El agravio común

Me sorprenden varias cosas de las formas en las que cambia el mundo y de las reacciones que manifiestan algunos. Aquí todos, incluso los que guardan silencio, dan a conocer su postura. En esta condición, todos tenemosmuna postura y ella es una seña de identidad que nos ubica en un lado o en el otro de esta novísima situación mundial. Es curioso como a México se le mira ya sea con ojos de ternura o de alarma, como si el país fuese un agente externo. Como si las medidas fuesen a afectar nada más a los mexicanos y los demás asistieran como espectadores. Lamento informar que el agravio es común a todos.

El territorio iberoamericano se funde en la cabeza del señor Trump como una masa uniforme, para él abajo del Río Bravo todo es México, España incluida, por supuesto. El mapa mundial se vuelve a partir en dos. Aliados o enemigos del nuevo presidente de Estados Unidos y en esa clasificación va el mundo entero. Así nos dividimos sin remedio, lo mismo los que opinamos que los que guardan silencio, los que se sienten fuera de esos conjuntos, también pertenecen. Nadie nada de muertito. Nadie puede hacerse el disimulado. Nadie.

Extrañan los silencios. 

Llaman la atención los que se quedan callados, pensando que así ni se ven ni se oyen y permanecerán a salvo. Mandatarios de países a los que llamamos hermanos, naciones a las que México les ha tendido la mano y que ha recibido a sus hijos para que no sigueran errantes en el mundo. También sorprenden las de estos mexicanos notables que no han emitido una sola palabra, los expresidentes Zedillo y Salinas tienen los labios de cera y muchos notables imitan su ejemplo. ¿Será que no se sienten aludidos? Malas noticias, aquí todos estamos en este embrollo.

Por eso, la generosidad de las palabras de Juan Manuel Caballero Bonard, escritor español, ganasor del Premio Príncipe de Asturias 2012, conmueven: El ciudadano que no se considere de algún modo mexicano, colombiano, chileno, es que carece de algún fecundo componente educativo. Ahora mismo, con ocasión de esos execrables agravios perpretrados por Trump contra México, mi condición de español ha incrementado fervorosamente mi modo de ser mexicano. Es decir, comparto sin reservas las acciones contra ese soez agresor. 

La hostilidad hacia México no tiene exentos. Pega a los que disimulan, a los que gritan a favor o en contra, a los latinos que votaron a su favor y en contra, a los que están en alguna posición del gobierno, los que forman parte del Estaso, a la oposición, a los intelectuales, a los políticos, a los economistas, a los obreros, a los empresarios, a los jóvenes y a los viejos, a los que vivimos en este territorio bendito, a los que viven más allá de estas fronteras, a los que tiene pasaporte mexicano y a los que no.  A todos nos pega. Algunos pensarán que el golpazo les dará impulso, otros tiritarán de miedo ante lo que viene, otros analizarán y tomarán decisiones, nadie pasará desapercibido.

Pero, no se trata de las patrañas que nos quieren hacer creer. Se trata se humillar y hacer de ello un espectáculo, en ese sentido el agravio es común para la gente de buena voluntad. ¿En qué lado quieres estar? No es ajeno, ni para otros. El agravio es común.

Roger Federer

Hablar de lo favorito, de lo admirado, de lo sorprendente que se ganó el corazón tiene la dificultad que entraña tropezarse con las palabras. Es tanto el entusiasmo que a lo largo de los años ha despertado Roger Federer en el corazón, lo siento tan dentro de la piel que, después de tanto tiempo de dedicarme a esto y de ser su fanática, es la primera vez que escribo de este grande. No hay disimulos, mi corazón siempre ha estado en la cancha de lado de este campeón. Ninguno me parece mejor que él. Ni modo, en el amor no se manda. Soy federista, desde siempre. 

Roger Federer es el hombre que hace ver al tenis como un deporte que se juega fácil, la forma en que despliega el brazo, el estilo para golpear el revés, la sencillez con la que domina las líneas y saca un servicio as, la bien que se planta para abanicar la raqueta, en fin, todo parece tan sencillo, aunque no lo es. Es él quien con el espíritu que tiene y que refleja en la cancha, logra ese efecto. Un hombre que jamás bajó el corazón y que siempre tuvo la cabaeza bien colocada en los hombros. Los fracasos no lo hundieron y las victorias no lo marearon. 

Dice que de joven le ganaba el temperamento y luchaba contra los berrinches. Supo dominarse a tal perfección que se convirtió en el jugador más correcto. Lo he seguido desde que ganó su primera copa, nunca lo vi romper una  raqueta, torcer la boca, gritar o hacer alguna patanada. La gallardía de Roger Federer elevó los niveles del mejor deporte del mundo: el tenis. 

El orden, la disciplina, las buenas maneras muestran en Roger Federer que dan frutos extraordinarios. Tanta emoción nos ha hecho vivir, que aún después de haber jugado por mas de veinte años, todavía es capaz de ganar el Abierto de Australia, con treinta y cinco años de edad y tenernos despiertos en la masrugada para verlo jugar en tiempo real. Los fanáticos de deveras no nos conformamos con una repetición a una hora más adecuada. Físico extraordinario que se combina con una mente clara que ha sabido tomar buenas decisiones. La imagen de Roger Federer es limpia, jamás un escándalo, pocas lesiones, siempre se cuidó, no se excedió y los resultados de esa ecuación dan al mejor jugador del mundo de la Historia del tenis. No ha habido uno mejor. Lo digo porque es mi ídolo y porque los resultados me avalan. 

Desde la pantalla de la televisión, lo vi ganar cada partido. En la Philippe Chatrier lo vi perder dos veces ante Rafa y lo vi la única vez que elevó la copa del Roland Garros. Disfruté casi todos los juegos que lo han llevado a ser lo que es. Espero seguir gozando de ese privilegio de verlo en la cancha y sé que ese gozo no será eterno. ¿Qué será del tenis después de Roger Federer?

No sólo por la maestría que muestra al empuñar una raqueta, sino por la caballerosidad y grandeza de alma que deja en las canchas. Al ganar este torneo en Australia, después de recibir la copa de manos de Rod Laver, miró a Rafael Nadal y le dijo que compartía con él ese triunfo, sin él nada hubiera sido tan espectacular. ¡Viva, Roger Federer! 

No hay forma, las palabras quedan chiquitas ante la grandeza de un hombre que se ha metido en la cotidianidad de nuestras vidas y nos ha dejado saborear lo que es la majestuosidad que nace de un espiritu grande. Mil años más quisiera verte jugar, querido Roger. Millones de gracias por tantas sonrisas que tu juego me ha regalado. 

De economía y negociaciones

Cualquiera podemos abrir la boca y decir lo que queramos, es nuestra prerrogativa. Sin embargo, no importa lo fuerte que grite, una mentira no se transforma en verdad a fuerza de volumen. Tampoco importa si quien las pronuncia es un hombre poderoso, una sandez seguirá siéndolo, incluso si la pronuncia el Señor Presidente. Las teorías económicas no son opiniones que se puedan torcer a voluntad, los impuestos especiales aquí, en Estados Unidos y en cualquier lugar, tienen repercusiones.

No se borra de un plumazo lo que nos estorba. No importa cuanto apriete los ojos, lo que no veo sí existe, aunque intente bloquearlo. Lo terrible es que el imperio de la estupidez ya está sentando reales. Veo a un monarca paquidérmico rodeado de bufones y de gente nerviosa a su alrededor. Veo oportunistas que le quieren ir a bolear los zapatos para ver como se acomodan en simpatía del elefante que tiene cerebro de zanahoria y un vocabulario tan limitado como sus buenas ideas.

Ese es el presidente que democráticamente eligieron los estadounidenses. Un hombre del espectáculo que habla a gritos y no entiende de repercusiones. Este señor eligió a un vocero que no entiende de prudencia, que no sabe de diplomacia y que repite como un perico ideas que no entiende. Desde el Capitolio, propios y extraños lo observan. El señor anda como chivo en cristalería y no se da cuenta que ese desprecio que siente por México lo está llevando a romper platos de su propia vajilla.

Pobre Theresa May, corrió apresurada a ser la primera mandataria en ser recibida por Trump. Se le veía con tanta necesidad de agradar a su anfitrión. La imagino eligiendo en su armario los zapatos más bonitos y la ropa más linda, la veo volando a Washington y aprendiéndose de memoria lo que debía decir. Repitiendo cada palabra frente al espejo para no tropezarse, para que no se le olvidara nada. Todo para que en la conferencia de prensa, su admirado anfitrión la ignorara y hablara de lo inteligentes que somos los mexicanos y lo mucho que hemos aprovechado esta relación desigual. No en vano, la primer ministra británica sale con la boca torcida y con cara de que los tacones ya le lastimaron. Seguro, algo más que el calzado la tenía incómoda.

En esa forma errática, el presidente de Estados Unidos le pega al mundo y a México. Nos manda decir que nos va a imponer   aranceles que seremos víctimas de impuestos especiales y cree que eso no afectará a sus connacionales. Malas noticias, esas medidas le pegan a México, a Estados Unidos y al mundo. Alguien le debería dar clases de economía, administración estratégica e imouestos al señor Trump. Tal vez sea un cabeza dura y esas ideas no le entren en la cabeza. Mientras, el senador republicano por Arizona John McCain ya dijo que esas medidas golpearían a su estado en forma grave. La asociación de agricultores de los Estados Unidos ya levantó la mano. No les gusta la idea tan maravillosa de los aranceles, es más les asusta.

Lo curioso, es que el Presidente Trump no toma en cuenta que los aranceles pueden ser recíprocos, que México puede tasar los productos que les compramos y también podemos dejar de comprar. Tampoco toma en cuenta que con esa idea de deportar a los migrantes sin papeles, corre el riesgo de parar la industria agrícola. ¿Alguien le puede explicar al señor algo de economía?, en su país hay gente talentosisíma y súper galardonada que sabe del tema. ¿Por qué no los escucha?

Dice Carlos Slim que Trum es negociator, no lo creo. Un negociador es una persona que sabe ordenar prioridades, tiene claro el objetivo y se sienta a la mesa a dialogar, a escuchar y sabe que tendrá que ceder algo para obtener el resultado deseado. Un negociador profesional entiende que este es un proceso de comunicación, no una competencia. Ambas partes deben cruzar la línea de meta al mismo tiempo. Si se deja a la contraparte de lado, si se le deja de ver, si se le aplasta, si se toma ventaja, no se está negociando. Un buen negociador no intenta tomar ventaja, intenta generar acuerdos en los que todos ganen. Cuando una parte gana y la otra pierde, el negocio no se repite. Un buen negociador busca repetición de negocio. ¿Alguien le puedeexplicar al señor algo de métodos de negociación? En su país se encuentran tres de las mejores universidades que tienen extraordinarios programas sobre el tema.

¿Será que no escucha? 


 

Frente a la mezquindad…

Esparamos con impaciencia el mensaje del Presidente Peña. Las novedades nos dejaban ver que las cosas van corriendo por un sendero que parece, francamente, peligroso. Con nuestros representantes más lúcidos en Washington, mientras se sentaban a preparar la reunión de los mandatarios mexicano y estadounidense, el señor Trump hacía un acto imperial, para mostrar como su gracil mano garabateaba una firma sobre una orden ejecutiva para construir un muro en la frontera. 

Más allá de la factibilidad del proyecto, de las condiciones geográficas que le van a complicar el plan al señor, de las impresiciones en términos de plazos para iniciar la obra —soon es un término que luce muy vago para firmar una orden ejecutiva—, Trump muestra una prisa por demostrar que el es todopoderoso. No imagino lo que sintieron el canciller Videgaray y el secretario Guajardo al enterarse que su anfitrión ya les estaba pintando una calabaza antes de sentarse a platicar.

Mientras, acá los ánimos se descontrolaban. Andrés Manuel López Obrador le da un espaldarazo al Presidente Peña, ¡cómo estará la cosa!  Cardenas, siempre tan prudente, recomienda que no se asista a la reunión del treinta y uno de enero, representantes de la derecha, como el señor Gil apoyan esa moción. Otros, se hacen cargo de la importancia que tiene la relación bilateral y lo peligroso que sería moverse en forma errática.

¡Pobre Presidente Peña! Tan impopular y con decisiones tan delicadas en el panorama. ¿ Voy o no voy? Se preguntará. Espero que esté valorando los impactos. Tal vez sea bueno recurrir a un poco de teoría. Los métodos de negociación que marcan estos procesos tienen como objetivo que las partes crucen la meta al mismo tiempo. Si uno lo hace antes que el otro, el resultado no pudo ser ventajoso para ambas partes. Alguien ganó y alguien perdió. Negociar no es competir. Parece que las condiciones de esta cita en particular, no son las óptimas para llegar hombro a hombro y llegar juntos. 

Frente a la mezquindad de quien se sienta a una mesa de negociación con el único fin de imponer, dominar y maltratar, el consejo de los teóricos como el profesor McCabe de Georgetown University, lo mejor es parar antes de que el proceso empiece y esperar a que las condiciones para negociar se den. Para detener una negociación, para levantarse de una mesa, para frenar el dialogo hacen falta dos cosas: análisis y valor. Si en la valoración de la ruta, está claro que nos vamos a estrellar, mejor no iniciamos el proceso. Si se encuentra un resquicio para encontrar condiciones que le permitan ganar a ambas partes, entonces vale la pena intentar. 

Pero, negociar requiere de honor y voluntad. El Presidente Peña deberá valorar, analizar lo que sus paladines le informen sobre las diez horas en que estuvieron en la Casa Blanca. Me temo que no le habrán dado buenas noticias. Lo que se ve, no se juzga. La rigidez de sus gestos, la palidez de su rostro dijeron lo que en palabras no expresó. Si a Videgaray y a Guajardo les hubiera ido bien, lo habría dicho. ¿Voy o no voy? Pensará.

Frente a la mezquindad de su anfitrión, tal vez no sea buena idea irse a meter a la boca del lobo. Sin embargo, serán los datos que reciba y la ponderación que haga de ellos lo que espero que incline la decisión de nuestro Presidente. Y, tal como están las cosas, parece que la inmediatez y el corto plazo no plantean un escenario favorable. 

Saltos para atrás

Soy de la generación que vio caer el muro de Berlín, de aquellos que nacimos en un mundo dividido por la lateralidad que alguien determinó como derecha e izquierda, de cortinas de hierro que impedían ver lo que sucedía del otro lado. Soy de la generación que derribó esas barreras y vivió la sorpresa de descubrir lo que pasaba más allá de nuestras fronteras y se maravilló al encontrar lo que exisitía oculto a nuestros ojos. Soy de la generación que se emocionó al ver como familias que   vivieron divididas por años, se abrazaron con la gratitud de ver que sus plegarias fueron escuchadas.

La generación anterior vivió la cicatriz de las guerras, la orfandad que ocasionó el campo de batalla, la tristeza de haber recibido una bandera y una caja con un cuerpo, en vez del hijo que vieron partir. La generación anterior celebró la vida y disfrutó la paz, pero vivió dividida. Muchos, buscaron refugio ante persecuciones religiosas y políticas y el asilo era una opción de rescate. Las fronteras delimitaron su perímetro de acción. El encierro les ayudó a manejar el dolor, a administrar las pérdidas y a olvidarpara seguir   andando. Pero, sólo los locos olvidan. 

Mi generación vivió en crisis permanenete. Nuestro vocabulario se adecuó a palabras como inflación, estanflación, alza de precios, tipo de cambio controlado, pactos económicos, corralitos, disminución del poder adquisitivo, control de cambios, precios regulados. Mi generación supo lo que era formarse horas y horas para conseguir una visa. Entendimos lo que era recibir como regalo un dulce hecho en otro país, sabíamos lo que era la fayuca y nos regodeabamos en el privilegio de cruzar fronteras.

La generación de mis padres y la mía luchamos por acabar con ese yugo fatal que significó que el dinero que se ganaba con esfuerzo se evaporara como por arte de magia. Nos convencimos de las bondades de un mundo plural, sin fronteras, con facilidad de tránsito para personas y mercancía. Nos revelamos en contra de las diferencias que dividen y decidimos por un mundo más global. Llegamos a la conclusión que la globalización no era perfecta ni nos daría el paraíso, pero era la mejor opción, dadas las circunstancias.

Es verdad, hubo voces que se opusieron. Qué caray, el libre comercio y el libre tránsito no eran acto de fe. Hoy, esas voces flamígeras, que gritaban a favor de los regionalismos, de marcar diferencias, de adorar nacionalismos, se dividen en dos. Los que, arrepentidos se dan cuenta de que despertaron a un monstruo y los que van montados en ese esperpento estridente que amenaza con separanos,  porque les es conveniente. Esas voces van a cambiar el mundo.

Después de este fin de semana, veo con tanto dolor que estamos dando saltos para atrás. Resulta que ahora en vez de derribar muros, los vamos a construir. Ahora, en vez de buscar las similitudes, vamos a pintar rayas a los diferentes. Hoy, en vez de reunirnos en torno a la mesa, vamos a separar familias. ¿Cómo se puede entender eso como progreso? 

Boleto a Tokio

La visión de Donald Trump

A unas horas de que Obama transmitiera el poder a Donald J. Trump y se convirtiera en el presidente número cuarenta y cinco de nuestro vecino del norte, entendemos. No hay duda, la gente no cambia. Los que pensaron que uno sería el Trump en campaña y otro el que sería como presidente, tuvieron la primera bofetada de desilusión. El discurso inaugural de su mandato tiene el mismo tono que los que pronunció como candidato.

Sin tapujos, con nada de diplomacia dio su visión de la situación en la que recibe el país. Sin el menor empacho, sin reparar en que a unos metros estaban los expresidentes escuchándolo, describió un panorama sombrío de lo que le estaba entregando. Vamos a parar esta carnicería, dijo. Pormenorizó una sitación de ciudades ateridas por el crímen, convertidas en pueblos fantasmas, con fábricas oxidadas, con gente desempleada, con una clase media olvidada por los políticos mafiosos que dejó de ver a su gente. En dieciséis minutos, dejó claro que su política America first es una idea que seguirá siendo su bandera.

Pareciera que el cielo se puso a tono con la circusntancia. Empezó a llover. El clima dió un acento gris a las palabras de ceniza del hombre que hablaba de una zona de desastre y arengaba a la gente que lo escuchaba. Con una suficiencia mesiánica, se proponía como la solución que había llegado a solucionar tantos males. Me imagino que Obama y James Carter se mirarían como preguntándose ¿de qué habla este hombre? El rostro estoico de Hillary Clinton trataba de ocultar un rictus de fracaso. Los Bush tampoco se habrán sentido halagados. En el ambiente flotaba una especie de triunfalismo artificial, hueco y tremendamente falso.

Make America great again, fue la frase con la que ganó su lugar en la Casa Blanca y con la que cerró su discurso. ¿Por qué dar una visión tan fatalista? Lo oigo y me da por sospechar. Es verdad, las cosas no son miel sobre hojuelas pero no me parece que sean tan sombrías como él las planteó. Me parece que Trump quiere seguir usando el miedo como su mejor herramienta. Así, señalando monstruos que ni son tan grandes ni tan malévolos, cualquier acción que haga, lucirá enorme. Así cumplirá sus promesas de campaña. Se facilitará el camino. 

¿Habrá quien le crea? Parece que sí. Sin embargo, hay muchos que lo vemos y elevamos las cejas. 

Palabras vacías

Escucho al presidente número cuarenta y cinco de los Estados Unidos de América pronunciar su discurso inaugural y siento un hueco en el cerebro. De repente, siento que el significado de las palabras ha cambiado, que ya no quieren decir lo mismo. Pareciera que más allá del significante, lo que pronuncia Donald Trump son burbujas que le salen de la boca y que van reventando en el aire. 

Lo oigo decir que la era de las palabras vacías se ha acabado y que con él empieza la época de la acción. Curiosamente, el dicho no encuentra una base de sustento. Sus palabras son lo contrario a lo que expresa. No hay nada en ellas, están infladas de aire, tiene la profundidad del necio, la reflexión del vacuo, la fuerza del presuntuoso. Están construidas sobre bases arenosas, pero en medio de los aplausos, las caras bonitas, los trajes tan finos, hubo quienes se tragaron el anzuelo y vitorearon a un hombre que dice una cosa y obra otra. El discurso inaugural fue corto, oscuro, con un tono desafiante.

Planteó un escenario casi gótico, en el que describe a un país en ruinas, casi un cementerio lleno de tumbas que necesitan a un Mesías que los venga a revivir. Los que aspirabamos ver una transformación entre el candidato y el Presidente, nos hemos desilusionado y no ha sido gratuito. Trump es consistente, es lo que es y no parece haber material para desarrollar otra cosa. 

Dijo que no habría más palabras vacías y que pasaría a la acción. Desde luego, no dijo qué acciones, ni mucho menos cómo piensa cumplir tanta promesa, ni como le va a hacer para controlar el odio que desató en campaña. Agradeció la presencia de expresidentes y de inmediato dijo que va a hacer las cosas diferentes pues piensa hacer grande a Estados Unidos otra vez. Los señores pensarán, ¿cuándo dejó de ser grande? y ¿quién es responsable de la pérdida de esa grandeza? Más aún, ¿qué entiende él por grandeza? 

Veo la cara de Obama serio, con los ojos cerrados, veo a Michelle mirando al cielo como pidiendo al Dios que Trump está invocando, un poco de cordura para el himbre que sucederá a su marido.  James Carter aprieta los labios, George Bush se mira la punta del zapato. ¿Sentirán ellos alguna responsabilidad en la pérdida de la grandeza a la que su nuevo presidente alude? ¿Les gustarán los cambios que anuncia este sujeto? Tal vez estén inquietos, al ver que el señor habla de olvidarnos de las palabras vacías y el contenido que escuchan es igual a nada. ¿Cuáles cambios?

La cara de los Clinton refleja la palabra fracaso por todo lo alto. Escuchan el discurso y seguro estarán pensando, ¿cómo le hicimos para perder frente a este personaje? La humillación debe ser total y abrumadora. Una vuelta de tuerca tiene puesto a un hombre tan extraño a punto de entrar en funciones en la Oficina Oval. ¿Habrá ellos contribuido a empequeñecer a los Estados Unidos? Make America grat again, las palabras sacuden, ahí entre los invitados están los que tomaron las decisiones que achicaron a su país. Claro, según su mandatario. Vaya manera de inaugurar.

De entrada, ya dijo. Le declaró la guerra ISIS, habló de recuperar fronteras, de comprar productos con la etiqueta Made in USA, generar empleos para los americanos, devolverle el lustro al país que va a gobernar. En la época de la postverdad, escuchamos uno de los discursos inaugurales más vacíos. No hay un documento histórico en que se recupere la posibilidad de unir a la gente que se encargó de dividir. Ya está aquí, un hombre que sabe vender espejitos. 

No hay duda, sus palabras sin vacías, a pesar de que diga lo contrario. Ya llegó su momento de verdad. Prometió y va a cumplir. Prometió mucho, vamos a ver cómo aterriza esas promesas. Desde afuera, nos sorprendemos. El populismo más ramplón tiene una silla poderosa. Es increíble que ante tanta feivolidad, haya tanto aplauso. Mientras de la boca de Trump siguen saliendo burbujas, la gente lo aplaude con frenesí. Sin duda, cada pueblo tiene los gobernantes que merece.

Mi suegro

Ayer, el minutero se detuvo y el corazón dio un brinco. Los granos del reloj de arena de la vida de mi suegro transcurrieron y como un barco que zarpa en otro rumbo, los fuimos a despedir. De este lado, nos quedamos sus amores, sus amigos, sus hermanos, su prima, sus sobrinos, sus hijos, sus nietas. Nos paramos en el filo del muelle y elevamos la mano para decirle adiós a un hombre que entendió la aventura de la vida.

Carlos Alberto Fischer Marmolejo fue orgulloso originario de la ciudad de Zitácuaro, con una herenica de migración y con raíces profundas en su tierra. Fue un gran atleta, jugador de futbol americano, integrante del Pentatlón,  egresado de la Facultad de Química, funcionario de las principales empresas petroleras del mundo, pieza clave en la negociación de tantos  tratados de Libre Comercio que beneficiaron a México, poca gente sabía tento de autos y tractocamiones como él. Fue un hombre de plática sabia, de consejo útil, de mente clara. Fue mi suegro, para fortuna mía.

Mi suegro tuvo la cualidad de la puntualidad, jamás lo vi llegar tarde. Tenía un gran acervo de conocimiento que atesoraba en la cabeza y del que jamás presumió pero del que supo hacer uso. Conmigo siempre fue correcto, discreto que supo dar las palabras adecuadas en el momento justo. Consoló cuando fue preciso, animó cuando fue necesario, aconsejó y dio su opinión, festejó junto a nosotros cada oportunidad de éxito y tendió la mano cuando llegaron los tropiezos. Nunca encontré un tema de conversación que él no supera abordar, desde las frivolidades de la cotidianidad hasta las complejidades de los cambios en la vida moderna.

Disfruté de su compañía. 

Especialmente, disfruté verlo explicarle a sus nietas los secretos de la tabla periódica, lo sencillo que era la física cuántica,contarles  de las estrellas que hay en el cielo, de los misterios del sabor a chocolate. Compartí con él el gusto por el vino y por la uva Carmenere. Lo vi sonreír cada que su hijo nos llevaba a comer con él y con Lucía. Lo admiré por entender los signos de su cuerpo y por la valentía con la que aceptó el rumbo que lo llevaría a zarpar.

Hoy, agitamos las manos para decir adiós. En el otro lado del muelle, lo esperan amores entrañables, sus padres, su tía, su hermana Nena. Imagino la felicidad que tienen de volverlo a abrazar, lo felices que están de recibirlo. Nosotros nos quedamos con la certeza de que él nos habrá de esperar en nuestro día.

Me quedan sus manos en el reflejo idéntico de las manos de Dany, la claridad de pensamiento de Andrea, la fortaleza de Carlos, su hijo mayor. En mi cotidianidad se queda un hombre que se refleja en los míos día a día. ¡Misión cumplida, querido suegro! Con esa parte suya, que es mía, esa luz que brota de una imagen que mezcló corrección, cariño, sabiduría y respeto, la guardo para siempre como un tesoro que a mí será eterno. Ahí va un ganador que supo aprovechar los granos de la vida y los segundos de la vida. 

Adiós al Presidente Barack Obama

El primer presidente de raza negra de los Estdos Unidos se despide, el fin de su era espera que el último tic del reloj se dé y tras ocho años de gestión, el mundo lo despide con tristeza. La figura que concretó sueños, que reivindicó los anhelos de otros que murieron sin lograrlo, que le hizo ver al mundo que la inclusión se puede, sale de la Casa Blanca dejando un legado que hubieramos querido, fuera más sólido. Su mejor activo fue su persona. 

Se va Obama y su herencia es tan frágil. Su sucesor, tan radicalmente distinto, ya dijo que piensa dar marcha atrás a lo hecho en su gestión y los demás países sabemos lo que eso significa. El legado de Obama se colapsa con un ventarrón vertigionoso y en la debilidad, se desmatarializa como una pastillita efervescente en un vaso de agua. La ilusión con la que se le recibió hace dos años, choca con una realidad compleja: el mundo está cambiando y esas promesas, cumplidas a medias, están amenazadas de muerte por su sucesor.

El cambio no puede ser mas radical, el pensamiento de Donald Trump es totalmente divergente. La sabiduría de las palabras se vence con los efectos mediáticos de un hombre del espectáculo. Sus compatriotas se inclinan ante un multimillonario oscuro y se olvidan del hombre intelectual. La mesura cayó frente al impulso, el fin de las diferencias étnicas que llevó a Obama a la oficina oval se acaba y empieza una era de desprecio y odio a lo diferente. Lo que viene, no le gusta al mundo y la imagen de Trump hace que lo hecho por Obama se desdibuje. Pero, ¿qué fue lo que hizo?

Obama recibió un Premio Nobel de la Paz por una promesa incumplida. De hecho, dejó de cumplir muchos de sus compromisos. Prometió acabar con la guerra y siguió con bombardeos. La tecnología de drones avanzó en su uso mientras estuvo en el poder. Ha sido el presidente de las deportaciones. Jamás hubo tantas como las que se acumularon en su tiempo. En su mandato, niños migrantes fueron enjaulados como animales. Aunque prometió regularizar la situación de los migrantes en Estados Unidos, su situación no avanzó durante su gestión. Guantánamo sigue operando, a pesar de  que se dijo que sería cerrada. El embargo a los cubanos sigue ahí y las aproximaciones se convertiran en otra cosa en cuestión de días.

Es verdad, el Presidente Obama tuvo un Congreso adverso. El apoyo no estuvo de su lado y esas formas tan mesuradas, tan conciliatorias hoy se traducen en fragilidad y tenen al borde de la desaparición todas sus iniciativas. Se va el primer presidente de raza negra y ya lo estamos extrañando. Su sucesor no tiene empacho de enseñarle al mundo que ni seguirá su ejemplo, ni le interesa preservar su legado. 

Extrañaremos esos discursos, esa forma de ver la vida, esa familia, en fin, esa figura. No obstante, el mundo observará su gestión y la Historia se encargara de evaluarlo. Serán los años los que puedan calificar esa gesrión, eso si su predecesor deja algo que podamos observar. 

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