Vientos y palabras

Hay palabras que no se las lleva el viento. Algunas son como una navaja que tiene doble filo y que cortan igual al que las pronuncia que al que las escucha. Lastiman de ida y vuelta, si no lo hacen hoy, lo harán mañana. Las hemos escuchado y las hemos dicho. Eso sin duda. Son, la mayoría de la veces, esas frases a las que les asiste la verdad pero que fueron dichas en cierto tono, en un contexto en el que aunque se tenga la razón dejan en el paladar un gusto amargo.
El proceso de decirle la verdad a alguien y no hacerlo en la forma adecuada, siembra en algunos una semilla que necesita de poco para alimentarse y crecer. Por lo general, lo único que necesita es tiempo y el rencor crece y crece como árbol de frondosos brazos, pero no da frutos dulces. No da frutos. La amargura de escuchar lo que no queremos se destila y sirve de abono a esa cimiente que terminará creciendo y no dejará de hacerlo hasta ver concretada una revancha.
Hay circunstancias, es cierto, en que la semilla se alberga ahí sin razón aparente. Pero no nos podemos engañar, la razón existe y puede ser tan trivial como decirle a alguien que el peinado le quedó mal, u opinar de las cosas que es mejor callarse, pues no conocemos detalles, y eso desatará el proceso germinal. Muchas veces no somos conscientes de la importancia del tono y del ritmo al pronunciar palabras. Pensamos, engañados, que las palabras se las lleva el viento, que no quedará marca de lo dicho, pero, queda.
Quedan huellas tan visibles como las que dejan las ruedas de una carreta al pasar por terreno blando. Terreno blando, nos gusta sacar la navaja en lugares suaves, para que no cuesten trabajo. Arremetemos con el filo de las palabras y entre sustantivos, verbos y adjetivos, vamos batiendo la tierra y dejando un cochinero. Dejando heridas.
Ni la distancia, ni el tiempo, ni nada se llevan esas palabras, mucho menos el viento. No importa ver que la verdad te asiste, que la razón te acompaña, y que la buena intención apadrina, los efectos duelen y son de largo aliento. Parece mentira pero a ciertas alturas del partido ya ni siquiera importa de que lado de la cancha te tocó jugar, únicamente se sienten las cortadas que se quedaron. Las que no se enseñan son las que más duelen.
Hay verdades que pueden más que mil cariños, palabras que se nos escurren por las comisuras de los labios y que en el momento no suenan ni tan fuertes ni tan terribles, y se dicen. Luego, la lengua queda pastosa y arenosa. ¡Ojalá que las palabras sí se las llevara el viento!
Digo que estas palabras que se resisten ráfagas y que no se las lleva nadie son como una navaja de doble filo. El que las escucha se llevará anidada la semilla y el que las pronuncia pierde. A veces tarde, a veces temprano, pero compró boleto. Le van a cobrar. Seguramente el cobro llegará cuando esté más desprevenido. En este círculo todos pierden.
El ser humano en su complejidad, a veces hace daño con la mejor intención y luego desea no haber hecho nada. No puedo hacer nada por cortar el follaje que crece en otros corazones, pero si puedo expulsar esa mala semilla de mi corazón. Una vez arrancada, sólo queda mirar al frente, porque las palabras no se las lleva el viento.

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México en perspectiva

Lo fácil es, y siempre ha sido, echar las campanas al vuelo o dar aullidos de dolor en términos de la economía nacional. Ambas posturas son exageradas y falsas. En México, ni hay razones para repiqueteos ni la situación económica se va tan mal si nos comparamos con el exterior. Conste, me refiero únicamente a variables económicas, no a las guerras políticas, ni a la recuperación del Estado como garante de los derechos ciudadanos. Eso urge y hace falta. Sólo apuntó a números que tienen que ver con oferta y demanda gráfica das en los ejes de las x y de las y.
Vamos por partes, la paridad cambiaría de países con monedas emergentes se han devaluado y el derrumbe toma la forma en cifras mayores a los movimientos del peso mexicano. El desplome en Argentina llegó a los números trágicos de 33%, Sudáfrica va cerquita con 23%, Turquía 19%, Brasil 13%, India 10%, Perú y Chile 9%, Colombia y Rusia 9%, según las cifras de Joel. Martínez, columnista de
Reforma, quien opina que esta caída no ha tocado fondo. Es verdad, el derrumbe de estos tipos de cambio no sorprende, sus economías presentan cifras deficitarias en su cuenta corriente, es decir, comparan más de lo que venden. ¿Remedio? Bajar el precio de su moneda.
También tienen males estructurales en sus números, China enfrenta un enfriamiento en el entusiasmo internacional, ya no resultan tan atractivos, más bien lucen sumamente complicados. Las economías emergentes padecen de burbujas crediticias, modelos de crecimiento agotado, proteccionismo, crisis de precios y claro inestabilidad. En México, esos problemas no se ven, se ven otros. El déficit pronosticado por el Fondo. Monetario Internacional es de un dígito, 1.5% y en diciembre registramos un superávit en la balanza comercial.
La economía mexicana no tiene desequilibrios estructurales. El tipo de cambio no se precipitó al nivel de otras monedas, únicamente el 0.36 %, que no es poco pero si se compara con los demás, no sale mal librado. El aumento en los índices de inflación se debieron, básicamente, al incremento de obligaciones tributarias, con lo que puede presumirse que está bajo control.
La percepción es que México va saliendo bien librado del colapso de los demás países emergentes y lo está logrando con galanura. El riesgo país cerró en 113 puntos, mejor que Chile que tiene 122 y que Brasil con 193. Desde la perspectiva del exterior, México no luce nada mal, desde la interior, es otro cantar.
Aunque la incertidumbre y la inseguridad han impuesto costos de competitividad altos a los empresarios mexicanos, aunque los riesgos de poner negocios en ciertas zonas del país son elevados y eso puede lesionar la oferta de inversión mexicana. Aunque la suma de las circunstancias poco favorables en términos de seguridad nacional abonen a mayor fragilidad y menor competitividad, México, a la vista del entorno mundial sigue siendo muy apetitoso.
Me parece que hay cosas bien hechas que no hay porque dejar de ver. Ahora, hay que fortalecer el Estado de Derecho. Eso es lo que urge en un país cuya perspectiva es favorable en el concierto mundial. Sólo es cuestión de comparar.

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Snowden por el Nobel de la Paz

Pues, ¡qué caray! Edward Snowden podría ser considerado como candidato para el Premio Nobel de la Paz y aunque parece un chiste, no lo es. Bueno, también pareció un chiste que nominaran a Barak Obama y no lo fue. El ex ministro noruego, Baard Vegar Solhjell envió su propuesta al Comité del Premio pues considera de alto valor la acción del analista estadounidense de revelar el espionaje masivo de Estados Unidos. Eso ya no suena a chiste, aunque tiene su gracia.
En la carta, Solhjell y su compañero de partido Snorre Valen, señalan que no necesariamente aprueban ni respaldan todas las revelaciones de Snowden, pero lo elogian por poner al descubierto la capacidad tecnológica de la vigilancia moderna.”Snowden ha contribuido a que la gente sepa lo que ha ocurrido y a estimular un debate público”, dicen. Tienen razón. Especialmente cuando afirman que “El nivel de sofisticación y de profundidad de la vigilancia a la que fueron sometidos ciudadanos en todo el mundo son temas que nos han dejado atónitos y que han provocado un debate”, y es que el espionaje no dejó títere con cabeza. Jefes de Estado de países amigos, candidatos presidenciales que se mostraron solidarios, ministros cuyo servilismo fue a prueba de balas, diplomáticos aliados, quiero decir que las evidencias de que estaban tratando con gente amiga a los estadounidenses no les importó. Su nivel de paranoia fue superior a cualquier muestra de amistad. La traición a la confianza es inaudita. Eso el mundo lo intuía, no lo sabía. Ahora, gracias a este personaje tan controvertido el mundo tiene la seguridad de quienes son los señores de Estados Unidos en términos de meter la nariz en todos lados.
Snowden, héroe-antihéroe, súperamigo-archienemigo, según quién hable de él, es adorado por unos y vilipendiado por otros, pero lo cierto es que descorrió la cortina y agarró a muchos con las manos en la masa. Eso no sorprende a nadie, ya sabíamos que detrás del telón se hace el trabajo sucio. Lo que sí da risa es el hecho de ver a tanto mojarracho hablando de transparencia y verlos con las manos llenos de tierra. Da risa y al mismo tiempo coraje, ya sabemos que para los señores en Washington y en los diferentes niveles de gobierno, el deber ser está perfecto mientras se aplique en la yunta de mi compadre.
Los señores estadounidenses se rasgarán las vestiduras ante crímenes de lesa humanidad mientras no se mire a Guantánamo, se escandalizarán por el maltrato a sus nacionales en territorio extranjero pero que no vuelvan la mirada a Texas, exigirán una guerra contra el narcotráfico pero que se legalicen las drogas en sus casas, culparán a la oferta en un mercado negro y ellos seguirán siendo los máximos consumidores del mundo. En ese sentido, tal vez no sea exagerada la propuesta del ex ministro noruego, las acciones de Snowden han conducido a la discusión de la confianza y transparencia como un principio destacado de las políticas mundiales.
Si a un hombre que promete terminar con una guerra absurda y basada en la mentira, le otorgan el Nobel de La Paz y no cumple su promesa —como no ha cumplido tantas otras—, me parece que proponer a un hombre que reveló verdades que pueden contribuir a fincar reglas de convivencia en un mundo que cambia de lo real a lo virtual y que entendió que hay algunos que están haciendo las cosas mal, merece ser nominado.
Tal vez parece un chiste que Snowden sea propuesto para el Premio Nobel de La Paz, lo dramático es que aunque nos gane la risa, no hay de que reírnos.

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El punto de vista de la marginación (El tigre blanco)

El punto de vista de la marginación

El Tigre Blanco

Aravind Adiga

Novela

 

 

La marginación es un tema difícil de narrar desde cualquier punto de vista. Si se expone desde la visión del marginado con sus quejas legítimas, se critica el resentimiento; si se narra desde la posición del privilegiado, se reprochará la visión clasista. La marginación vista como tragedia suena a melodrama y a lugar común, sin embargo, otro tratamiento corre el riesgo de faltar al respeto y ofender. Pertenecer a una minoría, ser de la élite es, por lo general, una marca de nacimiento antes que una elección.

El siglo XXI cambió las reglas geoeconómicas, el producto interno bruto de las viejas potencias crece a ritmos cercanos a cero y únicamente dos naciones en el mundo progresan a ritmos estables: China e India, sin embargo, las minorías se sienten acorraladas por las consecuencias de este éxito.  Si bien es cierto que ambas naciones cuentan con indicadores financieros atractivos, la India no ha abandonado su condición de país subdesarrollado, con niveles de pobreza extrema a lo largo y ancho de su territorio, según las cifras del Fondo Monetario Internacional[1]. Reflejar contrastes resulta complicado. 

Aravind Adinga eligió abordar el tema desde un punto de vista cínico y provocador. Le dio voz a un narrador egocéntrico que desde las primeras páginas nos presume que es un empresario exitoso que se ha sobrepuesto a su condición de casta y que ha salido adelante al detectar una ventana oportunidad en el mundo de los negocios tecnológicos, tan de moda en la India. También nos revela que es un asesino.

El panegírico triunfal de Balram Halwai, narrador y personaje principal de Tigre Blanco[2], novela mucho más complicada de lo que el autor nos sugiere en las primeras páginas, está enmarcada en una serie de cartas dirigidas al primer ministro chino. Es la historia del antihéroe y al mismo tiempo una parábola de la nueva India, con un toque macabro de autojustificación constante. No es la fábula romántica del chofer que sale adelante y nos da una lección; es una provocación inteligente, dado que, según el narrador “las historias de podredumbre y corrupción son las mejores historias, ¿o no?”[3]

El tono elegido es sarcástico, el humor muy negro. No puede ser de otra manera, Balram se define a sí mismo como un hombre “hecho de barro a medio cocer”[4], nacido en un país donde el paisaje se confunde entre el resurgimiento económico y la corrupción, inequidad y pobreza, en el que la falta de educación y la superstición forman un cerco del cual es casi imposible salir. Sin embargo, se ve a si mismo como un hombre de acción y cambio, pensante y emprendedor, pero homicida. Un personaje complejo al que no le basta una etiqueta para ser descrito. “Un tigre blanco, una creatura que aparece una sola vez cada generación”.[5]

Aravind Adinga nos previene contra los destellos de la nueva prosperidad de la India, nos advierte de los desequilibrios sociales a pesar de la euforia de las empresas tecnológicas por mudarse a su territorio. El progreso económico no llega como una derrama uniforme. El protagonista es originario del lado de la oscuridad, esa región del interior de la India, bañada por el Ganges, sumida en usos y costumbres arcaicos, donde se vive la miseria de los intocables que contrasta con los avances en informática y tecnología de punta de la región de la luz.   Cada escena, cada frase es un instrumento del autor para recordar al lector que la India vive un sistema de castas inflexible y que las diferencias se hacen notar a pesar de la prosperidad.

 Balram critica la cultura servil de los indios y admira a aquellos que no se dejaron convertir en sirvientes. “Los británicos intentaron convertirlos en sirvientes, pero ustedes jamás se los permitieron. Sólo han sido tres naciones las que jamás se han dejado dominar por extranjeros: China, Afganistán y Etiopia. Son las únicas naciones a las que admiro.”[6] Y se burla, “…respeto el amor que tiene y demuestra el pueblo chino, por la libertad colectiva e individual”[7], jamás abandona el tono ácido para abordar el tema de la marginación.

El sistema de castas lo explica de la siguiente manera “Halwai, mi nombre significa: el que hace dulces, es mi casta y mi destino… los halwais llevan en la sangre hacer dulces y preparar el te”.[8] Pero en este orden clasificatorio es fácil bajar, casi imposible subir, y para no entrar en grandes complicaciones dice que hoy en día todo es más sencillo “existen dos tipos de castas: panzas grandes, panzas chicas”[9] o “los que beben licor indio y los que beben licor inglés” [10]y aquel que lo rige todo “el Gran Socialista que ha sido el jefe absoluto de la Obscuridad, ganando elección tras elección”[11]

“Yo fui un sirviente” [12] confiesa el narrador y por eso conoce la verdad de la India. La reflexión en torno a la condición de marginalidad en la cotidianeidad, la convivencia diaria del que sirve y es servido y la línea divisoria en ocasiones es tan tenue y en otras constituye una carga pesada. La otredad próxima, conviviendo en el mismo espacio vital. Las miradas entre los diferentes, las sonrisas irónicas que surgen a ambos lados de la línea divisoria que puede ser la distancia entre el volante y el asiento trasero. La marginación vista, no desde la posición del extranjero o del extraño, sino del que la vive día con día y saca provecho de ella.

Las diferencias explicadas de forma sutil pero contundente,: “yo me moví a la izquierda y él a la derecha”[13] o “el olor a colonia llegó a mi nariz, a colonia encantadora, rica frutal, que despedía su piel, en cambio el mío era hedor de mi sudor de sirviente …”[14] , “…cruzamos la mirada en el espejo retrovisor, los ojos del patrón tenían una emoción inesperada: lástima”[15] Las diferencias que no pueden ser borradas, por mas que el patrón le quiera dorar la píldora al empleado “Eres parte de la familia, Balram. Ahora vete al cuarto de servicio y espera instrucciones”[16]

Los personajes a primera vista parecen poco profundos, “Ashok era el clásico hombre de primera velocidad. Le gustaba empezar cosas, pero nada retenía su atención mucho tiempo.”[17] La superficialidad de los patrones de Balram, sus rasgos físicos, sus costumbres, son elementos de la caricatura de una clase social superior, cruel y distante, insensible ante la figura de sus empleados. “Gente que trata a sus poodles como hijos, a sus hijos como poodles y a nosotros como perros”[18][19] Y, la menos profunda de todas, la esposa de Ashok, Pinky Madam, es la única que parece tener conciencia en medio de un mundo corrupto en donde la muerte de una criatura parece carecer de importancia.

Adinga utiliza varias piezas para entretejer el punto de vista del marginado:

  • El servilismo y el ambiente de los choferes, “creaturas hechas para obedecer, ruidosos y felices, apestosos y voraces ante un poco de licor inglés”.[20]
  • El revanchismo y las practicas abusivas entre ellos “los sirvientes necesitamos abusar a otros sirvientes”.[21]
  • La ingenuidad del chofer que admira a sus empleadores resulta no ser tan cándida, “los centros comerciales, lo dorado de las luces, el aire acondicionado, la gente en camisetas de colores diferentes al servicio, el servicio prefiere colores brillantes, el elevador que parece hecho de oro puro”.
  • La explotación de los patrones, “ …no era un chofer, era un sirviente, tenía que saber lo que le gustaba comer, lo que le provocaba flatulencias, conocer su tracto digestivo de boca al ano”[22] “Un chofer no es solo un chofer, también lava platos, se encarga de su patrón”[23]
  • La explotación de las propias familias de los trabajadores “Mi nieto tiene trabajo y aun así me obliga a trabajar”[24]. “¿Cómo de que no? Aquí tu haces lo que yo te digo ―dijo Mushum― dame el dinero”[25] “No has mandado dinero desde hace meses. Olvidaste nuestro acuerdo”[26]
  • La diferencia entre los ambientes que habitan “Y así vi el cuarto con sus ojos, olí sus aromas con su nariz”[27]

 

Salí del gallinero, sentencia Balram, “pero aquel que nació sirviente será siempre un sirviente”[28] El impulso para salir del gallinero, como el narrador define ese entramado de castas, religión, política y superstición que obliga al individuo a quedarse en su lugar, quieto, sin causar problemas, fue el deseo de su padre para dejar atrás su destino: “Toda mi vida fui tratado como un burro. Lo único que quiero es que uno de mis hijos viva, por lo menos uno, como un hombre y no morir como un animal”[29]. “Pero este hombre, como te he dicho, fue capaz de convertirse en alguien mejor que su padre”[30]

Resume la historia: “Fui chofer para un patrón y ahora yo soy patrón de chóferes. No los trato como sirvientes ―ni les pegó, ni abuso, ni me burló de ellos―. No los insulto diciéndoles que son parte de mi familia. Son mis empleados”.[31] Adinga convierte a Balram Halwai en el portavoz inmediato de su propia visión de a India, no de una India alternativa, sino de la que el realmente ve y que realmente es.

Tigre Blanco es una novela desmitificadora que es preciso leer sin la carga de la antropología, del exotismo de la India o glamour del cine de Bollywood, porque lo que se narra en ella, en mayor o menor medida nos toca a cada uno de nosotros. Sea porque somos cómplices de un sistema de esclavitud de baja intensidad o porque nos damos cuenta de que estamos atrapados en una jaula como las gallinas en el mercado, pero unas jaulas invisibles cuyos hierros son convicciones y prejuicios, ideologías y atavismos. Se agradece una novela de la India sin maharajaes, sin Taj Majal, sin Gandhi como tema central. No hay aromas de sándalo, ni saris, ni ashrams, ni meditación. Adinga nos atrapa con un lenguaje furioso que provoca y enfrenta al lector con una India que resulta muy similar a México. La marginación, sin duda, es un tema difícil.

 

 

Bibliografia

 

Informe Anual, Fondo Monetario Internacional, Washington D.C., 2011.

 

Adinga Aravind, “The White Tiger”, Free Press, New York 2008.

 


[1] Informe Anual, Fondo Monetario Internacional, Washington D.C., 2011.

[2] Adinga Aravind, “The White Tiger”, Free Press, New York 2008.

[3] __“Stories of rottness and orruption are the best stories, aren´t they?”p.41

[4] __“Half baked clay” p.9

[5] __“the creature that comes along only once in a generation” p. 30

[6] __“The British traed to make you their servants, but you never let them do it. Only three natios have never let themselves be ruled by foreigners: China, Afganistan and Abyssinia. This are the only three nation I admire. ” p.3

[7] __“…respect for the love of liberty shown by the chinese people, and individual liberty” p. 4

[8] __“That´s my caste and my destiny. The halawais, amking sweets and tea is in their blood”p.53

[9] __“There are just two castes: Big bellies and Small bellies” p.54

[10] __“Indian liquor men and English liquor men” p.62

[11] __“The Great Socialist had been the boss of the Darkness winning election after election” p.81

[12] __“I was a servant once, you see”.p.3

[13] __“I moved to my Leith, he to his right” p.94

[14] __“the smell of cologne ―a lovely, rich, fruitycologne― rushed into my nose, while the smell of me was of  servants´ sweat …”p.94

[15] __“I looked at the rearview and caught his eyes on me, the eyes of the master with an unexpected emotion: pity” p.102

[16] __“You´re part of the family, Balram. Now go downstairs, to the servants quarters, and wait there.” P.141

[17] __“Ashok was a classic first gear man. He liked to start things, but nothing held his attention for long” p.120

[18] __“People that treat their poodles aschildren, thier children as poodles, and they treat us as dogs” p. 108

[19] __“The shopping malls, the golden lights, the air conditioned, the people in T-shirts of different colours than the servants, we servants prefer bright colours” p. 140

[20] __”Creatures made to obey, loud and happy, reeked of some English liquor”. P.134

[21] __“Servants need to abuse other servants” p.109

[22] __ “I was not only a driver I was a servant. I had to know what he liked to eat, what made him fart. A servant hs to know his master´s intestinal tract from lips to anus”p.118

[23] __”A driver is not just a driver, he also washes dishes and takes care of his master” p. 60

[24] ――”My grandson has a job and he still forces me to work”.p72

 

[25] __”What do you mean no? You´ll do what we want ―said Mushum― now, give me the money”p.73

[26] __”You´ve forgot to send money for months. Uou forgot our arrangement.” P.72

[27] __”And I saw the room with his eyes: smelled it with his nose” p.68

[28] __“Once a servant, always a servant” p.256

[29] __“My whole life I have been treated like a donkey. All I want is that one of my sons ―at least one― should live like a man, not to die like an animal”p.26

[30] ――”But this man, as I´ve told you, was different―he was capable of becoming someone better than his father.” P.135

[31] __“I was a driver to a master, but now I am a master of drivers, ―I don´t slap, or bully, or mock anyone. I don´t insult them calling them family” p.259

Mujeres en la iglesia

El Papa Francisco dijo desde el principio de su pontificado que el quiere renovar la Iglesia y, dadas sus acciones, lo dijo en serio. El hombre respalda sus promesas con hechos y pone manos a la obra para llevar a cabo transformaciones profundas en el seno de la institución Católica. Obras son amores, sin duda. Ayer, por ejemplo, hizo que los cimientos del Vaticano temblarán cuando declaro: “Espero ampliar espacios para una presencia femenina más extensa en la Iglesia.”
El rumbo que el Papa le quiere dar a las cosas es adecuado. No lo digo porque sí. Basta darse una vuelta por los templos del mundo, por aquellos que no se han convertido en museos y que no cobran la entrada, por aquellos que aún conservan su vocación original de espacio de culto y oración. ¿Qué encontramos? ¿Quienes están ahí? Mujeres. La conformación de los devotos es mayoritariamente femenina. La mayoría de las personas que van a rezar son mujeres. La participación en la vida parroquial, en las actividades, en las celebraciones, en los movimientos laicos, en las cruzadas, en las obras filantrópicas, es minoritariamente masculina. En ocasiones el único hombre que se encuentra por ahí es un sacerdote. Hay veces que ni siquiera él está. El sector femenino se organiza y da cauce a obras de auxilio, de caridad, de fervor, de altruismo y de todo tipo.
Las mujeres en mi parroquia forman parte del Consejo de Buen Gobierno, que se conforma por laicos, de cinco consejeros, dos son hombres. En la visita a enfermos, es decir, los ministros eucarísticos que llevamos la comunión a los que no pueden acudir al templo, hay tres hombres y siete mujeres. En los comedores para indigentes, mayoría de sexo femenino. En el dispensario, lo mismo. En la librería, en la catequesis, en los grupos de oración, en el estudio de Biblia, en el coro, en los movimientos juveniles, mayoría de mujeres.
Mi parroquia no es un caso aislado, la composición en la participación es igual en el Decanato al que pertenecemos y lo mismo se repite en la Arquidiócesis. No me sorprendería que así sucediera en el resto del mundo. Las razones para cerrarle la puerta a las mujeres para participar más activamente son endebles. Se basan en el hecho de que Jesús eligió a doce hombres como discípulos y a ninguna mujer. Sin embargo, los que defienden estas razones se olvidan de que aunque esto es cierto, Jesús siempre estuvo rodeado de mujeres en su peregrinar por la tierra. Las hermanas Martha y María, La Magdalena y su propia madre lo acompañaron y estuvieron sentadas al lado de sus apóstoles en diversos momentos importantísimos que se plasman en el Evangelio. Es más, la revelación que da sustento a nuestra fe, La Resurrección, fue hecha en primera instancia a las mujeres que fueron al Sepulcro y lo encontraron vacío. El Ángel, que resultó ser Jesús resucitado, habló con ellas antes que con nadie. Eso evidencia la importancia que el Hijo de Dios da al papel de la mujer y el lugar que quiere para ella dentro de la Iglesia. En La Última Cena, en Pentecostés, en las Apariciones, en los sermones, en el camino al Calvario, ahí estaban las mujeres. ¿Entonces?
La exclusividad que los hombres han gozado en el terreno de la Iglesia Católica ha relegado a la mujer a un injusto papel secundario que muchas monjas han criticado y resentido. Tienen razón. Ellas quieren participar, el sector femenino de la Iglesia Católica quiere actuar. Es absurda la no inclusión. Yo aplaudo con entusiasmo las declaraciones del Papa. En estos momentos en que la fe del mundo se tambalea, hay que recordar que La mies es mucha y los operarios pocos. ha sido ridícula la postura de marginar las manos que quieren ayudar por el simple hecho de no ser masculinas. Las razones para marginarlas no son contundentes y parece que atendiendo a ello Francisco quiere reformar la Iglesia con las mujeres como fortaleza.
¡Bravo por el Papa! Enhorabuena por esos espacios que se abrirán para aquellas personas que, de buena voluntad, quieren dar el mensaje de Buena Nueva. Estoy segura de que en el Cielo hay sonrisas de aprobación.

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Bieber y Cyrus

Las similitudes entre Justin Bieber y Miley Cyrus son evidentes. Chicos que saltaron a la fama a muy temprana edad, que tuvieron éxito con la fórmula que jamás falla: niños buenos, bonitos, talentosos que además se portan bien. Todo un modelo a seguir. Nada nuevo bajo el sol. Tampoco hay novedad en que estos modelitos cercanos a la perfección, llegada cierta edad, se revelen y se vayan al lado opuesto, generando escándalos. Los ingredientes siguen siendo los mismos, si no vean las historias de Britney Spears, de Christina Aguilera , Zac Efron y de tantos otros.
Sin embargo, Justin y Cyrus son diferentes entre sí. Miley corresponde al estereotipo de Disney, los forjan en estudios de televisión, los bañan, los peinan, los enseñan a bailar, a cantar, a mirar a las cámaras y a sonreír; Justin, no. Bieber saltó a la fama por la magia de Youtube, subió vídeos que tuvieron mucho éxito lo que llevó a que lo descubrieran y más tarde de mano de Lou Reid se convirtiera en el fenómeno mediático que ya conocemos.
Independientemente de la leyenda del niño que no tiene recursos y que toca la guitarra para ayudar a una mamá que padece una severa adicción, Justin hizo lo suyo para ganarse el lugar que tiene. A Cyrus se lo fabricaron. El chico tuvo el ingenio de hacerse un video y, sin contar con los recursos de Disney, saltar a la fama. A Miley la acompañaron desde el primer paso. Por eso, a pesar de las apariencias, Bieber y Cyrus son diferentes. O, mejor dicho, ahí empiezan sus diferencias.
Aparentemente, ambos son adolescentes en plena efervescencia hormonal, rebeldes y con mucho dinero que se han dedicado a hacer lo que no se debe y a generar dos cosas: espectáculo y utilidades para todos los medios que se dedican a reportar lo que los famosos hacen. Ambos generan dinero, mucho dinero, si entran a un restaurante, si toman cierta bebida, si se visten con ciertas marcas, si se tatúan, si enseñan la lengua, los dientes o todo el cuerpo, generan ganancias. Y, a pesar de que ambos comparten el mismo mercado objetivo y hacen esencialmente lo mismo, son diferentes.
En el caso de Cyrus, mi olfato me hace creer que Disney sigue detrás de ella. La fórmula buenaniñarebelde les ha generado muy buenos resultados. La rebeldía de Miley suena de plástico, parece muy trabajada, sigue sonriendo a las cámaras, se le ve pescando la oportunidad de jalar reflectores, la vulgaridad en la que ha caído es muy parecida a la desorientación de Britney que tantos miles de dólares ha dado en forma directa e indirecta a compañías patrocinadoras, productoras, publicitarias, de imagen, de prensa y todo eso. Acuérdense de mí y en pocos años veremos a la antigua Hanna Montana como una mujer asentada que puede contar como entró al fango y salió de ahí sin manchas permanentes. Ya nos sabemos la historia, la hemos visto muchas veces, se ha repetido hasta el agotamiento. Miley continua en el set siguiendo las instrucciones de su director.
Justin Bieber, por desgracia es otro cantar. Él va sólo en lo escencial. Se baja del escenario y que lo salve quien pueda. Al chico se le ve angustiado en las fotografías de la prensa, la sonrisa de la imágenes en sus calendarios no le sale, se le escurre un dejo de ansiedad. Ha vomitado en el escenario, se ha desmayado, hay reportes de que en sus meetandgreet no convive con sus fans, se le ve enfadado. Parece que ya se cansó. Incluso ha declarado que ya se va a retirar, para luego salir a decir que sólo se va a descansar. No parece haber una estrategia o tal vez sea exprimirlo lo más posible mientras se deje.
Cyrus sigue un plan, es un proyecto con método que ha tenido éxito, es producción en serie. Bieber por su parte es el éxito que llegó por sorpresa y que fue tan grande que lo desbordó. Los excesos de Miley me parecen controlados, son lo que sigue en la fórmula del laboratorio cuyas variables se conocen y están perfectamente analizadas y anticipadas. Ella trae un equipo y un plan. Él no.
Bieber es un proyecto que goza de la independencia que da la originalidad de sus comienzos. Él no firmó, o sus padres no lo hicieron, un contrato en el que vendía su vida a cambio de fama y popularidad. El mundo del espectáculo le abrió las puertas que él tocó con sus manitas. Por ello, sus excesos son más peligrosos, no siguen un patrón, ni son parte de un proyecto.
Con Miley Cyrus ya sabemos lo que va a suceder, con Justin Bieber no.
A muchos les despertó indignación la sonrisa del cantante en la fotografía con la que el departamento de policía lo fichó, a mí no. A mí me dio una mezcla de gusto y ternura, por primera vez, aunque fuera por un segundo, se le quitó la expresión de angustia y sonrió de verdad. Tal vez en el peor momento, pero lo hizo de forma genuina.
Esa es la diferencia entre Cyrus y Bieber, una es un producto probado, el otro es un auténtico acontecimiento, un ícono, con todo el riesgo que ello implica.

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Signos de alerta

En la antigüedad, la gente acostumbraba leer los signos en el cielo. La vida se podía ajustar a lo que se leía en el color de las nubes, en el azul despejado, en las mañanas grises y húmedas. Los viejos sabían si iba a llover o a hacer calor con sólo elevar la mirada. Tal vez por aquellos días, los dirigentes prometerían días soleados o lluvias propiciatorias que trajeran mayores beneficios a las vidas de cada quién, pero la verdad se encontraba en el cielo. No, a los gobernantes no se les debe de creer todo lo que dicen.
Hoy, los signos se llaman parámetros. No importa lo que los funcionarios presuman en Davos, importa lo que las variables indican. Ayer el INEGI dio a conocer las cifras de inflación, en la primera quincena de enero el nivel llegó a 0.68 y tiene un índice anualizado de 4.63%. Los nuevos impuestos ya dejaron sentir sus efectos. Por su parte el dólar escala en su nivel de cotización, pega un brinco de diez centavos en tres días y por primera vez en muchos años, el índice de crecimiento estimado para México es cuestionado por organismos internacionales. No, no les creen a nuestros funcionarios cuando expresan con optimismo que creceremos alrededor del cuatro por ciento. Piensan que será menos.
Peña aseguró en el Foro Económico Mundial que México ya tiene las reformas necesarias para dar la bienvenida a todo tipo de inversión. Dice que ahora sí, ya merito, quedan listas las leyes secundarias que hacen falta pero que ni se preocupen porque todo está planchadito y sin arrugas. Klaus Shwab, presidente del Foro, escucha al Presidente de México y así como que no quiere la cosa le pregunta por Michoacán.
La gente de Relaciones Exteriores, de Hacienda y de Economía nos cuentan que hay interés por México, lo cierto es que la Conferencia Magistral de Enrique Peña lució medio vacío, reportan que hasta Guillermo Ortiz se salió. Había más gente en los pasillos que en el auditorio. A la gente no le gusta escuchar escenarios color de rosa que en realidad están manchados de sangre. En vez de esconder lo que sucede en Michoacán, o de minimizar la situación, sería mejor hablar de ella y de las soluciones efectivas que se plantean al respecto. Eso daría seguridad a los inversionistas en lugar de sembrar desconfianza. ¿Será que no hay planes efectivos para resolver el conflicto en la región? Veo preocupación en el rostro de Rosario Robles, claro ella está en Apatzingán, no en Suiza.
México es un país que genera interés, de eso no hay duda. Mi patria no sólo es bella, es interesante. Es atractiva. Tiene suelos productivos, energía, mano de obra calificada, espacios turísticos inigualables, una posición geopolítica de envidia, y también, problemas. ¿Qué país no los tiene? Pero, imagino que los asistentes de Davos prefieren escuchar la verdad que un escenario imaginario de cuento de hadas que todos saben, no existe. Tal vez piensen que nuestros gobernantes no están al tanto de lo que pasa en el país y eso les generé desconfianza. Ellos, los inversionistas, pueden irse con sus cosas a otro lado, nosotros no. Aquí estamos y lo mejor, como siempre, será leer los signos que escuchar las palabras de nuestros dirigentes.
El tablero de control está encendiendo signos de alerta. La inflación sube y el peso frente a las monedas extranjeras pierde vigor. El crecimiento mundial ha sido raquítico pero el Secretario del Tesoro estadounidense dice que la economía más grande del mundo está corrigiendo el rumbo, pronostica crecimiento. Eso es bueno para México. Pero ni tanto como presumen nuestros líderes. Es mejor atender a los indicadores para no llevarnos una mala sorpresa. Hay focos que empiezan a titilar y si no ponemos atención nos pueden sacar un susto. Vamos, no sería la primera vez.

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El que espera (Édgar Tamayo Arias)

Los momentos de espera, no importa si se trata de un acontecimiento importante o de algo simple, siempre parecen durar más. El tiempo se estira y se hace más largo, mucho más. Recuerdo el día de mi Primera Comunión cuando ya arreglada con mi vestido blanco de encajes y crinolinas me hicieron sentar a esperar a que diera lo hora de la ceremonia. La silla me picaba y lo único que yo quería era que el reloj se apresurará a dar la hora. También recuerdo los minutos previos a entrar al quirófano a que me quitaran la vesícula, entonces quería que el segundero se moviera lento, lento. No quería que llegara la hora. Me vienen a la mente tantas memorias en las que he estado esperando llamadas, cartas, correos electrónicos y cómo la paciencia se agotaba mientras la esperanza se encogía. Por supuesto recuerdo aquella ocasión en que llegué con malas calificaciones, mi mamá me puso santa regañiza pero lo peor fueron los minutos que pasé sufriendo antes de que llegara mi papá a la casa. ¡Puf! Me imaginaba los castigos del terror que me daría, los gritos y sombrerazos y las espantosas consecuencias. Muchas veces la imaginación volaba más alto que lo que en realidad pasaba. Sufría más cavilando en lo que me sucedería que lo que de hecho sobrevenía. Esperar no es agradable y es peor si lo haces en soledad. Terrible si lo que esperas es la muerte encerrado en una celda.
Hoy, después de veinte años de espera, a las seis de la tarde terminaría la espera de Édgar Torres. ¿Qué querría este hombre, que el reloj se apresurara, que se alentara? El Gobernador Perry se negó a escuchar las recomendaciones de la Corte Internacional de Justicia, del Secretario Kerry, de Human Right Watch y por más que se insistió y se insistió en que se le violaron sus derechos, que no se respetaron los acuerdos de la Convención de Viena y que no recibió asistencia consular, el mandatario texano siguió en las mismas. Sin ver ni entender. Así terminó el sueño americano para otro migrante. Fue condenado por asesinar a un policía. Dicen que lo mató después de que lo esposaron, que ya encadenado, le disparó por la espalda. Todo eso dicen y tal vez sea cierto. También es verdad que todo eso lo dijeron en inglés y Édgar tenía derecho a escucharlo en español. Pero no, eso no sucedió.
De la carta en que expresa sus últimos pensamientos recojo las siguientes palabras:
“Quiero darte mi mensaje, que si me ejecutan, que por favor le digas a todos los paisanos, mi México entero, que me disculpen por haberles fallado y llegado encajonado, y ojalá que lo mío sirva como ejemplo para otras personas”. Y agrega: “la cárcel no come, pero sí mata a nuestros seres queridos. Y siempre vamos a ser las víctimas de nuestra propia pobreza y de nuestro color”.
Es verdad, muchos migrantes son víctimas, la tierra que los acunó los expulsó y la tierra prometida que ellos fueron a buscar les resultó una sentencia de muerte. La carta está dirigida a Pablo Antonio Castro Zavala, presidente de la Confederación y Clubes de Morelenses Estados Unidos y Canadá, la cual fue recibida el pasado 16 de enero en Las Vegas, Nevada. Los deseos de que sus restos sean trasladados a su natal Miacatlán, Morelos, y sus quejas y desilusiones se leen así:
“Te quiero pedir de favor que si puedes ayudar con algo para yo dárselo a ella, tú sabes que estás cosas son un poquillo caras. Y no quiero que meta mano en eso el mentado consulado, la verdad esa gente me decepciona, son puras pinches mentiras con esa gente y la Secretaría de Relaciones Exteriores, no hacen nada y tampoco los Derechos Humanos”.
Debió ser a las seis en punto, pero maniobras de último minuto lo tienen esperando todavía más. Pero el recurso falló y la cámara de la muerte recibió a su reo.
Otra vez, el cuerpo diplomático dio de que hablar.Otra vez las fallas y las excusas. Otra vez un condenado más. No se trata de hacer una defensa de alguien que comete un crimen, se trata de un compatriota al que se le vulneraron sus derechos y que aquellos que debieron estar para defenderlos en lugar de dar razones, dan pretextos. Una promesa más que no se cumple, las altas autoridades texanas hacen moño los acuerdos internacionales. Un muerto más sobre sus espaldas. Yo no sé sí Édgar era culpable o no, sí sé que a la hora de la verdad le fallaron.
Para Édgar la espera ya acabó, cruzó el corredor de la muerte, le aplicaron la inyección letal, a pesar de la indignación internacional y de los mensajes de lamento de la S ecretaría de Relaciones Exteriores. Espero que sus horas no hayan sido desesperantes. Deseo que su realidad haya sido mejor que lo que imaginó y que, por fin, haya encontrado La Paz. Sea o no culpable, un asesinato no se arregla con otro asesinato.
No se cómo, pero ya va siendo hora de que este tipo de atropellos a los migrantes acaben, que se respeten los acuerdos y que el Consulado en Texas de explicaciones de tantos y tan malos resultados. Pero tal, parece que para eso tendremos que seguir esperando.

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Cuando el tiempo es sangre

Inicia, como cada año la reunión de Ginebra para hablar de la paz. La cita en la que se reúnen los poderosos de la tierra ya llegó y los invitados están sentados a la mesa. La cumbre inicia con el antónimo del propósito que sirve de convocatoria, no es La Paz, es la guerra el tema central. Violencia, terrorismo, muerte. Siria toma el papel protagónico, se se pone en el centro de la discusión.
Ban Ki Moon opina, Kerry también. Dan soluciones con la autoridad del que habla de su propia casa. El Canciller sirio resiente el tono de las palabras y las acciones de los países vecinos, no se le ve contento. Les recrimina diciendo que ambos opinadores viven muy lejos, que desde Nueva York y Washington las cosas no se ven igual que desde la línea de golpeo. Tiene razón. La oposición también tiene voz, dice que los minutos son vitales, que el tiempo es sangre.
El norte de África se ha visto convulsionado, a lo lejos se percibe como los viejos caciques caen y llegan nuevos regímenes que parecen ser democráticos. Sin embargo, la nube de los liderazgos religiosos acecha. Sabemos, porque lo sabemos que mezclar las cuestiones políticas con las de Dios nos acerca más al infierno que al cielo. Salman Rushdie en los Versos satánicos toca el tema. En la novela El Profeta confunde las palabras del Arcángel y decide aceptar la adoración de una diosa pagana a cambio de gobernar una ciudad de arena. Sí todo el simbolismo alrededor de la laicidad que debe prevalecer en el gobierno de los estados. El Profera de la novela es repudiado por sus seguidores, ha caído en la peor de las tentaciones. Así no debe de ser. Su rostro se llena de vergüenza.
Dejar separados el terreno político y el religioso es lo mejor que le puede suceder al ser humano. Los de Dios a trabajar la tierra de labranza del Señor y los otros a hacer un trabajo honesto y democrático. En los terrenos de Dios hay que tener fe, en los de la política no, ahí hay que rendir cuentas. Si los términos se mezclan, las cosas se confunden y terminamos en violencias irracionales como las guerras religiosas. Te mato en el nombre de Dios. ¡Santo cielo!
Mientras tanto los civiles lloran la falta de paz.
Nueva York y Washington están muy lejos y ven las cosas a su modo, unos dicen que a sus conveniencias. Las eminencias de la ONU y de Estados Unidos elevan el dedo para opinar y a veces no queda claro si se entiende el problema o no. Las guerras son del diablo, la violencia es mala por dónde se vea. El origen de ellas es lo que se tiene que analizar y eso es sumamente difícil. Se complica más si el análisis se hace desde la lejanía de un escritorio. Peor si las cosas se dejan crecer hasta convertirse en un monstruo sin pies ni cabeza. Eso y las mentalidades tan diferentes.
Lo veo aquí, en Michoacán. La maraña entre las autodefensas, el ejército, La Familia, Los Templarios, son muchos nombres y muchas armas. Son muchas balas para gente que habita tierra buena. Si desde la capital del país no se pueden resolver las cosas, si los metros entre Morelia y Apatzingán parecen alargarse, imaginen la distancia entre Siria y Estados Unidos.
Lo cierto es que allá como acá, el tiempo es sangre y cuando eso sucede, más vale apretar el paso y llegar a una solución. Mientras más rápido, menos sangre será derramada.

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Calladitos se ven más bonitos

Por los diarios me entero de que el fin de semana asaltaron a Alfonso Navarrete Prida, Secretario del Trabajo y Previsión Social y antiguo Procurador de justicia del Estado de México. Con independencia del juicio a su equipo de seguridad personal, o al servicio de vigilancia de la plaza en dónde se perpetró el robo, de lo que estoy segura que el ladrón no supo a quién le estaba quitando el reloj. El buen ojo del ratero se centró en la marca y el valor de la joya que seguramente ya malbarató por ahí. Sin embargo, no estoy de acuerdo con las declaraciones del asaltado cuando afirma que se trató de un “incidente menor”.
No, caballero, no es un incidente menor. Se trata de un asalto a mano armada en una plaza de Polanco, zona exclusiva de la
Ciudad de México, en la que las familias salen a pasear y a distraerse. Navarrete no andaba en arrabales ni se metió en andurriales a horas inadecuadas, estaba entrando a un lugar sumamente concurrido y popular entre las clases altas de la sociedad mexicana. A eso hay que sumarle que el personaje principal, el asaltado, es nada menos que un integrante del gabinete en funciones del Presidente Peña. El antagonista, es decir, el asaltante se estará enterando de que en sus anales ya figura una víctima de tan alta envergadura. Se debe de sentir ofendido al enterarse de que su hazaña le parece un acto menor al Señor Secretario y en el fondo de su memoria emergerán la cara súper asustada y la mano temblorosa que le entregó el reloj sin resistencia.
Pero, al son de aquí no pasa nada, los funcionarios de primera línea del Gobierno Federal quieren tapar el sol con dedo. Igual pasa en Hidalgo, quemaron cinco tiendas de conveniencia y el Gobernador del Estado le dice a la prensa que fueron hechos aislados. Así le intentan restar importancia a lo que sucede en el país. La mala noticia es que un asalto, un incendio, armas designadas al uso exclusivo del ejército en manos de particulares y todo eso no son hechos menores, no son incidentes sin importancia.
Nuestros gobernantes piensan que nadando de muertito las cosas se disimulan, que minimizando la gravedad de las situaciones los alcances se mimetizan, pero no. En estos tiempos las cosas no se controlan por decreto presidencial ni se aplacan con golpes en el escritorio. El primer paso para solucionar los problemas es aceptarlos. Si no los vemos, ¿cómo los atacamos?
Pero mientras, el Secretario del Trabajo y el Gobernador de Hidalgo dicen que aquí no pasa nada y el subsecretario de Relaciones Exteriores, De Icaza, va alegremente por el mundo diciendo que el principal activo de México es la paz, el perídico español El País los desmiente dedicando sus ocho columnas al problemón que hay en Michoacán.
Está difícil tender una cortina de humo, disimular hoy no es tan fácil como antaño, basta un teclazo para poner en evidencia ante el mundo los dichos de cualquiera. Me parece que la gente en los distintos niveles de gobierno hacen muchos esfuerzos por tapar las cochinadas que hay en casa. Creo que en lugar de verse tan esforzados en aparentar lo que no es, deberían ponerse a limpiar el mugrero. Y, si no pueden o no quieren, mejor cierren la boquita. Pasarán menos vergüenzas. Sí. Calladitos se ven más bonitos.

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