Había una vez en Cataluña…

Parece que la independencia de Cataluña tomó un camino de cuento chino. La narrativa errática, el arranque que atrapa el interés de la audiencia, la idea que cala hondo, el ardor que escuece el alma nacionalsta, el discurso victimizante de una región próspera que es devastada por una mano que sienten mas extranjera que propia y todo el relato que fue construido no bastó.Tanto  músculo textual se desintegra cuando no hay un fondo, cuando no hay cimientos que sostengan.

La diferencia entre una ocurrencia y una buena propuesta son el fin y los medios que se usarán para alcanzarlo. Si alguien empieza a aventar palabras a la hoja en blanco, será un palabrero. Si alguien se lanza a una aventura sin la realidad en la mano, será un vendedor de espejos. No importa que tan buen arranque tenga, tarde o temprano se les caerá la trama.

Por eso, hoy, el señor Puigdemont está pasando tragos gordos. Ya se le atragantaron las palabras y los motivos ya se le desgastaron. La huida de capitales de Cataluña fue la advertencia que no quiso escuchar. Pareciera que para que los catalanes se sintieran cómodos quedándose en España, debieran ser pobres y, en esa condición, recurrir a Madrid para estirar la mano y dejarse consentir. Eso de ser solidarios con otra región del país, les parecía un agravio. Ahora, se van quedando solos.

Las empresas se van, los turistas huyeron y en las calles de Barcelona los ánimos se siguen caldeando con tonos iracundos en jna dirección y en otra. Puigdemont dejó en suspenso una independencia que no se va a concretar porque no les conviene. Pero cuando se les ocurrió este cuento, no se imaginaron el final. Tal vez nunca lo tuvieron claro y ahora ya no saben que derrotero darle.

 

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Cuarta ronda, muchos nervios

México, Estados Unidos y Canadá comparecen a la cuarta ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Estados Unidos pone sobre la mesa propuestas inaceptables, mientras los mandatarios Trudeau y Peña se reunen en una cena lujosa y cordial el Palacio Nacional. El énfasis, para quien lo quiera entender, es claro: ni canadienses ni mexicanos se irán, seguiran negociando porque para eso estan ahí, para llevar a cabo un proceso que sea favorable para todos. Ninguno de los mandatarios se prestarán a ser rehenes de una sola posición, eso dijeron.

Pero, muchos medios se alzan con advertencias y admoniciones sobre el futuro sombrío del tratado comercial más grande del mundo. Y, aunque Trump se empeña en dañar la negociación —o eso parece—, sigo creyendo que todo el nerviosismo que se reporta tiene un punto de estridencia. Me parece que tanto susto no es prudente. Como que tanta preocupación me parece exagerada.

En negociación, dice la teoría, llega un momento en que las cosas se ponen álgidas. Las partes abren su juego y cada quien plantea sus conveniencias. Los estilos de negociación hacen evidente la personalidad de cada quien, unos son diplomáticos otros son patanes. Cada uno tiene su propio enfoque y tiene conveniencias divergentes, sin embargo, las que son convergentes son las que los tienen sentados ahí. En este caso, los beneficios que unen a los intereses de las tres naciones son mucho más grandes.

Es verdad, el tipo al que pusieron en la Casa Blanca es un ignorante que no entiende los beneficios de la globalización, o eso quiere hacer creer. Es un patán que cree que negociar es sinónimo de regatear, que piensa que con golpes en la mesa se consigue más y que a base de tuits se maneja una nación.  Eso eligieron y con eso hay que lidiar. Un negociador experto lo sabe, no se asusta: entiende las fases del proceso. 

La parte mexicana está compuesta por expertos negociadores. Es cierto, no hay garantías. Pero, el camino alternativo tampoco es pedregoso. Sin tratado comercial, están las reglas de la Organización Mundial de Comercio que protegen. Pero, las mejores protecciones nos vienen del consumidor estadounidense que no querrá pagar más por algo que antes le salía a menor precio. Eso lo entiende toda la gente. Incluso el viejecito necio que tienen despachando en la Oficina Oval. 

No veo muchas razones para estar tan nerviosos. Está pasando lo que sabíamos que iba a pasar, la negociación seria difícil, pero todavía no estamos en el momento de gritar a todos los vientos que ya se volvió imposible. No hay que adelantar vísperas. Por lo pronto, las calificadoras no se hacen cargo de las complicaciones propias de esta cuarta ronda. Si ellas están tranquilas, yo también. 

Titubeos en Cataluña

En España, la gente aguantó la respiración por unos instantes, guardaron silencio y escucharon lo que Carles Puigdemont tenía que decir. El mundo entero esperaba una declaración de tipo volado: cara o cruz, sí o no. Pero el señor se equivocó de juego o se cambió de tablero. Dijo que sí, pero hoy no. No hay mas que ver las evidencias para juzgar. Cuando alguien tiene frío se le pone la piel chinita y los dientes le castañetean. Parece que la estridencia independentista llegó al punto de quiebre y, ante las evidencias, le tembló la mano.

Las palabras de Carles Puigdemont dejaron de ser tan firmes y determindas. El referéndum tuvo resultados y generó efectos. Evidentemente, no los que él quería. La necedad de no escuchar las advertenicas, el poco alcance de miras que no le dio para ver lo que pasaría un día después, la arrogancia que lo llevó a violar la ley, a no escuchar a otros catalanes que le decían que ese no era el camino, la ira con la que se juzgó a los que amando a Cataluña no querian apartarse de España, tuvo consecuencias de amplio espectro. La independencia choca con los intereses económicos, los mercados son muy nerviosos, las empresas huyen buscando mesura, estabilidad. 

Los que piensan que una independencia no se pide por favor, los que juzgan que para lograrla hay que violar la ley y armar una revuelta se olvidan que no estamos en el siglo XIX. Hoy hay otras formas que buscan consensos y que son democráticas. Lo que pasó en Cataluña fue un despropósito en el que se le jalaron los bigotes al tigre con una inocencia que asombra a los que contemplamos a la distancia. Tal ve les faltó mirar a Escocia. 

Los valores de unidad, solidaridad y patriotismo quedaron en entredicho. El argumento era que Cataluña pagaba mucho a España, que era la región rica que cargaba a un muerto pesado, que ellos eran las hormigas y los demás las cigarras. Olvidaron que a veces así toca. Un resentimiento histórico se apoderó de la inteligencia de algunos y otros se valieron de ello para sacar a la gente a la calle y para amedrentar a quienes no pensaran que la independencia era una buena idea. No lo era, no lo es, dadas las condiciones.

Por eso Carles Puigdemont titubea, abre la rendija al diálogo y echa un paso atrás. Mariano Rajoy puede aprovechar este titubeo y alzarse con la gloria de la inteligencia. No está fácil. El reto es muy duro. Requiere de un pulso de relojero y de un manejo firme pero diplomático. Hablar, dar paso a la inteligencia. Pero, con la firmeza que el caso ocupa para frenar el caos catalan. La ley prevee caminos que hasta ahora no se han empleado y que parece que hoy son la alternativa. Pobres catalanes, buscando la independencia pueden terminar con el artículo 155 sobre sus espaldas.

El 155 permite al Gobierno de desde controlar las finanzas de la Generalitat, a dar órdenes o tomar el control de conselleries, la destitución de cargos o la disolución del Parlament. Lo que no puede hacer es suprimir o suspender la autonomía. En todo caso, buscando avanzar dieron los pasos del cangrejo. Hoy, ante el encontronazo, la fuente de riqueza catalana ya no parece tan abundante. Los turistas, las empresas y sus fuentes de ingreso huyen, así son los mercados. 

Por eso, frente a las consecuencias, Puigdemont dice que se va y se va y se va…, pero no se ha ido. Tal vez ya se dio cuenta que Cataluña no tiene otro lugar en el que más valga. Se lo dineron propios y extraños. Las facturas históricas que tendra que pagar ya le estan quitando la firmeza a sus palabras. Ahora, tendrá que definirse. 1-0 fue su apuesta,  o debe confundirse, él inició este juego.

La soledad de Ricardo Anaya

Dice Rafael Moreno Valle que cuando él se quiere enterar de lo que sucede en el PAN, le pregunta a Dante Delgado —dirigente de Convergencia—. No lo dice de broma, lo dice en serio. El senador Javier Lozano cuenta que hace mucho rato que la línea de comunicación con la dirigencia de su partido está rota. Margarita Zavala se fue del PAN sin hablar con Ricardo Anaya. 

Me imagino al dirigente del PAN tan solo en su oficina. Lo veo, frente al espejo ensayando algún discurso, con esa voz tan modulada que más que político, parece nana arrullando su bebé. Seguro se esta acicalando el pelo tan rubio, se revisará que el nudo de la corbata esté perfecto y se pasará la mano sobre la solapa en donde está el disntintivo blanquiazul. Estará con la puerta cerrada y por eso no se entera que el partido se le está desmoronando.

Dicen que cuando Nerón incendió Roma se fue a los límites de la ciudad a ver como las flamas consumían los edificios mientras él tocaba la lira. Era como si contemplara la belleza de la destrucción que había causado y se extasiara en ello. Luego, lloraría. Pero, mientras tanto, disfrutaba al ver como todo se reducía a cenizas. 

La salida de Margarita Zavala no es el cerillo que inició el incendio panista. De hecho, muchos panistas de cepa creen que el círculo al que ella pertenece capturó al partido y que su salida es liberadora. No obstante, escuchar que otros panistas se sienten apartados por su líder, ya empieza a preocupar.

En la última elección, cuando Felipe Calderón era presidente en funciones, el PAN cayó a ser la tercera fuerza política después de haber ganado la elección. El partido sufrió un golpe durísimo, pero aun no veiamos lo peor. Después vinieron los dimes, diretes, promesas, traiciones, juegos de sillas y todas las maravillas que les conocimos una vez que volvieron a meter al PRI a Los Pinos.

La renuncia de Margarita Zavala lastima al panismo porque la intención de voto se divide. Hay quienes dicen que esto ayuda al PRI y otros piensan que López Obrador se muere de risa. Lo que es un misterio es lo que piensa Ricardo Anaya. Ni sus propios compañeros de partido lo saben.

En fin, no nos queda más que imaginarnos la soledad profunda en la que está Ricardo Anaya. Pero, tal vez sea una fantasía, tal vez esté mas y mejor acompañado de lo que creemos. Lo malo es que sólo él lo sabe.

Cuando los problemas no se atienden a tiempo

Cuando los problemas no se atienden a tiempo, se solucionan sólos. Claro, la solución no es la óptima. Eso es la evidencia de la incapacidad de quienes deben administrar un problema y gestionar un camino que lleve a una respuesta de arreglo. Pero, cuando el gato se queda pasmado, el raton hace fiesta, se burla, llega al lugar principal, se sienta en la cabecera, se come el banquete y le provoca dolor de estómago y nauseas a todo el mundo.

Miren al Presidente de los Estados Unidos, un ratón gordo, torpe y viejo que corrió frente al gato republicano que no lo supo parar a tiempo, que no detuvo su marcha —sea porque lo desestimó o porque no supo pararlo— y ahora vemos a un perfecto incapaz que no sabe gestionar emergencias. No sabe que hacer frente a una crisis natural, insulta a los damnificados de Puerto Rico, les dice que salen muy caros; en Las Vegas se niega a hablar de la regulación de la poseción de armas; expulsa a los dreamers, se obsesiona con el Obamacare, propone muros, acaba con tratados y no sabe que hacer con la amenaza nuclear de un asiático. El mundo no deja de preguntarse cómo fue que este hombre llegó ahí. Facil, nadie hizo el trabajo de pararlo a tiempo.

Algo similar sucede con la crisis catalana. Puigdemont corrió alegremente con un discurso populista, patriotero y agresivo, mientras Mariano Rajoy lo veía crecer sin hacer nada. Pudo orientarse al diálogo, no lo hizo. Pudo haberlo mandado detener porque estaba convocando a la ilegalidad y perpetrando alta traición, tampoco lo hizo. Dejó que el vaso se llenara a tal nivel que se desbordó. Corrió sangre. Se fisuró el Estado Español. Perdieron todos. El Rey intervino tarde. Pudo haberse pronunciado antes. Perdió esa oportunidad.

Ahora, tenemos a un par de ratones responsables de crisis que traspasan los límites de sus fronteras. El daño que causa Trump alcanza a propios y a extraños. Sus estragos son de amplio espectro y de largo plazo. Nos parece una eternidad el momento en que lo saquen de la Casa Blanca. Lo de Puigdemont apenas empieza y ya tiene a los europeos con la preocupación a tope. El mundo mira a estos sujetos y no logra entender cómo es que llegaron a donde están y se pregunta cuándo se van a aplacar. Pero, la pregunta principal es: ¿por qué no los pararon a tiempo?

La consecuencia es terrible: los muertos, los heridos no son escenografía. Me imgaino lo que pensarán estos dos ratones que estan sentados en la cabecera. Por las caras que se les ve, no están disfrutando el banquete. Parece que a ellos también les duele la panza. Pero ninguno de los dos sabe como parar, no entienden como bajarse del problema que causaron. Lo malo es que nadie quiere agarrarlos de las orejas, darles una sacudida de nalgadas y ponerlos a reflexionar en un rincón.

Ojalá alguien se atreviera. 

Pudiendo haber hecho las cosas bien, miren a Cataluña

Ver las noticias de lo que sucede en Cataluña me deja confundida. La sinrazón se corona y se sienta el el puesto principal como protagonista de la escena. Una votación que no cumple con los requisitos de la legalidad, que se hizo contra viento y marea, que tuvo tanta prisa que desembocó en una especie de golpe de estado, un evento mal organizado, un dado cargado en el que no hubo manera de controlar los votos, ni de legitimarlos, ni de comprobar si el resultado atiende a la voz del pueblo o a la conveniencia de alguien más. 

La desorganización se transmite en tiempo real. A la distancia, tan lejos de la península, sin intereses a favor o en contra, con la mayor objetividad, veo que todo eso es un sinsentido cruel y absurdo. Los Mossos, la policía que debe guardar el orden y salvaguardar la seguridad contemplan el desastre sin apenas moverse. Ven como los policías federales salen heridos y no hacen nada. Apenas hace unos meses, estaban trabajando mano a mano en el atentado de Las Ramblas y ahora hay más de trescientos heridos. Eso, por donde se vea, es un desastre.

No entiendo por qué Cataluña tiene que padecer está corredera de sangre. Si hubieran hecho las cosas bien, como ha sucedido en otras partes del mundo —Escocia, por ejemplo—,  la víspera hubiera sido tomada como tiempo de reflexión y hoy los habitantes de esa región de la península ibérica habrían conseguido, civilizadamente el resultado que buscan: una respuesta. No obstante, tiene gente lastimada y hay una fisura entre la gente que sólo el cielo podrá resolver. 

Pero, pudiendo hacer las cosas bien, tomaron una opción equivocada. Lo digo porque hay mucha gente lastimada, porque no hay forma de legitimar sangre derramada, porque no existió la seriedad de una urna transparente, porque los colegios electorales no se constituyeron adecuadamente, porque no hubo control de los votantes y por la principal razón: porque la votación es ilegal. Así, en vez de encontrar la simpatía mundial, se quedan solos: Europa no apoya este referéndum, ni Estados Unidos, ni la ONU, ni el concierto de naciones que habita el mundo. No entre ellos mismos hay consenso.

Se quiso transmitir en tiempo real el conteo de votos de una de estas urnas, que seguramente venía embarazadísima. De repente, entre forcejeos y tropezones, la urna cayó y las papeletas con los votos rodaron por el suelo. No es metáfora, sucedió y sirve para ejemplificar lo que pasó este primero de octubre en Cataluña. En un movimiento de todos pierden, de esos que nos dicen en la escuela que no debemos hacer, pierde Rajoy, pierde Puigdemont, pierden los Mossos —bonita imagen la que dieron al mundo—, pierden los heridos, pierde Cataluña. ¿Quién ganó? 

Pierden identidad. Hablar de los catalanes hoy es cosa de locos, nade sabe lo que es eso. Esta coyuntura los llevó al extremo de la intolerancia. Intoxicados por lo catalán, ya no se sabe lo qué es eso. Serrat, Marsé, Montero y muchos ideólogos de izquierda fueron catalogados como anarquistas —y catalogarlos de anarquistas ya lleva su cuota de exceso e ignorancia—, por el hecho de manifestar su desacuerdo con el referéndum.

En Europa, ya va a caer la tarde y lo que debio de ser un día para conocer la voluntad de los que viven en Cataluña se convirtió en una demostración de daño, de heridos, de complacencias, de complicidades, de sorderas, de sangre que mancha a unos y a otros. Ahora, ¿qué sigue?

La estupefacción en Puerto Rico

En Puerto Rico se va de la inquietud a la incredulidad. Esto de ser un Estado Libre Asociado los deja con una brecha de identidad terrible. Situados en el medio de ser o no ser parte de la nación más poderosa del mundo, con algo que no se entiende muy bien como la definición de ser un territorio con autogobierno cuyos habitantes viajan al extranjero con pasaporte estadounidense, viven hoy uno de los abandonados más graves de la Historia.

Desde Washington, se les percibe lejos. Son una isla rodeada de agua, dijo el Presidente Trump mostrando los niveles de sabiduría que siempre le han caracterizado, pero dando cuenta de la gran grieta que separa a los habitantes de la Casa Blanca y a los puertorriqueños que hoy parecen mas latinos que otra cosa. Por allá, no les gusta el acento en español y se les olvida que Puerto Rico  forma parte de la nación. Qué los ayuden los que están cerca. 

Tan distantes son percibidos que si un huracán los devasta, no encuentran forma de auxiliarlos rápidamente. Han de creer que, como están tan cerca de Haití y de Dominicana, son más hermanos de estos que de aquellos. Puerto Rico se ve tan fuera de la mirada estadounidense, tan poco enfocada por la gente en Washington, tan apartado de Capitol Hill, tan separados de su madre patria continental que los dejan a su suerte mientras se entretienen con temas deportivos que les resultan más urgentes.

¡Qué desilusión deben sentir en Puerto Rico! Borinquen, la tierra del Edén, la Preciosa te llaman los bardos que cantan tu historia. No importa el tirano te trate con negra maldad. Nunca la música pudo encontrar mejores palabras para expresar el sentir isleño. Porque, como cantan en el Caribe, como los propios puerto riqueños sienten en la letra de su segundo himno: Porque ahora es que comprendo, Porque ahora es que comprendo,Que aunque pase lo que pase, Yo serepuertorriqueño, Yo seré puertorriqueño, Por donde quiera que ande, ooohhh,Por que lo llevo en la sangre, Por herencia de mis padres,Y con orgullo repito:Yo te quiero Puerto Rico…Yo te quiero PuertoRico,  Y por eso es que me nace hoy, Dedicarle este canto, A ese noble jibarito Raphael, Y a mi isla del encanto.

Pero, en el lejano continente esos ritmos no resuenan ni significan gran cosa. Es muy triste ver como los latinos nos condolemos con la angustia hermana, mientras la tierra que les da nacionalidad los ignora desde una posición en la que se deshonra un compromiso. Duele ver al gobernador pidiendo ayuda, indigna ver a la alcaldesa de San Juan suplicando atención y atestiguar como la que ellos pensaron que seria su patria, hoy les voltea la cara y los deja a su suerte.


 

Permisos de construcción

Por un tiempo, los permisos de construcción en lo que fue el Distrito Federal estaban restringidos. Después del terremoto de 1985, se hicieron intentos serios de desconcentrar la ciudad más grande del mundo. Se buscó dar oportunidades a las personas para ir a vivir a otros lugares y construir en el área metropolitana no era fácil. Fueron los años en los que la periferia se desarrolló y lugares como Ecatepec y Ciudad Neza crecieron en densidad demográfica.

Pero, llegó López Obrador a la Jefatura de Gobierno y la cosa cambió. Los gobiernos perredistas se dieron cuenta del gran negocio que representaba eso de dar permiso a las constructoras y se abrió la puerta que antes se había cerrado. De repente, las colonias se transformaron: las casas se demolían para construir edificios con microdepartamentos que más que viviendas, parecen cajitas de cerillos.

Nada interesó que el agua fuera a escasear, que no hubiera suficientes servicios, que las aglomeraciones y el tráfico se fueran a multiplicar. Lo importante era llenar las arcas con billetes contantes y sonantes. El paisaje incorporó maquinaria, grúas, manos de chango y la industria de la construcción floreció. Los edificios se multiplicaban como una plaga de langostas y la composición urbana se modificó.

Los gobiernos de la Ciudad de México desde el año 2000 hicieron de la legislación de uso de suelo la mejor mina de oro. Por un lado, los permisos para construir se repartían como si fueran indulgencias en la Edad Media, o se vendían o se otorgaban a quien mejor le convenía a los gobernantes. Las clausuras se daban a pequeños negocios que no tenían proximidad con algún influyente.

En el desorden se forjó el caos que representa la vida en la Ciudad  de México. Improvisaciones, construcciones, influyentismo, bicicletas, peatones, automóviles, trailers, máquinas, todos luchando por un espacio, mientras la luz, agua, drenaje, gas, recolección de basura se vuelven bienes escasos, caros e ineficientes. Tuvimos que aprender a lidiar con hoyos, baches, socavones, llantas ponchadas, aglomeraciones, tráfico, estrés, contaminación, contingencias. No son modos de vivir.

¿Y si aprovecháramos esta oportunidad para reflexionar? Tal vez, el sismo de este diecinueve de septiembre nos lleve a pensar que tantas construcciones en un suelo tan movedizo no es buena idea. Quizás podamos pensar que tantos departamentos no son lo mejor porque no tendrán los servicios necesarios para vivir adecuadamente. En 1985, se pusieron parques memoriales donde antes hubieron edificios caídos. Pero, desaparecieron para dar lugar a nuevos edificios, con espacios más pequeños y hacinados. ¿Y si volvieramos a hacer parques memoriales?

¿Y si aprovechamos la oportunidad para reflexionar sobre la ciudad en la que queremos habitar? ¿Y si las autoridades tuvieran el honor y la consciencia de dejar de firmar permisos de construcción y pensaran más en los habitantes que en sus bolsillos?

 

 

Expulsar diplomáticos

Parece que España resuena al mismo ritmo diplomático que México. Allá, igual que aquí, declararon al Embajador de Corea del Norte persona non grata, es decir, ya no es bienvenido en tierras nacionales. En diplomacia, cuando un extranjero es catalogado así, la persona está impedida de seguir en ese territorio. Es la calidad de censura más seria que cualquier nación le puede dar a un individuo, es la sanción máxima que un extranjero se puede ganar. Como la acción de la diplomacia es tender puentes de entendimiento, este tipo de acciones son muy raras. Por eso, en México nos resultó muy extraño ver que se hiciera uso de semejante recurso. Nos sorprende más, dada la tradición de relaciones exteriores de nuestro país.

La explicación no nos convenció del todo. Aparentemente, tanto en España como en México no se ve con buenos ojos el avance militar y los estallamientos de bombas. Si Corea del Norte está haciendo pruebas nucleares, una cosa es reprobar la práctica y otra muy diferente es correr al embajador. Por supuesto, se abre una ventana de sospecha que nos pica la curiosidad. Más aún, cuando España hace lo mismo. ¿Pues, qué andarían habiendo estos señores? ¿Estarán involucrados en prácticas reprobables en territorio nacional?

Extraña porque sólo México y luego España han expulsado al embajador de este país. ¿Será que vamos a la vanguardia de una fila de paises que harán lo mismo? Ni Macron ni Merkel han hecho ecos y de Trump, mejor ni hablamos. El presidente de Estados Unidos se la pasa graznando amenazas terribles y en Asia ya nadie le cree nada. Pero, ni los estadounidenses que han sido foco de burla constante, se han puesto tan delicados. 

Me pregunto que habrán estado haciendo estos sujetos.

#micasaessucasa

#micasaessucasa es un grito de angustia frente a la vulnerabilidad que sentimos y al estado de indefensión en que nos encontramos. No se trata de un muro de cristal, ojalá eso fuera, es la vida que se nos va del cuerpo porque nos están matando ante la indiferencia de quienes nos rodean. Mara Castillo se convertirá en una razón más para gritar pidiendo ayuda, pero de nada servirá si la olvidamos como lo hemos hecho con tantas otras. 

Por eso, en un gesto de soidaridad, estudiantes, activistas, organizaciones sociales y mujeres marcharon en la Ciudad de México, en Puebla, en Jalisco, en Veracruz, en Coahuila para gritar que no queremos una muerta más, un feminicidio más. Estamos asustadas, tenemos miedo de ser las próximas, sentimos pánicompor nuestros cariños. Esta no es una forma de vivir. ¿Tenemos que estar encerradas, atrás de la puerta?

El caso de Mara Castillo me duele porque soy mujer, soy madre y me imagino que cualquiera de mis alumnas pudo haber estado en esta situación, mientras en su casa estaban tranquilos porque ella iba a regresar a casa con un medio seguro y, miren nada más lo que sucedió. Es tan fácil romper una vida por puro gusto, por la facilidad que da violar a una mujer, matarla y seguir caminando como si nada. 

Nos tenemos que cuidar entre nosotras, tenemos que formar una red de apoyo. Parece que andar solas es un delito y que salir a divertirse es sinónimo de pena de muerte. Escandalizarse sirve tan poco, sirve de nada. Mejor manos a la obra. Madres e hijas tenemos que estar en comunicación, saber en dónde andamos. Amigas debemos vigilarnos, conocer nuestras rutas y destinos, monitorearnos para cuidarnos y apoyarnos. No podemos olvidar o subestimar lo que está sucediendo.

No sé lo que dirán las autoridades, pero la impunidad corre alegremente mientras nuestras mujeres caen muertas. Vamos a ver. Por lo pronto, tenemos que activar nuestras redes de contacto y ponernos alerta. Si algo suena mal, si el institnto te manda una alerta, hazle caso y avisa. Huye. Evita el riesgo. Más vale que nos digan locas, histéricas, payasas, exageradas que muertas. 

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