacia, cuando un extranjero es catalogado así, la persona está impedida de seguir en ese territorio. Es la calidad de censura más seria que cualquier nación le puede dar a un individuo, es la sanción máxima que un extranjero se puede ganar. Como la acción de la diplomacia es tender puentes de entendimiento, este tipo de acciones son muy raras. Por eso, en México nos resultó muy extraño ver que se hiciera uso de semejante recurso. Nos sorprende más, dada la tradición de relaciones exteriores de nuestro país.

La explicación no nos convenció del todo. Aparentemente, tanto en España como en México no se ve con buenos ojos el avance militar y los estallamientos de bombas. Si Corea del Norte está haciendo pruebas nucleares, una cosa es reprobar la práctica y otra muy diferente es correr al embajador. Por supuesto, se abre una ventana de sospecha que nos pica la curiosidad. Más aún, cuando España hace lo mismo. ¿Pues, qué andarían habiendo estos señores? ¿Estarán involucrados en prácticas reprobables en territorio nacional?

Extraña porque sólo México y luego España han expulsado al embajador de este país. ¿Será que vamos a la vanguardia de una fila de paises que harán lo mismo? Ni Macron ni Merkel han hecho ecos y de Trump, mejor ni hablamos. El presidente de Estados Unidos se la pasa graznando amenazas terribles y en Asia ya nadie le cree nada. Pero, ni los estadounidenses que han sido foco de burla constante, se han puesto tan delicados. 

Me pregunto que habrán estado haciendo estos sujetos.

#micasaessucasa

#micasaessucasa es un grito de angustia frente a la vulnerabilidad que sentimos y al estado de indefensión en que nos encontramos. No se trata de un muro de cristal, ojalá eso fuera, es la vida que se nos va del cuerpo porque nos están matando ante la indiferencia de quienes nos rodean. Mara Castillo se convertirá en una razón más para gritar pidiendo ayuda, pero de nada servirá si la olvidamos como lo hemos hecho con tantas otras. 

Por eso, en un gesto de soidaridad, estudiantes, activistas, organizaciones sociales y mujeres marcharon en la Ciudad de México, en Puebla, en Jalisco, en Veracruz, en Coahuila para gritar que no queremos una muerta más, un feminicidio más. Estamos asustadas, tenemos miedo de ser las próximas, sentimos pánicompor nuestros cariños. Esta no es una forma de vivir. ¿Tenemos que estar encerradas, atrás de la puerta?

El caso de Mara Castillo me duele porque soy mujer, soy madre y me imagino que cualquiera de mis alumnas pudo haber estado en esta situación, mientras en su casa estaban tranquilos porque ella iba a regresar a casa con un medio seguro y, miren nada más lo que sucedió. Es tan fácil romper una vida por puro gusto, por la facilidad que da violar a una mujer, matarla y seguir caminando como si nada. 

Nos tenemos que cuidar entre nosotras, tenemos que formar una red de apoyo. Parece que andar solas es un delito y que salir a divertirse es sinónimo de pena de muerte. Escandalizarse sirve tan poco, sirve de nada. Mejor manos a la obra. Madres e hijas tenemos que estar en comunicación, saber en dónde andamos. Amigas debemos vigilarnos, conocer nuestras rutas y destinos, monitorearnos para cuidarnos y apoyarnos. No podemos olvidar o subestimar lo que está sucediendo.

No sé lo que dirán las autoridades, pero la impunidad corre alegremente mientras nuestras mujeres caen muertas. Vamos a ver. Por lo pronto, tenemos que activar nuestras redes de contacto y ponernos alerta. Si algo suena mal, si el institnto te manda una alerta, hazle caso y avisa. Huye. Evita el riesgo. Más vale que nos digan locas, histéricas, payasas, exageradas que muertas. 

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