Volver a visitar

Pueden pasar los años sin que se sienta que pasó el tiempo. Basta volver a los lugares que nos eran cotidianos, a los que acudíamos a diario para darnos cuenta que se movieron las manecillas del reloj. Ya son más de tres años y no había regresado a mi escuela. Creí que no era tanto, pero sí.

Traspasar el umbral de Casa Lamm fue permitir que los recuerdos me penetraran la piel y me habitaran de cuerpo entero. Recorrer los ojos por los rincones, por los techos tan decorados, sentarme a escuchar la disertación de la última de mis compañeras que publicó su tesis doctoral me transportó a los días de gran disfrute.

La mente me llevó a escuchar la voz de María Elena Sarmiento hablar de Lou Salomé, a Merick explicarme porqué le decían así, a Norma Elizondo contarme las razones que la trajeron a estudiar ahí. Mis amigos aparecían tan materializados que podía sentirlos tan cerca como cuando nos sentábamos a escuchar la clase o nos íbamos a tomar café o cruzábamos la calle de Álvaro Obregón a comer ensalada de jitomate y quesillo. El sabor del Alvariño y el de los sueños rotos que se estaban reconstruyendo ahí.

Cada uno hemos recorrido nuestros caminos. Algunos pasos nos han llevado a destinos más lejanos. Logramos el cometido: nos graduamos y seguimos mirando al frente. Pero, volver tiene un gusto sabroso. También un poco amargo. Lo que fue parte de mí hoy esta ahí, en otra forma. Alfredo que siempre nos ayudaba con todos los apoyos técnicos se acercó a saludarme. Le di un gran abrazo. Entonces, sentí esa ausencia de esa patria pequeña y de mi gente tan querida. Entonces, me di cuenta de lo que te quita el paso del tiempo.

Me quitó la inocencia del que escribe sacándose el corazón y escurriéndose las tripas. Me quitó la ingenuidad al creer que escribir era un dictado de las musas. Me retiró la venda de los ojos y las espinas del corazón. Me quitó la fantasía frívola y la ñoñería de la arrogancia.

Y, también pude sonreír. El tiempo me ha dado mucho. Lo que entonces era incertidumbre, hoy es certeza. Lo que se sembró en aquellos años ya está germinando, estamos cosechando. Escribir y leer. Me dio a tantos autores y tantas letras que se han quedado en cientos de renglones. La imagen del pasado me llena de aire los pulmones y el corazón atesora cada día que pasé ahí, desde el primer día cuando entré como perro mojado hasta el último en que salí de la mano de María Elena y Merick cruzando el umbral al mismo tiempo.

Caminé por los pasillos, entré a los salones, fui al baño, toqué la barandilla de piedra, subí los escalones, me enteré de los cambios, movieron la oficina, ya no está el Café de las Musas ni la librería ni la joyería. Ya no estamos. Ya nos fuimos.

Salí sonriendo y con los ojos algo húmedos. Creo esos son los contrastes que se dan al volver a visitar esos lugares tan queridos.

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Ven, asómate a ver lo que estoy pensando…

Chalchihuatlán y Chenaló

A veces vemos sin ver, o peor aún: perdemos la mirada en la lejanía y desestimamos lo que tenemos lejos. Estamos acostumbrados a pensar que la tragedia está lejos, que la guerra está más allá de nuestras fronteras, que los conflictos de identidad pertenecen a otras latitudes y nos olvidamos de lo que tenemos cerca en nuestra casa, con nuestra gente. El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, A.C., lanza una severa advertencia, hay una situación de emergencia en la zona de los Altos de Chiapas.

Hay comunidades que están viviendo en terror, se escuchan rumores de que entrará gente armada a agredir a personas que se encuentran en la zona, falta la comida, los negocios bajaron las cortinas, las gasolineras están cerrando, se amenaza con cortes de energía eléctrica. La gente reporta estar abandonada a su suerte, tienen miedo y el ruido de los balazos no para. Hay aproximadamente setenta mil personas afectadas por esta crisis de la que nadie habla.

El conflicto que desató la violencia es viejo, tiene cuarenta y cinco años. Se trata de una disputa por los límites territoriales entre Chalchihuatlán y Chenaló. La confrontación inició en 1975 cuando San Pablo Chalchihuatlán recibió el Reconocimiento y Titulación de Biens Comunales que tardó quince años en ser ejecutado. El municipio vecino de Chenaló se inconformó y empezaron los dimes y diretes, los juicios y expedientes, los temas con el Tribunal Unitario Agrario y con la espera eterna de una sentencia.

El que espera se desespera, especialmente cuando pasan los años y las soluciones no llegan. Los enojos crecen, los enconos se vuelven más agrios y algo que pudo haberse solucionado en forma sencilla se convierte en un problema que pone en peligro a setenta mil personas que están siendo desplazadas, que tienen que abandonar su tierra porque tienen miedo de perder la vida.

Pero, tan acostumbrados como estamos a mirar lejos y a sentir que los problemas están en otro lado, dejamos que nuestra gente padezca sin ser atendida. La gente está armada y centenares de familias han sido desplazadas. Muchos huyen a refugiarse a los montes, mientras otros cortan las carreteras y bloquean los accesos a los municipios dejándolos completamente incomunicados.

Esto sucede en casa, en nuestro México, con nuestra gente. Pareciera que más de cuarenta años no le han sido suficientes a nuestras autoridades para arreglar este problema. Mirar a otro lado no ayuda a nadie. Pero, a veces vemos sin ver o preferimos mirar a otro lado. Sin embargo, llegan momentos en los que las lagrimas de los nuestros no pueden ser desatendidas. Chiapas no está lejos: está en México.

La solidaridad que debemos de mostrar con nuestra propia gente inicia cuando los miramos, cuando al verlos nos enteramos y forjamos un criterio al respecto. Así, con la mirada puesta en la gente que tiene que salir huyendo y que no encuentra amparo en las instituciones, que encuentra refugio en cuevas en vez de en el Estado. Así podemos empezar a exigir.

Mientras los futuros candidatos a los puestos de elección popular están eligiendo sus trajes y posan para las fotos en las que presumirán sus mejores sonrisas, en los Altos de Chiapas hay dos comunidades que están siendo asoladas por la angustia, el llanto y la desesperación. Es obligación del Estado Mexicano garantizar la paz, ese es el contrato social que tenemos establecido. Ese es el derecho que nos deben certificar.

No obstante, mientras todos estamos distraídos en los grandes temas nacionales, en los Altos de Chiapas hay gente que recorre los pasos del conflicto y la tristeza. ¿Qué no hemos aprendido la lección de la Historia? En Chenaló y Chalchihuatrlán hay una crisis que nadie parece ver.

Celebramos dos años. Pretextos literarios por escrito

Después de dos años, seguimos con el mismo entusiasmo. Nuestro objetivo es atrapar lectores para nunca dejarlos ir. El refrendo anual de esta intención nos lleva a celebrar. Elevamos las copas y encantados gritamos ¡salud!, ¡enhorabuena!, ¡qué viva Por escrito! Como en cualquier fiesta de cumpleaños, hubo aplausos, abrazos, risas, canto, fotografías.

También motivos de agradecimiento.

La revista Pretextos literarios por escrito cumple dos años gracias a la generosidad de tanta gente y de tantas instituciones. Nuestros anfitriones de la tarde de ayer —celebramos el aniversario en el Día de Gracias—, la Biblioteca, Ibby México nos posibilitó la reunión en el mejor espacio, en el más congruente dada nuestra misión: entre libros. Escritores y lectores nos encontramos en un espacio que trascendió el ámbito de las letras. Nos conocimos, nos abrazamos, nos tomamos fotografías. Nos transformamos, dejamos de ser renglones y frases para convertirnos en gente de carne y hueso que respira y tiene corazón.

La Universidad del Claustro de Sor Juana ha sido cómplice y simiente. El taller de lectura, el taller de escritura creativa, el taller de apreciación artística siguen abiertos para recibir la curiosidad de los amantes y aventureros de arte. La convocatoria para el ciclo que inicia en enero está recibiendo inscripciones en contacto@porescrito.org

Muchos jóvenes, escritores nóveles, lectores ávidos, gente nueva, los que estuvieron ahí desde el principio, los que ya no están, todos nos reunimos en torno a una revista que germina cada bimestre y se construye de prosa, verso e imagen. La intención de dar a conocer nuevas propuestas está germinando. En el III Certamen literario con el sello de la casa se premiaron textos de España, Bolivia, Chile, República Dominicana, Chile, Argentina, México.

A todos los que con entusiasmo formamos, coordinamos, escribimos, diseñamos, colaboramos y hemos contribuido de manera directa o indirecta en el crecimiento de este proyecto: Millones de gracias. Cada nombre ha quedado ya Por escrito.

Vivir con ochenta y ocho pesos

Subió el salario mínimo. Las reacciones frente a esta decisión son pendulares, van de un extremo a otro. Por un lado, están aquellos que piensan que es justo y necesario y que el incremento se quedó corto y por el otro están los que opinan que el aumento tendrá un efecto inflacionario y que la mejora no servirá para nada. En fin, desde los extremos entre loas y diatribas, el salario mínimo llega a ochenta y ocho pesos con treinta y seis centavos. Este crecimiento salarial me lleva a pensar en las familias que se deben sujetar a este ingreso.

Las cifras son impersonales, frías, lejanas. Cuando aterrizamos en situaciones concretas se nos pone la piel de gallina. Imaginar cómo es la vida de aquellos que tienen que pagar una renta, servicios como luz, gas, comida y lo indispensable para vivir no nos lleva muy lejos. La fantasía se nos agota al tratar de ver cómo le hace una familia para pagar bienes y servicios que suben mucho más que lo que se incrementa su capacidad de pago.

Puede ser que la medida sea inflacionaria y que traiga menos beneficios que lo que nos quieren hacer creer. Seguramente, muchos políticos toman esta bandera para llevar agua a su molino y para conseguir puntos en el electorado que para aliviar la necesidad de la gente. Sí, pero la verdad es que con ochenta y ocho pesos con treinta centavos no hay forma de vivir con decoro.

No hablo de lujos o de necesidades superfluas, hablo de comer, de transportarse, de vestir: de tener lo básico. Entendiendo que el Estado se hará cargo de aquello que haga falta. Asumiendo que el Estado no sube los precios de los servicios que proporciona. No, no hay forma que podamos comprender cómo es que se pueda decir que ochenta y ocho pesos con treinta centavos le puede alcanzar a alguien para vivir. Estamos hablando de cuatro euros, de seis dólares y puesto en perspectiva ¿qué individuo puede hacer rendir esa cantidad?

Es probable que el incremento traiga ventajas menores a quienes debiera beneficiar. Es casi seguro que con ocho pesos más no se vaya a resolver ningún problema. Es seguro que el meollo del problema no radica en unos cuantos pesos de crecimiento del ingreso personal. El problema es que en México,  la gente que gana poco, gana muy poco.

 

San Miguel de Allende es número uno

Según la revista Travel and Leisure y por Conde Nast, San Miguel de Allende serà galardonada como la Mejor Ciudad del Mundo por su calidad en el servicio, amabilidad, gastronomía, limpieza, experiencia de compras y movilidad.En 2016, obtuvo el reconocimiento como tercer Mejor Destino a nivel mundial y Mejor Destino de México, Centro y Sudamérica Travel and Leisure. En 2013 ganó el reconocimiento como Ciudad No. 1 del Mundo por la Revista Conde Nast Traveler.

Lo curioso es que en el extranjero aplauden semejante galardón y en México lo vemos con suspicacia. Muchos piensan que es una mención comprada o que hay gato encerrado. Creo que es lo de menos. Lo cierto es que San Miguel de Allende esta de moda y debería tener mejor infraestructura de acceso. Si se le está dando tanta publicidad a esta ciudad que es Patrimonio de la Humanidad p, hay que dotarla de lo necesario para hacerla accesible.

Más allá de cualquier especulación, entiendo los extremos que ven como una exageración semejante nominación, pero también entiendo a quienes estamos de acuerdo. Los que difieren pensarán en París, en Barcelona, en Bruselas y tendrán razón. Sólo que allá la relación precio/beneficio es distinta: se paga más y se recibe menos. Los problemas políticos y sociales espantan al turista. San Miguel tiene una magia maravillosa y eso vale la nominación.

Dice Ramón Zavala que San Miguel De Allende no se termina de conocer. Estoy de acuerdo. Cada que vengo y vengo seguido, hay nuevos cafecitos, restaurantes, exposiciones, oferta cultural. La gente es amable y no es abusiva. Hay para todos, desde ofertas de gran turismo hasta hostales a buen precio. Se camina con gusto por toda la ciudad, aunque el tema de movilidad es un problema. El mejor vehículo son las piernas.

Si vas por ahí, de repente te topas a una pareja de novios seguidos de una procesión que los acompañará al altar, o un grupo de mojigangas, —botargas altísimas— que son hombres, mujeres, calacas, alebrijes, en el centro hay mariachi, tríos, bandas. La gente que camina por ahí va feliz, sonriente y nos hace saber que efectivamente estamos en un lugar súper divertido y mágico.

Es verdad, alrededor de San Miguel de Allende hay un cinturón de miseria alarmante. Pero, más allá se otra cosa, la popularidad de la ciudad puede ayudar a aliviar la pobreza dada la derrama económica que se genera. El lugar tiene estilo. Es una localidad para andar de sombrero y no de gorra. Hay sitios de diversión para jóvenes y los viejos tienen un gran ambiente. Se come bien y se come de todo. Los postres son geniales.

No sé si es justo o no tener el número uno. Eso le queda decirlo a cada quien. Para ello, la mejor manera de verificarlo es venir. Este fin de semana vine con mi hija Dany y nos hemos reído tanto y la hemos pasado muy felices. Eso es la mejor magia del mundo.

Otra vez, el buen fin

Una vez más el consumidor enfrenta en buen fin. Anuncios publicitarios, correos electrónicos, sugerencias de big data, redes sociales vibrantes, anuncios de radio, se vuelven impactos que buscan llamar la atención e impulsar el consumo. Oferta, descuento, oportunidad, son las palabras que nos pueblan la cabeza y nos dejan mareados. Sentimos ansiedad de aprovechar tanto remate que terminamos comprando cosas que no necesitamos y que pagaremos a cortas mensualidades. Es más, seguiremos pagando cuando la compra haya sido olvidada.

La intención es buena, activar el consumo es poner la economía en movimiento. Si y sólo si el consumo se corresponde con la capacidad de pago. Cuando nos excedemos, cuando compramos más de lo que podemos pagar, nos metemos en camisa de once varas y el circulo virtuoso se convierte en una calamidad. La calamidad inicia en un absurdo si encima compramos lo que no necesitamos. La compra se convierte en un desperdicio que se quedara arrumbada, olvidada, pero que tendremos que seguir pagando.

Como siempre, el análisis y la reflexión son el antídoto. La continencia es la mejor recomendación. El consumo inteligente activa la economía, el sobre endeudamiento, no. Es increíble la cantidad de veces que tropezamos y compramos ropa, aparatos eléctricos, electrónicos, juguetes y monaduchas que no volveremos a usar y que quedarán olvidadas en el fondo de un cajón.

Para el buen fin, el consejo de mi mamá es pertinente: cuando vayas a comprar algo, piensa en dónde lo vas a poner y cuántas veces lo vas a usar. Así, tal vez comprar una televisión o una computadora o una herramienta de trabajo sea una buena opción en vez de comprar otra camiseta de algodón color blanco que a la primera lavada quedará inservible y que tendremos que seguir pagando, incluso cuando ya nos olvidamos de ella.

Por escrito número 10

Por escrito número 10
http://www.porescrito.org/wp-content/uploads/2017/06/PRETEXTOS-010-web.pdf

Sacerdocio para las mujeres

El tema no es nada nuevo, la discusión lleva años, muchos años. En general, pensar en que una mujer tome los votos sacerdotales, causa escándalo. Para las católicas, resulta impensable, ese es un privilegio reservado a los hombres. No obsante, no todos los cristianos piensan igual. El 11 de noviembre de 1992, tras veinte polémicos años de intensos debates, el sínodo de la Iglesia Anglicana rompió con más de cuatro siglos de tradición al admitir el sacerdocio de las mujeres. Por supuesto, hubo reacciones.

 Hasta los propios elevaron las cejas. Mil sacerdotes de la Iglesia anglicana consideraron la determinación como un inadmisible alarde de modernidad y amenazaron, antes de emitir su voto, con renunciar e incluso a convertirse al catolicismo en el caso de aprobarse la ordenación de las mujeres en el seno de su iglesia. La Iglesia de Inglaterra se enfrentó al acontecimiento más revolucionario de su historia, desde que su fundador, el separatista Enrique VIII, decidiese romper con la autoridad de la Iglesia de Roma y provocase la escisión de la institución católica en 1530. Su amor por Ana Bolena y su deseo de contraer matrimonio con la que se convertiría en la segunda de sus seis esposas y sus ambiciones dinásticas dividieron a los cristianos.

Hoy, parece que el tema de las mujeres vuelve a causar divisiones. Hoy, la Iglesia católica, cauta, hace un esfuerzo consciente para mantenerse al margen de la decisión de la Iglesia Anglicana de ordenar a mujeres sacerdotes. Pero la  conocida rivalidad entre ambas iglesias no tarda en aflorar. El Vaticano califica la decisión como un grave obstáculo al proceso de reconciliación mantenido con la Iglesia de Inglaterra, que permanece inalterable.

Pasaron poco más de dos años para que el 11 de marzo de 1994, la Iglesia Anglicana volviera  a romper cánones. Treinta y dos mujeres protagonizaron una revolución con su acceso al sacerdocio. A finales de 1994 hay  más de mil son ‘ascendidas’ a sacerdotes y como tales están autorizadas a consagrar el pan y el vino en la eucaristía y a administrar la absolución. En Inglaterra hay cinco millones de católicos, lo que no implica que sean practicantes, poco más de una cuarta parte acude a misa los domingos.

En el 2016, el Papa Francisco declara: “El papa santo Juan Pablo II ha tenido la última palabra clara al respecto y esto sigue en pie”, en respuesta a las preguntas de los periodistas, subrayando que esta regla estará vigente para siempre, refiriéndose al documento de 1994 que estipula que las mujeres nunca podrán participar en el sacerdocio de conformidad con la tradición de la Iglesia. En Estados Unidos, Australia, Canadá y Swazilandia hay movimientos cristianos que ya autorizan la ordenación de mujeres como obispos. Conocido por su habilidad diplomática, Francisco dice ‘Hay muchas otras cosas que las mujeres hacen mejor que los hombres”, en referencia a la así llamada “dimensión femenina de la Iglesia”.

La fortuna de confesarme abiertamente católica prácticamente es que puedo hablar desde el conocimiento de mi ejercicio religioso. Voy a misa los domingos y veo más viejos que jóvenes en misa. Si me fijo con mayor cuidado, puedo contar a menos hombres sentados en las bancas. Hay más mujeres. También, sé que la mies es mucha y los operarios son pocos. Más allá de escándalos –cada sacerdote tendrá que darle cuentas a Dios por sus hechos y actos en su magisterio–, más allá de rivalidades, escisiones, gustos, me parece que un sacerdote está para hablar de amor, para acompañar, para consolar, para dar a conocer a Dios y eso se puede llevar a cabo desde la ternura femenina.

No habría que confundirnos, otorgar absolciones, consagrar no es un atributo de los hombres, es Dios que se vale del Hombre como instrumento. No sé, sin otro afán y entendiendo lo polémico del tema, me parece que si el Creador sólo quisiera herramientas masculinas, no nos habría dotado con los dones inherentes a la actividad sacerdotal. Cuando Dios no quiere, no dota. Dios no quiso que los hombres dieran a luz, no pueden parir, jamás lo podrán hacer. Pero, en mi condición femenina, cada día me topo con la posibilidad de dar consejo, amor, consuelo, compañía.  

Sabrá Dios, hoy hace veinte años la iglesia anglicana abrió sus puertas para dejar entrar a las mujeres a un lugar reservado a los hombres. ¿Que habra pensando el Altísimo desde su trono celestial? No sé, pero me lo imagino sonriendo.

Sacerdocio para las mujeres

El tema no es nada nuevo, la discusión lleva años, muchos años. En general, pensar en que una mujer tome los votos sacerdotales, causa escándalo. Para las católicas, resulta impensable, ese es un privilegio reservado a los hombres. No obsante, no todos los cristianos piensan igual. El 11 de noviembre de 1992, tras veinte polémicos años de intensos debates, el sínodo de la Iglesia Anglicana rompió con más de cuatro siglos de tradición al admitir el sacerdocio de las mujeres. Por supuesto, hubo reacciones.

 Hasta los propios elevaron las cejas. Mil sacerdotes de la Iglesia anglicana consideraron la determinación como un inadmisible alarde de modernidad y amenazaron, antes de emitir su voto, con renunciar e incluso a convertirse al catolicismo en el caso de aprobarse la ordenación de las mujeres en el seno de su iglesia. La Iglesia de Inglaterra se enfrentó al acontecimiento más revolucionario de su historia, desde que su fundador, el separatista Enrique VIII, decidiese romper con la autoridad de la Iglesia de Roma y provocase la escisión de la institución católica en 1530. Su amor por Ana Bolena y su deseo de contraer matrimonio con la que se convertiría en la segunda de sus seis esposas y sus ambiciones dinásticas dividieron a los cristianos.

Hoy, parece que el tema de las mujeres vuelve a causar divisiones. Hoy, la Iglesia católica, cauta, hace un esfuerzo consciente para mantenerse al margen de la decisión de la Iglesia Anglicana de ordenar a mujeres sacerdotes. Pero la  conocida rivalidad entre ambas iglesias no tarda en aflorar. El Vaticano califica la decisión como un grave obstáculo al proceso de reconciliación mantenido con la Iglesia de Inglaterra, que permanece inalterable.

Pasaron poco más de dos años para que el 11 de marzo de 1994, la Iglesia Anglicana volviera  a romper cánones. Treinta y dos mujeres protagonizaron una revolución con su acceso al sacerdocio. A finales de 1994 hay  más de mil son ‘ascendidas’ a sacerdotes y como tales están autorizadas a consagrar el pan y el vino en la eucaristía y a administrar la absolución. En Inglaterra hay cinco millones de católicos, lo que no implica que sean practicantes, poco más de una cuarta parte acude a misa los domingos.

En el 2016, el Papa Francisco declara: “El papa santo Juan Pablo II ha tenido la última palabra clara al respecto y esto sigue en pie”, en respuesta a las preguntas de los periodistas, subrayando que esta regla estará vigente para siempre, refiriéndose al documento de 1994 que estipula que las mujeres nunca podrán participar en el sacerdocio de conformidad con la tradición de la Iglesia. En Estados Unidos, Australia, Canadá y Swazilandia hay movimientos cristianos que ya autorizan la ordenación de mujeres como obispos. Conocido por su habilidad diplomática, Francisco dice ‘Hay muchas otras cosas que las mujeres hacen mejor que los hombres”, en referencia a la así llamada “dimensión femenina de la Iglesia”.

La fortuna de confesarme abiertamente católica prácticamente es que puedo hablar desde el conocimiento de mi ejercicio religioso. Voy a misa los domingos y veo más viejos que jóvenes en misa. Si me fijo con mayor cuidado, puedo contar a menos hombres sentados en las bancas. Hay más mujeres. También, sé que la mies es mucha y los operarios son pocos. Más allá de escándalos —cada sacerdote tendrá que darle cuentas a Dios por sus hechos y actos en su magisterio—, más allá de rivalidades, escisiones, gustos, me parece que un sacerdote está para hablar de amor, para acompañar, para consolar, para dar a conocer a Dios y eso se puede llevar a cabo desde la ternura femenina.

No habría que confundirnos, otorgar absolciones, consagrar no es un atributo de los hombres, es Dios que se vale del Hombre como instrumento. No sé, sin otro afán y entendiendo lo polémico del tema, me parece que si el Creador sólo quisiera herramientas masculinas, no nos habría dotado con los dones inherentes a la actividad sacerdotal. Cuando Dios no quiere, no dota. Dios no quiso que los hombres dieran a luz, no pueden parir, jamás lo podrán hacer. Pero, en mi condición femenina, cada día me topo con la posibilidad de dar consejo, amor, consuelo, compañía.  

Sabrá Dios, hoy hace veinte años la iglesia anglicana abrió sus puertas para dejar entrar a las mujeres a un lugar reservado a los hombres. ¿Que habra pensando el Altísimo desde su trono celestial? No sé, pero me lo imagino sonriendo.

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