Trabajo productivo

Según la OCDE, en México tenemos un nivel de productividad reprobatorio. Estamos 60% por debajo de nuestros socios comerciales. En un estudio hecho por el Instituto Mexicano para la Competitividad, calificamos bien veinte de cien puntos, el promedio general es de cincuenta puntos. países como Luxemburgo, Noruega, Estados Unidos, Bélgica y Holanda son los mejor calificados, Chile, Polonia, Hungría y México, los peores.

El estudio reporta que la baja de productividad se debe al bajo nivel de competencia que tienen los trabajadores mexicanos. No hay una conexión entre el valor que se debe generar para la empresa. Hay un eslabón roto que ni da oportunidad para que la creatividad fluya ni el crecimiento desemboque. Es verdad. En tiempos de crisis en México lo primero en sufrir recortes presupuestales es el rubro de capacitación.

Y, claro, en tiempos de bonanza, unimde los,rubros más despreciados es la capacitación. Algo pasa en el sector empresarial que los mandos sienten que capacitar es tirar el dinero a la basura y es todo lo contrario. La reflexión es algo así como: yo siembro y otro va a cosechar. No es así. El sector de la capacitación ha visto un freno desde hace dos años en los que los programas se han dilatado o, simplemente se han cancelado.

Por otro lado, encontrar un trabajo en el que se puedan desarrollar las potencialidades, esta dificil. El arco de vida laboral se ha reducido, la experiencia nomes un valor que interese mucho y, hasta los jóvenes se han visto en la triste necesidad de caer en el subempleo.  La historia del médico que maneja un taxi, del físico que se dedica a dar clases de regularización a chicos de secundaria, la graduada de una maestría empleada como secretaria, es cada vez mas común. 

Las dos realidades chocan en México, la falta de capacitación y el subempleo, un conjunto de elementos imposibles que forman la cotidianidad mexicana. La OCDE dice que estudiar una licenciatura en México te pone en riesgo de desempleo o subempleo. El sacrificio del estudio, de las desveladas, del,pago de libros, colegiaturas, se ve coronado con la posibilidad del fracaso.

No, no es una realidad inventada, ni una novela de terror urdida en el surrealismo, es el resultado de un estudio serio patrocinado por la OCDE. El autoempleo y la,actividad emprendedora están frenadas por la incompetencia de funcionarios que ni saben lo que hacen o, están viendo a dónde más brincan. Muchos  comités vecinales y líderes sociales, en vez de vigilar por el bien común, ven como llevar agua a su rancho.

La solución está en destrabar este nudo gordiano. Es dejar trabajar para que gire la rueda y se recupere el eslabón perdido que puede traernos trabajo productivo y los beneficios que eso conlleva.   

Fibromialgia

Si te duele todo el cuerpo y sientes un agotamiento generalizado; si aún cuando te acabas de despertar, el cansancio sigue ahí; si lo primero que sientes al abrir los ojos para empezar un nuevo día es dolor, no ignores  los síntomas, es posible que el cuerpo te esté mandoando signos de que tienes fibromialgia. 

La palabra fibromialgia tiene una composición fonética horrorosa, la enfermedad lo es. Por si fuera poco, la gente que rodea al que la padece, no entiende que esa hipersensibilidad no es un chiqueo, ni son ganas de llamar la atención, ni es un vehículo para darle vuelo al lado oscuro de la personalidad. No es nada de eso, es dolor.

El paciente con fibromialgia padece de dolores muy fuertes que se generalizan en todo el cuerpo y que multiplican los puntos sensibles a lo largo de la piel, de los músculos y de las atribulaciones. Además del dolor está la fatiga crónica. Sí, el dolor cansa, desgasta y acaba con las fuerzas. 

La gente cercana a quien padece fibromialgia no entiende las razones del sueño perpetuo, del rostro fruncido y de esa necesidad de quedarse quieto. ¿Qué tienes? Me duele. ¿Que te duele? Todo. Sí ya sé que parece increíble que duela todo, sin embargo, es cierto. Duele desde el pelo hasta la punta del pie. Hay una hipersensibilidad que hace sentir al paciente como un globo conectado a una bomba de aire que no deja de inflar, es la sensación de que pies, manos, cara, rodillas, cabeza van a estallar de un momento a otro porque ya no pueden estirarse más.  No resisten más.

Una persona que padece de fibromialgia tenderá a olvidar ciertas cosas, y, ¿cómo no? El dolor quita concentración. Resulta dificil entender las razones por las que alguien no se quiere levantar, si a simple vista todo está bien, si no hay un estudio que evidencie lo contrario, si no hay una razón clara. Incluso, algunos pacientes que no saben que padecen está enfermedad, se desesperan y se irritan al no entender lo que les pasa.

La fibromialgia es una enfermedad dolorosa, no es una ocurrenica. Está catalogada por la Organización Mundial de la Salud y existen tratamientos para aligerar los síntomas, no hay cura. Tampoco está claro qué la provoca o qué detona un ataque doloroso. Por suerte, la enfermedad es intermitente, aparece y desaparece. No habria quien aguantara este padecimiento en forma continua, sería mortal. 

Un ataque de fibromialgia es similar al martirio de San Esteban, al que le ataron los pies y las manos a un tronco, lo dejaron en una posición anátomicamente imposible, desarticulada y luego lo acribillaron con flechas en todo el cuerpo. Los primeros síntomas son esas presiones incomodas que poco a poco se convierten en calambres y se transforman en puntos de dolor.

Hay medicamentos y hay tratamientos, esa es la buena noticia. Por la similitud que guardan los síntomas con las enfermedades reumáticas,  es un medico reumatólogo quien diagnostica, aunque no es un padecimiento reumatoide. 

Un consejo para los que como yo, padecen de fibromialgia. No dejen que el dolor avance. En general, los que padecemos esta enfermedad dejamos para después la cita del médico, la compra de la medicina, el inicio del tratamiento, el hacer ejercicio. Ponemos mil excusas, metemos el acelerador y nos estrellamos contra la pared del dolor. Cuidado, si el cuerpo reclama descanso, duerme; si sigue el cansancio, duerme más. Si duele, ve con el especialista y sigue el tratamiento. No esperes. No te desanimes si la gente a tu alrededor no te cree, es normal.

Por último, no te sientas en soledad, somos muchos los que padecemos fibromialgia, la Organización Mundial de la Salud reporta que el dos por ciento de la población mundial la padecemos, yo creo que somos más, pero hay muchos que no han sido diagnosticados todavía.

Escribo de esto, después de librar un ataque violento de esta enfermedad. La lucha es dura y lastimosa. Duele el cuerpo y la incomprension. Los restos de cefalea, de dolor articular, de fatiga, de rigidez mandibular son menos severos que ayer. Pero, estoy en pie y dispuesta a seguir dando batalla. La mejor forma que tengo de hacerlo,es elevando la pluma.

Por eso, si te duele todo el cuerpo y no es algo puntual, sino una sintomatología que se va arrastrando, ve al médico, es posible que tengas fibromialgia.

  

Luxemburgo se pinta del color del arco iris

Aquello que antes era impensable, hoy está sucediendo. Lo que antes era motivo de escándalo, ahora se convierte en fiesta. Sin duda, soplan vientos de cambio. Xavier Bettel, primer ministro de Luxemburgo y Gauthier Destanay, un arquitecto de origen belga, contrajeron matrimonio el pasado viernes quince de mayo. Se comprometieron después que las leyes de su país aprobaron las leyes que permiten los matrimonios entre personas del mismo sexo y contrajeron nupcias en el edificio de la Alcaldía del Gran Ducado.

En un ambiente majestuoso, de arquitectura de la época Alta de la Edad Media, el Primer Ministro en funciones, salió al balcón, al lado de su esposo, una vez concluída la ceremonia y saludaron a los presentes que fueron a celebrar la unión. La bandera multicolor, tan usada en manifestaciones de reivindicación, en marchas a favor de la tolerancia y del orgullo gay, ondeaban con gran felicidad, como traduciendo el grito de ¡qué vivan los novios! 

La muchedumbre aplaudía a los que salieron al balcón de la alcaldía y les pedían que se dieran un beso. Igual que lo hicieron con el Príncipe Carlos de Inglaterra y con Diana Spencer, o como lo solicitaron en la boda de Felipe y Letizia, pero la diferencia  es que estos nuevos esposos se mostraron tímidos y simplemente sonríeron para que los medios pudieran captar la imagen y los morbosos se quedaran con las ganas.

En el pasado, una unión así hubiera sido impensable. ¿Cuántos reyes, reinas y políticos de antes miraran con envidia a esta pareja? ¿Cuántos los juzgarán y pedirán las sales o se pondrán chiquiadoras para salir de la indignación? ¿Cuántos los rechazarán abiertamente y cuántos otros los criticarán por lo bajo? ¿Cuántos serían capaces de mostrar abiertamente su odio?

Yo no.

Veo a esta pareja de esposos como he visto a muchos recién casados. Con la ilusión que da encontrarse en los días de luna de miel, con la novedad de haber firmado un compromiso de vida en común, con esa sonrisa que no les cabe en la cara y esa vibración que expiden los que están realizando su amor.

Me gusta ver esa timidez que tal vez sea prudencia. Con mucho arrojo se convierten en la primera pareja gay que se compone por un mandatario en funciones. Se ponen frente a la plaza del pueblo y con una sonrisa sincera dicen: no quiero esconderme, quiero vivir en paz. Sin provocaciones recuerdan las palabras de San Agustín: Ama y haz lo que quieras. 

Luxemburgo se pinta del color del arco iris, con ese signo de esperanza que vino de lo alto para animar a Noé, como la promesa de que en ve de destrucción habría vida. Por eso, no seré yo la que lance ninguna piedra. Si los tiempos han de cambiar, que sea par que reine la paz.

  

En la celda con Sor Juana

Ayer tuve el privilegio de dar clase en el salón 33 del Gran Claustro, justo arriba de donde se encuentra la celda que ocupaba Sor Juana Inés de la Cruz. Los techos de doble altura, los pisos de tablones anchos de madera, los muros tan blancos y esas ventanas tan largas que dan vista a la calle de Izazaga. Afuera era el bullicio de los coches, de la gente corriendo, del autobús y de los puestos que rodean la estación del metro. Dentro, el silencio de los alumnos haciendo examen.

Por un instante, tuve la impresión de que ya había estado ahí, que eso ya había pasado y que yo había visto antes esas caras concentradas, esas narices metidas en las hojas de papel y esas plumas que se movían rápidamente formulando respuestas. Fue esa sensación extraña de haber vuelto sobre mis propios pasos, pero… ¿Cuáles?

Era la primera vez que me tocaba un salón en el Gran Claustro, antes me habían asignado salones en el ala del callejón de San Jerónimo o frente al Patio de Gatos. Allá los salones son más modernos y aunque están rodeados por la armósfera de este estúpendo lugar, no dejan de tener el sabor de lo actual. Pero aquí, las vigas que soportan el techo tienen un gusto distinto, una fragancia especial. 

Fue un segundo, en el que sentí que estaba en alguna habitación de casa de mi abuelo, o en San Juan de la Penitencia, donde viví en Toledo, o ya de plano, en la celda con Sor Juana. Así, en una especie de vapor que me hacía flotar y me envolvía para hacerme sentir en un estado alterno de cosas, se me esacapó una sonrisa bobalicona. Casi, casi podía escuchar los pasos de las monjas jerónimas que vivieron ahí y por poquito me pongo a platicar con la Décima Musa. Podría asegurar que vi una sombra que se proyectaba a lo largo del corredor. Me atrevería a decir que vi el reflejo de un hábito negro.

Maestra, la voz de un alumno me hizo caer de la nube. El ruido de la calle de Izazaga me regresó al salón de clases del que en realidad nunca salí, ¿o si?

  

El problema de la policía en Estados Unidos

Me temo que el problema de la policía de Estados Unidos es que trae la vocación muy confundida. La evidencia nos dice que en varías ciudades, los uniformados ya no son bien vistos ni son queridos sino más bien alrevés. La imagen del gendarme que camina por las calles, que conoce a la gente, que cuida y la protege parece haberse extraviado. Ya sólo se encuentra en películas viejas y en caricaturas de Hanna Barbera. La figura de Matute, el típico policia de calle, que es amable, que porta un uniforme impecable y que aparece en las caricaturas de Don Gato, es eso una caricatura.

Muchas voces se elevan y salen en forma airada a protestar por los abusos de los cuerpos policiales norteamericanos. Hay un claro distanciamiento entre la sociedad y quienes, en teoría, debieran estarlos protegiendo. No encuentran amparo no se sienten defendidos. ¿Quién los culpa? Parece que la facultad que les confiere el Estado para ser los guardianes del orden se confundió y se desdibujó en los últimos tiempos. Se trastocó en abuso.

Según la definición de seguridad pública, la función policial de carácter preventivo consiste en actuar de forma vigilante para evitar la posible acción delictiva. La prevención policial busca evitar: primero que las personas se conviertan en víctimas, segundo el surgimiento del delincuente, y tercero el surgimiento del delito y su reincidencia o reiteración. Pero, pareciera ser que para ellos la palabra prevención ha significado, aniquilación.

Si un policía grita: ¡arriba las manos!, y no es obedecido, claramente esta en la obligación de imponer la autoridad, incluso recurriendo a las armas. Pero, si un delincuente alza los brazos y hace lo que se le dice, evidenciando que no tiene armas, si un maleante está con las manos al aire y el abdomen expuesto, no hay porque balacearlo. Llenar de balas a una persona que está en desiguladad de circunstancias es un asesinato. Lo que procede es esposarlo y llevarlo detenido. Si no lo hace y en vez de amagarlo, lo mata, entonces, el protector se vuelve delincuente. El defensor se vuelve victimario y la teoría se aplica alrevés.

La primera ocasión, cualquiera pensaría que fue un error del policía y culpa del delincuente. El problema es grave porque se repite en muchas ciudades una circunstancia similar: un guardia mata a un supuesto delincuente que está desarmado. Momento, no estoy haciendo un panegírico de la delincuencia, nada más eso me faltaba. No. Al contrario, me parece gravísimo que quienes cuidan, se vuelvan asesinos y maleantes. 

Varios mexicanos desarmados han sido asesinados en los Estados Unidos por policias que después han sido exonerados por jueces. Los motines de Baltimore hablan del coraje que la sociedad siente por el abuso de autoridad. En Nueva York, el alcalde reconoce que su cuerpo policiaco ya se pasó de la raya y ellos le voltean la espalda. El presidente Obama elige con sumo cuidado las palabras para referirse al tema.

El problema de una policía abusiva es que la gente puede caer en la tentación de quitarles la exclusividad de reestablecer el orden por medio de la fuerza. Por eso hay motines. Los jueces deben valorar con sumo cuidado las exoneraciones que dispensan a policias que transgredieron los límites, si no, la Nación se los demandará. 

Ayer, el Gran Jurado de Tarrant, liberó de todo cargo al oficial Robert Clark, por haber disparado y asesinado al mexicano Rubén García Villalpando cuando éste se encontraba con las manos arriba y  evidentemente desarmado. Es probable que Rubén no estuviera rezando el Rosario, no lo sé, lo que sí es seguro es que lo mataron y el no traía ningún arma encima.

Es urgente que Estados Unidos revise los protocolos de uso de fuerza letal, que no abran tanto la puerta a la discrecionalidad que permite y justifica el disparo a personas desarmadas. El error que pueden cometer lleva vidas de por medio. También compromete la seguridad de las comunidades que ya están saliendo a las calles a protestar. ¿Dónde quedaron esos policía honestos, afables que caminaban por las calles protegiendo ciudadanos? El problema es que andan perdidos, ojalá los encuentren.  

  

Daniela

Hace XV años, Dios mío, intuía lo que iba a suceder, pero a estas alturas no me pasaba por la cabeza que este sería el día. Con el vértigo que siempre la ha caracterizado, decidió llegar y, en un abrir y cerrar de ojos, tuve entre mis brazos a la niña que entre oraciones te pedí. Como siempre, la generosidad de tus bendiciones sobrepasó mi sueño más perfecto. Llegó Dany venciendo todo pronóstico y silenciando toda sospecha. Llegó sorprendiendo y sigue provocando mi asombro.

Así es ella, su seña de identidad es la fuerza. Tan finita, tiene esa potencia que es capaz de desatar huracanes y de apaciguarlos. Podría separar las aguas de los cielos y hacer brotar vida del suelo seco o iluminar mil lamparas en el cielo y hacer que la noche se vuelva día, si quisiera. Sólo sucede, si ella lo quiere. La pusiste entre mis brazos y al acunarla, en un instante todo estaba bien, todo era equilibrio y nada podía romperlo. 

Daniela, Dios bendito, hace justicia a su nombre, tiene una naturaleza extraordinaria que la vuleve excelente para cualquier cosa que se proponga, no sabe de límites y le gusta caminar por el filo de la navaja. Exige y no se conforma, lucha hasta que logra lo que ella se propone, pero sólo si es de su interés si no, no. Pisa con fuerza y camina apresurada. La siguen, la quieren, tal vez por su sonrisa, o porque es muy simpática o por las dos. Es independiente, a veces, atropellada, a veces el vértigo la lleva a lugares de los que debe volver. Protégela, te lo pido.

Ha crecido, Dios mío. Dejó de ser la nena que en la fila del kinder decía que ella era mu mediana, porque se resistía a ser pequeña pero no quería ser la más grande. Brotó y floreció con ese soplo de vida que reservas  para los favoritos. Todo fue tan rápido como la brisa que sopla en la mañana, trae el sol y lo cuelga de lo alto. 

De repente, ya no era necesario tomarla de la mano para cruzar la calle. De pronto, era fácil debatir con ella y difícil  contestar sus preguntas. Sin darme cuenta, el tiempo pasó rapidísimo. Dios mío, quiero decirle tantas cosas que el flujo de palabras se atropella, siento que debo advertirla, que es mi obligación conducirla y arroparla entre los brazos para que jamás nada le pase. Pero, no se debe. No se puede. Son tantas cosas las que necesito contarle, que tengo miedo de abrumarla.

Por eso, hoy que cumple XV años, Dios bueno, te la encargo. Es Dany, la niña que te pedí entre oraciones. La que me concediste por tu bondad, la que pusiste entre mis brazos en el momento preciso, la que luchó por estar conmigo, la que lo logró, la que siempre lo logra, aunque parezca lo contrario. La que sabe ponerse de pie después de un tropezón y morirse de risa. La que se sacude el golpe y sigue pisando fuerte. Es ella, la que se enamoró de París y se prendó de Montmarte, la que sabe de futbol y grita Hala Madrid, la que al dormir,sigue  haciendo los mismos pucheros que cuando era un bebé. Es ella, por la que hoy elevo mi oración. Cuídala, te lo pido. Llénala de bendiciones, ródeala de ángeles y pon a tus arcángeles para que la escolten. Dale tu luz y tu guía. Y a mí, que me elegiste para ser su madre, ayúdame a hacer bien la tarea. Ilúminame. Es mi obligación hacerlo bien, es mi privilegio ser su madre.

  

Ser maestro

Ser maestro es un llamado que llega al corazón y que no puede ser desoído. Es el gusto que se siente por pararse frente a una audiencia para compartir. Es prepararse todos los días para entregar algo que sea útil. Es dar herramientas. Es aceptar el reto de tocar con la vida propia, la de alguien más. Sí, también es desafiar la indiferencia, la distracción y el desinterés. Es darle batalla a la ignorancia e intentar vencer la brecha que hace diferentes a los que saben y a los que no.  Es decir, ser maestro es algo similar a subirte sobre Rocinante y empuñar la lanza para vencer gigantes que se convierten en molinos de un momento a otro.

Un maestro es como un detective que es capaz de descifrar el misterio del que hoy no entendió la clase, del que aparentemente estaba poniendo atención y tenía la mente en otro lado, del que está enfadado de escuchar que no se puede, del que vive subido en las nubes, del que cree que todo se logra sin esfuerzos, del que todo lo tiene o del que piensa que ya todo está perdido. 

El que toma el gis en la mano sabe que, igual que un capitán de barco, tendrá que tener el pulso para llevar a la tripulación a buen puerto a pesar de las tormentas. Sabe que, como el buen agricultor, deberá tener paciencia para que la semilla sembrada germine. Es más, algunas veces no logrará ver los frutos y deberá confiar en el terreno en el que plantó buena simiente. 

Un maestro es quien sabe impulsar el éxito y quien descubre las herramientas que cada uno tiene para conseguirlo. Es quien dirige y sugiere. ¿Cuántos maestros han descubierto talentos en algún alumno que ni si quiera él mismo había descubierto? ¿Cuántas historias de profesores que dieron buenos consejos que impulsaron triunfos? ¿Cuántos, por su influencia, generaron sueños e ilusiones? ¿Cuántos los rompieron en mil pedazos con insensibilidad, egoísmo o flojera?

El magisterio no es para cualquiera. Es para los que quieren escuchar, poner atención, compartir y construír. Es para los que entienden que el abismo de desigualdad que existe entre el hombre más rico del mundo y la persona que no tiene que comer, se llena en las aulas. La solución a la pobreza alimentaria, y a las divisiones de la Humanidad se encuentran en las aulas. Es para quienes quieren encontrar realización en el salón de clases, en rosolver dudas y en plantear preguntas. Es para los que se sorprendenden con los que tienen mejores respuestas que las que uno tiene y reconocen superioridad. Es para aprender, enseñando.

Por eso, con profundo agradecimiento, recuerdo a mis maestras y profesores. A Miss Úrsula Tommasi y a Rubén Sanabria que forjaron en mi alma la vocacion que sostiene y apasiona mi alma. Por eso, con profundo agradecimiento, recuerdo a mis alumnos que han sido el motivo de tanta satisfacción y luz para la vida. Por eso, elevo la mirada al cielo y doy las gracias. Porque Dios siempre ha elegido para mi, de entre los buenos, a los mejores. Sí, tuve a los mejores profesores y tengo a los mejores alumnos del mundo. ¡Bendito sea Dios por eso!

¡Felicidades, maestros!

  

Lápices y cuadernos

¡Quiero ser maestra! , lo dice una pequeña de nueve años. Claro, quién a esa edad no quiso serlo. La no jugó a la escuelita tuvo un amigo enamorado de la profesora. El gis y la pizarra eran símbolos aspiracionales y los lápices y los cuadernos constituían en mundo ideal. Luego, al crecer, muchas dejaron esas pretenciones y decidieron seguir otros caminos. Muchas, incluso, pensaron en el magisterio como un juego de niñas pequeñas que sientan a sus muñecos y a sus peluches para oírlas dar clase.

Sin embargo, no es juego de niñas. Hoy, José Naranjo reporta para El País, la historia de Fatumata Mohamed, una pequeña nigeriana de nueve años, que como muchas de nosotras a esa edad, quiere ser maestra, sólo que su aspiración es seria. Es una de las muchas niñas desplazadas y amenazadas por Boko Haram. Salió huyendo de Michika, su pueblo natal y cruzó el desierto hasta llegar al refugio de Yola. Corrió desesperada para alejarse de las armas y de las amenazas de un grupo que sigue secuestrando niñas para ponerlas al servicio de militares que abusan de ellas física y sexualmente.

Fatumata tuvo suerte. Llegó a Yola y puede ir a la escuela. Aprende a escribir y a leer. Tiene cuadernos y lápices. Es de las privilegiadas que pudo escapar, que se aventuró al desierto y le ganó al hambre, al sol, a la sed y a quienes quisieron someterla a un estado de esclavitud. Muchas no tienen su suerte. Para ella ser maestra representa un privilegio, es una aspiración alta y no un juego de niñas. No quiere ser médico ni dedicarse a la ciencia, quiere enseñar. 

Quiero hacer lo que estan haciendo conmigo, enseñar a los niños a leer y escribir porque eso me ha hecho feliz. Me gustan mis lápices y mis cuadernos. Quiero estar con los niños para que aprendan a usarlos. Fatumata me recordó la importancia que tienen esos juegos de infancia. Esos sueños que terminan forjando vocaciones y dando sentido a la vida.   Esos juegos que dadas las circunstancias, ganan diepmensiones espectaculares.

  

Educar sin frustración

Ayer, en un acto de conmemoración del día de las madres y en evidente preparación para el festejo del día del maestro, el presidente Peña interrumpió su discurso y, por unos instantes, se quedó serio. Al retomar el hilo del discurso, con palabras improvisadas pidió educar sin frustración. Se refirió al espíritu de la Reforma Educativa e hizo énfasis en la visión de formar para largo plazo. Después siguió elogiando a las madres.

No sé si la pausa fue actuada. No parecía, más bien daba la impresión de que el Presidente estaba pensando en algo personal, en algo íntimo y que en esos segundos dejó que las palabras emergieran. Cuando volvió en sí, regresó al tema de la maternidad. Pocos se dieron cuenta de que Enrique Paña entreveró un tema tan importante, y que le preocupa sinceramente. Al menos eso dijo sin pronunciar palabras. Esa mirada al cielo, ese cerrar los puños, ese arrugar de labios, en fin, ese suspiro.

Estoy de acuerdo con el Presidente. No sé qué recuerdos o qué pensamientos le evoquen al titular del ejecutivo las palabras educación y frustración. Evidentemente, el encadenamiento de ambas no genera círculos virtuosos. ¿Cuántos maestros ven en el salón de clases una vocación verdadera? Me parece que pocos. Basta ver a varios de los que en vez del aula, eligen la calle y en lugar del gis, empuñan las armas. Eso es el extremo, pero también están los que creen que el aula es un círculo en el Infierno y los que ven a los estudiantes tan agradables como un pisotón en un dedo fracturado.

Educar sin frustración es enfrentar el salón de clase con el mismo gusto que un marino toma el timón del buque al zarpar a la mar. Es ser feliz entre los alumnos. Es encontrar realización. Es dificil. Basta imaginar mocosos llorones, escuincles groseros, adolescentes insolentes, estudiantes que en vez de ver a un profesor ven a un empleado y autoridades que premian al flojo, al majadero, al que falta al respeto, al que no pone atención. Y se pone peor: los alumnos que llegan con hambre, que fueron golpeados, que tienen sueño porque tuvieron que esperar a que el padre llegara de la fiesta o a la madre que no llegó, al que entró al salón intoxicado, oliendo a alcohol y no se acuerda de lo que sucedió ayer y que va a tener repercuciones mañana. 

Se entiende al maestro que frente a las burlas diga, nos vemos en el examen, y se las cobre haciendo una prueba que ni él mismo puede resolver. Se entienden los gritos, las amenazas, los ya me las pagarás, Sí, se entienden, no se justifican. Educar sin rencor, se puede. Estar frente al salón de clases sin aventar vinagre, se puede. Educar sin generar frustración, se debe.

Creo que la intención del Presidente Peña es buena. Es posible que busque empatía para aquellos que necesitan un empujoncito para salir adelante. Es posible que trate de evitar los empellones que reciben tantos mexicanos desde tan temprano. Un estudiante debe encontrarse en un terreno que propicie la creatividad, la imaginación, el buen trato: la educación. ¿Cuántos se pierden en el intento?

Educar sin frustración es de dos vías. El regocijo de quienes eligen ese camino es un premio muy grande. No hay mayor satisfacción que ver cómo se transforma la cara enfurruñada de un estudiante que no entiende, en una sonrisa porque ya le salió el ejercicio. Ver que un alumno entiende y sale saltando de gusto en vez de  irse con cara arrugada o lágrimas en el rostro debería ser la meta de un profesor. Lo es de los que lo son de adeveras.

Hay muchas cosas en las que no estoy de acuerdo con Enrique Peña Nieto, pero en esta idea de educar sin frustración, sí. Claro, no está fácil.

  

El acuerdo 696

El acuerdo 696 de la Ley General de Educación establece en su artículo 50 los métodos y formas de evaluación a los educandos de grados básicos. Hace referencia a la medición, en lo individual, de los conocimientos, las habilidades, las destrezas y del logro de los propósitos establecidos en el plan y los programas de estudio. O sea, de las calificaciones que reflejan el desempeño académico de los estudiantes. 
 Este acuerdo, publicado en el 2013, busca que la evaluación permanente y continua permita al docente orientar a los alumnos durante su proceso de aprendizaje y además, asignar calificaciones parciales y finales conforme a su aprovechamiento. Bajo esta premisa, el 17 de agosto de 2012, se establecen normas generales para la evaluación, acreditación, promoción y certificación en la educación básica. Se hace énfasis en la tarea de orientación que el maestro debe dar al alumno. Busca un equilibrio de fuerzas entre la jerarquía del maestro y el estado de subordinación del alumno y, en términos generales, dice que si un alumno tiene una califiación reprobatoria, el acuerdo le da derecho a que le repitan el examen. Es decir, da una oportunidad.

Muchos, entre ellos directores de escuelas muy prestigiadas, han puesto el grito en el cielo, se han desgarrado las vestiduras y entre gritos de escándalo levantan el dedo y sentencían que ese es un acuerdo que va en contra de la calidad educativa, que abona a la flojera de los alumnos y que primueve la cultura del no importa, hay otra oportunidad. A muchas escuelas particulares, no les gusta el acuerdo 696.

Sin embargo, hay que irnos con pies de plomo. No hay que olvidar que  las mejores prácticas en materia de evaluación de aprendizaje  han determinado implementar un modelo de evaluación que considere lo cualitativo y lo cuantitativo, es decir, que describa los logros y dificultades de los alumnos a la vez que asigne una calificación numérica. Lo que se refleja en la boleta, tiene dos elementos, el trabajo y el examen y ambos dan un número. El modelo al que hace referencia el acuerdo 696 concibe a la evaluación como parte del proceso de estudio y se apoya fuertemente en la observación y el registro de información por parte del docente, durante el desarrollo de las actividades, lo cual implica:

           a)Que el docente planifique actividades para que los alumnos estudien y aprendan;

b)    Que los alumnos se den cuenta de lo que han aprendido y de lo que están por aprender;
c)    Que se tomen en cuenta los procesos de aprendizaje, no sólo los resultados;
d)    Que se consideren las necesidades específicas de los alumnos y de los contextos en los que se desarrollan;
e)    Que la información sobre el desempeño de los alumnos se obtenga de distintas fuentes, no sólo de las pruebas;
f)     Que se fortalezca la colaboración entre docentes, alumnos, padres de familia o tutores, y
g)    Que se actúe oportunamente para evitar el rezago o la deserción escolar.
El acuerdo 696 promueve una educación más moderna y equilibrada que esté al pendiente de los alumnos como personas, no como números de lista. ¿Cuántas veces presentamos un examen y nos quedamos con la mente en blanco, sin poder reglejar lo que en verdad sabíamos porque nos dolía el estómago o traíamos apachurrado el corazón? ¿Cuántas veces los alumnos pasan porque copiaron o porque le cayeron bien al maestro?
El número en la boleta de calificaciones puede ser injusto, y, estoy de acuerdo, que hasta ahora sigue siendo la forma más justa de evaluar el desempeño escolar. Sí, sin embargo, yo aplaudo que los chicos cuenten con una oportinudad de arreglar sus notas. Lo malo es que este acuerdo no cuenta con mucha difusión. Las escuelas ni quieren darlo a conocer, sea por razones académicas o porque se pierden la cuota del examen extraordinario. Hay que darlo a conocer.
Si un niño o un joven tiene una calificación reporbatoria en cualquiera de los bimestres, tiene derecho a que le repitan el examen y mejore su calificación. Si le va bien, puede evitar irse a examen extraordinario. Si le va bien, puede continuar sus estudios en forma regular.
México necesita dar oportunidades, no limitarlas. Además, no es criterio de las autoridades escolares, es un acuerdo presidencial, es un derecho que otorga la ley. Nadie lo debe negar.

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