Los subtítulos en Roma (las diferencias del lenguaje)

Me causó mucha gracia ver la discusión que generaron los subtítulos que algún genio decidió ponerle a la película Roma de Alfonso Cuarón. Por años, siglos, el español ha unido a Iberoamérica. Evidentemente, cada quien tenemos formas diferentes para denominar y para decir las cosas. En un territorio tan extenso sería iluso pensar que todos habláramos igual. Ni por geografía, ni por la diversidad de flora, fauna, clima y ecosistemas lo podríamos hacer, ya no hablemos de elementos más profundos como la manera de expresar los sentimientos, como el enojo, sólo por citar al que más expresiones idiomáticas propone.

Digo que me hizo gracia pues el país en el que más he publicado novelas ha sido España y parte del encanto por el que se han publicado allá es por los mexicanismos. Este blog tiene montones de entradas con expresiones idiomáticas propias de mi ser mexicana y jamás he tenido que poner explicaciones de los que escribo para mis lectores peruanos, argentinos, puertorriqueños, dominicanos, uruguayos o españoles.

Me temo que quien tomó la decisión de subtitular el español en Roma es un mal lector. ¿Qué hubiera sido de Borges, Vargas Llosa, de Rulfo si se hubieran topado con un editor así? ¿Cómo seríamos capaces de leer a Tirso de Molina, a Lope de Vega o al mismo Cervantes si siguiéramos esas lógica?

Estoy leyendo con gran interés y con sumo embeleso, Ágata ojos de gato de Caballero Bonald. La lectura reta pues el vocabulario del autor es rico y extraño. El lenguaje es poético y resulta una delicia correr por esos renglones. No se puede estar parando para consultar en el diccionario cada palabra, el que eso hiciera estaría leyendo la verdadera historia sin fin. Para leer a Caballero Bonald, como para leer a Lezama Lima o a Cabrera Infante o a tantos otros, hay que ser como esos veleros que se deslizan sobre la superficie del mar, es decir, hay que dejarse ir con el impulso. Dejar que la lectura fluya y que la intención autoral se ilumine en nuestras mentes.

Así debe ser vista Roma, con la conciencia de que la propia película nos llevará a buen puerto, sin necesidad de subtitular al español el español mismo.

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La dureza de una pluma (No, mamá, no)

 

No, mamá, no

Verity Barbgate

(Traducción Mireia Bofil y Edhasa)

Editorial Alba, Rara Avis, Barcelona

Duro, durísimo es el lenguaje que utilizó Verity Bargate al escribir No, mamá, no, una novela que sorprende por el tono áspero y por la sencillez del vocabulario. La autora se da el privilegio de escribir de la tristeza que causa la maternidad, la pérdida de la firmeza del cuerpo que las mujeres sufrimos después del parto, el cansancio del embarazo que culmina el día del nacimiento con el que empiezan una serie de tareas que sólo la madre puede llevar a cabo.

Mamá, no, mamá es una novela valiente que se atreve a poner frente a los ojos del lector la gravedad de la depresión postparto, aunque la autora jamás la denomina así. Desde la primera frase, Verity Bargate nos introduce en de un modo directo, sin rodeos, al tema que será el hilo conductor de toda la obra:

“Lo que más me impresionó cuando me dieron a mi segundo hijo y lo cogí en brazos fue la total ausencia de sentimientos. Ni amor. Ni cólera. Nada.” (p. 13)

Jodie es una mujer que vive en el Soho londinense, está casada con David y tiene dos hijos Mathew de menos de dos años y Orlando que acaba de nacer. A simple vista, parece una familia normal, con las felicidades y las presiones que tienen todos los padres primerizos con un par de niños pequeños. Pero, Jodie además de estar cansada y estar triste, tiene otros problemas:

“Creo que fue entonces cuando nuestra incapacidad de comunicarnos se hizo irreversible. Nuestro dolor era tan distinto, los motivos tan divergentes; el mío todavía no articulado, el suyo ya casi superado” (p.14)

Verity Bargate nos abre la puerta de la intimidad de este matrimonio y nos deja ver a rajatabla lo que sucede en la mente de la protagonista. Para fortuna del lector, lo hace sin edulcorantes, ni anestesias. Nos toma por las solapas y de forma cruda nos deja ver la tristeza de una mujer que quería ser madre de niñas y no de niños y su inconformidad llena de tristeza y mucho aburrimiento.

“Así, nadie se atreve a quejarse porque siempre hay un rastro del pedido original. No lo suficiente para que el convencimiento sea total, sólo para crear serias dudas que no llegarán a expresarse” (p. 53)

A Jodie le hace falta alguien que la comprenda. Siente a David lejano, le atemoriza y sospecha que está tramando algo contra ella y que toda su amabilidad y condescendencia son fingidas. Jodie necesita a una amiga:

“Los maridos y los críos y la distancia física habían cambiado las cosas y ahora nuestros puntos de referencia eran tan distintos que pensé que ya nunca recuperaríamos la intimidad” (p.21)

“Entonces vi que David estaba a mi lado, que llevaba un rato allí, anonadado, mudo, desolado. Supe todo eso sin mirarlo; cuando lo miré descubrí mucho más aún. Vi su desconcierto y su dolor, su absoluta incapacidad de comprender, su indignación, su desesperación, su temor y el inicio de la certeza de que yo estaba loca.” (p. 25)

Jodie va arrastrando su cotidianidad. Adora los momentos, los escasos momentos de soledad que tiene. Sale de su casa con cualquier motivo y alarga las salidas lo más que puede. Sale al mercado, a la tienda, a la lavandería.

“Me sentí atrapada en un juego psicológico totalmente desconocido para mí. Tuve ganas de estar sola otra vez, ahora no para pensar, sino únicamente para sentirme sola y libre de amenazas” (p. 87)

“A unos instantes de mi retorno a la vida que seguramente había escogido. Era un gran lujo poder estar sola de ese modo, en ese limbo; sin ser la esposa ni la madre de nadie. Sólo Jodie” (p.93)

Una ocasión, cuando está lavando la ropa conoce a un personaje curioso, a un escritor que se acaba de mudar al Soho con la intención de escribir una novela. Jack, el escritor, siempre le hace preguntas que Jodie no puede dejar de contestar de manera entrañable y profunda. Ella misma se pregunta cómo es que siempre termina contándole cosas de su pasado que nadie más sabría y le hace una promesa.

“Inmortalizaré ese momento para usted. Lo incluire en mi libro” (p. 101)

De repente, Joy una amiga de la juventud llama por teléfono y el corazón de Jodie da un vuelco. Ella vive en Brighton y la invita a visitarla. Jodie hace todo lo posible por que alguien le cuide a sus hijos, sin embargo, el día que tiene que reunirse con Joy, la persona que se los va a cuidar avisa que no podrá hacerlo. Por lo tanto, decide llevarse a los niños. Y, ese es el punto de quiebre de la novela.

En el trayecto en tren, mientras Jodie, Orlando y Mathew viajan a Brighton ella los mete al baño del tren, los cambia de ropa y los transforma en Rainbow y Willow, las dos hijas que siempre quiso tener y, en esa transformación viene el nombre de la novela: Mathew dice en forma tímida: No, mamá, no.

Para contrastar la aspereza y crudeza del lenguaje de la novela, Verity Bargate construye un personaje entrañable en Mathew el hijo mayor de Jodie, un pequeño que a su corta edad es capaz de entender y proteger a su madre:

“Mathew me salvó: esa criatura que aún no tenía dos años me acarició la mano y me hizo agachar la cabeza y hundió su cara en mis lágrimas hasta que no cupo ninguna más entre sus mejillas y las mías.” (p. 77)

Digo que Verity Bargate fue valiente al escribir esta novela pues se salió del estereotipo de la madre perfecta y nos muestra a una mujer atribulada, real, sobrepasada por el cansancio, humana, rebasada por las tareas del hogar y lo hace cuando ser políticamente correcto era lo esperado por las escritoras. Esta novela fue publicada en 1978 en Londres y nos muestra una realidad universal que hemos querido tapar con un dedo. Es cierto, muchas madres al dar a luz a sus hijos entran en una profunda tristeza y se sientan abrumadas sin que puedan encontrar ayuda.

No, mamá, no es una novela de soledad y de buenas intenciones que no se corresponden. David no es un mal esposo, es un esposo normal, común y corriente que no puede entender lo que le pasa a su mujer pero que asestará el golpe final y la vuelta de cuerda a esta novela cruda que vale la pena leer.

Es una novela fuere que por su escritura, al terminar de leerla, nos arrebata las palabras y sentimos un gran hueco en el estómago.

 

 

El México bueno

El México bueno del que habla López Obrador existe, sin embargo, parece que el Presidente sólo lo mira cuando se trata de obtener votos, de criticar lo que sucedió en el pasado. Aquí estamos. Somos ese México entrañable que está dispuesto a salir y remover piedras con la esperanza de encontrar vida, a salir a la calle a ofrecer agua y alimento, a ayudar en lo que se pueda aunque no tengamos mucho, aunque no tengamos herramientas o conocimientos técnicos. Somos los que nos ponemos en una fila y ofrecemos nuestras manos para hacer lo que nos digan que hace falta.

Aquí estamos, no nos hemos evaporado. Estamos, más allá de divergencias políticas. Cuando se ha necesitado chairos y fifís, izquierda y derecha, tontos y listos, transformadores y tecnócratas, sabios e ignorantes, intelectuales y obreros, ateos y gente de fe, derechos y jorobados, hombres y mujeres hemos ayudado a nuestros semejantes y a México. Sabemos dar la mano.

Este México bueno merece respeto. Es un México que aguanta la verdad, que no quiere que le den atole con el dedo, que está listo para entender cuál es el problema, enfrentar las consecuencias, ser pacientes y prepararse para lo que se tiene frente a sí. Pero, si no nos ven, si no nos explican, si nos dan una nalgada y nos mandan al rincón, nos enojamos y empezamos a despotricar. Elevamos a voz para decir que la Cuarta Transformación es una Transformación de Cuarta, gritamos en contra de las medidas que nos afectan y nos damos cuenta de que nos están contando mentiras.

La escasez de gasolina nos pone frente a una situación irritante porque desconocemos todo: no sabemos qué la originó ni cuándo va a acabar; no creemos las razones -los huachicoleros siguen vendiendo y ahora lo hacen con descaro alrededor de estaciones de servicio que no tienen gasolina- ni entendemos. El México bueno es inteligente y sensible, si nos explicaran tendríamos claro el panorama y nos organizaríamos para sacar las cosas adelante, ya hemos dado pruebas de nuestra capacidad como sociedad civil.

Pero, no nos ven, no nos hablan, no nos explican. El México bueno quiere que las cosas se hagan en forma diferente, tal como prometieron los que hoy están al frente del país. Pero al igual que antes, al igual que siempre, siguen dándonos atole con el dedo y queriendo tapar el sol con un dedo. ¿No sería mejor que nos dijeran lo que está sucediendo? Háblenos, somos buenos.

Necear

Parece que las necedades en el mundo tienen víctimas, pero los necios siguen ya que los victimarios no las padecen, al menos no en primera instancia. Sin embargo, la obstinación es un escupitajo que se lanza al cielo y la ley de gravedad no se puede modificar. Las cosas caen por su propio peso. El muro atrapa a Trump, las andanzas de Maduro lo condenan al aislamiento, la crisis política de Nicaragua hunde la economía, el Reino Unido pasa aceite con el Brexit y en México a pocos días de iniciado el mandato de López Obrador vemos que las buenas intenciones no bastan.

Las necedades terminan siendo un asunto central y un signo que lastima a los ciudadanos. En Venezuela no se cuenta con el apoyo del grupo de Lima y México se acoge al principio de no intervención para no firmar la condena a los hechos de Maduro. Tal vez, por lo mismo, Mexico guarda silencio ante la crisis nicaragüense que tiene a tantos ciudadanos huyendo en busca de algo mejor, muchos están viviendo en situaciones terribles en la frontera, mientras esperan entrar a los Estados Unidos. Con el tema del muro, Trump se desespera e insulta, acá el silencio de la administración y la templanza del Canciller Ebrard empieza a ser incómodo.

La gente no sólo no está contenta, sino que sufre. Los venezolanos, los nicaragüenses, los hondureños y muchos mexicanos padecen las necedades de sus mandatarios. Necear es una muestra de que se está acabando el margen de maniobra. Las seducciones que se lograron a base de espejismos no pueden durar toda la vida y llega el momento de darse cuenta.

Necear también es signo de falta de pericia. Es ver que alguien llegó a un callejón sin salida y ya se paralizó, no ve opciones, no aprecia alternativa, no tiene otro plan. En Gran Bretaña el Parlamento acorrala a May, Trump tiene cerrada la administración de su país, Maduro recibe condenas mundiales… Hay que entender que no hay capital político que alcance frente a un necio y nadie deja de ver sus afectaciones por más cariño que un político carismático lo intente.

Sin gasolina

Dicen que estamos exagerando con el tema de desabasto de gasolina. Desde la Ciudad de México, veíamos los toros lejos desde la barrera. Contemplábamos con solidaridad lo que sucedía en Guanajuato, Michoacán, Jalisco y demás estados del interior de la República. Incluso, cuando escuchamos que alguien dijo que el problema ya estaba aquí y que seis gasolineras habían cerrado en la Ciudad de México, pensamos que todavía no había de qué preocuparse. En la conferencia matutina del Presidente López Obrador se nos aconsejó llenar el tanque y entonces se nos puso la piel de gallina.

Le hice caso al Presidente, quise ir a llenar el tanque de gasolina de mi auto. Las gasolineras que hay alrededor de mi casa están cerradas. Todas están cerradas. No hay ni diésel, ni magna, ni premium. Por mis rumbos no hay gasolina. ¿Qué hacer? Gastarme lo poco que me queda de combustible en ir a buscar o regresarme y esperar a ver si durante el día la cosa se normaliza.

La disyuntiva que se presenta es curiosa. Entrar en pánico o guardar la calma. Trabajar desde casa y restarle un integrante al caos puede significar ver que ahí viene la tormenta y quedarme quieta mientras todos huyen; correr como loca por toda la ciudad buscando gasolina puede resultar tan fructífero como dibujar rayas en el agua. No hay forma de saber si el desabasto tiene dimensiones de desastre o si estamos exagerando las dimensiones del problema.

¿Será que no hay combustible, que no tenemos reservas, que no hay gasolina y que todo esto es una cortina que se oculta detrás del combate a los huachicoleros? ¿Será que nuestras refinerías no funcionan y no queremos importar lo que nos hace falta? ¿Estamos frente a las consecuencias de la impericia administrativa? El presidente dice que el problema se resolverá rápido pero no nos dice cuándo. No tenemos un compromiso ni una fecha que le ponga fin al problema.

Medio tanque no es mucho y parece que tampoco es poco. Tengo miedo de quedarme sin gasolina. Las distancias que debo recorrer en esta ciudad no se logran andar en bici o caminando. Tal vez sea momento de quedarse quieta, las colas y los bocinazos en las gasolineras ya al alcanzaron a la Ciudad de México. Siento un hoyo en el estómago. El instinto me dice que debo correr a conseguir combustible, la razón me advierte que eso no es buena idea. No me quiero quedar sin gasolina.

Coronago, Puebla

Hasta hace unos cuantos días, muchos no sabríamos dónde se localiza Cornonago. Sin embargo, en un momento se convirtió en el foco de atención nacional y puede representar el lugar donde se gestó la primera crisis política del gobierno de López Obrador.

Tal como lo declaró Miguel Barbosa, candidato perdedor de la gubernatura de Puebla frente a Martha Erika Alonso, estos son días de expresar solidaridad frente a la pena de la gobernadora de Puebla que murió en un extraño accidente aéreo con su esposo, el senador Rafael Moreno Valle.

Tristemente, las condiciones tan delicadas nos están dando muestras de que además de solidaridad y fraternidad hay necesidad de cuidado político. En los funerales de la gobernadora Alonso y del senador Moreno Valle, le gritaron ¡asesina! A la Secretaria de Gobernación y a la Jefa de Gobierno que pertenecen al mismo partido del perdedor Barbosa y del Presidente de la República.

Ahora, los morenistas se lamentan de haber tenido una actitud rijosa frente a Enrique Peña Nieto al haber contado hasta cuarenta y tres, como reclamando el asunto de los normalistas de Ayotzinapa. Hasta donde entiendo, Peña no desapareció a los muchachos pero la cuenta que quedó pendiente fue la de una investigación que dio explicaciones apresuradas, versiones oficiales inverosímiles y justificaciones facilonas. López Obrador tiene frente a sí un reto de semejantes dimensiones.

Por lo pronto, sabemos que el helicóptero estaba en buenas condiciones, que el piloto era competente y que no hay indicios de explosivos. ¿Entonces, qué pasó? Es preciso clarificar los sucesos antes de buscar sustitutos para la gobernadora. La operación debe ser quirúrgica ya que Martha Erika era una gobernadora de oposición que ejercería rodeada de morenistas. Esto, a querer o no, incita a suspicacias y a sospechas hasta al mejor intencionado.

Los integrantes de Morena deben hacer uso de la prudencia que aquí va aparejada con la inteligencia. El enfrentamiento debe parar ya. Elegir un interino morenista puede generar enconos que tengan repercusiones a nivel nacional.

En Coronago, Puebla se originó una tragedia tristísima que nos invita a pensar en que virtudes como la fraternidad son un buen comienzo para abordar esta crisis.

Feliz Navidad

De un tiempo acá, desear una feliz Navidad se ha convertido en una rareza. Decimos felices fiestas por dos razones, por tratar de ser incluyentes y de no ofender a quienes no festejan el nacimiento del niño Dios. También tiene un afán de economizar fiestas y de abarcar todo desde Januka hasta el año nuevo y la Epifanía. Sin embargo, en ese afán hemos extraviado el camino. Por tratar de meter todo en la misma cazuela, terminamos festejando el clima y las fiestas decembrinas acaban siendo una celebración al frío, a la nieve, al hielo al pronóstico del tiempo y dejamos de lado la razón que muchos tenemos para esperar la Nochebuena y celebrar el 25 de diciembre.

Por eso, hoy desear Feliz Navidad se convierte en algo importante. No veo como alguien pueda sentirse apartado por un buen deseo y los cristianos necesitamos recordar que nuestra fiesta tiene un significado profundo y bello que se ha empezado a olvidar incluso entre quienes profesamos esta creencia.

Desear feliz Navidad es compartir con propios y extraños la fe, la esperanza y el amor que se irradia en el pesebre. Es conmemorar la llegada de quien para nosotros representa al Salvador, de quien nos trajo un mensaje diferente que habla de humildad, de valores, de ánimo, consuelo, cariño y verdad. Es relevante hablar de las cosas por su nombre y designar lo que es importante con todas sus letras.

Por eso, hoy a todos los que me leen, les deseo una feliz Navidad. Que esta noche esté llena de risas, buenos deseos, abrazos, amor y esperanza. Que el significado que Dios niño nos dejó en el pesebre, junto a sus padres nos sirva de inspiración y nos ayude a caminar por un sendero de bien.

Desear feliz Navidad es pensar en los cristianos que viven en Belén y cuidan la basílica de la Natividad. Es encomendar a todos aquellos que por distintas circunstancias estarán solos, angustiados, tristes. Es querer que la gente crea en la ruta de la estrella que dirigió a los Magos que pudieron llegar a ver a Dios.

Por eso mismo, ¡Feliz Navidad!

Los primeros elegidos

En la víspera de la Nochebuena, mientras muchos piensan en envolver regalos, en preparar la cena de Navidad, en recibir a los que vendrán de lejos, hay familias que están tristes. Son los primeros en ser elegidos por la administración lopezobradorista para dejar de pertenecer al sector público. Les dan las gracias y los mandan a sus casas a vivir las fiestas en el desempleo. Cuando les preguntan a Tatiana Clouthier y a Mario Delgado, en vez de hacerse cargo, dicen que le pregunten a Peña.

¿Será que no entienden que ya son ellos los que están al frente y que Enrique Peña ya es Historia?

Me da una pena terrible, muchos funcionarios del SAT que se quedaron sin empleo votaron por López Obrador y hoy están en su casa sentados frentes a sus familias sin saber cómo le harán el próximo para salir adelante. Es verdad, la burocracia es así, cada sexenio hay cambios y cada nueve presidente llega con su propio equipo. Sin embargo, ellos creyeron que eso sería cosa del pasado y que su trabajo estaría respaldado por su trabajo, por sus resultados y por su desempeño.

No fue así.

López Obrador recibió un Sistema de Administración Tributario eficiente y se le premia con una serie de despidos masivos. Es por austeridad, es para evitar la duplicidad de funciones. No podemos ser ingenuos, López Obrador prometió adelgazar el sistema burocrático. Cree, como lo creemos muchos, que un aparato más delgado es más ágil y eficiente. Eso, ni hablar. Sin embargo, lo que a mí me resulta despreciable es que muchos de los que hoy sí tiene trabajo y responsabilidad se quieran lavar las manos. ¿Cuánto hace falta para que se den cuenta de que son ellos los que están al frente y los que mueven los hilos?

Los primeros elegidos ya pasaron por el rasero lopezobradorista. Y, en medio de todo este tono festivo por la Navidad, hay familias preocupadas a las que el desconsuelo les habita el alma.

El día que Denise Dresser se fue de bruces

Leo Zuckerman tiene un programa de debate que se llama La hora de opinar. Tiene invitados con los que busca armar un programa que busca nutrirse de diferentes puntos de vista. A veces, como suele suceder en este tipo de formatos, los invitados se exasperan, se arrebatan la palabra, discuten al mismo tiempo y el espectador pierde porque no entiende nada.

Es un buen programa y Zuckerman a tenido el buen tino de incluir a voces jóvenes para darles la oportunidad de ponerlos a cuadro. El jueguito es algo perverso, debo decirlo, porque pone a debatir a viejos buitres con avechuchos que acaban de romper el cascarón. Ser viejo no debiera ser un defecto, pero lo es o así se percibe, más en este mundo en el que los millennials se sienten los verdaderos forever young y peor si quien es viejo es una mujer, ni modo así son las cosas; ser joven tampoco es una virtud en sí misma, sin embargo, serlo tampoco es sinónimo de ser estúpido o ignorante. Insisto en que el juego es perverso y adquiere peores tintes cuando los participantes ponen en la mesa sus kilos de arrogancia.

Para muestra un botón. Ya tenemos tiempo viendo a Denise Dresser compartir mesa de debate con Gibrán Ramírez. Las diferencias entre ambos son evidentes a primera vista. No obstante, si algo los hermana es que la humildad no es una virtud que tengan a flor de piel. La cosa se recrudece cuando el joven Ramírez presume la felicidad de haber apoyado la cuarta transformación y se asume como parte del triunfo frente a las experimentadas razones de los otros experimentadísimos expertos que comparten esta mesa de debate, entre los cuales se encuentra Denise Dresser.

Entiendo la desesperación de Denise Dresser al observar a Ramírez, al que seguramente ve como a alguno de sus alumnos, al que seguro juzga que le falta experiencia, lectura, tamaño, conocimiento, vocabulario y mucho más para sentarse con ella a debatir. En síntesis, hace evidente que no ve a su compañero de mesa a la altura para polemizar con ella.

Debo decir que ninguno de los dos resulta simpático, pues los dos se perchan en el columpio de la arrogancia.

Está claro que cuando alguien no tiene argumentos, da golpes bajos. Está claro, también que dar golpes bajos habla de una cortedad de miras pues evidencias que estas fuera del terreno de juego. Denise Dresser se evidenció en la peor forma. Planeó un golpe bajo, llevó un libro para regalarle a Ramírez —lo que pudo ser un gesto hermoso— pero lo hizo con un dejo de desprecio, como si se lo estuviera dando a un caracol que oliera a humedad. Gibrán Ramírez no se lo aceptó y brincó ofendido. Leo Zuckerman tuvo que entrar al quite para distender la mesa de debate. Elogió el libro que se quedó solo en la mesa. Denise sonreía divertida.

Si Gibrán hubiera tenido un poco más largos los colmillos, hubiera aprovechado la oportunidad para evidenciar la pobreza de la Doctora Dresser. Pero, se enojó. La tenía colocada para hacerla polvo por lo pobre de su argumento. Parece que no hizo falta, el tropiezo lo notamos todos. Ahora, Denise Dresser, por su propia boca, se proclama vieja y poco experimentada. Escupió al cielo y sintió como se le ensució la cara con su propio veneno.

Por supuesto, las redes son implacables. La denominan la esposa de Chabelo. La inmortal Denise Dresser, la única que pueden opinar ya que ella estuvo ahí. Pobre, ya hasta siento un poco de ternura por ella. La imagino sentada en una mecedora, acariciando el libro que le despreciaron, confundida sin saber cómo le hizo para caer tan bajo. De los peores tropezones que una mujer puede dar es de aquellos en los que se dejan ver las costuras. El otro día, con Zuckerman, nos enseñó las puntadas y nos dejó ver demás. Nos mostró de qué está hecha.

Sobre el Brexit

En la fotografía aparece una mujer con la cabeza cubierta por un pañuelo, se asoman las canas del nacimiento del pelo, tiene la frente arrugada, con la expresión permanentemente fruncida, los ojos parecen dos hoyos negros que se confunden con las cejas. No se ven más partes del rostro porque las cubre un letrero que dice Save Brexit. LEAVEMEANSLEAVE.EU que sos tiene con manos enguantadas junto a una bandera de Gran Bretaña.

El pueblo sabio británico quiere irse y no se pone a considerar todo lo que eso les puede costar. ¿Por qué? La libra va en picada perdiendo valor frente al dólar y, por supuesto, frente al euro. La primera ministra se rehusa a convocar a un nuevo referéndum —que muchos esperan, sea lo que de reversa al Brexit— diciendo que de esa manera se va a dividir más a la gente.

Y, el cartel que sostiene la anciana nos da muestras de que hay gente que quiere deshacer los vínculos estrechos entre los pueblos europeos. A lo lejos, uno se pregunta por las razones que tienen los ingleses para balancearse un pie. Mientras Theresa May declara que no busca frenar el Brexit y se negocia por debajo de la mesa por un nuevo referéndum, el valor de la libra esterlina empieza a crujir y a dar signos que son poco alentadores.

Al ver los ojos en esa imagen, al centrarme en esta anciana que pese al frío, sale a manifestarse frente al Parlamente británico, me gustaría entender sus razones, saber que la mueve a separarse, a exigir una salida que, desde el otro lado del océano parece muy mala. Me encantaría escucharla y decirle que la moneda de su país está depreciándose y explicarle que eso no será bueno para ella.

Me gustaría hablar sobre el Brexit para entender lo que me resulta tan complicado, dadas las circunstancias.

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