Entre la transparencia y la verdad histórica

Cuando algo es transparente permite que las cosas se vean con claridad, muestra. La opacidad oculta. Ocatvio Paz dijo que México está enfermo por sospechar y a mí me da la impresión de que estamos lejos de alcanzar la cura. Para que una herida sane hay que limpiarla, echarle desifectante y dejarla al sol para que se vaya reparando. Si una lastimadura se tapa, se envuelve, se le niega la luz, brota la pus, el mal olor, llega la podredumbre y la gangrena causa estragos. Ni mil medicamentos de alto espectro serán suficientes si en vez de airearla, la cubrimos.

Pero, en México nos gusta eso del encubrimiento, creemos que tapando el sol con un dedo le cubrimos el ojo al macho. Pues no, los aromas fétidos surgen y esos no hay forma de disimularlos. En lo grande y en lo pequeño actuamos de la misma forma: si la monja resultó embarazada, se le consigna al calabozo para que no luzca la panza, luego se le arrebata al recién nacido, se regala a la criatura y asunto arreglado. Nada de asunto arreglado, hubo quienes oyeron llantos y vieron pañales. El murmullo se empieza a escuchar y el resentimiento queda marcado en un rostro. ¿Cómo no vamos a sospechar?

No somos tontos, cuando nos cuentan una mentira, torcemos la boca, nos rascamos la barbilla y la mente se desata. Tal vez, Pinocho piense que se salió con la suya, pero la nariz tan larga lo delata. Sospechamos, no hay de otra. Parece que le tenemos miedo a la verdad. No sabemos qué hacer con ella y, como si fuera un bicho raro, optamos por esconderla. Para justificar, entramos en un juego costoso y complicado para armar una versión oficial, una verdad histórica. Trabajamos el doble para ganar verosimilitud y, de todas formas, la verdad sale.

Si en México enfocaramos los esfuerzos de justificar en producir, seríamos los reyes del mundo. Pero preferimos desgastar imágenes, gastar fortunas y generar sospechas que decir la verdad, ¿por? Elegimos pagar el pato más caro de todos y ponemos a girar la rueda de la locura. Sino, ¿por qué la Ley de Transparencia se quedó durmiendo el sueño de los justos en el legislativo? Nuestros representantes prefirieron echarle tierrita al asunto, el hedor brota y nosotros nos ponemos a sospechar. Sí, la cura a esta enfermedad no parece estar cerca.

El tortuoso camino hacia la Transparencia

Amanecemos con una novedad que en realidad no sorprende: el paquete de leyes anticorrupción y pro transparencia se ven frenadas por el poder legislativo. El doble discurso toma la palestra y nos dicen que sí pero no cuándo. Nos vuelven a dar atole  con el dedo y entramos a un espiral en la que a los ciudadanos nos interesa acabar con la fuente de enriquecimiento ilícito  y a quenes se benefician de la opacidad les interesa que las cosas queden como están. El camino de la Transparencia es tortuoso, quienes debieran despejarle la vía son los principales interesados en ponerle piedras.

Y claro que le pondrán obstáculos, el botín es muy jugoso. Conocemos de fortunas que crecen a tasas de triple dígito en forma inexplicable, nos enteramos de sueldos estratosféricos para puestos de niveles bajos, leemos de mansiones, yates, autos, joyas de gente que poco tiempo antes tenía estilos de vida mucho más austeros. Las historias de transformación de gente que ahora es multimillonaria se repiten. No se trata de gente brillante que aprovechó una oportunidad, se trata de pillos que aprovecharon la opacidad para robar, defraudar y quedarse con lo que no les corresponde. La voracidad, el abuso y el cinismo son escandalosos. Y, aunque ahora unos se esten rasgando las vestiduras, lo cierto es que las manos manchadas están por doquier. 

El problema es que la falta de transparencia facilita el ilícito. Es tan sencillo caer en la tentación si nadie ve que estoy haciendo mal y es más fácil cuando no hay consecuencias por las malas conductas. En la opacidad, todos los gatos son pardos. Y, por lo visto así quieren que se siga. El proyecto de ley anticorrupción se llevó un duro golpe. Ahora resulta que la difusión de las declaraciones patrimoniales deberán tener el aval de los funcionarios, es decir, a lo transparente, échale una cortina   de humo. Como que la transparencia les gusta, pero no tanto. 

No les gusta quedar expuestos, se sienten vulnerables. ¿Por? 

La cosa es que la corrupción apuesta al olvido y la posibilidad de ganar es alta. Entonces, al son de déjame nadar de muertito, déjame hacer como que me preocupa esto de la Transparencia, pero ni creo una Fiscalía que persiga esos delitos ni reformo el Código Penal ni le muevo mucho, no sea que al final alguno de los amigos termine en la cárcel y abra la boca. No sea que descubran que no tengo las manos limpias. 

Esta Ley Ciudadana Anticorrupción puede nacer muerta si nosotros, los principalmente interesados, nos olvidamos del asunto. Debemos mostrar nuestro hartazgo a estos cínicos que roban tanto y luego no tienen la elegancia de demostrarlo. Quieren ocultar sus delcaraciones patrimoniales pero se exhiben en lugares públicos encendiendo puros con billetes. Cómo no, el que nunca tiene y llega a tener, loco se quiere volver. Encima, piensan que son nobles de sangre azul y les aterroriza que algún maleante les quite su fortuna. Arrugan la nariz y viven sintiendo que caminan entre nubes. Les da pánico que alguien pueda hacerles daño. ¡Pobrecitos! 

No se dan cuenta que se les nota, que la mona aunque se vista de seda, mona se queda. No importa que vistan con trajes de diseñador italiano, que calcen zapatos hechos a medida, que lleven anillos en cada dedo, se adornen la nariz con piedras preciosas y sus relojes valgan lo mismo que un departamento de interés social, la mancha en las manos es evidente. El dinero mal habido se nota, no se puede esconder. Además, hacen una exhibicion del mal gusto. Caritas operadas, labios abultados, frentes planchadas, facciones paralizadas se combinan con bolsas, plumas, mancuernillas que mientras más ostentosas, más les gustan. Así que lo único que nos queda es seguir poniendo el dedo en el renglón. Aprender la lección. Castigar con nuestro voto a aquellos que a la hora buena, traicionaron la expectativa ciudadana. 

El camino de la Trasnparencia en México no será fácil, menos lo será si la dejamos en el olvido. 

Cuando lo mío no es tuyo

Ayer asistí a una conferencia sobre el deseo en la Literatura como reflejo de lo que se observa en la vida. El orador habló de la perspectiva de René Ginard y de como él piensa que las relaciones humanas evolucionan de la amistad a los celos, la envidia, la competitividad, la rivalidad y la violencia. Francamente, aunque no estoy de acuerdo, el punto de vista me resultó interesante. ¿Será posible que la fuerza que mueve al mundo sea desear lo que no se tiene, por la simple y sencilla razón de que es de uno? La propuesta es muy fuerte.

Es decir, según Ginard, deseamos algo, lo que sea, no porque sea objeto de gusto sino porque no es mío. Entonces, se trata de conquistar para arrebatar y apropiarse de lo ajeno. Pero, una vez que lo tengo a mi disposición, deja de tener valor. El anhelo se desbarata en el momento en el que lo tenemos en las manos y deviene la frustración. Insisto en que no estoy de acuerdo con una forma tan negra de planteamiento. No me parece que sea ley universal que yo me mueva por el impulso de quitarle a otro lo que es suyo para que sea mío, sin embargo, encuentro que hay parte de razón en esta idea.

Caín se movió y mató a Abel por envidia. El Génesis no nos cuenta la historia de la relación de los hermanos, no sabemos si eran cercanos, si jugaban, si se reían juntos, si peleaban frecuentemente, si llevaban una relación normal como la de cualquier familia en la que ahorita me enojo pero en cinco minutos estoy muerta de risa. Lo que sí sabemos es que Caín mató a Abel. La quijada de burro inauguró la forma infame de deseo, en la que no importa que sean de misma sangre, quiso lo suyo y lo obtuvo a como diera lugar. Asi, entró al mundo la capacidad de arrebatar la vida para tener algo que era ajeno. Caín deseaba el amor que Dios le tenía a Abel.

Este conflicto es tan cotidiano, como los hermanos que se pelean por el dulce que el otro tiene en la boca. Los berrinches de la niña que quiere jugar con la muñeca, con esa específca que no puede tener porque la está usando su hermana. ¿Qué pasa cuando la madre se la quita para acallar los llantos de la anhelante? La chillona pierde interés y la arrebatada gana resentimiento. Es una historia que se repite una y otra vez, en lo pequeño y en lo grande. La mujer se desea por ser de otro, el marido, el auto, la casa, la blusa, desde lo trascendente hasta lo nimio, pasa por un impulso de querer para mí lo que es tuyo.

Tan cierto es que suena lógico, sin embargo, no es determinante. No en todos los casos. El que quiere lo mío y me lo arrebata es un canalla y no hay otra forma de llamarlo. Además no todo es así, muchos que se contienen, verán lo que no es suyo y volverán la mirada a sus terrenos para administrarlos y hacerlos crecer. Otros anhelará eso que no es de nadie. Por ejemplo, en un juego de tenis, los contendientes quieren ganar. El triunfo no es de ninguna de las partes y ambas se esfuerzan por conseguirlo.

Cuando lo mío no es tuyo hay una frontera que algunos quieren traspasar con la mirada, con un sentimiento ahogado, con un puñetazo, con una intriga, eso no debe ser la consecuencia determinada. El libre albedrío nos llevará a envidiar o a admirar lo que no entra en mis límites y se encuentra en los de otro. La decisión que tomemos frente a esa alternativa habla de quienes somos y de lo que estamos hechos, ¿no?

Mejor sin conocer su rostro

Ayer, por coincidencia, vi la repetición de una entrevista que le hicieron a Nelson Vargas en la semana y me quedé con la boca seca. Contó que, por azares del destino, se enteró que el secuestrador y asesino de su hija anda libre, caminando tan campante, a cielo abierto, como si fuera una blanca paloma y no un criminal abominable. Por increíble que resulte, una argucia legal basta para que un juez ponga en la calle a una persona que causó tanta pena y dolor. Lo malo es que puede volver a hacerlo. ¿Por qué no, si ya sabe que el camino es tan fácil?

Nelson Vargas es un hombre importante en México. Es medallista olímpico, empresario, ha sido funcionario público. Es decir, es un hombre que goza de prestigio, reputación y es influyente. El caso de secuestro de su hija fue un escándalo que se siguió a nivel nacional. Hizo ruido, fue recibido por altísimos funcionarios de la administración pasada, atraparon a la banda que asesinó a su hija, vivimos en el entendido de que estos criminales estaban siendo procesados y que la justicia estaba siendo servida. Muchos decíamos con empatía que, al menos, a él si le habían hecho justicia. En casos así, es de lo poco que queda. Pero, estabamos equivocados.

El criminal anda paseandose por la plaza pública con la garantía de que no se le podrá juzgar por un delito que sí cometió porque un abogado hábil y un juez obsequioso lo dejó  salir. Nelson Vargas no fue notificado de semejante situación, se enteró de oídas, alguien le hizo favor de avisarle. Así están las cosas. Las cárceles están llenas, no de delincuentes, sino de gente que no tiene para pagar abogados astutos que se sepan mover en el mundo laberíntico de la justicia mexicana. ¿Qué nos queda a los ciudadanos de a pie?

Recuerdo que hace años, a una de mis mejores amigas la asaltaron en la puerta de su casa. Le quitaron reloj, billetera, anillos, auto, la maltrataron y le dieron de empujones. Y, como decimos, por suerte, no la mataron. Levantó una denuncia para que la compañía de seguros le resarciera los daños materiales —los otros, siempre se quedan de recuerdo—. Al tiempo, tal vez seis meses después, le avisaron que habían atrapado a los ladrones y que tenía que testificar. También tenía que identificar a los rateros.

Como no quería ir, le mandaron una patrulla para que cumpliera con su deber. Al estar frente a su agresor, muerta de miedo por haberlo identificado, bajó el rostro y dijo que no lo conocía. ¿Por que hiciste eso?, le pregunté indignada. Porque sabe dónde vivo. El hombre quedó consignado por otros delitos pero esa tarde mi amiga recibió en casa un ramo de flores con una tarjeta que decía bien hecho, sin rencores. Mi amiga no es una mujer influyente, si es muy inteligente. No dudo que su criminal también ande caminando por la calle, feliz de la vida, repartiendo mal, sin temor alguno ¿qué tendría que temer? En cambio ella, viviría muerta de miedo.

Las únicas dos veces que me ha tocado estar en situaciones similares, es decir, ser víctima del crimen, he tenido la fortuna de no conocer el rostro de los infelices que me quitaron la paz. La primera, me robaron la cartera cuando estaba embarazada. Tuvieron la elegacia de hacerlo por la espalda. Yo sólo sentí que me arrebataban algo y salieron corriendo. En la segunda, se tomaron todas las precauciones para que yo no supiera de quién  se trataba. Por años, viví con la esperanza de que los capturaran para ver sus rostros y sentir que se había hecho justicia. 

Hoy, después de ver la frustración de Nelson Vargas, de recordar lo que le sucedió a mi amiga, caigo en la cuenta de que estás mejor sin conocer el rostro de quien te hizo daño. Conocerlo te deja en un estado de indefensión absoluto. Al saber de los hoyos que hay en el sistema de justicia, se entiende lo fácil que es ser víctima, lo sencillo que es dañar y caminar campante a cielo abierto. Haber visto las facciones de quien te hizo daño, nada más suma al terror que da pensar que algún día te lo puedas encontrar en el parque. 

Cervantes y Shakespeare

La dimensión inagotable del que observa y sabe plasmar en letras eso que le duele al mundo fue la enorme virtud que tuvieron William Shakespeare y Miguel de Cervantes Saavedra. Tendemos a compararlos, a meternos en una competencia para enjuiciar quién es el ganador. Es un error, a los grandes, en vez de contrastarlos hay que mirarlos, hay que valorarlos y para ello, es preciso leerlos.

A William Shakespeare nadie le igualó esa ambición por llevar al escenario todo lo que su ojo crítico captaba. Cervantes tuvo la cualidad de llevar a la narrativa a un grado superlativo en el que la cotidianidad nos provoca risa. Ambos supieron encontrar el camino para legarle a la Humanidad una forma crítica del hombre de sus días para retratar al Hombre.

La preocupación por la identidad se refleja en la obra de estos dos grandes. ¿Qué sentimientos tiene Julieta al conocer la identidad de quien la ha besado? Ella se pregunta por la base misma de su existencia, se pregunta por su identidad. De Romeo sabemos que está enamorado y correspondido. En cambio, lo primero que sabemos de Don Quijote de la Mancha es que está loco, sin embargo, en medio de su frenesí el exclama: Yo sé quién soy.[1]

                Hay un hilo conductor entre estos dos autores que jamás se conocieron: vivieron en la misma época y padecieron la tendencia belicista del siglo XVII. Ambos fueron más allá del oropel y se centraron en el análisis de lo humano. Los dos han logrado con éxito, quitarse esa oscura mancha que los críticos les quieren imponer y, tristemente, ambos tienen personajes más conocidos de oídas que los que en realidad los han leído.

Lo curioso es que esa posibilidad de observar con atención al Hombre nos da a personajes tan actuales como el Licenciado Vidriera, cuyo sueño es honrar a su familia con los estudios, o las tormentas de Otelo por creer las intrigas de Yago. En sus obras, Cervantes y Shakespeare aparecen y desaparecen en forma intermitente. Se nos presentan mirándonos de frente y nos hacen sentir que nos conocen íntimamente a pesar de los años que nos separan.

Podríamos pensar que tanto Cervantes como Shakespeare tuvieron el ingenio en la pluma, y sin duda acertaríamos. No obstante, me parece que el gran don con el que fueron bendecidos quedó en el ojo: en esa posibilidad de captar la relevancia. Ellos no se dejaron engañar por la circunstancia ni por la apariencia. Tuvieron la agudeza de desbaratar lo irrelevante, lo insubstancial, lo falso para dar con la clave de plasmar en el límite terrible de una hoja en blanco, lo inconmensurable que resulta el interior de una mujer y un hombre.

Ha sido tan potente su caudal literario que hoy siguen siendo creadores de cabecera de la Literatura Universal, inspiración de creadores modernos y referencia indesplazable para los eruditos de todo el mundo.

Mueren Cervantes y Shakespeare el mismo día, o al menos así lo hemos venido celebrando por años. Decidimos hacer coincidir la fecha de su muerte el 23 de abril de 1616, aunque los expertos nos hacen notar que en aquellos años había un desfase entre los calendarios inglés y español. El Papa Gregorio XII adelantó diez días el calendario, por lo que para los ingleses murió el 23 de abril y para los países católicos el 3 de mayo.

No importa, hoy hemos decidido celebrar a dos grandes de la Literatura. Hoy nos pusimos de acuerdo para decir que hace cuatrocientos años murieron Cervantes y Shakespeare y, por lo tanto, hay motivo para recordarlos y homenajearlos. Eso es lo realmente importante. Rendir tributo a dos autores que tocaron temas y situaciones que describen el comportamiento humano en forma tan precisa que hoy nos logramos ver reflejados.

Sin duda, la mejor forma de homenajearlos es leerlos. Saber que todas las efigies que hemos visto de Cervantes y Shakespeare, tantas estatuas, cuadros, artesanías, recuerditos, tienen un origen sustentado. Don Quijote existe al igual que Hamlet, más allá de lo paratextual, existen porque fueron escritos de una forma tal que lograron brincar de las letras a otras fronteras. Siempre resulta interesante llegar al origen y leer los renglones que Cervantes y Shakespeare nos dejaron, estamos tan cerca de ellos como un clic en la computadora o abrir las pastas de sus libros.

Esa es la magia de las letras.

Por ello, en vez de ponerlos a competir, es mejor ponernos a leer sus maravillas. Sí, sus maravillas.

[1] El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Capitulo V, parte I

La coma de Pitágoras

Pitágoras aseguraba que los planetas bailan en el Universo emitiendo melodías imperceptibles al oído humano. A partir de esta creencia, desarrolló un método de afinación de instrumentos que se utilizó desde su época hasta en la edad media. Su método funciona de la siguiente manera: valiéndose de un monocordio, dividió una cuerda en dos, tres, cuatro segmentos y comparó el sonido producido por  cada una de las partes con el que se producía en la totalidad.

En el sistema de afinación pitagórico,  la escala se construye utilizando exclusivamente quintas perfectas y obliga a cualquier intervalo a expresarse como una combinación de un número mayor o menor, lo que da lugar a la siete notas. Partiendo de una nota base se obtienen las demás de una escala diatónica mayor, encadenando hasta seis quintas consecutivas. El círculo de quintas no se cierra del todo, queda un pequeño espacio, una brecha, porque las doce quintas del círculo no equivalen al unísono ni a la octava. Dicho de otro modo, tal como Pitagoras lo concibió: el encadenamiento sucesivo de factores de frecuencia iguales a 3:2 (la quinta) nunca produce un valor que se pueda reducir a la relación 2:1 (la octava); ningún número es al mismo tiempo potencia de 3 y de 2, salvo la unidad, que representa el unísono. Pero existeuna  solución: La Coma de Pitágoras. La quinta que se usa artificialmente para completar el círculo es una coma pitagórica menor que la quinta justa, y se conoce como quinta del lobo.

Al reducir las doce quintas en siete octavas, el intervalo que se obtiene es una pequeña fracción del tono llamada coma. La coma Pitagórica no se trata de un error ya que si se intenta afinar las doce notas de la escala cromática, mediante el encadenamiento de quintas perfectas, la quinta es incompatible con la octava. Una forma de resolver esta diferencia es dejar la última quinta con el valor residual que le corresponda después de encadenar las otras once. La coma de Pitágoras se le llamó La Quinta del Lobo.  ¿Qué significa la coma Pitagórica? Que no existe una afinación perfecta.

Este problema lo conocían bien los pitagóricos de la antigua Grecia, quienes reconocieron que para hacer música era necesario hacer correcciones a los intervalos puros; de ahí el concepto de la coma pitagórica. Lo maravilloso de este concepto es que nos demuestra que la para lograr la perfección hay que corregir las ideas preconcebidas. O,  desde otro punto de vista, la perfección pura no existe. 

Es decir, no existe pero puede ser lograda con ciertas correcciones. El concepto que sirve para la música, puede ser adaptado a la vida. Cada determinado intervalo, tenemos que volver a afinar, es preciso enmendar ciertos renglones. Analizar, reflexionar y a partir de ello retocar para perfeccionar. 

La Coma Pitagórica es un concepto que nos hace pensar que podemos tocar la perfección pero no en forma permanente, si queremos conservar el estado de pureza necesitamos hacer ciertos ajustes para no desafinar. Al aplicarlo a la vida, un niño debera hacer adaptaciones para la adolescencia, de la misma forma que las hará al entrar a la edad adulta y a la vejez. Una niña no entona si anda con tacones y uñas pintadas, lo mismo que una anciana desafina si usa minifalda y escotes pronunciados. Hay que adaptarse y para ello hay que llevar a cabo modificaciones.

Lo mismo sucede con proyectos de emprendimiento, con planes de todo tipo, con presupuestos, con ideas, vamos, casi con todo. Hay quienes prefieren observar la brecha que no deja cerrar el círculo, hay otros que se anecian, se quedna aprados en una idea fija y no logran afinarse. Hay otros que están dispuestos a ceder ese espacio para enmendarlo y seguir en la armonía que plantean los astros.

La coma de Pitágoras nos enseña a conservar la armonía en el concierto del Universo y a ser parte de la música de los planetas. Nos enseña a que es posible bailar con los planetas, aunque de vez en cuando debamos de cambiar de posición.

  

La ley anticorrupción

Todos arrugamos la nariz y echamos las manos para atrás cuando se habla de corrupción. Muchos justificamos nuestros delices y damos cincuentamil explicaciones, aunque sabemos que lo que está mal, simple y sencillamente está mal. No hay atenuantes ni forma de transformación. Sin embargo, no es lo mismo darle un billete a un oficial de tránsito que recibir millones de dólares para ser el beneficiaro de una concesión gubernamental. Claro, el mal entra por ranuras pequeñitas y avanza hasta convertirse en un mal que se roba el tres por ciento del Producto Interno Bruto Nacional.

La corrupción frena el desarrollo y afecta a las familias, al ciudadano de a pie, genera resentimientos y, sobre todo hace más grande la brecha entre los que todo tiene y los que carecen de todo. Además lo hace en forma ilegítima.

Corruptos hay en todos lados, la tentación ante el arca abierta es muy grande y se necesita una nobleza de semejante proporción para no caer en ella. Los dichos  populares son reflejos de la verdad que se vive: Pena es robar y que te atrapen. ¿Cuántos de los que arrugaron la frente, elevaron el dedo y señalaron envueltos de  indignación por actos de corrupción hoy son  motivo de escándalo? Basta echarle un ojito a los Papeles de Panamá para darse cuenta que en ese selecto grupo caben los de sangre azul, los de la farándula, los políticos, los santurrones, los que se dicen de manos limpias, las hermanas de reyes, los narcotraficantes y la lista sigue y sigue. 

No cabe duda, la corrupción es democratizadora. Todos la reprobamos y muchos disimulan hasta que los agarran con las manos en la masa. En Mexico, a diez días de que culmine el período  ordinario de sesiones, se discute la ley anticorrupción, que es una forma de empezar a limpiar la casa. Lo malo es que les dimos el trapeador y la escoba a los que menos les conviene que se limpie ese cochinero. La evidencia radica en que, a pesar de que es su obligación aprobar esta ley, ya la agarraron de moneda de negociación. 

Unos argullen unos motivos y otros se justifican con otros. Dicen que se pelean y en realidad están de acuerdo. La discusion de las reformas de corrupción son una forma de aliviar al enfermo, pero, ¿para qué curarlo si yo necesito el dinero?, dirán los herederos. Así las cosas, esperamos grandeza de miras en nuestros legisladores. Como en este México mágico todo puede   suceder, en una de esas nos dan la sorpresa y el Poder Legilsativo nos entrega una ley planchadita y lista para ponerse a trabajar. 

  
 

Tortura

Muchos elevan la voz para acusar al ejército, a la policía federal, a los agentes de a pie, a las autoridades que son capaces de lastimar en vez de proteger. Muchos se detienen en el uniforme, en la placa, en la licencia que tienen para portar armas, para matar y ven a alguien que tiene permiso para ejercer la fuerza en ánimo de hacer valer el bien común. Muchos ven el abuso de los que debiendo hacer el bien, hacen mal. 

A mí, las imágenes de tortura me llevan a preguntar ¿qué lleva a un ser humano a deshumanizarse así? Ayer por la noche vimos el video de una mujer que era sometida, con técnicas muy cuestionanles, a un interrogatorio. Le ponían una bolsa en la cabeza y le impedían respirar por un rato con el único afán de arrancarle la verdad. La mujer lloraba pero no pronunciaba las palabras anheladas por sus interrogantes. 

No sé cuántas veces repitieron esa acción ni si consiguieron la respuesta que querían. No sé si la mujer era una santa paloma o era una delincuente despiadada. Era lo de menos. No importa.  Lo que sí vi, fueron imágenes en que un grupo de seres se inhumanizaron para conseguir un objetivo. Las prácticas salvajes abarcaron un gradiete amplio. No fue nada más la presunta delincuente la que, al ser tradada como un pedazo de basura, quedó expuesta. Ahí estaba otra mujer que con crueldad apretaba una bolsa de plástico al cuello de una semejante. Ahí estaban dos personas más que veían lo que estaba sucediendo. Y, ahí estaba una persona que sin aparecer en las imagenes, flimó todo lo que sucedía. 

Nadie, ninguno de los actores, paró la crueldad.

Entiendo que el uniforme agrava el asunto. Pero, mi reflexión es más silvestre. ¿Qué lleva a un ser humano a perder la humanidad? ¿Qué razón existe para exacerbar la crueldad? La insensibilidad fue brutal. Tal vez, en la mente de estos sujetos cupo   la creencia de que estaban haciendo lo correcto. Es posible que se justificaran pensando que se la torturada era delincuente, que si ella había hecho o cosas peores, ahora le tocaba su turno y ni modo: él que la hace la paga. 

No. No hay forma de justificar la tortura.

Tampoco sirve de mucho escandalizarse. Sucede todos los días. Pasa en México y en todos lados. Hemos visto imágenes de soldados norteamericanos abusadores, de aparatos, sabemos tantas cosas que una persona ha hecho a otra en nombre de Dios, de la verdad, de la justicia que quitan el aliento. Tristemente, la tortura no es una novedad, es una práctica que se ha reportado múltiples veces a lo largo de la Historia. No la hemos podido erradicar. ¿Cuántas quijadas de burro se encajan a diaro por tantos Caínes en contra de nuevas formas de Abeles? 

Torturar no es una forma de procurar justicia. La verdad no se sirve de golpes, asfixias, angustias, humillaciones. La línea entre lo correcto y lo incorrecto no puede ser tan delgada. No deberia serlo. Es cierto, antes de ver el video, nos advirtieron que la torturada era delincuente. No importa. En realidad, al ver las imágenes, ya no es importante quién era el bueno y quién el malo. Ahí los roles se tergiversaron.

En aras de lo correcto, tocamos la puerta del infierno. Al buscar lo justo, nos embarramos de suciedad. Cerramos los oídos al clamor de misericordia y de un momento a otro cruzamos la frontera de lo terrible. Basados en un triángulo de justificación, hacemos lo abominable. Nos enredamos en la bandera de la verdad y la manchamos. Parece que todo se vale y que el fin justifica nos medios.

No es así. Nunca ha sido así.

Más allá de uniformes, de permisos, de posturas, quisiera saber: ¿qué lleva a un ser humano a creer que torturar es correcto? 

  

Popularidad presidencial 

Ni hablar, los políticos caen mal. No todos, pero en general, la gente que se dedica a la política no goza de simpatía. Es curioso, pero ni todos los carteles ni tantísimas fotografías ni las sonrisas ni los peinados perfectos les ganan un poco de cordialidad ya no digamos de afecto de sus votantes. Sabemos, en el fondo de nuestro ser, que tanta afabilidad es hija del botox, consecuencia del photoshop, causa de la mercadotecnia y sospechamos del acartonamiento. 

Para muchos, el juicio que se les hace es injusto, duro y desleal. Sienten que el respetable los tasa igual y no sienten que sus esfuerzos sean apreciados. Tienen razón, la vocación del político es dura en términos de agradecimiento y reconocimiento. Claro que tiene sus compensaciones, muchos políticos en pocos años de gestión logran resolver la angustia económica presente y futura de sus familias y acuñan unas fortunas maravillosas que hacen que poco importe su popularidad. Además vienen apradrinados por un escudo de impunidad que los defenderá siempre y en todo lugar. En este sentido, ¿qué importa la popularidad?

Sin embargo, hay algo en el espíritu egolatra de los políticos que los entristece si no son amados.  En el fondo, les gustaría ser queridos. Sueñan con salir al balcón y escuchar vítores sinceros y alabanzas reales. Les gustaría que todas las loas de sus lacayos fueran ciertas. Algunos, los más ingenuos, llegar a creerse todos los halagos. Los imagino frente al espejo preguntando quién es el más bueno, lindo y popular. 

Pero las encuestas no traen la respuesta anhelada. Los actos de corrupción, impunidad, impericia, torpeza, inexperiencia y todo aquello que afecta a la población pasa factura. No hay gobernantes malos que sean queridos. Si a los buenos les cuesta trabajo ganar la apreciación de su pueblo, no hay que ser muy brillantes para adivinar lo que pasa con los que no son tan buenos.

No basta un peinado perfecto, una camisa bien planchada, zapatos bien boleados, joyas extraordinarias, un traje impecable, una imagen robustamente planeada. No es suficiente una esposa de revista, con cuerpo de diosa y pelo de revista. No alcanza con unos hijos preciosos que casi son la copia de Apolo, Venus, Aquiles o Helena. Si al pueblo le tuerces la boca, si le haces notar que no te gusta su olor, su presencia choca, si te sientes superior, ¿cómo vas a resultarles simpático?

Si a eso le sumas medidas que no le hacen agradable la vida a los gobernados, si la gente siente que su situación particular no avanza, si perciben que cada vez hay menos ricos y mas pobres en condición de miseria, evidentemente, la popularidad presidencial andará lor los suelos. No es mágia, no hay asombro, así funciona. 

La popularidad del Presidente Enrique Peña Nieto está por los suelos, tan baja como hace veinte años. Ni Fox ni Calderón llegaron a esos niveles. No son opiniones ni pareceres. Son datos duros. Es el peor nivel del sexenio peñista y va a la baja.  Los niveles de popularidad están igual del entonces Presidente Zedillo, es decir, tal como sucedía en tiempos priistas. En fin, no hay novedad.  

  

Marihuanos

Recuerdo hasta el tono de voz que utilizaba mi abuela para descalificar cualquier cosa: arrugaba la nariz, fruncía la boca y con gran autoridad decía: eso es una marihuanada. En esa línea de pensamiento, los marihuanos eran personas que emitían sandeces que en automático debían ser desestimadas. Para ella, un marihuano era como un borracho pero peor, era una persona que no era de fiar.

En aquellos tiempos la marihuana era una hierba que servía para ponerse en alcohol y untarse en las articulaciones dolientes de los reumáticos. Es decir, ya hace rato que se sabía del uso lúdico y medicinal de la hierba. Para mi abuela era inadmisible ver a alguien en un estado alterado de consciencia pero era perfectamente normal aminorar un dolor con la yerbita.

Actualmente, nos guste o no, la marihuana es un negocio sumamente rentable. También es prohibido. La prohibición ha generado muchas consecuencias desagradables pero no ha inhibido su consumo. Mercado negro, narcotráfico, compra-venta ilegal de armas, guerra, muerte y delitos colaterales. Los daños tangenciales no son menores: desapariciones forzadas, corrupción, secuestro, lavado de dinero y una colección de malos haberes que florecen al impedir un comercio que de todas formas se da, pero en forma peligrosa. ¿Qué queremos evitar? Me parece que tanto dolor para dejar de oír a tipos diciendo sandeces es demasiado. A lo mejor la tontería está en otro lado.

Es verdad, la marihuana es una droga y como tal los efectos secundarios de su consumo pueden ser graves. También los del alcohol. El alcoholismo tiene consecuencias destructivas y hace años descubrimos que prohibir su venta no iba a mejorar nada, más bien era al revés. México ha padecido los efectos prohibicionistas y el precio que nos ha tocado pagar es muy caro. Sangre y delincuencia. 

También está el aspecto medicinal y benefico. Y, sobretodo, está el libre albedrío.

No se trata de estar a favor o en contra del uso de la marihuana, ni de justificarlo. En realidad, eso es lo de menos. La opinión personal o la de los expertos no modifica los hechos. Las cifras indican que la guerra contra el narcotrafico ha generado muertos y la marihuana corre alegre a ser vendida en Estados Unidos. En México también se eleva el consumo. Los datos duros nos dicen que la política prohibicionista no está rindiendo frutos, impedir, vetar, vedar, ha servido poco y ha tenido consecuencias fatales.

El negocio de la marihuana es bueno. En California, Uruguay y en otros lados ya se dieron cuenta. Dan solución a un problema económico con variables conducentes. Hacen una sustitución de importaciones, permiten la producción y el consumo. Dan reglas de comportamiento y dejan la tarea imposible de prohibir, ¿para qué, si nadie hace caso? Más bien, legalizan la actividad, crean fuentes de empleo, propician la rentabilidad y transforman delincuentes en empresarios.

En México, seguimos padeciendo. Muertes, guerra, pleitos, cárceles atestadas, fumaderos clandestinos, narcomenudeo, corrupción, violencia, lucha. Nosotros seguimos poniendo la sangre. Otros las armas. Todos los que quieren, fuman mota.

El tema no es fácil, es relevante. Tanto es así que la ONU está convocando a sus integrantes a hablar del tema. México tiene una voz importante, primero por ser productor de marihuana de excelente calidad, segundo por ser uno de los principales productores y tercero por los efectos devastadores. Ademas, es el país convocante. El Presidente Peña inició el debate. Las opiniones son divergentes, por decir lo menos. Ha sido muy interesante. Todavía no llegamos a un consenso. No hay postura oficial. Y, en esa condición, el Ejecutivo decide no aparecerse en la inauguración y mejor mandará a un representante.

Es irritante que México no tome la tribuna y eleve la voz. Es absurda la posición del Presidente ¿ya se arrepintió o alguien le jaló las orejas?

  

Anteriores Entradas antiguas

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: