¿Leer canciones?

Hay en las redes sociales un asombro que cruza los límites y entra al entorno de la indignación. Maluma, un cantante colombiamo cuyo mejor atributo es el cuerpo y no la voz, se gana la vida frente a un micrófono diciendo vulgaridades y atrocidades. Tiene un éxito mayúsculo. La fórmula es genial, un ritmo pegajoso, una carita agradable y una parafernalia publicitaria que se encarga más de lo visual que de lo auditivo. Un producto del reguetón, música de ritmos latinoamericanos, entre afroantillanos y caribeños que combina notas jamaiquinas con hip hop y letras de tonos sexuales explícitos. 

Maluma no es el único que canta vulgaridades. El regetón tiene letras que objetivizan al ser humano y otras que buscan ser chistosas, que hablan de amor, de corazones rotos, de crímenes. El problema es que los ritmos nos llevan a repetir letras que en otro contexto nos pondrían la carne de gallina. Tampoco es que el regetón tenga esa exclusividad. Recuerdo haber, cantado feliz de la vida, Bohemian Rapsody de Queen, sin caer en la cuenta de lo que en realidad decía. 

La voz de Freddy Mercury y la maravilla de los instrumentos me hacían pasar por alto el hecho de que la letra tratara de un hijo que con frialdad le decía a su madre que acababa de matar a un sujeto, poniendo una pistola y jalando el gatillo. A mi favor diré que no era la única. Todos cantabamos felices de la vida un asesinato y nos moviamos encantados de la vida al oír el exitazo de Queen. Incluso hoy, lo hacemos.

Pero, claro, el poder de las letras hechas palabras nos tira la venda auditiva y nos da un estado de conciendia que le quita la diversión a la barbaridad. Maluma no es Freddy Mercury ni de cerca, no tiene la voz ni la educación musical, y por suerte para el colombiano, tampoco el físico del solista de Queen. Tampoco tiene su éxito, pero no le va nada mal. Lo curioso es que las aberraciones que canta, fascinan a muchachitas que repiten las letras de sus canciones con un gusto que nos asombra. ¿En serio te gustaría que te trataran así? Claro que no. Ni siquiera se han dado cuenta de lo que cantan. Pero, igual pasa con letras de Marc Anthony y de otros reguetoneros. Lo hicieron igual Ozzy Osborne, Los Beatles, La Arrolladora Banda Limón, Los Bukis y tantos otros. La gente repite sin dar significado. No todos pueden cantar que están presos entre las redes de un poema y se concentranen un  amor de cuarenta y veinte. 

La música aletarga, amanza leones. Cantamos por el gusto de repetir un ritmo y no reparamos en lo que decimos. Así, se repiten panegíricos al narco, a los asesinatos, al adulterio, a los golpes, a la guerra, al desamor, a la canallada, a los rincones oscuros del alma. Leer canciones tiene un efecto poderoso, de repente entendemos que las palabras significan algo. Y, entonces, o se potencia el gusto o nos amarra la lengua. Pero, a decir verdad, volvemos a cantar. 

Maluma es un efecto, es un producto de nuestro tiempo. Muchos de estos golpes efectistas se diluirán con el tiempo y quedarán en el olvido. Insisto, no es Freddy Mercury aunque él nos haya puesto a cantar sobre un asesinato.

A favor de la diversidad

Nos parece increíble, pero hubo un tiempo en que la homosexualidad era catalogada como una enfermedad mental. En esa condición, ser homosexual significaba estar enfermo y las enfermedades se deben curar. Es decir, si alguien se sentía atraído por una persona del mismo sexo, tenía una alteración de la salud que afectaba el funcionamiento de su persona y de la colectividad. El enfermo que padece un mal, puede contagiar a otros que estén sanos e infectar con su mal a personas que no lo padezcan, es preciso curarlo. Pero, ser gay no es lo mismo que tener gripa. No se cura con pastillas ni con inyecciones ni con choques eléctricos. No se cura, como no se cura ser mujer o ser hombre. Es una condición del ser. 

Por suerte, el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud borró del catálogo de enfermedades mentales la homosexualidad. Ser lesbiana, un hombre que le gustan los hombres no es estar malito ni significa ser prerverso, promiscuo, malvado, pervertido, ni nada oscuro. Al descatalogar la homosexualidad como una enfermedad se busca eliminar razones para discriminar, para rechazar, para temer.

La homofobia, según su significado etimológico, es el miedo a quienes prefieren a los que son iguales, es decir, a los que son del mismo género. Entonces, asusta que alguien se sienta atraído por otro del mismo sexo. Genera miedo la intimidad de una pareja. Las sensaciones de alerta se  disparan cuando veo a dos mujeres darse un beso y se siente angustia cuando dos hombres se toman de la mano. Se siente  peligro cuando veo que dos personas actúan en forma diferente a lo que yo creo que debe ser, o peor aún, a lo que yo quiero que sea. Se activa el absurdo.

El miedo deviene en odio. Desprecio a los que no ven el mundo como yo lo veo, a los que no siguen las reglas que yo impongo. El 17 de mayo se ha convertido en el día de la tolerancia a la diversidad. Tolerar es aguantar las diferencias, soportar al que no ve la vida  como yo. Eso, que es un avance frente al odio y al temor, pero no es suficiente. Este día debiera promover el respeto a la intimidad del ser humano. Cada quien es libre de hacer lo que quiera cuando cierra la puerta de su habitación,  mientras no lastime a nadie. ¿Qué daño engendra una expresión de amor en privado? Si te gusta el rosa o el azul, debo de respetar tus preferencias de la misma forma en la que tú estás obligado a respetar las mías.

El odio se genera cuando se intenta imponer mi punto de vista. Cuando queremos meter la nariz en la vida de otros y dictarles las reglas de vida. No se trata de soportar a los que viven distinto a mí. Pero eso nos incluye a todos.  Los heterosexuales y los homosexuales nos debemos respetar. Ser homosexual no implica ser mejor que ser heterosexual o viceversa. Un gay no debe de verme con odio porque soy buga. No me debe despreciar, de la misma forma en la que yo no tengo razones para juzgarlos. 

Entonces, de lo que estamos hablando es de arrogancia. La homofobia es el grado superlativo de la altanería. El antídoto es elevar las miras. Es dejar de creer que yo estoy del lado correcto.  Es respetar la diversidad. Es entender que lo que pasa en el interior de cada casa que no es la mía, no es mi asunto. Mis gustos no me determinan más allá de lo que prefiero, por eso, más que tolerancia, tenemos que abrir los brazos a aquello que me resulta diferente. Sin juicios. Total, ya entendimos, no es enfermedad, no se contagia. Ver el mundo con esa perspectiva es lo que celebramos el 17 de mayo, es entender la mirada del,otro. Créanme, es sorprendente y gratificante. 

Los electores no queremos crecer.

En el marasmo que se ha convertido la política del siglo XXI, en el que habríamos creído que el elector sería una persona con capacidades para distinguir entre un anhelo, una mentira descarada, un interés genuino o la aspiración personal de resolverle la vida a tres generaciones familiares, nos topamos con la pared. Después de tantos años, de tantísimas experiencias, de conocer desfalcos, crímenes de estado, escándalos, simulaciones y de enterarnos que esos cara de ángeles no eran más que perversos con disfraces, el desencanto se hace presente. Nos encogemos en vez de progresar. El abstencionismo, los resultados sorprendentes, los que atizan los miedos son síntomas de que los electores estamos en pañales y no queremos crecer.  

El desencanto es el camino fácil. Como si no nos hubieramos enterado de que esas sonrisas eran falsas, esas promesas nunca se podrían cumplir y esas figuras impolutas no existen. Luego nos escandalizamos, nos preguntamos cómo es posible que el expresidente, exgobernador, exalcalde hayan tenido semejante ambición y no hayan tenido llenadera. ¿Quién los puso ahí? Parecemos criaturs de pecho. Nos ponemos de cabeza cuando vemos que aún andan por ahí comunistas, fascistas, nacionalistas, que al llegar al poder se sienten monarcas y arrastran con todo lo que se les pone en frente. Pero, decidimos creer.

Ni izquierdas ni derechas en el mundo tiene las manos limpias. Sabemos de los robos millonarios de Jordi Pujol y su familia mientras agitaba la bandera de Cataluña y ponía a pelear a los ciudadanos. Los distraía exaltando las diferencias entre los catalanes y los españoles mientras se forraba los bolsillos sin que nadie lo mirara, andaban ocupados. Nos falla la inteligencia al valorar. Creemos que un caudillo como Chávez representaba al pueblo por bondad y que Maduro grita contra los traidores a la patria mientras en Venezuela la gente padece todos los días. Trump trae a sus amigos a Washington a hacer mejores negocios y en México creemos en la honestidad de los que luego se fugan dejando las arcas devastadas.

Los políticos en campaña hablan de las maravillas que pueden hacer, pero no han hecho; se refieren a la mafia del poder como algo informe e innombrado pero no dicen quién, cómo, cuándo y cuánto. Las posibilidades de cumplir promesas se deben valorar. Los electores seguimos como esas adolescentes enamoradas que creen porque sí, porque quieren creer, nomporque haya razones para hacerlo. No queremos crecer, tenemos miedo de que se nos rompa el corazón. 

¿Dejaremos de hablar en inglés? (Resultados de la elección en Francia)

El triunfo de Emmanuel Macron sobre Marine Le Pen fue contundente, 67% del electorado voto a favor de una Europa unida y le dio la espalda al populismo. La propuesta de aislamiento fundada en el terror a lo diferente, en la recuperación de una Francia gala obtuvo un 33%. El abstencionismo se hizo presente, cuatro millones de franceses no se aparecieron por las urnas y muchos decidieron anular su voto.

El proyecto de una Europa unida respira con alivio. Se anticipaba un revés al populismo desde los resultados de Holanda. La borrachera de los electores llega a su fin, la fiesta separatista se acaba y los nacionalismos no pasan la prueba de la lógica económica. Los desafíos que tiene Emmanuel Macron son grandes, deberá llevar a Francia junto con Alemania al rescate de una unión del territorio europeo que sea benéfica para sus habitantes y que sirva de contrapeso mundial.

El ejemplo francés pone la cordura a la vanguardia. Las ideas de vivir aislados en un mundo global empiezan a rechinar y se están despostillando. Donald Trump se ve incómodo en Washington, ya se dio cuenta que la silla presidencial es enorme y que en Maralago se vive diferente que en Washington. Theresa May dijo a sus electores que el Brexit sería rápido y que negociaría condiciones favorables para Gran Bretaña, creyó e hizo creer que dejar Europa era tan sencillo como cambiarse de zapatos. Se olvidó que hay que  pagar  facturas. 

Los electores estadounidenses y los de Gran Bretaña se miran las manos. Les entregaron un pedazo de espejo en vez de un lingote de oro. Las promesas que creyeron y que les iluminaron el rostro se están transformando en trozos de carbón que ya les están manchando la vida. El mundo parece decir: ¿quieren estar solos? Pues quédense solos. En Estados Unidos ya están pagando los platos rotos de la fiesta republicana, el primer triunfo del Presidente Trump afecta a los ciudadanos. ¿Qué va a ser de ellos sin el Obamacare? En Gran Bretaña ya se empiezan a sentir las convulsiones: Escocia quiere ser parte de Europa, no del Reino Unido y desde Bélgica ya le mandaron la primera factura a la señora May.

Trump y May quisieron bailar como los protagonistas de Lalaland y se les cayó el teatrito. Emmanuel Macron pone a Francia al frente del mundo. Los franceses representan la alternativa que le da respiro y estabilidad al mundo. En España, Portugal, Irlanda y Grecia la gente pone a descansar el alma despuede haberla traído en un vilo. Sin Europa, el proyecto de esas naciones se hubiera hundido como barquito de papel en una tormenta. 

El mundo mira a los países que se quisieron aislar. Su good bye los puede dejar en un estado de vulnerabilidad. Ahora aprenderemos a decir Oui, Ça va bien?, y el alemán ya no sonará tan duro y ajeno. Diremos Hallo en vez de Hello. Emmanuel Macron con Francia le dice al mundo que el universo no se acaba en Gibraltar ni empieza en Brownsville. Los franceses se detuvieron a analizar y aunque muchos no apoyaron a Macron y prefierieron quedarse en casa o anular su voto, tuvieron la cordura de darle la espalda al populismo. 

Triunfó la propuesta fundacional de la V République: égalité, fraternité, liberté’ Vive la France. Es momento de festejar la cordura francesa, es momento de celebrar la reconciliación del electorado con la congruencia. Enhorabuena por el candidato Macron, ha elevado las expectativas de propios y ajenos. Ya estamos pensando que hablar en inglés no es la única opción y que la lengua de Víctor Hugo, de Sartre, de Camus se va a poner de moda.

La ola populista

Como si se tratara del mar, la política mundial ha padecido el regreso de la ola populista. Como si la Humanidad no tuviera memoria y cerebro, las promesas incumplibles se escuchan y los incautos caen abrazados por la esperanza. Los populistas de hoy atizan el fuego a base de miedo y odio. Enseñan los dientes y buscan modos de separar, de fijar fronteras, de señalar al diferente, de golpear al migrante, de distanciar a las familias y para ello, se proponen como la mejor opción.

Dicen ser quienes enjugarán las lágrimas, compondrán al mundo, salvarán la situación pero no revelan cómo. El electorado olvidadizo y distraído, esperanzado y enfadado por los problemas de la cotidianidad brinca ante la posibilidad de un cambio. Obnubilados por palabras pegajosas se dejan encantar por el sonido de una flauta mágica y siguen al flautista que los llevará al matadero.

Pasa en todos lados. Sucedió en Cataluña donde se incendió el nacionalismo a ultranza mientras los activistas se llenaban los bolsillos de billetes. Al mismo tiempo que se llenaban la boca de motivos para independizarse de España, se dejaba de ver el panorama de lo que sucedería un día después de declararse independientes. En Escocia hubo mayor prudencia, hubo análisis. En Inglaterra, el plan no contemplaba pagar deudas adquiridas con Europa. La lengua populista prometió una Gran Bretaña aparte y no se percató de las consecuencias de quedarse aislados. Theresa May dijo que propondría un proceso rápido sin darse cuenta que en un divorcio todos pierden, nunca se hicieron cuentas sobre las pérdidas por lo que es imposible que se hiciera un análisis contra las posibles ganancias y ahí tenemos los resultados. No en balde la señora May se ve tan despeinada últimamente.

El problema con los populistas es que creen que ellos son los que ponene las condiciones, que son los magos que agitarán la varita para que todo se solucione y chocan con la realidad que los rompe a cachitos. Se olvidan que tienen una contraparte y que se tiene que sentar a negociar. No saben hacerlo. Les gana la soberbia. 

El momento de la verdad  del populismo llega cuando se les pregunta cómo y no responden o peor aún, cuando dicen que la mafia en el poder es la culpable de todo. No se hacen cargo de sus promesas, no pueden. La incapacidad se mezcla con la irresponsabilidad y los gobernados entran a un infierno peor que del que estaban huyendo. Escuchar a Maduro es situarse en el ciclo más profundo que sirve de mejor ejemplo. Trump no es tan diferente, lo que salva a los Estados Unidos del ganso que tienen en la Casa Blanca son las instituciones.

Pero, ¿qué necesidad? La ola populista nos avienta a sujetos impresentables que como encantadores de serpientes, hechizan y venden espejitos a cambio de oro. Luego, los propios electores ya ni saben qué hacer con ellos y se preguntan cuándo los sacarán de ahí. Como si se tratara del mar, la ola populista amenaza con un tsunami. La bandera está en rojo. 

Pero, para no caer en lo criticado, para no atizar el miedo, tengo una propuesta. Escuchemos. Pongamos atención. Analicemos. Veamos la factibilidad de las propuestas, el origen de las denuncias y cuestionémonos ¿eso que me proponen está sustentado en buenos valores o no? El odio, el miedo y las barreras no parecen serlo.

La propuesta moderna de Macron

El candidato Emmanuel Macron de En marche! tiene una propuesta moderna que puede llevarlo a la presidencia de Francia. Este aire fresco y diferente le ha granjeado la simpatía del electorado que empieza a ver la Marine Le Pen como una mujer con ideas anticuadas, retrogradas y que pierde brillo a cada segundo.

La candidata de la derecha propone un escenario separatista, chovinista que le pega al lema francés que sostiene como valores fundacionales: egalité, fraternité et solodarité. No parece que las propuestas de la señora Le Pen promuevan la igualdad ni busquen la fraternidad ni persigan la solidaridad, más bien, todo lo contrario. La abogada Le Pen arrastra un bajage pesado que la asocia con la intoleracia, se le conoce internacionalmente como la pesadilla francesa y parece una mujer que le gusta atizar al fuego del miedo para ganar votos.

Emmanuel Macron es un hombre singular. No viene de las fuerzas políticas tradicionales, es un ex banquero, ex asociado de la firma Rothchild &Cie., asesor de François Hollanda, es ministro. Un hombre fresco que se mueve con soltura en un mundo acartonado. Habla de temas candantes y tiene propuestas concretas. Enfrenta la crítica con gallardía y hace vida sus compromisos.

Le dijo a su maestra de literatura que volvería por ella para casarse y cumplió. Regresó a proponerle matrimonio a Brigitte Trogneaux una mujer veinticinco años más grande que él. Responde de frente a los rumores que lo implican en una relación homosexual con el director de Radio France, Mathieu Gallet y en forma elegante dijo que tal vez su holograma se había escapado. 

Habla en forma directa. Si la señora Le Pen le dice que él no tiene derecho a hablar del futuro porque no tiene hijos, el responde que la paternidad que brota del corazón es más importante que la que imponen los genes. A las pruebas se remite, Macron tiene una vida familiar íntima y cercana. Habla de sus nietos con amor, aunque por edad biológica podrían ser sus hijos. Los hijos de su mujer le son cercanos y lo apoyan y su esposa es una mujer activa que participa como asesora principal de su marido.

Lo critican por ser un hombre de izquierda con ideas de derecha, por abogar en pro de familias con padres del mismo sexo, por apoyar la fertilización in vitro a mujeres lesbianas y por tener la mente abierta a nuevos modelos familiares. Él pone ejemplo. Más que las iniciativas para reducir las posiciones en el Parlamento o por darle fuerza a los diputados, los franceses se sienten seducidos por un hombre que sustenta su modernidad en valores entrañables en Francia: igualdad, fraternidad y solidaridad.

#TodossomosReynosa

La alerta roja se enciende. Las sirenas se escuchan. Las torretas se prenden. El transporte público se suspende. Las calles quedan desiertas. La ciudad tiembla. La gente detiene la cotidianidad. Hay peligro. Reynosa deja su actividad vibrante y pone la vida en pausa. ¿Por cuánto tiempo? La violencia deposita terror. 

¿Qué sentirías si todos los días amaneces con la zozobra de que una bala de alcance a ti o a tu familia? La posibilidad de salir a la calle y encontrarte en medio de fuego cruzado, de repente, mientras vas al pan o a la farmacia es real. La probabilidad de que alguien, a quien conoces y quieres, caiga abatido por una bala sin deberla ni temerla, es altísima si vives en Reynosa. 

La Presidenta Municipal de Reynosa levanta la mano para pedir ayuda, el Gobernador de Tamaulipas busca el apoyo del Gobierno Federal, los mexicanos interrumpimos la respiración. Sabemos lo que está sucediendo ahí, ya habiamos visto esta historia. ¿Cómo es posible que la memoria diera para tan poco? Apenas elevabamos los ojos al cielo para agradecer que Ciudad Juárez estaba en calma cuando en Reynosa truenan balazos como si fueran fuegos artificiales.

La tentación de mirar para otro lado se nos quita. Volvemos la mirada a Puebla, tan chula y tan linda, para enterarnos que los huachicoleros ya la hicieron tierra de nadie. Le enseñan los dientes a la policia, agarran a pedradas a los militares y por si las moscas, usan a los niños como escudos humanos  para protegerse y seguir delinquiendo.

En Guerrero los tequileros asustan a la gente de bien, en Baja California los balazos truenan como en el viejo oeste, los expertos dicen que México vive una guerra de baja intensidad y, al ver las armas que se apuntan a la población civil, la apreciación me parece que está mal calibrada. Cualquier día, aparecen cadáveres colgados de una cuerda en un bajo puente o apilados en la cuneta de la carretera o metidos en la cajuela de un auto. Matan periodistas y escribir se convierte en un oficio peligroso. Se nos va la vida en ello. 

Lo curioso es que perdemos la capacidad de asombro. Lo triste es que ya nada nos conmueve. Lo lamentable es que olvidamos. Todos debiéramos ser Reynosa. Todos debiéramos ser solidarios con los que tienen miedo. El gobernador de Tamaulipas recorre las colonias más peligrosas para demostrar que no hay que temer y la Presidenta Municipal se queja de no tener ni un chipote chillón para defenderse. ¿Quién podrá defendernos?

No hay discursos que alcancen, ni políticos que resuelvan. Nos quedamos solos, encerrados en un cuarto sucio y con la puerta atrancada por fuera. No hay alternativa: o limpiamos nosotros o nadie lo va ha hacer. #todossomosreynosa debe ser un llamado a la reflexión. ¿Qué puedo hacer? Si veo el problema a la distancia, no puedo hacer nada. Está tan lejos y es tan grande que me desborda. Pero si limpio lo que me toca, entonces sí tengo capacidad. 

Si mis posibilidades son limitadas e ínfimas frente al problema de México, no importa. Si no empiezo a poner la basura en su lugar, seguiré viviendo entre la suciedad pestilente que me desagrada. Es mi obligación y mi prerrogativa hacerme responsable de lo que me toca, independientemente de lo que hagan los demás. Si el Presidente es incapaz o eficiente, si los Gobernadores son rateros o son honestos, si los Delegados son cínicos o son honorables, es algo que no incide en mi conducta. 

Si quiero que #todossomosreynosa sea real, tengo que poner mi propia basura en su lugar. Así que. La tolerancia cero empieza en primera persona y la congruencia es la moneda de cambio con la que se debe dar el primer paso. 

Las palabras de una presidencia estadounidense

Amy Davidson, de The New Yorker, nos platea una pregunta interesante: ¿Por qué invertimos tanto tiempo en hacer coincidir lo que dice Donald Trump con la realidad? El hombre empezó una guerra muy particular desde que decidió recorrer el camino de la política, se enemistó con sus propias palabras y batalla contra ellas todos los días. A un compás alocado hoy dice y mañana se desdice, plantea fantasías imposibles de lograr, sueña con mundos de ficción en el que la única coincidencia es la pobreza de lenguaje con la poca factibilidad de sus planes. No obstante, nos preocupamos pues se trata del Presidente de los Estados Unidos.

Cuando el señor Trump empezó a caminar rumbo a la Casa Blanca, los pronósticos eran que jamás llegaría precisamente por esta forma descoordinada y francamente brusca de actuar. Pero, nos equivocamos y se equivocaron. Nosotros con nuestras predicciones y los electores al poner ahí a un hombre que dice haber bombardeado Siria por consejo de su hija. Por suerte, la grandeza de Estados Unidos se sustenta en sus instituciones y la herencia del pasado sirve de freno de mano a un sujeto descolocado que creyó ser rey y no presidente. Confunde conceptos, no hay duda. 

Según el planteamiento de Amy Davidson, cualquiera que sea su fuente de locura, desde la perspectiva del Presidente Trump, la realidad debe empatarse con su imaginación. Sin duda. El hombre ha querido arrugar la ley, desestimar al Congreso, hacer de lado las instituciones, ignorar a los jueces. Y, evidentemente,  esto le sucede a un hombre que no se reconcilia sus palabras, que no sabe describir lo que habita su mente y que está dando signos de una terrible falta de rumbo. Eso eligieron los estadounidenses y con ello tenemos que padecer en el mundo entero.

Con la pericia de un maraquero, tuvo la asertividad de generar ciertos eslóganes que aceleraron el ritmo cardiaco de muchos, sea para despertar temor o para generar cariño. No hay planes, hay ocurrencias. China, Corea del Norte, México, Comercio, Migración, Asuntos Internos, son temas que le llevan a emitir palabras por impulso. La forma simplista en que generaliza todo revela esa estructura desnatada, desentonada, light, frivola como base y fórmula para dirigir a un país de la talla de Estados Unidos. 

A casi cien días de gestión, el mundo está aprendiendo a leer a Donald Trump. Estados Unidos pierde credibilidad en forma acelerada. Si Trump fuera presidente de otra nación, hoy a poco más de tres meses de mandato, ya nadie le haría caso. Pero, el hombre es poderoso, aunque por suerte, hay instituciones que le amarran las manos y le ponen orejas de burro y lo mandan al rincón a reflexionar. Hay quienes no entienden.

Claro, las palabras de Trump cayeron al mundo como un mazazo. Causaron una gran impresión que se convirtió en una decepción inconmensurable. También en un alivio, mucho ruido y pocas nueces, dice el dicho. Ahí, no hay sustancia. Hay veces que el Presidente de Estados Unidos hasta me causa ternura. Lo veo como ese alumno torpe pero empeñoso, como ese chico que quiere y se esfuerza pero no logra entender la asignatura, como ese joven que sabrá Dios porqué llegó a ser titular del equipo y que cada vez que le llega la bola, se equivoca de movimiento, como ese sujeto que quiere ser popular y no le sale. Lo veo con la agilidad de un pato que camina junto al estanque. Lo malo es que el ganso va dando pasos en un campo minado en el que todos, estadounidenses y el resto de la Humanidad habitamos.

Las palabras de esta presidencia estadounidense son de jabón, provocan pompas que estallan a los pocos minutos de ser emitidas. Son efímeras pero tienen daños reales de amplio espectro. Un vocablo de este sujeto puede hacer que el tipo de cambio en México suba y eche abajo una buena transacción y deje sin empleo a personas de carne y hueso. Una orden mal calculada mata a civiles que debieran ser respetados. Una locura para la actividad aeroportuaria que le cuesta millones de dólares a una nación. El desperdicio de palabras lleva a desperdicio de recursos. Es una pena, apenas van cien días. 

En un estado de incongruencia total, Trump califica este periódo como magnífico. Está claro que el significado que el le da a las palabras es muy diferente a lo que el resto del mundo interpreta al oirlas. No hay duda, la guerra mas peligrosa que estamos viviendo es la que el Presidente de Estados Unidos le ha declarado a sus propias palabras.  

¿Qué encontramos en el debate de los candidatos a la gubernatura del Estado de México?

Ayer se sentaron a debatir frente a las cámaras los candidatos a la gubernatura del Estado de México por primera vez. Ya sabemos, porque nos lo repiten sin cesar, que la importancia de estas elecciones radica en la concepción de que lo que suceda representa una prueba para las elecciones presidenciales. Así que, se hace un experimento de laboratorio y eso nos dicen. La verdad es que los mexiquenses podrán preguntarse por qué los usan de puerquito de guinea en vez de verlos con la seriedad que representa ser uno de los estados mas poblados del país.

Más allá de las acusaciones, reclamos y pleitos que le dan sabor al chisme, me preocupa ver lo que encontramos. El hilo conductor del debate fue la exposición de motivos de cada candidato que siguió un script y no se apartó de él. Leyeron lo que llevaban apuntado y al más puro estilo del voy derecho no me quito, básicamente se ignoraron entre ellos y ni aclararon las descalificaciones y desde luego no sustentaron sus propuestas.

En el lalaland de cada uno de los candidatos no habrá corrupción, se desaparecerán por decreto los feminicidios, el progreso entrará a tambor batiente y todos vivirán felices para siempre. Desde luego, todos les creímos a pie juntillas cada cosa de lo que nos dijeron. Seguridad y justicia, corrupción y desarrollo social fueron los ejes temáticos del debate. Y, además de las ilusiones de cada uno de los candidatos, que por supuesto, todos quisieramos que fueran realidad, no hubo contundencia.

El debate nos mostró candidatos acartonadísimos, muy apretaditos, ceñidos a la camisa de fuerza de sus anotaciones, parecía que olían vinagre y se les notó tan sueltos como un bebé que da sus primeros pasos. Muchos lugares comunes y reproches poco originales, que lo mismo se podrían haber escuchado en Francia, en Argentina o en Parral. Fueron más acusaciones que debate. No hubo un acto de comunicación y exposición de ideas diferentes sobre un mismo tema entre los candidatos, por lo que no pudimos decidir quién será más capaz para gobernar en la medida que los argumentos expuestos. Todos fallaron en cantidad y en solidez de sus motivos. Fracasó la finalidad directa y expuesta a conocer las posturas, bases y argumentos funcionales, de las distintas partes de una discusión. No se  cumplió un rol de enriquecimiento de quienes participaron en el debate, y se perdió la oportunidad para convencer.  

Las mujeres dieron pena. Teresa Castell, candidata independiente, habló y habló pero nadie la escuchó, resultó transparente a sus correligionarios. Dijo ser la voz ciudadana, pero eso de escuchar, no se le dio. Se ciñó a lo que traía en las tarjetas, leyó y ya. Pero, Josefina Vazquez Mota y Delfina Gómez fueron peores. Josefina acusó y acusó; invitó a visitar un sitio sobre los cheques de Delfina y mostró a cuadro una dirección inexistente. Así se derrumba una credibilidad de por sí endeble. Delfina oyó las acusaciones sobre descuentos a la nómina de trabajadores en Texcoco y no hizo comentario alguno, sencillamente ignoró. ¿Así irá a ignorar a los electores?

Los hombres tampoco brillaron, Alfredo del Mazo fue el más atacado y lució muy frágil. Quiso borrar sus orígenes y nexos familiares, quiso anular los gastos exagerados que hizo mientras fue director de Banobras y mostró fotos que realmente lo hicieron ver como una comadre en lavaderos más que como un candidato a gobernador. El candidato de Morena se hizo bolas con los números, Juan Zepeda del PRD no supo explicar por qué durante su gestión los robos a casa-habitación crecieron a 316%, y el candidato del Partido del Trabajo iba en el asiento trasero.

¿Qué encontramos? Personas que no saben manejar las cifras que llevaron de soporte, gente que no estudió los datos que usaría para debatir, candidatos que muestran soportes falsos para acusar, buenos deseos sin planes, mucho botox, mucho maquillaje, mucha cirugía estética, sonrisas frías y una tibieza que nos hace temblar.

Fracturas sociales

El mundo vive una era de fuertes fracturas sociales que los políticos saben explotar muy bien. Promesas de campaña que van aderezadas en ese aliño que enciende los ánimos y buscan dividir. Claro, al son de divide y vencerás no hay ética, responsabilidad social, valores, ni freno que valga. Conseguir una posición de poder es la meta, el objetivo se traza a partir de tácticas estratégicas que quieren granjearse simpatías y votos. Prometer no empobrece y hoy más que nunca, cumplir aniquila.

Los nacionalismos apelan a orgullos profundos que tienen que ver con el origen de cada persona. La identidad es una fuerte moneda de cambio. Erigirse como el paladín que vendrá a defender a un sector y lo protegerá de extraños enemigos es un grito de guerra que se populariza y ha llevado a triunfar a impresentables que una vez en el poder, no pueden cumplir sus palabras.

Trump no sabe como hacer para pagar un muro, Theresa May quiere negociar un Brexit a modo, Marine Le Pen dice que está harta de ver a Francia perderse entre las telas de araña de la migración, Maduro sigue intentando como tapar el sol con un dedo, Es verdad, Holanda ya dio la espalda a esa demagogia y Macron tiene ventaja sobre la postura del Frente Nacional. Pero, la palabrería en favor de quienes defienden un patriotismo a ultranza sigue encendiendo corazones. 

El problema son las fracturas que se generan. Con enorme falta de responsabilidad y con la delicadeza con la que se mueve un elefante en una tienda de porcelanas, estos personajes nos meten en un estado de paz y tranquilidad similar al que experimenta un paciente en el sillón del dentista. Logran que arruguemos el rostro frente al difrente, que se nos revuelva el estómago ante quien no cree lo que yo. Nos convierten a la intolerancia, que es es signo que tiene más adeptos. 

Se encienden pasiones tan enardecidas que en vez de seguidores se tienen fanáticos que creen a ojos cerrados y que pierden la capacidad de análisis. La deuda que van generando es enorme y el interés compuesto de la tasa que eligieron crecerá en forma exponencial hasta  que se convierta en una cuenta impagable. 

Izquierda-derecha, integristas-soberanistas, demócratas-republicanos, liberales-soberanistas, este-oeste son las divisiones con las que se reagrupa en mundo en forma artificial. Son formas de fractura social. En realidad, la Humanidad se divide entre pobres y ricos, educados y analfabetas, sanos y enfermos, felices e infelices. El mapa mundial se transforma sobre clasificaciones acartonadas y dejamos de ver lo importante. Permitimos que nos obnubilen el pensamiento. Dejamos de ver lo importante.

Las fracturas sociales están poniendo a rechinar las estructuras que rigen la vida en comunidad, ¿es eso lo que queremos?

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