Violencia y parámetros

Para abordar de cualquier tema, no hay como los marcos de referencia, los parámetros, los datos duros. Lo demás son opiniones, unas más valiosas que otras, pero al final, son pareceres. Decir que México es un país violento es entrar en el eterno lugar común, es decir lo ya sabido. De tan conocido, ya nadie pone atención. Pero, decir que en Mexico mueren setenta personas diarias en forma violenta sí que llama la atención. Nos pone en contexto del dolor y del riesgo en que vivimos los mexicanos.

Pensar que cada hora de cada día mueren tres personas de muerte no natural es hablar de un estado de violencia mayúsculo. Cada media hora más de una persona es asesinada, perderá la vida en forma violenta, seguramente a manos del crimen organizado o de algún ladroncillo que tuvo acceso a un puñal o a una pistola. El dato duro es tan apabullante que si se tratara de una enfermedad estaríamos catalogándola como una epidemia.

¿Que nos pasó? Las películas de policías y ladrones se convirtieron en series de narcotraficantes que son lo que se vive en un entorno real. La bravuconeria se mezcla con corrupción, la falta de valores se convierte en campo fértil para la maldad, las malas prácticas invaden como cáncer a un cuerpo débil.

La deuda de la autoridad es grande, el vacío es enorme, el Estado parece desbordado e incapaz de cumplir la parte del acuerdo en la que yo pago impuestos y ellos velan por mi seguridad. Pero, ¿qué hay de nosotros mismos? El periodo de reflexión se hace imperativo. Claramente, la solución no está en ellos, ya mostraron su incapacidad.

Hablar de violencia y darle datos nos permite dimensionar. Dimensionar nos lleva a observar. Observar debiera llevarnos a analizar y a partir de la reflexión, podemos generar líneas de solución. Pero, si queremos tapar el sol con un dedo, si queremos desestimar nos seguirán matando. Ya son 3 cada hora, ¿qué estamos esperando para reaccionar?

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Sentirse diminuto

Despegar de noche en el aeropuerto de la Ciudad de Mexico y sobrevolar toda esa cantidad de luces encendidas que parecen interminables es un espectáculo contrastante, por un lado parece que estamos sobre un mar de luz y por otro, sorprender las dimensiones del hormiguero en el que nací y donde sigo viviendo.

Tomamos un vuelo que nos llevó al sur. Volamos toda la noche. La oscuridad nos abrazó la mayor parte del, viaje. Es difícil quedarse dormido y ninguna de las películas que ofrecían me parecieron interesantes. Abrí la cortinita de la ventanilla, las estrellas titilaban tan lejos a pesar de que estábamos mas cerca que de costumbre. Parecían esferas suspendidas en el aire. De repente me sentí tan chiquitita.

Aterrizamos en el aeropuerto de Guarulhos y cruzamos la ciudad para abordar el siguiente vuelo en el aeropuerto de Congonnhas. Recorrimos de punta a punta la ciudad de São Paulo. La mancha urbana es inmensa, incluso para una habitante de la Ciudad de México. Una innumerable fila de edificios, autos y grafitti me hicieron sentir sumamente pequeña.

Por fin, después de un viaje tan largo y cansado llegamos al aeropuerto Santos Dumont. Entrar al vértigo de Rio de Janeiro a su música, a sus ritmos a sus risas me hace sentir como un mosquito que voló y atravesó el Ecuador para llegar, por fin a su destino y descansar.

¿Qué pasó con Uber?

La transformación de Uber ha sido vertiginosa y en cierto modo, catastrófica. Se ha ido alejando de la imagen caso de éxito y se ha transformado en lo contrario por los múltiples tropezones y golpes que ha sufrido. El último trancazo se lo da Europa al reconocerlo como una compañía de taxis y obligarlos a someterse a la regulación pertinente.

Y, es que la política de actuar y pedir perdón ya no les funcionó. En realidad, esa soberbia que se da cuando todo va bien sobre bases que no son sólidas, al final tiene consecuencias. Me temo que la estrategia de simulación que muchos individuos y muchas corporaciones han seguido recientemente y que les generó muchas utilidades, a la larga está teniendo consecuencias no tan agradables. Por mas que yo quiera decir que una manzana roja es un tomate y genere una política de comunicación en la que sostengo que las similitudes entre la manzana y el tomate son razones suficientes para transmutar naturalezas, la manzana siempre será manzana. Uber es una compañía de taxis, todos lo sabemos.

El éxito de Uber se se sustentó en una necesidad real: el servicio de taxis a nivel mundial es un asco, está lleno de abusos y malos tratos y se necesitaba una alternativa eficiente. Uber lo fue y dejó de serlo. Desde la pérdida de datos, la falla en el servicio, los escándalos de sus directivos, la compañía perdió en rumbo. Empezó siendo una gran alternativa mas barata y más eficiente además de mas segura y se perdió en el éxito. En México empezaron con choferes amables, autos limpios y nuevos, botellitas de agua y ya no son la sombra de lo que fueron. Lo que encantó a los usuarios se se perdió.

El éxito de Uber fue una piedra con la que se tropezaron. Olvidaron al consumidor y se centraron en la defensa de la simulación. Si hubieron hecho lo mismo pero hubieran atendido al usuario ,tal como lo hacían al inicio, habrían contado con la complicidad de sus clientes. Pero, el servicio decayó. Ese fue el inicio del tobogán de bajadas. Pero, si miraran al usuario y volvieran a lo del principio, podrían retomar el rumbo. La solución está en desandar lo mal andado y regresar a lo que originalmente les dio fama, éxito y les llevó a ser un caso de estudio.

Hoy, Uber lucha y va perdiendo. Creo que está eligiendo mal sus batallas. Sería mucho mejor reconsiderar y poner en el centro aquello que sus usuarios buscan en ellos. Fueron una gran alternativa, pueden volver a serlo.

Museo internacional del barroco

¡Ah, qué chula es Puebla! Ayer, fuimos a conocer el Museo Internacional del Barroco, un esfuerzo de los poblanos por mostrar la riqueza de ese periodo artístico en México y en el mundo. El resultado es espectacular en el más literal de los sentidos. Desde el edificio hasta las salas el grandioso montaje hace consonancia con la forma monumental de concebir el arte que se dio en este periodo.

El arquitecto japonés Toyo Ito fue el encargado del proyecto del museo. Por fuera, se aprecia una construcción moderna, vanguardista que llama la atención por lo blanco y redondeado de sus formas. Por dentro, el vestíbulo de doble altura da la bienvenida al visitante. La entrada tiene un precio moderado si se compara con museos internacionales y hay descuentos para maestros, estudiantes, personas de tercera edad. Ito dice: “La arquitectura no es mas que un árbol que debe crecer en concordancia con su entorno” y claramente, su edificio no cumple con esta premisa. El museo destaca en el ambiente de Cholula. Es diferente a todo lo que se ve a sus alrededores.

Las salas de exhibición son modernas, a la última tendencia de la moda museográfica. El visitante tiene a su disposición enormes pantallas táctiles para interactuar y enterarse de lo que fue el Barroco en sus distintas manifestaciones. Hay una sala para pintura, para literatura, música. Sin duda, la más impresionante es la que nos muestra diferentes catedrales barrocas en el mundo. En una proyección monumental, sobre una pantalla cóncava, se aprecian las cúpulas deconstruidas en múltiples elementos que se van integrando al corpus arquitectónico, al tiempo que escuchamos a Haendel. Ahí el ritmo del corazón se acelera y se logra una intención artística y didáctica.

Hay otra sala espléndida en la que hay una maqueta del centro de la ciudad. Al tiempo que se ilumina alguno de los edificios que ahí se representan, se ve una proyección del interior y se disfruta la belleza barroca de cada uno de esos espacios. ¡Qué linda, qué chula es puebla! Las salas en las que podemos apreciar mobiliario, retablos, tienen el auxilio de espejos que dan la opción de ver la reproducción con comodidad sin tener que torcerse el cuello mirando hacia arriba.

Es un museo pensado en el visitante. Es didáctico y busca la interacción tanto como la educación de quien lo visita. De repente, parece que el visitante está en un aula y los anfitriones de las salas son los maestros. Para los que no conocen de arte, es un gran recurso y una atención de un anfitrión mostrando su riqueza. No obstante, puede llegar a ser molesto si la persona es un tipo de visita que gusta de recorrer en solitario y de convivir a solas con las exhibiciones. No te lo permiten, a menos que escapes y te conviertas en forajido. Te buscan y te integran a un grupo, quieras o no. Los vigilantes del museo no permiten que masques chicle y tampoco que veas la exposición en el orden que tú quieres sino en el que debe de ser. No permiten esa libertad.

Insisto, el museo es espectacular, de clase mundial. Valió la pena cada uno de los esfuerzos que hicimos por llegar de la Ciudad de Mexico hasta allá. El tráfico de la salida, las colas eternas en la caseta, las admoniciones de las vigilantes, todo se olvida al salir de ahí queda un excelente sabor de boca. Hay una exposición invitada de ilustraciones hechas por Salvador Dalí sobre la Comedia de Dante que es una de las mejores sorpresas ya que ni Dante ni Dalí pertenecieron al barroco. Está muy bien dispuesta.

El MIB, Museo Internacional del Barroco, es una muestra magnífica de la tendencia que siguen los museos. No es un espacio en el que se conviva directamente con la obra, hay pocas piezas, sino una invitación a visitar los sitios barrocos ya con información que permita el disfrute ya sabiendo lo que se verá. Es un acto de difusión que deja al visitante esa cosquilla para volver y ver.

Emanciparse

El lenguaje es un elemento vivo que crece, se modifica y genera nuevos significados. Por eso, lo que antes representaba una cosa, hoy expresa algo distinto. El término emancipación es un excelente ejemplo. Para la generación de mis padres fue algo tan diferente a lo que quiere decir para sus nietos. La emancipación se refiere a acceder a un estado de autonomía por cese de la sujeción a alguna autoridad. El antecedente histórico de la emancipación viene del Imperio Romano, la venia aetatis era concedida por el emperador a los varones mayores de veinte años, por virtud de la cual esos menores de edad disfrutaban de una capacidad que les permitía disponer de sus bienes muebles. La mayoría de edad en Roma se alcanzaba a los veinticinco años. En general, el que se emancipa sale de la comodidad del nido parental para volar con sus propios medios. Claro, ahora emanciparse significa muchas cosas diferentes, dependiendo de muchas variables, que no necesariamente devienen en dejar de depender de los padres.

Mi papá por ejemplo, salió de su pueblo natal a los trece años para continuar con sus estudios. Evidentemente, llegó a la Ciudad de México contando con el apoyo de su familia, aunque mi padre ya era independiente antes de terminar la carrera universitaria. Es decir, alcanzó la autonomía cuando rondaba los veinticinco, muy al estilo romano. Yo, en cambio, viví en casa de mis padres hasta que me casé. Seguí gozando del abrigo familiar a pesar de que yo empecé a trabajar muy pronto y era económicamente autosuficiente. El apoyo de mis padres me ayudó a ahorrar y era frecuente que mi papá pagara muchas de mis cuentas, mientras estaba soltera. Pero, era una cortesía. Ya no era una obligación.

En mi generación eran pocos los que salían de sus casas antes de casarse, si vivías en una ciudad en la que pudieras continuar tus estudios. Si no, salías de casa con el apoyo familiar y al terminar muchos enfrentaban la decisión de regresar al hogar o de buscar vida independiente. Lo que sí quedaba claro era que al emanciparse, la autonomía implicaba hacerse cargo de uno mismo al cien por ciento.

Hoy, emanciparse no significa ser independiente. La mayoría de los jóvenes salen de la casa familiar sin que ello represente que los padres dejen de apoyar. Los hijos se van, especialmente si en su lugar de nacimiento no hay posibilidades de estudio y reciben una mensualidad para mantenerse: se les paga renta, servicios, vestido, diversión. El paquete incluye menaje de casa, gastos de auto, salud, libros, colegiaturas, y un etcétera tan amplio como la profundidad de las carteras de los progenitores. Se emancipan pero poquito. Se independizan pero no tanto.

El apoyo que los emancipados reciben de papá y mamá no sólo incluye dinero, también incluye comida —que se llevan del refrigerador de los padres o que mamá les prepara para que se lleven a casa—, servicio de lavandería, tintorería, lavado del auto, zurcido y lo que haga falta. Normal, si hablamos de estudiantes. Pero, los emancipados siguen recibiendo ayuda incluso cuando han concluido los estudios y están en el trance de ver qué harán con sus vidas. Es decir, mientras piensan si quieren trabajar o hacer una maestría, si hacen un examen de colocación o si logran una posición laboral, los papás siguen apoyando. A veces esos periodos de incertidumbre se prolongan por años y encontramos a estos neoemancipados cumpliendo treinta y tantos años y recibiendo apoyo de los papás.

Las razones de este nuevo lado de la emancipación tiene que ver con los salarios simbólicos, los bajos sueldos, los alquileres tan caros, los tiempos de estudio que se han alargado y la escasez de fuentes de empleo. El problema se ha generalizado, pasa en México, en España, en Francia, en Estados Unidos y en muchas partes del mundo. Esta pseudo emancipación tiene consecuencias a nivel sociológico. Los jóvenes no entienden que han alcanzado la vida adulta porque falta algo fundamental: independencia económica. Es triste ver a personas que están a punto de cumplir treinta años dependiendo de sus padres sin llegar a ser completamente adultos. ¿Qué pasó?

La cifra es objetiva y refleja los alcances de esta pseudo emancipación. Según El Pais, el 79% de los jóvenes —emancipados o no— reciben apoyo de sus padres. La cifra creció con respecto a 2008 en el que el porcentaje era del 52%. ¿Será que los padres de estos tiempos se han encargado de construir nidos tan cómodos que ya nadie quiere salir de ahí? ¿Será que siempre ha sido así? Lo cierto es que entre el miedo, la ilusión, los riesgos, las ideas chocan con la realidad que descarrila los sueños de muchas generaciones.

Chalchihuatlán y Chenaló

A veces vemos sin ver, o peor aún: perdemos la mirada en la lejanía y desestimamos lo que tenemos lejos. Estamos acostumbrados a pensar que la tragedia está lejos, que la guerra está más allá de nuestras fronteras, que los conflictos de identidad pertenecen a otras latitudes y nos olvidamos de lo que tenemos cerca en nuestra casa, con nuestra gente. El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, A.C., lanza una severa advertencia, hay una situación de emergencia en la zona de los Altos de Chiapas.

Hay comunidades que están viviendo en terror, se escuchan rumores de que entrará gente armada a agredir a personas que se encuentran en la zona, falta la comida, los negocios bajaron las cortinas, las gasolineras están cerrando, se amenaza con cortes de energía eléctrica. La gente reporta estar abandonada a su suerte, tienen miedo y el ruido de los balazos no para. Hay aproximadamente setenta mil personas afectadas por esta crisis de la que nadie habla.

El conflicto que desató la violencia es viejo, tiene cuarenta y cinco años. Se trata de una disputa por los límites territoriales entre Chalchihuatlán y Chenaló. La confrontación inició en 1975 cuando San Pablo Chalchihuatlán recibió el Reconocimiento y Titulación de Biens Comunales que tardó quince años en ser ejecutado. El municipio vecino de Chenaló se inconformó y empezaron los dimes y diretes, los juicios y expedientes, los temas con el Tribunal Unitario Agrario y con la espera eterna de una sentencia.

El que espera se desespera, especialmente cuando pasan los años y las soluciones no llegan. Los enojos crecen, los enconos se vuelven más agrios y algo que pudo haberse solucionado en forma sencilla se convierte en un problema que pone en peligro a setenta mil personas que están siendo desplazadas, que tienen que abandonar su tierra porque tienen miedo de perder la vida.

Pero, tan acostumbrados como estamos a mirar lejos y a sentir que los problemas están en otro lado, dejamos que nuestra gente padezca sin ser atendida. La gente está armada y centenares de familias han sido desplazadas. Muchos huyen a refugiarse a los montes, mientras otros cortan las carreteras y bloquean los accesos a los municipios dejándolos completamente incomunicados.

Esto sucede en casa, en nuestro México, con nuestra gente. Pareciera que más de cuarenta años no le han sido suficientes a nuestras autoridades para arreglar este problema. Mirar a otro lado no ayuda a nadie. Pero, a veces vemos sin ver o preferimos mirar a otro lado. Sin embargo, llegan momentos en los que las lagrimas de los nuestros no pueden ser desatendidas. Chiapas no está lejos: está en México.

La solidaridad que debemos de mostrar con nuestra propia gente inicia cuando los miramos, cuando al verlos nos enteramos y forjamos un criterio al respecto. Así, con la mirada puesta en la gente que tiene que salir huyendo y que no encuentra amparo en las instituciones, que encuentra refugio en cuevas en vez de en el Estado. Así podemos empezar a exigir.

Mientras los futuros candidatos a los puestos de elección popular están eligiendo sus trajes y posan para las fotos en las que presumirán sus mejores sonrisas, en los Altos de Chiapas hay dos comunidades que están siendo asoladas por la angustia, el llanto y la desesperación. Es obligación del Estado Mexicano garantizar la paz, ese es el contrato social que tenemos establecido. Ese es el derecho que nos deben certificar.

No obstante, mientras todos estamos distraídos en los grandes temas nacionales, en los Altos de Chiapas hay gente que recorre los pasos del conflicto y la tristeza. ¿Qué no hemos aprendido la lección de la Historia? En Chenaló y Chalchihuatrlán hay una crisis que nadie parece ver.

Otra vez, el buen fin

Una vez más el consumidor enfrenta en buen fin. Anuncios publicitarios, correos electrónicos, sugerencias de big data, redes sociales vibrantes, anuncios de radio, se vuelven impactos que buscan llamar la atención e impulsar el consumo. Oferta, descuento, oportunidad, son las palabras que nos pueblan la cabeza y nos dejan mareados. Sentimos ansiedad de aprovechar tanto remate que terminamos comprando cosas que no necesitamos y que pagaremos a cortas mensualidades. Es más, seguiremos pagando cuando la compra haya sido olvidada.

La intención es buena, activar el consumo es poner la economía en movimiento. Si y sólo si el consumo se corresponde con la capacidad de pago. Cuando nos excedemos, cuando compramos más de lo que podemos pagar, nos metemos en camisa de once varas y el circulo virtuoso se convierte en una calamidad. La calamidad inicia en un absurdo si encima compramos lo que no necesitamos. La compra se convierte en un desperdicio que se quedara arrumbada, olvidada, pero que tendremos que seguir pagando.

Como siempre, el análisis y la reflexión son el antídoto. La continencia es la mejor recomendación. El consumo inteligente activa la economía, el sobre endeudamiento, no. Es increíble la cantidad de veces que tropezamos y compramos ropa, aparatos eléctricos, electrónicos, juguetes y monaduchas que no volveremos a usar y que quedarán olvidadas en el fondo de un cajón.

Para el buen fin, el consejo de mi mamá es pertinente: cuando vayas a comprar algo, piensa en dónde lo vas a poner y cuántas veces lo vas a usar. Así, tal vez comprar una televisión o una computadora o una herramienta de trabajo sea una buena opción en vez de comprar otra camiseta de algodón color blanco que a la primera lavada quedará inservible y que tendremos que seguir pagando, incluso cuando ya nos olvidamos de ella.

Cuarta ronda, muchos nervios

México, Estados Unidos y Canadá comparecen a la cuarta ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Estados Unidos pone sobre la mesa propuestas inaceptables, mientras los mandatarios Trudeau y Peña se reunen en una cena lujosa y cordial el Palacio Nacional. El énfasis, para quien lo quiera entender, es claro: ni canadienses ni mexicanos se irán, seguiran negociando porque para eso estan ahí, para llevar a cabo un proceso que sea favorable para todos. Ninguno de los mandatarios se prestarán a ser rehenes de una sola posición, eso dijeron.

Pero, muchos medios se alzan con advertencias y admoniciones sobre el futuro sombrío del tratado comercial más grande del mundo. Y, aunque Trump se empeña en dañar la negociación —o eso parece—, sigo creyendo que todo el nerviosismo que se reporta tiene un punto de estridencia. Me parece que tanto susto no es prudente. Como que tanta preocupación me parece exagerada.

En negociación, dice la teoría, llega un momento en que las cosas se ponen álgidas. Las partes abren su juego y cada quien plantea sus conveniencias. Los estilos de negociación hacen evidente la personalidad de cada quien, unos son diplomáticos otros son patanes. Cada uno tiene su propio enfoque y tiene conveniencias divergentes, sin embargo, las que son convergentes son las que los tienen sentados ahí. En este caso, los beneficios que unen a los intereses de las tres naciones son mucho más grandes.

Es verdad, el tipo al que pusieron en la Casa Blanca es un ignorante que no entiende los beneficios de la globalización, o eso quiere hacer creer. Es un patán que cree que negociar es sinónimo de regatear, que piensa que con golpes en la mesa se consigue más y que a base de tuits se maneja una nación.  Eso eligieron y con eso hay que lidiar. Un negociador experto lo sabe, no se asusta: entiende las fases del proceso. 

La parte mexicana está compuesta por expertos negociadores. Es cierto, no hay garantías. Pero, el camino alternativo tampoco es pedregoso. Sin tratado comercial, están las reglas de la Organización Mundial de Comercio que protegen. Pero, las mejores protecciones nos vienen del consumidor estadounidense que no querrá pagar más por algo que antes le salía a menor precio. Eso lo entiende toda la gente. Incluso el viejecito necio que tienen despachando en la Oficina Oval. 

No veo muchas razones para estar tan nerviosos. Está pasando lo que sabíamos que iba a pasar, la negociación seria difícil, pero todavía no estamos en el momento de gritar a todos los vientos que ya se volvió imposible. No hay que adelantar vísperas. Por lo pronto, las calificadoras no se hacen cargo de las complicaciones propias de esta cuarta ronda. Si ellas están tranquilas, yo también. 

La soledad de Ricardo Anaya

Dice Rafael Moreno Valle que cuando él se quiere enterar de lo que sucede en el PAN, le pregunta a Dante Delgado —dirigente de Convergencia—. No lo dice de broma, lo dice en serio. El senador Javier Lozano cuenta que hace mucho rato que la línea de comunicación con la dirigencia de su partido está rota. Margarita Zavala se fue del PAN sin hablar con Ricardo Anaya. 

Me imagino al dirigente del PAN tan solo en su oficina. Lo veo, frente al espejo ensayando algún discurso, con esa voz tan modulada que más que político, parece nana arrullando su bebé. Seguro se esta acicalando el pelo tan rubio, se revisará que el nudo de la corbata esté perfecto y se pasará la mano sobre la solapa en donde está el disntintivo blanquiazul. Estará con la puerta cerrada y por eso no se entera que el partido se le está desmoronando.

Dicen que cuando Nerón incendió Roma se fue a los límites de la ciudad a ver como las flamas consumían los edificios mientras él tocaba la lira. Era como si contemplara la belleza de la destrucción que había causado y se extasiara en ello. Luego, lloraría. Pero, mientras tanto, disfrutaba al ver como todo se reducía a cenizas. 

La salida de Margarita Zavala no es el cerillo que inició el incendio panista. De hecho, muchos panistas de cepa creen que el círculo al que ella pertenece capturó al partido y que su salida es liberadora. No obstante, escuchar que otros panistas se sienten apartados por su líder, ya empieza a preocupar.

En la última elección, cuando Felipe Calderón era presidente en funciones, el PAN cayó a ser la tercera fuerza política después de haber ganado la elección. El partido sufrió un golpe durísimo, pero aun no veiamos lo peor. Después vinieron los dimes, diretes, promesas, traiciones, juegos de sillas y todas las maravillas que les conocimos una vez que volvieron a meter al PRI a Los Pinos.

La renuncia de Margarita Zavala lastima al panismo porque la intención de voto se divide. Hay quienes dicen que esto ayuda al PRI y otros piensan que López Obrador se muere de risa. Lo que es un misterio es lo que piensa Ricardo Anaya. Ni sus propios compañeros de partido lo saben.

En fin, no nos queda más que imaginarnos la soledad profunda en la que está Ricardo Anaya. Pero, tal vez sea una fantasía, tal vez esté mas y mejor acompañado de lo que creemos. Lo malo es que sólo él lo sabe.

México sobre una laguna

El ombligo del mundo que los aztecas buscaron desde Aztlán, lo vinieron a encontrar sobre una laguna. El símbolo tan ansiado del águila devorando a la serpiente, estaba en un nopal que creció en un islote y los peregrinos indigenas con fe absoluta en la figura que hoy da identidad al país entero, decidieron asentar su civilización en un espacio con agua. La belleza de lo que crearon nuestros antepasados sorprendió a tal nivel a nuestros conquistadores que la llamaron la Ciudad de los Palacios. Pero, los aztecas no eran estetas nada más, parece que fueon muy inteligentes. 

Según científicos del Cinvestav, aquella laguna y toda esa agua que nos empeñamos a entubar y hundir en el subsuelo hoy nos sirve como una especie de Tamper protector. De acuerdo con Wen Yu Liu, Jefe del Departamento de Control Automático del Cinvestav, para contrarrestar los eventos la decisión de construir sobre una laguna fue un gran acierto, espacialmente al tratarse de terremos que se encuentran en una zona telúrica. ¿Qué es un Tamper? Son swithces se pueden encontrar en diferentes dispositivos electrónicos, como detectores de movimiento, paneles de alarma, paneles de detección de incendio, controles de acceso, sirenas, cámaras, etc.

Algunos detectores y en muchos casos el mismo panel de control incorporan un par de terminales llamados Tamper. Estos son dispositivos que atemperan y amortiguan en caso de una situación de daño. Estos interrumptores operan  cuando alguien intenta quitar la cubierta del detector o en el caso del panel intenta abrir la tapa de la caja frontal, se abren dando condición de alarma. Estos contactos deben ser conectados a una zona de 24 horas del panel de control y es recomendable usarlos para evitar sabotajes del sistema cuando está desactivado.
La laguna de Texcoco funciona como un Tamper natural que sirve al mismo tiempo para ayudar a dar una alarma que para amortiguar la intensidad de onda de un movimiento telúrico, que según Yu Liu, si no existiera esta capa de agua en el subsuelo, los terremotos alcanzarían grados superiores. Hizo hincapié en la importancia de cuidar en la capital mexicana uno de los mayores tampers naturales con los que se cuenta; es decir, el agua que aún existe bajo la ciudad, pues de acuerdo con la opinión de algunos expertos mundiales en el tema de ingeniería, este líquido amortigua los movimientos telúricos. El científico señaló que hasta el momento los terremotos no pueden evitarse ni pronosticarse con mucha antelación, pero pueden implementarse medidas preventivas que harán que se reduzcan los riesgos potenciales.

A partir de estas observaciones, en Cinvestav está desarrollando un sistema de construcción que estabilice las estructuras durante el movimiento de la tierra por medio de dispositivos con tampers. Pero, lo importante es resguardar nuestro propio amortiguador que está hundido en el suelo. Esa herencia que nos dejaron nuestros antepasados y que como tesoro perdido, hoy que lo hemos encontrado, debieramos valorarlo y cuidarlo.

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