Arrepentimientos

Es difícil aprender en apcabeza ajena, pero es posible. Apenas hace un año, nos asombrabamos de los alcances del odio. El mundo del espectáculo nos sorprendía con el poder de seducción abrimador y se nos saltaban los ojos al ver como vendedores de espejotos y encantadores de serpientes llegaban a puestos de elección popular como conquistadores en el siglo XVI. Los incrédulos pensabamos que sus voces se diluirían por su falta de consistencia y que esos caballos desbocados que iban por el mundo dando coces no llegarían lejos. Nos equivocamos. Llegaron aventando gente a sentarse en las primeras posiciones hacienod gala de sus horribles modales y ejerciendo el odio como su principal seña de identidad.

¿Qué está pasando? El antivalor triunfaba y en el cerebro se nos descolocaban las ideas, no entendíamos nada. Las neuronas se hacían nudo tratando de interpretar cómo era posible que la Humanidad optara por muros, separaciones, desprecio y falta de consideración. Los ingleses dieron un sí irreflexivo a Europa, con la ingenuidad del que cree que las nubes son de algodón, los estadounidenses creyeron que la luna es de queso. La realidad, lo sabemos es otra. Está llegando el momento de la verdad y con ella, los arrepentimientos.

El Presidente Trump está siendo investigado por lo que era evidente, el tipo creyó que fue electo para ser monarca y no presidente. La prepotencia que le caracteriza y que lo llevó a donde está es la que puede desbarrancarlo. Theresa May avivó el fuego y ahora arde entre las llamas de una pesadilla. La protesta social saca a la gente a las calles y en su confusión la Primera Ministra, presionada por las críticas de su gestión y por su pobre desempeño dice que se pondrá a trabajar pero no toma una iniciativa clara en favor a la población.

La patanería es un callejón sin salida. La vida del abusador es un pequeño corralito en el que su reinado es tan sólido como un pedazo de papel de china. Estos personajes han puesto pies en polvorosa. Su suerte está echada: o cambian o los van a cambiar. No falta mucho para verlo.

El final de José Octavio N

Una tragedia tras otra, José Octavio N, supuesto asesino y violador de una nena de once años apareció muerto en la celda del penal de Neza Bordo, donde estaba recluido. En una serie de despropósitos y entre un conjunto de explicaciones rebuscadas, resulta que las autoridades salen a decir que el supuesto delincuente se suicidó y que no se nos ocurra pensar que se trató de un ajuste de cuentas. 

Ya era suficiente tragedia que una nena desapareciera. Las cosas se complican cuando la pequeña aparece violada y muerta. Empeora cuando nos enteramos que hay un presunto culpable, del que conocemos los nombres, no los apellidos, del que vemos fotografías del rostro con una línea sobre los ojos para cuidarle la identidad, del que sabemos tiene antecedentes de abuso. Se lo llevaron al penal de Neza Bordo a someterse a un juicio por feminicidio y amanece ahorcado en su celda. ¡Vaya!

A mí me da por sospechar muchas cosas elementales: ¿de dónde sacó la cuerda? Se supone que al ingresar hay un procedimiento en el que revisan a los que entran y les quitan cualquier cosa con la que puedan hacer y hacerse daño, ¿no? La desgracia de una familia que pierde a su niña es terrible, el final nos arruga la panza. Nos hace entender que este colofón tiene que ver con temas de corrupción, impunidad, mal manejo de la justicia, ajustes de cuentas y de un tiradero horrible en el Estado De México.

La chiquita subió a un microbús que iba solo para no mojarse con la lluvia. Su padre iba en bicicleta al lado siguiendo al vehículo. El chofer aceleró. La niña desapareció. Los padres denunciaron la desaparición de inmediato. Pasaron horas antes de que les hicieran caso. Se violó el protocolo de activación de la alerta amber.  Nadie los atendió, no empezaron a buscar a la niña, se negaron a investigar, a ir calle por calle para encontrarla. Dejaron a los padres a su suerte. Les dijeron que lo hicieran ellos con sus familiares y amigos. No quisieron revisar las cámaras que hay para proteger a la ciudadanía. Los vecinos encontraron un cadáver. Así se escribe la trama de una catástrofe familiar. Ese es el reflejo de un estado.

Sabemos que esto no es un caso aislado. El Estado de México es campo fértil para  matar mujeres. Treinta mil mujeres asesinadas en quince años. Las cuentas dan una cifra de cinco mujeres diarias. Este 2017, las fiscalías municipales han registrado 1,153 casos de violencia contra la mujer. Más agravantes: la compañía de transporte a en la que trabajaba José Antonio N no contaba con todos los permisos vigentes, la licencia del chofer estaba vencida. Ese sujeto no debía estar manejando y esa compañía no debía estar operando. Pero en una tierra en la que la ley no interesa,  la justicia está rebasada y la impunidad impera, los resultados son muestra del desorden que nadie quiere ordenar.

Muerto el perro se acabó la rabia, dice el dicho. No obstante, en este caso no es así. El final de José Octavio N inflama la irritación de la opinión pública. Parece que el hombre era un pájaro de muchas cuentas, que los antecedentes dan evidencias de que no era una buena persona. No lo sabremos, apareció ahorcado. Pareciera que con esta muerte quisieran echar tierra al asunto y tapar el sol con un dedo. Pero, con este reguero, con tanto desorden, impericia, falta de justicia y tanta impunidad, esto será lo de diario. 

No creo que el final de José Octavio N haya sido una venganza o que alguien haya tomado la justicia en sus manos. Me parece que aquí trataron de encontrar una forma de eclipsar el problema de fondo. No creo que este sujeto se haya suicidado y si así fue, ¿qué pasa en el penal de Neza Bordo para que sucedan estas cosas con los internos? Pero, ¿por qué no se activó la alerta amber?, ¿por qué ninguna autoridad ayudó a los padres?, ¿por qué nadie responde?, ¿dónde está el gobernador?

El Estado de México tiene un dictamen terrible, si eres mujer, alejarse de ahí es inteligente. El din de semana que asesinaron a esta nena, mataron a otras cuatro mujeres en diferentes municipios. Por eso, el final de José Octavio N no debiera ser el dinal de esta historia de horror. 

¿Quién es Víctor Manuel Orihuela Rojas?

Sé poco de Víctor Manuel Orihuela Rojas. Jamás he visto su rostro. Me entero que era un estudiante de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional Autónoma de México, máxima casa de estudios del país. También sé que fue encontrado muerto por personal de vigilancia de la propia Universidad, a un costado de la Biblioteca Central. De acuerdo al  informe de la Procuraduría de la Ciudad de México y según detallan las propias investigaciones, este joven estudiante de dieciocho años de edad murió al caer de un segundo o tercer piso de la Facultad de Filosofía.

Mucho más que eso, no sé. Basicamente, de Víctor Manuel Orihuela Rojas conozco sus generales básicos, pocos detalles de su muerte y una colección de datos nebulosos de su muerte. Las preguntas se encienden en la mente, me imagino que los padres de este muchacho también tendrán muchos cuestionamientos que hacer. Seguramente, habrán estado orgullosos de que su hijo estudiara en tan prestigiada facultad y casi puedo asegurar que no se imaginaban que la UNAM les iba a devolver un cadáver en vez de un egresado. 

¿Qué pasó ahí? ¿Cuántos muertos ha habido en lo que va del año que se encuentran en los territorios universitarios? A una universidad los estudiantes acuden a aprender, a formarse para la vida, a adquirir conocimientos, no a enfrentar la muerte. Una familia imagina que los jóvenes salen de ahí para lanzar su birrete al aire y enseguida ponerse a trabajar y ser útiles a ellos mismos y a la Nación. Pero, éste no fue el caso. La complejidad de la investigación de estos incidentes se topa con la autonomía, que me temo trae el espíritu algo extraviado. Los que abrazan en bastión de la autonomía me recuerdan a quienes se amparan al fuero y lo toman como escudo para hacer fechorías.

No hay valor más alto que el de la vida humana. Ante la vida, todos los demás valores y prerrogativas se subordinan. Entender que Víctor Manuel Orihuela Rojas era un muchacho del que se adivina un futuro promisorio que ya no será, habla de la tragedia de su muerte. En primera instancia, porque se trata de un joven que muere en la flor de la vida, con una carrera estudiantil en curso y en segundo lugar, por el sitio en el que muere: la universidad es el espacio en que se da vida al pensamiento, no muerte. Y, por último, las circunstancias de su muerte. ¿Lo aventaron? ¿Se lanzó? ¿Qué estaba haciendo en Filosofía y Letras si el pertenecía a la Facultad de Odontologia? ¿Quién nos contestará todas estas preguntas?

Víctor Manuel Orihuela Rojas era un estudiante de la Facultad de Odontología que fue encontrado muerto en territorios universitarios. No es el primero. Esas muertes son tragedias que merecen ser esclarecidas. Lo merece la comunidad universitaria, sus amigos, su familia y sobre todo, él. Necesitamos entender quién era Víctor Orihuela Rojas y por qué murió en esta forma.

La pesadilla de los opiaceos

Según el New York Times, el consumo de heroína en los Estdos Unidos está llegando a niveles de epidemia. El gusto que los estadounidenses tienen por consumir heroína sola o cortada por opiaceos va en aumento y causa muertes como si estuvieran librando una guerra. El mito, de que de un lado llegan los venenos y del otro los consumidores son blancas palomitas que no sufren daños, se rompe frente a la cifra fatal casi sesentamil personas murieron victimas de esta adicción.

Leo en El País lo fácil que es conseguir esta droga. Ya no se necesita ir a barrios violentos o entrar en contacto con intermediarios peligrosos. La facilidad entra por páginas de Internet en China. Se puede pedir la mercancía y la entregan en la puerta de la casa a vuelta de correo. Y, como queda claro, el problema no es la oferta, jamás lo ha sido, es la demanda creciente que hay por este veneno.

Lo curioso es que no se controle el consumo. Las campañas que se han hecho a nivel mundial contra el tabaco nos enseñan que se pueden abatir los vicios. Las restricciones que se impusieron a los fumadores, la imposibilidad de fumar tranquilamente y con la alegría que da encender un cigarro frente a una taza de café entre amigos se anuló en el momento en que fumar era percibido como un delito grave. El que sacaba una cajetilla era visto con rencor y las advertencias visuales llevaban a inhibir el deseo de fumar. 

Yo misma dejé de fumar, más que por  las amenazas de terribles enfermedades —que me intimidaban, pero no lo suficiente—, por que cada vez me resultó mas incómodo fumar. En los últimos días, fumaba fuera de casa, junto a los basureros. No era grato estar a solas con el humo del tabaco, entre aromas de comida podrida. Lo dejé. Muchos lo hicieron. La mayoría de los lugares que   frecuento, son libres de humo. Extraño el vicio, pero prefiero dejar de mortificarme yendo a fumar a lugares impresentables.

Drogarse con heroína no es fácil. Hay que inyectarse, eso duele e intimida. Además, hay que saber hacerlo, eso requiere capacitación. El vicio es tan fuerte que parece que estos obstáculos no importan. Peor aún, no interesan. Van años y años en los que veo a políticos y líderes estadounidenses que apuntan el dedo y se zafan la responsabilidad echándole la culpa a quien vende. El sinsentido se refleja en el número de muertos víctimas de la heroína. El que vende, si nadie compra, desaparecerá. En cambio, si todos quieren comprar, no hay forma de parar la venta.

Las campañas para acabar con esta epidemia deben ir en torno a quien consume. El veneno se debe alejar de quienes se lo inyectan, no con prohibicones que no sirven para nada, sino con campañas que generen consciencia. Mientras sigamos escuchando gritos flamígeros que culpen a otros, seguirá elevándose la cifra de muertos por esta terrible adicción. 

La lección para la izquierda en el Estado de México

El Estado de México amanece sin novedades. Después de un susto en la madrugada, cuando la página del PREP daba cuenta de que Delfina tomaba la delantera y entre las once de la noche y la una de la mañana la izquierda de Morena acariciaba la gubernatura, el PRI conserva su bastión amado y los mexiqueses dicen más vale malo por conocido que bueno por conocer. Entre una opción y la otra, mejor uno que se vea bonito y que sepa pronunciar bien en español. 

Pero, la elección fue cerrada y las cuentas son claras. La izquierda tiene más simpatizantes que el PRI en el Estado de México, si hubieran permanecido unidos, si hubieran sido un bloque, hoy los mexiquenses tendrían una historia diferente. El hubiera pudo haber sido hermoso, no lo es. El conteo rápido del Instituto Electoral del Estado de México dice que Alfredo del Mazo ganó con casi un treinta y cinco por ciento de los votos y Delfina se quedó muy cerca con menos de treinta y uno. Insisto, si se hubieran sumado los votos del PRD las cuentas les hubieran sido favorables. 

Los escenarios se van a tensar, ya lo sabemos. Andrés Manuel no reconoce el triunfo de Del Mazo, sabemos que anda con la mecha corta y que el eterno perdedor no entiende como hacer para asumir las derrotas con gallardía. Ahora el espurio será un gobernador. Eso, con independencia de la elección de Estado que denuncia Vázquez Mota. Ni que no los conociéramos.

¿Por qué no ganó Delfina? Porque Juan Zepeda se llevó parte de los votos de la izquierda. La arrogancia del líder de Morena lo llevó a formar un partido que, aunque ha prendido fuerte en cierto sector del electorado, no le está alcanzando para coronarse con el triunfo. El PRI tampoco está para brincar de gusto. Hace seis años Eruviel Ávila ganó con el sesenta por ciento de los votos. La izquierda calculó que en el Estado de México la gente ya no está tan feliz con el partido que ha reinado esos territorios, pero hizo mal sus cuentas al dividirse. 

Tristemente, las formas nos dejan ver que habrá problemas. Es posible que no se reconozca el trabajo de las instituciones y que eso de gobernar en santa paz no será tan viable. Pero, la oportunidad que se vislumbra es aprender la lección. Las divisiones no son redituables. No suman, restan y eso no ayuda a ganar.

¿A quién le darías el volante?

Por suerte, no me toca votar este domingo. En las elecciones del Estado de México participarán los vecinos y después se oír más de los mismo, de los discursos flamígeros con denuncias al proceder ajeno, con entusiasmo por el cambio sin dar muestras de lo que se piensa hacer, de kilos y kilos de basura electoral, de contaminación visual, auditiva y de toda la parafernalia electorera, hoy es el día de las urnas. Les tocará elegir y me temo que no lo tienen fácil.

Manuel Vincent propuso a los españoles una serie de preguntas interesantes que se pueden adaptar al Estado de México (El País, 4 de Junio 2007) Para descubrir a quien privilegiar con el voto podemos ponernos a imaginar. Si Teresa Castell fuera panadera, ¿le comprarías el pan?, si Juan Zepeda fuera policía, ¿te sentirías seguro bajo su protección?, si Josefina Vazquez fuera tortillera, ¿te vendería tortillas de a kilo, irías a du negocio a comprar?, si Delfina fuera la maestra de tus hijos, ¿estarías contenta con lo que de ella aprendieran?, si Alfredo del Mazo fuera anestesista, ¿te dejarías dormir por él, confiarías que él tendría la capacidad de despertarte del sueño? 

¡Ay, quién sabe!

Si el Estado de México es el laboratorio de lo que sucederá en el próximo año en las elecciones en México, ¿irías a comprar carne al establecimiento que atiende Alejandra Barrales?, ¿confiarías tus secretos a Alejandro Encinas?, ¿comprarías una casa construída por el Niño Verde?, ¿te asociarías con Ricardo Anaya?, ¿le harías favor a Andrés Manuel de llevarle un mensajito?, ¿te tomarías un café con Ochoa?, ¿te gustaría platicar con Dolores Padierna?, ¿cómo te sentirías si supieras que Beltrones va al volante del metro que te llevará a trabajar?, ¿le pedirías a Miguel Ángel Mancera una tacita de azúcar?

Lo cierto es que son pocos los electores que confían ciegamente en las opciones que se presentan. Muchas simpatías que se muestran son fruto de la conveniencia. Se vende el aplauso por una torta y un refresco, se gana la aprobación con un cheque, se canjea la intención de voto por algún beneficio. Pero, en realidad, es tan dificil cual de las opciones genera verdadera confianza. Para saberlo, imagina que tienes que llegar a tu destino, pero no puedes manejar tu auto, ¿a quién le cederías el volante? 

Me da mucho gusto no tener que votar en estas elecciones. 

Adiós, París

“No fui electo para representar a los parisinos sino a la gente de Pittsburg”, dijo Donald Trump en el discurso con el que justifica que Estados Unidos sale del acuerdo climático de París. Con palabras revanchistas que asombran por lo primitivo de su razonamiento, Estados Unidos se lava las manos y se despide, como quien sale de una reunión en la que ya se aburrió. Siempre supimos que no todos los estadounidenses son bostonianos y que no todos son pensadores aventajados, pero creíamos que en Washington los asuntos de relevancia se manejaban en un nivel de gente que sabía pensar. Ahora, empezamos a dudar.

La salida del tratado de París, además de lo evidente, tiene muchas lecturas. Estados Unidos está dejando su posición de liderazgo frente al mundo y está liberando esa posición. Abandona París y deja el espacio a China para tomar su puesto o a Europa o a quien quiera ponerse ahí. Le da igual, o eso da a entender el presidente que ya no sabemos si fue electo por propios o por extraños. En la Torre Eiffel se encendió un letrero que dice No Plan B. 

Sin ser simplista, sí hay un Plan B. La Humanidad tendrá que aprender a caminar sin Estados Unidos al frente. Hay que decir que las emisiones de carbono de ese país se han venido reduciendo, no porque ellos hayn sido muy lindos o porque estén preocupados por la limoieza del medio ambiente —ya quedó claro que no es así—, sino porque les resulta conveniente.Las energías alternativas están avanzando por su eficiencia y esta carrera seguirá su propio paso. Con ellos o sin ellos, hay que aprender a conservar limpio el planeta, todos vivimos ahí. El Plan B que sí existe no parece tan terrible. Casi nos gusta más. 

Hubiera sido deseable que Estados Unidos se quedara, pero siempre hay un aguafiestas. Les gusta la imagen de vecinos sucios, siempre lo han sido pero ahora se quitaron la careta diplomática y descaradamente se muestran al mundo como paquidermos desnudos. Desde luego, a nadie le gusta ver esa figura cochina y adiposa sin los aliños que le hacían lucir presentable. Así son las cosas que pudieran ser de otra forma. Ni hablar.

En justicia, hay que decir que el señor Trump está siendo congruente, está cumpliendo sus promesas de campaña. El mundo se entristece ante semejantes acciones, es claro, no estamos de fiesta. La decisión no da motivos para festejar. También es claro que nuestro estado de ánimo les importa un cacahuete. La pregunta que flota en la atmósfera es si los estadounidenses están contentos. Me pregunto si en Pittsburg están felices con la decisión de su presidente. Estoy segura de que no todos. Muchos se sentirán afligidos y se harán cargo de que esa nación poderosa que fue Estados Unidos se está evaporando. ¿Será eso hacer America great again? Lo dudo.

Maxime Hamou y los que se rieron felices

Maxime Hamou no debiera ser noticia, sin embargo, lo es para su infortunio. Hamou es un tenista francés de poca monta, está rankeado en el lugar 287, así que no llega a ser percibido por noticieros de deportes, como no sea una nota de páginas interiores de Nimes, su pueblo natal. Este hombre de veintiún años, no logró llamar la atención en las canchas por su juego ni por su destreza con la raqueta ni por su forma de pegarle a la bola, capta la atención por su actuar vulgar, machista y abusivo.

El tenista francés, en la euforia de participar en Roland Garros, uno de los torneos de Grand Slam, de los de mayor tradición y mayor prestigio, además de ser de los más divertidos, justo después de terminar un partido, es entrevistado por Maly Thomas, reportera de la cadena de deportes Eurosport. Así, frente a las cámaras y en varias ocasiones Hamou jaló a la reportera, le besó el cuello, le metió la lengua en la oreja mientras ella trataba de quitarselo de encima y salvar elegantemente la transmisión en vivo.

Claro, no hubo forma de evitar ver la escena. No se pudo editar nada. ¿Qué vimos? A un tenista con una conducta machista, abusiva que forcejeo frente a las cámaras con una mujer. Que el señor estaba divertidísimo y ella mortificadísima. Que el señor fue alabado por las risas de camarógrafos y gente que rodeó a los protagonistas de la escena. Que nadie tuvo la caballerosidad de frenar a Hamou, ni el otro tenista a su lado ni los demás reporteros ni los que operaban las cámaras: nadie.

El tenis solía conocerse como el deporte blanco. Es un juego de caballeros, de reglas de respeto y honor. El tenis es elegante. Los que amamos este deporte debemos sumarnos a la protesta. La vulgaridad no debe apoderarse de este bastión que le queda a la gente que quiere apartarse de las prácticas ordinarias. En una cancha de tenis no se escupe. En una cancha de tenis se juega con gusto, con gracia, con estilo.  Un tenista es una persona que se sabe comportar. Maxime Hamou no lo es, como tampoco lo fueron quienes lo rodearon. Esta persona se aleja de las prácticas del deporte.

No me refiero a un comentario de intolerancia. El tema es grave. Hay formas y modos para desempeñarse. No es menor que frente a las cámaras se transmita y se celebre que un macho objetivice a una mujer mientras todos se ríen. Por eso, la sanción dada por la organización del torneo es adecuada: expulsaron a Maxime Hamou. Falta ver qué hara Eurosport con todos los compañeros de Maly Thomas que festejaron con risas el desaguisado. Tanto peca el que mata a la vaca como el que le jala la pata. 

¿Cómo pudieron tolerar algo así? 

No sólo eso. La dejaron defenderse sola y siguieron transmitiendo como si se tratara de celebrar el maltrato. La cara de Hamou con una sonrisa triunfante en contraste con la de desagrado de Maly Thomas son testimonios de una ofensa que pudo pasar desapercibida. Ahora, las disculpas suenan huecas, son acciones a destiempo. La sanción a Hanou es apropiada, debiera ser mayor, la ATP debiera tomar cartas en el asunto. Eurosport, también. ¿Qué va a pasar con todos estos babosos que se rieron al ver que maltrataban a su compañera? 

De entreactos y consecuencias

De repente, siento como si estuviera sentada en una silla de lona, mirando desde una terraza como algunos bañantes están en la playa corriendo alegremente hacia el mar, mientras un tsunami se eleva para tragarlos enteros. Grito ¡cuidado! Y siento que estos personajes me miran con ternura y con fastidio, me dicen espérate tantito, y siguen su ruta tan felices y contentos sin que me presten la menor atención. Pasa en lo muy partícular, como un salón de clases cuando le adviertes a los alumnos que estudien para el examen, o cuando lees que en Cataluña ya se despertó —otra vez— en ansia independentista, o cuando te enteras de que en pleno G7 hay que darle clases a Trump porque no entiende nada de lo que están hablando.

Me refiero a ese entreacto en el que ya te resignas, ya sabes que no te van a escuchar y no sabes si cerrar los ojos y ajustarte el cinturón o sentarte a acariciar al gato y dedicarte a ver el impacto. Lo cierto es que nadie aprendemos en cabeza ajena y parece que hay momentos en los que podemos detener el avanzar del tiempo con un suspiro, que nos podemos meter los segundos entre los dientes para advertir que el lobo anda cerca. No obstante, de nada sirve. Los pastores dejan que sus animales sigan pastando, total, así están felices. Luego queda el refuego de sangre que mancha el suelo y quienes debieron haber evitado semejante tragedia se quedan con ojos llorosos, se lavan las manos y apuntan a todos lados para endosarle la responsabilidad a alguien más.

Los te lo dije son simpre odiosos. Los gritos de advertencia son inevitables. En el entreacto, los terceros vemos con claridad lo que va a suceder y de buena voluntad queremos evitar un choque de trenes. Los involucrados, con razón, te dicen: a ti qué te importa. Y, nos dedicamos a ver el espectáculo que da el camino al precipicio. Entendemos, porque también hemos sido protagonistas. Sí, ni hablar. Hemos mascullado nuestras propias consecuencias. 

En el entreacto, pasa algo similar al olor a humedad que anticipa el aguacero. Quieres regalar paraguas y las persona te dice no gracias, te ven como al loco de la cuadra y hasta te dan una palmada en la espalda. Elevamos la mirada al cielo,  nos ponemos el impermeable porque efectivamente, olerá a tierra mojada. Habrá lodo.

Me refiero a cosas mínusculas y a enormes. A una pareja que está engañando a su cónyuge y embelesado por la aventura ni cuenta se da de todo lo que va a perder cuando lo agarren. A una serie de votantes que les quieren convencer sobre la conveniencia de independizarse sin dalres razones de pesos y números que serán las que precedan una decisión semejante. A un pueblo que pone a un ganso como presidente y abandona el liderazgo mundial para convertirse en una fuente de risas y burlas mundiales.

Después del entreacto vienen las consecuencias. Los bañantes quedan revolcados por las olas, tirados en la playa escupiendo arena. Los que no estudiaron, se arrodillan suplicantes y se esfuerzan por subir la calificación a base de chillidos, en vez de demostrar competencia. Los mandatarios se despeinan y enfrantan crisis de poder y juicios para quitarlos de donde nunca debieron estar. Las peores consecuencias se las llevan los más desprotegidos, esos que ni pudieron opinar, esos a los que no se les tomó en cuenta.

Lo curioso es que en estos entreactos, no importa los esfuerzos que hagas ni cuanto te desgañites en advertir. Habrá quienes te miren y hasta con un guiño te digan esperate tantito, como quien quiere decir, no me interesa escucharte, ¿está claro? Entonces, a apretar los dientes o a acariciar al gato. Cada quien tendrá una mejor elección. 

Cuando las fallas en la prudencia cuestan vidas

Algunos líderes de naciones poderosas no son prudentes. La llegada de Donald Trump afectó al mundo y por instantes la prudencia no fue un valor apreciado. Actuar con precaución se sustituyó por movimientos atropellados. La Primer Ministra de Gran Bretaña llegó a trompicones a Washington a tomarse la foto con el flamante Presidente de Estados Unidos que se estrenaba en la oficina. A la pobre Theresa May le ganó la ansiedad de querer agradar a un hombre que sabe poco de moderación al hablar y al actuar. Hablaron y hablaron, se contaron secretitos y se sacaron la foto. Ella se regresó a Londres, el se quedó en la Casa Blanca. Ya se están pagando tristes consecuencias de esa ausencia de reflexión. En la tormenta, cuando todo se desajusta, los movimientos deben ser lentos, cautos.

Desde Londres, las cosas se ven más grises. Las nubes que se reflejan en el Tamesis se ponen del mismo tono que el ánimo de los ingleses, ellos tan cautos, tan exactos, tan discretos, se den sentor muy incómodos ante la estridencia que se produce por la falta de comedimiento. La vulgaridad siempre les ha puesto el pelo de puntas pero, eso es una cosa y otra distinta son los temas que ponen en riesgo a la población.

De acuerdo con el periódico The Guardian, Theresa May confrontará a Donlad Trump por el flujo de fuga de información crucial de inteligencia que devino del ataque en Manchester al finalizar en concierto de Ariana Grande. La flema britanica arde en coraje. La policía y los oficiales del Reino Unido están furiosos al ver que The New York Times pubicó fotografías forenses de la sofisticada bomba que estalló en la Arena. Temen que al publicar la información se haya comprometido la investigación. ¿Por qué habrá hecho algo así? ¿Es frivolidad o estupidez extrema?

Ha habido una serie de fugas de información confidencial a medios de comunicación estadounidenses que vienen de fuentes de inteligencia de Estados Unidos.  Información que se comparte en forma natural entre aliados que buscan cooperación entre naciones que tienen como fin común luchar contra el terror. En la tragedia, la indiscreción cuesta vidas, genera vulnerabilidad. “Las imagenes que salen del sistema de inteligencia de los Estados Unidos son inaceptables, son faltas de respeto a las víctimas”.

El buen juicio, la moderación son valores que a principios de año estaban despostillados. Las ofensas que resultaban tan chistosas, las miradas de desprecio, los sentimientos de superioridad, vuelven a tomar el lugar que les corresponde. El tema de líderes que no son prudentes es muy serio. Los Estados Unidos y la Gran Bretaña lo están padeciendo y el mundo entero con ellos. Sin embargo, parece que todo volverá al lugar del que jamás debieron haber salido. 

Tristemente, las fallas de prudencia ya costaron vidas.

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