Claridad

Pedir claridad en el último día del año me parece una petición. Especialmente ahora que resulta tan complicado entender al mundo. Si el populismo avanza, si el,egoísmo atrapa, si cada vez hay más gente que se siente sola, hay algo que no está conectándose como debería.

La claridad que pido es esa luz que me permita ver con precisión, que me revele lo evidente en mí y en mi entorno, que me permita valorar lo que hice en este año que termina y me lleve a elegir los pasos adecuado para llegar al lugar que anhelo.

Pero, para saber qué rumbo debo tomar, primero debo saber a dónde quiero llegar. Es entender que la pureza de los deseos vienen acompañados con pequeñas y grandes imperfecciones. Eso significa ser Humano.

Claridad, según Descartes, es percibir la verdad y entenderla. Es el conocimiento de los hechos presentes, en persona que llegan a nuestra mente. Es la luz que nos toca el corazón y lo abre al entendimiento.

Pedir claridad para dimensionar lo que hicimos y lo que queremos hacer nos impulsa a la acción verdadera y nos enseña a ser felices. Ser claro consiste en ser entendible en la expresión de las ideas de forma tal, que se pueda acceder al contenido de forma fácil de comprender, independientemente del tema que abordemos. Claridad es nitidez, es limpieza, es ser asertivos, es de dejar de dar rodeos. Es trazar una linea recta para lograr lo que queremos.

Es, sobretodo, descubrir la forma de ser fieles a nosotros mismos.

A mis lectores queridos les deseo lo que quiero para mí: claridad en 2019.

Feliz año.

Coronago, Puebla

Hasta hace unos cuantos días, muchos no sabríamos dónde se localiza Cornonago. Sin embargo, en un momento se convirtió en el foco de atención nacional y puede representar el lugar donde se gestó la primera crisis política del gobierno de López Obrador.

Tal como lo declaró Miguel Barbosa, candidato perdedor de la gubernatura de Puebla frente a Martha Erika Alonso, estos son días de expresar solidaridad frente a la pena de la gobernadora de Puebla que murió en un extraño accidente aéreo con su esposo, el senador Rafael Moreno Valle.

Tristemente, las condiciones tan delicadas nos están dando muestras de que además de solidaridad y fraternidad hay necesidad de cuidado político. En los funerales de la gobernadora Alonso y del senador Moreno Valle, le gritaron ¡asesina! A la Secretaria de Gobernación y a la Jefa de Gobierno que pertenecen al mismo partido del perdedor Barbosa y del Presidente de la República.

Ahora, los morenistas se lamentan de haber tenido una actitud rijosa frente a Enrique Peña Nieto al haber contado hasta cuarenta y tres, como reclamando el asunto de los normalistas de Ayotzinapa. Hasta donde entiendo, Peña no desapareció a los muchachos pero la cuenta que quedó pendiente fue la de una investigación que dio explicaciones apresuradas, versiones oficiales inverosímiles y justificaciones facilonas. López Obrador tiene frente a sí un reto de semejantes dimensiones.

Por lo pronto, sabemos que el helicóptero estaba en buenas condiciones, que el piloto era competente y que no hay indicios de explosivos. ¿Entonces, qué pasó? Es preciso clarificar los sucesos antes de buscar sustitutos para la gobernadora. La operación debe ser quirúrgica ya que Martha Erika era una gobernadora de oposición que ejercería rodeada de morenistas. Esto, a querer o no, incita a suspicacias y a sospechas hasta al mejor intencionado.

Los integrantes de Morena deben hacer uso de la prudencia que aquí va aparejada con la inteligencia. El enfrentamiento debe parar ya. Elegir un interino morenista puede generar enconos que tengan repercusiones a nivel nacional.

En Coronago, Puebla se originó una tragedia tristísima que nos invita a pensar en que virtudes como la fraternidad son un buen comienzo para abordar esta crisis.

Feliz Navidad

De un tiempo acá, desear una feliz Navidad se ha convertido en una rareza. Decimos felices fiestas por dos razones, por tratar de ser incluyentes y de no ofender a quienes no festejan el nacimiento del niño Dios. También tiene un afán de economizar fiestas y de abarcar todo desde Januka hasta el año nuevo y la Epifanía. Sin embargo, en ese afán hemos extraviado el camino. Por tratar de meter todo en la misma cazuela, terminamos festejando el clima y las fiestas decembrinas acaban siendo una celebración al frío, a la nieve, al hielo al pronóstico del tiempo y dejamos de lado la razón que muchos tenemos para esperar la Nochebuena y celebrar el 25 de diciembre.

Por eso, hoy desear Feliz Navidad se convierte en algo importante. No veo como alguien pueda sentirse apartado por un buen deseo y los cristianos necesitamos recordar que nuestra fiesta tiene un significado profundo y bello que se ha empezado a olvidar incluso entre quienes profesamos esta creencia.

Desear feliz Navidad es compartir con propios y extraños la fe, la esperanza y el amor que se irradia en el pesebre. Es conmemorar la llegada de quien para nosotros representa al Salvador, de quien nos trajo un mensaje diferente que habla de humildad, de valores, de ánimo, consuelo, cariño y verdad. Es relevante hablar de las cosas por su nombre y designar lo que es importante con todas sus letras.

Por eso, hoy a todos los que me leen, les deseo una feliz Navidad. Que esta noche esté llena de risas, buenos deseos, abrazos, amor y esperanza. Que el significado que Dios niño nos dejó en el pesebre, junto a sus padres nos sirva de inspiración y nos ayude a caminar por un sendero de bien.

Desear feliz Navidad es pensar en los cristianos que viven en Belén y cuidan la basílica de la Natividad. Es encomendar a todos aquellos que por distintas circunstancias estarán solos, angustiados, tristes. Es querer que la gente crea en la ruta de la estrella que dirigió a los Magos que pudieron llegar a ver a Dios.

Por eso mismo, ¡Feliz Navidad!

Los primeros elegidos

En la víspera de la Nochebuena, mientras muchos piensan en envolver regalos, en preparar la cena de Navidad, en recibir a los que vendrán de lejos, hay familias que están tristes. Son los primeros en ser elegidos por la administración lopezobradorista para dejar de pertenecer al sector público. Les dan las gracias y los mandan a sus casas a vivir las fiestas en el desempleo. Cuando les preguntan a Tatiana Clouthier y a Mario Delgado, en vez de hacerse cargo, dicen que le pregunten a Peña.

¿Será que no entienden que ya son ellos los que están al frente y que Enrique Peña ya es Historia?

Me da una pena terrible, muchos funcionarios del SAT que se quedaron sin empleo votaron por López Obrador y hoy están en su casa sentados frentes a sus familias sin saber cómo le harán el próximo para salir adelante. Es verdad, la burocracia es así, cada sexenio hay cambios y cada nueve presidente llega con su propio equipo. Sin embargo, ellos creyeron que eso sería cosa del pasado y que su trabajo estaría respaldado por su trabajo, por sus resultados y por su desempeño.

No fue así.

López Obrador recibió un Sistema de Administración Tributario eficiente y se le premia con una serie de despidos masivos. Es por austeridad, es para evitar la duplicidad de funciones. No podemos ser ingenuos, López Obrador prometió adelgazar el sistema burocrático. Cree, como lo creemos muchos, que un aparato más delgado es más ágil y eficiente. Eso, ni hablar. Sin embargo, lo que a mí me resulta despreciable es que muchos de los que hoy sí tiene trabajo y responsabilidad se quieran lavar las manos. ¿Cuánto hace falta para que se den cuenta de que son ellos los que están al frente y los que mueven los hilos?

Los primeros elegidos ya pasaron por el rasero lopezobradorista. Y, en medio de todo este tono festivo por la Navidad, hay familias preocupadas a las que el desconsuelo les habita el alma.

El día que Denise Dresser se fue de bruces

Leo Zuckerman tiene un programa de debate que se llama La hora de opinar. Tiene invitados con los que busca armar un programa que busca nutrirse de diferentes puntos de vista. A veces, como suele suceder en este tipo de formatos, los invitados se exasperan, se arrebatan la palabra, discuten al mismo tiempo y el espectador pierde porque no entiende nada.

Es un buen programa y Zuckerman a tenido el buen tino de incluir a voces jóvenes para darles la oportunidad de ponerlos a cuadro. El jueguito es algo perverso, debo decirlo, porque pone a debatir a viejos buitres con avechuchos que acaban de romper el cascarón. Ser viejo no debiera ser un defecto, pero lo es o así se percibe, más en este mundo en el que los millennials se sienten los verdaderos forever young y peor si quien es viejo es una mujer, ni modo así son las cosas; ser joven tampoco es una virtud en sí misma, sin embargo, serlo tampoco es sinónimo de ser estúpido o ignorante. Insisto en que el juego es perverso y adquiere peores tintes cuando los participantes ponen en la mesa sus kilos de arrogancia.

Para muestra un botón. Ya tenemos tiempo viendo a Denise Dresser compartir mesa de debate con Gibrán Ramírez. Las diferencias entre ambos son evidentes a primera vista. No obstante, si algo los hermana es que la humildad no es una virtud que tengan a flor de piel. La cosa se recrudece cuando el joven Ramírez presume la felicidad de haber apoyado la cuarta transformación y se asume como parte del triunfo frente a las experimentadas razones de los otros experimentadísimos expertos que comparten esta mesa de debate, entre los cuales se encuentra Denise Dresser.

Entiendo la desesperación de Denise Dresser al observar a Ramírez, al que seguramente ve como a alguno de sus alumnos, al que seguro juzga que le falta experiencia, lectura, tamaño, conocimiento, vocabulario y mucho más para sentarse con ella a debatir. En síntesis, hace evidente que no ve a su compañero de mesa a la altura para polemizar con ella.

Debo decir que ninguno de los dos resulta simpático, pues los dos se perchan en el columpio de la arrogancia.

Está claro que cuando alguien no tiene argumentos, da golpes bajos. Está claro, también que dar golpes bajos habla de una cortedad de miras pues evidencias que estas fuera del terreno de juego. Denise Dresser se evidenció en la peor forma. Planeó un golpe bajo, llevó un libro para regalarle a Ramírez —lo que pudo ser un gesto hermoso— pero lo hizo con un dejo de desprecio, como si se lo estuviera dando a un caracol que oliera a humedad. Gibrán Ramírez no se lo aceptó y brincó ofendido. Leo Zuckerman tuvo que entrar al quite para distender la mesa de debate. Elogió el libro que se quedó solo en la mesa. Denise sonreía divertida.

Si Gibrán hubiera tenido un poco más largos los colmillos, hubiera aprovechado la oportunidad para evidenciar la pobreza de la Doctora Dresser. Pero, se enojó. La tenía colocada para hacerla polvo por lo pobre de su argumento. Parece que no hizo falta, el tropiezo lo notamos todos. Ahora, Denise Dresser, por su propia boca, se proclama vieja y poco experimentada. Escupió al cielo y sintió como se le ensució la cara con su propio veneno.

Por supuesto, las redes son implacables. La denominan la esposa de Chabelo. La inmortal Denise Dresser, la única que pueden opinar ya que ella estuvo ahí. Pobre, ya hasta siento un poco de ternura por ella. La imagino sentada en una mecedora, acariciando el libro que le despreciaron, confundida sin saber cómo le hizo para caer tan bajo. De los peores tropezones que una mujer puede dar es de aquellos en los que se dejan ver las costuras. El otro día, con Zuckerman, nos enseñó las puntadas y nos dejó ver demás. Nos mostró de qué está hecha.

Nican Mopohua

Acepté la sugerencia de Bernardo Barranco y me puse a leer el Nican Mopohua. La invitación a la lectura es pertinente en estas fechas ya que el texto narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego. Con independencia de la fe que se profese o del fervor —o la falta de devoción—, el texto vale la pena de ser leído por su calidad literaria.

Guadalupe es una seña de identidad mexicana, es una devoción que crece como un manantial insaciable. He conocido ateos guadalupanos, judíos que aman a la gudalupana, extranjeros que vienen a México con la única intención de acercarse al Tepeyac. La imagen de Santa María de Guadalupe se encuentra desde Canadá hasta la Patagonia y en tantas partes del mundo como en la Praga que tiene un porcentaje de creyentes muy bajo, en París cuya imagen es la más visitada en Montmatre, en Madrid y Cadiz, en Palos de la Frontera, en Lourdes y en Fátima. La Villa es el templo católico más visitado del mundo, sí más que San Pedro en el Vaticano y más que el Santo Sepulcro en Jerusalén.

Enfrentarse al Nican Mopahua es estar delante a un texto amoroso que despierta la ternura. El uso de la palabra es suave y muestra un cariño entre quien escribe y la historia que narra.

Antonio Valeriano inicia el texto con las palabras en náhuatl nican mopahua, aquí sucedió y es parte de un texto más amplio el Huei tlamahuitoça que quiere decir El Gran Suceso. El título de esta obra en realidad es Huei tlamahuizoltica omonexiti in ilhuícac tlatohcacihuapilli Santa María Totlazonantzin Guadalupe in nican huei altepenáhuac México itocayocan Tepeyácac (en náhuatl, “Por un gran milagro apareció la reina celestial, nuestra preciosa madre Santa María de Guadalupe, cerca del gran atépetl de México, ahí donde llaman Tepeyacac“).

El texto que leí estaba escrito en español junto a la versión del náhuatl. El cuidado de las palabras, los diminutivos, el tono cariñoso con el que la Madre de Dios se dirige al indio Juan Diego es de un grado de hermosura que llama la atención. El autor describe el escenario con una economía de palabras muy bien lograda. En unas cuantas páginas nos da cuenta del milagro guadalupano en forma tierna, hasta candorosa que despierta admiración y recogimiento.

Antonio Valeriano emociona y logra la mística entre autor y lector. Enciende la chispa que recogió del testimonio del propio Juan Diego y nos muestra la relación que se forjó entre Guadalupe y su mensajero. La Virgen se dirige de esta forma:

“Mi hijito menor, estas diversas flores son la señal que le llevarás al obispo” (137)

Y el propio Juan Diego le habla a la madre de Dios así:

“Mi jovencita, hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá estés contenta.” (110)

El texto no sólo recoge las hermosas palabras de un par de seres que se tienen un trato cariñoso, sino las andanzas del indito —la palabra se plasma tal cual en el texto—desde Cuautitlán a la Ciudad de México, de Tlatilolco al Tepeyac. Se percibe el temor de Juan Diego para ir a ver a Fray Juan de Zumarraga, obispo de la Nueva España, la enfermedad del tío Bernardino y su vuelta a la salud. Nos cuenta las peripecias de Juan Diego para convencer al obispo para edificarle una casita a la Virgen María, madre de Dios.

Conocemos las apariciones de la Virgen y recogemos las palabras que hoy consuelan a todos los que somos guadalupanos:

“Que no se preocupe tu corazón, tu rostro. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y mi resguardo? ¿No soy yo la fue te de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?” (119)

Conocer la historia tan conocida desde el texto que recogió de los protagonistas la anécdota tiene un efecto que entra derechito al corazón. El texto tiene treinta y cinco páginas, incluida la introducción. Es de fácil acceso, se baja gratis en Internet. Su lectura es un gozo para quienes amamos a Guadalupe y nos encomendamos a ella. Es un escrito dividido en 218 estrofas y concluye con la certeza de que ningún hombre pintó la amada imagen.

Vale la pena leer el Nican Mopahua por el valor del texto en sí mismo. Vale para los que le tenemos amor a las letras y para quienes somos guadalupanos de todo corazón.

Sobre el Brexit

En la fotografía aparece una mujer con la cabeza cubierta por un pañuelo, se asoman las canas del nacimiento del pelo, tiene la frente arrugada, con la expresión permanentemente fruncida, los ojos parecen dos hoyos negros que se confunden con las cejas. No se ven más partes del rostro porque las cubre un letrero que dice Save Brexit. LEAVEMEANSLEAVE.EU que sos tiene con manos enguantadas junto a una bandera de Gran Bretaña.

El pueblo sabio británico quiere irse y no se pone a considerar todo lo que eso les puede costar. ¿Por qué? La libra va en picada perdiendo valor frente al dólar y, por supuesto, frente al euro. La primera ministra se rehusa a convocar a un nuevo referéndum —que muchos esperan, sea lo que de reversa al Brexit— diciendo que de esa manera se va a dividir más a la gente.

Y, el cartel que sostiene la anciana nos da muestras de que hay gente que quiere deshacer los vínculos estrechos entre los pueblos europeos. A lo lejos, uno se pregunta por las razones que tienen los ingleses para balancearse un pie. Mientras Theresa May declara que no busca frenar el Brexit y se negocia por debajo de la mesa por un nuevo referéndum, el valor de la libra esterlina empieza a crujir y a dar signos que son poco alentadores.

Al ver los ojos en esa imagen, al centrarme en esta anciana que pese al frío, sale a manifestarse frente al Parlamente británico, me gustaría entender sus razones, saber que la mueve a separarse, a exigir una salida que, desde el otro lado del océano parece muy mala. Me encantaría escucharla y decirle que la moneda de su país está depreciándose y explicarle que eso no será bueno para ella.

Me gustaría hablar sobre el Brexit para entender lo que me resulta tan complicado, dadas las circunstancias.

Familias endeudadas

El tema de la economía familiar ha cambiado poco a lo largo de los años. Los extremos que hay en la recta de la distribución del ingreso no son nuevos. Por un lado, los que tienen de todo en exceso y por el otro los que no logran salir adelante con sus ingresos. El sistema de reparto de riquezas ha engendrado desigualdades desde que la Humanidad vive en sociedad. No hay novedad.

Desde Víctor Hugo hasta los chalecos amarillos, en Francia ha habido una especie de tolerancia tensa. Se aguanta y se aguanta con un estoicismo casi elegante hasta que la burbuja revienta en forma violenta y se arma la revolución. Pero, más allá de estos movimientos colectivos y multitudinarios, está la amargura de entender que el esfuerzo diario no alcanza.

Entonces, se recurre a la deuda. Desde la época victoriana hasta nuestros días, pedir prestado alivia una situación temporal, se atiende la emergencia en el presente y se posterga al porvenir. ¿Se vale? A veces, no hay de otra; pero otras se abusa del endeudamiento y se infla una pompa que llega a cubrirlo todo y que termina en una tragedia fatal. Eso le sucedió a la familia Shelley.

Percy se endeudó a niveles que Mary desconocía. Ella estaba concentrada en cuidar a su hija enferma que acababa de nacer. Por eso, aquella noche en que fueron expulsados de su casa y salieron a pedir posada en medio de la lluvia, le causó tanta sorpresa. No lo vio venir. Como Percy no se imaginó que endeudarse a tal nivel los dejaría en la calle, se llevaría la vida de su hija y sumiría a su mujer en una de las depresiones más tristes que puede haber.

Con este contexto, se entiende mejor a ese monstruo que salió de la mente atormentada de Mary Shelley. Pero, no todos contamos con una mente tan prodiga como para hacer de la tristeza y la desesperanza una obra literaria que se convierta en un clásico.

Es mejor hacer cuentas, entender que lo que entra debe ser mayor a lo que sale de nuestra cartera y así, en la medida de lo posible, acercarse a la deuda cuando sabemos que estaremos en condiciones de pagarla. Sé que en ocasiones, las circunstancias se salen de control. Basta leer Frankenstein para entenderlo.

Temporada de reuniones

Llegó diciembre y con el último mes del año, también llegan las reuniones. En esta temporada aprovechamos a reunirnos con gente con la que convivimos en el día a día o para ver a aquellos que sólo son amistades decembrinas —nada más nos vemos para cargar los peregrinos y… hasta el año que entra—. Cenas de compromiso, reuniones de trabajo, pachangas entre amigos, fiestas familiares, de todo hay.

Entre los brindis, los manteles largos, los villancicos, las luces del árbol de Navidad, el pesebre, los ponches, las burbujas hay algo que me llena de gusto. Muchos de los que nos reunimos lo hemos hecho por años y eso es un privilegio. Seguimos aquí. Claro, están los que se han ido, los que no quisieron estar, los que no pudieron venir, los que se alejaron y volvieron a aparecer y una que otra nueva adquisición. Pero, en general, seguimos siendo los mismos.

Será que diciembre nos plantea la tentación de olvidarnos de todos los propósitos que hicimos y no pudimos concretar. O, será que la dieta se esfuma ante tanta delicia. O, será que queremos ser más indulgentes y decidimos abrazarnos tal como llegamos. Ya vendrá enero para ponernos a dieta, ser prudentes y soñar con algo mejor. En diciembre nos damos la oportunidad de poner los pies en la tierra y aceptar lo que tenemos; nos dan lo mismo los cientos de urgencias y ponemos pausa para reunirnos y decir ¡salud! Que dicho sea de paso, es el mejor deseo que podemos expresar. O, será que diciembre nos vuelve más humanos.

En esta temporada de reuniones, nuestra parte social se engrandece y nos dejamos abrazar. Extendemos los brazos y acunamos a muchos, con ese gusto que da el hacerlo porque podemos. Entonces, aflojamos el cuerpo y nos permitimos caer a merced de la risa. Porque, al fin y al cabo, el año se está acabando. Ya llegará enero con su seriedad. Ya habrá momentos para hacer una pausa para ponernos a pensar.

Por lo pronto, la temporada de reuniones llega con ese aroma festivo que nos permite ser más divertidos, relajados, humanos y sobretodo, más felices.

Bajo las faldas de Claudia

Sí, la Ciudad de México amanece cada mañana con una Jefa de Gobierno. Es la primera mujer electa para gobernar la capital de la República. No es poca cosa. Claudia Sheinbaum toma las riendas y con un tono de voz tranquilo, con un lenguaje cuidadoso, con actitud femenina mete a veinte millones de habitantes bajo sus faldas. Así, sin decir agua va, le avisa a los granaderos que su corporación va a desaparecer y al estilo de su jefe, Andrés Manuel nos deja con los ojos redondos como plato.

En campaña, Claudia se forjó una imagen a la sombra de López Obrador. Nos dijo que es científica, tiene un doctorado en ingeniería energética, se asume de izquierda, sonríe con un dejo de timidez y a diferencia del Presidente, se nota que hace un gran esfuerzo por gritar consignas.

Me gusta su forma cautelosa que huye de las promesas grandilocuentes, me gusta la austeridad que dice abrazar y que sea ella la que escribe sus discursos —o eso dice—, se viste en forma sencilla: sus pantalones caqui, su blusa blanca, su mascada amarrada al cuello es el conjunto de todos los días que casi parece un uniforme.

Me irrita que una científica tenga argumentos tan endebles para explicar sus acciones. Dijo que desaparece a los granaderos porque se lo pidieron los estudiantes del 68. ¿Qué son esas ocurrencias? Un científico observa, analiza, comprueba, tiende escenarios y toma decisiones sustentadas en los resultados esperados que salieron del análisis y la observación.

¿Será que la Jefa de Gobierno no ha visto cómo los manifestantes rompen vidrios, lanzan bombas molotov, incendian autos? ¿Nadie le dijo lo que pasa en los partidos de futbol con las barras? ¿No se enteró que hubo quien le prendió fuego a la Puerta Mariana de Palacio Nacional? O, ¿será que esta mujer trae compromisos pasados o que su propio pasado la determina? Hay muchas preguntas que se responderán observando.

El reto que se plantea es tan grande como la extensión de la Ciudad de México y la población de veinte millones que habitamos aquí. No todos estudiamos en el sesenta y ocho —la mayoría de los que vivimos aquí no pertenecemos a ese grupo—, necesitamos una Jefa de Gobierno que se deje de romanticismos y se ponga a la altura de la encomienda. En esta ciudad hay muchos problemas y el principal es la seguridad. ¿Así lo piensa combatir?

Es bueno que quien dirige la Ciudad de México sea una mujer, que Claudia haya roto ese techo de cristal, pero la cuota femenina da poco combustible. Ser mujer no es un atributo que la vaya a llevar lejos si no da elementos que demuestren que es competente y que sirvan para evaluar su desempeño.

Por lo pronto, aparentemente sin granaderos, amaneceremos bajo las faldas de Claudia en esta ciudad hermosa y complicada.

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