Saltos para atrás

Soy de la generación que vio caer el muro de Berlín, de aquellos que nacimos en un mundo dividido por la lateralidad que alguien determinó como derecha e izquierda, de cortinas de hierro que impedían ver lo que sucedía del otro lado. Soy de la generación que derribó esas barreras y vivió la sorpresa de descubrir lo que pasaba más allá de nuestras fronteras y se maravilló al encontrar lo que exisitía oculto a nuestros ojos. Soy de la generación que se emocionó al ver como familias que   vivieron divididas por años, se abrazaron con la gratitud de ver que sus plegarias fueron escuchadas.

La generación anterior vivió la cicatriz de las guerras, la orfandad que ocasionó el campo de batalla, la tristeza de haber recibido una bandera y una caja con un cuerpo, en vez del hijo que vieron partir. La generación anterior celebró la vida y disfrutó la paz, pero vivió dividida. Muchos, buscaron refugio ante persecuciones religiosas y políticas y el asilo era una opción de rescate. Las fronteras delimitaron su perímetro de acción. El encierro les ayudó a manejar el dolor, a administrar las pérdidas y a olvidarpara seguir   andando. Pero, sólo los locos olvidan. 

Mi generación vivió en crisis permanenete. Nuestro vocabulario se adecuó a palabras como inflación, estanflación, alza de precios, tipo de cambio controlado, pactos económicos, corralitos, disminución del poder adquisitivo, control de cambios, precios regulados. Mi generación supo lo que era formarse horas y horas para conseguir una visa. Entendimos lo que era recibir como regalo un dulce hecho en otro país, sabíamos lo que era la fayuca y nos regodeabamos en el privilegio de cruzar fronteras.

La generación de mis padres y la mía luchamos por acabar con ese yugo fatal que significó que el dinero que se ganaba con esfuerzo se evaporara como por arte de magia. Nos convencimos de las bondades de un mundo plural, sin fronteras, con facilidad de tránsito para personas y mercancía. Nos revelamos en contra de las diferencias que dividen y decidimos por un mundo más global. Llegamos a la conclusión que la globalización no era perfecta ni nos daría el paraíso, pero era la mejor opción, dadas las circunstancias.

Es verdad, hubo voces que se opusieron. Qué caray, el libre comercio y el libre tránsito no eran acto de fe. Hoy, esas voces flamígeras, que gritaban a favor de los regionalismos, de marcar diferencias, de adorar nacionalismos, se dividen en dos. Los que, arrepentidos se dan cuenta de que despertaron a un monstruo y los que van montados en ese esperpento estridente que amenaza con separanos,  porque les es conveniente. Esas voces van a cambiar el mundo.

Después de este fin de semana, veo con tanto dolor que estamos dando saltos para atrás. Resulta que ahora en vez de derribar muros, los vamos a construir. Ahora, en vez de buscar las similitudes, vamos a pintar rayas a los diferentes. Hoy, en vez de reunirnos en torno a la mesa, vamos a separar familias. ¿Cómo se puede entender eso como progreso? 

Anuncios

Basura electoral

En México se producen diariamente ochenta y seis mil trescientos cuarenta y tres toneladas de basura, según reporta el INEGI. Estos significa que cada mexicano genera cada día setecientos setenta gramos de desperdicio y la cantidad va en aumento. El problema es grande ya que el ochenta y siete por ciento va a parar a tiraderos a cielo abierto y el trece por ciento restante llega a rellenos sanitarios que están casi saturados. Cada uno deberíamos tener conciencia y manejar prudentemente los deshechos, fomentar la cultura del reciclaje y poner los despojos en su lugar.

La basura es foco de infecciones y es uno de los principales elementos que afean los pueblos y ciudades de un país tan hermoso. Uno de los referentes de progreso o retraso en términos de civilización es el control de contaminantes. Plazas sucias, parques basurientos, esquinas con montones de despojos, vecinos que avientan sus cochinadas al patio ajeno, o que dejan bolsas llenas de desperdicios en la calle porque no han pasado a recolectar, son padecimientos de un país que no termina de florecer. Sí, el manejo y la educación con respecto a la basura es un reflejo de civilidad y progreso o, en sentido contrario, de la falta de respeto y consideracion que hacen lucir el retraso. 

Una comunidad sucia grita en silencio su rezago. En su pecado lleva la penitnecia. El que avienta mugre al ambiente, la termina respirando. El que tolera los montones de bolsas de basura en las calles, tiene que aguantar el mal olor, el zumbido de las moscas y se resigna a vivir en un espacio feo. No es un mal menor. Tener espacios bellos, cuidados, limpios es un signo democrático ya que beneficia a todos los habitantes por igual. Además, tener un lugar aseado es tan fácil como que cada quien se ocupe de no ensuciar.

Pero parece que nuestros políticos no son conscientes de este grave problema, entre otros. O, es posible, que en su gran soberbia, piensen que sus campañas y sus propagandas hermosean las ciudades. No. Sus bellas caras en pendones, en volantes, en espectaculares son elementos contaminantes. Todo el plástico que se usa para hacerlos vicia el panorama, lo hace feo. Ensucia ¿Por qué lo hacen?

Los ciudadanos tenemos que soportar caras con sonrisas falsas, promesas olvidables, peinados perfectos, caras estiradas, palabras necias. Literalmente, el dinero que invierten en tanto plástico, es basura. Los que idean estas campañas logran lo contrario de lo que pretenden, en vez de causar simpatía y generar interés que gane votos, logran encender el repudio de la gente. Nos martirizan con porquerías electorales y creen que con esa basura engañan a la gente. No, para nada.

Lo peor de todo es que cada uno de nosotros pagamos la producción de esa ponzoña. Pagamos con nuestro dinero y de muchas otras formas más: con padecimiento al ver como ensucian nuestros espacios, al ver postes retacados de imagenes que se quedarán ahí por años, porque nadie las quita. Me da risa ver como en Coyoacan todavía hay pendones que invitan a votar por Mauricio Toledo para jefe delegacional, y él ya ni siquiera está en el despacho. Pronto, sus nuevos pendones se mezclarán con los viejos, lo único que se reciclarán son las promesas olvidadas y los compromisos incumplidos.

¿Por qué no parar la producción de tanta basura? ¿Por qué no detener el desperdicio desde hoy?  Eso verdaderamente ayudaría a aliviar un problema que crece a diario. Sin embargo, parece que esto de resolverle problemas a los ciudadanos no le concierne a la alcurnia política. 

El error de la izquierda mexicana

El PRD decide retirarse del pacto por México y me parece que lo hace en mal momento. La izquierda le quita el apoyo al presidente Enrique Peña Nieto quien sorprendió a propios y a extraños cuando hace un año inició su mandato con un logro sin precedentes que fue aplaudido en aquel momento pues consiguió el aval de las principales fuerzas políticas del país e inició con el pie derecho su periodo presidencial.
Los mexicanos saludamos con beneplácito este pacto. Por fin las fuerzas políticas se dejarían de posturas clientelares y convenencieras, había llegado el tempo de los consensos. Estábamos tan contentos pues el propósito del Pacto por México era destrabar una serie de reformas que impulsarán el crecimiento del país. Los políticos se ponían serios, analizaban el escenario mundial y se daban cuenta de que a nuestro país se le habían negado las armas para luchar contra la competencia mundial. Reinaba la convicción de que la guerra debía ganarse afuera y no provocarla dentro de nuestras fronteras. Los mexicanos nos ilusionamos, pensamos que nuestros políticos se dejarían de dar patadas por debajo de la mesa, ya no se meterían el pie unos a otros y los acuerdos en cuanto a posturas básicas que nos permitieran estar mejor posicionados frente al mundo, finalmente se convertirían en realidad. Ahí les vamos. Cuidado China, India, Brasil, los mexicanos ya estamos listos, nos vamos poniendo de acuerdo.
Habría reformas, se avanzaría en un modelo laboral moderno y acorde a la realidad, se propondría una reforma fiscal que agrandara la base de contribuyentes, se buscaría una reforma política en la que nos prometieron que la democracia dejaría de costarnos tanto y habría rendición de cuentas, transparencia, se buscaría una reforma educativa que preparara mejor a los mexicanos, y se abordaría el tema de la energía para darle mayor competitividad al país.
Pero, como era de esperarse, las diferencias empezaron a fracturar el pacto. Evidentemente, las visiones de la izquierda y de la derecha, en México y en el mundo, son divergentes porque ven el mundo desde trincheras distintas. La naturaleza de la izquierda hace que su gente crea en ideales diferentes y en ocasiones antagónicos a los de la derecha. Eso no es novedad.Ya sabíamos que el Pacto por México no iba a durar para siempre, pero esperábamos que aguantara el tiempo necesario para lograr los objetivos planteados. Pues no. Era mucho pedir. Entre moches, arreglos en lo oscurito, corruptelas y canalladas se estrellaron y se rompieron las esperanzas de avanzar.
Lo sorprendente es que El Pacto se haya roto cuando apenas se estaban calentando los motores para las reformas estructurales que el país tanto necesita. Lo peor es que la izquierda se baje del caballo en el momento más malo, es decir, después de haber apoyado una miscelánea fiscal, que no una reforma, en la que lo único que se logró fue que los que hoy pagan, paguen más. Ni se aumentó la base de contribuyentes, ni se mejoró el método de recaudación, ni se impulsó a la economía. Nada. Por el contrario, la izquierda apoyó una serie de modificaciones que permiten al Ejecutivo gastar más sobre la base del endeudamiento. Entre el PRD y el PRI le jalaron el gatillo a una bomba de tiempo que lleva a gastar más de lo que se ingresa y ya sabemos los costos de este tipo de políticas deficitarias. Para sorpresa de muchos el PRD apoyó al PRI para apachurrar aún más a una clase media en peligro de extinción y la puso en aprietos, en peores aprietos. Justo cuándo necesitábamos su oposición, consintió. ¡Qué mal!
Desde 1988, las modificaciones que se lograron el el Congreso fueron sacadas adelante por el binomio PRI-PAN y tal parece que así seguirán las cosas. ¿Me pregunto qué pensará el PRD de pasar a la historia por haber apoyado una reforma fiscal tan mediocre y después salir huyendo ante la responsabilidad de sacar adelante las de mayor calado? En serio, ¿en qué estarán pensando? ¿Por qué no se prestan al debate crítico y civilizado? ¿Por qué no tomar tribuna en favor de los ciudadanos?
Por sí esto fuera poco y como si no pudieran ver el barril de pólvora en el que están sentados, les gusta jugar con fuego. Deciden romper el Pacto por México y no dudo que tengan buenas razones para hacerlo. Ni la Reforma política ni la energética les satisface. Pongamos que tienen razón. ¿Para qué azuzar a la gente? ¿Será que no se dan cuenta de la situación del país? ¿Qué no se percatan que hay grupos anarquistas que lo único que necesitan son pretextos para delinquir? ¿Fuerzas que sólo quieren un pretexto para sacar sus rifles? La situación es delicada y los señores tienen el tacto de un paquidermo.
El error más grave de la izquierda mexicana es que se rodea de malas compañías. México necesita una izquierda seria, comprometida con ideales altos, no merolicos que inciten a la violencia y luego, ante la gravedad a de los hechos resultantes, se agachen muertos de miedo. Las manifestaciones terminan en actos vandálicos, las protestas en asaltos y muchos guerreros furibundos acaban perpetrando actos criminales en nombre de los valores de la izquierda. Así, un policía en el ejercicio de su deber terminó apuñalado por un manifestante que salió de la cárcel después de pagar una multa ridícula. ¿En serio, eso es lo que quiere la izquierda? Proteger a maleantes y descobijar a la gente de bien es mala idea.Un grupo de encapuchados se unió a la manifestación convocada por López Obrador, iban aventando piedras, rompiendo vidrios de negocios, robando mercancías, incendiando establecimientos. Los afectados nada tienen que ver, en nada les estorban a los manifestantes. Son personas que tienen negocios lícitos y que quieren trabajar en forma honesta, pero no pueden. De los criminales que acabaron con el patrimonio de gente decente nadie sabe nada. No hay autoridad que los persiga ni que les exija cuentas por sus atrocidades.
El error que la izquierda está cometiendo es que se está llevando entre las patas a la clase media mexicana. Ya la llevó al baile con los aumentos de impuestos, con el endeudamiento gubernamental que tendrá que pagar de una forma u otra y ahora la subyuga con manifestaciones, plantones, que agobian al Distrito Federal mientras las autoridades hablan de tolerancia. La agarra a garrotazos en sus actividades productivas, afectando sus fuentes de empleo, cerrando sus negocios, vandalizando sus calles, apapachando a quienes los dañan. Eso no está bien. ¿Quién irá a pagar los impuestos que ellos mismos aprobaron si le siguen dando patadas a la gallina de los huevos de oro?
Me gustaría ver una izquierda que debate con las palabras adecuadas y no con patadas; asentada en las razones legítimas que nacen de un análisis verdadero y no en la conveniencia rastrera. Me gustaría una fuerza opositora que pugnara por defender al ciudadano y no una turba llena de ocurrencias. Me gustaría una militancia con ideales, no un ejército de huelelillos que se ajustan a lo que su prócer les exige. El error de la izquierda mexicana es que está dejando pasar esa oportunidad de ser una auténtica alternativa ciudadana.

20131203-003835.jpg

¡Me voy a trabajar!

El trabajo es la forma que el ser humano tiene para ganarse la vida desde que fue expulsado del Paraíso Terrenal. La verdad, aunque a veces parece otra cosa, es que el castigo que Dios le dio a Adán y Eva, resultó ser una fuente de dulce afirmación del ser humano. El trabajo da tono y ritmo a la vida de las personas, para muchos es una seña de identidad y la mayor parte de las veces revela muchos rasgos de nuestra personalidad. Nos ha costado entender que el trabajo es una bendición por medio de la cual podemos llevar el pan y la sal a nuestras mesas gracias al sudor de nuestra frente. Nada se compara al sueño fruto del cansancio por la tarea realizada. El castigo, en todo caso, es la modorra que causa el aburrimiento por la falta de actividad.
A mí me gusta trabajar. Creo que lo llevo en los genes. Mi abuelo materno se topó con la muerte mientras abría la cortina de su negocio, mi abuelo paterno, un hombre dedicado al trabajo del campo, se bajó del caballo para irse al hospital en dónde entregó ese espíritu infatigable que no conoció descanso, mi padre sigue trabajando hoy en día, a sus ochenta años sigue al frente de su negocio. El trabajo es el inicio de un circuito virtuoso en el que se genera riqueza material y de toda especie.
Pero el trabajo se ha convertido en un bien escaso. El mundo sabe que se deben generar fuentes de empleo, la teoría de John Maynard Keynes que dice que toda economía debe tender al plenoempleo sigue vigente, sin embargo, las desaceleraciones económicas, las crisis financieras, y todos los problemas que han frenado el crecimiento del mundo tienen como consecuencia fatal y casi epidémica el desempleo.
En Europa, en Estados Unidos, en México, urbi et orbi, el desempleo genera un círculo vicioso que a su vez provoca una cascada de males, no sólo de índole financiera, también de estabilidad, empuje, psicológica, de salud. Las sociedades involucionan cuando el desempleo crece. Keynes define el desempleo como el fenómeno de gente que quiere y puede trabajar pero no encuentra una forma de emplearse. Eso, con independencia del efecto multiplicador en las economías, es una lástima a nivel personal y una tragedia a nivel microeconómico.
Luego viene una definición que hoy pierde vigencia, el subempleo. Subemplearse, según Keynes, es contratarse en una labor para la que se está sobrecalificado. Es, por ejemplo, cuando un médico maneja un taxi, un ingeniero sirve café en un restaurante, un químico hace tortas en un puesto de lámina. Todos sabemos de que se trata el tema del subempleo pues es un fenómeno cada día más común. Eso, en el pasado se veía como una actividad indigna. Cada vez más los definición de subempleo pierde vigencia y el empleo, del estilo que sea, gana dignidad.
Las universidades hacen mal en lanzar al mundo a gente que si no recibe un puesto de dirección, prefiere no hacer nada. Hacen fatal en promover en sus educandos la idea de que si no emprenden un proyecto o no llegan de inmediato a la cima, han fracasado. Un puesto de auxiliar les parece indigno. Arrugan la nariz y se horrorizan al pensar que se van a sentar en una cruceta y su peor tragedia es darse cuenta de que no llegarán a una oficina con puerta, vista a los rascacielos y un ejército a su cargo.
Una persona inteligente, que sabe de sus capacidades, en lugar de sentirse resentida por estar subempleada, estará agradecida por tener empleo. Sus capacidades superiores le ayudarán a hacer mejor su trabajo, a destacarse y a progresar. Trabajar se trata de algo similar a subir una escalera. A veces nos toca empezar a subir desde el tercer escalón, a veces nos toca arrancar desde el sótano. El chiste no es fijar la vista en el origen sino en el destino. ¡Qué nos importa dónde iniciamos el ascenso! Lo relevante es llegar al lugar propuesto.
Mi papa decía, el trabajo es similar a un autobús. En ocasiones nos toca estar en el lugar del conductor, otras nos toca ir en el lugar de hasta atrás. Hay veces que el autobús está arrancando y la única opción para subirte es treparte e ir de mosca. Hay momentos en que ni siquiera hay espacio, lo único que hay es una mano que se tiende para que te cuelgues de ella.
Muchos despreciarán la oportunidad de subirse así. Lo percibirán como indigno y despreciable. Preferirán dejar ir la oportunidad. Se quedarán abajo viendo como el autobús se aleja. Alcanzarán a ver que aquel que les tendía la mano ya se sentó en un asiento modesto. Se enterarán de que poco a poco este sujeto va avanzando y va encontrado espacios más cómodos en el autobús. No podrán dar crédito de que aquel que les extendió la mano, al poco tiempo, ya va manejando. Ellos seguirán viendo, desde la lejanía, como el subempleo se transforma en fuente de alegría y en generación de riqueza. De una manera mágica el subempleo se convirtió en empleo.
Así sucede con la piel de muchas personas. En uno y en otro sentido. Unos esperarán con paciencia a que la oportunidad dorada llegue, sin ensuciarse haciendo tareas para las que están sobrecalificados, otras, con humildad aprovecharán la oportunidad. Algunos tendrán la fortuna de ver su paciencia coronada con el empleo anhelado; otras envejecerán esperando. La suerte no llega, se la forja uno con el trabajo. Las ventanas de oportunidad se abren y se cierran constantemente, lo que falta es estar atentos para poder aprovecharlas. Los prejuicios son obstáculos que hay que sortear con cuidado para no tropezarnos. Los peores y más elevados son los que construimos alrededor de nosotros mismos, entorno a nuestros merecimientos. Nos atrapan en una caja de cristal, nos inmovilizan y cuando menos nos damos cuenta estamos siendo derrotados por nosotros mismos.
Aceptar con alegría lo que existe y promover la dignidad del trabajo es una muestra de inteligencia que rinde frutos en el entusiasmo, en el sentido de vida, en la identidad y en el aspecto económico financiero.
Yo, por lo pronto, si me lo permiten, ¡me voy a trabajar!

20131202-113744.jpg

Creatividad en acción

Hay una tendencia seria para incorporar el tema de creatividad en las actividades de todos los días, lo mismo en la vida profesional, laboral y personal. Universidades como Stanford están impulsando cursos de creatividad en sus programas científicos, de negocios y en sus clases de educación continua. Compañías trasnacionales están acercándose a pedir cursos de capacitación en los que se ponga acento en el tema de despertar el aspecto creativo en equipos de trabajo. En muchos sectores de gobierno me han solicitado programas en los que se hable de creatividad a servidores públicos en puestos de alta dirección. Parece que la tendencia es ubicarnos en una zona creativa y eso me llena de entusiasmo.
Por años la creatividad se reservó a los artistas que, viviendo cerca de la casa de las musas, eran los únicos que podían aspirar a crear piezas musicales, pinturas, esculturas, versos, cuentos destilados de la belleza susurrada por estas hadas maravillosas y volubles que hoy visitan y mañana quién sabe. Entonces, ser creativo significaba algo más próximo a ser artista y más alejado de la cotidianidad. Eso es un mito. Para ser un artista se requiere talento. Para ser creativo lo único que se necesita es poner atención. Todos podemos poner atención.
Resulta que un estudio de la universidad de Stanford en asociación con MIT sobre productividad llegó a la conclusión de que lo más fácil para el ser humano es seguir rutinas, a pesar de que ellas no sean las mejores para llevar a cabo, en forma óptima, cierta actividad. Uno de los experimentos del estudio fue darle a un grupo de personas una ruta fija para ir de un punto a otro. El trayecto no era ni el más largo, para no hacerlo evidente, ni el más eficiente. Esa ruta se debía seguir durante veinte días y después estaban en libertad de modificarla. Nadie del grupo de prueba modificó la ruta durante la siguiente semana. Siguieron con la ruta prefijada. Por fin, se les pidió que encontraran una forma creativa de realizar el trayecto.
Los resultados fueron sorprendentes. Se encontraron formas que ni los propios líderes del proyecto, conociendo las variables, habían imaginado. El grupo de estudio que no se movió en veinte días, descubrió mejores rutas, y sobre todo mejores métodos para llegar de un punto a otro. Formas más eficientes para hacer las cosas, es decir, en menos tiempo, a menores costos, con mejores rendimientos. ¿Qué hizo falta? ¿Qué detonó el cambio? Una llamada a la creatividad, una invitación para encontrar una mejor forma de hacer las cosas. Muchas veces las mejores prácticas están sentadas en la punta de la nariz y no las vemos porque tenemos fija la atención en otro lado, porque estamos acostumbrados a una rutina que seguimos sin ningún tipo de racionalidad. Pero siempre hay mejores formas para hacer lo que sea. No es extraño que las grandes compañías, las instituciones de gobierno y las universidades estén volviendo su mirada a la creatividad.
Ser creativo es iluminar un camino diferente y mejor para hacer algo. Es movernos. Es aventurarnos a ver las cosas desde otra perspectiva. El que no se mueve se va rigidizando hasta quedarse paralizado totalmente. La parálisis lleva al empequeñecimiento y, al perder dimensiones llegará el momento en que de tan pequeño nadie lo perciba y al final termine por desaparecer. ¿Cuántas empresas, chicas o grandes, hemos visto desvanecerse por no evolucionar? ¿A cuántas personas les pasa lo mismo?
A mi me da gusto que cada vez más y más empresas, instituciones y personas incorporen el aspecto creativo a su vida, especialmente en estos tiempos en los que es más fácil estar atentos a una pantalla que a la persona de al lado. Ser creativo es un reto y aquellos que lo toman terminan con una gran sensación de satisfacción. Estar en la zona creativa es una buena idea.
¿Quién dice yo?

20130825-072938.jpg

Las reformas tan esperadas

La propuesta de reforma energética tan esperada urbi et orbi, finalmente llegó y, como sucedió con la propuesta en materia educativa, no fue del agrado de muchos. Es más, en medio del zumbido de opiniones, se han escuchado mayores motivos de crítica que de alabanza. Los más liberales querían mayores alcances, los más conservadores lloran y elevan la voz para protestar por los excesos de la propuesta. Discursos en uno y otro sentido.
La opinión generalizada es que si PEMEX ha probado ser tan mal administrador, ¿quién lo va a querer de socio? –yo digo que muchos–. Los que se lamentan dice que se está vendiendo el gran patrimonio de los mexicanos –yo pregunto ¿de cuáles mexicanos–.
Los inversionistas querían más, los defensores de la patria menos. Mucho menos y amenazan con bloqueos, protestas, gritos y sombrerazos. ¿Es eso defender a México? ¿Así se defiende el petróleo de los mexicanos?
La postura de los inversionistas es clara, quieren más negocio, es decir, buscan una mayor tajada a un menor riesgo. La posición que no es tan clara es la de los adalides del petróleo. ¿Qué están defendiendo?
PEMEX no es de todos los mexicanos, ese es un cuento que nos han hecho creer. En este país petrolero, la gasolina es tan o más cara que en los países que la importan, y de la calidad mejor no hablamos. En el país donde el petróleo es de todos, hay pobreza alimentaria y líderes sindicales que tienen ferraris, yates, mansiones, joyas, que la mayoría de los mexicanos ni en una serie de vidas de trabajo conseguirían. ¿Es eso lo que se defiende?
Ya sabemos que el cambio, mientras sea en la yunta de mi compadre, está de maravilla, pero si se va a dar en mi entorno, mejor que cambien otra cosa. Así es en general, y si en particular se trata de afectar intereses, es claro que la gente se va a defender, a gritar y a protestar con tal de preservar el status quo. ¿Qué defiende la izquierda progresista del país? ¿Por qué quieren protestar? ¿Qué beneficios quieren conservar?
Los signos de la economía marcan y avisan un periodo de desaceleración. Es urgente reactivar el ritmo, generar empleos, aplanar la curva de desigualdad entre los mexicanos y luchar contra el hambre. Si lo que tenemos hoy no funciona, y es claro que no funciona, si no no tendríamos cifras de diferencias tan marcadas, de falta de empleo y oportunidades ¿por qué defenderlo?
Me parece que los adalides de la patria no protestan porque sean tontos, ni por deporte, ni por heroicos. Protestan porque están defendiendo sus intereses. Su benevolencia choca de frente con los intereses de su chequera. Igual que aquellos empresarios que quieren hacer negocio con el petróleo.
Lo bueno es que ellos son claros. Lo malo es que los otros, no.

20130816-084434.jpg

Mejor en bici y sin bicicletas fantasma

Mientras en Francia la venta de automóviles va a la baja y el uso de bicicletas se privilegia cada día más, en México hoy se colocará una bicicleta fantasma como homenaje para Ilse Mariel Alonso quien falleció en miércoles atropellada por un microbús.
Una bicicleta fantasma es memorial que consiste en ubicar una bici pintada de blanco en el lugar en donde un ciclista perdió la vida por falta de educación vial, por el abuso de algún conductor de automóvil, por la imprudencia de alguien al volante de un vehículo más pesado y más veloz.
En la Ciudad de México se ha hecho un enorme esfuerzo por privilegiar el uso de la bicicleta. En París muchos jóvenes que jamás han tenido auto prefieren seguir pedaleando. Las ventajas son muchas. Es más barato que tener un auto, el mantenimiento de una bici con respecto a un auto es infinitamente menor, el combustible del auto contamina, el de la bicicleta, al ser impulsada por un sistema de pedales, sirve como ejercicio, así el beneficio es doble, cero emisiones contaminantes y gran cantidad de endorfinas liberadas en el sistema sanguíneo del ciclista, no hay impuesto de tenencia, es más sencillo conducir una bicicleta que un auto y no se necesita permiso. En Barcelona, San Sebastián, Copenhague, Amsterdam existen carriles exclusivos para que los ciclistas rueden con seguridad.
En la Ciudad de México, durante el gobierno de Marcelo Ebrard, se inició una actividad en favor de los ciclistas: los domingos se cierra el Paseo de la Reforma, una de las avenidas más bellas e importantes de la capital, para el goce y disfrute de los conductores de bicicletas. No hay un sólo automóvil. En Coyoacán, al sur de la Ciudad, se diseñó una ruta de diecisiete y medio kilómetros para uso exclusivo de los ciclistas, pero no está confinado. Ese es el problema.
La supuesta prioridad que tienen los carriles de bicicletas es una fantasía. Se comparten con los automovilistas, están permanentemente invadidos por camiones de reparto, por coches estacionados en doble fila. Hasta hay patrullas de policías que se quedan ahí ignorando la preferencia que le deben al ciclista. No hay respeto a los pedalistas.
A pesar de los grandes esfuerzos que se han hecho para favorecer el uso de la bici en la Ciudad de México, parece que los automovilistas se niegan a renunciar a sus privilegios, no quieren ceder sus espacios.
En la capital casi cualquiera puede andar en bici. Hay un programa, llamada ecobici, que te permite andar en bicicleta incluso si no eres propietario de una. Los domingos, si no tienes bici, te la prestan. A ese grado de compromiso se ha llegado para privilegiar el pedaleo capitalino.
Lo que falta es educación vial, respeto por el ciclista. No basta acercar bicicletas, se debe garantizar la seguridad de aquellos que han acogido esta iniciativa de las autoridades. Es responsabilidad el gobierno capitalino asegurarse de que aquellos que usarán una bici serán cuidados.
Que proliferen los amantes del ciclismo y no las bicicletas fantasmas como la que hoy se instalará en honor de Ilse.

20130209-091632.jpg

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: