Mechas cortas y urgencias

Podríamos creer que la prisa y la poca tolerancia a la frustración es una cuestión de época y en una irrupción narcisista nos daría por querernos apropiar la urgencia y la inmediatez. Sin embargo, la prudencia marca una necesaria pausa para la reflexión.

Los instrumentos de la modernidad, esos que entregan resultados en nanosegundos, nos encaprichan y nos obnubilan haciéndonos creer que todo debe ser automático, instantáneo y nos enrollamos con eso de que el que espera desespera.

Pero, ni nos hagamos ilusiones, ya desde la Antigua Grecia, cinco siglos antes del nacimiento de Cristo, el filósofo Zenón se refería a Aquiles como un personaje de mecha corta. Lo describió como un hombre de acción y de urgencia, acostumbrado a reaccionar en milésimas de segundo y capaz de avanzar a velocidades vertiginosas veinte metros.

Sí, sostuvo Zenón, pero el intrépido y rápido Aquiles, para llegar al metro veinte, tuvo que avanzar otros diecinueve y tuvo que arrancar desde el número uno. Aquiles tuvo la perseverancia de dar los pasos necesarios sin saltarse uno sólo.

La diferencia es que en aquellos años la satisfacción comenzaba en el paso uno, en el primer palmo de distancia recorrida, en el propósito de avance y el gozo de conseguir el objetivo generaba alegría en el espíritu.

Zenón entendió las urgencias de Aquiles. Hoy, con la inmediatez màs que gozo, satisfacción y alegría en el espíritu, conseguimos una frustración estridente se no tenemos todo ya, en este momento. Si en la Antigua Grecia tuvieron esas prisas y encontraron una forma de transformarlas en regocijo, tal vez sería bueno respirar y disfrutar como ellos.

Arrancar

Cada año pienso igual, todos los seres humanos empezamos el año en días diferentes. Entre las vacaciones decembrinas, que por lo general abarcan buena parte de enero, hasta las fiestas de los Reyes Magos, el inicio de año se marca cuando las personas arrancan sus actividades.

Es decir, cuando empezamos con una rutina que nos dice que día a día tenemos que atender ciertos asuntos, acudir a determinadas citas, reunirnos en un lugar específico, ese es el momento preciso en el que arranca el año.

Para algunos, el arranque del año está íntimamente relacionado con el momento en el que la caja registradora empieza a sonar, cuando empezamos a facturar nuestros servicios; para otros tiene que ver con el ciclo escolar. Los ritmos y movimientos de las ciudades y de los pueblos reflejan ese contraste: entre la duermevela posterior a la vacación y el momento en el que pisamos el acelerador para ponernos en movimiento.

Con independencia del momento de arranque que cada persona tenga en sus actividades, a estas alturas del año ya todos hemos arrancado. Hay algo especial en estos días: una ilusión por volver a ponernos en movimiento, una ligera nostalgia por los días de descanso, un entusiasmo por lo que nos propusimos y queremos lograr, un temor por los riesgos que vamos a correr.

Los arranques tienen ese sabor acidulado, dulce y agrio. Son la combinación de la sabrosura del chile y el limón. Es que la piel se pone chinita al mirar el horizonte. El primer paso de los muchos que se darán para llegar a la meta de cada año, lo damos en diferentes fechas. Algunos ya lo dieron, otros estarán arrancando hoy.

Crisis con Irán

Qasem Soleimani era el segundo hombre mas popular en Irán. Era considerado un héroe, una persona respetada y querida por los suyos. Su funeral, según el diario Jerusalem Post, tuvo que ser pospuesto por una estampida que mató a treinta y cinco personas en Kerman su pueblo natal al sur del pais.

Por otro lado, las cadenas estadounidenses dicen que Soleimani era un hombre malo y peligroso. Fox News lo describe como alguien dañino y CNN dice que es tiempo de apoyar a Presidente Trump, sin embargo, piden explicaciones sobre la ejecución del segundo hombre más importante de Irán.

El resto de las naciones vemos con estupefacción como se agita un avispero y estamos oyendo el zumbido que amenaza la paz del mundo. No entendemos la estrategia estadounidense que por un lado dice que se va de esa región, que va a retirar las tropas de Medio Oriente y luego lanza semejante petardo que pone al mundo en una condición cercana a una guerra. La figura del archiduque Francisco Fernando y los sucesos en Sarajevo resuenan y uno no puede dejar de pensar en que los tambores del combate parecen estar a punto.

Desde los tiempos del ayatollah Ruhollah Khomeini en 1989, no se vivían tiempos tan convulsos. Tal vez, los tiempos de guerra contra Sadam Hussein puedan ser comparables. El presidente Trump criticó los embates de los Bush y de Clinton y hace los mismo. Se dispara el odio y las amenazas no se hacen esperar.

Dice Trump que su reacción se debió a una crisis y que la inminencia lo llevó a tomar la decisión de matar a Soleimani. La comunidad judía fue a dar las condolencias por la muerte, pero hay quienes sostienen que Solaimai es responsable del genocidio en Siria. El rabino Schmuley Boteach cree que con estas acciones, el presidente de Estados Unidos manda un mensaje de que el,problema no es con el pueblo iraní sino con aquellos que han fabricado tanto dolor.

Mientras en gran parte del mundo occidental, la gente empieza a regresar a sus actividades después de las fiestas navideñas, en oriente las cosas lucen sombrías y complicadas. La crisis enfrenta a dos naciones que históricamente no se han sabido entender. Los demás vemos a uno y otro lado para comprender qué fue lo que en verdad sucedió.

Dar gracias y mirar al frente

A unas cuantas horas de que acabe el año, inclino el rostro y me pongo en actitud de agradecer. Han sido 365 días de un año auspicioso, de trabajo arduo y fructífero. La bendición de Dios se multiplicó en mil razones para dar gracias y elevar la mirada a lo alto del cielo.

Saber que el trabajo fue prolífico, que el cansancio valió la pena, que la salud es el primer don, que la fortuna acompaña a quien la sabe apreciar, que el amor puede durar veinticinco años y muchos más, que las hijas son buenas, que el corazón puede encontrar consuelo, la mente sabe reconocer errores y oportunidades, que siempre hay nuevos proyectos, que se puede regresar a lugares viejos y descubrir nuevos, que hay un mundo glorioso y que México es la tierra bendita es parte de la magia que la vida dio en este 2019.

Tan bueno fue el 2019 que me gustaría guardarlo en el bolsillo para que no se acabara. Cronos me sonríe con algo de ternura, hemos de avanzar, dirá. El pesebre con el Niño Dios y José al lado de María me refuerzan aquello que es mi fe, Ayasofia me dice que todo cabe si ampliamos las fronteras.

La tentación de quedarse sumergido en la bondad de los días que fueron no puede mermar la intención de mirar al frente. Con humildad, agradezco lo que hubo que fue dulce, bueno y abundante; pido perdón por las fallas y con fe miro al frente dando desde ya las gracias por lo que ha de venir.

Pido salud, prosperidad, amor y felicidad para mí y los míos. Inspiración y sabiduría para reconocer lo bueno y dejar que lo malo se aleje y vaya lejos. Fortaleza en la mano que guía el manubrio, claridad en el rumbo y buen camino. Lo que pido para mí lo pido para los míos entre los que se encuentran mis lectores. Que siga la buena fortuna, que lleguen y se multipliquen las bendiciones, que la vida sea dulce y suave, que la mano de Dios nos sea benigna y nos colme siempre con su venía y predilección. Pero, sobre todo, que sepamos ser aquello para lo que fuimos llamados y lo seamos con excelencia.

El apostolado del magisterio

Entre todo el desconcierto que se forjó a partir de la tragedia de la estudiante del ITAM, he escuchado voces de estudiantes, exalumnos y he leído posturas de alumnos de otras escuelas, de otras instituciones académicas y no he visto la de ningün profesor.

Yo estudié en el ITAM —y me gradué con honores— y he dado clases en muchas instituciones a diferentes niveles educativos. Sé que el que se para frente a un grupo debe tener una vocación de hierro y la piel muy dura. Se maestro es un apostolado y el que se quiera hacer millonario dando clases, está en el lugar equivocado.

Algunos optan por dar clases como un trampolín que usan para darse impulso mientras llega algo mejor, para otros es un refugio cómodo que protege de los embates de la vida profesional corporativa, para otros es el completador del sueldo y muchos decidimos ir a compartir lo que sabemos.

El trabajo de un profesor empieza mucho tiempo antes de presentarse con sus alumnos. Hay que preparar la clase, hay que estudiar para dominar el tema, hay que leer trabajos, hay que calificar. Esta es la descripción del puesto. Son múltiples los fines de semana dedicados a estar a la altura del aula.

Pero, una queja generalizada de profesores universitarios es que al llegar a clase, nos enfrentamos con alumnos distraídos, que no ponen atención y que no quieren hacer el menos esfuerzo por sacar su calificación. Son muchos los casos en los que un estudiante flojeo todo el semestre y al final a base de ruegos quiere una calificación que no les corresponde.

Por otro lado, los estudiantes se quejan de que hay profesores abusivos, arrogantes, burlones, extorsionadores, que humillan, que vejan y le rompen la autoestima a sus alumnos. Lo sé. Existen. No son inventos. Los padecí. Los padezco como colegas. Son estas súper estrellas que te ven para abajo, que se ríen de ti, que se sienten superiores y basan su superioridad en un índice bajísimo de quienes aprueban su materia. Esos no son profesores.

Tampoco lo son estos mediocres que legan con clases mal preparadas, que no saben de lo que hablan, esos chavo rucos que quieren ir a hacer amigos y que no saben qué hacen en el salón y cuál es el objetivo de su clase, que faltan a sus clases sin justificación alguna ni los que se enredan en los hilos que no tienen que ver con el magisterio.

Hablemos claro, un profesor es un apóstol del conocimiento. Si se para frente a un grupo, ha de dejar el alma al transmitir el saber de su materia. Tiene que buscar caminos para que se reciba el mensaje. Debe encontrar la forma para que sus alumnos se interesen, se esfuercen y consigan saber. No siempre se logra.

Hacemos mal los maestros que caemos en la tentación de bajar la exigencia. Faltamos al respeto a los estudiantes que pretenden una calificación a base de ruegos y concedemos. Traicionamos al magisterio cuando accedemos a la presión de dar a alguien lo que no se merece. Pero, nos condenamos cuando le faltamos a nuestros estudiantes. Más nos valiera no haber sido maestros si menospreciamos el esfuerzo, si humillamos, si rompemos a un ser humano. Un maestro que por su pequeñez como ser humano acaba con las posibilidades de una persona está maldito.

Un profesor de verdad, se compromete con la construcción de seres humanos.

Pero, debo decir, que hay materias más difíciles que otras. Que de repente, los alumnos se angustian frente a los conceptos y, a pesar de la buena intención de alumnos y profesores, aunque unos estudien y otros expliquen, no hay forma. No se traspasa el conocimiento. Ni modo, no debemos hacernos de la vista gorda y simular que sí se logró el objetivo.

Eso lo único que significa es que hay una clasificación reprobatoria. Una reprobada no es el fin del mundo. Esa vez no se aprobó, se aprobará a la siguiente. Y, si no se puede, no pasa nada. Si uno fracasa, en los intentos, si caemos, nos ponemos de pie, nos quitamos el polvo, elegimos otros caminos. Y ya. Una calificación no define a nadie. Hay vida después de los libros. Hay casos de éxito de gente que no se graduó con excelencias, el hombre que transformó al mundo del siglo XXI fue a una institución de la Ivy League y no terminó.

En medio de esta tragedia, hay que acompañar el dolor de la familia, amigos, compañeros y comunidad universitaria. De eso, no he oído mucho.

Soy guadalupana

Es curioso, hoy en día hay que explicar lo que antes era evidente. En el pasado quedaba claro que independientemente de credo, partido político, preferencias deportivas, gustos gastronómicos o cualquier predilección, los mexicanos llevábamos en la sangre el gen guadalupano.

Hoy es distinto, más allá del catolicismo , de si se están perdiendo adeptos, si están avanzando otros credos o si el ateísmo rampante se extiende como mancha de tinta en un mantel blanco, parece que hay algunos que no entienden lo que significa ser guadalupano.

Guadalupe es un signo de amor. Basta darse una vuelta al Tepeyac para entender. Hoy que el tema de las vibras es lo que más importa, puedo decir que lo que sucede en la Villa vibra a frecuencias perfectas en las que se topa uno con la alegría de ver a la Morenita, con la esperanza que da ir a pedir un milagro, la maravilla de presenciar como se ofrecen promesas y juramentos para alejarse de un vicio, las intenciones para recomponer el camino, la gratitud por una gracia alcanzada. Se llama fe y es auténtica.

Como soy guadalupana y creo que Dios existe —independientemente del nombre que cada quien quiera darle—, creo que María de Guadalupe es su madre y tiene esa maternidad amorosa que todos los seres humanos buscamos, más allá de cualquier diferencia. Por eso, porque el amor es universal y su búsqueda trasciende límites, es que hay judíos guadalupanos, ateos que aman a Guadalupe, cristianos que respetan el milagro del Tepeyac.

Hay detractores, ni modo y no importa. Guadalupe está en la Villa y es una casa de puertas abiertas a quien quiera entrar. Ave María, reina del cielo, tú que proclamaste la grandeza de Dios desde la humildad, te digo, Virgencita hermosa, como te lo dijo Juan Diego: señora mi Ama, Niña Celestial, Amada Madre de Dios, felicidades en tu día. Como dijo ese hijito tuyo, cada que voy a tu cerrito, entro al paraíso. Nos elegiste,. No hizo nada igual con ninguna otra nación”
(Non fecit taliter omni nationi)
, fueron las palabras de Benedicto XIV cuando se le presentó la imagen de la Virgen de Guadalupe y admirando su belleza aprobó las obras del patronato de Guadalupe en México.

¡Bendita madre del cielo! Tal como lo dice el Nican Mopahua, ahí seguimos yendo los guadalupanos a reconocerte divina, a presentarte nuestras plegarias y a admirar el milagro que nos fue dado.

Leer el periódico

Me gusta estar informada. Seguro, es una costumbre heredada. Vi a mi padre leer el periódico todos los días por las mañanas y sentarse a ver el noticiero por las noches. Me gusta enterarme. Y, si hay algo que he disfrutado es leer las columnas de opinión. Hoy, la vida me ha regalado escribir ese tipo de textos para varios medios.

El regocijo de tomar las hojas de periódico para mí es importante. Involucra los sentidos. Es el tacto de las hojas de papel, el sonido que hace al mover las hojas, el olor a tinta tan especial que sólo se percibe en el papel delgado del diario y ver que en la mesita del desayuno me está esperando mi dotación de noticias y autores me hace empezar el día con felicidad. Por eso, cada que me entero que un periódico opta por una versión digital, se me entristece el alma.

El País es un periódico que empecé a leer hace treinta años, cuando estaba en la Fundación Ortega y Gasset en Toledo. Fui muy feliz cuando pude acceder a él en línea y casi me da un vértigo gozoso cuando supe que podía tenerlo en papel. Por años, salí los domingos con un suéter de loco, despeinada y con una sonrisa enorme a buscarlo al puesto de periódico. Luego, me suscribí. Me acaban de informar que no más, ya no me llegará el periódico. Se vuelve digital. ¡Que pena!

Es una pena porque aunque se puede acceder en forma electrónica, no sabe igual. Dicen que es la modernidad y yo creo que hay algo de mezquindad. Es ruin matar una tradición. Es incomprensible que nos priven de un formato que se vende tan bien. Es insensato dejar de ser transmedial y enfocarse en un sólo medio. Pero, es así.

Con El País forje una relación que se interrumpió cuando regresé a México y la retomé cuando el periódico cruzó el Atlántico. Ya se sabe que en las segundas oportunidades los amores amarran con más fuerza: amé a Marías más por su columna el La Revisa —que también me quitaron—, he sido fiel a Vicent, a Muñoz Molina, a Grandes, a Savater. Me los quitan.

Ahora, habrá que suscribirse a otro medio que combine seriedad y buena pluma. Que marque distancia objetiva. Que no se aplaudidor ni boca floja. Habrá que empezar a forjar una nueva relación. Ni modo, duele mucho cuando una relación se acaba. Duele más cuando te dejan y eres tú quien se queda atrás.

Hace diez años… un 24 de noviembre

Hace diez años, un 24 de noviembre presenté mi primera novela, Hermana querida. Me sorprende que haya pasado tanto tiempo porque casi creo que apenas empecé a escribir. Para mí, la fecha es significativa porque da fe de mi debut como escritora.

Definir lo que es un escritor es una tarea complicada. Un escritor no es el que escribe, es el que encuentra un lector. Por eso, el 24 de noviembre, al presentar esta novela, mi primera, digo que me convertí en escritora. Ese día, conseguí lectores. He tenido la fortuna de escribir que que me lean.

Empecé a escribir para encontrar un refugio . Pero, en poco tiempo también lo hice para impresionar a los demás. Creo que lo que me llevó a la escritura fue la tristeza y la perpetua intención de recuperar un lugar grande en este mundo. Uno que sintiera un hueco cuando mi cuerpo estuviera hecho polvo y se hubiera desintegrado en el viento.

Escribir se transformó en delirio y epifanías; en desiertos y vacíos; en entumecimientos y lugares comunes. Creo que enloquecí en el momento en el que me di cuenta de haber entrado en un laberinto del cual tendría muchas dificultades para salir, principalmente, porque no quería huir.

Lo que siguió fueron muchas capas que representan las múltiples fronteras entre la cordura y lo que se forma con un sueño alocado. Deseché una parte de mi yo para escapar de un jardín de flores y al llegar a la luna, me di cuenta del yermo al que me fugué. Era demasiado tarde para arrepentimientos. Mejor habitar el polvo lunar propio y convertirlo en barro que pueda recibir el soplo de vida con la bendición de lo alto.

Los que crean que es una dulce idea eso de sembrar en una franja desértica, no se enteran de los escozores del alma. Escribir es subirse al carromato acompañado de bestias.

Al escribir el alma se enrarece cada día. Se vuelve más espiritual y más irrelevante. Se abre una ventana en la que se buscan ángeles y entra tierra. Con la tierra se forma barro y así se forjan figuras y se atrapan lectores.

Hace diez años, me convertí en escritora no por mis méritos, sino por mis lectores.

Una piedra en el camino

Las personas que les gusta caminar como deporte saben de la importancia de cuidar el andar ya que de ello depende que puedan avanzar en el camino. Tan importante es que alguna ocasión escuché a Ana Guevara decir que lo más importante de su equipo deportivo eran los calcetines, ya que si se le hacía una arruga o un doblez, eso se transformaba en una ampolla que le podría molestar y eventualmente, repercutir en sus resultados. Si una simple arruguita puede generar efectos nocivos, imaginemos lo que sucede con un pedrusco en el zapato. Me temo que la 4T se acaba de echar una Piedra al camino.

              La postulación de Rosario Piedra Ibarra a la CNDH ya era un tema que le alzaba las cejas a propios y a extraños. La forma en la que transcurrió la votación que la convertiría en la titular de la Comisión fue desaseada, por decir lo menos. La ceremonia de embestidura se llevó a cabo en un desorden terrible. No fue agradable ver a legisladores gritándose unos a otros, tirados en el suelo, empujándose, mientras la Ombudsperson protestaba “guardar y hacer guardar” entre empellones, insultos de uno y otro lado: desorden absoluto. Ver a la defensora de los derechos humanos en esa condición, me recordó a Felipe Calderón tratando de asumir la presidencia. Hasta ahí, muchos podrían ver la anécdota con muchas aristas que van desde lo vergonzoso hasta lo irritante. Sin embargo, lo que hace que se nos caliente la sangre y llegue al punto de ebullición son las palabras de la persona que se supone estará ahí para defender al pueblo.

              Indigna ver la arrogancia y la indolencia con la que se refirió a los asesinatos de periodistas en este país. México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Elevar la pluma y emitir una opinión nunca había sido tan riesgoso. Hay gente que ha empeñado la vida y la ha dejado en prenda. El oficio ha cobrado y el cobro no ha sido dulce: muchos han sido asesinados frente a sus familiares, delante de sus hijos, mientras llevaban a los niños a la escuela, iban a hacer la compra o caminaban en la calle. México fue calificado por la organización Reporteros Sin Fronteras como el país sin guerra más peligroso para ejercer el periodismo, sólo por detrás de Afganistán y Siria.

              México tiene el lugar 144 de 180 entre los países de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2019. Según datos de la organización defensora de los derechos de periodistas, 99.3% de los asesinatos de periodistas no se investiga de manera exhaustiva, imparcial y objetiva. Es decir, si un periodista es asesinado, lo más probable es que su crimen permanezca impune. Hay necesidad de poner el dedo en el renglón y si la persona que debe ejercer el rol de defensora muestra tan poca sensibilidad, ¿qué se espera? No vemos un futuro muy agradable. Parece que nos estamos topando con una piedra en el camino.

              ¿Han asesinado periodistas? puede leerse como una pregunta cínica, estúpida o que proviene de una mente que está desconectada de la realidad. Muchos tratarán de justificarla y dirán que se puso nerviosa y no supo que decir. Pero, como lo dice la Ley de Murphy: Cuando algo puede salir mal, seguro saldrá peor. “O sea, no. Yo he visto y lo que pasó en otros sexenios”, remató Piedra. Con esa costumbre aleccionadora de la 4T, en la que todo sucedió antes y lo de ahora no pasa, no es mi responsabilidad, no es mi culpa. Es muy triste ver que esa es la postura de la persona que deberá defender a las víctimas.

              Más allá de posturas políticas, de filias y fobias queda el dolor de las víctimas y la poca esperanza que hay de que esos crímenes vayan a tener justicia. La impunidad es lo que está descomponiendo el tejido social y lo está acabando. La relevancia del Ombudsperson es que su papel es velar por las víctimas y pelear por la salvaguarda de sus derechos. Para ello, hay que tener en el radar a las personas que padecen. Lo menos que podemos pedirle a la persona que funja como titular de la CNDH es sensibilidad al dolor y empatía, no posturas defensivas y discursos doctrinantes.

              Rosario Piedra Ibarra le hace honor al apellido paterno. Se ha convertido en una piedra en el camino de muchos: de las víctimas en general, de los periodistas en particular, de la 4T en específico y del Presidente López Obrador en concreto. Hay que cuidar el andar para poder avanzar en el camino.

Ámsterdam no es la Ciudad de México

En el encabezado dice que Ámsterdam ha desaparecido once mil espacios de estacionamiento y con eso se ha inhibido el uso del automóvil y se ha privilegiado otros medios de movilidad, especialmente, la bicicleta y el transporte público. ¡Bravo por ellos! Inmediatamente después, se propone que en la Ciudad de México se haga lo mismo. Me pregunto si el autor ha estado alguna vez en Ámsterdam o en la Ciudad de México, una y otra ciudad no son lo mismo.

En la Ciudad de México caben varias ciudades del tamaño de Ámsterdam. No creo equivocarme al afirmar que la ciudad holandesa cabe en la extensión de la Colonia del Valle. Todos hablan del triunfo de la bicicleta y pocos dicen lo terrible que es para los habitantes de aquella ciudad la falta de respeto de los ciclistas a los transeúntes y la cantidad de accidentes que se causan porque todo el mundo, especialmente los turistas, se creen en capacidad de tomar el manubrio y empezar a pedalear. Y eso que en Holanda la gente es ordenada y que las autoridades municipales de Ámsterdam tienen ciclovías y carriles exclusivos para las bicis. Además, claro está, de un sistema público de transporte digno y seguro que no tiene subsidios.

En la Ciudad de México, los trayectos de desplazamiento son extensos. El tiempo de movimiento entre el origen y el destino de una persona es de media hora, al menos. Hay gente que tiene una ruta de traslado diario de dos horas que no podría recorrer en bici. El transporte público es inseguro, incómodo e insuficiente. Pero, sobretodo, es peligroso. Ámsterdam no es la Ciudad de México.

Por lo tanto, cada que hacemos una comparación, debiéramos comparar manzanas con manzanas y no con peras. Antes de imaginar una Ciudad de México embicicletada, debiéramos pensar en un mejor medio de transporte público, en la seguridad del usuario, en la educación vial que debe tener el ciclista. Habría que dejarse de ocurrencias.

Bicis en Ámsterdam

Anteriores Entradas antiguas

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: