Basura electoral

En México se producen diariamente ochenta y seis mil trescientos cuarenta y tres toneladas de basura, según reporta el INEGI. Estos significa que cada mexicano genera cada día setecientos setenta gramos de desperdicio y la cantidad va en aumento. El problema es grande ya que el ochenta y siete por ciento va a parar a tiraderos a cielo abierto y el trece por ciento restante llega a rellenos sanitarios que están casi saturados. Cada uno deberíamos tener conciencia y manejar prudentemente los deshechos, fomentar la cultura del reciclaje y poner los despojos en su lugar.

La basura es foco de infecciones y es uno de los principales elementos que afean los pueblos y ciudades de un país tan hermoso. Uno de los referentes de progreso o retraso en términos de civilización es el control de contaminantes. Plazas sucias, parques basurientos, esquinas con montones de despojos, vecinos que avientan sus cochinadas al patio ajeno, o que dejan bolsas llenas de desperdicios en la calle porque no han pasado a recolectar, son padecimientos de un país que no termina de florecer. Sí, el manejo y la educación con respecto a la basura es un reflejo de civilidad y progreso o, en sentido contrario, de la falta de respeto y consideracion que hacen lucir el retraso. 

Una comunidad sucia grita en silencio su rezago. En su pecado lleva la penitnecia. El que avienta mugre al ambiente, la termina respirando. El que tolera los montones de bolsas de basura en las calles, tiene que aguantar el mal olor, el zumbido de las moscas y se resigna a vivir en un espacio feo. No es un mal menor. Tener espacios bellos, cuidados, limpios es un signo democrático ya que beneficia a todos los habitantes por igual. Además, tener un lugar aseado es tan fácil como que cada quien se ocupe de no ensuciar.

Pero parece que nuestros políticos no son conscientes de este grave problema, entre otros. O, es posible, que en su gran soberbia, piensen que sus campañas y sus propagandas hermosean las ciudades. No. Sus bellas caras en pendones, en volantes, en espectaculares son elementos contaminantes. Todo el plástico que se usa para hacerlos vicia el panorama, lo hace feo. Ensucia ¿Por qué lo hacen?

Los ciudadanos tenemos que soportar caras con sonrisas falsas, promesas olvidables, peinados perfectos, caras estiradas, palabras necias. Literalmente, el dinero que invierten en tanto plástico, es basura. Los que idean estas campañas logran lo contrario de lo que pretenden, en vez de causar simpatía y generar interés que gane votos, logran encender el repudio de la gente. Nos martirizan con porquerías electorales y creen que con esa basura engañan a la gente. No, para nada.

Lo peor de todo es que cada uno de nosotros pagamos la producción de esa ponzoña. Pagamos con nuestro dinero y de muchas otras formas más: con padecimiento al ver como ensucian nuestros espacios, al ver postes retacados de imagenes que se quedarán ahí por años, porque nadie las quita. Me da risa ver como en Coyoacan todavía hay pendones que invitan a votar por Mauricio Toledo para jefe delegacional, y él ya ni siquiera está en el despacho. Pronto, sus nuevos pendones se mezclarán con los viejos, lo único que se reciclarán son las promesas olvidadas y los compromisos incumplidos.

¿Por qué no parar la producción de tanta basura? ¿Por qué no detener el desperdicio desde hoy?  Eso verdaderamente ayudaría a aliviar un problema que crece a diario. Sin embargo, parece que esto de resolverle problemas a los ciudadanos no le concierne a la alcurnia política. 

Una respuesta para Sean Penn

Tocó a Sean Penn ser el encargado de entregar el Oscar a la mejor película. Ya habíamos padecido a algunos que aprovechan el micrófono para hacer bromas antes de entregar la estatuilla, al anfitrión Neil Patrick Harris salir en calzoncillos y muchas otras ocurrencias que se hacen para conectar con la audiencia y volverse trending topic en las redes sociales.
Penn salió al escenario con cara avinagrada, como si le doliera el estómago, haciendo evidente que las sonrisas no le aflorarían en esos momentos. Pronunció palabras escuetas para presentar a las películas nominadas, tan intrascendentes fueron que ya se han olvidado, sin embargo, al abrir el sobre, antes de dar a conocer que fue Alejandro González Iñarritu el ganador, preguntó quién le daba los permisos de residencia permanente a estos hijos de puta. No fueron palabras elegantes, ni de alabanza, ni de reconocimiento a un director que se estaba llevando el máximo galardón de la noche.
Alejandro González Iñarritu, en su emoción, desestimó las palabras de Sean Penn. No sé si lo hizo por otorgar la elegancia que le fue negada o porque ni cuenta se dio, pero las luces se centraron en el mexicano que era todo sonrisas y emoción. A diferencia de lo sucedido el año pasado con Cuarón, que se circunscribió a lo estrictamente cinemático, G. Iñarritu recordó a los mexicanos, aprovechó el micrófono para pedir respeto a las manos que trabajan en ese país y pidió por México.
Penn quedó atrás del escenario, en la penumbra y en el olvido. Sin embargo, aunque el festejado de la noche ignoro su pregunta, es preciso contestarla. ¿Quién le dio su green card a todos estos mexicanos que llegaron por la buena a ganar? Los mismos que a tu madre, le pudieron contestar. La madre de Penn, Eyleen Ryan es inmigrante itialiana hija de inmigrantes irlandeses. Sus abuelos paternos son inmigrantes judíos de Lituania y Rusia. ¿O qué creía el señor?
Lo que a Penn y a muchos se les olvida, González Iñarritu lo recordó frente a la audiencia. Estados Unidos es una nación de inmigrantes y hoy una de las comunidades más importantes es la mexicana que dentro del grupo latino es la de mayor relevancia por el número de trabajadores que hay allá.
Lubezki, que ganó su segundo Oscar en años consecutivos dijo antes de que Penn lanzara su célebre pregunta, Mi mensaje es trabajar muy duro. Sí, eso hacen los mexicanos inmigrantes, trabajan duro.
La maravilla es que ahora ya no sólo labran la tierra y limpian mesas. También ganan y se llevan la ovación de la noche. Esa es la mejor respuesta para Sean Penn.
Con delicadeza Alejandro González Iñarritu declaró que lo de Penn fue una broma entre colegas. Tal vez sí, quizás no. Se conocen, es verdad, en 21 gramos el mexicano dirigió al actor norteamericano, es posible que eso le haya dado valor para bufonear. Se le pasó la mano. ¿Qué necesidad? Se puede ser polémico y tener estilo, eso está reservado a pocos. Es lamentable ver que Penn no aprovechase esa oportunidad para mostrar grandeza. Preguntó, ahí está su respuesta.

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Rechiflas

Me habían contado que eso pasaba pero no lo había presenciado. En la oscuridad del cine, antes de empezar con la película, justo después de los cortos, sale una familia reunida en torno a la mesa que recibe una llamada telefónica. Todavía no han pasado ni dos segundos y la rechifla ya es general.
Ya nadie pone atención al chantaje del Partido Verde que nos vende el gran logro de darle cadena perpetua a los secuestradores. La cara de angustia mal actuada, en vez de generar empatía, provoca coraje. Me habían dicho que la gente en el cine chiflaba el disgusto de que hasta en los momentos de entretenimiento tuvieran que padecer el entrometimiento de la basura electoral.
Ayer, no sólo fueron chiflidos, la gente exigía a gritos que quitaran eso, que dejaran que empezara la película y lo pedían en forma enardecida. Sí, los electores están enfadados y por lo menos quieren que los dejen divertirse sin tener que comerse esa sandez mal producida y peor encaminada.
¿Quién se beneficia con esos anuncios? Si el partido político piensa que eso les ayuda, déjenme decirles que es al revés. A mi lado, una señora empezó a aventar palomitas a la pantalla. En medio de tanta rechifla, nadie escuchó más que el enojo expresado por la audiencia. De lo dicho en el anuncio, ni quien quisiera enterarse.
El horno no esta para bollos, los dispendios ya se pasaron de la raya y la gente ni se traga esas payasadas ni quiere que se las sigan recetando. Mucho menos cuando quieren distraerse y pagaron por ello. Las salas de cine deben saber que al público no le gusta que le incluyan en el precio del boleto un anuncio político por el que ya pagaron con sus impuestos.
Pagar dos veces es una pillería. Pagar doble por esas cochinadas es peor. Entrar al cine para ver porquerías electorales es para morirse de coraje. La basura mediática que nos obligan a tragar no ayuda en forma alguna. Ni siquiera los más ingenuos quieren esa sustancia tóxica. El aroma que deja es tan exquisito como el de un pescado podrido y el gusto que provoca es similar al de una manzana llena de gusanos. Oiganlo de una vez, la rechifla es para los políticos y para los que les abren espacios indebidos. Ojalá que lo entiendan los dueños de las salas de cine. El boleto que se paga es para ocupar una butaca y ver una película. No por nada más. No para ir a ver basura que no está en cartelera.

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Mañana de sábado

Hay algo mágico en las mañanas de sábado. Ese despertar sin prisas o ese primer sorbo de café tienen un sabor especial. Desayunar entre sábanas hace que la fruta tenga colores más brillantes y que la textura del pan tostado toque la perfección.
En esos primeros minutos de la mañana de sábado está el hechizo que detiene las preocupaciones semanales, las pospone, las avienta hacia adelante. No hay lugar para dolores ni aflicciones. No. Es un espacio reservado a sentir la belleza de un músculo que se estira, un bostezo que de un bocado nos llena de vida y expulsa el cansancio.
El jugo de toronja tiene el tono de rosa perfecto y el sabor del mamey recupera los sueños que se desgastaron de lunes a viernes. ¡Benditas sean las sábanas que nos envuelven las mañanas de los sábados! En ellas se acuna la sonrisa más sencilla y el corazón se aligera.
No hay mejor medicina para la vida que abrir los ojos y darte cuenta de que es sábado. En ese parpadear que nos trae a la conciencia, que nos separa del mundo de los sueños, el regalo de enterarse que no hay que saltar de la cama y entrar al vértigo de lo que sigue es un bálsamo que deja lista la voluntad para lo que ha de venir.
No hay mal que resista la mañana de un sábado, ni pena que pueda con la satisfacción de despertar despacito. La cabeza en la almohada, el cuerpo entre cobijas, la voluntad quieta y los sueños que si quieren se echan a volar y si no, no. Esa es la maravilla de la mañana de un sábado.

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Mal por bien.

A veces el diablo se cruza y te escupe en la cara. Lo hace con toda la alevosía y mala sangre que lo caracteriza. Te sorprende. El golpe de suerte obra a su favor, te deja descolocado y con una sensación sulfurosa que es difícil de manejar. La intención, evidentemente malvada, es hacerte perder centro y lo logra. La serenidad que se construye a fuerza de perseverancia y pasos de humildad, se vuelve un torbellino veloz que gira rápidamente y se va por un hoyo para desaparecer.
No hay tiempo para contar hasta diez ni para respirar profundo. Se abre la caja de Pandora y entran en la mente todo tipo de fatigas y de males. El telar de los pensamientos se mancha de rencor, ira y deseos de venganza. ¡Me las pagarás!, gritas y buscas los hilos que te lleven a una buena revancha. Y la risa que sale desde el último círculo del Infierno cala más que el olor a ácido sulfúrico.
Sabe como hacerlo, sabe lo que duele y lo que irrita. El ritmo cardíaco se eleva y la respiración se agita. Es justo decir que de inmediato se sale con la suya. Te roba la felicidad y se lleva la luz. Logra que las llamas del averno te quemen las entrañas. Accede a ese lugar de la mente y echa a andar la maquinaria de la venganza. ¡Esto no se queda así!
Al verte rabiar, sonríe. Aplaude satisfecho y se frota las manos mientras ve como rechinan tus dientes y el alma se avinagra. Se va, con los cuernos elevados, sacando el pecho, pavoneándose mientras te deja hecho ovillo, con el estómago revuelto y el rostro mojado en lágrimas.
Mándale bendiciones, escúchame. La voz es dulce y potente. La mirada es limpia y no puedes creer que el Ángel de Dios te esté diciendo eso. ¿Por qué no eleva el dedo y le envía un rayo destructor que le dé su merecido? ¿Por qué permites que a los malos les vaya bien? Esperas consuelo y recibes una orden impensable, enrevesada, sin lógica. ¿Cómo le voy a hacer?, preguntas mientras pasas la mano temblorosa por el rostro. No puedo. Sí, puedes. Inténtalo y verás.
Es un sinsentido, te quejas. El corazón hecho pasa quiere hacerle caso pero la mente de piedra se niega a entender. La lengua sabe a ceniza y el cuerpo quiere estallar. No se debe mezclar el bien con el mal, es una peste difícil de tolerar. No le abras paso a la oscuridad, será esa mancha de tinta que se expande sobre la tela del mantel tan blanco, que crecerá hasta ensuciarlo todo. Quítate de ahí. Ese es tu albedrío.
El que busca el mal, atrae al mensajero más cruel. Si devuelves el daño, la calamidad habitará en el centro de ti casa. El comienzo de la riña es como soltar un torrente caudaloso de agua sucia, mejor alejarse de ahí antes de acabar manchado, sucio. Vete, antes de que empiece.
Bendecir al que te hizo mal. Devolver bienes al que no se cansa de maldecirte. Complicado pero no imposible. Comienza a decirlo bajito, para que sólo tu lo oigas, y de la misma forma en que crece la mancha de tinta, así toma potencia la chispa de luz que te fue arrebatada. Escúchame, hazme caso. No sabes porque, y comienzas, casi sin ganas a pedir gracia.
El diablo escucha las bendiciones, suda frío y el temblor se convierte en estertores. El paso errático lo lleva a tambalearse hasta la barca de Caronte. Cada bendición forma un grillete de la cadena que lo aprisiona, mientras más sincero es el sentimiento de bondad, más fuerte e intrincado es el tejido de eslabones que lo devuelven al hoyo del que no debió salir. El corazón perverso nunca encuentra el bien y el de lengua pervertida cae en mal. El que engendra tristeza, no tiene alegría.
El Ángel de Dios sonríe, no lo dice, pero sientes que te indica que tuvo razón. Volverá, te advierte. Y lo miras con ojos desorbitados. No temas, ya sabes lo que debes hacer.
Entonces abres los ojos y todo parece tan normal, tan cotidiano, tan lo de siempre. La respiración vuelve a ser rítmica y el corazón late acompasado. Elevas la mirada. Sonríes. El corazón alegre es una buena medicina. La serenidad vuelve a habitarte. En realidad, no hay nadie que te la pueda quitar si no la entregas. Ahora sí. Respira. Vuelve a caminar y no mires atrás.

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Adicciones pediátricas

Las adicciones pediátricas son las que se presentan en personas con menos de trece años de edad. En México van en aumento. El mito de que éramos territorio de tránsito y que los vicios pasaban de largo en el espacio nacional se rompe con las cifras dadas a conocer por la Secretaría de Salud. Las adicciones crecen y lo hacen con más velocidad en los sectores de mayor vulnerabilidad.
Escucho con preocupación que uno de los segmentos de la población más seriamente afectado es el que aún siendo niño, se siente en el umbral de la adolescencia y caen en la tentación de probar sustancias intoxicantes. Hay prisa por crecer y por demostrar que ya son grandes. Los chicos empiezan a fumar tabaco tan pronto como a los ocho años, a ingerir alcohol entre los doce y trece años y a usar marihuana antes de los trece. El problema se extiende en la mayoría de los estados de la República y no es exclusivo de género o condición social .
Este rompecabezas es preocupante por la velocidad con la que crece y a quienes afecta. Corrompe a la base de la sociedad, al simiente más preciado que son los niños. María del Carmen Fernández Cáceres, Directora General de los Centros de Integración Juvenil, alerta de la gravedad del problema. Los jóvenes están consumiendo cada vez más y cada vez más pronto. La pregunta es ¿cómo le hacen estos chicos para conseguir cigarros, alcohol o marihuana? ¿Qué no es ilegal la venta de tabaco y bebidas alcohólicas a menores? ¿Que no es ilegal el comercio de marihuana?
Para dimensionar la magnitud del problema basta echarle un ojo a las fiestas y reuniones de adolescentes. Siempre hay alcohol y cigarros, por lo menos. En muchos casos, las botellas y las cajetillas entran con el consentimiento de los padres. La justificación es que si no hay nada de tomar, los jóvenes no van. Se les olvida que dar alcohol a menores, sin el consentimiento de sus padres, es ilegal.
También hay casos en los que los padres no ofrecen alcohol ni cigarros en sus fiestas. Entonces, suceden una de dos cosas, o no van o van y meten las botellas a escondidas. Los chicos llegan a las reuniones con alcohol que se roban de sus casas, o que consiguen antes de llegar a la fiesta. Esto pasa con criaturas de primero de secundaria, mocosos que todavía juegan a la pelota y niñas que peinan a sus muñecas pero que también quieren hacer lo mismo que los grandes.
Hay veces, como sucedió el fin de semana pasado, en que el padre amoroso deja a su muchachito en la puerta de la casa de la reunión de una familia conocida y vigilante. Se va con la confianza de que su hijo estará a salvo y cuidado. Lo que no se imagina es que su pequeñito ya organizó una colecta entre los más avispados, que juntó para comprar botellas de ron, que se salió de la casa para ir a la ventanita de la esquina para traer alcohol. Ni siquiera pasa por su mente que el frutito de sus entrañas será asaltado antes de llegar a la tienda, le quitarán el dinero, lo propinarán una golpiza, le romperán la nariz y se lo devolverán semi-inconsciente.
Todo pasó en un lapso de cuarenta y cinco minutos. Los anfitriones ni se enteraron de lo que ocurría hasta que los padres del golpeado llegaron a reclamar. Los señores de la fiesta se quejan de que el papá jamás le entregó al niño. Lo dejó en la puerta y se arrancó sin verificar que el chico entrara a la casa. Ninguna familia de los chicos que estaban ahí se imaginó lo que iba a suceder.
Armando Ahued, Secretario de Salud de la Ciudad de México, reporta que los embarazos infantiles se conciben, en la mayoría de los casos, cuando las niñas están tan intoxicadas por el alcohol que ni cuenta se dan de lo que les pasa, ni tienen idea de con quién engendraron un hijo.
Los adolescentes están tomando a muy temprana edad. Meten alcohol a las escuelas en las cantimploras que las madres llenaron con limonada antes de llevarlos a clase. Llegan alcoholizados a casa, con cinco o seis tragos encima. No se trata de escandalizarse pero no es una travesura, es un problema de salud nacional.
Sabemos que los adolescentes son rebeldes y que son inteligentes. Como no son tontos, hay que alertarlos de los peligros de salud y seguridad que corren al tratar de apresurar la vida. Beber, intoxicarse, consumir es peligroso a cualquier edad, en la adolescencia, más. En la niñez, peor.

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Miércoles de Ceniza

El Calendario Litúrgico marca que hoy es Miércoles de Ceniza. Se inicia la Cuaresma y los cristianos la entendemos como una invitación personal que Dios hace a la verdadera conversión del corazón durante estos días de reflexión. Es tiempo de buscar un cambio para bien.
El profeta Joel (2:12-18)dice que Dios pide “ayuno, llanto y luto”, como signo de búsqueda de una transformación verdadera, de una exploración interna que nos lleve a valorar lo que está mal para convertirlo en bien, para expulsar lo que hace daño y dejar espacio a los mejores sentimientos. Piedad y caridad, en primera persona para luego darla a los demás. No se trata del tiempo de azotes y rodillas sangrantes, se trata de una purificación que nos haga bien para poder estar listos a dar cosas buenas. Eso es el verdadero significado de la penitencia y el arrepentimiento de los pecados. Sin embargo, lo que se espera de la Cuaresma se ha tergiversado y se ha optado por dos caminos divergentes: o se ignora el llamado o se exagera la nota. Ni indiferencia ni silicios. La llamada debe encender la llama de la esperanza y optimismo, pues asegura el perdón y consuelo.
Por eso me siento más corresponsable en esta oración cuaresmal, esa que con humildad pide la gracia de Dios, que por su buena voluntad desea acercarse en esta Cuaresma y acogerse en su gracia amor y su indulgencia de Padre bueno. Con el salmista rezo: “Perdona, Señor, perdona tu pueblo, no entregues tu heredad al oprobio;no le dominen los gentiles, no se diga entre las naciones ¿dónde está su Dios? Que el Señor siente celos por su tierra y perdona a su pueblo”.
Es Miércoles de Ceniza y los católicos iremos a buscar el signo de polvo que se impondrá en la frente. El que nos significa que estamos dispuestos a entrar a esta etapa reflexiva en la que queremos sacar lo que no nos sirve y se alojó en el alma, queremos llegar con las manos vacías para recibir los regalos de Dios. Convertirnos y creer en el Evangelio. Buscar el agrado de Dios.

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Medidas alteradas.

Me entero de una noticia que me enchina la piel y me eriza el alma. El abogado de la Ciudad de México, el procurador Rodolfo Ríos Garza, da a conocer el dictamen pericial sobre el accidente del Hospital Materno-Infantil de Cuajimalpa, ese en el que se quemaron niños recién nacidos, se hirieron pacientes y personal que trabajaba ahí, y por el que murieron bebés, enfermeras y camillero.
Según los peritajes de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, el origen de la fuga de gas que causó la explosión se ubicó en el sistema de trasiego del camión, donde se encuentra la válvula de purga que está pegada al tanque de abastecimiento. Es decir, la que está pegada al tanque de abastecimiento de gas.
El punto de ignición que provocó el estallido pudo ser una chispa eléctrica, mecánica, estática, es lo de menos, lo terrible es que este accidente que dejó a tres personas muertas y setenta y tres heridas, y un hospital convertido en cenizas y fierros retorcidos se puede deber a que la válvula estaba modificada para vender medidas alteradas. Para cobrar litros y despachar novecientos mililitros, para vender kilos que pesan menos, para hacer una tranza centavera, de esas que se repiten infinidad de veces a lo largo del día al despachar gas, gasolina, diesel, combustolio, son que nadie diga nada. Ya no quedó en una trampa en la que se engaña a usuarios. El cochupo cobró vidas, lastimó gente y se llevo de por medio a bebecitos inocentes que así fueron recibidos al mundo.
El Procurador capitalino emite el comunicado con voz alterada, descompuesta, como la válvula que originó la tragedia. ¿Y, luego? Todos se lavan las manos. Las autoridades se avientan la bolita, se desentienden de la responsabilidad y juegan a taparse los ojos. No habían pasado muchas horas del estallido de Cuajimalpa y ya había habido conatos similares en otros hospitales públicos de la Ciudad de México. La empresa dice que fue el chofer y, desde luego, la cuerda se revienta por lo más delgado.
Tal vez sí fue la ambición del chofer la que lo llevó a vender con medidas alteradas, quizá pensó ¿qué tanto es tantito?, seguro no volverá a vivir en paz después de lo que ocasionó. Lo padece desde ya en carne propia. Sí. Tal vez. Pero aquí después de niño ahogado, no se tapa el pozo. Se tolera la venta de productos mal medidos, mal pesados. Lo normal es vivir entre básculas mal calibradas y válvulas alteradas. Las medidas de seguridad también están alteradas, las verificaciones a las pipas e instalaciones, seguro llevan cucharadas alteradas. Lo terrible es que en eso se nos va la vida. Medimos mal y pagamos, no sólo más por menos, si no las terribles consecuencias.

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Al borde del acantilado

Al borde del acantilado la piel se pone de gallina y los dientes tiritan. Los vientos soplan, revuelven el pelo, agitan la falda y mueven los vuelos del abrigo. Las orejas se congelan, las manos se entumen, los huesos duelen. La voluntad rechina. Las copas de los viejos árboles conocidos susurran mensajes ininteligibles, van de arriba a abajo y de un lado al otro, como si quisieran hacernos entender algo. Es imposible descifrar lo que quieren advertir.
La niebla que llena el hueco del despeñadero es un conjunto abigarrado de nubes aborregadas. Imposible hacer cálculos. No se puede determinar la profundidad del pozo. Parece hondo e inseguro. Al lanzar guijarros no se gana nada. No hay respuesta, ni se escucha el eco del golpe al llegar al fondo. ¿No hay fondo?
Lo que no hay es certeza de lo que hay después de la cortina de nubes. Puede haber un hermoso río o un arroyo envenenado. Puede que existan mejores paisajes y vistas más propicias. Puede, pero no se alcanza a ver nada. Sólo hay seguridad de lo que se tiene enfrente y la sangre se hiela, más que por el aire que azota el rostro, por el miedo que da lo que se tiene a la mano.
Sería magnifico caminar conociendo el destino de los pasos. Pisar firme, sin dudar que se va al mejor sitio. Pero no se puede ver. La niebla comienza a subir, a enredarse entre los tobillos, hasta ocultar la punta de los zapatos. Es preciso moverse, quedarse quieto es peligroso.
El corazón brinca y se acelera. La piel de la nuca se eriza. Las mandíbulas se aprietan. Cerrar los ojos no sirve. Abrirlos, tampoco. No hay brújula. No hay sextante. La intuición está hecha hielo.
No. No es con los ojos físicos que se encuentra el camino. Es elevando la mirada que se otorga dirección. Es abandonándose a lo alto que se acierta. Soltar las amarras y sentir que se descubre la forma de que el velero navegue en las olas algodonosas del mar de nubes, del mar de incertidumbres, del mar de miedos.
Al borde del acantilado, el viento se acelera y el aire se escuchan los mensajes incomprensibles de los árboles. Si ellos tienen la respuesta, me gustaría entenderlos. Si ellos son la protección, me encantaría que desenterraran sus raíces y me acompañaran. Si ellos saben lo que siento, ¿por qué no me dan un abrazo de consuelo?
Todavía piso tierra firme, pero ya no veo la forma de los zapatos. Es hora de moverse y hace tanto frío que los pensamientos se entumen. Así, es complicado entender dónde es adelante y qué es ir para atrás. El vértigo invade el ambiente y no hay tiempo que perder. Sólo queda desear que el rumbo sea el correcto.
Antes de seguir, persignarse. Son tiempos de buscar más serenidad y me os certeza. ¿Es eso lo que quieren decir las copas de los árboles? El movimiento que las sube y las baja parecen estar asintiendo.

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De amores y amistades

El amor es ese sentimiento que hace al hombre y a la mujer mejores seres humanos. ¡Qué difícil es escribir de ello sin caer en el eterno lugar común para las cursilerías, para las bromas, para las conclusiones facilonas. ¡Qué complicado decir que también es el anhelo, expreso u oculto de las personas! Ni hablar, el amor ha sido el motor de momentos épicos, de grandes piezas de arte: pinturas, piezas musicales, sinfonías, novelas, poemas y ha llevado a la trascendencia a personas que siendo seres humanos comunes y corrientes, traspasaron el umbral de la mano del amor y se transformaron en artistas.
Los que lo hemos experimentado, lo sabemos. El amor mejora, nos hace ver fisicamente más guapos y espiritualmente mas compuestos. El que ama pasa por el tamiz del sentimiento y es visto y ve cualidades, hermosuras, delicadezas que otros no han descubierto. Eso ya se sabe, lo que pocos dicen es que el amor requiere compromiso, valor y constancia. También hacerse de la vista gorda, disimular lo feo y aumentar lo bello. Ser incondicional es un objetivo duro de alcanzar.
El texto de San Pablo, en la epístola que le dirige a los Corintios, lo resume espléndidamente, el amor es comprensivo y misericordioso, entiende y transforma, es servicial, es paciente y lento para enojarse. dicen que no hay recetas para el amor, pero lo de Pablo se acerca mucho. Sí hay recetas.
Esa misma sirve para la amistad. Con los amigos hay que ser pacientes, hay que procurarlos, entenderlos, apapacharlos y disculparlos. Un amigo es un consuelo en épocas de tristeza y un compañero de risas en tiempos de alegría. Es un compañero de vida al que también se le aplica la receta de San Pablo, no conoce la envidia, no es jactancioso, ni arrogante, no se porta indecorosamente, no toma en cuenta el mal recibido…
Dicen, los que no saben, que no hay recetas, pero sí que las hay. No son fáciles de confeccionar ni de llevar acabo. Todo lo contrario, son duras y se requiere de fortaleza y valentía para tener un buen amor y un buen amigo. Se necesita perseverancia para conservarlo toda la vida. Y, sobre todo, se necesita buen humor y ganas de morirse de risa al lado de alguien a quien se quiere y te quiere bien.
San Valentín lo entendió y por ello se dedicó a casar soldados cuando estaba prohibido. En ello empeñó la vida y por ello la perdió. Habrá que decir que valió la pena. ¿No? Feliz día del amor y la amistad, suena un deseo cursi, sí. También es un buen deseo.

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