En 1989

1989 fue un año de grandes consolidaciones que cambiaron las formas en el escenario mundial. La caída del Muro de Berlín fue el signo que coronaba la intención de desdibujar los límites, de propiciar mayor libertad de movimiento a personas y mercancías. Los grandes teóricos del comercio internacional, como Mika Ronkainen, nos enseñaron que el desarrollo más dinámico se logra a partir de un mejor intercambio internacional. Volvíamos la mirada a la teoría de David Ricardo sobre la ventaja comparativa, es decir, dejar que el que hiciera economicamente mejor las cosas —a mejor precio en el emjor tiempo de entrega— y confiamos en que una mayor industrialización traería mayor progreso y mejor distribución del ingreso. 

El mundo cambiaba, dejaba atrás las políticas proteccionistas y apostaba por la globalización. En términos ideológicos, la aspiración de vivir en un planeta más unido, generaba esperanza. Las frases de todos los sabios se reunían en torno a que la Tierra se hacía cada vez más pequeña y todos estaríamos más próximos. Eran los años de Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Juan Pablo II, Lech Walesa, Michael Gorvachov y el mundo como lo conocíamos, cambió. Es justo decir que muchas cosas cambiaron para bien y otras no. No hubo un cuidado para evitar los excesos del mercado. Picketty tiene razón, la concentración de la riqueza es absurda, pocos tienen mucho y muchos casi no tienen nada. La brecha entre esos mundos es ominosa. 

Como en aquellos años, hoy el mundo está cambiando. El miedo a lo diferente, el desprecio a la proximidad, las fallas en la compasión al semejante, el disimulo y sobretodo la falta de empleo están haciendo que el Hombre reconsidere los cambios que se concretaron desde 1989. No queremos que nos quiten nuestros empleos, parece haber sido la razón más imperante para que Brexit y Trump hayan triunfado más allá de la lógica. Sin embargo, resulta evidente. Si en bienestar global no llega a mi mesa, si la riqueza se concentra y no llega a mi bolsillo, si la propsperidad se nota en las variables macroeconómicas pero a mí no me toca nada, claro que quiero cambiar las cosas. Entonces, si alguien me promete un cambio que se notará en mi hacienda personal, tentará mi curiosidad y tal vez conquiste mi preferencia. Claro que las promesas que se hacen son arrojadas y cumplir no será tan fácil. Del dicho al hecho, hay un trecho tan grande como la brecha que divide a los que viven la opulencia y los que padecen pobreza alimentaria.

Los cambios que se proponen son un golpe de timón, están planteados como una destrucción de lo que se construyó. Las destrucciones causan miedo. Las posiciones globalifóbicas, los nacionalismos y la radicalización de izquierdas y de derechas no han abonado a un cambio para mejorar. Encerrarse en casa para evitar los vientos, nos quita también los rayos de sol. Parar la rueda económica del intercambio internacional no parece ser una buena idea. Como tampoco lo fue dejar que diera vueltas y vueltas sin vigilancia alguna, sin protección a los desvalidos. Hoy esos desvalidos están enojados y quieren el cambio, su voz les abrió camino a los que buscan destejer las estructuras. La modificación de los escenarios ya está en marcha. Brexit, Trump y además se muere Fidel. 

Hoy, las palabras de un líder astuto, resuenan en el planeta. Frente a la ONU, Fidel Castro pronunció un discurso que no aplicó y que contenía advertencias pertinentes. El intercambio desigual afecta a los pueblos. ¡Y debe cesar! El proteccionismo arruina a nuestros pueblos. ¡Y debe cesar! El desequilibrio en la explotación de recursos es abusivo. ¡Debe ser abolido! Los recursos financieros que reciben los países en vías de desarrollo son insuficientes. ¡Y, deben ser aumentados! Los gastos en armamentos son irracionales. ¡Deben cesar y sus fondos deben ser empleados en financiar el desarrollo.

No parecen malas ideas las que expresó el líder cubano. En ese discurso, el hombre describió los problemas que el mundo aún no ha resuelto. Pareciera que, independientemente de la figura en la que se convirtió y de lo poco congruente que resulta su envestidura, sus palabras sí son importantes y debieramos poner atención. Los pendientes que le señaló a la Humanidad fueron oportunos y siguen vigentes. En 1989, año de cambios, no lo escuchamos, tal vez porque representaba aquello con lo que se quería acabar. Hoy, que se presenta una nueva oportunidad, tal vez lo deberíamos hacer. Si vamos a destejer las estructuras, hay que cuidar bien lo que se quiere hacer. Hay que destruir lo que no sirve y dejar lo que sí.

La vida inmoral de la pareja ideal (película)

No sé si fue el cartel de la película lo que atrajo mi atención o que en el reparto apareciera Cecilia Suárez o ambas cosas, pero decidimos ir al cine a ver el nuevo proyecto del director cinematográfico Manolo Caro. No nos equivocamos, la elección nos trajo un film divertido y una anécdota bien narrada. La estrategia de tejer dos historias como si se tratara de un lazo retorcido, es un acierto. En un juego de analepsis, se intercalan acciones que se desarrollan en forma lineal y paralela para contar la historia  de amor de Lucio y Martina.

Los protagonistas se reencuentran —aunque no queda claro porque— en San Miguel de Allende, después de casi treinta años sin verse. Cada uno le cuenta al otro una mentira para ocultar la verdad: los dos siguen enamorados, tal como lo estuvieron en sus años de preparatoria y no se atreven a confesarlo. Optan por construir una mentira y ahí corre la primera línea narrativa. La segunda es la historia de amor de un par de adolescentes, su circunstancia, sus amigos, el entorno escolar. El desarrollo de la película se dedica a dejar claro cómo se enemoraron y por qué se separaron. También se encarga de hacernos entender las razones que ambos tuvieron para continuar queriéndose a pesar del tiempo. Las líneas convergen cuando la mentira se deconstruye y la verdad queda clara.

Las locaciones hacen lucir San Miguel de Allende y tienen guiños para las personas que conocen bien el lugar. El teatro, las calles, la iglesia, el centro del pueblo tienden un lazo narrativo que ayuda a la anécdota. Los personajes secundarios están bien delineados, son redondos y están colocados en tiempo y formas adecuadas. La actuación de una Paz Vega embarazada es para desternillarse de risa. La pequeña hija de Andrea Legarreta y Alex Rubin actúa dignamente y cada uno de los papeles que acompañan a los protagonistas lucen espléndidamente 

Cecilia Suarez, extremadamente delgada, actúa en forma magnífica, lo mismo que Manuel García Rulfo, Mariana Treviño, Sebastián Aguirre Boeda, Ximena Romo, Juan Pablo Medina, Andrés Almeida, Natasha Dupeyrón, Eréndira Ibarra, Javier Jattin y, en una participación especial, a la española Paz Vega. Las actuaciones femeninas superan, por mucho a las masculinas. Ellas llevan el peso narrativo de la hiatoria en mejor forma. 

La película funciona, es atrevida, tiene escenas fuertes y plantea una historia de amor que se aleja de los tintes rosas. La estrategia de las historias que construyen una mentira para luego destruirla, funciona muy bien. La música es un elemento cuidado para dar contexto. Las canciones fueron adecuadamente elegidas, la primera escena empieza con una canción de Soda Stereo para darnos contexto y situarnos en el tiempo. El vestuario fue cuidado hasta el detalle de conseguir esas medias con brillos dorados que se usaban en los ochentas. Los peinados de melenas alborotadas y el spray también fueron parte del conjunto narrativo.

La película marcha y la anécdota de ambas historias tiene un desenlace a la vez sorprendente y esperado, lo cual da prueba de que el proyecto funciona. Al salir del cine, todos concordamos que algunas escenas sobraron pero que la elección, sea por el cartel o por Cecilia Suárez, fue buena.

Los ojos que están puestos en Fidel

Hoy, un segmento del mundo dirige su mirada al féretro. Fidel está muerto y aunque a los noventa años el acontecimiento era esperado, el planeta sintió una especie de sobresalto. Los que miran ese ataúd tienen reacciones encontradas: entre la tristeza y el júbilo, yace el cadaver de la revolución cubana. Si dentro de la caja mortuoria está el hombre barbón de nariz prolongada, cara alargada, manos aún más larga y uñas crecidas, en la tapa, sentados, conversan los fantasmas. Uno viste uniforme militar, verde olivo, gorra de camuflage y puro en la boca; el otro usa ropa deportiva negra con rayas blancas y el logotipo de la marca ADIDAS en el pecho. En medio, todos los Fideles miran con terror el cuerpo que ya no tiene vida.

En torno al féretro, los lamentos y las lágrimas se combinan con la fiesta y el regocijo. La mirada atenta nota algo. Llantos y cantos provienen de ojos viejos. Son los que recuerdan las mieles y hieles de la Revolución Cubana, así con el rigor que dan las letras mayúsculas. Los ojos que miran a Fidel con esa pasión que hace brotar el lamento o las carcajadas tienen más de sesenta años. Son los que tuvieron participación viva en ese movimiento. Sea porque fueron participantes activos, o por haber vivido en aquellos años, los que reaccionan ante la muerte de Fidel Castro ya son viejos. Vargas Llosa, Krauze, Ortega, Ramírez, Villoro no tienen veinta años. Los demás, lo leímos en los libros de Historia y conocimos a un vejete astuto que hizo rabiar a más de algún mandatario, que protagonizó escándalos diplomáticos y ruido mediático. Pero, la furia del caudillo, esa la conocieron los que crecieron antes de la Revolución Cubana.

Los presos políticos, la persecución a intelectuales, el Caso Padilla, los fusilamientos, el estar con o en contra del régimen, la vida sin Internet, el embargo económico, la visita del Papa Francisco, la proximidad de Obama, la amistad con México, la hermandad con Venezuela, la complicidad con la Unión Sovietica, la amistad con Garcia Márquez, el exilio de Guillermo Cabrera Infante, la reclusión de Lezama Lima, la diáspora cubana, entró por los ojos a través de letras a unos cuantos y muchos otros, los jóvenes de hoy, ven en Fidel una figura ajena a su tiempo, a sus ideales y a su cotidianidad. No capta su atención un hombre que pasaba horas y horas perorando, cuando ellos están tan acostumbrados a sintetizar todo en 120 caracteres, cuando no hay un filtro de Snapchat para identificarlo, cuando no hay un muro en Facebook para postear condolencias y cuando su cuenta en Instagram es tan privada porque no existe.

Los ojos que están puestos en Fidel son los del siglo XX, los que reconocen en el pasado a un Patriarca que no fue visitado por la muerte y pueden entrever el brillo que se cubrió con el polvo de los años. Los que reconocen el grito ¡Hasta la victoria! ya dejaron de ser esos jóvenes rebeldes que elevaban la voz contra el establishment, los que se rechinan los dientes ante esa arenga ya peinan canas. Tal vez para sus hijos y para sus nietos, esas palabras ya no significan nada. Los ojos que están puestos en Fidel ya tienen la mirada cansada, pero sus gritos se oyen tan fuerte que el mundo se sobresalta. El el feretro está un cuerpo sin vida.

Oumoh

Oumoh es una pequeña de cuatro años con una historia que es preciso contar. Huyó de Costa de Marfil junto con su madre para evitar la mutilación genital que se les practica a las niñas como rito de iniciación en algunos países de África. En el camino, extravió a su madre. Llegó a Italia el cinco de noviembre a la isla de Lampedusa después de ser rescatada por la guardia italiana. La balsa en la que venía naufragó. La chiquita sólo era identificada por su nombre, se ignoraba todo de ella pues permaneció en silencio después de su rescate. El impacto sufrido le quitó la posibilidad de hablar.

Oumoh es una de las 20,000 pequeñas que han caminado solas y han llegado a Italia huyendo del hambre, la marginación, el miedo. No extraña que la niña no quisiera hacer esfuerzos por comunicarse en ninguna forma con nadie. Sin embargo,la fortuna la favoreció. En el albergue al que llegó, encontró a su ángel de la guarda: Marinela Cefala, jefa de la oficina de recepción de inmigrantes. La carita de la niña la conmovió, se le grabó en la retina. 

Lo que algunos llaman coincidencia y otros preferimos decirle milagro, sucedió. Marinela Cefala, en otro refugio, le prestó su teléfono celular a otra niña de Costa de Marfil para que jugara. La pequeña encontró una fotografía de Oumoh y la reconoció. También pudo identificar a la madre perdida, una mujer de 31 años. Las niñas se conocieron en uno de los refugios de espera que están en Tunez y por eso detonó un proceso virtuoso. Se localizó a uno de los tíos de Oumoh en Francia, quien a su vez localizó a la mamá perdida. 

La mujer al enterarse de que su hija estaba viva, sana y salva estalló en lágrimas de felicidad y la pequeña Oumoh al escuchar la voz de su mamá, empezó a hablar. Marinela describe la reacción de la niña: mirada de sorpresa, casi azorada de la pequeña que se llevó la mano al corazón, sonrió tímidamente y empezó a asentir. Luego saltó y saltó por toda la habitación. Se están llevando a cabo las pruebas de ADN para confirmar científicamente lo que el corazón anhela, que madre e hija vuelvan a estar juntas. 

La historia de Oumoh es un ejemplo de éxito que nos deja el corazón hecho nudo y con un bulto pesado en la garganta. La fortaleza de una niña que peregrinó y llegó sola a Lampeduza hoy está en el umbral de tener un final feliz. ¿Será así? ¿Se le permitirá una vida de igualdad, respeto, identidad propia, manos amigas, educación, alimento, techo, protección? En fin, ¿gozará de los derechos humanos que se le otorgan a los niños? Espero que así sea, que la discriminación, las mutilaciones, el hambre y el miedo hayan terminado para esta criatura tan valiente. Se lo merece.

Día de gracias

La única fiesta de la tradición estadounidense que verdaderamente me gusta es el Día de gracias. El agradecimiento es ese sentimiento   de estima y reconocimiento que una persona tiene hacia quien le ha hecho un favor o prestado un servicio, por el cual desea corresponderle. Es, asimismo, una actitud de vida que tiende un lazo de respeto por los logros y beneficios recibidos. En suma, la gratitud es un antónimo de la soberbia.

Agradecer es entender con humildad que alguien tuvo la generosidad de tender la mano. El soberbio, por el contrario, está seguro de que sus méritos fueron suficientes para conseguir lo anhelado. Una persona agradecida sabe reconocer sus propios méritos y puede ver con felicidad que hubo alguien que estuvo en el momento en que se requería un impulso, un consejo, un puente y sabe dar las gracias. 

El que se ensoberbece, cree ser merecedor de todas las atenciones y autor de todos sus bienes. Un soberbio es también un ciego que no sabe ver más allá de su ombligo, es un ser pequeño que se cree el autor del mundo y lo embarga un sentimiento de valoración excesiva sobre sí mismo que generalmente lo lleva a tratar con desprecio a quien le rodea. La soberbia vuelve a las personas distantes y, en una dicotomía extraña, también lo vuelve ávido de aprobación de los demás. Este apetito desordenado por el aplauso ajeno choca con la altivez y genera un círculo vicioso semejante a la serpiente que se muerde la cola.

El agradecido es una persona que sabe hablar de sus éxitos y da crédito a quien está a su alrededor; sabe asumir el control de las situaciones y también sabe hacerse a un lado cuando eso es lo mejor para el bienestar general; se alegra con los triunfos ajenos y extiende la mano para dar una felicitación a quien le va bien; acepta la crítica y tiene la capacidad de desandar los pasos mal andados y reparar lo que se lastimo; sabe ofrecer disculpas. Y, por sobre todo, sabe peonunciar con facilidad la palabra gracias.

La escencia del agradecimiento es la sinceridad. La recompensa de la gratitud es la felicidad. No es una reducción cursi, es la verdad. El que cree que todo lo merece se topa con la amargura, vive creyendo que más merece porque más vale. La soberbia, dice San Agustín, no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano, y puedo   agregar que lo que está enfermo tarde o temprano duele. Además, como dijo el Rey Salomón, donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; pero donde hay gratitud, habrá sabiduría.

Por eso, dar gracias es ponerse en armonía con el Universo y eso genera alegría. La buena noticia es que  el agradecimiento cabe en cualquier corazón bondadoso, lo mismo si es ateo, agnóstico o creyente; los ingredientes básicos para generarla son la humildad y la inteligencia. La mala noticia es que estos ingredientes están bastante escasos escasos. Basta ver a nuestro alrededor para enterarnos de lo enajenados que estamos con nosotros mismos, del miedo que nos da lo que es diferente, de la amenaza que nos impulsa a marcar territorios y elevar muros. Las imagenes del día de gracias que hoy festejan los estadounidenses llaman a la reflexión.

Mejor, nos reunimos a agradecer todos los bienes que hemos recibido. Mejor, nos alegramos de las maravillas que nos han pasado este año. Mejor, miro a los ojos y con sinceridad digo gracias. Especialmente, gracias a cada uno de ustedes que se siguen asomando a ver lo que estoy pensando. Feliz día de gracias.

Calexit

Cómo suele suceder, la liebre salta en donde menos se espera. Tras la borrachera que siempre trae un éxito inesperado, Donald Trump jamás imaginó en medio de esa euforia que California se le pondría respondona y le diría que a lo mejor no quiere caminar junto a él. Los ciudadanos que están de acuerdo con que California se separe de los Estados Unidos tras la victoria del candidato republicano tomaron el primer paso oficial al inscribirse para someter esta propuesta a voto en un referéndum en 2018. Frente a la tibieza con la que el mundo en general ha respondido  a las bravatas del futuro presidente de los Estados Unidos, el estado del sol dice con valentía y civilidad: ésto ni me gusta.

Es curioso y también lógico que California piense en darle la espalda a uns política como la que intenta imponer Trump. La economía del estado está en manos de inmigrantes que se han encargado de cultivar viñedos, de remover estiercol, de fertilizar sus tierras, de limpiar sus calles, talar sus árboles, cuidar a sus niños y a sus viejos, de planchar su ropa, de construir sus puentes, de edificar caminos, de hacer brotar riqueza. Los californianos entienden que una deportación masiva les provocaría pobreza. Barrer con los inmigrantes pondría en peligro directo la viabilidad de su economía, elevaría el costo de la vida a niveles inaccesibles  para el ciudadano promedio. En fin, se abriría la puerta a la catástrofe.

Asimismo, es curioso y también ilógico que la comunidad mundial haya reaccionado con tibieza frente a las amenazas del presidente electo. No se enterán que el señor Trump es un hombre que conoce poco de geografía y confunde México con América Latina. Evo Morales dijo, así rapidito, que el muro estaba mal. El  Papa Francisco también se pronunció contra el muro. Los países centroamericanos se unen a México para ver como se enfrentará esta deportación masiva tan anunciada. ¿Y los demás, dónde están? Será que no se dan por aludidos. Ni Perú ni Chile ni Argentina ni Urugua ni España ni Venezuela ni Colombia tienen algo que decir. Extraña su silencio. Ellos también estan en la mira, ¿será que no se han dado cuenta? Tal vez no. 

Los que ya se dieron cuenta son los californianos y ya pusieron manos a la obra. A diferencia de otros movimientos independentistas, como los catalanes, los vascos, los escoceses, los quebequeños, los californianos pueden lograr su independencia porque ellos en sí mismos son una potencia. La economía de California es la más grande de los Estados Unidos. Su producto bruto interno ascendió a 2,448 billones de dólares en 2015, lo que la situaría como la sexta economía más grande del mundo, al par de Francia. En este estado, que se incorporó a los Estados Unidos en 1850, están situadas compañías de la talla de Chevron, HP, Apple, Intel, Walt Disney, Google, Visa y más. En realidad, no necesitan a Washington y menos si les representa un peligro.

De conseguirse el voto de la mayoría en un referéndum, California que hacer los siguiente: enviar un representante a Washington para proponer una enmienda en la Constitución que le permita salir de la Unión. Esta debe ser, además, aprobada por dos tercios en las dos cámaras del Congreso estadounidense y luego ser aceptada por 38 de los 50 estados que conforman la Unión. Evidentemente, el camino no es fácil y estoy segura de que los californianos lo saben. Sin embargo, también saben que esta puede ser una medida que atempere la furia de un hombre que tiene como lema: voy derecho y no me quito.

El Calexit puede ser una forma de parar ese caballo desbocado y deslenguado que los estadounidenses eligieron para ser su líder. Trump sabe que goza de la antipatía mundial, que hay muchos ojos que lo ven con reserva, pero como nadie le ha puesto un argumento de oposición, nadie se ha atrevido a enfrentar sus bravatas, él simplemente tuerce la boca y eleva los hombros: hago lo que quiero, dirá. Pero muchos no lo quieren. Hay manifestaciones que así lo hacen evidente. Parece que no le han afectado. Creo que el Calexit si le va a llamar la atención. 

El cuadro de Santa Cecilia 

En la casa de mis abuelos, en La Piedad Michoacán, hay un cuadro de Santa Cecilia tocando el piano. Está en el cuarto de mi tía Tolla. Cuando era chica me gustaba verlo porque la imagen muestra a una mujer muy bonita que tiene las manos sobre las teclas y mira al cielo desde donde unos angelitos que le están mandando flores. De niña, mi mamá me decía que ella era la patrona de los músicos y eso me hacía sentir muy contenta. Me gustaba tener el nombre de una persona feliz. 

Cecilia de Roma pertenecía a la nobleza, se convirtió al cristianismo y fue martirizada por su fe. Vivió entre los años 180 y 230. Es una santa reconocida en el mundo católico y ortodoxo.  Es de esas figuras religiosas muy queridas. Es patrona de los músicos, de los poetas y de los ciegos. Yo que no soy ni ciega, ni poéta, tal vez sea música y por eso la Santa de mi nombre me protege.

La tradición dice que Valeriano, un ciudadano romano, deslumbrado por su belleza, quiso tomarla por esposa, pero ella no quería perder su virginidad con un infiel y le dijo que un ángel la protegía. Valeriano le contestó que él no veía ningún ángel. A lo que ella répico que si se bautizaba, lo vería. Y, efectivamente, al recibir las aguas bautismales, el ángel se le apareció al enamorado. Una vez convertido, se casaron. El dialogo está consignado en los documentos de Santa Cecilia, en donde narra su conversión, la de Valeriano su esposo y la de Máximo, su cuñado. Todo sucedió en tiempos del Papa Urbano.

Al enterarse el prefecto, Turcio Almaquio de estas conversiones, los condenó a muerte. Cecilia fue decapitada y enterrada en las catacumbas de la Vía Appia. En las actas de Santa Cecila se consigna que al celebrarse el matrimonio con Valeriano se escuchaban los instrumentos que los ángeles del cielo tocaban para celebrar la boda. Por ello, los cristianos católicos y ortodoxos la celebran como la patrona de los músicos. En realidad, ella se refería no a instrumentos musicales sino a instrumentos de tortura, ya que era consciente de los peligros de casarse por el rito cristiano en epocas de la Roma Imperial. 

Todo eso, yo no lo sabía cuando veía el cuadro de la casa de los abuelos en el cuarto de mi tía Tolla. Yo sólo recuerdo a mis tías contándome de una santa alegre y hermosa que llevaba mi mismo nombre.En realidad, la hiatoria no es tan feliz, pero revela a una mujer valiente y eso ahora, sin la inocencia infantil, me llena de un orgullo mayor.  He visto muchas representaciones de Santa  Cecilia, de todas la que más me gusta es esa que me remite a la niñez. A esos días de vacaciones, de juegos, de risas, de tías amorosas, de tíos divertidos, de primas cariñosas, a esos días de familia en La Piedad, Michoacán. Al cuadro de mi tía Tolla.

¡Que suene el mariachi! Hoy es día de su santa patrona y de mi santo, también. Hoy es día de ciegos, poetas y de las más músicas. 

Travesuras con mi prima Betty

Hace cuarenta años, mi tía Berta, la hermana más chica de mi papá se casó. El revuelo en casa de la novia estaba a todo volúmen. Mis tías se arreglaban y arreglaban la casa porque la ceremonia civil iba a ser ahí. Los corredores brillaban a limpio y las mesas con manteles tan largos se pusieron en los pasillos y parte del patio central. Llenaron la pila de cantera de agua y flores blancas. Snoopy y Platero, los peritos de mi tía Marta quedaron encerrados en el pasadizo que lleva a la fábrica de hielo. El ambiente olía a los azahares de novia, a las delicias de la cocina y a los perfumes que le rociaban a los vestidos de gala. Todos andábamos emocionadícimos.

A Betty, mi prima y cómplice de travesuras, y a mí nos arreglaron rápido y nos mandaron a sentar a la sala para que no estuvieramos dando lata. En eso llegaron un grupo de personas con maletas metálicas, luces, pantallas y artilugios. También los mandaron a la sala. Eran los fotógrafos. Los vimos sacar sus artefactos y montar el set para hacer su trabajo.  A Betty y a mí se nos encendió el foco. Nos propusimos salir en todas las fotos que fueran a tomar ese día. Las primeras fueron las obligadas en las que mi tía posó con sus sobrinas más chicas. Mis hermanos no figuraban, eran muy pequeños. Pero las siguientes fueron estratégicamente planeadas. Así, como que no quería la cosa, nos parabamos detrás de mi tía o del novio, nos sentabamos disimuladamente cerca, nos asomábamos, nos poniamos en cuclillas, nos atravesabamos, hacíamos lo que fuera preciso para salir en todas las fotos y lo logramos

Nuestra travesura fue todo un éxito. No hay una foto de la boda de mi tía Berta y mi tío Ernesto en la que Betty y yo no salgamos, aunque sea en una esquina. En cada foto está la cara de Betty y la mía. Ni la mamá de la novia ni las hermanas ni los  hermanos ni el papá ni las amigas ni los cuñados ni los suegros salieron tantas veces como nosotras. Entonces teníamos alrededor de nueve años. Fue una de las bodas más divertidas a las que he ido en toda mi vida. Cada que nos colabamos a una foto, nos moríamos de risa.  Claro, la pasamos risa y risa. 

Hoy, recorro los caminos de Michoacán con rumbo a La Piedad. Vamos a celebrar los cuarenta años de ese matrimonio. Mucho ha cambiado. No tengo nueve, mis padres no van a estar en La Piedad. Hay muchos ausentes y nuevas presencias. Estaremos los que debemos estar. Andrea vino conmigo. Ahora, Betty no estará en ese festejo. La echo de menos desde ahora y eso que todavía no estamos en la fiesta. ¿Como le hare para salir en todas las fotos? Creo que no podré, no creo que mi hija quiera colarse conmigo para salir en cada foto. Sin duda, me hace falta mi cómplice de travesuras.

Del panamericanismo de Trump y el abandono

Los titulares de los diarios del mundo hablan de México. Una vez más, el país se pone de moda, sólo que esta vez parece que no por los mejores motivos. Sin embargo, me llama mucho la atención darme cuenta como propios y extraños caemos en el error de Donald Trump. El señor ha amedrentado con deportaciones masivas y sigue regodeandose con un discurso amedrentador en contra de los mexicanos y los musulmanes. Lo que parece que nadie se da cuenta es que para el futuro presidente de los Estados Unidos, México empieza en la riviera del Bravo y termina en la Patagonia.

Para Donald Trump,  mexicano es cualquer persona nacida más allá de su frontera sur. Le da lo mismo si un individuo nació en Yucatán, en Costa Rica, en Argentina, en Brasil, en Sinaloa, en Chile, en Honduras, en España, en Hidalgo o en cualquier territorio americano que no sea Canadá o Estados Unidos. El hombre sabe tanto de Geografía que ya logró el sueño bolivariano: el panamericanismo de Trump mete en la misma bolsa a todos los latinos, incluso a los que nacieron del otro lado del Atlántico, ¿entonces, por qué todas las naciones latinas se hacen las disimuladas frente a las ofensas del presidente electo?

Las deportaciones que piensa hacer el futuro presidente de los Estados Unidos a partir del próximo enero no sera nada más de mexicanos. En la misma bolsa también van ecuatorianos, nicaragüenses, peruanos, paraguayos, uruguayos, argentinos, dominicanos, chilenos y cualquier latino que haya dirigido sus pasos para encontrar el sueño americano. México no tiene la exclusividad del desprecio del pueblo estadounidense que votó por el candidato republicano, los demás están en el mismo paquete. Me llama la atención ver como nuestros hermanos latinoamericanos no se dan por aludidos ante tanto improperio y tanta intimidación.

¿Qué espera la presidenta de Chile, el Rey de España y los presidentes de las demás naciones latinoamericanas para mostrar su apoyo a México y unirse en un bloque? ¿Qué les hará pensar que silbando y mirando al cielo, pasarán desapercibidos? No hay forma de que piensen que a ellos no les van a tocar las deportaciones. ¿Será que piensan que al mostrar un pasaporte, la Patrulla Fronteriza va a decir: Ah, si eres guatemalteco, te puedes quedar; si eres boliviano, no hay problema; si naciste en la Península Ibérica, eres bienvenido? Me temo que eso no va a ser así.

El panamericanismo o integración americana —de verdad, no el de Trump—es el movimiento diplomático, político, económico y social  que busca crear, fomentar y ordenar las relaciones, la asociación y cooperación entre los países americanos en diversos ámbitos de interés en común. Es tiempo de hacerlo realidad. No se trata de hermandades artificiales, se trata de hacer notar que los latinos que viven, trabajan y producen en Estados Unidos están asustados y tienen razones. No es justo que los dejen solos. Los migrantes de los demás países, también están en la mira de un tipo que pasó de ser un bocazas a ser un hombre poderoso y que quiere actuar. 

¿Por qué los titulares de los demas países afectados hablan de lo mal que le irá a México y no acusan recibo de su parte de perjuicio? Esconder la cabeza en un hoyo es peor, digo yo. Los connacionales de las demás naciones no merecen ese abandono. Las lágrimas que están siendo derramadas son de hispanoamericanos, aunque haya quien crea que se trata nada más de mexicanos. 

Entre los deseos y los demonios públicos

En realidad, tampoco hay mucho de que sorprenderse. El racismo, la xenofobia, el desprecio han existido desde que la madre Eva mordió la manzana, le dió una probadita a Adan y vino la expulsión del Paraíso Terrenal. No somos iguales, Caín era diferente de Abel y ninguno era igual a Set. Si los dedos de la mano no son iguales, es por la simple razón de que cada uno sirve para algo distinto. También, parte de la libertad que cada uno tiene rasica en elegir sus compañías. Hay olores que no nos gustan, visiones que nos asustan y cosas con las que no podemos. La tolerancia de cada quien tiene niveles diversos.

Lo que pasa es que de un tiempo para acá, nos quisimos hacer de la vista gorda. Nos fuimos con la finta y caímos en la trampa de la ingenuidad. Ni modo que creyeramos que los racistas se habían acabado ya y que los homófobos se habían transformado y los intransigentes habían bajado los brazos. Ya vimos que no. No se fueron, siguen ahí. Lo que pasa es que escondieron sus rencores en el closet y ahí los dejaron macerar y se fueron fermentando.

Bastó la coz de un asno para reventar esa pústula purulenta que, la estallar hizo tanto escándalo que nos dejó temblando y castalleteando los dientes. Creo que una vez que midamos al dragón, nos daremos cuenta que es una lagartija. El problema de fondo no es el racismo o la xenofobia, esa siempre ha estado ahí. El problema es haberla despertado porque amanexió enojada.

No es lo mismo se racista por lo bajo que andar gritando a los cuatro vientos nuestos gustos y disgustos, eso es de pésimo gusto y tiene consecuencias arrolladoras. Un mal deseo personal puede germinar, crexer y transformarse en un demonio público. No importa lo que sea, importa lo que de ese ogro gritón y peleonero se refleja en nosotros.

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