Algunas comparaciones entre Turquía y México

Turquía y México son economías emergentes, son países muy religiosos, apegados a sus tradiciones y su gente es servicial. Ambos países están enfrentando crisis migratorias y solicitudes de asilo que no pueden solventar porque no hay capacidad para cargar con problemas propios y ajenos, pero están haciendo lo posible por ayudar.

El alcalde electo de Estambul, que pertenece a un partido diferente al del Presidente Erdogan, ganó en una segunda vuelta con un margen de mucha comodidad. Esta buscando ayuda de los ciudadanos a quienes convoca para hacer comités que impulsen soluciones informadas. Imamoglu, así se llama el alcalde de Estambul cuenta con el apoyo del pueblo no tanto del Presidente. A diferencia de Claudia Scheinbaum, Imamoglu busca solucionar problemas a los que le pone nombre y no culpables. Se ve con ganas de trabajar y no de estar escondido bajo la sombra de un líder paternal, que también acá en Turquía existen.

Erdogan es un líder carismático que la gente dice querer. Es un hombre de mano dura. A diferencia de López Obrador, el Presidente turco fue en persona al G20, a pesar de que en casa las cosas no le salieron como él quería. Fue y se sacó la foto en medio de Trump y Putin. Es un estadista que está elevando las variables macroeconómicas de su país. El turismo ha aumentado en mas del once por ciento, acaban de inaugurar un aeropuerto moderno que me dejó con cierta envidia, la infraestructura es de clase mundial. Erdogan se ve cómodo entre los líderes del mundo. López Obrador mandó a Marcelo Ebrard que sale en la foto algo descolocado, ocupando un lugar que no le corresponde. Queda claro que eso de hablar inglés es una ventaja para la 4T.

A los turcos les da orgullo recibir turistas, son amables e ingeniosos. Si no saben hablar inglés, se comunican con el traductor de google. En Mexico, la hospitalidad es uno de nuestros fuertes. Veo a Turquía con la mirada puesta en el mundo y a Mexico con un presidente que no quiere salir de las fronteras.

Mika Ronkainen, internacionalista de la Universidad de Georgetown dice que el mundo tiene dos ombligos geográficos, uno es México y otro Es Turquía. Estamos en medio de todos. Un país está aprovechando esa ventaja competitiva el otro se esta olvidando de hacerlo.

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Atardecer y el Bósforo

Ver caer la tarde, presenciar que el cielo se cambia de color, renuncia al azul y prefiere volverse rosa, mientras las crestas del río dibujan caminos, unos dorados y otros plateados es uno de los lujos de estar en este lugar de ensueño. Estoy segura que todo es parte de un plan: Estambul quiere que caiga enamorada y el Bósforo teje sus redes de seducción. Por supuesto, tiene éxito. La ciudad ya hizo la magia. La queremos con sinceridad y amor del bueno.

La tarde que se vuelve noche es el momento más mágico. Sólo un loco no entiende el amor de Constantino. No hay razones que más valgan pero entre los gatos silvestres, los monumentos, la comida bebida y su gente quiero ver quién es el valiente que levanta la mano para no caer a los pies de esta ciudad tan especial. Suena la oración en las bocinas y se guarda silencio.

No es una tarde cualquiera, es la experiencia de la ciudad amable que apaga los rayos del sol poco a poquito y enciende una serie de luciérnagas y se convierte en un paisaje iluminado en el que el ojo experto puede encontrar puentes atirantados, nombrar cada una de las mesquitas, encontrar el Gran Bazar, ubicar la Plaza Taxim, apreciar la Torre Galatea e imaginar que un inca se hunde en es Bósforo rodeado de gaviotas y barquitos que van de aquí para allá.

Estambul es majestuosa de Europa a Asia, entre sus montes y llanos, con su gente que te lleva a regatear y te hace creer que eres el mejor negociador del mundo, aunque hayas pagado mas de lo que originalmente tenías pensado gastar. Será el vino de la región de Anatolia, los dulces con miel, los quesos añejos o los frescos, serán los olores y sus sabores, serán los mil y un cuentos o el pan que se vende en carritos por la calle, será el conjunto lo que hace la magia del atardecer y el Bósforo lo que ratifican que el amor existe y se experimenta en forma entrañable y rabiosa.

En Estambul están pasando cosas importantes

Es un privilegio y fue una casualidad. Estar aquí en un momento coyuntural y atestiguar como funciona una democracia con un líder poderoso que lleva la riendas del país con mano dura es interesante.

La antigua Constantinopla busca la modernidad y opta por ser cosmopolita. Estambul ha dejado claro que quiere seguir siendo una ciudad abierta al munso. Eligió como alcalde a Imamoglu por segunda vez. Para el presidente de Turquía, Nagib Erdogan perder la alcaldía de Estambul es un golpe duro que le pega donde duele.

Para el presidente de Turquía, Erdogan, perder la alcaldía de Estambul es un golpe duro ya que Estambul es la ciudad principal de Turquía tanto en población como en economía. Es una ciudad global, que resiste a los intentos de Erdogan de islamizarla. Pero, sigue siendo amado por su gente.

Estambul ha dejado claro que quiere seguir siendo una ciudad abierta eligiendo como alcalde a Imamoglu por segunda vez. Imamoglu ganó las elecciones de hace tres meses por un margen estrecho, pero ha habido que repetirlas porque el partido de Erdogan impugnó el resultado. Y ahora Imamoglu ha ganado por un margen mayor al candidato del partido de Erdogan.

Para Erdogan esto es doloroso ya que él fue alcalde de Estambul y eso le sirvió de trampolín para llegar a presidente del país. Pero, además, esto fortalece al Partido Republicano del Pueblo, el de Imamoglu, un partido laico que es ahora mismo la principal oposición a Erdogan. Sin olvidar el papel que han jugado los kurdos, que son casi dos millones en  la capital y lo hacen concientes de que esto no es muy bien visto en Europa, ni modo, dirán.

La gente aquí en Estambul esta discretamente feliz , meseros, taxistas, vendedores hablan bien del ganador y mejor de Erdogan. La ciudad es una joya y todos confían que esto será para mejorar. Veremos.

Estambul

Estambul no es otra cosa más que una ciudad maravillosa. Nos trae de sorpresa en sorpresa. Desde el aeropuerto tan moderno hasta el sabor de los dulces de dátil, uno no entiende por qué las palabras se quedan cortas en esta ciudad tan especial.

La antigua Constantinopla es una ciudad generosa y compleja. Los turcos son gente amable que sonríe mucho. Casi nadie sabe hablar ingles. Muchos hablan español y cuando decimos que somos mexicanos, sonríen más, nos ponen boleros y les caemos mejor.

El clima es estridente igual que el tráfico. Amanecimos a veinte grados y a las once de la mañana ya sobrepasábamos los treinta. Levantarnos temprano fue buena idea. Entramos a las mesquitas sin hacer filas. El problema fue que, aunque llegué con la cabeza cubierta, para no mostrar el pelo; iba enseñando las rodillas. Pero, eso no representó problemas, me prestaron una falda para que pudiera entrar sin problemas. No me cobraron un quinto por ir a ver la Mesquita Azul y admirar la belleza que puede motivar el amor a Dios.

Subimos al autobús turístico, que hace paradas y te puedes subir y bajar las veces que quieras y decidimos hacer el recorrido completo. El tráfico es cómo el calor de este verano, duro e irritante. Pero al estar frente al Bósforo, todo se olvida y volvemos a jurar amor eterno a esta ciudad gloriosa.

Creí que iba a llegar siendo una gran conocedora de Estambul por haber leído a Pamuk. Esta metrópoli es un misterio. Crees que estás lejos de algo y lo encuentras a la vuelta. Estás seguro de que puedes llegar caminando a algún lado y las distancias son crueles.

El Gran Bazares un universo limpio, divertido y seguro. Adoré estar ahí, comprando chácharas y viendo y comparando. Somos idénticos a los turcos y radicalmente distintos. China impera, por todos lados vemos souvenirs turcos hechos en China.

Pero venir y no comer falafel o probar dulces de dátil es algo próximo al crimen como lo sería no tomar te o beber café. Estambul es mágica con su cielo azul lleno de nubes que forman toros, bailarinas y medias lunas. Hay gatos preciosos por todos lados.Con los los enormes de su gente y su disposición a contarnos todo, aunque yo no entienda nada de árabe.

Ecos y reflejos

La mañana amanece húmeda, llovió por la noche, hay muchas nubes grises, el piso está mojado. En fin, el clima no pudo ser mejor. Es perfecto, tal como a ella le gusta. Se despertó temprano, estoy segura de que ninguna alarma le dijo que era hora. Eligió con cuidado y escogió la blusa favorita. Debo decir que se ve preciosa. Las palabras de una madre siempre tienden a describirlas así. No por eso deja de ser verdad que se ve tan linda, tan grande y tan segura.

Viene a despedirse, a pedir de la bendición. Elevo los ojos al cielo, pido la protección de Dios y de la Corte Celestial. Se va con una sonrisa que no le cabe en el rostro. El eco del día en que la dejé en el kínder en manos de Miss Vero y se despidió encantada de ir a jugar resuena en mis recuerdos. En su primer día de escuela, ella entró dando de saltos y yo me quedé en la puerta con el corazón algo arrugado. Hoy ese reflejo destella y me hace chispas en la boca del estómago.

Escucho la puerta del garage que se cierra, el coche arranca y el tallar de las ruedas en el pavimento se aleja. Ahí va Andrea a su primer día de trabajo. El primer empleo que consiguió por sus méritos, sin que papá o mamá metiéramos las manos. Como estoy de vacaciones, me quedo acurrucada en la cama. El tiempo pasa tan rápido, me lo dijeron siempre y es verdad. Me hago bolita y abrazo las rodillas con fuerza. Sonrío. Aquel día que la dejé en el kínder dibujé unas alas que hoy se extendieron y ya se agitan para volar.

Los ciclos de la vida son virtuosos. Vuelvo a mirar al cielo. Ahora, además de pedir protección, doy gracias y alabanzas porque en su gran poder, Dios me escuchó y me sigue escuchando. Hoy me hija se fue a trabajar.

Agradecer por la noche más linda

Ayer por la noche, viví una de las experiencias más hermosas de todos los días de mi vida. Para ello, tuve que someterme a la angustia de soltar el manubrio de mi vida y cedérselo a un par de conductoras que se veían nerviosas. Pero, de la misma forma en que, cuando era niña, cerré los ojos y pedaleé para ir cuesta abajo en la bicicleta, así con los dientes apretados y con una especie de hoyo en el estómago, cedí el control.

Al igual que cuando iba cuesta abajo en la bici, los nervios se fueron diluyendo cuando sentí la maravilla de ese airecito sobre la cara. Entonces, como ahora, hizo falta valor. Pero, ya se sabe que la osadía trae sus compensaciones. Mis hijas se convirtieron en conductoras designadas, en conspiradoras de travesuras felices y orquestaron la mejor sorpresa de mi vida.

Salimos de casa con rumbo desconocido. Andrea manejaba, Danny iba chateando. Las dos se miraban como buenas cómplices. Carlos y yo fuimos confinados al asiento trasero y recibimos órdenes de callarnos y nos convertimos en padres obedientes. Tomamos rumbo a Coyoacán sin muchas explicaciones. Al llegar al destino, algún estúpido bloqueó el flujo planeado para que las cosas salieran de acuerdo a la estrategia. Dimos una vuelta a la manzana. Ese incidente hizo todo más emocionante.

Por fin, llegamos al lugar: era la casa donde sembré pinos ocoteros, donde florece el floripondio y da frutos el limón. Estaba todo tan oscuro que cuando estalló el grito de sorpresa, el alma se me salió del cuerpo y el corazón se dividió en dos partes iguales. Ahí estaban nuestros amigos, los importantes, también mi suegra y Enrique. La gente que ha estado en lo próspero y en lo adverso.

Y, mis hijas, conspiradoras de alegría, se organizaron en secreto para invitarlos sin que Carlos y yo sospecháramos nada de nada. Cedimos el manubrio y nos dejamos conducir. Fue glorioso, fue tan emocionante ver lo competentes que son Andrea y Danny para hacer felices a sus padres.

Nos organizaron un festejo anticipado para celebrar XXV años de casados, eligieron todo para hacer una no he perfecta. Se asociaron con nuestros cariños más cercano y todos se confabularon para celebrar la noche más linda. Qué felicidad, las travesuras que mis hijas planean con nuestros amigos me emocionan tanto que las palabras se me hacen moño.

Gracias a todos los que ayudaron a Danny y a Andrea. Gracias a mis hijitas, con toda la fuerza de mi corazón.

Confusiones

Dice Dolores Padierna que a casi un año de los comicios, las oposiciones en México no atinan a explicar su estrepitosa derrota. Tiene razón. Los partidos perdedores siguen viendo estrellitas y como que no terminan de recomponerse después del golpazo lopezobradorista. Sin embargo, los ganadores también andan descolocados.

Al gobierno del Presidente López Obrador se le ve estacionado en discursos dicotómicos y polarizantes como si no se diera cuenta de que la campaña ya acabó y el momento de la verdad ya llegó. Las promesas que debían cumplir se van decolorando, se les ve rápidos y furiosos para contrarrestar las quejas y sumisos cuando el exterior dicta agenda.

Tal como lo refiere Dolores Padierna, los políticos mexicanos andan confundidos. De repente, hemos vuelto a la etapa precuauhtémica y en vez de tener Presidente tenemos un tlatoani al que no se le puede cuestionar ni pedir cuentas ni hacer uso de los derechos que da el Estado Mexicano, porque el que piense diferente será arrinconado con el mote de traidor a la patria.

Tristemente, la arrogancia que vimos en administraciones pasadas se repite hoy con la justificación de palabreros oficiales. Siempre han existido los que aplauden irracionalmente a las administraciones actuantes y fueron duramente criticados por quienes hoy asumen esa misma condición. Necios que acusan sin ver que son la ocasión de lo mismo que acusan, dijo por ahí la mente más preclara del Barroco en la Nueva España.

Los desafíos que tenemos que enfrentar son grandes y los políticos no se ven con la talla necesaria. Unos enojados, otros sumisos, algunos defensores incondicionales, otros irracionales, aquellos sin rumbo, éstos desdibujados.No de ve un puente que una las grandes ideas con la satisfacción de las necesidades y el alivio de la población.

Entre tanta confusión, la cuarta transformación y sus opositores se desdibujan. No vemos claridad. Tanta confusión es un drama.

Estúpida esperanza

Parece el título de alguna canción cursi y en realidad es la declaración que hizo Susana Zabaleta en un twit a Sergio Sarmiento. Hace referencia a la euforia que le causó el triunfo de López Obrador y el gusto por ver a La Gaviota volar fuera de Los Pinos porque ahora sí iba a haber dinero para la cultura. Pobre.

La desolación que le causa la realidad, la desilusión de ver que aquello que soñó se está convirtiendo en pan con lo mismo, lejos de darme ternura, me da rabia. Los líderes mesiánicos tienen procedimientos muy similares: prometen y cumplen poco. Ya en campaña, ver como AMLO tocaba niños que le acercaban con la esperanza de sanación nos hacían sospechar en una especie de acto pentecostal más que en uno de campaña.

Pero, así son las caras bonitas. Zabaleta creyó lo que quiso creer, igual que muchos mexicanos. Eso no es culpa de quien promete, es responsabilidad de quien se traga el anzuelo y lleva a muchos que admiran su figura a abrir la boca y engancharse en lo imposible. Es lo de siempre, prometen cielo y estrellas y al final, lo que dan son puros palos.

La esperanza debe de tener fundamentos. Claramente, Zabaleta que quiere dinero para la cultura, no se dio una vuelta por los textos de George Orwell ni leyó Animal Farm, o si lo hizo,olvidó. La ingenuidad se sustenta en un lugar distinto a la estupidez. Un ingenuo no sabe y por eso corre el riesgo de irse de bruces.

Los adoradores incondicionales de AMLO se la quieren comer cruda, sus detractores acarician al gato y dicen: te lo dije. Pero, a decir verdad, no podíamos esperar peras del olmo, ¿o sí?

Ni modo, Susana, esto es lo que hay porque esto fue lo que votaron.

Ayudar

Ayudar, pero, qué tanto. Hasta que duela, habría contestado Santa Teresa De Calcuta. Ya nos está empezando a doler. La condición de la peste es contagiar el mal. Por eso, la prudencia al prometer siempre es recomendable. Ni modo, hemos criticado a quienes han abusado de los migrantes. Especialmente, hemos alzado la voz en defensa de los abusos a mexicanos que han cruzado la frontera en busca de lo que aquí no pudieron encontrar.

Por fortuna, la expulsión de mexicanos de nuestras tierras va en descenso. Parece que si México no es la tierra que mana leche y miel, para muchos es mejor quedarse aquí que irse para allá. El problema es que los migrantes extranjeros que llegan a nuestro país se enfrentan con corrupción, maltrato, condiciones miserables y con un Estado Mexicano que prometió bondades y los está deteniendo para contener una crisis diplomática con Estados Unidos.

Si ayudar hasta que duela tiene límites, en México estamos empezando a ver las consecuencias de recibir a más gente de la que podemos ayudar. La casa es frágil, el conductor de nuestro barco anda dudoso, la tripulación no se ve muy hábil, la violencia va en aumento y, de repente, nos topamos con un problema que nos estalla en la nariz.

Me parece que México es como esta casa en la que hay adolescentes en crisis y en un momento, al papá se le aflojó la boca e hizo promesas. De repente, su hermana le manda a sus hijos para que le ayude porque ella no puede con ellos. Los sobrinos no quieren estar ahí, van de paso, pero comen, duermen, van al baño en su casa. La mamá no está nada contenta de recibir a los hijos de la cuñada en casa y tiene que estirar el gasto aún más, cuando ya de por sí, no le alcanzaba. Hay que ayudar, dirá el papá. ¿Cómo?, preguntará la madre mostrándole el monedero con billetes de baja denominación. Unos sobrinos se portan bien y otros muy mal. ¿Qué hacemos?, preguntarán los hijos que tienen sus propias necesidades.

Dar un trato solidario a cualquiera, sin importar dónde haya nacido, es un imperativo. Ni hablar, pero al decidir a quién ayudar primero, a propios o a extraños, la panza se nos hace nudos. Hemos sido contagiados por la peste porque en el fondo, sabemos la respuesta.

Siete años

Hace siete años empecé a escribir este blog. Como todo lo que se inicia, hubo incertidumbre, ¿quién me leerá?, dudas, ¿es serio escribir un blog?, cuestionamientos, ¿para qué? Y entre todas las preguntas que se me ocurrieron antes de empezar, la que jamás se me ocurrió plantearme fue ¿por cuanto tiempo? Seguro pensé que lo que durara seria bueno.

Lo que jamás me imaginé al empezar a escribir este blog hace siete años fue la cantidad de satisfacciones que me iba a traer. Gracias a este blog, he recibido mucho. Me ha dado la posibilidad de reencontrarme con gente del pasado, de comunicarme con mis alumnos, lo mismo con los que están en el aula, como con aquellos que hace muchos tiempo que pasaron por mi salón, me ha acompañado al andar por el Camino de Santiago, ha viajado conmigo a Sudamérica, a Europa, a Asia. Ha contado sobre mi experiencia en Jerusalén, en el Roland Garros, en aquella final en que Roger Federer alzó por única vez la Copa de los Mosqueteros, ha felicitado a los míos en sus logros y ha contado mis tristezas y preocupaciones. Se ha metido conmigo en las pastas de los libros y me ha impulsado a escribir columnas de opinión en publicaciones como Forbes, WSI, Correo. Ha reportado sobre los premios y se a topado con uno que otro tropiezo. Vienen conmigo a San Miguel de Allende y a Acapulco.

En este blog se reúnen muchos lectores de tantas partes del mundo y esa diversidad me sigue pareciendo un misterio. Y, lo más importante que me ha dado son lectores. Gracias a los que han estado aquí desde el primer día, a los que van llegando, a los que no se han ido. Estas ventanas se abren para mostrar lo que estoy pensando. Gracias a los que se asoman desde España, Colombia, Puerto Rico, Australia, Austria, Dinamarca, Israel, Noruega, Francia, Italia, Estados Unidos, Japón, a los de cada rincón de este mundo que vienen a ver lo que hay por aquí, gracias a mis paisanos, a cada mexicano que me sigue.

Escribir.

Escribir es como lanzar una botella al mar que lleva un mensaje, es la esperanza de que alguien la encuentre, le quite el tapón, saque el mensaje y lo lea. Gracias, porque cada día tengo la satisfacción de que esa botella sufre el milagro de la multiplicación. Gracias por darme la satisfacción de saber que me leen. Cada año se aumentan el número de visualizaciones y mi agradecimiento se vuelve exponencial.

Gracias por ayudarme a cumplir estos primeros siete años.

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