Ámsterdam no es la Ciudad de México

En el encabezado dice que Ámsterdam ha desaparecido once mil espacios de estacionamiento y con eso se ha inhibido el uso del automóvil y se ha privilegiado otros medios de movilidad, especialmente, la bicicleta y el transporte público. ¡Bravo por ellos! Inmediatamente después, se propone que en la Ciudad de México se haga lo mismo. Me pregunto si el autor ha estado alguna vez en Ámsterdam o en la Ciudad de México, una y otra ciudad no son lo mismo.

En la Ciudad de México caben varias ciudades del tamaño de Ámsterdam. No creo equivocarme al afirmar que la ciudad holandesa cabe en la extensión de la Colonia del Valle. Todos hablan del triunfo de la bicicleta y pocos dicen lo terrible que es para los habitantes de aquella ciudad la falta de respeto de los ciclistas a los transeúntes y la cantidad de accidentes que se causan porque todo el mundo, especialmente los turistas, se creen en capacidad de tomar el manubrio y empezar a pedalear. Y eso que en Holanda la gente es ordenada y que las autoridades municipales de Ámsterdam tienen ciclovías y carriles exclusivos para las bicis. Además, claro está, de un sistema público de transporte digno y seguro que no tiene subsidios.

En la Ciudad de México, los trayectos de desplazamiento son extensos. El tiempo de movimiento entre el origen y el destino de una persona es de media hora, al menos. Hay gente que tiene una ruta de traslado diario de dos horas que no podría recorrer en bici. El transporte público es inseguro, incómodo e insuficiente. Pero, sobretodo, es peligroso. Ámsterdam no es la Ciudad de México.

Por lo tanto, cada que hacemos una comparación, debiéramos comparar manzanas con manzanas y no con peras. Antes de imaginar una Ciudad de México embicicletada, debiéramos pensar en un mejor medio de transporte público, en la seguridad del usuario, en la educación vial que debe tener el ciclista. Habría que dejarse de ocurrencias.

Bicis en Ámsterdam

El grito de López Obrador

No se trata de ser mezquinos y criticar todo con una espada flamígera. Emitir una opinión, especialmente de alguien con quien fundamentalmente no se está de acuerdo, permite apreciar aquellos aspectos que parecen adecuados. Ni modo, muchos pueden pensar en contrario, pero a mí el primer grito de López Obrador, en el marco de las celebraciones de la Independencia, me gustó.

Debo decir que como muchos, vi el grito con algo de morbo y unas gotas de mala entraña. Me sorprendí. El Presidente dio un grito largo, su arenga duró casi minuto y medio. Se le veía sobrio, tal vez un poco tenso. Serio. Salió al balcón acompañado por su esposa y ya. No hubo una multitud de hijos, amigos, compinches, colaboradores, que ni le daban oportunidad al Presidente de agitar la bandera sin sacarle el ojo a alguno de sus acompañantes.

Me gustó la sobriedad de los López. Me llamó la atención como la plancha del Zócalo estaba a reventar. La gente se congregó en torno al Presiente y le gritaban que no estaba solo. Se le veía más acompañado en ese balcón en el que estaba con su esposa y ya que sus antecesores que se llevaron hasta al perico para hacer bola.

Pero, lo que más me gustó fue su arenga. Veinte vivas a los héroes que nos dieron patria y libertad. Consideró a los de siempre y anexó a los que aportaron para la construcción de esta nación y se quedaron en el anonimato, pidió un viva por la democracia y por la paz. Gritó por nuestra grandeza cultural.

No cabe duda, López Obrador hizo la tarea. Llegó preparado y bien plantado. Tocó la campana y recibió la ovación del pueblo que lo llevó a la posición que hoy tiene. No son muchas las veces que me gusta lo que hace el presidente, no sé si me pongo sentimental en septiembre. Me encantan las fiestas patrias y me fascina afirmarme con orgullo que soy mexicana. Por eso, cuando alguien hace algo bien: hay que decirlo. Me gustó el grito de López Obrador.

Así que ¡Viva México!

Desconfianza

Cuando dejamos de creer que alguien va a actuar en forma correcta, cuando la suspicacia se hace presente, hay un freno que se aplica y el flujo normal de la vida se ralentiza por pura precaución. Sucede a nivel global y personal. Cuando falla la certidumbre y creemos que las cosas terminaran diferente de lo que nos prometieron, desconfiamos.

La confianza es un elemento frágil, se rompe pronto si no la cuidamos. Por eso, el prestigio debe cuidarse, el buen nombre debe construirse. El que no lo hace, pierde credibilidad y un chaparrón de infortunios te vienen encima. En el caso de Rosario Robles, no es que la gente le quite de entrada la presunción de inocencia, es que no le tenemos confianza.

Ayer escuché a cierta locutora que defendió a Robles sosteniendo que la prisión precautoria impuesta por el juez es excesiva ya que el delito que ella supuestamente cometió no merece ir a la cárcel. Imaginando que este punto de vista tuviera sustento, el problema que tiene Rosario es que hay sospechas que justifican la falta de confianza que se le tiene.

La historia de Robles nos lleva a recordarla como una mujer inteligente, sí, pero siempre metida en enredos. Rosario se ha rodeado de asuntos espinosos que llevan a la gente a no tenerle confianza a pesar de que dio la cara, cosa que no han hecho otros implicados.

Es verdad, tal vez Rosario Robles tuvo el arrojo de presentarse y enfrentar los cargos. Es posible que al juez se le haya pasado la mano. Es cierto que otros de sus compinches andan a salto de mata. Pero, ella perdió la confianza. Es una pena, tal vez la estén usando de chivo expiatorio. Sí, pero ella anduvo metida en un ajo que tiene que explicar y pocos creen que haya actuado en forma correcta.

Primas

En la familia de mi papá habemos muchas mujeres, tuve la fortuna de que mis tíos tuvieran hijas. Con mis primas forjé los recuerdos más entrañables de la infancia. Cuando era niña, las vacaciones las pasábamos en La Piedad, Michoacán y desde días antes de que nos fuéramos para allá yo anhelaba estar en la tierra de mis padres donde sabía que me iba a divertir jugando damas chinas, turista, stop, yendo a la plaza a comer papitas, buñuelos, andar a caballo recorriendo el rancho de mi abuelo, jugando a las casitas en casa de mi tía Tolla, acompañando a mis primas a la clase de piano con la señorita Angelina o a la de mandolina en la academia del padre Guante.

En la adolescencia la diversión también se mezclaba con confidencias. Platicar con mis primas era una delicia. Ellas eran súper valientes, se fueron muy chicas a Guadalajara a estudiar y esa autonomía siempre me llamó la atención. La responsabilidad para manejar tanta libertad a mí me admiraba porque mientras yo seguía en la comodidad y protección de mi casa paterna, ellas ya estaban haciendo frente a la vida. Pero, cada vacación nos reuníamos y ellas me contaban de la universidad, de como se divertían, de los amigos y novios, de lo que creían que debía ser el futuro. Yo las escuchaba con admiración. Alguna vez las visité en su departamento de estudiantes y, una vez más se construyó un recuerdo padrísimo en el que las risas y la emoción se hizo presente.

El destino nos llevó por caminos en los que nos hemos reunido y nos hemos separado. Pily vivió con nosotros un tiempo en la Ciudad de México y volvió a Guadalajara a convertirse en una Oftalmóloga exitosísima. Mary y yo trabajamos juntas por años en uno de los mejores proyectos profesionales en los que he participado, luego se casó y se fue a vivir a Cancún. Betty estudió lo mismo que yo y actualmente vive en en paraíso de Panajachel, Guatemala: es una empresaria a todo terreno.

Este verano, tuve la fortuna de recibirlas en casa y reunirnos después de muchos años de no vernos y mucho menos pasar una vacación juntas. Por un lado, fue como retroceder las manecillas del reloj, como echar para atrás el tiempo y como si los años no hubieran pasado. La conversación surgió de la misma forma natural de toda la vida, los recuerdos de infancia se revivieron, nos pusimos al día con el entusiasmo de adolescentes. Al mismo tiempo, a todas se nos notan las medallas que nos ganamos al luchar en la vida, cada una tenemos las señas que nos dejaron los afanes y combates que nos ha tocado pelear. Por otro lado, fue como si el reloj se hubiera vuelto loco y avanzara el tiempo en forma vertiginosa sin que hubieran pasado tantos años, mas de los que quisiéramos confesar.

Reunirnos fue reconocernos, reconocernos fue mirarnos y sonreírnos con ternura. Fue adivinar y atinar. Fue reírnos de los chistes rancios, desgastados por el tiempo pero que igual nos hacen reír, enterarnos de lo nuevo, anticipar lo que vendrá, contarnos nuestros proyectos. Fue ver a Diego y a Carla, Pili, a Ann y a Danny. Fue hablar de nuestros viejos y de lo actual. Fue hacer cosas que no habíamos hecho juntas como salir a caminar, ir al kayak, forjar nuevos recuerdos.

Insisto, por fortuna en mi familia paterna hay muchas mujeres. Tener a mis primas es una maravilla.

Comparar

Es curioso y muy cierto lo que dice Antonio Tabucchi en Sostiene Pereira respecto a como se descubre el tono de un país: hablando con meseros y con taxistas. Cuando uno está de vacaciones, esa es la mejor oportunidad para enterarse de la médula de lo que sucede.

En Estambul la gente está contenta, el cambio de alcalde los tiene felices, Imamoglu les entusiasma, aunque Erdogan sigue siendo una figura fuerte a la que respetan y por la que expresan algo muy cercano al cariño. Los turcos son amistosos y les gusta platicar. La mayoría solo hablan turco pero se valen de su teléfono celular y con el traductor se comunican en forma muy ingeniosa.

Los griegos también están contentos, pero de otra manera. Hablan con autoridad de lo enfadados que están de las promesas que les hicieron y no pudieron cumplir. Reconocen que era imposible que todo lo que les prometieron se cumpliera, pero, no tuvieron empacho en mandar a Tsipras a su casa y dejar fuera esos gobiernos populistas que quieren renovar todo, cambiar todo y dan atole con el dedo.

En Italia el turismo es tan abundante que les da para vivir cómodos. Se quejan de la migración.Hablan con crudeza de lo que no les gusta. Se lamentan de la mendicidad, de la piratería, de que al establecerse , muchos quieren imponer condiciones y tradiciones en un país en el que el orgullo histórico es un emblema y tuétano de la identidad.

En Malta su primer ministro es joven, tiene alrededor de cuarenta años. Limpió la isla, hermoseó los edificios, invitó a las navieras para que sus cruceros paren ahí, te invitan a visitar Valleta, la capital pero te llevan a conocer sus demás ciudades. Son muy amigables y te hablan en el idioma que quieras y no le dan la vuelta a ningún tema que les preguntes.

Erdogan acaba de inaugurar el aeropuerto más grande el mundo, Turquía se ve listo para recibir inversión. Grecia e Italia ven al mundo, están acostumbrados a la globalización pero, en términos de bienestar no tiene dudas: primero los de casa. Los malteses aprovechan que están en el centro del Mediterráneo a su favor.

Vuelvo a México y me encuentro con que tenemos que sobrevolar cuarenta y cinco minutos por el tráfico aéreo. Nos tardamos siglos en recibir las maletas, la terminal 2 esta saturada. El nuevo secretario de Hacienda tiene cara de dolor de estómago, el antiguo ya regresó a dar clases y por fortuna, yo sigo de vacaciones. Comparar y valorar.

Algunas comparaciones entre Turquía y México

Turquía y México son economías emergentes, son países muy religiosos, apegados a sus tradiciones y su gente es servicial. Ambos países están enfrentando crisis migratorias y solicitudes de asilo que no pueden solventar porque no hay capacidad para cargar con problemas propios y ajenos, pero están haciendo lo posible por ayudar.

El alcalde electo de Estambul, que pertenece a un partido diferente al del Presidente Erdogan, ganó en una segunda vuelta con un margen de mucha comodidad. Esta buscando ayuda de los ciudadanos a quienes convoca para hacer comités que impulsen soluciones informadas. Imamoglu, así se llama el alcalde de Estambul cuenta con el apoyo del pueblo no tanto del Presidente. A diferencia de Claudia Scheinbaum, Imamoglu busca solucionar problemas a los que le pone nombre y no culpables. Se ve con ganas de trabajar y no de estar escondido bajo la sombra de un líder paternal, que también acá en Turquía existen.

Erdogan es un líder carismático que la gente dice querer. Es un hombre de mano dura. A diferencia de López Obrador, el Presidente turco fue en persona al G20, a pesar de que en casa las cosas no le salieron como él quería. Fue y se sacó la foto en medio de Trump y Putin. Es un estadista que está elevando las variables macroeconómicas de su país. El turismo ha aumentado en mas del once por ciento, acaban de inaugurar un aeropuerto moderno que me dejó con cierta envidia, la infraestructura es de clase mundial. Erdogan se ve cómodo entre los líderes del mundo. López Obrador mandó a Marcelo Ebrard que sale en la foto algo descolocado, ocupando un lugar que no le corresponde. Queda claro que eso de hablar inglés es una ventaja para la 4T.

A los turcos les da orgullo recibir turistas, son amables e ingeniosos. Si no saben hablar inglés, se comunican con el traductor de google. En Mexico, la hospitalidad es uno de nuestros fuertes. Veo a Turquía con la mirada puesta en el mundo y a Mexico con un presidente que no quiere salir de las fronteras.

Mika Ronkainen, internacionalista de la Universidad de Georgetown dice que el mundo tiene dos ombligos geográficos, uno es México y otro Es Turquía. Estamos en medio de todos. Un país está aprovechando esa ventaja competitiva el otro se esta olvidando de hacerlo.

Confusiones

Dice Dolores Padierna que a casi un año de los comicios, las oposiciones en México no atinan a explicar su estrepitosa derrota. Tiene razón. Los partidos perdedores siguen viendo estrellitas y como que no terminan de recomponerse después del golpazo lopezobradorista. Sin embargo, los ganadores también andan descolocados.

Al gobierno del Presidente López Obrador se le ve estacionado en discursos dicotómicos y polarizantes como si no se diera cuenta de que la campaña ya acabó y el momento de la verdad ya llegó. Las promesas que debían cumplir se van decolorando, se les ve rápidos y furiosos para contrarrestar las quejas y sumisos cuando el exterior dicta agenda.

Tal como lo refiere Dolores Padierna, los políticos mexicanos andan confundidos. De repente, hemos vuelto a la etapa precuauhtémica y en vez de tener Presidente tenemos un tlatoani al que no se le puede cuestionar ni pedir cuentas ni hacer uso de los derechos que da el Estado Mexicano, porque el que piense diferente será arrinconado con el mote de traidor a la patria.

Tristemente, la arrogancia que vimos en administraciones pasadas se repite hoy con la justificación de palabreros oficiales. Siempre han existido los que aplauden irracionalmente a las administraciones actuantes y fueron duramente criticados por quienes hoy asumen esa misma condición. Necios que acusan sin ver que son la ocasión de lo mismo que acusan, dijo por ahí la mente más preclara del Barroco en la Nueva España.

Los desafíos que tenemos que enfrentar son grandes y los políticos no se ven con la talla necesaria. Unos enojados, otros sumisos, algunos defensores incondicionales, otros irracionales, aquellos sin rumbo, éstos desdibujados.No de ve un puente que una las grandes ideas con la satisfacción de las necesidades y el alivio de la población.

Entre tanta confusión, la cuarta transformación y sus opositores se desdibujan. No vemos claridad. Tanta confusión es un drama.

Estúpida esperanza

Parece el título de alguna canción cursi y en realidad es la declaración que hizo Susana Zabaleta en un twit a Sergio Sarmiento. Hace referencia a la euforia que le causó el triunfo de López Obrador y el gusto por ver a La Gaviota volar fuera de Los Pinos porque ahora sí iba a haber dinero para la cultura. Pobre.

La desolación que le causa la realidad, la desilusión de ver que aquello que soñó se está convirtiendo en pan con lo mismo, lejos de darme ternura, me da rabia. Los líderes mesiánicos tienen procedimientos muy similares: prometen y cumplen poco. Ya en campaña, ver como AMLO tocaba niños que le acercaban con la esperanza de sanación nos hacían sospechar en una especie de acto pentecostal más que en uno de campaña.

Pero, así son las caras bonitas. Zabaleta creyó lo que quiso creer, igual que muchos mexicanos. Eso no es culpa de quien promete, es responsabilidad de quien se traga el anzuelo y lleva a muchos que admiran su figura a abrir la boca y engancharse en lo imposible. Es lo de siempre, prometen cielo y estrellas y al final, lo que dan son puros palos.

La esperanza debe de tener fundamentos. Claramente, Zabaleta que quiere dinero para la cultura, no se dio una vuelta por los textos de George Orwell ni leyó Animal Farm, o si lo hizo,olvidó. La ingenuidad se sustenta en un lugar distinto a la estupidez. Un ingenuo no sabe y por eso corre el riesgo de irse de bruces.

Los adoradores incondicionales de AMLO se la quieren comer cruda, sus detractores acarician al gato y dicen: te lo dije. Pero, a decir verdad, no podíamos esperar peras del olmo, ¿o sí?

Ni modo, Susana, esto es lo que hay porque esto fue lo que votaron.

p

Ayudar

Ayudar, pero, qué tanto. Hasta que duela, habría contestado Santa Teresa De Calcuta. Ya nos está empezando a doler. La condición de la peste es contagiar el mal. Por eso, la prudencia al prometer siempre es recomendable. Ni modo, hemos criticado a quienes han abusado de los migrantes. Especialmente, hemos alzado la voz en defensa de los abusos a mexicanos que han cruzado la frontera en busca de lo que aquí no pudieron encontrar.

Por fortuna, la expulsión de mexicanos de nuestras tierras va en descenso. Parece que si México no es la tierra que mana leche y miel, para muchos es mejor quedarse aquí que irse para allá. El problema es que los migrantes extranjeros que llegan a nuestro país se enfrentan con corrupción, maltrato, condiciones miserables y con un Estado Mexicano que prometió bondades y los está deteniendo para contener una crisis diplomática con Estados Unidos.

Si ayudar hasta que duela tiene límites, en México estamos empezando a ver las consecuencias de recibir a más gente de la que podemos ayudar. La casa es frágil, el conductor de nuestro barco anda dudoso, la tripulación no se ve muy hábil, la violencia va en aumento y, de repente, nos topamos con un problema que nos estalla en la nariz.

Me parece que México es como esta casa en la que hay adolescentes en crisis y en un momento, al papá se le aflojó la boca e hizo promesas. De repente, su hermana le manda a sus hijos para que le ayude porque ella no puede con ellos. Los sobrinos no quieren estar ahí, van de paso, pero comen, duermen, van al baño en su casa. La mamá no está nada contenta de recibir a los hijos de la cuñada en casa y tiene que estirar el gasto aún más, cuando ya de por sí, no le alcanzaba. Hay que ayudar, dirá el papá. ¿Cómo?, preguntará la madre mostrándole el monedero con billetes de baja denominación. Unos sobrinos se portan bien y otros muy mal. ¿Qué hacemos?, preguntarán los hijos que tienen sus propias necesidades.

Dar un trato solidario a cualquiera, sin importar dónde haya nacido, es un imperativo. Ni hablar, pero al decidir a quién ayudar primero, a propios o a extraños, la panza se nos hace nudos. Hemos sido contagiados por la peste porque en el fondo, sabemos la respuesta.

Ida Vitale, Premio Cervantes

Si no fuera porque al fondo de la imagen se ce al Rey de España de pie aplaudiendo, la fotografía pareciera la de una abuelita tan dulce y mirada de una mujer con cabellera totalmente blanca, arrugas marcadas y una sonrisa que parece que va a estallar en llanto. Pero, no es cualquier persona la que se lleva los brazos al pecho, es Ida Vitale la que abraza el Premio Cervantes.

Novelista, traductora, ensayista, académica y sobre todo, poeta, esta mujer uruguaya sabe de un tema que nos ocupa y nos preocupa: el exilio. Salió de aquel Uruguay agitado, con el salvoconducto del embajador de México en Montevideo y vino a estudiar a este país que ha sido tan afortunado al abrirle las puertas a tantas personas a lo largo de la Historia. “Un país de acogida que, a la vez, se benefició de la presencia de escritores…” dijo atinadamente el Rey de España sin dejar a un lado que sus propias tierras los habían expulsado. Sí, si no fuera por México tantos exiliados no habrían encontrado cobijo.

Ida Vitale recibió el premio como lo hacen las grandes: con humildad. Bella, a sus noventa y dos años, con la emoción que nos tocó como tantos de sus poemas, le arrebató ovaciones a su público que estalló en aplausos a favor de la premiada al recibir el Cervantes.

Anteriores Entradas antiguas

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: