Empezar ganando tiempo

El tiempo es un concepto extraño, se pierde con facilidad y raras veces se le gana. No sé si en realidad se le puede ganar, pero cuando vuelas del este al oeste, vas contra corriente —por decirlo de algún modo y si se le ve como un flujo continuo de segundos y minutos—. Así que, en el caso de ir de Asia a Europa y de Europa a América, el reloj echa las manecillas para atrás y le ganas la carrera. Sales después de la hora de llegada.

Así que, este año lo empecé como Phileas Fogg y regresé a casa el mismo día, después de un viaje de casi 24 horas, lo cual me dice que eso de echarle carreritas a Cronos te deja exhausto y confundido. Ahora, estoy cansada, tengo sueño y no me puedo dormir. Le dicen jet-lag pero creo que competir con el tiempo tiene sus estragos.

Claro, también tiene sus ventajas. Recuperar el tiempo es una satisfacción, es guardar los minutos en el bolsillo para usarlos al llegar al destino. Es dejarse acariciar por el reloj y consentirse por el calendario.

Empezar el año recuperando el tiempo parece una buena idea. La pregunta es ¿qué haremos con esas horas que tenemos oportunidad de volver a vivir?

Matera

Al Salir de viaje, hay aspectos que una planea con precisión para evitarse sorpresas. Pero, es inevitable terminar sorprendido cuando una sale de casa y es una fortuna. Matera fue uno de esos regalos que recibes sin esperarlos y por eso el grado de asombro es mayor.

A unos kilómetros de la ciudad de Bari, hay una ciudad de piedra caliza que cautiva por su rareza. La presumen por haber sido el escenario en el cual Mel Gibson filmó La Pasión de Cristo —la selección fue impecable—, sin embargo, ese no es su mejor atributo.

Matera es una ciudad cuyo casco antiguo está edificado sobre y dentro de rocas. Hay casas que se alojaron en el hueco de una piedra. La mejor definición de Piedradura sería Matera. Por supuesto, el contraste de un cielo limpio y azul tan claro con el color arena logran un efecto que conmueve.

Hace aire y es tan poderoso que parece que tiene la intención de lanzarnos al vuelo, la temperatura no es tan baja, pero la sensación térmica es más fría. El café es sabroso, el panetone de Navidad es delicioso y la gente del lugar es muy amable.

Si alguna vez viajas a Bari —la ciudad de San Niclolás—, vale la pena hacer el esfuerzo de ir a Matera, después se podrá visitar Bari que es muy bella, pero Matera es única. Fue una ciudad sorprendente por original y porque nadie me había hablado de ella y conocerla fue una muy buena sugerencia: el hallazgo valió la pena.

Cuando muere una amiga

Leticia Blázquez Pons fue mi mejor amiga en los años de Preparatoria. La conocí en la escuela, estudiamos juntas en el Simón Bolívar. Ambas llegamos en primero de secundaria a 1A con la madre Lucila como titular. En tercero ella se fue a vivir a Torreón y volvió al año siguiente. Fue entonces cuando nos hicimos mejores amigas.

Íbamos en 4D. Nos sentábamos juntas en el salón, ella a mi izquierda junto al pasillo. La recuerdo por su hermoso pelo negro, brillante y largo. Si cierro los ojos puedo ver sus manos largas y cuidadas. Ponte crema, me decía. Siempre arreglada, sabía maquillarse y aprendí a hacerlo con ella. Fue mi compañera de estudios, de aventuras, de travesuras. Era buena en matemáticas, física y tenía una habilidad para dibujar. Pero, lo suyo eran los idiomas.

La recuerdo en su Pacer, un auto de moda en los años ochentas. Manejaba muy bien. Oíamos música juntas y nos pasábamos las tardes viendo MTV videos de Duran Duran, Culture Club, Journey, Michael Jackson. Salíamos a tomar café y hablábamos de nuestros sueños, del futuro y de la vida.

Lety era una chica inteligente, sensata y muy interesante. Viajó mucho desde pequeña. Su padre era piloto de AeroMéxico y eso le facilitó recorrer el mundo desde muy niña. La imagino caminando en el atrio del monasterio del Escorial o recorriendo las calles de París de la mano de sus padres.

Hablábamos del futuro como si jamás se nos fuera a acabar. Al acabar la prepa ella decidió su vocación: sería maestra de inglés. Fue de las mejores. La vida nos separó. Lety se casó joven y se fue a vivir a Holanda. Le perdí la pista. Nos reencontramos casi quince años después. Ella era madre de dos niñas bellísimas y yo me acababa de casar. Nos prometimos vernos seguido. No cumplimos.

Coincidimos en una fiesta de generación. La vi luminosa, llena de éxito, triunfante en el mundo profesional, feliz. Así la quiero recordar. Plena, con ese brillo en los ojos tan de ella, con esa fuerza y determinación que hacía parecer que las dificultades eran nimiedades. La invité a las presentaciones de mis libros, a los aniversarios de la revista. Tuve la suerte de concretar algunos proyectos con ella. Su presencia en mi vida fue virtuosa. La quiero mucho.

Supe por ella de su enfermedad. Cuando me lo dijo, no se le notaba. Así de fuerte fue siempre. La última vez que nos vimos, nos tomamos una botella de tinto por el gusto de hacerlo. Me enteré por Facebook. Lety Blázquez, mi mejor amiga de los años hermosos de sueños y planes murió. Al saberlo, sentí que el mundo dejó de girar y creo que sí se paró el tiempo. Algo me jaló el ombligo.

Cuando una amiga muere, hay una parte que se va con ella. Lety: amiga de tantas aventuras, de travesuras y descubrimientos. La vida nos reunió siendo muy jóvenes. Vuelas, amiga querida y le pido a Dios que tengas buen viaje y que llegues sana y salva a tu destino.

Hace diez años… un 24 de noviembre

Hace diez años, un 24 de noviembre presenté mi primera novela, Hermana querida. Me sorprende que haya pasado tanto tiempo porque casi creo que apenas empecé a escribir. Para mí, la fecha es significativa porque da fe de mi debut como escritora.

Definir lo que es un escritor es una tarea complicada. Un escritor no es el que escribe, es el que encuentra un lector. Por eso, el 24 de noviembre, al presentar esta novela, mi primera, digo que me convertí en escritora. Ese día, conseguí lectores. He tenido la fortuna de escribir que que me lean.

Empecé a escribir para encontrar un refugio . Pero, en poco tiempo también lo hice para impresionar a los demás. Creo que lo que me llevó a la escritura fue la tristeza y la perpetua intención de recuperar un lugar grande en este mundo. Uno que sintiera un hueco cuando mi cuerpo estuviera hecho polvo y se hubiera desintegrado en el viento.

Escribir se transformó en delirio y epifanías; en desiertos y vacíos; en entumecimientos y lugares comunes. Creo que enloquecí en el momento en el que me di cuenta de haber entrado en un laberinto del cual tendría muchas dificultades para salir, principalmente, porque no quería huir.

Lo que siguió fueron muchas capas que representan las múltiples fronteras entre la cordura y lo que se forma con un sueño alocado. Deseché una parte de mi yo para escapar de un jardín de flores y al llegar a la luna, me di cuenta del yermo al que me fugué. Era demasiado tarde para arrepentimientos. Mejor habitar el polvo lunar propio y convertirlo en barro que pueda recibir el soplo de vida con la bendición de lo alto.

Los que crean que es una dulce idea eso de sembrar en una franja desértica, no se enteran de los escozores del alma. Escribir es subirse al carromato acompañado de bestias.

Al escribir el alma se enrarece cada día. Se vuelve más espiritual y más irrelevante. Se abre una ventana en la que se buscan ángeles y entra tierra. Con la tierra se forma barro y así se forjan figuras y se atrapan lectores.

Hace diez años, me convertí en escritora no por mis méritos, sino por mis lectores.

Cuatro años, Por escrito

Cuatro años, por escrito: seguimos atrapando lectores para nunca dejarlos ir

La lavandería o la desilusión de la democracia

Burns, S. (Productor),Sodebergh, S. (Director) (2019), La lavandería, Netflix

En este mundo de avances tecnológicos y de progresos incesantes, resulta que las máquinas nos conocen mejor que nosotros mismos. Por eso, cuando me llega una recomendación de Netflix de algo que me pueda resultar de interés, pongo atención. Generalmente, tiene razón y la sugerencia resulta de mi agrado. Si a eso le añades que en la sugerencia viene adicionada con las actuaciones de Meryl Streep, Antonio Banderas, David Schwimmer, Sharon Stone y Gary Oldam como que se pica la curiosidad. Una vez más, Netflix cumplió y me llevó a ver una película que más bien parece un documental, muy didáctico, de por qué las democracias en el mundo se nos están desmoronando. La pieza es lúcida para entender la indignación mundial que estamos atestiguando y ¿cómo no?

              Con una precisión en el tiempo, Netflix estrena esta pieza que nos lleva a explicarnos el enojo que tiene la gente común, la sufrida clase media, los humildes como se les denomina en la película, frente a una partida de cínicos oportunistas que aprovechan los huecos de la ley para permitir una red de evasión de impuestos usando empresas fantasmas. La narrativa es tan didáctica que lleva a entender a expertos y a los que no lo son, la manera en la que se lava dinero, se aparece y desaparecen valores con la facilidad que dan leyes mal estructuradas, emitidas a modo que benefician a dos sectores principalmente: a especuladores y políticos. La combinación de estos dos elementos da un sólo resultado: corrupción.

              Cuando pensamos en las razones que tiene una persona —o un grupo de ellas— para empezar un negocio, la respuesta es y siempre será: para generar utilidades. Sin embargo, la clave del asunto está en la forma de forjarlas. Las ganancias se deben de crear a partir de una actividad legal y productiva. El problema que se plantea en la película es que las ganancias que se generan a partir de estas empresas fantasmas son a partir de actividades especulativas. El dinero aparece y desaparece como por arte de magia. Sin embargo, no podemos ser ingenuos: nada se desintegra, todo se transforma.

De la película se desprenden dos preguntas sobre las que debemos reflexionar: ¿De quién es el dinero que se hace polvo?, y ¿a dónde va a dar el dinero que desapareció en un lado? Las respuestas no nos van a gustar. El dinero que se hizo polvo es el de la clase media trabajadora, de los ciudadanos de a pie que todos los días vamos a trabajar, de los que no nos encontramos en las listas de millonarios de Fortune, de los que no tenemos apellidos vinculados con los listados de las empresas más grandes del mundo de Forbes. Es decir, de tus bolsillos y de los míos, seguramente. El dinero que desapareció fue a dar a campañas políticas de gente que forma gobierno en todo el mundo. Meryl Streep, en una escena fuerte, se quita el maquillaje, mira a la cámara y dice: el dinero va a dar a Estados Unidos a beneficiar campañas que se deben financiar con millones de dólares para que los políticos de debieran estar trabajando en hacer leyes que protejan al pueblo, ocupen esos lugares. Esta consciencia nos saca el aire, es una verdad atronadora que indigna.

Al entender eso, entendemos el sinsentido de la corrupción y la lógica del lavado de dinero. Los casos de Panama Papers y Obedrecht quedan expuestos, la gota que derrama el vaso son los millones de dólares que están destinados a los políticos del mundo para alcanzar el poder; es el dinero que, siendo fruto de la evasión fiscal, sirve para lavar los flujos de efectivo del narcotráfico, de la venta ilegal de armas, de la guerra, de sobornos y extorsiones y, para decirlo fácil, de todo aquello que tiene que ver con la distribución inequitativa de la riqueza, con la pobreza alimentaria, con la inequidad rampante, con todo lo que nos causa dolor y miseria.

La desilusión de la democracia es que la voluntad del pueblo se pisotea y se trastoca para convertirla en una industria de entretenimiento en la que, quienes llegan a posiciones de poder a través del voto popular, también lo hicieron financiados por dinero mugroso, que viene manchado por derramamiento de sangre, por lágrimas de muchos. Y, también, tristemente, va a alimentar a haraganes y a cínicos a los que les apareció un dinero que no trabajaron y que seguramente salió de tu bolsillo o de mi cartera.

She means power, congreso de comunicación

Me invitaron a ser ponente en el congreso She means power en la semana de Comunicación de la Universidad Anáhuac. El objetivo está dirigido a las mujeres, a entender cómo ejercer poder desde lo femenino. El tema es complicado y debiera ser sencillo. No obstante, el México machista tiembla ante la realidad que no quiere ver: en este país las mujeres, la gran mayoría de las mujeres salen solas adelante. Los hogares uniparentales son lo mas común y son las madres solteras las que con fuerza y pulmón sacan adelante a este país.

Por eso She menas power mas que una convocatoria, me parece un reconocimiento genuino que hace falta a esos brazos que acunaron, a esas manos que trabajaron, a esos pies que dieron los pasos y a esa frente que se cansó buscando y encontrando posibilidades para salir adelante.

Es momento de que lo femenino deje de amenazar a lo masculino en todos sentidos. Las mujeres debemos dejar de elevar el puño contra los hombres y abrazarlos en solidaridad. Lo masculino no debe amedrentarse ante una mujer que se hace camino. Pero, parece que Adan y Eva en vez de salir de la mano del Jardín del Edén se fueron cada quien por su lado.

Sería bueno caminar juntos, trabajar codo a codo, pensar en equipo. Unirnos. No hay aparejamiento más delicioso que el de un hombre y una mujer. Es rico en sentidos y en sensaciones. Es la construcción de una complicidad compleja e interesante. El,poder de la mujer radica en su naturaleza, en su estructura de pensamiento, en la atención que pone a lo que le resulta relevante.

Pero, es tiempo de que las mujeres dejemos de ver a los hombres y empecemos a vernos a nosotras mismas. Es tiempo de abrir el puño y extender la mano. Tenemos que empezar a entendernos y ayudarnos. El techo de cristal no se rompe solito, se rompe con preparación y entrega.

Debemos de prepararnos, dejar de desvanecernos hasta hacernos impalpables. Es momento de poner atención y buscar oportunidades, aprovechar fortalezas. Pero, eso no se logra por generación espontánea. Lo lograremos arreglando nuestras debilidades y calculando nuestros riesgos. Tenemos que saber en qué terreno estamos paradas.

Esto es lo que hoy, en el congreso She means power voy a decir. Los tiempos han cambiado. Antes, una mujer no podía ir a la universidad, hoy, damos cátedra y conferencias. Eso implica que vamos avanzando.

Una historia de amor inocente (El rumor del oleaje)

Una historia de amor inocente (El rumor del oleaje)

El rumor del oleaje

Mishima

Traducción de Keiko Takahashi y Jordi Fibla

Alianza Editorial

Madrid, 2017

El rumor del oleaje es una tierna historia de amor de dos adolescentes, que recuerda a la de Romeo y Julieta pero nos exenta de la tragedia. Ocurre en la pequeña isla de Utajima, al sur de Japón. Sus pobladores viven en un mundo aislado y hermético, pero al mismo tiempo idílico. En la estructura de la novela hay un diálogo permanente entre la historia de amor y la que ocurre en la isla donde todos se conocen y saben de sus vidas. Es, asimismo, una clara muestra del talento del escritor japonés Yukio Mishima.

Esta novela fue publicada en 1954 y se sitúa en una pequeña isla del Japón alejada del ajetreo de otros lugares que se adentran más en la civilización naciente en el siglo XX.  Esta novela breve cuenta una delicada historia de amor entre dos jóvenes —una de las más bellas de la literatura universal—: un rudo pero sencillo muchacho natural de la isla y una joven que llega de fuera y que rápidamente llama la atención de todos los miembros de la comunidad por su belleza.

              El rumor del oleaje registra con precisión y a detalle la vida de esa comunidad de pescadores. Están lejos de lo que ocurre en el resto del Japón. Ellos y sus familias viven como lo hicieron sus antepasados. Aquí nada ha cambiado. El autor recrea la armonía que existe entre la naturaleza y los habitantes de la isla.

“Tenía la frente húmeda de sudor y le brillaban las mejillas. Soplaba el viento del oeste, recio y frío, pero a la chica parecía agradarle, pues volvía la cara enrojecida por el esfuerzo hacia el viento y dejaba que ondease su cabello”. (p. 16)

La novela destaca por dos aspectos muy importantes: su sencillez y su hermosura. “El rumor del oleaje” destaca por la pulcritud con la que fue escrita, la simplicidad con la que narra la historia y la precisión con la que escribió esta anécdota de amor juvenil. Entrar a Mishima por esta novela es un acierto ya que nos invita a la lectura de sus obras más arriesgadas, sin tener la sensación de entrar en el territorio desconocido de una literatura excesivamente exótica o en la complejidad del modernismo del siglo XX. Nada de eso encontraremos aquí.

“En aquel momento experimento el vago placer de la curiosidad satisfecha” (p. 17)

              La sencillez es la virtud del escritor, pero con un notorio rigor formal. No es una novela simple ni desabrida, todo lo contrario. Desde los primeros capítulos, Mishima evita hacer un complejo despliegue literario, construyendo en su lugar, los cimientos de su historia y su tan especial ambientación. Así se proporciona la información necesaria sobre el lugar, los personajes, la geografía y los datos complementarios, para arrancar con todas las certidumbres posibles para después desarrollar la historia llevando de la mano al lector como si de un cuento se tratase, con una evidente e incluso extraña afabilidad. Se agradece que el autor no nos torture con una verborrea innecesaria.

“Shinji y Ryuji intercambiaron miradas y se echaron a reír. Era de suponer que ambos se habían ruborizado, pero el bronceado de su piel era demasiado intenso para que se les notase” (p.30)

La importancia de la comprensión de un fenómeno de cambio de paradigma en una sociedad completamente diferente a la nuestra, como la japonesa. Esta novela es un recorrido de significaciones y símbolos sociales de la Modernidad japonesa. La obra de Yukio Mishima, la literatura japonesa de posguerra, estuvo marcada fuertemente por la influencia de la devastación de Japón. Mishima escribe en forma velada sobre la confrontación entre la Modernidad y la tradición desde las expresiones artísticas.

“Entonces, pensó: ¿podría Dios castigarme por una plegaria tan egoísta?” (p. 40)

“No le quedó más que un profundo remordimiento, la sensación de que había dejado de hacer algo importante” (p. 41)

Comprender la relación teórica entre sociedad y literatura; analizar en la literatura de Mishima la situación social del Japón de la posguerra; y entender la crítica a la modernidad japonesa en la obra de Mishima es la oportunidad que nos presenta esta novela. Por lo tanto, sirve tanto para entender las transformaciones sociales de Japón como para analizar la relación entre sociología y literatura. 

“Pero el pueblo y el puerto, encarados al noroeste, seguían sumidos en la noche” (p.50)

“Las malas intenciones no pueden viajar tan lejos como las buenas” (p.63)

Todos estos elementos aportan razones para escoger a este autor intenta guardar las tradiciones y fidelidad al Japón imperial, lo que se refleja en su literatura. Mishima forjó su estilo literario a través de las secuelas de la guerra, por lo que sus escritos son un espejo de la Modernidad en Japón, y presentan un campo fértil para entender la relación entre sociología y literatura. 

“Bueno, no hay ninguna duda de que esta hija mía que ya se ha hecho adulta es fea. Eso me entristece deveras. Yo mismo soy tan feo que es de suponer que tengo la culpa. Claro que en realidad debe de ser cosa del destino” (p.79)

Al buscar entender las transformaciones sociales de la modernización japonesa a través de El Rumor del Oleaje de Yukio Mishima, se buscó resolver un vacío. La hermenéutica nos permite entender relaciones complejas entre el texto y su correspondencia con su momento histórico. Esta correspondencia es lo que se conoce como intertextual, es decir, supera a los contenidos y formas, y se juzgan intencionalidades que entrelazan el contexto social, el contenido textual, los silencios textuales, la forma y la expresión del conjunto.

“Siempre deseaba que, aunque fuese una sola vez, un hombre la mirase y sus ojos dijeran te quiero en lugar de me quieres” (p. 80)

El otro método es el pragmático, que conlleva una relación connotativa del discurso que denota, es decir cómo los discursos se insertan más allá de su denotación semántica, en un orden más amplio, en su connotación socio cultural.

Muchos lectores coinciden que el personaje central de la novela es la vida en la isla y su naturaleza, no los jóvenes enamorados. Como parte de esa vida están las tradiciones y las costumbres ancestrales del Japón. Está también el océano y el ruido de las olas, la fuerza del viento y de la lluvia, los amaneceres y los atardeceres, los olores del mar.

Con paciencia, Mishima nos va narrando la historia, como si su técnica fuera el goteo. Poco a poco iremos atestiguando el enamoramiento entre los muchachos. Mishima nos muestra ese cariño que oscila entre la inocencia y el erotismo, que pone el acento en la atracción mutua que sienten los protagonistas de la novela. Shinji es un valeroso pescador y Natsuo, la bondadosa hija de un comerciante recién llegado. En la narración no hay nada superfluo, nada indirecto, y nada escondido. Esta novela puede ser leída por un niño o por un novato sin mayores problemas. Sin embargo, el ritmo que impone su lectura es semi-lento, como si esta parsimonia fuera un requisito para degustar de sus cualidades literarias, entre otras: la belleza poética, el oportuno uso de simbolismos y un preciso manejo del lenguaje.

Por supuesto, en la literatura y en la vida, hay obstáculos que sortear. Otra muchacha enamorada previamente del joven y otro muchacho que también se ha fijado en la recién llegada provocarán (la primera de manera involuntaria y el segundo de manera muy voluntaria) que los enamorados tengan que enfrentar la oposición del padre de ella y que el muchacho tenga que superar una dura prueba para conseguir a su amada.

“En aquel momento tan sólo experimentó el vago placer de la curiosidad satisfecha, y ahora, transcurrido un buen rato, cuando subía por el sendero que llevaba al faro, se dio cuenta de lo grosera que había sido su inspección. La vergüenza le coloreo las mejillas.” (p. 17)

La acción se desarrolla en Utajima, una diminuta isla japonesa con su provinciano ambiente marítimo. En ese microcosmos abundan los chismorreos, las supersticiones, las leyendas y las maldiciones; pero al mismo tiempo esa isla nos ofrece un virtuoso entorno moral, en el que la gente es incapaz de robar o matar, y se mantiene a salvo de las influencias negativas del exterior. Hay al menos un par de escenas eróticas decididamente castas, en las que la blancura del libro y de sus personajes destaca por sobre todas las cosas.

“El mar era el lugar donde se ganaba la vida, un campo ondulante en el que, en lugar de espigas de trigo mecidas por la brisa, la blanca y amorfa cosecha de olas ondeaba eternamente por encima del azul uniforme de un suelo delicado y productivo.” (P. 30)

“…un día así le parecía el más estupendo de los festivales. Era un festival glorioso, pero no por el azul del cielo y las banderas que ondeaban en lo alto de las astas rematadas con bolas doradas, sino por la tormenta, el mar enfurecido y un viento que ululaba al soplar entre las abatidas copas de los árboles” (p. 87)

Pero la verdad es que esta sinopsis resulta engañosa, ya que el argumento, que es de una sencillez pasmosa no es precisamente lo que hace de esta novela el clásico que es. En cambio, si algo destaca de la misma es el lirismo que transmite la prosa de Mishima de principio a fin. Desde el primer momento nos vemos atrapados por la atmósfera bucólica de esa isla que parece apartada del progreso, y suspendida en el tiempo, en la cual se mantiene un estilo de vida tradicional dominado en todos sus aspectos por el mar: los hombres dedicados a la pesca enfrentando los peligros del mar en sus pequeños barcos y las mujeres dedicadas a bucear medio desnudas para recoger ostras del fondo marino. La descripción de ambas actividades que crean lazos de unión entre los miembros del mismo género (los hombres formando una especie de clubs sociales de jóvenes y las mujeres acostumbradas a ver sus cuerpos desnudos y a hablar de los mismos entre ellas con total confianza) constituye el trasfondo de la historia de amor y supone con la misma un contraste de una belleza difícil de explicar.

“Chiyoko estaba convencida de las ventajas de unas facciones tan feas como ella creía que lo eran las suyas: una vez que su rostro se endurecía en el molde, podría ocultar sus emociones con mucha mayor destreza que un rostro hermoso. Sin embargo, lo que ella consideraba fealdad no era más que la máscara de yeso de una virginidad absorta en sí misma”. (p.104)

En definitiva, una pieza ideal para introducirse en la obra de uno de esos escritores que de no haberse suicidado tan joven, como luego haría su maestro y amigo Yasunari Kawabata, probablemente habría ganado el Premio Nobel de literatura como sí que hizo aquel, ya que su prestigio que ya era mucho en vida, no hizo más que crecer tras su muerte.

Literatura rusa contemporánea

A sugerencia del propio autor, leí un artículo muy interesante que le publica la revista Nexos, sobre la literatura rusa contemporánea y me llevé una grata sorpresa que luego se convirtió en un gusto un poco amargo. Por un lado se me enciende el interés por leer las novedades que salen de las plumas de autores rusos de hoy y por otra me topo con que hay muy pocas traducciones al español de sus obras.

Digo que se me encendió el interés porque hay una gran diversidad de temas que se están abordando en aquellas tierras que nos hacen sentir que no estamos tan lejos y que los temas universales se abordan con independencia de las latitudes. Evgeny Zajárov nos lleva de la mano en un recorrido ilustrativo sobre la literatura rusa contemporánea y nos seduce al descorrer la cortina que nos permite atisbar el mundo desconocido. Logra un efecto muy agradable porque nos muestra lo diferente desde un lenguaje accesible que sirve de invitación.

Es inevitable que dentro de la producción contemporánea en la literatura rusa haya cierto grado de nostalgia. Se derrumba el muro de Berlín y se diluye la URSS. Hay autores que extrañan ese mundo que les fue entrañable y cotidiano. Como sucedió en México con la Revolución Mexicana y como sigue sucediendo en España con el tema de la Guerra Civil, en Rusia la caída del imperio rojo sigue dando tema para escribir. “Los autores que profesan la nostalgia soviética son Aleksandr Projánov (El señor Hexógeno, la primera novela política en reflejar la tendencia nostálgica en los años 2000), Zajar Prilepin (Las botas llenas del vodka caliente) y Mijaíl Elizárov (Bibliotecario o The Librarian en versión inglesa) (Zajárov). Pero, no es sólo eso de lo que se escribe en aquel país.

Tal como podríamos adivinar, una de las preocupaciones que ocupan los intereses de las plumas rusas es la rebeldía juvenil. Pero, tal como lo hicieron otros autores decimonónicos, en la actualidad, ellos parecen ocuparse de preguntarse qué hace mejor al hombre de hoy. La eterna pregunta de la identidad y su constitución. Según el propio Zajárov, se trata de obras que mezclan filosofía y humor.

Zajar Prilépin describe a los nuevos jóvenes de carácter rebelde.

La recomendación de Zajárov es: Además, no puedo dejar de mencionar la novela posmodernista de Venedikt Erofeev Moscú-Petushkí, una obra llena de filosofía y humor. Se escribe a Se refiere más bien a los tardíos tiempos soviéticos, pero está dentro del tema y es una de pocas obras que se conocen en otros países (Moscow to the End of the Line, Northwestern University Press).

Captó mi atención una recomendación que Zajárov hace en este artículo y es en torno a la literatura de detectives que escriben los rusos. Se atreven y forjan novelas de calidad artística y estructura equilibrada que tienen la característica de entretener al lector. Una gran serie de novelas ficción de Boris Akunin dedicadas al policía investigador Erast Fandorin, traducidas a muchos idiomas, incluyendo español (editorial Salamandra). La trama se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XIX, pero, describiendo el pasado, Akunin supone una comparación con la época actual en tanto son dos sociedades que atraviesan una transformación profunda. La del XIX vivió en la época de grandes reformas del emperador Alejandro II que aceleraron el desarrollo del capitalismo en el imperio ruso. La de los finales del siglo XX y el inicio del XXI también vive en un nuevo sistema, otra vez capitalista. En ambas ocasiones la nación afrontaba la opción de seguir el camino del desarrollo occidental o elegir su propio camino nacional. (Zajárov)

Me generó gran curiosidad la mención destacada de las novelas policiacas en torno a Daria Dontsova, una autora muy prolífica que ha escrito decenas de novelas . “que se leen para divertirse y matar el tiempo, algunas de estas obras incluso se convirtieron en guiones para series televisivas. Son seis series con protagonistas diferentes: Daria Vasileva, Evlampiya Romanova y Viola Tarakanova siendo las más populares. Todas estas mujeres detectives tienen rasgos autobiográficos de la propia autora. ” (Zajárov)

Las novelas de fantasía causan gran ilusión en un público cada vez más amplio. Anteriormente, se podrán haber clasificado como de interés infantil y juvenil, sin embargo, dada su calidad artística, el género ha ido creciendo en el gusto de lectores adultos. También destacaría en esta sección Guardianes de la Noche, Guardianes del Día y Guardianes del Crepúsculo de Sergey Lukianenko, una serie de novelas de fantasía traducidas en muchas lenguas (en español, editorial Debolsillo) con el escenario no en el medioevo sino en la actualidad, donde el protagonista que es un ciudadano de a pie se encuentra un día en el mundo de magos que, aunque no lo percibimos, está cerca de nosotros y en el que se desarrolla la lucha de la Luz y la Oscuridad. (Zajárov)

En fin, leer a los rusos que están escribiendo hoy resulta una gran alternativa. Evgeny Zajárov encendió la chispa de la curiosidad y desde luego, corrí al portal de venta de libros más importante del mundo, para toparme con la desilusión de no encontrar nada traducido al español. Corrí a los portales de las librerías mexicanas y no hay una oferta de estos autores rusos. Con suerte, existirán ejemplares directamente en las editoriales. ¿No será tiempo de remediar este hueco y traer libros de estos lectores a nuestros estantes?

Por lo pronto, muero de ganas de leerlos. Me encantaría conseguir estos libros.

Algunas consideraciones sobre La Celestina

En el Renacimiento español el escritor culto no sólo lee con admiración a los clásicos y los imita, sino también a los escritores en lengua romance del siglo XV o a sus mismos contemporáneos; no hay más que mirar al fondo de sus textos para descubrir objetos, ideas o palabras imitadas de esas obras: en La Celestina podemos descubrir versos de Jorge Manrique; en el Lazarillo e incluso en los poemas de fray Luis de León o de san Juan de la Cruz asoma el Orlando furioso de Ariosto en la traducción de Jerónimo de Urrea.

              Toda gran obra literaria tiene en su texto elementos de otras creaciones anteriores que su autor ha leído, y al mismo tiempo se convierte en materia de imitación para los escritores que la leen, que a veces reconocen también hilos literarios de esa estofa que la forma. La imprenta va a favorecer y a ampliar esa corriente creativa porque la difusión de la obra literaria se multiplica y también lo hace la misma creación.

              En ese momento fundacional de los géneros literarios que es el siglo XVI, en el que deberían incluirse los últimos años del XV —y lo es precisamente por el auge de ese sistema revolucionario de difusión—, se van a escribir unas obras geniales, como La Celestina o La vida de Lazarillo de Tormes, que enseguida se van a convertir en textos a imitar, en lugares de irradiación de formas narrativas, de ideas, de palabras.

              La Celestina es uno de los pilares de la literatura, no sólo por la originalidad y belleza de la obra en sí misma, sino por el rastro que dejó y sigue dejando en toda la literatura posterior. Muy cercanas a ella están las continuaciones que llevan su nombre: la Segunda Celestina de Feliciano de Silva, impresa en 1534, la Tercera parte de la Tragicomedia de Celestina de Gaspar Gómez, de 1536; y la mejor, sin duda alguna, la Tragicomedia de Lisandro y Roselia de Sancho de Munón, publicada en Salamanca en 1542.

La influencia de La Celestina en la literatura posterior es amplísima. Desde el principio fue objeto de continuaciones como la Segunda Celestina de Feliciano de Silva. Su influencia fue grande en obras de Lope de Vega como La Dorotea y El Anzuelo de Fenisa. También la tuvo presente el autor de La Lozana Andaluza y el género de la novela picaresca. Fue traducida durante el siglo XVI al italiano, alemán, francés y holandés.

Fernando de Rojas usa un lenguaje culto y latinizante, cargado de artificios, y un habla popular lleno de refranes y de expresiones vivaces. Sin embargo, la separación no es nítida; el uso de los diferentes registros del lenguaje no corresponde de forma absoluta a los estamentos sociales distintos – señores y plebeyos. -, sino que se entrecruzan ambas tendencias, dependiendo no sólo del emisor, sino también del interlocutor y del asunto tratado. No obstante, hay que apreciar una clara tendencia a la diferenciación.

El estilo elevado, por su parte, presenta una cierta moderación, si bien encontramos aún la frecuente colocación del verbo en el final de la frase, consonancias, amplificaciones, latinismos léxicos y sintácticos como el uso frecuente del infinitivo y el participio de presente. En cuanto a la crítica sobre el exceso de erudición, hay que decir que la abundancia de sentencias y alusiones históricas y mitológicas se interpretan hoy como una convención estilística análoga al hecho de que en el Siglo de Oro todos los personajes hablasen en verso.

También el lenguaje popular, tan rico en La Celestina, está sujeto a cierta mesura; es prudente el uso de los modismos del hambre y prescinde de dialectalismos y de formas de ambientación localista que le hubieran proporcionado fáciles elementos de comicidad y colorismo. En cambio, es de destacar la gran abundancia de refranes.

En La Celestina la técnica del diálogo se manifiesta con suma perfección, pudiéndose distinguir diferentes tipos según la intención del autor: monólogos caracterizadores y ambientadores – importantísimos, ya que, al no estar destinada la obra para la representación, sirven a su vez de acotaciones dramáticas-, diálogos oratorios y diálogos breves de gran riqueza.

La Celestina es una obra única en cuanto a la creación de caracteres. Aunque Calisto y Melibea aparecen como protagonistas, es Celestina la que señorea la obra entera; éste es el hecho que justifica el cambio de título. Es, sin duda el personaje mejor logrado y a la vez el más complejo de los personajes creados por Rojas. Sobre este personaje se han cargado todos los calificativos imaginables, hasta el demoníaco. Y Celestina no es un personaje demoníaco sino humano en el sentido de que su existencia sólo es posible porque existe una sociedad urbana que de alguna manera la necesita.

Celestina es un personaje que vive del vicio y de las bajas pasiones de los demás. Y todo esto lo aprovecha en beneficio propio. Pero sin los vicios y miserias morales de la ciudad, Celestina no sería posible. Lo que sí hace Celestina es servirse de todas las artes, desde la hechicería a las ocasiones para lograr su propósito: dinero. Porque la gran pasión de Celestina es la avaricia. La avaricia es la que la lleva a pervertir a los criados de Calisto: por avaricia no se detiene ante nada ni le importan los medios. Sus conocimientos de la naturaleza humana, el engaño, la falsedad, la pretendida compasión, el cinismo y la ironía, la hechicería y sobre todo su inmensa experiencia, todo lo pone al servicio de su gran pasión, que no es la lujuriar sino la avaricia.

Celestina ha pasado a la posteridad como la encarnación de la moral sin escrúpulos, puramente utilitaria, para lo que todo es lícito si es en provecho propio No repara en medios para lograr sus objetivos, y el proceso de perversión a que somete a los criados de Calisto es algo cercano a lo demoníaco.

Es importante también es señalar que Celestina ama su oficio y lo realiza con el interés de un profesional, como otros realizan el suyo, según ella misma dice. El fundamento de dicho comportamiento lo constituyen dos aspectos: su filosofía del amor y una definida actitud psicológica.

Para ella, el amor es una fuente de vida que la naturaleza proporciona y, por lo tanto, es bueno, es obra de Dios; además, en su vida ha sido ley y norte. Psicológicamente, ella goza al revivir, realizando su oficio, el esplendor de su juventud.

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