Marduk Hernández y la justicia

Marduk Chimalli Hernández por fin está en libertad. Este joven estudiante de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México permaneció en la cárcel dos meses. Fue acusado de robar un teléfono celular pese a que no había pruebas suficientes ni contundentes para inculparlo.
Lo consignaron en el Reclusorio Oriente y le fue fabricada una acusación para encerrarlo, y, ya tras las rejas, lo intimidaron, lo amenazaron, lo acosaron, no los presos, ¡los funcionarios públicos y agentes del la policía del D.F.! A fuerza de presiones lo quisieron forzar para que se declarara culpable, por suerte no lo lograron.
Marduk siempre insistió en su inocencia. Él declaró que su único error fue pasar por ahí y quedarle a mano a un par de policías que decidieron que el joven les gustaba para que fuera culpable. Ni pruebas, ni declaraciones de testigos en su contra, ni nada que sustentara la autoría de los hechos. Jamás hubo un sustento real para sostener que el joven estudiante se hubiera robado algo.
Por fin, este martes la justicia fue servida. Liberaron a Marduk Chimalli Hernández.
El joven estudiante declaró que no le interesan disculpas públicas ni nada por el estilo. Sin embargo, hay que investigar a los funcionarios implicados en la detención y consignación y en todas las irregularidades del caso. Insisto, hay veces en que ofrecer una disculpa no es suficiente. ¿Cómo se le recuperan a este chico los días y noches que pasó en la cárcel sin deberla ni temerla?
Es tiempo de parar estas injusticias, Marduk, dentro de todo fue afortunado, ya está libre. No todos lo logran, siguen en una celda, sin saber por qué, gritando inútilmente su inocencia. Esto debe parar. También el acoso que está padeciendo la familia de Marduk. Patrullas se pasean frente a su casa, motos de policías, como haciendo evidente que ahí no quedará la cosa, como advirtiendo que es mejor no moverle y haciendo ver que no es buena idea meterse con la Unidad de Protección Ciudadana de Azcapotzalco.
Vaya, vaya, una unidad que lejos de cumplir con su misión se dedica a hacer lo contrario. Un grupo que debiera estar protegiendo a la ciudadanía ahora, para salvar el pellejo, se dedica a intimidar. Espero que la Comisión de Derechos Humanos y la Procuraduría capitalina pongan atención y protejan a quién fue agraviado, encarcelado y maltratado por quienes lo debieron cuidar.

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De ladies, senadoras y Viva Aerobús.

A estas alturas y después de tanto alboroto, muestras de prepotencia y majadería, ya me ganó la risa. Ver las exhibiciones de nuestros notables, que últimamente han sido tan frecuentes, en serio, ya da risa.
El escándalo del día corre por cuenta de Luz María Beristain, senadora del PRD. Su gran pecado, independientemente de la falta de educación y su demostración de escasa cordura, fue hacer mal sus cálculos. De hecho tiene una lista de malos cálculos que empiezan por no saber administrar su tiempo, llegó nueve minutos tarde al mostrador de Viva Aerobús, la línea aérea de bajo costo, filial de Ryan Air, y claro, no sólo le negaron la posibilidad de abordar el avión, también le informaron que perdía el monto del boleto. Eso, la verdad, da coraje y ni modo. Por calcular mal su tiempo, se le vinieron encima una avalancha de pésimos cálculos. La senadora y ex reina de embellezca del estado de Quintana Roo se enojó. Todos nos enojamos, lo malo son los modos. Insisto, María de la Luz se equivocó a la hora de hacer cálculos.
El segundo y el peor fue tratar de apantallar a la señorita del mostrador diciéndole que ella era autoridad, que no es, —me pregunto si la senadora Beristain es consciente de que ser representante en la Cámara Alta no la convierte en autoridad— la señorita del mostrador no se encandiló con el charolazo y tampoco, en honor a la verdad, hizo ningún esfuerzo por ayudar, no a la senadora, a una cliente. No seré yo la que justifique las prepotencias de Luz María Beristain, pero a Viva Aerobús le falta un curso de calidad en el servicio y atención al cliente. Se ve que la chica ni era amable, ni era atenta, incluso antes de que empezaran las cacayacas. Es probable que la aerolínea tenga como política la parquedad en el trato. Yo he volado en dos ocasiones en esta compañía, una con Ryan Air, pésima y otra con Viva Aerobús a Monterrey, peor, parece que la línea se especializa en ver como le hace para tratar como ganado al pasajero y para cobrar sobre precios para ponerse a mano por lo barato de sus tarifas. Es cierto lo que dijo Luz María Beristain, en otra línea aérea hubieran buscado una solución, o por lo menos hubieren hecho el intento, en Viva Aerobús, no. Están tan seguros de su política de precios y creen en ella tanto que se dan el lujo de menospreciar al cliente. Eso, aunque no seas senadora de la República. Por lo menos el trato sí es democrático, a todos mal por igual.
El otro cálculo que hizo mal la senadora del PRD fue pensar que a fuerza de gritos y charolazos iba a pasar. No. No es así María.
El siguiente fue pensar que las bravatas y faltas de educación, la prepotencia y poca clase demostradas se iban a quedar en el hígado de la señorita y que sus desahogos no trascenderían. Pues sí que lo hicieron. Vivimos en una época en la que la exposición de los malos comportamientos es tan fácil como darle click a un teléfono móvil. Parece que Luz María Beristain no lo contempló, o en su fantasía, pensó que estaba en lo correcto, porque sabia y estaba consciente de que la estaban grabando. Es posible que esté acostumbrada a tratar mal a la gente y , por lo tanto, ni siquiera le dio importancia a su mal actuar.
La senadora eligió mal sus herramientas de negociación, intimidar bloquea acuerdos, gritar inhibe las posibilidades de llegar a resultados, presumir de fuerza es tentar a las personas a ejercer su tramo de poder para usarlo en perjuicio de lo deseado. Luz María provocó a la señorita, la humilló y ella en respuesta, y en apariencia con la razón de su lado, le prohibió el acceso al avión.
El último mal cálculo de la senadora fue volar en una línea de bajo costo creyendo que así iba a ahorrar. No, siempre hay costos ocultos, retrasos, incomodidad, malos modos, exceso de equipaje que tarde o temprano se tienen que pagar. Lo barato sale caro, senadora.
En este caso, el boletito le salió carísimo.

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Los cochupos en Coyoacán

En este mundo no hay cosa más peligrosa que los lobos disfrazados de corderos. Por desgracia, esta especie de híbridos, que presumen de piel honorable y en realidad son canallas de campeonato, son cada vez más comunes. En la Delegación de Coyoacán son una plaga, se han reproducido en forma incontrolada y han hecho un daño terrible a la demarcación.
Ya lo he dicho muchas veces, Coyoacán y, en especial, su centro histórico es un lugar mágico en el que parece que se detuvo el tiempo, sus calles empedradas, su plazas virreinales, sus callejones, nos transportan a épocas pasadas. La de los frailes franciscanos, la de los ancestros indígenas, la se Frida y Diego, la de las pulquerías, la de Trosky.
Por su importancia histórica Coyoacán es un lugar sumamente atractivo para turistas, nacionales y extranjeros, es un lugar obligado de paseo que se había convertido en uno de los favoritos de los habitantes de la capital. Hasta que lo convirtieron en un cochinero a fuerza de caprichos y corruptelas.
Se supone que las autoridades y los comités vecinales están para defender y proteger la belleza de la Delegación. Sí, cómo no. Lobos disfrazados de corderos. Coyoacán está hecho un asco. La plaza central está plagada de ratas que están tan acostumbradas a la gente que parece que estamos en Hamelin y no en el Distrito Federal. Los comercios que abren sus puertas tiemblan pues no saben en que momento serán extorsionados y clausurados. A cada veinte metros se topa uno con casas, restaurantes, construcciones, que están selladas con enormes carteles que dicen: CLAUSURADO POR VIOLAR LA LEY, como si se hubiera descubierto un laboratorio de metanfetaminas o un negocio de trata de personas. Al investigar te enteras que la clausura se la llevaron personas de buena voluntad que quieren trabajar y ofrecer trabajos en forma honesta.
Los vecinos que integran el comité vecinal se jactan de ser ellos los que propician este tipo de clausuras, presumiendo músculo. Presionan a las autoridades delegacionales y no quedan es paz hasta lograr una clausura más, pero su voracidad no se sacia, siguen y siguen repartiendo sellos, sin ton ni son, con una alegría difícil de comprender.
Con estas clausuras se pierden fuentes de ingresos, derrama económica, trabajos, en fin, se frena la economía. Lo he padecido en carne propia. Vecinos hambrientos de sellos, autoridades complacientes. Un circulo de corrupción. Para que te quiten la clausura, o te aguantas dos años a que los trámites sigan su curso, es decir, a paso lento, mientras vez como tu inversión se desploma a paso acelerado, o le entras al cochupo, a la trampa.
Siempre me quedó claro el beneficio de la gente de la delegación, cada clausura era una posibilidad de extorsión. Jamás entendí al comité vecinal. ¿Qué beneficio obtenían de estos cochupos? ¿Estarían engañados pensando que de verdad defendían su colonia? Yo pensé que los vecinos eran bastante tontos. Las colonias con casas clausuradas se ven horribles, se destruyen, son fuente de basura, refugio de maleantes, quemaderos clandestinos. Lejos de beneficiarse, se perjudican con estas acciones. ¿O qué ocultan?
Todo quedó claro hoy. Ya salió el peine. Muchos de los integrantes de los comités vecinales, lobos con piel de cordero, están en la nómina de la delegación, son parte de los cochupos de extorsión y abuso de poder. No tienen vergüenza. Se disfrazan de ciudadanos preocupados por la ciudad y en realidad están preocupados por sus carteras.
Por favor, señor Mancera, ¿hasta cuándo se le va a poner un alto a tanto atropello? Los que queremos trabajar en paz, generar empleos, hacer el bien, vivimos amaenazados por los que nos deberían proteger. Las evidencias están hasta en las primeras planas de los periódicos. Basta salir a pasear a Coyoacán para darse cuenta del mugrero. ¿Cuánto más tenemos que esperar, señor Mancera? Ellos sí están violando la ley.

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Frivolidades

Ser frívolo es lo mismo que ser superficial, que carecer de seriedad. A veces, la frivolidad es divertida y necesaria. No se puede vivir la vida en alta intensidad permanentemente. Tampoco se puede vivir nadando de muertito y caminando de puntitas. Todos los extremos son malos, ya lo sabemos. Desgraciadamente, la frivolidad es embriagante y alcanzar profundidad es difícil y, a veces, doloroso. Seamos honestos, ¿a quién no le gusta divertirse y pasarla bien?
El problema empieza cuando las exhibiciones, el hablar de más, las presunciones, hacen patente el grado de frivolidad de las personas. Todos somos frívolos y contamos con nuestro arsenal de superficialidad, cada quién lo administra de diferente manera.
Lo malo es cuando el grado de profundidad en nuestras acciones, pensamientos y valores se eleva apenas unos cuantos centímetros del suelo, cuando la altura de miras nos lleva a alcanzar la suela del zapato, entonces la frivolidad deja de ser divertida y se vuelve peligrosa. Igual que un briago, un frívolo extremo se desinhibe. La gente de valer sabe administrar la seriedad, no se exhibe, pero sobre todo, puede ver mas allá de la punta de la nariz, su horizonte llega más lejos que la distancia de sus brazos y sabe que el largo plazo dura más que el día de hoy.
Decir que los políticos son frívolos es repetir lo que todo mundo sabe, pero dejar de decirlo es ser superficiales. Me apena ver las exhibiciones de los políticos mexicanos. ¿Ya nadie sabe lo que es la prudencia? En las redes sociales se ven fotos de gente viviendo como no les corresponde, hijas, hijos, mascotas, viajando en aviones privados, funcionarios en partidos de béisbol desde palcos millonarios, servidores públicos en restaurantes, trabajadores al servicio del estado presumiendo compras que dejarían pálido a un jeque árabe, y eso es ya tan cotidiano que ni nos asombra. Yates, casas, coches, bolsas, corbatas. Nadie se salva. Cochupos hay por todos lados, en la derecha y en la izquierda.
Lo triste es que esa frivolidad se anteponga a las grandes urgencias de México. Hay gente que se muere de hambre y los gobiernos de la Ciudad de México y del federal no se hablan. Los delegados no reconocen a sus interlocutores, ni quieren hablar con la Secretaria, por que dicen, Rosario Robles es impresentable, de acuerdo. Sosamontes tampoco les gustó. Y mientras los delegados, tan probos e intachables, le hacen al cuento, la cruzada contra el hambre se detiene. Como si la urgencia de saciar las necesidades no existiera. La profundidad de nuestros políticos da vergüenza.
Da pena ver el corto alcance que se contrasta con las grandes necesidades y urgencias que les hemos encomendado.

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Roland Garros

Si París es bella de por sí, en estos quince días se pone aún más hermosa gracias a las raquetas y a las bolas verde-amarillo limón. Inicia uno de los torneos más lindos del circuito y para mi el más divertido de los cuatro Grand Slams: Roland Garros.
Hace ciento doce años que se juega el torneo y ochenta que los amantes del tenis volvemos nuestro mirar al hermoso complejo ubicado en la banlieu de París, al lado del hermoso Bois de Boulogne para ver a nuestros favoritos mancharse las calcetas de color ladrillo, con polvo de arcilla. El torneo abierto francés internacional de tenis Roland Garros, es su nombre oficial, Abierto francés o Roland Garros para los cuates.
Desde los cominezos de la historia del Roland Garros, impulsada por las proezas de los “Mosqueteros”, hasta las hazañas de Suzanne Lenglen y otros campeones de tenis que se han lucido en Roland Garros tales como John Mc Enroe, Pete Sampras, Michael Chang, André Agassi, Yannick Noah, Gustavo Kuerten, Rafa Nadal, Roger Federer, Marat Safin, Novak Djokovic, las hermanas Williams, Martina Higgins, Marion Bartoli, Francesca Schiavone, tantas emociones que genera la legendaria tierra batida de las canchas número uno, Suzanne Lenglen y, desde luego, Phillipe Chatrier.
Roland Garros es un torneo que lo tiene todo, es divertido, es cómodo, las instalaciones son una maravilla, lo mismo puedes comer un bagette que sentarte a ser atendido y degustar una comida de tres tiempos. Hay pequeñas tiendas de souvenirs o boutiques de deportes. Está un museo maravilloso, pero lo que verdaderamente encanta de este torneo son las canchas. Suzanne Lenglen y Phillipe Chatrier son auditorios pequeños si se comparan con los que alojan otros torneos, esto es una maravilla, pues no importa en donde te sientes puedes ver el movimiento de la bola sin necesidad de prismáticos. No hay otro complejo en el circuito de tenis que cuide tanto al espectador. La asociación francesa de tenis no ha caído en la tentación de alocarse y construir un estadio tan grande que los asistentes,en vez de disfrutar la acción de la cancha por la cancha, tienen que ver las acciones sentados en el auditorio, si, pero viendo todo a través de una pantalla auxiliar. En Roland Garros, no. No importa si estás en la ultima fila, ves y aprecias los movimientos del jugador, de la bola, de la raqueta, se ven las pisadas sobre la arcilla, las marcas de la pelota. Ves todo.
Lo sé porque me ha tocado estar sentada hasta arriba, a un lado de la sección presidencial, atrás del juez de silla y en casi todos lados. Tuve la suerte de ver a la petite Justine Henin, ganar por última vez el torneo, a Rafa varias veces y a Roger Federer la única vez que el torneo ha sido suyo. Ese privilegio lo atesoro en el corazón.
Soy tenista, juego en arcilla, amo París entrañablemente. Para mí Roland Garros lo tiene todo. Después de los partidos siempre hay tiempo para pasear por París, caminar a la vera del Sena, visitar lo de siempre o perderte entre sus calles, cenar en el Jules Verne, en la Tour d’Argent o en un pequeño restaurante de los barrios menos turísticos. Caracoles, carne tártara, crème brûlé, una copa de champaña… ¡Quiero estar en París!
Este año no será posible. Los boletos que tenía para la final no se podrán aprovechar. Será por la tele. Porras, gritos, emociones. ¡Vamos, Roger!, mi amor tenístico,¡Vamos, Rafa!, la garra que tanto admito, ¡Vamos, Nole!, por grandioso, ¡Vamos, Andy!, por su juego, ¡Vamos, Tsonga, Monfils!,
parceque ce sont françaises ¡Vamos hermanas Williams!, por su perseverancia, ¡Vamos, María!, por combinar lo bella y lo eficiente. ¡Rayos, quiero estar en París!
Siempre tengo motivos para querer estar en París, desde luego, estos aumentan la última semana de Mayo y la primera de Junio. El corazón y la mente se llenan de tierra batida, de polvo de ladrillo, de arcilla y de suspiros por París.

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Alberto Patishtan

La primera vez que oí el nombre de Alberto Patishtan fue de labios de Pepe Aviles, mi gran amigo, sacerdote jesuita, acompañante de los olvidados indígenas de Chiapas. Pepe tiene muchos años viviendo allá, conoce los temas y sabe de los dolores que atacan a los tsoltsiles. Ha dedicado la vida entera a ayudarlos, escucharlos, consolarlos y a educarlos. Así son los jesuitas, dan herramientas para transformar el entorno, prestan voz y la elevan fuerte en favor de aquellos a los que nadie quiere escuchar. En ocasiones, los de la Compañía de Jesús han resultado tan molestos que han sido expulsados de los territorios en donde se han empeñado en ayudar.
Pepe conoce personalmente a Alberto Patishtan y cree en su inocencia. Lo ha visitado muchas veces en su celda, lo ha animado, ha estado con él. Patishtan es un maestro rural acusado de participar en una emboscada que el 12 de junio del 2000 que le costó la vida de siete policías, y que además dejó dos heridos. Después de un proceso lleno de irregularidades fue sentenciado por lesiones, homicidio calificado y portación de armas de uso exclusivo del Ejército, entre otras que dicen que él cometió. El profesor rural siempre se ha declarado inocente. Es más, hay evidencia y testigos de que Alberto Patishtan no estaba ni cerca del lugar de los hechos.
Su historia a tomado tintes internacionales. Decenas de organismos se han pronunciado a favor de su libertad y la imagen de su rostro circula por otros países. Incluso el fallecido obispo Samuel Ruiz García fue a su celda para entregarle el reconocimiento “Jtatic Jcanan Lum” por su lucha en favor de los derechos humanos de sus compañeros. Este sencillo maestro rural se ha convertido en el símbolo de lucha de los que han sido encarcelados en forma injusta. Patishtan no aboga únicamente por él, también incluye a sus compañeros de infortunio, a los que no saben ni porque están ahí, bajo la sombra, en una celda.
Su día a día, en reclusión, ha sido sumamente difícil. En 2010 informó que padecía glaucoma, situación que se agravó por la inexistente atención médica en los centros penitenciarios. Al siguiente año fue trasladado al Centro Federal de Readaptación en Guasave, Sinaloa, pero gracias a un amparo pudo regresar a Chiapas. A principios de octubre de 2012 fue operado de un tumor en el cerebro, dos años después de que su visión comenzará a verse afectada. En el Instituto Nacional de Neurología “Manuel Velasco Suárez” lo esposaron a la cama, mientras esperaba su intervención quirúrgica.
Pepe dice y tiene razón que la forma de enderezar este entuerto es que no cesen las voces de exigir justicia y la libertad para los presos encarcelados injustamente. Es hacernos escuchar. Todos podemos ayudar dando voz a este problema y exigiendo la liberación de Patishtan. El triunfo de su liberación es nuestro, es tomar la opción de vivir por la verdad y la justicia elementales para el ser humano.
“Por la verdad no se puede callar ni descansar, mucho menos por la justicia que todos anhelamos los mexicanos. Digo esto porque realmente el sistema de procuración de ‘justicia’ está lejos de la luz de la verdad. Tal como incurrieron los tres ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre mi caso”, escribió el profesor Alberto Patishtan quien, pese a todo, mantiene una sonrisa en el rostro y no deja morir la esperanza.“Pueden pasar muchas cosas, pero yo digo que sí, que sí podemos tener una respuesta favorable”, ha declarado, mientras espera la tan ansiada libertad, esa que ha buscado por más de una década y que asegura, pronto llegará.
Hay un punto de acuerdo que se presentará esta semana en la Cámara Alta que tiene por objetivo exhortar al presidente Peña Nieto para indultar a Patishtan. Hay una amenaza de que esta sea desechada ya que tiene problemas de forma.
¡Basta! ¿Dónde está la justicia en México? Un hombre está encarcelado de forma injusta desde el año 2000 y no hay quién se haga responsable de su libertad. Esto es un tema de fondo, de conciencia y de humanidad. ¿No es suficiente haberle robado trece años de vida a un inocente?
Elevemos la voz en favor de Alberto Patishtan, de lo contrario pueden pasar otros trece años sin que este hombre alcance su justa libertad.

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Disculparse

Un requisito básico para ofrecer una disculpa es que sea sincera, por ahí debemos empezar. El paso número uno es reconocer que se hizo mal, se causó daño y se está dispuesto a admitir la autoría de los hechos. Sin duda, para eso hace falta valor, pero no es suficiente. En segundo lugar hay que ver la forma de resarcir el daño causado. Para eso no basta con ser valiente, es necesario ser honorable.
El honor, al parecer, es un valor en desuso, una palabra olvidada. Honor es, según la Real Academia de la Lengua, la cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes con los demás y con uno mismo. Nuestro prójimo más cercano son los nuestros, son los hijos. Fallar ahí es fracasar, fallar por falta de honor es una mancha en la consciencia y una seña de identidad. Si le incumples a un hijo y tus acciones en vez de ser meritorias son viles, ¿qué pueden esperar los demás?
Para impartir justicia, debes ser una persona de honor, es decir, perseguir la verdad y el mérito auténtico, sin sesgos, sin prejuicios, sin intereses particulares. Ser intachable y probo.
Cuando alguien engaña, lastima el honor, cuando alguien engaña y ofrece una disculpa con antelación, presumimos que hay honestidad, y el honor se restituye. Somos humanos, somos falibles. Disculparse se vale. Pero cuando las disculpas llegan porque te agarraron con las manos en la masa, la sinceridad queda en tela de juicio y el honor hecho trizas.
Ayer, el ministro de la corte en retiro, inició un discurso con las siguientes palabras en un acto de sinceridad y conciencia, yo, Genaro Góngora Pimentel, ofrezco disculpas a la madre de mis hijos, a su familia y a mis pequeños si en algo les he fallado./em>
No lo sé. Las palabras no me suenan sinceras desde el momento en que son producto de un descubrimiento periodístico que dio a conocer que el ex ministro y ex presidente de la suprema corte de justicia, encarceló a la madre de sus hijos para evitarse dar una pensión alimenticia.
Dejando a un lado el delicioso sabor del chisme de enterarnos que un magistrado de la suprema corte tuvo un amante con la que procreó dos hijos, que están enfermos, diagnosticados con autismo y que el juez no pasaba para el gasto con regularidad, está la falta de honor de una persona que administró justicia.
¿Cómo imaginar imparcialidad en un hombre que fue capaz de meter a la cárcel a su examante con tal de darle la vuelta a sus obligaciones? No se trata de juzgar los deslices de un hombre, cada quiėn su intimidad. Más bien llama la atención e indigna un padre irresponsable que nos vendió la figura de un ser intachable a un nivel tal que se encargo de la máxima magistratura del país. De un maestro que instruyó a casi todos los jueces de los tribunales de justicia de la nación. ¿Se imaginan cuantos subordinados y alumnos agradecidos tiene el juez Góngora?
Genero Góngora Pimentel no es un marinero que tenga varias mujeres, hijos en cada puerto y familias olvidadas por los siete mares, si así fuera, el tono seria distinto. Pero no. Tampoco se trata de justificar una reacción apasionada de enojo, de una venganza o de una irresponsabilidad cualquiera No. No me refiero a un desobligado, que al ver la situación de enfermedad de sus hijos salió huyendo. Se trata del expresidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y todo lo que el los implica.
Sale a ofrecer disculpas en una tribuna pública, en vez de correr al lugar de reclusión de se ex pareja a pedir perdón. Se vale de los medios de comunicación y se enarbola una sinceridad que suena, por decir lo menos, débil. El honor del juez en retiro queda por los suelos independientemente de los pleitos razonables o de lavadero que tenga con la madre de sus hijos.
Hay cosas que no se deben hacer, fronteras que no se deben cruzar, hitos que no se deben tocar. La responsabilidad con los hijos es una. El honor de cumplirles a carta cabal es otro. Sin embargo, el indispensable es ver por su bienestar, si no partimos de ahí, estamos cimentando sobre terrenos porosos.
El honor ha de ser sólido para aguantar las pruebas todoterreno, si no, las disculpas nunca serán sinceras, ni valientes, ni honorables. Si no, miren nada más.

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Ser diferente

Ser diferente es difícil. ¡Que curioso! En un mundo cada día más global, en el que las fronteras cada día son más tenues y el acceso a la información más fácil, ser diferente sigue siendo muy difícil.
En el mundo corporativo ser diferente es una cualidad. La diferencia se acredita como una ventaja competitiva que ayuda a sobresalir y eso es lo adecuado. Destacar y ser visto el lo que cualquier compañía anhela, ya que así, la que se distingue de los demás será la preferida, ocupará el lugar de honor, las leyes de oferta y demanda la apadrinarán.
Sin embargo, entre los humanos ser diferente es difícil. Los humanos no nos acostumbramos a ver al otro de cerca si lo percibimos distinto. Es más, mientras menos iguales se manifiestan, mayores acentos de desconcierto, de agresividad, de discriminación o de descontento se expresan.
En un instinto muy precario, los humanos nos comportamos como manadas que al ver una especie diferente, nos sentimos amenazados, la atacamos y la depredamos. Como sucede en las escuelas de peces, que se comen al que no es como ellos; como pasa en los panales de abejas cuando entra un intruso, las obreras se aprietan unas contra otras hasta asfixiar al huésped non grato.
Así, los que tienen gustos diferentes a los míos, los que hablan diferente, los que tienen un tono de piel menos igual, sufren discriminación.
En algunos casos la discriminación se manifiesta elevando las cejas o haciendo gestos. En otros los niveles de agresión son brutales. Tanto es así que se llega a la tortura, a la mutilación, al asesinato.
Eso no sucede lejos, está más próximo a nosotros de lo que pensamos. A veces en nuestra propia casa, a veces en nuestro propio corazón. Caemos en la tentación de despreciar lo que no es como nosotros.
Hay muy pocos que en este mundo global, tecnificado y súper moderno, están dispuestos a levantar la voz en favor de los diferentes. Son tan pocos que, por más que griten, su voz parece un murmullo. Necesitan ecos que a fuerza de repetir, ganen volumen para ser escuchados. Esas voces merecen ser escuchadas para hacernos reflexionar y obrar un cambio.
Alejandro Solalinde es una de estas voces que claman en favor de los migrantes, de aquellos que tuvieron que dejar el calor de su tierra primigenia en busca de una mejor vida, y que han encontrado desprecio, extorsión, golpes, mutilaciones y muerte. El padre Solalinde recorre el camino de todos estos que salen de sus hogares en Centroamérica, cruzan, como pueden, el territorio mexicano para cruzar la frontera y vivir el sueño de encontrar trabajo. Claro está que en este recorrido no sufren únicamente la tristeza de abandonar lo suyo, también son amenazados, maltratados y acusados. Son muchos los que se lanzan a esta aventura y parece que son invisibles. Ni autoridades de sus países de origen, ni las de los que cruzan en su peregrinar parecen percatarse de su presencia, mucho menos de su circunstancia. El padre Solalinde les extiende la mano.
Hoy, la caravana de Alejandro Solalinde en favor de los diferentes está en Manhattan. Llegó. Una fotografía sobrecogedora de personas que lo acompañan apachurra en alma. Hombres y mujeres mutilados, sin piernas, sin brazos, que perdieron en los rieles de La Bestia, el tren que lleva migrantes en el techo, como moscas, a lo largo del territorio nacional.
La lucha por los migrantes, por los otros, por los distintos hace de Solalinde un hombre diferente, sale de su zona de confort y entra al territorio del compromiso. ¿Será esto una ventaja competitiva? Espero que en su caso lo sea. Me apena ver el espacio tan reducido que le dan a la difusión de su movimiento.
Por eso yo, desde mi trinchera, doy voz, replico el murmullo. Que mi eco sirva para elevar el volumen, para que la lucha de este valiente en favor de los que no son como yo se escuche. Para que me entre en el corazón y no se olvide lo difícil que es para muchos ser diferente.

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Caminos de Michoacán

Michoacán es la tierra de mis padres, ambos nacieron en La Piedad, a la vera del río Lerma, casi en Jalisco, casi en Guanajuato, pero es territorio michoacano. Ahí viven mis tíos, mis primos, mis amigos. Ahí está el rancho de mi abuelo y el amor por una tierra que aprendí a querer desde muy niña. Aunque nací en la Ciudad de México, en la que crecí y en la que siempre he vivido, cada que mis papás podían, tomábamos camino para ir a La Piedad. Casi cada vacación de mi niñez la pasé en Michoacán, jugando en los corredores de la casa de mi abuelo, comiendo papas de carrito, jicama con vinagre y queso, yendo a las enchiladas de Enedina, acompañando a mi tía Marhta a su oficina, jugando en la fabrica de hielo de mi tía Tolla, haciéndome cómplice de Bety, mi prima, montando a caballo.
Tengo una colección muy grande de buenos recuerdos de Michoacán, no sólo de infancia, también de adulta, mi primer jefe fue de La Piedad, por años, gran parte de la operación de negocios la hice en Zinapécuaro, Panindícuaro y Ecuandureo. Conozco las luces y sombras del estado de Michoacán. Sé de sus pueblos fantasma que se han desalojado por la migración de su gente, de los pueblos habitados por mujeres, niños y viejos ya que sus hombres han migarado, principalmente a California, en busca de trabajo. Sé de sus tamales amarillos, de carnitas y de la gran capacidad de trabajo de los michoacanos. Sé de hombres y mujeres de empresa, que con inteligencia y dedicación, han hecho crecer negocios, han creado fuentes de empleo y generado riquezas por los caminos de Michoacán.
Sé, asimismo, que de unos años para acá, el territorio michoacano perdió la calma, que Apatzingan, Cheren, Zitácuaro, Buenavista, Tomatlán y tantos otros pueblos fueron invadidos por grupos delictivos como La Familia, Los Templarios y que hubo momentos en que Michoacán parecía tierra de nadie. Sé que en los últimos años estos malandrines aprovecharon las fisuras y las diferencias políticas que se causaron por tener un presidente panista y un gobernador perredista. Me da mucha pena saber que muchas empresas han decidido retirarse del estado por miedo, por falta de garantías y seguridad.
Me da mucho gusto leer que se ha creado un plan integral de paz y seguridad para regresarle a los michoacanos las tierras, los caminos, las esperanzas y la felicidad que les fueron robados por organizaciones delictivas. Recuperar la cotidianidad, la libertad de caminar por donde se desee sin el miedo de ser amenazado, de abrir las puertas de tu negocio sin el pánico a ser extorsionado. Volver a la normalidad.
Ya era tiempo de que en unidad se despoje a tanto maleante de lo que no es suyo y que a punta de amenazas y extorsiones lo arrebató a sus poseedores originales. Ya es tiempo de que los michoacanos, con independencia del color que pinten su preferencia política, regresen a ese estado de armonía que tanto les falta.
Me alegro de que los caminos de Michoacán se encuentren en proceso de ser recuperados.
Enhorabuena.

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Divide y vencerás

Hace poco, en uno de los seminarios de liderazgo que imparto, hicimos un ejercicio que siempre resulta muy efectivo. Pedí a los asistentes que tomaran diez palillos chinos y los dividieran en dos grupos de cinco cada uno. En seguida, tomarían uno de los grupos y dejarían el otro a un lado. El que tenían en la mano lo dividirían nuevamente, ahora de uno en uno y así deberían doblar los palillos hasta romperlos, cosa que fue muy fácil de lograr. Después pedí que regresaran al otro grupo y dejaran los palillos juntos, así debían tratar de romperlos. No fue nada fácil conseguirlo. Mientras mas unidos estaban los palillos, más difícil resultaba doblarlos, hubo quienes no consiguieron romperlos. Hagan la prueba y verán.
Así es, divide y vencerás.
Los grupos de trabajo, las corporaciones, las familias y cualquier equipo, se dedique a lo que se dedique, mientras más unido se fortalece más, a mayor división, mayor vulnerabilidad.
En seguida, los puse hacer otro ejercicio. Debían agruparse de dos en dos y amarrar un pañuelo a los tobillos de cada quien y debían caminar. Los que se pusieron de acuerdo llegaron lejos, los que quisieron imponer su rumbo sin tomar en cuenta al otro, no se movieron un centímetro. Los que se unieron en torno a un objetivo, lo consiguieron. Los que se aneciaron y se dividieron, fracasaron.
Así es, divide y vencerás.
Es muy difícil llegar a acuerdos. Todos estamos felices de hablar de consensos pero pocos realmente queremos comprometernos. Es lógico, para acordar hay que sacrificar, hay que renunciar y ceder. Eso no le gusta a nadie. Que se haga, sí, pero en la parcela de mi compadre. Llegar a la meta de la mano de alguien habla de grandeza de espíritu, quiere decir que se logró vencer al ego en favor de una aspiración superior.
En el PAN, las divisiones ya llegaron a un nivel peligroso, tanto así, que desde afuera se ven como fracturas. Cordero fuera, arengando en contra del presidente de su partido. Madero operando con el teléfono en la mano en vez de dar la cara. Ambos exhibiendo, de forma casi impúdica, las divisiones y fisuras que los alejan. No suplieron ponerse de acuerdo y están mostrando el cobre.
Complacer a Peña, coquetear con el PRD, cada quien sabe de sus culpas, intereses y motivaciones para plantear posturas tan radicales. De ningún modo son temas triviales ni frívolos. Hay presupuesto en medio, el sonido de las monedas y la textura de los billetes es diferente si eres o no eres coordinador de una bancada. En especial si se trata de la de una fuerza política importante como la del PAN.
Es verdad que el PRI no fue oposición sencilla, ni mansa, ni humilde. Ni siquiera cooperativa, cuando el PAN estuvo en elmpoder.También es cierto que no nos gusta que la oposición sea un lastre para el progreso. Debe ser, como he dicho, un contrapeso. Es tiempo de avanzar en los acuerdos.
Acción Nacional debe recordar que el que divide vence. En la unión se encuentra la fortaleza. Pero hace falta tener grande el alma.

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