La basura que va dejando Trump

Me sorprendió que un taxista en Bruselas me dijera con tanta precisión las palabras que resumen el sentimiento de Europa tiene por el presidente de Estados Unidos, Trump es una persona sucia que va dejando basura tras de sí.

Efectivamente, Donald Trump estaba en Bruselas y la ciudad era un caos. La capital de Europa, acostumbrada a recibir y atender mandatarios no podía creer el desquiciamiento causado por una persona. Todo bloqueado, calles cerradas, trabas para pasar de un lado al otro, templetes grandilocuentes para desplegar la presencia del tipo por el que la gente salió a mostrar repudio.

En público, fue grosero. Fue agresivo con sus anfitriones, pasa y como dicen que sucedía con Atila, va secando el terreno que pisa. En Londres no lo quieren recibir. Hay una alerta para los ciudadanos americanos, deben ser discretos, temen agresiones de los locales. Podrían desquitarse con los civiles por lo que hace su presidente.

Esa es la basura que Trump va dejando a su paso, que triste será ser recordado así, que pena me dan los estadounidenses que son representados por un personaje de esta talla.

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Sin reconocer a su aliado

Nos pasa algunas veces, no entendemos por qué pero dejamos de entender las razones que tienen nuestros amigos para actuar de ciertas formas y en el peor de los casos, estamos en un punto de desacuerdo tan fuerte que ya ni los reconocemos. Eso sucede con la gente y con las naciones. Europa deja esa relación cordial con Estados Unidos y se pregunta qué está pasando.

No sólo se trata de las estridencias, de los terrores de lesa humanidad que se están perpetrando, del racismo rampante y el desprecio al migrante, ahora también hay agresiones directas a quienes debieran ser aliados. La diplomacia se encarga de recibir a Trump en la sede de Europa, pero la gente en las calles no se siente cómoda de tenerlo como visitante.

La prensa holandesa se pregunta qué argumento podrá sustentar un oficial para separar una criatura de los brazos de sus padres. No se trata de un problema de migración sino de la crueldad extrema que se inflige a inocentes e indefensos. ¿En eso se está transformando Estados Unidos? No se trata de otra cosa más que de reflexionar sobre la calidad ética de una nación que abusa sin pudor.

Hoy, Europa se siente más lejos de Estados Unidos y siente que el fuego amigo es duro e incomprensible. No se entiende con Donald Trump que mezcla temas, negocia en forma errática y declara sin datos exactos, lo hace con ambigüedades. Desde Europa, la visión es que Estados Unidos está generando una crisis migratoria y que pronto no sabrán qué hacer al respecto.

Trump llega a la reunión de la OTAN con arrogancia a frotar sal sobre las heridas de sus aliados. En las reuniones privadas se reporta a un Trump cordial, en público escupe fuego. En las fotografías aparece aburrido. No entiende a Macron ni a Merkel.

Los ataca. Macron mira al cielo, Merkel sonríe. Europa deja de reconocer a su aliado. En las calles, la gente se expresa. Los cárteles son elocuentes.

Vender el avión presidencial

Imagino que vender el avión presidencial será una complicación. Seguro que a los aciones les pasa algo similar a lo que les sucede a los coches que apenas salen de la agencia ya se devalúan. Entonces, salir a la venta de un aparato con las características tan especiales no sólo va a ser complicado, me parece que va a ser mala idea.

Primero, lo obvio. ¿Cómo hará el nuevo presidente para viajar con su comitiva? A lo mejor les sale más caro el caldo que las albóndigas, pagar tanto boleto de avión puede ser más costoso que irse todos juntos en la que ya tienen, tal vez con la depreciación y la pérdida que implica salir a ofrecer el aeroplano alcanzaría para pensar que no es buena idea. Seguro es peor que mandar a todos los morenistas en primera.

Luego viene la complicación de a quién se lo van a vender, porque si se lo venden a Evo Morales, a Correa, a Maduro o al nuevo presidente de Cuba, francamente se prestaría a sospechas. ¿Por qué malbaratar algo que funciona y darlo a un mandatario como los mencionados? Sospecharíamos que ahí hay gato encerrado aunque no lo hubiera.

Eso es lo malo de prometer ocurrencias. Si no cumples, malo; si cumples peor. Pero López Obrador es el tipo de líderes que gobiernan para sus bases y la palabra empeñada está escrita en oro, al menos eso es lo que dijo. Cumplirá, aunque sea contraproducente. Algunos aplaudirán gozosos, otros arrugaremos el rostro. Ni hablar, con o sin avión presidencial, es recomendable ajustarse el cinturón.

Nos tocará ser oposición

La democracia es así, no siempre se gana. México cambia, las instituciones salieron fortalecidas. Queda claro de que no hubo fraude electoral. Se respetó el voto. La gente que apoyó al ganador está feliz, entre los que no, hay miedo. El triunfo es indiscutible, tanto es así que los opositores de Andrés Manuel López Obrador ya salieron a reconocer su derrota, nobleza obliga.

Las promesas que se hicieron y que inflamaron esperanza ahora tendrán su momento de verdad. Si creemos todo lo que se dijo, habrá motivos de felicidad y entenderemos a todos los que hoy sonríen de oreja a oreja y tuvieron fe en AMLO. Adiós a la corrupción y bienvenidas las propuestas que nos lleven a tener un país mejor. En el discurso en el que se asumió como presidente electo, Andrés Manuel dijo que habrá libertad y garantizó que podremos decir lo que queramos, emprender y buscar un modo productivo de vida, dijo que apoyara a los empresarios y que México será un país en el que se podrá ser feliz. ¿Qué más queremos?

Los Pinos se convertirán en un espacio público, el avión presidencial se pondrá en venta, el presidente electo prescindirá de las escoltas que lo cuiden, se acabarán las pensiones de los expresidentes, se revisarán ciertos contratos y tantas cosas que le escuchamos a él, a sus cercanos y a sus seguidores que nos llevarán a ser el vestíbulo del cielo. Nada me haría más feliz que creer que así será. Soy una mujer de fe, elevo la mirada al cielo y le pido a Dios porque así sea. Pero, me gana el escepticismo.

Hay que saber perder y acatar el mandato del pueblo. La mayoría optó por López Obrador y no podemos convertirnos en aquello que criticamos. Hay que poner la fuerza y la voluntad para que el próximo presidente salga adelante con la responsabilidad que se echó a la espalda. No lo tendrá fácil. Es momento de tender la mano y fincar puentes. Nos llegó el tiempo de ser oposición, de presentar en forma respetuosa nuestros desacuerdos y servir de testigos cuando lo que se prometió, se haya cumplido. También, nos toca vigilar si sucede lo contrario. Nos llegó el momento de ser contrapunto. De nada sirve llorar ni quejarse, es momento de asumir que somos diferentes y que nos une un interés genuino: si López Obrador logra su cometido y le va bien a México, nos irá bien a todos los mexicanos.

Rajoy

Veo en la imagen a un hombre vestido de pantalón corto, camiseta de piqué negro y mangas cortas, zapatos tenis que camina por el malecón de Santa Pola tan quitado de la pena como cualquier ciudadano. Sinceramente, la fotografía me hace sonreír. Independientemente de si Rajoy fue o no un buen presidente para España, hay muestras de que será un buen expresidente.

El hombre de la foto va solo. No está rodeado por guardaespaldas ni lo sigue un séquito de huelelillos. No le van cargando el portafolios. Se ve a un Mariano Rajoy sereno que camina a gusto a su nueva oficina en donde tendrá a su cargo a cinco o seis personas.

Me parece admirable ver como Rajoy mira al frente y no cede a la tentación de voltear para atrás. No hace lo que la esposa de Lot, seguro no quiere transformarse en estatua de sal. Las críticas en España sobre Rajoy y los ánimos encendidos ante la salida tan rápida del gobierno del Partido Popular no permiten ver la gloria de un hombre que se va sin hacer ruido.

Mariano Rajoy renunció a los privilegios que le da ser expresidente. Entra a la vida del ciudadano común a paso relajado y lo del pasado ya quedó escrito. No dará lata ni le deja cargas extras a sus sucesores. Se va a Santa Pola a trabajar. Buena suerte, señor Rajoy. Me gustaría que muchos políticos siguieran su ejemplo.

Asociaciones judías elevan la voz a favor de los niños migrantes separados de sus familia

La nota la tomo de Jerusalem Post, Donald Trump está logrando lo insólito. Está uniendo al mundo en una ola de indignación y protesta en contra de los actos de crueldad que se están perpetrando en contra de criaturas inocentes. Por ejemplo, veintisiete grupos judíos -incluyendo, una rara muestra de unanimidad y liderazgo de los cuatro principales movimientos religiosos judíos estadounidenses- firmaron una carta abierta a Sessions denunciando la política de la Casa Blanca, diciendo que “socava los valores de nuestra nación y pone en peligro la seguridad y el bienestar de miles de personas”. La declaración es dura y es vehemente, deja ver que se han abierto heridas que el paso del tiempo no borran no se deben olvidar.

“No he visto nada como esto en este campo desde que salió la primera orden ejecutiva”, dijo Mark Hetfield, presidente de la organización nacional HIAS, en referencia a la prohibición de viajar de enero de 2017 a siete países musulmanes. Casi todos los principales grupos judíos estadounidenses se opusieron a esa política también. Esta administración está desorbitada, desbordada, desordenada, es momento de alzar la voz.

Rothschild, un demócrata, dijo que debido a que la separación familiar es un resultado de la política federal, no hay mucho que pueda hacer directamente como alcalde de Tucson para obstaculizarlo. Pero firmó una carta conjunta este mes con los alcaldes de Los Ángeles, Houston y Albuquerque, Nuevo México, calificando la política de “cruel”, “moralmente reprensible” y “completamente inconsistente con nuestros valores de decencia y compasión”. Aunque Arizona como estado tiene una historia de estricta legislación de inmigración, Rothschild dice que sus electores se oponen en gran medida a la política de separación familiar. “Tenemos una comunidad donde muchas personas tienen amigos, familiares y parientes que viven en ambos lados de la frontera”, dijo. “En Tucson, el consenso abrumador es que estas son malas políticas”.

Uno de los constituyentes de Rothschild es Alma Hernández, una mujer judía mexicano-estadounidense que se postulará este año para la Cámara de Representantes de Arizona. Hernández, de 24 años, renunció como coordinador del Consejo de Relaciones Comunitarias Judías de Tucson para postularse para un cargo. Este año, al percibir la falta de acción política progresiva de la comunidad judía establecida, cofundó el grupo activista Tucson Jews for Justice, que planea participar en mítines contra la política de separación y otros asuntos.

El mundo siente que el estómago se revuelve frente a hechos tan atroces y crueles como si se tratara de una guerra en la que la debilidad del adversario impulsara los peores instintos. No hay nobleza. No hay moral. No hay entrañas. Sé que esto no es una novedad, que se hacía en el mandato de Obama, pero ellos tuvieron el pudor, la hipocresía, o la prudencia de no presumirlo. Esta administración se regodea en sus actos y muestra al mundo todo lo que se requiere para indignar y repudiar.

El día que Estados Unidos cambió

Una terrible crisis humanitaria está sucediendo en la frontera sur de Estados Unidos. Una serie de actos que muestran que la arrogancia y la estupidez de un líder pueden causar tanta pena y tanto miedo en los más vulnerables. Como si no fuera suficiente escuchar a Donald Trump decir que los latinos somos animales, su administración le sube al tono y trata a los migrantes como animales. La Patrulla Fronteriza captura a las familias, las mete en una bodega, las separa como si fueran ganado: mete en jaulas a las hembras, a los machos los mete a otras y los separan de sus crías. Con esa brutalidad se está tratando a seres humanos.

Ayer, CNN transmitió la grabación de niños llorando en el momento en el que eran separados de sus padres. Pequeños cuyas edades varían, desde chiquitines de menos de seis años hasta preadolescentes muertos de miedo porque no entienden qué está sucediendo y lloran con amargura. No saben cuándo podrán ver a sus padres o si los volverán a ver. Las familias son tratadas como delincuentes por cruzar la frontera en forma ilegal y les dan trato infrahumano.

Cuando nos advertían que Donald Trump era un loco de las proporciones de Hitler, siempre pensé que eran exageraciones. No lo eran. El desprecio al diferente, el castigo doloroso, la tolerancia cero, la crueldad con niños es la ley que rige en Estados Unidos. No nos engañemos, con Obama esto también sucedía. Las deportaciones se llevaban a cabo, había jaulas para migrantes y gente en condiciones de horror. El problema es que ahora todo se acelera.

La crudeza y la crueldad están tomando notas de estridencia alarmantes. ¿Dónde andan los gobiernos de los países que están al sur del Río Bravo? Están maltratado a su gente y no veo notas diplomáticas ni quejas ante la ONU. ¿Qué esperan? Estados Unidos cambió y el país de la esperanza se está convirtiendo en una tierra desconocida que da miedo. Ese faro de libertad que ellos decían ser, se convierte en un territorio oscuro en el que los derechos humanos se aplican a unos sí y a otros no. Son letra muerta, conceptos olvidados. La perversidad de la Guardia Fronteriza nos recuerda a los uniformados con escudo de svástica.

El partido que llevó a Lincoln a la presidencia hoy levanta la mano sobre los inocentes y los azota con el peso de una ley. Los niños no entienden, lloran solos en una jaula y sus lágrimas no conmueven a nadie. No podemos bajar la voz, si los gobiernos se quieren hacer los disimulados, nosotros no debemos dejarlos solos.

Mexico no ganó el mundial, pero le ganó a Alemania

Es cierto, los mexicanos podemos llegar a ser exagerados. Nos entra la pasión y nos da por festejar con toda el alma. Así somos. Creo que las victorias hay que celebrarlas, las cosechas hay que recogerlas y las oportunidades hay que aprovecharlas: no se dan todos los días. No se trata de ser ingenuos, se trata de estar felices cuando hay motivos y ganarle al campeón del mundo es para estar muy contentos.

Tampoco se trata de ser mezquinos y de regatear aplausos. Los que salen a advertir con esa mirada agria y expresión de suficiencia que no hay porqué pegar de brincos, se les agradece el toque de prudencia pero, sería muy bueno que aprendieran a aplaudir.

Todo en su justa proporción, la selección mexicana de futbol ganó ayer y eso nos hizo estar al borde de la silla durante noventa minutos. El gol de Hirving Lozano, el pase del Chícharo, las atajadas de Memo Ochoa nos hicieron pegar de saltos de gusto y de angustia. Todos queríamos que ganara México y pocos teníamos esperanza de que pudiera hacer un buen papel en el partido.

¡Ganamos!

La selección del criticado Juan Carlos Osorio le ganó a Alemania. No es un éxito menor. Es el primer partido y se arrancó con el pie derecho. Eso es. Ni referencias políticas, ni comentarios mordaces, ni arrogancias desorbitadas. Simplemente, el goce que sentimos después de noventa minutos al ver el marcador México 1, Alemania 0.

Es cierto, hay otros partidos, pero hoy, se ganó éste. Por lo pronto, tenemos esta semana para andar sonrientes, para olvidarnos de otras cosas y aferrarnos a esta alegría. Como dice Pamuk, defender la felicidad mientras nos dure. Nos toca defender nuestra alegría mientras esté presente. Otro día nos preocupamos de los asuntos relevantes, hoy hay pan y el circo fue bueno. Ni modo. Así funciona.

Sin otro afán, ganó México. ¡Viva México!

Separar familias

No sé en qué cabeza puede caber la idea de que separar familias es buena idea. Me quisiera imaginar qué argumentos se dicen para hacer entender a la gente que arrebatar hijos de los brazos de sus padres puede ser bueno. No puedo imaginar al caradura que enarbole la justificación de la ley para perpetrar semejante acto. ¿A dónde hemos llegado?

Invocar la práctica de cero tolerancia a familias que, sin duda, cruzaron la frontera de forma ilegal, me parece tan pertinente como intentar justificar un genocidio para preservar la pureza de una raza. No hay discurso que se pueda pronunciar y logre justificar una atrocidad de este estilo.

La crueldad humana se encarna en una mujer que con tal de no perder su trabajo, se para frente a los medios de comunicación y con cara de palo dice que su jefe actúa bien. La fealdad del alma se le refleja en la cara a Sara Sanders. Los votantes duros de Donald Trump tendrán que aprender a tragar el bulto de la amargura que causa la decisión de un radical que lo que tiene es cero cerebro.

Los que se atrevan a decir, son ilegales y ellos se la buscaron, tengan cuidado: con la vara que midas serás medido. Los radicales que crean que arrancarle de las manos a un padre o a una madre a sus hijos y que encuentren satisfacción en la angustia y la desesperación de estas familias que están siendo desmembradas ni se imaginan que esa crueldad que hoy avalan, en el futuro les golpeará la cara cuando menos lo piensen.

Las justificaciones y quienes las plantean confían en la estupidez de la gente. Lanzan palabras con el efecto de un anzuelo que le desgarra las entrañas a los peces que abren la boca alegremente, engañados por la carnada. No podemos contemplar el,espectáculo y quedarnos callados, no podemos ser indiferentes a tanto dolor y a tanta lágrima derramada.

La deshumanización y la frivolidad son como un bumerán que se lanza con fuerza y con la misma regresa a golpear en la nuca. Los que escupen al cielo, tendrán su recompensa. La ley de la gravedad no hace excepciones. Es una pena que el sueño americano se convierta en una tragedia. El reflejo de una nación está en sus hechos. Pobres, están rompiendo espejos a mazazos y ni cuenta se dan de los años de mala suerte que se están echando encima.

Lo malo de los caudillos

Dice Enrique Krauze que México no debe volver a ser un órgano de un sólo individuo y tiene razón. Los liderazgos que se centran en una persona terminan pudriendo el corazón de quien ejerce el poder y obnubilándole la mente. Puede ser que el líder tenga muy buenas intenciones, excelentes ideas, ideales altos, pero también tiene puntos ciegos como cualquier ser humano. Por más que quiera, jamás me podré ver la nuca. Lo malo de los caudillos es que se rodean de gente que les endulza el oído con alabanzas y no sale de sus labios crítica alguna que valga la pena escuchar.

Entonces, como en el cuento del Traje nuevo del emperador, nos encontramos mandatarios que endiosados por sus asesores son capaces de desfilar desnudos y ser la burla de un pueblo. Es difícil es escuchar críticas, es complicado luchar contra el ego y las cosas se hacen más duras cuando los lacayos que acompañan a un líder acomodan las cosas a su favor, tapan la verdad y hacen de las suyas.

López Obrador está viviendo la experiencia de ser caudillo. Al escuchar hablar a sus asesores uno percibe el amor que le tienen algunos, se nota lo auténtico de la admiración que le tienen; a otros se les ven los colmillos afilados y las uñas largas. Así son los caudillos, se rodean de muchos y se creen todas las alabanzas que reciben y descuidan la autocrítica.

Hemos visto como López Obrador permite que le lleven niños enfermos y los toca, como abraza a mujeres en lágrimas y le promete soluciones, como camina entre las multitudes y se le ve la tentación de empezar a dar bendiciones y prodigar indulgencias. Y, también sabemos que tiene a Elba Esther Gordillo, a Nestora Salgado, a Napoleón Gómez Urrutia y a Layda Sansores a su lado.

Abraza a sus compinches y les tolera sus debilidades, esas mismas que critica en otros. Para un caudillo, lo que en los suyos es alegría en los otros es vicio y borrachera. Layda nos metió a los contribuyentes un sablazo para que le paguemos desodorantes, tintes, pasta de dientes y setecientos mil pesos en chuchulucos. Lo hizo Ernesto Cordero y lo han hecho otros, es verdad. También es cierto que los excesos de la señora son legales porque hay presupuesto para servicios generales que ella ejerció. ¿Es correcto que le paguemos a una cortesana de López Obrador esos gastos?

En un mundo de caudillos, la respuesta correcta es la que diga el señor. A ese mundo, casi monárquico, estamos a punto de entrar. Siento una gran tristeza.

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