Escuela Moderna Americana 

Como sucede con los grandes acontecimientos, parece que fue ayer que Carlos y yo estábamos a punto de tomar una de las decisiones más importantes de nuestra trayectoria de padres: la escuela a la que deberían ir nuestras hijas. La elección no fue fácil, especialmente por ese halo que cubre a la escuela en la que estudió mi marido. Oí todo tipo de opiniones, de propios y extraños, que si muy pesada, que si generadora de estrés, que si elitista, que si agresiva, que si sumamente competitiva. Y, efectivamente, todo eso es verdad. Decidimos que la Escuela Moderna Americana era la mejor opción que teniamos para heredar lo mejor que se le puede dar a un hijo: educación. 

La Escuela Moderna Americana es una escuela de alto rendimiento. Exige y forma. Prepara para enfrentar los obstáculos de un mundo competitivo. Sus egresados, en general, no se amedrentan con los riesgos, no se achican ante el riesgo, ni aceptan por cierto lo primero que se les dice. Saben defender sus ideas, aprenden a debatir, luchan por sus resultados. Al revés de lo que sucede en otros sistemas educativos, aquí los alumnos tienen que demostrar para ganarse una calificación. No hay prefectos que pongan contra la pared al profesor, no hay tutores que aboguen a posteriori para que se mejore una nota en forma artificial, no valen los ruegos, ni las amenazas. Vale el esfuerzo y se evalúa el mérito. 

Algunas veces, los egresados se quejan de la falta de apoyo que reciben de la escuela. Sienten que fueron dejados a su suerte al enfrentar una prueba o al tratar de defenderse de un acto de autoridad. Y, efectivamente, la Escuela Moderna Americana no apapacha, no acaricia, no consiente. Y, en esa condición, forma. Un egresado de la escuela no estará de rodillas pidiendo que se le suba puntos en el trabajo o en las pruebas. Ya saben que así no ganaran nada. Es verdad, bloquean en camino a la mediocridad. 

Lo sé porque he sido madre de dos alumnas de la Escuela Moderna Americana y ayer vi como Andrea uso toga y birrete en la ceremonia de graduación. Conozco de cerca, desde dentro, las quejas que hay, los actos de pequeña autoridad que ejercen algunos mandos administrativos, los puntitos que no brillan. No hay instituciones perfectas. Pero, en la evaluación global, la institución es magnífica. Así son las escuelas de alto rendimiento, preparan para la vida, dan herramientas para la reflexión que lleva a una buena toma de decisiones.

Si por sus hechos los conoceréis, veo a Carlos y en él reconozco los puntos admirables que le fueron grabados en la escuela. Miro a Andrea, sonriente y segura, no se traga el primer anzuelo, es prudente, reflexiva y tiene bases de análisis tan sólidas que me hacen valorar todo lo que la Escuela Moderna Americana le dio.

Ayer, mi hija Andrea traspasó el umbral, dejó de ser alumna, ya es egresada. Las palabras tienen la contundencia del agradecimiento por el trabajo realizado durante quince años: gracias, muchas gracias. A Miss Lilly, a Miss Ambar, a Miss Deny, A Miss Lourdes, a Miss María Luisa (qepd), al profesor Carlos Martínez del Toro, a Yara, a Tex, a Isabel Arregui, Fernando Trigo, Nuri Contreras, Miss Angie, a Javier García-Salcedo, a Yamil Narchi que pusieron en el corazón de Andrea las mejores herramientas para salir al mundo a enfrentar la vida. Gracias a la señora Rodríguez por haber tomado a mi Andrea en sus brazos que mirando a Carlos le dijo: gracias por haber vuelto y por tenernos la confianza para educar a tu hija. Te prometo que lo vamos a hacer bien, como lo hicimos contigo. No te vamos a fallar.  Efectivamente, después de quince años puedo decir que cumpmieron la promesa.

Rafael Nadal

No hay duda, Rafael Nadal es una leyenda. Es el mejor tenista español de todos los tiempos. Lo dice todo el mundo y lo avalan sus resultados. Sólo mi bien amado Roger Federer está por encima de este fenómeno deportivo, aunque ni él pudo superarlo en las canchas de arcilla. En París, Rafael Nadal se hace grande, crece como un gigante y recorre el camino, llegando tan lejos como nunca nadie lo ha hecho. Ganó el Roland Garros por décima ocasión. No hay otro jugador que se haya llevado la Copa de los Mosqueteros tantas veces.

Stanislas Wawrinka se anuló en la cancha. Frente a Rafa, desapareció. Le pasó la máquina de jugar tenis en tierra batida y lo destrozó. Quedó hecho girones. El mallorquín fue contundente 6-2,6-3 y 6-1. La sonrisa de Nadal cubrió todo París. Los organizadores quisieron honrar al mejor jugador de arcilla de todos los tiempos y le hicieron una réplica de tamaño natural, no la pequeñita que le dan a los demás jgadores, para que se distinguiera que el 10 tiene un gran significado. 10 veves campeón. 

Y, Rafael Nadal, emocionado y en lágrimas, recibió la copa de quien fue engrane clave de semejante éxito: El Tío Tony. Este entrenador que tal vez no podrá repetir la fórmula con otra persona, este hombre que además de  pariente, fue visionario, estratega, líder, coach en la extensión más amplia de la palabra. ¿Quién mejor para entregar el trofeo? El Tío Tony fue artífice y cocreador de este fenómeno.

Lo bello es que la grandeza de Rafael le permitió mostrar agrandecimiento. Es de bien nacido ser agradecido y Rafa Nadal lo es. París y el complejo tenistico de Roland Garros son del español. Al acabar con el nuevo inestable de Wawrinka superó a Pete Sampras y la magnitud de su éxito queda ya inscrito en letras contundentes para los anales de la historia. 

Eres leyenda, Rafa. Por tu triunfo y por la manera en que lo llevas.

Una identidad habitada por el exilio, Juan Goytisolo

Señas de Identidad

Juan Goytisolo

Colección Literatura Contemporánea

Origen/Planeta, México, DF, 1986

El escritor Juan Goytisolo murió el domingo 4 de Junio de 2017 con una identidad habitada por el exilio, tal como lo refirió en su novela Señas de identidad. No encuentro una mejor forma de rendirle tributo que reseñando una de sus obras selectas, tal vez, la que goza de mayor popularidad.

Señas de identidad es una narración que se enreda en una exploración temeraria, utilizando con gran habilidad y cuidado, múltiples recursos atinadamente seleccionados, para relatarnos como Álvaro Mendiola va rompiendo a lo largo de su vida con los valores que le inculcaron en la infancia: su valor religioso, su posición social, su lengua, su patria. Esta ruptura lo lleva a buscar nuevos valores, de los que también renegará mas tarde y que le dejarán como legado una gran soledad y amargura, además de una sensación de falta de asidero, por lo que volverá a comenzar su búsqueda, volviendo su mirada al pasado: tratando de identificarse con el tío abuelo Néstor, que se suicidó en Ginebra, lugar donde su esposa Dolores abortó al hijo de ambos.

En el camino de Álvaro Mendiola que busca señales dentro y fuera de su familia, dentro y fuera de lo español, dentro y fuera del idioma, dentro y fuera del país. Como dice Gustavo Bueno en su critica de este libro “Las llamadas señas de identidad propuestas por Goytisolo desorientan sencillamente, o no aclaran, y permiten la confusión, entre las señas de identidad que expresan una unidad efectiva y real, esencial, y las que expresan simplemente una serie de conceptos accidentales, que son secundarios, transitorios, y que muchas veces se utilizan para encubrir o sugerir que hay una diferencia o una unidad que no existe” (1) En mi opinión, es la astucia del que experimenta, no solo una forma nueva de contarnos una historia, sino que encuentra cause para su rebeldía.

Goytisolo le plantea un reto al lector, lucha con él,  se entretiene a su costa y le deja pistas a lo largo del libro, que lo ayuden a completar la búsqueda. Son datos que pueden pasar desapercibidos, por ejemplo, la botella de Fefiñanes, que, en mi opinión es la clave que resume la identidad del personaje central y que vale la pena analizar. En primer lugar la botella nos ayuda a dar cuenta del tiempo que Álvaro Mendiola  ocupa para hacer su reflexión. En segundo lugar, Fefiñanes es un vino de uva Albariña, una coincidencia que no es casual, con el nombre del protagonista. La Albariña es una uva que los monjes de Cluny llevaron a España, de sabor muy similar a uvas francesas y alemanas que se dan en la riviera del Rin. La uva tuvo cruzar la frontera para evitar su destrucción. Abandonar su tierra natural, adecuarse al nuevo territorio, transformarse, para luego convertirse en referente de la región de Galicia. Un camino similar al recorrido por Mendiola, pero a la inversa. Una uva que enfrenta el exilio. Por último, el eslogan de las Bodegas Fefiñanes es “El vino, como las personas, cuanto mas cerca este de su origen, mas cerca estarán de su verdad”.  (2)

Álvaro Mendiola hace de su circunstancia de español exiliado en París la razón central de su narración. Aunque París es solo un pretexto. Como dice Octavio Paz “París es la metáfora de nuestro desarraigo y una estación necesaria en la ruta que nos lleva a nosotros mismos. Solo el desarraigo nos permitió recordar nuestra porción de realidad. La distancia fue la condición del descubrimiento. La distancia y los espejismos que esta causó” (3)  En París Álvaro Mendiola odia y extraña España: es el lenguaje del exilio, vehemente, enfático, ácido, demandante; el contraste de la memoria y el olvido. El carácter de aquel que no pierde su pasado, sino su presente, para encontrar: “Una identidad habitada por el exilio” (4)

Goytisolo rompe con las antiguas formas de narrar historias. Él escribe como piensa, con formas complicadas y retorcidas, igual al flujo reflexivo de cualquier individuo que medita sin signos de puntuación, con frases largas, inacabables. “En Goytisolo la escritura se vuelve paisaje y ese paisaje es una invención, la metáfora de una nación, de un individuo” (5)

El uso que Goytisolo hace de diferentes idiomas en esta narración, en mi opinión, no es un uso pedante, del que intenta presumir que conoce varias lenguas, es, por el contrario un recurso para complicar el descubrimiento de pistas útiles para el lector, pero, es también, una expresión de burla y miedo, o si no miedo, precaución. A lo largo de esta novela, el autor hace una crítica durísima al régimen franquista, pero la única vez que Franco es nombrado con todas sus letras, es en la última parte de la novela, utilizando al idioma francés como telón protector.

Señas de Identidad  me parece un libro sorprendente por su vigencia y por su capacidad de anticipar acontecimientos. Me hace fantasear que Juan Goytisolo tuvo a su alcance una mirilla por la que pudo ver el futuro de España, porque en 1966 era difícil poder preveer “el milagro español”,  basado en el turismo y en la integración económica de la nación a Europa, de la que Álvaro Mendiola habla en el libro, adelantándose a los hechos que iban a ocurrir. Hoy eso es evidente, todos lo saben, sin embargo, en aquella década era difícil ver como los españoles podrían salir de su difícil situación de atraso. Además la novela se mantiene actual al hablar de esas búsquedas de tantos hombres que salen expulsados de su tierra natal, ya sea por razones políticas, económicas o por una esperanza de encontrar una vida mejor, que una vez obtenida, se convierte en nostalgia, en añoranza por lo dejado atrás y en crítica por lo ya alcanzado.

Más allá de la obra, Juan Goytisolo murió enfermo, deprimido y asustado por falta de dinero. Se fue de este mundo viendo a su Marrakech querido, rodeado de sus ahijados por los que se preocupó hasta el último aliento. Fue enterrado en el cementerio civil de Larache, una ciudad pesquera junto al mar.

La imposibilidad de escribir, la falta de dinero y el deseo de costear los estudios de sus ahijados marroquíes y una fractura de fémur provocada por una caída, le ensombrecieron los últimos días. Tenía un pequeño hostal, en el que vivía y que administraba, tenía colaboraciones ocasionales en el periódico El País, pero Juan estaba triste, se sentía hundido. El autor de Juan sin tierra, murió tranquilo, en su cama. Sin embargo, habrá que recordarlo por lo que mejor supo hacer: unir letras: “¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miserias en las que vivió Cervantes, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, su estancia en la cárcel sevillana por deudas…“(23 de Abril, discurso de aceptación del Premio Cervantes).

Yo te respondo Juan, pocos conocíamos estos detalles. Así es mejor, nos quedaremos con lo mejor de Don Miguel de Cervantes Saavedra como de Juan Goytisolo en sus libros que de hoy en adelante, serán los que hablen por él.

A tu salud, Juan, con una copa de Fefiñanes. Buen viaje.


(1) Bueno, Gustavo, Revista Telsea No. 19 (Oviedo, España, Febrero 2010)

(2) www.fefiñanes.es, Bodegas Fefiñanes

(3) Paz, Octavio, Crítica y Literatura (Ed. Diversa, México, DF 2005) p.183

(4) Ortega, Julio, El sujeto del exilio, (Ed. Diversa, México, DF 2005) p.61

(5) Paz, Octavio, Cuadernos Hispanoamericanos (Madrid, España, Enero 1971)

 

Cinco años, muchas gracias

Me resulta increíble pensar que ya son cinco años los que cumple este espacio. Un lustro de estar convocando, en torno a estas ventanas, a que se asomen a ver lo que estoy pensando. Es curioso, al pensar en este tiempo, me sorprendo al darme cuenta los cambios que hemos experimentado en el mundo, sin embargo, lo que ha permanecido es esa voluntad de reunirnos alrededor de estas letras que una veces lucen felices y animadas, otras tristes y sombrías, algunas furiosas y flamígeras. Palabras críticas, jamás complacientes, que han buscado desde la sinceridad del corazón, llamar la atención de quien está del otro lado y por la magia de la lectura encontrarnos en este mismo punto.

Como sucede siempre, la elasticidad del tiempo me hace sentir que no es tanto tiempo el que llevo escribiendo estas ventanas, sin embargo, cinco años ya cuentan. En aquellos primeros días, el susto del que inicia un camino me llevaba a cuestionar la validez de escribir un blog. Las críticas sobre la legitimidad de estos espacios hacía que me temblaran las piernas, pero como quien decide lanzar un mensaje al mar en una botella, corrí al encuentro de este espacio que me tenía reservadas enormes satisfacciones: lectores de tantas partes del mundo se acercaron a ver lo que estaba pensando, muchos se quedaron y ya no se fueron, otros acaban de llegar. Nos hemos acompañado en el camino, a lo largo de estos cinco años.

En este tiempo, he recibido numerosos comunicados de los lectores que pasan por aquí, he tenido la suerte de conocer a algunos personalmente. Están los asiduos y los que recien se estrenan, alumnos, maestros, conocidos, amigos, personas que viven cerca de mí, sea porque sin mis vecinos de cuadra o porque viven a kilómetros de distancia, tal vez separados por mares y océanos pero que vienen a asomarse y llegan puntuales a las citas de estas ventanas. Benditos todos los ojos que han recorrido estos renglones.

Muchos de los que se asoman, pasan a ver lo que escribí ese día. Otros abren ventanas del pasado. Hay muchos que hacen ambas cosas el mismo día. Les gusta saltar de una ventana a otra. Tambien están los que me regalan un poco de su tiempo diario y pasan la mirada en forma apresurada. Hay de todo tipo de visitantes en este espacio. 

Alguna vez, alguien me preguntó las razones que me llevan a escribir este blog. Son tantas las explicaciones que puedo dar, tantas las que se me ocurren, y sinceramente, todas se pueden condensar en una: quiero que me leas. Hemos alcanzado juntos esta meta. Hemos cruzado de la mano el umbral de los cinco años. Me felicito con el enorme agradecimiento que da saber que están ahí, que flexionaron las rodillas y sacaron el mensaje enrollado en esta botella virtual.  Vienen a asomarse y ya van cinco años que lo estamos haciendo posible.

Leer y mas leer, como lo dijo Sor Juana. Escribir sin fatiga con la ilusión de encontranos en el misterio de la palabra. Quien diga que  no hay palabras, miente. Hay una que tiene la suficiencia de la exactitud: gracias.

Gracias.

Gracias por tanta fidelidad.

Si como sostiene Ian McEwan, la lectura es la mejor forma de telepatía, si tu pensamiento y el mío convergen en estas ventanas, tal vez estamos mas cerca de lo que pensamos.

Gracias por pasar a ver lo que estoy pensando. Ya son cinco años. ( 5 es mi número favorito )

¿Leer canciones?

Hay en las redes sociales un asombro que cruza los límites y entra al entorno de la indignación. Maluma, un cantante colombiamo cuyo mejor atributo es el cuerpo y no la voz, se gana la vida frente a un micrófono diciendo vulgaridades y atrocidades. Tiene un éxito mayúsculo. La fórmula es genial, un ritmo pegajoso, una carita agradable y una parafernalia publicitaria que se encarga más de lo visual que de lo auditivo. Un producto del reguetón, música de ritmos latinoamericanos, entre afroantillanos y caribeños que combina notas jamaiquinas con hip hop y letras de tonos sexuales explícitos. 

Maluma no es el único que canta vulgaridades. El regetón tiene letras que objetivizan al ser humano y otras que buscan ser chistosas, que hablan de amor, de corazones rotos, de crímenes. El problema es que los ritmos nos llevan a repetir letras que en otro contexto nos pondrían la carne de gallina. Tampoco es que el regetón tenga esa exclusividad. Recuerdo haber, cantado feliz de la vida, Bohemian Rapsody de Queen, sin caer en la cuenta de lo que en realidad decía. 

La voz de Freddy Mercury y la maravilla de los instrumentos me hacían pasar por alto el hecho de que la letra tratara de un hijo que con frialdad le decía a su madre que acababa de matar a un sujeto, poniendo una pistola y jalando el gatillo. A mi favor diré que no era la única. Todos cantabamos felices de la vida un asesinato y nos moviamos encantados de la vida al oír el exitazo de Queen. Incluso hoy, lo hacemos.

Pero, claro, el poder de las letras hechas palabras nos tira la venda auditiva y nos da un estado de conciendia que le quita la diversión a la barbaridad. Maluma no es Freddy Mercury ni de cerca, no tiene la voz ni la educación musical, y por suerte para el colombiano, tampoco el físico del solista de Queen. Tampoco tiene su éxito, pero no le va nada mal. Lo curioso es que las aberraciones que canta, fascinan a muchachitas que repiten las letras de sus canciones con un gusto que nos asombra. ¿En serio te gustaría que te trataran así? Claro que no. Ni siquiera se han dado cuenta de lo que cantan. Pero, igual pasa con letras de Marc Anthony y de otros reguetoneros. Lo hicieron igual Ozzy Osborne, Los Beatles, La Arrolladora Banda Limón, Los Bukis y tantos otros. La gente repite sin dar significado. No todos pueden cantar que están presos entre las redes de un poema y se concentranen un  amor de cuarenta y veinte. 

La música aletarga, amanza leones. Cantamos por el gusto de repetir un ritmo y no reparamos en lo que decimos. Así, se repiten panegíricos al narco, a los asesinatos, al adulterio, a los golpes, a la guerra, al desamor, a la canallada, a los rincones oscuros del alma. Leer canciones tiene un efecto poderoso, de repente entendemos que las palabras significan algo. Y, entonces, o se potencia el gusto o nos amarra la lengua. Pero, a decir verdad, volvemos a cantar. 

Maluma es un efecto, es un producto de nuestro tiempo. Muchos de estos golpes efectistas se diluirán con el tiempo y quedarán en el olvido. Insisto, no es Freddy Mercury aunque él nos haya puesto a cantar sobre un asesinato.

El francés que se quiere parecer a todos los franceses

Con la promesa de inclusión como bandera, Emmanuel Macron entró al Eliseo para ser el presidente más joven de la V Republica francesa. En el discurso de transmisión de poderes, se dirigió a la gente para decir “los franceses han elegido la esperanza y el espíritu de conquista. El mundo y Europa necesitan hoy más que nunca de una Francia fuerte y segura de su destino, de una Francia que lleve en alto la voz de la solidaridad, que sepa inventar el futuro”, 

Con aire fresco y palabras de unión, en una ceremonia sencilla en la que Hollande le pasó la estafeta a su delfín, Macron insiste en la integración como fuente se soluciones, deja atrás las palabras odiosas de su adversaria y se olvida de causar miedo al diferente. Es más, se vale de la diversidad para sustentar su plan. Habló a los que se sienten olvidados y se comprometió con aquellos que no votaron por él.

Claro, los discursos inaugurales son muy optimistas siempre. Prometer no empobrece. Pero, el presidente frances está dando pasos que generan confianza.  Empieza a dar muestras de modernidad. En los detalles están los signos. Los invitados al banquete de festejos, recibieron como regalo una camara digital 360 grados. Tal vez, sea una pista de la forma en la que ve al mundo. Un gobireno tiene sus signos: Macron, un hombre que ha meditado sobre el país que dirigirá y la función que ocupará, sostiene que la democracia francesa está marcada por un vacío en su centro, una figura ausente: el rey. “Hemos intentado colmar este vacío, colocar otras figuras: son los momentos napoleónicos y gaullistas, especialmente”, dijo en una entrevista con la publicación Le 1, recogida en el libro Macron por Macron, veremos como se ven las cosas desde el despacho presidencial. El nuevo presidente cree que al normalizar el cargo —una normalización que con Hollande llegó a su paroxismo— se ha ahondado el vacío. “Lo que se espera de un presidente de la República es que ocupe esta función”. Y él empezará a hacerlo de inmediato. El lunes tendrá que formar gobierno, conformar su gabinete.

Su primer viaje de Estado será a Berlín, busca fortalecer la unión de Europa. El mundo mira a los dirigentes europeos y espera aue sean personas mesuradas y atinadas. Los estadounidenses deben sentirse algo envidiosos, Francia tiene un hombre joven, gentil, de visión amplia, con un vocabulario claro con palabras que dan certeza e ideas que alimentan esperanza. Este hombre, que mas que dividir quiere unir, que mas que marcar las desigualdades, quiere parecerse a todos los franceses. ¡Buena suerte! La idea es buena.

El don de la maternidad

Desde que Eva dio a luz a Caín, el don de la maternidad se relaciona con la gracia de Dios. En el día de las madres tendemos a hacer panegíricos melosísimos sobre las virtudes y sacrificios de mamá, o bien, nos vamos al otro extremo y entonces se exalta la condición seráfica y casi perfecta de la relación de una madre con sus hijos. Sin embargo, el Génesis es claro, el primer hijo, el primogénito de Adán y Eva no fue el buen Abel, el nene maravilla, sino el que tomó la quijada de burro entre sus manos. Me parece que al buen lector, pocas palabras. Ojalá nos detuvieramos más en la advertencia que esto implica. Sin tragedias lacrimosas ni exaltaciones elevadísimas, ser madre es un reto.

Para mi mamá lo fue. Recordar los días de infancia es pensar en una mujer presente, dedicada que nos condujo con mano firme y con un acervo de inteligencia extrema. La paciencia que tuvo mientras estuve en la adolescencia, la llevó al acto heroico de no lanzarme al excusado y jalarle a la palanca. Mi mamá es como un buque poderoso que avanza en aguas turbulentas y no pierde estabilidad. Siempre supo mantener la gracia y la calma en la tragedia, en la enfermedad, en lo prospero y en lo adverso. Supo tejer con elegancia un ejemplo de seguridad en sí misma exenta de arrogancia. De la primera persona que aprendí a aceptar al otro, al diferente fue de ella que lo hizo siempre de la única forma válida: dando el ejemplo. En ella, el milagro de la multiplicación de los panes se verificaba todos los días. Mi madre es bendición y fuente de inteligencia máxima que ejerció sin presunciones. Así vive la gente brillante.

El reto para mí en torno a la maternidad ha sido un camino llego de sorpresas. De buenas sorpresas. De bendiciones. “Yo no sé cómo apareciste en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada una. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os da el espíritu y la vida con misericordia. ” (2 M 7,22-23). La maternidad es uno de los mejores regalos que me han llegado del cielo, creer que yo fui la autora de la vida es una arrogancia que no me puedo permitir. ¿Por qué Dios me bendijo con un par de hijas extraordinarias? Es la pregunta cuya respuesta me tendrá siempre llena de agradecimiento.

El camino que recorremos las madres es, como dice mi mamá, más fácil al principio. Ofrecer el pecho a media madrugada y cambiar pañales es lo sencillo. La vida se complica conforme avanzamos y los acertijos son menos fáciles de resolver si tratamos de hacerlo a base de inteligencia. No hay nadie que lo logre a base de mente clara, de análisis, de pronósticos y matemáticas. Para ser mamá hay que usar el corazón, lo demas ayuda pero no resuelve. Un día Dios acogió la oración que Carlos y yo elevamos al cielo y nos bendijo. El Señor se acordó de nosotros  y concebimos un par de bebecitas que siempre he visto hermosas. Soy madre.  «Estas niñas pedía yo y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se las cedo al Señor por todos los días de su vida» (1Sam 1,2) Espero que siempre nos alcance el corazón para conducirlas a buen puerto.

Mis hijas, como mi mamá, dan pasos firmes sin estridencias. 

Diafruto el don de la maternidad, con todo lo que viene con ella. Con las risas y carcajadas y con los llantos y rechinar de dientes. Debo decir que me ha tocado tartamudear, temblar, dudar, regar bilis y equivocarme. Pero, ni mil palabras que escriba o hayan sido escritas pueden expresar con fidelidad el amor de hija y de madre que tengo en el corazón. Más allá de todo, en el umbral que cruzamos todos los días, está el cariño del abrazo, la ternura de un beso y el amor que de Dios vino y a él irá.

Veinte minutos 

¿Para qué te alcanzan veinte minutos? Si Gardel dice que veinte años no es nada, imaginen cuando se convierten en minutos. Pero, no debemos olvidar que el tiempo es elástico, una llamada de veinte minutos puede ser eterna si es un jefe regañando a un subordinado o efímera si es entre un par de enamorados. Una cirugia de veinte minutos es vertigionosa para el medico mientras es una eternidad para el familiar que espera. Veinte minutos significan un suspiro para el suertudo que salió con la guapa cuando para ella puede ser una perpetuidad estar con el tipo más aburrido.  

Pero veinte minutos pueden ser ambas cosas al mismo tiempo: pueden valer una inmensidad y transucrrir fugaces. El pasado domingo se abrió el muro que divide a la ciudad de San Diego de la coudad de Tijuana por veinte minutos. La gente fue tomando turnos de seis a siete minutos para encontrarse con familiares de los que han estado separados por años. ¿Qué alcanzas a decir en seis o en tres minutos? Se podrá sentir algo o se adormece el cuerpo. Se agolpan las palabras, se hace moño la lengua o con decir te quiero, te extraño basta. 

Los agentes vigilaban a las personas que estaban a cada lado de la línea fronteriza mientras los brazos se extendían y la gente se abrazaba. Cuidaban que los pies no se pasaran de la raya, no fuera a ser que lo mexicano entrara a lo estadounidense ¿o viceversa? Seis familias sin papeles en Estados Unidos fueron autorizadas para reunirse brevemente con sus familiares. ¿Será largo o corto un abrazo de tres minutos? La gente tuvo que interpretar todo lo que años de separación contienen. 

En tres minutos alcanzas a preguntar ¿cómo estas? Pero no te da tiempo de responder. Madres e hijos, familias acompañadas por autoridades y reporteros que no pararon de tomar fotos. Un espacio limitado, obturadores, lentes oscuros, manfas cortas, emociones y el tic tac que sólo permite unas cuantas palabras. 

 

TED y el Papa Francisco

Una vez más, el Papa Francisco da una lección de proximidad. Toma el micrófono en un entorno en el que no estamos acostumbrados a ver a un Pontífice, pero a este jerarca de la Iglesia Católica le gusta innovar. Aceptó la invitación de TED, una organización sin fines de lucro cuya misión es dar a conocer ideas que valen la pena, para dar una plática. Como él lo sabe hacer, como si  estuviera dando un sermón a los feligreses de su parroquia en un tono amoroso y muy consciente del impacto de sus palabras, el Papa se dirige a la cámara sentado en un escritorio sencillo, hasta pequeño y habla.

Las palabras fueron elegidas con el cuidado que un relojero tiene al arreglar una joya de precisión, son sencillas pero bien estructuradas, tienen la intención de calar hondo, son como la punta de una fecha que se abre paso en el barullo mundial y llegan a su destino. Eligió el título El futuro eres tú para su conferencia y basado en la parábola del Buen Samaritano abordó tres ejes temáticos: la interconexión y la esperanza, la humildad y la ternuna. La charla está dirigida a jóvenes pero tiene una intención de amplio espectro y es recomendable incluso a quienes no abrazan la fe católica. 

En su conferencia, que más bien parece una plática de un hombre sabio que domina el,tema que está abordando, Francisco dijo que la innovación científica y tecnológica están  bien, pero no cuando nos ciega ante el sufrimiento de las personas que se sientan junto a nosotros en el metro. “Qué maravilloso sería, mientras descubrimos planetas lejanos, volver a descubrir las necesidades de los hermanos y hermanas que orbitan alrededor de nosotros”, dijo. ¿Quién es el prójimo?, nos plantea. “Los caminos de la gente están plagados de sufrimiento, ya que todo se centra en el dinero, y en las cosas, en lugar de las personas”. Todo lo que se necesita es una persona que se detenga y ayude, para cambiar la vida de las personas que nos rodean. “Una sola persona es suficiente para que la esperanza exista, y esa persona puedes ser tú”. Concuerdo con el Santo Padre. Si la interconexión me priva de la convivencia, una pantalla me ciega y me impide ver al otro, me provoco soledad. Basta alguien que eleve la mirada y vea al otro. La incitación es fuerte: podemos ser nosotros.

En segundo lugar, el Papa Francisco aborda el tema de la humildad. La humildad comienza cuando tenemos la generosidad de transformar el “tú en nosotros”, cuando somos capaces de dejar el egoísmo a un lado empezamos una revolución que enciende la chispa de ayuda. Entonces, vemos con otros ojos al prójimo. Me maravilla la forma en que el Santo Padre simplifica las teorías económicas y llega a la conclusión que tantos economistas han planteado. El Papa propone centrarnos en lo que tenemos cerca, tender la mano a quien está próximo. La preocupación por los grandes temas tiende a disolverse, se pierde en la inmensidad de  lo que no podemos manejar, en cambio, se vuelve algo concreto cuando nuestros esfuerzos se quedan en nuestro entorno, cuando quien recibe mi ayuda tiene un nombre y un apellido que conocemos.

El último tema que aborda el Papa Francisco es la ternura. Con ese acento en la mirada, con la transparencia que materializa las palabras y nos hace confiar en quien las pronuncia, el Santo Padre nos invita. “La ternura significa usar nuestros ojos para ver a los demás, nuestros oídos para escuchar al otro, para escuchar a los niños, a los pobres, a los que tienen miedo del futuro”. Usa palabras que llegan al meollo del asunto de la actualidad, tenemos miedo y nos sentimos solos. Y, profundiza:  “Para escuchar también el grito silencioso de nuestro planeta, de nuestra Tierra enferma y contaminada. La ternura significa usar nuestras manos y nuestro corazón para confortar al otro, para cuidar de los necesitados”. Hace una precisión magnífica: “La ternura no es para los débiles,  hay que tener fuerza espiritual y emocional para identificarse y actuar en nombre de los más necesitados. Por favor, permítanme decirlo alto y claro: cuanto más poderoso eres, más impacto tendrán tus acciones en la gente, más responsable eres para actuar humildemente .Si no lo haces, tu poder te arruinará, y arruinará al otro”.

Me hubiera gustado que el Papa Francisco hubiera elegido hablar en español en esta charla de TED, ya que es el idioma en el que la mayoría de sus feligreses habla, o en inglés que es el nuevo esperanto y en el que una buena porción de los que no están afiliados a la Iglesia Católica se comunican y que usan los científicos, académicos e innovadores. Pero, eligió hablar en italiano, lo cual me hace sospechar que la audiencia a la que se dirige es universal, sí no hay duda, pero que tiene un sello espacífico, le habla a quienes, como él, habitan en el Vaticano. 

El que tenga oidos…

https://www.youtube.com/watch?v=vEZpf6wkFQc

Amanece un Jueves Santo

Vivir la Semana Santa en San Miguel de Allende es una experiencia sensorial de amplio espectro. El fervor te toca a cada paso y te sale al encuentro a todo momento. La potencia de la fe y la fuerza de las tradiciones forman una trenza de tres hilos en las que quienes observan, independientemente de sus creencias, se sienten parte sin posibilidad alguna de evadirse. Hay algo en el ambiente que te hace ser patícipe.

Tal vez sean  los olores específicos de las flores y guisos de la temporada, las plantas y los adornos o un cierto silencio que subyace en medio del gentío que viene a visitar.  En los puestos, las chucherías tienen que ver con el misterio de la Pasión de Cristo. Escapularios, imágenes de la Virgen de los Dolores, de la Virgen de la Soledad, Del Expolio de Cristo, se mezclan con la picardía mexicana. Hay Judas de cartón, rojos con cuernos enormes y bigotes largos. Chiquitos, grandotes, máscaras de chivos con barbas de paja, viejitos, jóvenes, de todo para quemar la mañana del Viernes Santo.

También, capirotada, torrejas, buñuelos, piloncillo… las bugambilias están en flor y las copas de las jacarandas están pintadas de lila. Los framboyanes esperan su turno para vestirse de rojo, todavía no es su tiempo. Las iglesias suenan sus campanas y en los altares los listones púrpura y los pendones  morados nos dicen que ya estamos por conmemorar la Pasión de Cristo. 

No son sólo las iglesias, en las casas también se unen a la conmemoración. Se confeccionan altares que hacen referencia a la Semana Mayor y se rinde respeto al misterio de la Crucifixión y a la Soledad de María Madre. Por eso, cualquier rincón en cada casa se convierte en espacio de veneración y cualquier ventana se transforma en altar. Digo que no hay forma para no integrarse: si sales a la calle te topas con manifestaciones de la tradición a cada paso que das.

Anteriores Entradas antiguas

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: