Cenizas al agua

Una sociedad que descuida a sus maestros, tarde o temprano, paga las consecuencias. El maestro es la figura que educa, acompaña y forma a la persona no sólo en el ámbito académico. Un buen maestro toca vidas, marca rumbo, orienta e ilumina vocaciones. En el aula se construye el futuro de la gente que tarde o temprano moverá los hilos de la sociedad.Por ello un maestro es una pieza estratégica en el plan maestro de una nación.
En los países desarrollados ésto se entiende bien, la figura del maestro se aprecia, la del catedrático se venera. Joyce Carol Oates, John Maxwell Coetzee, Salman Rushdie han dado testimonio de estas palabras escribiendo personajes que llevan un papel protagónico en su sociedad de fantasía, dando clases. Un profesor en un país desarrollado vive una vida digna, sin aprietos económicos . En México no.
Si fuéramos una sociedad consciente y congruente, cuidaríamos a los maestros . Les daríamos el lugar de respeto y los asistiríamos como un elemento valioso. La realidad es otra, al maestro se le paga mal, se le dan condiciones de trabajo de lágrimas y se le ve como a un individuo de poca monta. Ni se aprecia su trabajo y, muchos, tampoco aprecian la labor que realizan.
Ya nos resulta normal ver a maestros tomando las calles, haciendo pintas, vandalizando. No, no lo es. No es normal que los que educan se comporten como maleantes, que no den ejemplo de disciplina, que no se quieran actualizar, que no se sometan a exámenes. En esta confusión, todo se revuelve y el descuido da un campo fértil para que los malos aprovechen.
Así, por haberlos descuidado, hay gente que no es de bien infiltrada en las escuelas normales, es decir, en las que educan a los que han de educar.
La PGR dice que lo que pasó en Iguala con los chicos de Ayotzinapa fue que una célula del crimen organizado se entremetió con los muchachos y que en un ajuste de cuentas, pagaron justos por pecadores. La verosimilitud del dicho es lo de menos. Creer si esto fue lo que en realidad pasó o no ya va más allá de nuestras capacidades de discernimiento.
Dicen que quemaron a los infiltrados y que echaron sus cenizas al río Cocula. Si eso es así, no son las cenizas de las víctimas de los sicarios lo único que fue a dar al agua. Ahí van nuestros dolores, preocupaciones e indignaciones. Ni el llanto ni el rechinar de dientes traerán de regreso a los que fueron quemados, con independencia de quienes sean.
Debemos cuidar las normales, a los maestros. Debemos cuidar a los que educan y forman a nuestra sociedad. Si queremos dejar estos escenarios macabros, ese es un buen comienzo. Eso creo. Lo creo con fe.

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Solidaridad internacional con Ayotzinapa

México es un país curioso, tiene una belleza magnífica, una diversidad única, riquezas naturales exuberantes, una cocina estupenda, una cultura riquísima y generalmente, para la prensa extranjera somos transparentes. Es difícil encontrar una nota dedicada a México en periódicos o portales de noticias extranjeros. Ni los ingleses, ni los alemanes, ni los franceses, mucho menos los noruegos o los rusos parecen tener interés en México como para hacerle un espacio en sus noticieros. Hombre, ni siquiera en los diarios de nuestros vecinos y socios comerciales como lo son Estados Unidos o Canada nos abren espacios. Últimamente, el diario español El País nos dedica alguna nota interior, o un día que otro se alcanza la primera plana, y eso porque su ejemplar impreso se vende mucho por acá.
Parece que México es un país infante en casa antigua, es decir, en las que los niños ni se ven ni se escuchan a menos que algo grave esté sucediendo. Y, sí, algo gravísimo está pasando en el país y estamos en las páginas de periodicos como The Guardian, Le Monde, Washington Post, ABC, El Clarín, La Republicca, en revistas como The Economist, The New Yorker y muchos medios más que reportan la desolación que vivimos en México por los 43 normalistas desaparecidos, que denuncian la incompetencia de las autoridades municipales, la complicidad de los gobiernos estatales, la indolencia del gobierno federal y la mano del narcotráfico y del crimen organizado moviendo los hilos en México.
¡Qué vergüenza!, gritan algunos y otros se rasgan las vestiduras ante la imagen que estamos dando en el extranjero, como esos padres que se avergüenzan de que las visitas encontraron a los niños con la cara llena de tierra.A mí que me perdonen, yo no siento vergüenza de que medios prestigiosos den cuenta de tanta violencia, tanta estupidez y tanta impunidad, yo se los agradezco desde el fondo del corazón. Aquí hay un cochinero.
Para mí, ese es un signo de solidaridad que se manifiesta desde afuera, es la empatía que une a la raza humana en contra de la barbarie y que busca el resarcimiento de daños hechos a la sociedad civil y la devolución de estos jóvenes que hoy, después de tantos días, siguen sabrá Dios dónde. No, no siento vergüenza de que vean y reporten las fosas con restos que pertenecieron a gente que tuvo nombre y apellido y que hoy han sido borrados de la faz de la tierra sin consecuencia alguna.
Yo agradezco profundamente esa atención que nos prestan pues, por increíble que parezca, así se ejerce una mayor presión, así no se nos olvida el tema, ni abandonamos a los desaparecidos. Los queremos vivos, gritan junto con nosotros desde Londres, Berlín, Estrasburgo, Nueva York, Madrid. Nos ayudan a exigir resultados, a que se pongan a hacer su trabajo quienes no lo han hecho, a que se busque justicia y nos digan qué y por qué pasó.
También les agradezco porque su voz acalla todas las tonterías y justificaciones que nos dan, las mentiras que nos quieren hacer creer y nos dan perspectiva. Ni hay un México en movimiento, ni existe una honestidad valiente, ni tenemos una patria ordenada y generosa. Nos han estado vendiendo espejitos los que tienen las manos manchadas. Ellos quieren esconderlas, decir que no es nada, pero sí es. Desde el exterior les confirman que esas manchas son de sangre. Esa solidaridad internacional es para agradecerse.

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Un mes

No. No seré yo la que salga en defensa de López Obrador, para eso tiene a muchos que lo aman a pesar de los pesares, que le son leales incluso con su necedades, con la evidencia de sus formas convenencieras, con su discurso contradictorio y acomodaticio. Parece que el héroe que clama por la honestidad valiente se arrugó frente al narco. ¿Y, si no fue así, por qué el señor presidente municipal llegó a la alcaldía de Iguala?
Ayer, López Obrador negó tres veces conocer al prófugo más buscado por la justicia mexicana. Así como en el pasaje de San Lucas Pedro niega tres veces a Jesús pero todos sabían que era su discípulo, así no importa cuantas veces el eterno candidato a la presidencia de México diga que no lo conocía, no le vamos a creer. Sin embargo, eso no es lo importante.
Como tampoco lo es recalcar las veces que se le recrimino al Estado la lucha contra el narco y los ríos de sangre que se quedaban en una lucha cruenta e inútil. Ya empiezo a sospechar del porque este señor se molestaba tanto con los muertos en la lucha. ¿Y los que están enterrados a las afueras de Iguala? ¿Esos no le molestaban? ¿No captan su furia todos esos restos que han sido encontrados y que no tienen nombre? ¿O esos no importan precisamente porque no tienen nombre? ¿O esos no valen porque los mandó asesinar, presumiblemente, un alcalde que él ayudó a llegar al poder? Sin embargo, repito, eso no importa. Al menos no en estoas momentos.
No importa si López Obrador lo conocía o no, ni es relevante que con el oportunismo al que nos tiene acostumbrados, cambie su discurso a última hora y llore por los desaparecidos de Ayotzinapa. Tampoco vale la pena detenerse en reclamarle porque se hizo el disimulado cuando supo que dinero ilícito estaba corrompiendo al PRD. No es momento de recriminarle ni de reírse cuando declara que desde el 2010 ya se quería ir del partido, pero no dice que se esperó a ser candidato antes de saltar a otro lado. No hay que perder el tiempo con un sujeto que es capaz de poner a leer los nombres de los desaparecidos a una mujer de ochenta años a pleno rayo del sol para acogerse a su prestigio literario, sin tomar en cuenta que se estaba deshidratando.
No. No hay tiempo que perder. Hoy se cumple un mes que los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, Guerrero están desapreciados. Eso es lo importante. No es tiempo de agitar el avispero, es el momento de unirnos y encontrar a estos chicos. Cada día que pasa juega a favor de la fatalidad. No hay que distraernos, lo importante son esos muchachos y saber cuál es su paradero. ¿No creen? Sin embargo, ya le llegará el tiempo de dar explicaciones en serio, de rendir cuentas y dejar esas arengas que hoy suenan tan huecas.
Hoy lo único importante es resaltar que hace un mes que no sabemos nada de esos 43 muchachos.

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Magia bajo la luna (Woody Allen)

Lo siento, señoras y señores, a mí me gusta Woody Allen, por eso corrí a ver Magic in the moonlight tan pronto tuve oportunidad. Sin duda, esta película no es ni de cerca la mejor de su repertorio pero los que se apresuran a lanzarle de jitomatazos y dicen que la película es un fracaso, exageran.
Allen se nos pone romántico, o eso nos quiere hacer creer. Basta leer el título del film para darse cuenta. Cuidado, con este hombre no todo lo que brilla es oro, y si nos vamos con una primera intención lo mas seguro es que nos dejemos engañar. Woody Allen jamás será meloso, ni optimista, ni en todo caso, bien intencionado con su público. No le interesa cautivar de forma facilona, ni le importa narrar historias de amor. Así que hay que irnos con pies de plomo. ¿O, será que la edad lo está ablandando?
En esta oportunidad, Woody Allen, una vez más, nos saca del ambiente de Manhattan y nos sitúa en la década de los glamorosos años veinte, en una situación que sorprende pero no nos resulta ajena: una estafadora que está viviendo su momento de oro al hacerse pasar por espiritista que tiene cautivada a una familia millonaria que habita en el sur de Francia. Una rica excéntrica que tiene necesidad de comunicarse con su marido muerto y que está dispuesta a pagar carretadas de dinero por el contacto con el espíritu de su cónyuge. Un heredero que se enamora de la medium a la que le propone matrimonio. Un experto que debe descubrir el truco, desenmascarar a la timadora y dejar que la verdad reluzca.
Los escenarios son estupendos, el vestuario impecable, los autos son un lujo. Emma Stone no falla, la actuación de Colin Firth es buena, aunque no le creemos esa vena de galán conquistador a esa edad.
¿Hay o no hay historia de amor? Ese es el enigma. Hay un tono dulzón con el que Woody Allen quiere mimetizar la verdadera pregunta de la película, ¿hay o no hay vida más allá de la muerte? El protagonista, papel que ocupa Colin Firth, es un admirador de Nieztche y creyente fervoroso de que Dios no existe y de que rezar es una pérdida de tiempo. Pero en algún momento de la trama llega a creer y encuentra felicidad.
¿Será que Woody Allen, dada su edad, se está planteando la existencia de un Dios bondadoso o simplemente está jugueteando con nosotros para darnos una vuelta de tuerca?
Si comparamos Magic in the moonlight con Blue Jasmine, no hay forma de que Woody Allen salga bien librado. La película no logra la conexión con el público que logró con su film del año pasado. El espectador se entretiene pero en esta oportunidad, la pinza no se cierra. No está ese toque de sinceridad del ojo del director que sabe como sacudir con su punto de vista agudo, con ese que desnuda la miseria humana.
A pesar de ver escenarios de la Costa Azul y tomas que nos recuerdan la película Para atrapar al ladrón, Emma Watson no es Grace Kelly ni Colin Firth es Cary Grant, ni de lejos. Sin embargo, se agradece el guiño retrospectivo.
Allen se acercó tanto al tono sarcástico que nos privó de enfrentar esa duda que enfrenta a los que creen con los que no tienen fe. Las líneas sorprendentes en las que defiende el ateísmo pero le abre la puerta a la posibilidad de un Dios que da felicidad, quedan diluidas en el miedo del personaje por sonar cursi. La magia de Woody Allen no brilla tanto como en otras oportunidades.
Pero, como sucede con lo que nos gusta, me hago de la vista gorda y digo que sí, que vale la pena verla, aunque al hacerlo, no estaremos disfrutando de su mejor trabajo.

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Policías municipales y estudiantes

Todavía seguimos adoloridos por lo sucedido en Iguala con los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, sin entender bien a bien qué sucedió, por qué desaparecieron y qué llevó a la policía municipal a arrastrar a estos muchachos quién sabe a donde. Aún nos seguimos haciendo preguntas básicas que no encuentran respuestas sencillas y que provocan reacciones en varias ciudades de la República y del mundo. Todavía retumban en nuestros oídos los clamores de los padres de estos hijos desaparecidos y sentimos un hoyo en el estómago ante la incapacidad que muestran las autoridades de todos los niveles de gobierno para dar con ellos. Aún teníamos los ojos en Guerrero cuando otro incidente inexplicable sucedía en un callejón de la ciudad de Guanajuato.
En pleno Festival Cervantino, con tanta actividad cultural, con la prensa internacional encima, un estudiante de octavo semestre de mecatrónica de la Universidad de Guadalajara aparece muerto.
Según lo reporta el periódico Reforma, la policía municipal detuvo a Ricardo Esparza Villegas en una de las plazas de Guanajuato en aparente estado de ebriedad, le revisaron bolsas del pantalón y una mochila que tenía. Después lo tomaron del brazo, se lo doblaron y lo condujeron por el callejón del Hinojo. Según el testimonio de uno de sus compañeros, el joven pedía a los agentes que le permitieran hacer una llamada telefónica. Según reportan, otra persona confirmó que Ricardo fue sometido por agentes de la Policía estatal en la Plaza del Ropero. “¡Habla ya por teléfono!”, “¡saca el dinero!”, escuchó que le dijeron.
Sin embargo, también hay testimonio que dicen que los policías vieron que Ricardo Esparza Villegas estaba en tal estado de embriaguez que se orinó en la puerta de una casa y por ello le llamaron la atención. No hubo detención, dice el Alcalde de Guanajuato.
Para variar, no hay claridad en los hechos. ¿Por qué el cadáver de Luis apareció en el patio de una casa? ¿Por qué sus amigos no lo acompañaron? ¿Por qué se enteraron de lo que le pasó hasta el día siguiente? ¿Quién lo mató? ¿Por qué lo mataron? ¿Fue la policía municipal? ¿Lo quisieron extorsionar? No hay respuestas.
Ante la tragedia, hay lineas que se desdibujan. Frente a la muerte de un muchacho lo menos que se debe exigir es claridad. Hay versiones encontradas. Unos dicen que la policía lo trató de extorsionar, otros que se cayó de la azotea de una casa que intentaba robar. No creo ni una ni otra versión. Además, por si fuera poco, hay un río de alcohol que hace todo más difícil.
¿Qué está pasando? Estamos fallando como sociedad. Los que deben protegernos, extorsionan. Un festival cultural sirve como pretexto para llegar a intoxicaciones etílicas que rebasan los niveles de la diversión y se convierten en tragedias. Los amigos, en vez de acompañar a Ricardo o de reventar las redes sociales denunciando una injusticia, reaccionan huyendo, no quieren declarar, dicen que tienen miedo. ¿Por?
Y, el peligro adicional de que grupos oportunistas se suban al carro de la reivindicación para llevar agua a su molino. La única forma de parar el enojo es decir la verdad. Aclarar el panorama y con valor, decir lo que sucedió. Si fue la policía, pues hay que tomar medidas. Nos hemos olvidado de los cuerpos policiacos municipales, los hemos dejado sin capacitación y les hemos pagado mal. Se han vuelto cuerpos violentos y corruptos, en algunos casos. En otros, son sujetos a redes de cuotas clientelares que provocan círculos viciosos. En el mejor de los casos, la gente ni los respeta ni siente su protección.
Es tiempo de mirar a las policías municipales y arreglarlas, no queremos que los problemas de Iguala y Guanajuato se sigan replicando por doquier. La tragedia es que un chico perdió la vida y no sabemos por qué. Como tampoco sabemos por qué desaparecieron los normalistas de Ayotzinapa ni quienes están en tantas fosas que aparecen todos los días. Wl clamor general es uno: Queremos estudiantes en las aulas, no en féretros.

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Se fue el Gobernador de Guerrero

Sí, no pudo más. La presión nacional, la indignación que se encendió en todo el mundo, la solidaridad con los jóvenes desaparecidos, la petición del Padre Solalinde pudieron más que la falta de sensibilidad del partido que lo llevó al poder y que la necedad de permanecer sentado en una silla que le quedó muy grande.
Se va el Gobernador Aguirre cuando parecía que apenas iba llegando. El tiempo que estuvo ahí no le sirvió para cumplir promesas de campaña, para responder ante desastres naturales, para enterarse de lo que sucedía en los municipios del estado que el voto ciudadano le encomendó.
¿Qué pasó con el Gobernador Aguirre? No se trata de desconocer la gravedad de los problemas que le tocó enfrentar, ni de desestimar los obstáculos que efectivamente encontró en el camino, pero no se vio a un hombre decidido a aprovechar su tiempo de mandato para hacer las cosas bien y dejar un estado mejor.
Como si no fuera suficiente con los destrozos que dejaron los berrinches de la naturaleza, la inseguridad, la falta de empleo y la inestabilidad económica de la región, ahora para aumentar el descontento hay muchachos desaparecidos. Es cierto que él no se los llevó, sin embargo, tampoco hizo mucho para recuperarlos.
Se le veía desbordado, desorientado pero con ganas de seguir en el cargo. No ofreció su renuncia, se la tuvieron que pedir en más de una ocasión. No estuvo a la altura de las circunstancias en ningún momento, ni antes, ni después, ni durante. Después de mucha presión, pidió licencia, con ganas de que no le aceptaran la petición, con deseos de seguir en la silla del Gobernador.
Pasará a la historia como el Gobernador que se fue por la puerta chica y con la mirada al suelo. Pero, eso no le sirve de consuelo a los padres, ni termina con la pesadilla, ni es ningún logro, la verdad sea dicha. Se libera un poco la presión política, pero para efectos prácticos, las cosas siguen igual.
No sabemos dónde están los muchachos ni por qué se los llevaron. Se fue el Gobernador de Guerrero, sólo eso sucedió. No hay nada que festejar.

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Las palabras de Nick Vujicic

Ayer estuvo Nick Vujicic en la Universidad Anáhuac México Sur dando una charla. Fui con mis hijas a escucharlo. Sentarse a oír las palabras de un hombre que nació sin brazos ni piernas y que tiene una actitud positiva ante la vida es una experiencia sumamente fuerte.
No se trata de ir a ver un espectáculo de circo en el que se exhibe la deformidad de un hombre, se trata de entender como un ser humano puede transmitir esperanza a pesar de su propia adversidad. Se trata de entender como, si se quiere, puede brotar belleza de las cenizas, del despojo, del olvido y de lo roto.
Es difícil enfrentar la adversidad. Es fácil quejarse, regodearse con el dolor y complacerse con el papel de víctima. Es una tarea de titanes sonreír cuando las circunstancias no te dan motivos, creer en un futuro mejor cuando el presente nada más tiene lagrimas, tener fe en que hay un ser superior que nos ama y que nos ve con cariño. Es difícil, no imposible.
Nick Vujicic es un hombre que nació sin brazos ni piernas, sí, sin embargo, esa no es su característica principal. Su rasgo de identidad es que es un hombre con una fe que lo levanta y lo lleva a trascender sus impedimentos. De eso habló frente a muchachos universitarios, claustro académico, autoridades de la universidad y visitantes especiales que sufrían de alguna discapacidad. Los que iban a ver un espectáculo de auto conmiseración quedaron desilusionados. En vez de eso se enfrentaron a un hombre que prodigó sonrisas y habló con serenidad de cómo se pueden concretar los sueños.
Este titán sin piernas nos quitó las telarañas que se tejieron en la cabeza por los golpes de la vida o por los fracasos, nos arrebató los pretextos para seguir lamiéndonos las heridas y nos invitó de manera cariñosa a dejar de lado la conmiseración. Es mejor poner manos a la obra. Dice que la parálisis que se gesta después de una caída no es otra cosa que el miedo de volver a caer. Es verdad, como también lo es darnos cuenta que con la parálisis el dolor aumenta y la desesperanza se convierte en la reina de la casa.
No hay dolor pequeño ni preocupaciones frívolas, hay obstáculos que se necesitan vencer. Mientras más alta se pone la vara, más grandes son los obstáculos y mayor la fuerza que se necesita para desafiarlos. Sé que muchos creerán que éste es el eterno lugar común, que el empalago de tanta miel es absurdo. También sé que las palabras de Vujicic están llenas de verdad. Su condición le dan autoridad para pronunciarlas, no por su discapacidad, sino por el valor que ha tenido para superarla.
Un valor que viene de ponerse frente al espejo y honrar con amor la imagen que se refleja, con amor sereno, con fortaleza y humildad. Con esa fuerza que viene de lo alto, que puede ser gozosa si se le permite actuar, si se le abre la puerta a esa fuente inagotable de amor y esperanza. A esa que se puede identificar en los ojos de un hombre que, por momentos, nos hizo olvidar que nació sin brazos ni piernas. Me quedo con ello y con sus palabras.

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Impacientes

Los medios internacionales son impacientes. Se apresuran en sus comentarios y ya sabemos que las prisas traen malos resultados. A unos cuantos meses de la administración del Presidente Peña Nieto, cuando aún no se conseguían las anheladas reformas estructurales que catapultarían a México al desarrollo tan esperado y tantas veces negado, periódicos y revistas del extranjero hablaban del mandatario mexicano como el salvador que resolvería, por fin, todos nuestros problemas.
Los vítores y aplausos me parecieron anticipados, sin sustento y bastante exagerados. Es cierto, Peña inició el sexenio a tambor batiente, con muchas propuestas y con un pacto entre las principales fuerzas políticas que sin duda era digno de alabanza, pero la consecución de las reformas se veía difícil y nadie parecía recordar el gran problema que traíamos encima de violencia y corrupción.
En forma facilona se criticó a Felipe Calderón y su lucha contra el narcotráfico, se le culpó de haber regado sangre por todo el territorio nacional como si fuera un delito perseguir maleantes. Es verdad, murieron muchos inocentes, mismos que siguen muriendo hoy. Pero pareció que los medios internacionales borraron del mapa ese pequeño detalle y rindieron generosas pleitesías al gobernante mexicano. Sin embargo, la bomba de tiempo heredada del pasado seguía haciendo tic -tac, muchos decidieron desoírla.
Hoy, que la violencia se destapó, que la inconformidad sale a las calles, que se encuentran cadáveres en cualquier hoyito que se escarbe, los medios internacionales se apresuran a rasgarse las vestiduras, gritan urbi et orbi voces en contra del presidente Peña. Calma. ¿Por fin, en qué quedamos?
Tan inmerecidas fueron esas alabanzas exacerbadas, como lo son esas caricaturas de Enrique Peña con guadaña y vestido de muerte. Las cosas no han cambiado, permanecen constantes. Es decir, ni mejor ni peor . Los que piensan que es terrible que no estemos mejor, tienen razón. No hay porque dar campanas al vuelo. Pero los que aullan y se retuercen ante el panorama nacional me parece que son aquellos que se creyeron que las cosas se arreglan con una cara bonita.
Por desgracia no hay caritas mágicas. No importa cuantas veces Rosario Robles le haga la barba al su jefe, ni cuantos discursos triunfalistas se pronuncien, ni cuantas portadas reflejen a un presidente con efigie de muerte, no podemos engañarnos, las cosas siguen básicamente igual. La impaciencia en los juicios, por lo general, es madre de malos análisis que llevan a peores conclusiones. Peña necesita tiempo.

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Las deudas de la izquierda mexicana

La izquierda en México le queda a deber a la sociedad. Parece una constante: justo cuando creemos que va a brillar, se opaca. Ya no nos parecen chistosas sus ocurrencias y las interpelaciones que se escuchaban en voz de Porfirio Muñoz Ledo, que tanto nos divirtieron, hoy suenan tan lejanas, tan ajenas. No nos gusta el desacato en el Congreso, nos molestan las tomas de tribuna y la mayoría pensamos que existen mejores formas de expresar desacuerdos e inconformidades.
Pero la izquierda en México se queda atisbando lo que pudo ser y no es. Me evoca la imagen de una pequeñita que se para de puntitas para ver lo que sucede al otro lado de la ventana, no tiene estatura para elevarse por sí misma. La evidencia de sus compromisos a medias, toman Reforma, molestan a la ciudadanía con campamentos abandonados en los que no hay quien esté al frente. Se anotan al clientelismo que tanto critican y forman alianzas que únicamente ellos entienden. No hay claridad de miras ni solidez en sus valores.
Tuvieron la oportunidad de oro de formar un camino amarillo entre el Distrito Federal y el Pacifico, una ruta turística en la que se desarrollara industria , se generara empleo y se dibujaran círculos virtuosos desde la Ciudad de México hasta Acapulco o Zihuatanejo. La perdieron. Los gobernadores de Guerrero y Morelos al igual que el Jefe de Gobierno pertenecen al mismo partido. En teoría hablan el mismo idioma y no hay impedimentos políticos que se interpusieran en tan buen afán. ¿Qué sucedió?
Guerrero vive momentos de angustiosa ingobernabilidad, el Gobernador Aguirre expone sin pudor su incompetencia y habla de las nulas capacidades que tiene para contrarrestar los efectos del crimen . El Gobernador de Morelos, estado de la eterna primavera, Graco Ramírez tiene indices delincuenciales sorprendentemente altos. Por los caminos del Sur da miedo andar. No se diga escarbar la tierra, todo el territorio se volvió una fosa clandestina. En vez de aprovechar los atributos de los rincones más bellos del mundo, los ensucian y los hacen peligrosos, ¿así cómo?¿A quién le van a echar la culpa los señores de la izquierda? No han dado evidencias de saber administrar el poder, han quedado muy por debajo de la expectativa. Sin embargo, hay gente que todavía les tiene fe, hay huestes fieles que no se han cansado de esperar a pesar de las evidencias . Gente de bien que todavía confía. A ellos es a los que la izquierda mexicana les debe más. ¿Cuándo pagarán con buenos resultados esa deuda ?

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La dictadura perfecta (una película)

Fui a ver la película a pesar de los malos comentarios que escuché. Le tuve fe a Luis Estrada y a Damián Alcazar y, sobre todo quise corroborar por mí misma si la fórmula ya estaba desgastada, si el humor ya no era tan bueno, si Silvia Navarro está desastrosa, si Tony Dalton se repite en cada personaje, si la anécdota ya na da para más. Es posible que los expertos en cine tengan razón y todo lo anterior sea cierto. No hay sorpresas y a la crítica le asiste la razón.
La dictadura perfecta aprovecha la situación nacional para transformarla en una narración predecible que intenta jalarle los bigotes a los poderes fácticos de la nación. No deja títere sin huarache. Encripta mensajes cuya interpretación no afecta el avance del hilo narrativo. Eso es una ventaja, no hay que estar al tanto de quién es el Presidente de la República o de a quién se caricaturiza con el personaje de Carmelo Vargas o cuál es la televisora a la que se refieren, ni es relevante en qué estado de la República pasa todo.
En el guión, Luis Estrada y Jaime Sampietro mezclan situaciones con las que le guiñan al espectador, nos hacen recordar casos terribles como el de la niña Paullete y el el amor que sus padres desarrollaron por las cámaras o la puesta en escena que favoreció a Florance Cassez, o la suerte de la actriz de telenovela que se convirtió en primera dama. Se tocan temas como secuestro, corrupción, complacencia, el imperdible y desgastado tema del narco, las fosas,etcétera.Se juega con noticias que sorprenden al público en la sala de cine pues parecen las noticias que se escucharon o se vieron horas antes. Revueltas mundiales, enfermedades pandémicas se dan a conocer en la experta y obediente voz de un titular de noticiero. Fallan en los pronósticos de la bolsa y de la cotización del tipo de cambio, gracias a Dios.
Hacen un diagnóstico curioso, en México todavía siguen y seguirán al frente los métodos tradicionales de comunicación. La televisión le sigue ganando a las redes sociales, los medios impresos están por encima de los digitales. Es cierto, a pesar del gran crecimiento que estas formas de comunicación, aquí no se observan los fenómenos de otros países en los que la transmedialidad ya triunfó y en los que lo electrónico ya rebasó a lo físico.
No hay novedades en la película, pero hay que verla. Hace reír, es divertido jugar al descifrador y entretenerse imaginando quién es quién. Es triste ver lo predecibles que somos, lo fácil que es filmar una película que trae las novedades del día. No, no hay novedades, no puede haberlas, el sistema mexicano honra las palabras de Vargas Llosa y nos empecinamos en darle la razón .Sí, seguimos siendo La dictadura perfecta.

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