¿Leer canciones?

Hay en las redes sociales un asombro que cruza los límites y entra al entorno de la indignación. Maluma, un cantante colombiamo cuyo mejor atributo es el cuerpo y no la voz, se gana la vida frente a un micrófono diciendo vulgaridades y atrocidades. Tiene un éxito mayúsculo. La fórmula es genial, un ritmo pegajoso, una carita agradable y una parafernalia publicitaria que se encarga más de lo visual que de lo auditivo. Un producto del reguetón, música de ritmos latinoamericanos, entre afroantillanos y caribeños que combina notas jamaiquinas con hip hop y letras de tonos sexuales explícitos. 

Maluma no es el único que canta vulgaridades. El regetón tiene letras que objetivizan al ser humano y otras que buscan ser chistosas, que hablan de amor, de corazones rotos, de crímenes. El problema es que los ritmos nos llevan a repetir letras que en otro contexto nos pondrían la carne de gallina. Tampoco es que el regetón tenga esa exclusividad. Recuerdo haber, cantado feliz de la vida, Bohemian Rapsody de Queen, sin caer en la cuenta de lo que en realidad decía. 

La voz de Freddy Mercury y la maravilla de los instrumentos me hacían pasar por alto el hecho de que la letra tratara de un hijo que con frialdad le decía a su madre que acababa de matar a un sujeto, poniendo una pistola y jalando el gatillo. A mi favor diré que no era la única. Todos cantabamos felices de la vida un asesinato y nos moviamos encantados de la vida al oír el exitazo de Queen. Incluso hoy, lo hacemos.

Pero, claro, el poder de las letras hechas palabras nos tira la venda auditiva y nos da un estado de conciendia que le quita la diversión a la barbaridad. Maluma no es Freddy Mercury ni de cerca, no tiene la voz ni la educación musical, y por suerte para el colombiano, tampoco el físico del solista de Queen. Tampoco tiene su éxito, pero no le va nada mal. Lo curioso es que las aberraciones que canta, fascinan a muchachitas que repiten las letras de sus canciones con un gusto que nos asombra. ¿En serio te gustaría que te trataran así? Claro que no. Ni siquiera se han dado cuenta de lo que cantan. Pero, igual pasa con letras de Marc Anthony y de otros reguetoneros. Lo hicieron igual Ozzy Osborne, Los Beatles, La Arrolladora Banda Limón, Los Bukis y tantos otros. La gente repite sin dar significado. No todos pueden cantar que están presos entre las redes de un poema y se concentranen un  amor de cuarenta y veinte. 

La música aletarga, amanza leones. Cantamos por el gusto de repetir un ritmo y no reparamos en lo que decimos. Así, se repiten panegíricos al narco, a los asesinatos, al adulterio, a los golpes, a la guerra, al desamor, a la canallada, a los rincones oscuros del alma. Leer canciones tiene un efecto poderoso, de repente entendemos que las palabras significan algo. Y, entonces, o se potencia el gusto o nos amarra la lengua. Pero, a decir verdad, volvemos a cantar. 

Maluma es un efecto, es un producto de nuestro tiempo. Muchos de estos golpes efectistas se diluirán con el tiempo y quedarán en el olvido. Insisto, no es Freddy Mercury aunque él nos haya puesto a cantar sobre un asesinato.

El francés que se quiere parecer a todos los franceses

Con la promesa de inclusión como bandera, Emmanuel Macron entró al Eliseo para ser el presidente más joven de la V Republica francesa. En el discurso de transmisión de poderes, se dirigió a la gente para decir “los franceses han elegido la esperanza y el espíritu de conquista. El mundo y Europa necesitan hoy más que nunca de una Francia fuerte y segura de su destino, de una Francia que lleve en alto la voz de la solidaridad, que sepa inventar el futuro”, 

Con aire fresco y palabras de unión, en una ceremonia sencilla en la que Hollande le pasó la estafeta a su delfín, Macron insiste en la integración como fuente se soluciones, deja atrás las palabras odiosas de su adversaria y se olvida de causar miedo al diferente. Es más, se vale de la diversidad para sustentar su plan. Habló a los que se sienten olvidados y se comprometió con aquellos que no votaron por él.

Claro, los discursos inaugurales son muy optimistas siempre. Prometer no empobrece. Pero, el presidente frances está dando pasos que generan confianza.  Empieza a dar muestras de modernidad. En los detalles están los signos. Los invitados al banquete de festejos, recibieron como regalo una camara digital 360 grados. Tal vez, sea una pista de la forma en la que ve al mundo. Un gobireno tiene sus signos: Macron, un hombre que ha meditado sobre el país que dirigirá y la función que ocupará, sostiene que la democracia francesa está marcada por un vacío en su centro, una figura ausente: el rey. “Hemos intentado colmar este vacío, colocar otras figuras: son los momentos napoleónicos y gaullistas, especialmente”, dijo en una entrevista con la publicación Le 1, recogida en el libro Macron por Macron, veremos como se ven las cosas desde el despacho presidencial. El nuevo presidente cree que al normalizar el cargo —una normalización que con Hollande llegó a su paroxismo— se ha ahondado el vacío. “Lo que se espera de un presidente de la República es que ocupe esta función”. Y él empezará a hacerlo de inmediato. El lunes tendrá que formar gobierno, conformar su gabinete.

Su primer viaje de Estado será a Berlín, busca fortalecer la unión de Europa. El mundo mira a los dirigentes europeos y espera aue sean personas mesuradas y atinadas. Los estadounidenses deben sentirse algo envidiosos, Francia tiene un hombre joven, gentil, de visión amplia, con un vocabulario claro con palabras que dan certeza e ideas que alimentan esperanza. Este hombre, que mas que dividir quiere unir, que mas que marcar las desigualdades, quiere parecerse a todos los franceses. ¡Buena suerte! La idea es buena.

El don de la maternidad

Desde que Eva dio a luz a Caín, el don de la maternidad se relaciona con la gracia de Dios. En el día de las madres tendemos a hacer panegíricos melosísimos sobre las virtudes y sacrificios de mamá, o bien, nos vamos al otro extremo y entonces se exalta la condición seráfica y casi perfecta de la relación de una madre con sus hijos. Sin embargo, el Génesis es claro, el primer hijo, el primogénito de Adán y Eva no fue el buen Abel, el nene maravilla, sino el que tomó la quijada de burro entre sus manos. Me parece que al buen lector, pocas palabras. Ojalá nos detuvieramos más en la advertencia que esto implica. Sin tragedias lacrimosas ni exaltaciones elevadísimas, ser madre es un reto.

Para mi mamá lo fue. Recordar los días de infancia es pensar en una mujer presente, dedicada que nos condujo con mano firme y con un acervo de inteligencia extrema. La paciencia que tuvo mientras estuve en la adolescencia, la llevó al acto heroico de no lanzarme al excusado y jalarle a la palanca. Mi mamá es como un buque poderoso que avanza en aguas turbulentas y no pierde estabilidad. Siempre supo mantener la gracia y la calma en la tragedia, en la enfermedad, en lo prospero y en lo adverso. Supo tejer con elegancia un ejemplo de seguridad en sí misma exenta de arrogancia. De la primera persona que aprendí a aceptar al otro, al diferente fue de ella que lo hizo siempre de la única forma válida: dando el ejemplo. En ella, el milagro de la multiplicación de los panes se verificaba todos los días. Mi madre es bendición y fuente de inteligencia máxima que ejerció sin presunciones. Así vive la gente brillante.

El reto para mí en torno a la maternidad ha sido un camino llego de sorpresas. De buenas sorpresas. De bendiciones. “Yo no sé cómo apareciste en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada una. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os da el espíritu y la vida con misericordia. ” (2 M 7,22-23). La maternidad es uno de los mejores regalos que me han llegado del cielo, creer que yo fui la autora de la vida es una arrogancia que no me puedo permitir. ¿Por qué Dios me bendijo con un par de hijas extraordinarias? Es la pregunta cuya respuesta me tendrá siempre llena de agradecimiento.

El camino que recorremos las madres es, como dice mi mamá, más fácil al principio. Ofrecer el pecho a media madrugada y cambiar pañales es lo sencillo. La vida se complica conforme avanzamos y los acertijos son menos fáciles de resolver si tratamos de hacerlo a base de inteligencia. No hay nadie que lo logre a base de mente clara, de análisis, de pronósticos y matemáticas. Para ser mamá hay que usar el corazón, lo demas ayuda pero no resuelve. Un día Dios acogió la oración que Carlos y yo elevamos al cielo y nos bendijo. El Señor se acordó de nosotros  y concebimos un par de bebecitas que siempre he visto hermosas. Soy madre.  «Estas niñas pedía yo y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se las cedo al Señor por todos los días de su vida» (1Sam 1,2) Espero que siempre nos alcance el corazón para conducirlas a buen puerto.

Mis hijas, como mi mamá, dan pasos firmes sin estridencias. 

Diafruto el don de la maternidad, con todo lo que viene con ella. Con las risas y carcajadas y con los llantos y rechinar de dientes. Debo decir que me ha tocado tartamudear, temblar, dudar, regar bilis y equivocarme. Pero, ni mil palabras que escriba o hayan sido escritas pueden expresar con fidelidad el amor de hija y de madre que tengo en el corazón. Más allá de todo, en el umbral que cruzamos todos los días, está el cariño del abrazo, la ternura de un beso y el amor que de Dios vino y a él irá.

Veinte minutos 

¿Para qué te alcanzan veinte minutos? Si Gardel dice que veinte años no es nada, imaginen cuando se convierten en minutos. Pero, no debemos olvidar que el tiempo es elástico, una llamada de veinte minutos puede ser eterna si es un jefe regañando a un subordinado o efímera si es entre un par de enamorados. Una cirugia de veinte minutos es vertigionosa para el medico mientras es una eternidad para el familiar que espera. Veinte minutos significan un suspiro para el suertudo que salió con la guapa cuando para ella puede ser una perpetuidad estar con el tipo más aburrido.  

Pero veinte minutos pueden ser ambas cosas al mismo tiempo: pueden valer una inmensidad y transucrrir fugaces. El pasado domingo se abrió el muro que divide a la ciudad de San Diego de la coudad de Tijuana por veinte minutos. La gente fue tomando turnos de seis a siete minutos para encontrarse con familiares de los que han estado separados por años. ¿Qué alcanzas a decir en seis o en tres minutos? Se podrá sentir algo o se adormece el cuerpo. Se agolpan las palabras, se hace moño la lengua o con decir te quiero, te extraño basta. 

Los agentes vigilaban a las personas que estaban a cada lado de la línea fronteriza mientras los brazos se extendían y la gente se abrazaba. Cuidaban que los pies no se pasaran de la raya, no fuera a ser que lo mexicano entrara a lo estadounidense ¿o viceversa? Seis familias sin papeles en Estados Unidos fueron autorizadas para reunirse brevemente con sus familiares. ¿Será largo o corto un abrazo de tres minutos? La gente tuvo que interpretar todo lo que años de separación contienen. 

En tres minutos alcanzas a preguntar ¿cómo estas? Pero no te da tiempo de responder. Madres e hijos, familias acompañadas por autoridades y reporteros que no pararon de tomar fotos. Un espacio limitado, obturadores, lentes oscuros, manfas cortas, emociones y el tic tac que sólo permite unas cuantas palabras. 

 

TED y el Papa Francisco

Una vez más, el Papa Francisco da una lección de proximidad. Toma el micrófono en un entorno en el que no estamos acostumbrados a ver a un Pontífice, pero a este jerarca de la Iglesia Católica le gusta innovar. Aceptó la invitación de TED, una organización sin fines de lucro cuya misión es dar a conocer ideas que valen la pena, para dar una plática. Como él lo sabe hacer, como si  estuviera dando un sermón a los feligreses de su parroquia en un tono amoroso y muy consciente del impacto de sus palabras, el Papa se dirige a la cámara sentado en un escritorio sencillo, hasta pequeño y habla.

Las palabras fueron elegidas con el cuidado que un relojero tiene al arreglar una joya de precisión, son sencillas pero bien estructuradas, tienen la intención de calar hondo, son como la punta de una fecha que se abre paso en el barullo mundial y llegan a su destino. Eligió el título El futuro eres tú para su conferencia y basado en la parábola del Buen Samaritano abordó tres ejes temáticos: la interconexión y la esperanza, la humildad y la ternuna. La charla está dirigida a jóvenes pero tiene una intención de amplio espectro y es recomendable incluso a quienes no abrazan la fe católica. 

En su conferencia, que más bien parece una plática de un hombre sabio que domina el,tema que está abordando, Francisco dijo que la innovación científica y tecnológica están  bien, pero no cuando nos ciega ante el sufrimiento de las personas que se sientan junto a nosotros en el metro. “Qué maravilloso sería, mientras descubrimos planetas lejanos, volver a descubrir las necesidades de los hermanos y hermanas que orbitan alrededor de nosotros”, dijo. ¿Quién es el prójimo?, nos plantea. “Los caminos de la gente están plagados de sufrimiento, ya que todo se centra en el dinero, y en las cosas, en lugar de las personas”. Todo lo que se necesita es una persona que se detenga y ayude, para cambiar la vida de las personas que nos rodean. “Una sola persona es suficiente para que la esperanza exista, y esa persona puedes ser tú”. Concuerdo con el Santo Padre. Si la interconexión me priva de la convivencia, una pantalla me ciega y me impide ver al otro, me provoco soledad. Basta alguien que eleve la mirada y vea al otro. La incitación es fuerte: podemos ser nosotros.

En segundo lugar, el Papa Francisco aborda el tema de la humildad. La humildad comienza cuando tenemos la generosidad de transformar el “tú en nosotros”, cuando somos capaces de dejar el egoísmo a un lado empezamos una revolución que enciende la chispa de ayuda. Entonces, vemos con otros ojos al prójimo. Me maravilla la forma en que el Santo Padre simplifica las teorías económicas y llega a la conclusión que tantos economistas han planteado. El Papa propone centrarnos en lo que tenemos cerca, tender la mano a quien está próximo. La preocupación por los grandes temas tiende a disolverse, se pierde en la inmensidad de  lo que no podemos manejar, en cambio, se vuelve algo concreto cuando nuestros esfuerzos se quedan en nuestro entorno, cuando quien recibe mi ayuda tiene un nombre y un apellido que conocemos.

El último tema que aborda el Papa Francisco es la ternura. Con ese acento en la mirada, con la transparencia que materializa las palabras y nos hace confiar en quien las pronuncia, el Santo Padre nos invita. “La ternura significa usar nuestros ojos para ver a los demás, nuestros oídos para escuchar al otro, para escuchar a los niños, a los pobres, a los que tienen miedo del futuro”. Usa palabras que llegan al meollo del asunto de la actualidad, tenemos miedo y nos sentimos solos. Y, profundiza:  “Para escuchar también el grito silencioso de nuestro planeta, de nuestra Tierra enferma y contaminada. La ternura significa usar nuestras manos y nuestro corazón para confortar al otro, para cuidar de los necesitados”. Hace una precisión magnífica: “La ternura no es para los débiles,  hay que tener fuerza espiritual y emocional para identificarse y actuar en nombre de los más necesitados. Por favor, permítanme decirlo alto y claro: cuanto más poderoso eres, más impacto tendrán tus acciones en la gente, más responsable eres para actuar humildemente .Si no lo haces, tu poder te arruinará, y arruinará al otro”.

Me hubiera gustado que el Papa Francisco hubiera elegido hablar en español en esta charla de TED, ya que es el idioma en el que la mayoría de sus feligreses habla, o en inglés que es el nuevo esperanto y en el que una buena porción de los que no están afiliados a la Iglesia Católica se comunican y que usan los científicos, académicos e innovadores. Pero, eligió hablar en italiano, lo cual me hace sospechar que la audiencia a la que se dirige es universal, sí no hay duda, pero que tiene un sello espacífico, le habla a quienes, como él, habitan en el Vaticano. 

El que tenga oidos…

https://www.youtube.com/watch?v=vEZpf6wkFQc

Amanece un Jueves Santo

Vivir la Semana Santa en San Miguel de Allende es una experiencia sensorial de amplio espectro. El fervor te toca a cada paso y te sale al encuentro a todo momento. La potencia de la fe y la fuerza de las tradiciones forman una trenza de tres hilos en las que quienes observan, independientemente de sus creencias, se sienten parte sin posibilidad alguna de evadirse. Hay algo en el ambiente que te hace ser patícipe.

Tal vez sean  los olores específicos de las flores y guisos de la temporada, las plantas y los adornos o un cierto silencio que subyace en medio del gentío que viene a visitar.  En los puestos, las chucherías tienen que ver con el misterio de la Pasión de Cristo. Escapularios, imágenes de la Virgen de los Dolores, de la Virgen de la Soledad, Del Expolio de Cristo, se mezclan con la picardía mexicana. Hay Judas de cartón, rojos con cuernos enormes y bigotes largos. Chiquitos, grandotes, máscaras de chivos con barbas de paja, viejitos, jóvenes, de todo para quemar la mañana del Viernes Santo.

También, capirotada, torrejas, buñuelos, piloncillo… las bugambilias están en flor y las copas de las jacarandas están pintadas de lila. Los framboyanes esperan su turno para vestirse de rojo, todavía no es su tiempo. Las iglesias suenan sus campanas y en los altares los listones púrpura y los pendones  morados nos dicen que ya estamos por conmemorar la Pasión de Cristo. 

No son sólo las iglesias, en las casas también se unen a la conmemoración. Se confeccionan altares que hacen referencia a la Semana Mayor y se rinde respeto al misterio de la Crucifixión y a la Soledad de María Madre. Por eso, cualquier rincón en cada casa se convierte en espacio de veneración y cualquier ventana se transforma en altar. Digo que no hay forma para no integrarse: si sales a la calle te topas con manifestaciones de la tradición a cada paso que das.

Teléfonos móviles 

Ayer se revelaron cifras interesantes, somos más de ochenta millones de usuarios de telefonía celular en México. Son datos del INEGI. Además, nos enteramos que el uso de smartphones está desplazando a las laptops y las computadoras de escritorio han sufrido un declive importante. Igual está sucediendo con los teléfonos fijos, cada vez se usan menos, si quieres localizar a alguien, pocos recurren a un número telefónico de casa u oficina. ¿Para qué usamos el teléfono móvil? La respuesta me me brota a flor de piel es: para comunicarnos y, si lo pienso bien, ya no estoy tan segura. Si ponemos atención, nos daremos cuenta de que eso de comunicarnos está tomando otros rumbos.

Lo cierto es que el teléfono móvil no se usa para hablar o cada vez se utiliza menos la capcidad que tiene de transmitir voz. Generalmente, se usa para mandar mensajes de texto, pero vía WhatsApp. Se ha creado todo un código de uso alrededor de esta aplicación y sus palomitas, si aparece una y es de tono claro es que el mensaje no se ha enviado, si aparecen dos y son clarases que   ya se mandó pero aún no ha sido recibido, si aparecen dos en tono más oscuro es que ya lo vieron y todavía no nos contestan. Eso me remite a los tiempos en que alguien se sentaba junto al aparato telefónico a esperar una llamada que no llegaría, ahora esperamos palomitas que traigan una respuesta — qué curioso—. A veces la respuesta se manifiesta, ya vieron el mensaje y no hay contestación. 

El teléfono inteligente nos ha dado la posibilidad de trabajar a distancia, de traer la ofiicna con nosotros, nos ha transformado en seres con la capacidad de convertir cualquier espacio en un entorno laboral. Así, vemos que los lugares que tengan una conexión a Internet, más o menos estable, se vuelven salas de juntas, lugares para enviar y recibir datos, sitios para hacer entrevistas, reuniones virtuales, aulas remotas y los lugares han cambiado su naturaleza. En un café a las diez de la mañana puedes ver a mujeres chismeando sobre la última serie de Netflix, a amantes que se encontraron gracias a una aplicación y que se citan para ir a otro lado, ejecutivos decidiendo asuntos importantes, reclutadores que valoran candidatos, lectores que recorren renglones electrónicos.  Son pocos los que se sientan a tomar un café y platican sin tener un aparato interrumiendo cada cinco minutos el hilo de la conversación.

Los teléfonos móviles nos han dado la posibilidad de estar en muchos lados al mismo tiempo, nos han posibilitado formas nuevas de desempeño muy virtuosos. No hay necedidad de pasar horas y horas en un auto para llega a hacer tu labor. Puedes trabajar en pijama, despeinado, sin bañar, echado en cama. Eso, a veces es una ventaja y otras no. El equilibro es complicado. Quedarte encerrado en casa es la tentación seductora que nos dan estos aparatos. El mundo está al alcance de nuestros dedos y ahora, ya no hay porqué salir a comprar nada, todo te lo pueden llevar; no hay que traspasar el umbral de casa, ahí puedes trabajar, ser productivo y ganar mucho dinero. 

Incluso, puedes conectarte con los otros por medio de la pantalla. Dije conectarte, no comunicarte. La libertad de la ubicuidad que nos da el teléfono tan inteligente se nos puede transformar en esclavitud. Hay escenas que se repiten y se repiten. Personas abriendo la boca y sacando la lengua frente al Snapchat, mientras alguien se cae frente a ellos. Pobre del caído si necesita ayuda para levantarse. El hambre que se ha generado por aceptación de los que están lejos y el desprecio por lo cercano es alarmante. Sentimos empatía por un enfermo de cáncer que subió un video que se hizo viral y al que no conocemos, pero somos incapaces de tender la mano al que se cayó frente a nosotros.

Las formas de comunicarse nos rebasan. Llegan mensajes a toda hora y en todo lugar. Si un texto llega a las tres de la mañana, hay que responder de inmediato. La intimidad se vulnera, he visto chicos que interrumpen un beso para responder a alguien que les mandó una foto. He visto parejas que se toman una selfie dándose un beso en vez de disfrutar con los ojos cerrados. Ya ni hablamos del infinito número de conversaciones que no pueden seguir un hilo por estar pendientes de una pantalla. ¿Cuántas confidencias se han quedado sin compartir, cuántas congojas se quedaron sin consuelo, cuántos miedos se han exacerbado, cuánta soledad de ha generado? 

El uso de la tecnología es maravillosa si no toleramos el abuso. La exigencia de la inmediatez es un fastidio. Por eso, de una buena vez digo, si estoy dando un abrazo, recibiendo un beso, si estoy acariciando a alguien, si estoy nadando o jugando tennis, si estoy dando clase, si estoy en la cama, si estoy platicando, llorando o muriéndome de risa, no crean que les voy a contestar de inmediato. No me perderé un amanecer por estar atada a una pantalla, ni me voy a dejar atropellar por ir pendiente del teléfono, no voy a cambiar el sonido del ambiente por el de unos audífonos ni voy a dejar de darle la mano a alguien por traerla ocupada con un aparato. No lo voy a hacer. 

Usaré mi teléfono inteligente para comunicarme, no para enagenarme. 

Rompiendo muros de cristal

He tenido la fortuna de estar rodeada de mujeres valerosas que me han dado ejemplo de fortaleza y tezón. Desde mi abuela materna, una mujer de otros tiempos: bellísima y súper consentida que pasó la prueba de una viudez a los veintidós años y que tuvo que enfrentar al mundo sola para sacar adelante a sus hijas de un año y medio y un mes de nacida; hasta mi suegra una mujer modernísima que ha hecho de la ciencia la herramienta para trabajar con ahínco y entrega todos los días de su vida; o mi tía Tolla una empresaria que administró con éxito su fábrica y a los sesenta años se tuvo que reinventar para cuidar la herencia que le dejó su padre y aprendió a manejar un tractor y a mover un rancho. Y, en medio tantas otras que a fuerza de perseverancia, han hecho vida y ejemplo para demostrar que ser mujer es es una condición gozosa que no es limitante.  

Pero, ser mujer nos pone sobre la espalda una carga adicional. No es queja, es la realidad. No es opinión, son hechos que se respaldan con datos duros. Según la revista The economist, hay lugares en los que esa carga es tan ligera como una loza de cantera y en otras es tan pesado como una pluma. Pero la carga existe. El muro de cristal es esa barrera invisible pero gruesa y real, se interpone entre una mujer y un hombre, privilegiando al género masculino y poniendo en desventaja a las mujeres por el hecho de haber nacido en el sexo femenino. Un hombre gana más que una mujer aunque desempeñe el mismo trabajo. No es feminismo agresivo, es la realidad.  La revista publica el ranking de países en los que el muro de cristal es más fragil o mas denso.

Según el estudio de la OCDE, publicado por The economist, el peor país para ser mujer es Corea del Sur y el mejor es Islandia. El Índice del Muro de Cristal mide la equidad de oportunidades para las personas con independencia del sexo.En Islanda las mujeres tienen una brecha del 14% de diferencia a favor de los hombres. Es decir, incluso en la nación mejor clasificada en este rubro, hay un hueco que beneficia a los hombres. En Corea del Sur sólo el dos por ciento de las mujeres profesionistas tienen una posición directiva en el terreno laboral. Japón tiene una subrepresentación parlamentaria de las mujeres. En Turquía nada más el 16% de las mujeres que tuvieron acceso a la universidad logran titularse. 

Pero, ha habido grandes avances. Según la OCDE, el índice de mujeres que acceden a educación superior, que entran al mercado laboral, que ocupan puestos ejecutivos, que ejercen posiciones de alta dirección, que integran consejos de administración, está creciendo. El índice refleja las medidas de mujeres como fuerza laboral, como representantes parlamentarias, como estudiantes universitarias, como ejecutivas, como las que presentaron el examen GMat y en todas las cifras de diez años a la fecha, han mejorado. Parece que vamos rompiendo barreras de cristal.

Claro, si lo hacemos con el puño cerrado, los vidrios nos van a desgarrar los nudillos, nos van a sangrar las manos y nos van a dejar marcas en los brazos. Me parece que ha habido situaciones en las que no ha quedado alternativa y la equidad se ha tenido que ganar a puros golpes. Cuando no hay de otra, ni modo. Pero, hay mejores herramientas. En mi experiencia, el terreno profesional jamás he vivido discriminación de género, incluso al haber competido en terrenos muy masculinos. La barrera de cristal me la impusieron intereses sucesorios y procedimientos mezquinos. Por suerte, nada que no me permitiera seguir dando pasos en el camino. Lo rídiculo de la barrera de cristal es tener que justificar que mis cromosomas no me hacen ni más digna, ni mejor, pero tampoco peor.  

El mejor ejemplo que tengo de que estamos rompiendo barreras son mis alumnos. He tendio el privilegio de estar en aulas en las que hombres y mujeres transitan con equidad. El mérito de la calificación no tiene sexo, se mide a través del desempeño. Los veo formar equipos colaborativos y cada cual participa según sus habilidades y fortalezas. Ver jóvenes que se tratan con respeto y trabajan en armonía, ver chicas que están sentadas debatiendo con respeto y dignidad, con la teoría en la mano y la inteligencia bien puesta, me hace sonreír. Sin violencia, con la mano abierta, estamos rompiendo las barreras de cristal. 

Dumbphones: un paso atrás o una nueva tendencia

El dicho popular nos aconseja jamás dar un paso atrás, ni para ganar impulso. Por eso, la noticia me hace gracia y a la vez me sorprende. No entiendo, todavía,  si es la marca de una tendencia o una simple ocurrencia. Pero lo que sucedió en Barcelona, con motivo del Mobile World Congress,  habla de como los movimientos pendulares de las preferencias nos pueden dejar con la boca hasta el suelo. Resulta que el modelo de Nokia 3310 se convirtió en el producto más celebrado.

El modelo 3310 es como aquellos aparatos pequeños, que cabían en el bolsillo del pantalón, con una pantalla pequeña, teclas de verdad y sirve para llamar y enviar mensajes de texto. Verlo, me remite al pasado, como si hubiéramos caminado hacia atras diez años. Es tosco y muy rudimentario. Nada de conexiones a internet, correo electrónico, juegos, waze, localizadores, agenda digital… nada de eso. Y, arrasó en Barcelona, ¿por?

Hay algunas razones importantes, la primera es el precio, el 3310 cuesta 49.00 €, mientras un iPhone llega a precios mayores a los 650.00 €. Sin embargo, parece que hay razones de más profundidad que se están valorando. Hay una necesidad creciente a la desconexión. La gente esta harta de recibir mensajes a cada momento y en todo lugar. Es muy cansado estar disponible 24/7. Es muy estresante escuchar la campanita de un recado entrante y no atenderlo de inmediato. La intimidad se rompe, el descanso se perturba, el romance se interrumpe, las conversaciones pierden hilo y al estar tan disponibles, nos fatigamos y perdemos calor humano. 

Los denominados dumbphones son aparatos humildes, pero respetuosos. No se inmiscuyen en la cotidianidad personal. Acatan los tiempos de ocio y placer de sus dueños, no son sonajeros de la inmediatez y dan un espacio de silencio, pues ya casi nadie marca un teléfono para hablar. Estos aparatitos rescatan el uso de la voz como forma de comunicación. Hay quienes precisan de un poco de calma, de dejar esa visibilidad absoluta y de descansar sin interrupciones molestas o de cien mil fotografías de lo que alguien come, de lo que el amigo de alguien más visita o de tu jefe compartiendo una idea para el proyecto un domingo en la mañana.

Es dificil pensar en volver a ese paraíso de silencio y quietud que existía antes de los teléfonos inteligentes, por mas que añoremos los fines de semana tan libres de caminar por las calles, de tomar un café o leer el periódico de papel. Nos hemos vuelto muy dependientes de la conectividad, de la facilidad para trabajar desde cualquier lado, de tener una secretaria adosada a la mano e infirmación en tiempo real. Es complicado imaginar unos dedos lejos de pantallas que nos resuelvan la mitad de las necesidades. Me parece que no sucederá, pero los cambios de tendencias son sorprendentes. 

En fin, alguna vez leí en algún muro, un dicho pintado con letra de muchos colores: mientras mas inteligente es tu teléfono, más tonto te vuelves tú. ¿Cómo hacer para recuperar inteligencia? Ya no recuerdo el número telefónico de nadie, mi aparatito adorado se encarga de eso y de tanto más. No sé, tal vez sea una tendencia que nos sirva para desintoxicarnos de tanto dato o un guiño nostálgico. Hay que tene cuidado con lo que se desea. Sin embargo, al ver los botones del teclado del Nokia 3310, hay un efecto seductor que me hace sonreír.

El Honorable Cuerpo de Bomberos de la Delegación Benito Juárez

A cualquiera se le sube el espíritu y le crece la esperanza cuando, en medio de la angustia, se tiende una mano de ayuda. Al hablar del Honorable Cuerpo de Bomberos hay que lavase la boca. Son gente bendita que se dedica a auxiliar  en forma experimentada y totalmente empática. Son resilentes a carta cabal. Lo digo en primera persona. Ayer, Gis nuestra gatita gris se cayó en un hueco que se forma entre las paredes colindantes de la casa de los vecinos y la nuestra. El espacio era estrecho, tal vez quince centímetros y estaba atorada.

No puedo terminar de explicar lo que se siente al ver aa un ser tan querido en ese nivel de aflicción. La veía en el fondo de un hoyo y no encontraba la forma de ayudarla a salir de ahí. Me miraba con esos ojos verdes de pupilas de raya como diciendo, ¡ayúdame, mira dónde estoy! ¿Qué hago, Dios mío? Y, en más de un sentido, del cielo llegó la respuesta.

Al llamar a la oficina de los Bomberos ( la mayúscula va por el mérito ), me preguntaron de qué se trataba y, como si fuera protagonista de una caricatura, les pedí que vinieran a rescatar a mi gatita Gis. De inmediato enviaron un escuadrón. El tránsito pesado de la Ciudad de México hizo que su llegada se dilatara veinte minutos, lo que es prácticamente nada que a mí me parecieron siglos. 

El capitán del escuadrón y su equipo dedicaron toda la mañana a la Operación Rescate de Gis. La gatita había caído profundo, era imposible tratar de sacarla, así que a mazazos, rompieron la pared de la cocina para hacer un hoyo y rescatar a Gis. Nunca me imaginé que tuviéramos que llegar a esos extremos ni mucho menos que los muros de la casa fueran tan sólidos. Los muchachos de escuadrón le dieron duro a la pared y a base de paciencia, músculo y perseverancia, después de tres horas lograron hacer el hueco para sacarla, asustadísima, pero sana y salva. 

Al despedirme de ellos, les pregunté cuánto les debía y todos me contestaron que con un gracias era suficiente. Hasta me sentí mal por haber hecho la pregunta.  Aceptaron desayunar en casa y después se fueron a seguir remediando males. Los bomberos son hombres buenos y de bien.  Son ese reducto impoluto que no se ha dejado manchar por la suciedad de la corrupción que asalta al mundo. Al despedirlos, no sólo me quedé feliz sino agradecida.

Mi gatita Gis está de regreso en casa sana y salva. Mi esperanza creció varios volúmenes y mi espíritu se elevó al cielo. La fe se iluminó. Sí existen los ángles y cuando los necesitas, se visten con impermeables y cascos, les llamamos bomberos. Ahora, tengo la certeza de que puedo contar con una corporación que me extenderá la mano cuando me encuentre en una situación de angustia.

Es de bien nacidos ser agradecidos: Gracias totales.

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