Recuentos

A mí me gusta contar y el 31 de diciembre es una buena fecha para hacer recuentos. Me gusta imaginar que la línea del tiempo es una recta númerica y el último día del año es el cero. Hacia adelante están los números positivos, es decir, los días que han de venir, y hacia atrás los que ya fueron, los que ya se usararon. Algo así como un cuaderno, en el que hay hojas limpias y hojas que ya quedaron escritas. 

El recuento es una relectura de lo que sucedió en el año. Es enfrentar con un ojo crítico y amoroso las conquistas, las pruebas y los retos que se derivarán. Es saldar la cuenta del tiempo y ver qué tal nos fue. No tanto para fustigarnos con el látigo de la culpa, más bien para contemplar y valorar. También para repetir aquello que salió bien y para dejar de hacer lo que no trajo buenos resultados. 

En términos de conquistas, me queda sonreír y agradecer. Son cerca de quince mil visitantes los que se asomaron a ver lo que estoy pensando durante este año. Hubo gente de todas partes del mundo, principalmente de países hispanohablantes, pero también de otros, como Japón, Rusia, Francia, Corea del Sur, Dinamarca, Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda, Escocia, Portugal y otros más. El número de vistas promedio diarias aumentó con respecto al año pasado y eso es de agradecer. Mis alumnos ganaron concursos de emprendimiento.Acapulco sigue en el corazón, hoy tengo puesto un pie en San Miguel de Allende, El Veinte va viento en popa, Pretextos literarios por escrito es una revista que goza de aceptación y le gusta a sus lectores, cada día tengo más alumnos, he ayudado a muchos en sus proyectos de titulación y las satisfacciones crecen. Hoy desperté con el ronroneo de Gis, mi gatita gris, de la mano de mi marido con la paz se saber que mis hijas duermen felices en su recamara. Hay salud, amor, mucho cariño y voluntad de caminar hacia adelante. Dios con nosotros.

Entre las pruebas, la paciencia tomó la palestra. Las fechas de inicio se postergaban y nos hacían dudar de que algún día nuestros planes se fueran a concretar. Dos veces, a punto de firmar acuerdos importantes, la contraparte se echó para atrás y nos dejaron como el Tonto Coyote en medio del abismo sin paracaidas. El golpe fue duro, sacó lágrimas y hubo que sacudirse el polvo. Muffin murió mientras nosotros estábamos de vacaciones, llegar a casa y sentir el vacío fue duro. Nos acompañó durante diez años y su ausencia se nota en las pequeñas cosas de todos los días. Con mis alumnos, siempre tengo la suerte de tener entre los buenos a los mejores. Este año me tocó enfrentar un grupo aterido por el desinterés, la apatía y el amor a la pantalla de su celular. Muchas veces sentí que estaba sola en vez de estar rodeada de chicos universitarios, no encontraba la forma de motivarlos. Tristemente, no todos pudieron ser rescatados, los vi quedarse atrapados en los tentáculos del desapego y la desconsideración a unos padres que pagan colegiaturas carísimas para que sus hijos chateen y se tomen fotos en vez de poner atención. Los vi suplicar por una calificación aporbatoria en vez de esforzarse por obtenerla.  No fue agradable.

Los retos que vienen para el año que iniciará en unas horas van de todos los tamaños y presentaciones. Los típicos como bajar de peso, hacer ejercicio, comer mejor están en la lista. También, seguir venciendo el antojo de echarme un cigarro y gozar del placer de fumar, este es duro y es una lucha de todos los días. Me pregunto si algún día se me quitará este antojo. Ahorrar es un reto. Aceptar trabajo en la medida de mis posibilidades, sin extralimitar mis capacidades y sin sobrevalorar mis angustias. Ser agradecida como Bodo,  mi perrito, audaz como Gis, atrevida como Chai. Quiero acercarme más a mis cariños, cuidar a mis amistades, velar por mis amores, estar cerca de quienes quiero. Agradecer, contar bendiciones, tener a Dios en el centro de la vida, amar a Carlos, a Andrea, a Dany, bendecir a mis padres. Seguir adelante en el camino.

Y, hoy especialmente, dar gracias por ustedes que se siguen asomando a ver lo que estoy pensando. Mil felicidades. 

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Protagonismos y pasos en falso

En los últimos días de 2016, andamos enojados, asustados y como que el porvenir se pinta de tonos poco propicios. Los próximos eventos nos tienen sentados al filo de la silla: los gasolinazos, Trump como presidente en funciones, Corea del Norte con amenazas atómicas, China agregando tensiones a la escena mundial, Israel y sus asentamientos ilegales, una Zona Euro frágil, un Reino Unido que buscó aislarse, un crecimiento del empleo raquítico y un pronóstico de desaceleración económica mundial. Encima, se nos mueren los famosos a los que hemos admirado tanto. La gente pide a gritos que acabe el 2016 como si el calendario tuviera responsabilidad en todos estos hechos. 

No es así.

No fue 2016 el que sufragó a favor del Brexit ni el que votó a favor de Trump. No fue responsabilidad del 2016 la muerte de nuestros ídolos. Dice Charlie Brown, my idols are dead, and my enemies are in power. Y, por si fuera poco, la prudencia anda escondida y la estridencia se adueña de la escena. A pocos días de dejar el poder y ante la evidencia de la intervención cibernética de Rusia en las elecciones estadounidenses, Obama expulsa a miembros del cuerpo diplómatico ruso. Más tardarán en irse que Trump en hacerlos volver. Theresa May crítica el discurso que John Kerry pronunció en Israel condena do los asentamientos ilegales por parte de los judíos. En un claro intento por acercarse al nuevo presidente de los Estados Unidos, la Primer Ministra británica se agacha y besa el suelo. El canciller ruso le aconseja a Putin expulsar a los funcionarios estadounidenses de su territorio y con una sonrisa, Putin dice que eso no va a suceder.

En la estridencia de los protagonismos, Obama se ve dando patadas de ahogado, tratando de remediar todo lo que no hizo con anticipación. Kerry se pone con palabras duras a punto de dejar la oficina y Putin acaricia al gato y le da vuelta a su perol. En Gran Bretaña, muchos quieren boicotear el Brexit, en la cruda realidad del día siguiente se empiezan a dar cuenta de que no todo es lo que les prometieron, ni todos los discursos triunfalistas van a ser verdad. El gabinete entero del Presidente Peña sale a justificar con babosadas los incrementos de la gasolina, cuando el precio del petróleo anda por los suelos. Ofrecen disculpas como que así se apoyan medidas en favor de la ecología y de uso de transportes más amigables al ambiente, ¿cuáles? Más patrañas.

Se abre la boca con una necesidad de protagonismo y se resbalan dando pasos en falso. Además, leemos por ahí peticiones de que 2016 ya se acabe de una vez, porque se han muerto tantos de nuestros ídolos. Sin embargo, nos olvidamos de los excesos que anticiparon la muerte de estos seres admirados. La muerte de George Michael me entristeció, no ha habido alguien que haya cantado con dignidad junto a Queen, después de Freddy Mercury, como él. Era un virtuoso a carta cabal. Pero tenía una adicción al crack que nunca pudo controlar. Carrie Fisher decía que ella jamás uso una uña para aspirar cocaína, siempre usaba cucharitas hechas con billetes de cien dólares. La muerte a los sesenta años se debe, en muchos sentidos, al deterioro que le causó el consumo de drogas. 

El problema del 2016, me parece, fue este protagonismo que nos llevó a dar pasos en falso y luego, al ver las consecuencias, quisimos esconder las manos y pasarle la factura a alguien más. Obama supo de las posibilidades del ataque cibernético Ruso y prefirió no actuar, los votantes estadounidenses dijeron preferir a Hillary y por lo bajo sufragaron a favor de Trump, los británicos no entendieron cuales serían las consecuencias de su elección, a May se le ve la intención de ronrronear para acercarse a Estados Unidos, el gabinete de Enrique Peña nos quiere dar atole con el dedo, los políticos corruptos siguen robando y siguen caminando por las avenidas mas lujosas del mundo rodeados de sus seres queridos. 

No se trata de que se acabe el 2016, se trata de poner atención y darnos cuenta que no todo lo que nos prometen es factible ni todo lo que dicen es verdad. No fue que éste fuera un año bisiesto, ni que empezara en un viernes del calendario gregoriano, ni le podemos echar la culpa de nada. Se trata de asumir lo que nos toca de responsabilidad y dejar de echarle la culpa a alguien más.

Agradecer

En la epoca navideña se nos suele agrandar el ansia consumista, corremos de un lado al otro en busca del mejor regalo o de la baratija adecuada —según sea el caso—, envolvemos cajas, llenamos el árbol de cosas con moños, por fin llega el día y en medio de tantas cosas, hay, de repente, un regusto amargo. Algunos niños lloran porque no recibieron lo que habían pedido, otros se ponen celosos porque recibieron menos que los demás, hay quienes no les gustó el color de su regalo, quienes creyeron merecer algo mejor: más caro, más grande, más bonito. 

Vemos en las caras infantiles una expresión de aburrimiento mientras los juguetes se quedan olvidados en el piso. Hay berrinches y caras de enfado. Las pantallas del celular se iluminan constantemente para mandar buenos deseos a los que están lejos y olvidamos abrazar a los que tenemos enfrente. Se consultan todas las dietas del mundo y la mesa puesta se ve con desconfianza. Las mentes añoran un mejor novio, una amiga más constante, un hermano más cariñoso, un primo más divertido, una esposa más linda, un marido más cariñoso, un abuelo más generoso, una nieta más considerada… y la lista puede abultarse con todo lo  que nos hace falta, una casa más grande,un mejor auto, un trabajo mejor pagado, una ciudad menos contaminada…

Luego, hay quienes extrañan. Añoran a los que no están, preferirían haber pasado las fiestas en otro lado, con otras personas, con mejor ánimo, con otra cena, con más frío o con más calor, con más risas. Recaen en la práctica de recordar tiempos mejores y por ahí salen suspiros y se derraman lágrimas. Los días entre Navidad y Año Nuevo se vuelven una queja de lo que debió ser y no fue. Las lamentaciones van en todos los tonos y a todos los aspectos: los pésimos gobernanates, los precios, el jefe, la suegra, el yerno, la mujer, el marido, los kilos que sobran, las enfermedades, los pronósticos de terror. La lista para deprimirse crece y crece. Las cifras de suicidio aumentan en esta temporada.

Si bien es cierto que el horno no está para bollos, la verdad es que no todo está a la altura de las quejas permanentes, de las caras tan largas o de esas exhalaciones tan lastimeras. No se trata de algo coyuntural, es una especie de epidemia que infecta cada año. Esa insatisfacción por el presente va en contra de la alegría que debería privar. Me temo que todo se debe a que nos hemos olvidado de contar bendiciones. Hemos dejado de agradecer.

En el afán consumista, nos centramos en una necesidad material insaciable, en un apetito voraz: siempre queremos más, nada es suficiente. La comparación entre lo que queremos y lo que tenemos da un saldo negativo y eso nos causa amargura. Tal vez, estamos haciendo mal laa cuentas. Si en vez de contar lo que no tenemos, lo que no logramos, lo que nos daña, contaramos lo que sí tenemos, lo que logramos y lo que nos hace bien, estoy segura de que el sabor de boca se dulcificaría.

No se trata de un afán confrmista. Se trata de encontrar felicidad en el agradecimiento, un espiritu que se ha vuelto escaso en esta época. Abrazar con gratitud eso que recibimos, al que sí tenemos, ennumerar las bendiciones, mirar al cielo, dar gracias es buscar paz. Paz que inicia a en primera persona. Es verdad, los tiempos venideros marcan vientos turbulentos. La peor forma de enferentarlos es con el espíritu agrio. Necesitamos una ilusión enorme para enfrentar los retos que se nos plantean para el futuro próximo.

En todo caso, es una cuestión de inteligencia. Es ser astutos a la hora de escoger. Prefiero lo dulce a lo amargo, las cosquillas al dolor, las sonrisas al llanto. Entonces, la fórmula es dar gracias. Es de bien nacido, ser agradecido, dice el dicho.Por eso, antes de salir todos despeinados a lamentarnos por las esquinas, mejor nos revestimos de agradecimiento, vemos con gratitud lo que sí tenemos y dejamos que nos gane la risa.

La caza del carnero salvaje (Haruki Murakami)

La casa del carnero salvaje

Haruki Murakami

(Traducción del japonés de Gabriel Álvarez Martínez)

Tusquets, Barcelona, 2016

Leer cualquier libro de Haruki Murakami es entrar a un mundo onírico en el que nunca se está seguro si se trata de un ensueño o una pesadilla. La caza del carnero salvaje no es la excepción. La última novela del autor japonés nos mete a un escenario lo mismo real que fantástico y por el arte de su pluma, siempre verosímil. 

La emoción regente, como en la mayoría de sus textos, es la melancolía. Es la nostalgia de algo que se ha ido y no sabemos bien a bien qué es. También nos adentra en una situación en la que la cotidianidad se detiene para dar paso a sucesos fantasticos, en donde el día a día está teñido de aburrimiento y los perosnajes son expulsados de ahí, de ese paraíso conocido para ser enviados a una misión que no se llega a entender del todo pero que se debe hacer a menos que se quieran sufrir las consecuencias. 

Parece que Murakami entiende que la cotidianidad no se puede romper así de fácil. Sabe que en el aburrimiento diario hay un tesoro y que en el aventurarse hay mucho miedo. Maestro de la incertidumbre, nos hace internarnos en situaciones tan extrañas que  le creemos casi con devoción. Así escribe este hombre. En la caza del carnero todo se detona cuando un publicista que está a punto de cumplir veinte años publica una fotografía que parece inocente, irrelevante, tal vez ni siquiera la hubiera publicado de no haber sido por la petición de su amigo El Rata.

La fotografía retrata una montaña con un rebaño de ovejas y carneros pastando que, curiosamente, lo pone en la mira de un grupo de poder. La vida de este personaje que es el protagonista, una vida aburrida y totalmente común, se interrumpe para iniciar la búsqueda de un carnero que tiene ciertos poderes y que sale en la foto. Encontrar ese carnero es el hilo conductor de la trama y en ello recae la amenaza, si no lo logra localizar, pagará las consecuencias. 

La línea narrativa corre sobre las anécdotas de la búsqueda. Los personajes secundarios son una novia con orejas espectaculares, un amigo que lo mete en problemas por una fotografía, un socio al que abandona, un maestro experto en ovinos, una organización poderosa, un Hombre Carnero —personaje que recupera de otra de sus novelas Baila,baila, baila—. La novela arranca con la muerte de una mujer sin nombre y ahí el autor nos atrapa: Un amigo se enteró por casualidad mientras hojeaba el periódico y me llamó para comunicarme que ella había muerto. (P. 13)

Los nombres juegan un papel curioso, como los silencios en la música. El primero que se menciona es el de Yukio Mishima y lo hace hasta la página veintiuno. Parece que los desestima, sin embargo, escribe los siguiente: … o sea, si tiene vinculos afectivos con los seres humanos y sentido del oído tiene derecho a que se les ponga un nombre. (P 192).  Se refiere a los motivos para no dar un nombre: … les preguntó cómo se llemaba esa tierra. ¡Cómo va a tener nombre esta mierda de sitio!, le contestaron. Por ese motivo, la colonia no tuvo nombre durante algún tiempo. (P.254) O, para dar un nombre, Érase una chica que se acostaba con todo el mundo. Ese era su nombre (P. 16)

Al final del capítulo IV, empieza, oficialmente, La caza del carnero. (P.61). La narración es en primera persona, sin embargo, Murakami hace juegos de narrador, en el que pasa la voz a otros personajes de manera tan natural que un lector distraído podría dejar de darse cuenta. No tenía idea de qué estaba tratando de contarme ese hombre. (P. 147).  El uso del hiperbatón, que en ocasiones hace que el lector quiera arrugar la nariz, no sé si atribuírselo al autor o al traductor. Cambia la estructura sintáctica y altera el orden entre el sustantivo y el adjetivo en forma tan extraña que results molesta: Una fresca brisa (P. 236). La habilidad que tiene Haruki Murakami de hacernos claro que el personaje es japonés, la traducción tan castiza resulta extraña, ni hablar traduttore, traidore.

Trata el tema de Dios en pocos renglones:… Pero, y qué puedo hablar con Dios si no soy cristiano. No creo que sea ningún problema. Usted cuéntele con franqueza lo que piensa, lo que le preocupa. Dios nunca se aburre ni se burla de uno, por estúpido que sea lo que uno cuenta. (P.164). Escribe sobre las ganas de rendirse: Tenía ganas de abandonarlo todo y descender de inmediato para tirar la toalla. Lo mas fácil habría sido llorar a moco tendido, pero me negaba a hacerlo. Tenía l aimpresión de que, más adelante, habría algo,por lo que merecería la oena llorar. (P. 341).

La busqueda del carnero salvaje es una novela laberíntica como lo es el universo murakamiático, es la narración de una búsqueda  entrañable y borrosa, heroíca en el sentido del viaje de héroe y de la transformación que sufre, y en el sentido del heroísmo requerdio para emprender esa búsqueda. Al terminar de leer queda un regusto a ceniza, una melancolía por haber terminado y un gusto por haber llegado al final, como sucede con Murakami. ¿Su mejor obra? No, no lo creo. No obstante, una lectura recomendable, sin lugar a dudas.

Cuando la verdad se esconde

Pensé que esa vieja costumbre de esconder la tierra debajo del tapete había quedado en el pasado. Creí que hacernos los que no vemos que algo está mal colocado ya era cosa de antes. Estaba segura de que brincar los estorbos, en vez de quitarlos del camino era una práctica erradicada. En fin, me hice la ilusión que la verdad brilla y en su imperio viviríamos felices para siempre.

Sí, claro.

Para mi sorpresa, los cuentos de hadas y sus promesas son cosas infantiles. Las reducciones, las simplificaciones, las generalizaciones no tienen finales que se puedan predecir en la vida real. Falta ver lo que ha sucedido este 2016 para darnos cuenta. Sabemos que las mentiras, las seducciones cubiertas de falsas esperanzas, las promesas que no se van a cumplir, las amenazas, las prácticas que causan miedo han dado mayores frutos que hablar con la verdad llana y lisa. Las encuestas, la probabilidad y estadística, las tendencias, fallaron y alguien ganó la carrera.

Se nos inventa un término absurdo: la postverdad. La definen como aquello que sucede después, cuando nos enfrentamos a la realidad. Es decir, cuando nos damos cuenta de la Verdad. La postverdad es el enfrentamiento con el hecho de haber sido engañados. Es caer en la cuenta de que mordimos el anzuelo, nos engancharon con un engaño, nos tragamos la píldora y ahora nos queda el regusto amargo.

En el fondo, sabemos que nos engañaron, lo supimos siempre, pero quisimos creer. Pero, la mentira es de polvo y con una brisa se desintegra. No hay que esperar los grandes vendabales para enterarnos que caímos en una trampa. Cuando nos enteramos que cambiamos nuestro oro por espejitos, que nos manipularon para obtener un voto, que nos prometieron grandezas, reconstrucciones, empleo, prosperidad y luego nos damos cuenta que eso llegará pero sólo a ciertas personas, las orejas crecen y sentimos ganas de rebuznar.

Tal vez, debieramos tener más cuidado. Verificar nuestras fuentes. Leer más de tres renglones. Llegar al final. Así nos enteraríamos de que se lleva nuestras simpatías sin que después nos sintamos sorprendidos, sin que nos ofendan nuestras elecciones, sin que nos queramos dar de topes contra la pared. Tal vez,  no es que la Verdad se oculte, más bien no la queremos ver.

Homilia de la misa de Gallo

En la homilia de la misa de Gallo, el Santo Padre nos llama a la reflexión sobre la gratuidad del regalo que recibimos cada Navidad. Cita a San Pablo, Ha aparecido la Gracia de Dios qie trae la salvación a los hombres (Tt2,11). El reflejo de la noche santa, en medio de la nochebuena viene a nosotros el niño que nace en el pesebre para recordarnos que se cumplió l apro esa del amor entre nosotros. 

Se abren las puertas del cielo y los ángeles vienen en tropel a manifestar la gloria que se manifesró en Belén y que puede, si queremos, beotar del tronco de nuestros corazones. Por eso la Navidad es una noche de alegría. Lo mismo si estuvimos en una fiesta multitudinaria, en una cena íntima, solos en nuestro cuarto, en cualquier lugar del mundo podemos recibir ese regalo, basta que abramos el espíritu y lo dejemos entrar. 

Dios con nosotros es concreto, es una compañía real, no orbita en los circuitos celestiales, ni nos observa desde las alturas,no está  sentado en una nube, está aquí en nuestras vidas, cumpliendo la profecía de Isaías para caminar a nuestro lado, cuidar nuesteos pasos y acompañarnos. El pesebre significa eso, un niño que vino a estar con nosotros, un bebé que desde la ternura de un recién nacido tiene el poder que germina en esperanza.

Déjemonos interpelar por el Niño del Pesebre, dice el Papa Frencisco. El misterio de la Navidad es luz y alegría, pero debemos tener la voluntad de abrir los brazos y levantar al niño. El no llegará volando a nosotros, somos cada uno los que tenemos que inclinarnos y abrazarlo para dejarnos tocar por su ternura. En ese acto de ternura se engendra la esperanza que ilumina las tinieblas, que nos da vida, que nos trae paz y fortaleza a nuestros corazones.

En la homilia de la misa de gallo, el Papa Francisco nos llama a dejar de ser comodinos, Dios viene pero para que llegue a cada uno, tenemos que hacer los nuestro y dejarlo entrar. Hay que abrir los brazos, la mente, el corazón y el espíritu. Con el alma les deseo que esa sea la Feliz Navidad que todos tengamos.


 

Muffin

A veces el Ángel de la Muerte visita a las familias felices. Los hace en forma sorpresiva para llevarse a algün miembro. Hoy  visitó mi casa y se llevó a Muffin. Mi perrita terrier escocés se fue al cielo. Decidió emprender el camino cuando estamos tan lejos de casa, cuando la noticia nos llena de pena, de estupefacción y no podemos despedirnos en la forma en que quisieramos.

Muffin fue una perrita que nos acompañó en grandes transiciones. Estuvo a nuestro lado en Acapulco cuando Manuel destruía las vías de acceso a Acapulco, me acompañó a caminar mientras me entrenaba para hacer el Camino a Santiago, vió a mis hijas crecer, consoló a Vito, habitó nuestro corazón.

En sus ojos cabía todo el amor, el agradecimiento y los mejores sentimientos. Fue maestra de lealtad, de cariño y con un agital de cola, el mundo se convertía en el espacio de cariño por antonomasia. ¿Qué más se necesita para entender la perfección del amor cuando se tiene una perrita como Muffin?

En Acapulco, era la que disfrutaba los espacios de la casa. Le gustaba asolearse, perdía la mirada en el mar, se sentaba junto a mí mientras leía. Sonreía. Al salir de vacaciones, me despedí de ella sin imaginar que sería la última vez  que la iba a ver. Estaba sana, feliz, fuerte. Una pulmonía fulminante le reclamó la vida. Ahora, tengo un hueco en el corazón. ¿Quién puede entender estos misterios?

La tradición precolombina dice que los perros que habitaron tu casa seran tus acompañantes al cruzar el camino al cielo. Yo  tengo tres seguros acompañantes: Luca, Vito y ahora Muffin. Algunos piensan que los animales no van al cielo, yo estoy segura de que sí. Claro que hay un cielo y en ese lugar nos vamos a encontrar los hombres y mujeres de buena voluntad y los animalitos que nos campañaton en la vida. Ahí te encontraré, Muffin, junto a Bú y a Luca y a Vito. 

Mi casa, Muffin, tiene un hueco. Es el vacío que dejas al irte. Es un espacio que nadie mas que tú podrías ocupar. Es el tuyo, perrita querida. No es adiós, es un simple hasta luego. Cuídanos, como lo hiciste cuando estabas físicamente entre nosotros. 

Neuronas

Los seres humanos tenemos más neuronas que cualquier otro primate en el Reino Animal. Tristemente, no siempre se nota. En la temporada navideña y de fin de año, en la que algunos estamos llamados a la paz, a la reflexión, en vez de usar lo que tenemos en el cráneo, parece que lo desestimamos y lo dejamos de usar. En la época decembrina, corremos como ratones en laberintos y terminamos exhaustos y con la cartera adolorida. Ni hablar, entramos en un paroxismo artificial y dejamos de lado la oportunidad de internarnos en nuestro corazón y escuchar.

Claramente, las neuronas no nos están sirviendo de mucho cuando vemos que en Berlín un camión atropella inocentes, cuando no hay razón para que la maldad se manifieste en forma tan absurda. Pero lo que sucede en Berlin, pasa en cada persona que aprovechando la situación, busca su propia ventaja. ¿En qué piensa una persona al acelerar un camion para atropellar a gente que ni conocía ni le había hecho daño? Seguro no estaba pensando.

La manipulación religiosa es terrible y causa daños. Ahí no está Dios. 

El Holliday Inn de Kirby Road en Houston está muy cerca de la zona de hospitales. Muchos enfermos se hospedan ahí, muchos reciben noticias terribles. Me dio tristeza ver como gente que sirve ahí, manipula a estas personas para ganarse una propina o para sacarle provecho a una situación de tristeza. Hablan de esperanza en Dios, no con el afán amoroso de compartir la fe y la creencia de que algo mejor llegará, sino por recibir monedas. Una mujer que trabaja de mesera, me contó que ha conseguido ropa, dinero, joyas. Está ahí, más que por el sueldo, por todo lo que puede conseguir de los enfermos.  

Se acercó a mí con cara amable. En un tono melodioso, me preguntó si estaba enferma, si me sentía mal y si podía hacer algo por mí. Verdaderamente, se me encendió el rostro cuando me di cuenta. Al principio, caí hechizada por la amabilidad, la voz servicial, pero cuando le dije que no estaba enferma y que estaba de vacaciones, es decir, cuando se dio cuenta que no era una posibilidad de estafa, me ignoró y se fue con otro comensal. La vi operar.

Les habló de Dios, de su poder. Luego, les dijo que ella ganaba muy poco y que sólo vivía de sus propinas. Ella trabajaba para mantener una fmailia numerosa y bla, bla, bla. Salamerías de amor a cambio de dinero. En un abrir y cerrar de ojos, entre el chantaje y la necesidad deencontrar una   puerta, el enferomo le dio un billete. La mujer ya había recibido cien dólares. 

Hay aves de rapiña que sólo ven sus intereses. Endulzan las intenciones y apantallan con reflejos de algo superior. Con gran maestría invocan el nombre de Dios para lograr sus objetivos y lo demas nonles interesa. Estoy segura de aue el chofer del camión en Berlin iba convencido de estar haciendo algo para agradar al cielo, lo mismo que los enfermos que reciben palabras de consuelo para que después les pidan algo más.

En lo grande y en lo pequeño, esa seducción busca apagar las neuronas y lo consiguen. Habría que gener cuidado y usar eso que Dios nos dio para pensar. Entrar en nosotros mismos y a partir de ese don maravilloso que nos fue dado, pensar inteligentemente, antes de dejarnos convencer y actuar a favor de otros intereses. 

Baton Rouge en domingo

Si Nueva Orleáns es diversión sin parar con ritmos de blues y jazz, Baton Rouge, capital del estado de Louisiana, es todo lo contrario. Visitar esta ciudad en domingo en un día lluvioso es darse una idea muy cercana de lo que es un pueblo fantasma. Llegamos alrededor de las once de la mañana, el cielo estaba gris, llovía y el viento movía las ramas de los árboles que yahabían  perdido las hojas de las copas. No había un alma en las calles. Todo estaba cerrado. No había nada que hacer

Recorrimos las avenidas del centro. La sensación era perturbadora. Nada. Ni un policía, ni un perrito, ni nadie que acusara vida. La catedral, los museos, en fin todo estaba a piedra y lodo. Ni un café abierto, ni un restaurante. Daba la impresión que los edificios no estaban habitados, que la vida se había suspendido y que se acababa de ir. Las gotas que caían sobre las banquetas y sobre el parabrisas eran lo único que acompañaba nuestro movimiento.

Entramos y salimos de la ciudad, sin que nadie notara nuestra presencia. Es la primera vez que nos sucede algo así. Una ciudad que daba la impresión de estar vacía, de no tener alma, de estar tan fría que perdió latidos y en la que algo la puso tan en pausa que parecía estar sufriendo un ataque catatónico. 

El contraste entre una riviera y otra del Mississipi, la diferencia de estilos entre Nueva Orleáns y Baton Rouge parece increíble, apenas son unos metros de distancia, sin embargo, la vida en una y la falta de ella en otra marcan una diferencia difícil de entender.

El voto ruso

La gente en los Estados Unidos se está enfrentando a un fenómeno que los tiene temblando: están perdiendo la inocencia. Todo ese discurso que los hizo creer que ellos son el centro del universo, los anfitriones de la serie mundial —cuando sólo juegan ellos—, los que viven en la democracia perfecta, los defensores de la transparencia y todo aquello que han creído, todo se esta resquebrajando. Su democracia no es tan perfecta, su sistema electoral desistima el voto personal, su supremacía mundial está despostillada, su candidato no ha revelado su declaración de impuestos —ahí de seguro, hay conflicto de intereses— y ahora resulta que hay evidencia de que el voto ruso fue el que inclinó la balanza al candidato de sus conveniencias.

Las caras de incredulidad, de desconcierto, de orfandad dan ternura. No es que Trump vaya a ser el primer sujeto turbio de la historia en Estados Unidos, es la primera vez que se dan cuenta y que se están arrepintiendo. Pusieron en la oficina a un personaje que, aunque diga lo contrario, verá por sus intereses, dará prioridad a sus negocios, que tiene entramados fiscales en todo el mundo. Los estadounidenses declaran haber perdido el legado de Obama, la esperanza de ser liderados por una mujer, la oportunidad de ser dirigidos por una persona preparada. Claro, ella tambien tiene sus puntos oscuros, sin embargo, las oscuridades de Trump los tienen desangelados.

Ahora resulta que lo que piensan los demócratas es lo de menos. Ganaron los republicanos, pero la mal noticia es que lo que ellos pensaron tampoco importó, lo que importó fue lo que los rusos opinaron. Los votantes de Trump dicen que ellos sintieron que el próximo presidente los escuchaba. Lástima, no fue eso lo que llevó al presidente a la Casa Blanca, fue lo que creyeron del otro lado del mundo. No su voluntad. 

No en balde, Michelle Obama dice que ahora sienten que ya no hay esperanza. La falta de esperanza es la sensación regente, y ¿cómo no? Si ellos no decidieron su futuro. 

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