Agradecer

Es de bien nacidos ser agradecidos, dice el dicho. El Jueves 27, presentamos Desde el umbral, una antología de cuentos, relatos y ensayos que el sello Última página me hizo favor de publicar.
Los caminos que se tienden entre un escritor y su lector son extraños y misteriosos. Es posible que ese nexo en el que el autor logra conseguir la atención de alguien se de a la distancia y que ambas personas no se lleguen a conocer. Eso sucede a menudo. Sin embargo, en la presentación de un libro surge la oportunidad de acercar a esos dos actores y cerrar el círculo de comunicación.
El jueves tuve la oportunidad de estar acompañada por muchos lectores, muchos que llegaron ahí convocados directamente por el cariño y otros que fueron al Museo de la Acuarela para ver quién era la que escribía estas líneas. Ambos encuentros fueron entrañables.
Cuando uno convoca a un evento, siempre está la cosquillita que provoca el temor de no generar interés, de que no venga nadie y luego sucede la magia: llegan los que esperabas ver y también te llevas la gratísima sorpresa de encontrarte con aquellos que jamás habías conocido fisicamente y que decidieron estar ahí. Esa es la magia de la escritura.
Desde el umbral es un libro que tiene textos que han gozado de suerte, textos que corrieron el camino antes que la autora y que cruzaron el dintel antes que yo. Como quien llega a una fiesta y no se atreve a entrar definitivamente y se queda atisbando tímidamente, así yo observaba el mundo de la escritura con cierta turbación. Los textos recorrieron el camino con decisión y para mí asombro opacaron mi noñería.
No queda más que agradecer a las instituciones que premiaron estos textos, a Última pàgina por recoger estos textos que se habían publicado en forma separada y reunirlos en un ejemplar maravilloso, a los que llegaron convocados por el cariño, a los que me han acompañado a la distancia y ese día decidieron acortarla y quedar tan lejos como un abrazo, a mi Miss, a mis primas, a mis presentadores, a los que viajaron desde lejos, a las autoridades de Museo de la Acuarela, a mis amigos, a mis alumnos,a mis hijita, a mi marido… Y sobre todo a ti que me lees.
Agradecer a todos y cada uno de los que se asoman a estas ventanas y me acompañan en este camino estrecho en los que, a veces, consigo perseguir molinos y reunir cetros y cayados y otras caigo de espaldas y a abollo la armadura.
Gracias, mil gracias.

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Las recetas de los partidos

Cualquiera hubiera pensado con justificada razón que después de las elecciones del año 2000, el PRI estaba condenado a desaparecer. Un humillado Francisco Labastida perdió por primera vez la continuidad del partido reinante y la aparente dictadura perfecta se desmoronaba ante el gusto de propios y extraños. No sería México el país señalado por la antidemocracia, no más. Se podrían oír los estertores mortuorios de los dinosaurios fuera de Los Pinos. Pero pareciera que sus pies no fueron de barro y pasaron doce años para que retoñaran rozagantes y más fuertes que nunca. La sentencia de muerte no se cumplió.
Por su parte el PRD que en su última elección pasó de ser la tercera fuerza al segundo lugar en el ranking de popularidad, sí se está muriendo. A lo lejos no se entiende cómo un partido que iba ganando terreno de repente dobló el pico. ¿Qué pasó? Los perredistas se están disolviendo como pastilla efervescente y en cuestión de segundos pierde forma.
Las recetas del PRI y del PRD son similares pero uno logró revivir y el otro se ve difícil que sobreviva. La diferencia es un valor viejo y encomiable que se llama lealtad. En el PRD no son leales, así nacieron y por esa misma razón morirán. Su origen viene de la disidencia, de la escisión del Partido primigenio y son tan parecidos que ambos reclaman a la antigua Revolución de 1910 como su bastión fundacional.
Las figuras relevantes del PRD fueron militantes activos del PRI, Cuauhtémoc Cardenas fue gobernador de Michoacán abanderado por el tricolor y Porfirio Muñoz Ledo ocupó muchas veces cargos ostentando los colores priistas. Andrés Manuel López Obrador fue uno de los militantes tabasqueños que mayores beneficios sacó del PRI y después lo abandonó. Esa es la historia del PRD, gente que llega de otro lado, lo exprime y después se va. El propio ingeniero Cardenas fue dos veces candidato fallido a la presidencia por el Sol Azteca y ya se fue. Lo mismo López Obrador. Piensen en el nombre de cualquier notable del PRD y verán que, la mayoría, viene de otro lado.
En su afán por ganar militancia, el PRD le abrió la puerta a muchos que lo único que hicieron fue aprovecharse del partido para luego abandonarlo. Así entró gente rijosa, marrullera, retrograda,abusiva y también criminales cuyo único fin era lavar dinero. El PRD como madre amorosa, abrió los brazos a muchos aprovechados que al no encontrar cause a sus aspiraciones en otro lado, se fueron a servir con la cuchara grande en el partido amarillo. Así llegaron al poder muchos que en otras circunstancias jamás lo hubieran logrado. Muchos que ojalá no lo hubieran logrado. Luego volvían el rostro y le hacían muecas desagradecidas al perredismo.
Que el ingeniero Cardenas renuncie por desacuerdos con el Comité Ejecutivo no me parece un acto honroso. Me da la impresión que debió advertir públicamente, desde antes, el cochinero de ese partido. Él, como líder moral, tuvo una responsabilidad y debió dirigir a buen puerto las intenciones de la gente de izquierda. Debió ser él quien cerrara las puertas al mal en vez de ofrecerles las sillas de honor. El capitán de un barco no salta cuando se está hundiendo. El líder es el último en cerrar la puerta, es el que pone el punto final. Cardenas salta por la borda, Andrés Manuel ya había saltado.
Ahí está la diferencia de las recetas entre el PRI y el PRD. Los priistas aguantaron el temporal, se fajaron mientras anduvieron bocabajeados, se agazaparon esperando la rendija que les permitiera saltar y ganar nueva vida. Ahí están en Los Pinos, un lugar al que el PRD no podrá acceder.
¿Quién le será leal al PRD? No se ven muchos candidatos, Alejandro Encinas dice que el partido está herido de muerte, el padiernismo y el bejaranismo andan nerviosos, Miguel Barbosa habla de pérdida de identidad y Carlos Navarrete piensa en refundar.
Sin duda, aunque es el mismo material, las recetas son diferentes.

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Invitación

Espero que me puedan acompañar…

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Cretinismo

El cretinismo parece una metáfora del sinsentido de la circunstancia nacional. Es una afectación de la glándula tiroides que se manifiesta en una actividad desacelerada en la producción hormonal que causa mal formaciones musculares, retraso en las funciones neurológicas y viene acompañado con ciertas evidencias físicas como la baja estatura del individuo que la padece, exceso de peso, somnolencia, letargo y una lengua tan grande que no le cabe en la cavidad bucal.
Parece que el ambiente en México padece cretinismo. Fíjense y verán la cantidad de cretinos que hay por ahí. No alcanzan la estatura que la Nación necesita para encarar los retos del momento y demuestran tener la lengua más grande que el cerebro. Vemos a políticos, mandatarios y dignatarios lentos, abotagados y pesados. Con gran dificultad motriz y con una pasividad que raya en la incongruencia.
Basta abrir una hoja de periódico, encender la radio, la televisión u hojear una revista para darse cuenta. Personajes que lucen un hipotiroidismo alarmante. Y, para muestra, un botón.
Resulta que ahora ir a un estadio a ver un partido de futbol es un evento de alta peligrosidad, más si se trata de un partido Pumas-América. Parece que la sociedad se resigna a que el espectáculo más gustado en la Nación sea espacio de vandalismo y destrucción. Ya no es un ambiente familiar en el que padres e hijos puedan disfrutar de sana diversión. Es un lugar en el que se puede perder un ojo, salir quemado o seriamente golpeado. Es la ocasión para perder el control individual, para drogarse, aventar centellas y bombas Molotov.
¿Quién pone orden? Nadie. Ni las autoridades de los clubes, ni los representantes de las barras ni las fuerzas del Estado —que lucen muy débiles— ni los espectadores, ni nadie. Ahora ir a echar porras es sinónimo de destrucción y destruir significa manifestarse por lo tanto es un derecho que debe ser defendido. Por favor, que alguien me explique cómo llegamos a este lugar.
Manifestaciones en las que la gente sale a la calle a demostrar descontento y terminan dañando a particulares que ni la deben ni la temen. Jóvenes que protegidos por una capucha se atreven a cruzar la línea de la cordura y rayan en actuaciones terroristas en las que se ponen en peligro a sí mismos y a los que los rodean. Policías que salen heridos y ministerios públicos que dejan en libertad a detenidos que tal vez sí o tal vez no tuvieron que ver con los desmanes. Al final, impunidad imperante.
Sin duda padecemos de cretinismo. Somos un conjunto de cretinos los que permitimos que los espacios de vida en común estén siendo arrebatados por gente violenta y que encima les creamos ese discurso puritano en el que reclaman derechos de expresión y no entendemos que lo que buscan es la destrucción.
Sin duda, padecemos una actividad mental lenta si no somos capaces de darnos cuenta de esta pifia y caemos en el juego de ponerle le cola al burro. ¡Sálvese quien pueda si los cretinos mandan! Debemos tener cuidado. Lo bueno es que hay rasgos físicos que nos permiten identificarlos: tienen la lengua más grande que la cavidad bucal, mas grande que el cerebro. Conste, el que advierte no es traidor.

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El repudio al veredicto en Ferguson

El veredicto fue a favor de Darren Wilson, el policía blanco que disparó y mató a Michael Brown, un joven de raza negra que estaba desarmado. Evidentemente, la decisión causó irritación y los ánimos se incendiaron. La violencia resurgió con mayor fuerza que cuando acababan de suceder los hechos.
Era de esperarse una reacción de repudio, desde el principio el caso de Brown atrajo la atención de la gente en el mundo. La mirada en el condado de Ferguson y la solidaridad con un muchacho que, aparentemente, perdió la vida sin razón alguna, contagió de indignación a personas que salieron a las calles en varias ciudades de los Estados Unidos.
Apenas unos minutos después de que se diera a conocer el fallo judicial, los policías en Ferguson ya trataban de contener a los manifestantes con gases lacrimógenos. Quemaron patrullas y autos. El Presidente Obama se dirigió al pueblo estadounidense, es válido sentir rabia y desilusión, no lo es pasarse de la raya, no lo es traspasar fronteras y aprovechar el vuelo para perpetrar actos ilegales.
Nos resultan similares las reacciones airadas de la gente. A la voz de ahí vamos todos juntos, la multitud se atreve a llegar a límites que como individuos sería impensable traspasar. Sin embargo, allá hubo sesenta y siete detenidos, acá se detiene gente y se le libera pocas horas después por errores de procedimiento. Ni sabemos si es tolerancia, estupidez o en serio se llevan a inocentes y dejan a los verdaderos perpetradores en libertad.
Allá, los padres de Michael Brown llaman a la calma y aunque dicen sentirse defraudados por la decisión judicial, declaran que la violencia no sirve. Claro, ellos pudieron sepultar a su hijo, acá no.
Hay protestas por el desenlace del caso, la espera fue larga y el sofocón fue grande. La gente toma pancartas y sale a la calle. Piden justicia para Brown, también allá piden por los 43 normalistas desaparecidos.

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Entre bombas Molotov

Aquí no se trata del legítimo derecho a protestar. Se trata de diferenciar una cosa de la otra. Protestar, mostrar inconformidad, dolor, rabia es legitimo, sin embargo, para todo hay modos. Sí, modos y límites.
Mostrar desacuerdos es un derecho, pero si para hacerme escuchar quiero secuestrar a un chofer que conduce una pipa de gas y la quiero hacer estallar, ya me pasé de lista, ya no se trata de una protesta, se trata de un crimen en grado de tentativa.
¿Qué hubiera pasado si la pipa de gas que los vándalos se apropiaron si, en verdad, la hubieran hecho estallar? ¿Cuántos muertos, heridos, afectados? ¿Cuántas casas, negocios, autos destrozados? ¿Quién paga esos desmanes?
El 20 de noviembre, un grupo de descontrolados, con bombas Molotov en mano, salieron a las calles y dada la evidencia, no tenían ganas de manifestarse, su intención era delinquir. Eso es diferente a caminar en forma ordenada para expresar desacuerdos.
Dos policías resultaron heridos, están quemados en el hospital. Fueron agredidos y parece que la ampollas en esas pieles no valen nada, los detenidos ya están libres. Unos, porque pagaron fianzas y otros porque fueron arrestados sin deberla ni tenerla.
Mal, muy mal. Levantar inocentes está pésimo, liberar culpables también. A los jueces, en su leal saber y entender, no encontraron delitos graves. La Ciudad, gobernada por el mismo partido que llevó al alcalde de Iguala al poder, se niega a lavarse la cara. Más bien se lava las manos, apapacha vándalos y abraza la impunidad. ¿Así, cómo?
Mientras, los ciudadanos de bien, la gente que movemos a la nación con el trabajo honesto y esfuerzo diario tenemos que hacernos a la idea de que vivir entre bombas Molotov será parte de nuestra cotidianidad ya que, según las autoridades, eso no es un delito grave.
Pero esos jueces, ¿no tendrán hijos, madre, hermanos o seres queridos? ¿No sabrán que una bomba Molotov no es un chiste, que es un artefacto que saca ojos y corta dedos? Hasta dónde yo me quedé, esos artilugios son de portación ilegal. Son peligrosos, especialmente si los manejan personas sometidas al influjo de una droga.
Lo peor, es que este descontrol, inocentes pagan el pato y los culpables salen a las calles. La impunidad coronada de bombas molotov. ¿Hasta cuándo?

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Dejar de ser invisibles

He criticado al Presidente Barack Obama por su falta de compromiso con los migrantes que viven en Estados Unidos, que trabajan honestamente, pagan impuestos y contribuyen a forjar la riqueza de la nación más poderosa del mundo. Lo he criticado porque fue gracias al voto latino que el señor pudo sentarse en la silla presidencial y habitar en la Casa Blanca.
También lo critiqué por la falta de congruencia entre su discurso de campaña y su oficio presidencial. Hizo todo al revés. Su administración ha deportado a más gente que otras y ha fracturado familias y tratado a niños como animales, enjaulandolos en condiciones infrahumanas.
Pareciera que la tierra donde el sueño americano es lema y en la que la justicia e igualdad son valores ha decidido que, unos son más iguales que otros y que lo justo es hacerse de la vista gorda con los latinos. Dejan de verlos para otorgarles derechos pero cobran sus impuestos. Les abren las puertas de sus casas para que cuiden a sus hijos, limpien a sus viejos, corten su pasto, laven su ropa, pero cierran la frontera y los sienten molestos si piden ser vistos como iguales.
Obama ha sido un presidente débil. Se ha dejado atrapar por un Congreso mezquino y se ha sometido a sus intereses. No le resultó tanta obediencia. Nadie se lo ha agradecido. Ante el fracaso de las elecciones intermedias y como un político que ya no tiene nada que perder, tomó una decisión: dejar el corto plazo y comprometerse con la Historia.
Obama ni quiere ser recordado como el presidente negro que fue esclavo de sus legisladores, ni aspira se recordado como el hombre que tuvo buenas intenciones y pocas acciones. Se revela y decide hacer lo que nadie ha hecho: resolver un problema que ya se convirtió en lo cotidiano. Quiere poner fin a una injusticia. Va a hacer que los latinos dejen de ser invisibles.
Avisó que hoy, 20 de Noviembre, hablará y operará a favor de los migrantes. Hará uso de sus facultades ejecutivas y tomará decisiones. Dejará de lado las necedades del Congreso y pondrá órden. Cumplirá sus promesas.
El Presidente de los Estados Unidos se dirigirá a la nación y al mundo para decir cómo pretende ayudar a los latinos migrantes. Con ello hace un movimiento múltiple: cumple su promesa, toma la estatura de un dignatario, resuelve un problema, retoma la simpatía de los latinos que lo llevaron al poder y pone al Partido Demócrata en la lucha para la elección presidencial. También evidencia al partido Republicano y lo desnuda frente al mundo. Carambolas.
Pero lo principal es que muchos que creyeron en el sueño americano, que han trabajado y aportado al crecimiento de esa nación, por fin, dejarán de ser invisibles. Hay esperanza por lo que el Presidente Obama dirá hoy por la tarde. Sea el 20 de noviembre un día propicio y marque, nuevamente, el calendario a favor de los que nadie ve.

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Jalarle los bigotes al tigre

Hay cierto placer en desafiar a la autoridad. Es como sentir cosquillas por todo el cuerpo al ver que un poderoso pasa aceite al dar explicaciones que nadie cree ni nadie espera creer pero que todos acechan por el gusto de ver una especie de espectáculo.
Por eso, por esa característica primitiva que nos hace olfatear sangre e instintivamente correr a morder, nos gustan los memes, nos regodeamos cuando alguien se cae en la alfombra roja, cuando un político usa una construcción gramatical equivocada o cuando un Presidente de la República es evidenciado.
Es una característica humana que no es privativa de cierta nacionalidad o de alguna latitud particular. El discurso en el que Nixon renunció a la silla presidencial rompió records de audiencia. Las películas en las que se refleja a un Hitler débil gritando como histérico sin control se han filmado una y otra vez por los niveles de venta que alcanzan. Ver a una estrella infantil, que ha sido imagen inmaculada, ejemplo y aspiración para la niñez entera de un país, retratada cazando animales en extinción o bailando en forma vulgar, gana rating. Es una fórmula probada en el mundo del espectáculo.
Poner a la autoridad o al poder en evidencia es como cuando un niño se vuelve desafiante a ver al padre y le dice: No me dolió, aunque todavía tenga las nalgas rojas por los cinturonazos. ¿Le quitó el dolor? No, pero hay una especie de desquite que no sabe del todo mal.
Eso sucedió con el escándalo de la casa de la señora del presidente. Andamos como el Caballo Blanco del corrido, con el hocico sangrante, atarantados por los hechos vividos, por la agitación que hay en el ambiente, con miedo e incertidumbre, pero no pudimos dejar de poner atención a la explicación que la Primera Dama dio sobre la compra en abonos del lugar donde el Presidente Peña durmió antes de salir a que le impusieran la banda presidencial.
Ahora resulta de que la va a traspasar. Parece que a la señora Peña le hace falta un asesor inmobiliario, accede a formas extrañas para adquirir y vender propiedades.
Yo me pregunto, ¿y luego? ¿No será que por estar jalándole los bigotes al tigre nos van a dar peores cinturonazos? ¿ No será una práctica distractora para que, por instinto, miremos donde no debemos y nos olvidemos de los muertos sin nombre de los que nadie habla y que se encontraron en fosas clandestinas en todo el territorio nacional? Pero, sin duda nos gusta ver en aprietos a los poderosos. Es divertido.
Creo que en estos tiempos, antes que la diversión esta la obligación. La que tenemos con los que no tienen voz porque los silenciaron a fuerzas. Esos que no jalan rating y no dan espectáculo.

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Deportistas, estudiantes y encapuchados

Por andar preocupados por el acontecer nacional no les hemos hecho mucho caso a los jóvenes que sí hacen bien las cosas. En el medallero de los Juegos Centroamericanos y del Caribe nuestros chicos van adelante, cosechando preseas, haciendo las cosas como deben ser.
Ellos, que sí tienen nombre y apellido, que dan la cara a México y al mundo, son un orgullo y un ejemplo para los demás. Sonríen orgullosos y elevan los brazos como símbolo de victoria. Reciben el premio al esfuerzo, a la dedicación y a la disciplina. Es decir, a la dieta rigurosa, a las horas de entrenamiento, a los espacios para el sueño, al cuidado del cuerpo y a la renuncia a la fiesta, al reventón. En fin, el amor a un sueño.
Tampoco les hacemos caso a los estudiantes que quieren estudiar, que anhelan tener un título para ejercer una profesión en forma digna. A los que al hacer un examen ponen su nombre y tienen una credencial con fotografía que nos identifica plenamente. A ellos que tarde o temprano tendrán una cédula profesional fruto del esfuerzo, la dedicación y la disciplina. A los que se sometieron al rigor del estudio, entregaron trabajos, hicieron tareas, investigaron y presentaron pruebas.
Deportistas y estudiantes ponen su nombre en alto porque llevan a cabo actividades que enorgullecen a su patria, a su familia y a ellos mismos.
Los encapuchados se cubren el rostro y amparan sus sueños en el anonimato. Nadie sabe sus nombres ni conoce sus caras. Sus grandes anhelos se tapan con un paliacate o un pasamontañas, ¿por? Tal vez no quieren ser recordados como los que quemaron la Puerta Mariana ni les querrán contar a sus nietos que fueron ellos los que incendiaron una estación de Metrobús o presumir que en su juventud sus proezas fueron pintar bardas y romper vidrios.
Dar la cara es importante, habla de quienes somos en forma integral y directa.
Cuando firmo un acta de calificaciones, pongo mi nombre y apellidos como aval de que soy consciente y responsable de quién obtuvo un grado aprobatorio y quién no. Me da orgullo ver mi nombre inscrito al lado del de mis alumnos y siento satisfacción con lo que hago. No necesito encapucharme para hacer mi labor. No quiero.
¿Por qué no nos muestran sus rostros, si en verdad creen estar haciendo lo correcto? Para dar la cara hacen falta dos cosas, valor y honestidad. Esa que gana preseas y obtienen títulos. Esas que hoy elevan miradas felices al cielo y tienen una medalla en la mano.
A ellos son a los que debemos volver la mirada y otorgar nuestro reconocimiento. A los otros, no. A ellos el olvido, el repudio y la vergüenza.

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Desilusión

En el mundo de al revés, las cosas suceden en sentido contrario de como se esperan. Así, cuando se debería de estar festejando un triunfo, en realidad se está llorando un luto o cuando la alegría debiera fluir, lo que brotan son lágrimas.
No podemos negar que el actual gobierno empezó a tambor batiente con un pacto político que, en teoría, logró que se dejaran intereses personales a un lado para ver por un México mejor. Se firmaron consensos y se fijó la visión de un plan a largo plazo para tener un país que por fin cruzara las puertas del desarrollo. Lo que se veía imposible se logró, se consiguieron las alianzas para las reformas que planteó el ejecutivo. Todo iba viento en popa y no nos quedaba más que festejar.
Pero, la vieja estructura comenzó a rechinar. Algo, en lo profundo estaba mal y no era posible ignorarlo. Tal como sucede cuando van a llegar las visitas y se avienta el cochinero al clóset y se cierra la puerta a fuerzas, así arreglamos al país en los primeros meses de gestión de la actual administración.
No está mal meter cosas al clóset, siempre y cuando se regrese a arreglarlas. Pero si el puerquero se olvida, no se desintegra, ojalá , pero así no funcionan las cosas. Lo que sucede es que se forma un caldo de cultivo efervescente que estallará en forma escandalosa tarde o temprano. Generalmente, explota en el peor momento: cuando menos lo esperamos, cuando estamos tan distraídos que ni las manos podemos meter.
Ya nos estalló el cochinero del clóset, ya salió toda la podredumbre hija de la corrupción y la impunidad, del clientelismo y el disimulo, de la conveniencia y la comodidad. Resultó ser más maloliente e infecciosa de lo que creíamos.
Nos vendieron un horizonte promisorio y nos ganamos otra desilusión. Otra vez somos los Moiseses que vemos a lo lejos la Tierra Prometida, otra vez algo salió mal y no logramos llegar. La puerta del clóset se abrió y vomitó la incontenible suciedad. Hizo evidente la infección mortal. Sí, sí, ¿y, ahora?
Matar al paciente enfermo, efectivamente acaba con la enfermedad, pero no es una buena solución. Apostar por la destrucción es mala idea. Aquí todos podemos levantar el dedo y juzgar y regodearnos viendo lo que todos hacen mal. Sin embargo, eso no ayuda a México. Con tanta desilusión, la rabia es mala consejera.
Ojalá nos pudiéramos poner a trabajar y cada uno, desde nuestras trincheras, lográramos limpiar nuestros regaderos particulares en vez de seguir regando basura.
En México ha habido los dos escenarios, los de violencia y agitación prolongada , basta echarle un ojo a la historia del país para darse cuenta y, también ha habido paz y tranquilidad. Los mexicanos sabemos vivir en orden y serenidad. Es nuestra mejor apuesta.

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