El enemigo invisible

El ser humano tiene varios enemigos invisibles dependiendo de tema en cuestión. Todos hemos escuchado que la presión arterial alta es, en términos de salud, un peligro silencioso ya que casi no da signos de su presencia y cuando los da, a veces es demasiado tarde.
En economía, el enemigo invisible es la inflación desacelerada. Es ese adversario que provoca la pérdida del valor del dinero en forma lenta y sin escándalos. Poco a poco, los bienes elevan sus precios, despacito. Semana a semana se nota como la moneda que traemos en el bolsillo rinde menos y no alcanza para comprar lo que con anterioridad sí.
Los efectos son tan letales como los de esas inflaciones aceleradas, en las que los ahorros valían la mitad de un día para otro. Lo que pasa es que la velocidad de una generaba escándalos y el paso acompasado de la otra le ayuda a mimetizarse. Se esconde detrás de la cotidianidad y de otros problemas urgentes que ocupan la mente de las personas.
Sin embargo, de repente vemos que el desempleo y la inseguridad suben. Que la actividad económica se desacelera y que los billetes en la bolsa rinden menos. Nos enteramos que el nivel de endeudamiento en tarjetas de crédito se eleva y que los números de cartera vencida son muy altos.
Hoy, muchas familias mexicanas están viviendo de ese crédito de plástico que es súper caro y que es el único disponible. La deuda crece a mayor velocidad que el ingreso y se genera una burbuja que estallará tarde o temprano.
Pero, a pesar de la angustia la gente no lo nota. El enemigo invisible se los está comiendo a mordidas y, al no verlo, no se pone remedio. La inflación va creciendo día a día. Las cosas cada día son más caras, las colegiaturas más elevadas, los bienes de consumo cuestan más, los servicios médicos salen en una fortuna. Las personas siguen gastando al mismo ritmo, piensan que ellos siguen ganando igual, que incluso reciben aumentos de sueldo. No se dan cuenta de que hay un enemigo invisible que los ataca y les quita parte de su ingreso.
Hay que tomar decisiones.
Para variar las medidas macroeconómicas tardan en bajar al nivel de los individuos. Tardan más cuando no hay medidas de ajuste. Ojo, en el horizonte no se ven medidas de corrección.
Hay que ser cautelosos. Para que este enemigo invisible haga menos daño, hay que aplicar continencia. Ser cuidadosos con los gastos. Revisar y actuar. Sí, es triste, pero hay que asumir que no se puede gastar tanto como en el pasado. Hay que ajustarse el cinturón.
Sí, es difícil. Especialmente cuando se ve el derroche con el que viven nuestros gobernantes. Sin embargo, hay que hacerlo. Es necesario poner manos a la obra, porque ellos, los que se gastan con voracidad el fruto de nuestros impuestos y que son los que deben de ponerle remedio a esta situación, andan muy ocupados gastando.
Hay que escuchar el aviso, antes de que estalle la burbuja y sea demasiado tarde.

20140331-091503.jpg

El perico del entrenador

Es difícil buscar los orígenes de casi cualquier cosa, es peor si de se trata de un pleito. Intentar encontrarle la punta a una hebra tan anudada y retorcida como lo que sucede con las barras y los estadios de futbol es tan complicado como entender porque un mexicano en otras partes del mundo si respeta a la autoridad y en territorio nacional no.
En casa nos atrevemos a muchas cosas que cuando estamos de visita ni siquiera nos imaginamos. Hay conductas inadmisibles que nos permitimos en nuestro terruño, que nos dan risa y que hasta publicitamos. Lo peor de todo no es la fanfarronería con la que apadrinamos faltas de respeto de las que luego, a la luz de los resultados, nos andamos quejando.
En la televisión hay un comercial en el que sale el técnico de la Selección Nacional de Futbol, de la Grande, en la que se escucha un grito al árbitro del partido. Le gritan “estúpido” mientras está de espaldas. El silbante voltea furioso, y adivinamos que con ganas de castigar al responsable. Asumimos, dada su fama, que es El Piojo quien profirió el insulto y el señala a un perico que trae en el hombro. Se lava las manos.
El mensaje es brutal y, para desgracia de la compañía que pagó el improperio, todos se fijan en Herrera y su perico y casi nadie en la marca de lo que se anuncia. Tal vez la compañía perdiendo relevancia en el mensaje esté ganando. Ahí lo que se dice es: Tú puedes insultar a la autoridad. Tú puedes faltarle al respeto al responsable de orden cuando está de espaldas. En el poco probable caso de que te cache, tú te puedes lavar las manos echándole la culpa a alguien más. Tú saldrás sin castigo. La autoridad no será respetada.
¡Bravo! Qué bueno que nadie se da cuenta de la marca que lo patrocina. O, cabe la pregunta de lo que en verdad se quiere patrocinar.
Elevar el nivel de las medidas de seguridad en los estadios, controlar las barras, castigar a los responsables de los desmanes es una parte de la solución, pero es, también, estar tapando hoyos con palitas de juguete. Hay que ir al origen.
Y, aunque ir al origen es complicado, todos sabemos que las broncas siempre empiezan por bravucones que las instigan. ¿Quién está instigando la violencia? ¿Quién alienta la falta de respeto a la autoridad? Luego andamos llorando.
En otras partes del mundo se respeta a los responsables del orden. Las consecuencias no son bromas. Si le faltas a un policía, vas a la cárcel. Si eres insolente con un uniformado, te pones en riesgo de recibir un macanazo o una bala. Es decir, si te pones grosero con un representante de la fuerza pública, te pones en peligro de muerte. Pero, aquí es al revés.
Sin embargo, podríamos empezar por el origen. Podríamos silenciar esas voces bravuconas que instan a la violencia, que faltan al respeto, que enarbolan la bandera de la hipocresía y que piensan que echándole la culpa a otro se acaba el problema.
Evidentemente, el origen no está en el perico del entrenador, está en lo que ese mensaje nos dice.

20140330-104251.jpg

Cuatro horas y media.

La imagen recorre con rapidez el camino que va desde los ojos al cerebro y llega al corazón. Me toma un segundo verla y sentir escalofríos. Es el resumen de más de mil historias, de millones de pasos y de infinitos sueños. Es un hombre que reúne en su efigie el anhelo de un sector de la población, amplio, muy amplio, que añora dejar su condición original y busca algo mejor. Es la metáfora perfecta de la perseverancia. También es la mejor alegoría de la amargura y de la frustración.
Un hombre, uno de los diez subsaharianos que logró saltar la valla fronteriza de Melilla se llevó la primera plana del periódico español El País. Saltó la barda de malla ciclónica que divide el aquí y el allá, que separa a los iguales de los diferentes, que indica dónde empieza Europa y en qué lugar se acaba África. El hombre traspasó la frontera, ya se sabe que lo hizo de manera ilegal, y se encaramó en una farola. Se trepó al poste de una luminaria ubicada ya en territorio español, para que no lo detuviera ni la
Guardia Civil ni el Cuerpo Nacional de Policía. Ahí se quedó cuatro horas y media.
¡Cuatro horas y media!
¿Qué habrá pensado ese hombre en esos minutos interminables? Doscientos setenta minutos, dieciséis mil doscientos segundos, minuteros y segunderos que daban vueltas y vueltas al reloj tal como ideas, recuerdos y sueños darían vuelta en esa mente que buscaba algo mejor.
El hombre, de quién no sabemos ni nombre, ni edad, ni ninguna seña de identidad, más que el sexo —masculino— y el tono de piel —negra—, nos muestra los rasgos más entrañables del que busca el exilio: la voluntad y la perseverancia.
Para entender a este hombre anónimo, que nos reúne a tantos y representa un todo, hace falta detenerse y ponerse en el lugar del otro. Con esa actitud empática que nos tira la venda de los ojos. Para entender el valor representado en esa imagen hay que conocer el exilio. Hay que saber del valor que se requiere para dar el primer paso y voluntad que hace falta para dar el siguiente paso y el que sigue y el que sigue. La perseverancia para quedarse abrazado al extremo más alto de una farola por cuatro horas y media, a pesar de saber que el sueño se había acabado sin haberlo alcanzado. Cuatro horas y media enrollado, a diez metros de altura, haciendo fuerza con los brazos y las piernas para no caer, para no soltar todo aquello por lo que se emprendió el andar. Llegó a la meta pero no consiguió el éxito. Esa consciencia tuvo para seguir aferrado.
No fue la falta de voluntad, ni la pereza, ni la frivolidad, lo que lo hizo bajar. Fue el agotamiento extremo lo que lo obligó a desprenderse de su sueño. Descendió exhausto y fue enviado al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes.
Las fuerzas de seguridad españolas cumplieron con su cometido. ¿Qué va a pasar con él?
Yo le rindo homenaje a un hombre del que apenas veo su rostro en una imagen plasmada en un periódico que se edita al otro lado del océano de donde se encuentra mi hogar. Me inclino ante su fuerza y su perseverancia e intentó imaginar lo que fueron esas cuatro horas y media en las que vio el fin de su sueño.

20140329-115128.jpg

En los rostros

En cada rostro hay una historia escrita aguardando a ser leída. Incluso cuando la cara está velada, hay datos que se revelan. Es muy complicado ocultar lo que ahí está plasmado. Ni con un pasamontañas se pueden esconder los pasajes que se denuncian ante un ojo observador. Con una mirada desciframos un universo. Nos topamos con sonrisas, gestos, manías, tics, arrugas, zurcos por los que se destilan las sensaciones que vienen del corazón.

Es muy común pensar que la concentración de esas sensaciones se da con la edad: mientras más viejo es alguien, el rostro se atavía de las expresiones del tiempo y de las huellas de la vida. También, en general, creemos que la intensidad es un rasgo de la juventud que explota en sensaciones que no se pueden controlar.  Entonces, el rostro de un joven será vehemente y el de un viejo, recalcitrante. Los primeros están apadrinados por la efervescencia y los segundos por el añejamiento. Claro que hay de rostros a rostros. Y, desde luego, el matiz de la expresión se afecta con las circunstancias.

Le pedí a mis alumnos de licenciatura que vieran las imágenes de lo que sucedió el fin de semana en el Estadio Jalisco en el partido de Chivas contra el Atlas. Muchos ni siquiera estaban enterados de lo sucedido. En el salón primero hubo silencio, luego rostros sorprendidos, luego asustados. La indignación vino al final. Llegó al momento de ver los gestos de la gente de la barra de Chivas golpeando insistentemente a un policía indefenso. Lo despojaron del escudo protector, le quitaron el tolete, le pegaron hasta dejarlo inconsciente y luego lo lanzaron al vacío como si se tratara de un saco de papas.
En cambio, los rostros de los golpeadores eran de odio, de coraje y resentimiento. Una mezcla terrible que les adormecía el sentimiento y les despertaba el lado salvaje y animal.
Fue terrible ver esas imágenes con mis alumnos. Chicos que cuentan casi, casi con la misma edad y que reaccionan de formas diametralmente opuestas. Unos con sensibilidad exacerbada, los otros carentes de ella.
Me apenó ver el rostro de pánico del policía que lanzaban al vacío y en de sus compañeros que no fueron capaces de defenderlo.
Un día feliz en que se lleva a la familia al estadio para ver un partido de fútbol, termina en un espectáculo de salvajes. Ni la afición, ni el gusto por el deporte tienen nada que ver ahí. No se trata de las porras y el ánimo que se le da al equipo favorito.
Se trata de un evento en el que algo fallo y en el momento de cuestionar qué fue, todos sacan las manos y señalan para otro lado. Cansada de la cobardía de quienes debieran responder por una muestra de que el hombre puede llegar a ser el peor animal, harta del yo no fui, fue Teté, hago lo que está en mi mano para que los hechos no queden impunes. Habló con mis pupilos y reflexionamos sobre el asunto. Se genera consciencia y se logra una conquista a favor del pundonor y la valentía; de la responsabilidad y las mejores prácticas.
Le mostré a mis alumnos las imágenes y platique con ellos al respecto. Con ellos que serán los futuros empresarios del espectáculo. Con ellos que sí se harán responsables y que no se harán los disimulados. En esos rostros en los que está puesta la esperanza y en los que seré de leer la buena voluntad.>

20140327-143311.jpg

Evocaciones de Crimea

Al escuchar de Crimea recuerdo mis épocas de preparatoria y la clase de Geografía. La maestra nos pidió un trabajo de investigación sobre algún rincón del mundo que debíamos exponer frente a nuestras compañeras y frente a otros profesores. Además de calificar el trabajo de investigación, el propósito de dicha tarea era evaluar la dicción y la capacidad discursiva del ponente. Tuve la suerte de que me asignaran Crimea. Y digo suerte porque al investigar me encontré con palabras maravillosas que estoy segura de que jugaron a mi favor al ser calificada.
Hermosuras fonéticas de la talla de Sebastopol, armonías como Simferópol, perfecciones como Eupatoria y combinaciones tan estupendas como Bósforo Crimeo o Istmo de Perekop. Con sólo pronunciar estos vocablos el que escucha queda hechizado. Cada palabra que da nombre a una ciudad, a un paraje, a una región son una sinfonía gloriosa.
Sí. Crimea es eso y se ubica en una de las penínsulas mas importantes de la Europa más próxima a Asia. Es tan hermosa que ya empezaron los pleitos por ella. Sí, como sucede en cuestiones geográficas, el lugar lo es todo, la localización le da ventajas geopolíticas que despiertan el deseo de muchos. Eso es tan bueno como malo.
Con las luchas vienen los cambios, se oscila entre ser república independiente, territorio ucraniano, distrito ruso. La hermosa costa de Crimea y todas las bahías que allí se alojan bien vale la pena el ser expulsado del grupo de los anteriores G8, que ahora es G7, pensarán los rusos.
Por la anexión de Crimea el mundo de los poderosos se unirá en torno a los rusos. Se impondrán sanciones económicas y unos saldrán más golpeados que otros. A Europa le convienen menos estas luchas, la mayor parte del gas natural que ellos requieren viene de Rusia. Putin se defiende, dice que esa península siempre ha sido rusa.
Los problemas y pleitos de carácter internacional toman las ocho columnas de los diarios de todo el mundo. Y yo, hechizada, sigo pensando, como cuando era una preparatoriana, que en Crimea hay muchas hermosuras fonéticas.

20140325-163758.jpg

El recuerdo de Colosio

Caminar en los entresijos de la mente en busca de recuerdos es algo muy curioso. La mente nos ofrece imágenes inacabadas del pasado que debemos completar con recursos del presente. La verdad, en ocasiones, la forma en que llenamos los huecos entre lo que sucedió y lo que recordamos da como resultado formas alejadas de la realidad. Otras veces, lo que pasa es que la memoria rellena esas oquedales con evocaciones ajenas y eso termina sustituyendo la verdad.
Si hubiera una especie de túnel que conectara el pretérito con el ahora y el yo que fue se pudiera asomar al que hoy es, se logararía corregir las versiones recordadas con fidelidad. Si hubiera una ventana en la que el pasado pudiera atisbar el presente, tal vez nuestro yo anterior se sorprendería de lo que decimos que sucedió y de cómo lo rememoramos. Lo que sucede, como lo dice Juan Ramón Jiménez en los últimos renglones de Platero y yo es que la figura que se forma por medio de la memoria es a veces más poderosa que la que fue de carne y hueso. Se forja un personaje alrededor del recuerdo.
Así me pasó con la figura de Luis Donaldo Colosio, se ha dicho tanto de él, se ha sospechado tanto, se le han puesto y quitado atributos que esa imagen es más poderosa que la que en su momento fue. Son pocos los que recuerdan y menos los que se atreven a decir que la campaña del entonces candidato de PRI no cuajaba y no se veía para cuando iba a solidificarse. Yo no recuerdo que el discurso del Monumento a la Revolución haya causado el revuelo que muchos conmemoran hoy, no leí grandes comentarios en los diarios, ni hubo en las columnas de opinión juicios favorables, ni nada de eso.
Granados Chapa y Sergio Ramírez —los columnistas que entonces leía— mostraban preocupación del activismo de Manuel Camacho que parecía no entender que él no era el candidato. Los moneros se regodeaban haciendo cartones del Presidente Salinas advirtiendo al respetable para que no se hicieran bolas y recordar que el candidato del PRI se llamaba Luis Donaldo y no Manuel.
Los priístas de aquellos años veían con preocupación la falta de consistencia de la campaña y el poco impacto que el candidato estaba logrando. Por primera vez se evaluaba la posibilidad de perder la presidencia. Hablaban de la fortaleza de imagen de Diego Fernández de Ceballos, candidato del PAN, que hablaba de un cambio seguro, lo que se traducía entre la gente como una transición sin violencia. También observaban los avances de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano que gozaba de las simpatías de la gente que quería restituirle lo que pensaban le habían robado seis años antes. De Colosio no había opiniones favorables. Se decía que había estudiado en Harvard y sus profesores no lo recordaban, del que sí se acordaban era de quién fuera su jefe de campaña. Ernesto Zedillo sí fue un alumno notable.
Los sucesos de Lomas Taurinas fueron un mazazo en la cabeza de cada uno de los mexicanos que vivimos aquellos tiempos. Nos sorprendieron y nos atarantaron. Jamás esperamos un fin de campaña así. La amargura y la melancolía tomaron el primer plano de la escena. Una viuda enferma. Unos hijos pequeñísimos. La orfandad como única certeza. Y el asombro que se convirtió en indignación. Y las manchas de las sospechas.
Un cocktail turbio. Una cortina que nos nubló los recuerdos. La necesidad de ser políticamente correctos. Todo ello nos hizo olvidar los sucesos anteriores al magnicidio.
Es verdad que las evidencias de lo que sucedió antes de aquellas horas en Tijuana quedaron impresas, que las opiniones quedaron escritas. Pero así como sucedió con Platero, cuyo recuerdo ya era más fiel a la figura que al verdadero burrito, así muchos recuerdan a un candidato presidencial diferente al que los documentos del momento reflejan.

20140324-092806.jpg

Cuando algo anda mal entre lo dicho y el hecho ( En memoria de Gustavo Garibay García)

Uno de los pilares que sustenta la filosofía de Cero Tolerancia, que aplicó Rudolph Giuliani con éxito en la lucha contra la corrupción en Nueva York, es la denuncia. Para acabar con las tendencias fraudulentas y con la inercia del ilícito hay que denunciar. Es preciso poner en evidencia al que está abusando de su poder, a quién solicita algo que no es correcto, al que se está pasando de listo. La forma para parar en seco la podredumbre es detectarla y aislarla. Es extirpar el foco de infección lo antes posible para que no nos siga dañando. Es decir, hay que quitar la manzana podrida para que no contagie a las que están buenas.
Sin embargo, la denuncia no es suficiente. De nada sirve apuntar al corrupto si no hay consecuencias. Es decir, la denuncia debe de venir acompañada por sanciones. Es así de sencillo: si una madre ve que su hijo se sube a la mesa y empieza a saltar, no es suficiente con decir, No te subas ahí, no es correcto. Sí eso pasa, lo mas seguro es que El niño siga ahí, y tal vez lo haga con más ímpetu. Tampoco es suficiente con apuntar las consecuencias, Si no te bajas de ahí, te vas a caer . El escuincle seguirá saltando, se caerá y se hará un chipote. No basta con amenazar, o te bajas o te voy a dar una nalgada. Lo que hay que hacer es bajar al niño de la mesa y si reincide hay que hacer efectivo el castigo.
La filosofía de Cero tolerancia sustenta, con razón, que de nada sirve denunciar si el denunciante no recibe apoyo. Quién avisa debe tener al menos dos certezas: que el denunciado recibirá castigo y que su seguridad estará garantizada. ¿Si no, quién será el valiente que abra la boca?
Las autoridades dependen de la denuncia para acabar con la corrupción. El denunciante depende de la seguridad y de la certeza de justicia para abrir la boca. Ambos necesitan un sistema judicial eficiente para lograr el resultado deseado que es acabar con la ilegalidad y sanear el ambiente social.
Pero, dice la sabiduría popular que del dicho al hecho hay mucho trecho. Gustavo Garibay García, alcalde de Tanhuato, Michoacán, fue el primero en denunciar los Moches. Se negó a pagar y entrarle al río de corruptelas y cochupos por el que se navega en el mundo político. ¿Qué le pasó? En 2012 sufrió un atentado.
Se le dio un cuerpo de escoltas y luego se lo quitaron. Le solicitó al Secretario de Gobernación que le regresaran la protección que tuvo en el sexenio de Calderón, le dijeron que no. Le pidió al Gobernador de Michoacán que lo ayudara! se tuvo que conformar con escoltas del municipio.
Hoy, las condolencias de Osorio Chong, de Fausto Vallejo y de Alfredo Castillo suenan huecas y a destiempo. Acribillaron a Garibay en el centro de Tahuato, en la mañana, al salir de su casa. Nadie puede decirse sorprendido ante los acontecimientos. Ya había antecedentes, en su persona y ya habían asesinado a su Secretario de Ayuntamiento. ¿A poco no era fácil saber lo que venía?
Los moches son una práctica corrupta que mancha a políticos de todos los partidos. Es una actividad que involucra muchos millones de pesos que se sustraen del erario para llevarlo a las bolsas de unos cuantos. Es dinero que te quitan a ti y a mí gozando de la mayor impunidad.
¿Qué pasa cuando un valiente denuncia, es decir, cuando hace lo correcto? Le quitan la protección y lo dejan indefenso. ¿De qué sirven las declaraciones de los que debieron protegerlo? Ningún discurso le devolverá la vida. No hay palabras que inciten a hacer lo correcto cuando todos vemos que algo anda mal entre el dicho y el hecho.
Mientras en casa de Garibay se visten de luto, en casa de los denunciados hay bolsas llenas de dinero. Hubo denuncia, no hay consecuencias. ¿Así cómo?

20140323-091818.jpg

¿Y las letras de oro? Homenaje a Octavio Paz

No cabe duda de que no hay muerto malo. Tal parece que cuando alguien cruza el umbral de la muerte se gana, en automático, las cualidades que en vida nadie le reconoció. Así sucede con todos, lo mismo con el Charifas que con el gran Hidalgo. Algo pasa que cuando se extingue la vida, también se acaban los defectos. Los efectos de la personalidad del muerto se vuelven beatíficos y es muy mal visto que alguien rememore sus defectos o se acuerde de las cosas que hizo mal.
Se ve peor que aquellos que lo criticaron cuando aún estaba vivito y coleando intenten decir algo.
Esta amnesia frente a la muerte y este celebrar las cualidades ignoradas es una seña muy peculiar que se exacerba en el carácter de los mexicanos con respecto a los que ya no están. Es especialmente exagerada cuando se trata de figuras que le dan honra a la Nación. Con mayor entusiasmo si el sujeto en cuestión fue un hombre de pensamiento claro, de bellas letras, crítico culto y además Premio Nobel de Literatura.
Hoy, todos celebramos a Octavio Paz. Lo elevamos a los pedestales del honor, lo alabamos y festejamos que hace cien años abrió los ojos en el seno de una familia mexicana que vivía en el ombligo del mundo. Hoy, nadie recuerda ni se quiere acordar de aquellos que lo criticaron, lo tacharon de neoliberal, de traidor de la izquierda, de defensor de la dictadura perfecta. Sí, en el día de su cumpleaños se llevó a cabo una sesión solemne en la Cámara de Diputados y muchos de los que entonces lo atacaron ahora lo alabaron por ser una mente brillante, un hombre plural, un mexicano máximo. Hoy todo son loas y elogios. La amnesia selectiva de algunos sujetos es inaudita. Hoy todos, propios y extraños se deshacen en aclamaciones. Muchos son los arribistas que aprovechan la oportunidad.
¿Y el recelo que despertó por sus comentarios? ¿Y las palabras airadas que se ganó por defender una economía más próxima a Keynes que a Marx? Sí, tal vez no debemos recordar esas cosas, opinan algunos. Sí, las palabras de un poeta hablan por él. Los renglones de crítica literaria, sus reflexiones en torno a la mexicanidad, el espacio que le dio en su obra a los migrantes, las traducciones y el trabajo de Octavio Paz le ganaron un lugar de honor. Su obra habla más y mejor que esos elogios desabridos de quienes ya olvidaron todas las quejas y reclamos que en sus días le hicieron.
Paz merece mejores elogios. Merecemos los mexicanos ver inscrito con letra de oro el nombre de quién fuera una de las mejores plumas que ha dado México y que le dio tanta gloria a la Literatura.
¿Dónde está la generosidad que le debemos a este nombre? ¿Para qué tanto discurso y palabra insulsa? Su nombre merece aparecer entre los grandes y ser escrito inscrito con letras de oro. ¿O, no?

20140321-180353.jpg

Historias para asustar

Cuando era chica fui una niña muy asustadiza. Todo me daba miedo. La oscuridad, las calles solas, algunas imágenes —especialmente aquellas que tenían que ver con figuras religiosas muy martirizadas—, asomarme debajo de la cama, ir a la cocina por un vaso de agua en la noche y muchas cosas más me asustaban. Por eso escuchar historias de sustos no era una de mis actividades favoritas, si lo hacia era por pertenecer. Iba al cine a ver películas de terror por acompañar a mis amigas, no por gusto. Me hacia la valiente y por la noche sufría con las pesadillas. Yo aumentaba la potencia del terror con mi propia imaginación.
Mi padre solía decir que en realidad las historias de terror se usaban como telón para ocultar algo. Duda de aquel que te quiera asustar, seguro está escondiendo alguna fechoría. Con los años se me ha quitado lo miedosa y sospecho que me están cuenteando cuando me quieren asustar.
Está rondando por ahí la versión de que una de las maravillas a las que se dedican Los Caballeros Templarios es al tráfico de órganos. Escuché una entrevista que le hicieron al Dr. Mireles en la que cuenta que la gente de El Chayo llevaba a unos niños vivos en un avión refrigerado para extirparles los órganos y traficar con ellos. La imagen es escandalosa, no hay duda. Se juega con las sensaciones que causa imaginar a chiquitos indefensos a punto de ser tasajeados por una serie de malditos. Entonces, en lugar de escandalizarme, sospecho. Tal vez sea un mecanismo de defensa aprendido en la infancia.
Muchas preguntas surgen en mi mente. ¿Para qué los llevaban en un avión refrigerador si las criaturas estaban vivas? ¿Quién sería el receptor de esos órganos sin haber verificado la compatibilidad? ¿Cómo es posible que un médico haga ese tipo de declaraciones si sabe de la complejidad que entraña la compatibilidad de órganos entre el donador y el receptor? ¿Y los padres de los niños, por qué no armaron un escándalo por la desaparición de sus hijos? Todo me resulta sumamente extraño. Luego escuchó por ahí que no. No se utilizaban los órganos para su tráfico. Ahora dicen que se los comían. Otra imagen de terror. Canibalismo. Una barbaridad. Sí.
Sospecho.
No tengo dudas de que Los Caballeros Templarios fueran un grupo de personas dedicadas a delinquir. La evidencia habla por sí misma. Pero cuando me cuentan una historia a la que le falla la verosimilitud, desconfío. Peor, cuando me doy cuenta de que me están contando una historia para asustar. ¿Por qué me quieren asustar? ¿Qué necesidad tienen de contar una historia con imágenes de terror tan exagerado?
El tráfico de órganos es sumamente difícil. Se necesita de una red de ejecutores sumamente capacitados en cuestiones médicas y de laboratorio, especialistas en genética y quirúrgicas, además de condiciones muy controladas en términos de higiene y profilaxis para llevar a cabo un transplante con éxito. A eso hay que agregarle el ingrediente de secrecía que conlleva un acto delictivo, y la infraestructura tan especializada que se requiere para ello. Ese conjunto intrincado de factores y la complicación que implica, me lleva a dudar. Y luego la versión del canibalismo…
Es cierto que en muchas ocasiones la verdad supera a la ficción. Es verdad que estas mafias están más allá de lo que nadie pueda imaginar. Pero, la intuición es la intuición. El sexto sentido me dice que hay historias que se cuentan con el propósito de asustar. Presiento que este cuento es de ese tipo. Y yo, que fui una niña asustadiza, recuerdo las palabras de mi padre. No puedo sino pensar que con esta historia me quieren ocultar algo. Huelo que me están cuenteando.
Desde luego, puedo estar en un error y en lugar de estar sospechando, me debería asustar. Pero…,
No sé, me imagino a un pequeño tratando de asustar a la abuela con una serpiente de plástico ¿qué diría ella?

20140320-132235.jpg

Malasia Airlines MH370

Algunas veces pienso que el mundo es un pañuelo y otras no tengo más remedio que darme cuenta de su inmensidad. En la actualidad resulta muy fácil localizar casi a cualquier persona. Sabemos dónde anda ya sea porque identificamos el lugar por las fotografías que se suben a las redes sociales, porque los teléfonos inteligentes revelan la posición geográfica de su dueño o porque se los podemos preguntar con un mensaje de texto o una llamada telefónica. La tecnología nos hace accesibles en todo momento y en todo lugar. Al menos eso creíamos antes de que el vuelo MH370 de Malasia Airlines saliera de Kuala Lumpur con destino a Beijing el pasado ocho de marzo.
Nadie sabe nada. Las distancias se estiran con la elasticidad de un resorte y se vuelven inconmensurables. Desde la orilla del Mar Caspio hasta las profundidades del Océano Indico se busca la aeronave perdida. China y Kazajastán averiguan si el avión pudo o no aterrizar en su territorio, Australia e Indonesia se dividen la tarea de inspeccionar las profundidades del Océano más profundo del planeta, el cuerpo de agua más remoto y que cuenta con la menor cobertura de radar, Malasia es víctima de fuertes críticas ya que a pesar del despliegue de veintisiete buques, dieciocho aviones y un submarino, no se consiguen resultados. Ni los helicópteros MH6OR, ni el P-8A el artefacto aéreo de misiones bélicas enviado por Estados Unidos logra rastrear al MH370 que sigue perdido.
El globo terráqueo se ensancha, ya no parece del tamaño de un pañuelo ni nos lo podemos comer a puños. La liga de países colaboradores no da golpe. Bangladesh, Brunei, Francia, Japón, Kurguistán, Laos, Myanmar, Nueva Zelanda, Filipinas, Rusia, Singapur, Corea del Sur, Turkmenistán, Emiratos Árabes Unidos, Gran Bretaña, Uzbekistán y Vietnam, son las naciones que buscan por todos sitios el avión de Malasia con doscientos treinta y nueve personas a bordo.
Teorías hay muchas. Terrorismo. Suicidio de los pilotos. Secuestro aéreo. Accidente. Nada parece dar luz de lo que sucedió con la aeronave. Pienso en Robinson Crusoe, y en como creí que esa historia sería inverosímil el día de hoy. Pienso en la serie de televisión Lost y en como muchos críticos opinaban que la falta de verosimilitud la tornaba ilógica y complicada. No puedo dejar de considerar que los límites entre la fantasía y la realidad se pintan con los colores de la locura.
Los derroteros de la mente me llevan a considerar a los pasajeros y tripulantes del avión. Protagonistas de un misterio en la época en la que todo puede suceder y casi nada queda son respuestas. Casi nada. Hasta que surge un acertijo que pone en vilo al concierto mundial. Y aunque el mundo se ensanche y crezca, la mente se empequeñece y se hace moño al tratar de entender.

20140319-061832.jpg

Anteriores Entradas antiguas

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: