Un signo de convivencia civilizada

Ayer en Guanajuato se vivió un signo de convivencia, progreso y civilidad. Desde la zona de las Embajadoras bajaba  una manifestación de orgullo gay con rumbo al centro. De el area de la Alóndiga de Granaditas caminaba una peregrinación de muchachos que iban a la Basílica de la Colegiata gritando Viva Cristo Rey. Ambas procesiones confluyeron en la Plaza de la Paz con respeto y mostrando respeto y armonía que para algunos hubiera sido difícil imaginar.

El signo fue increíble. El acercamiento de ambos grupos que se miraron a los ojos sonriendo fue en contra de esa idea salvaje de que los que son diferentes no se pueden ver. Presenciar la deferencia que unos y otros se dispensaron fue una lección que Guanajuato le lanza al mundo. Es complicado imaginar posturas tan radicalmente desiguales que las que convivieron naturalmente en la Plaza de la Paz el día de ayer. Fue una sensación de orgullo que sentí en el pecho, los mexicanos sabemos estar juntos sin arrugrle la nariz a los que no piensan como yo.

Me gustaría que eso fuera mas frecuente, que los que tienen y los que no tienen no se vieran con recelo, que los que creen y los que no creen no se sientan con la verdad absoluta, que los que aman a una mujer o a un hombre, independientemente de sus preferencias, no se miren con odio, que los que tienen algo que no es igual a lo que yo tengo  no provoque desprecio.

La gente se arremolinó en las banquetas para ver pasar a ambos grupos y, algunos con cierto morbo esperaron la reacción del momento en que ambas procesiones se juntaran. Había un contingente de policías que resultó innecesario. Para gusto de la civilidad, la armonía imperó y más que un signo de tolerancia hubo uno de sensatez. 

Todos podemos convivir en forma alegre. Basta un cambio de mirada. Eso sucedió ayer por la tarde en Guanajuato, y eso, como muchas cosas que pasan aquí, valen la pena ser narradas.

  

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Terreno parejo para todos

La propuesta de que hombres y mujeres gocemos de las mismas oportunidades causa reacciones. Para algunos suena una petición apolillada, vieja. Sin duda, muchos creen que las oportunidades para hombres y mujeres son idénticas desde hace muchos años. De alguna forma tienen razón, la situación de la mujer ha mejorado mucho y en varios sentidos somos vistas como lo que en realidad somos: pares. Para otros es la eterna cantaleta feminista que cansa y agrede a tantos. Hablar de terreno parejo no es enarbolar una bandera de resentimiento ni una postura de odio, todo lo contrario, es una propuesta de paz para un mundo en el que la violencia avanza y la tenemos que parar.
He for she es un programa auspiciado por la Organización de Naciones Unidas que busca un mundo igualitario, en el que las niñas y los niños vayan de la mano, caminando en un terreno en el que ambos se encuentran al mismo nivel. Por desgracia, estoy hoy aún no es una realidad. No lo es en países africanos, ni asiaticos como no lo es en la Ciudad de México en mi propia colonia. Según los estudios de seguridad y violencia emitidos por el Gobierno de la capital mexicana, las mujeres siguen siendo víctimas de violencia de género. 

Las mujeres son violadas, asesinadas, golpeadas, abusadas y victimizadas, no por desconocidos, sino por gente que forma parte de su entorno. Padres violentos que pegan más a sus hijas que a sus varones, maridos que lastiman a sus esposas, jefes que llevan a su nivel de incompetencia a sus empleadas, que las acosan, que les piden favores a cambio de un puesto de trabajo. La mayoría de las depositarias de la violencia intrafamiliar son las mujeres.Hermanas que ven limitadas sus posibilidades frente a los hermanos que las encierran, las critican por su forma de maquillarse, de vestirse, de reírse.

La formas que adopta el lenguaje para referirse a lo femenino pueden ser denostativas, asociadas con una relación superioridad inferioridad, de relación directa con la estupidez, con elementos lascivos. Los chistes, las majaderías, incluso el lenguaje coloquial hacen poco favor a la mujer.

No, el terreno sigue sin estar parejo. Las mujeres hemos avanzado mucho. Cada vez somos más las que tenemos voz, la elevamos y somos escuchadas con respeto. Cada vez hay más mujeres sentadas en las aulas aprendiendo y va en aumento el número de académicas y cientificas que caminan firmemente en el quehacer de su actividad. Es cierto, no hay forma de que yo pueda negarlo siendo una de las primeras beneficiarias de esa circunstancia. Sin embargo, el terreno sigue sin estar parejo.

Sigue habiendo niñas que sufren mutilaciones, que viven en estado de esclavitud, que son sometidas, que sufren vejaciones. Sigue habiendo manos que se levantan y puños que se estrellan contra caras de mujer. Siguen la voces vulgares que ofenden a una joven que decidió ponerse la falda corta o lucen un escote pronunciado. Todavia de escuchan las justificaciones que echan en cara a la provocadora caminar con semejantes contoneos. Jamás he escuchado gritos ofensivos a un bigotón que use los pantalones muy apretados o que muestre sin pudor la redondez de sus pectorales. 

Sueldos, oportunidades, plazas, siguen teniendo diferencia entre hombres y mujeres. Eso es terrible pero no se compara con la brutalidad que reciben ancianas, niñas, mujeres, jóvenes cuyo único pecado fue haber nacido siendo mujer. He for she no es una propuesta resentida ni agresiva, es una iniciativa en favor de la paz. Queremos un suelo parejo para que las siguentes generaciones caminen en forma igualitaria, sin violencia, en armonía. Es una invitación lo mismo,parahombres que   para mujeres ¿Será mucho pedir?

Puedes unirte a la iniciativa. Si eres mujer, si tienes hijas, si amas a tu esposa, por el cariño a una madre, por el respeto a cualquier figura femenina o por que es lo justo, en fin, por lo que quieras, puedes formar parte de esta acción que es tan noble.  heforshe.org

  

¿Mexiqueños?

Una de las seña de identidad es el gentilicio. ¿De dónde eres?, parece ser una pregunta común en formularios, es un dato que debe incluirse en formatos, es información relevante en un currículum vitae, en fin, es algo importante. La costumbre, la lógica o no sé qué, le gana a un concepto. Dejamos de ser México, D.F. para convertirnos en la Ciudad de México que en realidad siempre habíamos sido. 

Lo curioso es que ya lo eramos en otros idiomas. Mexico City, Cittá del Messico, eran las formas en la que los extranjeros denominaban a la ciudad que los locales llamabamos Distrito Federal, aunque no nos quedara claro qué era eso. La identidad se nos descolocaba porque el gentilicio era un territorio indómito. Los michoacanos, oaxaqueños, guanajuatenses, y de todos los estados jamás tuvieron ese problema, ni los acapulqueños ni los piedadenses ni los toluqueños pasaron por la mortificación de no tener un gentilicio.

Si nacías en la capital de la República, no había un gentilicio específico y unánime para llamarnos. Chilango, que me encanta, muchos lo sienten peyorativo. Defeño, palabra de fonética irregular, ya queda en fuera de lugar. Capitalino es peor porque no nos distingue de otros que también hayan nacido en otras capitales. En esta confusión, la Real Academia de la Lengua Española sale a solucionarnos el problema y desde Madrid nos hace llamar mexiqueños. No es falta de agradecimiento pero, ¿quién les dio esa facultad?

Me hubiera gustado que esa iniciativa la tomara la Academia de la Lengua Mexicana. Pero no fue así y en esta condición, los que nacimos en el Valle de Anáhuac, sentimos que la identidad nos la debemos dar nosotros y no esperarla de los peninsulares. No es tener la piel delgada ni tomar actitudes criollales ni salir a dar proclamas con un estandarte, eso, a Dios gracias, ya lo hicieron los héroes que nos dieron patria. Lo que no nos dieron fue gentilicio y el que se les ocurrió allende el mar, está muy feo.

Mexiqueño se oye horrible. Parece la combinación de México y pequeño. Peor se escucha mexiqueña. Como que el gentilicio no nos ayuda a enfrentar los retos de la vida en una de las ciudades más grandes del mundo. Como que nos achica y eso está muy poco adecuado, así para empezar. Luego, lo demás.

Tal vez sea una típica resistencia al cambio, o una especie de nostalgia al hacer consciencia de lo que fue y ya no es. Puede ser. Aunque en estricta justicia a mí me gusta más Ciudad de México, así con sus dos mayúsculas y todo. Lo que en serio, está feísimo es el mote con el que nos quieren identificar. ¿Sería mucha molestia pedir uno nuevo? No a los señores de la RAE que ya tuvieron la gentileza de darnos uno, sino aquí entre nosotros, discurrir algo mejor. 

Y, es que en términos de seña de identidad, decir que nací en la Ciudad de México es un orgullo que no cabe en la palabra mexiqueño, ¿no creen?

  

Lo que sentimos frente a la autoridad

 Es curioso, la sensación frente a una figura que detenta autoridad debiera ser de protección, sin embargo, para muchos mexicanos enfrentarnos con un representante de gobierno lejos de dar seguridad, da miedo. En el discurso, todos los representantes del Gobierno dicen estar dispuestos a apoyar al ciudadano, a aclarar sus dudas, a ayudar a resolver los problemas, a propiciar el fomento de nuevos negocios, a incrementar el crecimiento económico y, en general, a mejorar la vida. La verdad, frente a la autoridad sentimos desconfianza.

No el valde cada que escuchamos un discurso oficial elevamos las cejas y levantamos los hombros. No es gratuito que cada que nos para un agente de tránsito, empecemos a temblar y a sudar frío. Sabemos que, en la mayoría de los casos, estamos a punto de ser extorsionados. Si alguien que ostenta una identificación oficial y llega a hacer una inspección a un negocio, en vez de sentir que nos van a ayudar a mejorar, tenemos la certeza de que nos van a perjudicar. Cuando una persona que llega a la casa a hacer una revisión de lo que a la autoridad se le ocurra, queremos cerrarles la puerta en las narices y salir huyendo a toda velocidad.

La falta de transparencia, la voracidad que con cinismo muestran, el poder que detentan, hacen que el ciudadano se sienta indefendido, mal representado y amenazado ante una autoridad que ni se siente preocupada por sus gobernados ni, en realidad, se preocupa. En los níveles básicos, el aborazamiento es inmenso. En los de alta dirección es peor. La  gente vivimos en la cotidianidad sin saber que se está gestando un peligro que nos va a salir caro. No tenemos forma de defendernos. Nos muerden y lo que intentamos es que nos desgaren lo menos posible.

Muchas de estas extorsiones llegan a la casa sin invitación. El ahorro que con esfuerzo se ha hecho y se tenía destinado para otra cosa se desvanece entre las demandas de alguien que nos advierte de un problemón que tenemos en registros de oficinas de agua, predial, luz, y que ellos nos van a ayudar a resolver. Por lo general, esos problemas son inexistentes o expresamente creados. Acercarse a las oficinas correspondientes para pedir consejo sale peor. Trámites, multas, recargos sobre bases turbias, incomprensibles y colmillos largos y garras filosas.

No, no es una cuestión de politizar nada, es pedir que si no nos ayudan, por favor, no nos perjudiquen. 

  

Entre la orfandad y un reglamento de tránsito 

Uno de los temas de moda entre los automovilistas es el Nuevo Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México. Hay varios motivos para que los capitalinos podamos quejarnos y todos tienen que ver con la ambigüedad de las nuevas reglas de movilidad. Causa gran confusión saber cuáles son los críterios basicos, incluso teniendo el reglamento en la mano. La clasificación de las calles y los límites de velocidad resultan difíciles de discernir, los señalamientos desorientan , las líneas de cruce peatonal no están bien pintadas… En fin, hay una lista de razones contundentes por las cuales los automovilistas nos sentimos muy poco cómodos con las nuevas reglas. Eso no es lo peor.

Es verdad que los automovilistas hemos gozado de una suerte de superioridad que nos hizo creer que eramos los reyes de la calle, bastaba bajarnos del auto para saber lo que era caer en la desgracia de ser peatón. Sin coche, nos convertíamos en seres indefensos a los que nadie quiso ver ni escuchar. El problema es que el Nuevo Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México sigue dejando a los peatones en esa condición. ¿A quién beneficia estas nuevas reglas del juego? Díficil de saber.

El Jefe de Gobierno sostiene que la intención es promover una movilidad más moderna y ordenar a los automovilistas que andabamos tan desbocados que provocabamos muchos de accidentes y muertes a diario en la ciudad. Como intención, no esta mal, pero, como que no le creemos mucho al Dr. Mancera. Es es lo malo de andar copiando modelos que funcionaron en otros lados sin adaptarlos adecuadamente a un espacio urbano tan singular como la Ciudad de México. Las cosas no se mejoran y la gente anda enojada y muy desconcertada. Eso no es lo peor.

Lo peor es que somos muchos los que al querer respetar el Nuevo Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México nos hemos llevado rechiflas, señas y saludos poco amables. Subir a 40 km/hr al segundo piso del Periférico a las seis y media de la mañana, me ha ganado el mote de estorbo, gritos poco decentes, cambios de luces, claxonazos y de todo. Lo malo es que la mayor parte de esos pésimos tratos, que también estan sujetos a multa, me los han infligido policias en patrulla, agentes de motocicleta, conductores de autobuses urbanos (¿qué hace un autobús urbano en el segundo piso?) y gente que además  de estar obligada a respetar las leyes, son figura de autoridad trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México. 

Me pregunto si a ellos también los multan. Yo creo que no, si ese fuera el caso ya tendrían una cuenta por pagar bastante abultada. El secretario de seguridad, Hiram Almeida ha decidido guardar silencio, ni quiere contestar preguntas ni dar entrevistas ni comparecer ante la Asamblea de Representantes, creo que si no quiero ser multada, seguiré escuchando claxonazos, voces furiosas y gritos furibundos de la autoridad que sí puede violar la ley. Así me siento entre la orfandad que me ha provocado  un nuevo reglamento de tránsito al que a veces siento que está diseñado para que unos cuantos lo respeten. ¡Qué caray!

  

Andrea creció

Las madres tenemos la costumbre de sentir que el tiempo no pasa y al mismo tiempo quisiéramos atrapar los instantes en el hueco de la mano para poder detenerlo. A veces podemos, cierro los ojos y todavía puedo ver con nitidez a esa bebita hermosa que pusieron entre mis brazos, llorando con fuerza, y siento con idéntica intensidad la emoción cuando te acurrucaste y entendí el maravilloso privilegio de ser tu mamá. Cabías en el espacio del antebrazo. Te di un beso que quise que fuera eterno. De alguna forma lo es, el contacto sigue tan vivo como lo fue aquel día. Ni hablar, parece que aún puedo arrullarte y mecerte en mi regazo.

La maternidad ha sido la mejor bendición que Dios me ha dado. En esos instantes se forjó un vínculo tan poderoso de cariño y ternura tan único y precioso que creí ya no era posible querer con más fuerza. Me equivoqué. Cada día crece y seguirá creciendo. Pero conforme pasa el tiempo, hay más motivos. Ahora al amor lo acompaña el gran orgullo que me da decir que soy tu madre. El tiempo funciona en formas curiosas en las cabezas de las madres. Dije que me hubiera gustado ver por un hoyito cómo sería el futuro. Desde luego, la realidad supera en mucho la fantasías que pude hacerme en torno a ti. Ya no necesito imaginar nada, eres una mujer mayor de edad. Por increíble que parezca, ya pasaron dieciocho años.

En la elasticidad que los recuerdos le dan al tiempo, te veo con el vestido de Primera Comunión y frente a las cámaras de Televisión Española dando una entrevista,  te veo recibiendo el trofeo del campeonato de tenis del Club Asturiano y firmando copias de tu libro en Madrid, te veo con el uniforme del Kinder Hills y hablando en la presentacion de Por escrito. Claro que el pecho se llena de orgullo. También te escucho debatiendo conmigo y dejándome claro los conceptos en los que no estás de acuerdo, te escucho dando opiniones y fijando posturas con esa forma tan dulce y tan contundente y respetuosa que te da identidad.

Siento esas mañanas en las que llegas a dormir cinco minutitos, los últimos antes de empezar el día, o las noches cuando me pides que te arrope, o cuando todavía de noche, se que sigues estudiando o haciendo tareas. Siento la alegría de caminar a tu lado en las mañanas de Acapulco, de la tarde en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, de las callejoneadas en Guanajuato, del créme bruleë en chez eux, de la arena de la playa de Holbox. Siento tanto gusto al comprobar que podemos trabajar  juntas en proyectos en conjunto.

Me muero de risa al recordar la noche en Valladolid, de ima-iname con bigotes, de Vito echándose a nadar en la alberca, de vamos contra corriente, o al verlas a tu hermana y a ti hablando en esos códigos que nada más ustedes entienden. Haz llenado mi vida de alegrías maravillosas y mis momentos de los mejores motivos.

Haz crecido, Andrea. Haz ganado una estatura. Eres fuerte. Ya eres grande. Miro al cielo y digo, esta es la niña que le pedí a Dios. Soy esa mujer que se arrodilló frente a ti para pedirte a esta nena que hoy ya es una mujer. Te pido por ella, como lo hice entonces, como lo he hecho estos años, como lo hago hoy y lo haré siempre. Me escuchaste, señor. Me concediste la petición con la generosidad que te caracteriza, siempre dándome más. Andrea es la mejor prueba de ello.

Te pido para mi hija, que la bendigas siempre, que la tengas siempre rodeada de ángeles, custodiada por arcángeles, que los santos la cuiden y tu madre la tenga sostenida de la mano. Y tú, Dios vivo y único, guárdala en el corazón, muéstrale tu rostro y tu misericordia.  

Insisto, las madres tenemos ese anhelo de detener el tiempo en el hueco de la mano. ¡Qué bueno que no podemos!

Andrea, mi hija, creció. Ya es mayor de edad.

¡Feliz cumpleaños, mi niña! 

  
  

Mezquindades y falsas apologías

La palabra figura, nos dice Erich Auerbach, significa originalmente imagen plástica. El término ha evolucionado, Es una consideración de cualidades y capacidades que nos sirven de punto de partida para crear un concepto que se ajuste a la forma física y sensible de algo. Es una consonancia que aparece ahí donde se necesita una representación. Entonces, la figura es al mismo tiempo, una visión onírica y fantástica que se pergeña a partir de un modelo real. 

La técnica ha depurado hasta el refinamiento lo que esta palabra envuelve. Una figura puede manifestar e insinuar algo sin pronunciarlo expresamente. Y así, de manera casi natural, por motivos políticos, tácticos, por la sencilla razón de lograr subrepticiamente un mayor efecto o, cuando menos, para que quede sin explicar aquello que se quiere encubrir, se libera una figura para que en el camino vaya dando pasos, crezca y gane tamaño. En un punto de exageración máxima, se busca que la verdad se opaque frente a una leyenda y se defiende lo que en realidad, resulta indefendible. Esa estridencia se llama mezquindad.

La Humanidad ha sido proclive a crear figuras de reivindicación. Hay una fascinación por las historias del rico que era pobre, del malvado que sufrió en la infancia, del pecasor que se convierte, del perverso que hace cosas buenas. En la fantasía, los recursos para hacer que vuele la imaginación, van desde lo bien logrado hasta los intentos vulgares y desgastados de repetir la historia de la Cenicienta o de Pepe el Toro. El afán no es gratuito, ha generado pilas de dinero. Telecomedias, novelas ramplonas, escritos morbosos, películas con producciones espectaculares y pocos contenidos plagan al oferta que el consumidor enfrenta un día sí y el otro también. La fórmula ha sido desgastada y, como buena vaquita lechera, sigue generando utilidades, aunque la gente ya se sabe de memoria la trama y conozca el final de la anécdota.

Así las cosas, hay que tener cuidado. Crear una figura alrededor de un narcotrficante, en la que se le recubre de inventos e historias cursis, pero lindas; en la que se le dan cualidades para disolver su actuar criminal, es mentir. La mezquindad resulta no de la mentira, que ya de por sí es un signo fatal, sino de la falta de respeto ante las víctimas de un asesino cruel, de un ratero inmisericorde, de un hostigador que le chupa la calma a las personas hasta llevarlos a la desesperación y eventualmente a la muerte. ¿Que apología vale en torno a estas figuras? 

Ni narcocorridos ni narconovelas que cristalecen una retórica especial y una lírica superior —que aún no encuentro— valen la falta de respeto ante los héroes que han caído en una lucha desigual e inhumana. No hay justificación ante las lágrimas de una viuda, un huérfano, un mutilado, una familia que no encuentra a su hijo, una madre que perdió a su hija.  No hay criterio estético que sobrepase al deber ser, a los principios éticos que deben regir. No hay hipótesis que valga pena de ser confirmada frente a la pena de tantas personas. No hay palabras que merezcan ser pronunciadas si con ellas se piensa forjar una figura reivindicatoria a un delincuente. 

Menos aún si estos grupos delictivos han causado tanta pena a personas concretas, que tiene nombre y apellido. Así que nadie tiene derecho a escudarse en la libertad de expresión, el interés estético, el registro histórico para justificar la mezquindad de sus actos. No sólo es una canallada invitar a Joaquín Guzmán Loera a platicar, es una estupidez y  una falta de respeto a las víctimas, además de una provocación a la autoridad. Lamento la ruindad de un buen actor que se evidencia como mala persona. Lamento que una mujer con buena cuerpo deje ver lo que tiene entre las paredes craneales. Lamento a tantos que han aplaudido como focas lo que no hay forma de aprobar.

La falta de nobleza, lo despreciable no es nada más de Joaquín Guzmán Loera, es de todos aquellos que han tratado de exaltar la figura de un hombre que, a fuerza de romper la ley, ha hecho tanto daño. 

  

Entre cómicos y narcotraficantes

  • Hay líneas muy tenues que ponen a unos en un lado y los separa de otros. Sin embargo, los extremos se tocan y resultan tan similares. Hemos visto como en estas guerras, tanto policias y ladrones tienen una facinación por el mundo de la farandula. Parece que ambos grupos encuentran a la gente del espectáculo como buenos adornos que decoran bien y son una compañía agradable. Resulta que ambos lados de la recta tienen el gusto por las caras que se hacen famosas en las pantallas.

No es nuevo ver fotografias de estas celebridades sonriendo frente a maleantes. Tampoco nos resulta desconocido enterarnos de los que les sucede a estas personas que conviven tan de cerca con narcotraficantes, secuestradores y a ese tipo de finas personas. Lo malo es que la frivolidad exagerada se acerca peligrosamente a la estupidez. Andar de fiesta entre lobos es muy arriesgado.

Los narcocorridos, las narconovelas, los programas de crimen organizado son interpretaciones fantasiosas de las tragedias que   efectivamente suceden a diario. Tristemente, la trivialidad, la ignorancia y la indolencia hacen que personajes como Sean Penn, Kate del Castillo y tantos otros hagan declaraciones en las que ensalzan a un matón y ofenden a las víctimas de estos criminales. Se toman fotos, se hacen videos, brindan y conviven sin reflexionar en el mal que han hecho a sus semejantes. Se arropan en la libertad de expresión y sin reflexionar se arrojan alegremente a los brazos de grupos de alta peligrosidad. ¿Cuántos, creyéndose encantadores de serpientes, han encontrado un desrino fatal?

No me queda claro que querían hacer Del Castillo, Penn y Guzmán en una reunión. Me parece que han de ser muy buenos clientes del Chapo y en esa condición, el señor Guzmán Loera los recibió. ¿Estarían ellos buscando una nueva línea de negocio y él nuevos socios? ¿Buscaban hacerse una fotografía para ponerla en la sala de la casa? Lo más seguro es que estuvieran pidiendo un descuento por volumen para su consumo personal. Sólo ellos conocen sus verdaderas intenciones. Así, a primera vista, no parece que hubieran ido en un afán de catequesis. Sabemos que las drogas destruyen y terminan fundiendo el cerebro y ahí está la prueba. ¿A quién en su sano juicio le parece inteligente exibir que ellos encontraron a alguien que las agencias de inteligencia internacional no ubicaron? ¿Les parecerá muy chistoso poner en evidencia al gobierno mexicano, a la CIA, al FBI, a la DEA, a la Interpol?

No lo es.

Me pregunto si estas personas serán llamadas a declarar por tener nexos con el narcotráfico. Deberían ser llamados a cuentas. Por menos, gente ha terminado viviendo infiernos. Si el brazo de la ley no llega a tocarlos o no los asusta, el lenguaje de venganzas y ajustes de cuentas de los criminales no son actos cómicos. El pozolero existe, las torturas no son parte de un guión de Hollywood, las redes delictivas son crueles y son reales.

Policias y ladrones, cómicos y cantantes no son mundos complementarios. Salir en la tele, ser cantante, actor, no debe constituir un privilegio para hacer idioteces. Lo malo es que eso se está convirtiendo en una práctica común. Lo peor es que los de un lado de la línea todo toleran, los del otro lado, no.

El último día de vacaciones

La mañana del último día de vacaciones tiene un gusto agridulce. Abres los ojos, consultas el reloj y haces consciencia de que al día siguiente a esas horas ya andarás a la carreras,  en prisas vertigiosas que preceden a la adaptación propia de la cotidianidad. Sí, pero justo en este momento, sigues entre la cobijas, calientita, hecha bolita sintiendo el privilegio de estar todavía de asueto. 

Los últimos minutos de algo siempre son así. Las salas de espera en un aeropuerto antes de abordar el vuelo de regreso,los momentos   antes de subir por última vez al barco, la estación del tren cuando ya estás en el asiento esperando a que el vagón se ponga en movimiento, subir los peldaños del autobús que va a casa significan ese estar sin estar. Es como el resto del helado que está por teminar, sabe más rico.

La última mañana de vacaciones tiene esa delicia tibia de las sábanas que te retienen en la cama y la posibilidad de quedarse en ese abrazo alegremente. Claro que mientras estás así, también estás pensando en el día siguiente, en el ajetreo, en la lista de tareas por hacer, en los pendientes que habrá que hacer y en las ocupaciones que ya casi están aquí. Sí, pero todavía no.

Hay una nostalgia por lo que ya no será y que aún está. La tranquilidad vacacional se va infectando de cierta tensión. El aburrimiento se invade de emoción. Hay cierta urgencia porque comience lo que ha de venir y cierta resistencia por dejarlo llegar. Una resistencia natural flota en el aire que lucha contra esa urgencia de reanudar el día a día.

Las manecillas del reloj, desobedientes como son, ni aceptan quedarse inmóviles para eternizar la dulzura de las sábanas y las cobijas envolviendo el cuerpo, ni caen en la tentación de apresurar el paso para inaugurar las actividades diarias. Qué bueno que el tiempo no obedece más que a sus propios ritmos. Así, hoy, puedo sacar la nariz para verificar la temperatura exterior y volverme a cobijar, puedo acurrucarme y regresar la cabeza a la almohada. Mañana comenzarán las carreras.

Sí, eso será mañana.

  

La camiseta del Chapo y el otro detalle

Alrededor de Joaquín Guzmán Loera siempre hay un halo de duda, de oscuridad, de embrollos y sospechas. Cada que se habla del delicuente más buscado del mundo queda la sensación de que ni sabemos todo ni nos lo van a decir. En esa condición, brota esa suspicacia que nos invita a no creer todo lo que se dice. Tanta parafernalia alrededor de su tercera captura me remite a esas películas de acción y, sin embargo, entiendo que así sea. Ni modo que la captura de semejante capo se diera con una sencilla nota de prensa. Lo cierto es que casi cualquier acción, incluso la más correcta, causa dudas en este concepto. Ni hablar de su reingreso al penal del que ya se fugo con tanta fastuosidad y facilidad.

Por eso, toda la especulación que se hace en torno a esta figura, da como efecto esa comezón incómoda, ese presentimiento de que falta algo y sobra mucho. Sentimos desconfianza. No le creemos del todo a las autoridades ni a los especialistas ni a los expertos nacionales ni extranjeros, ni a los policías ni a los políticos, a ellos menos que a nadie. Nos resulta sospechoso que la captura se haya dado en esta fecha ¿le dieron oportunidad de pasar la s fiestas con los suyos o se esperaron a dar a conocer la noricia ya que todos regresábamos de vacaciones? No  sabmeos, sólo sospechamos.

En esa tesitura, mejor nos quedamos con lo que podemos ver. Las pistas que llegan infiltradas en las imagenes a las que todos les ponen poca atención, a mi me jalan la mirada. Lo primero que me llamó la atención fue la camiseta que Joaquín Guzmán Loera traía al momento de la captura. Una pieza de tirantes hecha de algodón, sucia, gris, se veía luída, decolorada, vieja. Me llama la atención que un hombre tan poderoso y con tantos millones se vista como un pobre mecánico de esquina, como si no le alcanzara para andar limpio.

Recuerdo cuando lo atraparon por segunda vez, después de varios años de haberse fugado de Puente Grande. Vivía en un departamento amueblado con sillas de plástico y mesas de fórmica, con camas desvencijadas y mucho desorden. ¿A poco así vive un millonario? En el imaginario colectivo El Chapo Guzmán es un gran potentado, un sujeto poderoso que vive y viste de acuerdo a su inmensa fortuna. Se le representa con camisas de seda, relojes de oro, autos de lujo y rodeado de sirvientes y comodidades. Muy lejos de lo que nos mostraron. Lo creemos una especie de nuevo rico, no un mequetrefe que toma directo de la botella o en vasos de plástico, que usa ropa corriente, come barato y que vive en condiciones miserables. Casi lucía mejor la celda del penal del Altiplano que su habitación en la libertad y el uniforme era de mejor calidad que lacamiseta  mugrosa que llevaba al ser capturado.

Se desluce la figura que emula a Chucho el Roto, un hombre vestido de camiseta gris de tirantes no se acerca a la imagen de Robin Hood y dicho sea de paso, tampoco luce tan maldito, como sabemos que es. Así con las manos amaradas no parecía ese hombre astuto que está siempre al acecho, que tiene alianzas mundiales, que dirige una organización tan global y exitosa, ni mucho menos un potentado capaz de seguir gestionando su negocio tras las rejas y de planear tan espectaculares huídas.

Pero sí es ese personaje malvado que mata, envenena, roba y hace daño. Sí es ese perverso que ni conoce la pidedad y es amo de lo desalmado. Se le notó en un pequeño detalle. Dicen que los ojos son las ventanas del alma. No sé, a veces lo son, otras no. Dicen que en las minucias se ve el universo. Unas sí y unas no, ustedes juzquen. Ayer, una vez que fue bañado, revisado medicamente, fichado, despojado de su camiseta gris, uniformado y presentado a los medios de comunicación Joaquín Guzman Loera hizo algo inaudito. En el momento en que lo bajaron del vehículo militar e iba escoltado por varios elementos de las fuerzas armadas, con la cara agachada por la mano de uno de los custiodios, Joaquín Guzmán Loera detuvo el paso, se soltó la cabeza y en un movimiento suave y calculado, miró a los reporteros, posó a las cámaras y sonrió.

Yo, que estaba siguendo en vivo la transmisión, sentí que la piel se me hacía de gallina.

  

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