2012 en resumen

Termino el año cumpliendo una de las tareas que más he postergado porque siempre me ha dado una flojera enorme: arreglar mi closet. Me tomó cuatro años decidirme a meterle las manos en serio, las últimas veces, lo dejé en manos de Olguita, una muchacha que trabajó conmigo por más de doce años y que me conocía mejor que yo misma. Hoy ella ya no está, así que no pude delegar tan satisfactoria actividad. Tuve que ocuparme personalmente y me alegro.
Arreglar y ordenar mi closet significó varias cosas que fueron más allá de quitar polvo, fue un acto de depuración. Clasificar, elegir que se queda y que no, cuales cosas irían a la donación y cuales directo a la basura, fue muy edificador. Me sorprendí de la cantidad de porquerías que fui guardando a lo largo de los años, de cosas innecesarias y de estorbos que ocupaban un lugar que no merecían.
También encontré guardados en los rincones muchas cosas de las que ya me había olvidado y que fueron verdaderamente importantes, como la tarjeta de Navidad que mi marido me mandó en el primer año de casados, los ropones con los que bauticé a mis hijas, o varios recuerdos que mi tía Beatriz conservó para mí, de mi bisabuela Abe.
Si, mi closet resultó ser un reflejo de mi propia mente. Ideas abigarradas, almacenadas una sobre otras, que dejaron en la superficie lo ultimo que llegó y no lo de mayor importancia. Un conjunto de cosas apiladas porque sí y que en realidad estorbaban y empujaban a un rincón a las verdaderamente importantes. Un montón de porquerías desbordándose en la superficie, aplastando y haciendo difícil abrir los cajones.
Por eso, siguiendo las enseñanzas del Camino de Santiago, decidí dejar de cargar lo que no necesito. Hacer una depuración completa. Lo que no sirva que no estorbe. Descubrí que cuando retienes tal cantidad de cosas en realidad estas desperdiciando, lo que no me sirve a mí, que le sirva a alguien más.
Así que con valentía deseché ropa, zapatos, mascadas, recuerdos, remordimientos, tristezas, amarguras que simplemente estorbaban. Me quité de encima todo lo que no me permite caminar ligera, sonreír con libertad, abrir el cajón sin que se atore.
Dije adiós.
Creo que después de cuatro años de pruebas y de experiencias duras lo que sigue es decir ¡Basta! Aventar lejos lo que pesa y sabe amargo.
Una vez que saqué todo lo viejo, lo pasado de moda, lo que sobraba, en mi closet y en mi mente, me sentí muy ligera. Ahora puedo encontrar todo mucho más rápido, se ve mejor y más claro.
No puedo mentir, tirar algunas cosas fue difícil, en algunos casos doloroso. Fue como tomar una medicina amarga, pero de rápido efecto. Al final el resultado fue positivo.
Dos mil doce fue un año de muchos logros, alegrías y satisfacciones. También tuvo sus momentos oscuros, pero, recordando mi etapa de números, haciendo un balance general, ganan los activos a los pasivos. Quedo con saldo a favor.
Fui a Machu Picchu en tren y caminado a Santiago, disfruté de la amistad de gente inteligente y solidaria, leí, escribí, fui escuchada y muchos ojos se detuvieron en mis líneas. Me arriesgué en un propósito que sonaba bien y perdí. No era el tiempo. Tal vez nunca lo sea. Dos de mis amigos se confirmaron una vez más como mis hermanos, otro caminó conmigo, reencontré a otro después de décadas de no verlo y otras dos me acompañaron con perseverancia. Mis hijas y mi marido se reafirman como mis principales motivos de felicidad y lucha. Dios como el sentido.
Pero para terminar como se debe este año hay que dar gracias. Gracias a todos ustedes por pasar a asomarse a ver lo que estoy pensando. De corazón y sinceramente, mil gracias.

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Decido mirar al frente

Los dos ángeles llegaron al atardecer, tal y como lo hicieron aquella vez en Sodoma. Al igual que Lot, ella al verlos salió a su encuentro, se arrodilló inclinándose en una profunda reverencia. Los invitó a pasar, pero ellos, contundentes respondieron: No pasaremos la noche en este lugar. Ve a llamar a tu marido, toma de la mano a tus hijas , recoge lo que es tuyo y sal de ahí de inmediato. Tienes que dejar ese lugar cuanto antes, pues son enormes las quejas en su contra y vamos a destruirlo, en el cielo alguien abogó por ti, por eso Dios accedió a esos ruegos y venimos a rescatarte. Tan pronto salgas de aquí, destruiremos todo. Los ángeles la apresuraron: levántate, toma del brazo a tu esposo, llévate a las niñas y salte antes de que te alcance también el castigo.
Ella los miraba incrédula, los ángeles insistían: Por tu vida, no mires hacia atrás, ni te detengas.
No olvides la enseñanza de la mujer de Lot, no regreses ni vuelvas la mirada al pasado, te convertirás en estatua de sal.
¿Por qué?, preguntó ella asombrada. No está en ti entender las razones de Dios, ya te dije, han sido muchas las quejas en contra de ellos.
Obedecieron a los ángeles, salieron apresurados. Todos los vieron partir, muchos se burlaron de ellos, otros los condenaron, algunos los injuriaron. Pocos los comprendieron. Para el esposo y las hijas no resultó difícil mirar siempre al frente. Para ella fue muy complicado no volver la vista atrás. Recordar, extrañar, lamentar. Fue mucho lo que se dejó. Las lágrimas le recorrían frecuentemente el rostro.
Los ángeles llegaron de nuevo al atardecer, la encontraron hecha un ovillo, recargada en un rincón. Levántate, mujer. Dios ha tenido misericordia de tu dolor, te envía un cúmulo de bendiciones: salud, amor, prosperidad, éxito. ¿Podré volver? No, no por lo pronto. ¿Significa que algún día podré volver? El pasado no vuelve. Enjúgate esas lágrimas y mira al frente. Ponte de pie y camina. Fuiste rescatada. Es peor vivir en la aflicción que convertirte en estatua de sal. Pero ¿y lo que quedó atrás? Lo que quedó atrás te ha estado llenando la mente y no ha permitido que entre lo nuevo. Deshecha lo viejo, dale entrada a lo fresco. Cuenta las bendiciones, agradece y aprovéchalas. Vive, mujer, el hoy y el ahora. Despídete del ayer.
Entonces ella fijo su mirada siempre al frente y sonrió. Sí, decido mirar al frente. Los ángeles, que pueden ver más que los humanos se alegraron, al ver lo que en el horizonte que la espera.

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Renacimiento de Acapulco

Querer es poder, reza el dicho. Aún en las situaciones más difíciles, en los conflictos más profundos, el primer paso para llegar a una solución es la voluntad. Acapulco quiere y puede salir del estado de violencia. Por eso, el concierto del día de ayer tiene tanto significado.
Fue nada más y nada menos Plácido Domingo quien levantó la batuta para dirigir a los niños y jóvenes de la Orquesta y Coro Renacimiento.
El nombre de la agrupación no es trivial, se debe a que los chicos que la integran pertenecen a esta colonia, Renacimiento, una de las más conflictivas y violentas del puerto. ¿Qué hacer para sacar a los muchachos de ese ambiente tan corrosivo? ¿Cómo alejarlos de vicios, tráficos, golpes y malas direcciones? Para algunos resultaba imposible transformarles el destino. Pero sí se pudo. Se logró un renacimiento y brotaron buenos frutos.
Con aplomo y calidad artística y con un padrino de la talla de Plácido Domingo, los chicos dieron gusto al público que se reunió en la Playa de Tamarindos para escuchar el concierto. Las voces dieron nota a la esperanza. La certeza de que en Acapulco las cosas están cambiando para bien quedó marcada por la interpretación de villancicos, arias, boleros y rancheras.
Es verdad, la voluntad es siempre el primer paso, pero para rendir frutos se debe tener fe y perseverancia. Los frutos no se logran de un día para otro. Hay que tener la paciencia y el animo para no rendirse a las primeras desilusiones.
Alejar a los jóvenes de aquello que les hace daño y encarrilarlos en un camino mejor puede sonar a que estamos luchando contra molinos de viento, pero ayer quedó claro que no es así. El esfuerzo valió la pena. Al rescatar a los niños y adolescentes, se rescata tarde o temprano, el destino de un pueblo.
Volverá el Acapulco al que Agustín Lara le cantó, el puerto en donde Jackie y John vivieron su luna de miel, del cual los reyes de España han quedado prendados, el de Cantinflas, Tin Tan, Mauricio Garcés y el de Luis Miguel. El del Sácale y del de Santi. Volverá el puerto a embrujarnos con el azul de su mar y el dorado de sus playas, con su jueves pozolero y su pescado a la talla.
Acapulco renace. El concierto de ayer en el que la Orquesta y Coro Renacimiento fueron dirigidos por Plácido Domingo me deja ver que querer sí es poder.

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Prosocial

La conducta prosocial es la capacidad que tenemos los seres humanos de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Es decir, es la disposición que mostramos para notar los sentimientos de alguien más y conmovernos sin perseguir ningún tipo de beneficio personal, sin buscar alguna ventaja. Es simple y pura empatía que doy como regalo en beneficio de otros.
La conducta prosocial es una habilidad que nos ayuda a percibir y reaccionar ante el gozo o la aflicción de alguien más. Está presente en el ser humano desde muy temprana edad. Un bebé puede darse cuenta de si su madre está afligida o tensa y mostrar voluntad de consuelo.
Los ingredientes de la conducta prosocial son complejos y variados, incluyen la sagacidad de estar alerta, de poner atención también a los otros que no son yo, el sentido del ser que ayuda, el entendimiento cognoscitivo y emocional del valor de cooperar. Es como se decía en otras épocas: sentirse bien de compartir con los demás.
Cuidado. La conducta prosocial no es sentir lástima por los demás, y echarse encima preocupaciones ajenas, eso no es ser prosocial, eso es ser tonto. No, no se trata de eso. Es más bien dejarnos invadir por lo cálido del altruismo. Pero es difícil.
Es complicado, hoy en día estamos más al pendiente de los aparatos que de las personas. Ponemos más atención en el teléfono móvil que en la conversación de la persona que tenemos al lado. Hay una gran comezón por estar consultando constantemente lo que se publica en las redes sociales, lo que están diciendo los amigos por medio de mensajes masivos, saber si alguien, quien sea ha tratado de ponerse en contacto. Y por está necesidad, casi vicio, de estar pegados a los aparatos de comunicación inalámbrica, sacrificamos la comunicación interpersonal.
Nos olvidamos de los olores agradables, de los cálidos apretones de mano, de escuchar, de conversar. Dejamos de interactuar presencialmente para hacerlo de forma virtual.Todo lo dejamos a un lado para ser sustituido por una pantalla a la que le prestamos toda la atención, aún cuando no esté ni sonando ni vibrando.
Me sorprendió leer que en San Francisco ya hay restaurantes que no sólo son espacios libres de humo, sino zonas libres de tecnología y aparatos celulares.¿Exagerado? No. ¡Maravilloso! Es tal el vicio por traer el aparato en la mano que me ha tocado ver a gente contestando llamadas mientras hacen pipí. En muchas ocasiones, al estar dando clases o dictando alguna conferencia, veo que los participantes están más preocupados de consultar en Wikipedia los conceptos de los que les estoy hablando que en realmente escucharme. En estos restaurantes, para garantizar una conducta prosocial, se entregan los aparatos al entrar y se recuperan al salir. Serán dos horas, máximo, viviendo la tragedia de la desconexión. Todos podemos sobrevivir ese trance tan traumático, me parece.
Aclaro, me encanta que la tecnología nos acorte las distancias, que nos lleve como humanidad a un mejor estado, que nos empuje a un nivel de mayor avance, pero tenemos que aprender cómo y dónde usarla.
Debemos propiciar conductas amables, empáticas, generosas y útiles a los demás. Ser una humanidad más amorosa, menos maquinal. Tal vez ese podría ser un buen propósito de Año Nuevo.

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El fracaso de Obama

La reunión en la que los estadounidenses y el mundo entero teníamos puestas todas las esperanzas concluyó con caras largas. Nadie quiso dar declaraciones a la prensa. Es evidente que no se alcanzó el ansiado acuerdo. Barack Obama y los líderes del Congreso, reunidos en la Casa Blanca, han fracasado. Este viernes, en un último intento por evitar el abismo fiscal pudo más el interés particular que el bien de una nación, de el mundo entero.
La reunión, ansiosamente esperada como la única salida de esta crisis de graves repercusiones económicas, concluyó después de poco más de una hora de conversación sin que ninguno de los asistentes ofreciera públicamente explicaciones sobre su resultado, lo que da muestra de la frustración existente en estos momentos.
A tres días para que el 1 de enero venza el plazo para la entrada en vigor de una masiva subida de impuestos y recortes de gastos que conducirían al país a la recesión, la situación queda en un limbo en el que nadie conoce exactamente los que va a suceder. La única certeza es que la posibilidad de un gran acuerdo bipartidista para la reducción del déficit se ha esfumado por completo.
Los demócratas están dispuestos a apoyar al presidente, pero los republicanos temen pagar los platos rotos en su partido. Sacan las manos y en la falta de compromiso avientan al país al temido abismo fiscal.
Aunque al final será Barack Obama, como presidente, el que acabará cargando con la cruz de la responsabilidad histórica de dejar caer al país por el abismo fiscal, el Partido Republicano pagará un precio muy alto. No hay forma, como ellos pretenden, de salir de este atolladero sin ensuciarse las manos. El precio a la vista será el deterioro de su imagen y pérdida de credibilidad, por el estancamiento de las negociaciones para evitar una crisis económica tan innecesaria. Se les recordará como la clase política que no estuvo a la altura de las circunstancias, que no logró sacar la casta para prevenir tan funestas consecuencias. No ha habido, en la historia de Estados Unidos, una crisis económica que presente tanta facilidad para ser evitada.
¿Será porque es día de los inocentes que no se pusieron de acuerdo? ¿Será egoísmo y soberbia extrema? ¿Será simple y sencilla estupidez?
Lo lamento por Obama que cargará la peor parte a pesar de los esfuerzos hechos, por los norteamericanos que sufrirán las consecuencias, por los países cuyas economías dependen de la salud de las variables en Estados Unidos, por ti y por mi que nos veremos afectados. Lamento, especialmente, la necedad de los republicanos que no han entendido nada de nada. Perdieron la presidencia, perderán los escaños que en su tacañería y miseria política han tratado de defender. Parece que no cuentan con las herramientas necesarias para interpretar las exigencias de este momento tan delicado.
¿Serán capaces de recapacitar? Aún quedan el 29, 30 y 31 de diciembre para alcanzar un acuerdo que le evite a su patria y al mundo un sufrimiento innecesario. Insisto, ¿serán capaces de recapacitar, o dejaran que el fracaso de Obama nos ensombrezca a todos?

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Necedades y reproches

En esta vida hay dos cosas verdaderamente insufribles: las necedades y los reclamos. No se cuál de las dos es peor, pero si las mezclas la combinación resulta nefasta. La sumatoria de ambas es un diálogo de sordos y peor que eso, es el reflejo de una posición soberbia y egoísta.
Las necedades y los reclamos terminan por destruir y si no me creen fíjense en lo que pasa cuando dos niños juegan y no se ponen de acuerdo: termina el juego y se acaba la diversión. Eso está mal. Está peor cuando se trata de personajes que deciden el futuro de miles de personas, como sucede entre demócratas y republicanos.
Los legisladores en Estados Unidos no se ponen de acuerdo, se desgastan entre reclamos y necedades, cada uno se pertrecha en su bastión y no ceden ni un milímetro en su posición. A lo lejos se les ve como un grupo de mulas que por más que se les intenta jalar para otro lado, insisten en su rumbo, a pesar de que van al desfiladero. El presidente Obama trata de negociar formas que le permitan evitar mayor desempleo e impactos negativos para la economía norteamericana, y del mundo, pero los legisladores se encuentran más ocupados en necear y en reclamar que en fijar la mirada en el largo plazo. ¡Dios mío, líbrame de los necios, apártame de los reclamos!
Por su parte en la Ciudad de México, asambleístas y Jefe de Gobierno, necean y reclaman, se echan la bolita unos a otros, y dicen que el cobro al alumbrado público no fue idea de ninguno. Seguramente surgieron por generación espontánea. Nadie quiere asumir la responsabilidad de semejante ocurrencia, nadie quiere pagar los costos de tan impopular idea. Se me ocurre que al darse cuenta de que no les va a alcanzar con lo que hay en las arcas del Distrito Federal, pensaron en echar mano de la fórmula más simplista y cómoda: el contribuyente cautivo. Pensaron que al estar de vacaciones, la gente no se percataría y que cuando les cayera la cuenta encima sería demasiado tarde, pero no. Nos les salió el numerito. Ahora asambleístas y funcionarios del gobierno de la ciudad necean y se reclaman la paternidad de semejante idea. Yo me pregunto¿y si le cobraran impuestos a los ambulantes no obtendrían los ingresos que necesitan?, ¿y si regularizaran a todos los que se cuelgan de la luz con diablitos?,¿por qué fustigar al contribuyente cautivo?, ¿por qué no, por excepción, cobrarles a los que todo disfrutan y nada pagan? Claro, en lugar de figurar una mejor forma de salir adelante vemos reproches y sinsentidos. ¡Dios mío, líbrame de los necios, apártame de los reclamos!
Lo desastroso de quedarse atorados en los reproches y las necedades es la falta de miras, pareciera que el corto plazo es el horizonte. Al tener una visión tan limitada se pierden oportunidades valiosísimas para tender puentes y encontrar soluciones antes de tener los problemas encima. Con la bronca sobre la espalda todo resulta más difícil, mas caro, más complicado.
Es cierto, los ánimos se caldean, hay temas que se deben ventilar, posturas que se deben fijar, pero el reclamo calienta la sangre y nubla la vista. La necedad impide el avance, cierra puertas. Negociar es sentarse a la mesa con buena voluntad, con el propósito de alcanzar un acuerdo. Negociar no es imponer. El que inicia con reproches e insiste en su postura no avanza, sean demócratas, republicanos, jefes de gobierno, asambleístas, helenos o troyanos.
Por eso, no está mal pedirle a Dios que nos libre de los necios y nos aparte de los reclamos. Estaría mejor que aquellos que planean el destino de muchos aprendieran a negociar.

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¿En funciones o de vacaciones?

Parece que nada sucede, que todo el mundo sigue de vacaciones o que están dormidos. Pero no es así, Obama ya regresó de Hawaii, Hollande ya despacha en el Eliseo, Merkel está al pendiente de las decisiones que se tomarán para evitar el abismo fiscal, y aunque en términos generales, la mayoría de la gente siga entretenida en su descanso, hay algunos que ya volvieron a trabajar, otros que en realidad no se fueron de vacaciones.
Enrique Peña Nieto estuvo repartiendo cobijas en Tlaxcala y Miguel Angel Mancera agacha la cabeza ante las decisiones de la Asamblea Legislativa de la ciudad. ¡Qué diferente manera de iniciar la gestión de ambos políticos! Mientras a Enrique Peña se le ve tomando el manubrio, a Mancera se le ve sumiso ante las decisiones de las huestes de su bancada. Es verdad que Enrique Peña llega con un aparato burocrático experimentado y que en ocasiones hasta da miedo, pero me asusta más un político que como Mancera promete no incrementar impuestos y pagos en la Ciudad de México y a penas me distraigo un poco ya se está por incrementar el pago del predial, el de la tenencia y espetarnos uno nuevo: el del alumbrado público. Él dice no ser el autor de las propuestas, avienta la pelota a la cancha de los asambleístas y espera quietecito la decisión.
Seguramente ya se dieron cuenta de que con lo que hay no alcanza y de la manera más simplista y comodina, en vez de estudiar la mejor forma de salir adelante, se opta por echarle la bolita al contribuyente. ¿Para qué quieren el dinero? Seguramente para pagar los desmanes que, de aprobarse la iniciativa de nuestros asambleístas, se podrán hacer en la Ciudad de México, sin recibir un castigo adecuado. Si seguimos así, tal vez hasta les tengamos que pedir perdón a los vándalos por no dejarlos destruir más. Los actos vandálicos dejarán de ser un delito grave en la capital, serán actos de libertad de expresión. ¡Viva la mano débil!
¿Y Mancera? No sé. No lo veo gestionando a favor de los ciudadanos, no lo veo negociando con los asambleístas de oposición, claro que hablando con los de su propio partido sería más que suficiente, en fin, no lo veo trabajando en favor de los ciudadanos. ¿Será que a pesar de estar en su oficina de cuerpo presente en realidad su cabeza está de vacaciones?
La luna de miel en la capital mexicana con el jefe de gobierno ha durado poco, a nivel federal, continúa, no sé si será el gel, la parafernalia mediática, la construcción de imagen, o que el presupuesto de ingresos ya está acordado sin grandes sorpresas, que la reforma laboral y educativa se encausan, que el plan de seguridad se encamina y que a pesar de las vacaciones se ve gente trabajando en las cuestiones federales. No sé si lo que pasa es que la izquierda dividida aún no encuentra su lugar, si Yo soy 132 los agarró dormidos, si el oportunismo político se combinó con la falta de ingresos, pero yo no estoy de acuerdo con que encima de que voy a pagar más por vivir en esta ciudad, cualquiera pueda venir a ensuciarla, pintarrajearla, violentarla y eso sea considerado un delito menor. Que cualquiera pueda destruir a garrotazos un negocio, romper los vidrios de una casa, destruir a garrotazos un auto y no reciba un castigo por su mala acción, me asusta, por decir lo menos. No me parece bien que se confunda la libertad de expresar desacuerdos con actos criminales. Mucho menos estoy de acuerdo con un jefe de gobierno que no gestiona en favor de la mayoría, sino que agacha la cabeza. Que se deja llevar por el oportunismo político. Yo esperaría mucho más él.
Me gustaría ver a un Miguel Angel Mancera menos dócil y mas operador. Más negociador, ejercitando el diálogo con los legisladores, haciéndolos entender. Me gustaría verlo más en funciones. Así como a Obama, a Hollande, a Merkel y a Peña.
¿Miguel Angel Mancera estará de vacaciones o en funciones?, me pregunto.

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Entretiempo decembrino

Por lo general, en esta época del año, la humanidad se retira a descansar. Es el impasse entre Navidad y Año Nuevo. Es la temporada en la que hacemos nuestra lista de buenos propósitos, nos sentamos a leer el periódico con tranquilidad, buscamos las listas de los diez mejores libros, discos, películas, programas de televisión, reportajes, blogs, chismes, escándalos. Revisamos los resúmenes noticiosos del año que va a concluir, hacemos un balance de nuestras vidas, evaluamos nuestros éxitos y fracasos, diseñamos proyectos. Recordamos lo que hicimos y lo que dejamos de hacer para que al llegar enero podamos sentir que cumplimos con el requisito y nos entreguemos a la cotidianidad sin remordimientos. Descansamos. Nos metemos en pijamas confortables, usamos las pantuflas más cómodas, dormimos un poco más pues nos damos permiso de levantarnos un poco mas tarde, prendemos el televisor y nos ponemos al corriente con las series de moda, hojeamos revistas. Nos refugiamos en playas o en montañas, viajamos al pueblo o disfrutamos del hogar. En resumen, aprovechamos el entretiempo decembrino para desconectarnos y descansar.
Este año no será así para todo el mundo. Al menos no para Barack Obama quien tuvo que suspender sus vacaciones y regresar de Hawaii para encabezar las negociaciones que eviten el abismo fiscal que amenaza a la economía de Estados Unidos. La recesión no quiere desaparecer del entorno mundial, quiere echar raíces y los congresistas norteamericanos parecen no darse cuenta, parecen comportarse como sus mejores cómplices. El hoyo negrometá a la vuelta de la esquina y los señores no se ponen de acuerdo, no quieren recetar la medicina que sabe feo y cargar con la responsabilidad. Sin embargo, las consecuencias de no hacerlo serán peores: alza en impuestos, desaceleración, perdida de empleos. No únicamente para ellos, sino para las economías que se relacionan con los norteamericanos que son los máximos consumidores del mundo.
Barack Obama deja el traje de baño y se pone de saco y corbata para negociar con demócratas y republicanos.
Mientras tanto, Miguel Angel Mancera sigue en el despacho, reitera su promesa de campaña de no incrementar los impuestos en la Ciudad de México, sin embargo, la propuesta de la Asamblea Legislativa, con mayoría de su mismo partido, plantea aumentar el impuesto predial, el cobro de tenencia de autos e implementar un pago por alumbrado público. ¿Nos sorprenderán con nuevas obligaciones en esta cuesta de enero?
Tal vez. Es probable que todo este cabildeo se lleve a cabo en este entretiempo justo para que el mundo, que está distraído, los deje trabajar con rapidez y sin derecho al pataleo. Lo cierto es que mientras ellos se ajustan el nudo de la corbata, la mayoría calzamos pantuflas, leemos, dormimos un poco más, hacemos planes, reflexionamos y nos preparamos para hacer listas que nos permitan recibir el primero de enero descansados y fortalecidos para recibir el Año Nuevo. Ni modo, cada quién a lo suyo.¿Quién quiere renunciar al privilegio del entretiempo decembrino?

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La diversión post-navideña

Tal parece que una nueva tradición ha nacido. Ahora cada año el 26 empieza una etapa post-navideña realmente entretenida. Es el momento de volver a las tiendas a regresar regalos. Una estampida similar a la que hubo el 23 y 24 de diciembre llegará a las mismas tiendas con idéntica ansiedad y desesperación. Así es, señoras y señores, la temporada de devoluciones ha sido formalmente inaugurada.
Los almacenes recibirán de regreso montones de suéteres cuya talla no fue la adecuada, el color no resultó del agrado de nadie, o que de plano fue la prenda que nadie tendría el valor de usar en público en condiciones de salud mental. Se repetirán las filas en las cajas registradoras sólo que en esta ocasión no será para registrar ventas, sino para tramitar devoluciones. En algunos casos la amabilidad brillará por su ausencia, en la mayoría las señoritas dependientas y los jóvenes del mostrador de quejas tratarán de complicar la operación a tal grado que muchos optarán por regresar con el regalito del terror a casa para adornar el closet y sacarlo para una mejor ocasión. En ningún caso se obtendrá el dinero de regreso. Como en la mayoría de los casos la devolución se concretará por medio de un monedero electrónico o con un cupón de compra, es el momento de aprovechar la oportunidad de adquirir aquello que no se necesita pero que es preferible conseguir en vez de quedarnos con ese regalo de espanto que nos tocó en el intercambio.
El regreso de mercancías es una actividad económica en sí misma. Randy Allen de la Universidad de Cornell dice que entre el 15% y el 25% de las compras navideñas regresan para ser cambiadas o reembolsadas. En realidad, la mayor parte de los regalos se canjean por otro artículo completamente diferente al recibido originalmente. No es común que el obsequio se cambie por otra talla o por otro color del mismo modelo, por lo general, se hace por algo totalmente distinto.
La gente se transforma y ejerce el deporte del canjeo con pasión y entrega, con paciencia y resignación. Esta nueva diversión navideña viene acompañada por aglomeraciones, largas colas, horas de espera y momentos de sana frustración. Todo para salir de la tienda con un articulo totalmente innecesario o que jamás se pensó adquirir.
Según la propia Universidad de Cornell que hizo encuestas de salida a consumidores que fueron a regresar algo, la devolución es una actividad frustrante que lleva a decisiones irreflexivas. Por ejemplo, estar esperando por horas para cambiar algo o canjearlo por algo absurdo. Así como hay compras de impulso, hay devoluciones de impulso que se incrementan con la fiebre navideña. Mucha gente termina con artículos peores que los recibidos en Nochebuena.
Para los almacenes esta es una actividad poco agradable. Se debe contratar a personal eventual que atienda a clientes que no van a consumir ni ha hacer un desembolso adicional, la mercancía regresa sin empaque, sin etiquetas o en condiciones que no permitirá que el artículo sea vendido a precio regular.
Pero ¿qué hacer con los pantalones que te regaló la cuñada y son dos o tres tallas más grandes? Sospechar que no fue un error sino mala intención aumentará la urgencia de sacarlos de la casa cuanto antes. ¿qué destino hay que darle a esa blusa de colores tan estrafalarios, regalo de tu hermana, especialmente cuando sabes que eso fue lo que le dio la secretaria de tu cuñado, a la que odia? La urgencia por deshacerse de objeto con tan mala vibra apremiará. ¿O el portarretratos de cerámica que le regaló el suegro a toda la familia y que no va con la decoración? Imposible imaginar con cuál decoración iría bien. Corbatas, mascadas, pañuelos, e infinidad de regalillos de buena voluntad que no hay forma de encontrarles lugar ni en casa, ni en la oficina, ni en urbi et orbi.
No queda otra alternativa más que correr con urgencia a hacer la devolución antes de que el regalo se anide en casa y forme parte del paisaje diario. Eso y pedirle al cielo no encontrarte a nadie devolviendo aquello que tu regalaste. Eso y entrarle con paciencia resignada a esta nueva diversión post-navideña.

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Navidad en Las Vegas

Para mi sorpresa la catedral está llena. Es una iglesia grande aunque no tanto para ser una sede obispal. Personas de todo el mundo nos congregamos puntuales. Lo sé porque iniciamos la eucaristía saludándolos unos a otros, como en los viejos tiempos. Gente de Australia, de Idaho, de Venezuela, de Arkansas, de Corea, de Carolina, nosotros de México. Todos reunidos para celebrar la Natividad del Salvador.
¿Quién diría? En Las Vegas se celebra la misa de Gallo. Pensé que seríamos pocos y la iglesia estaba abarrotada, a pesar de la tentación de seguir jugando ruleta, de el frío intimidante y el aire que complica más las condiciones meteorológicas. Todos unidos para conmemorar el verdadero significado de la Navidad. El advenimiento de Dios entre nosotros.
Ni Santa Clauses, ni renos, ni pingüinos. Simplemente una celebración que nos hizo recordar que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros para llenarnos de amor y esperanza. Para dar sentido a nuestra vida, y encontrarnos la fuente de alegría que no se agota. Sin efectos especiales, ni lucecitas, sino recogimiento y reflexión.
Me llena de gusto darme cuenta que en cualquier lugar la presencia de Dios se hace evidente para aquellos que lo buscan con sinceridad. Incluso en Las Vegas. Llega de manera poderosa y contundente, en forma de Dios Niño, a los hombres de buena voluntad.
¡Feliz Navidad!

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