Bovine, San Miguel de Allende (la necedad de tratar mal a un cliente)

Debimos haber sospechado, pero no lo hicimos. El lugar está muy bien decorado, sin embargo, se ubica en una segunda planta y por eso creímos que estaba vacío. Creo que la verdadera razón es que la voz se ha extendido: en ese lugar abusan del cliente.
Apenas nos sentamos, el mesero abrió una botella de agua B´ui y nos sirvió, no nos preguntó si queríamos agua o no. Como una botella no bastó, trajo otra y terminó de servirle a todos los comensales.
Al ver la carta, nos enteramos de que estábamos sentados en uno de los lugares más caros de San Miguel de Allende y de que el servicio no estaba a la altura de lo que cobraban.
El mesero se confundía, pensaba que la petulancia es sinónimo de elegancia. La actitud arrogante nos invitaba a salir de ahí corriendo, sin embargo, era tarde y teníamos hambre.
La cosa fue empeorando. El servicio fue lento, el trato displicente. Cuando buscamos al gerente para decirle que llevábamos 45 minutos esperando nuestra comida, el tipo nos maltrató. Pedimos la cuenta y nos topamos con un saldo de 500 por botellas de agua que no pedimos y que fueron abriendo, sin consultar, mientras esperábamos nuestros alimentos.
Al llegar la hora de la verdad, es decir, cuando la propina fue equivalente al maltrato recibido: no dejamos nada porque no se ganaron nada don semejante servicio, la gente se puso agresiva y majadera. Se burlaron y al decirles que nos quejaríamos con el dueño nos dijeron entre risas: hágalo, total, no pasa nada.

Entonces, decido hacer lo que es esperado. Si denunciarle al dueño no sirve de nada, advertirle al consumidor sí que servirá. El,cliente decide si quiere ir a gastar su dinero para recibir malos tratos o no. Por lo pronto, jamás volveré a ese lugar. Adiós para siempre.

Un caballero en Moscú o la corrección y las formas

Cecilia Durán Mena

Towles, A. (2016)

A gentleman in Moscow

Large Print Random House

Dicen por ahí que la prueba de verdadero disfrute de una lectura se da cuando sientes una combinación entre tristeza y logro cuando notas que estás a punto de terminar un libro. Por otro lado, uno no deja de tener ciertas sospechas cuando alguien te recomienda leer un best seller. Algo así como las antenitas críticas se eleva y termina uno elevando los hombros, torciendo la boca y accediendo a ver si efectivamente la lectura valió la pena o no. Este es el caso de Un caballero en Moscú del autor estadounidense Amor Towles. ¿Cómo no sospechar de un graduado de Yale que estudió literatura inglesa en Stanford y escribe sobre un caballero en Moscú? Y, al mismo tiempo, sus credenciales podrían darnos indicios de la pluma a la que nos podríamos enfrentar.

              Pero, la corrección nos dice que al autor hay que juzgarlo por su obra. Un caballero en Moscú es una novela que trata de la cortesía de las formas, de lo que significa ser una persona correcta y elegante y sobre todo, de que la distinción y la inteligencia no están peleadas. Amor Towles eleva la pluma y vierte palabras para demostrarnos que a través del lenguaje podemos encontrar el reflejo perfecto de una educación refinada, de un personaje que con los elementos que tuvo a la mano, logró hacerle frente al reto y salir victorioso.

              Alexander Rostov, es decir, el Conde Alexander Ilich Rostov es un noble ruso, un aristócrata culto que desde el principio de la novela —que arranca en 1922— es condenado a causa de un poema, por un comité revolucionario, que no sabe bien qué hacer con él. La condena es un arresto domiciliario perene en el Metropol, un lujoso hotel en el centro de Moscú donde él vivía. Nada mal, para una condena. Claro que no todo es lo bueno que parece y, para hacer justicia, tampoco todo o malo. Rostov se queda en el Metropol como una figura literaria interesante: allí, enquistado como una reliquia viva y bastante incómoda de una época desaparecida de zares y cortes, águilas bicéfalas, duelos, bailes y samovares, observará el paso del tiempo y cómo va a desmoronarse su mundo frente a los cambios que trae la Revolución del `17 y, como aquello que se quería cambiar, encontró formas para prevalecer.

“Un rey se fortalece con un castillo, un caballero lo hace con un escritorio” (p. 16)[1]

              Amor Towles elige un narrador avec que permanece muy próximo a los personajes, casi tanto que logra meterse dentro del personaje, cuando eso le es conveniente a la historia y también se aleja para tomar una distancia similar a la de un narrador omnisciente cuando lo considera pertinente. Se acerca para mostrarnos intenciones:

“Para Edmond Dantés, eran los pensamientos de venganza los que lo mantenían con la mente clara” (p. 45)[2]

              Y se aleja para describir y dar claridad:

“Su modelo de dominar sus circunstancias sería de un tipo diferente de prisionero: sería de una especie de serenidad anglicana”. (p. 45)[3]

              Un caballero en Moscú representa un gran reto lector que será recompensado con una novela a carta cabal. En una novela como esta que nos presenta Amor Towles cabe un poema, que es el punto que desata el hilo narrativo, caben anécdotas, cuentos, historias, refranes, referencias históricas. Podemos decir que esta es una novela costumbrista, ya que retrata los modos de una época que se acaba y otra que inicia; es realista por el detalle que le merecen las descripciones; es de misterio que germina en la última parte de la novela o el que se genera por el propio poema; es de formación ya que nos muestra la forma en que Rostov va evolucionando a lo largo de setecientas diecinueve páginas.

“Porque cuando la vida hizo imposible que un hombre persiguiera sus sueños, se encontrará el modo para que logre perseguirlos de todos modos.” (p 526)[4]

              Amor Towles demuestra que es posible sostener un lenguaje refinado y afectivo a lo largo de toda una novela de largo aliento. No se cae el tono en ningún momento. Además hace gala de su erudición con espléndidas citas históricas:

“Mientras que para Napoleón en Elba, paseaba entre pollos y defendía de las moscas y pisaba charcos de barro, fueron las visiones de un regreso triunfal a París las lo que galvanizaron su voluntad de perseverar.” (p.45)[5]

              El cautiverio del Conde Rostov en el Metropol, nos muestra la batalla contra la preconcepción de frivolidad de la aristocracia. Los personajes son una constelación prefigurada en torno al personaje principal. La costurera, el barbero, camareros, cocineros, bolcheviques, turistas, diplomáticos, todos para dejarnos ver como la nobleza de un personaje basta para crear un universo:

Rostov y Nina representan la amistad y la tutoría.

Rostov y la hermana representan la nostalgia.

Rostov y Anna Urbanová el amor.

Rostov y Sofía el amor paternal.

Rostov y el Gerente del Hotel; la envidia y el resentimiento.

Rostov y el poema; la fidelidad a un amigo.

Rostov y el Triumbirato; la amistad.

Rostov y Emile y Viktor Stepanovich; el respeto.

Rostov y el Metropol representan la posibilidad de libertad en cautiverio.

              Con el Conde Rostov, Amor Towles conquista un reto difícil de llevar a cabo: describir una transición —la de una nación y una época— el devenir de Rusia en la Unión Soviética, a partir de una visión crítica, jamás panfletaria. Rostov es la metáfora de un mundo viejo que no encaja con la nueva época. Por eso, el tono arcaico, la corrección, la elegancia sirven y son indispensables: son la llave que abre la puerta de salvación. Alexander Rostov cae bien a los empleados del hotel, resulta interesante para los nuevos del poder, útil para quienes quieren aprender de él y desde la simpatía de un personaje muy bien construido, refleja los cambios y los absurdos de aquellos que pretenden acabar con todo el pasado de la noche a la mañana.


[1] A King fortifies himself with a castle, observed the Count, a gentleman with a desk.

[2] For Edmond Dantés, it was the thoughts of revenge that kept him clear minded.

[3] His model of mastering his circumstances would be a different sort of captive altogether: an Anglican washed ashore.

[4] For when life made it impossible for a man to pursue his dreams, he wil convive to persue them anyway.

[5] While for Napoleon on Elba, strolling among chickens and fending off flies and stepping puddles of mud, it was visions of a triumphal return to Paris that galvanized his will to persevere.

Mechas cortas y urgencias

Podríamos creer que la prisa y la poca tolerancia a la frustración es una cuestión de época y en una irrupción narcisista nos daría por querernos apropiar la urgencia y la inmediatez. Sin embargo, la prudencia marca una necesaria pausa para la reflexión.

Los instrumentos de la modernidad, esos que entregan resultados en nanosegundos, nos encaprichan y nos obnubilan haciéndonos creer que todo debe ser automático, instantáneo y nos enrollamos con eso de que el que espera desespera.

Pero, ni nos hagamos ilusiones, ya desde la Antigua Grecia, cinco siglos antes del nacimiento de Cristo, el filósofo Zenón se refería a Aquiles como un personaje de mecha corta. Lo describió como un hombre de acción y de urgencia, acostumbrado a reaccionar en milésimas de segundo y capaz de avanzar a velocidades vertiginosas veinte metros.

Sí, sostuvo Zenón, pero el intrépido y rápido Aquiles, para llegar al metro veinte, tuvo que avanzar otros diecinueve y tuvo que arrancar desde el número uno. Aquiles tuvo la perseverancia de dar los pasos necesarios sin saltarse uno sólo.

La diferencia es que en aquellos años la satisfacción comenzaba en el paso uno, en el primer palmo de distancia recorrida, en el propósito de avance y el gozo de conseguir el objetivo generaba alegría en el espíritu.

Zenón entendió las urgencias de Aquiles. Hoy, con la inmediatez màs que gozo, satisfacción y alegría en el espíritu, conseguimos una frustración estridente se no tenemos todo ya, en este momento. Si en la Antigua Grecia tuvieron esas prisas y encontraron una forma de transformarlas en regocijo, tal vez sería bueno respirar y disfrutar como ellos.

Hace 22 años

Hijita querida,

Hay recuerdos que conforme pasa el tiempo se desgastan, se vuelven porosos y terminan por caer en el olvido. Sin embargo, hay otros que quedan tan fijos en la memoria que parece que acaban de suceder. En esos casos, uno no puede dejar de sorprenderse de que las manecillas del reloj hayan avanzado tan rápido. El calendario dice que ya pasaron 22 años y la verdad es que parece que fue ayer que tu padre y yo salimos corriendo al hospital porque estabas a punto de nacer.

Siempre, Andrea mi niña, siempre te he dicho que tu hermana y tú han sido mis mejores sorpresas. Sigue siendo así. Pero, cada año que pasa, la potencia de ese asombro crece. Desde el primer momento en que te pusieron en mis brazos el corazón dio un vuelco y se lleno de un amor que antes no había conocido. Es el regalo que traen consigo los primogénitos.

Ahora, después de 22 años, al amor se le suma el orgullo de ser tu madre. Las sorpresas siguen. Este año estuvo plagado de tantos logros que alcanzaste, que cualquiera los podría ver como algo natural. Pero, una mamá —especialmente una mamá como la tuya— aplaude entusiasmada y mira al cielo para dar gracias a Dios por tantas bendiciones.

Tus logros este año te llevaron a exponer en Polanco, a montar una obra de teatro, a trabajar con éxito en una empresa trasnacional, a ganarte uno de los mejores promedios de tu carrera. El esfuerzo siempre te ha coronado y has tenido la fortuna de que tu talento sea reconocido.

Te miro y al hacerlo, digo con tanto orgullo: esa es mi hija.

Otro recuerdo vivo que se afianza en la memoria es el día que aprendiste a decir que no. Cualquier padre se queda de una pieza cuando su bebé toma una postura distinta a la de su mamá. Muchas veces, has agitado la cabeza, elevado el dedito y me has expuesto tus desacuerdos. Así es la vida, pero incluso cuando no estamos de acuerdo, en los terrenos que tenemos posturas distintas o llegamos al grado de tener puntos de vista antagónicos, el amor que te tengo llena cualquier hueco que se forma. Ese amor me lleva a abrir la mente, ampliar la visión y, sin cambiar mis puntos, respetar.

Estos 22 años contigo, hijita querida, han sido dulces y llenos de motivos de amor y orgullo. Te quiero con el alma. Le pido a Dios que te siga llenando de bendiciones, que te rodee de ángeles para que te cuiden, de santos que te acompañen en el camino, que la Virgen te tome de su mano para que no te desvíes, que el amor del Altísimo te envuelva siempre. Te quiero con amor. Te quiero más que a mis ojos.

Arrancar

Cada año pienso igual, todos los seres humanos empezamos el año en días diferentes. Entre las vacaciones decembrinas, que por lo general abarcan buena parte de enero, hasta las fiestas de los Reyes Magos, el inicio de año se marca cuando las personas arrancan sus actividades.

Es decir, cuando empezamos con una rutina que nos dice que día a día tenemos que atender ciertos asuntos, acudir a determinadas citas, reunirnos en un lugar específico, ese es el momento preciso en el que arranca el año.

Para algunos, el arranque del año está íntimamente relacionado con el momento en el que la caja registradora empieza a sonar, cuando empezamos a facturar nuestros servicios; para otros tiene que ver con el ciclo escolar. Los ritmos y movimientos de las ciudades y de los pueblos reflejan ese contraste: entre la duermevela posterior a la vacación y el momento en el que pisamos el acelerador para ponernos en movimiento.

Con independencia del momento de arranque que cada persona tenga en sus actividades, a estas alturas del año ya todos hemos arrancado. Hay algo especial en estos días: una ilusión por volver a ponernos en movimiento, una ligera nostalgia por los días de descanso, un entusiasmo por lo que nos propusimos y queremos lograr, un temor por los riesgos que vamos a correr.

Los arranques tienen ese sabor acidulado, dulce y agrio. Son la combinación de la sabrosura del chile y el limón. Es que la piel se pone chinita al mirar el horizonte. El primer paso de los muchos que se darán para llegar a la meta de cada año, lo damos en diferentes fechas. Algunos ya lo dieron, otros estarán arrancando hoy.

Crisis con Irán

Qasem Soleimani era el segundo hombre mas popular en Irán. Era considerado un héroe, una persona respetada y querida por los suyos. Su funeral, según el diario Jerusalem Post, tuvo que ser pospuesto por una estampida que mató a treinta y cinco personas en Kerman su pueblo natal al sur del pais.

Por otro lado, las cadenas estadounidenses dicen que Soleimani era un hombre malo y peligroso. Fox News lo describe como alguien dañino y CNN dice que es tiempo de apoyar a Presidente Trump, sin embargo, piden explicaciones sobre la ejecución del segundo hombre más importante de Irán.

El resto de las naciones vemos con estupefacción como se agita un avispero y estamos oyendo el zumbido que amenaza la paz del mundo. No entendemos la estrategia estadounidense que por un lado dice que se va de esa región, que va a retirar las tropas de Medio Oriente y luego lanza semejante petardo que pone al mundo en una condición cercana a una guerra. La figura del archiduque Francisco Fernando y los sucesos en Sarajevo resuenan y uno no puede dejar de pensar en que los tambores del combate parecen estar a punto.

Desde los tiempos del ayatollah Ruhollah Khomeini en 1989, no se vivían tiempos tan convulsos. Tal vez, los tiempos de guerra contra Sadam Hussein puedan ser comparables. El presidente Trump criticó los embates de los Bush y de Clinton y hace los mismo. Se dispara el odio y las amenazas no se hacen esperar.

Dice Trump que su reacción se debió a una crisis y que la inminencia lo llevó a tomar la decisión de matar a Soleimani. La comunidad judía fue a dar las condolencias por la muerte, pero hay quienes sostienen que Solaimai es responsable del genocidio en Siria. El rabino Schmuley Boteach cree que con estas acciones, el presidente de Estados Unidos manda un mensaje de que el,problema no es con el pueblo iraní sino con aquellos que han fabricado tanto dolor.

Mientras en gran parte del mundo occidental, la gente empieza a regresar a sus actividades después de las fiestas navideñas, en oriente las cosas lucen sombrías y complicadas. La crisis enfrenta a dos naciones que históricamente no se han sabido entender. Los demás vemos a uno y otro lado para comprender qué fue lo que en verdad sucedió.

Estrella de Belén

Dice la escritura que apareció una estrella en lo alto del cielo y que unos sabios del cielo supieron interpretar el signo. Se pusieron en movimiento, la siguieron y dejaron que ella dirigiera sus pasos a Belén donde encontraron un bebé con sus padres. Lo reconocieron, lo adoraron y dieron fe de las palabras del profeta Isaías que le dijo a Belén que sería una de las mas grandes pues ahí nacería el Mesías.

Cada seis de enero, los niños católicos despiertan con la ilusión de ver qué les dejaron en el árbol los Reyes Magos. Entienden de la sabiduría que tienen y algunos, en el fondo del corazón, temblaran ante la posibilidad de recibir carbón si no fueron buenos. La mayoría jugaran con sus regalos y pocos pensarán en el misterio de Belén.

Hoy que celebramos la fiesta de la Epifanía, pienso en los católicos que viven en Belén. Su situación es tensa. Son pocos, están en medio de las presiones religiosas entre musulmanes y judíos, de ateos y agnósticos a los que el significado no les dice nada, a corazones a los que el pesebre no los mueve, de las tensiones políticas y rodeados de un muro que les recuerda que están en Palestina. Viven custodiando el tempo de la Natividad. Cada vez son menos y el día que ya no haya católicos en Belén, el lugar donde la tradición ubica el pesebre se convertirá en mezquita.

En algunas familias, el seis de enero le dejan a los Santos Reyes galletitas y leche para agradecer los regalos y para que los sabios de oriente puedan seguir su camino. En otras, los niños oran para dar gracias. Hoy, yo pido por que la sabiduría de Oriente envuelva a Belén, porque el amor que se experimentó en la Epifanía se preserve y cuide a los católicos que viven y cuidan en lugar en el que nació Jesús. Hoy, seis de enero, pido por mis hermanos católicos en Belén.

Empezar ganando tiempo

El tiempo es un concepto extraño, se pierde con facilidad y raras veces se le gana. No sé si en realidad se le puede ganar, pero cuando vuelas del este al oeste, vas contra corriente —por decirlo de algún modo y si se le ve como un flujo continuo de segundos y minutos—. Así que, en el caso de ir de Asia a Europa y de Europa a América, el reloj echa las manecillas para atrás y le ganas la carrera. Sales después de la hora de llegada.

Así que, este año lo empecé como Phileas Fogg y regresé a casa el mismo día, después de un viaje de casi 24 horas, lo cual me dice que eso de echarle carreritas a Cronos te deja exhausto y confundido. Ahora, estoy cansada, tengo sueño y no me puedo dormir. Le dicen jet-lag pero creo que competir con el tiempo tiene sus estragos.

Claro, también tiene sus ventajas. Recuperar el tiempo es una satisfacción, es guardar los minutos en el bolsillo para usarlos al llegar al destino. Es dejarse acariciar por el reloj y consentirse por el calendario.

Empezar el año recuperando el tiempo parece una buena idea. La pregunta es ¿qué haremos con esas horas que tenemos oportunidad de volver a vivir?

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: