Seis años y seguimos escribiendo

Me toma por sorpresa, parece que no ha pasado tanto tiempo y ya llevamos seis años de unirnos a través de estas ventanas. Escribir, lanzar palabras al aire con la esperanza de que alguien las alcance a ver, que alguien reciba el mensaje y de alguna forma dé señales de haber leído. El proyecto parecía descabellado. Lo era y lo sigue siendo. No obstante, las ideas que no nos hacen reír, los planes que nos parece que serán difíciles de concretar, cuando rinden frutos, nos siguen sorprendiendo.

¿Cómo es posible? Estas ventanas se abren en México, España, Estados Unidos, Rusia, Austria, Japón, Australia, Inglaterra, Escocia, Israel, Palestina, Argentina, Perú, Uruguay, India, Finlandia, Francia, Portugal, Italia, Guatemala, Canadá, Bangladesh. Nunca lo imaginé. Este blog sigue cosechando lectores. Se asoman a esta ventana y se quedan a seguir leyendo.

Gracias.

Gracias a todos los que a lo largo de seis años me han acompañado. A los primeros y a los recién llegados, a los que se asoman a diario, a los que lo hacen de vez en cuando, a los jóvenes y a los que guardan la juventud en el espíritu, a los que han pasado por las aulas en que he impartido clase, a los que me conocen en forma física y a los que se han vuelto cómplices en forma virtual, a todos ustedes que me leen vaya todo mi agradecimiento sincero y profundo.

Son seis, vayamos juntos por más letras y renglones, por más motivos que nos lleven a reunirnos en ese punto mágico que se llama lectura.

Gracias, siempre.

Anuncios

Danny, bienvenida a la vida adulta

Hijita, te veo caminar con tanta alegría y llena de ilusión para inaugurarte en la vida adulta que no puedo sino emocionarme contigo y mirar al cielo para pedir que todo tipo de bendiciones te cubran siempre.

La sorpresa que me causa pensar en lo rápido que ha avanzado el segundero desde que te tuve por primera vez entre mis brazos contrasta con el enorme cúmulo de recuerdos que hemos ido forjando juntas. Entre regaños y complicidades, el péndulo ha dibujado una trayectoria en la que el gran cariño que te tengo busca el balance entre la formación y el consentimiento. Claro, unas veces se inclina a un lado duro y la mayor parte ganan las ganas de hacerte sonreír, aunque parezca lo contrario.

A veces siento que si cierro los ojos, te veré recostadita en la cuna, con el uniforme del Kinder Hills, aprendiendo a andar en bici sin rueditas, con la raqueta en la mano, rescatando a Bodo, abrazando a Gis, jugando con Chai, trayendo a Shekel a la casa, enseñándome a usar Netflix, metidas en la alberca, viendo los atardeceres más lindos en Acapulco, caminando por San Miguel.

Y, hoy cumples dieciocho años y la ley dice que mi chiquita ya es adulta. A lo largo de estos años, tu padre y yo hemos elegido las mejores semillas para sembrarlas en el campo fértil de tu persona. Quiero entregarle al mundo a un ser humano extraordinario, excelente, creativa, honesta, respetuosa. Pero, tú hijita siempre rebasas nuestras expectativas. Mi imaginación se queda corta frente a los alcances que llegas a desarrollar.

Entrar a la vida adulta significa ser valiente para defender ideales, determinación para concretar los sueños, inteligencia para discernir, bondad para los semejantes, fuerza para avanzar sobre un camino recto, convicción para ser fiel a los valores, humildad para recomponer lo que no se hizo bien, amor a la vida y temple para enfrentar la adversidad y para aprovechar las oportunidades.

Danny, tienes dieciocho años y no puedo más que mirar al cielo para darle a Dios las gracias por haberme dado el privilegio de ser tu mamá. Le pido al Padre que te llene de bendiciones, te rodee de ángeles que te protejan, que los arcángeles te escolten siempre, que la muchedumbre de los santos de aconseje siempre y que la Virgen te cubra con su manto.

Yo me siento tan orgullosa de ser tu mamá. Felicidades, mi niña hermosa. Eres adulta, eres grande, enorme y siempre serás mi niña hermosa.

Los maestros y su apostolado

Ser maestros es algo similar a ser sembradores que van lanzando semillas sobre surcos con la esperanza de que germine algo bueno, hermoso y mejor. Desde la trinchera tan peculiar que es pizarrón, con el poder que dan el gis y el borrador, la voz se eleva y muchas veces se hace la soledad. Competimos contra tantos focos de distracción: las preocupaciones personales de cada estudiante, las pantallas que proporcionan tantas posibilidades para que no nos hagan caso, la inquietud que hay para platicar y mientras el profesor habla y habla, la mente de los pupilos anda volando en los universos paralelos que se desenrollan en la imaginación a la que sentimos que no tenemos acceso. Así es el peregrinaje del magisterio, es un apostolado para el que se requiere sí o sí una vocación a prueba de balas para no morir en el intento de seguir lanzando nuestras semillas.

Sin embargo, en este camino, los maestros caemos en una serie de tentaciones como el abatimiento, el cansancio y el peor de todos: la frivolización de nuestro quehacer. En un ataque de soberbia que se encubre de buena voluntad, menospreciamos las capacidades de nuestros estudiantes, subestimamos su inteligencia y les tratamos de resolver todos los problemas, bajamos el nivel de exigencia, dejamos pasar ciertas fallas, nos apartamos del rigor académico. Les queremos entregar todo peladito y en la boca para después quejaros amargamente del rendimiento pobre y del aprovechamiento mediocre. Nos olvidamos de que la responsabilidad es nuestra, de que el timón está en nuestras manos.

Pero, este apostolado implica resistir con valentía la tentación de olvidarnos que el aula es un lugar sagrado en el que se transmite conocimiento. El compromiso por la educación tiene que ver con la lucha que le damos a la apatía de nuestros pupilos y con la nuestra. También va directamente relacionado con la altura de miras que le demos a la responsabilidad de pararnos frente a un grupo, con independencia de si el alumno está pensando en sus problemas personales, si está distraído porque esta chateando con un amigo, si se queda mirando el techo o si se queda arrobado con nuestras palabras.

Cada quince de mayo me gusta recordar a esos maestros que tuve la suerte de tener, que me enseñaron, me formaron, me entendieron, me ayudaron y me exigieron. Dar gracias a esos maestros que siempre han sido ejemplos y que invoco en mis salones y en cuyos ejemplos me apoyo cada que el ánimo desfallece. Gracias a mi queridísima Miss Úrsula, al Padre Sanabria, al profesor Argumedo, a Ramón Moreno, a Robert McCabe y a tantos y a todos. He sido tan afortunada de haber tenido maestros maravillosos. Y, también he tenido tanta suerte de tener alumnos espléndidos, de los buenos siempre me han tocado los mejores.

En este apostolado he sido privilegiada al tener aulas en las mejores instituciones del país. Gracias a la Ibero, mi alma mater, a Universidad Humanitas, a la Universidad Anáhuac México, a la Universidad Panamericana, a la Universidad del Claustro de Sor Juana que me han permitido ejercer el magisterio con la más absoluta de la libertades y que me han dado la posibilidad, no sólo de lanzar mis semillas en surcos fértiles sino que han sembrado en mi hermosos simientes que germinan en mi corazón y me llenan el alma de alegría.

Este apostolado no es sencillo, ¿cuál lo es? Y, de todos los que conozco, de todos los que he ejercido, este me recuerda que debo ser paciente, humilde, permanecer actual, con la mente abierta para poder cosechar frutos tan dulces y satisfactorios. Porque, este oficio es un privilegio en el que hay muchos llamados, pero para quedarse, hace falta valor y entrega. Ser maestro es una actividad permanente, de veinticuatro horas los trescientos sesenta y cinco días al año. Y, aunque el cansancio es real, la ilusión nos ayuda a llevar nuestros pasos al salón y dar nuestra clase cada día.

Viernes Santo

El día más triste para los cristianos es el Viernes Santo. El misterio de la Pasión de Cristo, la muerte de cruz, la violencia contra un hombre bueno, el más bueno que ha pisado la faz de la tierra, el dolor son elementos que escapan mi limitado entendimiento. Por eso, más que tratar de entender a Dios, lo siento.

La Vía Dolorosa, el camino al Gólgota, El Calvario, La Cruz, Los Clavos, La Corona de Espinas no tienen una explicación científica, no hay lógica que abarque el suceso histórico, la mente es un pozo pequeño para abarcar la inmensidad del significado. Por eso, aproximarse con la razón es intentar meter el mar en un hoyito. La duda emerge y da paso a la desesperación y a la desesperanza. El corazón es un mejor aliado en los temas que el cerebro no logra discernir.

¿Estar triste después de dos mil años? Parece un sinsentido. Para muchos, no lo es. Incluso, para los que sabemos que la historia no acabó en el sepulcro. El silencio al que invita el Viernes Santo es a la parte que nos lleva a hacerle mal a quien nos hizo bien. Al rencor que gana, a la violencia que no se controla, a la agresión que se inflige porque se puede, al abuso sobre el débil, el autoritario que humilla, al desprecio por el diferente. A todo eso que puedo ser y he sido de pensamiento, palabra y omisión no está demás echarle una revisada.

El silencio de Viernes Santo y los pensamientos que convoca ha de ser ese quedarse callado, como sucedió en el hueco en que José de Arimatea puso el cuerpo lastimado y sin vida de Jesús nuestro Señor. ¿Qué pena tan grande habrán sentido? Se retiraron en silencio después de cerrar la puerta con una piedra enorme. Pero, ahí no todo estaba dicho. El silencio del Viernes Santo ha de ser no para entender sino para sentir que cuando parece que hemos sido abandonados, ahí está el que viene a salvarnos.

Por las mañanas

Hay un momento glorioso que por su brevedad es sumamente disfrutable. Es ese instante en que te despiertas y te quedas quieta en la cama, entre las sábanas y te aferras a la almohada, es una fracción mínima de tiempo en la que abres los ojos y tal vez todo sigue oscuro y crees que ya es tiempo de levantarte y caes en la cuenta de que no, no hay prisa: es sábado. Te puedes quedar otro ratito.

Entonces, hay un estallido de felicidad, un gozo único que llena el corazón y pone el alma en un estado de contento que es difícil encontrar una comparación que le haga justicia al sentimiento. El cerebro se entera de que puede descansar, que se puede desconectar y que no hay porqué empezar a correr, te puedes quedar.

Y se valora la textura de las sábanas, lo mullido del colchón, lo cómodo de la almohada. Y, tal vez no sea posible volver a conciliar el sueño. No importa. Ese estado glorioso de quedarse en la cama, esperando a que arranque el día, cuando estamos despeinados, en ayunas y sin prisas tiene un efecto mágico, sentimos que tenemos el tiempo atrapado en los dedos. Y, aunque sea por un instante, así es.

Esa es la gloria de una mañana de sábado.

Reflexiones sobre una alarma que sonó por más de nueve horas

Fueron más de nueve horas, parece increíble pero, efectivamente, durante todo ese tiempo padecimos el ruido de una alarma que nos torturó con un método similar al que la Gestapo utilizaba para hacer sufrir a sus prisioneros. La diferencia es que nosotros no estábamos presos, estábamos en casa disfrutando de un fin de semana largo.

Despertamos con la angustia que estalla en medio de la noche con un estruendo que se confunde con la alarma sísmica, la de un auto que se están robando o con la pesadilla de la que acabas de despertar para entrar a otra pero peor. La sirena se combina con un martilleo constante. ¿Qué pasa? Es la alarma de los vecinos nuevos, los que acaban de mudarse y de los que nadie tiene siquiera el dato de cómo se llaman. Además salieron de la ciudad y le echaron a perder el descanso a todos los que vivimos a la redonda.

Lo primero que pensamos fue si les habría sucedido algo, después de una hora supimos que al lado de la casa no había ninguna emergencia. Algo había activado los sensores de protección y botó la sirena estruendosa. Hablamos al 911, sirvió de poco. Los policías llegaron y se retiraron por sus fueros. No podemos hacer nada. No estamos facultados. La alarma seguía aullando a decibeles insoportables sin solución.

Llamé a la compañía ADT desde la 1am que comenzó el estruendo. No atendió nadie. Lo posteé en Facebook, en Twitter, la compañía en Estados Unidos me informó que la de México no tiene que ver con ellos. Atendieron hasta las 7 de la mañana. Me toman el reporte y me dicen que como yo no soy cliente de ADT no pueden hacer mucho. Tratarán de contactar al vecino. A las ocho de la mañana seguía la tortura. Me estalla la cabeza, el ruido no para. Vuelvo a hablar a ADT, la persona que me atiende me dice que nada más el vecino puede apagar el ruido. El vecino no está en la ciudad. Estamos condenados. Nadie puede hacer nada. Por fin, después de nueve horas, se hizo el silencio.

Las reflexiones sobre el tema no son alegres.

La primera y más evidente es que el servicio de ADT no sirve para los fines que se vende. La compañía no monitorea la alarma, jamás mandó nada ni a nadie a verificar la casa de su cliente, fuimos nosotros, personas externas a la compañía y a los clientes los que tuvimos que avisarles que la alarma se había activado.

La segunda reflexión es que en una emergencia el 911 protege menos de lo que creíamos. Si hay una emergencia dentro de un domicilio, nadie puede entrar si no les abren la puerta. Así que alguien puede estar amagado por un maleante o con una urgencia médica que tendrá que quedarse con el problema dentro hasta que les puedas salir a abrir.

La tercera es que hay una gran facilidad para convertir el entorno en un infierno, fastidiarle la vida a tus vecinos sin intención y sin darte cuenta.

La cuarta reflexión es ver como ADT decide ignorar el problema. Las alarmas que se disparan cuando los dueños están fuera son un problema común. Esta historia que padecimos se ha repetido muchísimas veces sin que la compañía ofrezca una solución, parece que no le preocupa.

Cuando milagrosamente se hizo el silencio, quedaron las secuelas. Migraña, aturdimiento, enojo, frustración. Nadie ofreció una disculpa —ni vecinos ni empresa— y, por supuesto, tampoco se ve una solución en vías de desarrollo. ¿Qué podemos hacer? En el período vacacional que se acerca, muchos saldrán de su casa, programarán su alarma y se quedarán tranquilos creyendo que dejan su casa vigilada. ¡Pobres! Y, pobres de los que vivan cerca de alguno de esos a los que se les active la alarma, sabrán lo que es el llanto y la desesperación. No habrá mucha ayuda y si su vecino se fue por varios días… sólo ellos podrán desactivar el ruido.

La última reflexión es en torno a ser buen vecino. Estos que son nuevos en el barrio ya se hicieron notar en forma horrible. Cuando saquen a pasear al perro, serán señalados por ruidosos. Al llegar a un nuevo barrio, hay que presentarse y dar los daros de contacto a las personas que viven junto a ti. Tal vez, no sea de interés trabar una amistad, pero tender lazos armoniosos con la gente que te rodea siempre es buena idea.

Stephen Hawkin

Stephen Hawkin vivió una vida larga. Murió en las últimas horas del 14 de marzo del 2018 a los setenta y seis años. Tuvo una mente enorme que habitó en un cuerpo frágil. Pero lo de él era el pensamiento en grande y las limitaciones físicas no detuvieron el flujo de las ideas.

Su máxima preocupación fue concebir una pregunta que lo abarcara todo. Quería llegar al fundamento, a la base para entenderla y así poderla explicar. La capacidad de análisis y de síntesis lo llevó a reflexionar sobre el todo en concreto e intentar dar con una teoría, con una expresión que nos dejara entender.

El espacio sideral, las relaciones espacio temporales, las singularidades de la relatividad, fueron los temas que le obsesionaron y sobre los que trabajo con éxito. Todos saben que obtuvo doce doctorados Honoris Causa, era miembro distinguido de la Academia Británica, de la Real Sociedad de Londres, de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia de las Ciencias de Estados Unidos. Fue titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas (Lucasian Chair of Mathematics) de la Universidad de Cambridge desde 1979 hasta su jubilación en 2009. Pero, lo que pocos saben es que su voz forma parte de un disco de Pink Floyd.

En el album The division bell se incluye una canción que se llama Keep talking que inicia con la voz de Stephen Hawking. La voz electrónica dice en inglés: Por millones de años los seres humanos vivimos como animales, entonces, algo sucedió que desencadenó el poder de la imaginación y empezamos a hablar. También hubo otra canción que se tituló Talking Hawking que habla de las posibilidades que se abren a partir del discurso. Por la palabra trabajamos juntos, comunicamos ideas, construimos lo imposible. Un hombre que no tenía voz, cantó con Pink Floyd.

La vida le dio la oportunidad de ser un hombre funcional a pesar de sus padecimientos físicos. Tenía una enfermedad motoneuronal relacionada con esclerosis lateral que lo fue paralizando poco a poco y lo dejó atado a una silla de ruedas, dependiente de aparatos para poderse comunicar, pero con un cerebro hiperfuncional.

De todas las preguntas que hizo, seguramente hoy ya tendrá la respuesta. Murió una mente brillante.

Por escrito No. 12

http://www.porescrito.org/wp-content/uploads/2018/02/PRETEXTOS_WEB1.pdf

Ordem y Progresso

Palabreros

Hay escritores que tocas las palabras con guantes quirúrgicos. Las eligen con la misma precisión con la que un cirujano hace un corte exacto al empezar una operación. Las acomodan con la misma parsimonia con la que una enfermera pasa el bisturí y el escalpelo solicitados. Y, cuando concluyen sus escritos, logran acomodar en la charola de acero inoxidable un coágulo infeccioso que fue correctamente extirpado y que causa la misma emoción estética que una serie de azoteas grises en una ciudad contaminada.

Hay quienes creen que la corrección es arte y se equivocan. La corrección es el primer peldaño de los muchos que hay que subir y, desde luego, no es el único. Armar el rompecabezas de sintagmas, combinar significados y significantes, conjugar los tiempos adecuadamente, cuidar lo impecable de la ortografía son requisitos indispensables para iniciar el camino. Sin ello no se puede dar el paso inicial. Por supuesto, hay mucho más camino por andar.

El palabrero se queda ahí o tal vez se atreva a dar un paso más. Un palabrero atrevido experimentará con la estructura, medirá la extensión de sus textos, diseccionará al personaje, buscará un tema que le lleve cierto lugar preciso y luego, se quedara ahí, viendo como su estilo se vuelve pesado, de piedra y se mesara los cabellos y se los volverá a peinar, pues lo que le interesa es algo plasticoso, que no se salga de su lugar, que no haga sudar, que no se mueva, que se quede donde se dejó.

El palabrero no tiene voz. Sus composiciones son tan precisas que les falta vida. No se ensucian, les falta entrar al pantano de los sentimientos, al lodo del trabajo sentido, a la sordidez de las emociones, a la proximidad del abrazo, al calor de las lágrimas, al estruendo de una carcajada, a la falla de un acento, de una coma, al ritmo descompasado de una respiración que se agita.

Cuídenos Dios de los palabreros. Son vendedores de espejos fríos que engañan la inocencia del incauto. Atrapan al pretencioso en sus redes adecuadas. Son viborillas que se arrastran sobre vidrios transparentes que imaginan impolutos. Abusan de la gentileza del lector al que someten a muchas palabras sin lograr mover una fibra del corazón.

Bienaventurados los que hacen de la palabra un instrumento con el que se rajan el alma, con el que se rompen las entrañas y se abren la piel. Bienaventurados los que escriben para tocar al otro, para pinchar orgullos, alcanzar corazones, encender ilusiones, mover pensamientos. Bienaventurados los que iluminan sus sentires en otros corazones y nos regalan fantasías y realidades alternas. Bienaventurados los generosos que nos regalan llaves para ver otros escenarios. Bienaventurados los que se entregan en cuerpo y espíritu, de ellos será el reino de las letras.

20 años, Andrea

Como cada 14 de enero, siento que el corazón crece por dos razones que son una misma: me entra una ternura que no me cabe en el cuerpo y siento un orgullo tan grande que no hay palabras para explicarlo. El amor no tiene una descripción justa. No hay forma de abarcar semejantes dimensiones. Me hice madre hace 20 años y fue de la mejor forma posible.

De la bebecita que tuve entre los brazos a la mujer que me llena de besos yo quisiera decir que no hay diferencia. Pero, mi hija primera ya es una universitaria que me prueba a cada momento lo que es un debate bien sostenido, de qué se trata tener ideas divergentes, lo que significa caminar dando pasos firmes. El amor a primera vista que se despertó tan pronto me la acercaron, siendo el ser humano mas joven del mundo, se ha multiplicado. La diferencia entre aquella Andrea recién nacida y la que hoy tengo frente a mí hay un conjunto infinito de motivos que me llevan a sonreír y agradecer al Altísimo.

El tango de Gardel dice que 20 años no es nada, pero la nada es vacío y esa bebecita es una persona con ideas firmes, planes independientes, proyectos propios. Es plena. Me imaginé que la maternidad sería difícil, con Andrea ha sido un trago dulce. Creí que la maternidad sería una tarea abrumadora, con Andrea ha sido un goce de pláticas, caminatas, fotografías, textos e infinidad de motivos para quererla con todas las fuerzas que Dios le dio a mi alma.

Desde los días de la estimulación temprana hasta la graduación en la Escuela Moderna Americana, desde que aprendió a garabatear con una crayola en el Kinder Hill’s hasta que publicó su primer artículo en la prensa; desde que se atrevió a subirse a la bici sin rueditas hasta que la vi salir de casa manejando su auto; desde que se moría de risa al dar los primeros pasos agarrando con fuerza un par de pelotas hasta cuando la vi presentar su libro en Madrid, ha habido tantas emociones, tan buenas y maravillosas que no existe forma de denominarla sin quedar a deber.

Después de 20 años, sigo elevando la mirada al cielo para agradecer la mejor bendición y la mayor sorpresa que transformó tanto mi vida que lo intenté de nuevo. El amor sin fin existe. Hoy, que ambas estamos de pie, que Andrea tiene tanto camino por andar y que yo he recorrido mucha parte del mío; hoy que cumples 20 años pido que una lluvia de abundancia, fortuna, suerte, favor, dicha, protección o cualquiera de las formas en las que podamos denominar la gracia de Dios.

Que el Señor te bendiga y te guarde, te manifieste su rostro y siempre esté cerca de ti, hijita hermosa. Mi bendición por siempre, nena hermosa y queridísima.

Anteriores Entradas antiguas

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: