Prohiben la mutilación genital femenina en Nigeria

Hoy Nigeria da un paso al frente. Hoy las mujeres y las niñas nigerianas pueden sonreír aliviadas, se olvidarán de uno de los tantos yugos que tenían que padecer. La mutilación genital femenina en este país africano ha quedado prohibida. Sín duda, es día de fiesta. El gobierno nigeriano catalogó como delito federal está práctica tan arraigada.

Según la Organizacion Mundial de la Salud, la mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. La mutilacion genital femenina es realizada por circunstancias tradicionales que no tiene que ver con cuestiones médicas pero que suelen tener otras funciones importantes en sus comunidades. 

Es una práctica abominable que tiene cifras alarmantes y que van en aumento. Alrededor de 140 millones de mujeres y niñas sufren en la actualidad las consecuencias de la mutilación genital femenina. Los procedimientos, que implican la amputación total o parcial del clítoris, se practican en la mayoría de los casos en la infancia, en algún momento entre la lactancia y los 15 años, y ocasionalmente en la edad adulta. En África, cada año unos tres millones de niñas corren el riesgo de sufrir esta mutilación y hay 92 millones de mujeres y niñas de más de 10 años que han sido objeto de mutilación genital femenina.

La ablación genital es una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Sin embargo, es una costumbre muy arraigada en las culturas centroafricanas. La tradición la marca como un requisito de buena maternidad, una señal de buena crianza para las niñas y una forma de preparación para la vida adulta femenina. Es preciso mutilarse los genitales para ser buena esposa. Como suele suceder con frecuencia, estas prácticas suelen estar motivadas por creencias acerca de lo que se considera como un comportamiento sexual adecuado, con la virginidad prematrimonial y la fidelidad matrimonial. En múltiples comunidades se considera que la reducción de la libido femenina, ayuda a la mujer a resistirse a los actos sexuales ilícitos. 

Para variar, la sexualidad femenina debe ser regulada y la extirpación de una parte del cuerpo les resulta buena idea. La Mutilación genital femenina a menudo está motivada por creencias acerca de lo que se considera un comportamiento sexual adecuado, vinculándose esos procedimientos con la virginidad prematrimonial y la fidelidad matrimonial. En muchas comunidades se considera que al reducir la libido femenina, se está ayudando a la mujer a resistirse a los actos sexuales ilícitos.  
Aunque no hay escritos religiosos que prescriban la práctica, quienes la llevan a cabo suelen creer que tiene un respaldo religioso. Los líderes religiosos adoptan diferentes posiciones con respecto a la práctica: algunos la fomentan, otros la consideran irrelevante para la religión, y otros contribuyen a su eliminación. Sin embargo, Las estructuras locales de poder y autoridad, como los líderes comunitarios y religiosos, los circuncidadores oficiales e incluso parte del personal médico, contribuyen en algunos casos al mantenimiento de la práctica.

Tristemente, estos procedimientos de ablación genital se llevan a cabo en situaciones de higiene terribles, con técnicas rudimentarias y con instrumental no adecuado. Se llega hacer con navajas de rasurar o instrumentos de barbaría, lo mismo en una rienda de campaña terregosa que en la calle a plena luz del día. Una tras otra, las niñas hace fila y ven lo que sucede antes de ser sometidas. 

Sí, sometidas. 

En la mayoría de las sociedades la mutilación genital femenina se considera una tradición cultural, argumento que se utiliza a menudo para mantener su práctica. No obstante, imponer a una niña a estos procedimientos es cruel y doloroso. Por fortuna, en Nigeria lo han entendido. Las niñas dan un paso el frente, podrán respirar alividas. Serán buenas madres, buenas esposas, viviran una vida sana sin necesidad de ser mutiladas. Serán mujeres que estarán completas. 
Se ha hecho Historia. Se ha dado un paso adelante en favor de las mujeres. Se acabó. Es delito federal en Nigeria. Es día de celebración y de gozo.

  

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El sínodo de la familia

Los católicos entramos en la recta final del Sínodo de la familia que ha causado mucha expectación entre los que profesamos esta fe y los que no. ¿Qué es la familia? Nos preguntamos los seres humanos de hoy. Las fórmulas tradicionales de padre, madre e hijos siguen siendo la base sobre la que la Iglesia quiere edificar, sin embargo, hay otras formas familiares que deben ser tomadas en cuenta y necesitan ser acogidas. La vocación de la Iglesia es misionera, es decir, busca difindir la palabra de Dios urbi et orbi, no se trata de dar membresías con requisitos de aceptación.

Madres solteras, padres solos, matrimonios de segundas nupcias, niños sin papás o sin mamás, gente de bien que vive a la buena pero que es excluída por circunstancias que tal vez estuvieron fuera de su control, que recibe un castigo por recomponer su vida, que es alejada porque quiere buscar la felicidad sin hacer daño a su prójimo, no parece lógico que un pastor ahuyente a sus ovejas. Es absurdo. Claro, hay reglas. 

El Santo Padre insiste «una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha. De una escucha recíproca en la que cada uno tiene algo que aprender: el pueblo fiel, el colegio episcopal, el Obispo de Roma; unos de los otros y todos escuchando al Espíritu Santo». Es una Iglesia que debe ser «como una pirámide invertida» en la que el Papa está abajo como servidor de todos, “siervo de los siervos de Dios”. 

Sí, escuchar, incluir, acoger. Esa debe ser la vocación eclesiástica. Sin embargo, hay quienes oponen resistencia, hay quienes arrugan el ceño y elevan el dedo juzgón. No quieren incluir, se repliegan en la sotana y refieren regañar desde el púlpito. ¿Y si el Santo Padre diera un golpe en el escritorio y siguiera adelante con sus reformas? Me parece que muchos de estos avinagrados se quedarían sin trabajo ya que un gran nümero de  laicos estaríamos encantados de arropar a un Papa que incluye a los fieles en vez de alejarlos. Tal vez Francisco piense que no son tiempos de rupturas y ceda ante la presión. Ojalá que no.

Lo cierto es que sínodo quiere decir caminar juntos, el Papa Francisco quiere que todos lleguemos a la meta en conconrdia, al mismo tiempo. Pero en estas reuniones hay debates y se tiene que buscar el fin más alto. Ya desde primero, Pedro zanjó el debate, y todos aceptaron el abrir plenamente la Iglesia a los no judíos, la decisión de mayor alcance en toda su historia. El propio receptor del llavero del cielo optó por incluir, por abrir los brazos y acoger. La palabra de Dios es para todos, entonces, espero que en estos días en que se redacta el acta de conclusiones, la Iglesia termine abriendo sus puertas y no cerrándolas. 

Qué el Dios en el que creemos los católicos, abra mentes y encienda los corazones de quienes deben obrar en favor del amor. ¿No es eso lo que Cristo predicó?

  

Cada quien en su lugar

La movilidad se ha convertido en el tema de moda.La forma en la que nos transladamos de un lado al otro tiene la atención de los urbanistas. Las ciudades han cambiado su fisonomía a lo largo del tiempo y esas rransformaciones se deben, en muchos sentidos a las formas en las que el Hombre usa para llegar de un lado al otro. Los caminos han cambiado sus perspectivas y prioridades, han dejado atrás lo angosto y se han ensanchado. Antes, los peatones necesitaban poco espacio, pero las carretas requerían más lugar. Los empedrados se quitaron para aplanar las vías y se usó asfalto que luego se cambio por concreto. El rey fue el automóvil.

El siglo XX hizó del monarca de la movilidad al coche. Autopistas, calles, avenidas, se diseñaron en torno a las dimensiones de un auto. Pocas ciudades incluyeron al peatón o al ciclista, las mulas, los burros, los caballos desaparecieron del paisaje y las carretas no son vehículos aptos. La ingeniería de tránsito habla de las prioridades al deambular, los más despritegidos van primero. Es decir, la preferencia la lleva en primer lugar, el peaton, luego el ciclista, luego el motociclista, luego el automovilista y por ültimo el transporte de carga pesada. 

También dice que cada categoría debe de ir en su lugar. Mezclarlos causa accidentes. Es obvio, cada forma de moverse tiene ritmos y velocidades distintas, intereses diferentes y perspectivas disimbolas. Un trailer tiene un largo itinerario y urgenciampor entregar mercancía, mientras una mamá que lleva a su hujo a la escuela quiere tener la calma de darle la bendición, entregarle la lonchera, verlo entrar a la escuela y suspirar antes de arrancar. Si revolvemos esas dos escenas el resultado no es agradable.

Para verificar lo que digo, basta ver lo que sucede en el Eje 6 Sur, Ángel Urraza todos los días alrededor de las siete de la mañana en la esquina con Coyoacán. Trailers que van rumbo a la Central de Abastos, padres dejando a sus críos en el colegio, muchachos en bicicleta rumbo a la escuela, colectivos que se paran en tercera fila para bajar pasaje y automovilistas que se topan con un nudo intrincado. 

Todos, traileros, peatones, automovilistas, ciclistas, motociclistas creen tener la prioridad. Todos se desesperan al querer salir de ese nudo. Los motociclistas sortean a los coches, los que van en auto se paran en el emparrillado para los peatones, los ciclistas usan las banquetas. Los de a pie se bajan  y caminan sobre la cinta asfáltica. El que vende chicharrones ocupa un carril de la calle.

En ese caos, nadie usa los puentes peatonales, ni respeta los carriles para ciclistas, ni se hace cargo de ocupar su lugar. Hay muchas ciudades en el mundo que han hecho de la movilidad un punto nodal de su diseño urbano. Londres, Madrid, París están integrando modalidades en las que se da prioridad al peatón, se privilegian espacios para caminar, se impulsa el uso de la bicicleta, y los autos y las motocicletas tiene restringidas ciertas áreas y cieros horarios. Si quieren pasar, hay que pagar y hay que seguir reglas muy estrictas.

En la Ciudad de México, se ha querido implementar soluciones como las de Bilbao o de otras ciudades europeas, pero las dimensiones de está megalópolis son muy diferentes. En una delegación tenemos la misma concentracion poblacional que un país sudamericano, en una colonia cabe la gente que vive en Cataluña, por ejemplo. Los avances que se han hecho en ese sentido parecen más ocurrencias que estrategias reflexionadas.

Vemos ciclopistas mal calculadas, con pendientes imposibles de subir y bajadas mortales. Las banquetas están rotas, no hay forma de caminar sobre aceras invadidas de puestos de ropa, comida, basura, con ciclistas que, esos sí my bien equipados con cascos y ecobicis invaden el espacio peatonal y atropellan a transeuntes. Todos sentimos que nuestro espacio está siendo invadido y todos invadimos el espacio de los demás. En este caos, el rio está reveulto y los pescadores que hacen ganancias son mafias que tienen tomado el espacio público.

Además, para que la movilidad sea un concepto moderno debe tener el alma verde, contaminar lo menos posible, privilegiar el tranporte urbano. Pero las dimensiones de esta ciudad son enormes, el metro, uno de los mejores del mindo, no llega a todos lados, el metrobús tampoco, los  trolebuses menos y los colectivos son un asco en manos de grupos que no quieren evolucionar, que dan un servico muy malo pero generan muchos votos.

Mi madre, que no es urbanista, tiene un dicho que aplica perfectamente: Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.  Si cada quien ocupara su lugar. El caos daría paso al orden y, en forma maravillosa, la movilidad transformaría la convivencia en un concepto armónico. No se trata de ocurrencias, se trata de pensar bien las cosas. Si no, salgan a la calle y vean lo que pasa. 

  

¿Resistencia contra el Papa Francisco?

Vaya, vaya. No será la primera vez que un dignatario encuentra resistencias ni será Francisco el primer Pontífice al que se le quiera dar un golpe de estado. Aunque parezca lo contrario, en la Iglesia hay intereses y muchos están dispuestos a defenderlos. Eso, al Santo Padre no debe sorprenderle y me imagino que tampoco debe de intimidarlo.

El Sínodo de la Familia y lo que de esta reunión consultiva resulte es un tema muy esperado por la grey católica. Muchos, como yo, que profesamos esta fe, deseamos que haya compasión, amor y comprensión. Esparamos que la directriz rectora sea inclusiva y de consuelo a los que se han sentido separados y rechazados por una institución a la que hemos llamado Madre. Una madre extiende brazos, no expulsa a sus hijos.

Una buena madre acoge. Sí, también guía, regaña, asienta valores, pero al final abraza y enjuga lágrimas. Una mala madre rechaza, señala, se escandaliza y avienta a sus hijos a las calles de la desesperación, no le interesa la tristeza de los suyos y se sienta en la tranquilidad de su hogar a juzgar y a contemplar lo buena y santa que es. 

Una peor madre, se apretrecha en su necedad, saca provecho de sus juicios y mientras sus hijitos amados sufren, ella mira a otro lado y contempla los lujos de su casa, consulta la hora y admira sus joyas, se rodea de otros hijos que la aplauden mientras ella cultiva su ego. Tambien hay de esas madres, que pueden andar de fiestas mientras Lázaro recoge los mendrugos que caen de sus mesas. Abrazan a sus consentidos y se olvidan de los que le resultan molestos.

Divorciados, homosexuales, parejas que se dieron una segunda oportunidad y hoy funcionan bien, gente de bien que quiere mirar al cielo, que se identifica con la Cruz y quiere acogerse a ella, encuentran sotanas que quieren impedir un encuentro con el Altisimo. ¿Por? Como nuevos fariseos se preocupan más  en juzgar que en ser pastores, en lanzar la primera piedra que en prestar oídos.

Lo bueno es que el Vaticano no es una democracia y que el Sínodo no es un parlamento. Lo mejor es que todos esos que ya traen la piedra en la mano pueden ser silenciados con un golpe de autoridad. El que trae las llaves de Pedro se llama Francisco y viene en serio a reformar la Iglesia. Lo que él ate, quedará atado en el cielo y lo que él desate quedará desatado, eso dijo el Buen Pastor en el que creemos los católicos. ¿Será que esos que oponen resistencia no creen en la bondad de Cristo?

Muchos que traen colgando un crucifijo ya olvidaron al crucificado. Deseo que Francisco pueda elevar la voz en favor de todos los que esperan con gozo el resultado de esre Sínodo. Ojalá que los que tienen ganas de empezar con las pedradas, se vaya  avergonzados y sea este Papa quien acoja a tantos que buscan consuelo en una Santa Madre Iglesia.

  

Un detalle del Chapo Guzmán

Alrededor de Joaquín Guzmán Loera hay una cortina de humo formada por una serie de adjetivos que nos hace difícil entender al personaje. Entre los narcocorridos que lo ensalzan, las declaraciones de  la brutalidad con que opera, la eficiencia de las operaciones de su organización, las fugas, su apariencia física, la lealtad de sus subalternos y tantas cosas, El Chapo surge y Guzmán Loera se esfuma. Estamos más impactados por los súperpoderes de esta figura que por lo que en realidad es este individuo.

Entre las sospechas de que en realidad El Chapo salió por la puerta grande del Penal de Almoloya, despidiéndose de mano y dando las gracias, como todo un caballero que acaba de cerrar un trato, hasta las versiones de un túnel construido en forma ultrasilenciosa, hay una leyenda en ciernes. Cada quien cree a este respecto, lo que mejor le acomoda. Ni las versiones oficiales ni las alegorías populares parecen tan ciertas. Y, luego, las filtraciones, los videos, los recorridos cuasi turísticos que se da a reporteros, nacionales y extranjeros, nublan peor el panorama.

Entre todo el torbellino que se causó desde que Joaquín Guzmán Loera se escapó de Puente Grande hasta la versión de las heridas en la pierna y en la cara porque ahora sí, ya merito lo volvemos a agarrar, un detalle captó mi atención. Sucede en el video que se ha dado a conocer recientemente, de los supuestos últimos minutos en los que El Chapo estuvo en la celda de Almoloya.

Entre un ruido infernal de una televisión a todo volúmen, unos tímidos martillazos,  aparece un sujeto que está recostado en una cama. Luego, esa persona se levanta, camina unos cuantos pasos, se desaparece por instantes, como si se agachara, vuelve a la cama y ¡estira las cobijas! ¡Se regresa a acomodar la cama! y luego desaparece para no regresar jamás.Nadie se ha dado cuenta de ello y tal vez sea una nimiedad pero quizás sea el reflejo de mucha información de esa persona.

¿Cuántas veces hemos escuchado la voz de una madre ordenando que el hijo tienda la cama? ¿Cuántas veces nos lo dijeron? ¿Cuántas lo hemos dicho nosotros mismos? ¿Cuántas hicimos caso o nos hicieron caso? Pero, Joaquín Guzmán Loera en uno de los momentos más apresurados de su vida, regreso a estirar las cobijas antes de huir de su celda. Sin urgencias ni atropellos, con calma que rayó en la parsimonia, regresó, tendió la cama y luego huyó. 

El orden de este proceso me pone la piel de gallina. ¿Quién es Joaquín Guzmán Loera? Los rasgos de personalidad se revelan en los momentos de mayor celeridad. Ver la actuación de una persona en momentos de extrema tensión es gozar del privilegio de analizar una especie de radiografía. Aquí no hay opiniones, puntos de vista o pareceres, son datos duros. Las imágenes están ahí y han sido vistas por el mundo entero. El señor Guzmán se asomó al hoyo y en vez de brincar y desaparecer, regresó a tender la cama y dejar las cosas arregladas. ¡Qué miedo!, ¿no?

  

De ganstarap y narcocorridos

Los corridos son manifestaciones folklóricas que narran las aventuras de algún héroe, generalmente en gestas libradas en terreno de guerra. En México, en tiempos de la Revolución Méxicana se popularizaron estos ritmos que mezclaban las notas de la guitarra con las aventuras de famosos generales o de la tropa y, en muchos sentidos, sirvieron para llevar y traer noticias. Eran un correo con tintes literarios que fallaban a la verosimilitud pero cumplían con el objetivo de exaltar la esperanza. Al fin y al cabo de eso se trata la fantasía. Así se crearon figuras admirables a partir de personas que no lo eran tanto. Se les inventaban cualidades y se exageraba la valentía, el arrojo, la impostura o lo que hubiera necesidad.

El rap nació como un movimiento urbano que recitaba al ritmo de la música versos de denuncia.Se hablaba de conflictos y se describía la vida de las bandas, sus pleitos, sus armas, sus muertes. Así como el hip hop, fue una forma creativa de cantar las desgracias de la marginación y la querella contra la injusticia. Fue, asimismo, una expresión que se popularizó en los años tardíos de los ochenta y fue transmedial. Lo mismo había graffitti que playeras que gorras que todo tipo de parafernalia que acompañó estos acordes.

El corrido y el rap evolucionaron y dieron paso a subgéneros. El primero devino en narcocorrido y el rap se transformó en gangstarap. Ambos fueron una especie de travesura mediática que sirvió para narrar las malas prácticas de grupos delictivos. Las maldades tienen aspecto sabroso, pisar terrenos prohibidos causa seducciones que menosprecian los riesgos, especialmente cuando se convierten en rajas de éxito y beneficios económicos. Los músicos se convirtieron en juglares del mal y ganaron ríos de dinero.

Los narcocorridos empezaron a cantar las andanzas de narcotrficantes y el gangstarap llegó al top ten de billlboard entre sones de muerte y sangre. Rapear de asesinos y lágrimas a ritmos pegajosos enfrente de una piscina en Beverly Hills puede parecer chistoso, en el Brox a la mamá del muerto no le hace tanta gracia. Bailar en fiestas, entre copas y tacones dorados al ritmo del acordeón mientras una voz gangosa  nos cuenta de los excesos del Jefe de jefes puede resultar muy divertido hasta que al rival ya no le gusta y arremente a balazos para acabar la fiesta.

A las advertenicas se responde con los ojos en blanco, los suspiros de enfado, las miradas condecendientes. Son expresiones artísticas, son modos de ganarse la vida, son parte de la expresión popular. Sí, ni hablar. Pero, no es lo mismo cantar de un balazo entre las cejas, que verlo. No es lo mismo hablar de navajas y cuchillos, si todo se ve a lo lejos. Desgraciadamente, la falta de miras pasa por alto que el brazo de la delincuencia es muy largo.

Últimamente, el gangstarap y el narcocorrido han sido el mejor panegírico para los maleantes. Se confeccionan versos para ensalzar el poder de malditos y, como antes, los hacen lucir como héroes, guapos y todo  poderosos. No lo son. Luego, escuchas a mujeres repetir versos terribles mientras caminan en tacones de miles de dólares sobre la banqueta de Rodeo Drive o ves a hombres al volante de automóviles deportivos cantando crímenes y crueldades. Muy bonito. No saben de qué se trata ni les interesa. 

En el colmo de la frivolidad, se canta y se rapea sobre las lágrimas y el dolor causado a otros. Eso es lo que no resulta tan evidente. Es triste, ya no se quiere exaltar la esperanza, ahora se vanaliza con la falta de ilusión.

  

Las quejas de los estudiantes universitarios

Platicando con un profesor que da clases en la Universidad Nacional Autónoma de México, nuestra máxima casa de estudios, me contó de una encuesta que hicieron entre muchachos que cursaban el primer semestre de sus carreras. Básicamente las preguntas se centraban en los gustos y disgustos que los nuevos estudiantes tenían, es decir, quejas y sugerencias.

Los que venían de escuelas privadas se quejaban de la falta de materiales, desde el elemental papel de baño hasta reactivos de laboratorio. Las sugerencias iban desde la más frívola necesidad de equipar los salones con pizarrones inteligentes hasta la exigencia de que los profesores fueran regularmente a clases. Sin embargo, la queja de aquellos que venían de escuelas públicas fue lo que más le llamó la atención a este profesor y debo de confesar que a mí también. Estos alumnos protestaban seriamente de que los profesores dejaran tarea. Imagínate, lo que antes era parte de la vida, ahora se ve como una injusticia y casi se pide la intervención gubernamnetal. 

Me quedé patidifusa, al profundizar en la queja se llega al meollo del asunto. A estos muchachos no les gusta hacer tarea porque no están acostumbrados, para ellos la tarea no es un hábito de estudio y en general les cuesta trabajo adaptarse a esta exigencia que además perciben como excesiva. Por supuesto, buscan la forma de evadir la responsabilidad y se sienten agraviados cuando la calificación se ve afectada por no cumplir con los deberes.

No estoy hablando de pequeños de preescolar que se sientan agobiados por pasar una tarde sin jugar, me refiero a futuros profesionistas. No me estoy refiriendo a una universidad desconocida, es, repito, la máxima casa de estudios de México. También, hay que reconocer, sucede en otros lados. Es verdad, la tarea no es algo que represente un gusto, especialmente si nos resta tiempo de diversión, pero es un parámetro didáctico que hay que cumplir. Es la forma de afianzar el conocimiento y, por supuesto, es un mandato que el profesor da para asignar una calificación.

Lo curioso es como muchos de estos chicos hacen esfuerzos inconmensurables para decir por qué no hicieron la tarea. Invierten más en las excusas que si hubieran cumplido con su deber. La pretextología parece ser una materia de excelencia en los planes de estudio de algunos bachilleratos.  Claro, eso se convierte en una práctica profesional y luego vemos a gente argumentando por qué no se pudo en vez de explicando razones de éxito.

Me dio tristeza esa plática con el profesor. Hacer la tarea es cumplir, es preparar el terreno y presentarte a la evaluación con herramientas para triunfar. Me aterra que la educación media en México pase por alto un tema tan escencial en la formación de nuestros jóvenes. Me molesta que los chicos se esten acostumbrando a pretextar en vez de a concretar, en vez de resolver, en vez de cumplir. Lo peor, me cuenta este maestro, es que hubo una consideración seria para prestar oídos a esas críticas.

Ante la queja, en vez de firmeza, se baja el rasero. No, eso es inadmisible. No sucede únicamnete en la UNAM, muchos estidiantes de otras universidades también se quejan de la tarea, de la exigencia, del rigor académico. Les parece mal encontrar la puerta de un salón cerrada porque llegaron tarde, se molestan porque se les da una calificación baja por entregar algo que no se les pidió, levantan la voz porque no pueden con tantas materias y con tantos exámenes, preferirían que no hubiera nada de esas mortificaciones. 

Algunas veces, se salen con la suya. En ocasiones, hay oidos complacientes que exigen bajar la guardia. Luego, estos muchachos salen al mundo profesional mal preparados, con serias deficiencias y no saben competir. Entonces, en vez de recuperar el tiempo perdido, empiezan las quejas y los pretextos. ¿No sería mejor hacer la tarea y hacernos cargo de lo que nos toca?

  

La competitividad que no llegó

Hace veinticinco años, México decidió abrir las puertas al mundo y volverse un país de libre comercio. La intención era convertirnos en una economía global que aprovechara la posición geopolítica estratégica, la proximidad con Estados Unidos y Canadá, los límites con el Caribe, Pacífico y Atlántico, la maravilla de estar, para efectos logísticos, en el centro del mundo. Para ello, dijo Carlos Salinas, presidente en aquel entonces, debemos aprender a competir.

Nos subieron a los cuernos de la luna, nos engolosinaron con un discurso desarrollador, nos ilusionaron con verdades tan concretas que se podían tocar, lo malo es que no nos enseñaron a competir. Nos aventaron a la alberca, en el lado hondo, sin flotis y sin saber nadar. Los más aptos aprendieron a flotar como pudieron, sin técnica, sin recursos, muchos murieron ahogados en el intento, otros se hundieron en el reflejo de la promesa y otros se acogieron a la sombra de un padrino benefactor y aprovecharon el espacio libre que dejaron los aue no pudieron.

Así, los monopolios se agrandaron, las oligarquías existentes se hicieron más compactas, la distribución de la riqueza se  distribuyó peor. Engendramos al hombre más rico del mundo en un país que tiene pobreza alimentaria. El discurso popular es el de toda la vida, no pudimos. En realidad, no fue eso. Fue que no supimos como y en lugar de acomodarnos para arriba, lo hicimos para abajo. Pocos lograron dar el salto.

Sin eximir a las autoridades de responsabilidad, hay que decir que no sólo ellos son culpables. Seguimos sin saber competir, preferimos acomodarnos hacia abajo que superarnos y ponernos a la altura. Si se trata de elevar la mira, alzamos el puño e invocamos la injusticia de que se nos exija más. ¿Así cómo? Si un examen está dificil, los alumnos alegan  y exigen cambio. Si un trabajo se entregó fuera de parámetros y falla la calidad, se pide una reconsideración, si llegamos tarde, nos enfurecemos y gritamos que que tanto es tantito.

La competitividad no llegó hace veinticinco años y sigue, en muchos sentidos, sin aparecerse en escena. Basta ver como los profesores prefieren salir a las calles, pasar penurias, rebajar la embestiduta magisterial, que ponerse a estudiar para sacar su certificación y llegar dignamente a dar clases. Basta escuchar al flamante gobernador interino de Guerrero pedir que se le pague a quienes no se presentan a trabajar para entender el nivel tan bajo al que me refiero. 

Sin embargo, es en lo individual en donde debe operar el cambio. Aprender a competir cuando el suelo no es parejo y cuando el rasero se tasa diferente para cada quien es muy complicado, peor es cuando ni siquiera nos enseñaron. Pero ya es tiempo de que empecemos a aprender. Ni modo. Bajar la guardia nos lleva a un peor lugar.

  

Leon Golub: Bite your tongue

La exposición que alberga el Museo Rufino Tamayo de León Golub, Bite your tongue, es sobredogedora. Este pintor norteamericano tiene una forma muy impactante de hacer del pincel y la pintura un medio para la crítica. Pararse frente a uno de sus lienzos causa una sensación de desasosiego y de indignación. No todo lo que sucede en tierras norteamericanas son un sieño convertido en realidad, también hay pesadillas.

Todo el peso de la crítica cae sobre los hombros del visitante a la exposición. La vejación, el sometimiento, la hipocresía, los rostros descarnados de quienes hacen el mal a sus semejantes, mientras otros prefieren hacerse disimulados, taparse los oídos y mirar para otro lado.

Golub con un ojo muy agudo, fija en los lienzos, algunos de ellos razgados, discontinuos, fragmentados, el desacuerdo en las formas utilizadas por Estados Unidos para meter la nariz en conflictos que no eran suyos. Esta exposición del pintor figurativo estadounidense destaca los aspectos clave su obra  desde la década de 1950 hasta su muerte en 2004. A lo largo de su carrera, Golub se basó en  la idea de que el arte debe ser socialmente relevante. Sus obras son lienzos de gran formato y de una profundidad psicológica y evocadora retoman una y otra vez los temas de opresión, violencia y abuso de poder.

En los primeros lienzos que el visitante se topa en la exposición, Golub es muy específco, trata los problemas de Panamá o Afganistán, en los últimos su crítica es más universal, su atención se centra en los dolores de la Humanidad causados por el Ser Humano.  El mas impactante refleja a un encajuelado en el momento en que su verdugo va a jalar el gatillo. La cara de la víctima no se ve, se tapa con la figura del cuerpo de su victimario quien el ese momento está volteando a otro lado. Como si no quisiera ver lo que está a punto de hacer, como si no quisiera ser descubierto. La cobardía se desborda del cuadro.

Sus cuadros se pueblan de armas, rifles, cuerdas, de rostros atrapados en momentos reveladores de lo que una persona tiene dentro, de seres descarnados que enfrentan a sus víctimas dolorosas. Salí del Tamayo con el corazón en el puño. Si Golub pensó que el arte había de ser para denunciar, para conmover, para detener al mundo y jalar su atención en eso que le quita al Hombre la piel y lo deshumaniza, fue eficiente en su quehacer.  Al menos conmigo lo logró.

  

Bodo

Como muchos fines de semana, Andrea llega, temprano en la mañana y me plantea planes irresistibles. El de hoy fue ir al Museo Rufino Tamayo a ver la exposición de León Golub: Bite your tongue. No imaginé lo que estaba a punto de pasar.

Estacionamos el coche en el Club Asturiano y caminamos por el Paseo de la Reforma. Íbamos muy contentas, pasamos por las rejas del Museo de Antropología, vimos a los Voladores de Papantla girar por los cielos y aproximarse a la tierra. Mientras nos dirigíamos a las puertas del Tamayo, nos dimos cuenta de que había mucha gente.

Estaban entregando los números para una carrera de diez kilómetros y había muchos puestos ambulantes que vendían calcetas, sudaderas, pantalones y todo tipo de artilugios para correr. Curioseábamos, nos deteníamos a preguntar por qué había tanta gente, cuando Dany lo vió.

Un pequeño perrito de nariz puntiaguda, de orejas en forma de triangulos muy grandes, patas muy cortas estaba amarrado a un bote de basura. ¿Es de usted?, le preguntó Dany. No, una señora y su niño vinieron y lo dejaron ahí amarrado desde muy temprano. Aquí lo abandonaron. A lo mejor al rato vuelven por él, les dije a mis hijas que me miraban con ojos de gelatina.

Entramos a ver la exposición de Golub y salí con el corazón en el puño. El efecto que ese norteamericano tiene para hacer una crítica feroz sobre la política estadounidense a través de un pincel es prodigiosa. Caminamos despacio y con cierto desasosiego. Andrea miraba de soslayo a Dany y yo me hacía la disimulada. Sabía y ellas también.

Claro, ahí seguía el perrito, amarrado al basurero y la señora del puesto ya estaba recogiendo sus cosas. El animalito estaba echado, como en forma de medio círculo, las orejas gachas y los ojitos llenos de miedo. ¿Se lo va a llevar?, le preguntó Dany. No, mijita, no puedo. El animalito vio su oportunidad y se acercó a mis hijas con movimientos muy lentos. 

Pues, sí. Ahora se llama Bodo y a partir de hoy vive en mi casa. Mis hijas no pudieron dejarlo ahí, amarrado a un basurero y yo no tuve corazón para decirles que no lo podíamos adoptar. El veterinario nos dice que es un chihuahueño de pelo largo, que tiene como seis meses y que está desnutrido pero sano. 

¡Ay, Dios! Mi casa cada vez se transforma en un arca de Noé mas poblada. Cuando Carlos lo vio sonrió enternecido. Luego, al conocer la historia se puso serio, ¿cómo puede alguien dejar así a un animalito? ¿Cómo puede ser que amarres a tu perrito y lo dejes en medio del Bosque de Chapultepec, así a su suerte?

Bodo tuvo suerte, por la mañana estaba amarrado a un bote de basura y por la noche ya tiene camita, collar con cascabel, dos gatitas que lo ven con cierto recelo, una perrita que lo recibió agitando la cola y una familia que ya le dio la bienvenida. 

     

 

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