Veinte minutos y una inyección letal

La pena de muerte es un camino atroz y equivocado. Desde la horca hasta la silla eléctrica, los métodos son brutales, crueles y dolorosos .La intención de Joseph Ignace Guillotin fue encontrar una forma de ejecución rápida e indolora. Sus motivos fueron humanitarios, lo movió el deseo de evitarle al reo la angustia de morir torturado y con una agonía larga. Sin embargo, la brutalidad de descabezar un cuerpo humano es terrible.
Pensar en esas formas de ejecutar a alguien nos debería remontar al pasado, a las épocas de la Revolución Francesa, o a pueblos bárbaros a los que no les importa inflingir angustia, dolor y martirio, o en las formas in misericordia del pueblo romano; pero no. La agonía de un reo en los Estados Unidos duró casi media hora y no sucedió en el siglo XVIII, fue hace unas horas.
Funcionarios de prisiones del estado de Oklahoma detuvieron a la mitad del procedimiento la primera de dos ejecuciones programadas para este martes. ¿Por qué trataron de parar la ejecución? Para que no se le administrara al condenado una nueva combinación de fármacos que no había sido probada y no funcionó como se esperaba. ¡Dios bendito!
Los Informes de la cadena BBC indican que el prisionero Clayton Lockett recibió la inyección letal, con una nueva fórmula y no murió de inmediato. Continuó retorciéndose en la camilla y apretando los dientes por lo menos durante 20 minutos, después que se le suministrara la primera droga, ante lo cual los funcionarios suspendieron el procedimiento.
¡Veinte minutos de una agonía inhumana! Dolores, retortijones, rechinidos, bruxitis, angustia. Ojos abiertos, desorbitados, boca abierta, estertores y un final que no debió ser.
No sé, y francamente no me importa, lo que hizo Clayton Lockett para hacerse acreedor de esta pena de muerte. Imagino que fueron hechos brutales los que le hicieron merecer una condena semejante. Lo que sí es claro es que no debió morir así. La justicia no debe ser una seña de animalidad.
Clayton Lockett murió exhausto de un ataque al corazón, según lo confirmó el director de la prisión, Robert Patton. La ejecución de un segundo preso, inicialmente programada para el martes, fue pospuesta. En la declaración de Patton se aseguró que la vena en la que se le administró el medicamento a Lockett se colapsó. Y luego sobrevino la terrible consecuencia.
No. No está bien. Es inhumano, es salvaje. Eso no es justicia. No puede serlo. Así lo entienden los fabricantes europeos que se niegan a vender productos para este efecto. Este punto de cordura por parte de los proveedores resultó peor.
Imaginar lo que este hombre vivió en los últimos minutos de su vida es atroz. La desmesura provocada por semejante crueldad es un despropósito. Veinte minutos que le supieron a eternidad. Una caída al precipicio, sufriendo segundo a segundo, los efectos no deseados ni previstos en una inyección letal. El sustituto no es opción. Varios estados de la Unión Americana han luchado por encontrar nuevas fuentes de medicamentos para las inyecciones letales. ¿Y si en lugar de eso se olvidaran de la pena de muerte?
¿Será que los que no previeron estos efectos merezcan también la pena capital? Apuesto a que a ellos la opción no les parece tan óptima.
Veinte minutos que sin reflejos de atrocidad.

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La celebridad del Chapo Guzmán

Como si se tratara de una novela policiaca, con una prosa que fluye, arranca un reportaje en el que la importante revista The New Yorker narra la captura del Chapo Guzmán.
Así es, nuevamente Guzmán Loera llega a las páginas de otra revista influyente. Es importante que este personaje llame la atención de estas publicaciones, mientras que otros mexicanos de bien, han pasado su vida acumulando méritos y haciendo las cosas correctamente, no logran alcanzar las flores de estas publicaciones.
Como buen narrador, Patricia Radden Keefe, autor del reportaje, va sembrando pistas sin revelar quién es el personaje central de su historia. Nos cuenta de la aprehensión de un lugarteniente del Chapo en el aeropuerto de Schipol. También nos informa que a este sujeto le gusta viajar, le fascina la buena ropa, y nos hace notar la joya que lleva en el dedo de la mano. Un anillo grueso de plata con la figura de una sonriente calavera. Nos enteramos del arresto de José Rodrigo Arechiga, por una alerta de la Interpol y de que este nombre había usado un pasaporte falso para desplazarse por el mundo.
El artículo está tan bien escrito que hasta es disfrutable, casi tan gozoso como podría ser una novela de Raymond Chandler, lo malo es que estos no son hechos ficticios, no son producto de la imaginación ni hijos de la fantasía. Ojalá, pero no. Son la puritita verdad.
Entonces es cuando me cae el veinte y se me pone la piel de gallina. No es ficción. El Chino Ántrax existe, las fotografías del sujeto posando con un AK42de oro son de verdad y las mascotas exóticas están vivitas y coleando. Lo que se escucha en los narcocorridos no son ocurrencias del autor, ni invenciones inspiradas por las musas. Es cierto.
Se habla de la reputación del Chapo, se le compara con la figura mítica de El Zorro, se le denomina the uncatchable. Pero, como decimos en México, a toda canillita le llega su fiestecita. Por fin cayó el malvado.
Me preocupa el tono. Así cómo sucedió con Al Capone, que fue transformado en un emblema que sirve para dar tours y para hacer souvenirs, así puede suceder con El Chapo. Ya hasta se le ven las ventajas comerciales al apodo, y se exageran los rasgos para que luzca guapo.
Joaquín Guzmán Loera no es un símbolo de otra cosa que no sea la muerte y corrupción, igual que lo fue Capone. Y, que me disculpen sus mercedes, la capacidad corruptora de este señor no se quedó únicamente de este lado de la frontera, también le manchó, y mucho, las manos a varias legiones de personas allende las fronteras.
En fin, no sólo Forbes se ocupó del Chapo, también The New Yorker, así va Joaquín Guzmán por los rumbos de la celebridad.

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San Juan Pablo II

Hace tiempo, cuando el papa Benedicto XVI tenía poco más de tres meses siendo el Vicario de Cristo, platiqué con la hermana encargada de la tienda de recuerdos del Vaticano, esa que está en el mismo edificio de la Basílica de San Pedro.
Me llamó la atención que la mayoría de los recuerdos que ahí se vendían eran fotografías de Juan Pablo II con el nuevo papa. Como si. se tratara de evidenciar que había una entrega de estafeta. El Vaticano se siente muy solo sin el papa, me dijo la monjita. Me lo dijo con profunda tristeza, como si no hubiera un papa actuante.
Juan Pablo II fue un hombre muy querido por la grey católica. Se sorprendió al ser elegido Sumo Pontífice y con él, el mundo también se asombró. De inmediato marcó su reinado con hechos inusitados. Mandó construir una alberca en el patio de atrás de su nueva casa. Sí, los curas hacen ejercicio, sonríen, son poetas y les gusta estar cerca. Como uno de sus primeros actos de gobierno decidió viajar a un país que no tenía relaciones diplomáticas con el Vaticano y se maravilló con las manifestaciones de cariño de un pueblo fervoroso a más no poder.Los viajes serían la marca de identidad de su gestión. México una marca en su corazón.
Evidentemente, no todo fue miel sobre hojuelas. Sufrió un atentado que lo ató permanentemente al dolor. A partir de que Ali Agka le disparara mientras Juan Pablo II recorría la Plaza de San Pedro, el papa vivió adolorido. El dolor, aunque los católicos creemos que es un medio de purificación, no es una compañía estimulante. Tomar decisiones cuando te duele todo es sumamente complicado.
Así Juan Pablo II siguió viajando. Hizo historia al coadyuvar en la caída del muro de Berlín y al entrar a la cárcel a rezar con el terrorista que le cambió la vida. Sin embargo, el dolor fue su eterno acompañante.
Muchos lo critican, y tal vez tengan razón. Es posible que este papa haya conocido de las atrocidades de Marcial Maciel. Su pontificado está manchado por las lágrimas de las víctimas de este ser oscuro. Pero él no fue el ser oscuro. No fue Juan Pablo II quién cometió los delitos. Sí, ya se que tanto peca el que mata a la vaca como el que le jala la pata. Sin embargo, creo que el papa ya estaba tan viejito que no tuvo fuerzas para jalarle la pata a nadie. Al final de sus días era un hombre muy enfermo y con mucho dolor.
Este hecho, que muchos pasan por alto, es lo que finalmente hizo que la balanza quedara a favor de su beatificación y posterior canonización. La oscuridad de Maciel era suya, no de otros. La perversidad de tantos, la avaricia y la codicia que se enraizó en el centro de la Iglesia Católica debe de manchar únicamente a los horribles sujetos de las monstruosidades. Sería injusto embarrar a los que con buena voluntad sí han buscado el Reino de Dios. No únicamente Juan Pablo II, muchos sacerdotes que con su quehacer cotidiano llevan amor y consuelo. No es justo pedir la sangre de justos por los hechos de los malditos. No es bueno pedir que paguen justos por pecadores.
Hoy, en los altares hay dos nuevos santos. Los méritos de ambos les merecen el honor de estar ahí. Los católicos, en la mayoría estamos contentos y esperanzados.
Sí, esperamos que Francisco haga la limpieza que la casa requiere y las reconstrucciones que urgen. No hay mucho tiempo.

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Papas parecidos

Juan XXIII y Francisco son papas parecidos. La gente se empeña en señalar las semejanzas físicas que no son las más importantes. Las similitudes empiezan por la avanzada edad en el momento en que fueron elegidos como cabezas de la Iglesia Católica, ambos tenían setenta y siete años. Sin embargo, gracias a su vitalidad, a sus rostros sonrientes, a la creatividad en su gestión y a su gran capacidad para responder a los retos con gestos humanos, a ninguno de ambos se les notó la avanzada edad.
Ambos papas gustan de mantener un canal de comunicación cercano con los fieles, rompen el protocolo frecuentemente y se alejan de la rigidez de sus antecesores. Juan XXIII fue mucho más cálido que Pío XII y la sencillez de Francisco contrasta con el amor por el protocolo de Benedicto XVI. Hasta ahí, las comparaciones atestiguan estilos muy similares de conducirse como líderes y como pastores.
Ambos tienen una visión amorosa de Dios. Para ellos es de mayor importancia el lado misericordioso del Altísimo que el aspecto de un poderoso justiciero. Sitúan al Amor por encima de la justicia. Tienen la vista puesta en el cielo no en el infierno.
En diciembre de 1958, como uno de los primeros actos de su pontificado el papa visitó la cárcel de Regina Coeli. Ahí, para escándalo de muchos, el Sumo Pontífice, se comportó más que como un príncipe de la Iglesia, como el verdadero Vicario de Cristo: abrazó a un asesino cuando éste le preguntó sí había perdón para él.
Francisco tampoco ha dejado de sorprender. Desde que dejó Buenos Aires y fue elegido papa, vive fuera de los departamentos vaticanos, lejos del lujo y la rigidez protocolaria. No ha tenido empacho en levantar la mano contra obispos corruptos, en cesar a los que no llevan una vida evangélica, y no tiene miedo de la curia poderosa. Quiere poner la casa en orden. No le da la vuelta a temas tan espinosos como la exclusión de la comunión eucarística a los católicos divorciados y vueltos a casar o su opinión sobre los homosexuales.
El mayor parecido, sin embargo, es la circunstancia que les tocó vivir. Es esa vocación reformadora del cristianismo. Juan XXIII era consciente del gran consuelo que la Humanidad buscaba en la Iglesia. Los católicos no merecían una institución fuera de tiempo. Francisco parece compartir la visión que su antecesor tuvo hace más de cincuenta años.
Ambos papas sabían de la importancia de los tiempos. Se ha perdido tiempo. La Iglesia ha involucionado y ha desamparado a muchos de sus más pequeños, ha dejado de ver a los más pobres. No toda la Iglesia, eso es obvio. Sería una terrible falta a la justicia no reconocer el trabajo de los que sí se han comprometido con los más necesitados. Pero muchos de sus jerarcas se han dejado tentar y han caído al lado oscuro.
Francisco puede y da evidencias de que quiere retomar el rumbo señalado por el Papa Bueno. Sea en esta canonización que nuestro actual papa encuentre los bríos con los que Juan XXIII abordó con tanto acierto los retos de la historia. Quiera Dios que sean papas parecidos.

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El viaje en tren de Juan XXIII

Un hecho inusitado ocurriría la mañana del 4 de octubre de 1962. El Papa Juan XXIII salía con una novedad, viajaría en tren al pueblo de Asís para ponerse bajo la protección del Poverello antes de iniciar la reforma más radical de la Iglesia Católica, el Concilio Varicano II. Visitaría también el Santuario de la Virgen de Loreto para pedir protección.
El tren salió de la estación vaticana a las 6,30. Era el 4 de octubre de 1962.
Loreto y Asís habían estado en los confines tradicionales del Estado Pontificio. Úmbria y Marcas formaron parte de las tierras en las que el Papa fue soberano. El viaje era inusitado, el Papa no había puesto el pie allí desde el 1857: aquel año, Pío IX realizó su último viaje a tierras pontificias. Pero a Juan XXIII le gustaba hacer las cosas en forma diferente. No llegaría a esas tierras como soberano ni como un pontífice guerrero. Era un peregrino.
El Quirinal le prestó a Juan XXIII el tren. Hacía casi un siglo que no se movía un vagón en la vieja estación del Vaticano, por causa de la toma de Roma. Y era también el primer Papa moderno que recorría Italia.
Entre escándalo, curiosidad y emoción inició el viaje del Papa Bueno. La primera parada fue en la estación Tiburtina. El presidente del Consejo de ministros, Amintore Fanfani, subió al vagón papal. El presidente de la República, Antonio Segni, se unirá al Papa en Loreto. En Asís lo esperaría Aldo Moro. Juan XXIII estaría muy acompañado.
A lo largo del trayecto, fue el pueblo quien rodeó al Papa de entusiasmo y de cariño. Aquel fue, tal vez, para el papa Roncalli, uno de los momentos más hermosos y festivos de su pontificado. Durante el viaje estuvo casi siempre en la ventanilla, con el rostro sonriente, los brazos apoyados en el borde del cristal, bendiciendo con las manos. Ante él desfilaban, kilómetros y kilómetros, en una fila ininterrumpida de rostros humanos, fieles llenos de emoción y agradecimiento. La gente invadió las estaciones. El recinto de los ferrocarriles estaba lleno hasta en las vías.
Aquel día, el Papa Bueno aparecía como una imagen inédita y desacostumbrada. Era, sin lugar a dudas, el precedente de una cada vez más natural y amplia libertad del Pontífice ante el mundo. Aquella feliz carrera a dos lugares santos y célebres en todo el mundo era la justificación de todos los viajes pastores de los sucesores, convertidos en itinerantes, Pablo VI y Juan Pablo II.
No fueron ocurrencias los destinos elegidos por el Papa. Iba a Asís para pedir la inspiración necesaria para transformar la Iglesia, iba a Loreto a pedir que la casa de Dios quedara en las condiciones en las que María vivía con Jesús Niño.
Después de ese viaje en tren, el Papa de la eterna sonrisa, el que entendió el secreto de los tiempos, acercaría la institución vaticana a los fieles. La comprensión del momento histórico de un hombre de Dios nos dejó a los católicos la capacidad de acercarnos al rito como un cuerpo participativo dejando atrás el tiempo de la mera observación. No ha habido un cambio más radical y positivo que El Concilio Vaticano II. No hemos tenido un Papa más moderno que Juan XXIII. Yo espero que Francisco te tome de ejemplo.
Llegarás a los altares, Papa Bueno, en las iglesias. Es un honor merecido. Sin embargo, fuiste santo siempre. Tu santidad fue de esas que propician vientos transformadores de largo aliento. Tan largo como aquella fila kilométrica que te acompañó en ese inusitado viaje en tren.

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La soledad de un Senador

Que solo se debe sentir un Senador cuando nadie le dice que va por mal camino. El aislamiento es una condición asegurada del que cree que todo lo que piensa es una genialidad y que todos los proyectos que se le ocurren tienen el único fin de salvar a la Nación.
En esa soledad en la que nadie se atreve a insinuar las fallas de percepción, de origen, de postura, la gente se envalentona, se llena de soberbia y se aleja de quienes les pueden advertir que van por la senda que conduce al fracaso.
El resultado es que al llegar con gente de la misma jerarquía, las cosas no funcionan. El soberbio se estrella contra la pared construida a base de altivez, altanería y arrogancia. Mientras más se abuse, más fuerte es la caída, mayor es la decepción.
Así, vemos a un senador Lozano solo, cabizbajo, preguntándose por qué no le funcionaron las cosas. La falta de tacto se gana el aislamiento y la distancia se forja a base de pedantería y fatuidad. Creo, y parece que así es, que Javier Lozano conoce del tema de telecomunicaciones. Sin embargo, cometió un viejo pecado, se dejó endulzar el oído con sus propias palabras.
Su proyecto se ha chamuscado. No buscó el apoyo de su bancada.
¿En qué estaría pensando? ¿Creería que lograría convencer a sus correligionarios a base de órdenes?
La evidencia de que su postura no representaba la de su bancada debió de ser un foco de alerta. Pero no.
No es que sus compañeros de partido lo hayan dejado sin compañía. Lozano se quedó solo por elección. Estas soledades se forjan a base de imposiciones en vez de negociaciones. Las prisas del senador no le trajeron nada bueno. Las ocurrencias lo dejaron en soledad.

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Entre burlas, libertades y respeto.

La lógica peyorativa de los que se burlan de que otros ejerzan los derechos que les consagra la ley es lo que acaba con las libertades, el respeto y la convivencia pacífica. Muchos viven en esa doble moral en la que se rasgan las vestiduras si alguien los voltea a ver feo pero no tienen empacho en despreciar a quienes piensan distinto. Estos sujetos de mediocre estampa opinan que el diferente vive en el error. Se suben al pedestal de poseedores únicos de la verdad y desde esa majestad son capaces de ofender y transgredir los límites del respeto.
Muchos de estos neocesares son sujetillos petulantes que se crecen ante los aplausos de quienes los apoyan y envalentonados se atreven a dibujar o escribir estribillos ofensivos contra la gente de fe. Sin embargo, si alguien les reclama su falta de respeto, entonces lloran, sacan espumas por la boca, elevan el dedo índice espetando condenas con ojos desorbitados y temblores desordenados.
En esta Semana Santa vi en las redes sociales viñetas burlonas de los pasajes de guardar para los cristianos. Gente que esperaba ver las reacciones de frases sacrílegas que publicaban, como niños traviesos que lucen sus malechuras, para luego brincar si alguien les reclamaba su falta de sensibilidad. Con independencia del terrible arribismo que muestran, el hambre de la fama que dura cinco segundos y la falta de gusto y educación, me parece terrible que la falta de tolerancia les parezca chistosa a muchos.
No lo es.
No importan del tema del que se hable, la falta de consideración no es jamás motivo de risa, mucho menos de aplauso.
No se trata de decretar fatwas, es decir, de emitir condenas de muerte a los blasfemos. No. Se trata de pedir respeto.
Pero molestar a la gente en lo que para ellos es divino puede traer reacciones inesperadas y poco favorables.
Salman Rushsie, estupendo novelista inglés, autor de Los versos satánicos, fue condenado por el Imán Jomeini con pena de muerte por escribir una novela ofensiva para los musulmanes. Independientemente del exceso que representó esa condena, el propio Rushdie, con los años ha confesado que se arrepintió de haber escrito algo con tono peyorativo y burlón de lo que muchos consideran sagrado. En varias entrevistas que ha concedido a diferentes medios, ha reconocido que aunque las ventas del libro aumentaron por la condena, hubiera preferido que la novela se vendiera por los atributos literarios y no por el morbo ofensivo que despertó.
He leído el libro y desde mi punto de vista sólo encuentro una estupenda prosa y un léxico maravilloso que le basta y le sobra a la novela para trascender, sin embargo, no conozco nada de la tradición musulmana. Él sí. Salman sabía que su texto iba a escandalizar a muchos.
Evidentemente, la comunidad internacional apoyó al escritor pero las consecuencias las vivió Rushdie en carne propia. Tuvo que separarse de su esposa durante el primer año que la fatwā pesó contra él. La pareja se mudó de casa 56 veces en ese tiempo, a razón de una vez cada tres días. Vivió a salto de mata, evitando las balas de un francotirador que hiciera efectiva la condena. A pesar de sentir el apoyo internacional, Rushdie ha ofrecido numerosas disculpas a aquellos creyentes del Islam cuya sensibilidad la novela hubiera podido herir, sin dejar de insistir en que la libertad de expresión es un derecho inalienable. Derecho por el cual el autor ha tenido que pasar años de su vida como prisionero en su propia casa.
Sí. ¿Dónde están los límites de lo pertinente y lo prudente? ¿Quien los fija? Es cierto, los burlones de las redes sociales tienen derecho a expresarse. Sin embargo, no está bien agitar el avispero. Además, los chistes y burlas no vienen de una pluma del tamaño de la de Rushdie. En ocasiones se publican plagadas de faltas de ortografía. O.K., el que se ríe se lleva. Pero cuidado y alguien quiera hacer una crítica de sus quehaceres o de sus pensares porque reclamarán tolerancia y buen trato.
¿Y si empezáramos respetándonos?

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Pascua Florida

La Liturgia de las Horas es el conjunto de oraciones oficiales del rito latino de la Iglesia católica fuera de la misa, articuladas en torno a las horas canónicas. Estas oraciones son observadas principalmente por la comunidad monástica, pero también pueden ser practicadas por los creyentes laicos. Es la participación de la alabanza con los coros celestiales que se le ofrecen a Dios. De ahí tomé el canto de la mañana de la Pascua Florida, inspirada en la primera carta a los corintios (15:54) en la que Pablo pregunta: ¿Dónde está muerte, tu victoria?
Felicitemonos todos los que tenemos fe. Hoy es el día de la victoria. Resucitó .

¿Dónde está muerte, tu aguijón?
Todo es destello de tu gloria,
clara luz, resurrección.

Fiesta es la lucha terminada,
vida es la muerte del Señor,
día la noche engalanada,
gloria eterna de su amor.

Fuente perenne de la vida,
luz siempre viva de su don,
Cristo es ya vida siempre unida
a toda vida en aflicción.

Cuando la noche se avecina,
noche del hombre y su ilusión,
Cristo es ya luz que lo ilumina,
Sol de su vida y corazón.

Demos al Padre la alabanza,
por Jesucristo, Hijo y señor,
dénos su espíritu esperanza
viva y eterna de su amor.

Los católicos celebramos hoy la mejor fiesta y la más grande felicidad, nuestra fe no es vana. ¡Resucitó, resucitó, Aleluya !

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Huevos de Pascua

La tradición de los huevos de Pascua se inserta en la liturgia cristiana. Es una manifestación del regocijo de saber que Cristo triunfó y abrió las puertas de los cielos y venció a la muerte.
Antes, durante los días de Cuaresma, los cascarones no se partían en dos mitades, como se hace todo el resto del año, se les quitaba lo menos posible de punta superior para dejarlos lo más intactos posible. Mientras más se conservara la forma ovalada mejor. Así, durante los días de guardar, también se atesoraban los cascarones para decorarlos después.
En los primeros años, el juego de los huevos de Pascua iniciaba el Sábado de Gloria. Se pintaban los cascarones de color rojo que simbolizaba, al mismo tiempo, la Pasión del Viernes Santo y La Resurrección del tercer día. Con el tiempo el rojo dio paso a los diseños artísticos más estrambóticos: franjas coloridas con puntos, calcomanías, brillantinas, estrellas, dibujos dignos de miniaturistas de los Museos Vaticanos hasta los famosos Huevos Fabergé de los zares rusos.
Una vez con los huevos decorados, el juego consistía en esconderlos y hacer que los más pequeños los encuentren. He tenido la suerte de buscar huevitos de Pascua en lugares tan maravillosos como los Jardines de la Casa Blanca en tiempos de Ronald Reagan. También los escondí para mis hijas cuando eran pequeñas en muchos lugares: en el jardín de mis padres, en el de mi casa. Recuerdo los huevos de chocolate derretidos en Acapulco. Ahí estuvieron. Nina, Brenda, Jos, Harald y tantos más que nos acompañaron en la búsqueda de la Pascua Florida.
Lo que más recuerdo eran las caritas entusiasmadas de Andrea y Dany al mostrar su botín. A veces estaban seguras de haber visto a la Coneja de Pascua.
Hay quienes alegan que esta tradición es más norteamericana que otra cosa y no es así. Muchos pueblos europeos también juegan a buscar huevos de Pascua. Lo cierto es que en México cada vez se buscan menos, ya pocos juegan este juego.
La pesquisa es también un reflejo de la búsqueda del Resucitado. Es encontrar las pistas que Jesús nos va dejando en el camino de la vida. Algunas veces, como sucede con los huevitos, tenemos las señales al alcance de la mano, tan cerca como a nuestros pies, otras está encriptada y hay que buscar y fijarse bien, siempre está accesible. En ocasiones, a pesar de su evidencia, no la alcanzamos a ver.
Sin embargo, en el juego de los Huevos de Pascua, al final nadie se quedó con las manos vacías. Es más, la mayoría de las veces, el que menos se llevó iba con las manos llenas. Así es como estoy segura que sucede con Jesús. Nadie nos iremos con las manos vacías.

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Gabriel García Márquez (in memoriam)

Escribir para que me quieran mis amigos, dijo Gabriel García Márquez. ¿Habrá alguien que al pasar los ojos por los renglones fruto de su pluma que no haya caído arrobado por sus letras? No lo creo.
El primer autor de adeveras que leí fue a García Márquez y el amor por las letras brotó. Fue una tarea de la escuela y tuve que leer en las vacaciones de Semana Santa los cuentos de La cándida Erendira y su abuela la desalmada. No fue difícil caer seducida por esta autor. La desconstrucción de las oraciones, la descompostura de la estructura, el uso adecuado de los adjetivos, el capricho del punto y de la coma, la construcción de un mundo cuya semilla es el comienzo de todo bien y de todo mal , como Macondo. Recoger la realidad y transformarla en poema de las cosas misteriosas. Fue también en Semana Santa que leí El otoño del patriarca. El dominio absoluto de la prosa. El encaprichamiento del tiempo dominado por su mano.
Atestiguamos la partida de un clásico y de un hombre cotidiano que vivió entre nosotros. Sabemos quién es Aureliano Buendía, y que Remedios, La Bella, se elevó por los aires y desapareció para siempre. Sabemos del viento de la desgracia que voló sobre Erendira y lo desalmado de su abuela o del Amor en los tiempos de cólera. El gran creador latinoamericano. Un autor que entró en nuestra intimidad. Inevitablemente, lo seguirá haciendo, para nuestra suerte.
Gabriel García Márquez hizo que los ojos de Europa y del mundo se volvieran a América. Sí, a América Latina. A la que habla en español. Escribir con máquina de teclas. Enviar el único manuscrito por correo. Nacer del periodismo. Creer en la prensa escrita. Dominar la crónica, el ensayo, la novela. Hacer el tiempo elástico. Todo eso viene de la pluma prodigiosa del autor que creyó que un malentendido semántico lo llevó a recibir honores. Así es la humildad.
Te vas, Gabriel, en abril. No podría ser en otro mes. Fue el mismo en el que se fue Sor Juana. En el que partieron Cervantes y Shakespeare. El gran cariño que el hombre que escribió para que sus amigos los quisieran es independiente de la grandeza de tu escritura.
El mundo no volverá a ser igual después de Cien años de soledad, después de recibir el Nobel en pijama. ¿Quién alcanzará la solidez del castellano que tu escalaste?
La dignidad del que es tan grande.
Tan entrañable fuiste, me acompañaste con El olor a la guayaba, en los peores momentos de mi vida. En dos horas me hiciste entender el cambio de punto de vista de Crónica de una muerte anunciada y entendí que los sinsentidos de un hombre frente al paredón puede elevar la lengua y crear Literatura.
Tuve la suerte de habitar en el mundo en el que tú estuviste. Hoy empieza tu eternidad. Entras al cielo a ser abrazado por el que tanto te inspiró. Buen viaje, Gabriel.

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