Literatura rusa contemporánea

A sugerencia del propio autor, leí un artículo muy interesante que le publica la revista Nexos, sobre la literatura rusa contemporánea y me llevé una grata sorpresa que luego se convirtió en un gusto un poco amargo. Por un lado se me enciende el interés por leer las novedades que salen de las plumas de autores rusos de hoy y por otra me topo con que hay muy pocas traducciones al español de sus obras.

Digo que se me encendió el interés porque hay una gran diversidad de temas que se están abordando en aquellas tierras que nos hacen sentir que no estamos tan lejos y que los temas universales se abordan con independencia de las latitudes. Evgeny Zajárov nos lleva de la mano en un recorrido ilustrativo sobre la literatura rusa contemporánea y nos seduce al descorrer la cortina que nos permite atisbar el mundo desconocido. Logra un efecto muy agradable porque nos muestra lo diferente desde un lenguaje accesible que sirve de invitación.

Es inevitable que dentro de la producción contemporánea en la literatura rusa haya cierto grado de nostalgia. Se derrumba el muro de Berlín y se diluye la URSS. Hay autores que extrañan ese mundo que les fue entrañable y cotidiano. Como sucedió en México con la Revolución Mexicana y como sigue sucediendo en España con el tema de la Guerra Civil, en Rusia la caída del imperio rojo sigue dando tema para escribir. “Los autores que profesan la nostalgia soviética son Aleksandr Projánov (El señor Hexógeno, la primera novela política en reflejar la tendencia nostálgica en los años 2000), Zajar Prilepin (Las botas llenas del vodka caliente) y Mijaíl Elizárov (Bibliotecario o The Librarian en versión inglesa) (Zajárov). Pero, no es sólo eso de lo que se escribe en aquel país.

Tal como podríamos adivinar, una de las preocupaciones que ocupan los intereses de las plumas rusas es la rebeldía juvenil. Pero, tal como lo hicieron otros autores decimonónicos, en la actualidad, ellos parecen ocuparse de preguntarse qué hace mejor al hombre de hoy. La eterna pregunta de la identidad y su constitución. Según el propio Zajárov, se trata de obras que mezclan filosofía y humor.

Zajar Prilépin describe a los nuevos jóvenes de carácter rebelde.

La recomendación de Zajárov es: Además, no puedo dejar de mencionar la novela posmodernista de Venedikt Erofeev Moscú-Petushkí, una obra llena de filosofía y humor. Se escribe a Se refiere más bien a los tardíos tiempos soviéticos, pero está dentro del tema y es una de pocas obras que se conocen en otros países (Moscow to the End of the Line, Northwestern University Press).

Captó mi atención una recomendación que Zajárov hace en este artículo y es en torno a la literatura de detectives que escriben los rusos. Se atreven y forjan novelas de calidad artística y estructura equilibrada que tienen la característica de entretener al lector. Una gran serie de novelas ficción de Boris Akunin dedicadas al policía investigador Erast Fandorin, traducidas a muchos idiomas, incluyendo español (editorial Salamandra). La trama se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XIX, pero, describiendo el pasado, Akunin supone una comparación con la época actual en tanto son dos sociedades que atraviesan una transformación profunda. La del XIX vivió en la época de grandes reformas del emperador Alejandro II que aceleraron el desarrollo del capitalismo en el imperio ruso. La de los finales del siglo XX y el inicio del XXI también vive en un nuevo sistema, otra vez capitalista. En ambas ocasiones la nación afrontaba la opción de seguir el camino del desarrollo occidental o elegir su propio camino nacional. (Zajárov)

Me generó gran curiosidad la mención destacada de las novelas policiacas en torno a Daria Dontsova, una autora muy prolífica que ha escrito decenas de novelas . “que se leen para divertirse y matar el tiempo, algunas de estas obras incluso se convirtieron en guiones para series televisivas. Son seis series con protagonistas diferentes: Daria Vasileva, Evlampiya Romanova y Viola Tarakanova siendo las más populares. Todas estas mujeres detectives tienen rasgos autobiográficos de la propia autora. ” (Zajárov)

Las novelas de fantasía causan gran ilusión en un público cada vez más amplio. Anteriormente, se podrán haber clasificado como de interés infantil y juvenil, sin embargo, dada su calidad artística, el género ha ido creciendo en el gusto de lectores adultos. También destacaría en esta sección Guardianes de la Noche, Guardianes del Día y Guardianes del Crepúsculo de Sergey Lukianenko, una serie de novelas de fantasía traducidas en muchas lenguas (en español, editorial Debolsillo) con el escenario no en el medioevo sino en la actualidad, donde el protagonista que es un ciudadano de a pie se encuentra un día en el mundo de magos que, aunque no lo percibimos, está cerca de nosotros y en el que se desarrolla la lucha de la Luz y la Oscuridad. (Zajárov)

En fin, leer a los rusos que están escribiendo hoy resulta una gran alternativa. Evgeny Zajárov encendió la chispa de la curiosidad y desde luego, corrí al portal de venta de libros más importante del mundo, para toparme con la desilusión de no encontrar nada traducido al español. Corrí a los portales de las librerías mexicanas y no hay una oferta de estos autores rusos. Con suerte, existirán ejemplares directamente en las editoriales. ¿No será tiempo de remediar este hueco y traer libros de estos lectores a nuestros estantes?

Por lo pronto, muero de ganas de leerlos. Me encantaría conseguir estos libros.

Inconcebible (la serie)

Inconcebible es una serie de Netflix que está causando euforia y cómo no. Atrapa desde el comienzo y sus ocho capítulos se dejan ver rápido. Aunque no se quiere parar de ver, el nudo en la garganta se va convirtiendo en un bulto pesado y amargo que crece junto con la indignación. Deberíamos de ver más contenidos así.

Toni Colette y Merrit Wever interpretan una pareja de policías que trabajan juntas por casualidad. Protagonizan una serie de ocho capítulos en los que nos cuentan el drama múltiple que padecen las víctimas de violación. Kaitlyn Dever protagoniza a Marie Adler, un personaje entrañable con una historia desgarradora y lamentablemente, basada en la realidad.

Es muy triste, pero tal como lo dice alguno de los diálogos: es inconcebible que si denuncias un robo, o un fraude, nadie pone en tela de juicio tu palabra, pero si denuncias una violación, siempre se generan suspicacias. Habrá muchos que prefieran no creer, que busquen echarle tierra al asunto y que deseen hablar de algo mas.

Es inconcebible, dejamos solas a las víctimas, las abandonamos y como si el;abuso sufrido no fuera suficiente, tienen que lidiar con ese ambiente en el que no hay compasión ni empatía ni nada para aliviar el dolor a una hija, una amiga, una víctima. Pero, dos detectives, dos mujeres que quieren ir al fondo y capturar a un maldito violador en serie.

Vale la pena indignarnos, permitir que los pelos se nos pongan de punta y que tengamos a oportunidad experimentar desde la distancia lo que mujeres inocentes tiene que padecer luego de ser abusadas. Es doble abuso o triple:el que les inflinge el criminal, el descuido de las autoridades y la indiferencia de la sociedad.

Piketty, una vez más va contra la desigualdad

Thomas Piketty insiste en su nuevo libro Capital e ideología en el tema de la desigualdad pública. Igual que los hizo con su primer libro, ahora nos propone un ensayo del grosor de un ladrillo en el que arremete contra el capitalismo. Es crítico y optimista, dice. Hay en este libro, como todo, conceptos gloriosos y otros con los que no estoy de acuerdo.

Me gusta que Piketty sea un hombre que rompe esquemas y pone en la mesa propuestas, a diferencia de otros que nada más elevan el dedo y se ponen a criticar. Me parece que sus críticas son acertadas, habla de los avances que ha tenido la Humanidad, como el aumento en los niveles de educación y salud. Pone el dedo en la llaga sobre las regresiones que estamos viviendo a pesar del progreso técnico. Va a la búsqueda de una sociedad más igualitaria, en todo sentido: cultural, educativo y de riqueza. ¿Quién no querría algo así?

Pero, hay ideas que no me resultan pertinentes. Dice Piketty que no fue ni la lucha de clases, ni la mano invisible del mercado, ni los grandes líderes, ni sus batallas lo que movieron al mundo. ¿Entonces qué fue? Él piensa que fueron las ideas. No estoy de acuerdo, para mí lo que mueve a la gente son las necesidades que se deben de satisfacer.

Tampoco estoy de acuerdo con la crítica que hace a la propiedad privada. Para mí, la llave y sustento del progreso económico sigue siendo el mérito y el esfuerzo que uno hace para obtener lo suyo. Lo mío debe ser de mi propiedad y lo tuyo no tiene porque ser mío. Evidentemente, la desigualdad creciente es una herida que todos debiéramos contribuir para ganar. Lo que sucede en los regímenes que buscaron abolir la sociedad privada es que le quitan el capital a unos y pasa a manos de otros sin que se alivie la desigualdad. La propiedad privada evita en caos.

Habla del socialismo participativo para superar el capitalismo y la propiedad privada. Dice que la propiedad debiera ser temporal y circular. Y, aquí a muchos se nos caen las quijadas. Hoy mi casa es mía y mañana tuya y viceversa. No me parece que algo así pudiera funcionar. Habla de un impuesto especial sobre el patrimonio, aunque el porcentaje que propone es muy elevado:90%. Sugiere que cada joven al cumplir 25 años reciba 120,000 euros, lo cual estaría genial para que puedan emanciparse, iniciar una vida con el pie derecho, pero habría otros que dilapidarían ese dinero.

No todo lo que propone Piketty me gusta ni me parece via le, sin embargo, me encanta que haya una persona que no quita el dedo del renglón de la desigualdad. Me gusta que nos insista en que no puede haber un divorcio entre la clase privilegiada y los que nada tienen. Me gusta que nos ponga a pensar.

El grito de López Obrador

No se trata de ser mezquinos y criticar todo con una espada flamígera. Emitir una opinión, especialmente de alguien con quien fundamentalmente no se está de acuerdo, permite apreciar aquellos aspectos que parecen adecuados. Ni modo, muchos pueden pensar en contrario, pero a mí el primer grito de López Obrador, en el marco de las celebraciones de la Independencia, me gustó.

Debo decir que como muchos, vi el grito con algo de morbo y unas gotas de mala entraña. Me sorprendí. El Presidente dio un grito largo, su arenga duró casi minuto y medio. Se le veía sobrio, tal vez un poco tenso. Serio. Salió al balcón acompañado por su esposa y ya. No hubo una multitud de hijos, amigos, compinches, colaboradores, que ni le daban oportunidad al Presidente de agitar la bandera sin sacarle el ojo a alguno de sus acompañantes.

Me gustó la sobriedad de los López. Me llamó la atención como la plancha del Zócalo estaba a reventar. La gente se congregó en torno al Presiente y le gritaban que no estaba solo. Se le veía más acompañado en ese balcón en el que estaba con su esposa y ya que sus antecesores que se llevaron hasta al perico para hacer bola.

Pero, lo que más me gustó fue su arenga. Veinte vivas a los héroes que nos dieron patria y libertad. Consideró a los de siempre y anexó a los que aportaron para la construcción de esta nación y se quedaron en el anonimato, pidió un viva por la democracia y por la paz. Gritó por nuestra grandeza cultural.

No cabe duda, López Obrador hizo la tarea. Llegó preparado y bien plantado. Tocó la campana y recibió la ovación del pueblo que lo llevó a la posición que hoy tiene. No son muchas las veces que me gusta lo que hace el presidente, no sé si me pongo sentimental en septiembre. Me encantan las fiestas patrias y me fascina afirmarme con orgullo que soy mexicana. Por eso, cuando alguien hace algo bien: hay que decirlo. Me gustó el grito de López Obrador.

Así que ¡Viva México!

Calidad docente

Nos han dicho tanto que sacar diez de calificación todo el tiempo no es importante, muchos de los más aplicados en el salón terminaron dando resultados mediocres fuera del aula. Y, como toda generalización, esa es muy mala. Muchos de los que obtuvieron buenas calificaciones se las ganaron a pulso, unos a base de constancia, otros de inteligencia y esas cualidades ayudan mucho en la vida real.

Pero, tenemos que reconocer que los maestros juegan un papel determinante. Tuve la fortuna de contar con profesores extraordinarios a quienes les debo mi formación, jamás terminaré de darle las gracias a Miss Ursula que siendo una jovencita nos abrió los brazos y nos enseñó a base de cariño y paciencia o el padre Sanabria que siendo un hombre con muchos años repartía conocimiento y experiencia entre los estudiantes.

Podríamos estar de acuerdo en que la juventud o la acumulación de años no se traducen en calidad docente. Sin embargo, la OCDE recomienda que por cada profesor de menos de treinta años debe haber dos mayores de cincuenta. La edad no es limitación ni sinónimo de buena docencia. Los profesores jóvenes son magníficos para asimilar tecnología y avances científicos, sociales y tener sensibilidad. Pero, es poco lo que pueden aportar de experiencia de vida. Es frecuente ver a profesores muy jóvenes abordando temas en forma muy académica sin que hayan podido corroborar en la práctica si lo que dicen y enseñan es cierto o si funciona. Son muy teóricos.

Por su parte, los profesores que ya cuentan con años de experiencia pueden hablar con ejemplos de vida de aquello que abordan en el salón de clases. Combinan la teoría con la práctica y se convierten en una fuente de conocimiento profundo por el acervo que la vida les ha permitido acumular. Es cierto, pueden resultar pedantes al hablar de sus ejemplos, a algunos les cuesta actualizarse y suelen ser menos tolerantes.

Insisto, toda generalización es inexacta. Hay profesores que siendo jóvenes son intolerantes y hay viejos que son tan dulces y accesibles que son los consentidos de sus alumnos. No hay duda, combinar experiencia e innovación es la fórmula perfecta para contar con una planta de profesores de calidad.

Que me disculpen quienes creen que con certificaciones internacionales, con códigos compartidos, con exámenes estandarizados, planes magisteriales plastificados y haciendo que los docentes llenen formularios no se logra la calidad académica. Son años de experiencia profesional, conocimiento teórico y sobre todo amor por la educación. La academia es una labor comprometida que requiere pasión y energía.

Algunas consideraciones sobre La Celestina

En el Renacimiento español el escritor culto no sólo lee con admiración a los clásicos y los imita, sino también a los escritores en lengua romance del siglo XV o a sus mismos contemporáneos; no hay más que mirar al fondo de sus textos para descubrir objetos, ideas o palabras imitadas de esas obras: en La Celestina podemos descubrir versos de Jorge Manrique; en el Lazarillo e incluso en los poemas de fray Luis de León o de san Juan de la Cruz asoma el Orlando furioso de Ariosto en la traducción de Jerónimo de Urrea.

              Toda gran obra literaria tiene en su texto elementos de otras creaciones anteriores que su autor ha leído, y al mismo tiempo se convierte en materia de imitación para los escritores que la leen, que a veces reconocen también hilos literarios de esa estofa que la forma. La imprenta va a favorecer y a ampliar esa corriente creativa porque la difusión de la obra literaria se multiplica y también lo hace la misma creación.

              En ese momento fundacional de los géneros literarios que es el siglo XVI, en el que deberían incluirse los últimos años del XV —y lo es precisamente por el auge de ese sistema revolucionario de difusión—, se van a escribir unas obras geniales, como La Celestina o La vida de Lazarillo de Tormes, que enseguida se van a convertir en textos a imitar, en lugares de irradiación de formas narrativas, de ideas, de palabras.

              La Celestina es uno de los pilares de la literatura, no sólo por la originalidad y belleza de la obra en sí misma, sino por el rastro que dejó y sigue dejando en toda la literatura posterior. Muy cercanas a ella están las continuaciones que llevan su nombre: la Segunda Celestina de Feliciano de Silva, impresa en 1534, la Tercera parte de la Tragicomedia de Celestina de Gaspar Gómez, de 1536; y la mejor, sin duda alguna, la Tragicomedia de Lisandro y Roselia de Sancho de Munón, publicada en Salamanca en 1542.

La influencia de La Celestina en la literatura posterior es amplísima. Desde el principio fue objeto de continuaciones como la Segunda Celestina de Feliciano de Silva. Su influencia fue grande en obras de Lope de Vega como La Dorotea y El Anzuelo de Fenisa. También la tuvo presente el autor de La Lozana Andaluza y el género de la novela picaresca. Fue traducida durante el siglo XVI al italiano, alemán, francés y holandés.

Fernando de Rojas usa un lenguaje culto y latinizante, cargado de artificios, y un habla popular lleno de refranes y de expresiones vivaces. Sin embargo, la separación no es nítida; el uso de los diferentes registros del lenguaje no corresponde de forma absoluta a los estamentos sociales distintos – señores y plebeyos. -, sino que se entrecruzan ambas tendencias, dependiendo no sólo del emisor, sino también del interlocutor y del asunto tratado. No obstante, hay que apreciar una clara tendencia a la diferenciación.

El estilo elevado, por su parte, presenta una cierta moderación, si bien encontramos aún la frecuente colocación del verbo en el final de la frase, consonancias, amplificaciones, latinismos léxicos y sintácticos como el uso frecuente del infinitivo y el participio de presente. En cuanto a la crítica sobre el exceso de erudición, hay que decir que la abundancia de sentencias y alusiones históricas y mitológicas se interpretan hoy como una convención estilística análoga al hecho de que en el Siglo de Oro todos los personajes hablasen en verso.

También el lenguaje popular, tan rico en La Celestina, está sujeto a cierta mesura; es prudente el uso de los modismos del hambre y prescinde de dialectalismos y de formas de ambientación localista que le hubieran proporcionado fáciles elementos de comicidad y colorismo. En cambio, es de destacar la gran abundancia de refranes.

En La Celestina la técnica del diálogo se manifiesta con suma perfección, pudiéndose distinguir diferentes tipos según la intención del autor: monólogos caracterizadores y ambientadores – importantísimos, ya que, al no estar destinada la obra para la representación, sirven a su vez de acotaciones dramáticas-, diálogos oratorios y diálogos breves de gran riqueza.

La Celestina es una obra única en cuanto a la creación de caracteres. Aunque Calisto y Melibea aparecen como protagonistas, es Celestina la que señorea la obra entera; éste es el hecho que justifica el cambio de título. Es, sin duda el personaje mejor logrado y a la vez el más complejo de los personajes creados por Rojas. Sobre este personaje se han cargado todos los calificativos imaginables, hasta el demoníaco. Y Celestina no es un personaje demoníaco sino humano en el sentido de que su existencia sólo es posible porque existe una sociedad urbana que de alguna manera la necesita.

Celestina es un personaje que vive del vicio y de las bajas pasiones de los demás. Y todo esto lo aprovecha en beneficio propio. Pero sin los vicios y miserias morales de la ciudad, Celestina no sería posible. Lo que sí hace Celestina es servirse de todas las artes, desde la hechicería a las ocasiones para lograr su propósito: dinero. Porque la gran pasión de Celestina es la avaricia. La avaricia es la que la lleva a pervertir a los criados de Calisto: por avaricia no se detiene ante nada ni le importan los medios. Sus conocimientos de la naturaleza humana, el engaño, la falsedad, la pretendida compasión, el cinismo y la ironía, la hechicería y sobre todo su inmensa experiencia, todo lo pone al servicio de su gran pasión, que no es la lujuriar sino la avaricia.

Celestina ha pasado a la posteridad como la encarnación de la moral sin escrúpulos, puramente utilitaria, para lo que todo es lícito si es en provecho propio No repara en medios para lograr sus objetivos, y el proceso de perversión a que somete a los criados de Calisto es algo cercano a lo demoníaco.

Es importante también es señalar que Celestina ama su oficio y lo realiza con el interés de un profesional, como otros realizan el suyo, según ella misma dice. El fundamento de dicho comportamiento lo constituyen dos aspectos: su filosofía del amor y una definida actitud psicológica.

Para ella, el amor es una fuente de vida que la naturaleza proporciona y, por lo tanto, es bueno, es obra de Dios; además, en su vida ha sido ley y norte. Psicológicamente, ella goza al revivir, realizando su oficio, el esplendor de su juventud.

Cuando las bestias lloran

Hay momentos en el que la vida nacional se detiene para ponerse a llorar. No es para menos, andamos tan escasos de talentos y los pocos que nos quedan se van. El último aliento de un artista no puede pasar desapercibido y menos si se trata de una figura como la de Francisco Toledo quien con un pincel en la mano y una mente habitada por imágenes fantásticas, se convirtió en referente para la plástica nacional otra luminaria que el mundo admira y aprecia. El cáncer ganó la batalla y murió a los setenta y nueve años.

El arte pierde a uno de los autores de mundos fantásticos que se obsesionó con un universo lleno de bestias que sólo a él se le pudieron haber ocurrido. Animales coloridos, tonos brillantes, seres fantásticos en la más fiel extensión de la palabra, que salían de la cabeza de un autor que creció en un ambiente rural, con orgullo por sus raíces indígenas. Vivió enamorado de su tierra. Hizo lo que un hijo cariñoso haría: defendió, elevó la voz, mostró desacuerdos, estuvo ahí para dar cara por su patria chica y orgullo a la nación.

En Oaxaca, toparse con Francisco Toledo no era algo raro. Se le podía ver sentado en alguna banca del centro, oyendo al marimbero. No fue un hombre de reflectores. Era esquivo con la cámara fotográfica y evitaba andar dando entrevistas. Quien no lo conociera, podría pasar por alto que se trataba del gran pintor que nació en Juchitán. Y, es que el maestro era toda una leyenda, la figura se construía de una cabellera despeinada, una barba algo tupida, no mucho, su porte daba un dejo de humildad. Un par de ojos prejuiciosos no habrían podido abarcar la grandeza de este pintor oaxaqueño. 

Su carrera artística como la de muchos de sus contemporáneos, lo llevó a Europa, aunque antes ya había expuesto en galerías del estado de Texas. Se fue a Italia con la ayuda de Octavio Paz y de Rufino Tamayo. Después se fue a París a la Casa de México y, ahí en la Ciudad Luz se complicaron un poco las cosas. Al maestro Toledo se le enredaron los amores entre las faldas de una de las mujeres más bellas de la época: Bona Tibertelli. Encontrar el amor, en general, es una fortuna: salvo cuando te enamoras de la amante de tu benefactor.

Efectivamente, Bona había dejado a su marido por Octavio Paz cuando conoció a Francisco Toledo quien se ofreció a pintarla desnuda. En el estudio las cosas subieron de temperatura y Tibertelli prefirió al humilde maestro oaxaqueño que al refinado poeta que fungía como diplomático en Francia. Parece que vale más tener un excelente sentido del humor —como dicen que lo tuvo Toledo— que una refinadísima conversación —como estoy segura que las tendría el poeta—. Por supuesto, cuando Paz se enteró de lo que estaba sucediendo, se sintió traicionado y juró jamás volver a ayudar a Toledo en ninguna circunstancia. Entre oaxaqueños se siguieron ayudando. Rufino Tamayo le continuó tendiendo la mano y fue el gran apoyo para la carrera artística de Toledo.

Francisco Toledo se convirtió no sólo en un gran pintor, reconocido por sus pinturas y grabados que siguieron la tradición rural de un México que estaba a punto de desvanecerse, también fue un generoso promotor cultural —apoyó a jóvenes creadores y cedió su beca vitalicia a favor de nuevos talentos—, un auténtico defensor de los recursos naturales y tradiciones de los pueblos indígenas abrió una fábrica de papel, de huipiles, de barro negro, entre muchas otras labores a favor del pueblo oaxaqueño—, fue un guerrero que quiso ver por el progreso de su gente.

Elevemos un papalote al cielo, corramos para que salga volando, con un poco de suerte, tal vez se interne entre las nubes y permita que el maestro recorra el hilo de regreso y nos venga a visitar. O, quizás, sólo para que nos vea desde allá arriba y vea que aquí ya se le empezó a extrañar. 

Hay gente que se pasa una vida entera preguntándose para qué vino a este mundo. Francisco Toledo supo que su misión fue darle a este planeta un mundo fantástico salido de esa cabeza de cabellera alborotada, un giro de colores brillantes, de animales curiosos, una zoología única. Las bestias que salieron de los pinceles del maestro Toledo están de luto. Cuando las bestias lloran, nosotros tenemos que acompañarlas en su dolor.

Una novedad detectivesca: Muerte en Estambul de Petros Márkaris

Mákaris, Petros

Traducción del griego de Ersi Marina Samará Spiliotopulu

Muerte en Estambul

Editorial Tusquets, 2008

De cuando en cuando, uno se topa con novedades que sobresalen y llaman la atención. Muerte en Estambul es el extraño caso de una novela de policías y ladrones en la que suceden cosas extrañas gracias a la magnífica pluma de Petros Márkaris. Se teje una línea narrativa en la que un detective está investigando a un asesino serial y cae en la conclusión peculiar: no quiere atrapar al malo de la novela. En realidad, llega un momento en que el lector está de acuerdo con el planteamiento del autor y con las reflexiones del detective.

Kostas Jaritos es el detective que aparece en una serie de novelas de Petros Márkaris y es un personaje que sobresale por ser un investigador atípico. Se aleja de las figuras emblemáticas de Sherlock Holmes —que todo lo sabe—, de Hercules Poirot —que todo lo deduce—, de Phillipe Marlowe —que está al tanto de todo el teje y maneje de los casos—, sino que es un hombre contemporáneo que al que se le ve interactuando con su esposa, se le conocen los problemas familiares y expresa opiniones económicas, políticas, migratorias y nos permite ver un mundo ajeno en ojos cotidianos. Muerte en Estambul, cuyo título es una especie de homenaje a otros de Agatha Christie es una rareza que envuelve temas contemporáneos alrededor de una línea narrativa de detectives.

Muerte en Estambul no es la primera de las novelas protagonizadas por el comisario Jaritos. La serie, que arrancara en 1995 con Noticias de la noche, llega hasta 2016 y, por el momento, para regocijo de los seguidores de Márkaris, no está a la vista la jubilación de su irónico, tierno y muy humano protagonista. Esta novela pertenece a lo que se ha dado por llamar el género de novela negra mediterránea y otro de sus representantes es Manuel Vincent.

El acierto de esta novela es que Márkaris nos mete de inmediato en el escenario que será una de las grandes mesuras que el autor tiene para el lector. Estamos en Hagia Sophia, en Estambul acompañando a un grupo de turistas en su recorrido por el lugar:

“La altura de la cúpula de Santa Sofía es de cincuenta metros con sesenta centímetros… suena la voz de la guía.” (p. 11)

El comisario Kostas Jaritos y su mujer, Adrianí, han viajado hasta Estambul con la idea de descansar unos días y mitigar algunos de sus problemas cotidianos. Entre ellos, ocupa un lugar preeminente el matrimonio civil de su hija Katerina, cuya negativa a casarse por la iglesia, a la manera tradicional, no abandona en ningún momento el pensamiento de su padre y, mucho menos, el de su ofendida y temperamental madre.

“¿Qué hacer cuando las decisiones de los hijos atormentan a los padres?” (p.17)

Las relaciones entre los miembros del grupo griego que comparte visitas, autocar y hotel, tampoco ayudan a que la estancia sea idílica.

“La cháchara informativa de la guía turística, más que ilustrarme, confunde.” (p. 12)

Pero todo puede empeorar: entre visitas a catedrales, mezquitas, tiendas y mucha, mucha comida local, Jaritos traba contacto casual con el escritor Markos Vasiliadis; ello lo lleva a embarcarse en la búsqueda de una anciana dama, María Jambu, la que fuera nana de la familia de Vasiliadis. Poco más se sabe de la señora, aparte de su viaje a Estambul desde la zona rural en la que habían transcurrido los últimos años de su vida.

“Se llama María Jambu, anoche quise averiguar si había viajado con ustedes” (p. 37)

Lo que parece inicialmente un simple caso de desaparición, se complica con el hallazgo del primero de una serie de cadáveres, griegos unos, otros turcos, que trastocará los días de ocio de Jaritos para transformarlos en una desafiante, y a ratos gravosa, colaboración con las fuerzas turcas de la ley.

“—¿Cabe la posibilidad de que también a ella la envenenaran? —Pinta que no. Si hubieran comido juntos, la habríamos encontrado en la casa. De haber muerto más tarde, estaría en algún hospital. En todo caso, la estamos buscando.” (p. 40)

Entre los elementos más interesantes de la obra, se encuentra la necesidad, propia de la novela negra, de plasmar la realidad social de las circunstancias de los personajes; en el caso de Muerte en Estambul, parece cumplirla con pasmosa facilidad.

“Supongo que me quedaré con la duda porque, cuando se trata de Adrianí, es imposible distinguir entre la verdad y la ficción.” (p. 55)

Así, encontramos multitud de escenas perfectamente reconocibles para quien esté familiarizado con el tradicional carácter griego, donde la familia ocupa un lugar primordial y las tradiciones, insertas en un mundo constantemente cambiante, son casi intocables.

“Todos los opresores tienen la misma cara, y todos los edificios construidos bajo su mandato, el mismo estilo.” (p. 59)

Su compromiso con el trabajo y la investigación complica sobremanera la relación del comisario con Adrianí, vivo retrato de la típica esposa griega; con todo, la mayor parte de las escenas cotidianas funcionarían igualmente en otros escenarios, por ejemplo, uno en el que la lengua fuese el español en cualquiera de sus variantes.

“Será que mi mujer tiene poderes de adivinación o que su maldición ha sufrido efecto, porque en cuanto salimos del comedor… pregunto aliviado pensando que podré disfrutar el resto de mis vacaciones y, al mismo tiempo, podré cerrarle la boca a Adrianí.” (p. 56)

Ahí es donde cobra más sentido la subclasificación de novela negra mediterránea que el propio Márkaris y gran parte de la crítica han dado a la serie del comisario Jaritos. Por oposición a la novela negra nórdica, los crímenes de la mediterránea son tal vez menos retorcidos, menos sangrientos. Lo importante no son los balazos, los chorros de sangre o la imagen del crimen sino la crítica social que se adhiere al género, haciendo una denuncia con sustento económico y político.

“Estampamos los nombres de Atatürk o de Venizelos en cualquier calle o pasaje que se nos ponga por delante, sea una avenida, un callejón o un camino de cabras.” (p. 58)

Pero ello no obsta para que la crítica social, principal aditamento del género, mantenga intacta toda su fuerza. Los problemas de convivencia entre culturas enfrentadas desde hace siglos se ponen de relieve a través de reflexiones en torno a la posición de las minorías en Europa o sobre la vida de los griegos que permanecieron en Estambul a pesar de las crudas presiones para expulsarlos tras los diversos desastres de los años cincuenta. No sale bien parado, gracias al eficaz retrato de caracteres de Márkaris, el oportunismo de quienes aprovecharon la presión política para enriquecerse con la pobreza y la miseria de otros.

“Soy un hijo de la minoría turca en Alemania. Cada vez que un turco mataba, robaba o agredía a alguien, le cargaban las culpas a la comunidad entera, porque los alemanes creen que todos somos iguales.”. (p. 164)

En medio de todo esto, la figura de quien comete los crímenes, acción desencadenante del núcleo de la investigación del comisario, se erige prácticamente en espíritu vengador de las injusticias sufridas en sus propias carnes y en las de sus seres queridos. La empatía del lector, guiado por el protagonista, así como el aprecio por la justicia poética de la obra, resultan inevitables.

“Por lo demás, la estancia está vacía. En la cama está tendida una mujer con el cabello blanco, labios carnosos y vello sobre el labio. Está en los huesos, y las mejillas, hundidas, se le han pegado a las encñias.” (p. 231)

En esta joya de la ambientación geográfica, política y humana, no solo Jaritos, también el comisario Murat, su esposa, las amigas grecoturcas de Adrianí, incluso la propia esposa e hija de Kostas Jaritos, se encuentran, al igual que Estambul (o Constantinopla), entre dos mares: la tradición frente a la modernidad, las obligaciones familiares frente a la libertad, la responsabilidad frente al deseo. El choque entre lo griego y lo turco queda, por tanto, convertido en mero símbolo, denotativo de una dicotomía de ingentes dimensiones y prácticamente irresoluble.

“Le doy una palmadita amistosa en la espalda, sin añadir ningún comentario, No quiero decirle que podría ser el último destello de luz antes de la muerte” (p.233)

También, vemos la claridad de la estructura del personaje:

“Por suerte, Adrianí nunca se ha engañado a sí misma, siempre ha sabido quien soy: Kostas Jaritos, madero griego” (p. 35)

Para concluir, la novela negra mediterránea tiene un toque de felicidad con el que Márkaris nos redime en las páginas finales:

“Intento borrar de mi mente la imagen de María y sustituirla con la de Katerina y Fanis. Por fin, mientras el coche baja hacia el puerto, lo consigo.” (p. 24)

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: