De ganstarap y narcocorridos

Los corridos son manifestaciones folklóricas que narran las aventuras de algún héroe, generalmente en gestas libradas en terreno de guerra. En México, en tiempos de la Revolución Méxicana se popularizaron estos ritmos que mezclaban las notas de la guitarra con las aventuras de famosos generales o de la tropa y, en muchos sentidos, sirvieron para llevar y traer noticias. Eran un correo con tintes literarios que fallaban a la verosimilitud pero cumplían con el objetivo de exaltar la esperanza. Al fin y al cabo de eso se trata la fantasía. Así se crearon figuras admirables a partir de personas que no lo eran tanto. Se les inventaban cualidades y se exageraba la valentía, el arrojo, la impostura o lo que hubiera necesidad.

El rap nació como un movimiento urbano que recitaba al ritmo de la música versos de denuncia.Se hablaba de conflictos y se describía la vida de las bandas, sus pleitos, sus armas, sus muertes. Así como el hip hop, fue una forma creativa de cantar las desgracias de la marginación y la querella contra la injusticia. Fue, asimismo, una expresión que se popularizó en los años tardíos de los ochenta y fue transmedial. Lo mismo había graffitti que playeras que gorras que todo tipo de parafernalia que acompañó estos acordes.

El corrido y el rap evolucionaron y dieron paso a subgéneros. El primero devino en narcocorrido y el rap se transformó en gangstarap. Ambos fueron una especie de travesura mediática que sirvió para narrar las malas prácticas de grupos delictivos. Las maldades tienen aspecto sabroso, pisar terrenos prohibidos causa seducciones que menosprecian los riesgos, especialmente cuando se convierten en rajas de éxito y beneficios económicos. Los músicos se convirtieron en juglares del mal y ganaron ríos de dinero.

Los narcocorridos empezaron a cantar las andanzas de narcotrficantes y el gangstarap llegó al top ten de billlboard entre sones de muerte y sangre. Rapear de asesinos y lágrimas a ritmos pegajosos enfrente de una piscina en Beverly Hills puede parecer chistoso, en el Brox a la mamá del muerto no le hace tanta gracia. Bailar en fiestas, entre copas y tacones dorados al ritmo del acordeón mientras una voz gangosa  nos cuenta de los excesos del Jefe de jefes puede resultar muy divertido hasta que al rival ya no le gusta y arremente a balazos para acabar la fiesta.

A las advertenicas se responde con los ojos en blanco, los suspiros de enfado, las miradas condecendientes. Son expresiones artísticas, son modos de ganarse la vida, son parte de la expresión popular. Sí, ni hablar. Pero, no es lo mismo cantar de un balazo entre las cejas, que verlo. No es lo mismo hablar de navajas y cuchillos, si todo se ve a lo lejos. Desgraciadamente, la falta de miras pasa por alto que el brazo de la delincuencia es muy largo.

Últimamente, el gangstarap y el narcocorrido han sido el mejor panegírico para los maleantes. Se confeccionan versos para ensalzar el poder de malditos y, como antes, los hacen lucir como héroes, guapos y todo  poderosos. No lo son. Luego, escuchas a mujeres repetir versos terribles mientras caminan en tacones de miles de dólares sobre la banqueta de Rodeo Drive o ves a hombres al volante de automóviles deportivos cantando crímenes y crueldades. Muy bonito. No saben de qué se trata ni les interesa. 

En el colmo de la frivolidad, se canta y se rapea sobre las lágrimas y el dolor causado a otros. Eso es lo que no resulta tan evidente. Es triste, ya no se quiere exaltar la esperanza, ahora se vanaliza con la falta de ilusión.

  

Las tortugas en Costa Rica

Algo que debió ser una experiencia enriquecedora se convirtió en una locura gracias a la falta de respeto de engreídos y narcicistas que con tal de obtener una selfie violentaron un acto de vida. La playa de Ostional, ubicada en el Pacífico de Costa Rica, fue invadida por una orda insensible que fue a ver como cientos de miles de tortugas golfinas salían del mar para depositar sus huevos en la playa. 

Estos selfiadictos y sus delirios por obtener una fotografía para subirla a las redes y ganar un concurso de likes violaron el  espacio vital de las tortugas. Invadieron el santuario que ellas eligiron para preservar su especie e interrumpieron un momento sagrado para, en forma por demás insensible, sacarse una foto. Como verdaderos trogloditas, sentaban a sus hijos sobre los caparazones de las tortugas, se ponían a su lado, las pisaban, posaban mostrando cuerpos atléticos y cerebros del tamaño de un cacahuate, dañaban el momento con sonrisas de plástico y bocas de huarache. Todo para decirle al mundo: estuve ahí.

En el colmo de la estupidez, subieron a las redes socialeslas imagenes que revlean la frivolidad de sus almas y exponen al universo la insensibilidad del corazón. Una orda de malcriados, irrespetuosos cuyo mejor sello es un teléfono inteligente que expone la estupidez humana. Hicieron evidente que mientras más inteligente es su teléfono más idiotas sin sus portadores. No en valde las tortugas les dieron la espalda y regresaron al mar. Los expertos en preservación de la tortuga golfina casi mueren de angustia al ver semejante desastre.

En medio de la conmoción, las tortugas volvieron al mar. Asustadas ante la rebatinga de un grupo de idiotas enagenados por inmortalizarse con una foto cuya eternidad da para tres segundos de fama, las madres decidieron no desovar en la playa y el ritual de anidación se interrumpió por la falta de respeto de quienes han hecho del retrato su llamado de vida. 

El caminar lento y entorpecido de estas golfinas retratan un fenómeno poco halagador. Nos muestran los estragos de una generación utilitaria que es tan ególatra que cree que el mundo les debe toda la atención, que están ciertos de que las cámaras están hechas para captar todo acto exhibicionista que se les ocurra mostrar, así sea una barbaridad, un acto atroz como el que sufrieron estos animales. Así, vemos mascotas metidas en bolsos de marcas de diseñador, elefantes pintados de mil colores, perros subidos a una tabla de surf, gatos adornados con moños… Tortugas que no pudieron ser madres. 

Ver la evidencia de una playa plagada de tarados que han hecho de la selfie su icono y de subir la imagen a un mundo virtual para mostrar una sinrisa que causó tanta angustia me alarma. No se dieron cuenta del daño que hicieron, no se enteraron de la devastación que causaron. En su estupidez y frivolidad, ni  se enteraron  que esas fotos quedarán como demostración de crueldad y salvajismo. Ellos sólo querían una foto. Lo lograron, ahí queda da demostración en una imagen que dice más.

  

Cuando la frivolidad ofende

Todos, hasta el más profundo de los seres humanos tiene sus momentos de frivolidad. Algunos tienen ciertas preferencias fatuas que eligen guardar en el secreto del último cajón y otros las muestran con una impudicia natural. Cada quién. Todos, hasta los más prudentes, hemos tenido un resbalón mayúsculo, vivimos en casa de jabonero. Ni hablar, es parte de la condicion humana ser falibles, la perfección es un anhelo, un punto que se dibuja en el futuro y al que se aspira llegar algún día, sin poder alcanzarlo jamás. Sí, pero hay errores que se forjan a base de una frivolidad tan descarnada que ofende.

Antes, frente a un moribundo, la gente se santiguaba y elevaba los ojos al cielo. Los que no sabían rezar, por lo menos guardaban silencio como una muestra de respeto a la vida que estaba a punto de terminar. Claro que eso era antes, cuando los médicos eran forjados en el respeto a la existencia y los valores esenciales giraban en torno al cuidado, a la salud y se hacía un jurmento profesional con toda consciencia.

Pero en la era del culto al ego y la inmediatez, en la que lo que se hace público no pasa por el tamiz de la reflexión,  el vacío en la cavidad craneal y la falta de valores de una estudiante de medicina cuya frivolidad no conoce fronteras, nos ofende. María José González, estudiante de medicina de la Universidad del Valle de México, publicó en Whatsapp la imagen de una mujer de edad avanzada, en agonía, con el texto Fui a hacer guardia y una señora estaba agonizando y pues selfieee.

Dejando de lado que la frivolidad va aparejada del desonocimiento total de redacción, esta jovencita, cuya futilidad traspasa las fronteras hasta llegar a faltar al máximo valor que debe de tener un médico, es decir, empatía, ofende a la moribunda, a sus seres queridos y a la sociedad en su conjunto. No sé qué intentó con este mensaje. 

Con esta imagen mancha a la institución que se encarga de su instrucción, no me imagino quién querrá dejarse atender por un médico egresado de esta institución si así los están formando. O, ¿quién querrá aparecerse en su consultorio cuando llegue el momento? Yo no. 

Cuando la frivolidad se besa con la estupidez da a luz la evidencia que no se puede ocultar. María José González se exhibió como lo que es desde lo más profundo de su ser. A mí no me gustaría ser atendida por una persona tan hueca, con aserrín en la cabeza que si reacciona así ante la agonía, no me imagino lo que hará ante una emergencia.

¿Qué hará la Universidad del Valle de México con María José González? ¿Qué harán sus padres? ¿Qué harán los familiares de la señora que aparece en la foto?

No, no es un acto de frivolidad inocente, no se trata del color de los zapatos, o del largo de una falda. Se trata del respeto a la dignidad de un ser humano que está enfrentando la muerte. Esa cara, cuya expresión no sé descifrar, esos dedos que se abren para formar la V de la victoria, esa boca abierta y esa sonrisa hablan y hablarán de María José González y de lo que ella es. Nos cuentan dónde están sus intereses y sus valores.

 A mí tanta frivolidad, me ofende. 

  

La frivolidad se vende barato

La calidad de frivolo se la gana una persona por lo superficial de sus propuestas o la falta de seriedad de sus posturas. No se trata de abordar los grandes temas, o de citar autores famosos. No. Se puede ser frivolo hablando de Jacques Derridá, citando a Platón o invocando el libro de Sabiduría y no serlo hablando de la cotidianidad que se forja en la cocina. La intrascendencia no se oculta detrás de una postura ni con palabras que suenen elegantes. Eso tiene la validez del que cambia espejitos por collares de oro. 

Lo primero sería conocer los significados, pasar a entender y al final proponer. El proceso es sencillo. La cuestión es que hay gente que tiende cortinas de humo y pretende brincarse los pasos para llegar al resultado o quiere ahorrárselos para llegar a la meta. En ocasiones, estos personajes logran obnubilar la razón de quienes los escuchan. Por desgracia, ese tipo de frivolidad es cada vez más frecuente. Los niveles de superficialidad que vemos en gobernantes, aspirantes a piestos de elección popular, funcionarios, es alarmante.

Pareciera que la frivolidad nos la pueden vender facilmente. Les resulta tan sencillo abrir la boca y señalar yerros ajenos, ubicarse en la zona del hartazgo, enarbolar la bandera de la necesidad de cambio y sentir que el trabajo ya está listo. No, faltan las planteamientos que incluyan los ejes de acción, los procesos de resolución, los caminos que se piensan recorrer. Aún situados ahí, todavía no hemos completado la tarea. Falta asegurar la transparencia, la ausencia de intereses ajenos al bien público y un plan en el que se de certeza de cómo se llegará a las meta. 

Pero, la frivolidad se vende barato y se compra con alegría. Montados en el hartazgo y en la evidencia de la necesidad de cambio, nos dejamos encandilar por el reflejo que dan palabras airadas y no nos detenemos a valorar la profundidad de lo que se nos dice. Las palabras tienen lamaltura del quicio de la banqueta, pero creemos que hay quienes sí se van a enrollar en la bandera nacional y saltar en favor de la patria. 

Lo malo es que ni así nos dicen cómo. Me gustaría ver compromisos sencillos. ¿Qué pasará con las cuestiones diarias que podrían transformar la vida en algo mejor? Me encataría ver como, en concreto, piensan hacer grandes cosas, si las pequeñas no se logran ver. No alcanzan las palabras elegantes ni los discursos airados. La frvolidad prevalece. 

  

El problema del PAN

El Partido Acción Nacional se transformó y el cambio no fue bueno. El partido que fue oposición mesurada y propositiva, que sabía decir que no argumentando y que apoyaba al partido gobernante cuando consideraba que era lo correcto, se esfumó.
Las figuras equilibradas como Luis H. Alvarez se han apagado ante las necesidades de reflectores de los nuevos militantes. Castillo Peraza se volvería a morir de ver el cochinero que quedó después de que el PAN fue el partido en el poder. La letras de oro de Gómez Morín se opacan en vista de la transformacion del partido que él fundó.
Hoy los dimes y diretes de las luchas dentro del partido nos recuerdan más a las tribus del PRD que los panistas tanto criticaron. Cayeron bajo: moches, fiestas descaradas en lugares destinados al servicio de la Nación, gastos personales que corrieron a costa del contribuyente, borracheras a cuenta del erario público. El partido que hace veinte años era una institución seria y correcta devino en una cueva de frivolidades.
El lenguaje decayó, las propuestas involucionaron, la corrupción avanzó y el dinero mal habido se convirtió en una tentación insalvable. La vida política, ya se sabe, es una carrera con obstáculos, el que sepa sortearlos llegará a la meta. El que aprenda a sortearlos con gracia ganará respeto. Antes, la gente del PAN sabia sortear el camino con elegancia. Tal vez se les acusaba de mochos, de rígidos, de excesivamente planchados y almidonados y era cierto. Yo prefiero a esos engominados que batallaban dando ideas y haciendo propuestas que a los bocafloja que se dan hasta con la cubeta para llegar a la dirigencia del partido.
Un partido que solapa la corrupción, que propicia las malas prácticas, que tolera los cochupos no es PAN que Clouthier se imaginó, ni el que llevó a Vicente Fox al poder. Fue una oposición que ganó en las urnas su lugar en Los Pinos, no por tener un candidato de vocabulario florido y modos de rancho que nos cayó bien. Fue porque creímos en que ese candidato estaría respaldado por la calidad moral de un partido probo. La historia se encargó de demostrarnos que de lo bueno de ese partido no brillaron los mejores.
El panismo le quedó a deber a México. Los votantes le entregaron el tesoro de la transición en las urnas y miren nada más el reguero que dejaron. Los mexicanos estamos hartos de ver políticos corruptos, cínicos y voraces. De ver a gente que no tiene los tamaños para ser candidatos a puestos de elección popular y sin ningún tipo de mérito pero, ahí están. Estamos hartos de ver muchachitos perfumados que no saben hablar pero sí saben robar, de ver chicas sentadas en su curul viéndose al espejo, pintándose la boca o jugando con su celular de última generación mientras se vota el futuro de la nación.
Estamos hasta la coronilla de asambleístas, diputados y senadores autocomplacientes que nos hacen pagan sus facturas de tintorería, de enjuagues bucales, de cajas de vinos, sus lentes y demás afeites tan necesarios para el progreso de la nación. Y que ademas roban a manos llenas sin haber leído el ideario de su partido. Muchos ni siquiera saben quién era Manuel Gómez Morín.
Y, claro, es verdad que ese tipo de infecciones no son exclusivas del PAN, existen en todos lados. El problema del Partido Acción Nacional es que esperábamos más y nos quedó a deber.

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La frivolidad expuesta

El PAN se ha convertido en un partido lleno de frivolidades. Es una lástima ver como el partido que echó fuera al partido que se apropió del poder en México durante setenta años haya desperdiciado su capital político de en una forma tan lamentable. Ahora, fuera de Los Pinos, los mexicanos esperábamos que el PAN tomara un papel de oposición que debate, que propone y que lucha en favor de México. ¡Ja! Soberana desilusión.
La crisis del PAN no es una búsqueda legitima de identidad, de reestructuración en torno a valores, o el planteamiento de mejores aspiraciones y objetivos altos. No, para nada. Se trata de la repartición de un botín, para comprar chicles, ron, champaña, artículos de Louis Vuitton, shampoos para evitar la calvicie y gastos diversos.
Es una lastima ver como el dirigente del partido se pelea en público con nuestro anterior secretario de Hacienda. Ambos personajes tienen papeles destacados en la vida nacional, podrían y deberían estar escribiendo renglones dignos de la historia nacional, pero su falta de miras los hace quedar a la altura de su frivolidad.
Basta escuchar las palabras que eligen para expresarse, en ocasiones dan la impresión de ser un par de groserillos callejeros, que políticos de primera línea. El buen gusto que tienen para elegir artículos que pagan con los recursos destinados a la coordinación parlamentaria del PAN contrasta con la falta de vergüenza que exhiben al gastar con dinero de otros lo que deberían pagar de su bolsillo.
Ernesto Cordero no es un hombre que tenga una imagen que despierte simpatía. Alguien debería de decirle que esa debilidad que le dio la vida, tendría que compensarla con una conducta impecable, con propuestas superiores, con ideas maravillosos. Pero no se le puede pedir peras al olmo. La desvergüenza que evidencia, el hambre de gastar que mostró en apenas ocho meses como coordinador de la bancada del PAN, dan cuenta de su frivolidad. Joyería, enjuague bucal, ropa para niños, le parecen al señor artículos indispensables para su quehacer legislativo. ¿Dónde quedaron el honor y la honestidad?
No. Los pianistas no están conformes con ser la tercera fuerza política del país después de dejar el poder. Quieren, sin duda, caer más bajo. Lo bueno de esta ventilada que se están dando los señores del PAN es que, sin querer, nos están demostrando el nieve de sus valores. El daño colateral que están causando es poner en la mente de los mexicanos varias preguntas. Por ejemplo, ¿Si esto pasa en el PAN, que pasará en el PRD, en el PRI y en los demás partidos? No creo que la situación sea diferente. ¿Por qué en lugar de asignar tantos recursos a las bancadas no se destinan estos recursos a combatir el hambre? ¿Cómo es posible que en vez de reducir el monto de estos botines, se piense en elevar impuestos?
La frivolidad expuesta nos muestra que existen otros caminos para allegare de recursos para lo urgente, para lo necesario, para lo verdaderamente indispensable. La frivolidad expuesta da cuenta del abuso de estos personajes de la generosidad de los mexicanos. ¿No les dará vergüenza entregar estas cuentas? ¿Pasar así a la historia?

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Toms y Abercrombie and Fat

Lo que se ve no se juzga, reza el dicho popular. Por lo tanto, calladitos nos vemos más bonitos. Eso aplica para la vida personal como para el quehacer profesional. Desgraciadamente el mundo empresarial nos empuja a hablar, a publicitar, a abrir la boca. La discreción se valora poco, se vulnera y este desparpajo cobra cuotas caras cuando se lleva a la exageración.
Miren nada más los esfuerzos que está haciendo la marca Abercrombie and Fitch para lavar su imagen después que a su CEO se le fue la lengua. Dijo, y todos lo sabíamos, que ellos creaban ropa para adolescentes guapos, delgados y exitosos. No se tenía que ser muy inteligente para darse cuenta, bastaba con entrar a la tienda. El volumen de la música en sus locales es estruendosamente elevado, sólo los jóvenes la aguantan; las tallas que ofrecen son para personas flacas, la última vez que estuve en una de sus sucursales no recuerdo haber visto tallas marcadas con la etiqueta XXL en ninguno de los anaqueles; los precios dan una barrera de entrada y restringen la adquisición de sus prendas a cierto sector de la población mundial. Es decir, sin palabras, ya estaba dicho, qué necesidad de abrir la boca. ¿O, será necedad? Es evidente, A&F tiene y siempre ha tenido claro su mercado objetivo, lo que constituye un acierto, lo desafortunado es que, al emitir declaraciones sin cuidado que hieran sentimientos. Ahora vemos una campaña de limpieza que suena poco sincera. Después de haber jugado con las palabras de la marca, —Abercrombie & Fitch, Abercrombie & Fit, Abercrombie and Fat—, es difícil componer las cosas. La gente ve esta campaña como una bandera de hipocresía, el esfuerzo les salió peor. Lejos de lavar su nombre, lo ensucian más.
Las declaraciones de Mikel Jeffries, capitán de A&F, destaparon una cloaca y se les salieron de lugar los fantasmas. Ya no saben como detener el odio que generaron contra la marca. Por un hoyito les brotó un géiser. Se desconfía de la honestidad de la marca, se le acusa de haber intimidado a los que no cumplían con sus estándares de belleza, los jóvenes no creen en la sinceridad de la compañía y todos opinan que la campaña en la que sale una modelo talla XXL no es creíble.
Mal. Y peor el #Fitchthehomless, que invitaba a la gente a regalar las prendas de la marca a indigentes, se volvió trending topic, y el video que se subió a Youtube para apoyar la idea lleva siete millones de visitas.
Por su lado y en el otro extremo de la recta, la firma de alpargatas Toms, lanzó una campaña para ayudar a niños pobres del planeta. El programa “One for one” dona a pequeños de escasos recursos un par de alpargatas por cada uno que venda. Evidentemente, la marca se ha vuelto de las más populares. La gente sabe que son una opción cómoda y versátil para los fines de semana o para las vacaciones, que además tiene un programa de ayuda.
Bien. No sólo son una opción divertida sino con causa. Incluyen modelos jóvenes y viejos, de todos los colores y sabores. Una verdadera estrategia aderezada con responsabilidad social funciona.
Si la campaña en protesta contra A&F progresa, será posible ver indigentes usando una playera de algodón con un alce bordado y alpargatas. La diferencia radicará en la forma en que unas ya otras llegarían a ese destino.

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Frivolidad y abusos

Es una lástima, pero es verdad. El ser humano tiende a abusar cuando ve la oportunidad. Son pocos los que no caen en la tentación, sin embargo, hay grados. No es lo mismo que un niño tome diez dulces de la bombonera, o que en casa ajena te sirvas el postre con la cuchara grande, a que abuses del fuero constitucional o diplomático.
Emilio González, senador de la república por el partido verde, nos regaló un abuso más. No sorprende. Este personaje de la política mexicana ha hecho de la frivolidad y del abuso un estilo de vida. Su marca personal se pinta con los colores del charolazo y del influyentismo. ¡Qué lejos estamos del honor de Séneca! Nos sentimos más próximos a Calígula que nombró a su caballo senador.
¿Qué nadie le explicó al ya no tan joven Niño Verde que el tequila y el alcohol no se mezclan? ¿Qué su mami no le dijo que no hay que decir mentiras? ¿Nadie le advirtió que la verdad siempre sale a flote? Lamentable que un senador de la República slagoa borracho de un antro y quiera usar su fuero para evitar sanciones que legítimamente se ganó. A su favor podemos decir que no es el único. Lo malo es que este sujeto cae mal por prepotente y por patán. Finge ser una persona decente, pero se le cae el barniz a las primeras de cambio. El oropel se desdora y muestra el cobre a cada rato.
Salió del Torito con el amparo bajo el brazo, dice que volverá a cumplir las horas que le faltan para cumplir su pena. Se quejó de que no le sirvieron caviares y langostas en su crujía. Tampoco le trajeron champaña, ni tequila, ni una cerveza para curarse la cruda. ¡Una barbaridad!
Lo malo es que para la patanería no hay remedio que la cure. Es una infección altamente expansiva y brota cuando el campo de la frivolidad es fértil. Es mucho más grave cuando se mezcla con cotos de poder y posiciones de influencia. Es una triste enfermedad de mala estampa.
Es la marca personal de un senador de nuestra amada República, ¡válgame Dios! Basta ver una imágenes de tan emblemático personaje para enterarnos de lo bien que lleva la en vestidura de su alto cargo.

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