El indulto de Alberto Patishtán

En esta vida hay que cuidarse de la mala suerte de caerle mal a alguien poderosillo que en un berrinche te arruine la vida. Si no me creen pregúntenle a Alberto Patishtán, le cayó mal a un presidente municipal y con eso fue suficiente para que lo refundieran en la cárcel por más de trece años. Sí. En México, como en muchas partes del mundo, las prisiones están llenas de gente pobre que no pudo pagar un abogado, que no pudo mover las voluntades y que por unas o por otras se tuvo que resignar a padecer su mala suerte. Reitero, de gente pobre, no de culpables.
Esa fue la mala suerte de Alberto Patishtán, nacer pobre, si no, otro gallo le hubiera cantado. Su caso era fácil. La evidencia gritaba su inocencia, los testigos daban cuenta de que los asesinatos que le imputaron no podían haber sido perpetrados por este maestro tzotzil, porque en el día y hora de los crímenes él andaba en otro pueblo. Pero, le cayó la mala suerte encima. El poder de la mala voluntad entró en escena. ¡A la cárcel!
En su juicio se violaron sus derechos humanos consistentemente, nunca tuvo asesoría, traducción, asistencia. Nada. Patishtán sólo veía como las desgracias se le acumulaban una sobre otra sin remedio. Hubo muchos que se interesaron en ayudar a este maestro indígena. Incluso, organizaciones internacionales brindaron su ayuda y gestión. Nada. Muchos trataron de defenderlo. Nada. No había como ayudarlo. Su inocencia comprobada era lo de menos. Se diluía entre términos legales, archivos, teclas, expedientes… Y el segundero seguía avanzando. Avanzó tanto que sumo trece años. No son pocos.
Resulta que la ley no daba posibilidades de resolver una injusticia. Un vacío técnico hizo posible que un hombre quedara confinado a una prisión, a pesar de que su inocencia era evidente.
Escuché a la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Costa, decir que no se pudo hacer nada por ayudar a Alberto porque la ley no otorgaba un camino de liberación. Vaya, pues muy bien. Entonces que el inocente se friegue y se acabe los días que le dure la vida.
El mundo está lleno de perezosos y de soberbios que nada consiguen porque a nada se aplican. La peor combinación es ser flojo y engreído. No hicieron nada por resolver un caso tan grave de falta de justicia, que ellos deberían aplicarla ya que para eso se les paga. No hacen nada. Ya con el agua al cuello se permiten decir que hicieron lo que pudieron, se quejan y se sienten frustrados. Alimentan el resentimiento y buscan a quien echarle la culpa de los graves resultados de su pereza.
Así son estos individuos, que desde la superioridad que sienten tener, abrazan la holgazanería, la incompetencia, la idiotez y se derrotan de antemano, por su mediocridad, por no salir de su área de confort.
El indulto de Parishtán llega para enmendar una injusticia. Eso es de festejar. Su libertad significa un día de fiesta. Pero, el indulto de Alberto Patishtán llegó muy tarde, trece años tarde. Decir que fue así porque no se podía de otro modo es un motivo de vergüenza. También es una falta de pudor. ¿Por qué exhiben así su incompetencia?
¿Y, ahora? Liberarán a Parishtán y qué le dirán, ¡Ay, usted disculpe! ¿Esperarán que Alberto les de las gracias?
En fin, mañana, el presidente Enrique Peña Nieto hará uso, por primera vez, de la facultad de indultar a quienes hayan sufrido procesos contaminados por la violación de sus derechos, Alberto Patishtán será el primero. ¡Enhorabuena, Alberto! Espero que seas la punta de lanza que muestre el camino para reparar injusticias. Bienvenido a la libertad.

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Como hace veinte años

–Pareciera que las señales macroeconómicas nos indican que vamos a regresar a como estábamos hace veinte años– dice el experto en economía al terminar su conferencia. Sí, el mismo que estudió en aquella escuela prestigiada y al que todos acuden como en su tiempo se acercaban al Oráculo de Delfos.
El viejo conserje que limpia el auditorio lo escuchó, sacudió la cabeza varias veces mientras el gran maestro peroraba acerca de los aciertos para bajar la inflación, para controlar el tipo de cambio, para impulsar el crecimiento del Producto Interno Bruto y para mantener las reservas en niveles históricos.
También sacudió la cabeza cuando el hombre advertía frente al micrófono de los riesgos de volver a las practicas de hace veinte años, de impulsar el gasto e incrementando el déficit.
Tanto sacudía el hombre la cabeza que me distrajo. Lo veía agarrar con todas sus fuerzas la escoba y al agitar la cabeza el overol color naranja se movía al mismo ritmo, como si estuviera contradiciendo al orador con toro el cuerpo.
Al finalizar la conferencia me acerqué a preguntarle qué le había parecido la opinión del experto. El hombre se sorprendió, elevó los hombros y me dijo con voz cascada:
–¡Ay, señorita! ¿Gustarme? No me gustó nada. De todos los hombres importantes que he visto pasar por este foro, de todos, este es el más mentiroso.
–¿No me diga?– me parecía que si el conferencista lo hubiera escuchado, le haría gracia la opinión de este señor.
–¡Uy, sí! Mire, ojalá que estuviéramos como hace veinte años. Entonces mis hijos salían a las calles, jugaban en los parques y los padres no sentíamos pendiente. El trabajo estaba al alcance de quien lo quisiera, todo era cuestión de buscarlo. Hoy, el trabajo es tan escaso que nadie lo encuentra. En aquellos años no sabíamos lo que eran los Zetas, los Templarios, ni nada de esas cosas. Los viciosos no se metían con nadie y los malditos eran malos sólo,si te metías con ellos. Los militares estaban en sus cuarteles y no en las plazas de los pueblos. Este señor viene y nos advierte que vamos a retroceder veinte años. ¿Sabe qué me dan ganas de decirle?
–¿Qué?
–Que ojalá, que no se haga tonto. Que si hay reservas, es porque hemos expulsado a muchos que desde donde están mandan dinero a sus familias. Que esta economía sigue basada en el petróleo y que en realidad no hemos entendido la lección. ¿Si no, dígame porqué estaría un profesor de economía barriendo un auditorio, cuando hace veinte años tenía una cátedra en la universidad? Ojalá estuviéramos como hace veinte años.
El hombre tomó su escoba y se alejó barriendo. Ni siquiera me dejó decirle que en parte, tenía razón.

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Bajar cortina

Mi papá suele decir Mal le empieza la semana al que ahorcan en lunes. No está bien empezar la semana con malas noticias. Sin embargo, volver la mirada a otro lado, meter la cabeza en un agujero, como lo hacen los avestruces asustados, no resuelve nada.
Al menos sesenta empresarios, la mayoría restauranteros y dueños de negocios que atienden al público en general, han decidido bajar cortina en Torreón debido a la ola de asaltos que han sufrido en esta ciudad.
La gente de la comarca lagunera es gente emprendedora, es decir, es gente valiente que sale todos los días a rifársela con un negocio. Son personas trabajadoras que han hecho de su región un vergel en donde había un yermo, que han creado empleos, que han dado la bienvenida a empresas extranjeras y han abastecido de mano de obra calificada. Todo eso y más son los laguneros. Si están decidiendo bajar la cortina de sus negocios no es por cobardía, por miedo a los riesgos o por flojera. Me temo que es por cansancio, por hartazgo de sentirse la pila del agua bendita a la que todos le quieren meter la mano. Ya se enfadaron de ser ellos los que ponen el entusiasmo para sembrar y a la hora de cosechar viene alguien a quitarles el fruto de su trabajo. No es justo.
Los empresarios padecen. Les cargan la mano con impuestos que encarecen sus operaciones y a cambio reciben poco o nada. No tienen servicios adecuados, no cuentan con el respaldo de sus gobiernos y no reciben protección y seguridad del Estado. ¿Entonces?
En esta especie de orfandad, en la que hacer negocio es casi un pecado que la autoridad castiga a fuerza de impuestazos, en la que la eficiencia para aplacar al crimen organizado no existe, en donde la ineptitud es reina y la incompetencia es la señora de la casa, en un país en el que la impunidad es la ley que impera, los empresarios deciden bajar la cortina de sus negocios.
Son malas noticias, son empleos que se pierden, impulso que se desperdicia y una actividad que a pesar de necesitarla, se pierde. ¿Dónde están el presidente municipal, el gobernador del estado y el señor presidente para dar una explicación? seguramente en sus despachos viendo como se paraliza una de las regiones más productivas y entusiastas de México. ¿Las autoridades estarán al tanto de esta protesta que se convoca desde Torreón? ¿O estarán con la boca abierta mirando al cielo?
Anuncian con bombos y platillos que, por fin, México crece después de haber estado ajustando los números hacia abajo. Se registra un numero favorable en términos de crecimiento. Eso es bueno. Pero si no se apoya al sector empresarial, la actividad económica va no sólo a no crecer, se va a caer en picada.
Los laguneros son gente valiente. Hace falta valor para tomar la decisión de bajar la cortina de un negocio que representa, en muchos casos, la forma de sustento de muchas familias, la ilusión de dueños, ejecutivos y trabajadores, la identidad de la gente. Las fuentes de empleo, que hoy son tan escasas, debieran ser cuidadas y protegidas. ¿Habrá alguien valiente que salga a defenderlas?

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Moderación, no pesimismo.

Me sorprenden mucho las similitudes de las reacciones a ciertas noticias que tenemos algunos países. En México la tendencia de desaceleración se rompió. Crecimos, poquitito, menos de 1%, pero crecimos. En España sucedió lo mismo, después de una crisis prolongada también registraron un ligero avance. Se echan campanas al vuelo, las caras largas se cambian por sonrisas y leo las opiniones de mucho editorialistas que festejan las buenas señales en el escenario. Allá y acá pasa mas o menos lo mismo y a la vez que me sorprendo me asusto un poco. No es tiempo de festejar, no todavía.
Tampoco es cuestión de avinagrarse en rostro y de exagerar los males. Con la realidad basta y sobra. Lo sorprendente es la capacidad que tenemos para saltar de un extremo de la recta numérica al otro, sin ningún tipo de prudencia, sin pasar por el punto medio que existe en el trayecto. Se pasa, casi en automático del llanto y la desesperación al estado de gracia. Cuidado.
La euforia que se germina en la desesperación del fracaso y en el festejo del éxito nublan la visión y nos impiden analizar con objetividad los escenarios.
Dice Enrique Krauze que en un coloquio en la Universidad de Princeton, coincidió con Vargas Llosa y ambos dieron puntos de vista divergentes de láser éticas de la región latinoamericana. Krauze pesimista, Vargas optimista.
Si bien es cierto que hay motivos de gusto para la región, Latinoamérica ha dado una batalla digna a esta temporada de crisis mundial, no le ha ido tan mal. Las variables económicas han registrado mejores niveles que otras regiones más desarrolladas y con mejor desempeño histórico. En muchos países de Latinoamérica se ha dado una lucha efectiva contra la pobreza y la democracia a avanzado en la región. Desde luego, para cada rubro existen honrosas excepciones que confirman la regla. Pero, no hay forma de salir a dar gritos de victoria, falta mucho por hacer.Eso tampoco significa que lo que se ha hecho no sirva para nada.
Pero, los niveles de corrupción, la pobreza alimentaria, la desigualdad social siguen siendo parte de la realidad latinoamericana. Lo peor, sus liderazgos. En la América Latina el autoritarismo sigue representando una gran tentación. Padecer esos quasi príncipes cuya voz y opinión les resulta a ellos mismos una melodía tan armoniosa a pesar de estar recitando pura idiotez, resulta peligroso. La gente está muy cansada. Lo malo es que también está habituada. La novedad de la región son esos liderazgos de facto que controlan regiones enteras, en las que no sucede nada sin su consentimiento y que si sucede, a las balas se remiten. Me refiero al liderazgo del crimen organizado que es cruel –igual que los otros–, desalmado y peligroso. Es no tiene un marco de referencia, lo que hoy les parece bien, mañana puede constituir un gran agravio. En este estado de cosas la población civil sufre.
En el tintero hay muchos pendientes, en México, en Perú, en Uruguay, en Argentina, en Cuba, en Venezuela, también en España.
Las variables macroeconómicas que nos anuncian un repunte son sin duda buenas noticias. El punto de quiebre de una caída vertiginosa significa que estamos en el camino de ponernos de pie. Eso y no otra cosa. No quiere decir que ya estemos listos para empezar a correr.
La moderación nos da la tranquilidad de ver las cosas como son. Ni mejor ni peor.
Estar de pie es bueno.

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¿Es suficiente con abaratar el crédito?

El Banco de México baja las tasas de interés. Anuncia, siguiendo la tendencia mundial, que se abarata el crédito en el país. La Tasa de Interés Interbancaria baja a los niveles de 3.5%, la más baja registrada en casi dieciocho años. ¿Por qué hace eso Banxico?
Para impulsar la economía del país. Sí, es lógico. Si cualquiera de nosotros tuviera la opción de poner su dinero a trabajar, evidentemente, elegiría aquello que le causara menos trastornos y le representara menos riesgo. Si el dinero en el banco da lo que cada quien considera suficiente, para qué invertirlo en crear empresas que generen empleos, que derramen benéficos, que den utilidades. Mejor en la bóveda de un banco que meterte en líos fiscales, laborales, y todas esas mortificaciones que a muchos nos encantan y nos desgastan.
Claro que dejar el dinero guardado en una cuenta bancaria es es la mejor forma de deprimir una economía y de ponerle en la torre a un país. Por eso Banxico baja la tasa. ¡Qué el dinero salga y se ponga a generar fuera de una bóveda bancaria. Consciente de que el país esta desacelerado –no se lo digan al secretario de Hacienda porque se enoja– ponen manos a la obra y le dan a la gente pretextos para sacar el dinero y ponerlo a trabajar productivamente.
La buena noticia, aunque sea una pequeña buena noticia, es que el país ya paró su decrecimiento y por primera vez en el año tuvo un crecimiento de menos del 1%. No. No es de risa, a veces uno tiene que afianzarse a las buenas noticias, aunque sean diminutas.
¿Es suficiente? ¿Basta con bajar la Tasa de Interés Interbancario? No. No lo creo. Hay que impulsar de manera decidida a la gente que quiere trabajar e invertir para sacar adelante este país. Pero apoyarlos en serio. Parece que en México es pecado querer empezar a trabajar en generar empleos. Las trabas son muchas, las barreras de entrada son múltiples y en ocasiones insondables, la corrupción es un enemigo hambriento que muestra su voracidad sin pudor.
Los cotos de poder son territorios que se defienden a fuerza de billetazos, mismos que cada día son mas escasos. La reforma fiscal, no está diseñada para apoyar la actividad productiva, más bien se ensaña y la castiga. El presidente Peña defiende su propuesta y ni cuenta se da de que con ella puede matar a la gallina de los huevos de oro.
Y por si fuera poco, además de la tramitología, de una propuesta impositiva poco conveniente, está el impuesto de la inseguridad. La contribución que algunos le tienen que hacer al hampa para no verse perjudicados y el perjuicio en sí mismo de convivir con gente que está dispuesta a violar la ley amparados en la seguridad de que aquí no pasa nada.
¿Es suficiente abaratar el crédito para acelerar la economía mexicana? No. No lo creo. Sin embargo, creo que es un buen comienzo. Eso sí.

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Antonio Muñoz Molina, la riqueza de dos mundos

Antonio Muñoz Molina recibirá el día de hoy el premio Príncipe de Asturias a las letras. Confiesa sonriente que aún no tiene preparado su discurso de aceptación. No sé que voy a decir, comparte con los reporteros y eleva los hombros. Se le ve feliz, rejuvenecido. Le sentó maravilloso ser el galardonado de este año. Hasta la barba se le ve menos cana y malos hoyuelos que se le forman en las mejillas resaltan de manera peculiar
Detrás de unos lentes de pasta se revelan los ojos vivarachos, por encima del saco a cuadros se alcanza a ver al hombre inteligente, pero sobre todo la sonrisa es lo que resalta. Se le ve en pleno goce de sus facultades literarias. Declara que una de sus formulas de éxito ha sido la posibilidad de vivir en dos mundos, con un pie en España y con otro en Nueva York.
Esa sensación de sentirse extranjero lo ha hecho poner atención, tener la oportunidad de comparar, de explorar, de prefigurar escenarios para en ellos edificar historias. Gozar de la seducción que ejerce lo extraño, lo extranjero, en donde el cuerpo no se siente totalmente en lo suyo y por ello lo mismo añora que valora. Y eso que tanto valora es también la principal fuente de la que beben sus críticos. Ese extranjerismo, ese opinar desde la comodidad de la lejanía, para muchos no resulta agradable.
A mi me gusta Muñoz Molina. Entiendo las ventajas que él ve en el exilio. Claro que no es lo mismo alejarse voluntariamente, sin embargo, el confiesa no haberla pasado bien durante el franquista. Sabe lo que es el sabor a ceniza. También lo que es disfrutar de un pretzel en la Quinta Avenida o unos boquerones al vinagre en un bar en la calle de Sarradilla. Disfruta de la riqueza de dos mundos.
Muñoz Molina es versátil, lo mismo nos cautiva con una novela que con un articulo semanal en Babelia, hoy nos habla de una exposición, mañana de un buen concierto, ayer de una extraordinaria foto, de un campanario en algún pueblo manchego, nos reseña un libro, o escribe de cualquier problema que afecta la vida de los españoles.
Hoy, Antonio Muñoz Molina está encantado de la vida y no hace un sólo esfuerzo por disimularlo, qué bueno. Lo imagino caminando por las calles de Oviedo, feliz, sin saber todavía como va a dar las gracias al recibir su premio. Ya se le ocurrirá algo, estoy segura.
Mejor así, esa también es una característica de este escritor. Hace lucir que el oficio es sencillo. Convierte al lector en un cómplice al que atrapa fácil y rápidamente. Nos hace sentir. Sentir en serio. Por ello, por ese logro, enhorabuena. También por haber ser galardonado con e Premio Príncipe de Asturias a las Letras.

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El complot mongol

El complot mongol

Rafael Bernal

Colección de novelas cortas

Fondo de cultura económica

México, 2010

Hay una tendencia muy marcada, dentro del mundo de la literatura,  que es casi una tentación, si se me permite, de clasificar las novelas policiacas como un subgénero; de verlas por encima del hombro, con un dejo de desprecio, de la misma forma en que se le ve a un pariente pobre que llegó mal presentado al evento familiar. Pocos confiesan con orgullo estar leyendo una novela policiaca, parece que da vergüenza. De escribirlas, mejor no hablamos.

No estoy de acuerdo con ese punto de vista. Me acerco más a la forma de pensar del poeta Roberto Passoa que dice que “una de las pocas diversiones inteligentes que  aún le quedan a de intelectual en la humanidad es la lectura de novelas policiacas.”[1] Cómo dijera Chesterton: “Muchos podrán componer un poema épico, cualquiera puede fingir que es sabio, pero no que es ingenioso, escribir una novela policiaca es hablar del misterio, de la fascinación que existe por resolverlo y del tema más enigmático de la humanidad que es el enfrentamiento con la muerte.”[2]

La cualidad específica que tienen los relatos policiacos es estrictamente eso que llamamos ingenio. Un escritor carente de ingenio es un pobre artífice de letras, es un palabrero. En defensa del género, este tipo de textos deben estar bien construidos y  poseer agudeza, “una obra así es inefablemente superior a la mayor parte de las obras serias mediocres.”[3] Es preferible un relato que se consagra a afirmar que puede resolver la incógnita de un crimen antes que aquel que se dedica en varios pliegos a decir que es incapaz de resolver el problema de las cosas en general.

El complot mongol , de Rafael Bernal, es una novela de suspenso construida como una caja de música que repite ciertos acordes para ganar tono y melodía, aunque algunas veces parece que la maquinaria desafina. Es un thriller en toda la extensión del anglicismo: tiene todos los engranes: un investigador duro, hábil con la pistola y con los puños; orientales misteriosos e inescrutables; la intervención de investigadores de potencias antagónicas; la muchacha bella en apuros; persecuciones, muertes, armas, golpes, mujeres, espias y un final sorpresivo.

La genialidad de Rafael Bernal radica en la construcción de sus personajes. Si comparamos a Filiberto García con Sherlock Holmes lo podemos constatar. “Sir Conan Doyle perjudicó sin duda su excelente serie de relatos al ponerse solemne… Las brillantes ocurrencias de Sherlock Holmes eran brillantes flores cultivadas en el pobre suelo de un jardín de las afueras de Londres. Sherlock Holmes habría sido mucho mejor detective de haber sido menos filósofo o poeta. Si hubiese estado enamorado” [4]  No se entiende a un detective que suspenda la acción porque debe tomar su taza de café y al terminarla pueda entender no sólo la filosofía de Platón sino la importancia de los detalles que lo llevan a resolver el caso. A Filiberto García, tener la razón le resultaba poco relevante, lo que importa era tener cuates, la búsqueda de la justicia la subordina a la justificación de sus actos,  y el amor a la Patria lo obliga a obrar de cierta forma, en la que la lealtad guarda una prioridad superior a la de los principios, la lealtad entendida dentro de sus propios parámetros. “Tener la razón vale para un carajo, lo que importa es tener cuates.”[5] Un personaje más real y más humano que Mr. Holmes.

Bernal se arriesga, da un paso al frente y nos presenta un texto cuyo gran peligro es esta realidad prosaica que nos revela. Sin embargo, no por ello existe un descuido artístico, a pesar de que en ocasiones lo parezca.  Hay muchas formas artísticas totalmente legítimas en este relato de detectives. La farsa, el melodrama, el relato de aventuras. El acierto del autor es haber tomado en serio la pluma y añadir pinceladas de verdad, de conocimiento real del tema que está tratando. Las calles del centro de la Ciudad de México, el Barrio Chino, la calle de Dolores, están descritos con realidad que nos suena verosímil, tal vez cierta. No sé si se trata de una fotografía o en realidad nos pintó un cuadro.

Filiberto García fue la figura nueva del detective, hoy tan socorrida. Figura entendida como “… ese algo verdadero e histórico que representa y anuncia otro algo igualmente verdadero e histórico”[6] Sustituyó la consabida mirada penetrante y el cuello almidonado del detective convencional. Se alejó de Hercules Poirot. Por encima de todo, rodeó a su detective del auténtico ambiente policiaco de México. Así funciona la inteligencia en México. Si no, pregúntenle a Noé Mandujano, ex subprocurador y exdirector de la SIEDO. Conjuró ante la imaginación una ciudad real, viva y que asusta, más que por la falta de luz en sus calles, por la oscuridad que revela.

Al adentrarnos en el mundo policiaco de Rafael Bernal descubrimos, con asombro y estupefacción, que su novela continúa siendo, como pocas obras, actual. El retrato social, político y económico, dominado por la corrupción y pormenorizado por su magistral pluma, nos resulta muy semejante al México del siglo XXI. Pareciera que el autor entendió que un sistema político como el que describe en su novela, tiene un gran arraigo y no cambia totalmente de la noche a la mañana. Más bien, tiende a permanecer. “Pero a veces como que la ley no alcanza y me mandan llamar”[7]” Soy mexicano y aquí en México tenemos la libertad de hacer lo que se nos dé la gana.”[8]

El tono elegido es sarcástico, el humor muy negro nos sale al paso por todas partes. No puede ser de otra manera, Filiberto García se define a sí mismo como un hombre al que mandan llamar “porque quieren muertos, pero también quieren tener las manos limpiecitas” [9], nacido en un país donde el lenguaje confunde,  en el que lo que se dice no es lo que realmente significan las palabras,  se enredan entre la lealtad y la corrupción, el deber ser y lo que es  “ ¡Pinche coronel! No quiero muertes, pero bien que me mandan llamar a mí.”[10], “¿Hay entre ustedes agentes comunistas? Nadie conoce lo que hay en el colazón del hombre, señol  Galcía” [11] en el que la falta de educación y la superstición forman un cerco del cual es casi imposible salir. “Y con todo y sus estudios y su título, como que no ha llegado a hacer nada, ¿verdad?”[12]  “… y no fue nadie. “Citaba las leyes en latín y hablaba francés y alemán, pero no fue nada ni nadie. Viejo Pendejo. “[13] Sin embargo, se ve a sí mismo como un hombre de acción, de los que ejecuta, pensante y emprendedor “yo llegando y prendiendo lumbre” [14], pero homicida.  “Yo los mato o ellos me matan, a mí en esos casos no me gusta ser el muerto” [15]Un personaje complejo al que no le basta una etiqueta para ser descrito, porque “como que ya me ando haciendo maricón, y ahí está Martita en la recamara y yo haciéndole al Vasconcelos con purititas memorias, Pinche maricón! ”[16]

Narrada con un estilo agilísimo, lleno de humor negro y amargo y de la violencia sórdida que se esconde tras la fachada del México moderno, a veces en primera persona, a veces en tercera, haciendo cambios de narrador de manera arbitraria, casi incomprensible, El complot mongol sigue los avatares de un típico matón metido a la endemoniada tarea de desenmarañar una conjura internacional.

Bernal pone en acción a Filiberto García, antiguo verdugo de un general villista, a operar con Graves agente del FBI y con Laski de la KGB para desmantelar una intriga contra la paz mundial que anida en las calles de Dolores de la ciudad de México, el acriollado y mediocre barrio chino del a capital del país. Entre las tiendas de curiosidades orientales y los restaurantes de comida cantonesa, detrás de los fumadores de opio y los cafés de chinos, Bernal hilvana su historia y, a veces nos da la impresión de que lo hace como una costurera mal hecha, mete hilo y avienta a Filiberto García quien va descubriendo que la conspiración supuestamente iniciada en Mongolia Exterior.  No, no es un tejedor descuidado. Es un sastre de alta costura. Sí. Tal vez exagerado.

Las aliteraciones y las repeticiones son un juego constante para Bernal: Pinches chinos, pinche Mongolia Exterior, pinches chales, pinche chino Liu. Y yo haciéndome maje, y yo haciéndole a la telenovela Palmolive, a mí nunca se me ha hecho con una china, lo que pasó en Dallas y todo eso. Tal parece como si Rafael Bernal, con este juego de sonidos pretendiera crear el efecto de un disparo con cada fonema fuerte y silbado, con las repeticiones nos agarra de las orejas y no permite que se nos olvide aquello que para García es importante.

La trama de Bernal da tres vueltas de tuerca: en un principio el tono es irónico y lento. Platea la situación inicial y nos presenta a los personajes. Es el tono y la elección de frases lo que hace que el autor no suelte al lector y el que lee no aviente el libro. La primera vuelta de tuerca se da después del interrogatorio que se hace al chino Liu, la trama se vuelve más articulada, la acción más coherente y articulada, Bernal nos mete a un mundo similar al de los Intocables, con descripciones gangsteriles, con juegos de espías y mujeres enredadas y de las cuales jamás nos llegamos a enterar si eran tontas o se hacían las tontas, si sabían demasiado o lo ignoraban todo. Sigue la formula francesa: cherchez la femme. Aunque en ocasiones más que a Elliot Ness, García se aproxima a Maxwell Smart, del Super Agente 86[17], o del Inspector Clousseau[18].

Sin embargo, es la tercera vuelta de tuerca, desde mi punto de vista, la que impulsa a este texto a otro nivel. Justo antes de llegar a esta parte El complot mongol es  una colección de mexicanismos, de frases hechas, de lugares comunes que causan risa y que entretienen. Hace falta ser un lector muy atento para descubrir entre tantos dichos y palabras coloquiales la verdadera genialidad del autor. Hasta ese punto podíamos llegar a calificar la novela como una estampa de la oralidad mexicana, del vaivén de las amarguras de la política nacional y el tortuoso camino en el que deja sembrados una docena de cadáveres. Bernal exige paciencia. Pero al final, el autor toma al lector del cuello y lo asfixia. Es a partir del destino que da a Martita que pone el acento. Una muerte más, un asesinato innecesario.

Cuando Del Valle se da cuenta de que matón a sueldo va a descubrir la punta del hilo, lo acusa de inepto y lo saca del caso. Demasiado tarde. El asesino ha abierto los ojos, y en las últimas páginas da un encuadre totalmente sorpresivo a la línea de sucesos.

Es a partir de un vulgar asesinato y de un tortuoso amor que va aumentando de volumen a lo largo de la novela que el matón descubre el verdadero significado de la vida que ha sembrado muerte.

“Sí. Martita está muerta, muy sola con su muerte. Allí en mi cama. Y yo solo con mi vida. Y Del Valle y el General y todos esos andan ya con su muerte. Y yo solo con mi vida. Como siempre me van dejando atrás. Como que soy yo siempre el que estoy en la puerta, abriéndola para que pasen los que se van con su muerte. Pero yo me quedo fuera, siempre fuera. Y ahora Martita ya entró y yo sigo fuera.”[19]

“–Rece, Licenciado.

–¿Qué rece? Pero si ya no me acuerdo…

Se lo pido como amigo. Récele algo, aunque no haya velas.

El Licenciado comenzó a recitar, como en los tiempos en que era monaguillo. Las palabras le salìan mezcladas, embarradas de borrachera.

–Requiem eternam dona eis Domine.

García tomó un trago. La pistola le dolía sobre el corazón. ¡Pinche velorio! ¡Pinche soledad!”[20]

Nunca subestimes, es la moraleja. Lo fue para Del Valle y para el General, lo es para los que anticipan un juicio con Bernal, lo seguirá siendo para los que ven en la novela policiaca un género de segunda magistratura.

Bibliografía

 

Auerbach Erich, Figura,  Ed. Minima Trotta, Madrid 1998.

Bernal Rafael, El complot mongol, Colección de novelas cortas, Fondo de Cultura Económica, México 2010.

Serie de Televisión Super Agente 86, NBC (1965-1969) CBS (1969-1970)

Chesterton, C.K, Cómo escribir relatos policiacos, Acantilado, Barcelona 2011

Edwards Blake, La pantera rosa, película 1963

Zavala Alonso Manuel, Rafael Bernal en la novela policiaca, Artes e Historia de México, 29-08-2006, México, D.F.


[1] Zavala Alonso Manuel, Rafael Bernal en la novela policiaca, Artes e Historia de México, 29-08-2006, México, D.F.

[2] Chesterton, C.K, Cómo escribir relatos policiacos, Acantilado, Barcelona 2011. P. 7

[3]  Op. Cit. P.8

[4] Chesterton Op. Cit. P 8

[5] Bernal Rafael, El complot mongol, Colección de novelas cortas, Fondo de Cultura Económica, México 2010. P.11

[6] Auerbach Erich, Figura,  Ed. Minima Trotta, Madrid 1998 p. 69

[7]  Op. Cit. P.259

[8] Op. Cit p. 163

[9]Op. Cit. P.110

[10] Op. Cit. 112

[11] Op. Cit. 128

[12] Op. Cit. 258

[13] Op. Cít. P. 259

[14] Op. Cit. P. 182

[15] Op. Cit. P. 113

[16] Op. Cit. p. 154

[17] Serie de Televisión Super Agente 86, NBC (1965-1969) CBS (1969-1970)

[18] Edwards Blake, La pantera rosa, película 1963

[19] Bernal Op. Cit., p. 298.

[20] Op. Cit. P. 304

Antipáticos y soberbios

En un mundo global como en el que vivimos, cruzar fronteras es lo natural. Nos dicen Las líneas territoriales se han vuelto tenues. Nos mienten. Son delgadas para ciertas mercancías y en ciertas direcciones, en otras se elevan murallas kilométricas para evitar los cruces indeseables. Es decir, si un país rico le quiere vender a uno pobre, las facilidades para pasar de un lado a otro deberán de darse sin complicaciones, en el sentido inverso habrá dificultades arancelarias, aduanales, tramites, impedimentos físicos y si ninguno de los pretextos anteriores sirve, entonces habrá sospechas.
No debería ser así, pero en este mundo tan desigual, eso es lo que pasa. Claro, hay de fronteras a fronteras. Hay líneas que no se deben traspasar por ningún motivo, aquellas que involucran el honor, las buenas costumbres, la lealtad entre socios, la confianza entre vecinos, la ayuda entre pares. Cuando se cruzan estas líneas, sin alertar, se comete traición. El que avisa no es traidor. En el momento en que se descubre una traición, especialmente si el traidor no se lo espera, si lo agarran con los dedos en la puerta, lo lógico, lo decente sería pedir una disculpa lo más sincera posible y tratar de dar una explicación de lo que llevó a perpetrar esa mala practica. Si no se puede alcanzar la sinceridad, por lo menos una de dientes para afuera. Eso se llama diplomacia. Así se empieza el camino para recomponer algo que está mal.
Sin embargo, la soberbia hace que se actúe al contrario, que se trate de justificar lo que esta mal hecho enarbolando la bandera del bien común. ¡Patrañas!
El presidente Calderón fue espiado mientras estaba ejerciendo el cargo por agencias de inteligencia norteamericana. Lo supimos, otra vez, gracias a Snowden. ¿Así tratan los estadounidenses a su socio comercial? Sí, así lo trata. Mejor saberlo que ignorarlo.
Con estos sujetos no hay méritos que valgan. Felipe Calderón cooperó, hasta llegar muy cerca de los limites de la sumisión, con las administraciones estadounidenses. No ha habido otro presidente que pusiera tanta disposición a cooperar, que abriera las puertas de las agencias mexicanas al servicio de las del vecino del norte. No, no ha habido otro y ni así les satisfizo. Espiaron a Calderón.
¿Qué quiero decir eso? Evidentemente, no nos tienen confianza. Sin novedad al frente, mi general. Ya sabemos que los gobiernos estadounidenses son paranoicos, desconfiados, que viven aterrorizados por el terror, por la probabilidad de que alguien les llegue a perturbar la paz en su territorio, y tantos otros miedos que van prorrateando, a veces en serio, a veces por conveniencia.¿Hay justificación para cruzar esas fronteras? No. Nada justifica el espionaje, si quieren saber algo, que pregunten. La vocera de la Casa Blanca hizo muy mal al tratar de justificar esos procederes. Mejor callados.
Pero ¿qué sucede si a un niño lo atrapas con las manos en la masa haciendo una travesura y no lo castigas? Lo volverá a hacer, una y otra y otra vez, hasta que las consecuencias de sus actos provoquen una reacción que lo orille a no repetirlo jamás. Si no, lo seguirá haciendo. Lo mismo sucede en la diplomacia. Al enterarse el gobierno mexicano de que su entonces candidato a la presidencia, hoy nuestro flamante presidente, fue espiado, el secretario de relaciones exteriores ni siquiera alzó las cejas. No. Así no es.
En cambio, Dilma Rousseff montó soberano escándalo cuando se enteró de qué ella fue espiada, en Francia, por practicas similares, el embajador de Estados Unidos fue llamado a la Quai d’Orsay a rendir explicaciones. Acá, cero y van dos veces que nos enteramos de que a nuestros vecinos les gusta poner el ojo en la cerradura de nuestros personajes y nuestros diplomáticos piensan que ellos están para tomar té y vivir del presupuesto.
¿Dejarán de espiar a Brasil y a Francia a raíz de estas acciones? ¡Claro que no! Pero se siente bonito que la gente haga el trabajo por el que se le paga.
El presidente Obama, célebre Premio Nobel de la Paz, debería de hacerse cargo de la situación. Cuando un poderoso abusa flagrantemente de un débil genera resentimiento. El resentimiento en el fondo de su esencia es un ya me las pagaras, y un resentido no olvida. ¿Para qué instilar estos sentimientos? ¿Para vivir paranoicos?
Así como nosotros debemos de enterarnos de que nuestros vecinos son desconfiados y metiches, ellos deberán saber que se han vuelto unos antipáticos. Que las prácticas que se deciden desde Quantico o desde el edificio Hoover afectan a ciudadanos de Oklahoma o de Nueva York, tarde o temprano. Que la soberbia engendra odios que estallan contra inocentes.
Tal vez, en lugar de salir a justificar las prácticas que son imposibles de tolerar, la vocera de la Casa Blanca debió guardar un prudente silencio, debió ser su jefe el que diera la cara. Es mucho pedir y es evidente que la tan esperada disculpa no llegará. A pesar de que los atraparon con las manos en la masa, estos sujetos no se disculparán con el mundo por sus malas prácticas.

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Deuda pública

Muchos temblaron de miedo cuando supieron que Enrique Peña Nieto había ganado las elecciones presidenciales. El PRI está de vuelta en Los Pinos, se lamentaron muchos, propios y extraños, que recordaban los peores tiempos del partidazo. Otros, felices de ver al PAN disolviéndose en sus pleitos internos y por el odio al presidente saliente, vitoreaban la llegada del tricolor al poder.
Regresan los que sí saben gobernar, los que mantuvieron la calma del país, los que sostuvieron la paz, los que sí saben hacer las cosas, gritaban los simpatizantes del PRI. Otros, con un poco de prudencia decían, es bueno un cambio de estafeta en el poder, además las cosas no son como hace veinte años, la oposición ya creció y no dejará que estos vuelvan a los desmanes.
Parece que los que tenían razón fueron los que temblaron al ver al partidazo sentado en la silla presidencial. Parece que hubiéramos regresado las manecillas veinte años y estuviéramos situados en el sexenio de Miguel de la Madrid. Adiós a la esfuerzos que dieron fruto de las administraciones de Zedillo, Fox y Calderón.
Esta no es un tema de política, ni de ideologías. Todo es cuestión de sumas y restas, la reforma fiscal propuesta por el presidente Peña llega a un país desacelerado – decir que está en recesión pone de malas al secretario de Hacienda, cuidado– y es evidente que por medio de la recaudación no alcanzará para cubrir el gasto gubernamental. ¿Cuál es la solución del partidazo? Si no alcanza –y no va a alcanzar– hay que pedir un préstamo. Así lo hicieron los presidentes priístas Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid.
¿Ahorrar? ¿Ser austeros? No, eso no está en los planes del Presidente que puso en la silla el partidazo. Impulsar la economía, alentar la inversión productiva, la creación de empleos. No. ¿Eso para qué? Se puede pedir prestado.
Pedir prestado, para un gobierno como para un particular, es entrar en una ficción de prosperidad. Se obtiene la forma de gastar, se gasta y se olvida que hay que pagar. Es un mundo de fantasía.En los primeros momentos, todos felices, gobiernos y particulares salen a lucir billetes que no son propios y cuando viene el dueño a reclamarlos, llega el llanto y la desesperación. La realidad es dura. La hemos vivido en carne propia, la hemos visto en paises europeos que ya no quieren queso sino salir de la ratonera. Si ya lo sabemos ¿Por qué insistir en esa ruta de fracaso? El secretario Videgaray manda una reforma fiscal que frena las áreas productivas y que nos regresará a las prácticas de hace veinte años, es decir desde los ochentas no se aumentaba la deuda como lo intenta hacer este gobierno.
¿Qué no sabe el secretario de Hacienda que en aquellos años los niveles de inflación y de descontrol en el tipo de cambio impactó de tal forma a las Finanzas Públicas que nos puso de rodillas? Fueron muchos años de esfuerzo para encarrilar a México y sanear las variables económicas como para echarlos a la basura.
La esperanza de los mexicanos era contar con una oposición que frenara al partidazo si este caía en la tentación de volver a las estrategias del pasado. El PRD, que tanto se burló de las alianzas entre el PRI y el PAN, nos dio la estocada, cambió un fondo para la Ciudad de México por los votos para aprobar aquello contra lo cual nos advirtieron, ¿entonces? Las convicciones vienen y van a conveniencia.
Si la Cámara de Diputados falló al momento de evaluar la ley de Ingresos, que el Senado enmiende esta terrible falta de visión. Regresen al presente. La deuda no es la solución. Metan manos a la obra. Si el presente gobierno quiere gastar, apoyen con leyes impositivas que impulsen la economía, no que la frene.
No es buena idea endeudarse, es un pésimo planteamiento gastar más de lo que se tiene. Las consecuencias son fatales. Cuándo un particular lo hace, cae en bancarrota y tiene que pagar los platos rotos de su irresponsabilidad. Cuándo lo hace un gobierno, adivinen quiénes pagan las fiestas ajenas.

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Mejores condiciones

Leo en la columna de Jorge Ramos que hoy morirán dos migrantes al tratar de cruzar la frontera entre Nogales, Sonora y Nogales, Arizona. Mañana serán otros dos, pasado otros y así morirán de dos en dos decenas de personas que huyen de la situación de sus lugares de origen para alcanzar mejores condiciones de vida para ellos y sus familias. Es para poner los pelos de punta pensar en que un semejante perderá la vida, mientras otros como yo leemos el periódico dominical y tomamos una taza de café.
La migración se ha convertido en uno de los temas centrales del siglo veintiuno. Por desgracia, el tema no se aborda de manera adecuada. Hace veinte años empecé a escuchar las loas a la globalización, las enormes ventajas de que las fronteras se vinieran abajo y de que el mundo se fuera transformando para dar facilidades a la súper comunicación. En aquellos años para todos resultaba sorprendente saber que productos provenientes de otros lados de la tierra llegarían para formar parte de nuestra cotidianidad con una facilidad extrema. Sí, la globalización fomentaba el comercio y con ello, el crecimiento económico de varias zonas geopolíticas.
Lo que no se calculó entonces fue que ese bienestar atraería a gente que estaba en zonas no tan aventajadas. Evidentemente, todo ser humano quiere y aspira a mejores condiciones de vida. Es lógico. Lo que no lo es, es pensar que la globalización únicamente se refiere a mercaderías y no a personas. No se puede creer un planteamiento en el que se tiran las fronteras para que pasen mercancías, especialmente aquellas que yo vendo, y eleve muros para las personas. Hay algo mal en este planteamiento.
Lo malo es que no importa cuantas leyes migratorias en Europa traten de prohibir la migración, cuantos muros de tortilla se eleven entre México y Estados Unidos, la gente buscará huecos porque el hambre no sabe de fronteras, el miedo no reconoce líneas fronterizas y los deseos de una vida mejor tienen mayor fuerza que la cara de la muerte.
Si no ¿Por qué hay tanta migración en el mundo? Mueren africanos en el intento de cruzar el Mediterráneo, mueren latinos al tratar de avanzar por el desierto y llegar a alguna ciudad estadounidense. Lo más triste no es ver a gente huyendo, es ver el desprecio que causa su miseria.
Lo peor es ver la soberbia de regiones que primero fueron tierras que expulsaron a su gente, luego en sus épocas de bonanza, se olvidaron de su condición de migrantes y quisieron imponer leyes terribles de exclusión, para que ahora que las cosas les van mal de nuevo, sigan arrojando a los suyos a la amargura de la migración. Hombres y mujeres que abandonan su origen, dejando pueblos fantasmas tras de sí, en busca de mejores condiciones.
Es lamentable darnos cuenta de que su condición representa un negocio jugoso para coyotes que ayudan a estas personas a llegar a su destino. Una actividad cruel que se apoya en la necesidad de uno y se sustenta en leyes migratorias que de forma absurda pretenden acaban por decreto con los sueños de la gente. No. Así no es. Cerrar la puerta no soluciona el problema, lo agrava.
Es tiempo de darnos cuenta de que es mejor tender la mano. Ayudar al contiene africano a que sus tierras sean productivas, a que Centroamérica tenga mejores condiciones, a que México sea un verdadero socio comercial, a que los países pobres dejen de serlo.
Esa sí en una solución. Convertir las zonas que expulsan a su gente en lugares en los que sea atractivo vivir. Y, mientras eso sucede, extender la mano al que sueña con mejores condiciones. También reconocer la ayuda del migrante en el desarrollo de las naciones. ¿Qué sería de Estados Unidos sin los que llegaron de fuera? ¿No es tiempo de que el congreso americano deje de postergar la decisión y le entre al toro por los cuernos para aprobar una ley migratoria acorde a la realidad que se vive?
Llegó el momento de reconocer que los que buscan mejores condiciones también las brindan, si no, no estarían ahí.

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