Niebla y pescador

No son nubes algodonadas que adornan el cielo, es un manto gris aterciopelado que funciona como cortina que avanza rápidamente y cubre la Bahía de Acapulco. Truena y los relámpagos iluminan con destellos instantáneos lo que el sol no alcanza a ver. En segundos el azul del mar se transforma del tono agua al marino profundo y el olor a humedad se intensifica. Va a llover.
Todas corremos a protegernos del agua que aún no llega. Jalamos las toallas de alberca, las chanclas de hule, las botellas de bronceador, las camisetas de algodón para evitar que se mojen las cosas. Olvido mi iPad junto a la alberca y salgo corriendo al rescate.
Imposible seguir corriendo. Quedo hechizada con el movimiento de esa muralla que se ha formado entre Caleta y la isla de la Roqueta. Parece un telón de raso gris perla que se mueve conquistando el territorio y ganándole espacio al mar. Las lanchas huyen en sentido contrario, los jetskies, las bananas, los waveboards buscan alejarse. Sólo la lancha de un pescador se aventura en dirección de la tormenta. Está loco, pienso, sin embargo, de inmediato me desdigo. Los que huyen son los primeros perderse en las entrañas de esa nube que decidió bajar del cielo.
El pescador apaga el motor de la lancha y espera, queda ahí suspendido entre las olas del mar que agitan la embarcación, la mueven de un lado al otro y la cortina avanza presurosa. Los truenos y los relámpagos continúan, ni aumentan, ni disminuyen. Sencillamente, continúan.
¡Quítate de ahí!, me gritan. No me puedo mover, estoy intrigada con la suerte de la lancha que ya fue engullida por la niebla. La gotas de lluvia caen sobre mi. Son finas y tibias. Es agradable estar ahí. No encuentro razones para moverme. Alguien me quita el iPad de las manos y regresa corriendo a su lugar de seguridad. Las advertencias, te va a caer un rayo, te vas a mojar, te vas a…, se escuchan tan lejanas. Me siento cerca de una lancha que no alcanzo a ver.
Caleta se despeja, se revela la silueta de la Roqueta, la línea dorada de la playa se vuelve visible, los jetskies, bananas, waveboards, siguen huyendo. La lancha juega a balancearse en el mar sin haber cambiado de sitio. Por fin, desaparece la niebla, se va la tormenta. El pescador enciende el motor y continua su camino. ¡Buen camino!, le grito con todas mis fuerzas. Sé que no me oyó.
La enseñanza del pescador, ¿de qué sirve huir de la tormenta?¿para qué darle la vuelta a males que, tal vez, no vayan a llegar? ¿No es mejor dar la cara que dar la espalda?
Sin duda es mejor dar la cara. Ver la niebla que cubre Acapulco y se va sin dejar grandes trastornos, no me trajo ninguna catástrofe,todo lo contrario. Agua tibia, gotas que resbalan por el rostro, el cuerpo y regresan a formar parte de la tierra. La lancha de un pescador que atraviesa el hueco que quedó entre Caleta y la Isla de la Roqueta. Una enorme sonrisa y, por alguna extraña razón, una sensación de paz en el alma.

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Las caras del Chepo de la Torre

Hoy se decide el destino del Chepo de la Torre, en pocas horas sabremos si el timonel de la selección mexicana seguirá al frente del equipo o no. Difícil saber lo que sucederá, sin embargo el pronóstico no es muy bueno, como tampoco lo han sido los resultados de sus elegidos. México corre el riesgo de no jugar el Mundial de Futbol, parece increíble que con lo fácil que debería ser para los nuestros clasificar, estamos pasando aceite. Seguro la cara del Chepo debe ser de preocupación. ¿Cómo no? En verdad sus números no son halagadores. En serio, con el presupuesto del que dispone, ¿es normal salir a la cancha y provocar lagrimas, llanto y desesperación, en vez de orgullo? México debería jugar mejor.
El liderazgo del Chepo se cuestiona y con razón. No ha sabido transmitir la importancia de que México participe en el Mundial, a sus equipos como que no les queda claro cuál es la meta, sus estrategias no dan resultados, no buenos, en todo caso, y la angustia del pueblo de México al ver ante Panamá no abonan para que en la cara del Chepo se dibuje una sonrisa. La planeación estratégica del Chepo no rinde frutos y es posible que los minutos del director técnico nacional estén a punto de expirar.
Para colmo, no sólo se trata de los malos resultados los que tienen descontenta a la afición, también la falta de disciplina. No imagino la cara del Sr. De la Torre cuando se enteró de que sus seleccionados andaban de reventón en Brasil. Salió con cara de padre indulgente a justificar a sus muchachos, en vez de dar una explicación adecuada y una sanción de enormes proporciones. No, esa no es la cara que esperabamos ver, la cara del Chepo me recordó a esos papas del niño berrinchudo que ven al niño hacer una pataleta cerca del barranco y en vez de aplicarles un buen correctivo les regalan una golosina para je dejen de llorar. Ya sabemos a dónde conduce eso.
Las caras que ha producido el Chepo en la afición pudieron haber sido de gusto, de emoción, de ilusión coronada con triunfo, pero no. Han sido de coraje. Nadie entiende la pobreza de resultados de la gestión del Chepo. Sí, ya se que no es él solo, pero él si es responsable.
A ver si seguimos consintiendo estrellitas que sientan que seguir las instrucciones de su director técnico no es importante, que piensan que irse de reventón es lo importante y que verle la cara al timonel es chistoso.
Ir al Mundial de Fútbol no es un juego. No se trata únicamente de aficiones, pelotas y canchas. Se trata de un negocio de altísimas proporciones y grandes repercusiones. Un negocio turístico, de moda, de logística, de mercadotecnia, financiero que puede generar empleos para muchos mexicanos y una derrama económica importante para el país. Por eso imagino la cara de Chepo, hoy que esté esperando en la antesala, antes de saber si seguirá al frente de la selección o no.

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Por los caminos

De los caminos de Michoacán corro a los caminos del sur. La cinta de asfalto es igual casi en cualquier lado, el paisaje de verano, preponderantemente verde y salpicado de amarillos, naranjas y rojos se muestra sin pudor por la ventana de la camioneta. En el retrovisor veo las cúpulas del Santuario del Señor de la Piedad, atrás quedaron el jardín de La Purísima, la calle de Mariano Jiménez, la casa de mi abuelo. Esa casa que originalmente fue de sus padres, ahora es de sus hijos, de mi tía Tolla.
El sorgo de los campos se transforma en palmeras cocoteras, las yuntas y atuendos de labranza se vuelven trajes de baño y bikinis, el termómetro se aventura sin timidez a subir dos rayitas, tal vez tres, y el sol aumenta de tamaño y cambia de color. Deja de ser el amarillo que fertiliza la tierra y se vuelve tan intenso que casi parece un disco anaranjado.
Atardece, y el reflejo de luz es un camino de plata sobre el mar. Las nubes se pintan del mismo azul del agua, tal vez llueva. Ver llover en Acapulco es un espectáculo singular. No importa si las gotas son finas o gruesas, generalmente son calientitas y es un gusto salir a darle la bienvenida, saltar, girar y bailar al son del tip, tip, tip, de las gotas sobre el agua de la alberca. Pero aún no llueve, es más, hace sol. La brisa mueve las hojas del hueledenoche que pronto nos envolverá en su perfume.
Es el verano en toda su potencia. Es la felicidad que da ver el recorrido de un velero por la Bahía de Santa Lucía. Es el gozo de tener casa llena y corazón contento. Y, miren ustedes, si hay no no razón…
De la casa familiar, de la casa del abuelo, al lugar de mis amores entrañables, al hermoso sitio en donde los sueños y las verdades se confunden y, en el que Dios baja a regalar un beso.

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La Piedad, Michoacán

La Piedad pudo haber estado en Jalisco o en Guanajuato pero está en Michoacán. La riviera del Lerma divide las fronteras entre los tres estados, allá Santana Pacueco, allende Degollado, acá la ciudad que durante años se hizo famosa por el aroma que daba la bienvenida al visitante. Huele a puerco, decía el recién llegado. No, huele a dinero, contestaban los piedadenses.
Durante años la economía de La Piedad giró en torno a la porcicultura, aunque la agricultura tuvo también un lugar de primera importancia, no por nada está en el corazón fértil del Bajío. Es tierra bendita porque la imagen del Crucificado apareció en el corazón del tronco de un árbol. Los pobladores de varios lugares quisieron llevarlo con ellos, pero al intentar cargarlo, la figura se ponía pesada, era imposible levantarla, sólo se aligeraba si tomaba el rumbo de su agrado, el Cristo se quiso ir a La Piedad. En agradecimiento los piedadenses erigieron un santuario impresionante, una parroquia de cantera rosa labrada que se gana la admiración de extraños y es el orgullo de propios. El Señor de La Piedad es una imagen muy milagrosa y respetada. Lo sé en carne propia. Un Cristo que no desoye al peregrino.
Sí, pueblo bendito que teje esas y las historias de gente industriosa y trabajadora. Ahí nació el astronauta mexicano, ahí se reparan las turbinas que general luz y extraen petróleo del país, se lucha por levantar una buena cosecha y por que el precio de la carne de cerdo no se vea afectada por competencia desleal. Ahí se confeccionan los mejores rebozos de México, me disculpan los de Santa María.
Esta es la tierra de mis padres, la tierra de los Durán y de los Mena. De ahí viene mi familia. Madre, padre, abuelos, primos y tíos. Ahí nacieron los primeros recuerdos fuera de la Ciudad de México. Las vacaciones, generalmente, las pasábamos allá. Era divertidísimo, allá había libertad de salir a la calle, de jugar con los vecinos, de ir a dormir a la casa de mis primas. Allá aprendí a andar a caballo, a manejar, a comer papas de carrito, garbanzos al vapor, chinchayote, jícama con queso, vinagre y limón, de esos que venden en la calle. Huchepos, tamales amarillos, carnitas y sin fin de exquisiteces para el paladar conocedor de la gran herencia gastronómica piedadense.
Nunca nos dejaron comprar raspados. Mi tía Tolla tenía la fabrica de hielo. Mi tío Memo en consultorio en casa de mi abuelo nos enseñaba a jugar damas chinas, mi tía Marta nos llevaba a jugar a su oficina y mi tía Berta a la notaria en la que trabajaba. Allá Paty, Pily, Mary, Bety, mis primas las grandes, después nacieron Fer, Tito, Geyo, Bertita, los chicos.
Allá está la casa de mi abuelo, la típica casa de provincias, con patio central, plata cuadrada, pila de cantera, flores y macetas en sus pasillos. Allá está una de las mujeres más simpáticas e inteligentes, pero sobre todo, una de las más entrañables. Sus platicas son agradables,salpicadas de ocurrencias y aderezadas de anecdotas. No es mi abuela, pero al no casarse y no tener hijos, de alguna forma tomó ese lugar. Es mi Tía Tolla y está malita. Voy a visitarla, a llenarme con su platica, a reírme de sus ocurrencias, y tal vez, a que olvide sus dolencias. Voy con mis hijas a tomarla de la mano, a decirle que la quiero mucho, que la querré siempre. A ponerme de rodillas y pedir su bendición.

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Marihuana

Concluyeron las pláticas y conferencias en torno a la marihuana que se llevaron a cabo en el Centro Fox el pasado fin de semana. De ellas afloraron múltiples oportunidades para burlarse del antiguo presidente y de las personas que lo respaldaron y acompañaron en esta iniciativa. Hubo muchos comentarios que plateaban la duda de si en vez de que le faltara un tornillo a Don Vicente, lo que en realidad sucedía era que andaba pacheco. Hubo muchas razones para morirse de risa, pero, no hay duda, la iniciativa del ex mandatario fue valiente.
El tema es serio. Pensar en legalizar el consumo de marihuana no es trivial y su prohibición no ha sido un desacelerador efectivo de su consumo. Por otro lado, prohibirla ha generado violencia, muerte, miedo y dolor. La estrategia, es evidente, no ha sido correcta, entonces, ¿por qué seguir con ella? Parece absurdo.
Si se analiza fríamente, el consumo de marihuana es un planteamiento económico que responde a la las de oferta y demanda. Si existe una curva de demanda, por más que se quiera inhibir el trazo de la oferta, esta se va a dar. La mano invisible de Smith atravesará los ejes cartesianos y la oferta cubrirá la demanda, sea legalmente o a través del mercado negro. En el mercado negro los precios se elevan de manera artificial, le dan un valor adicionalmente innecesario al bien y el precio sube. Si se libera al mercado de esa mala practica los precios bajan, se logra el equilibrio de mercado. Desde el punto de vista mercadológico, el mercado negro le da a la marihuana un rasgo de exclusividad ya que no todos tienen acceso al producto, eso lo hace más deseado. Aumenta la demanda, se eleva el precio.
¿Quién pierde con la prohibición? Evidentemente, el consumidor que paga precios elevados, que obtiene productos que, al no estar regulados, no tienen ni normas, ni procesos de calidad para ser verificados. El productor se beneficia porque vende con un premio al precio por el riesgo que asume al vender algo ilegal.
Pero la derrama de sangre, la violencia y el terror no se pueden analizar de forma tan fría. Esta batalla está perdida. No hay forma de ganarle al mercado. Si hay demanda, la oferta saldrá a servirla. Es desde la casa que debemos combatir los consumos de sustancias que no nos parecen convenientes. No solo marihuana, alcohol, grasa, azúcares, harinas y todo lo que afecta la salud física y mental.
Nos burlamos del esfuerzo de Vicente Fox y no debiéramos. Basta abrir los periódicos para evidenciar el mal que genera el trafico ilegal de drogas, la marihuana incluida. No me refiero a los periódicos de México, también a los de España, Francia, Inglaterra, Chile, Estados Unidos o Canadá. Es tiempo de hablar en serio del consumo de marihuana y de su prohibición. A veces me da la impresión de que estamos luchando una guerra, que ni siquiera es nuestra, que ponemos recursos, muertos y lagrimas, y que, lo peor de todo, vamos perdiendo, todos, la humanidad entera.
Si hay efectos positivos o medicinales en la marihuana, ese es otro tema. El tema central es que es una droga y que le queremos endosar a otros el control del consumo. El control lo tenemos nosotros al decir: No; al enseñarles a nuestros hijos a no enajenarse con sustancias en busca de una felicidad alternativa. Ni mil guerras, ni cien mil prohibiciones, ni millones de armas tendrán la efectividad que tiene un padre o una madre al pendiente de sus hijos. Una familia en la que se eduque para evitar consumos indebidos.
Por ello, creo que es momento de hablar en serio, de la legalización de la marihuana y que cada quien se haga responsable del tramo que le toca. ¿Qué tal se vería el mundo si en vez de tener narcotraficantes tuviéramos agricultores? ¿Si en vez de narcomenudistas tuviéramos boticarios? ¿Si en vez de gasto en cuerpos armados, hubiera laboratorios dónde se mejorarán los beneficios de la planeta de canabis? ¿Si en vez de trafico hubiera un mercado regulado, con estándares claros de calidad y procedimientos sanitarios adecuados?
Lo de Fox fue una iniciativa valiente porque se atrevió a hablar de lo que todos susurramos. Tratar el tema en forma seria es empezar a vislumbrar un camino de solución. Me parece que los que se desgarran las vestiduras están sirviendo a otros intereses, pues propician el mercado negro.

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El cerebro humano y el multitasking

Enciendo el radio del automóvil y me topo con una discusión interesante sobre el funcionamiento del cerebro humano. En ella participan un neurólogo, una psicóloga y la moderadora del programa que hablan de la capacidad de las personas para hacer varias cosas al mismo tiempo. La locutora presume que ella puede llevar a cabo siete actividades al mismo tiempo y enlista: la conversación que sostiene con su productora, la entrevista que está realizando, la consulta de las pantallas de Twitter y Facebook, la verificación del canal online de Reuters, la charla que tiene consigo misma y el café que se está tomando. Con sólo escucharla siento que ya me chupó la mitad de la energía. Ella está muy orgullosa de su habilidad de ser la mujer orquesta.
Dice que las mujeres somos multitasking, miro alrededor y veo que la conductora del auto de al lado va hablando por teléfono, se va maquillando y va manejando, todo lo realiza al mismo tiempo. La locutora del programa se jacta de tener esa gran capacidad de estar en todo en el mismo segundo. Dice que ella es de esas madres que cada mañana son capaces de preparar el desayuno, limpiarle la nariz al niño, darle la bendición, entregarle la lonchera, despedir al marido, moverle a la cazuela que está en la estufa, ver la tele, vestirse y arreglarse para llegar a tiempo a su primera cita de trabajo del día, todo a la vez. Lo dice con un dejo de superioridad.
Los expertos la paran en seco. No, el cerebro humano no es multitasking, fue diseñado para atender una cosa a la vez. Funciona como si tuviera una serie de interruptores que se encienden y apagan a gran velocidad y eso hace parecer que podemos hacer muchas cosas al mismo tiempo, pero no. Entonces, si estamos escuchando el radio y suena el teléfono, el switch de atención a la radio se apaga y se enciende el que da atención al teléfono, pero si vamos manejando, hablando con el copiloto, atendiendo una llamada del celular y pintándonos la boca, los interruptores de atención se prenden y apagan a una velocidad vertiginosa, tanto así, que parece que estamos haciendo varias cosas a la vez. El cerebro nos engaña y nos hace creer que atendemos todo, pero el enfoque está en una cosa a la vez.
Todo funciona de la misma forma en que una Mac lo hace con un sistema operativo de Windows, simplemente simula estar en este ambiente, cuando, en realidad, no es así. Claro que el engaño tiene consecuencias, las operaciones de la computadora se alentan ya que estamos forzando a la máquina a trabajar de una manera que no le es natural. Algo similar sucede con el cerebro.
Nos engañamos pensando que podemos mover varios hilos a un tiempo, cuando en realidad, estamos conectando y desconectando los interruptores, forzando al cerebro a llevar acabo actividades que no son naturales. Las consecuencias, según los expertos del programa de radio, pueden ser dos: padecer un agotamiento permanente, del cual nos resulta difícil o casi imposible reponernos, o bien, tendemos a ser dispersos. No estamos ni en un lado ni en otro, no hacemos bien ni una cosa ni la otra. El cerebro, como un mecanismo de defensa, se vuelve distraído. Al ser incapaz de estar atento a todo, decide sencillamente ponerse en piloto automático de forma permanente.
Es el síndrome de la era de las súper comunicaciones en tiempo real, perdemos la capacidad de enfoque, mientras más cosas hacemos al mismo tiempo, más desgastamos al cerebro hasta llegar a un estado muy cercano a la catatonia. Nos volvemos incapaces de poner atención. Es tanto lo que está al alcance, hay tanta información que si el cerebro no alcanza a discriminar, decide bajar todos los switches haciéndonos creer que estamos en todo. ¿No crees?, le preguntan los expertos a su anfitriona. La locutora no responde, ni participa en la charla, seguro se distrajo viendo alguna de sus pantallas.
El peligro es que al acostumbrar al cerebro a no poner atención nos ponemos en riesgo y, arriesgamos a los demás, a causar un accidente. La locutora grita con el micrófono abierto y escucho su grito de dolor, acaba de echarse la taza de café encima.
De esta forma acaba la entrevista y mejor apago el radio. Prefiero concentrarme. En esta ciudad hay mucho multitasker manejando. Mejor pongo atención antes de que alguno me lleve de corbata. Como decía mi abuela, el que mucho abarca, poco aprieta. No sea que por creer que soy la súper mujer multitasking termine con la boca abierta, sonriendo y mirando al cielo sin poder responder cuando alguien me haga una simple pregunta.

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Cerrado por indignación

Los diseñadores Domenico Dolce y Stefano Gabanna han captado el foco de atención mundial nuevamente, pero esta vez no se han valido de sus elegantes diseños. No. Esta vez han optado por manifestarse en contra de lo que consideran un escarnio. Están hartos del enjuiciamiento público del que han sido víctimas y,en una controvertida y arriesgada estrategia, han decidido cerrar sus tiendas de Milán por una temporada, a partir del día de ayer.
En los escaparates, en vez de sus famosos diseños, lucen sendos letreros que dicen Cerrados por indignación . Es un movimiento en contra de lo que ellos juzgan son ataques hostiles del gobierno a su actividad profesional. Los diseñadores fueron condenados a veinte meses de cárcel por evasión fiscal, y aunque será difícil ver a esta pareja de creadores detrás de las rejas por la complejidad y la duración de los procesos de apelación en Italia, el desgaste en su imagen y el enjuiciamiento mediático ha sido brutal. Por ello, bajan la cortina de sus negocios en un signo de protesta, aunque seguirán pagando a sus empleados durante este cierre temporal.
Entiendo la indignación de los señores Dolce y Gabanna. Evadir impuestos no está bien, pero al ver los excesos del señor Berlusconi, no justificó la evasión, la entiendo. Este caso de evasión fiscal es uno de los pocos que han salido a la luz pública en Italia, donde las tasas de recaudación son de las más elevadas del mundo. Por lo menos la actividad de los diseñadores a generado empleos y derrama ecónomica, la de muchos políticos, no.
La estrategia de los diseñadores es arriesgada pero yo la juzgo digna. Llega un momento en que los empresarios están hartos, quieren trabajar y no los dejan. Pareciera que el logro mayor de las autoridades es sangrar al motor de la economía. Los señores diseñadores cierran sus tiendas y con ello la base para pagar impuestos se pierde. Pierden todos. ¿Qué no se trata de hacer lo contrario? La medida busca recuperar la dignidad de la marca y por ello se llevan las palmas. ¿No me quieren aquí? Me voy con mis cosas a otro lado.
La imagen importa, es el prestigio que nos apadrina y nos acompaña. Domenico Dolce y Stefano Gabanna lo saben y están dispuestos a jugar rudo para recuperarse del daño que ellos sienten les han infringido con esta campaña. Se indignan y toman acciones. Vaya, enhorabuena. El buen nombre es un valor por el que vale la pena luchar.
Razones para indignarse sobran en Milán y en la Ciudad de México. Leo que Mauricio Toledo no piensa renunciar porque, según él, en Coyoacán lo apoyan. El cinismo de este hombre merece que le pongamos letreros que digan encerrado por indignación, pero para indignarse hay que reconocerle algo que este sujeto parece no tener, dignidad. Dice, pero no exhibe, que tiene encuestas de opinión que revelan que la gente lo ama, ¿a quién le preguntaron? En Coyoacán, ya lo he dicho, a cada esquina hay un sello de clausura, de un negocio, de una construcción, de una casa. Estos sellos son la denuncia de que algo anda mal. Son la protesta silenciosa en contra de las autoridades delegacionales. Hay sellos que han estado ahí por años. Líos que no se resuelven, condenas, algunas de de ellas justas, no lo dudo, pero la gran mayoría injustas, reflejo del abuso de autoridad y de la voracidad de los funcionarios.
Cerrar las puertas, bajar las cortinas de negocios es un mal por el que la comunidad en general paga altos costos. Se pierden empleos y oportunidades de que la gente se gane la vida en forma honesta. Triste lo que sucede en Milán, peor lo que pasa en Coyoacán.
Los diseñadores cuentan con el respaldo de los miles de euros que ganan por su operación en otros lugares, en Coyoacán ¿Quién respalda a los que tienen las puertas cerradas?

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Tras las rejas

¡Qué fácil es caer en desgracia! Hay un dicho que corre por las calles y que, como todo dicho, está lleno de verdad. En las cárceles no hay gente culpable, hay gente pobre. Para estar tras las rejas y quedarse ahí por años no es necesario haber perpetrado un crimen, o asesinado a alguien, o saqueado las arcas de la nación; para que te refundan en una celda es suficiente una equivocación. No digamos, contar con la antipatía de alguien, o haberte ganado la mala voluntad de algún poderoso. Eso también, desde luego. Pero, hay casos en los que una equivocación es suficiente para que la desgracia caiga sobre gente inocente.
El caso de Ángel de María Soto, a la que se le atribuyó la posesión de una maleta con diez kilos de cocaína, por la que se le detuvo y se le recluyó en forma evidentemente injusta no es el único ejemplo; el caso de Marduk Hernández, un estudiante que pasó meses en la cárcel, acusado de haber robado un teléfono celular cuando lo que sucedió en verdad fue que se encontró en el lugar y momentos equivocados y le gustó a alguien para servir de chivo expiatorio; o el caso del Máximo Bistro, un restaurante que estuvo a punto de ser clausurado porque no se le dio la mesa que quería a la hija berrinchuda de un funcionario poderoso, son ejemplos, de los miles que existen, de la facilidad con la que la desgracia se puede apararecer sin haberla invocado.
Y, así, con la facilidad que da la equivocación de alguien al entregar una contraseña de maletas, la mala voluntad de una persona al acusar a un inocente, o la mala sangre de un influyente, así en un pestañeo, se pueden cerrar las puertas de un negocio para siempre, encerrar a un inocente y acabar con la vida de un ser humano. Qué razón tenía José Alfredo Jiménez, la vida no vale nada.
Pero esta sentencia no es democrática, algunas vidas valen más que otras. Basta volver la mirada a cualquier cárcel de mujeres para constatar que las presas reciben menos visitas que los presos, con independencia de su grado de culpabilidad o inocencia. Basta ver a la mayoría de los líderes sindicales del país, que viven como auténticos señores feudales a costa de las cuotas que les arrancan a sus agremiados y que en lugar de aplicarlas en beneficio de los trabajadores, ocupan para comparar yates, autos, casas y abogados que los alejen lo más posible de un centro de reclusión.
Pero, a la gente de a pie le resulta muy fácil caer en desgracia. La maravilla es que ahora vivimos en un mundo súper comunicado en el que las injusticias se exhiben y es mucho más fácil que el clamor ciudadano se escuche. De no ser por las redes sociales, el Máximo Bistro estaría clausurado, Marduk y Ángel de María estarían encerrados a pesar de su inocencia. De nada valdría la evidencia de su falta de culpabilidad, ni su vida de ciudadanos buenos, ni su anterior cotidianidad, ni nada.
Vean el caso de Alberto Patishtán, este maestro indígena chiapaneco, acusado de una serie de asesinatos que se perpetraron en un pueblo mientras que él estaba en otro lugar. Pero fue señalado por la desgracia y lleva más de diez años encarcelado por un crimen que la evidencia ya demostró que él no cometió. Para estar en la cárcel la inocencia es lo de menos. Evidenciar la falta de culpabilidad no es suficiente para recuperar la libertad.
Vivir tras las rejas es cuestión de mala suerte. Los que deben estar encerrados, viven las mieles de la injusticia. Los inocentes que están en la sombra no tienen buen pronóstico, los juzgados están desbordados por el trabajo atrasado.
Pueden pasar años y años antes de que un error de justicia se resarza. ¿Quién te regresa ese tiempo que injustamente se pierde? Lo mejor que podemos hacer es apoyar las causas de aquellos que son víctimas, en el sentido más amplio de la palabra, hacer ruido y llamar la atención, para que la justicia impere.
Que si los malandrines, los verdaderos mañosos del mundo, no van a pisar la cárcel, que por lo menos los inocentes salgan de ellas. Que estar preso no se deba a una cuestión de falta de recursos.

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La maleta de Ángel de María Soto

El curioso caso de la maestra Ángel de María Soto parece una comedia con una mala trama y con errores de verosimilitud que, si fuera una historia escrita, ningún autor se sentiría ofendido si el lector aventara lejos el escrito y abandonara la lectura. Lo terrible del asunto es que la historia de esta mujer no es fruto de la fantasía sino una anécdota de la vida real.
Reitero, la trama tiene varias fallas que cuestionan la verosimilitud, pero ya sabemos que la realidad supera a la ficción. La maestra Soto viajó el jueves de la semana pasada con destino a Río de Janeiro para participar en las Jornadas de la Juventud en Aparecida y ver al Papa Francisco. Sin embargo, al hacer escala en Lima, se percató de que no traía el pasaporte -si, ya se que parece difícil de creer, pero la joven de veintitrés años no encontraba su pasaporte- por lo que quedó varada en Perú un día. A su regreso a la ciudad de México, fue detenida en el aeropuerto ya que las contraseñas de su equipaje correspondían con las de una maleta que contenía la modesta cantidad de diez kilogramos de cocaína.
¿Quién manda esa cantidad de droga en una maleta de un vuelo comercial que viene de Perú? Sólo un tonto no sabría de los controles a los que se somete a los pasajeros provenientes de Sudamérica en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, perros entrenados, cateos a cada persona, rayos X, y un sin fin del filtros. Nadie que quiera transportar tanta cocaína lo haría de esta forma, o eso dictaría el sentido común. Por so fuera poca la falta de lógica, la contraseña que le dieron a la maestra Soto amparaba doce maletas y no sólo la de ella, ¿por qué?
¿Qué explicación da LAN, la línea aérea que transportó a Ángel de María? ¿Qué razones hubo para elegir a esta fervorosa maestra para meterla en este lío? Como si se tratara de la obra de Chesterton, El candor del padre Brown, se aprovecharon de un evento religioso para hacer una fregadera y eligieron a la más inocente para perpetrarla. Es evidente que el hecho de que esta mujer fuera a un evento religioso no la exonera de forma inmediata de toda culpa, pero la serie de tropiezos y la detención de esta joven no resulta nada afortunada ni para la PGR ni para la línea aérea LAN.
¿Quién querrá volar por LAN si su personal genera este tipo de confusiones? ¿Dónde estará el valiente que se arriesgue a subir sus maletas en estos aviones con la probabilidad de que te entreguen un cargamento peligroso del que tú ni enterado ni involucrado estás? La Procuraduría General de la República ya se desistió luego de que el Ministerio Público comprobara que el equipaje de la joven no correspondía con el de la maleta con droga. ¿Y LAN? ¿Quién en su estructura se equivocó? ¿Fue una torpeza o un movimiento deliberado? ¿Eligieron al azar a Soto o ya estaba planeado con antelación? ¿Qué tiene que decir la línea aérea?
Lo cierto es que la maestra es inocente y su falta de culpabilidad se resolvió rápido gracias a las redes sociales y a la presión de amigos, familiares y gente que creyeron en su inocencia y no se retiraron de la escalinata de la catedral de Xalapa hasta ver resuelta esta tragicomedia plagada de errores e injusticias.
La maleta de Ángel de María Soto Zárate es una prueba más de que la realidad supera a la ficción y de que la verosimilitud no es importante en la vida real. La maleta de Ángel de María ni siquiera era de ella.

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EDICIONES MUNDI BOOK Y LA CULTURA ACTIVA

Ven, asómate…

RETRATO LITERARIO

A lo largo de los últimos años he podido conocer una gran cantidad de proyectos por la cultura activa volcados en sacar a la luz un arte y una literatura desoída, enterrada, invisible dentro de un mundo de multinacionales de la comunicación. Se oye decir en entrevistas y debates lo que se ha convertido en muletilla y tópico, la crisis del arte, la crisis de la poesía, la crisis de la literatura… Y muchos nos empeñamos en negarla una y otra vez, a golpe de exposición, de publicación de libros, de recital, de cuenta cuentos, de representación teatral, de conciertos, que nos vamos cruzando por cada esquina de la ciudad. Este blog mismo vio la luz y ha crecido dando a conocer muchas de esas obras tan excelentes como desatendidas que circulan por el mundo, incluso de autores clásicos. ¿Crisis? Más bien ignorancia, falta de interés, ceguera.

Una iniciativa editorial…

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