¿Leer canciones?

Hay en las redes sociales un asombro que cruza los límites y entra al entorno de la indignación. Maluma, un cantante colombiamo cuyo mejor atributo es el cuerpo y no la voz, se gana la vida frente a un micrófono diciendo vulgaridades y atrocidades. Tiene un éxito mayúsculo. La fórmula es genial, un ritmo pegajoso, una carita agradable y una parafernalia publicitaria que se encarga más de lo visual que de lo auditivo. Un producto del reguetón, música de ritmos latinoamericanos, entre afroantillanos y caribeños que combina notas jamaiquinas con hip hop y letras de tonos sexuales explícitos. 

Maluma no es el único que canta vulgaridades. El regetón tiene letras que objetivizan al ser humano y otras que buscan ser chistosas, que hablan de amor, de corazones rotos, de crímenes. El problema es que los ritmos nos llevan a repetir letras que en otro contexto nos pondrían la carne de gallina. Tampoco es que el regetón tenga esa exclusividad. Recuerdo haber, cantado feliz de la vida, Bohemian Rapsody de Queen, sin caer en la cuenta de lo que en realidad decía. 

La voz de Freddy Mercury y la maravilla de los instrumentos me hacían pasar por alto el hecho de que la letra tratara de un hijo que con frialdad le decía a su madre que acababa de matar a un sujeto, poniendo una pistola y jalando el gatillo. A mi favor diré que no era la única. Todos cantabamos felices de la vida un asesinato y nos moviamos encantados de la vida al oír el exitazo de Queen. Incluso hoy, lo hacemos.

Pero, claro, el poder de las letras hechas palabras nos tira la venda auditiva y nos da un estado de conciendia que le quita la diversión a la barbaridad. Maluma no es Freddy Mercury ni de cerca, no tiene la voz ni la educación musical, y por suerte para el colombiano, tampoco el físico del solista de Queen. Tampoco tiene su éxito, pero no le va nada mal. Lo curioso es que las aberraciones que canta, fascinan a muchachitas que repiten las letras de sus canciones con un gusto que nos asombra. ¿En serio te gustaría que te trataran así? Claro que no. Ni siquiera se han dado cuenta de lo que cantan. Pero, igual pasa con letras de Marc Anthony y de otros reguetoneros. Lo hicieron igual Ozzy Osborne, Los Beatles, La Arrolladora Banda Limón, Los Bukis y tantos otros. La gente repite sin dar significado. No todos pueden cantar que están presos entre las redes de un poema y se concentranen un  amor de cuarenta y veinte. 

La música aletarga, amanza leones. Cantamos por el gusto de repetir un ritmo y no reparamos en lo que decimos. Así, se repiten panegíricos al narco, a los asesinatos, al adulterio, a los golpes, a la guerra, al desamor, a la canallada, a los rincones oscuros del alma. Leer canciones tiene un efecto poderoso, de repente entendemos que las palabras significan algo. Y, entonces, o se potencia el gusto o nos amarra la lengua. Pero, a decir verdad, volvemos a cantar. 

Maluma es un efecto, es un producto de nuestro tiempo. Muchos de estos golpes efectistas se diluirán con el tiempo y quedarán en el olvido. Insisto, no es Freddy Mercury aunque él nos haya puesto a cantar sobre un asesinato.

Una mañana de domingo con Ceci

La casa amanece en calma. Hijas y marido están fuera. La casa está en calma, habitada por los ruidos del cucú, del péndulo del reloj de pie, del ronroneo del avión que nos pasa por encima y de uno que otro pajarito que dice buenos días con sus trinos. El calor de la noche fue sofocante, pero el rocío  de la mañana hace agradable salir a recoger el periódico que está en el pasto del jardín.

Acompaño el café oscuro con pan rústico, jamón y queso. También jugo de naranja y noticias escritas en papel periódico. El rayo de sol que se atreve a entrar a la sala, cae justo en el sillón en el que me gusta sentarme a leer. Me brinco las noticias de la primera plana, las de los estados, las internacionales. Titubeó y me brinco también las columnas de opinión y me voy directo a la sección de cultura. Me concentro en las sugerencias de nuevos libros, las novedades que vendrán en el verano para leer sin reloj. 

Caigo en la tentación y en un impulso pido tres libros. Justo cuando termino de dar el click recuerdo la de libros que tengo pendientes de leer. Me emociona pensar en que ahora tendré tiempo para leer y más leer, como le gustaba a Sor Juana. Tendré tiempo porque estamos acabando el semestre y vendrá la temporada de vacaciones. Será la recompensa de la misión cumplida.

Más de trescientos estudiantes pasaron por mis aulas este primer semestre del año. Cuando lo pienso siento un choque eléctrico de sorpresa. Más de seiscientos oidos y ojos fueron convocados a mi entorno y han concluido su periodo de clases. Muchos, conmigo, terminan su vida estudiantil. Seré su última maestra antes de convetirse en licenciados o en maestros de algo. Para muchos fui su acompañante desde segundo semestre y vi la transformación que sufrieron. Cambiaron sus caritas de muchachos asustados ante el reto universitario y ahora les veo como jóvenes que se preparan a entrar a paso firme a la vida profesional.

Ya acabé Ceci, dicen al referirse a la materia de Emprendimiento, de Planeación Financiera, de Modelos de Negocios, de Análisis de Casos, de Alta Dirección. Mis alumnos transforman estas materias en mi nombre y eso me hace sentir enorme. Feliz. Acabar Ceci es un logro que ambas partes celebramos. Los abrazos de agradecimiento son de ida y vuelta. Los alumnos se transforman en colegas y eventualmente, en amigos. 

Empezará Ceci el siguiente semestre. Para muchos, no hay otra alternativa. Pero, para la mayoría, empezar Ceci es una elección. Ver que mis grupos se llenan y que algunos no alcanzaron lugar me da una satisfacción impúdica. Ni modo, así es. Pero eso será el Agosto. Ahora. Tocará leer sin reloj. Escribir hasta acabar la novela que se resiste a abandonar mi dedicación. Hacer ejercicio. Tener cuidado de no quedarme encerrada en el torreón. Salir a caminar. Y, aunque no me guste, arreglar el tilichero que he ido acumulando a lo largo de semestre. Tendré que tirar basura.

Pero, hoy es la mañana de domingo que me gusta. Es la que está entre el fin de semestre y las entregas  y los examenes finales. Es la que antecede a las actas de calificaciones, a los exámenes profesionales, es la que me permite sonreir porque ya hice mi parte. 

Doy un trago largo al café, me sirvo un vaso de jugo de naranja, muerdo el pan rústico y disfruto las maravillas de estar a punto de entrar de vacaciones.  Me distraigo viendo como Chai se entretiene mirando a la ventana. Me arrebujo en el sillón y doy gracias a Dios, hay mañanas que son muy doradas.

Para Dany

Supongo que, como todas las madres, me gustaría echar las manecillas del reloj para atrás. Supongo que me encantaría volver a aquel momento en que le pedí a Dios que me volviera a bendecir con el regalo de la maternidad. Nunca hubo una petición que yo hiciera con tanta consciencia de lo que quería. Estaba tan segura de querer ser mamá de nuevo que el Padre en el cielo me bendijo y tu corazón empezó a latir al ritmo del mío. Supongo que quisiera volver a vivir la alegría que sentí cuando me confirmaron que estaba embarazada otra vez y la emoción de saber que venías en camino. El vértigo de tu llegada, el susto de que tu fecha de nacimiento se adelantara un mes, la maravilla de que llegaras a este mundo sana, fuerte y hermosa serían el anticipo de una vida llena de retos y desafíos.

Supongo que me gustaría volver a verte con el uniforme del kinder Hill’s, o escucharte cantar en la estimulación, o decir que eras  mu mediana con esa vocecita tan grave y determinada. Supongo que sonreiría si te viera llegar con una estrellita en la frente o si me dieras un dibujo hecho con crayolas o si te viera tomar lechitas de chocolate de Hershey’s o si te escuchara cantar qué fácil número. Estoy segura que el corazón se me derretiría si pudiera volver a meterte en el hueco de mis brazos y acunarte y volver a arrullarte como lo hice tantas noches.

Digo que supongo que me gustaría experimentar toda esa sorpresa, todo ese gusto, toda esa emoción de verte crecer y me detengo en seco. Todo eso ha sido tan bello que volverlo a vivir le podría quitar lo perfecto que ya de por sí ha sido. La ruta no ha sido sencilla, ha sido gloriosa. No pude haber recibido un mejor privilegio. Llevarte de la mano es el honor que me llegó de lo alto. Cuando estaba esperando a que llegaras, jamás me imaginé que tendría una nena tan linda que se transformaría en una persona tan independiente, intrépida y resuelta. 

Elevo los ojos al cielo, que siempre me escucha, para pedir todas las bendiciones, para que Dios te acompañe en los momentos de alegría y te sostenga en los de duda máxima, que el gran consolador te cubra con su luz y cuentes con su favor. Que Dios te regale fe para que creas que de su mano todo es posible, esperanza para seguir avanzando con determinación y fuerza y una mirada amorosa para enfrentar al mundo. Le pido que te rodee de ángles que te cuiden y que la muchedumbre de los santos te aconsejen y que la Virgen María te proteja siempre. 

Le pido al Dios tan bueno que en tu camino siempre brille el sol, que si se nubla, sea para refrescarte; que si llueve, sea para fertilizar tus campos; que si baja la temperatura y empieza a nevar, sea para que hagas los monos más hermosos, que si hace viento sea para que puedas elevar tus sueños como papalotes. 

Verte hijita, así sonriendo, es lo que le pedí a Dios y, mira nada más lo que me concedió. Para ti, Dany, mi niña, pido que tengas lo mejor del mundo para que puedas construir, triunfar, vivir y verte feliz.

¡Muchas felicidades, mi vida! ¡Feliz cumpleaños!

A favor de la diversidad

Nos parece increíble, pero hubo un tiempo en que la homosexualidad era catalogada como una enfermedad mental. En esa condición, ser homosexual significaba estar enfermo y las enfermedades se deben curar. Es decir, si alguien se sentía atraído por una persona del mismo sexo, tenía una alteración de la salud que afectaba el funcionamiento de su persona y de la colectividad. El enfermo que padece un mal, puede contagiar a otros que estén sanos e infectar con su mal a personas que no lo padezcan, es preciso curarlo. Pero, ser gay no es lo mismo que tener gripa. No se cura con pastillas ni con inyecciones ni con choques eléctricos. No se cura, como no se cura ser mujer o ser hombre. Es una condición del ser. 

Por suerte, el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud borró del catálogo de enfermedades mentales la homosexualidad. Ser lesbiana, un hombre que le gustan los hombres no es estar malito ni significa ser prerverso, promiscuo, malvado, pervertido, ni nada oscuro. Al descatalogar la homosexualidad como una enfermedad se busca eliminar razones para discriminar, para rechazar, para temer.

La homofobia, según su significado etimológico, es el miedo a quienes prefieren a los que son iguales, es decir, a los que son del mismo género. Entonces, asusta que alguien se sienta atraído por otro del mismo sexo. Genera miedo la intimidad de una pareja. Las sensaciones de alerta se  disparan cuando veo a dos mujeres darse un beso y se siente angustia cuando dos hombres se toman de la mano. Se siente  peligro cuando veo que dos personas actúan en forma diferente a lo que yo creo que debe ser, o peor aún, a lo que yo quiero que sea. Se activa el absurdo.

El miedo deviene en odio. Desprecio a los que no ven el mundo como yo lo veo, a los que no siguen las reglas que yo impongo. El 17 de mayo se ha convertido en el día de la tolerancia a la diversidad. Tolerar es aguantar las diferencias, soportar al que no ve la vida  como yo. Eso, que es un avance frente al odio y al temor, pero no es suficiente. Este día debiera promover el respeto a la intimidad del ser humano. Cada quien es libre de hacer lo que quiera cuando cierra la puerta de su habitación,  mientras no lastime a nadie. ¿Qué daño engendra una expresión de amor en privado? Si te gusta el rosa o el azul, debo de respetar tus preferencias de la misma forma en la que tú estás obligado a respetar las mías.

El odio se genera cuando se intenta imponer mi punto de vista. Cuando queremos meter la nariz en la vida de otros y dictarles las reglas de vida. No se trata de soportar a los que viven distinto a mí. Pero eso nos incluye a todos.  Los heterosexuales y los homosexuales nos debemos respetar. Ser homosexual no implica ser mejor que ser heterosexual o viceversa. Un gay no debe de verme con odio porque soy buga. No me debe despreciar, de la misma forma en la que yo no tengo razones para juzgarlos. 

Entonces, de lo que estamos hablando es de arrogancia. La homofobia es el grado superlativo de la altanería. El antídoto es elevar las miras. Es dejar de creer que yo estoy del lado correcto.  Es respetar la diversidad. Es entender que lo que pasa en el interior de cada casa que no es la mía, no es mi asunto. Mis gustos no me determinan más allá de lo que prefiero, por eso, más que tolerancia, tenemos que abrir los brazos a aquello que me resulta diferente. Sin juicios. Total, ya entendimos, no es enfermedad, no se contagia. Ver el mundo con esa perspectiva es lo que celebramos el 17 de mayo, es entender la mirada del,otro. Créanme, es sorprendente y gratificante. 

Rulfo

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo... Las primeras palabras de la novela de Rulfo son deslumbrantes. El lector recorre las líneas y entra a un mundo sin saber a dónde va a llegar. Se traspasa el umbral en forma inocente, y la magia de las letras empieza a apretar el cuello y no te suelta. Creemos que el oxígeno no llega al cerebro y por eso no entendemos. Tal vez no se trate de entender, se trate de resistir. 

La curiosidad que mata al gato fuerza al lector a seguir leyendo, a toparse con la locura de Susana San Juan que la mantiene a salvo, con la fraternidad de Abundio que guía a Juan Preciado, con el desprecio a Miguel Páramo y el circo de su muerte, con el pecado del Padre Rentería. Nos subimos a una ráfaga de viento polvosa que nos mete al centro de Comala que vive oyendo murmullos de los muertos que la habitan.

Rulfo escribió y luego guardó la pluma. No volvío a publicar nada. ¿Para qué? Ya estaba escrito y lo había hecho muy bien. Hoy, el hombre cumpliría cien años. Ese que en su juventud fue tan guapo y que logró cubrirse con un halo de misterio que se confeccionó a la medida para transformarlo en leyenda.

Recuerdo que un día, cuando era una niña pequeña, fuimos a cenar tacos a un lugar en la calle de Miguel Ángel de Quevedo que se llamaba Los Tecolotes, o Los Búhos o algo así. Al entrar, mi papá se agachó y me dijo: mira ese señor es Juan Rulfo, es escritor. El tono que ocupó fue casi reverencial, me dejó claro que eso de escribir era algo importante y que se le reserva a los grandes.

Lo recuerdo sentado en una mesa, como si estuviera esperando a alguien. Estaba solo, vestido de traje negro, bien peinado, con canas, camisa blanca, un lunar en la mejilla izquierda. Podría decir que lo que más me impresionó fue su mirada, pero lo que me llamó la atención fue la corbata de formas geométricas que usaba. Fumaba. En ese teimpo era normal y permitido que la gente sacara sus cigarros y los encendiera en todos lados. Me gustaría decir que esa noche hablamos de la fuerza narrariva de Rulfo, del uso austero del lenguaje, de la potencia de su palabra, de la estructura de Pedro Paramo, de la influencia del Llano en Llamas sobre los autores de boom, pero sería mentir. Rulfo no fue tema en nuestra mesa.

Buenas noches, dijimos al entrar y él respondió con una sonrisa. Mi mamá me dijo que era mala educación estarlo viendo, asi que me concentré en mi plato para que mi mamá no me regañara. Por eso, no puedo decir que desde niña me adentré en el misterio del silencio rulfiano, del testimonio de abandono que se imprime en el Comala individual de cada mexicano o que tuve la certeza de estar a unos metros de quien tuvo el poder infinito de crear. 

Me gustaría decir que Rulfo me sonrió, que me invitó a su mesa y que platiqué con él sobre la forma en la que escribió tantas maravillas y, desde luego, serían patrañas. Me encantaría presumir que Rulfo me reveló los secretos de la escritura y no haría más que evidenciar que soy una mentirosa. Me gustaría decir que no obedecí a mi madre y que me pasé toda la noche viendo a Juan Rulfo, pero no es cierto.

Me tengo que conformar con decir que una noche que fui a cenar tacos con mi familia, vi a Juan Rulfo. No es mucho y tal vez sea demasiado. La anécdota no está para encender fuegos narrativos, pero me valgo de ella para recordar a un escritor —lo digo con la reverencia que usó mi padre— que nació hace cien años. Es preciso celebrar esas mentes que nos dejaron legados tan maravillosos. 

El privilegio de ser maestro

El que crea que el aula es un espacio protegido, cómodo y tranquilo es que jamás se ha enfrentado a un grupo. Ser maestro es algo tan fácil como capitanear un barco de velas en medio de un torbellino de aires acelerados con una tripulación distraída. Desde el puesto de mando, el timón no es dócil y dar rumbo parece complicado. Frente al oleaje, quisiéramos cerrar los ojos, los pronósticos no son nada buenos, la tormenta arrecia, las nubes son oscuras, los truenos y los relampagos caen tan cerca y nos sentimos tan poderosos como un corcho que flota sobre aguas embravecidas. 

En esa condición, nos creemos tan sólos, advertimos a los cuatro vientos sobre las amenazas que atisbamos desde el puesto de mando y creemos que nadie escucha. Elevamos los ojos al cielo y nos preguntamos ¿qué hacemos ahí, metidos en semejante lío? Pero, por alguna extraña razón, confiamos. Seguimos adelante. Nos aferramos a ese timón, nos llenamos las manos de polvo de gis, nos manchamos los dedos de tinta, llenamos pizarrones enteros que borramos y volvemos a llenar, hablamos y hablamos, sentimos que predicamos en el desierto, que somos sembradores que vamos aventando semillas en el desierto. Suspiramos. Jorobamos la postura. Elevamos los hombros. Volvemos a suspirar. Miramos al cielo. Volvemos a insistir.

De repente, sale el sol. Acaba la tormenta y te enteras que la tripulación que juzgaste distraída no sólo sacó a flote el barco de velas sino que lo transformó en un acorazado que rompió barreras. Entonces, no antes, en ese preciso momento, nos entra un golpe de realidad y entendemos que éste es un oficio de alto riesgo y de enormes grados de satisfacción. El privilegio de un maestro es ver que esa semilla sí germinó, que las palabras llegaron a su destino y que, en efecto, la tripulación superó al capitán. Llegamos a buen puerto, incluso a un mejor puerto que el que habíamos planeado.

Un maestro es como un marinero. Al llegar al puerto, besamos el suelo y nos limpiamos el sudor con el dorso de la mano. Caminamos tierra adentro y nos refuigiamos en nuestro lugar de seguridad favorito. Buscamos el descanso y la reflexión sobre las emociones vividas. Y, pasado un tiempo, el gusanito de la tentación nos vuelve a morder. No importa cuanto nos resistamos, queremos regresar. Necesitamos la adrenalina del gis, el pizarrón y el borrador. Desandamos los pasos, salimos de la concha de seguridad y nos enfrentamos al mar como barco de velas. 

Nos gusta el riesgo de enfrentar preguntas difíciles, a las que tenemos que ir a encontrar respuestas. Nos enciende esa indiferencia, ese desinterés, esa falta de ánimo que se transforma en esa chispa que cambia a un endeble velero en un barco fortificado. ¿Qué hago aquí, metida en semejante lío? Es la pregunta que cada maestro se hace cuando cree que las cosas no saldrán bien, cuando falta la fe y desfallece el empuje. La respuesta viene con la perseverancia del que siembra. El maestro está ahí porque el llamado es tan fuerte que ni lo podemos dejar de escuchar ni lo queremos resistir. 

El que crea que ser maestro es para valientes, es que tuvo la suerte de tener a verdaderos capitanes de barco en el salón. Mis mejores capitanes tienen nombre y apellido: Úrsula Tomassi Simón, Madre Lucila, Rubén Sanabria, Ramón Moreno, Fernando Bermúdez  Barreiro, Abraham Nosnik, Andreas Koch, Mario Paoletti, John McCabe… También he tenido alumnos entrañables que han sido los mejores contramaestres que cualquier capitán pueda desear. Así, ¿cómo no agradecer el privilegio de ser maestra?

El francés que se quiere parecer a todos los franceses

Con la promesa de inclusión como bandera, Emmanuel Macron entró al Eliseo para ser el presidente más joven de la V Republica francesa. En el discurso de transmisión de poderes, se dirigió a la gente para decir “los franceses han elegido la esperanza y el espíritu de conquista. El mundo y Europa necesitan hoy más que nunca de una Francia fuerte y segura de su destino, de una Francia que lleve en alto la voz de la solidaridad, que sepa inventar el futuro”, 

Con aire fresco y palabras de unión, en una ceremonia sencilla en la que Hollande le pasó la estafeta a su delfín, Macron insiste en la integración como fuente se soluciones, deja atrás las palabras odiosas de su adversaria y se olvida de causar miedo al diferente. Es más, se vale de la diversidad para sustentar su plan. Habló a los que se sienten olvidados y se comprometió con aquellos que no votaron por él.

Claro, los discursos inaugurales son muy optimistas siempre. Prometer no empobrece. Pero, el presidente frances está dando pasos que generan confianza.  Empieza a dar muestras de modernidad. En los detalles están los signos. Los invitados al banquete de festejos, recibieron como regalo una camara digital 360 grados. Tal vez, sea una pista de la forma en la que ve al mundo. Un gobireno tiene sus signos: Macron, un hombre que ha meditado sobre el país que dirigirá y la función que ocupará, sostiene que la democracia francesa está marcada por un vacío en su centro, una figura ausente: el rey. “Hemos intentado colmar este vacío, colocar otras figuras: son los momentos napoleónicos y gaullistas, especialmente”, dijo en una entrevista con la publicación Le 1, recogida en el libro Macron por Macron, veremos como se ven las cosas desde el despacho presidencial. El nuevo presidente cree que al normalizar el cargo —una normalización que con Hollande llegó a su paroxismo— se ha ahondado el vacío. “Lo que se espera de un presidente de la República es que ocupe esta función”. Y él empezará a hacerlo de inmediato. El lunes tendrá que formar gobierno, conformar su gabinete.

Su primer viaje de Estado será a Berlín, busca fortalecer la unión de Europa. El mundo mira a los dirigentes europeos y espera aue sean personas mesuradas y atinadas. Los estadounidenses deben sentirse algo envidiosos, Francia tiene un hombre joven, gentil, de visión amplia, con un vocabulario claro con palabras que dan certeza e ideas que alimentan esperanza. Este hombre, que mas que dividir quiere unir, que mas que marcar las desigualdades, quiere parecerse a todos los franceses. ¡Buena suerte! La idea es buena.

El don de la maternidad

Desde que Eva dio a luz a Caín, el don de la maternidad se relaciona con la gracia de Dios. En el día de las madres tendemos a hacer panegíricos melosísimos sobre las virtudes y sacrificios de mamá, o bien, nos vamos al otro extremo y entonces se exalta la condición seráfica y casi perfecta de la relación de una madre con sus hijos. Sin embargo, el Génesis es claro, el primer hijo, el primogénito de Adán y Eva no fue el buen Abel, el nene maravilla, sino el que tomó la quijada de burro entre sus manos. Me parece que al buen lector, pocas palabras. Ojalá nos detuvieramos más en la advertencia que esto implica. Sin tragedias lacrimosas ni exaltaciones elevadísimas, ser madre es un reto.

Para mi mamá lo fue. Recordar los días de infancia es pensar en una mujer presente, dedicada que nos condujo con mano firme y con un acervo de inteligencia extrema. La paciencia que tuvo mientras estuve en la adolescencia, la llevó al acto heroico de no lanzarme al excusado y jalarle a la palanca. Mi mamá es como un buque poderoso que avanza en aguas turbulentas y no pierde estabilidad. Siempre supo mantener la gracia y la calma en la tragedia, en la enfermedad, en lo prospero y en lo adverso. Supo tejer con elegancia un ejemplo de seguridad en sí misma exenta de arrogancia. De la primera persona que aprendí a aceptar al otro, al diferente fue de ella que lo hizo siempre de la única forma válida: dando el ejemplo. En ella, el milagro de la multiplicación de los panes se verificaba todos los días. Mi madre es bendición y fuente de inteligencia máxima que ejerció sin presunciones. Así vive la gente brillante.

El reto para mí en torno a la maternidad ha sido un camino llego de sorpresas. De buenas sorpresas. De bendiciones. “Yo no sé cómo apareciste en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada una. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os da el espíritu y la vida con misericordia. ” (2 M 7,22-23). La maternidad es uno de los mejores regalos que me han llegado del cielo, creer que yo fui la autora de la vida es una arrogancia que no me puedo permitir. ¿Por qué Dios me bendijo con un par de hijas extraordinarias? Es la pregunta cuya respuesta me tendrá siempre llena de agradecimiento.

El camino que recorremos las madres es, como dice mi mamá, más fácil al principio. Ofrecer el pecho a media madrugada y cambiar pañales es lo sencillo. La vida se complica conforme avanzamos y los acertijos son menos fáciles de resolver si tratamos de hacerlo a base de inteligencia. No hay nadie que lo logre a base de mente clara, de análisis, de pronósticos y matemáticas. Para ser mamá hay que usar el corazón, lo demas ayuda pero no resuelve. Un día Dios acogió la oración que Carlos y yo elevamos al cielo y nos bendijo. El Señor se acordó de nosotros  y concebimos un par de bebecitas que siempre he visto hermosas. Soy madre.  «Estas niñas pedía yo y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se las cedo al Señor por todos los días de su vida» (1Sam 1,2) Espero que siempre nos alcance el corazón para conducirlas a buen puerto.

Mis hijas, como mi mamá, dan pasos firmes sin estridencias. 

Diafruto el don de la maternidad, con todo lo que viene con ella. Con las risas y carcajadas y con los llantos y rechinar de dientes. Debo decir que me ha tocado tartamudear, temblar, dudar, regar bilis y equivocarme. Pero, ni mil palabras que escriba o hayan sido escritas pueden expresar con fidelidad el amor de hija y de madre que tengo en el corazón. Más allá de todo, en el umbral que cruzamos todos los días, está el cariño del abrazo, la ternura de un beso y el amor que de Dios vino y a él irá.

Los electores no queremos crecer.

En el marasmo que se ha convertido la política del siglo XXI, en el que habríamos creído que el elector sería una persona con capacidades para distinguir entre un anhelo, una mentira descarada, un interés genuino o la aspiración personal de resolverle la vida a tres generaciones familiares, nos topamos con la pared. Después de tantos años, de tantísimas experiencias, de conocer desfalcos, crímenes de estado, escándalos, simulaciones y de enterarnos que esos cara de ángeles no eran más que perversos con disfraces, el desencanto se hace presente. Nos encogemos en vez de progresar. El abstencionismo, los resultados sorprendentes, los que atizan los miedos son síntomas de que los electores estamos en pañales y no queremos crecer.  

El desencanto es el camino fácil. Como si no nos hubieramos enterado de que esas sonrisas eran falsas, esas promesas nunca se podrían cumplir y esas figuras impolutas no existen. Luego nos escandalizamos, nos preguntamos cómo es posible que el expresidente, exgobernador, exalcalde hayan tenido semejante ambición y no hayan tenido llenadera. ¿Quién los puso ahí? Parecemos criaturs de pecho. Nos ponemos de cabeza cuando vemos que aún andan por ahí comunistas, fascistas, nacionalistas, que al llegar al poder se sienten monarcas y arrastran con todo lo que se les pone en frente. Pero, decidimos creer.

Ni izquierdas ni derechas en el mundo tiene las manos limpias. Sabemos de los robos millonarios de Jordi Pujol y su familia mientras agitaba la bandera de Cataluña y ponía a pelear a los ciudadanos. Los distraía exaltando las diferencias entre los catalanes y los españoles mientras se forraba los bolsillos sin que nadie lo mirara, andaban ocupados. Nos falla la inteligencia al valorar. Creemos que un caudillo como Chávez representaba al pueblo por bondad y que Maduro grita contra los traidores a la patria mientras en Venezuela la gente padece todos los días. Trump trae a sus amigos a Washington a hacer mejores negocios y en México creemos en la honestidad de los que luego se fugan dejando las arcas devastadas.

Los políticos en campaña hablan de las maravillas que pueden hacer, pero no han hecho; se refieren a la mafia del poder como algo informe e innombrado pero no dicen quién, cómo, cuándo y cuánto. Las posibilidades de cumplir promesas se deben valorar. Los electores seguimos como esas adolescentes enamoradas que creen porque sí, porque quieren creer, nomporque haya razones para hacerlo. No queremos crecer, tenemos miedo de que se nos rompa el corazón. 

¿Dejaremos de hablar en inglés? (Resultados de la elección en Francia)

El triunfo de Emmanuel Macron sobre Marine Le Pen fue contundente, 67% del electorado voto a favor de una Europa unida y le dio la espalda al populismo. La propuesta de aislamiento fundada en el terror a lo diferente, en la recuperación de una Francia gala obtuvo un 33%. El abstencionismo se hizo presente, cuatro millones de franceses no se aparecieron por las urnas y muchos decidieron anular su voto.

El proyecto de una Europa unida respira con alivio. Se anticipaba un revés al populismo desde los resultados de Holanda. La borrachera de los electores llega a su fin, la fiesta separatista se acaba y los nacionalismos no pasan la prueba de la lógica económica. Los desafíos que tiene Emmanuel Macron son grandes, deberá llevar a Francia junto con Alemania al rescate de una unión del territorio europeo que sea benéfica para sus habitantes y que sirva de contrapeso mundial.

El ejemplo francés pone la cordura a la vanguardia. Las ideas de vivir aislados en un mundo global empiezan a rechinar y se están despostillando. Donald Trump se ve incómodo en Washington, ya se dio cuenta que la silla presidencial es enorme y que en Maralago se vive diferente que en Washington. Theresa May dijo a sus electores que el Brexit sería rápido y que negociaría condiciones favorables para Gran Bretaña, creyó e hizo creer que dejar Europa era tan sencillo como cambiarse de zapatos. Se olvidó que hay que  pagar  facturas. 

Los electores estadounidenses y los de Gran Bretaña se miran las manos. Les entregaron un pedazo de espejo en vez de un lingote de oro. Las promesas que creyeron y que les iluminaron el rostro se están transformando en trozos de carbón que ya les están manchando la vida. El mundo parece decir: ¿quieren estar solos? Pues quédense solos. En Estados Unidos ya están pagando los platos rotos de la fiesta republicana, el primer triunfo del Presidente Trump afecta a los ciudadanos. ¿Qué va a ser de ellos sin el Obamacare? En Gran Bretaña ya se empiezan a sentir las convulsiones: Escocia quiere ser parte de Europa, no del Reino Unido y desde Bélgica ya le mandaron la primera factura a la señora May.

Trump y May quisieron bailar como los protagonistas de Lalaland y se les cayó el teatrito. Emmanuel Macron pone a Francia al frente del mundo. Los franceses representan la alternativa que le da respiro y estabilidad al mundo. En España, Portugal, Irlanda y Grecia la gente pone a descansar el alma despuede haberla traído en un vilo. Sin Europa, el proyecto de esas naciones se hubiera hundido como barquito de papel en una tormenta. 

El mundo mira a los países que se quisieron aislar. Su good bye los puede dejar en un estado de vulnerabilidad. Ahora aprenderemos a decir Oui, Ça va bien?, y el alemán ya no sonará tan duro y ajeno. Diremos Hallo en vez de Hello. Emmanuel Macron con Francia le dice al mundo que el universo no se acaba en Gibraltar ni empieza en Brownsville. Los franceses se detuvieron a analizar y aunque muchos no apoyaron a Macron y prefierieron quedarse en casa o anular su voto, tuvieron la cordura de darle la espalda al populismo. 

Triunfó la propuesta fundacional de la V République: égalité, fraternité, liberté’ Vive la France. Es momento de festejar la cordura francesa, es momento de celebrar la reconciliación del electorado con la congruencia. Enhorabuena por el candidato Macron, ha elevado las expectativas de propios y ajenos. Ya estamos pensando que hablar en inglés no es la única opción y que la lengua de Víctor Hugo, de Sartre, de Camus se va a poner de moda.

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