En medio de la crisis

Cuando se supone que deberíamos estar contentos porque los planes del Gobierno Federal habían funcionado a las mil maravillas, porque las reformas ya se habían implementado y se operaba el país a la mil maravillas, los misteriosos vientos de la desgracia pasaron por el territorio mexicano, causando tristeza, dolor y derribaron los castillos de naipes con los que nos hicieron soñar.
En medio de la crisis de la baja del precio del petróleo , que para una economía super petrolizada es una tragedia, el crimen organizado nos roba y masacra a cuarenta y tres muchachos y empieza la turbulencia. Tomas de casetas, actos vandálicos, gritos y sombrerazos y, por si fuera poco, estalla en mil pedazos un hospital de cuidados maternos en la delegación Cuajimalpa de la Ciudad de México.
Así, casi, casi, ensordecidas por el estallido, cuando la tierra apenas dejaba de retumbar, manos solidarias acudieron a ayudar. Manos industriosas quitaban escombros de un lugar que parecía sitio de guerra, filas de horas para donar sangre, para entregar pañales, cobijas, medicina. Tanta que algunos hospitales que recibieron a las víctimas salieron a dar las gracias y a decir que ya no era necesario ni posible recibir más.
Al caer la tarde, después de horas de retirar escombros a pleno rayo de sol, un aroma a comida rica comenzó a flotar en el ambiente. Las mujeres de las colonias vecinas se habían organizado y montaron una estación para dar de comer a los que, fatigados y hambrientos, seguían quitando piedras y despojos.
Una vez más, la sociedad civil en medio de la crisis, sacó la casta y el México que yo conozco, floreció. Ese mexicano que de forma anónima pone alma y corazón a favor del otro que lo necesita. De manera espontánea, sin otro interés, la ayuda para los que estaban ayudando, llegó. Sin manipulación oficial, las mejores mujeres y hombres de este país fueron a trabajar en favor del otro, por el puritito gusto de ayudar. ¡Qué diferencia a la crisis de la influenza AH1N1!
Tanta estupidez gubernamental nos recluyó en una burbuja y nos aisló, nos enfermó peor que lo que el virus pudo haber hecho. Nos infectó de egoísmo y nos previno que saludar de mano y darnos un beso nos podía robar la vida. Nos repelíamos unos a otros y nos mirábamos con recelo.
Pero, volvimos. Somos los mismos mexicanos de 1985, esos que sin técnica ni conocimiento pero con mucho corazón, salimos a rescatar víctimas del peor terremoto que haya vivido esta Ciudad. En medio de la crisis, de esta crisis del jueves pasado, con políticos chapulines, con un la moneda devaluada, con procuradores candado y presidentes que no entienden que no entienden, con el petróleo por los suelos, con un recorte presupuestario, con policías corruptos, sin trenes trasnpeninsulares ni de alta velocidad, con partidos que gastan lo que no deben, México se pone de pie sobre sus mejores bases, su gente.
En medio de la crisis, brota la esperanza del eterno manantial mexicano, su gente.

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Lo que nos falta. (En memoria de los normalistas de Ayotzinapa)

El Procurador cansado salió a darnos una noticia que, tristemente, no sorprendió a nadie. Por desgracia, ya lo esperábamos. Jesús Murillo Karam con el rostro cenizo, con cara seria nos dio una larga explicación de los detalles de la búsqueda e investigación de los muchachos normalistas de Ayotzinapa. Caso cerrado, los muchachos fueron brutalmente masacrados, tratados con una animalidad y desapego de su calidad humana que va más allá del escándalo. Están muertos, concluyen las evidencias. Los mataron dicen las declaraciones. ¿Qué nos queda después de escuchar al abogado de la Nación emitir este comunicado?
Los padres no lo aceptan, no se resignan a creer que ese fue el destino de sus hijos, no pueden con esa verdad. La esperanza, contra toda lógica, sigue viva, no quieren dejarla morir. Sin embargo, mata más una falsa esperanza que una terrible realidad. ¿Cómo creer lo que pasó si no nos explican las razones que llevaron a este desenlace?
Nadie ha sido capaz de darnos una explicación de lo que estaban haciendo estos muchachos en Iguala. No hemos recibido una justificación medianamente verosímil de las razones que llevaron a estos estudiantes a subirse a un autobús que los llevó a la muerte. Si no entendemos, no hay forma de aceptarlo, dirán los padres. Diremos los ciudadanos.
La verdad, a veces es cruda. Casi siempre es dura. Sin embargo, la necesitamos para entender, para empezar a construir una base de consuelo, para evitar que algo así vuelva a suceder. Pero, si no sabemos lo que debemos de prevenir, lo más seguro es que vuelva a pasar.
En estos momentos, después de escuchar las palabras del Procurador, siento que nos ve pequeños, no cree que estemos a la altura de recibir la verdad como es. Tal vez tenga razón, es probable que la verdad no nos guste, pero necesitamos entender qué llevó a estos chicos a ese destino fatal. Nos cuesta trabajo aceptar que fue una confusión lo que los llevó a la muerte. No logramos admitir que grupos de sicarios, de los que no teníamos noticia, sean los responsables. Entendemos que es seguro que los jóvenes no estaban rezando el rosario, ¿qué estaban haciendo? Falta justificar lo que dice la evidencia. Sí, están muertos, ¿por qué?
Mientras no lo sepamos, los padres no podrán empezar a resignarse y en medio de ese dolor, entre el llanto y la pena, seguirán siendo manipulados por vivales sin corazón ni alma que se amparan y se esconden detrás del esas almas desgarradas para hacer fechorías y perpetrar crímenes.
Lo que nos falta es una explicación, no los detalles crudos de una ejecución ni el olor a sangre ni la textura de las cenizas, eso aumenta la rabia, el dolor y la confusión.
Lo que falta es resignarnos a esta pena tan grande, en la que sin pies ni cabeza, tenemos que asumir que aquí hubo una masacre vil, deshumanizada que no logramos entender porqué no nos la logran explicar.

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Whiplash (la película)

¿Cuántas historias hemos visto de alumnos y profesores? El tema a dado para infinidad de películas y sus distintas variantes, el maestro que ayuda a sus pupilos y es un santo, en que abusa de ellos y es un demonio, el del alumno burlón, el del agradecido, el del amor intergeneracional, el del prohibido y todos los matices alrededor de ello. Cuando parece que rodo está dicho y que el tema está agotado, llega un artista y nos sorprende. Eso es Whiplash, una sorprendente pieza artística.
Las interpretaciones sobre el filme son variadas y cada quien se centra en un aspecto específico, como sucede con las obras de arte, dan para mucho. Unos creen que la trama va sobre la superación, otros sobre la música y el jazz o sobre la forma en que las universidades en Estados Unidos permiten tratos humillantes en sus aulas. Hay quienes piensan que es un panegírico a la exigencia, al trato rudo que hace germinar lo mejor de los estudiantes. Todas estas interpretaciones son correctas.
Whiplash es un ejemplo de lo que el cine independiente puede dar, una película aguerrida que toma al espectador de la solapa y no lo suelta hasta el último segundo. Casi desde la primera escena se está al borde de la butaca y desde ahí se ve toda la película. Batacas al vuelo, con ritmos maravillosos, con exigencia de esa que se sustenta en que el éxito con sangre llega hasta que el fracaso aparece en escena. El nombre de la película es el de una pieza de Jazz pero también es una metáfora bien elegida que cumple varias funciones y completa la intención artística.
La anécdota es la de un chico que estudia música, batería en concreto, y que quiere entrar a una banda de Jazz importante y se topa con un profesor estricto hasta la crueldad. Sin embargo, el hilo narrativo aborda, con una sutileza extrema y con un cuidado quirúrgico, el tema de la venganza y la gallardía.
Plantea la pregunta, ¿qué harías si la vida de ofreciera la oportunidad de cobrarle a tu traidor el fracaso que te procuro? ¿Cómo aprovecharías la oportunidad de tener al traidor entre tus manos? Ambos, profesor y estudiante aprovechan esa oportunidad de tomar revancha, ambos se cobran la cuenta de forma magistral e inesperada, tal y como lo hace la gente inteligente, con gallardía.
La fotografía es estupenda, la música excelente, las actuaciones maravillosas. Damian Chazelle dirigió y nos entregó una joya del cine. Las representaciones de J.K. Simmons son precisas, las de Milles Teller también, nos llenan de angustia y de gusto, tanto así que cuando acaba la película queremos saltar a ponernos de pie, ovacionar y aplaudir hasta que revienten las manos. Hay que destacar que Teller personalmente toca la batería, no hay dobles que interpreten esas partes gloriosas.
Pocas veces el cine independiente nos entrega una pieza tan digna de ser vista, tan bien ejecutada como Whiplash. Definitivamente, hay que verla.

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De política o futbol

Ya sabemos que hay tres temas de los que no se debe hablar si no se quiere sacar chispas: religión, política y futbol. Por supuesto, estos tres temas son la fórmula más sencilla para causar escándalos y llamar la atención. El efecto se potencializa cuando algunos de estos tres elementos se revuelven. Por eso, la noticia de que Cuauhtémoc Blanco, conocidísimo y queridísimo astro del deporte, se postula como alcalde de Cuernavaca sacó centellas de todos colores.
La pregunta obligada es ¿qué sabe Cuauhtémoc Blanco de los oficios que implica despachar como presidente municipal de una ciudad como Cuernavaca? La capital de Morelos es una ciudad compleja, en ella conviven los habitantes propios de la demarcación, los que tienen allá sus casas de descanso, los turistas, es la sede de uno de los órganos descentralizados del gobierno federal con mayor poder y presupuesto: Capufe, hay problemas de delincuencia que son profundos y el secuestro, aunque dicen que ha bajado, sigue siendo una práctica común. ¿El futbolista tiene las habilidades para mantener la armonía entre tantos estratos tan disímbolos y con intereses tan diferentes o sólo sabe de meter goles?
¿Por qué un partido postula a un hombre que se jacta de que nunca a votado ni tiene pensado hacerlo? Fácil, porque quiere llamar la atención. El Partido Social Demócrata sabe que al arropar al futbolista más querido de México va a llamar la atención y eso es lo que quiere un partido pequeño y local, darse a conocer. Vaya si lo ha logrado.
Pero, fuera máscaras. Blanco no es la persona ideal para ser alcalde de ningún municipio, menos de uno tan importante como Cuernavaca, no parece tener la preparación, ni la visión para enfrentar semejante responsabilidad. Pero los partidos políticos hacen uso de estos personajes para ganar espacios. Al final, lo que quieren es un candidato popular, no uno apto. Eso es la democracia, llevar al poder al que el pueblo ama, al que prefiere, con el que se identifica. Y ahí, Cuauhtémoc cumple. Si fuera una aristocracia, es decir, el gobierno de los mejores (aristos=mejor), entonces Blanco no calificaría por ningún lado. ¿Qué queremos los electores simpatía o pericia?
Lo curioso es que el tema va a seguir dando tela de donde cortar. La Federación Mexicana de Futbol ya le dijo, o pides votos o anotas goles, las dos cosas no se pueden. Y no se pueden por una sencilla razón, los afiliados al organismo tienen un código de ética que los compromete a ser neutrales en asuntos de carácter político y religioso. ¡Santo cielo! ¿Se acordara el Cuau que firmó ese documento?
¡Vaya! Miren de dónde salió la cordura, por dónde vino un aire de razón. Por fin hubo quien se diera cuenta que mezclar asuntos de política y futbol no es buena idea. ¿Con quién se irá Cuauhtémoc Blanco, con melón o con sandía?

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Los oficiales de policía Padilla y Jaramillo

Siempre me he preguntado por qué en México cuando uno ve a un oficial de la policía lejos de sentir protección, siente desamparo. Ayer tuve mi respuesta. Hace quince días empecé a dar un taller de emprendimiento en la Universidad del Claustro de Sor Juana, en el Centro de la Ciudad de México.
La fascinación que ejercen los callejones, los ritmos tan distintos que vive esa zona se la ciudad, lo viejo de sus edificios, las vistas llenas de cúpulas de iglesias antiguas y la Torre Latinoamericana como cereza del pastel hicieron que la ilusión por ir a trabajar ganara dimensión. Ayer la rompieron y la hicieron añicos. Hay que reconstruir.
Salí del Claustro alrededor de las nueve de la noche. A esas horas las calles están solas y oscuras. Tomé la calle de Isabel la Católica y al llegar a la esquina de República del Salvador quise dar vuelta a la derecha pero un oficial me advirtió que la vuelta estaba prohibida pues la calle es de uso exclusivo del Metrobús. Me eché en reversa de inmediato, sin siquiera haber pisado el carril prohibido. Tomé nuevamente la calle de Isabel la Católica y cien metros más adelante llegó un policía en motocicleta y me pidió que me orillara. Eligió el lugar mas oscuro. Sentí la piel chinita y el estómago me dio un vuelco. ¿Y ahora, qué quiere este sujeto?
La historia ya la pueden intuir, los amables policías del Centro Histórico de la Ciudad de México se agolparon en torno a mi coche como si fuera una manifestante con bomba molotov. Sirenas, luces, torretas y un enjambre de uniformados aparecieron de Dios sabe dónde. Los oficiales Jaramillo y Padilla me amenazaron con llevarme al corralón, me advirtieron que ya estaba dada una alerta por radio a todas las unidades de la zona para que no pudiera escapar y que si lo hacía había una pena corporal que purgar. ¿Qué hice?
Infringió la ley. ¿Cuándo? Se dio la vuelta en República del Salvador. No, me eché en reversa. Deme sus documentos. ¿Por? ¿Quiere que llame a la fuerza pública para que la arresten?
Estaba sola y rodeada por una jauría dispuesta a bajarme del coche y dejarme en la oscuridad de la calle. Yo seguía confundida, sin entender la gravedad de mi delito. Entregué mis documentos, temblando ante la posibilidad de pasar la noche en un separo del Ministerio Público del Centro. Ya lo antiguo de los edificios y los callejones no me parecían tan pintorescos. No había nada de romántico en la situación, todo era mas bien gótico. Era el tiempo de la Inquisición del siglo XXI, estaba siendo acusada por una falta que iba a cometer y tenía que pagar por ello.
Desesperada, y para mi propia sorpresa, empecé a llorar. Los hombres reaccionaron como perros frente a la sangre. Les di cuerda. Los nobles oficiales Padilla y Jaramillo se reían a carcajadas, llamaron a la grúa y le pidieron que me enganchara. Oiga, no pueden hacer eso, estoy en el vehículo. ¡Bájate, güera! ¡Ni la hagas de tos, madrecita! ¡Y no lloré que nadie le está haciendo nada!
Señores, vengo de trabajar, de hacer las cosas por la buena. Me equivoqué al tratar de dar una vuelta prohibida pero no la di. ¡Ay, güera, que necia eres! ¿Por qué no buscamos la manera de arreglar las cosas, madrecita? Adelántate, estaciónate allá en la esquina para ponernos de acuerdo.
No fue terror, fue pánico lo que sentí.
Siempre he defendido a los policías porque creo que son un sector muy maltratado, porque los tienen mal entrenados y sin muchas garantías. Creo firmemente en la figura del policía de la esquina, ese individuo que protege a la gente, la conoce y forma parte de la vida de los barrios. Ese uniformado que ayuda y da seguridad.
Por desgracia, ayer los agentes Padilla y Jaramillo se encargaron de ponerme frente a una realidad terrible. Ellos no quieren proteger a nadie, quieren extorsionar. El Centro está lleno de bandidos que portan uniforme, tienen permiso de sacar una pistola, tienen la autoridad de detener a una mujer y amenazarla con llevarla a los separos y meterla ahí a pasar la noche.
Mientras paso ese trago amargo, el Delegado de Cuauhtémoc pide licencia y se la dan. ¿Quien está encargado del despacho? La oficina del Jefe de Gobierno está a unos cuantos metros de donde, todos los días, se extorsiona a la gente de bien. ¿Qué nadie le contará lo que pasa justo en sus narices?
Ayer por la noche, Padilla y Jaramillo me trataron como delincuente por algo que iba a hacer mal pero no hice. Ahí está la respuesta. Por eso en México, la gente siente desamparo al ver a un policía en vez de sentirse protegida. Hay que reconstruir, lo malo es que los que deberían de ocuparse en hacerlo andan consagrados en buscarse otra posición que les permita seguir viviendo del erario público.

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Brincos y brincos

Qué curioso, mientras voy manejando por las calles de la Ciudad de México, veo las caras de los que fueron votados para ocupar el puesto de Jefe Delegacional que se exhiben en anuncios espectaculares o en mantas que hacen promoción al buen desempeño que han tenido en el puesto. Lo curioso es que todos los que presumen las maravillosas hazañas que hicieron a favor de la ciudadanía ya no están en sus puestos. Pidieron licencia para buscar otra posición.
La vida política en México es la de una vocación por andar a brincos. Saltan con alegría y cinismo de un lugar al otro. El delegado que dice haber hecho grandes obras de infraestructura en favor de Cuajimalpa ya se fue y dejó la demarcación llena de hoyos, el de Coyoacán tiene las banquetas hechas un desastre, al igual que todo lo que se alcanza a ver, en Miguel Hidalgo las obras de Masaryk quedaron inconclusas, en Cuauhtémoc, e Iztacalco, en Iztapalapa, en Benito Juárez y en todo lugar hay temas inconclusos, queda trabajo por hacer y la gente que debería hacerlos anda brincando para conseguir una nueva posición. ¿Quién va a hacer su trabajo?
Enciendo el radio en el auto y escucho un mensaje que emite el señor Anaya, animándonos, diciéndonos que sí se puede, que hay posibilidades de cambiar. Entonces sí me gana la risa. Al final del mensaje se ostenta como Presidente del PAN, ya no lo es, Madero, el chapulín azul, ya afianzó hueso y ahora le dice hazte para allá que ya regresé. No tuvieron el cuidado de quitar la publicidad del radio que queda para recordarnos lo fugaces que son las palabras, las promesas y los compromisos de un político. La voz de Anaya se desdibuja y el mensaje queda como evidencia.
La risa se me quita cuando caigo en otro de los muchos baches que hay en las calles. El coche brinca y no me hace gracia. Los políticos juegan y ganan con los movimientos de un lado al otro, mientras a los ciudadanos nos traen a brincos. No es chistoso.
Pero, seguimos siendo ingenuos, seguimos regalando votos a mequetrefes que ni nos ven ni nos respetan. Parece que también nos gustan los brincos, si no, ¿por qué seguimos votando por ellos? ¿Por los mismos?

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Las preocupaciones del Presidente Obama

En el último tramo de su administración, el Presidente Obama mete el acelerador y quiere hacer lo que no pudo o no se atrevió a hacer anteriormente. Decide plantar cara y mirar de frente a esos republicanos que lo maniataron y que tiraron por la borda sus iniciativas por el gusto de hacerlo. Sí, Barack Obama quiere pasar a la historia por algo más que por el color de la piel.
Barack Obama tiene puesto el ojo en el futuro del personaje histórico y se está haciendo cargo de él. Quiere dejarle claro a la Historia y a las generaciones por venir que él llegó a la Casa Blanca para algo más que dejarse mangonear por la gente del Capitolio. Lo hace en forma contundente, planeada y cuidadosa. Deja a un lado la actitud cautelosa y timorata del pasado. No quiere agradar, quiere operar sus ideas.
Ayer, por primera vez, la Casa Blanca puso en línea el discurso que daría en ocasión del State of the Unión antes de ser pronunciado. Obama no quiere dejarle lugar a las dudas. No le preocupa que lo llamen comunista, que lo critiquen o que lo vean con ojos de desagrado. Eso ya no le mortifica.Quiere pasar a las hojas del recuerdo colectivo como un mandatario que se ocupó de devolverle a su país la ilusión del sueño americano.
Para ello, abrió su discurso con una reflexión: han pasado quince años de que inicio el Milenio y el mundo parece sumido en un letargo, asustado por el terrorismo, agobiado por la desaceleración económica, la falta de empleo y la falta de oportunidades. Sin embargo, informa que los Estados Unidos están despertando y que los signos de recuperación están empezando a brotar.
A lo largo del discurso se dirige a la clase media y los pone en el centro de su preocupación. Toma la preocupación de Picketty e intenta arreglar la brecha que se provoca por la desigualdad económica y la distribución inequitativa de la renta. Quiere achatar la pirámide, quiere agrandar la franja de la clase media y para ello echa mano de los ricos, los tasa con un nuevo impuesto.
Lo llaman comunista y populista, claro, a nadie nos gusta pagar impuestos, menos a los ricos que sienten que se les castiga por hacer las cosas bien. Ahora hay que pagar por ser prósperos. No es un castigo, es un llamado a la solidaridad, a la obligación que tienen con una nación aquellos que se han enriquecido en su territorio.
Se asustan, van a su caja y cuentan las monedas, una a una y se les saltan las lágrimas al pensar en que tendrán que prescindir de unas cuantas. Elevan al monte del Capitolio estertores dolorosos y claman por la protección de sus representantes.
Obama los escucha estoy segura, pero ya tomó una decisión. Los va a ignorar. Quiere agrandar la franja de la clase media y para que no haya duda, antes de pronunciarse a favor de una mejor distribución de la renta, da a conocer su palabra e inicia la provocación incluso antes de llegar al Capitolio.
Así, con esa consciencia, con esa seguridad, Barack Obama, pronuncia uno de los discursos más interesantes que se le han escuchado. Confiado en su capacidad oratoria y en la contundencia de sus intenciones, muestra a propios y a extraños, a demócratas y a republicanos, a Estados Unidos y al mundo entero dónde están sus preocupaciones.
Quiere quitarle el embargo a Cuba, quiere mejores condiciones para los migrantes, quiere darle la vuelta al mundo con ideas reformadoras y no es que sea un santo, entiende que con ello traerá mayores beneficios a su economía, comprende que las políticas restrictivas están envenenando a la economía que alguna vez fue la más poderosa del mundo. Quiere regresar a los Estados Unidos a ese lugar de honor. Cierra su discurso dejando claro que la sombra de la crisis ya pasó, y que vienen mejores tiempos para la nación que él ama.
Sí, Obama tiene los ojos puestos en la Historia, no le preocupa la oposición ni un Congreso hostil. Ojalá logre achatar la curva de la distribución del ingreso, esa sería una buena noticia, no sólo para ellos, también para todo el mundo.

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¿Más miedo?

Después de los actos terroristas que sucedieron en Francia, los programas noticiosos de las principales cadenas estadounidenses muestran escenas de militares custodiando los lugares turísticos de París, televisan mesas de debates, emiten opiniones, todas en torno a la poca atención que Europa pone en la entrada y salida de gente a su territorio.
Como si esa fuera la razón, dicen que la falta de visa que permite a los turistas viajar por territorio europeo en entera libertad hace que gente pueda brincar de Turquía a cualquier país en el Viejo Continente y eso resulta muy peligroso. Todos opinan que se deben incrementar los protocolos de vigilancia, que se debe compartir la información de inteligencia para evitar mayores actos terroristas.
También transmiten, como si no estuviera vinculado, lo que parece ser un estupendo trabajo de las agencias que llevó a evitar un ataque terrorista al Capitolio hace algunos años. Vaya. Además, los comerciales nos enseñan a veteranos de guerra mutilados, a familiares llorando, a niños abrazando a sus padres en uniforme y a gente alrededor de un funeral militar. ¡Qué miedo!
La solución que los estadounidenses recomiendan a los europeos es aumentar los filtros de vigilancia, incrementar los cuidados cibernéticos, legislar para abrir los canales y poder espiar a los ciudadanos que resulten sospechosos, en fin, más miedo.
Yo me pregunto si esa es la respuesta. Será que sospechando unos de otros, desconfiando del vecino, premiando al soplón, metiendo las narices en las casas que resulten misteriosas encontraremos las fórmulas para evitar la radicalización que lleva al terrorismo. Me parece que se hace lo mismo que se critica.
Las imágenes de Panetta, anterior Jefe de Inteligencia de la CIA, advirtiendo sobre ataques más radicales, se multiplican. Advertencias y acotaciones “Nosotros somos las víctimas” se repiten una y otra y otra vez. La intensidad me genera sospechas. Tanta advertencia hace que los focos del escepticismo se enciendan. No creo que más miedo sea la solución.
Me parece, en todo caso que ese es el problema.

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La carta del Papa

Imagino la cara de Jesús Romero cuando abrió la carta contenida en el sobre con timbre y sellos de la Ciudad del Vaticano. Seguro pensó que se trataría de algún documento pre-impreso con la firma del secretario en turno y una estampita bendita. Y, no. No fue eso lo que recibió.
En el sobre apareció una hoja con letra manuscrita, tal vez un poco ilegible, que traía un mensaje de perdón. La sorpresa no paró ahí. La letra y la firma eran del mismísimo Santo Padre en persona.
Noventa y cinco palabras fueron escritas de puño y letra de Jorge Mario Bergoglio, con tinta azul sobre una hoja de papel, como antaño, en las formas de antes, en la que el sello del Estado de la Ciudad del Vaticano luce impreso en azul marino en la esquina superior izquierda.
Sin estructuras rimbombantes, sin frases elegantes, sin rodeos ni lenguajes diplomáticos. Directo y sencillo, el Papa pide perdón a nombre de la Iglesia Católica y expresa su indignación y solidaridad con Jesus Romero, víctima de abuso, de pederastia.
Muchos dirán que no es suficiente, no estoy de acuerdo. Es el principio y es un buen comienzo. Por fin, lejos de encubrir, de aterrorizar a la víctimas, de desestimarlas, de dejar de verlas, de querer sobornarlas, el Papa Francisco toma la pluma redacta y firma una carta de perdón.
La elección de enviar una carta en vez de hablar por teléfono o de enviar un correo electrónico no es trivial. Redactó un documento con toda la consciencia de que está configurando un registro histórico y lo firma dando nombre y cara a una disculpa que todas las víctimas merecen.
La carta del Papa revela los nuevos aires que soplan en el monte Vaticano, se eleva un ¡Basta ya de proteger a criminales con sotana! ¡Se acabó con estos hipócritas que se escudan con un hábito para hacer fechorías! El Vaticano les retira el capelo protector y ¡sálvese quien pueda, ya no cuentan con la bendición papal!
Por eso Jesús debió estar muy sorprendido. Por eso se tardó tanto tiempo en dar a conocer la carta del Papa. Ojalá que junto con él se sorprendan todos aquellos que se siguen escondiendo detrás de signos nobles para hacer maldades. Espero que la carta del Sumo Pontífice sirva de advertencia a los que protegen a lobos malditos que se disfrazan con pieles de oveja.
El Papa es un hombre inteligente y sabe que su firma es un signo que merece interpretaciones. La primera es el consuelo que se le negó por años a las víctimas que Jesús Romero representa, la segunda es la amenaza a los que instalados en la hipocresía elevan la mano para clavar puñales en vez de dar bendiciones. Me alegro.
Ojalá que reciban el mensaje, víctimas y victimarios.

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Cada que pienso en ti.

Cada que pienso en ti, hijita querida, no puedo más que sorprenderme. El tiempo ha pasado muy rápido. De repente caigo en el error de creer que fue ayer que te tenía en los brazos. Han pasado diecisiete años y cada uno ha sido mejor que el otro.
Cada cumpleaños me hace recordar lo maravilloso que ha sido tenerte, lo hermosa que naciste y lo linda que te veías cuando como un barquito tambaleante te atrevías a dar los primeros pasos. Hoy tus pasos son firmes y la ternura automática que se despertó en mi corazón se mezcla con un amor tan grande que no me cabe en el cuerpo. Me siento tan orgullosa.
Quisiera tener la oportunidad de atisbar por un hoyito que me permitiera ver el futuro, me gustaría saber lo que ha de venir. No puedo. Entonces, fantaseo. Pero la experiencia me ha dicho que siempre has superado lo que yo construyo con la imaginación.
Así sucedió cuando te vi por primera vez, así es cada mañana cuando abro los ojos y eres lo primero que veo, así será siempre. Si cuando te recibí de manos de las enfermeras y te abracé, con tanta emoción, me hubieran dicho la complicidad que llegaríamos a tener, nunca hubiera creído tanta belleza. Ni hablar del cariño que te tengo que crece vertiginosamente por segundos.
Sí, he sido afortunada. Bendecida desde el cielo con tu mirada, con tus palabras, con tu talento, con tu consuelo, con tus abrazos. Contigo. Por ello, cuando pienso en ese futuro brillante que te espera, que te deseo, sé que me quedo corta. Sé que la realidad se superará por tus hechos. Sé que tus pasos serán más firmes, más seguros, más contundentes, más largos y mil veces mejores que los que a mí se me ocurren.
Recuerdo una fotografía que te tomaron en el jardín de niños. En la imagen apareces concentrada trazando letras con una crayola. Usabas el uniforme de tu escuelita y eras un pedacito de cielo. También te recuerdo presentando un libro, el tuyo, en Madrid. ¡Cómo haz crecido, hijita!
Cada que pienso en ti , el corazón se hace grande y miro al cielo agradecida por la bendición que tu padre y yo recibimos hace diecisiete años. Cada uno mejor que el anterior.
Cada que pienso en ti, pido por ángeles que te cuiden a cada paso, por santos que te acompañen en la vida, por protección de la Madre del Cielo y por que el Salvador te inserte en su corazón y la Luz del Espíritu iluminen tu camino. Si lo hago cuando pienso en ti, la intensidad gana potencia hoy que es tu cumpleaños.
¡Feliz cumpleaños, Ann!

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