Como si fuera de humo

Dicen que las palabras se las lleva el viento. No en vano el jeroglífico chino que representa la palabra tiene un significado poético: humo en la boca. Es decir, es algo que quiere deshacerse en el aire. Pero, pronunciamos y escuchamos un montón de intenciones, acciones, compromisos a través de vocablos que constituyen nuestra visión de la vida, nuestras opiniones y en última instancia, aquello que somos. Para que la palabra persista, decía Alfonso Reyes en su lúcido ensayo Hermes o la comunicación humana, para que ligue y comprometa la conducta de quien la profiere es preciso materializarlas.La diferencia entre el hombre mudo y aquel que olvida sus palabras es ínfima. El que no se expresa y el que no se compromete están en un plano similar. 

Es como el ave que se lanza al aire en la vanguardia de la parvada y las demás le siguen fielmente, sin cuestionar, confiadas de que sabe cuál es la dirección y que ha tenido la mejor iniciativa. Pero, los pájaros no lo hacen en forma consciente, es más bien una suerte de imitación. Por lo tanto, si el animal que le da dirección, cambia de opinión, le seguirá sin cuestionar. No piensan, no recuerdan. Sencillamente, rompen a volar cuando ya sus compañeras están en el aire, como un movimiento unánime y simultáneo, como si su medio de comunicación y coordinación fuera una especie de rayo anódico que cruza la voluntad de cada integrante del grupo y con ello consiguieran fidelidad absoluta.

Entender la naturaleza de ese rayo subliminal nos llevaría a comprender muchas de las situaciones que se viven en el mundo de hoy y en el México de nuestros días. Los sistemas de comunicación que se basan en las palabras que comunican un mensaje parten de la base de que quienes lo escuchan, decodifican. Es decir, lo interpretan. Pero, para ello, tenemos que pasar por un proceso de entendimiento. Sólo entendiendo, podemos interpretar y en esa condición recordar. 

Pero, como lo dice la sabiduría china, las palabras son humo en la boca. Sin duda, hay a algunos a los que les cuesta más que a otros hacerse cargo de sus palabras. Cuando existe una concordancia entre lo que decimos y lo que hacemos, llegamos al punto glorioso de la congruencia. No obstante, cuando hoy digo una cosa y mañana me pronuncio en forma contraria, estoy en el punto antagónico. Es curioso como nuestros políticos han sido criticados por hacer eso precisamente: por hablar en un sentido y luego contradecirse. 

Lo triste es cuando aquellos que fueron oposición elevaron palabras flamígeras para criticar lo que desde su posición era deleznable. Lo lamentable es que esos ataque tan apasionados hoy se diluyen como pastillitas efervescentes y se convierten en justificaciones de aquello mismo que en el pasado reprocharon. Las amonestaciones se convierten en aplausos. La mafia del poder se convierte en un grupo de consejeros, los que no piensan igual son fifís, los proyectos que en un lugar destruyen la ecología en otro ayudan al crecimiento, la economía se subordina al poder político para defender a los más pobres sin que interese mucho que la tasa de interés tenga que subir y afecte a los que menos tienen.

La palabra tiene que contar con la memoria. El que habla establece la cadena magnética de la que habla Platón, boca y oreja se conectan con el cerebro. Si no tenemos memoria, las palabras desaparecerán en el espacio como ese humo que se disgrega, las ideas se disolverán y un día amaneceremos convertidos en un pueblo amnésico.

La palabra es el signo más elemental y si se la lleva el viento, ya no seremos capaces de remontarnos al cielo como las aves, terminaremos escondidos debajo de la tierra como los ratones, cruzando los pantanos como las ranas, sin darnos cuenta de que pudimos haber estado en el firmamento.

Más nos vale recordar y recordarles a los que hablan que tenemos memoria. Olvidar lo que nos prometieron no nos va a llevar muy lejos. Mejor cultivar un espíritu crítico y respetuoso. Si todos imitan y no se detienen a valorar el rumbo, habrá un regusto a humo viejo en nuestra consciencia e irremediablemente, iremos perdiendo consistencia y nos perderemos en el viento.

 

Anuncios

Fractura: metáfora de ansiedad y efecto contrario

 

Fractura

Andrés Neuman

Alfaguara, México 2018

Fueron tantas las recomendaciones que me hicieron para Fractura que decidí adelantarme y darle un empujoncito para que llegara al lugar del siguiente de la lista. El libro me atrapó de inmediato y estaba tan contenta de empezar a leerlo, sin embargo, me resultó difícil continuar tan entusiasmada conforme iba avanzando en la lectura. Es decir, Andrés Neuman es un escritor con oficio y en ello no hay falla. No obstante, hubo momentos en que sentí que la anécdota no iba para ningún lado y que si le hubiera metido algo de recorte al texto, le habría hecho un favor a la novela.

La metáfora elegida por Neuman busca reflejar ansiedad y peligro, pero el hecho de que haya decidido tender la novela sobre la base de esa figura habla al mismo tiempo de ambición y de riesgo: el de que se haga del kintsugi, —artesanía japonesa entretejida que consiste en convertir las fracturas de un objeto en parte explícita de su propia belleza—es una referencia tan conocida que se acerca peligrosamente al lugar común.

“Cuando una cerámica se rompe , los artesanos del kintsugi insertan polvo de oro en cada grieta, subrayando la parte en donde se quebró. Las fracturas y sus reparaciones quedan expuestas en vez de ocultas y pasan a ocupar un lugar central en la historia del objeto.” (p. 25)

Por lo tanto, partiendo desde ahí, se adivina a un narrador demasiado confortable, demasiado obvio y en muchas ocasiones, demasiado extraviado. Es verdad, la mayoría de sus casi quinientas páginas se leen con agilidad y podemos encontrar estímulos valiosos que nos impulsan a seguir leyendo. Pero, con Fractura pasa lo mismo que cuando esperamos probar un platillo delicioso y resulta que le falta sabor. Además, podemos anticipar su estrategia y eso lleva a que su ejecución resulte demasiado adivinable. La consecuencia obvia es que el lector puede llegar a perder interés, distraerse o llegar a fastidiarse en el camino.

En estricta justicia, Fractura tiene una estructura que no se rompe nunca, lo que demuestra el mérito notable de un narrador experimentado. Lo malo es que frecuentemente se entrevén hilos de la red que sostiene en pie el juego de voces y conceptos, es como si a Neuman, siendo un sastre diestro, le hubieran quedado las costuras expuestas, como si hubiera tenido tanta prisa o como si hubiera decidido no darle acabado a su trabajo.

La narración empieza en Tokio con un terremoto que le sirve como pretexto de ignición.

“Un terremoto fractura el presente, quiebra la perspectiva, remueve las placas de la memoria” (p. 19)

La novela propone varias líneas narrativas y analepsis curiosas. Conoceremos al protagonista, un superviviente de Hiroshima que, ya anciano, recibe la noticia de la tragedia nuclear de Fukushima.

“Hay novedades sobre la central nuclear de Fukushima. Y ahora sí son alarmantes. El radio de evacuación se ha triplicado…” (p.33)

Serán las mujeres de su vida, quienes nos narrarán las diferentes etapas de Yoshie Watanabe. Al mismo tiempo, leeremos la vida solitaria del personaje que ya está viejo y está de regreso en Tokio y lo conoceremos en voz de la francesa Violet, de la estadounidense Lorrie, de la argentina Mariela y de la española Carmen las que por orden de aparición nos contarán al protagonista joven que va a estudiar a Francia y que irá migrando por requerimientos de la empresa Me en la que trabaja. La otra línea narrativa es la que nos presenta a Watanabe solo y que por alguna extraña razón —que raya en lo inverosímil—  tiene un impulso que lo  fuerza a emprender un viaje hacia la zona del desastre que ocasionó el terremoto.

Entreverado al relato de ese viaje, escuchamos las voces de las mujeres que marcaron la vida del señor Watanabe en París, Nueva York, Buenos Aires y Madrid. Insisto en que las voces femeninas son perfiles psicológicos muy logrados; pero las fórmulas lingüísticas utilizadas para caracterizarlas se abusan y pecan de evidentes. Fastidia leer el capítulo de  Lorrie y las cicatrices que nos muestra a una mujer neoyorquina, con un discurso poblado por anglicismos traducidos de una charla americana.

“Yo tenía, ya sabes, una sensación fuera de contexto.” (p.161)

“Cuando te decidas hablar en serio, querida, seguiremos conversando”. (p. 166)

Son hilos que asoman demasiado; en palabras Lorrie utiliza para hacer evidente que Yoshie Watanabe no habla bien inglés:

“Y lo repitió varias veces, Lorrie, Lorrie (o más bien Lohie, Lohie) (p.162)

Me refiero a estas decisiones estilísticas, son decisiones destempladas. Por otra parte, entretejiendo biografía e historia, los personajes de Fractura representan ejes culturales y geográficos diversas que incrustar incrustar los grandes temas de la Historia contemporánea a la existencia de Watanabe: Hiroshima, la postguerra, y cuanto más indirecto Neuman juega con esos elementos, mejor le funciona. En este sentido, las páginas argentinas son mejores. En cambio, las voces de Violet y Lorrie serpentean los peligros de la mera dispersión o de un uso estratégico de momentos estelares, como si no quisiera dejar de aprovechar el once de septiembre neoyorkino o madrileño el once de marzo en tono tan cercano que rechina y puede lucir algo forzado.

Además, Neuman mete con calzador a un periodista argentino, Jorge Pinedo, simulando mal un alter ego del autor, que quisiera escribir un reportaje sobre los desastres nucleares. Lo curioso es que el pobre no logra entrevistar al huraño Watanabe. Tampoco se entiende qué extraña curiosidad le despierta ese misterioso señor japonés. Y en el colmo, no logra ni rematar un trabajo que debería ser fríamente periodístico. No le funciona el ejercicio.

Watanabe, durante buena parte de la novela va perfilándose y desdibujándose simultáneamente bajo la mirada que ellas ofrecen. También lo muestra en el viaje que hace a la región de desastre. Ahí la voz de Neuman se parece mucho a la de Murakami, se vuelve muy ja`ponés A partir de ahí, el estilo se vuelve abstracto, las frases son sintéticas. A partir del aterrizaje en Sendai Watanabe va adquiriendo rasgos de identidad del último personaje con el que convivió.

“Con el segundo té, Watanabe descubre que la aparente serenidad de Ariichi esconde otra inquietud. Su mayor preocupación son las tumbas de sus ancestros que se hayan en el cementerio más al norte” (p. 467)

Watanabe afirma que, con los años, uno pierde opiniones y gana ideas: es justo lo que ocurre con esta novela. Aquí están sus mejores páginas, concentradas en aquello que de verdad convoca al lector y lo conmueve: la memoria del superviviente y su soledad, precaria pero bellísimamente conectada con el otro. Watanabe deambulando solitario es la redención de la novela.

“Empezó a preocuparse más por su salud. Antes nunca quería ir al médico, huía de las consultas como de la peste. Prefería aguantar un dolor que hacerse una prueba. Pisar el hospital te hace sentir más enfermo” (p.429)

El lenguaje es impecable, la mirada en ningún sitio me hace sospechar que aunque los capítulos finales son los mejores de toda la novela, Neuman no supo cómo terminar su Fractura.

 

Populismo acelerado

Algo está sucediendo en el mundo: hay un populismo acelerado que recorre las fronteras con gran facilidad y mucha aceptación. Tal como lo califica Nigel Farange, el tsumami populista ocupa las conversaciones en los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo. Pareciera que ser populista significa estar en contra de un sistema que tiene enfadadísima a la población mundial. En esa condición, el populismo se entiende como una forma primaria de antielitismo, lo cual puede ser una forma de reflejo que encandila.

Este populismo viral tiene como sello de la casa la afirmación de que son ellos los que tienen en exclusiva la solución de vida de los ciudadanos a quienes representan. Cualquier otra forma de representación no es válida y si alguien opina en contrario se les tacha de traidores, se les descalifica y se les desaprueba por decreto. La gente parece fascinada por esta forma de comportamiento y les da un apoyo sin límites: los sienta en el trono del poder y los defiende con fe ciega. Están blindados, aparentemente.

Lo triste es que estos populistas que critican el sistema se comportan de forma autoritaria, no ven ni escuchan razones, desde luego no atienden a nadie que tenga un punto de vista diferente y califican en formas ofensivas a los que se atreven a hacerles ver que están equivocados. Así, sustentados por una popularidad a prueba de balas, se emborrachan de poder y van como chivos en cristalería sin importarles los trastos rotos que van dejando en el camino.

Este tipo de populismo puede ocasionar un daño significativo a la cultura política y demócrata pues van en contra de números, cifras, datos duros y se enrollan en la bandera de la democracia para hacer lo que se les da la gana. ¿Eso es ser democrático? Es fácil subir a la gente al carro antisistema, pues la demagogia siempre ha tenido adeptos: es sencillo encandilar a la gente. Salir a postularse como la esperanza y la solución a toda dolencia, enciende la pasión de la gente. Generar rabia y resentimiento tiene un efecto mediático inmediato.

Lo más sensato sería resistir esta hondonada de gente que abre la boca y se resiste a aceptar la crítica. Tratar de evidenciar la fantasía colectiva que se está inoculando en la población. El populismo acelerado que estamos viviendo en el mundo rechaza la tolerancia, la transparencia, el respeto y la pluralidad. Cuando nos demos cuenta de que estamos siendo encandilados por un espejismo, el populismo comenzará su desaceleración. Basta mirar lo que está sucediendo con el Brexit para darse cuenta. A Trump ya le empezaron a frenar el carro. Maduro tiene un éxodo de venezolanos. En México, apenas vamos a sentir los efectos.

img_0876

 

Más divididos

Más divididos

https://ceciliaduran.wordpress.com/2018/11/07/mas-divididos/
— Leer en ceciliaduran.wordpress.com/2018/11/07/mas-divididos/

Más divididos

La sentencia estaba dictada desde antes. La elección confirmó lo que ya nos sospechábamos. Estados Unidos amanece más dividido que ayer, si es que esto es posible. Las elecciones de medio término son una muestra de la polarización profunda que existe en la sociedad estadounidense. El miedo volvió a rendir frutos, sálvese quien pueda.

Ni demócratas ni republicanos son peritas en dulce, en realidad ambas fracciones le han pasado facturas amargas al mundo. Sus visiones están encontradas y la división afecta la objetividad. Los medios de comunicación se polarizan y en vez de analizar en forma seria, se dedican a atacar y a lanzar jitomatazos a diestra y siniestra elevando el encono. Claro, ellos no son los únicos. El Presidente Trump les ha ayudado muchísimo.

El discurso de lavadero se está poniendo de moda. Los golpes de timón y los manazos sobre la mesa se vuelven prácticas comunes. A muchos, todo esto les parece normal. Usar vocabulario soez, provocar la desinformación, apoyarse en datos falsos, mentir, manipular ya resultan naturales en el ejercicio de la cotidianidad. Lo hacen demócratas y republicanos, lo hace Fox News y CNN, y muchos en el planeta observan, aprenden y copian el estilo. No falla poner atención.

Lo cierto es que las elecciones intermedias en Estados Unidos era aburridas y ahora jalaron la atención mundial. Las casas encuestadoras cumplieron y ahora sí dieron en el clavo: resultado dividido. Veremos si la voluntad del pueblo estadounidense sirve para darle impuso a la democracia y si le dieron fuerza al autoritarismo.

Hoy, lo primero que se ve en la escena es un país dividido. Aún más dividido, si es que eso podía ser posible.

Muchas vidas

Cada 5 de noviembre pasa algo similar, me pongo en tono reflexivo. Eso de cumplir años me pone a pensar, creo que eso es una de las ganancias. También me da por recordar. Algunos recuerdos son propios, otros vienen recuperados por la voz de mi mamá, de mis tías, de mis primas, de mis amigos, incluso de palabras de mis hijas o de mi marido: de mi gente.

Es curioso, a veces siento que he vivido varias vidas. En esas muchas vidas, la protagonista parece una persona distinta a la que soy. A la distancia y con el tiempo, las cosas cambian. De todos los cumpleaños que me ha tocado vivir, hay muchos que no recuerdo. Mi mamá me cuenta que cuando me festejaron el primero, todo era de Caperucita Roja, ahora me explico todo. En mis XV años, me vestí de largo y usé un vestido azul clarito, un tono como de bebé, me he puesto vestidos blancos, huipiles oaxaqueños y yucatecos. En las fiestas he tenido payasos, Tontolín vino cuando cumplí nueve y Platanito hace como once años. Ha habido mariachis, marimba, trío. He tenido regalos envueltos, llamadas telefónicas, risas y silencios dolorosos. De todo.

En general, mis cumpleaños han sido muy divertidos. De niña, una vez mis papás me llevaron con mis amigas al Teatro Lírico a ver Papacito piernas largas, otra fuimos a ver a Jorge Kaiser a un lugar que se llamaba Kloster y me cantó las mañanitas desde el escenario y yo me sentí súper importante. Hace tres años, mis alumnos me llevaron a cenar y en otras ocasiones me han llevado pastel al salón. Muchos cumpleaños me ha tocado trabajar y partir pastel con mi equipo de trabajo. Los he festejado en La Piedad, con gelatinas de pescaditos que hacía mi tía Rosita y piñatas de cántaro que mi Tía Marta decoraba. Mi Mami Lolita me hacía chile chino porque me encantaba. Me ha tocado estar en Acapulco con los míos, una vez fuimos a San Miguel,de Allende. Creo que la mayoría los he pasado en mi amadísima Ciudad de México. Por suerte, siempre he estado acompañada por gente que me quiere.

Fue un 5 de noviembre cuando Carlos me pidió que me casara con él.

No me ha tocado estar sola, aunque unas he estado rodeada de muchas personas que hoy ya no están cerca; otras nada más he festejado con mis hijas. Unos han sido sencillos y otros complicados. Me imagino que viene en el paquete de ser quien soy. Los chistoso es que en esta fecha, siento que he sido muchas personas a lo largo del tiempo. Casi me parece increíble que fui una niña que era pésima para comer o que alguna vez en secundaria se me ocurrió que estudiaría química, parece que fue en otra vida cuando jugaba atrapados en el patio de la Escuela Emerson o en la que usaba uniforme del Colegio Simón Bolívar o en la que manejaba un VW Sedan todo destartalado para ir a la Ibero. No me sorprende que en ocasiones la imagen del espejo me agarre desprevenida. ¿Quién le diría a todas esas que hoy me gusta recibir libros como regalos de cumpleaños? Segura era otra Cecilia Durán Mena la que podía leer sin lentes.

De todas las que he sido, algunas me caen mejor que otras. Pero, con sinceridad, con todas he disfrutado mucho. Me gusta como se oye mi nombre completo, con apellido de padre y madre, y la piel que habito. En todas esas vidas corre un hilo conductor que soy yo misma, que es la identidad de ser quien soy. Por años he ido a la Basílica de Guadalupe a dar gracias, a encomendarme y a pedir protección. He recibido muchos milagros, ni duda cabe.

Cumplir años y sonreír, cumplir años y agradecer. Sí, agradecer por todas esas vidas, por esta vida. Repetir la oración que me enseñó Bibi, siempre así, señor, siempre así. Siempre cerca de ti.

Sin entender al mundo

Me queda claro: si quisiera dedicarme a adivinar el futuro del mundo, me moriría de hambre. Últimamente, cuando yo creo que algo va a pasar, pasa totalmente lo contrario. Según yo, no había posibilidad alguna de que el Brexit ganara y desde entonces a la fecha, no doy una.

Por supuesto, jamás imaginé un mundo en el que Trump llegara a la presidencia, ni en el que un personaje como Bolsonaro ganara las elecciones, o que una encuesta sin pies ni cabeza pudiera tener un efecto vinculatorio con una de las obras de infraestructura más importantes para México. A veces creo que esto es una pesadilla que me busqué por cenar demasiado.

Y, aquí estamos, atestiguando como muchos votaron alegremente por parar un proyecto que va a costar un dineral detener. Dineral que vamos a pagar cada uno de los mexicanos, porque esto no va a salir de los bolsillos de los políticos a los que se les ocurrió que era una buena idea eso de preguntarle al pueblo sabio si Texcoco o Santa Lucía, pero al que nada se le preguntará sobre trenes ni sobre otros proyectos.

Los mercados se ponen nerviosos y eso sí que lo entiendo. No comprendo a tanta gente que me parece razonable y bien intencionada que está feliz mientras el peso se desliza y las variables económicas rechinan. No hay peor tonto que el que no quiere entender.

A mí me gustaría entender.

No lo logro. No entiendo cómo los seguidores de Trump lo aman cuando ven el tipo de persona que es. No comprendo que los votantes sufraguen a favor de alguien con las características de Bolsonaro al que le encanta agitar el avispero. No veo porque acabar con una obra necesaria que va adelantada y que detenerla y relocalizarla va a salir caro y con resultados peores.

Hay errores que cuestan y no entender al mundo es uno de ellos. Ni modo que quien va a contracorriente tenga la razón. Me duele no entender. Me abruma lo que veo. Me desespera asomarme al mundo y no saberlo interpretar.

La migración como un derecho.

Mientras la caravana de migrantes centroamericanos avanza en su andar rumbo a Estados Unidos, en medio de la estridencia de declaraciones entre el gobierno electo, los silencios incómodos de quienes siguen gobernando y la inminente visita del señor Pompeo a territorio mexicano, las palabras de Yann Moulier Boutang nos dan otro punto de vista. Una visión diferente y menos estrepitosa.

El economista e investigador francés participó en un conversatorio donde expuso la necesidad de generar políticas de integración que favorezcan a los migrantes. El “Derecho a migrar” fue el tema que abordó en la XVIII Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México 2018, que tiene por lema “Derechos y libertades”. El fenómeno de la migración no es una novedad, ha sido una constante en la historia mundial y ha dado origen a diversos países de la talla de Francia y Estados Unidos, génesis que no ha sido reconocida por ambas naciones, parece que lo han olvidado.

Según Yann Moulier Boutang, toda migración sin excepción representa un acto de naturaleza dual. Es un acto tanto económico como político en el que el migrante trata de mantener algunos rasgos identitarios pese a la necesidad de adaptación. Esta lucha interna por conservar sus raíces y mimetizarse en el territorio que los recibe es sumamente fuerte. Además, la complicación se agrava cuando las clases bajas y obreras de los países que reciben a los expatriados se ven amenazados por los recién llegados, quienes en esta condición de desprotección se perciben disminuidos. “La relevancia económica de la migración actual radica en la perspectiva de ver con inferioridad a aquellos que llegan, es una mirada que justifica la esclavitud y las malas condiciones de trabajo”, puntualizó.

La manera como los países se han cerrado a los derechos de los migrantes es un sinsentido, es una aberración y además es una tontería. La migración tiene muchos beneficios para la nación receptora, sin embargo, ha sido consistentemente desestimada. Como es el caso de la ciudad de Cali, en Francia, que multó a los campesinos que contrataran migrantes. El municipio enarbola como un gran logro que ahora ya casi no hay gente de fuera trabajando sus campos. Lo cual es un desperdicio económico.

Asimismo, el trato que se le da a los migrantes se transforma en un acto político, según Moulier-Boutang, “existe la idea de que los migrantes causan problemas, pero hay que entender que la sociedad que los recibe es la que tiene estos problemas y tratan de echarle la culpa a los migrantes, proyectan ciertos problemas a la cuestión migratoria sólo porque ahora la migración se hace más evidente”. Con esta visión, un tanto infantil, se pasan por alto los grandes beneficios que traen consigo las personas que llegan. En muchos casos, lo que traen son soluciones que no se valoran lo suficiente.

En un principio, dice Moulier-Boutang, los migrantes trabajaban en lugares cerrados y alejados como fábricas o campos, lo que los mantenía convenientemente ocultos durante el día de trabajo, pero las posibilidades laborales se han expandido y esto ha hecho que se vuelvan más visibles. “Son útiles mientras permanecen, ocultos pero se vuelven un problema cuando se vuelven evidentes. No se ha asumido que los migrantes han formado parte activa e importante a lo largo de la historia.”

Si, como lo hace Yann Moulier-Boutang, empezáramos a ver que la migración es un derecho y se debe pasar de una política de asimilación a una política de integración que favorezca a los migrantes con documentos, que eviten la discriminación en el mercado laboral y den la posibilidad de instalarse en el país con derechos, estaríamos propiciando mayor armonía y beneficios para quienes llegan y para la nación que los recibe. “Hay que pasar de lo internacional a lo transnacional, sólo así vamos a poder resolver el problema del siglo XXI: la migración.”

Ver la migración como un derecho nos pone en otro escenario. Uno en el que hay posibilidades de que todas las partes tengan un beneficio. Unos buscan trabajar y según los cursos de economía elemental, el trabajo es la fuerza que propicia el progreso.

Miss España y Miss Colombia

Recuerdo que de niña, me causaba ilusión ver los concursos de belleza. Eso de competir siempre me ha llenado el cuerpo de adrenalina. Veía el concurso de Señorita México y el de Miss Universo y me dio mucho gusto cuando las mexicanas ganaron el certamen. Pero, antes de que arruguen el ceño, también me gustaba ver los Oscars, el box, las carreras de Fórmula 1, el tenis.

Luego, empecé a cuestionarme si los concursos que premian los atributos físicos eran válidos. ¿Cómo te entrenas para competir contra los genes de alguien más? Y corrí el peligro de caer en la tentación de juzgar esos eventos y de compararlos con las ferias de ganado. Uno llega a exagerar la nota.

Lo cierto es que las competencias del cuerpo si me causan cierta reticencia. De repente caigo en la tentación de verles el lado frívolo. ¿Será que esas figuras sólo tienen un lado? Prefiero esas justas en las que los parámetros son las habilidades, los desempeños. En fin, para competir, me gusta más usar la cabeza. Cada quien sabe lo que le acomoda más y ni modo que las bonitas no usen la belleza como atributo si eso les parece bien.

Lo que pasa es que ahora el tema sube de tono cuando Miss Colombia muestra las costuras y se lanza contra Miss España, Ángela Ponce, una concursante trans. Y el revoltijo de frivolidades, la ignorancia, falta de comprensión y estupidez humana se mezclan.

¿Tiene derecho a participar una mujer como Miss España en Miss Universo, sí o no? Y más allá de los porqués están el respeto y la capacidad de aceptar al otro. La tolerancia es un término que me cae muy mal porque se me figura que se relaciona más con la incomodidad, la incomprensión y el asco. Y, sobre todo, con el desprecio.

Las mujeres sabemos lo que es el desprecio, lo que es ser consideradas como inferiores por ciertos sectores de la población. En serio, ¿queremos seguir prácticas de las que tanto nos hemos quejado? Miss Colombia tiene un punto de vista y claramente se opone al de Miss España. Ahí se marca el rasero de la discusión. ¡Qué triste! Rebajamos todo al nivel del chisme, del morbo, de la curiosidad y perdemos una oportunidad de oro para entrarle a un debate serio y de sustancia.

Miss España y Miss Colombia son un ejemplo de un mundo extraño, a la vez es incomprensible, en el que lo diferente asusta y por eso, antes de comprender, empezamos a atacar.

Pollo con ciruelas, Marjane Satrapi

¿Cuánta ternura y cuánto odio cabe en un libro? Marjane Satrapi es la guía que nos conduce de la mano en el intrincado mundo de un arista que ha decidido morir. La cotidianidad se vuelve imposible de soportar desde que el músico ya no puede tocar el instrumento que le da identidad.

Su tar, un instrumento de cuerdas, similar al laúd, típico en Irán, con el que Nasser Alí —el personaje principal— despliega maravillas, se rompió, lo rompieron. El busca reemplazarlo, pero la tar y el músico estaban tan compenetrados que parecían uno mismo. La destrucción de uno dio paso al comienzo del derrumbamiento del otro. El deseo de muerte se hizo presente. Y, eventualmente llegó.

Pollo con ciruelas nos lleva al recorrido de todos los personajes que amaron a Nasser Alí y como se relacionaron con él en el proceso en el que Nasser Alí decide dejarse morir de tristeza y la historia que los unió en el pasado. Satrapi juega con flashbacks para mostrarnos su relación con el hermano menor, con su madre, con su esposa. También nos empuja al futuro, en flashforwards que nos permiten ver la vida de los hijos.

En Pollo con ciruelas entendemos la mente de un artista en contraste con la de los que conviven con uno y no lo son. La frustración del desencuentro entre los mundos concretos y los artísticos, la rabia y el desconsuelo, la impotencia y el ímpetu, las ganas y la dejadez. Al final, ese regusto de tristeza que se queda en quienes no se entienden y la imposibilidad por lograrlo.

Satrapi, con esta novela gráfica apela a los sentimientos universales a través de dibujos en los que nos permite atisbar la cultura iraní. El odio y el amor como motores de inspiración para llegar a aquella ilusión que nos sirvió de inspiración a lo largo de la vida ¿No es eso literatura?

Anteriores Entradas antiguas

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: