Filtro envejecedor

Es curioso, el ser humano tiene una relación complicada con el futuro, a veces lo quiere conocer y otras quisiera evitarlo. Hay quienes quisieran poder colgarse de las manecillas del reloj para evitar que el tiempo pase. Muchos recurren a cirugías, autos deportivos, ropa juvenil para quitarse años de encima. Así somos. Pero, se está poniendo de moda un filtro en el que a partir de una foto actual, puedes ver cómo serás de viejo.

Me imagino que muchos de los que sucumbieron a la tentación de mirar al futuro, se asustaron. Sorprende ver que sean tantos los que le jalan los bigotes al tigre y entran a la máquina del tiempo en viaje acelerado al futuro.

He visto a muchos cambiar su foto de perfil con la versión envejecida de sí mismos. Hay quienes se ven mejor que como están ahora. Danny fue la primera en jugar. Se sorprendió, la versión de mi hija con los efectos del filtro me trajo una versión muy cercana a la cara de mi mamá. ¿Quieres intentarlo? Va.

Me sorprendió tanto ver como mi cara se transformó en la de mi Mami Lolita, mi abuela materna. Una mujer hermosa en todos los sentidos que puede tener la palabra. Las arrugas que sugiere el filtro son las que ella tenía y la expresión de su cara se superpuso en la mía.

El juego tuvo un efecto impactante en mí. Ojalá me pareciera a mi Mami Lolita que fue una mujer que paraba el tráfico en su juventud y en su edad adulta. Al envejecer, claro que su belleza seguía presente, pero adquirió un tono de sabiduría y de ternura que la hizo ser hermosa con la dignidad y elegancia de quien sabe portar los años con gusto.

Si el filtro tuviera razón y si en la vejez seré como ella, ya la tengo garantizada: seré una mejor versión. El jueguito resultó una grata experiencia.

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Tormenta eléctrica

Los fenómenos meteorológicos dan imágenes y sucesos que para muchas personas terminan quedando para siempre en su memoria. La contemplación de la naturaleza cuando pierde la calma es algo aterrador y maravilloso. Es fascinante. Desde las tempestades épicas, tormentas y huracanes desastrosos, a temperaturas altas o bajas las expresiones del medio ambiente nos dan dimensión de lo que es el ser humano. El clima siempre ha sabido como sorprender a las personas, y ayer en Acapulco la naturaleza se manifestó.

Creímos que sería una simple lluvia y tal vez lo fue. El fenómeno meteorológico nos dejó a muchos boca abierta. La lluvia cayó como una especie de catarata en medio de vientos muy rápidos que silbaban y una tormenta con rayos y truenos muy ruidosos. Era como si el mar y el cielo estuvieran peleando. Zeus y Poseidon se gritaban y Eolo también participaba.

El cielo cambiaba de colores y el mar tomaba su turno para hacer lo mismo. Las cosas volaban por los aires y los rayos que nacían en las nubes entraban entre las olas del mar. Medio Acapulco se quedó sin luz. La oscuridad tan negra se iluminaba por segundos y apretábamos las mandíbulas esperando el estruendo. Primero, la piel se nos puso de gallina pero ganó la admiración al ver que la naturaleza habla con autoridad y majestad.

XXV aniversario

Hace veinticinco años, frente al altar de la Capilla de la Virgen del Rayo, en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, Carlos y yo nos prometimos sernos fieles en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad y amarnos y respetarnos todos los días de la vida hasta que la muerte nos separe. Recuerdo con tanta emoción que el Padre Hernández, el párroco que nos casó, nos pidió que nos tomáramos de ambas manos y las juntáramos para recibir la bendición: lo que Dios a unido que no lo separe el hombre. La fuerza divina llegó para formar un vínculo poderoso que nos ha protegido.

Así empezó esta aventura de altas y bajas en las que el cariño ha sido constante. En estos años, nuestro matrimonio ha tenido de todo: la prosperidad nos ha tenido de la mano y adversidad nos ha visitado. La enfermedad nos ha sacado sustos y la salud ha prevalecido. La vida nos regaló dos hijas tan hermosas como el amor que nos tenemos. Andrea y Daniela son la mejor muestra que da testimonio de lo que las palabras no alcanzarán a expresar. Los sombrerazos, las turbulencias, las tinieblas son un negrito en el arroz de una relación en la que las risas, la palabra sincera, la complicidad y admiración de ida y vuelta nos han llevado a formar un gran equipo. Si el negrito nos ha llegado a parecer la piedra que Sísifo va empujando montaña arriba, hemos sido dos los que codo a codo la han hecho rodar.

Cuando era una estudiante de Secundaria en el Colegio Simón Bolívar, antes de entrar a clases, corría a la capilla y le pedía a la Virgen del Rayo y al Señor San José por un buen marido. Me lo concedieron. En la Ibero, Gina, una de mis maestras de integración nos recomendaba que no buscáramos al más guapo porque la edad los volvía feos, ni al más rico porque el dinero no alcanza para unir nada, tampoco al rey de las fiestas porque tanto chiste aburre. Busquen al más inteligente, al que sepa platicar, al que te sorprenda, al que te deje ver puntos de vista que tú jamás hubieras imaginado, al que te escuche.

Ni Diógenes con su lámpara hubiera encontrado un mejor hombre. Carlos es eso y más por eso lo sigo queriendo por encima de todo y con todas mis fuerzas. A las pruebas me remito. Soy la harina de su costal, soy la vid que decidió estar en el centro de su jardín, nuestras hijas como ramos de olivo porque me ha enseñado que el amor no es ciego sino generoso y compasivo. Carlos es bueno, no es egoísta ni envidioso, se alegra con el bien, no lleva cuentas. Ha creído, me ha esperado, me ha disculpado, ha aguantado sin límites. Por eso es mi adoración.

Hace XXV años, le prometí que siempre seríamos nuestra media naranja. La verdad es que, con el paso de los años y de los kilos, dejamos de ser naranja y nos convertimos en toronja con límites cercanos a ser nuestro medio melón. Seremos la fruta que nos toque ser, siempre embonados, juntos, enojados o muertos de risa, de acuerdo o con puntos de vista encontrados, juguetones o serios, pero con ese amor del bueno del que dura y se queda sin importar los embates de la prosperidad, los retos de la adversidad, la mortificación de la enfermedad, los excesos de la salud.

Soy afortunada de haber encontrado al hombre de mi vida y de tenerlo a mi lado para decirle que después de veinticinco años quiero ir por otros veinticinco o más y seguir a su lado después de los límites que marque la vida.

Amanecer cerca del mar

Ver un amanecer cerca del mar nos lleva a entender porque Afrodita decidió que le rindieran culto cerca de la playa y no en las acrópolis. Para la diosa del amor que era la protectora de los marinos, estar cerca de sus protegidos era importante. No obstante, creo que la diosa llevaba otra agenda. El placer de ver como la oscuridad se vence ante la luz.

La magia de la primera claridad del día se potencia cerca del mar. Hay un diálogo entre las aguas que se contienen en el cielo y las que fueron separadas para la tierra. Las olas parecen mas tranquilas y la calma de las nubes que se aborregan se platican las esperanzas del nuevo día.

Si el cielo en lo alto se ve azul y rosa, el mar se convierte en el espejo que repite esa misma imagen y Afrodita levanta la batuta para dirigir una sinfonía silenciosa que solo los madrugadores pueden ver. Tal vez, la diosa despliega esa belleza para animar a salir al mar, para dar dulzura antes de empezar o, sencillamente lo haga por el gusto de darle un regalo a los que decidieron admirar las primeras horas en vez de dormir.

La ciudad del silencio

Caminar por las calles de Mdina, Malta es una experiencia extraña, la afonía te envuelve, el sigilo te acoge y al ir al paso por sus callejones estrechos y sus calles de piedra no hay forma de no quedar integrado al misterio. Entre el calor de cuarenta grados, el sol intenso, el reflejo de la luz sobre sus casas y edificios el visitante tiene la impresión de haber regresado al pasado, a una vida anterior, a una dimensión alterna. Es esta extraña falta de ruidos lo que hace que el lugar de haya ganado el apodo de Ciudad del Silencio.

Entramos a la Mdina amurallada y entendemos las razones que tuvieron para venir a filmar Game of thrones. El cerebro tan acostumbrado al ruido de la cotidianidad, a las prisas, al tráfico y al barullo encuentra un remanso en la calma de este lugar en el que los segundos se arrastran y casi podemos escuchar los granos que caen despacio en el reloj de arena.

Hay, como en todo sitio turístico, los recuerdos de Malta hechos en China que nos recuerdan a los templarios, a las cruzadas, a los guerreros y las expediciones para recuperar Tierra Santa. Hay grupos de visitantes pero por curioso e increíble que parezca, no hacen ruido. Se dejan invadir por esa tranquilidad silenciosa que sus habitantes cuidan y hacen respetar en forma suave.

Al entrar a Mdina la calma y el sosiego te llevan a una magnitud en la que por fuerza al contemplar lo de afuera te jala la profundidad interior y en silencio admiras el exterior y entras a las honduras del propio ser. Y así, te enteras de quién puede ser la identidad que te habita.

Atardecer y el Bósforo

Ver caer la tarde, presenciar que el cielo se cambia de color, renuncia al azul y prefiere volverse rosa, mientras las crestas del río dibujan caminos, unos dorados y otros plateados es uno de los lujos de estar en este lugar de ensueño. Estoy segura que todo es parte de un plan: Estambul quiere que caiga enamorada y el Bósforo teje sus redes de seducción. Por supuesto, tiene éxito. La ciudad ya hizo la magia. La queremos con sinceridad y amor del bueno.

La tarde que se vuelve noche es el momento más mágico. Sólo un loco no entiende el amor de Constantino. No hay razones que más valgan pero entre los gatos silvestres, los monumentos, la comida bebida y su gente quiero ver quién es el valiente que levanta la mano para no caer a los pies de esta ciudad tan especial. Suena la oración en las bocinas y se guarda silencio.

No es una tarde cualquiera, es la experiencia de la ciudad amable que apaga los rayos del sol poco a poquito y enciende una serie de luciérnagas y se convierte en un paisaje iluminado en el que el ojo experto puede encontrar puentes atirantados, nombrar cada una de las mesquitas, encontrar el Gran Bazar, ubicar la Plaza Taxim, apreciar la Torre Galatea e imaginar que un inca se hunde en es Bósforo rodeado de gaviotas y barquitos que van de aquí para allá.

Estambul es majestuosa de Europa a Asia, entre sus montes y llanos, con su gente que te lleva a regatear y te hace creer que eres el mejor negociador del mundo, aunque hayas pagado mas de lo que originalmente tenías pensado gastar. Será el vino de la región de Anatolia, los dulces con miel, los quesos añejos o los frescos, serán los olores y sus sabores, serán los mil y un cuentos o el pan que se vende en carritos por la calle, será el conjunto lo que hace la magia del atardecer y el Bósforo lo que ratifican que el amor existe y se experimenta en forma entrañable y rabiosa.

Ecos y reflejos

La mañana amanece húmeda, llovió por la noche, hay muchas nubes grises, el piso está mojado. En fin, el clima no pudo ser mejor. Es perfecto, tal como a ella le gusta. Se despertó temprano, estoy segura de que ninguna alarma le dijo que era hora. Eligió con cuidado y escogió la blusa favorita. Debo decir que se ve preciosa. Las palabras de una madre siempre tienden a describirlas así. No por eso deja de ser verdad que se ve tan linda, tan grande y tan segura.

Viene a despedirse, a pedir de la bendición. Elevo los ojos al cielo, pido la protección de Dios y de la Corte Celestial. Se va con una sonrisa que no le cabe en el rostro. El eco del día en que la dejé en el kínder en manos de Miss Vero y se despidió encantada de ir a jugar resuena en mis recuerdos. En su primer día de escuela, ella entró dando de saltos y yo me quedé en la puerta con el corazón algo arrugado. Hoy ese reflejo destella y me hace chispas en la boca del estómago.

Escucho la puerta del garage que se cierra, el coche arranca y el tallar de las ruedas en el pavimento se aleja. Ahí va Andrea a su primer día de trabajo. El primer empleo que consiguió por sus méritos, sin que papá o mamá metiéramos las manos. Como estoy de vacaciones, me quedo acurrucada en la cama. El tiempo pasa tan rápido, me lo dijeron siempre y es verdad. Me hago bolita y abrazo las rodillas con fuerza. Sonrío. Aquel día que la dejé en el kínder dibujé unas alas que hoy se extendieron y ya se agitan para volar.

Los ciclos de la vida son virtuosos. Vuelvo a mirar al cielo. Ahora, además de pedir protección, doy gracias y alabanzas porque en su gran poder, Dios me escuchó y me sigue escuchando. Hoy me hija se fue a trabajar.

Agradecer por la noche más linda

Ayer por la noche, viví una de las experiencias más hermosas de todos los días de mi vida. Para ello, tuve que someterme a la angustia de soltar el manubrio de mi vida y cedérselo a un par de conductoras que se veían nerviosas. Pero, de la misma forma en que, cuando era niña, cerré los ojos y pedaleé para ir cuesta abajo en la bicicleta, así con los dientes apretados y con una especie de hoyo en el estómago, cedí el control.

Al igual que cuando iba cuesta abajo en la bici, los nervios se fueron diluyendo cuando sentí la maravilla de ese airecito sobre la cara. Entonces, como ahora, hizo falta valor. Pero, ya se sabe que la osadía trae sus compensaciones. Mis hijas se convirtieron en conductoras designadas, en conspiradoras de travesuras felices y orquestaron la mejor sorpresa de mi vida.

Salimos de casa con rumbo desconocido. Andrea manejaba, Danny iba chateando. Las dos se miraban como buenas cómplices. Carlos y yo fuimos confinados al asiento trasero y recibimos órdenes de callarnos y nos convertimos en padres obedientes. Tomamos rumbo a Coyoacán sin muchas explicaciones. Al llegar al destino, algún estúpido bloqueó el flujo planeado para que las cosas salieran de acuerdo a la estrategia. Dimos una vuelta a la manzana. Ese incidente hizo todo más emocionante.

Por fin, llegamos al lugar: era la casa donde sembré pinos ocoteros, donde florece el floripondio y da frutos el limón. Estaba todo tan oscuro que cuando estalló el grito de sorpresa, el alma se me salió del cuerpo y el corazón se dividió en dos partes iguales. Ahí estaban nuestros amigos, los importantes, también mi suegra y Enrique. La gente que ha estado en lo próspero y en lo adverso.

Y, mis hijas, conspiradoras de alegría, se organizaron en secreto para invitarlos sin que Carlos y yo sospecháramos nada de nada. Cedimos el manubrio y nos dejamos conducir. Fue glorioso, fue tan emocionante ver lo competentes que son Andrea y Danny para hacer felices a sus padres.

Nos organizaron un festejo anticipado para celebrar XXV años de casados, eligieron todo para hacer una no he perfecta. Se asociaron con nuestros cariños más cercano y todos se confabularon para celebrar la noche más linda. Qué felicidad, las travesuras que mis hijas planean con nuestros amigos me emocionan tanto que las palabras se me hacen moño.

Gracias a todos los que ayudaron a Danny y a Andrea. Gracias a mis hijitas, con toda la fuerza de mi corazón.

Siete años

Hace siete años empecé a escribir este blog. Como todo lo que se inicia, hubo incertidumbre, ¿quién me leerá?, dudas, ¿es serio escribir un blog?, cuestionamientos, ¿para qué? Y entre todas las preguntas que se me ocurrieron antes de empezar, la que jamás se me ocurrió plantearme fue ¿por cuanto tiempo? Seguro pensé que lo que durara seria bueno.

Lo que jamás me imaginé al empezar a escribir este blog hace siete años fue la cantidad de satisfacciones que me iba a traer. Gracias a este blog, he recibido mucho. Me ha dado la posibilidad de reencontrarme con gente del pasado, de comunicarme con mis alumnos, lo mismo con los que están en el aula, como con aquellos que hace muchos tiempo que pasaron por mi salón, me ha acompañado al andar por el Camino de Santiago, ha viajado conmigo a Sudamérica, a Europa, a Asia. Ha contado sobre mi experiencia en Jerusalén, en el Roland Garros, en aquella final en que Roger Federer alzó por única vez la Copa de los Mosqueteros, ha felicitado a los míos en sus logros y ha contado mis tristezas y preocupaciones. Se ha metido conmigo en las pastas de los libros y me ha impulsado a escribir columnas de opinión en publicaciones como Forbes, WSI, Correo. Ha reportado sobre los premios y se a topado con uno que otro tropiezo. Vienen conmigo a San Miguel de Allende y a Acapulco.

En este blog se reúnen muchos lectores de tantas partes del mundo y esa diversidad me sigue pareciendo un misterio. Y, lo más importante que me ha dado son lectores. Gracias a los que han estado aquí desde el primer día, a los que van llegando, a los que no se han ido. Estas ventanas se abren para mostrar lo que estoy pensando. Gracias a los que se asoman desde España, Colombia, Puerto Rico, Australia, Austria, Dinamarca, Israel, Noruega, Francia, Italia, Estados Unidos, Japón, a los de cada rincón de este mundo que vienen a ver lo que hay por aquí, gracias a mis paisanos, a cada mexicano que me sigue.

Escribir.

Escribir es como lanzar una botella al mar que lleva un mensaje, es la esperanza de que alguien la encuentre, le quite el tapón, saque el mensaje y lo lea. Gracias, porque cada día tengo la satisfacción de que esa botella sufre el milagro de la multiplicación. Gracias por darme la satisfacción de saber que me leen. Cada año se aumentan el número de visualizaciones y mi agradecimiento se vuelve exponencial.

Gracias por ayudarme a cumplir estos primeros siete años.

Esperando el verano

Cada año, a estas alturas, tengo la misma sensación. A punto de acabar el semestre, cuando ya no hay clases y los exámenes están en curso, es decir, cuando la actividad disminuye pero todavía no se acaba, siento que estoy al límite y me paro de puntitas para ver cuanto me falta para estar dedicada a eso que tanto me gusta y por lo que trabajo a lo largo del año: la época para leer y leer, para escribir sin consultar el reloj.

En verano, me reúno con gente que quiero y me alejo de esos prietitos que vienen en la vida de todo ser humano. Tomo rumbos al sur o al Bajío y amparada Santa Lucía y su hermosa bahía o bajo las alas del Arcángel Miguel y me voy a desintoxicarme de la cotidianidad. Marido, hijas, perro, perico, libros, series, hojas en blanco por llenar hacen las ilusiones de que en cinco semanas voy a lograr la proeza de olvidarme y dedicarme a disfrutar.

Pero, desde luego, como sucede cuando estás en mente y alma en un lugar, pero el cuerpo sigue atado a la obligación de permanecer, entra esa angustia de ya querer llegar. El sabor es agridulce. Y, tal como pasa cada año, surge la pregunta: ¿y si en vez de aguantar los prietitos, los borrara y me dedicara a vivir como un verano eterno? La tentación es grande, a estas alturas del año.

Esperar el verano se ha vuelto una actividad vocacional. Y, cuando estoy a punto de que llegue, de abrazar mi mejor temporada del año, me entra esa cosquillita y me gustaría, no sólo que ya llegara si no que nunca acabara.

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