89 entrega de los Oscars

No sé, cuando las cosas deben ser perfectas y un detalle absurdo las echa a perder, a mí me da por sospechar. A partir de ya, las culpas se estarán repartiendo y las responsabilidades se estarán fincando. Culparán a la producción y sospecharé aún más, ni modo de que en tantos años, los señores organizadores no tengan experiencia. Culparán a los pobres de Faye Dunaway y a Warren Beatty a quienes empezaremos a ver seniles a pesar de que, tal vez ellos no hayan sido los culpables. Culparán al formato, a la lluvia, a las estrellas, al clima, al animador, y la liata crecerá y crecerá como la hiedra del cuento de Juanito y las habichuelas mágicas.

Lo cierto es que al final, todos salieron perdiendo. El premio más importante de la noche no fue ni para  Dios ni para el diablo. Para los de Moonlight, recibir un premio en esa forma les debió saber a cenizas, fue como recibir las sobras frías de la cena. Para los de Lalaland la humillación mayúscula no los dejará festejar los triunfos que sí tuvieron. Semejante metida de pata, me hace sospechar.

Ya no hablaremos de los hermosos vestidos de Emma Stone, de Halle Berry o de Viola Davis. No opinaremos sobre los dulces y las donas que cayeron del cielo, ni  de lo poco que dijo Casey Afflek en comparación del maravilloso discurso de Viola Davis que siempre es impecable. No comentaremos de los miembros de la academia que murieron y que fueron honrados, ni de la música, ni de la calidad de las películas. Nos quedaremos con la cara avergonzada de Warren Beatty tratando de explicar lo que sucedió y se nos metera al cerebro la frase No es una broma, Moonlight ganó, y a partir de eso el mundo se quedará con la boca hasta el suelo, esperando una explicación plausible de lo que sucedió.

La expresión de Ryan Gosling lo dice todo. La cara de Emma Stone no deja nada a la imaginación. La rabia de Fred Breger y el valor con el que Jordan Horowitz enfrentó a las cámaras para decir que Lalaland no era la ganadora quedarán para los anales. Memes irán y vendrán. Se hará una fiesta sobre el tema y lo que tanto valió de esta entrañable ceremonia se irá volando y se desvanecerá como el humo.

 Mientras tanto,  me quedo sospechando. En esta ceremonia 89 de entrega de los Oscars hubo un gran acento político. Hubo críticas a la estupidez, hubo declaraciones directas como la de Gael García a quienes muchos criticarán por oportunista y al que yo aplaudo por haber aprovechado el micrófono para hablar y dar la cara por los mexicanos. Pocos hablarán de Ashgar Faradhi, el director de Salesman quien no fue a recibir el premio en protesta por el agravio que Trump y su gobierno habían hecho contra los inmigrantes de siete países musulmanes. Nadie hablará de la dignidad de sus palabras ni de la valentía de la científica iraní Anousheh Ansari, que leyó un comunicado en nombre de Farhadi.

Claro que me hace sospechar que mientras todo esto sucedía, Donald Trump, maniático del Twitter estuviera calladito, sin teclear una sola palabra. El daño está hecho, como en la pirinola pierden todos: la Academia queda rostizada, Warren Beatty y Faye Dunaway se ven reducidos a los personajes que regaron el tepache y mancharon la noche, aún si ellos no tuvieron la culpa, y —si la tuvieron, por gallardía alguien cargará la responsabilidad, ni modo que los dejen achicharrarse así solitos—, pierden los ganadores y pierden dos veces los perdedores. Pierden todos los beneficiarios del apoyo político de actrices y actores, productores, directores y de todos los que hicieron  voces en favor de la inclusión. Díganme, ¿quién ganó con esta lamentable confusión? 

En serio, es para sospechar, ¿a poco no?

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Teresa, Alberta y Jacinta

“Quiero que los indígenas escuchen el perdón, que sepan que tienen derechos y que esto ayude a otros que están viviendo lo mismo que pasé yo”, así habló Teresa González frente a un micrófono en el Museo Nacional de Antropología, después de que la Procuraduría General de la República le pidiera perdón públicamente a ella y a otras dos indígenas: Alberta y Jacinta por un hableras imputado, acusado, procesado y condenado por un crímen que no cometieron.

Así de absurdo como se lee, estas tres mujeres indígenas cumplieron mil trescientos treinta y cinco días por un delito que no cometieron. Era cosa de verlas para entender que estas tres mujeres no pudieron haber cometido la fechoría por la que fueron culpadas. Les dijeron que fueron ellas las autoras de un secuestro de seis policias y en el absurdo extremo fueron sentenciadas por magistrados y terminaron tras las rejas, cuando su único delito fue ser  pobres e indígenas. Les cayó la desgracia de que algún maldito las señalara y les echara encima el aparato del Estado. Quedaron indefensas,encerradas y preguntándose qué rayos pasó ahí.

En el colmo del absurdo, nadie alcanzó a ver que la proporción de dos a uno, —tres indígenas y seis policías— ya daba para sospechar, además, ellos mas fuertes y con entrenamiento y ellas, tres indígenas que vendían muñecas de trapo, afuas frescas y verduras, daba para ver lo difícil que les hubiera resultado. Pero, sin importar evidencia ni debido proceso, las condenaron a veintiún años de prisión por secuestro a integrantes del cuerpo elite de combate al crímer organizado. O ellas eran unas súper poderosas, o ellos unos süper imbéciles o eso no sucedió. Elijan la opción más plausible.

El caso llegó a oídos del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro que tomó el caso en sus manos y dió batalla por la justicia. El logro es enorme, por primera vez en la Historia el Estado Mexicano pide disculpa, pide perdón y eso en un país cin una tasa de 98% de impunidad es para echar campanas al vuelo. El propio Procurador General de la República fue quien pronunció las palabras que ofrecieron perdón por semejante despropósito, es verdad que no fue en su gestión que se dió este abuso, pero a él le tocó agachar la cabeza a nombre  de la autoridad. 

Muchos dicen que una discupa no es suficiente, que un lo siento mucho no borra los días de encierro ni el haber tenido que parir en la cárcel ni las penurias de la prisión.  Es verdad, nada les va a quitar esos días de dolor, eso no tiene remedio ni aunque   las agarraran a billetazos. “La importancia de esto no es sólo por ser la primera ocasión que la dependencia acepta su error, sino porque mand aun duerte mensaje… de las tres mujeres a las miles de cíctimas indígenas cuyos derechos humanos son violados constantemente.”, dijo Mario Padrón su abogado.

Por algo se empieza, antes hubiera sido impensable que se llevara a cano un acto público de satisfacción para restituir el honor a tres personas que llevaban varias desventajas: ser mujeres, ser indígenas y ser pobres. En otros tiempos, si la fortuna les hubera sonreído, las hubieran sacado a patadas de la cárcel y si te vi, ni me acuerdo. La cara de felicidad de Teresa al hablar en el Museo de Antropología y recibir las palabras del Procurador me hacen sentir que hoy es dun día para celebrar. Las sonrisas de Alberta y Jacinta son el comienzo de la celebración.

 

Latinos y trumpistas

De las cientos y tal vez miles de cosas que me siguen sorprendiendo al ver a Donald Trump como presidente de los Estados Unidos la que más me asombra es ver al grupo de latinos que apoyan a este hombre que se ha ensañado contra los migrantes. Puedo entender, aunque nunca justificar, que el señor tenga apoyo en el ala conservadora de la población, en el sector republicano tradicional, en los habitantes blancos del centro del país que siguen viviendo ideologías de finales del siglo XVII, pero la simpatía que muestran algunos latinos me deja estupefacta.

No logro entender que razones tienen para apoyar a un hombre que busca darle de porrazos al eslabón más débil de la cadena de valor estadounidense. ¿Será que no se sienten parte de ese grupo? La magnitud de los golpes que Trump le asesta al sector latino crece y la gente tiembla ante la posibilidad de una redada. El temor de que lleguen a tocar a la puerta de tu casa, de que te detengan mientras vas manejando o caminando en la calle porque pareces sospechoso, aunque lo único que cause sospechas sea el tono de piel, las filtraciones que muestran el deseo de contratar a quince mil nuevos agentes para las agencias dedicadas al control de la inmigración y sus miles de amenazas debieran ser suficientes para ganarse el desprecio de propios y extraños. Sin embargo, hay latinos que lo apoyan.

Lo curioso es que muchos blancos muestran su repudio por el actual presidente estadounidense. El cincuenta y cinco por ciento de desaprobación que reporta Gallup da cuenta de ello. No obstante ahí está un grupo de latinos que lo aplauden. Bety Gómez, una mujer cubana que vive en Miami dice que reza todos los días por Donald Trump porque está segura de que Dios lo puso ahí para protegerla. María Rivas de Bolivia  vive en Nueva York  y dice que le da mucha ilusión pensar en la construcción del muro, dice que se lo imagina como un gran monumento: majestuoso, alto y electrificado. Rosa Jiménez de Ecuador se dice satisfecha con los primeros treinta días de gestión del presidente pues no ha hecho otra cosa que cumplir su palabra y hacerse cargo de sus promesas de campaña. Estas opiniones las consignó P. de Llano en el periódico EL País.

La triste ironía que vivimos es que asumimos que el mundo sería más global, más incluyente y habría más espacio para que todos convivieramos en paz sin importar color, preferencia, nacionalidad o religión. Después de treinta días, el mundo está más dividido que nunca. Las grietas se muestran con gran fuerza en estos latinos que a pesar del tono cobrizo de la piel, del color café oscuro en los ojos, de los rasgos autóctonos de su figura, ellos se identifican con los blancos de ojos azules y cabello rubio que desprecian a los de su raza.

Los furibundos seguidores de Trump escuchan los gritos que les lanzan: ¡Intolerantes! ¡Están llenos de odio! y ellos responden ¡Antiamericanos! Y se llenan la boca al decir que su presidente hará grande a esa nación otra vez. No se ve cómo lo va ha hacer y menos con los niveles tan bajos de aprobación que arroja su trabajo en este primer mes en la Oficina Oval.

¿Qué irá a suceder con estos latinos que apoyan a Trump? ¿Pensarán que son invulnerables y que apoyando al presidente están blindados contra sus amenazas? Me temo que pronto se darán cuenta que no será así. Estos latinos fieles seguidores del mandatario estadounidense, cierran filas ante las críticas y celebran que sea un hombre cumplidor y que esté pasando del dicho al hecho. Verlos me hace creer que viven el peor de los mundos: son latinos, hoy por hoy esa condición los pone en estado de vulnerabilidad; y son trumpistas, es decir, le caen mal a todo el mundo. Pobres.

 

Una buhardilla y dos transformaciones 

En septiembre de 2008, llegué a ese lugar como quien despierta en medio de una pesadilla oscura. Era una buhardilla en la calle de Malitzin en Coyoacán, un cuartucho que fue el garaje de una casa vieja y que estaba convertido en un salón de clases en el que se impartía un laboratorio de novela. Entré ahí cargando el peso de un exhilio producto de una traición. Como siempre pasa, me tomó tan desprevenida que cuando me di cuenta ya se había operado todo el urdimbre para expulsarme de una vida profesional fructífera. Ni cuenta me di del momento en el que me montaron en la balsa de Caronte y todavía no me entero quien le pagó las monedas para que remara sobre mi propia laguna Estigia.

En mi propia selva negra, me topé con un Virgilio sumamente peculiar: malencarado a primeras instancias, de estampa hosca y con una colección de palabras poco amables, Celso Santajuliana parecía un guía poco confiable y por razones que sólo el cielo entiende, me quedé. Traspasé el umbral de esa buhardilla sin saber que después no habría regreso posible. Sin duda, en esos tiempos, la comprensión del entorno me resultaba complicada. Aquí se imparte un taller para escribir una novela en nueve meses, pero no se confundan, aquí se dan las bases, ni se lee ni se corrige nada de lo que escriban. Es más, si no escriben, me da igual, decía un Celso sin miedo a sus palabras.

Cada jueves a las doce del día estuve puntual a mi cita. El grupo era muy nutrido, dadas las circunstancias. Eramos doce asistentes, hombres y mujeres que como nos decía Celso, teníamos que tener algo roto para estar ahí a esas horas. Maldita sea, vaya si estaba rota. Me sentía con las rodillas descarapeladas, las manos pisadas y la lengua llena de tierra. Para escribir, decía quien se convirtió en mi sensei, hay que estar roto, de esa ranura salen las letras. Los que están enteros no pueden escribir nada que valga la pena. Pues si de desgarraduras se trataba, yo esataba apta para derramar lágrimas y letras suficientes para llenar las hojas de una novela. 

La buhardilla era fría, húmeda, tenía los muros con pintura amarilla descarapelada, las sillas eran incómodas pero la magia de la creación tenía un lugar para contener la curiosidad de quienes tienen la intención de escribir. El pizarrón estaba sobre un tripié algo cojo y tenía una superficie bastante desgastada, pero nada de eso quitaba la potencia de las palabras que ahí se estaban incubando.

La historia la he contado muchas ocasiones. En esos nueve meses de laboratorio de novela se gestó mi primera publicación, fue la única que produjo la décima generación y me llevé el ombligo de ese cuerpo integrado por los libros que se escriben en ese taller. Al terminar, Celso ya era más amable pero igual de duro. Te corro de la calidez del nido, fuera de aquí, sal a volar, haz de la escritura oficio y no te vuelvas a aparecer por aquí: ya eres escritora. 

Me fui sin creer mucho en sus palabras. Lo curioso de ser escritor es que pasa mucho tiempo antes de que en verdad te lo creas. Poco tiempo después, con Hermana querida ya en librerías, pasé por la buhardilla y se me arrugó el corazón: tenía unos espantosos sellos que decían Clausurado por violar la ley. Unos oficiales del mal junto con vecinos de corazón negro mandaron sellar la casa porque no tenía uso de suelo para impartir cursos. Eran los tiempos en los que Coyoacán era elsitio más   popular de lugares clausurados por las razones más absurdas y malévolas. 

El laboratorio de novela cambió de sede y la casa y su buhardilla estuvieron clausurados mas de seis años. Decidí dejar de pasar por la calle de Malitzin porque ver esos sellos me irritaba el alma y me indignaba el corazón. Pero, ayer, casi sin querer pasé por ahí con mis hijas y el alma me regresó al cuerpo. La casa ya no tiene sellos y la buhardilla está transformada en un café y una heladería que pertrnecen a un conjunto que ofrece muchas opciones al sibarita.

De la buhardilla brotaron dos transformaciones, la casa alberga ahora la sucursal del Mercado del Carmen, es un espacio gourmet que tiene el mismo concepto de San Angel. Ahora, ahí se encuentra una veintena de locales y su transformación es gloriosa. La veo y me contemplo a mí misma. Ahí entró una mujer atribulada por una rotura y salió una escritora que ha hecho de las letras un oficio, tal como se lo instuyó su sensei. Miro y recuerdo. Me gusta lo que hicieron con esa buhardilla, me gustan las trasforma iones que brotaron de ese lugar.

El triste caso de la Infanta Cristina

La Infanta Cristina de Borbón y Grecia fue siempre una mujer diferente. No por el hecho de haber nacido en una familia de nobles, o precisamente por tomar las riendas de una chica normal en condiciones monárquicas. Acudió a la universidad, como cualquier plebeya se graduó, se buscó un trabajo, se sometió a un horario laboral, participó en el mundo corporativo y todo eso le ganó una imagen muy favorable, diferente a la de otras integrantes de la nobleza que se dedican a comer bombones y estrenar vestidos.

Cristina se enamoró de un chico guapo y talentoso. El romance le dio tinta a las revistas del corazón que reportaban los detalles de un noviazgo rosa entre la princesa de cuento y el galán de telenovela. El hilo conductor de la narración conduciría a los protagonistas a una boda con carruaje, pajes, mayordomos, más príncipes y princesas, reyes y reinas, en la Ciudad Condal que en aquellos años se sintió tan feliz de ser más española y menos catalana. Tal vez por eso eligieron casarse ahí y fijar su residencia en Barcelona. Llegaron los hijitos, tan bonitos, tan limpitos y bien vestiditos. Pero el destino tenía esperando una vuelta de tuerca que seguiría dando negocio a revistas del corazón, a la prensa de alarma, a la de investigación y a las agencias noticiosas del mundo.

Digo que Cristina es distinta, porque a diferencia de su hermana y de su cuñada, su historia se puso interesante. Se apartó de lo aburrido y nos dejó con la boca abierta.  Nos cuentan que el marido además de lindo, era muy ambicioso y robó. De tan listo, se pasó de la raya y desvió recursos a una entidad llamada Noos en donde la esposa también tenía participación. Ahora nos dicen que sí participaba, pero no tanto. El cuento de princesas acaba en culebrón. El muñequito de chocolate se va seis años a la cárcel y ella a su casa con la cara sucia.

Eso es lo que nos cuentan. 

Lo que no se relata es lo que me llama la atención. La historia de la princesa que se transformó en bruja, de la mujer malvada que deshonró a la familia, no me la trago. Aquí, tras bambalinas hay mucho más que no nos dicen. Quedan preguntas que nadie hace. A Cristina, estoy segura, le ofrecieron el salvoconducto de un divorcio para que ella quedara limpia y aquel manchado, ¿por qué no lo aceptó?  

Nadie se fija que Cristina prefirió ser leal a su marido y aceptó la deshonra de permanecer a su lado. Patear a Iñaki Undargarin es lo más fácil, avergonzarse de un marido tranza hubiera sido justificable y no lo hizo, ¿por? ¿Por qué prefirió quedarse a su lado si hubiera sido tan sencillo acogerse a la protección paternal? Nadie se da cuenta de ello. Ni tampoco, de la forma en que todos trataron de salvar cara y sacaron las manos para no quemarse con agua caliente. Ni el padre, ni la hermana, ni el hermanito dudaron en salir corriendo. Sólo la madre se quedó a su lado, la siguió visitando, jugando con sus nietos y entendiendo a carta cabal lo que es la lealtad, por algo es hija, esposa y madre de rey. Esa es nobleza, lo demás son babosadas.

Los temas de la sangre azul en estos tiempos, para mí son algo extraño. Jamás he creído en esas diferencias de color de sangre, me resultan anticuadas y no entiendo para qué sirve una nobleza que ni gobierna ni sirve de adorno. Claro, da negocios, las miles de palabras, fotografías, cuentos, realidades, mitos y leyendas dan y dan como un manantial que se niega a agotarse. Y, en medio de todo ello, la triste historia de Cristina que se quedará como un poco viuda, sola en casa con sus hijos, con las manos terregosas y el estigma del robo. 

Muchos dicen que ella no sabía. Yo creo que sí. Dicen que ella no participó en los cochuopos del marido. Yo creo que sí. Lo sorprendente es que ella no haya tomado la alternativa cómoda. Cristina debe de saber que pasará a la Historia como la princesa corrupta, pudo haberlo evitado y eligió quedarse al lado de su marido. En medio de este triste caso hay mucho que nadie nos ha contado. Y, me temo, que ahí está apazapada la verdad del caso Noos.

La perplejidad de Michael Flynn

La imagen habla por sí misma y lo dice todo. El rostro encorvado, la figura desarticulada, casi jorobada, los labios apretados, la mirada esquiva, los hombros inclinados hacia abajo.El general Michael Flynn proyecta una cara larga después de haber renunciado porque lo atraparon con las manos en la masa. El súper asesor de la campaña de Trump es el primero en rumiar el sabor a polvo con el que se quedan los que son despedidos. Mientras unos se mueren de risa y acarician al gato, otros elevan los hombros y se preguntan ¿qué pasó? Habrá incrédulos que no puedan dar crédito a los rumores y los que saben de las profundidades que ocasionaron esta caída, estarán sudando frío. 

La imagen de Flynn me recuerda a la del General Gutiérrez Rebollo, un militar de primerísimo orden, tanto en rango como en deseñpeño. Se le confiaron los secretos de la inteligencia mexicana de la lucha contra el narcotráfico y en vez de usar la información para atacarlos, cambió de bando y empezó a servir intereses perversos. Cuando lo atraparon, la sorpresa fue mayúscula para propios y extraños. La vergüenza caía sobre un oficial del Ejército Mexicano y el desprestigio manchó una de las instituciones que mayor reconocimiento tiene entre la socidad. Se le sentenció a cuarenta años de prisión y murió antes de purgar toda su condena. El cáncer lo enfrentó a la muerte mientras estaba encerrado en una celda de alta seguridad.

Michael Flynn es un militar que no goza del linaje de West Point. Igual que su jefe, es un bocazas, lengüilargo, amante del Twitter.  Make America safe again fueron las palabras con las que se le llenaba la boca. No tuvo reparos en mostrar su islamofobia y a la sombra del caudillo que le confió la estrategia de los asuntos militares y política exterior. Este exfuncionario de la administración de Obama no dudó en cambiarse de filas y acercarse al hombre que nadie creímos que llegaría a la Casa Blanca. El súperpoderoso general Flynn tenía información pero le faltaba experiencia para ser el guardián de su país y el estratega que planteara las líneas de seguimiento en asuntos de inteligencia con el extranjero. Pero se pasó de listo. El golpe a la admistración de Trump los deja atarantados y sin aire.

Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, por las tuyas a remojar. ¿Cuántos de los que conforman el círculo cercano de Trump estarán sintiendo que tienen encima la espada de Democles? Las investigaciones apenas empiezan y las cosas se ponen en su lugar. Una de las últimas acciones en la administración de Obama fue expulsar a diplomáticos rusos del territorio. La acción nos dejó patidifusos por varias razones,  parecía estridente, especialmente para ser ejecutada en una administración que ya estaba acabando y parecía inútil, dada la simpatía que su sucesor mostraba por Putin. Y, como se dice por acá, ya salió el peine. 

Tal vez el señor Obama sabía y quiso advertirle al mundo y a su gente sobre lo que el ya sabía. Ahora, mientras hace deportes acuáticos, se reirá mientras piensa se los dije. La señora Clinton elevará los hombros y se preguntará cómo fue que un hombre así le pudo ganar la presidencia, mientras en el lado oeste de la Casa Blanca habrá muchos incendios que se empiezan a descontrolar. Tal vez por eso, Melania sigue viviendo en Nueva York, a lo mejor por eso no quiso hacer las maletas.  Al otro lado del estrecho de Bering y un poco más allá, Moscú observa y de seguro, no le gusta lo que  ve. 

Sabremos más, este capítulo apenas empieza.

Por lo pronto, la cara de perplejidad de Michael Flynn se repite en todos los medios del mundo. Se quedó sin trabajo y eso en estos días es muy preocupante. Y, más allá de eso, lo imagino sentado en el sofá de su casa, en las penumbras de la sala, relfexionando sobre su desempleo, sobre la oportunidad que perdió de servirle bien y por la buena a su nación. Me pregunto quién más estará haciendo estas cavilaciones.

Los que fueron y los que no

Marchas hubo en varias ciudades de México. La sociedad civil marchó sin colores partidistas, la emoción regente era pintarnos de los tres colores nacionales y elevar la voz contra el extraño enemigo. Cantar el Himno Nacional e irnos a casa aliviados de nuestras urgencias. Las justificaciones de los que fueron y de los que se quedadon en casa hablan de quienes somos y, a veces, no muestran lo mejor.

Por un lado están los que salieron a alzar la voz con firmeza para protestar por contra las ocurrencias diarias del señor Trump. Muchos, hartos de amanecer preocupados a revisar cómo amaneceron las cosas en Washington, prefirieron salir a las calles y a mostrar solidaridad nacional. A ver si así se aplaca. Lo veo difícil.

Otros decidieron quedarse en casa porque no se sintieron convocados, sus convicciones no dieron para sacarlos a la calle y prefierieron guardad silencio. Creyeron que el esfuerzo sería ingenuo, que la manifestación se interpretaría como un espaldarazo a un presidente fragil y debilucho, así que al son de conmigo no cuenten, encendieron la televisión o se quedaron a leer el periódico. Cada quien.

Sin embargo, lo que encuentro totalmente hipócrita y detestable es enfrentar esas opiniones de los que no fueron y critican a los que lo hicieron y siguen comprando en Wal-Mart o vieron el superbowl. Confundir la gimnasia con la magnesia y elevar el dedo juzgón me parece horripilante. Que las políticas del señor Trump me resulten desagradables, que su ignorancia me haga enojar, que su prepotencia me desespere no me va a quitar el gusto por leer a Paul Auster, por escuchar a Bruce Springsteen, por aplaudir a Serena Williams, por la emoción de ponerme unos Levi’s, por disfrutar un Juicy Fruit o por usar mi iPad o trabajar con un programa de Microsoft. 

No hay forma de salir a trabajar sin toparte con algo que tenga la etiqueta de un producto estadounidense, aunque tal,  vez ni siquiera estuvo fabricado allá. No es malinchismo, es la cotidianidad. Por eso, hablar de los que fueron y los que no, me resulta inútil. Cada quien tuvo sus razones para ir o dejar de ir, lo que es triste es ver las justificaciones. ¿Para qué? Las razones personales son tan válidas, juzgar es dividir y en esa condición, es parecernos a la zanahoria que despacha desde la oficina oval. ¿A poco no?

El nepotismo en la Casa Blanca

Según la RAE, el nepotismo es esa tendencia que siguen algunos de ayudar y premiar a familiares y a personas afines dándoles cargos y dádivas. Es la antítesis de la meritocracia que busca dar a quien merece. La predilección exagerada que algunos funcionarios en actividad, que ocupan cargos públicos y que ejercen. respecto a su familia, allegados y amigos a la hora de realizar concesiones o contratar empleados estatales es una aberración que afecta a los gobernados. Así,  el individuo accede a un empleo público logra el objetivo por su cercanía y lealtad al gobernante o funcionario en cuestión, y no por mérito propio o capacidad. 

Por esa razón, hemos visto casos en los que un caballo se convirtió en senador romano que no se aleja de ejemplos contemporáneos en los que vemos en funciones a personas totalmente inadecuadas ejerciendo cargos para los que no están capacitados ni preparados. Como si la amistad o el parentezco fueran la cualidad suficiente, la competencia necesaria para garantizar el desempeño. Choferes que fungen como coordinadores de asesores, amantes que están al frente de dependencias estatales, hermanos que son procuradores de justicia, hijas que gestionan el destino de una nación sin rumbo ni  dirección. Las consecuencias son nefastas pues la suerte no se estira tanto.

Los países latinoamericanos, africanos y algunos asiáticos hemos sido la pila del agua bendita que alimenta cantidades escandalosas de ejemplos en ese tenor, sin embargo, Europa no se queda callada y contribuye con su cuota nepótica al imaginario mundial. Estados Unidos también tiene sus historias. Lo que pasa es que el nepotismo, generalmente trata de disimularse, no se grita a los cuatro vientos, se ejerce en discreción y hasta esta semana, intentaba ser lo más tenue posible.

Pero, esta semana, la cadena Nordstrom fue bapuleada por el mismísimo Presidente de los Estados Unidos, por haber sacado de su catalogo los artículos de su hija Ivanka, quien también ejerce una posición en el gobierno estadounidense. Pareciera que estamos viendo a un dictador operando lo que nos dijeron era la mejor democracia del mundo, vaya que la están despostillando. 

Como si no fuera suficiente con la voz presidencial, se adhiere al coro la de la encargada de la oficina  que estudia las violaciones éticas de funcionarios del Gobierno. Imagínenese la barbaridad. Por ello, la página de intenret de esta dependencia se colapsa tras las denuncias contra la asesora Kellyanne Conway que dijo  “Compren cosas de Ivanka, es lo que yo recomendaría”. La exjefa de campaña de Trump y ahora asesora presidencial declaró a la cadena Fox: “Es una línea estupenda. Yo tengo algunas cosas suyas, voy a hacer aquí una publicidad gratuita: salgan a comprarlo hoy, todos ustedes. Pueden encontrar  los productos en línea, insistió.

Me imagino que los votantes del partido republicano se deben sentir muy satisfechos y Abraham Lincoln debe estar de plácemes desde su hermosos minumento. Pero, los demás deben oscilar entre las risas histéricas y el pavor absoluto. ¿Quién está ahí sentado en la oficina oval? ¿Será el Rey Sol reencarnado? Me parece que el monarca estadounidense da mas notas de las que debiera y eso me hace sospechar. No puede haber alguien tan estupido en la Casa Blanca. Entonces, creo que todo es una cortina de humo que quiere distraer la atención con fatuidades para operar verdaderos actos nepóticos de los que ni nos damos cuenta. 

La sentencia para Flaubert

Nuestro deber es sentir lo que es grande y adorar lo bello, sin la imposición ignominosa del dictado de la sociedad

Gustave Flaubert 
El siete de febrero de 1957, el tribunal francés dictó sentencia por la acusación que el Procurador Imperial había hecho en contra de Gustave Flaubert, autor; a Leon Lauret, editor y a Aguste-Alexis Pillet por la falta de sesibilidad moral de este trío al publicar Madame Bovary. El retrato de la sociedad francesa de las provincias les pareció ominoso, inmoral, falto de prudencia y definitivamente, condenable.

Flaubert, un hombre que se tomaba el tiempo que fuera necesario para elegir la palabra correcta, fue llevado al tribunal por el uso deshonesto que hizo de la escritura. Era terrible pintar a un monsieur Bovary aburrido, timorato, blando y a una esposa con sabor a pimienta. Era tremendamente escandaloso leer el final de la novela y ver como después de haber gozado una vida licenciosa, Ema Bovary recibía el consuelo de la extrema unción y lograba extasiarse al besar el crucifijo. 

Muy delicada resulto ser la moral francesa que se vio lastimada por el reflejo de sus costumbres en la obra de Flaubert. Poco les ofendía lo que sucedía en París por aquellas fechas, pero les mortificaba el poder de lo que quedaría por escrito. En ello, llevaban razón. Lo escrito tiene el poder de afianzarse en la memoria. Habrá que decir que el proceso tuvo ciertas características que llevaron al deselnace final. 

El proceso se llevó ante un tribunal colegiado, compuesto de tres jueces, y cuyo presidente era un hombre llamado Dubarle, historiador de derecho romano. El abogado de Flaubert, Jules Sénard, era una persona con gran reconocimiento que llegó a ser presidente de la Asamblea Nacional y ministro del interior. Y el procurador imperial, Pinard, además de llevar muchos otros casos como el de Flaubert, llegó a ser consejero de Estado, diputado y ministro. La defensa de Pichat y Pillet estuvo a cargo de los abogados Desmarest y Faverie, respectivamente. Las comparecencias de acusación y defensa se llevaron a cabo el 29 de enero de 1857 y la sentencia se dictó el 7 de febrero del mismo año, un día como hoy.

La sentencia dice: Considerando que los pasajes incriminados, apreciados en abstracto y aisladamente, presentan en efecto expresiones, imágenes o cuadros que el buen gusto reprueba y cuya naturaleza es capaz de herir legítimas y honorables susceptibilidades;
[…] Considerando que por todos estos motivos la obra llevada ante el tribunal merece una severa represión, pues la misión de la literatura debe ser la de enriquecer y recrear el espíritu elevando la inteligencia y depurando las costumbres mucho más que la de inspirar horror al vicio presentando el cuadro de los extravíos que pueden existir en la sociedad;Considerando que los acusados, y en especial Gustave Flaubert, rechazan enérgicamente la inculpación dirigida contra ellos, alegando que la novela sometida al juicio del tribunal tiene un contenido eminentemente moral… se otorga la absolución.

El caso de Flaubert y su absolución han quedado como ejemplo de defensa de libertad de expresión, sobre como la moral puede disfrasarse y convertirse en sensor que tapa la boca y amarra las manos de quienes piensan diferente o de aquellos que se atreven a denunciar lo que están viendo. De la absolución de este caso hay que resaltar la solidaridad de impresor y editor que permanecieron fieles al autor durante todo el proceso.

El disgusto y la mortificación de este proceso minaron el espíritu, de por sí frágil, de Flaubert. No obstante, es curioso que Flaubert haya sufrido un proceso en su contra por la publicación de Madame Bovary; que se hubiese valorado como una obra inmoral; que se le haya violado su libertad (particularmente su libertad de expresión) en nombre de la moral; que Flaubert se haya justificado afirmando embarazosamente que la intención de su obra era eminentemente moral —cosa que es falsa— que en realidad su novela –obra maestra de la literatura– cumpliera los designios del arte de la Edad Moderna al suspender todo juicio moral; y que el propio Estado haya absuelto a Flaubert haciendo valer la ley y salvaguardando sus derechos.
Fuentes:

Patiño, C. ( 2007) Madame Bovary, el proceso judicial contra Flaubert, Dialnet Uniroja, España

Unidos contra el extraño enemigo

Las palabras de Francisco González Bocanegra que quedaron plasmadas en el himno nacional mexicano resuenan en el ambiente con fuerza: Mas si osare un extraño enemigo, profanar con sus plantas tu suelo, piensa ¡oh, Patria querida! que el cielo, un soldado en cada hijo te dio. Nos topamos con un vecino bravucón y boquifloja y ya nos pusimos los colores nacionales. En las redes sociales hubo una irrupción de banderitas y en nacionalismo nos broto por los poros. Sí, pero eso de la unidad, ya es otra cosa.

Los mexicanos seremos unidos, gritan por ahí, mientras los pícaros dicen por lo bajo, ¿unidos?, más bien, nidos de víboras. Hay que unirnos para hacerle saber a Trump de qué estamos hechos. Y, verdaderamente, si pudieramos organizar un frente común, seríamos más fuertes. Pero, nos gana el protagonismo. María Amparo Casar llama a una marcha y la denomina Vibra México y mas tarda ella en convocar que la señora Wallace en organizar otra, el mismo día. Como que las cosas no suman, más bien restan. 

Decimos que nos queremos reunir, pero desestimamos la posibilidad de hacerlo en torno al Presidente. Aquí, una evidenciamás de la triste y vapuleada imagen de Enrique Peña Nieto que cada vez se ve más flaco y rebasado. Pero, nos guste o no, eso fue lo que elegimos. Así son las democracias, hace apenas unos años se oían los gritos que lo invitaban a subirse a todos los colchones de las mujeres mexicanas y hoy, está tan solo en su despacho presidencial. Se la buscó, dirán. Y yo pienso que a estas alturas, no nos queda de otra más que apoyarlo.

¿Quién si no él y su equipo van a negociar con la Casa Blanca? No será ni Amparo Casar  ni la señora Wallace ni la oposición ni los candidatos noveles ni los eternos ni los buenos ni los malos, sino el Presidente es el único que legítimamente nos puede representar frente a ese extraño enemigo. Eso fue lo que elegimos hace años y llegó en forma democrática a ese lugar, aunque ahora a la mayoría nos caiga mal. 

Lo cierto es que Enrique Peña llegó a la silla presidencial mucho más fortalecido que Trump y sus primeros movimientos fueron más certeros que los del primer mandatario estadounidense. Imagínense lo que va a pasarle en poco tiempo, él que a pocos días de estar al mando, no se aguanta ni él mismo. Pero, suspicacias aparte, lo de la unidad no es mala idea. Debilitar al Gobierno es escupirle al cielo. Los que quieren reunirse, sin plan  ni estrategia, darán golpes de ciego o estarán jugando el juego perverso que busca frutos en el 2018. Eso es maligno. ¿Cuál es el peor enemigo?

Será tiempo de empezar a medir las consecuencias de jugar al tío Lolo. Un negociador debilitado es lo peor que nos puede pasar, seamos del color que más nos guste, de la preferencia que mas nos acomode, del partido político que más nos convenga, hoy el mejor plan se llama unidad. Y, ni modo, nos guste o no, nos caiga bien o pésimo, nos encante o nos choque su esposa, nos enfermen o nos encanten las palabras del Canciller, nos parezca bien su gabinete o no,  lo creamos un asno o un figurín, eso es lo que hay. Más nos vale verlo con mejores ojos.  

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