TED y el Papa Francisco

Una vez más, el Papa Francisco da una lección de proximidad. Toma el micrófono en un entorno en el que no estamos acostumbrados a ver a un Pontífice, pero a este jerarca de la Iglesia Católica le gusta innovar. Aceptó la invitación de TED, una organización sin fines de lucro cuya misión es dar a conocer ideas que valen la pena, para dar una plática. Como él lo sabe hacer, como si  estuviera dando un sermón a los feligreses de su parroquia en un tono amoroso y muy consciente del impacto de sus palabras, el Papa se dirige a la cámara sentado en un escritorio sencillo, hasta pequeño y habla.

Las palabras fueron elegidas con el cuidado que un relojero tiene al arreglar una joya de precisión, son sencillas pero bien estructuradas, tienen la intención de calar hondo, son como la punta de una fecha que se abre paso en el barullo mundial y llegan a su destino. Eligió el título El futuro eres tú para su conferencia y basado en la parábola del Buen Samaritano abordó tres ejes temáticos: la interconexión y la esperanza, la humildad y la ternuna. La charla está dirigida a jóvenes pero tiene una intención de amplio espectro y es recomendable incluso a quienes no abrazan la fe católica. 

En su conferencia, que más bien parece una plática de un hombre sabio que domina el,tema que está abordando, Francisco dijo que la innovación científica y tecnológica están  bien, pero no cuando nos ciega ante el sufrimiento de las personas que se sientan junto a nosotros en el metro. “Qué maravilloso sería, mientras descubrimos planetas lejanos, volver a descubrir las necesidades de los hermanos y hermanas que orbitan alrededor de nosotros”, dijo. ¿Quién es el prójimo?, nos plantea. “Los caminos de la gente están plagados de sufrimiento, ya que todo se centra en el dinero, y en las cosas, en lugar de las personas”. Todo lo que se necesita es una persona que se detenga y ayude, para cambiar la vida de las personas que nos rodean. “Una sola persona es suficiente para que la esperanza exista, y esa persona puedes ser tú”. Concuerdo con el Santo Padre. Si la interconexión me priva de la convivencia, una pantalla me ciega y me impide ver al otro, me provoco soledad. Basta alguien que eleve la mirada y vea al otro. La incitación es fuerte: podemos ser nosotros.

En segundo lugar, el Papa Francisco aborda el tema de la humildad. La humildad comienza cuando tenemos la generosidad de transformar el “tú en nosotros”, cuando somos capaces de dejar el egoísmo a un lado empezamos una revolución que enciende la chispa de ayuda. Entonces, vemos con otros ojos al prójimo. Me maravilla la forma en que el Santo Padre simplifica las teorías económicas y llega a la conclusión que tantos economistas han planteado. El Papa propone centrarnos en lo que tenemos cerca, tender la mano a quien está próximo. La preocupación por los grandes temas tiende a disolverse, se pierde en la inmensidad de  lo que no podemos manejar, en cambio, se vuelve algo concreto cuando nuestros esfuerzos se quedan en nuestro entorno, cuando quien recibe mi ayuda tiene un nombre y un apellido que conocemos.

El último tema que aborda el Papa Francisco es la ternura. Con ese acento en la mirada, con la transparencia que materializa las palabras y nos hace confiar en quien las pronuncia, el Santo Padre nos invita. “La ternura significa usar nuestros ojos para ver a los demás, nuestros oídos para escuchar al otro, para escuchar a los niños, a los pobres, a los que tienen miedo del futuro”. Usa palabras que llegan al meollo del asunto de la actualidad, tenemos miedo y nos sentimos solos. Y, profundiza:  “Para escuchar también el grito silencioso de nuestro planeta, de nuestra Tierra enferma y contaminada. La ternura significa usar nuestras manos y nuestro corazón para confortar al otro, para cuidar de los necesitados”. Hace una precisión magnífica: “La ternura no es para los débiles,  hay que tener fuerza espiritual y emocional para identificarse y actuar en nombre de los más necesitados. Por favor, permítanme decirlo alto y claro: cuanto más poderoso eres, más impacto tendrán tus acciones en la gente, más responsable eres para actuar humildemente .Si no lo haces, tu poder te arruinará, y arruinará al otro”.

Me hubiera gustado que el Papa Francisco hubiera elegido hablar en español en esta charla de TED, ya que es el idioma en el que la mayoría de sus feligreses habla, o en inglés que es el nuevo esperanto y en el que una buena porción de los que no están afiliados a la Iglesia Católica se comunican y que usan los científicos, académicos e innovadores. Pero, eligió hablar en italiano, lo cual me hace sospechar que la audiencia a la que se dirige es universal, sí no hay duda, pero que tiene un sello espacífico, le habla a quienes, como él, habitan en el Vaticano. 

El que tenga oidos…

https://www.youtube.com/watch?v=vEZpf6wkFQc

Las palabras de una presidencia estadounidense

Amy Davidson, de The New Yorker, nos platea una pregunta interesante: ¿Por qué invertimos tanto tiempo en hacer coincidir lo que dice Donald Trump con la realidad? El hombre empezó una guerra muy particular desde que decidió recorrer el camino de la política, se enemistó con sus propias palabras y batalla contra ellas todos los días. A un compás alocado hoy dice y mañana se desdice, plantea fantasías imposibles de lograr, sueña con mundos de ficción en el que la única coincidencia es la pobreza de lenguaje con la poca factibilidad de sus planes. No obstante, nos preocupamos pues se trata del Presidente de los Estados Unidos.

Cuando el señor Trump empezó a caminar rumbo a la Casa Blanca, los pronósticos eran que jamás llegaría precisamente por esta forma descoordinada y francamente brusca de actuar. Pero, nos equivocamos y se equivocaron. Nosotros con nuestras predicciones y los electores al poner ahí a un hombre que dice haber bombardeado Siria por consejo de su hija. Por suerte, la grandeza de Estados Unidos se sustenta en sus instituciones y la herencia del pasado sirve de freno de mano a un sujeto descolocado que creyó ser rey y no presidente. Confunde conceptos, no hay duda. 

Según el planteamiento de Amy Davidson, cualquiera que sea su fuente de locura, desde la perspectiva del Presidente Trump, la realidad debe empatarse con su imaginación. Sin duda. El hombre ha querido arrugar la ley, desestimar al Congreso, hacer de lado las instituciones, ignorar a los jueces. Y, evidentemente,  esto le sucede a un hombre que no se reconcilia sus palabras, que no sabe describir lo que habita su mente y que está dando signos de una terrible falta de rumbo. Eso eligieron los estadounidenses y con ello tenemos que padecer en el mundo entero.

Con la pericia de un maraquero, tuvo la asertividad de generar ciertos eslóganes que aceleraron el ritmo cardiaco de muchos, sea para despertar temor o para generar cariño. No hay planes, hay ocurrencias. China, Corea del Norte, México, Comercio, Migración, Asuntos Internos, son temas que le llevan a emitir palabras por impulso. La forma simplista en que generaliza todo revela esa estructura desnatada, desentonada, light, frivola como base y fórmula para dirigir a un país de la talla de Estados Unidos. 

A casi cien días de gestión, el mundo está aprendiendo a leer a Donald Trump. Estados Unidos pierde credibilidad en forma acelerada. Si Trump fuera presidente de otra nación, hoy a poco más de tres meses de mandato, ya nadie le haría caso. Pero, el hombre es poderoso, aunque por suerte, hay instituciones que le amarran las manos y le ponen orejas de burro y lo mandan al rincón a reflexionar. Hay quienes no entienden.

Claro, las palabras de Trump cayeron al mundo como un mazazo. Causaron una gran impresión que se convirtió en una decepción inconmensurable. También en un alivio, mucho ruido y pocas nueces, dice el dicho. Ahí, no hay sustancia. Hay veces que el Presidente de Estados Unidos hasta me causa ternura. Lo veo como ese alumno torpe pero empeñoso, como ese chico que quiere y se esfuerza pero no logra entender la asignatura, como ese joven que sabrá Dios porqué llegó a ser titular del equipo y que cada vez que le llega la bola, se equivoca de movimiento, como ese sujeto que quiere ser popular y no le sale. Lo veo con la agilidad de un pato que camina junto al estanque. Lo malo es que el ganso va dando pasos en un campo minado en el que todos, estadounidenses y el resto de la Humanidad habitamos.

Las palabras de esta presidencia estadounidense son de jabón, provocan pompas que estallan a los pocos minutos de ser emitidas. Son efímeras pero tienen daños reales de amplio espectro. Un vocablo de este sujeto puede hacer que el tipo de cambio en México suba y eche abajo una buena transacción y deje sin empleo a personas de carne y hueso. Una orden mal calculada mata a civiles que debieran ser respetados. Una locura para la actividad aeroportuaria que le cuesta millones de dólares a una nación. El desperdicio de palabras lleva a desperdicio de recursos. Es una pena, apenas van cien días. 

En un estado de incongruencia total, Trump califica este periódo como magnífico. Está claro que el significado que el le da a las palabras es muy diferente a lo que el resto del mundo interpreta al oirlas. No hay duda, la guerra mas peligrosa que estamos viviendo es la que el Presidente de Estados Unidos le ha declarado a sus propias palabras.  

¿Qué encontramos en el debate de los candidatos a la gubernatura del Estado de México?

Ayer se sentaron a debatir frente a las cámaras los candidatos a la gubernatura del Estado de México por primera vez. Ya sabemos, porque nos lo repiten sin cesar, que la importancia de estas elecciones radica en la concepción de que lo que suceda representa una prueba para las elecciones presidenciales. Así que, se hace un experimento de laboratorio y eso nos dicen. La verdad es que los mexiquenses podrán preguntarse por qué los usan de puerquito de guinea en vez de verlos con la seriedad que representa ser uno de los estados mas poblados del país.

Más allá de las acusaciones, reclamos y pleitos que le dan sabor al chisme, me preocupa ver lo que encontramos. El hilo conductor del debate fue la exposición de motivos de cada candidato que siguió un script y no se apartó de él. Leyeron lo que llevaban apuntado y al más puro estilo del voy derecho no me quito, básicamente se ignoraron entre ellos y ni aclararon las descalificaciones y desde luego no sustentaron sus propuestas.

En el lalaland de cada uno de los candidatos no habrá corrupción, se desaparecerán por decreto los feminicidios, el progreso entrará a tambor batiente y todos vivirán felices para siempre. Desde luego, todos les creímos a pie juntillas cada cosa de lo que nos dijeron. Seguridad y justicia, corrupción y desarrollo social fueron los ejes temáticos del debate. Y, además de las ilusiones de cada uno de los candidatos, que por supuesto, todos quisieramos que fueran realidad, no hubo contundencia.

El debate nos mostró candidatos acartonadísimos, muy apretaditos, ceñidos a la camisa de fuerza de sus anotaciones, parecía que olían vinagre y se les notó tan sueltos como un bebé que da sus primeros pasos. Muchos lugares comunes y reproches poco originales, que lo mismo se podrían haber escuchado en Francia, en Argentina o en Parral. Fueron más acusaciones que debate. No hubo un acto de comunicación y exposición de ideas diferentes sobre un mismo tema entre los candidatos, por lo que no pudimos decidir quién será más capaz para gobernar en la medida que los argumentos expuestos. Todos fallaron en cantidad y en solidez de sus motivos. Fracasó la finalidad directa y expuesta a conocer las posturas, bases y argumentos funcionales, de las distintas partes de una discusión. No se  cumplió un rol de enriquecimiento de quienes participaron en el debate, y se perdió la oportunidad para convencer.  

Las mujeres dieron pena. Teresa Castell, candidata independiente, habló y habló pero nadie la escuchó, resultó transparente a sus correligionarios. Dijo ser la voz ciudadana, pero eso de escuchar, no se le dio. Se ciñó a lo que traía en las tarjetas, leyó y ya. Pero, Josefina Vazquez Mota y Delfina Gómez fueron peores. Josefina acusó y acusó; invitó a visitar un sitio sobre los cheques de Delfina y mostró a cuadro una dirección inexistente. Así se derrumba una credibilidad de por sí endeble. Delfina oyó las acusaciones sobre descuentos a la nómina de trabajadores en Texcoco y no hizo comentario alguno, sencillamente ignoró. ¿Así irá a ignorar a los electores?

Los hombres tampoco brillaron, Alfredo del Mazo fue el más atacado y lució muy frágil. Quiso borrar sus orígenes y nexos familiares, quiso anular los gastos exagerados que hizo mientras fue director de Banobras y mostró fotos que realmente lo hicieron ver como una comadre en lavaderos más que como un candidato a gobernador. El candidato de Morena se hizo bolas con los números, Juan Zepeda del PRD no supo explicar por qué durante su gestión los robos a casa-habitación crecieron a 316%, y el candidato del Partido del Trabajo iba en el asiento trasero.

¿Qué encontramos? Personas que no saben manejar las cifras que llevaron de soporte, gente que no estudió los datos que usaría para debatir, candidatos que muestran soportes falsos para acusar, buenos deseos sin planes, mucho botox, mucho maquillaje, mucha cirugía estética, sonrisas frías y una tibieza que nos hace temblar.

Fracturas sociales

El mundo vive una era de fuertes fracturas sociales que los políticos saben explotar muy bien. Promesas de campaña que van aderezadas en ese aliño que enciende los ánimos y buscan dividir. Claro, al son de divide y vencerás no hay ética, responsabilidad social, valores, ni freno que valga. Conseguir una posición de poder es la meta, el objetivo se traza a partir de tácticas estratégicas que quieren granjearse simpatías y votos. Prometer no empobrece y hoy más que nunca, cumplir aniquila.

Los nacionalismos apelan a orgullos profundos que tienen que ver con el origen de cada persona. La identidad es una fuerte moneda de cambio. Erigirse como el paladín que vendrá a defender a un sector y lo protegerá de extraños enemigos es un grito de guerra que se populariza y ha llevado a triunfar a impresentables que una vez en el poder, no pueden cumplir sus palabras.

Trump no sabe como hacer para pagar un muro, Theresa May quiere negociar un Brexit a modo, Marine Le Pen dice que está harta de ver a Francia perderse entre las telas de araña de la migración, Maduro sigue intentando como tapar el sol con un dedo, Es verdad, Holanda ya dio la espalda a esa demagogia y Macron tiene ventaja sobre la postura del Frente Nacional. Pero, la palabrería en favor de quienes defienden un patriotismo a ultranza sigue encendiendo corazones. 

El problema son las fracturas que se generan. Con enorme falta de responsabilidad y con la delicadeza con la que se mueve un elefante en una tienda de porcelanas, estos personajes nos meten en un estado de paz y tranquilidad similar al que experimenta un paciente en el sillón del dentista. Logran que arruguemos el rostro frente al difrente, que se nos revuelva el estómago ante quien no cree lo que yo. Nos convierten a la intolerancia, que es es signo que tiene más adeptos. 

Se encienden pasiones tan enardecidas que en vez de seguidores se tienen fanáticos que creen a ojos cerrados y que pierden la capacidad de análisis. La deuda que van generando es enorme y el interés compuesto de la tasa que eligieron crecerá en forma exponencial hasta  que se convierta en una cuenta impagable. 

Izquierda-derecha, integristas-soberanistas, demócratas-republicanos, liberales-soberanistas, este-oeste son las divisiones con las que se reagrupa en mundo en forma artificial. Son formas de fractura social. En realidad, la Humanidad se divide entre pobres y ricos, educados y analfabetas, sanos y enfermos, felices e infelices. El mapa mundial se transforma sobre clasificaciones acartonadas y dejamos de ver lo importante. Permitimos que nos obnubilen el pensamiento. Dejamos de ver lo importante.

Las fracturas sociales están poniendo a rechinar las estructuras que rigen la vida en comunidad, ¿es eso lo que queremos?

Día mundial del libro

¿Qué tiene este conjunto de hojas de papel manuscritas o impresas  o digitales que, cosidas o encuadernadas o guardadas en un archivo electrónico, forman un volumen? Se ha dicho tanto sobre este artefacto al que le han vaticinado mil muertes, al que se ha defendido con millones de argumentos, al que se le ha críticado por arcaico o por ultramoderno, al que se le ha tratado de encasillar en uno u otro formato y es que después de la rueda y la cuchara, no hay otro invento tan genial de la Humanidad, Umberto Eco dix it. 

El libro es ese vehículo que trasciende distancias, físicas o inmateriales, reales o virtuales. El libro es el puente que pone en contacto al lector con el autor, independientemente del lugar donde viva cada uno, si el texto acaba de ser escrito o lleva años de haber sido publicado, si el que escribió está vivo o muerto. El libro es la puerta a mundos diferentes, a universos en los que interactúan personajes que nos permiten ver sus modos de vida, sus rasgos físicos, sus sentimientos, sus anhelos, sus planes, sus pensamientos. 

Un libro es un amigo que no se reserva nada para sí. No guarda un sólo secreto. Todo lo cuenta, todo lo da, todo lo entrega. El pacto es sencillo: hay que recorrer los renglones para entrar en contacto con semejante grado de generosidad. Es una espiral de esfuerzos conjuntos de autor, editor en el que se plasman fantasías o realidades, o ambas, sean literarias, científicas, crónicas, críticas, teorías. Es el testigo fiel que está ahí para preservar el recuerdo y defenderlo del olvido.

El libro presenta la posibilidad al lector de entrar a lugares que en otra forma, tal vez, jamás podría presenciar. Por las hojas que entrelazan una historia podemos ver un asesinato en un tren, un hijo que se cuestiona sobre la muerte de su padre y los romances de su madre en la noche mientras camina por los pasillos de un castillo en Dinamarca, un pájaro que le da cuerda al mundo, un marciano que observa la tierra, un pueblo habitado por fantasmas, una mujer que reclama la necedad a los hombres que acusan a las mujeres sin razón, la mitad de un sol amarillo, un asesino serial que recorre las calles de Guanajuato, una hermana que se suicida y otra que busca entender sus razones, una oportunidad de conseguir un boleto a Tokio, un par de frailes gemelos que están en medio de una intriga que les cobró la vida.

El libro es el reflejo creador de una mano que quiso elevar la pluma. Es la oportunidad que tenemos para tomar la perilla y girarla para acceder. El pasaporte necesario para entrar es entender los signos del alfabeto. El que trasciende esa frontera accede a un espacio maravilloso en el que lo humano entra al terreno que también es sagrado.

Fernando Bermúdez Barreriro, in memoriam

Conocí a Fernando Bermúdez Barreiro en la Universidad Iberoamericana. Fue mi maestro en el Diplomado de Diseño de Imagen hace ocho años. De él aprendí lo que era la elegancia a carta cabal. Me enseñó que la máxima muestra de refinamiento es la inclusión. Por años fuimos amigos en Facebook y así era como nos manteníamos al día de lo que sucedía en nuestras vidas.

Años más tarde, invité a Fernando a participar en la revista Pretextos literarios por escrito. Sus colaboraciones tuvieron siempre dos características esenciales: eran valientes y entrañables. Tocó temas de inclusión y diversidad con fuerza y contundencia. Abrió puertas y ventanas con fuerza, no dejó nada debajo del tapete ni se amedrentó ante los posibles fantasmas que pudiera haber en el clóset.

La selección de las palabras de Fernando fueron amigas del tono sarcástico. En sus renglones supo mezclar el buen humor con el que enfrentó la vida. Tomó la pluma y nos dejó ver en sus textos cómo se le cuenta un secreto a una madre, cómo es la vida de un inmigrante, cómo se lidia con una enfermedad terminal.

La generosidad de los textos de Fernando Bermúdez Barreiro lo llevó a elevar la pluma a pesar de lo que significó escribir cuando la fuerza no ayuda y la debilidad va avanzando. Por ello, el mejor tributo con el que puedo homenajearlo, es invitarlos a leerlo. La magia de la lectura trasciende los límites de la presencia física.

El camino de Fernando lo llevó a trascender este mundo. Lo despido con tristeza. Le digo adiós a mi maestro y extrañaré a un gran colaborador de Pretextos literarios por escrito. Guardo la esperanza de que nos volveremos a encontrar. Creo firmemente que así será.

También estoy segura de que Fernando estará con nosotros siempre que tengamos la disposición de recorrer sus renglones. Lean sus textos en http://www.porescrito.org Es su voz, que al quedar por escrito no muere. Esa es la magia y la potencia que nos da la palabra. Descansa en paz, querido Fer.

 

Amanece un Jueves Santo

Vivir la Semana Santa en San Miguel de Allende es una experiencia sensorial de amplio espectro. El fervor te toca a cada paso y te sale al encuentro a todo momento. La potencia de la fe y la fuerza de las tradiciones forman una trenza de tres hilos en las que quienes observan, independientemente de sus creencias, se sienten parte sin posibilidad alguna de evadirse. Hay algo en el ambiente que te hace ser patícipe.

Tal vez sean  los olores específicos de las flores y guisos de la temporada, las plantas y los adornos o un cierto silencio que subyace en medio del gentío que viene a visitar.  En los puestos, las chucherías tienen que ver con el misterio de la Pasión de Cristo. Escapularios, imágenes de la Virgen de los Dolores, de la Virgen de la Soledad, Del Expolio de Cristo, se mezclan con la picardía mexicana. Hay Judas de cartón, rojos con cuernos enormes y bigotes largos. Chiquitos, grandotes, máscaras de chivos con barbas de paja, viejitos, jóvenes, de todo para quemar la mañana del Viernes Santo.

También, capirotada, torrejas, buñuelos, piloncillo… las bugambilias están en flor y las copas de las jacarandas están pintadas de lila. Los framboyanes esperan su turno para vestirse de rojo, todavía no es su tiempo. Las iglesias suenan sus campanas y en los altares los listones púrpura y los pendones  morados nos dicen que ya estamos por conmemorar la Pasión de Cristo. 

No son sólo las iglesias, en las casas también se unen a la conmemoración. Se confeccionan altares que hacen referencia a la Semana Mayor y se rinde respeto al misterio de la Crucifixión y a la Soledad de María Madre. Por eso, cualquier rincón en cada casa se convierte en espacio de veneración y cualquier ventana se transforma en altar. Digo que no hay forma para no integrarse: si sales a la calle te topas con manifestaciones de la tradición a cada paso que das.

Lengua larga

Mientras en el mundo siguen sucediendo cosas terribles y el número de víctimas se inocentes se multiplica, mientras el terror va ganando terreno y cada día nos enteramos que en Suecia, en Siria, en Egipto, en Londres, en Berlín, en Niza ya pasó algo, mientras en un lugar de oración gente de buena voluntad se reune y encuentra la cara del mal, un sujetillo de lengua larga elige mal las palabras que suelta frente al micrófono y desata la ira de las redes sociales.

Marcelino Perelló Vals es de esas personas que como Castro, Chávez o Maduro encontraron cobijo y justificación bajo el manto protector del comunismo. Entonces,  con la redención que les da el color rojo, hacen y deshacen a placer y cualquiera que los critique será tachado de arbitrario, intolerante, de tener mente cerrada y de atentar contra la libertad de expresión. Estos tipejillos son zorros astutos que se fían del fanatismo de sus seguidores y explotan la mina desde la comodidad de su mediocridad. No hay forma de explicarse cómo una persona con un discurso tan arcaico siga teniendo plataforma y adeptos aue los celebren con amor tan ciego.

Claro, esta forma de vivir va apadrinada y protegida por mafias que complacen y se aplauden entre ellos. Son grupos de amigos que se ríen de sus fechorías y se justifican sus estupideces. Pero, por suerte, los tiempos cambian y no hay forma de tapar el sol con un dedo. Marcelino Perelló Vals se equivocó al creer que podría salir avante después de haber abusado de la prerrogativa del micrófono. No se trata del lenguaje tan vulgar y las palabras tan desatinadas que empleó, ni se trata de la necedad con la que insistía sobre el tema a pesar de que una voz lo intentaba moderar, se trata de que con su dicho se retrató de cuerpo entero en la estación de radio de lo que se conoce como la máxima casa de estudios de México. ¿Son esos los valores que hacen que por la raza hable el espíritu? Seguro va en Sentido contrario, como nombró su extinto programa de radio.

Tardaron más de una semana en echar a la calle a un patán que expresa la exquisitez del lenguaje que es propio de una pulquería y no de una estación de radio universitaria. La impasividad de quienes quisieron esperar y ver si con el tiempo las redes sociales se aplacaban y se olvidaban de un idiota que habla por hablar, que se refiere de algo tan delicado como es el tema de la violación con el tacto de un cerdo, me llena de indignación. El juez Porky, Marcelino Perelló Vals y todos los que se refieren al caso de los Porkys justificando el proceder de una banda de puercos que tocaron y penetraron a una menor de edad, dejan claro que tienen la lengua larga y el cerebro de hormiga, además de exponer una mente llena de conceptos retorcidos.

La cara abotagada, voz aguardientosa de Perelló Vals, la forma en que artículaba las palabras, los argumentos en los que sustentó su opinión y las bases sobre las que edificó el panegírico de los Porkys me hace sospechar del estado de intoxicación avanzada con la que el señor tomaba el micrófono. Seguro dejó el apararo impregnado del tufo pestilente que sale de su cavidad bucal. Luego, sus compadres empezaron a defenderlo: no es para tanto, no hay que crucificarlo, así es él, ya lo conocen. Por suerte, los tiempos han cambiado. Cada cadáver que contemplamos a diario, cada acto de horror del que nos enteramos, cada persona maltratada merece que elevemos la voz con un: ya basta. La pasividad cobra vidas, la pusilanimidad tiene responsabilidad frente a las víctimas. 

A quienes quieran defender a personas como Perelló Vals les digo que sujetos así convierten el ejercicio de la libertad de expresión en una actividad peligrosa. 

Lumidolls

Jugar es traspasar un umbral para entretenerse y de ser posible, para divertirse. Los juguetes son estos artefactos que incitan la imaginación y nos abren las puertas de la fantasía. Las muñecas han sido, tradicionalmente, para que las niñas imaginen que son mamás, si se trata de un bebé, o para que fantaseen sobre lo que es la vida de mujeres grandes, si se trata de una muñeca tipo Barbie. Claro, el mundo como lo conocemos va cambiando y ahora eso de clasificar los juguetes por género ni está de moda ni es polítcamente correcto. Que cada quien juegue con lo que le de la gana y sueñe lo que el juguete le inspire. Hace rato que hay juguetes para adultos.

Las Lumidolls son figuras de plástico con cinturas estrechas, vientres planos, bocas abultadas que tiene bisagras que  permiten ajustar la posición que el jugador quiera. El color de pelo, de ojos, de piel, la forma de vestir, el tamaño es a gusto de la fantasía y ya se sabe que se trata de un juguete que no tiene voluntad ni temperatura ni sangre que le corra por las venas. Es un juguete que obedece a la imaginación del que interactúa con la muñeca.

Es curioso como estos juguetes se han vuelto tan populares. Tanto así que han traspasado su influencia a mujeres de carne y hueso que tratan de lucir como Lumidolls. Decía mi amigo Manuel que no hay mujeres feas, hay mujeres pobres. Pero, hay pobres mujeres que han invertido fortunas para parecerse a estos juguetes y el resultado es francamente feo. Orificios nasales que parecen enchufes eléctricos, bocas semejantes a un sillón de sala de espera de hospital, ojos almendrados como ranuras de una ratonera, pechos tan inflados como globos de feria de niños. Caras tiesas, plásticas, tensas, con la flexibilidad de las piedras y la calidez de una lápida de mármol.

Meg Ryan, Nicole Kidman, Melania Trump tuvieron rostros bellos que hoy no pueden mover. Nos da la impresión que en cualquier momento se les caerá un pedazo, que la porcelana no dará de sí y se estrellará en mil fragmentos hasta dejar una nube de polvo. Nos da miedo verlas, sentimos que en tres, dos, uno, se autodestruirán. Tal vez ya lo hicieron. 

Elba Esther Gordillo, Josefina Vazquez Mota, Alejandra Barrales, Layda Sansores buscaron la hipersimedridad en un bisturí. Lo malo es que, en busca de consuelo, de belleza, de juventud, a veces nos encontramos con algo distinto. Dice el dicho que no hay que estirar tanto la cuerda porque se rompe. Con la piel pasa igual.

Mujeres, lumidolls que tienen una rigidez tal, que parece que si las dejas ahí sentadas, así se van a quedar, unas porque no tienen vida, otras porque no tienen remedio. 

La mirada que busca una respuesta al dolor (Examen de mi padre, Jorge Volpi)

 

 

 

 

Examen de mi padre

Jorge Volpi (2016)

Alfaguara

Dicen los parámetros de la crítica seria que debemos tomar distancia del autor para poder analizar su obra. Por lo tanto, cualquier cosa que diga un escritor sobre su texto, resulta como la declaración de un anhelo y queda en el lector juzgar si aquello que quien escribió logró cumplir con la intención. Aunque Jorge Volpi dice que la escribió para rendir homenaje a su padre fallecido, me parece que la emoción regente de esta novela es otra y nos la revela casi en los primeros renglones: procesar el luto que deviene de la muerte.

“Hasta el día de hoy, no he llorado, no he podido o no he querido llorar a mi padre” (p. 13)

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Estructuralmente, “Examen de mi padre” es una novela compuesta por una colección de diez ensayos en la que Volpi toma como inspiración la profesión de su padre, recién fallecido, que era cirujano. Para escribir esta novela, discurrió tomar como referencia un órgano del cuerpo humano que sirve de base a cada capítulo y sobre esta referencia se apoya para comentar realidades del México de que existe entre un padre y un hijo.

Jorge Volpi narra en primera persona. El narrador es una entidad dentro de la historia, diferente del autor —persona física— que la crea. Es el que entrega la historia imaginaria y sirve de intermediario entre los hechos y el lector. Puede estar representado figurando en la narración como personaje o testigo, o no representado, si es solo una voz que habla. Este narrador emite opiniones como si fuera un científico que ensarta insectos en un alfiler para fijarlos a una tabla y desde ahí observarlos. Busca tomar distancia para contarnos los problemas de un México que tiene fantasmas y cadáveres, cuando a mi parecer, la distancia la toma para dejar de sentir.

“Los tres siempre aborrecimos los velorios y en general, el duelo público, de modo que prescindimos de cualquier ceremonia hasta su entierro” (p13)

El autor nos revela esa contención a la que está sujeto y el lector se plantea la pregunta justificada “si eso es así, y si le voy a creer al narrador: ¿por qué escribió esto? ¿por qué expone su duelo a los lectores de los mil ejemplares de la primera edición?”  Así, de nada nos sirve que el autor declare: “El cirujano era mi padre y a partir de su profesión partió todo; es el libro más personal, emocional e íntimo que he escrito”.  El lenguaje que utiliza para escribir estos ensayos es enciclopédico, incluso llega a ser afectado:

“Mientras en el pasado los médicos se concentraban en el estudio de sus pacientes (pensemos en los miembros de la escuela jónica a la que perteneció Hipocrátes)” (p.20)

“A mí, desde afuera me parece que Freud renunció a la búsqueda meurológica que aventuraba en sus primeros escritos por una hipótesis deslumbrante nunca comprobada” (p.50)

 

En varias ocasiones, abusa de las técnicas autorreferenciales hasta un punto en el que un lector poco paciente puede llegar a lanzar el libro lejos y abandonar la lectura:

A la inteligencia y a la locura las divide una frontera muy delgada y todos mis personajes se encuentran entre las lindes de una y otra” (p. 53)

“Somos los mayores propagandistas de nosotros mismos, así sea para presumir nuestros defectros” (p. 65)

 

De repente, y en forma que llega a sorprendernos, en el delirio de la narración, Volpi cae en el lugar común:

“En esta lógica, los medios se embarcan en una carrera por conseguri noticias cada vez más alarmantes y cada vez más pavorosas” (p. 69)

“Parecemos ratas de laboratorio que corren y corren en una rueda hasta quedar exhaustas” ( p. 253)

Cada ensayo pretende ser una denuncia:

  1. Cuerpo o exequias busca denunciar esa actitud complaciente con la que la sociedad se ha acostumbrado a ver las tragedias:

Nos hemos acostumbrado a mirar cadáveres a diario, exhibidos sin pudor por la prensa y la televisión y escuchar indiferentes la cifra que, a modo de siniestro cuentagotas, añade cada vez más cuerpos a la lista.” (p. 43)

Ve a México como un cuerpo enfermo y se propone hacer:

“una autopsia de esta nación de fantasmas y cadáveres” (p.44)

 

  1. El cerebro o la vida interior nos confiesa como antes que un recuerdo físico de su padre, le viene a la mente algo más etéreo y entrañable:

“Si pienso en mi padre lo primero que se me viene a la mente no es su cuerpo, ni siquiera sus ojos o sus manos, sino algo indefinible… ¿Su forma de ser? ¿su carácter, su personalidad, su mente?” (p.47)

La denuncia en este capítulo es al olvido por lo sucedido en 1968:

Atestiguamos la ceremonia del olvido… para los muertos de 1968, pero poco a poco se olvida, y se olvida porque a nadie le conviene recordar ”

Y, remata, escribiendo:

“Si yo escribo estas líneas es para mantener a mi padre conmigo” (p. 73)

 

  1. De la mano o del poder, habla del presidencialismo del PRI desde Díaz Ordaz hasta el supuesto fraude del que fue víctima Cuauhtémoc Cárdenas y la llegada al poder de Salinas, el Subcomandante Marcos y los niveles de corrupción se contrastan con la puntualidad obsesiva del padre:

Una de esas contradicciones que lo vuelven a mis ojos más humano” (p. 79)

“Preservar la rebeldía es la única forma que encuentro de volver a estrechar su mano” (p. 108)

 

  1. El corazón o de las pasiones empieza confesando que su padre tenía buen corazón. Lo hace en el doble sentido de la salud del órgano y de la compasión hacia los otros. Denuncia la terrible situación de Mamá Rosa en Zamora:

“Mamá Rosa se convirtió en…la heroína de las familias ricas que querían ayudar y a quien estas mismas familias entregaban a escondidas a sus hijos nacidos fuera del matrimonio.” (p.128)

Aborda el tema del amor desde el punto de vista filosófico, nos propone ideas platónicas sobre el amor como reflejo:

“El enamorado se convierte en nuestro único espejo, en el único lugar en el que nos miramos y nos admiramos” (p. 134)

  1. El ojo o de los vigilantes. Refiere como la mirada nunca es inocente y no está desprovista de una opinión. Habla de la mirada al exterior y al interior:

A Tiresias, el más grande célebre de los ciegos, los dioses le concedieron el don de mirar hacia adentro” (p. 142)

El  capítulo lo dedica a la debacle del PRI y al espejismo vivido que le permitió llegar a Fox a la presidencia de la República.

“El país se rendía a Salinas de Gortari, se hundía tras el alzamiento zapatista y el asesinato de Colosio en 1994… Vio la victoria de Fox… para desencantarse muy pronto.” (p. 156)

  1. En el oído y la armonía, , arrasa con su erudición sobre la música, se refiere al gusto ecléctico de su padre, que tenía una rica colección de discos de 33 revoluciones por minuto, temprano inscribió a su hijo en la Academia de Música Yamaha y a los 10 años lo tenía en clases de guitarra.

“Mi vida es la literatura porque es a lo que me dediqué desde los 16 años. Pero fue un error; si yo hubiera podido, eso lo hubiera cambiado por estudiar música y ser director de orquesta. Hoy soy un director de orquesta frustrado”, confiesa.

  1. En el capitulo anterior como en Los genitales o Del secreto se da vuelo narrando los excesos en nombre de la religión del depredador sexual Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, son denunciados en el capítulo en el cual Volpi se refiere al sexo sin tapujos, a algunas de sus vivencias en ese asunto y cómo se ve en México.

“No deja de sorprenderme que mis alumnos aún emplean palabras como zorra, puta y furcia para descalificar a quienes exhiben una vida sexual libre”. (p. 200)

Se refiere al matrimonio igualitario y a la resistencia férrea de instituciones religiosas para aceptar este tema:

“Como era de esperarse, de la Iglesia Católica y sus aliados: desoyendo las tímidas palabras del Papa Francisco” (p. 201)

 

  1. La piel, o De los otros es un tema pretexto para denunciar que los 12 millones de indígenas que viven en México son extranjeros en su tierra y recordar la tendencia del estado mexicano a culpar a los más débiles como sucedió con el incendio de la guardería ABC de Hermosillo que causó decenas de muertos en junio de 2009.

Ello no impide que esos mismo mexicanos blancos, rubios y de ojos azules, u otros mucho más morenos califiquen de prietos, nacos, chairos a otros mexicanos en razón del color de la piel”. (p. 233).

 

  1. Las piernas o De los caminantes, lo muestra como un hombre sobrio, educado, que mira a los ojos cuando reflexiona sobre ideas del libro como la del crudo tema de la migración y critica la velocidad de la vida actual y el drama del tráfico de vehículos en la capital para luego pasar al tema de las migraciones de la humanidad y reflexionar acerca de una verdad: nacer en un lugar u otro es un hecho fortuito, no un derecho adquirido por el trabajo o el esfuerzo. Volpi desnuda a México, es enérgico al escribir sobre la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, al referirse a la guerra contra el narcotráfico y a temas como la corrupción y la mentalidad egoísta de empresarios y poderosos.

Mis piernas, mis piernas” (p.241)

Refiere a la queja eterna del padre respecto a sus dolencias y lo confronta con una gran deportista que juega tenis que es su madre.

Necesitamos cambiar drásticamente el sistema de justicia para que esta impunidad que provoca la corrupción termine; es la única salida y se necesita un compromiso distinto frente a un sistema de justicia que en efecto funcione y sea confiable”,

El cine, el café, el transporte y el estilo de vida de una familia que discurre en la colonia Postal, Narvarte, Álamos. Y, se plantea la pregunta inefable:

“¿Cuál es nuestra prisa” (p.253)

  1. El hígado o de la melancolía, es el último capítulo en el que nos cuenta que justo al empezar a escribir el capítulo su madre se enfermó del hígado. Cuenta sobre los temples encontrados de su padre y su madre. Uno con incontables padecimientos y otra con una salud a prueba de todo. Habla de la voluntad de su madre de empezar de nuevo después de su viudez, de su deseo de mudarse de casa. Y, luego entra en las disertaciones de los tipos de temperamentos. Describe a una mujer traviesa pero contenida:

“Y, sin embargo, pocas veces su risa derivaba en una abierta carcajada, como si aun en esos momentos de euforia debiese contener sus maldades con una pátina de cautela”. (p. 268)

Por fin, hasta la página 287, nos narra el funeral de su padre y se abre un poco al lector:

Contrariando mi ateísmo, propuse una misa: mi padre era católico y había que respetar su fe. No invitamos más que a nuestros familiares cercanos y a unos pocos amigos. El día era cálido y luminoso, o al menos eso recuerdo ahora… Colocamos la urna frente al altar y salimos a recibir a los invitados… nos sentamos en la primera fila. No tengo un sólo recuerdo de la ceremonia: una misa como tantas.” (p. 288)

Bajé la escalerilla…, la deposité en el sitio reservado para mi padre. De vuelta en la superficie, di las gracias a los invitados y nos encaminamos rumbo a la salida, en medio de las tumbas, bajo la severa luz del sol. Abandonamos la ciudad de los muertos y nos internamos de nuevo entre los vivos” (p. 289)

Dice Volpi: “Decidí escribir en el lapso de un año, un capítulo cada mes, descansé en un mes del verano y en octubre porque trabajé en el Festival Cervantino. En los restantes, empecé el primer día de mes y terminé entre el 28 y el 30; fue el luto por mi padre y no quise que durara más de un año”. Algunos opinan que Volpi se quita la máscara y se muestra como un ser humano vulnerable al manejar recuerdos con su padre y de su niñez y adolescencia, y además hace confesiones como que si hubiera podido jamás se hubiera sido escritor porque su pasión es la música. Yo no estoy de acuerdo. Es obvio que al escribir sobre el dolor, Volpi tuvo experiencias dolorosas relacionadas con el recuerdo. Pero, nos queda a deber.

Nos da, eso sí, una lección de erudición enciclopédica que podríamos haber leído en otro lado. Al final, como el autor, nos sorbemos las lágrimas nos aguantamos las ganas de llorar y como una gallina, nos acomodamos el plumaje y seguimos como si aquí no pasó nada. Si con esta mirada, el autor buscó una respuesta al dolor, tal vez se enfrentó con una ola de dudas que intentó apaciguar con una pila de palabras.


 

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