Las formas de dar testimonio (Sostiene Pererira)

Sostiene Pereira

Antonio Tabucchi,

Traducción de Carlos Gumpert y Xavier González Rovira,

Anagrama, Barcelona 1999

Algunas veces, las razones metaliterarias te llevan a volver a un libro, como quien regresa a los brazos un amor antiguo. En este caso, la esplendida edición limitada que editó Anagrama de Sostiene Pereira fue lo que obró la magia de la seducción. Un hermoso contraforro que semeja los azulejos marino y blanco, como aquellos que hay en las fachadas de las casas lisboetas, sirvió de pretexto para releer uno de los libros que logró el consenso de la crítica: Tabucchi es un gran escritor.

Con la genialidad del escritor que es Antonio Tabucchi, nos narra la cotidianidad de un periodista —Pereira, el personaje principal— que dirige la página cultural de un diario vespertino que se edita en Lisboa en plena dictadura de Salazar. Los retruécanos de Tabucchi nos muestran el gran amor que tiene por Portugal, su tierra adoptiva, y por la capital portuguesa. En Sostiene Pereira Lisboa es escenario y es personaje, es las dos, a veces una, a veces la otra y muchas veces toda a un tiempo. Lisboa es un conjunto de producción escrita que realza la belleza por medio de la palabra. La creación lisboeta se refiere a la transformación de la realidad, a la trasformación de ambientes, situaciones, emociones y personajes en donde los autores dan su propia visión del mundo, que por más realista que parezca, será siempre ficticia. En Lisboa, Tabucchi encuentra ese grado de misterio, de aventura, de contraste en el que se revuelven temas políticos, la anchura del Tajo, el contraste entre las fortalezas y las casitas con fachadas decoradas de azulejos y techos de color de arcilla.

La relación entre el autor y la ciudad en la que narra los sucesos es de suma importancia en Sostiene Pereria. Antonio Tabucchi es un escritor italiano, y también portugués por voluntad y nacionalización. Nació en Pisa el 24 de septiembre de 1943 y murió en Lisboa el 25 de marzo del 2012. En su primer año de universidad en la Sorbona, en 1960, descubrió a Fernando Pessoa y se enamoró del escritor y de Portugal. Aprendió portugués y se convirtió en experto en la obra de Pessoa. Con su esposa, nacida en Lisboa, fueron los traductores de este escritor al italiano. Sus conceptos de saudade, ficción y heterónimos provienen de él. Se especializó en literatura portuguesa e hizo de Portugal su segunda patria. Una visita a Lisboa inició su amor por esta ciudad. Tabucchi eligió vivir seis meses en Lisboa y otros seis en la Toscana donde enseñaba literatura portuguesa en la Universidad de Sienna.

Sostiene Pereira, publicada en 1994, es una novela que transcurre en Lisboa y que le atrajo mucha fama. Ganó con ella el Premio Super Campiello y el Jean Monnet de Literatura Europea. Se filmó  la película sobre esta novela con Marcelo Mastroianni como Pereira. Tabucchi participó en el guión (1996). Sostiene Pereira es una de esas novelas en las que sientes que entraste a un mundo aparte, perfectamente sostenido. Un mundo ficcional que transcurre principalmente en Lisboa. Una ciudad que se percibe umbrosa, oxidada, tensa, en la que está sucediendo algo tras bambalinas.

La novela trata sobre un periodista viudo, Pereira, que habla con el retrato de su esposa y escribe la página cultural del Lisboa, este periódico olvidable, conservador, proportugués. Es muy gordo, suda mucho, tiene problemas de corazón y de presión alta. Conoce a un joven, Monteiro Rossi, porque se interesa en un artículo suyo que trata sobre la muerte y su relación con la vida:

“La relación que caracteriza de una manera más profunda y general el sentido de nuestro ser es la que una la vida con la muerte, porque la limitación de nuestra existencia por la muerte es decisiva para la comprensión y la valoración de la vida” (p. 9)

Entonces, busca en la guía telefónica al autor, lo encuentra y le encarga escribir necrológicas y efemérides para el Lisboa, que él personalmente le paga, no el periódico. No las puede publicar porque están politizadas como está todo en ese momento en Lisboa. Al avanzar la narración nos enteraremos que Monteiro Rossi está involucrado en un movimiento en contra de la dictadura de Salazar.

La novela comienza el 28 de julio de 1938:

“Lisboa refulgía en el azul de la brisa Atlántica” (p. 11)

La novela describe todos los movimientos de Pereira, qué come, qué tranvía o taxi toma, por qué calle pasa, si le es difícil subir una de las muchas colinas de Lisboa, si prefiere caminar o si ese día tomará limonada con hielos. La primera oración nos da una pista que ya adivinamos desde el título mismo de la novela, y que se repetirá en múltiples ocasiones a lo largo de las páginas:

“Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía…” (p. 7)

Quizás leer algunas citas muy cortas sobre Lisboa nos lleve a entender como Tabucchi enreda la ciudad con el tema político:

“De improviso, cesó la brisa atlántica, del océano llegó una espesa cortina de niebla y la ciudad se vio envuelta en un sudario de bochorno. Antes de salir de su oficina, Pereira apagó el ventilador, se encontró en las escaleras a la portera, aspiró una vez más el olor a frito que flotaba en el zahuán y salió por fin al aire libre. Frente al portal se hallaba el mercado del barrio y la Guardia Nacional Republicana estaba estacionada allí.” (p. 12)

“Porque el país callaba, no podía hacer otra cosa sino callar, y mientras tanto la gente moría y la policía era la dueña y señora” (p. 13)

“Y, mientras tanto, por la ventanilla, veía desfilar lentamente su Lisboa, mirba la Avenida Liberdade, con sus hermosos edificios, y después la Praca de Rossio, de estilo inglés; y en el Terreiro do Paco se bajó y tomó el tranvía que subía hasta el castillo…” (p.15)

Es decir, Tabucchi nos deja claro como el personaje principal está totalmente ligado con el entorno de Lisboa y, también, de su tiempo político, la dictadura de Salazar. Lisboa y el calor del verano, envuelven al personaje que escapa en dos ocasiones a ciudades cercanas. Nos muestra detalles como el Café Orquidea, donde va nuestro personaje continuamente,  porque ahí solo sirven omelettes que es lo que a este personaje le gusta comer.

La estructura que Tabucchi eligió para narrar esta novela es muy efectiva. Los capítulos son cortos, lo que permite avanzar rápidamente en la lectura. El narrador es un testigo, ya que en realidad, estamos leyendo un testimonio. Es decir, el narrador no se compromete con la historia, simplemente deja registro de los hechos que le contó alguien más: el declarante. Entonces, el narrador le avienta la responsabilidad de los hechos a quien protagoniza: Pereira y se da el lujo de ser imparcial y frío frente a los sucesos.

Tabucchi lleva las riendas de la narración, en algunos casos la contiene. Parece que nos va a proveer de una nueva rama narrativa y como si se tratara de un jinete experimentado que va montando un animal inquieto, jala la rienda y juega con el lector:

“Sostiene Pereira que pensó en su infancia… pero de su infancia no quiere hablar, porque sostiene que no tiene nada que ver con esta historia” (p. 125)

“Al día siguiente por la mañana Pereira fue despertado por el teléfono, sostiene. Todavía estaba sumido en su sueño, un sueño que le parecía haber soñado durante toda la noche, un sueño larguísimo y feliz que no considera oportuno revelar porque no tiene nada que ve con esta historia” (p. 137)

“Se pasó una buena parte de aquella tarde así, pensando en su infancia, pero eso es algo de lo que Pereira no quiere hablar, porque no tiene nada que ver con esta historia, sostiene.” (p. 148)

Sostiene Pereira nos cuenta sobre la relación que tiene el protagonista con Monteiro Rossi y con su novia Marta. Tabucchi sabe como irritar al lector que constantemente se pregunta por qué Pereria accede a los abusos de estos jóvenes, los invita a cenar, les paga los cafés, consiente que le siga entregando artículos impublicables y se los paga de su bolsa, los ayuda a extremos que son inentendibles, como llevarlo a su casa:

“Pereira le acompañó al baño y le dio una camisa limpia, su camisa color caqui. Le estará un poco ancha, dijo, pero qué le vamos a hacer… Había aparecido de repente en su casa y otras cosas más… No dijo nada, aplazó la conversación para más tarde y volvió al salón.” (p. 149)

“Había caído la noche y las velas difundían una luz tenue. No sé por qué hago todo esto por usted, Monteiro Rossi, dijo Pereira” (p. 152)

“Pereira apagó las velas y se preguntó por qué se había metido en aquella historia, ¿por qué alojar a Monteiro Rossi, por qué telefonear a Marta y dejar mensajes en clave, por qué inmiscuirse en historias que no le atañían?” (p. 154)

Sostiene Pereira es una novela que no tiene desperdicio, es una suma de contrapuntos entre: la vida y la muerte; la soledad y la compañía; la trascendencia y la cotidianidad; el valor de la literatura y la libertad de expresión; la política de una dictadura y la represión militar.

Antonio Tabucchi nos deja a los lectores de la décima edición una nota que nos lleva a entender la visión del autor y es verdaderamente entrañable. Insisto, Sostiene Pereira es una novela tan bien estructurada en la que nada le sobra y nada le falta. No tiene desperdicio.

 

 

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El tequila, buenas noticias

Entre el combate al huachicol, la reducción en las estimaciones de crecimiento de la economía mexicana, la posible crisis en los Estados Unidos, la derrota brutal de Theresa May frente al Parlamento, las acusaciones que hacen los testigos del caso del Chapo en Nueva York, nos llega una buena noticia: el tequila rompe récords de exportación.

Según el Consejo Regulador del Tequila, por noveno año consecutivo la industria tequilera abate sus propios números de ventas globales y deja detrás las expectativas de venta que quedaron rebasadas, La noticia llega como agua de mayo en plena cuesta de enero.

Los parámetros para dimensionar esta buena noticia son importantes: ocho de cada diez litros de tequila que se exportan son consumidos en Estados Unidos. El tequila se consume regularmente en ciento veinte países del mundo. Por quinto año consecutivo, Jalisco exportó poco más de ciento cuarenta millones de litros en el 2018.

Un soplo de buenas noticias que llegan acompañadas de datos, se agradece. Especialmente, cuando hemos estado sujetos a una serie de ambigüedades en las que nos quieren vender espejitos, nos dicen que vivimos en lalaland pero ni nos dicen por qué ni avalan sus dichos.

Alcemos el caballito de tequila y digamos salud por esta buena noticia.

Sin gasolina

Dicen que estamos exagerando con el tema de desabasto de gasolina. Desde la Ciudad de México, veíamos los toros lejos desde la barrera. Contemplábamos con solidaridad lo que sucedía en Guanajuato, Michoacán, Jalisco y demás estados del interior de la República. Incluso, cuando escuchamos que alguien dijo que el problema ya estaba aquí y que seis gasolineras habían cerrado en la Ciudad de México, pensamos que todavía no había de qué preocuparse. En la conferencia matutina del Presidente López Obrador se nos aconsejó llenar el tanque y entonces se nos puso la piel de gallina.

Le hice caso al Presidente, quise ir a llenar el tanque de gasolina de mi auto. Las gasolineras que hay alrededor de mi casa están cerradas. Todas están cerradas. No hay ni diésel, ni magna, ni premium. Por mis rumbos no hay gasolina. ¿Qué hacer? Gastarme lo poco que me queda de combustible en ir a buscar o regresarme y esperar a ver si durante el día la cosa se normaliza.

La disyuntiva que se presenta es curiosa. Entrar en pánico o guardar la calma. Trabajar desde casa y restarle un integrante al caos puede significar ver que ahí viene la tormenta y quedarme quieta mientras todos huyen; correr como loca por toda la ciudad buscando gasolina puede resultar tan fructífero como dibujar rayas en el agua. No hay forma de saber si el desabasto tiene dimensiones de desastre o si estamos exagerando las dimensiones del problema.

¿Será que no hay combustible, que no tenemos reservas, que no hay gasolina y que todo esto es una cortina que se oculta detrás del combate a los huachicoleros? ¿Será que nuestras refinerías no funcionan y no queremos importar lo que nos hace falta? ¿Estamos frente a las consecuencias de la impericia administrativa? El presidente dice que el problema se resolverá rápido pero no nos dice cuándo. No tenemos un compromiso ni una fecha que le ponga fin al problema.

Medio tanque no es mucho y parece que tampoco es poco. Tengo miedo de quedarme sin gasolina. Las distancias que debo recorrer en esta ciudad no se logran andar en bici o caminando. Tal vez sea momento de quedarse quieta, las colas y los bocinazos en las gasolineras ya al alcanzaron a la Ciudad de México. Siento un hoyo en el estómago. El instinto me dice que debo correr a conseguir combustible, la razón me advierte que eso no es buena idea. No me quiero quedar sin gasolina.

Los premiados en la ceremonia de los Golden Globes

Me sorprendió leer la crítica que hizo el Washington Post a la ceremonia de premiación de los Golden Globes, El periódico estadounidense reportó un evento en el que las estrellas asistentes estuvieron aburridas cuando lo que se veía en las cámaras era a personas conmovidas. Tal vez, sean demasiado buenos actores y cuando los sorprendía la cámara dejaban de bostezar para dejar correr lágrimas por sus mejillas. Tal vez sea su culpa, o una mala apreciación de la atmósfera del Washington Post, en realidad, y en su mayoría sucedió algo bueno: se despertaron las consciencias y se sumaron a los intentos de Hollywood de realizar un curso correctivo sobre diversidad e igualdad de derechos por lo que la transmisión del domingo por la noche de la 76.ª edición anual de los Globos de Oro en NBC tuvo una temática especial: dejar de temer lo diferente y reconocer el derecho de los vulnerables.

Esta fue una muestra de premios criticada por haber sido demasiado extensa, amable con los chistes y pesada con la adulación. No obstante, la parte entrañable se la llevaron los agradecimientos que los galardonados hicieron y me enterneció que la mayoría de ellos dedicaran palabras a sus padres y que hicieran énfasis en la la or de las madres.

El mosaico de galardonados hay un hilo conductor que se puede ver si se pone atención. En las categorías de películas, los grandes ganadores de la noche incluyeron la elección sorpresa de la película biográfica de Freddie Mercury “Bohemian Rhapsody” para el mejor drama; “Libro verde” por mejor musical o comedia; premios de actuación en drama para Rami Malek “Bohemian Rhapsody” y una muy sorprendida Glenn Close “The Wife”.

Una mención especial se merece “Roma”, que ganó el premio al mejor filme en lengua extranjera y al mejor director Alfonso Cuarón que logró con una película en blanco y negro con muchas escenas en mixteco mover el corazón de la gente de más allá de las fronteras y se identificó con esta situación de abandono de dos mujeres en circunstancias tan diferentes y tan similares a un tiempo.

Puede ser que en el mundo de Hollywood, la frivolidad esté dando un vuelco y que el arte estremezca el corazón humano al mostrar realidades entrañables. Puede ser que en medio de tanta división, tanto odio gratuito, tanto loco que suelta palabras y mueve al enojo esté brotando una cimiente de inclusión, de solidaridad y de humanidad. Puede ser que solo sea una llamarada de noche de gala o puede ser el inicio de una reflexión. A mí me emocionó ver el tono y me llevó a pensar sobre estos temas. Se transmitió un mensaje, espero que seamos capaces de recibirlo.

Literatura fuera de la ciudad (Como si no existieras)

 

Como si no existieras

Susana Corcuera

Suma de letras, México 2018

Hay un atrevimiento literario que está asombrando a la crítica y a la comunidad lectora por su arrojo narrativo y por una temática casi obsoleta en los últimos años: escribir fuera de los entornos urbanos. Colocar al pueblo y al campo en la palestra literaria, regresar a lo rural con una mirada crítica y una perspectiva contemporánea es una tentación que muchos autores han decidido aceptar. Se trata de narrar una melancolía extramuros. Recientemente, muchos autores que se han acercado a esta realidad cono una fórmula propia, aunque todos comparten un interés sobre el vínculo emocional del hombre con la tierra. Se trata de una especie de literatura neo-rural que busca y encuentra temáticas para contar buenas historias. Como si no existieras pertenece a esta clasificación, y Susana Corcuera presta la pluma para contarnos la historia de los personajes entre los que destaca la hacienda de Colutla.

Como si no existieras, a la manera de esta literatura rural de nuestra época, busca rescatar la memoria y la descripción de las personas que pueblan estos ambientes arcaicos que se entrelazan mediante palabras que no se dicen y gestos que lo dicen todo. A principios del siglo XXI lo rural vuelve a estar en el interés de los autores que representa la necesidad retornar las raíces míticas, los orígenes familiares. Me temo que esta novela intenta no tanto narrar el campo y sus usos y costumbres como narrarse a sí mismos por medio de personajes. Esta novela es una especie de literatura de identidad. Es, asimismo, una denuncia a la hemorragia demográfica del interior de una nación.

Desde la primera página, Susana Corcuera nos pone el filo de la silla y nos lleva a preguntar ¿a qué le tiene miedo el narrador? La novela arranca con un narrador del que desconocemos la identidad, adivinamos que es una persona en la etapa infantil, sin embargo, la pluma es dura:

“¿Sabes lo que vas a hacer cuando lo veas? Te vas a volver invisible, Vas a estar calladita, calladita, como si no existieras, como si nada de esto fuera real.” (p. 8)

Susana Corcuera cambia de narradores, unas veces se vale de la primera persona, otras de un narrador omnisciente y en algunos casos utiliza un narrador avec. La novela se divide en cuatro partes: La espera, Santa Úrsula, Entre las sombras, Una escritora fantasma. El vocabulario de la novela está nutrido con un lenguaje muy rural, muy de campo. Los personajes se hacen verosímiles a través del lenguaje: algunas veces son las herramientas que se ocupan en la hacienda azucarera de Colutla, otras son las plantas y sus nombres, los apodos, los modismos y todo aquello que nos refleja un mundo alejado de la urbe e inserto en el paisaje bucólico que de repente deja de ser encantador para dar miedo.

“Yo no quiero dejarlo atrás, me da miedo que cuando Ana se aleje de sus muñecos también se aparte de mí… la forma de hablar de mi cuñado me es ajena.” (p. 11)

La colección de personajes de Como si no existieras es la de Catalina quien pareciera el personaje principal y su relación con Antonio su esposo, un hombre mucho mayor que ella; con su hermana Eugenia a quien le tiene un profundo cariño y con la que comparte un secreto de infancia; con el padre de estas hermanas; con el recuerdo de una madre que tuvo demencia senil, con Joaquín un amigo de la familia que va a hacer una investigación, un cuñado, una hija pequeña; también la gente del pueblo Faustino, José y El Treinta: un trio del que se vale Susana Corcuera para mostrarnos la organización y las jerarquías que existen en la comunidad.

Sin embargo, me parece que es la hacienda de Colutla el personaje central. Este personaje tiene su lenguaje propio que se expresa a través de crujidos, de luces, de aparatos, de descomposturas, de producción de azúcar, de zafra, de clima, de los animales:

“En la hacienda el verde brillante de los gecos contrasta con el negro de las iguanas. Los primeros salen sólo de vez en cuando y suelen quedarse quietos en el mismo lugar. El menor ruido los altera, y el corazón les palpita con tal fuerza que se nota su movimiento a través de la piel.” (p. 20)

Como si no existieras busca contrastar mundos, alternar y alertar de las fantasías y las realidades rurales y llevarnos a una reflexión:

“En eso quisiera convertirla, aunque sospecho que el alma de mi padre acabaría arreglándoselas para habitar algo sofisticado, como la antigua lámpara de marfil que, según él, perteneció al primer duque de Cantalinares. Sostener un mundo ficticio debe ser agotador, quizá por eso los arranque se ira, el sarcasmo: Antonio no tiene que inventarse un pasado, es todo lo que mi padre hubiera querido ser.” (p.21)

“No había cumplido ocho años y hablaba como anciano que repasa las posibilidades truncadas de su vida.” (p. 99)

“El pueblo se echó a perder para siempre después de eso, La tierra ya no es la misma, ya hasta los animales que antes bajaban del cerro nos tienen miedo, sabedores de nuestra grandísima maldad. Que Dios nos perdone.” (p. 109)

Como si no existieras es de este tipo de literatura fuera de la ciudad que renace con las plumas que se interesaran por fenómenos que mientras se producían pasaron inadvertidos; olvidados por unos y voluntariamente ocultos por otros, acostumbrados a avergonzarse de su naturaleza en un país que todavía considera menos a los de pueblo y a cualquier manifestación provincial o rural de segunda categoría.

“Extraña época en que los problemas eran asunto de los otros” (p.65)

Seguimos arrastrando grandes complejos y rezagos históricos no sólo respecto de otros países sino de cara a la tierra misma. Así, no es de extrañar que tuvieran que venir los medios de comunicación extranjeros a interesarse por las excavaciones de las fosas comunes para que los de aquí comenzáramos a prestarles atención, o que de un tiempo para acá extranjeros conviertan pueblos enteros abandonados en remansos turísticos y patrimonio de la humanidad para que los volteemos a ver. La intención es hacer que los habitantes de las ciudades especialmente, se vayan enterado de un problema que desde hace ya mucho tiempo está royendo el tuétano del país y condenando gran parte de éste a la desaparición.

“Pero nosotros, los hombres de Santa Úrsula, somos incrédulos por nación, y a sabiendas de que era cosa mala, enterramos a un niño que se había muerto en la inundación.” (p. 109)

Como si no existieras puede parecerle al lector distraído una historia de amor algo cursi, un intento fallido del cuento de la mujer que se enamora de otro estando casada, la anécdota telenovelesca de dos hermanas que mueren por un mismo hombre. Pero, la novela mezcla estos elementos con anécdotas tristísimas que adivinamos reales de un México que late desde un campo abandonado, no nada más por el Estado, también por los demás mexicanos que emigran o que prefieren mirar para otro lado para no meterse en problemas.

Me parece que la parte de la escritora fantasma pudiera recortarse sin que esto haga mella a la novela. Pudo haberse desarrollado más el tema de la infidelidad, de la tentación, de la lealtad, de los celos, del abuso, pero Susana Corcuera prefirió construir una colección de imágenes alrededor de una hacienda, la de Colutla para hacernos ver lo que puede suceder más allá de las ciudades que es en donde está pasando todo en este México del siglo XXI.

Nican Mopohua

Acepté la sugerencia de Bernardo Barranco y me puse a leer el Nican Mopohua. La invitación a la lectura es pertinente en estas fechas ya que el texto narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego. Con independencia de la fe que se profese o del fervor —o la falta de devoción—, el texto vale la pena de ser leído por su calidad literaria.

Guadalupe es una seña de identidad mexicana, es una devoción que crece como un manantial insaciable. He conocido ateos guadalupanos, judíos que aman a la gudalupana, extranjeros que vienen a México con la única intención de acercarse al Tepeyac. La imagen de Santa María de Guadalupe se encuentra desde Canadá hasta la Patagonia y en tantas partes del mundo como en la Praga que tiene un porcentaje de creyentes muy bajo, en París cuya imagen es la más visitada en Montmatre, en Madrid y Cadiz, en Palos de la Frontera, en Lourdes y en Fátima. La Villa es el templo católico más visitado del mundo, sí más que San Pedro en el Vaticano y más que el Santo Sepulcro en Jerusalén.

Enfrentarse al Nican Mopahua es estar delante a un texto amoroso que despierta la ternura. El uso de la palabra es suave y muestra un cariño entre quien escribe y la historia que narra.

Antonio Valeriano inicia el texto con las palabras en náhuatl nican mopahua, aquí sucedió y es parte de un texto más amplio el Huei tlamahuitoça que quiere decir El Gran Suceso. El título de esta obra en realidad es Huei tlamahuizoltica omonexiti in ilhuícac tlatohcacihuapilli Santa María Totlazonantzin Guadalupe in nican huei altepenáhuac México itocayocan Tepeyácac (en náhuatl, “Por un gran milagro apareció la reina celestial, nuestra preciosa madre Santa María de Guadalupe, cerca del gran atépetl de México, ahí donde llaman Tepeyacac“).

El texto que leí estaba escrito en español junto a la versión del náhuatl. El cuidado de las palabras, los diminutivos, el tono cariñoso con el que la Madre de Dios se dirige al indio Juan Diego es de un grado de hermosura que llama la atención. El autor describe el escenario con una economía de palabras muy bien lograda. En unas cuantas páginas nos da cuenta del milagro guadalupano en forma tierna, hasta candorosa que despierta admiración y recogimiento.

Antonio Valeriano emociona y logra la mística entre autor y lector. Enciende la chispa que recogió del testimonio del propio Juan Diego y nos muestra la relación que se forjó entre Guadalupe y su mensajero. La Virgen se dirige de esta forma:

“Mi hijito menor, estas diversas flores son la señal que le llevarás al obispo” (137)

Y el propio Juan Diego le habla a la madre de Dios así:

“Mi jovencita, hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá estés contenta.” (110)

El texto no sólo recoge las hermosas palabras de un par de seres que se tienen un trato cariñoso, sino las andanzas del indito —la palabra se plasma tal cual en el texto—desde Cuautitlán a la Ciudad de México, de Tlatilolco al Tepeyac. Se percibe el temor de Juan Diego para ir a ver a Fray Juan de Zumarraga, obispo de la Nueva España, la enfermedad del tío Bernardino y su vuelta a la salud. Nos cuenta las peripecias de Juan Diego para convencer al obispo para edificarle una casita a la Virgen María, madre de Dios.

Conocemos las apariciones de la Virgen y recogemos las palabras que hoy consuelan a todos los que somos guadalupanos:

“Que no se preocupe tu corazón, tu rostro. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y mi resguardo? ¿No soy yo la fue te de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?” (119)

Conocer la historia tan conocida desde el texto que recogió de los protagonistas la anécdota tiene un efecto que entra derechito al corazón. El texto tiene treinta y cinco páginas, incluida la introducción. Es de fácil acceso, se baja gratis en Internet. Su lectura es un gozo para quienes amamos a Guadalupe y nos encomendamos a ella. Es un escrito dividido en 218 estrofas y concluye con la certeza de que ningún hombre pintó la amada imagen.

Vale la pena leer el Nican Mopahua por el valor del texto en sí mismo. Vale para los que le tenemos amor a las letras y para quienes somos guadalupanos de todo corazón.

Temporada de reuniones

Llegó diciembre y con el último mes del año, también llegan las reuniones. En esta temporada aprovechamos a reunirnos con gente con la que convivimos en el día a día o para ver a aquellos que sólo son amistades decembrinas —nada más nos vemos para cargar los peregrinos y… hasta el año que entra—. Cenas de compromiso, reuniones de trabajo, pachangas entre amigos, fiestas familiares, de todo hay.

Entre los brindis, los manteles largos, los villancicos, las luces del árbol de Navidad, el pesebre, los ponches, las burbujas hay algo que me llena de gusto. Muchos de los que nos reunimos lo hemos hecho por años y eso es un privilegio. Seguimos aquí. Claro, están los que se han ido, los que no quisieron estar, los que no pudieron venir, los que se alejaron y volvieron a aparecer y una que otra nueva adquisición. Pero, en general, seguimos siendo los mismos.

Será que diciembre nos plantea la tentación de olvidarnos de todos los propósitos que hicimos y no pudimos concretar. O, será que la dieta se esfuma ante tanta delicia. O, será que queremos ser más indulgentes y decidimos abrazarnos tal como llegamos. Ya vendrá enero para ponernos a dieta, ser prudentes y soñar con algo mejor. En diciembre nos damos la oportunidad de poner los pies en la tierra y aceptar lo que tenemos; nos dan lo mismo los cientos de urgencias y ponemos pausa para reunirnos y decir ¡salud! Que dicho sea de paso, es el mejor deseo que podemos expresar. O, será que diciembre nos vuelve más humanos.

En esta temporada de reuniones, nuestra parte social se engrandece y nos dejamos abrazar. Extendemos los brazos y acunamos a muchos, con ese gusto que da el hacerlo porque podemos. Entonces, aflojamos el cuerpo y nos permitimos caer a merced de la risa. Porque, al fin y al cabo, el año se está acabando. Ya llegará enero con su seriedad. Ya habrá momentos para hacer una pausa para ponernos a pensar.

Por lo pronto, la temporada de reuniones llega con ese aroma festivo que nos permite ser más divertidos, relajados, humanos y sobretodo, más felices.

Fractura: metáfora de ansiedad y efecto contrario

 

Fractura

Andrés Neuman

Alfaguara, México 2018

Fueron tantas las recomendaciones que me hicieron para Fractura que decidí adelantarme y darle un empujoncito para que llegara al lugar del siguiente de la lista. El libro me atrapó de inmediato y estaba tan contenta de empezar a leerlo, sin embargo, me resultó difícil continuar tan entusiasmada conforme iba avanzando en la lectura. Es decir, Andrés Neuman es un escritor con oficio y en ello no hay falla. No obstante, hubo momentos en que sentí que la anécdota no iba para ningún lado y que si le hubiera metido algo de recorte al texto, le habría hecho un favor a la novela.

La metáfora elegida por Neuman busca reflejar ansiedad y peligro, pero el hecho de que haya decidido tender la novela sobre la base de esa figura habla al mismo tiempo de ambición y de riesgo: el de que se haga del kintsugi, —artesanía japonesa entretejida que consiste en convertir las fracturas de un objeto en parte explícita de su propia belleza—es una referencia tan conocida que se acerca peligrosamente al lugar común.

“Cuando una cerámica se rompe , los artesanos del kintsugi insertan polvo de oro en cada grieta, subrayando la parte en donde se quebró. Las fracturas y sus reparaciones quedan expuestas en vez de ocultas y pasan a ocupar un lugar central en la historia del objeto.” (p. 25)

Por lo tanto, partiendo desde ahí, se adivina a un narrador demasiado confortable, demasiado obvio y en muchas ocasiones, demasiado extraviado. Es verdad, la mayoría de sus casi quinientas páginas se leen con agilidad y podemos encontrar estímulos valiosos que nos impulsan a seguir leyendo. Pero, con Fractura pasa lo mismo que cuando esperamos probar un platillo delicioso y resulta que le falta sabor. Además, podemos anticipar su estrategia y eso lleva a que su ejecución resulte demasiado adivinable. La consecuencia obvia es que el lector puede llegar a perder interés, distraerse o llegar a fastidiarse en el camino.

En estricta justicia, Fractura tiene una estructura que no se rompe nunca, lo que demuestra el mérito notable de un narrador experimentado. Lo malo es que frecuentemente se entrevén hilos de la red que sostiene en pie el juego de voces y conceptos, es como si a Neuman, siendo un sastre diestro, le hubieran quedado las costuras expuestas, como si hubiera tenido tanta prisa o como si hubiera decidido no darle acabado a su trabajo.

La narración empieza en Tokio con un terremoto que le sirve como pretexto de ignición.

“Un terremoto fractura el presente, quiebra la perspectiva, remueve las placas de la memoria” (p. 19)

La novela propone varias líneas narrativas y analepsis curiosas. Conoceremos al protagonista, un superviviente de Hiroshima que, ya anciano, recibe la noticia de la tragedia nuclear de Fukushima.

“Hay novedades sobre la central nuclear de Fukushima. Y ahora sí son alarmantes. El radio de evacuación se ha triplicado…” (p.33)

Serán las mujeres de su vida, quienes nos narrarán las diferentes etapas de Yoshie Watanabe. Al mismo tiempo, leeremos la vida solitaria del personaje que ya está viejo y está de regreso en Tokio y lo conoceremos en voz de la francesa Violet, de la estadounidense Lorrie, de la argentina Mariela y de la española Carmen las que por orden de aparición nos contarán al protagonista joven que va a estudiar a Francia y que irá migrando por requerimientos de la empresa Me en la que trabaja. La otra línea narrativa es la que nos presenta a Watanabe solo y que por alguna extraña razón —que raya en lo inverosímil—  tiene un impulso que lo  fuerza a emprender un viaje hacia la zona del desastre que ocasionó el terremoto.

Entreverado al relato de ese viaje, escuchamos las voces de las mujeres que marcaron la vida del señor Watanabe en París, Nueva York, Buenos Aires y Madrid. Insisto en que las voces femeninas son perfiles psicológicos muy logrados; pero las fórmulas lingüísticas utilizadas para caracterizarlas se abusan y pecan de evidentes. Fastidia leer el capítulo de  Lorrie y las cicatrices que nos muestra a una mujer neoyorquina, con un discurso poblado por anglicismos traducidos de una charla americana.

“Yo tenía, ya sabes, una sensación fuera de contexto.” (p.161)

“Cuando te decidas hablar en serio, querida, seguiremos conversando”. (p. 166)

Son hilos que asoman demasiado; en palabras Lorrie utiliza para hacer evidente que Yoshie Watanabe no habla bien inglés:

“Y lo repitió varias veces, Lorrie, Lorrie (o más bien Lohie, Lohie) (p.162)

Me refiero a estas decisiones estilísticas, son decisiones destempladas. Por otra parte, entretejiendo biografía e historia, los personajes de Fractura representan ejes culturales y geográficos diversas que incrustar incrustar los grandes temas de la Historia contemporánea a la existencia de Watanabe: Hiroshima, la postguerra, y cuanto más indirecto Neuman juega con esos elementos, mejor le funciona. En este sentido, las páginas argentinas son mejores. En cambio, las voces de Violet y Lorrie serpentean los peligros de la mera dispersión o de un uso estratégico de momentos estelares, como si no quisiera dejar de aprovechar el once de septiembre neoyorkino o madrileño el once de marzo en tono tan cercano que rechina y puede lucir algo forzado.

Además, Neuman mete con calzador a un periodista argentino, Jorge Pinedo, simulando mal un alter ego del autor, que quisiera escribir un reportaje sobre los desastres nucleares. Lo curioso es que el pobre no logra entrevistar al huraño Watanabe. Tampoco se entiende qué extraña curiosidad le despierta ese misterioso señor japonés. Y en el colmo, no logra ni rematar un trabajo que debería ser fríamente periodístico. No le funciona el ejercicio.

Watanabe, durante buena parte de la novela va perfilándose y desdibujándose simultáneamente bajo la mirada que ellas ofrecen. También lo muestra en el viaje que hace a la región de desastre. Ahí la voz de Neuman se parece mucho a la de Murakami, se vuelve muy ja`ponés A partir de ahí, el estilo se vuelve abstracto, las frases son sintéticas. A partir del aterrizaje en Sendai Watanabe va adquiriendo rasgos de identidad del último personaje con el que convivió.

“Con el segundo té, Watanabe descubre que la aparente serenidad de Ariichi esconde otra inquietud. Su mayor preocupación son las tumbas de sus ancestros que se hayan en el cementerio más al norte” (p. 467)

Watanabe afirma que, con los años, uno pierde opiniones y gana ideas: es justo lo que ocurre con esta novela. Aquí están sus mejores páginas, concentradas en aquello que de verdad convoca al lector y lo conmueve: la memoria del superviviente y su soledad, precaria pero bellísimamente conectada con el otro. Watanabe deambulando solitario es la redención de la novela.

“Empezó a preocuparse más por su salud. Antes nunca quería ir al médico, huía de las consultas como de la peste. Prefería aguantar un dolor que hacerse una prueba. Pisar el hospital te hace sentir más enfermo” (p.429)

El lenguaje es impecable, la mirada en ningún sitio me hace sospechar que aunque los capítulos finales son los mejores de toda la novela, Neuman no supo cómo terminar su Fractura.

 

Muchas vidas

Cada 5 de noviembre pasa algo similar, me pongo en tono reflexivo. Eso de cumplir años me pone a pensar, creo que eso es una de las ganancias. También me da por recordar. Algunos recuerdos son propios, otros vienen recuperados por la voz de mi mamá, de mis tías, de mis primas, de mis amigos, incluso de palabras de mis hijas o de mi marido: de mi gente.

Es curioso, a veces siento que he vivido varias vidas. En esas muchas vidas, la protagonista parece una persona distinta a la que soy. A la distancia y con el tiempo, las cosas cambian. De todos los cumpleaños que me ha tocado vivir, hay muchos que no recuerdo. Mi mamá me cuenta que cuando me festejaron el primero, todo era de Caperucita Roja, ahora me explico todo. En mis XV años, me vestí de largo y usé un vestido azul clarito, un tono como de bebé, me he puesto vestidos blancos, huipiles oaxaqueños y yucatecos. En las fiestas he tenido payasos, Tontolín vino cuando cumplí nueve y Platanito hace como once años. Ha habido mariachis, marimba, trío. He tenido regalos envueltos, llamadas telefónicas, risas y silencios dolorosos. De todo.

En general, mis cumpleaños han sido muy divertidos. De niña, una vez mis papás me llevaron con mis amigas al Teatro Lírico a ver Papacito piernas largas, otra fuimos a ver a Jorge Kaiser a un lugar que se llamaba Kloster y me cantó las mañanitas desde el escenario y yo me sentí súper importante. Hace tres años, mis alumnos me llevaron a cenar y en otras ocasiones me han llevado pastel al salón. Muchos cumpleaños me ha tocado trabajar y partir pastel con mi equipo de trabajo. Los he festejado en La Piedad, con gelatinas de pescaditos que hacía mi tía Rosita y piñatas de cántaro que mi Tía Marta decoraba. Mi Mami Lolita me hacía chile chino porque me encantaba. Me ha tocado estar en Acapulco con los míos, una vez fuimos a San Miguel,de Allende. Creo que la mayoría los he pasado en mi amadísima Ciudad de México. Por suerte, siempre he estado acompañada por gente que me quiere.

Fue un 5 de noviembre cuando Carlos me pidió que me casara con él.

No me ha tocado estar sola, aunque unas he estado rodeada de muchas personas que hoy ya no están cerca; otras nada más he festejado con mis hijas. Unos han sido sencillos y otros complicados. Me imagino que viene en el paquete de ser quien soy. Los chistoso es que en esta fecha, siento que he sido muchas personas a lo largo del tiempo. Casi me parece increíble que fui una niña que era pésima para comer o que alguna vez en secundaria se me ocurrió que estudiaría química, parece que fue en otra vida cuando jugaba atrapados en el patio de la Escuela Emerson o en la que usaba uniforme del Colegio Simón Bolívar o en la que manejaba un VW Sedan todo destartalado para ir a la Ibero. No me sorprende que en ocasiones la imagen del espejo me agarre desprevenida. ¿Quién le diría a todas esas que hoy me gusta recibir libros como regalos de cumpleaños? Segura era otra Cecilia Durán Mena la que podía leer sin lentes.

De todas las que he sido, algunas me caen mejor que otras. Pero, con sinceridad, con todas he disfrutado mucho. Me gusta como se oye mi nombre completo, con apellido de padre y madre, y la piel que habito. En todas esas vidas corre un hilo conductor que soy yo misma, que es la identidad de ser quien soy. Por años he ido a la Basílica de Guadalupe a dar gracias, a encomendarme y a pedir protección. He recibido muchos milagros, ni duda cabe.

Cumplir años y sonreír, cumplir años y agradecer. Sí, agradecer por todas esas vidas, por esta vida. Repetir la oración que me enseñó Bibi, siempre así, señor, siempre así. Siempre cerca de ti.

La migración como un derecho.

Mientras la caravana de migrantes centroamericanos avanza en su andar rumbo a Estados Unidos, en medio de la estridencia de declaraciones entre el gobierno electo, los silencios incómodos de quienes siguen gobernando y la inminente visita del señor Pompeo a territorio mexicano, las palabras de Yann Moulier Boutang nos dan otro punto de vista. Una visión diferente y menos estrepitosa.

El economista e investigador francés participó en un conversatorio donde expuso la necesidad de generar políticas de integración que favorezcan a los migrantes. El “Derecho a migrar” fue el tema que abordó en la XVIII Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México 2018, que tiene por lema “Derechos y libertades”. El fenómeno de la migración no es una novedad, ha sido una constante en la historia mundial y ha dado origen a diversos países de la talla de Francia y Estados Unidos, génesis que no ha sido reconocida por ambas naciones, parece que lo han olvidado.

Según Yann Moulier Boutang, toda migración sin excepción representa un acto de naturaleza dual. Es un acto tanto económico como político en el que el migrante trata de mantener algunos rasgos identitarios pese a la necesidad de adaptación. Esta lucha interna por conservar sus raíces y mimetizarse en el territorio que los recibe es sumamente fuerte. Además, la complicación se agrava cuando las clases bajas y obreras de los países que reciben a los expatriados se ven amenazados por los recién llegados, quienes en esta condición de desprotección se perciben disminuidos. “La relevancia económica de la migración actual radica en la perspectiva de ver con inferioridad a aquellos que llegan, es una mirada que justifica la esclavitud y las malas condiciones de trabajo”, puntualizó.

La manera como los países se han cerrado a los derechos de los migrantes es un sinsentido, es una aberración y además es una tontería. La migración tiene muchos beneficios para la nación receptora, sin embargo, ha sido consistentemente desestimada. Como es el caso de la ciudad de Cali, en Francia, que multó a los campesinos que contrataran migrantes. El municipio enarbola como un gran logro que ahora ya casi no hay gente de fuera trabajando sus campos. Lo cual es un desperdicio económico.

Asimismo, el trato que se le da a los migrantes se transforma en un acto político, según Moulier-Boutang, “existe la idea de que los migrantes causan problemas, pero hay que entender que la sociedad que los recibe es la que tiene estos problemas y tratan de echarle la culpa a los migrantes, proyectan ciertos problemas a la cuestión migratoria sólo porque ahora la migración se hace más evidente”. Con esta visión, un tanto infantil, se pasan por alto los grandes beneficios que traen consigo las personas que llegan. En muchos casos, lo que traen son soluciones que no se valoran lo suficiente.

En un principio, dice Moulier-Boutang, los migrantes trabajaban en lugares cerrados y alejados como fábricas o campos, lo que los mantenía convenientemente ocultos durante el día de trabajo, pero las posibilidades laborales se han expandido y esto ha hecho que se vuelvan más visibles. “Son útiles mientras permanecen, ocultos pero se vuelven un problema cuando se vuelven evidentes. No se ha asumido que los migrantes han formado parte activa e importante a lo largo de la historia.”

Si, como lo hace Yann Moulier-Boutang, empezáramos a ver que la migración es un derecho y se debe pasar de una política de asimilación a una política de integración que favorezca a los migrantes con documentos, que eviten la discriminación en el mercado laboral y den la posibilidad de instalarse en el país con derechos, estaríamos propiciando mayor armonía y beneficios para quienes llegan y para la nación que los recibe. “Hay que pasar de lo internacional a lo transnacional, sólo así vamos a poder resolver el problema del siglo XXI: la migración.”

Ver la migración como un derecho nos pone en otro escenario. Uno en el que hay posibilidades de que todas las partes tengan un beneficio. Unos buscan trabajar y según los cursos de economía elemental, el trabajo es la fuerza que propicia el progreso.

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