2013 en conclusión

El 31 de diciembre es una buena fecha para hacer un resumen y llegar a ciertas conclusiones. Reflexionar sobre el lugar en el que nos encontramos hoy y compararlo con el del año pasado. ¿Estoy igual, voy para atrás o logré caminar hacia adelante? No se puede generalizar, hay que hacer un análisis pormenorizado para llegar a una conclusión que abarque todos los aspectos.
Decir que 2013 fue un año difícil suena a lugar común pero es cierto, este año fue duro. Urbi et orbi se escuchan las quejas de la situación económica, de la desaceleración, de la lenta recuperación y de la nula generación de fuentes de empleo. Este año que termina empezó con grandes expectativas que se fueron apagando poco a poco. Para la mayoría de las personas, el primer semestre fue mejor que el segundo, hubo mayor actividad que fue decreciendo hasta llegar a niveles de inactividad en muchos sectores. Incluso hubo negocios tuvieron que bajar la cortina porque no aguantaron más. Muchas empresas vendieron menos que el año pasado y los profesionistas facturaron cantidades mucho menores que en el 2012. ¡Ah! Eso sí. Las cifras de corrupción se incrementaron., también el precio de la gasolina, energía eléctrica y de otros servicios. Aumentarán los impuestos, el poder adquisitivo, quién sabe.
Sin embargo, hay que reconocer que a pesar de todo, 2013 no cerró tan mal como se esperaba. A pesar de las dificultades, hay esperanza de que las cosas en el 2014 mejorarán sensiblemente. En México se recompone el escenario por una simple razón, el gasto corriente se liberará y esa sola consideración basta para generar una mayor actividad económica que la que hubo este año en que el gasto estuvo muy restringido. A final 2013 terminó menos mal de lo que se pronosticaba y eso son buenas noticias.
2013 pasa a la historia como un año de acontecimientos inéditos, un Papa renuncia por su propia voluntad, hay. Pontífice latinoamericano y más importante, jesuita. En el Vaticano se cambia la sede de oro por una de madera, el apartamento lujoso se cambia por un sencillo hostal y se habla de cambios profundos. Muere Mandela y Obama pierde popularidad, parece que la hermosa sonrisa y el signo del color de la piel no le bastaron para concretar las reformas de gran calado que Estados Unidos requiere. En cambio, el Congreso mexicano aprueba reformas constitucionales que modificaran la vida de la Nación. Habrá inversión extranjera en el renglón de hidrocarburos, y Enrique Peña se faja al no escuchar los gritos de ¡Auxilio, Socorro, nos roban el petróleo!,,pero,las guardias civiles y otros pendientes siguen reclamando su atención,pero ahí se le ve sumamente distraído.
Sí, este año que concluye fue uno de muchos contrastes.En lo personal el primer semestre fue estupendo, tan bueno fue que me permitió cosechar y estar preparada para el semestre de vacas flacas. Además este año estuvo lleno de satisfacciones personales: me vestí de toga y birrete, obtuve mi grado de doctor. Crucé un umbral al mismo tiempo que dos de mis amigos. Me regalaron una máquina de escribir mecánica. Publiqué un libro y gané algunos premios. Leí, leí y leí. Sigo leyendo. Nuevamente recorrí el Camino de Santiago. La palabra serenidad tomó sentido. Acompañé a Dany en su graduación de primaria y a Andrea a Madrid a presentar su primer libro. Supe lo que es sentirse la mamá más orgullosa de la tierra. Viví momentos de angustia en Acapulco y me enteré de que la desgracia sí hace distinciones. Perdí un vuelo muy importante pero gané la experiencia de saber de que estamos hechos los seres humanos ante la desgracia, supe lo que es la lealtad a toda prueba en las acciones de Reyna, la solidaridad de la familia y de los amigos que sin estar en el puerto se hicieron presentes para ofrecer ayuda. Un amigo deshizo sus planes para caminar conmigo y estar a mi lado en uno de los momentos más alegres de mi vida. Carlos entró al quirófano y me enseñó lo que es la fortaleza física y la voluntad de estar bien como un acto de amor a los suyos. Compartí con mis hermanos de alma las risas y las preocupaciones que nos trajo este año, confirmé que los lazos del amor superan a los de la sangre. Jugué tenis. Hubo gente que plasmó con letras doradas su nombre en mi lista, hubo otros que se dieron de baja por sus acciones. Aprendí que para estar cerca de alguien se requiere de la voluntad de ambos. Comprendí que la vida se trata de dar y recibir. Tuve la suerte de viajar, lejos y cerca. Me llené de colores, sabores y aromas ajenos y propios. Desayuné, varias veces, crepas de frutos rojos con mi mamá. Disfruté muchas tazas de café. Bebí champaña. Conté bendiciones y cuando se me olvidó hacerlo, Carlos me tomó de la mano y me recordó cómo hacerlo.
En general, 2013 me dejó avanzar, incluso más de lo que hubiera pensado. Decido mirar al frente y dejar en el pasado lo feo, no vuelvo la mirada hacia atrás para no terminar como estatua de sal. Aunque, a veces la tentación de regresar es mucha, la venzo con la filosofía del sólo,por hoy. Bien que se que el camino al pasado no existe, la flecha siempre señala hacia adelante. Prefiero aprovechar las oportunidades que Dios me da que quejarme por lo que no se consigue. Termino este año con un gran sentimiento de gratitud. Cierro los ojos y doy gracias a Dios por tantas bendiciones, por tanta protección y tanto amor que muchas veces pasé por alto. Hoy, 31 de diciembre, el análisis resulta positivo. Es preciso dar gracias al que todo lo da. Poner el corazón, lo más limpiecito que se pueda, a los pies de la Cruz y agradecer por lo que podemos ver y por lo que no, por lo que entendemos y por aquello que no nos queda claro. Dejarnos llevar para alcanzar la serenidad. Ser dócil a su voluntad y al mismo tiempo guerrera infatigable.
Crecí y creció este espacio. Esa es una enorme alegría. Escribí. Escribí. Escribí y me leyeron. Cada día son más los que nos reunimos por aquí, en la intimidad que se genera entre el escritor y su lector. Mi agradecimiento total a cada uno de los que se asoman a ver lo que estoy pensando. Además de dar las gracias, deseo un año lleno de salud, amor y prosperidad a todos los que pasan por aquí y se detienen a leer. Espero que me sigan acompañando en esta ventana que abro al mundo. ¡Feliz año nuevo!

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Por qué sí y por que no

En estas fechas nos debatimos entre hacer o no una lista de propósitos para el Año Nuevo. Los que están a favor opinan que es una buena forma de empezar en enero con el pie derecho, los que están en contra dicen que antes de llegar al día quince las lista estará hecha una bolita en el bote de basura. En realidad, ambas posiciones son correctas, evidentemente antagónicas y con resultados totalmente opuestos. Lo cierto es que las dos posturas terminan haciendo listas, del por qué no y del por qué sí.
Los del por qué no tienen sus razones, y cuando se les escucha con atención éstas son tan contundentes que hasta las puedes tocar. Utilizan, en la mayoría de los casos, a la incertidumbre y la aversión al riesgo como su primera base de argumentación. A partir de ahí vienen los datos duros, las estadísticas, los resultados contra años anteriores, y un sin fin de razones. ¿Para qué hacer dieta si no has bajado de peso? ¿Por qué pagar la membresía de un gimnasio si no nos paramos por ahí jamás? ¿Par qué soñar si la situación es un desastre? Tienen razón. Los casos de fracaso en los propósitos para un Año Nuevo son tan numerosos que ni nos acordamos de los casos de éxito. Pero sí hay casos de éxito.
La diferencia entre los que hacen una lista de propósitos y los que no, es que a pesar de que ambos tiene razón los que no la hacen permanecen en su zona de confort, en su lugar de seguridad y no se mueven, los que sí la hacen pero siguen haciendo lo mismo terminan igual que los primeros, pero los que sí la hacen y se atreven a seguirla, entran en movimiento y al finalizar el año están en un lugar diferente. A veces peor, pero generalmente, mejor.
Muchos recomiendan hacer una lista realista, con metas pequeñas, factibles de alcanzar, casi como en dosis homeopáticas. Eso es correcto, sin duda, pero creo que siempre hay que incluir en la lista algo grande, enorme y sorprendente. Que no sea lo único, que sea un elemento más de la lista. Un proyecto cuyas dimensiones nos reten de tal manera que lleguen a sacar lo mayor y lo más grande de nosotros. Un sueño que al expresarlo la gente nos vea con cara de que estamos locos. Tal vez lo estemos.
Sólo los que han soñado más allá de sus posibilidades actuales, los que se han atrevido a fijar la mirada más allá del límite de la nariz, los que quieren ver afuera de la caja de cuatro paredes de la cotidianidad, son los que logran moverse. Son los que prefiguran algo mejor, luego, por supuesto, hay que revolverle constancia, trabajo, esfuerzo y a veces, no siempre, también dinero.
Siempre habrá la tentación de escuchar a los que no quieren hacer su lista. A los que no quien tener proyectos. A los que elevan el dedo índice y emiten juicios y opiniones. Siempre estará ahí la vocecita que alerta de los peligros de moverse y actuar. No está bien desoirla, hay que medir el riesgo, y una vez que entendimos por qué no hacer las cosas, viene la etapa del por que sí.
Para cada por que no, hay un por qué sí, para cada riesgo debe haber una certidumbre, para cada impedimento hay que crear una posibilidad, para cada salida de dinero hay que generar una entrada, y luego, hay que superar los nos con los sís. Así se hacen locuras que se convierten en estupendos proyectos. La mayoría de los grandes casos de éxito iniciaron en una enorme mente de loco. O al menos así los veían.
Los que no quieren hacer lista, tienen razón, sin duda. Los que la quieren hacer y la van a lanzar al basurero en dos días les dan la razón. Pero yo prefiero hacer mi lista, planear mi vida, moverme. Incluir locuras que me abran ventanas de oportunidad insospechadas que luego, como por arte de magia, se conviertan en realidad.
Así se llega a Santiago, se escribe una novela, se alcanza a ver Praga, se pone un candado en un puente en París o se sopla un Diente de León.

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La propuesta de Moschino

Estamos acabando el año y mientras unos hacen sus listas de buenos propósitos otras ya están con manos a la obra. Moschino lanza su propuesta para la temporada primavera-verano, aprovecha el tiempo entre Navidad y Año Nuevo y al son del que pega primero pega dos veces, lanza en las redes sociales un video corto en el que podemos ver sus ideas.
Moschino sigue fiel a su tendencia rebelde, por eso sigue y seguirá siendo una de mis marcas favoritas. Propone negro para la temporada de calor. En estos momento tos en que hace frío la idea no parece tan descabellada, ya veremos que sucede cuando el termómetro llegue a más de treinta grados.
La casa italiana juega y por ello Moschino es divertido, propone vestidos totalmente negros pero con un detalle en la falda que simula en teclado de un piano, combina telas, de algodón, espero, con encajes, contrasta. Eleva a la Margarita como la flor de la temporada. Lo mismo con estampados de color las chiquitas que con la flor extendida sobre el diseño.
Quiere cortos en las faldas y en las faldas pantalón. ¡Qué viva el acampanado! Pero que no sea tan largo, debe dejar ver un poco de piel. Este año, para Moschino, enseñar pierna es lo que está de moda. Pero con un toque juguetón, se busca más la inocencia que la provocación. Por ello se vale de figuritas como patos para estampar vestidos de playa. El corazón, por supuesto sigue siendo una figura central, como siempre lo ha sido. Vestidos sin mangas, sueltos, holgados. Para la playa, el largo es su opción, pero con telas vaporosas, colores en tonos amarillos pastel y cero entallados. Qué circule el aire y mueva la tela al ritmo del cuerpo.
Me gusta Moschino por varias razones, sus propuestas siempre me parecen novedosas, siempre únicas y con un toque divertido, la elegancia no tiene que ser sería y apretada, también se puede morir de risa. Lo que me encanta es su forma de ver la vida. Cuando todos estamos descansando, pensando en la que será, ellos llegan con un planteamiento y nos ponen en la mente lo que es. Se arriesgan y se ponen a trabajar, se antican y ocupan un lugar en nuestra mente que después será en la preferencia.
Sī, me gusta porque le pone una textura y un ritmo a este entretiempo que me llena de ánimo y de alegría.

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Señoras y señores, con ustedes: Oaxaca la bella

Sí escuchas una marimba tocando Clocks de Coldplay, no estás soñando, estás en Oaxaca. Aquí la música empieza a las nueve da la mañana y se acaba cuando se acaba. En la antigua ciudad de Antequera a cada paso te topas con diferentes tipos de melodías, por aquí un Mariachi nos informa que La vida no vale nada, por acá un trío me dice que Somos novios, más allá un violinista interpreta a Vivaldi, un guitarrista prefiere la trova cubana y las campanas de La Catedral y de Santo Domingo aportan lo suyo al tono de la ciudad.
Entre el andador turístico y el zócalo la gente puede caminar e integrarse con el verde de la cantera de paredes milenarias, con el azul, amarillo o rosa de las casas, con las piedras de banquetas y calles. Oaxaca hechiza al visitante. Se lo apropia a tal grado que las que venimos terminamos vistiendo huipiles con flores y pájaros de colores. Hay de todo tipo: de telar de cintura y de esos que se hacen en serie y que sospecho que vienen de China. Ni modo. Aquí todas dejamos nuestras prendas tradicionales y nos ponemos al modo oaxaqueño.
Es muy simpático ver gente con atuendos de manta, bordados con figuras hermosas que nos ofrecen los locales, que hablan en francés, inglés, alemán y demás lenguas. En Oaxaca aprendemos más de tolerancia que nada. A los locales les gusta que los que no somos de aquí nos integremos a sus costumbres. Los visitantes comemos moles negros, rojos, amarillos, verdes, probamos las tlayudas de quesillo, tasajo o cecina. Nos hacemos de cualquier pretexto para tomar chocolate a todas horas, a mí me gusta más con leche, pero con agua es estupendo. Aquí los diferentes son aceptados. Nos pueden ver sentados en los portales, dejando que el tiempo pase desde que sale el sol hasta el ocaso.
Oaxaca abraza al visitante, lo acuna entre hojas de tamal, lo arropa con mano indígena y lo atrapa con sus mezcales, con sus brillos, con sus piedras y con la sonrisa de su gente. Aquí la amabilidad es parte de la cotidianidad. El fervor se talla en hoja de oro con generosidad que propios y extraños admiramos. Ante tanta grandeza el forastero se quiere mimetizar y ser parte de ella. ¿Quién se querría ir de está tierra maravillosa? Soy cómo una niña pequeña que se esconde en el baño del hotel para no irse. Carlos me mira con ternura y me dice entre risas hay que volver. Yo agitó la cabeza y digo que no. Andrea y Dany son mis cómplices. Queremos segur desayunando al son de la marimba que canta llorona, seguir caminando por las calles en perfecta paz, sentándonos en el atrio de la Iglesia de La Soledad a comer helados, o en cualquier terraza a ver las Torres de Santo Domingo. No quiero dejar mi balcón, desde el que vi las Calendas Navideñas, y fui protagonista en La Noche de Rábanos. No. No me quiero ir. Quiero quedarme bajo el manto de la Virgen Patrona de este lugar, quiero tomarla de las manos y no soltarme jamás.
Pero hay que volver. Aunque también me quedo. Me quedo en esta Oaxaca tan bella, tan cariñosa, tan colorida y tan sabrosa. Me quedo con esta ciudad que despertó en mi la esperanza de que todo puede ser maravilloso, como lo es aquí en esta época navideña. Me quedo con la luz que se alumbró el veinticuatro y que pido quede encendida en mi por siempre.

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Viajar

No hay duda que viajar remedia muchos males. Salir de las paredes de la casa quita el entumecimiento físico y mental. Al traspasar el perímetro de la cotidianidad y aventurarse a lo diferente se derrumban las murallas del prejuicio y se alejan los malos pensamientos. Pisar lugares diferentes abre oportunidades, nos enseña que hay colores, sonidos y sabores distintos que vale la pena probar. Pero hace falta valor y aunque en este mundo en el que las distancias parecen no tener relevancia, viajar es también una forma de alimentar el espíritu.
Hoy en día es tan fácil quedarse atrapado en una pantalla, hay tantas y son de tantos tamaños y de tan variadas funciones que igual nos enganchamos por horas en la televisión que en la computadora o en el teléfono móvil. La tentación de quedarnos encerrados y ver el mundo a través de una ventana virtual es cada día más grande. Olvidamos que ponernos en marcha nos quita el sueño, que sentir el viento en la piel o el sol en el rostro no se compara con nada que nos pueda dar un aparato. No hay como vivir las experiencias en carne propia.
Digo que hace falta valor, porque a veces la comodidad de la silla, de la cama, jalan. O, nos queremos esconder detrás de tantas excusas: los pendientes de la oficina, las preocupaciones del negocio, las urgencias de la casa. Llamamos, enviamos mensajes de texto, checamos y nos negamos a alejarnos y nos hacemos presentes con los que no debemos y nos alejamos de los que nos acompañan. Le echamos la culpa al entorno en vez de disfrutar. Además, en este mundo en el que hay tanta información, ya no queremos llevarnos nada a la boca por miedo al nuevo germen de moda, o a que la ingesta de azúcar, grasa, carbohidratos no sea la adecuada.
Pero, atreverse a probar los platos locales, abrir la ventana y dejar que los tonos del lugar llenen la mente y permitir que los colores nos hagan cosquillas es cosa de valientes. Caminar, ser aventurero, descubrir lo que hay a dos cuadras o a miles de kilómetros nos ayuda a ver las cosas desde perspectivas distintas. Es la catapulta que nos genera empatía y nos obliga a bajar la guardia y a dejar de juzgar lo diferente. En todo caso, lo que hacemos es apreciar.
Al viajar se nos caen las blendas de los ojos y limpiamos la mente de telarañas. Descansamos y si hacemos lo que debemos, entramos en mundos maravillosos que en última instancia iluminan la reflexión y el mejor conocimiento de uno mismo.

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Navidad en Oaxaca

Dónde unos ven folklore, yo veo fe. Las manifestaciones de fervor de la gente en Oaxaca van desde lo sorprendente hasta la mágico. Las expresiones de religiosidad son estallidos de color, armonías y sones: castillos con miles de luces, toritos, centellas de bengala y olor a pólvora. Las notas de la marimba se mezclan con las de la tuba. Los tríos se funden con la banda. Las guitarras y las trompetas se confunden con los acordeones y los platillos. Todo es música y bailes en torno a la preparación del nacimiento del Hijo de Dios.
En cada Iglesia se ha preparado un Nacimiento, las figuras de las mulas, bueyes, borreguitos, pastores, reyes magos, ángeles, serafines, José y María ya están colocados en torno al pesebre. Falta la figura central. Las campanas de La Catedral de nuestra Señora de la Asunción suenan para llamar a la misa de las siete. Se ve preciosa con sus paredes de cantera verde iluminadas y las puertas abiertas para recibir a los fieles. Es una edificación hermosa estilo barroco, compuesta de tres naves y adornada con arcos de medio punto. Es el barroco que luce tímido frente al churrigueresco de Santo Domingo pero que es de un majestuoso que quita el habla. El coro es una maravilla que me recuerda el de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, o el de Toledo. En el centro, en el altar principal, la figura de María en su camino al cielo. Al fondo hay un vitral muy parecido al de San Pedro en el Vaticano. En una esquina, cerca del ábside, está la representación del misterio navideño. Todavía no recuestan al Niño.
Termina la misa y comienza la fiesta. Es un desfile de carros alegóricos en el que se caracteriza el portal de Belén. Son Nacimientos vivientes, con Reyes Magos, ángeles, Josés y Marías de carne y hueso. Todos son niños. Creo que ninguno tiene más de diez años. Cada uno trae un Niño Dios ya sea de porcelana o de yeso, según el presupuesto de cada quien. Todos los carros alegóricos representan una parroquia de la Diosecis de Antequera. Unos son muy sencillos, tienen poca luz y vienen solos San José y la Virgen con su hijo, otros en cambio, traen banda, el carro viene lleno de luces, flores, ángeles que avientan dulces a los niños que están viendo el desfile. Unas virgencitas saludan y avientan besos, otras se toman su papel muy en serio y van con la manitas muy juntas adorando al Niño Jesús.
Desde el balcón de mi cuarto de hotel veo la procesión. Aquí les dicen Calendas y son festejos en torno a un acontecimiento religioso. Está es una Calenda navideña. Celebran al Niñito Jesús. Pasan ahí debajo, tan cerca que siento que los puedo tocar. Se me llenan los ojos con la cantidad de fuegos artificiales de todos los tonos del arco iris, las linternas en forma de flores, las mujeres que llevan canastas de flores, frutas y verduras en la cabeza giran y giran, moviendo con destreza las faldas con listones y encajes. Una trae a la Virgen de la Soledad, una miniatura de cincuenta centímetros, de la patrona de Oaxaca. Todas sonríen y traen los ojos pintados de esperanza.
Allá van rumbo a la Catedral, a recibir la bendición para luego ir a acostar al Niño en el pesebre de cada una de las parroquias. Por suerte no veo ningún Santa Claus por aquí. Si el Grinch o Scrooge se dan una vuelta por aquí, se mueren fulminados por los rayos de fervor del pueblo oaxaqueño. Aquí no caben esas figuras. Mejor.
La devoción en Oaxaca se contagia, todos nos volvemos parte del fervor oaxaqueño. La Navidad se celebra en serio con explosiones de alegría y fe. SanFrancisco desde el cielo se debe sentir muy feliz al ver lo que han hecho con su herencia. Hay muchos visitantes. Veo gente nacional y extranjeros, se escuchan palabras en francés, alemán, inglés y un español de tono pajoso. ¡Qué bueno que vengan a celebrar Navidad a Oaxaca! ¡Qué maravilla fue venir en estas fechas! También los ángeles en el cielo deben de estar bailando. Ni modo que se queden atrás ante tanta demostración de amor al brote del tronco de Jesé. Imagino a todos los santos, santas, arcángeles y potestades celestiales aventando lejos el arpa para elegir una marimba, un guitarrón, una mandolina o una fila de flautas. Se ha construido un puente que une Oaxaca con el cielo, verdad de Dios. El que diga que no está emocionado, miente.
En esta Navidad me quedo con el corazón lleno de alegría oaxaqueña. Con una fe encendida y con el gusto de ver a tanta gente que la comparte. ¡Feliz Navidad!

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La noche de los rábanos

Los oaxaqueños saben de extremos. Esculpen de forma que saben sacarle la esencia al material que ocupan y los sentimientos a quienes observamos su obra. Lo hacen con materiales que duran para la posteridad, como la cantera verde de la fachada de la Catedral, la hoja de oro, como sólo se ha hecho en Santo Domingo, la madera como la talla de los santos que adornan sus altares, como su Virgen de la soledad, patrona de Oaxaca, la piedra caliza como las franjas de Mitla o las pirámides del sitio de Monte Alban. Sí los oaxaqueños saben labrar para la posteridad y para constituirse como Patrimonio de la Humanidad. Saben y respetan el valor de los años por venir.
Sin embargo, también saben y aprecian el valor de la levedad. De aquello que es efímero y que dura casi lo que un suspiro. Esa inmediatez de lo que hoy está y mañana no se refleja en una bella tradición oaxaqueña La Noche de los Rábanos. Esta es una fiesta de sello netamente popular en la que los hortelanos y floricultores exhiben sus diseños especiales realizados con el rábano, la flor inmortal y el totomoxtle. Dura sólo unas horas, pero congrega practicamente a todos los habitantes de la ciudad en el área del zócalo para admirar la creatividad de los participantes en este concurso anual que se realzia el 23 de diciembre. Entonces el centro de la capital oaxaqueño se llena de luces, rábanos, flores, curiosos y jueces que inundan el zócalo en una fiesta en la que se oyen risas por todos lados. También hay mucha vigilancia y seguridad.
La Noche de Rábanos tiene sus orígenes en la usanza antigua de asistir a las calendas y a la misa de Gallo. La Cena de Navidad es una tradición que surgió en México mucho tiempo después. Entonces, los comerciantes llevaban a vender en la Plaza de Armas de la Vieja Antequera, nombre antiguo de la Ciudad de Oaxaca, el pescado seco salado, imprescindible en las comidas de la vigilia de adviento, además de las verduras necesarias para complementar el menú. Los hortelanos de Trinidad de las Huertas llevaban sus verduras y las exhibían en puestos y para hacerlos más atractivos formaban figuras que llamarán la atención de sus compradores.
Así nació la. Noche de Rábanos. Este año inició a las seis de la tarde y acabó a las tres de la mañana. La cola para pasar por el templete que rodea la plaza del centro de Oaxaca dura cuatro horas. Yo lo puedo ver desde el balcón de mi habitación, pero no resisto la tentación y bajo a platicar con los hortelanos transformados en artistas. Son amables, me dejan tomar fotos y me explican cada una de las esculturas que han hecho con un humilde bulbo,a Andrea le regalan figuritas.
Hay bodas mixtecas, nacimientos, catrinas, bailables, mundos marinos, hechos de rábano. La gente llega como ríos caudalosos. Hay guardias a cada metro y detector de metales para entrar a la zona peatonal. Revisan bolsas, y toman previsiones para que la fiesta se lleve a cabo con seguridad. Los oaxaqueños saben de buenos tonos. Piden las cosas de forma que no molestan al visitante.
Me quedó la boca abierta. La belleza de las esculturas contrasta con la brevedad de su existencia. De la combinación de la cáscara roja y la pulpa blanca del rábano brota la belleza que me arranca la alegría del alma. No hay forma de que los espíritus de la tristeza, el mal humor o la preocupación encuentren lugar en mi alma. Al parecer en la de nadie. Todos estamos contentos, sonrientes y admirados al recorrer los puestos. No les creó que la fiesta dure unas cuantas horas. A las diez de la noche estábamos admirando tanta cosa linda y a las seis de la mañana ya no hay rastros de la fiesta. El zócalo de Oaxaca luce limpio, sin rastros de nada. Así es La noche de Rábanos.
La sabiduría oaxaqueña me enseña de la levedad y de la permanencia. De la brevedad y de la consistencia. Me muestra que la belleza es eterna y la vida muy corta para desperdiciarla en tonterías. Un día antes de Nochebuena en Oaxaca se celebra una fiesta breve previa a la gran solemnidad. Aquí no hay más que ser feliz.

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Tono navideño

A estas alturas, un día antes de celebrar la Nochebuena, la gente corre de un lado a otro para comprar el último regalo, para conseguir el ingrediente secreto que sazonará el pavo, para lograr envolver todo y en fin, para dejar listas las cosas para la reunión del veinticuatro. Es tanto el ajetreo que la época más feliz del año se convierte en fuente de estrés y mal humor.
Basta escuchar las bocinas de los autos, ver las caras de los conductores y las palabras que salen de sus bocas. El muchas felicidades o feliz Navidad se sustituye por un fíjate pen…. Los buenos deseos terminan en insultos.
Las negociaciones de hoy toca con mi familia o con la tuya fueron duras pero ya pasaron y el perdedor no aguanta el resultado, prefiere salirse con la suya, aunque sea a larga distancia. Planea enviar mensajes de felicitación durante toda la noche. Primero a su mami, papi y hermanos, claro está, luego amigos y conocidos. Después hasta va a incluir a todos los desconocidos que son contacto en Facebook, LinkedIn, Instagram, Flickr, Whatsapp y anexas. Es tan fácil ausentarse, quedarse lejos del que está al lado y hacerse presente de forma virtual con quién sea, aunque ese quien sea no tenga un rostro definido. Para eso están las pantallas de teléfonos inteligentes y tabletas.
Muchos, a estas alturas, ya están hartos de las esferas, los arbolitos, los adornos de Santa Claus y cómo no. Los arreglos navideños están puestos desde septiembre. La leyenda del fruitcake errante se extiende entre los ciudadanos. El pastel primigenio sigue rondando de casa en casa, en forma de regalo y nadie se atreve a comérselo. Hay que tener cuidado, este año puede llegar a nuestras casas. El grnchismo sube sus niveles de popularidad y Scrooge es casi un héroe. Tal vez porque no han leído el cuento.
El verdadero tono navideño se diluye entre compromisos, regalos, tráfico, carreras y estrés. Hace tiempo que no veo nacimientos entre los adornos de la época. Dicen que porque es políticamente incorrecto y sumamente excluyente para aquellos que no son cristianos. Lo lamento. En un afán de tolerancia hemos perdido el centro de la fiesta de Navidad, que es celebrar la Natividad del Niñito Jesús. Navidad es una fiesta cristiana. Los que creemos en Cristo debemos celebrar. Aquí los pudores no encajan. Hay que elevar a voz en cuello la alegría que nos llegó de manos de Dios.
Es preciso revivir la tradición de las Posadas, de acompañar a la Virgen y a San José en su peregrinar para llegar al sitio del nacimiento de su hijo. Pero, sobre todo, hay que integrar, como se hacía antes, la costumbre de arrullar al Niño antes de colocarlo en el Pesebre. Ya las familias no rezan alrededor del Nacimiento, y me refiero a cristianos practicantes. No distinguen al más joven de la familia para dar a besar al Niño, ni escuchan las reflexiones del más viejo en torno al amor de Dios. Muchos olvidan que la cena de festejo es en torno al suceso de Belén.
Entre moños, envolturas, adornos, regalos, se ha perdido el verdadero tono de Navidad, la razón verdadera para darnos un abrazo fuerte y apretado y festejar. Sin embargo, no es tarde. Podemos recuperar el tono y la intención navideña. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. La Esperanza llegó y el Amor se reveló. Suenen las campanas de alegría. La Navidad es la época de celebrar la llegada del Salvador al mundo.
Prefiero ese regocijó que bocinazos, tráfico y estrés. Fijo la mirada en el Pesebre y espero con gusto al Niño que ahí dormirá a partir de mañana por la noche.

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Entresueño

Hoy tuve un entresueño muy extraño. Al abrir los ojos por primera vez en la mañana noté algo diferente, amanecí con la sensación de que algo había cambiado. No me moví, ni siquiera me tallé los ojos, pero sí algo, algo… Hasta que por fin me di cuenta. Mi ventana había rotado. Era algo así como si alguien la hubiera clavado al suelo para formar un eje y ese espacio y la Bahía de Acapulco hubieran girado. No mucho, poquito, pero lo suficiente como para que el antiguo Hotel Plaza — hoy Intercontinental— estuviera enfrente y no ligeramente a la izquierda. El Hotel Condesa del Mar quedó a la derecha y el Farrallón del Obispo en línea recta desde mi cama. El cambio, aunque pequeño, no podía pasar desapercibido. Entre las olas de las sábanas y las almohadas noté cosas sumamente simpáticas.
Aunque eran las seis y media de la mañana el sol tenía los rayos muy encendidos y en las aguas de Santa Lucía las lanchas y los jetskies tenían mucha actividad. A pesar de la distancia lograba ver con claridad los rostros de los que se divertían en el mar. ¡Qué curioso! Ahí van Jackie Kennedy y su esposo John esquiando, la lancha la conduce el Sácale que saluda con gusto al de la lancha de la lado. En ella Tintán maneja, lleva a Mauricio Garcés y a Pelayo a pescar. Ni Mauricio ni su mayordomo parecen tener calor, ni el uno con su bata de seda y grazné ni el otro con smoking y corbata de pajarita. Ya nadie usa corbata de pajarita. Tampoco se usa tanta vaselina para peinarse las ondas del pelo.
En la playa Angélica María se asolea sobre una toalla a rayas azul marino y blanco que hace juego con ese bikini amarillo, chiquitito, muy bonito que me da la impresión que está estrenando. Verónica Casto y Lucía Méndez platican desde una palapa con Raúl Velasco sobre el próximo festival Acapulco. Jacobo Zabludovski los escucha con atención. Ellas se pelean porque una quiere salir primero que la otra. Gloria Estefan les tiene ganada la partida desde antes. Juan Luis Guerra se muere de risa. En la orilla, sobre la arena, María Bonita, María del alma está buscando estrellitas, con sus manitas entre la espuma del mar y un flaco de oro la mira embelesado. En el cielo, volando un parachute de siete colores viene Andrés García que me saluda y me manda un beso. Escucho un grito de Aaahahahahaha, y Johnnie Westmüller se lanza desde La Quebrada en un clavado espectacular mientras Chinta aplaude con emoción desde el Bar La Perla donde comparte mesa con Elizabeth Taylor y Richard Burton. Chabela Vargas canta al son del Mariachi Vargas y Pedro, del mismo apellido, la acompaña ¿Cómo es que desde mi cama alcanzo a ver La Quebrada? ¿Cómo es posible que vea el color violeta de esos ojos y el tamaño de semejante piedra en el anillo de esa hermosa mujer? ¿Cómo puedo escuchar los acordes de la guitarra y el tololoche?
Armando’s LeClub se está preparando para recibir a sus invitados especiales y deja lista la sección privada en la que las chicas pueden asolearse topless y los chicos pueden admirar el paisaje. Chato, el de los hot dogs empuja feliz su carrito, vendió todo y el BabyO todavía no apaga las luces. Hay gente bailando. El Burro de la Roqueta ya está tomando cerveza y desde la lancha con fondo de cristal se puede ver a Ramón Bravo rezándole a la Virgen de los Buzos que está hundida entre las rocas del fondo marino para proteger a todos los que amamos Acapulco.
Don Juan Carlos y Doña Sofía todavía no son Reyes, son príncipes de Asturias y Pily y Mily caminan por la costera junto a Sandro de América y a Enrique Guzmán. Frida y Diego los saludan, van rumbo a su casa en Caleta. Un avión aterriza en la pista que está en lo que será Avenida Cuauhtémoc, es Howard Hughes. En el puerto industrial hay una fila de nueve cruceros que esperan desembarcar a turistas de todos los países que ya están ansiosos por disfrutar de las playas de Hornos, Tamarindos o Icacos. También veo a Carlos Trouyet seguido de una serie de arquitectos, lo rodean como lo hacen las avispas con su reina, pero lo miran con desconfianza. ¿Quién querrá tener una casa en ese cerro? ¿Quién se querrá hospedar en ese hotel? Pero el ya piensa en Las Brisas como cosa hecha.
Un pájaro carpintero se posa en el quicio de la ventana. Me sonríe y empieza a golpear con su pico en vidrio. Tiene bigotes, se le une otro que dibuja cubos y una que tiene en el pecho dibujada una L de Leonora. Ella fija su mirada en mí eleva las cejas y me guiña el ojo izquierdo. Entonces el vértigo. La Bahía de Acapulco vuelve a girar y todo está como de costumbre.
Suspiro. Todo sucedió antes de que yo pudiera parpadear. Ahora entiendo porque los seguidores de Bretón creían tanto en los sueños. Pero sobretodo, entiendo que el Acapulco de ayer sigue tan dorado como el de hoy.

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La tragedia de Yakiri

Yakiri es una chica de veinte años que el nueve de diciembre caminaba por la colonia de Los Doctores a las ocho de la noche para reunirse con su novio. Un par de tipos, que iban en una motoneta, la empezaron a molestar. Ella, al parecer, ni caso les hizo. Pero uno de ellos se bajó de la moto, la amagó con un cuchillo, la subió al asiento de la moto y mientras uno manejaba el otro le ponía la navaja en la garganta. La llevaron a un hotel, la metieron en una habitación en un segundo piso. Uno de los tipos se fue y dejó a la chica sola con el otro, un sujeto de más de noventa kilos de peso y de un metro ochenta de estatura que se disponía a violarla.
Como sucede con las tragedias, los tiempos se confunden y los detalles se desdibujan. En un segundo caben miles de sucesos, especialmente si son feos. El hombre que la amagaba con una navaja de un momento a otro terminó con la garganta rebanada. Yakiri le enterró la navaja en el cuello y el agresor salió de la habitación derramando sangre a borbotones. Ella huyó, corriendo semidesnuda por la calle, pidiendo auxilio, hasta llegar a una nevería que está cerca del hotel. Ahí explicó lo que le había sucedido y pidió que le llamaran a la policía.
La rueda del tiempo giró vertiginosamente, Yakiri fue presentada ante el Ministerio Público y está acusada de homicidio calificado. ¿Qué pasó? ¿No era ella la víctima? ¿No la iban a violar? ¿No fue ella la lastimada? Pues la detuvieron y la llevaron a la cárcel de Santa Martha Acatitla. Sin lar esencia de un abogado, las autoridades le tomaron declaración tres veces. Cuando sus familiares llegaron para saber sobre la joven, dijeron que ya había caído en contradicciones. Pidieron ayuda a un familiar que es abogado civil para que llevara el caso; “se la comió el Ministerio Público”. Se ensució el caso.
Vamos a conceder que la historia de Yakiri es extraña. Me preguntó cómo alguien puede llegar al segundo piso de un hotel sin que nadie se de cuenta de que la chica va en contra de su voluntad. Peor, ¿cómo es posible que una muchacha salga semidesnuda de un hotel sin que nadie la auxilie? ¿Por qué fue a dar hasta una nevería en vez de pedir ayuda en la recepción del hotel? ¿Qué, a poco nadie se dio cuenta de que un tipo salió de ahí mientras se iba desangrando? ¿Serán ese tipo de escenas comunes en ese hotel? ¿Estarán ciegos y sordos los empleados de ese lugar? ¿Por qué Yakiri no pidió ayuda a la gente del hotel? ¿Será que no pudo, será que los agresores tienen ahí amigos que los ayudan con sus fechorías? ¡Quién sabe! También hay que considerar que el presunto violador resultó muerto. Mientras Yakiri corría a pedir ayuda, él llegó a su casa, a la vuelta del hotel y murió.i
Lo cierto es que frente a este tipo de eventos no hay quien tenga la sangre fría para actuar de forma racional. En estas circunstancias sí actúas de una forma: malo, si lo haces de otra: peor. Si Yakiri hubiera hecho lo lógico, la estarían acusando de calculadora, si corrió por las calles hasta encontrar ayuda, la verosimilitud se ve comprometida. En todo caso, estamos frente a un caso de una mujer que presuntamente iba a ser violada y que para variar, al momento de pedir ayuda, le salió el tiro por la culata. A pesar de que las fotografías y exámenes acreditan las cortaduras profundas, lesiones y graves heridas que sufrió Yakiri durante el ataque, y de que ella fue quien pidió ayuda, la policía la detuvo y la remitió a la cárcel, donde se encuentra actualmente. El caso, según los familiares de la chica, ha sido llevado con irregularidades. La detuvieron, la aislaron, le quitaron su celular, se lo devolvieron para que hiciera una llamada, pero no había señal para que pudiera hablar con nadie, su familia se enteró hasta el día siguiente de lo que le sucedía a Yakiri.
Esta historia es extraña, está llena de inconsistencias, de situaciones complicadas y difíciles de creer, pero hasta donde sé, en México todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Al menos eso dice la ley. Sí, la historia es extraña, sin duda. Por desgracia, lo que no nos sorprende es conocer de otro caso de irregularidades y malos manejos por parte de aquellos que procuran y administran la justicia.
No sé si Yakiri estuvo envuelta en un crimen pasional como lo suponen las autoridades que la consignaron o si como ella dice fue víctima de un violador. Lo que sí sé es que ella tiene derechos que le fueron negados. También sé que es obligación del Ministerio Público demostrar su culpabilidad y mientras tanto respetar su presunción de inocencia. No fue ni ha sido así. ¿Por qué no me sorprendo? Para variar, nos enfrentamos a otro caso en el que la evidencia está comprometida —el cadáver ya fue incinerado— y los medios ya han contaminado el criterio de la opinión pública. La presunción de inocencia está comprometida y muchos ya han apuntado el fiel de la balanza basados en criterios que tienen poco que ver con procesos objetivos de justicia.
Esa es la tragedia de Yakiri.

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