Cuarta ronda, muchos nervios

México, Estados Unidos y Canadá comparecen a la cuarta ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Estados Unidos pone sobre la mesa propuestas inaceptables, mientras los mandatarios Trudeau y Peña se reunen en una cena lujosa y cordial el Palacio Nacional. El énfasis, para quien lo quiera entender, es claro: ni canadienses ni mexicanos se irán, seguiran negociando porque para eso estan ahí, para llevar a cabo un proceso que sea favorable para todos. Ninguno de los mandatarios se prestarán a ser rehenes de una sola posición, eso dijeron.

Pero, muchos medios se alzan con advertencias y admoniciones sobre el futuro sombrío del tratado comercial más grande del mundo. Y, aunque Trump se empeña en dañar la negociación —o eso parece—, sigo creyendo que todo el nerviosismo que se reporta tiene un punto de estridencia. Me parece que tanto susto no es prudente. Como que tanta preocupación me parece exagerada.

En negociación, dice la teoría, llega un momento en que las cosas se ponen álgidas. Las partes abren su juego y cada quien plantea sus conveniencias. Los estilos de negociación hacen evidente la personalidad de cada quien, unos son diplomáticos otros son patanes. Cada uno tiene su propio enfoque y tiene conveniencias divergentes, sin embargo, las que son convergentes son las que los tienen sentados ahí. En este caso, los beneficios que unen a los intereses de las tres naciones son mucho más grandes.

Es verdad, el tipo al que pusieron en la Casa Blanca es un ignorante que no entiende los beneficios de la globalización, o eso quiere hacer creer. Es un patán que cree que negociar es sinónimo de regatear, que piensa que con golpes en la mesa se consigue más y que a base de tuits se maneja una nación.  Eso eligieron y con eso hay que lidiar. Un negociador experto lo sabe, no se asusta: entiende las fases del proceso. 

La parte mexicana está compuesta por expertos negociadores. Es cierto, no hay garantías. Pero, el camino alternativo tampoco es pedregoso. Sin tratado comercial, están las reglas de la Organización Mundial de Comercio que protegen. Pero, las mejores protecciones nos vienen del consumidor estadounidense que no querrá pagar más por algo que antes le salía a menor precio. Eso lo entiende toda la gente. Incluso el viejecito necio que tienen despachando en la Oficina Oval. 

No veo muchas razones para estar tan nerviosos. Está pasando lo que sabíamos que iba a pasar, la negociación seria difícil, pero todavía no estamos en el momento de gritar a todos los vientos que ya se volvió imposible. No hay que adelantar vísperas. Por lo pronto, las calificadoras no se hacen cargo de las complicaciones propias de esta cuarta ronda. Si ellas están tranquilas, yo también. 

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La soledad de Ricardo Anaya

Dice Rafael Moreno Valle que cuando él se quiere enterar de lo que sucede en el PAN, le pregunta a Dante Delgado —dirigente de Convergencia—. No lo dice de broma, lo dice en serio. El senador Javier Lozano cuenta que hace mucho rato que la línea de comunicación con la dirigencia de su partido está rota. Margarita Zavala se fue del PAN sin hablar con Ricardo Anaya. 

Me imagino al dirigente del PAN tan solo en su oficina. Lo veo, frente al espejo ensayando algún discurso, con esa voz tan modulada que más que político, parece nana arrullando su bebé. Seguro se esta acicalando el pelo tan rubio, se revisará que el nudo de la corbata esté perfecto y se pasará la mano sobre la solapa en donde está el disntintivo blanquiazul. Estará con la puerta cerrada y por eso no se entera que el partido se le está desmoronando.

Dicen que cuando Nerón incendió Roma se fue a los límites de la ciudad a ver como las flamas consumían los edificios mientras él tocaba la lira. Era como si contemplara la belleza de la destrucción que había causado y se extasiara en ello. Luego, lloraría. Pero, mientras tanto, disfrutaba al ver como todo se reducía a cenizas. 

La salida de Margarita Zavala no es el cerillo que inició el incendio panista. De hecho, muchos panistas de cepa creen que el círculo al que ella pertenece capturó al partido y que su salida es liberadora. No obstante, escuchar que otros panistas se sienten apartados por su líder, ya empieza a preocupar.

En la última elección, cuando Felipe Calderón era presidente en funciones, el PAN cayó a ser la tercera fuerza política después de haber ganado la elección. El partido sufrió un golpe durísimo, pero aun no veiamos lo peor. Después vinieron los dimes, diretes, promesas, traiciones, juegos de sillas y todas las maravillas que les conocimos una vez que volvieron a meter al PRI a Los Pinos.

La renuncia de Margarita Zavala lastima al panismo porque la intención de voto se divide. Hay quienes dicen que esto ayuda al PRI y otros piensan que López Obrador se muere de risa. Lo que es un misterio es lo que piensa Ricardo Anaya. Ni sus propios compañeros de partido lo saben.

En fin, no nos queda más que imaginarnos la soledad profunda en la que está Ricardo Anaya. Pero, tal vez sea una fantasía, tal vez esté mas y mejor acompañado de lo que creemos. Lo malo es que sólo él lo sabe.

México sobre una laguna

El ombligo del mundo que los aztecas buscaron desde Aztlán, lo vinieron a encontrar sobre una laguna. El símbolo tan ansiado del águila devorando a la serpiente, estaba en un nopal que creció en un islote y los peregrinos indigenas con fe absoluta en la figura que hoy da identidad al país entero, decidieron asentar su civilización en un espacio con agua. La belleza de lo que crearon nuestros antepasados sorprendió a tal nivel a nuestros conquistadores que la llamaron la Ciudad de los Palacios. Pero, los aztecas no eran estetas nada más, parece que fueon muy inteligentes. 

Según científicos del Cinvestav, aquella laguna y toda esa agua que nos empeñamos a entubar y hundir en el subsuelo hoy nos sirve como una especie de Tamper protector. De acuerdo con Wen Yu Liu, Jefe del Departamento de Control Automático del Cinvestav, para contrarrestar los eventos la decisión de construir sobre una laguna fue un gran acierto, espacialmente al tratarse de terremos que se encuentran en una zona telúrica. ¿Qué es un Tamper? Son swithces se pueden encontrar en diferentes dispositivos electrónicos, como detectores de movimiento, paneles de alarma, paneles de detección de incendio, controles de acceso, sirenas, cámaras, etc.

Algunos detectores y en muchos casos el mismo panel de control incorporan un par de terminales llamados Tamper. Estos son dispositivos que atemperan y amortiguan en caso de una situación de daño. Estos interrumptores operan  cuando alguien intenta quitar la cubierta del detector o en el caso del panel intenta abrir la tapa de la caja frontal, se abren dando condición de alarma. Estos contactos deben ser conectados a una zona de 24 horas del panel de control y es recomendable usarlos para evitar sabotajes del sistema cuando está desactivado.
La laguna de Texcoco funciona como un Tamper natural que sirve al mismo tiempo para ayudar a dar una alarma que para amortiguar la intensidad de onda de un movimiento telúrico, que según Yu Liu, si no existiera esta capa de agua en el subsuelo, los terremotos alcanzarían grados superiores. Hizo hincapié en la importancia de cuidar en la capital mexicana uno de los mayores tampers naturales con los que se cuenta; es decir, el agua que aún existe bajo la ciudad, pues de acuerdo con la opinión de algunos expertos mundiales en el tema de ingeniería, este líquido amortigua los movimientos telúricos. El científico señaló que hasta el momento los terremotos no pueden evitarse ni pronosticarse con mucha antelación, pero pueden implementarse medidas preventivas que harán que se reduzcan los riesgos potenciales.

A partir de estas observaciones, en Cinvestav está desarrollando un sistema de construcción que estabilice las estructuras durante el movimiento de la tierra por medio de dispositivos con tampers. Pero, lo importante es resguardar nuestro propio amortiguador que está hundido en el suelo. Esa herencia que nos dejaron nuestros antepasados y que como tesoro perdido, hoy que lo hemos encontrado, debieramos valorarlo y cuidarlo.

Espacio para llorar

A una semana del sismo del 19 de septiembre, después del susto, de las prisas por ayudar, de la necesidad de sostener la esperanza en alto, de la urgencia por dar, llega el momento de inclinar la cabeza, de llevarnos las manos al pecho y de dar tributo a los caídos.

Algunos, pensarán que todavía no es tiempo, que hay que seguir escarbando en los escombros, que es muy pronto. Tendrán razón. Tendrán toda la razón. Sin embargo. Llega un momento en el que debemos desatar el nudo que tenemos en la garganta para dejar fluir el llanto.

Todo sucedió tan rápido que ni tiempo nos dio para despedirnos. Andabamos tan ocupados tratando de servir en algo, que no hemos encontrado el momento para decir adiós. Por eso, la idea de formar un memorial de flores y mensajes dedicados a los trescientos veinte —o más— que perdieron la vida a causa del sismo es para apaludirse, para respetarse. 

Un grupo de floristas organizó en el Parque México un vergel para darle espacio a todos los capitalinos donde llorar. Lo mismo los que ayudaron donando, que los que perdieron a un ser querido, los que pusieron sus manos o contribuyeron con talento, todos podemos participar, ir a colgar una nota de solidaridad a los deudos, de ánimo a los desalojados, de pena extrema, de luto. 

Habilitaron un espacio para llorar.

Para dejar que se vacíe el cuerpo de la perplejidad que nos dejó este temblor, que se nos salga la amargura, que se viertan lágrimas. Que nada de eso se quede adentro porque le quita espacio al recuerdo de los que se fueron, al agradecimiento para los que ayudaron, a la admiración frente a tanta solidaridad.

Grieta

El martes pasado salió la grieta. Tal vez sea nueva, pero me temo que ya era vieja. Los más seguro es que se haya formado hace treinta y dos años y se haya cubierto con el estuco que se forma con el tiempo. No obstante, ahí estaba. Por supuesto, el martes se hizo evidente. Tomó escena, sin importar si era vieja o la acababa de estrenar.

Por ese hueco, se me va la consciencia del tiempo. No sé si es domingo, lunes, hoy o ayer. Ni idea tengo si tenía que estar aquí o allá. Se me escurre la consciencia. Se meten los vientos que trastocan las prioridades. La grieta, abierta, deja entrar los recuerdos de polvos y escombros viejos, aunque, los confunde con los pedazos que quedaron tirados en el hoy.

En esa grieta, van sangrando mis muertos antiguos, los que se quedaron en 1985 y ya no pudieron ver las computadoras móviles, los teléfonos celulares, la inteligencia de las aplicaciones y la importancia de una pantalla. Por ahí se asoman los que no supieron lo que pasó el otro diecinueve de septiembre para entender lo que les sucederia en esa misma fecha.

Me pregunto si la grieta se volverá a cerrar, si quedará abierta, si dolerá siempre o si formará parte del paisaje de todos los días. Hoy, me duele y me tiene aturdida. Parece que voy funcionando, que sonrío, que me levanto y me acuesto como siempre, como a diario. 

No.

La grieta está latiendo. Late hoy. Late fuerte. 

Dice Celso Santajuliana que las escrituras manan de las grietas que rompen el alma. Si esto es así, no importa si la grieta es vieja o si es nueva. No es relevante si la vieja se hizo nueva o si la nueva se le encimó a la vieja. Tampoco estoy segura de que por ahí vaya a salir algo. 

No lo sé, hoy la grieta me tiene confundida. Solo el tiempo…

Entre la solidaridad y la rapiña

En México, la mayoría nos tomamos de la mano frente a la adversidad. Unidos le damos cara al dolor, a la destrucción, a los escombros, al polvo, a la muerte. Pero, también existen los contrastes. La realidad nos pone frente a lo mejor y a lo peor que tenemos y una raya separa claramente a los mejores de los peores. Por fortuna, la multitud de gente maravillosa supera a la minoría de abusivos, de estúpidos, de rateros, de chistosos que abusan del dolor ajeno.

Las redes sociales jugaron, frente a la tragedia del terremoto vivido el martes pasado, un lugar preponderante. En segundos, sabíamos dónde hacía falta ayuda y manos solidarias se hacían presentes sin mayor trámite que la convocatoria. Tristemente, algún payaso ponía información falsa. Gente con palas, picos, guantes de carnaza, comida, agua, llegaba para encontrarse que ahí no se necesitaba ayuda, que algún pasado de listo quiso reírse de la buena voluntad y mando una alerta de ayuda a un lugar en donde todo estaba bien. Lo peor era el descuido con el que la gente replicaba esa información sin verificar si era cierto o no.

Hubo alertas de destrozos en vigas del segundo piso, peticiones de peritos para casas que no existían, listas de desaparecidos con nombres falsos, derrumbes que eran falsos. Mentiras viles. La onda expansiva de la desinformación se hacía más grande porque, en una necesidad genuina de ayudar, se propagaba la necedad de algún imbécil, que en la insensibilidad frente al horror se moría de risa, sin  que hubiera freno. Los memes aparecieron y afortunadamente, no han sido tantos.

Hubo topos falsos, binomios de perros que no estaban entrenados, gente que quiso meterse a los derrumbes con chalecos falsas, noticias adulteradas que se difundieron, nombres de niños que no existieron. Por eso, de repente, había personas que se ofrecían a llevar los víveres que habían comprado, o centros de acopio que se formaron de manera espontánea y la gente prefería llevarlos personalmente para verificar que todo llegara a buen puerto, o de plano entregarlo en manos del Ejército o a las universidades para que no se hiciera mal uso de la ayuda.

Sí, seguimos creyendo en el Ejército y en la Marina, que han sido héroes que siguen trabajando día y noche para encontrar vida..

Lo asombroso era ver como las filas de gente que quería ayudar, las pilas de comida, medicina, agua, ropa que se formaban en los centros de acopio. Era tanta que conmovía el corazón. Pero, una línea divide y pone a la gente en lugares distintos. Por suerte, la solidaridad opaca a la rapiña. Las justificaciones de los que difundieron noticias falsas, no valen. No se puede jugar con la buena voluntad de la gente.

Infatigables 

Infatigables, así son nuestros héroes. Gente espontánea que se une a los escuadrones de ayuda y se convierten en rescatistas para apoyar a las víctimas. Unos preparan comida, otros corren a comprar víveres, otros ofrecen manos para clasificar la ayuda, otros orfecen mirada experta, opinión profesional, otros ponen las manos, otros talento, todos hacemos lo que mejor podemos con el corazón en la mano.  

Lo mismo los topos que militares que gente de la Armada de México e integrantes de la Sociedad Civil trabajan a pleno rayo del sol, en la oscuridad, entre polvo, bajo la lluvia, todos estos héroes mexicanos han dado su apoyo en forma masiva, a tal nivel que los centros de acopio y brigadistas han comunicado que ya no se requiern voluntarios. En la Ciudad de México, hay personas que hacen fila para empezar a ayudar.

El entusiasmo de los jóvenes emociona hasta los huesos. Se organizan en brigadas, forman líneas de producción, ayudan, se pintan en los brazos nombres, tipo de sangre, modos de identificación. Me asombra ver la forma entregada en la que se ofrecen manos y recursos. En medio de la desespeación, inyectan esperanza.

Los perros han sido rescatistas maravillosos. Estos animalitos son generosos y eficientes. Todos trabajan contra el tiempo. Las maniobras son cada vez más complicadas, más precisas, mas delicadas, en fin, más lentas. Frente a la impotencia de querer ayudar, de apresurarse y no poder, los héroes ponen sus fuerzas, su trabajo, au entusiasmo, sus oraciones, su esperanza.

La fatiga que provoca tanto dolor, no quita a nadie el impulso para poner su grano de arena. Restauranteros ofrecen café y pan, las filas son larguísimas y son para ofrecer ayuda. Los escombros nos abuman, la solidaridad que no acaba, nos conmueve. Nos unimos y si se eleva el puño cerrado, nos callamos. El silencio que se indica con el puño en alto, nos genera esperanza.

No nos podemos quedar sin hacer nada, es lo que decimos todos. Aplaudimos al Ejército y a nuestras Fuerzas Armadas, a nuestros Topos y por fin entendemos que todos somos héroes frente a la desgracia. Infatigables, eso somos hoy en México.

Otra vez 19/09

Como si se tratara de un chiste macabro, justo después de haber hecho un simulacro para honrar a las víctimas del sismo de mil novecientos ochenta y cinco y para saber qué hacer en un terremoto, empezó a temblar la tierra. Fue violento. Fue increíble. Fue de 7.1 grados. Se sintió más fuerte. 

Minutos antes, cuando todo era simulado, cuando era de mentiritas, las cosas funcionaron a la perfección, en cuarenta segundos habíamos evacuado el edificio. La realidad del terremoto nos rebasó. Si minutos antes lo hicimos en forma ejemplar, en esos momentos los nervios hicieron de las suyas. No pude bajar. Las escaleras estaban abarrotadas y no había forma de pasar.

Siempre tuve miedo de que un terremoto me sorprendiera dando clase, pensé que no sabría qué hacer. Pero, hoy no puedo dudar de las posibilidades de una voz potente. Instintivamente, grité: No empujo, no grito, no corro. Mis alumnos salieron tranquilos y en orden. Siguiendo el ejemplo de Ricardo Bernal, que en otra ocasión me enseñó que un profesor es el último en salir, yo fui quien me quedé a cerrar la puerta. 

Al tratar de bajar, me di cuenta que jamás lograría bajar. Una persona estaba fuera de sí, llorando, tirada en el suelo, bloqueando el paso. Imposible llegar a la planta baja. Uno de mis alumnos, Dios lo bendiga, me tomó de la mano. Nos pegamos a la pared para formar un triángulo de vida. Se unieron otros dos: nos tomamos de la mano. La Torre Latinoamericana se movía como si  fuera de chicle, el campanario de Regina Coelli parecía de plastilina. El suelo se movía con fuerza. Creí que nos íbamos a morir. En ochenta y cinco, la zona del Centro fue devastada. 

Cerré los ojos. 

Fue eterno. Duró una perpetuidad. Fue infinito.

El movimiento empezó trepidatorio y luego comenzó a oscilar. Todo rechinaba. Un estruendo. Una nube de polvo. El movimiento no paraba. La gente lloraba. Yo quería gritar. Pero me amarré la garganta. Me hicela valiente. Estoy hecha migajas.

Por fin acabó de moverse la tierra.

Tratamos de tranquilizar a la persona que lloraba en forma descontrolada. Bajamos lentamente. Rostros pálidos. Cuerpos temblorosos. Espíritus solidarios. Nos reunimos en el punto de encuentro. No alcancé a tomar mi celular. Estuve cuarenta y cinco minutos esperando para que los expertos de la brigada inspeccionaran el edificio y nos dejaran pasar por nuestras cosas. Las noticias de la gravedad de las consecuencias. El corazón se me salía. Pedía a Dios por mi marido y mis hijas. No me podía comunicar.

Miro al cielo. Agradezco. Otra vez fue un diecinueve de septiembre. Otra vez lo puedo contar. Tengo una tristeza en el alma que no se quiere salir. Es verdad, la emergencia no es igual que la que se vivió hace de treinta treinta y dos años, es cierto que aprendimos de aquella lección, pero hay muerte, hay gente atrapada, hay niños que son víctimas, hay pena. 

Me sorprende la capacidad que tenemos los mexicanos para ayudar, para organizarnos de inmediato y poner las manos al servicio de los demás. Los mexicanos crecemos frente a las desgracias. Hoy, nos necesitamos grandes.

Expulsar diplomáticos

Parece que España resuena al mismo ritmo diplomático que México. Allá, igual que aquí, declararon al Embajador de Corea del Norte persona non grata, es decir, ya no es bienvenido en tierras nacionales. En diplomacia, cuando un extranjero es catalogado así, la persona está impedida de seguir en ese territorio. Es la calidad de censura más seria que cualquier nación le puede dar a un individuo, es la sanción máxima que un extranjero se puede ganar. Como la acción de la diplomacia es tender puentes de entendimiento, este tipo de acciones son muy raras. Por eso, en México nos resultó muy extraño ver que se hiciera uso de semejante recurso. Nos sorprende más, dada la tradición de relaciones exteriores de nuestro país.

La explicación no nos convenció del todo. Aparentemente, tanto en España como en México no se ve con buenos ojos el avance militar y los estallamientos de bombas. Si Corea del Norte está haciendo pruebas nucleares, una cosa es reprobar la práctica y otra muy diferente es correr al embajador. Por supuesto, se abre una ventana de sospecha que nos pica la curiosidad. Más aún, cuando España hace lo mismo. ¿Pues, qué andarían habiendo estos señores? ¿Estarán involucrados en prácticas reprobables en territorio nacional?

Extraña porque sólo México y luego España han expulsado al embajador de este país. ¿Será que vamos a la vanguardia de una fila de paises que harán lo mismo? Ni Macron ni Merkel han hecho ecos y de Trump, mejor ni hablamos. El presidente de Estados Unidos se la pasa graznando amenazas terribles y en Asia ya nadie le cree nada. Pero, ni los estadounidenses que han sido foco de burla constante, se han puesto tan delicados. 

Me pregunto que habrán estado haciendo estos sujetos.

#micasaessucasa

#micasaessucasa es un grito de angustia frente a la vulnerabilidad que sentimos y al estado de indefensión en que nos encontramos. No se trata de un muro de cristal, ojalá eso fuera, es la vida que se nos va del cuerpo porque nos están matando ante la indiferencia de quienes nos rodean. Mara Castillo se convertirá en una razón más para gritar pidiendo ayuda, pero de nada servirá si la olvidamos como lo hemos hecho con tantas otras. 

Por eso, en un gesto de soidaridad, estudiantes, activistas, organizaciones sociales y mujeres marcharon en la Ciudad de México, en Puebla, en Jalisco, en Veracruz, en Coahuila para gritar que no queremos una muerta más, un feminicidio más. Estamos asustadas, tenemos miedo de ser las próximas, sentimos pánicompor nuestros cariños. Esta no es una forma de vivir. ¿Tenemos que estar encerradas, atrás de la puerta?

El caso de Mara Castillo me duele porque soy mujer, soy madre y me imagino que cualquiera de mis alumnas pudo haber estado en esta situación, mientras en su casa estaban tranquilos porque ella iba a regresar a casa con un medio seguro y, miren nada más lo que sucedió. Es tan fácil romper una vida por puro gusto, por la facilidad que da violar a una mujer, matarla y seguir caminando como si nada. 

Nos tenemos que cuidar entre nosotras, tenemos que formar una red de apoyo. Parece que andar solas es un delito y que salir a divertirse es sinónimo de pena de muerte. Escandalizarse sirve tan poco, sirve de nada. Mejor manos a la obra. Madres e hijas tenemos que estar en comunicación, saber en dónde andamos. Amigas debemos vigilarnos, conocer nuestras rutas y destinos, monitorearnos para cuidarnos y apoyarnos. No podemos olvidar o subestimar lo que está sucediendo.

No sé lo que dirán las autoridades, pero la impunidad corre alegremente mientras nuestras mujeres caen muertas. Vamos a ver. Por lo pronto, tenemos que activar nuestras redes de contacto y ponernos alerta. Si algo suena mal, si el institnto te manda una alerta, hazle caso y avisa. Huye. Evita el riesgo. Más vale que nos digan locas, histéricas, payasas, exageradas que muertas. 

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