Los ataques en Sri Lanka

El terror se hace presente, Sri Lanka sufre el peor ataque terrorista desde que terminó la guerra civil. Los atentados causan desconcierto, los residentes dicen que ya le habían perdido el miedo al terrorismo, los turistas padecen en carne propia el,pánico y el caos de los ataques. El equilibrio se rompió, ¿por qué?

El miedo a ser desplazados, las pugnas étnico-religiosas parecen ser parte de un complejo conglomerado de razones. Cingaleses, budistas y musulmanes conforman la identidad en Sri Lanka, hasta hace tan poco, la comunidad cristiana era vista como una fuerza unificadora que recibió en su seno a cingaleses y a tamiles, pero ahora es una de las principales afectadadas.

La imágenes nos ponen los pelos de punta, la piel se enchina y la razón vacila.

Bombas en iglesias, en hoteles y una constelación de ataques que terroristas que responden a las tensiones raciales sectarias y nacionalistas. ¿Cuándo vamos a entender los hombres y mujeres de este mundo que separándonos, dividiéndonos, matándonos sólo avanzamos al exterminio?

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Restaurar

Mientras los expertos debaten sobre cómo se debe restaurar la Catedral de París, si debe de ser con los mismos materiales o si se deben utilizar nuevos, si se debe preservar la misma estructura o se puede renovar y en tanto unos van de un punto de vista al otro, en lo que todos estarán de acuerdo es que Notre Dame no puede quedarse en cenizas.

Me parece que restaurar, tal como lo define la RAE: “Poner una cosa en el estado o estimación que antes tenía”, requiere de una reflexión profunda. El espíritu original de Notre Dame era ser un templo, un espacio de oración en el que se venere a Dios desde la fe católica. Por fortuna, en Francia, al cardenal todavía no se le había ocurrido al feliz idea de cobrar por entrar a rezar como sucede en muchas partes de Europa, pero el espacio de oración era sumamente reducido y quienes entraban a la catedral lo hacían como quienes traspasan el umbral de un museo.

La reflexión debiera girar en torno a devolverle el estado y estimación por el cual se construyó. Los católicos hemos hecho muy mal en permitir que la devoción que merece un lugar dedicado al culto sea tratado como una sala de exhibición. Como ejemplo, en Jerusalem, los turistas no pueden entrar a la Mezquita de la Roca porque para ellos ese es un espacio santo.

Me parece que los católicos debiéramos empezar a replantearnos por qué el Islam, tan escrito en su observancia, está ganando espacios en una Francia que parece tan indiferente a los temas de fe. Restaurar Notre Dame puede significar, en estos momentos, devolverle esa tradición de irse a encontrar con Dios en un espacio dedicado a la Virgen María en todas sus advocaciones.

Muchos podrán pensar que exagero, sin embargo, Notre Dame es una Catedral y tal vez sea tiempo de recuperar su esencia, eso para lo que fue creada. Restaurar es, en esta condición, devolverle esa cualidad intrínseca para la que fue edificada.

Notre Dame de París

Uno piensa que la eternidad toca ciertos elementos que hay en la tierra. Es falso. Nada es para siempre. Tristemente, lo hoy hoy vemos, mañana puede no estar ahí. ¿Quién se hubiera atrevido a imaginar que la catedral de París dejaría de ser como siempre ha sido?

Las imágenes nos revolvieron el corazón. Notre Dame estaba envuelta en llamas y, a la distancia, nadie sabía por qué se había desatado un incendio de esa magnitud. Queríamos que los bomberos acabaran rápido, que pararan la destrucción y cuando cayó la aguja, los católicos perdimos para siempre uno de los monumentos más hermosos dedicados a Dios.

Las fotografías de dentro del templo reportan menos daños de los que creíamos que habría. Se perdió mucho, al menos no se perdió todo. Los católicos del mundo, los franceses, los parisinos, los que amamos el arte, los que creemos que Notre Dame es un lugar sagrado, los que admiramos lo que ahí se resguarda, los que sentimos devoción estamos de luto.

Esta Semana Santa, las conmemoraciones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo tienen un tinte de dramatismo terrible. Hay mucha tristeza, hay duelo, hay pérdida. Por fortuna, todo quedó en un saldo blanco, sólo hubo heroicos bomberos que salieron heridos al tratar de rescatar la casa de María en París.

Nada es para siempre. Ni siquiera este dolor que nos parte el corazón. Se restaurará Notre Dame. No será lo mismo. El fuego se comió parte de este santuario, de sus cenizas se erigirá una nueva versión. Habrá heridas que se tengan que sanar. Hoy, los católicos necesitamos consuelo. No nos queda más que elevar la mirada al cielo y buscar la eternidad en aquel que es el motivo y fuente del amor que dura por siempre.

La expresión de Julian Assange

Ni hablar, a toda capillita le llega su fiestecita y aunque sabíamos que esto iba a suceder tarde o temprano, la detención de Julian Assange se llevó las ocho columnas de muchos diarios en todo el mundo. Después de que Ecuador le retirara el asilo diplomático, el fundador de WikiLeaks, el hombre que puso a temblar a medio mundo y a varios súper poderosos, fue detenido por la policía de Londres. No hay pillo que salga con bien, decía mi abuela y en este caso, se confirmó el dicho.

Primero, Scotland Yard ratificó la detención por medio de un twit. Luego, varios medios internacionales publicaron la fotografía de un hombre con el cabello cano, barba larga que le regala una media sonrisa a los que captaron la imagen, hace un guiño y eleva el pulgar derecho, como si estuviera diciendo: no pasa nada, no importa nada. Si Assange tiene cuarenta y siete años, se ve como de sesenta y siete. La vida de encierro en la embajada de Ecuador le cobró caro. 

Ahora, tendrá que enfrentar a la justicia por haber publicado miles de documentos secretos del gobierno de los Estados Unidos. El pronóstico no luce favorable y, hay que decirlo, el señor no se le ve muy preocupado. Algo sabrá que lo lleva a sonreír y retar al mundo y a quienes pidieron su extradición con esa expresión. 

Assange se llama a sí mismo un activista, se cree un paladín de la libertad de expresión, un analista que sabe interpretar datos y un cazador de información que la revela al mundo. Se sustenta como un defensor de la transparencia. En 2006, crea un portal para filtrar información confidencial: WikiLeaks. No se trata de chismecitos sabrosos, el sitio publica numerosos documentos sobre las guerras de Irak y Afganistán y nos permite conocer la verdad detrás de esa guerra. Lo que sospechamos en aquellos años, salió a la luz dejando expuestos videos terribles en que fuerzas estadounidenses disparan contra civiles. Se abre fuego contra personas indefensas. Para muchos, lo que Assange hizo fue un acto heroico, para otros es un criminal. Lo cierto es que lo que nadie podemos negar es que el fundador de WikiLeaks es un hombre astuto. 

En 2010, es acusado por un delitos sexuales: acoso y violación. Se gira una orden de extradición a Suecia. Pero, el caso no llega a buen puerto dadas las dificultades para continuar con una investigación veraz. Assange siempre se ha declarado inocente y sigue diciendo que él no cometió esos delitos. A la fecha sigue firme en sostener su inocencia a ese respecto.

En el 2012, las cosas se le complican y Assange pide asilo político y se refugia en la embajada de Ecuador en Londres. Se asume como un perseguido político y sostiene que: “mientras WikiLeaks siga siendo amenazado, también lo está la libertad de expresión y la salud de todas nuestras sociedades.”

Julian Assange consigue apoyos importantes. La Organización de las Naciones Unidas determina que el fundador de WikiLeaks sufre de facto una detención ilegal, ya que no tiene libertad de movimiento, no puede salir de las instalaciones de la embajada ecuatoriana en Londres pues, al hacerlo se cumplimentaría la orden de aprensión. Durante sus años de encierro en la embajada, concedió varias entrevistas en las que hizo gala de ser un hombre informado y con datos del día. Actuaba con la seguridad de quien sabe mucho sobre lo que hay que saber. Sin embargo, también pierde al principal soporte que lo tiene viviendo al margen de la justicia. El presidente de Ecuador, Lenin Moreno declaró que Assange violó las disposiciones expresas de las convenciones sobre asilo diplomático al seguir vinculado con WikiLeaks. 

Claro, al retirarse la protección del asilo, la petición de extradición a Estados Unidos trae como consecuencia la detención de este personaje tan controvertido. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos ha informado que Assange puede ser condenado hasta a cinco años de cárcel. Si este hombre sabe tanto, ¿no sabía hacer cuentas? Estuvo encerrado desde 2012, si se hubiera entregado, ya estaría por cumplir dos años en libertad, si el jurado que lo habrían asignado lo hubiera encontrado culpable y el juez le hubiera dado la pena máxima. ¿A qué le tiene miedo Julian Assange? 

O, tal vez la pregunta es ¿quién le tiene miedo a JulianAssange? Su futuro es muy previsible. Enfrentará la justicia, será sometido a un proceso, se le dictará sentencia, purgará un tiempo. Eso ya lo sabemos, pero, si en cinco años sale, qué tanto tendrá que decirnos este australiano que sabe mucho de muchos.

La expresión que Julian Assange tiene en fotos y en los videos que muestran el momento de su captura me ponen la piel de gallina. No es la de un preso contrito ni la de un hombre arrepentido, no es la de una persona asustada, ni seria. Assange va muerto de risa, como burlándose. A lo mejor, en sus años de encierro en la embajada de Ecuador, el hombre perdió una tuerca. Pero, más que un loco, vemos la expresión de un hombre que aún no ha dicho la última palabra.

 

Una trompetilla al presidente

Hay un dicho que expresa la verdad más pura que existe: el que nunca tiene y llega a tener, loco se quiere volver. Resulta que el presidente López Obrador en uno de esos ataques de inspiración que le dan, se le ocurrió que es buena idea mandar una carta al gobierno español para exigirle una disculpa por la conquista.

Me entristece ver los titulares de periódicos españoles que dicen que México pide a España que se disculpe por la conquista. No, no es México ni somos los mexicanos, ni siquiera estoy segura de que muchos de los que componen el séquito lopezobradorista estén de acuerdo con la ocurrencia del presidente. Pero, a eso nos exponemos cuando le permitimos al ejecutivo levantarse tan temprano a encarar a la prensa todos los días en vez de exigirle que se ponga a trabajar.

Es claro que el Presidente López Obrador se levantó esa mañana con ganas de ayudarle a su esposa que acaba de publicar un libro con el tema de la Conquista y quiere que venda mucho. Es claro que entre tanta ocurrencia, quienes lo observamos, podamos ver su intención polarizadora. Abrir frentes polémicos nos distrae para evaluar lo que debiera estar haciendo en vez de perder el tiempo lanzándole un petardo a una nación amiga. ¿A qué hora se va a poner a trabajar?

Es cierto, la Conquista fue un período sangriento. Pero, me pregunto si tendremos que exigir disculpas al estado de Tlaxcala porque los tlaxcaltecas de aquellos tiempos se aliaron con los españoles para vencer a los aztecas. Ya el gobierno español declaró que rechaza con toda firmeza la petición de López Obrador, ¿qué esperaba? Y más allá de todo, ¿qué buscaba?

Ofrecer disculpas no reparará el daño que se hizo en aquellos años. El rezago de los pueblos indígenas no se repara con un usted disculpe, ni le toca a nadie más que a su gobierno resarcir las condiciones de igualdad, pero, ni siquiera los escucha. Pregunten en el estado de Morelos si los pueblos originarios se sienten contentos con las medidas presidenciales. ¿No debiera el Presidente López Obrador pedirle a ellos una disculpa, a ellos que creyeron en él y ya les dio la espalda en vez de arengar en contra de la España conquistadora?

¿No debiera el Presidente pedir una disculpa a todos los que ofende cada día en sus conferencias mañaneras desde Palacio Nacional amparado por el boato del Estado, a los fifís, a los neoliberales, a los conservadores, a los que no piensan como él, a los que no lo quieren, a los que no lo adoran e insulta cada día?

Tal vez, lo que le falta a López Obrador es darse cuenta. La rechifla que sufrió en Morelos, los abucheos que recibió al inaugurar el estadio de beisbol de Los Diablos Rojos reflejan que este autoritarismo al que nos está sometiendo no nos gusta. Más que exigir disculpas y buscarse pleitos donde no hay, debiera ponerse a trabajar.

Por estos temas, el Presidente López Obrador se está ganando trompetillas en muchos más sectores de lo que a él le gustaría confesar. ¿Y si mejor se diera cuenta de que dejó de ser caudillo y se pusiera a trabajar?

Los neoliberales y la guillotina

Parece que el término neoliberal está de moda. Todo el mundo opina y la mayor parte de lo que se dice no son cosas buenas. El Presidente López Obrador lo ha convertido en el receptáculo de la basura más inmunda, en antihéroe por antonomasia, el sinónimo de ratería y seguramente algunos padres ya dejaron de asustar a los niños con el robachicos y ahora les meten miedo con los neoliberales. Parecen tan lejanos aquellos años noventa en los que entender de economía, de finanzas públicas, de política monetaria y fiscal era algo bueno.

Ahora, ser neoliberal es lo mismo que ser un ratero. Parece que gracias a los neoliberales, el país se entregó a una horrible mafia del poder que dejó un cochinero por su terrible deshonestidad y por las negras intenciones de llenarse los bolsillos de dinero proveniente de la corrupción. En estos momentos, muchos preferirán ser neoliberales de clóset que decir que no está mal eso de aspirar al libre tránsito de personas y mercancías, a ver que las fronteras se desdibujan, que los países se globalizan y las zonas en el mundo cooperan. Mejor pico de cera, porque el Señor Presidente decretó la muerte del neoliberalismo. ¡Qué les corten la cabeza!

De la misma manera que El Incorruptible, Maximilien Robespierre se constituyó el defensor de los sectores más desposeídos y sobre esas bases gobernó Francia de forma autocrática, sumiendo al país en un período de persecuciones políticas, incertidumbre generalizada y continuas ejecuciones por traición, sedición, conspiración, entre muchos otros crímenes, así México está empezando a purificarse y a purgarse de estos malvados neoliberales. Así como Robespierre fue firme, autoritario y decidido a depurar a Francia de cualquier opositor a la Revolución y llegó a justificar en su defensa el uso de la pena de muerte a la que tanto se había opuesto en el pasado, así los neoliberales se deberán ir a la sombra o a la guillotina para que entiendan que al país no le debieron haber hecho tanto mal.

Yo que creí que cuidar los índices de inflación, las tasas de interés, el tipo de cambio era bueno; yo que pensaba que la independencia del Banco de México —como la de cualquier otro banco central en el mundo— sería un freno contra la indisciplina fiscal y monetaria de todos estos gobiernos que nos arrastraron de una crisis a otra; yo que sostuve que la vigencia de tratados internacionales era buena igual que la apertura a la competencia global; yo que me convencí de que las fuerzas del mercado con una intervención del Estado como arbitro para una competencia igualitaria era conveniente, ahora me entero que debo haber estado equivocada.

Aparentemente, la deshonestidad, los compadrazgos, la frivolidad, los contratos sin licitación salieron de las mentes perturbadas de Friedman y Keynes, en vez de las malas prácticas de quienes ejercieron el poder en gobiernos anteriores. Entiendo que las políticas neoliberales agrandaron la brecha entre los que todo lo tienen y los que nada poseen. Pero, hasta donde alcanzo a ver, la distribución de la riqueza también falló en Cuba, en la Unión Soviética, en las economías que estaban del otro lado de la cortina de hierro y nada más hace falta echarle un vistazo a los efectos de la política bolivariana en Venezuela para ver que, a lo mejor el Presidente López Obrador trae un desface de percepción.

No sé, a mí me parece que el neoliberalismo tiene aspectos criticables, pero no todo lo que se hizo bajo esta óptica ha estado mal. La economía en México está ahora en una encrucijada. No quiere imitar a esos gurús económicos a los que tanto se ha criticado, abe preguntarse: ¿Hay verdades universales en economía? Entonces, se recurre a la teoría. La eficiencia con la que los recursos están distribuidos es un determinante crítico del rendimiento de una economía. La eficiencia requiere alinear los incentivos de la producción doméstica y las empresas con los costos sociales y las prestaciones. Los incentivos a los que se enfrentan los emprendedores, inversionistas y productores son particularmente importantes para el crecimiento económico. El crecimiento necesita un sistema de derechos de propiedad y ejecución de contratos que asegure a quienes invierten que pueden conservar el retorno de sus inversiones. Y la economía debe estar abierta a las ideas e innovaciones del resto del mundo. Pero las economías pueden descarrilarse por inestabilidad macroeconómica, continúa. El gobierno debe aplicar una política monetaria sólida, lo que implica restringir el crecimiento de liquidez al incremento de la demanda del valor nominal del dinero con una inflación razonable.

Caigo en la cuenta y me acuerdo de Robespierre. Me paso la mano por el cuello y concluyo que no me gustan las guillotinas.

 

Marca personal: el despliegue de nuestra identidad

Entender la relevancia de desarrollar una marca de nosotros mismos nos puede abrir puertas a oportunidades que siempre hemos estado esperando

Siempre me ha parecido muy interesante como en esta era en la que somos tan visibles, pasamos tan desapercibidos. El fenómeno es curioso, muchos tratan de hacer lo mismo para destacar y así la cosa no funciona. A diario vemos miles de fotografías de personas que suben lo que desayunan, comen o cenan; sonrisas amplias, eventos tan relevantes que se nos olvidan en segundos. Destacar se convierte en algo similar a un zumbido que pocos perciben y que casi nadie sabe construir. Evidentemente, si todos hacemos lo mismo, no hay manera de ser distinguido. Nos convertimos en una especie de masa informe que se mimetiza con el paisaje. Pero, también hay personas que para sobresalir hacen cosas de las que después se arrepienten. Una marca personal debe ser un elemento identitario que juegue a nuestro favor, no en nuestra contra.

Los seres humanos somos algo similar a esas antenas que siempre están mandando destellos para prevenir accidentes aéreos. Las personas estamos constantemente mandando mensajes: siempre, lo queramos o no, seamos conscientes o no, todo el tiempo. Enviamos información de nosotros mismos y de otros. Interpretamos nuestro entorno a partir de percepciones, incluso cuando queremos pasar desapercibidos. Lo hacemos con nuestra forma de vestir, de sonreír, de hablar y de callar.

Recientemente, me invitaron a una reunión de compañeros de la escuela a la que asistimos en pareja. La anfitriona me presentó con su esposo: “Mira, es Cecilia Durán Mena, la escritora que publica en Forbes”, y así, sin que yo hiciera nada ya me habían etiquetado. De repente, dejé de ser la compañera de banca para convertirme en algo más. “Hola, yo soy el esposo de Susana”. Sin saber cómo sucedió, ya traía colgada una etiqueta y él también. No recuerdo su nombre, sólo que era el esposo de alguien más.

Esto me enseñó varias lecciones importantes: la primera, si tú no te ocupas de forjar tu marca personal, alguien más lo hará. La importancia de que alguien más lo haga por ti es que la etiqueta dirá algo que no es precisamente un reflejo adecuado de tu persona; la segunda es que este tipo de etiquetas son muy poderosas y se quedan pegadas a la mente de las personas, como si estuvieran adosadas a la memoria con un pegamento muy potente. Entonces, más nos vale ser nosotros los que tomemos el manubrio y pongamos manos a la obra para construir nuestra marca personal.

Por ejemplo, cuando pensamos en Coco Chanel nos vienen a la mente conceptos muy diferentes a los que tenemos cuando recordamos a Mike Tyson. Claramente, ambos tienen una marca personal muy fuerte; lo mismo pasa si pensamos en Barack Obama, puedo apostar que los sentimientos y las sensaciones que genera el evocarlo chocan por completo con las que surgen al recordar a Donald Trump. Es terrible es cuando escuchamos un nombre y no nos genera nada o peor, cuando seguimos los consejos de algún tercero que nos dice que tenemos que vestirnos de cierta manera, hablar con un tono, ocupar un vocabulario que nos es totalmente ajeno. El efecto es peor, porque estamos mandando mensajes contradictorios. La gente puede leer entre líneas: no vamos a lograr engañar por mucho tiempo. Tratar de parecer lo que no somos es tomar el camino equivocado, mejor nos encaminamos correctamente desde el principio.

La meta es permitir que nuestra marca personal se convierta en una luz de nuestra mejor versión. Pero, claramente, esto no se logra de la noche a la mañana, hay que hacer un ejercicio de reflexión que nos lleve al autoconocimiento. Es un proceso por el cual llegaremos a distinguir en nosotros mismos aquellos rasgos que nos dan identidad y nos llevarán a destacar. Se trata de conocer nuestros defectos y partes débiles para controlarlas y de hacer sobresalir nuestros aspectos brillantes con el objetivo de establecer las bases de una reputación. Claramente, generar una marca en función de alguien más es muy riesgoso ya que se construye sobre terrenos arenosos. Ser el esposo de alguien más no debiera ser una característica distintiva, como tampoco lo es ser el hijo de fulano, el compadre de perengano. Más bien, tendríamos que buscar en nuestro propio acervo.

De la misma manera en que para una compañía su marca es un activo, para una persona tiene que ser el vehículo que comunique valores, pasiones y al individuo que tenemos dentro. Es un elemento del cual nos tenemos que sentir orgullosos ya que es nuestro salvoconducto primordial para destacar de la mejor manera: haciendo aquello que nos gusta y que queremos que el mundo conozca de nosotros mismos.

Centrarse en uno mismo consiste en conocer qué es aquello que me distingue si estoy parada entre una multitud. ¿Cómo le haría una persona para describirle a alguien más quién soy yo y que me encuentre? ¿Qué me gustaría que dijeran? Por supuesto, aquí va implícito saber quien soy y cuales son mis sueños. Cuando tenemos claras estas respuestas, lo siguiente es empezar a describirnos de esta manera. A nosotros mismos, frente al espejo; como si nos estuviéramos presentando al personaje que queremos ser. También, necesitamos describirnos así en nuestro entorno, hablar de nosotros mismos como nosotros mismos queremos que hablen de nuestra persona.

Al hacerlo, estas palabras se convierten en una profecía que está condenada a cumplirse. Por lo tanto, es indispensable cuidar lo que decimos de nosotros mismos porque así es como nos verán los demás. Hablar de esa gran idea que somos nosotros mismos ayudará a que el universo empiece a completar el trabajo. Pero, cuidado, no se trata de ser ese tipo de personas arrogantes, ego complacientes, egocéntricas que caen en la trampa de Narciso que muere ahogado contemplando su propia belleza.

Generar una marca personal se trata de construir aquello que queremos que la gente piense cuando escuche nuestro nombre. Se trata de destacar para ser elegido para aprovechar esas ventanas de oportunidad que nos encantaría hacer fructificar. Por eso, más que una actitud narcisista, al generar nuestra marca personal hay que dar un paso atrás y con honestidad vernos y evaluarnos. Hacer lo mismo que haríamos con un producto o con un servicio: entender cuáles son sus debilidades y que aspectos resultan interesantes. Se trata de magnificar las cualidades al punto en que el mercado nos recuerde siempre que haya una tarea que nosotros queremos y podemos hacer y nos elija por encima de las demás opciones.

Por supuesto, copiar la marca personal de alguien más es absurdo. Una marca personal bien hecha le sirve solamente a esa persona y a nadie más. El que quiera colocarse una marca personal ajena, le sucederá lo que a las hermanastras de Cenicienta con las zapatillas: le quedará apretada y caminar con zapatos más pequeños o muy holgados es sumamente incómodo. En última instancia, cuando hacemos bien el trabajo de construcción de nuestra marca personal encontramos algo maravilloso: nuestro propósito particular por el despliegue de nuestra identidad.

Escucha por escrito

El miedo como pretexto literario

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Cuando el lenguaje es fondo y forma

Ayer, fui a comer a uno de estos restaurantes que están clasificados como lugares de negocios, aunque a decir verdad, el lugar estaba lleno de grupos de amigas, de mamás con niños chiquitos que estaban sentadas entre grupos de ejecutivos. Mientras esperaba a que llegaran las personas con las que iba a comer, escuchaba como las pláticas iban de un tema a otro y eran totalmente distintos. Unos grupos hablaban del mercado futuros de Chicago, otros de pañales, unos de chismes de la asociación de padres de familia y otros de las perspectivas de negocio en tiempos de la cuarta transformación. La verdad, el ambiente era muy variado, tal vez, demasiado.

La plática que más me llamó la atención fue la de la mesa de al lado. Era un grupo de tres muchachos, dos de ellos vestidos de saco y corbata, camisa blanca, zapatos de agujeta, calcetines altos, olor a loción, el otro usaba camisa de cuadros, pantalón de gabardina y mocasines. Los encorbatados hablaban y hablaban, gesticulaban mucho mientras le proponían el negocio de la vida a su contraparte.

Al poner atención, me di cuenta de los argumentos que usaban, que no eran nada malos, pero el vocabulario con el que se expresaban me puso la piel de gallina. De repente, empecé a voltear para ver si estaba en un restaurante y no en una cantina. Por el lenguaje, parecía que me encontraba en una pulquería o en un billar. Mientras los encorbatados hablaban como cargadores, diría mi abuelita, el de la camisa de cuadro los escuchaba, sin decir palabra.

El episodio duró algo así como siete minutos. Porque, incluso antes de que pudieran ordenar algo más que las bebidas, el joven de la camisa de cuadros se paró y les dijo, señores así no es posible hacer negocio. Salió del restaurante y los dejó con un palmo de narices, confundidos, pero en cinco segundos se les quitó. Se murieron de risa y siguieron platicando tan felices como si no acabaran de perder un cliente.

A lo largo de la comida, me distraía y miraba a los de la mesa de al lado. Comieron felices de la vida, pidieron una botella de vino, después de los aperitivos y antes de los digestivos. Me imagino que la cuenta fue cara, pero no importaba tanto, pagaron con una tarjeta corporativa. Los meseros se veían felices, seguramente les dejaron una propina generosa.

No cabe duda, dicen que el hábito no hace el monje, sus hábitos tampoco. El lenguaje sigue siendo una seña de identidad y, aunque pareciera lo contrario, también es forma y fondo.

 

Casillero número 42

Por más años de los que me gustaría confesar, guardé mis cosas en el casillero número 42 del área del vapor en el baño de mujeres del Club Asturiano de México. Fue un regalo que mi papá me hizo para guardar las cosas cada que fuera a hacer ejercicio. Era uno de los casilleros más chiquitos, les decía que era un guardacosas de interés social. Cabía muy poco: mis canasta con el shampoo, el enjuague, el jabón, el rastrillo, la esponja; mi perfume, mis emblemáticas chanclas de hule con pequeñas pelotitas de tenis, mi pistola de aire para secarme el pelo y no mucho más. Otras tenían suites de lujo para guardar sus cosas, pero el privilegio del casillero 42 era el lugar en el que estaba.

Ahí tuve muchas vecinas que fueron mis amigas por muchos años. Vi llegar a una gran cantidad de gente nueva, acomodarse a mi lado. Vi que muchas se iban, porque conseguían un casillero más grande. Mucha gente rotó por el pasillo en el que yo tenía el cuarenta y dos. Una vez, me tocó ver como una nieta iba por las cosas de su abuelita que ya no volvería más al club. Muchas de las amigas que hice en el club se fueron a otros lugares, a vivir a otras ciudades, al cielo y yo seguí, por años, fiel a ese pequeño espacio que me vio llegar a guardar mis cosas, luego entraron también las de mis hijas, jamás cupieron mis raquetas, pero había lo suficiente para arreglarme después de mis partidos de tenis, de nadar o de ir al gimnasio. Cupieron una gran cantidad de recuerdos hermosos, de risas, de complicidades, de maravillas que hacen la vida.

No creí que llegaría el día en que tuviera que dejarlo ir. Pero, siempre llega el momento de decir adiós. Hoy fui a sacar las cosas de mi casillero 42. Me pude despedir de Jose, de Ceci y de Maripaz. No quise hacer un gran evento de algo que me estaba partiendo el corazón. Sin embargo, hay que ser prácticos en esta vida. El Club Asturiano que me vio sonreír tantas veces, que vio crecer a mis hijas y en el que he sido tan inmensamente feliz, hoy me queda muy lejos, ya casi no voy. Mis hijas ya no se paran por ahí y mi marido tenía más de dos años sin ir.

Hoy vacié el casillero cuarenta y dos, le di las gracias y lo bendije. Espero que la persona que llegue a ocuparlo lo tenga tantos años como lo tuve yo, que lo disfrute como yo, que lo quiera tanto como yo lo quise y que si algún día vuelvo a pasar por ahí, no se me salgan tantas lágrimas como las que derramé hoy. Hoy vacié el casillero cuarenta y dos pero me llevo todo lo que guardé ahí, momentos entrañables que siempre me devolverán tiempos felices.

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