Lo que revelan los test

Se vuelven poner de moda los test, es decir, esas pruebas que a través de preguntas específicas obtienen información de las personas. Tests de estilo de liderazgo, de personalidad, de actitud, de aptitudes, de forma del cuerpo, de filiaciones, los hay de todo tipo. Los puedes encontrar en revistas de moda, en publicaciones científicas, en redes sociales, en todas partes. Los tests siempre han tenido mucha aceptación.
Lo curioso es que últimamente proliferan por doquier esos que preguntan con qué foto te sientes más afiliado, con qué personaje te identificas, con qué deporte te inspiras, qué árbol te fascina, qué ojos captan tu atención y a partir de ellos se llega a conclusiones que revelan forma de ser, perfiles de personalidad, tendencias vocacionales o lo que verdaderamente habita en nuestros corazones.
Me cuesta trabajo creer que generalidades tan amplias pueden llegar a deducir lo que me apasiona, lo que determina la forma de dirigir mi vida, lo que me haría reaccionar de una u otra manera, lo que me encausaría por un camino en particular. Si eso fuera así, sería tan fácil encontrar identidad.
Sin embargo, la popularidad de esas encuestas crece. Nos resulta difícil dejar de lado la ocasión de contestar preguntas, caemos en la tentación de contar y leer los resultados. A veces nos sorprendemos con lo que nos dicen, otras estamos de acuerdo o nos enojamos por lo equivocado que resultó.
¿Nos revelan grandes verdades estos test? Lo dudo. Pero sí llego a un gran descubrimiento, los hombres y las mujeres tenemos curiosidad, queremos encontrar datos de nosotros mismos. Buscamos afirmación de lo que somos, queremos confirmar o disentir lo que pensamos de nosotros mismos.
Los test nos resultan divertidos, nos entretiene la investigación de lo que somos y de lo que creemos que somos. El problema es que muchas veces nos quedamos en esa superficialidad. Si encontramos algo que nos gusta, aplaudimos complacidos. Si nos topamos con algo que nos disgusta, mostramos desacuerdo y nos justificamos, decimos que no, que no es verdad y nos justificamos diciendo que es sólo un test.
Lo rescatable es la búsqueda, esa necesidad de saber quienes somos y entender por qué somos. Lo que los test nos dicen es la profundidad que logramos con este análisis y esa sí que es una seña de identidad.

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La voz de Pedro Ferriz de Con

Por andar en otras cosas no me enteré del rumor de lavadero que devino en la decisión de que Pedro Ferriz de Con dejara la emisión de radio matutina del noticiero de Grupo Imagen. ¿Cómo fue que un enredo de faldas escaló desde los niveles de una revista de chismes hasta bajar del micrófono a un personaje con una audiencia importante?
Con independencia de si nos gustaba o no su línea editorial, el formato de su noticiero, la hora de la emisión, los comentaristas que lo acompañaban, o cualquier aspecto de su trabajo, es lamentable que una persona acabe su vida profesional de esa forma y por esa razón.
Suficientemente comentado está por sus amigos y por sus enemigos si un lío de infidelidad es materia periodística o un hecho del ámbito personal, si es correcto salir con la nota o si hacerlo ensucia al que la da a conocer, o si suceden ambas cosas.
Me parece extraño que un tema como éste precipite a alguien al tobogán del desprestigio. En México no somos tan puritanos como en Estados Unidos, ni Ferriz es Ted Kennedy. Tampoco somos como los franceses que ven esos hechos como una forma lateral de hacer plática, si no pregúntenle a François Hollande, su desliz tuvo un costo sentimental, privado y personal, pero no por ello perdió la oficina del Eliseo. Los franceses se divirtieron con el hecho sin linchar a nadie.
A mí me hace sospechar el tema de Ferriz. La natural hubiera sido que todos estuviéramos chismeando y criticando la conducta poco leal y que pasado el tiempo, es decir, cinco o seis días, se nos hubiera olvidado todo y él tuviera que dar cuentas en su casa y ya. Tal como sucedió con el escándalo de Loret de Mola, lo agarraron en un hotel de paso, todos se burlaron y el siguió al frente de su noticiero y a nadie más que a su esposa le interesó pedirle justificación al respecto. Pero con Ferriz fue diferente.
Lo lamento. A mí Pedro Ferriz de Con me evoca los tiempos de la universidad cuando salía temprano de casa y en el trayecto encendía el radio de mi vochito gris para escucharlo. Era una voz fresca, alejada del acartonamiento de los modos de aquel entonces, él era Pedro, no licenciado, se atrevía a morirse de risa frente al micrófono y a contarle chistes a la audiencia. Se ganó al público con un estilo coloquial y fue un contrapunto frente a las formas rígidas que se encontraban en todos los demás medios. Fue una apuesta arriesgada y le salió.
Desde mi punto de vista, su mejor época fue cuando hizo equipo con Carmen Aristegui y con Javier Solorzano. Entre los tres lograron un equilibrio por la diversidad de puntos de vista. Luego vinieron los pleitos, las rupturas, las separaciones y la arrogancia.
Confieso sin pudor que fui fan de Pedro Ferriz de Con por años y que dejé de escucharlo porque sus opiniones se aproximaban mucho a las mías y prefiero escuchar y leer a quienes ven la vida desde otro ángulo, distinto al mío. A veces, sintonizaba su emisión y lo escuchaba con alegría y otras, cuando notaba la complacencia con la que aceptaba elogios de sus subordinados, cambiaba a toda velocidad de estación.
El Pedro de hoy me gustaba menos que el de hace veinte años, pero me seguía gustando. Me encantaba oírlo hablar del espacio, de ciencia o de viajes. Era como estar platicando con alguien simpático. Me chocaba escucharlo complaciendo a los poderosos y me afiliaba a sus críticas cuando se le iba a la yugular a la izquierda mexicana en sus incongruencias y en sus barrabasadas. Ferriz no tenia miedo de escucharse políticamente mal porqué no le tenía miedo a los idolitos sociales. Esa voz crítica la voy a extrañar. Esa que no se le doblega por fórmula a López Obrador, como lo hacen muchos.
Por eso lamento que se vaya por la puerta de atrás. Mi padre dice que hasta de las cantinas hay que salir por la puerta de enfrente, sólo los que deben algo se van por la de atrás. ¿Que debe Pedro? Sospecho que aquí hay algo más y para averiguarlo hay que ver quienes son los gatos que se están relamiendo los bigotes.
En está salida hay muchos tropezones y sin sentidos. Dicen que se quiere dedicar a la política, con este escándalo empieza mal. Su mujer sale al aire concediendo una entrevista a Fernanda Familiar en la que quiere darle apoyo a su marido, se oye sumisa y leal pero confirma la infidelidad. Lo exhibe como un abuelo que tuvo ganas de aventura, mientras la novia o sabrá Dios quién filtra una grabación que lo hace lucir como un amante impetuoso. Vaya,vaya. Quién ayuda y quién ensucia resulta confuso.
No entiendo este extraño caso de Pedro Ferriz de Con y cuando no entiendo, me da por sospechar. ¿Cuál será la verdadera razón para apagar esa voz?

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Volverán a ser hermanos

El que piense que el tiempo no se puede sostener entre los dedos, el que dude de la magnificencia humana, el que crea que no hay esperanza y no tenga fe es que no ha escuchado la novena sinfonía de Beethoven interpretada por la Orquesta Sinfónica de Minería, ni ha disfrutado del coro final de la Oda a la alegría de Schiller.
Ayer a las ocho de la noche las manecillas del reloj se detuvieron en el instante en el que el director Carlos Miguel Prieto elevó la batuta y el virtuosismo tomó por asalto la Sala Nezahualcóyotl. La tarde de verano se hizo infinita. Las estrellas bajaron de la bóveda del cielo y se transformaron en notas. Sí. Al igual que los primeros en escucharla el 7 de mayo de 1824 en Viena y sorprenderse por el coro, el público que acudimos al concierto, convocados por la Asociación de exalumnos de la Ibero, nos sobrecogimos ante las notas elegidas por Beethoven, por las palabras escogidas por Schiller, por las voces de coro sinfónico de Houston, por la contralto, tenor, soprano y bajo y sus interpretaciones. Primero sonrisas y luego la piel chinita al escuchar:
¡Oh amigos, no más esos sonidos! Mejor entonemos cantos placenteros y llenos de alegría. ¡Alegría! Voces, percusiones, cuerdas, alientos, creciendo, mientras nos hacemos unos así como Schiller y Beethoven lo querían. Abrácense, millones. ¡Que este beso alcance Y entre los que fuimos alumnos de la Ibero sí brotaba una hermandad sustentada en la notas.
Hermanos, sobre la bóveda estrellada debe vivir un padre amoroso. ¿Presientes, mundo a tu creador? Búscalo sobre la bóveda de las estrellas. ¡Sobre las estrellas debe brillar!
La belleza de las palabras de Schiller brilla entre la potencia de las notas que brotaron de la pasión de un hombre que fue capaz de soñar con la Alegría que puede nacer de la hermandad entre los hombres. Lo deseó dede 1817 que es la fecha en que se registran los primeros bosquejos de la partitura. El tiempo se detiene y nos conecta con ese anhelo. La esperanza brota, por haber tenido la suerte de ser amiga de un amigo, porque mi amor de mujer fue conquistado y porque hay júbilo por el privilegio de la vida.
La suerte de contar con la amistad de Juan Arturo Brennan que nos explicó cuál es el mejor lugar de la Sala para apreciar el concierto, ayudó a que el concierto fuera más disfrutable. Estábamos sentados casi entre el coro y podíamos ver la cara entusiasmada del director, la felicidad de dirigir orquesta y coro, el esfuerzo de coordinación y el espasmo de alegría al que nos guió durante el último movimiento.
Los eruditos dicen que Beethoven se equivocó, no es, según ellos, un concierto a la alegría, es un homenaje al deseo de paz y amor entre los hombres. ¡Pamplinas! No se equivocó, un hombre con esa potencia creativa sabía perfectamente lo que traía entre manos. Los análisis intelectuales, hermosos y tan pensados, sobran. El maestro iba seguro, sin dudas, sabía lo que hacia porque lo hizo desde el corazón, le salió de las entrañas, con la seguridad que da la intuición de un virtuoso. Entre notas apasionadas y silencios magistrales, nos transmite tormentos, vehemencia, amor, arrebato y nos lleva a un nivel de arrobamiento en el que nos acelera el corazón y con la aceleración del tempo y entre las voces del coro, estalla la felicidad que emana desde el alma, y algunos dejamos salir lágrimas sin pudor.
Después del último acorde entendemos que sobre la bóveda estrellada, debe vivir un padre amoroso.

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La mentiras de Grupo México

Las aguas del río Sonora están sucias, ahí el agua no es vida, se mancharon de muerte. No se les puede beber, ni usar para riego, ni para nada. Están como arcillosas, achocolatadas, aceitosas. Los peces flotan panza para arriba, con la boca abierta y los ojos opacos. Las aves que se ensuciaron al buscar la vida, al acercarse a abrevar no pueden elevar el vuelo, están pesadas, el agua las marcó. Están moribundas. Las personas que bebieron de ese afluente se enfermaron debido al derramamiento de sustancias tóxicas con que se contaminó esta vena fluvial tan importante.
No. No se trata de una escena futurista en un cuento de ciencia ficción. Tampoco es un castigo de la naturaleza que se encargó de azotar a la región del norte del país ni es una venganza apocalíptica de los últimos tiempos. La marca en el río Sonora se debe al descuido de una minera, Grupo México al que en la región la gente califica como asesino serial. No parecen estar exagerando, hay que revisar el historial de la minera. Además con su reciente hazaña basta y sobra para ganarse el calificativo.
El derrame de 40 mil metros cúbicos de arsénico, cadmio, cobre, cromo y mercurio en los ríos Sonora y Bacanuchi, provenientes de la mina Buenavista del Cobre, del Grupo México, es uno de los desastres ecológicos más grandes de la historia de la región. Una historia de muerte y desolación: la minería de Asacro-Grupo México dejó un camino de depredación ambiental que ha provocado esa empresa que mintió, que quiso lavarse las manos y dejó un río contaminado.
La presencia del grupo le ha traído amargura y sufrimiento a la región; es ir recuperando la memoria. La empresa habla de utilidades, pero nunca de los muertos; ha dejado una enorme estela de muertos en la región. Es verdad que las empresas tienen como fin principal generar utilidades, pero no es el único fin. Hay que hacer las cosas bien, con responsabilidad.
Grupo México mintió, en forma alevosa quiso cargarle la culpa a la naturaleza, quiso volver la mirada a otro lado. No lo lograron. Son culpables y no hay duda.
Resarcir el daño, pagar multas, apechugar castigos, cumplimentar la ley. ¿Y los enfermos? ¿Y los peces muertos? ¿Y las cosechas? ¿Y la sed?
No se trata de linchar a nadie, pero más allá del daño que es irreparable, quedan las mentiras de un grupo que no se quiso hacer responsable de su cochinero, de su irresponsabilidad y de su crimen.

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El pulso español

El día de ayer, en la edición del domingo, el periódico El País publica la evaluación ciudadana de las principales instituciones entidades y grupos sociales en España. En general, a ninguno de los evaluados les va bien si se le compara contra el 2013. La aprobación ciudadana baja, es decir, aprecia menos la labor de los que en su conjunto crean el bienestar püblico.
Los resultados no sorprenden. La sociedad española sigue al pie del cañón, caminando al borde del acantilado, sintiendo los estragos de esta crisis que lleva años y de la que los ciudadanos creen que costará mucho más tiempo reparar antes de que el temporal amaine. Por eso, es normal que la desaprobación avance.
Lo que sorprende es el rankeo de la sociedad. El lugar numero uno de aprobación, con un 89% (92 el año pasado), son los investigadores científicos, seguidos de los médicos y en tercer lugar los profesores de enseñanza publica. ¡Qué caray! Los peores son los políticos que subieron de un 6 a un 10% de calificación, los partidos políticos con 12% y los bancos.
A la Iglesia Católica le fue mal, pero no tanto: 36%, pero a los obispos les fue peor 15%, muy cercanos a los políticos. Sin embargo, Caritas que representa la obra social de la Iglesia tiene un glorioso 75% de aprobación situándose en el cuarto lugar del ranking.
El barómetro de confianza lo aplicó Metroscopia aplicando una encuesta en los meses de junio y julio, es decir, los datos son recientes.
Me sorprende como los españoles siguen aprobando la monarquía. Fue la única institución que vio la cifra aprobatoria a la alza. Claro, no hay que olvidar que hubo cambio de Rey, con Juan Carlos I la cifra llegó a un 47% y este año el pronostico era a la baja, y con Felipe VI es de 69%. Tal vez sea la novedad de su mandato, su sonrisa o la belleza de la infanta y de la princesa de Asturias, o Dios sabe qué, lo cierto es que el año pasado menos de la mitad aprobaban al Rey y hoy ya logró mayoría.
Yo me pregunto, ¿cómo estarán los niveles por acá, luego de tantos cambios y movimientos?

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Hace veinticinco años todo era diferente

Hace veinticinco años todo era diferente, distinto de verdad. Si se quería hablar por teléfono había que acercarse al aparato y discar el número para lograr la comunicación. Hoy la gente ya no habla, manda mensajes llenos de símbolos para expresar el estado de animo. Las computadoras tenían un lugar especial en la casa de los afortunados que lograban poseer tan extraordinario artilugio. En estos días las computadoras de escritorio van de salida y la vida la tenemos en el puño contenida en un aparato inteligente.
Hace diez años el mundo emergió de la debacle de las punto com y se empezó a considerar a la Red como un espacio de posibilidades infinitas que benefician además de a los geeks y nerds a la gente común y corriente.
La gratuidad de la información, la facilidad para entrar y convivir con el mundo virtual, la reducción de costos de operación y la posibilidad de vivir vidas paralelas en las que no se está provisto de cuerpo, de belleza, de dinero, transformó a la humanidad en un plazo muy corto. Tan corto que muchos aún ni se enteran de lo que pasó y otros ya están modificando lo que ya cambió.
Hace apenas un cuarto de siglo las siglas TIC no significaban nada ya han dado más de lo que prometían. Cualquiera con un aparato adecuado que se conecte a la red puede conversar y ver al otro que puede estar separado por océanos y mares o a un metro de distancia. Créanme, he visto gente chatear que está sentada codo a codo.
Falta mucho más. Las compañías están usando financiamiento mediante donativos públicos, los consumidores participan en el diseño de productos y la gente con discapacidades ha encontrado un estupendo terreno de desarrollo, los escritores publicamos en físico y en electrónico, la lista ouede seguir ad infinitum.
Las tendencias suelen ser pendulares, ya lo sabemos. La virulencia de las redes sociales empieza a sentir el yugo de tanta popularidad. Ha diez años de estar sumidos en la hiperconectividad hay quienes prefieren un poco más de privacidad. Las manifestaciones no se hacen esperar. Ya hay redes antisociales, plataformas que ayudan a escapar de los demás.
Redes como Cloak que tiende un velo virtual sobre la persona. Unbabyme.com que protege al usuario de las múltiples fotos que los padres orgullosos suben de sus monaduchas, son redes que cuentan ya con doscientos mil usuarios. No son muchos si se comparan con las cifras de Facebook o de Twitter, pero no son pocos.
Hace veinticinco años nos resultaba impensable hablar por teléfono en el coche, hoy eso representa una de las causas de muerte más frecuente. De pronto, los códigos cambiaron, ser moderno era estar pendiente de una pantalla, escuchar al lejano y desentender al próximo. Hoy, ya hay lugares que exigen dejar el celular sin sonido antes de acceder. Cines, salas de concierto, recintos religiosos, universidades, académicos, padres de familia queremos gente aquí y ahora, presentes y atentos. Los códigos de educación se adaptan, si no quieres pasar por un ordinario hay que guardar el aparatito en ciertos espacios.
Queremos aprovechar y usar la tecnología a nuestro favor. Aprender y enseñar el uso ordenado de los aparatos, y como me decía mi abuelita hace veinticinco años, hay un lugar para cada cosa para que cada cosa esté en su lugar.
Sí, hace veinticinco años todo era tan diferente, sin embargo, estoy convencida de que lo esencial sigue igual.

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Menos plurinominales

El PRI se adelanta y salta al escenario político con una propuesta que Enrique Peña Nieto había hecho en campaña: reducir la representación plurinominal en ambas cámaras. El PAN dice que la idea era suya y la izquierda hace bizcos.
La representación plurinominal en las cámaras nace de la idea de dar voz a las minorías que dieron apoyo a los candidatos que perdieron en una elección. Se trata de salvaguardar a los pocos para que no se opaquen sus derechos ni se violenten las garantías. Así expresado suena violentamente romántico, justo hasta la medula, tanto así que hasta quisiéramos defender el concepto. La realidad es otra.
Como siempre sucede la cotidianidad es diferente al deber ser. Los abusos de los representantes de las cámaras, el sobre ejercicio de sus presupuestos, el abuso de sus cientas, las fiestas personales en recintos legislativos, las malas compañías hacen que me sienta poco representada por estos personajes por los que ni siquiera voté.
Escucho a José Woldenberg y a Jesús Silva Herzog y a muchas voces serias defender la representación plurinominal y es que el concepto no es malo, pero pienso en estos equilibristas que brincan de la Cámara de Senadores a la de Diputados, que nunca se han sometido a las urnas, que se han autodecretado bonos jugosos por no hacer nada, que se regalan relojes suizos por irse a dormir a sus curules, y lo único que puedo pensar es en apoyar la iniciativa del ejecutivo.
Si la mejor manera de predecir el futuro es mirar al pasado, lo más seguro es que estos legisladores se seguirán sirviendo con la cuchara grande y no se preocupen por un pueblo que ni siquiera votó por ellos, que ni los eligió y que con el que no tiene ningún vinculo.
Por ello, si me preguntan, yo votaré por la reducción de legisladores de representación plurinominal. Al fin y al cabo, no hay tal representación.

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Últimos minutos

La imagen me dejó helada. La vi sin sonido, por los subtítulos me enteré de lo que pasaba. Un reportero estadounidense estaba a punto de ser degollado por un uniformado iraquí.
El ejecutante, portando uniforme militar y con la cara oculta tras un pasamontañas, elevaba una especie de guadaña y hablaba frente a la cámara.
El sentenciado, hincado junto a su verdugo, miraba al frente, no hacia la cámara, sino al frente. Cerraba los ojos mientras el militar pronunciaba su discurso. Tensaba los músculos del cuello y apretaba los labios.
El uniformado elevó la guadaña y sucedió algo sorprendente. El sentenciado abrió los ojos, miró a la cámara y empezó a hablar. No sé que dijo, porqué donde yo estaba no había audio. Pero su actitud se ganó mi admiración. No lloraba, ni suplicaba. Enfocaba a la cámara y pronunciaba sus ultimas palabras. Aprovechó el momento para demostrar valor y honor. Estoy segura de que sus palabras fueron espléndidas, a pesar de que no las pude escuchar. No hizo falta. Su actitud frente a la muerte lo dijo todo.
Entonces guardó silencio. El militar bajó la guadaña. El video terminó antes de que acabara la vida del reportero. No vimos el final, gracias a Dios.
La siguiente imagen fue la del Presidente Obama, distinguido Premio Nobel de la Paz, sin corbata, con la camisa arrugada y el saco mal puesto. El rostro era pálido y los labios se le veían secos. Tampoco pude oír lo que dijo. Gracias a Dios.
No sé porqué ejecutaron a este reportero, imagino que el motivo fue su nacionalidad. Casi puedo adivinar que su muerte fue un mensaje sangriento para las autoridades estadounidenses. Lo malo es que lo vimos muchos, también su familia. No les servirá de consuelo, pero es de admirar la fortaleza y la dignidad con la que enfrentó en sus últimos minutos lo que le llegó por nacimiento.

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El pan, la sal y el camión escolar

En esta ocasión, a diferencia de la del año pasado, la mañana del primer día de clases transcurrió en calma. Mis hijas se levantaron media hora más tarde, descansadas y de buen humor, tuvieron tiempo para desayunar sentadas a la mesa, para salir con tranquilidad y llegaron diez minutos antes de lo que llegaban antes a la escuela. ¿Por qué? Hoy no se fueron en el camión escolar.
Todo el año pasado y los dos anteriores mis hijas padecieron la ocurrencia de Marcelo Ebrard y la mala implementación de la imposición del camión escolar. Por tres años, el transporte pasó por ellas a las seis quince de la mañana y me las regresó entre las tres treinta y cuarto para las cuatro. El recorrido de la casa a la escuela es de veinte minutos con tráfico, el camión lo hacía en más de una hora.
Los años de transporte escolar obligatorio nos alteraron el ritmo familiar, nos teníamos que levantar más temprano, perdimos en desayuno en familia y la hora de la comida era un caos, ellas llegaban tarde y mareadas, sin hambre, mientras mi marido y yo las esperábamos muriéndonos de ganas de comer. El mal humor se instalaba en casa desde las primeras horas, las prisas eran parte de la cotidianidad y, sobre todo, se alteró la oportunidad de convivir en torno a la mesa.
Según Ebrard, la medida era para descongestionar el tránsito y para aumentar la velocidad de crucero de la ciudad. El programa fue un fracaso, ni se elevó la velocidad de crucero, ni se liberaron las vías de circulación, ni se disminuyó la contaminación porque el programa fue obligatorio para unos cuantos, no para todos. La mayoría de las escuelas, empezando por las de gobierno, seguían sin tener camión de la escuela. La imposición fue selectiva.
Lo que sí logro Ebrard, fue alterar la convivencia de muchas familias que, gracias a su ocurrencia, tuvieron que sacrificar tiempo para estar juntos mientras los padres esperaban y los hijos perdían el tiempo paseándose por la Ciudad de México. Eso si les iba bien ya que el camión es un terreno propicio para el bullying y para portarse mal.
Entiendo que muchas familias ven en el camión escolar un gran beneficio y para ellas lo es. Por ello creo que el transporte de la escuela debe ser una opción, no una imposición.
Andrea entró a preparatoria y con ello nos ganó la exención del transporte escolar. Hoy, Carlos y yo las llevamos a la escuela. Por la tarde comeremos juntos y volveremos a nuestro ritmo familiar, ese que se suspendió hace tres años por las ocurrencias de un político que seguro jamas supo lo que era compartir el pan y la sal en familia.

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Google mapas para interiores

El vértigo que causa la rapidez con la que avanza la tecnología es una señal de nuestro tiempo. A veces ya ni lo percibimos. Hace unos cuantos años era impensable creer que con sólo anotar una dirección podríamos llegar a ver la fotografía se una locación. Hoy no sólo eso es posible, también podemos espiar el interior de algunas de ellas. ¿Se imaginan poder entrar a casa de tu escritor, cantante o deportista favorito? El voyerismo en pleno.
La nariz de Google Maps es más poderosa y logra entrar y traspasar las paredes y los muros de algunos sitos con su nueva aplicación Mapas interiores. Casi da miedo, sin embargo, resulta una aplicación útil.
Los mapas interiores de Google Maps permiten visualizar los planos de planta de distintos locales comerciales como, por ejemplo, aeropuertos, grandes almacenes o centros comerciales. Es cierto que Los mapas interiores solo están disponibles en algunas ubicaciones, pero así se empieza. Es decir, todavía no lograremos ver la casa de Roger Federer pero allá vamos.
Los mapas interiores están integrados al sitio de Google Maps, lo que quiere decir que se puede usar una de las muchas funciones para ver los espacios por dentro que son idénticas para la exploración exterior. La aplicación busca una ubicación donde esté disponible el mapa interior, acerca el zoom en el mapa y basta con un clic en un edificio o un lugar para ver el plano de planta interior. Una vez mas la tecnología nos acerca lo lejano. Podremos caminar virtualmente dentro de lugares antes inaccesibles.
En función de los datos disponibles, el mapa mostrará los lugares de interés del edificio que estás viendo, como tiendas, servicios, restaurantes, etc. Al tocar cualquier ubicación interior se obtiene más información relevante del sitio. Se utiliza el selector de planta de la esquina inferior derecha de la pantalla para cambiar de piso. ¡Increíble!
Para buscar y obtener indicaciones en interiores, los resultados de las búsquedas y las indicaciones funcionan, en general, igual que en el resto de Google Maps. Es importante mencionar que los mapas de interiores no se mostrarán a menos que se acerque al máximo la imagen de un edificio del que haya un plano de interior disponible.Se puede obtener indicaciones de una sola ubicación interior o de varias. Si la búsqueda de indicaciones incluye varias plantas, la ruta de la planta que no se esté visualizando quedará oculta.
Ahora podremos conocer lugares lejanos, la distancia se vuelve algo irrelevante. Tendremos la capacidad de ver una tienda en Dubai, un aeropuerto en Kenia, una pastelería en Johannesburgo, una pizzaría en La Piedad. Tendremos la capacidad de hacerlo desde nuestro teléfono celular.
Eso me da una emoción intensa cercana al miedo y próxima a la ilusión.

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