El día del Presidente

Por años, en la época del partidazo, cuando el PRI era la fuerza política preponderante y las cámaras eran comparsa subordinada al ejecutivo, el 1 de septiembre se paraba el país, las actividades quedaban suspendidas, la señal de televisión era tomada por la Secretaría de Gobernación y todos los mexicanos veíamos al Tlatoani informar sobre el estado de la nación. Nos sentabamos frente al televisor a ver lo que nos contaban. Entonces, en el mes de agosto, el señor Presidente se encerraba para preparar un discurso que sería visto y evaluado por sus gobernados. Era tal la magnitud que los niños no íbamos a la escuela y de alguna manera con el Informe se daba inicio al festejo de las Fiestas Patrias.

Era todo un ritual muy estructurado y conocido por todos. Por la mañana del primer día de septiembre el Señor Presidente salía de Palacio Nacional en un auto descapotado con rumbo al Palacio Legislativo —México, Ciudad de los Palacios—. En el camino llovía confeti y se escuchaban aplausos al ver que el hombre con la banda presidencial saludaba como Señorita México. Al llegar al recinto legislativo, diputados y señadores se ponían de pie a ovacionar al invitado de honor. El Presidente tomaba el micrófono de la máxima magistratura de la Nación e informaba. Durante el discurso, sobraban ocasiones para que los legisladores aplaudieran a su jefe y al términar, salía triunfante, vitoreado, regresaba a Palacio Nacional en una especie de desfile conmemorativo a la envestidura presidencial y, ya de vuelta en Palacio Nacional, la ceremonia del besamanos cerraba con broche de oro. Por eso le decían el día del Presidente, al día en que se leía el Informe. Era la oportunidad que se nos daba a los súbditos para inclinarnos frente a nuestro líder.

Cada cual tomaba un estilo particular según la capacidad de su pluma. Unos más apasionados, otros muy planos, algunos aburridos, casi todos súper largos y así nos enteramos de que en Cantarel había tanto petróleo que nos tendríamos que acostumbrar a administrar la abundancia, que la banca pasaba a manos del Estado o que regresaba a manos de partículares, oíamos del optimismo exacerbado o cifras y cifras sobre obra pública, salud, economía, agricultura y la forma en que se administraban tierra, trabajo y capital. Algunos legiladores se dormían y las olas de aplausos los despertaban. El Presidente llevaba a su familia, al gabinetazo, a invitados especiales y los reporteros daban cuenta de una fiesta al estilo revista del corazón. Todos criticaban semejante exceso y hablaban de lo ridículo del formato. 

Entonces, un primero de septiembre, en el silencio subordinado de quienes escuchaban el Informe en 1988, último informe del Presidente de la Madrid, se elevó la voz de Porfirio Muñoz Ledo y lo increpó. Todo México sufrió un sobresalto, se razgó el velo en el Palacio Legislativo y de ahí en adelante el Primero de Septiembre cambió para siempre. El día del Presidente dejó de ser una fiesta para convertirse en el día de burla. Se desató el griterío. Los mexicanos veíamos con morbo el Informe para ver qué cara pondría, si alguien se atrevía a vociferar. Se atrevían y mucho. Nos resultaba una alegría morbosa. Era ver como se le despostillaba la corona al rey, como se le descomponía el penacho al Tlatoani. 

Pronto, dejó de ser divertido. La travesura de los gritos se convirtió en el exceso majadero de mantas, máscaras, toma de tribuna y si en los tiempos del presidencialismo priísta los legisladores de arrastraban obedientes, después se regodeaban en el lodo mostrandose como sujetos majaderos, vulgares, irrespetuosos que hubieran sido capaces de aventar jitomates a quien porta la banda presidencial. Tanto fue así, que hubo quien haciendo una metáfora de sí mismo, se puso una cara de cerdo. Pasaron de ser sirvientes sumisos a ser arrabaleros de quinto patio. Las puertas del Palacio Legislativo se cerraron al Ejecutivo y el Presidente dejó de ir a informar. Enviaba el escrito con un mandadero que generalmente era el Secretario de Gobernación.

Salinas aguantó los embates, Fox decidió dejar de ir, Calderón entró por la puerta de atras, Peña usa el Palacio Nacional para reunir a gente segura que no le va hacer pasar un mal rato. Las críticas siguieron. Ahora los experimentos para informar hacen que se privilegie el formato publicitario. Cientos de spots del Señor Presidente que en pocos segundos nos dice que hay que contar lo que sí cuenta. Radio, cine , televisión están inundados con estos aununcios de mexicanos notables, de caras poco conocidas, que relatan su historia de éxito. La cámara abre la lente y vemos a un Enrique Peña acartonado repitiendo la frase que le fabricaron a modo. Vemos al presidente impopular a toda hora y en todo lugar.

Esa no es forma de informar.¿Cómo estará la cosa que ya se extraña aquel formato de antaño? 

El Presidente debe ir al Palacio Legislativo a dirigirse a los mexicanos a decirnos cual es el estado de la nación y cómo ha administrado al país. Pero, necesita respeto. A los gobernados nos hace falta oír la expresión del punto de vista de quien maneja nuestros destinos. No queremos besamanos, tampoco jitomatazos. Queremos que se nos diga qué hace el hombre que ejecuta leyes, ejerce presupuestos y toma decisiones. Queremos material de análisis. El ejercicio de dirigirse a la Nación es sano porque propicia reflexión y, vaya que nos hace falta.

Necesitamos un día del Presidente, para que nos diga cómo ha trabajado. Me gustaría que fuera un acto sencillo, digno, respetuoso. Ahora, no tenemos nada. 

Juan Gabriel

Siempre que muere un famoso hay una serie de recuerdos que  encienden en la mente de las personas. Con Juan Gabriel son tantos  los que se iluminan porque cada que hubo una celebración en la que estuviera el mariachi se escuchaba alguna de sus canciones. No había festejo sin Amor eterno, ni risas sin el Noa Noa. Cumpleaños, serenatas, aniversarios, bodas y Juanga siempre presente. Infalible, inevitable.

Recuerdo que alguna vez lo entrevistó Paty Chapoy y Juan Gabriel le dijo que le gustaba aterrizar de noche en la Ciudad de México y ver las millones de luces prendidas como si fuera una enorme cobija que se extiende sobre el valle. Le fascinaba pensar que cada luz era una persona que se sabía sus canciones. Lo recuerdo, muerto de risa, diciendo que nadie se acordaría de lo que dijo esa noche el Presidente de la República pero todos recordarían sus discos. Tuvo razón. No recuerdo siquiera quién sería, si Miguel de la Madrid o Carlos Salinas, el presidente en turno y menos lo que nos estaban diciendo. En cambio, recuerdo perfecto que él estaba estrenando el disco de Querida.

De todas las estrellas que ha tenido México, Juan Gabriel era de las más accesibles. Recorrió todo tipo de escenarios: cantó en palenques y en Bellas Artes. Yo lo vi en el Auditorio Nacional y en la Plaza de Toros México. Era un hombre de espectáculo, sabía ponerse en contacto con el público, siempre que lo vi nos puso a bailar. Entre sus ritmos, nos organizaba una coreografía sencilla y nos movía a placer. Se le veía tan feliz en el escenario, dando vueltas y giros, payasenado para hacer reír y luego llorar. Siempre había una canción de Juanga que nos llegó al centro del corazón.

Supo escribirle al despecho, al desamor, al olvido, al recuerdo, a la aspiración, al sufrimiento. Casi dos mil canciones lo tuvieron en el top ten por cuarenta años. Supo jugar con los efectos que sus notas provocan, si las mezclas con el traje de mariachi y un tequila. Cuántas declaraciones de amor se acompañaron con una de sus canciones y cuántas más de desamor. Cuántos cariños de ayer y hoy podemos recordar al pensar en El Divo de Juárez. La de cosas que nos sacan sonrisas al evocar a Juan Gabriel.

Como cada uno de los grandes de este país, le escribió a Acapulco. Juan Gabriel tuvo un romance tórrido y apasionado con el  maravilloso   puerto. Le gustaba estar ahí, pero se fue. Murió en Santa Mónica, ¿por qué se nos mueren nuestros grandes por allá? Ya no vayan,quédense mejor acá. 

Nos quedamos solos, los mexicanos que ya no tendremos a Juan Gabriel. Sé que, como siempre pasa al morir una estrella, habrá críticas y le pondrán  trapitos al sol o habrá quienes nos cuenten con lágrimas de cocodrilo lo mucho que lo extrañarán y lo tanto que lo querían. Me temo que a este hombre no se le va a echar de menos, el mariachi se encargará de que no se nos ocurra olvidarlo. Es posible que su figura se desdibuje, que la leyenda vaya a sobreponer a la verdad, que se cuenten miles de anécdotas que no sean ciertas, pero su obra hablará por él. Seguirá siendo imperdible en las fiestas, asistente en cada festejo imprescindible en reuniones y cada una de las luces que se ven desde el avión en tantas ciudades de México sabremos quien fue Juan Gabriel. Le guardaremos un Amor eterno e inolvidable. 


Las tonterías de una Primera Dama

Otra vez, las propiedades de la señora Angélica Rivera dan de que hablar. Pareciera que la esposa del Presidente de la República se empeña en hacer tonterías y luego, como el león cree que todos son de su condición, pone al mandatario a dar explicaciones absurdas que nadie cree. No somos tan crédulos. Resulta que la señora Peña tiene un departamento en Miami y su marido dijo que uno de sus vecinos le hizo favor de ir a pagar el predial y, en un acto de buena vecindad, le prestó dinero.

Lo que pasa es que la propiedad no está en la colonia Doctores, está en Key Biscayne y el pago no es una cantidad nimia. El periódico The Guardian los agarró en una maroma que no han sabido explicar más que ofreciendo discuplas. Enrique Peña Nieto declaró que Angélica Rivera pidió a su vecino, el señor Pierdant que le hiciera favor de cubrir sus obligaciones fiscales porque ella se encontraba en México, sin embargo, nos enteramos por otro periódico, ahora el Reforma, que esos pagos se hicieron con la gestión de un despacho de abogados. ¿Entonces? 

¡Qué raro es todo esto! Además, estamos hablando de un trámite en Estados Unidos, un país tecnologizado, no es la ventanilla de un pueblo en la sierra ni un caserío perdido en el desierto. La oficina del condado de Miami-Dade recibe pagos vía electrónica desde cualquier parte del mundo. ¿A poco la señora de Peña no lo sabía y por eso cometió la tontería de pedir un favor innecesario? Sin duda, nos sorprende que con tanta gente tan inteligente que asesora a su marido, ella no haya pedido consejo y en forma tan imprudente, haya molestado a su amigo, en vez de hacer que se pagara vía electrónica.

Sorprende que tanta gente tan inteligente haga tantas tonterías. El secretario Videgaray pidiendo préstamos absurdos, la señora Rivera empolvando más la imagen de su marido, un pobre amigo con cara de angustia saliendo a dar explicaciones insostenibles, un Presidente que pone a su entorno a ofrecer justificaciones de sus tropiezos y nosotros escuchando.

Ayer recibí una carta de uno de mis profesores, me pedía que no desestimara la importancia del reportaje de Carmen Aristegui. Me hacía notar la importancia de que una tesis se hubiera presentado para aspirar a un grado habiendo plagiado. Me exigía darle la justa medida y reconocer la gravedad del hecho. Creo que tiene razón, es preciso darle la justa medida a las cosas. Fue pésimo que el sustentante no hiciera bien el trabajo, está peor quererle echar la culpa a la imprenta o al primer incauto que vaya pasando por la calle. Y, por lo mismo, para darle la justa medida, basta abrir el periódico.

Las fosas comunes, las casas presidenciales y del gabinete, los justificantes absurdos, los favores vecinales, la degradación en la calificación del riesgo país de Moodys y Standard and Poors, la devaluación del peso, el incremento de la deuda externa, la falta de crecimiento de la economía y tantas otras, opacan los efectos de un mal trabajo presentado para obtener una licencia de abogado. Si la situación fuera otra, si el país no estuviera rechinando por doquier, este gritoestridente que   denuncia un plagio hubiera resonado más fuerte. Hoy, se le ve la mala yerba por todos lados. Lo cierto es que en la casa de los Peña, hoy el marido no le puede reclamar las tonterías que hace su mujer. Ella lo verá con ternura y elevará las cejas.

Vamos a ver qué pasa, las tonterías de la Primera Dama siempre resultan en dos cosas: una exactriz saliendo a cuadro con cara de fastidio, representando el papel de emperatriz de México para contarnos un cuento y un Presidente que sale a ofrecer disculpas y pedir mil perdones, y nosotros, escuchando. 

Azcarraga, el soldado de México

Los cambios que hizo Televisa en la programación del Canal de las Estrellas coinciden con un triste suceso, murió Chachita. La convergencia de esos hechos me lleva a reflexionar sobre como las luminarias de la época de oro del cine mexicano se van apagando y el mundo del espectáculo gira en otras direcciones. La gente está en busca de novedades. En el movimiento pendular del   entretenimiento, el consumidor ya es diferente. Las formas que ocuparon nuestros abuelos para divertirse  son cosas del pasado y las sentimos tan lejanas como la prehistoria. Los tiempos en los que recibíamos con alegría los contenidos que misericordiosamnete nos entregaban, han llegado a su fin.

Antes, alguien elegía la barra de programas para la televisión y los espectadores nos sentabamos, agradecidos, a ver lo quehabían seleccionado  para nosotros. La televisión fue no sólo el aparato reinante del hogar, sino el elemento de cohesión de una sociedad. Hubo una generación que esperó pacientemente el día y la hora para ver al Hombre nuclear o a La mujer biónica. Al día siguiente, el ritual era el mismo, los niños comentaban el programa. En el recreo, en los pasillos, en el salón de clases, en los recorridos del camión escolar los comentarios sobre las aventuras de Steve Austin y Jaime Summers eren el tema central. Sí,  eran los tiempos en los que la verdad se conocía por los labios de un Jacobo Zabludovsky ataviado formalmente, equipado con unos audífonos que lo hacian lucir como marciano y le daban la autoridad suficiente para ser creído a nivel nacional. Él poseía la verdad absoluta. Sí lo decía Jacobo, así era. 

Hoy, esos formatos no podrían funcionar. La aparición de Internet nos da la posibilidad de consumir entretenimiento personalizado. Los programas ahora se llaman series y cada quien las ve en el momento y lugar que quiere al ritmo que mejor le conviene. Las nuevas generaciones se enteran de lo que sucede a través de las redes sociales y la televisión parece enfilarse por el mismo camino que las videocaseteras, los formatos vhs y beta. Los jóvenes ya casi no ven televisión. Ni les interesa ni se identifican con la gente a cuadro. Sólo encienden el aparato para ver eventos deportivos.

Sin duda, hay que hacer modificaciones. Televisa lo sabe, pero no parece entenderlo. Al ser entrevistado para comentar sobre los recientes cambios que llevó a cabo, Emilio Azcarraga dice que se ve a sí mismo como un soldado de México. Si lo pensamos, podemos entender a un hombre tan poderoso que ha producido telenovelas y macroproducciones, que tiene a una de sus caras bonitas viviendo en Los Pinos, que por años ha exportado culebrones en forma de telenovelas súper exitosas y hasta logramos discernir los motivos de su arrogancia. Tristemente, vemos a un personaje que no está dando muestras de entender el punto de inflexión en su negocio.

Imagino a Emilio Azcarraga como a ese niño que tuvo una oruga que de repente se le transformó en mariposa. El sabía jugar con el gusano y no sabe que hacer con un animalito que tiene alas. A sus clientes les salieron alas. Los espectadores son críticos, tienen voz y ejercen el poder de cambiar de canal o de apagar el aparato. Ya no son obedientes ni abnegados. El agradecimiento que se le tenía a los soldados de México que nos hacían favor de entretenernos  se acabó. Los miembros del ejercito del Canal de las Estrellas parecen juguetes de plomo que se empiezan a oxidar. 

Por eso, quiso cambiar y parece que no supo como hacerlo. Saca de cuadro a sus rostros legendarios, con los que la generación que prende la tele se identifica y pone a gente que no tiene filiación con los que todavía encienden el aparato y menos con los jóvenes a los que ya no les interesa ese formato. Rostros acartonados, caras petulantes, chistes forzados, vulgaridad a modo, caritas bonitas pero sosas y fórmulas aquilosadas no van a funcionar. Aburren. El soldado de México debe evolucionar, tiene que reorganizar su ejército y dejar de ser un raso de tropa para ser un General. Por lo pronto, las huestes que convocó no parecen dar el ancho. No logran captar la atención del respetable. 

Ni los nuevos escenarios, ni la escenografía ultra moderna, ni los programas, ni los personajes están dando el ancho en estos primeros días de trabajo. La despedida de los viejos, fue muy larga. Dieron mucho tiempo, demasiado, para que la gente se enfermara de nostalgia y el remedio recetado, no cuaja. Es tedioso. La propuesta parece de plástico. La arrogancia se convirtió en la moneda de intercambio y si no escuchan a su audiencia, la televisión dejará de sintonizarse en el Canal de las Estrellas que cada día luce más deshabitado.

Mala yerba

Los zorros son animales astutos, a simple vista parecen unos hermosos perritos que podrías abrazar y metértelos al bolsillo porque parecen de peluche. Con ese hocico fino y puntiagudo parecen tan inocentes, tan indefensos y en realidad son cánidos rapaces, carnívoros veloces que tienen la capacidad de hechizar a sus víctimas y matarlas en instantes. No se les nota la intención. Así pasa con los venenos más potentes, son yerbas malas que a primera vista son hermosas pero resultan fatales. 

Con los humanos la cosa cambia. Las intenciones se notan. Hay una especie de sexto sentido que nos ayuda percibir las intenciones reales de las acciones. Necesitas ser muy bueno para disimular los motivos verdaderos. Entonces, si la bruja ofrece una manzana, todos saben que algo anda mal, tal vez no sepan que está envenenada, pero hay la certeza de que no es un ofrecimiento de buena voluntad. Claro, en todo lugar hay Blanca Nieves que están dispuestos a recibir alegremente esas frutas aderezadas y las muerden con tanto gusto que ni se enteran cuando caen narcotizados.

En general, nos damos cuenta de la mala yerba. Casi siempre, se encienden las alarmas y no nos tragamos los cuentos. El problema es que últimamente son tantos los yerberos que la oferta se multiplica y el gusto amargo se va apoderando de la escena mundial. Por suerte, se les nota. Tristemente, algunos deciden aceptar las manzanas envenenadas y los vemos dándole de mordidas con una alegría que en vez de causar ternura, causa alarma.

Sólo así se explica uno que existan seguidores latinos de Donald Trump, sólo así se entiende que haya gente que crea que López Obrador no tiene bienes ni dinero en el banco y viva como marqués, sólo así se comprenden los miles de tuits y posts que piden enardecidos que le quiten la cédula profesional a Peña Nieto. Mientras, imagino a Trump, a López Obrador y a Peña acariciando al gato negro, sonriendo satisfechos, sabiendo que muchos degluten gustosamente la frutita.

A mí me da pánico ver los efectos de tanta mala yerba. Los motivos de odio van germinando por doquier. Las brujas van pisando a los durmientes que tan contentos aceptaron lo que creyeron que se les ofreció de buena voluntad. El mal está hecho, la gente cree y se va con la finta. Las oportunidades de análisis se diluyen y las carcajadas de la bruja causan temblores que pasan desapercibidos. ¿Por qué nadie se pregunta cuáles son las verdaderas intenciones de Trump, con qué paga López Obrador la vida de lujo que tiene, cómo le hará Peña para seguir controlando un país que parece barril de pólvora? Al final, nadie se pregunta cuáles son los beneficios de andar con cuentos.

Claro, con los efectos narcotizantes de la manzana, vemos a latinos vitoreando a Trump mientras algunos republicanos se están muriendo de miedo; vemos a cientos de fanaticos aplaudiendo la sencillez de López Obrador mientras el pasea por Roma y vemos a miles de enardecidos pidiendo que le retiren la cédula a Peña mientras su amigo Virgilio da explicaciones de horas y horas para justificar lo que no tiene explicación más que la evidente. No hay duda, la flor del mastuerzo es bella.

Se tira una cortina de humo y enhierbados no logramos ver los efectos reales. No habrá muro, hay ríos de dinero encubierto en la honestidad valiente y en la corte peñista hay funcionarios que se van de luna de miel a Río de Janeiro haciendo gala de dispendio y frivolidad. Y, obnubilados por la mala yerba, nos olvidamos de las fosas clandestinas, de los actos vandálicos, de los robos, de las extorsiones, de los secuestros, de la pobreza alimentaria, del crecimiento, del turismo, de la salud, del campo, de la infraestructura. Lo toral se diluye.

No obstente, en el fondo sabemos la verdad. Nuestro sexto sentido se enciende y manda alertas. Es tiempo de enjuagarnos la boca, apartar la mala yerba, olvidarnos de los espejitos mal intencionados que se nos ofrecen como grandes revelaciones y empezar a darnos cuenta que si seguimos envenenado, algún zorro nos va a enterrar los colmillos en el cuello después de habernos encantado con esa carita tan inocente.

El reportaje de Carmen

El domingo en la mañana amanecimos con la noticia que se había colgado en todas las redes sociales habidas y por haber, que Carmen Aristegui había hecho otra investigación especial y que nos revelaría otro dato terrible de Enrique Peña Nieto, Presidente de la República. Sin duda, a muchos nos picó el mosquito de la curiosidad. ¿Qué habrá encontrado esta mujer? Nos convocó a estar pendientes a las diez de la noche para enterarnos de sus pesquizas.

Sin duda, este hecho me dio toneladas de motivos  para enterarme qué iba a encontrar. A la hora en punto, Aristegui Noticias tenía el material prometido. Pero, a esa hora estaba la clausura de las Juegos Olímpicos de Rio, en términos del efecto que se quiso dar, la programación de la hora fue un desacierto. ¿Quién quiere competir contra un evento de cobertura mundial? Claro que gracias a la tecnología, pude ver la televisión y consultar la noticia.

La verdad, esperaba más. El anuncio del domingo fue más grandilocuente que lo que efectivamente se dio a conocer. Una noticia cargada de adjetivos hace sospechar. Sentí que se quería forzar un escándalo y que se buscaba irritar a la población. Una noticia así, se entrega sin estridencias, debe bastarse a sí misma. No hay necesidad de calificar, lo que se ve no se juzga. En esta condición, algo le sobró al equipo de investigaciones especiales de Aristegui Noticias. Se les notó la intención, enseñaron las costuras. Ese tropezón no lo tuvieron con La casa blanca, ni cuando se echaron al balcón a Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, ahí la investigación se paró solita, sin necesidad de mayores calificativos, lo encontrado bastaba y sobraba.

Lo que sí sirvió fue para ejemplificar a mis alumnos las consecuencias de pasar por alto el rigor académico. No estoy de acuerdo con la afirmación de que fue un error de estilo. Cuando uno no revela las fuentes consultadas, está cometiendo un error grave. Ahí falló la disciplina al transcibir un texto y citar adecuadamente porque, hay que decirlo, Peña sí menciona en la bibliografía los textos consultados. ¿Está bien? No, claro que no. Sin embargo, tristemente tenemos que reconocer que estas fallas en los trabajos que presentan los alumnos, son comunes. ¿Deberían de serlo? Por supuesto que no, pero pasa. Pasará cada vez menos ya que los académicos contamos con herramientas que nos permiten verificar si hay fuentes no reveladas, si hay material que no está citiado adecuadamente. 

Enterarme de que Enrique Peña Nieto no sabe citar en forma adecuada, no me sorprende. La verdad, tampoco me irrita. Me molesta más la incapacidad que muestra para manejar los conflictos del país. Me desespera que tolere a la CNTE, que no apoye a los empresarios que han perdido tanto dinero y oportunidad de negocio mientras se consiente a tanto vándalo, me enfurece escuchar que se apoya a emprendedores, cuando en realidad se les deja solos; me alarma que no de acuse de recibo de tanto muerto enterrado en fosas clandestinas, que el crimen organizado parece no tener freno y que las variables económicas estén empezando a rechinar. Me duele ver a tanto niño que no está en las aulas.

Con honestidad, Peña puede tener mala ortografía, pésima dicción, pudo haber mandado hacer su tesis a alguien más que en realidad , no me interesa. Eso es su problema y está en él arreglarlo o no. Lo que sí es problema de todos es ver la pobreza de recursos con la que se abordan los temas y la facilidad con la que nos quieren asustar con espejitos. Del reportaje de Carmen Aristegui, esperaba más. Seguro, levantará polvo. Pero si a Peña le falto estilo, a ella también.

El homenaje a un desastre (Behold the man)

Si no fuera porque es estrictamente absurdo, rayaría en lo irreverente. Claro, de eso se trata el humor, de caminar equilibradamente entre los extremos que causan escándalo y matan de risa. Eso hizo Andrew Flack a quien se le ocurrió hacer una ópera de un despropósito de fama mundial. Es posible que a estas alturas, ya hayamos olvidado el suceso en el que una anciana, Cecilia Giménez, intentó restaurar un fresco del siglo XIX con la figura de Ecce Homo, en el Santuario de la Misericordia, en el pueblo de Borja, en la provincia de Zaragoza, en España, llegando a resultados tan terriblemente desastrosos que ganó fama internacional.  La mujer de más de ochenta años captó la atención mundial con la imagen deformada de un Cristo que dio vuelta al planeta en cuestión de horas. 

La verdad es que Cecilia Giménez le hizo un favor a Borja con la ocurrencia y cientos de turistas iban al templo a ver los resultados de la restauración. Hoy, el pueblo lo toma con tanto humor que estrenan una opera  musical en la que narran el acontecimiento con un tono de humor negro. Me gana la risa y me gustaría estar en esa plaza para ver la representación de una Cecilia que canta el sueño en el que Dios le pide que restaure esa pintura. El espectro de Elías García Martínez, el autor de la obra restaurada le canta a la anciana su tristeza por el deterioro de su creación y le hace la misma petición. Pero, ya lo sabemos, a la anciana no la dejan terminar la encomienda.

Imagino la tristeza de los personajes en escena mientras el público se mata a carcajadas. El péndulo va de la evidencia: la pintura está descuidada,  a la restauración; de la desolación de un pueblo en Zaragoza hundido en la crisis económica a la prosperidad  que trajo un evento tan curioso: la inocencia de una anciana que con buena intención eleva el pincel para remendar un mal y lo logra, pero no del modo en el que ella cree. Cecilia Giménez, esta protagonista heroica, salva a Borja dándole un flujo turístico inimaginado. Hoy, con esta sátira, la gente la recuerda y, en cierta forma la homenajea. Insisto, no sé si de la forma en la que ella lo esperaba, pero juegan con el hecho para hacer reír y traer gente al pueblo una vez más para rememorar semejante acontecimiento.

Cecilia es la reina del festejo, es el centro ya que sin ella ni pintura ni opera existirían. Derridá se sentiría tan a gusto en Borja, la deconstrucción como forma de expresión artística puesta en escena para gusto y sonrisa de tantos. Esa es la forma de celebrar, un desastre puede generar humor inteligente. Al final, si no nos gana la risa, nos gana la desesperación. Puestos a escoger, hay que privilegiar la carcajada. No hay duda, me gustaría estar allá para ver la puesta en escena de Behold the man. 


La acción de Twitter

Algunas veces el pesimismo nos toma de la mano y nos da por pensar que no hay remedio ni solución que valga. Leemos en las páginas de los periódicos noticias sobre el número de muertos en el último ataque aéreo en la ciudad de Aleppo en Siria,nos enteramos de las muchedumbres que viven en refugios, de la cantidad de niños que caminan solos por el desierto en busca de un lugar mejor, de las nuevas narcofosas, de políticos corruptos, oímos una serie de discursos excluyentes, discriminatorios, ofensivos, de muros con púas y rejas eléctricas y se nos pone la piel de gallina.Vemos como el odio va ganando terreno y bajamos los brazos pensando que no hay nada que podamos hacer.

De repente, una noticia que parece pequeña enciende la esperanza. Una decisión que se sustenta en una buena idea puede ser una herramienta que pare las manifestaciones de desprecio debe resaltarse y aplaudirse. Twitter pone manos a la obra y decide dar un paso al frente, si esta red social se estuvo utilizando como arena de maledicencia, eso se acabó. Si alguien quiere seguir vilipendiando, humillando, ofendiendo, abominando a otra persona, que se vaya a otro lado. Y, los que reclamen libertad de expresión, que se vayan con su desprecio a otro sitio.¡Bravo!

Twitter ha anunciado dos novedades que permitirán a los usuarios ver que tipo de notificaciones reciben. Está presentando su “quality filter” (filtro de calidad), que pretende mejorar el contenido que la gente recibe de sus seguidores. Al encender el filtro detectará si existen dos o más “Twits” que contengan amenzas, ofensas, burlas. La decisión la toman un mes después que Leslie Jones, quien participa en “Saturday Night Live y Ghostbusters” hiciera un llamado público a la plataforma  para que hicieran algo para dejar de ser usada como forma de acoso. Le hicieron caso, al menos, eso parece.

Asimismo, Twitter informó que canceló 235,000 cuentas en los últimos seis meses que se utilizaban para hacer promoción a causas de violencia extrema. Con esta acción, la compañía está buscando tener efectos significativos que equilibren la libertad de expresión y la protección a los usuarios para que no reciban mensajes ofensivos. No quieren ser un canal que sirva de plataforma en donde se prodigue odio.

La acción de Twitter es de amplio espectro. La decisión cambia la forma en que muchos abusivos ejercían prácticas intimidatorias, en la que terroristas difundían mensajes, en la que imbéciles incitaban al odio como una forma de verificar el número de seguidores y la capacidad de lograr que les hicieran caso. Pues, al son de basta ya, la compañía con sede en San Francisco pone manos a la obra y decide parar el flujo violento que pasó por su casa. Esto, enciende la esperanza.


 

 

Las consecuencias de una mentira 

Los Juegos Olímpicos de Rio han mostrado al mundo mucha de la riqueza y exuberancia de ese país. Por sus ritmos, su vegetación, su gente, su gastronomía, Brasil luce como a una mujer de belleza incontenible. Sin embargo, pareciera que los medios se empeñan en hacer notar que, a esa mujer, se le rompió una media. Mucha prensa internacional, ha dado cuenta de las aguas negras que llegan a los afluentes acuíferos, que los bajo puentes están mal pintados, que en las instalaciones nuevas hay paredes descarapeladas y que hay narcomenudeos y tráfico de drogas. Los reporteros sienten fascinación por internarse en las favelas para contar lo que pasa ahí y se regodean mostrando fotografías de gente en pobreza extrema.

Como si Brasil necesitara más mala prensa que la que solitos brindan la Presidenta suspendida y el vicepresidente en funciones, hay una voracidad por encontrar prietitos en un arroz que ya sabíamos: iba a venir algo sucito. Los brasileños, como todo país latinoamericano, está en vías de desarrollo, tiene desigualdades, problemas de seguridad, de salud, de corrupción, ya lo sabíamos y también lo conocía el Comité Olímpico Internacional cuando aprobó la sede. Así que, ¿de dónde tanta sorpresa o de dónde tal vocación por contar que todo lo que podía haber salido mal, quedó pésimo? Hay cierto tono morboso y cierta necesidad de exponer al anfitrión. Ni hablar, a eso se expone uno cuando abre las puertas de su casa.

Pero, una cosa es meter las narices en donde no te llaman para andar de criticón y otra muy diferente es montar una mentirota, torcer la verdad y darle vuelo a una hilacha jugosa para salvar la cara y evitar una situación penosa. Resulta que a Ryan Lotche no le basta pasar a la Historia como el que no estuvo a la altura de Phelps, sino que tiene que inventar embustes para llamar la atención.

Resulta que la prensa mundial nos contó la historia de que el pobrecito de Lothce y a otras inocentes criaturitas del equipo de natación de los Estados Unidos sufrieron un asalto a altas horas de la noche en una gasolinera en Rio. Lo primero que me vino a la mente fue ¿qué andaban haciendo los altletas fuera de la concentración en la madrugada? Y luego pensé en lo extraño de que un trio de extranjeros se vayan a turistear a horas tan inconvenientes cuando había una alerta de seguridad, cuando la delegación estadounidense se aloja en un crucero para no arriesgarse a vivir en la Villa Olímpica y cuando la cara los delata de inmediato como extranjeros . No sé, cuando algo no cuadra, me da por sospechar.

Ahora sabemos que Ryan Lothce, Gunnar Bentz and Jack Conger inventaron una serie de embustes para no confesar que andaban borrachos disfrutando de las estrellas tropicales de Rio. A esas alturas, los medios ya se comían vivas a las autoridades brasileñas por no saber preservar el orden y desollaban la honra de una nación que había atentado contra unos pobrecitos deportistas estadounidenses. Pero, las sospechas se hicieron grandes, las declaraciones fueron contradictorias y cuando reventó la verdad, bajaron a Bentz y a Conger del avión para llevarlos ante un juez a ampliar la declaración, les retuvieron los pasaportes, no pueden salir de Brasil. Lothce se libró, ya estaba seguro en su casita cuando la verdad empezó a brillar.

Muchos reporteros que se desgañitaron al denunciar el supuesto robo, ahora lo abordan como un suceso chistoso, como una travesurita de jóvenes,  o una babosa excentricidad de las rutilantes estrellas estadounidenses. Lo que por momentos fue una alerta del caos que los brasileños no pueden controlar, una seña de la incapacidad para cuidar a los visitantes del Olimpo que se difundió urbi et orbi, pasó a ser pecata minuta. 

En una vuelta de tuerca, los dedos condenatorios se bajaron y las protestas perdieron volumen. ¿Qué habría pasado si tres brasileños hubieran hecho lo mismo en Arizona? Me parece que Arpagio no se hubiera reído y como ahí las cosas se reuelven a balazos, no quiero ni pensar. ¿Alguien justificaría a un trio de latinos quebrantando la ley en la noche, aunque fuera un medallista olímpico? Me temo que ya sabemos la respuesta.

Por supuesto, los comentaristas brasileños irrumpieron con violencia contra los nadadores, los llamaron frívolos, idiotas, mentirosos y a Lothce no lo bajan de cobarde. Las reacciones han ido subiendo de tono, tanto las populares como las oficiales. Muchos norteamericanos no entienden la violencia con la que insultan a sus muchachos, pero ellos desataron una campaña de desprestigio contra quienes los recibieron en su casa y les sirvieron de anfitriones. Al ver las consecuencias, en vez de tomar el camino recto y ser honorables, corrieron como gallinas asustadas y quisieron salir de Brasil. No todos pudieron.

Varios medios de comunicación prestigiados como The Newyorker, dan sus versiones de las cosas y quieren justificar a sus atletas analizando los niveles de corrupción en Brasil. Momento, no nos confundamos, no hay que revolver temas ni agendas. Los problemas de Brasil eran conocidos antes de los Juegos Olímpicos, los líos que fueron a crear estos señores, que se salieron de la concentración, fueron a hacer desmanes en una gasolinera y mintieron son otro tema. Si quisieron desprestigiar al país, ya salieron con las manos manchadas. Uno, ve los toros desde la barrera, ya está en casa y los otros tendrán que dar cuentas a las autoridades y afrontar  las consecuencias de una mentira. 

Paren el odio

Parece una nota rosa y, tal vez lo sea. Sin embargo, es de llamar la atención que una estrella que se forjó en las redes sociales, que debe su fama a la oportunidad que encontró en YouTube para darse a conocer, que tiene tantos seguidores en Twitter que podría formar una nación de fanáticos, haya decidido irse de Instagram. Así, después de algunas advertencias, apagó su cuenta y la hizo privada. Adiós a casi ocho millones que seguían sus fotos y videos. A la voz de ¡paren el odio! Justin Bieber cierra su cuenta y en un click pone fin a una guerra de insultos que cada vez subía más de tono.

A simple vista, parece que estamos hablando de un pleito entre antiguos novios que, por ser tan famosos, nos llama la atención. Parece que estamos frente a otro de esos chismes jugosos en los que la prensa del corazón podrá sacar millones de dólares al hablar de lo que Selena Gómez publicó sobre la nueva relación de su exnovio y lo que él le respondió. Pero, esto va más allá de la vulgaridad de imágenes y lo ordinario del vocabulario. 

A mí me parece que tomar acciones en contra del odio es de destacarse. La lectura se puede quedar a nivel de lavaderos, pero viéndolo bien, es una gran manifestación de congruencia. En un mundo en el que se asesina a un sacerdote anciano, en el que podemos ver ejecuciones en línea, en el que tener la piel de un color distinto es suficiente para ser despreciado, en el que ser niña da motivos para ser golpeada, arrinconada, maltratada, mutilada, ignorada, en el que un bebé puede amanecer sin vida en una playa, o cientos de niños caminan solos en busca de un mundo mejor, en el que la frivolidad  se sienta en el trono, ver que Justin Bieber toma acciones para parar manifestaciones de odio es de alabarse.

Este cantante canadiense sabe los costos que cerrar su cuenta de Instagram le va a traer y aún así decidió hacerlo. Con independencia de si nos gusta su música, si el chico cae bien o mal, si sus sus excesos nos molestan y de todo lo que un chisme de color de rosa puede representar, una acción concreta en contra del odio merece nuestra atención y sin duda, nuestra admiración. Cada día, en nuestra cotidianidad tenemos dos opciones, escandalizarnos por la situación mundial en el que el desprecio y la falta de tolereancia avanzan o meter las manos y detener el odio. Siempre nos preguntamos qué podemos hacer y, desesperanzados, bajamos los brazos. Bieber se puso en acción y le dio una bofetada al odio. Sin duda, es para llamar la atención.

Anteriores Entradas antiguas

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: