Las tentaciones del odio

Las tentaciones son esas atracciones que tenemos para seguir un camino que no siempre es el correcto. Funciona como una seducción que nos embauca y nos hace preferir aquello de lo que nos debieramos alejar. Los sentidos se adormecen y las alertas se desestiman y miramos a la oscuridad con cierto anhelo. Pero, generalmente, la consciencia llega en nuestro auxilio y nos toma de la mano o de la oreja para regresarnos al sentido correcto.

Por desgracia, no siempre hacemos caso.

Las tentaciones que tiende el odio son tan sutiles que no nos damos cuenta cuando caemos en sus redes. De repente, arrugamos la nariz frente a un olor desagradable, o nos alejamos de la suciedad, o se nos revuelve el estómago cuando vemos algo que estimamos asqueroso y dejamos de ver que esa reacción no la causa un objeto sino un sujeto. Cuidado, ahí ya nos mordió la os uridad y nos instiló su veneno.

Las advertencias frente al abuso, la discriminación al diferente, la marginación al desposeído son conceptos fuerte y hay gente a la que le dan poder. Es triste. El mundo se ha empeñado en trazar líneas de injustica. Si alguien tiene la piel de color diferente, habla distinto, se comporta, le gusta, come, cree, vive a su modo y no al mío: rechazo. Así se empezó a conformar una tendencia que sedujo amuchos.

El deber ser, timidamente, se arinconó y dejó que la estridencia de esas voces brincara a la escena mundial. Los nombres que más nos alarman son esos del Kukuxklan, Neonazis, Racistas, Sexistas, Pederastas y piensen en tantos otros que podemos recordar. Sí, claro. El problema empieza cuando soy capaz de elevar el dedo juzgón y señalar al otro y no en mi propia dirección.

Los discursos de odio empezaron a tener éxito. No sólo Theresa May y su tendencia separatista o la ultraderechista Marine Le Pen o el mismisímo Donlad Trump han contribuido a ello. El desprecio al migrante, al débil, al que nada tiene, al que está viejo o enfermo se difundió como una bacteria contagiosa y muy infecciosa. La población se sivide y el Ser Humano explota lompeor de sí. Pero ver las cosas a la distancia es infantil e irresponsable.

Si me da risa un chiste misógino o que se burle de un gay o me alejo de alguien porque se viste distinto o porque cree en algo que yo no, o porque no sabe ni leer ni escribir o por cualquier motivo irracional: malas noticias, ya nos mordieron la mano, ya caímos en la tentación del odio.

El viejo dinosaurio 

El PRI más que un gato al que jamás se le acaban las vidas, es como un viejo dinosaurio que cada día adquiere nuevas mañas. Cualquiera entiende que un anciano tiene manías, pero se le disculpan por la sabiduría que ha alojado a lo largo de los años. Lo malo es que el Partido Revolucionario Institucional parece cada vez menos listo, menos ilustrado, menos prudente. La sapiencia no está en los inventarios registrados en su almacén.

La corrupción mancha al partido tricolor, se les notan las costuras y da vergüenza ver el legado. Claro que no es lo mismo Diaz Ordaz que Peña Nieto, la metamorfosis se ha dado. Y, justo es decir, que no todo ha sido malo. Pero al paso del tiempo, las cualidades de antiguos mandatarios priistas se han perdido: la capacidad oratoria de José López Portillo, la sagacidad de Carlos Salinas de Gortari, la sobriedad de Miguel de la Madrid, la disciplina económica de Ernesto Zedillo. Y, desde luego, estos notables tampoco fueron brillantes del todo, tuvieron lunares muy oscuros que ensombrecieron su gestión. También hubos cosas buenas de otros priistas: las formas de Jesús Reyes Heroles, las ideas de Jesús Silva Herzog, los conocimientos del Ing. Félix Valdés, aspectos positivos que hubo y que de verdad existieron. 

No se trata de hacer un panegírico del PRI, es al revés. En otras épocas hubieron sujetos como Fidel Velázquez, Jongitud Barrios o la mismísima Elba Esther Gordillo. Se trata más bien de ver que el dinosaurio se está poniendo peor. El presidente Peña no tiene esa capacidad para hablar en público como la de José López Portillo, ni es capaz de disciplinar a su equipo y mantenerlo en unidad como Diaz Ordaz, ni tiene gente en su gabinete de la talla de Javier Barros Sierra. Se extrañan  presencias al frente del país que tengan madera de estadistas, se echan de menos esas mentes estrategas que tenían visión y amor por México.  Me imagino al primer secretario de Comunicaciones y Transportes frente a Ruiz Esparza y lo que le diría sobre entubar un manantial en una vía rápida de largo itinerario sin que se verifique el peso del transporte que va a pasar por ahí. El socavón es sólo una muestra del envejecimiento del PRI.

El partido es como ese viejito necio y soberbio que no se da cuenta de que todos a su alrededor se están enfandando de tener aue cuidarlo. Este dinosaurio viejo está sacando chispas pues sus usos y costumbres ni encajan con la actualidad ni le gustan a la gente. Basta ver anuncios espectaculares pagdos, dando gracias al señor presidente por los favores recibidos. ¡Ay, Dios! Y, si esto es así, ¿por qué sigue ganando? Parece que las opciones que tiene el electorado tampoco convencen mucho que digamos. Pero, no se deben confiar. Sus márgenes de éxito se han reducido mucho. 

Pobre dinosaurio viejo. Abre candados para una candidatura que lleva a un ciudadano a postularse a la Presidencia de la República. Como ya está viejito, le falla la memoria. Ya se le olvidó que cuando hizo algo similar con Ernesto Zedillo, se enfrentó a la alternancia del poder. Perdió la silla grande. Claro, fueron circunstancias muy diferentes. Hoy, Margarita o Roberto no se acercan a lo que fue el fenómeno de Vicente Fox y López Obrador no es Cuahutémoc Cardenas. 

Parece que este viejo, además de experiencia, tiene suerte. ¿Le alcanzará?

Agentes migratorios

Elevar el dedo para criticar al otro es una práctica común y un deporte con mucha afición. Ver la paja en el ojo ajeno sin ver la viga que traemos cargando es tan antiguo que ya es palabra de Dios. Los temas migratorios sacan chispas, especialmente cuando nos referimos a los agentes encargados de este tema. Por supuesto, siempre nos imaginamos a un estadounidense abusivo de mala entraña que se pasa de listo con un pobre migrante latino. La escena la conocemos y sabemos que se repite todos los días y que ahora las prácticas en las que se atropellan los derechos humanos son más frecuentes. Sí del otro lado de la frontera no respetan al migrante. Pero, para nuestra tristeza, de este lado tampoco.

Zorayda Gallegos nos pone el dedo en la herida que más queremos esconder. Los agentes migratorios mexicanos no son peritas en dulce. Gallegos reporta para el periódico El País que estos oficiales extorsionan a las familias de los migrantes que están a su cargo en centros de reclusión. No son casos aislados, es un mal que se ha generalizado. Las malas prácticas son un mal sistémico en los diecisiete centros a cargo del Instituto Nacional de Migración. En estos lugares, lo cotidiano es el uso excesivo de fuerza, el abuso, el trato inhumano, hacinamiento, malas condiciones de higiene y una serie de atropellos para las personas que violaron la ley al entrar sin documentos al territorio nacional.

El comité ciudadano del Instituto Nacional de Migración documentó ciento veintidós casos y recisaron ciento cincuenta expedientes. La gran mayoría de los revisados son migrantes centroamericanos, especialmente de Guatemala, Honduras y El Salvador, aunque también hay nicaragüenses. Lo que encontró el comité pone los pelos de punta. El migrante que se tope con un agente migratorio ya se puede poner a temblar y a elevar sus mejores orwciones al cielo.

Los principales delitos que comenten los agentes migratorios contra los migrantes son: robo, extorsión, privación ilegal de la libertad y homicidio. Lo hacen portando uniformes oficiales y luciendo el escudo nacional. Es una vergüenza. Mientras nos quejamos del trato inhumano que reciben los nuestros en Estados Unidos, aquí le damos vuelo a la hilacha y nos portamos igual o peor que aquellos a los que criticamos y nos queremos comer vivos. Evidentemente, una cosa no redime a la otra. Tal mal allá como acá. El tema migratorio es doloroso.

Duele al que se va  por lo que deja, por los sueños rotos, por la esperanza que se acabó, por la necesidad de huir. Duele al que se queda por la incertidumbre de no volver a ver al ser amado, por el susto que da saber lo que va a padecer, por el terror de enterarte de todos los padecimientos que enfrentará. El migrante, sinembargo, es un valiente que ante la adversidad busca alternativas en vez de achicarse y conformarse. Pero, apenas sabemos de estos pesares que causamos. 

Los mexicanos debemos exigir a nuestras autoridades lo mismo que se exige a los Estados Unidos, trato humano a un semejante que busca un sueño. ¿Es muy difícil?

Antes de regresar

Me aferro con fuerza a los últimos momentos de la vacación. Miro al mar, veo el amanecer. El día empieza con aroma a sal. Las nubes van del tono rosa al gris claro, casi azul, parecen algodones de feria y el sol alarga los rayos como si se estuviera desperezándose mientras las olas chocan con la arena y la espuma se queda unos instantes ahí, antes de desaparecer. Así, ¿quién quiere que se acabe la vacación? Como si fuera una niña pequeña, siento ganas de llorar, no me quiero ir.
No tengo llenadera, el verano ha sido fantástico. Desde la emoción de los finales de curso, las graduaciones, ceremonias de birretes, fiestas, premios, recepciones, los aviones, aeropuertos, las carreras, el asombro, la paz, todo ha cabido en estos días de vacación que hoy reclaman su fin. Entre la sorpresa de lo que es ajeno y de lo que nos resulta familiar se dibuja el arco de los días de descanso. Si las vacaciones son para recuperar fuerzas, para mí han resultado en una alegre renovación. El calendario indica que mañana hay que volver a asumir el ritmo de las obligaciones y regresar a la rutina de trabajo bueno. Claro que no me quiero ir.
Ya han empezado a llegar los recados, los correos, las llamadas. Los compañeros de descanso ya se han ido, somos los que nos quedamos a cerrar la puerta y apagar la luz. Ya se encienden las luces del tablero, son una especie de signos: hay que volver, pero aún sigo aquí. Lo que pasa es que entre los brazos de Poseidón se está muy bien y las caricias de Apolo son irrenunciables. Hefesto nos reclama. ¡Qué caray! Cada vacaciones traen consigo algo, unas simplemente llegan para descansar, otras alcanzan el grado de diversión y algunas logran un cometido más alto: traen regalos. Esta me dejó felicidad y un gran acerbo de agradecimiento. Espero que se anide en el corazón y que no se acabe jamás.
Así, desde esta ventana miro el mar y guardo en el corazón todas las imagenes. ¡Qué fantástica vacación!

Graduaciones 

Se supone que las fiestas de graduación son celebraciones por un logro académico. Se trapasa un umbral de formación que ayuda al individuo a ser una mejor persona. Usar toga y birrete es un orgullo que no muchos pueden experimentar. La toga es una prenda que comenzó a ser utilizada por primera vez en la Roma republicana como símbolo de rango entre los ciudadanos de la República. La Toga romana era una prenda semicircular, voluminosa y elegante, que originalmente se utilizaba como prenda diaria de uso común y que  para usarse en las sesiones del Senado o en ceremonias solemnes. 

La Toga como prenda universitaria, comenzó a ser utilizada en el siglo XI, cuando la Universidad de Toulouse en Francia, la adoptó como atuendo para distinguir al Rector y a sus Consejeros; en la Universidad de París, fundada en 1231, se instituyó y reglamentó por primera vez, como una prenda para resaltar a quienes la institución los había distinguido con reconocimientos, grados y dignidades propias de su trayectoría académica. De esta forma y a partir de ese momento, fue adoptada como símbolo de dignidad en diversas universidades del mundo.

El birrete es el signo de los eruditos, por años fue reservado únicamente para quienes tenían el grado de doctor. Un erudito es quien demuestra tener conocimientos sólidos en una o varias disciplinas. Es decir, es gente que pertence a un grupo selecto que se distingue por su saber. Es decir, son sabios. Un sabio es prudente, es juicioso. Por eso, ver a escuincles con toga y birrete sorteandose a golpes, me resulta verdaderamente indignante. 

Más allá de los acontecimientos diversos —eso es lo lamentable— y de los chismes y las fotografías, está el reflejo de aquello en lo que nos estamos convirtiendo. De repente, un puño se estrella en la cara de un muchacho que ni es de los graduados, ni estudia en esa escuela, ni era invitado, pero ahí andaba viendo, junto con un grupo de amigos si se podía colar. Pudo hacerlo. Él y sus amigos se colaron. Anduvieron por ahí, gozando de la fiesta, de la misma forma en que lo estuvieron haciendo varios grupos de colados, hasta que se armó la gresca. 

Hay tantas preguntas que contestar. ¿Dónde está la seguridad de los salones de fiestas? En estos lugares debe haber perosnal que resguarde cada festejo y evite problemas. Brilló por su ausencia. Además, quisiera saber que prurito primitivo provoca a ir a meterse donde no te llaman para causar problemas y buscarse broncas. Y, ¿qué pasó con la prudencia de  los sabios de toga y birrete? Mas que perosnas ejemplares, parecían gorilas embravecidos, empequeñecidos por sus impulsos y envilecidos. 

No fueron sólo dos escuelas de gente rica, han sido varias. La cuestión es que hay gente que le gusta causar pleitos y otra a la que le fascina pegarse a golpes. Es una pena. La toga y el birrete envilecidos por aquellos que se supone son los sabios de la sociedad. Una  pena.

Embarazos en adolescentes 

Partamos de la siguiente premisa: una nueva vida siempre es una buena noticia. Claro, un bebé trae consigo dos elementos inseparables: amor y responsabilidad. Cuando un hijo llega en el momento adecuado, no hay felicidad más grande en este mundo. Lo puedo decir con conocimiento de causa. También sé que cuando una criatura se ve como un accidente, esa alegría se transforma en angustia y muchas veces en amargura.

Recientemente, he escuchado a muchos jóvenes decir que ellos no tienen que pedir permiso para iniciar su vida sexual, que esa es una prerrogativa que les da la libertad, pero se olvidan de la parte de responsabilidad que todo ser libre debe atender. Sí, pareciera que hay un enorme gusto por gozar sin hacerse cargo de las consecuencias de sus actos. Alegremente se entregan a Cupido y esto se refleja en datos duros. México es el primer lugar en los países miembros de la OCDE en embarazos adolescentes.

Embarazos adolescentes que se presentan en personas infantiles. Niñas de quince años y jovencitos de catorce que no saben que hacer. No hay conocimiento ni práctica de salud reproductiva. Se entregan al amor sin protección alguna y se avientan al barranco sin paracaídas, para luego regresar a la casa paterna —o materna— a buscar asilo y solución. Si no se trata de pedir permiso para ejercer la libertad del cuerpo, se trata de ver mas allá de la nariz.

Un bebé llora, come, se ensucia y demanda atención. La vida se pone en pausa. Los proyectos de estudio se truncan. La vida social cambia. Y, tristemente, el amor de quien comparte paternidad se acaba. Claro, muchas niñas se quedan solas con el bebé en brazos. No se trata de nada más que de cifras comprobables. Madres solteras, solas y tan jóvenes son una realidad de este México. Los padres huyen, agobiados por la responsabilidad. Ellas se quedan con el hijo y la responsabilidad de lo que sucederá con él. Esa es la historia de todos los días.

El remedio no son las condenas, los cinturones de castidad, los gritos. Tampoco se trata de estar aventando condones y promoviendo la píldora del día siguiente o los abortos como medio de anticoncepción. Se trata de educar en la responsabilidad. Los millenials, como los jóvenes de cualquier generación, se quieren comer el mundo a puños. Eso es natural, el problema empieza cuando hay que hacerle frente a la responsabilidad, eso ya no les gusta. La cantidad de abuelos cuidando nietos de hijos adolescentes es creciente. Los segundos embarazos en muchachitos es una realidad. 

Hablar, informar, educar en la responsabilidad es primordial. Los datos son contundentes, aquí las cifras.

El final de José Octavio N

Una tragedia tras otra, José Octavio N, supuesto asesino y violador de una nena de once años apareció muerto en la celda del penal de Neza Bordo, donde estaba recluido. En una serie de despropósitos y entre un conjunto de explicaciones rebuscadas, resulta que las autoridades salen a decir que el supuesto delincuente se suicidó y que no se nos ocurra pensar que se trató de un ajuste de cuentas. 

Ya era suficiente tragedia que una nena desapareciera. Las cosas se complican cuando la pequeña aparece violada y muerta. Empeora cuando nos enteramos que hay un presunto culpable, del que conocemos los nombres, no los apellidos, del que vemos fotografías del rostro con una línea sobre los ojos para cuidarle la identidad, del que sabemos tiene antecedentes de abuso. Se lo llevaron al penal de Neza Bordo a someterse a un juicio por feminicidio y amanece ahorcado en su celda. ¡Vaya!

A mí me da por sospechar muchas cosas elementales: ¿de dónde sacó la cuerda? Se supone que al ingresar hay un procedimiento en el que revisan a los que entran y les quitan cualquier cosa con la que puedan hacer y hacerse daño, ¿no? La desgracia de una familia que pierde a su niña es terrible, el final nos arruga la panza. Nos hace entender que este colofón tiene que ver con temas de corrupción, impunidad, mal manejo de la justicia, ajustes de cuentas y de un tiradero horrible en el Estado De México.

La chiquita subió a un microbús que iba solo para no mojarse con la lluvia. Su padre iba en bicicleta al lado siguiendo al vehículo. El chofer aceleró. La niña desapareció. Los padres denunciaron la desaparición de inmediato. Pasaron horas antes de que les hicieran caso. Se violó el protocolo de activación de la alerta amber.  Nadie los atendió, no empezaron a buscar a la niña, se negaron a investigar, a ir calle por calle para encontrarla. Dejaron a los padres a su suerte. Les dijeron que lo hicieran ellos con sus familiares y amigos. No quisieron revisar las cámaras que hay para proteger a la ciudadanía. Los vecinos encontraron un cadáver. Así se escribe la trama de una catástrofe familiar. Ese es el reflejo de un estado.

Sabemos que esto no es un caso aislado. El Estado de México es campo fértil para  matar mujeres. Treinta mil mujeres asesinadas en quince años. Las cuentas dan una cifra de cinco mujeres diarias. Este 2017, las fiscalías municipales han registrado 1,153 casos de violencia contra la mujer. Más agravantes: la compañía de transporte a en la que trabajaba José Antonio N no contaba con todos los permisos vigentes, la licencia del chofer estaba vencida. Ese sujeto no debía estar manejando y esa compañía no debía estar operando. Pero en una tierra en la que la ley no interesa,  la justicia está rebasada y la impunidad impera, los resultados son muestra del desorden que nadie quiere ordenar.

Muerto el perro se acabó la rabia, dice el dicho. No obstante, en este caso no es así. El final de José Octavio N inflama la irritación de la opinión pública. Parece que el hombre era un pájaro de muchas cuentas, que los antecedentes dan evidencias de que no era una buena persona. No lo sabremos, apareció ahorcado. Pareciera que con esta muerte quisieran echar tierra al asunto y tapar el sol con un dedo. Pero, con este reguero, con tanto desorden, impericia, falta de justicia y tanta impunidad, esto será lo de diario. 

No creo que el final de José Octavio N haya sido una venganza o que alguien haya tomado la justicia en sus manos. Me parece que aquí trataron de encontrar una forma de eclipsar el problema de fondo. No creo que este sujeto se haya suicidado y si así fue, ¿qué pasa en el penal de Neza Bordo para que sucedan estas cosas con los internos? Pero, ¿por qué no se activó la alerta amber?, ¿por qué ninguna autoridad ayudó a los padres?, ¿por qué nadie responde?, ¿dónde está el gobernador?

El Estado de México tiene un dictamen terrible, si eres mujer, alejarse de ahí es inteligente. El din de semana que asesinaron a esta nena, mataron a otras cuatro mujeres en diferentes municipios. Por eso, el final de José Octavio N no debiera ser el dinal de esta historia de horror. 

La pesadilla de los opiaceos

Según el New York Times, el consumo de heroína en los Estdos Unidos está llegando a niveles de epidemia. El gusto que los estadounidenses tienen por consumir heroína sola o cortada por opiaceos va en aumento y causa muertes como si estuvieran librando una guerra. El mito, de que de un lado llegan los venenos y del otro los consumidores son blancas palomitas que no sufren daños, se rompe frente a la cifra fatal casi sesentamil personas murieron victimas de esta adicción.

Leo en El País lo fácil que es conseguir esta droga. Ya no se necesita ir a barrios violentos o entrar en contacto con intermediarios peligrosos. La facilidad entra por páginas de Internet en China. Se puede pedir la mercancía y la entregan en la puerta de la casa a vuelta de correo. Y, como queda claro, el problema no es la oferta, jamás lo ha sido, es la demanda creciente que hay por este veneno.

Lo curioso es que no se controle el consumo. Las campañas que se han hecho a nivel mundial contra el tabaco nos enseñan que se pueden abatir los vicios. Las restricciones que se impusieron a los fumadores, la imposibilidad de fumar tranquilamente y con la alegría que da encender un cigarro frente a una taza de café entre amigos se anuló en el momento en que fumar era percibido como un delito grave. El que sacaba una cajetilla era visto con rencor y las advertencias visuales llevaban a inhibir el deseo de fumar. 

Yo misma dejé de fumar, más que por  las amenazas de terribles enfermedades —que me intimidaban, pero no lo suficiente—, por que cada vez me resultó mas incómodo fumar. En los últimos días, fumaba fuera de casa, junto a los basureros. No era grato estar a solas con el humo del tabaco, entre aromas de comida podrida. Lo dejé. Muchos lo hicieron. La mayoría de los lugares que   frecuento, son libres de humo. Extraño el vicio, pero prefiero dejar de mortificarme yendo a fumar a lugares impresentables.

Drogarse con heroína no es fácil. Hay que inyectarse, eso duele e intimida. Además, hay que saber hacerlo, eso requiere capacitación. El vicio es tan fuerte que parece que estos obstáculos no importan. Peor aún, no interesan. Van años y años en los que veo a políticos y líderes estadounidenses que apuntan el dedo y se zafan la responsabilidad echándole la culpa a quien vende. El sinsentido se refleja en el número de muertos víctimas de la heroína. El que vende, si nadie compra, desaparecerá. En cambio, si todos quieren comprar, no hay forma de parar la venta.

Las campañas para acabar con esta epidemia deben ir en torno a quien consume. El veneno se debe alejar de quienes se lo inyectan, no con prohibicones que no sirven para nada, sino con campañas que generen consciencia. Mientras sigamos escuchando gritos flamígeros que culpen a otros, seguirá elevándose la cifra de muertos por esta terrible adicción. 

El agravio común

Me sorprenden varias cosas de las formas en las que cambia el mundo y de las reacciones que manifiestan algunos. Aquí todos, incluso los que guardan silencio, dan a conocer su postura. En esta condición, todos tenemosmuna postura y ella es una seña de identidad que nos ubica en un lado o en el otro de esta novísima situación mundial. Es curioso como a México se le mira ya sea con ojos de ternura o de alarma, como si el país fuese un agente externo. Como si las medidas fuesen a afectar nada más a los mexicanos y los demás asistieran como espectadores. Lamento informar que el agravio es común a todos.

El territorio iberoamericano se funde en la cabeza del señor Trump como una masa uniforme, para él abajo del Río Bravo todo es México, España incluida, por supuesto. El mapa mundial se vuelve a partir en dos. Aliados o enemigos del nuevo presidente de Estados Unidos y en esa clasificación va el mundo entero. Así nos dividimos sin remedio, lo mismo los que opinamos que los que guardan silencio, los que se sienten fuera de esos conjuntos, también pertenecen. Nadie nada de muertito. Nadie puede hacerse el disimulado. Nadie.

Extrañan los silencios. 

Llaman la atención los que se quedan callados, pensando que así ni se ven ni se oyen y permanecerán a salvo. Mandatarios de países a los que llamamos hermanos, naciones a las que México les ha tendido la mano y que ha recibido a sus hijos para que no sigueran errantes en el mundo. También sorprenden las de estos mexicanos notables que no han emitido una sola palabra, los expresidentes Zedillo y Salinas tienen los labios de cera y muchos notables imitan su ejemplo. ¿Será que no se sienten aludidos? Malas noticias, aquí todos estamos en este embrollo.

Por eso, la generosidad de las palabras de Juan Manuel Caballero Bonard, escritor español, ganasor del Premio Príncipe de Asturias 2012, conmueven: El ciudadano que no se considere de algún modo mexicano, colombiano, chileno, es que carece de algún fecundo componente educativo. Ahora mismo, con ocasión de esos execrables agravios perpretrados por Trump contra México, mi condición de español ha incrementado fervorosamente mi modo de ser mexicano. Es decir, comparto sin reservas las acciones contra ese soez agresor. 

La hostilidad hacia México no tiene exentos. Pega a los que disimulan, a los que gritan a favor o en contra, a los latinos que votaron a su favor y en contra, a los que están en alguna posición del gobierno, los que forman parte del Estaso, a la oposición, a los intelectuales, a los políticos, a los economistas, a los obreros, a los empresarios, a los jóvenes y a los viejos, a los que vivimos en este territorio bendito, a los que viven más allá de estas fronteras, a los que tiene pasaporte mexicano y a los que no.  A todos nos pega. Algunos pensarán que el golpazo les dará impulso, otros tiritarán de miedo ante lo que viene, otros analizarán y tomarán decisiones, nadie pasará desapercibido.

Pero, no se trata de las patrañas que nos quieren hacer creer. Se trata se humillar y hacer de ello un espectáculo, en ese sentido el agravio es común para la gente de buena voluntad. ¿En qué lado quieres estar? No es ajeno, ni para otros. El agravio es común.

Las razones del General Cienfuegos

El Secretario de la Defensa Nacional, el General Cienfuegos habló fuerte. La función del ejército es el cuidado de la soberanía de la nación y de la seguridad del país. No estudiamos para perseguir delincuentes, dice y pide regresar a los cuarteles. El Ejército Mexicano y la Armada se están desgastando y su figura se deslava. Nuestros soldados pierden brillo y respeto mientras asumen responsabilidades que no son de su competencia. Son diez años en que los hemos puesto a luchar contra el narcotráfico y, con ese pretexto, los hemos sometido a tareas ridículas. He visto soldados controlando el tránsito en Acapulco mientras los policías municipales están comiendo tamales en la esquina. Sin duda, el General Secretario tiene razón.

Fue Felipe Calderón quien los sacó a las calles en un acto desesperado al ver la podredumbre que había en los sistemas policiales de estados y municipios. El plan era que el Ejército entrara provisionalmente en tanto se construía un cuerpo policial digno. No ha sucedido, todo lo contrario, alcaldes y gobernadores le echan la bolita a los militares, se lavan las manos y se desentienden. ¡Qué los soldados se las arreglen! Y, claro, las abolladuras se las lleva una institución que ha servido con valor a la Nación.

No ha permanecido impoluta, la ha tocado la corrupción, se ha manchado y sus altos mandos han caído en la tentación. Pero, si comparamos los fallos de las fuerzas militares contra los resultados de civiles como jueces, gobernadores, alcaldes, procuradores y anexas, el Ejército Mexicano brilla en eficiencia. No podemos decir lo mismo de los policías que no gozan del   respeto de la gente. En general, un policía genera una sensación de miedo que de seguridad. Al pensar en un policía, lo primero que se viene a la mente es la palabra extorsión. Un soldado, en cambio, tiene más reconocimientos. Pero si seguimos así, al rato un militar perderá la imagen de respeto.

No estamos haciendo la tarea, los policías también están solos. Por lo general, no tienen uniformes completos, ganan poco, si les faltan al respeto no hay sanciones, nadie les garantiza su propia seguridad y no están bien capacitados. Si seguimos dando funciones policiales al Ejército Mexicano, terminaremos con unas fuerzas armadas que no hacen lo que deben y que se irán desbaratando entre la mala imagen y la falta de apreciación. Sería bueno que cada quien hiciera su parte.

Dice el General Cienfuegos que las fuerzas armadas están en la incertidumbre y que están al límite del desacato. Les conviene dejar de obedecer que ser sancionados por andar haciendo lo que no les toca. Urge aprobar una ley de seguridad nacional. Pero, todos tienen que trabajar, no sólo los soldados. Los legisladores tendrán que asistir al congreso, los jueces deberán hacer que el sistema penal acusatorio funcione, las autoridades deben de hacerse responsables de aquellos temas que les pertenecen en vez de dejar todo en manos de una institución que hace lo que no debe, que pone su grano de arena y que además es criticada. 

Se entiende que el General Secretario diga que ya se enfandó de ser el úncio que pone a su gente a trabajar, mientras otros se llenan los bolsillos de dinero, pactan con los malos, se hacen los tontos, juzgan su actuar y de plano ni se mueven. Ver militares controlado el tráfico es lamentable. Estoy de acuerdo con el General Cienfuegos, los militares no estudiaron para eso, ni para patrullar carreteras, ni para morir emboscados trasladando a un herido que también era un maleante. Un militar no debería estar enfrentando a maestros inconformes, ni conteniendo a manifestantes, ni recibiendo bofetones de señoras que reciben ordenes de líderes políticos inconfesables, ni asoleandose mientras ven que los que deberían estar haciendo su trabajo, están plácidamente perdiendo el tiempo.

Las razones del General Cienfuegos son atinadas, pertinentes y bien expuestas. Es tiempo de mirar al Ejército Mexicano, de escuchar sus razones y regresarlo a sus cuarteles, es tiempo de que cada quien haga lo que le corresponde. ¿Habrá quien lo escuche y se ponga a trabajar? 

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