En Estambul están pasando cosas importantes

Es un privilegio y fue una casualidad. Estar aquí en un momento coyuntural y atestiguar como funciona una democracia con un líder poderoso que lleva la riendas del país con mano dura es interesante.

La antigua Constantinopla busca la modernidad y opta por ser cosmopolita. Estambul ha dejado claro que quiere seguir siendo una ciudad abierta al munso. Eligió como alcalde a Imamoglu por segunda vez. Para el presidente de Turquía, Nagib Erdogan perder la alcaldía de Estambul es un golpe duro que le pega donde duele.

Para el presidente de Turquía, Erdogan, perder la alcaldía de Estambul es un golpe duro ya que Estambul es la ciudad principal de Turquía tanto en población como en economía. Es una ciudad global, que resiste a los intentos de Erdogan de islamizarla. Pero, sigue siendo amado por su gente.

Estambul ha dejado claro que quiere seguir siendo una ciudad abierta eligiendo como alcalde a Imamoglu por segunda vez. Imamoglu ganó las elecciones de hace tres meses por un margen estrecho, pero ha habido que repetirlas porque el partido de Erdogan impugnó el resultado. Y ahora Imamoglu ha ganado por un margen mayor al candidato del partido de Erdogan.

Para Erdogan esto es doloroso ya que él fue alcalde de Estambul y eso le sirvió de trampolín para llegar a presidente del país. Pero, además, esto fortalece al Partido Republicano del Pueblo, el de Imamoglu, un partido laico que es ahora mismo la principal oposición a Erdogan. Sin olvidar el papel que han jugado los kurdos, que son casi dos millones en  la capital y lo hacen concientes de que esto no es muy bien visto en Europa, ni modo, dirán.

La gente aquí en Estambul esta discretamente feliz , meseros, taxistas, vendedores hablan bien del ganador y mejor de Erdogan. La ciudad es una joya y todos confían que esto será para mejorar. Veremos.

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Confusiones

Dice Dolores Padierna que a casi un año de los comicios, las oposiciones en México no atinan a explicar su estrepitosa derrota. Tiene razón. Los partidos perdedores siguen viendo estrellitas y como que no terminan de recomponerse después del golpazo lopezobradorista. Sin embargo, los ganadores también andan descolocados.

Al gobierno del Presidente López Obrador se le ve estacionado en discursos dicotómicos y polarizantes como si no se diera cuenta de que la campaña ya acabó y el momento de la verdad ya llegó. Las promesas que debían cumplir se van decolorando, se les ve rápidos y furiosos para contrarrestar las quejas y sumisos cuando el exterior dicta agenda.

Tal como lo refiere Dolores Padierna, los políticos mexicanos andan confundidos. De repente, hemos vuelto a la etapa precuauhtémica y en vez de tener Presidente tenemos un tlatoani al que no se le puede cuestionar ni pedir cuentas ni hacer uso de los derechos que da el Estado Mexicano, porque el que piense diferente será arrinconado con el mote de traidor a la patria.

Tristemente, la arrogancia que vimos en administraciones pasadas se repite hoy con la justificación de palabreros oficiales. Siempre han existido los que aplauden irracionalmente a las administraciones actuantes y fueron duramente criticados por quienes hoy asumen esa misma condición. Necios que acusan sin ver que son la ocasión de lo mismo que acusan, dijo por ahí la mente más preclara del Barroco en la Nueva España.

Los desafíos que tenemos que enfrentar son grandes y los políticos no se ven con la talla necesaria. Unos enojados, otros sumisos, algunos defensores incondicionales, otros irracionales, aquellos sin rumbo, éstos desdibujados.No de ve un puente que una las grandes ideas con la satisfacción de las necesidades y el alivio de la población.

Entre tanta confusión, la cuarta transformación y sus opositores se desdibujan. No vemos claridad. Tanta confusión es un drama.

Globalización

Una de las críticas más fuertes al modelo neoliberal gira en torno a la globalización. Quienes esgrimen estas apreciaciones dicen que un mundo sin fronteras ha generado mayor desigualdad y una pero distribución de la riqueza.

Claramente, existe una falla terrible. En el mundo hay gente que tiene todo y a unos cuantos metros está gente que muere de hambre. Quien diga que eso es correcto está mal de sus facultades. Sin embargo, me parece que un mundo con menos fronteras, con libertad de movimiento para las personas, con posibilidades para vender y comprar sin enfrentar restricciones legales, de aranceles, en el que las diferencias sean riqueza y no motivos de odio o miedo no suena tan mal.

Es verdad, muchos ven en la globalización el monstruo de la desigualdad. Sin embargo, el verdadero esperpento es la ambición desmedida, la corrupción rampante y las divisiones enconadas. Me parece que perorar en contra de ricos sirve de poco. Elevar los puños y hablar de rebeliones es tan productivo como lo ejemplifica Orwel en The farm (La rebelión en la granja).

Desde mi punto de vista, es mejor optar por desarrollar una clase media pujante y vigorosa. Dejar de empujar a los ricos contra los pobres y promover políticas que ayuden a la gente a vivir mejor. Acabar con la corrupción y empezar a ver la riqueza de la diversidad. Dejar de ver al exterior como amenaza. Buscar puntos de encuentro y no de batalla.

Una mente globalizada puede ver la virtud en lo ajeno, adaptarse, se flexible para aprovechar oportunidades. Eso, no parece ir en contra de la distribución equitativa de la riqueza. Ver a un indio, a un japonés y a un mexicano haciendo negocios en igualdad de circunstancias y con condiciones parejas puede ser la solución a muchos problemas.

Lo que pasa es que hay que llamarle a las cosas por su nombre. Corrupción y ambición hay en la izquierda y en la derecha. Y, a los que les conviene elevar muros y generar odios es a aquellos que esconden su codicia bajo la piel de bondad. Hay que aprender a discernir.

Populismo acelerado

Algo está sucediendo en el mundo: hay un populismo acelerado que recorre las fronteras con gran facilidad y mucha aceptación. Tal como lo califica Nigel Farange, el tsumami populista ocupa las conversaciones en los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo. Pareciera que ser populista significa estar en contra de un sistema que tiene enfadadísima a la población mundial. En esa condición, el populismo se entiende como una forma primaria de antielitismo, lo cual puede ser una forma de reflejo que encandila.

Este populismo viral tiene como sello de la casa la afirmación de que son ellos los que tienen en exclusiva la solución de vida de los ciudadanos a quienes representan. Cualquier otra forma de representación no es válida y si alguien opina en contrario se les tacha de traidores, se les descalifica y se les desaprueba por decreto. La gente parece fascinada por esta forma de comportamiento y les da un apoyo sin límites: los sienta en el trono del poder y los defiende con fe ciega. Están blindados, aparentemente.

Lo triste es que estos populistas que critican el sistema se comportan de forma autoritaria, no ven ni escuchan razones, desde luego no atienden a nadie que tenga un punto de vista diferente y califican en formas ofensivas a los que se atreven a hacerles ver que están equivocados. Así, sustentados por una popularidad a prueba de balas, se emborrachan de poder y van como chivos en cristalería sin importarles los trastos rotos que van dejando en el camino.

Este tipo de populismo puede ocasionar un daño significativo a la cultura política y demócrata pues van en contra de números, cifras, datos duros y se enrollan en la bandera de la democracia para hacer lo que se les da la gana. ¿Eso es ser democrático? Es fácil subir a la gente al carro antisistema, pues la demagogia siempre ha tenido adeptos: es sencillo encandilar a la gente. Salir a postularse como la esperanza y la solución a toda dolencia, enciende la pasión de la gente. Generar rabia y resentimiento tiene un efecto mediático inmediato.

Lo más sensato sería resistir esta hondonada de gente que abre la boca y se resiste a aceptar la crítica. Tratar de evidenciar la fantasía colectiva que se está inoculando en la población. El populismo acelerado que estamos viviendo en el mundo rechaza la tolerancia, la transparencia, el respeto y la pluralidad. Cuando nos demos cuenta de que estamos siendo encandilados por un espejismo, el populismo comenzará su desaceleración. Basta mirar lo que está sucediendo con el Brexit para darse cuenta. A Trump ya le empezaron a frenar el carro. Maduro tiene un éxodo de venezolanos. En México, apenas vamos a sentir los efectos.

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Rajoy

Veo en la imagen a un hombre vestido de pantalón corto, camiseta de piqué negro y mangas cortas, zapatos tenis que camina por el malecón de Santa Pola tan quitado de la pena como cualquier ciudadano. Sinceramente, la fotografía me hace sonreír. Independientemente de si Rajoy fue o no un buen presidente para España, hay muestras de que será un buen expresidente.

El hombre de la foto va solo. No está rodeado por guardaespaldas ni lo sigue un séquito de huelelillos. No le van cargando el portafolios. Se ve a un Mariano Rajoy sereno que camina a gusto a su nueva oficina en donde tendrá a su cargo a cinco o seis personas.

Me parece admirable ver como Rajoy mira al frente y no cede a la tentación de voltear para atrás. No hace lo que la esposa de Lot, seguro no quiere transformarse en estatua de sal. Las críticas en España sobre Rajoy y los ánimos encendidos ante la salida tan rápida del gobierno del Partido Popular no permiten ver la gloria de un hombre que se va sin hacer ruido.

Mariano Rajoy renunció a los privilegios que le da ser expresidente. Entra a la vida del ciudadano común a paso relajado y lo del pasado ya quedó escrito. No dará lata ni le deja cargas extras a sus sucesores. Se va a Santa Pola a trabajar. Buena suerte, señor Rajoy. Me gustaría que muchos políticos siguieran su ejemplo.

La soledad de Ricardo Anaya

Dice Rafael Moreno Valle que cuando él se quiere enterar de lo que sucede en el PAN, le pregunta a Dante Delgado —dirigente de Convergencia—. No lo dice de broma, lo dice en serio. El senador Javier Lozano cuenta que hace mucho rato que la línea de comunicación con la dirigencia de su partido está rota. Margarita Zavala se fue del PAN sin hablar con Ricardo Anaya. 

Me imagino al dirigente del PAN tan solo en su oficina. Lo veo, frente al espejo ensayando algún discurso, con esa voz tan modulada que más que político, parece nana arrullando su bebé. Seguro se esta acicalando el pelo tan rubio, se revisará que el nudo de la corbata esté perfecto y se pasará la mano sobre la solapa en donde está el disntintivo blanquiazul. Estará con la puerta cerrada y por eso no se entera que el partido se le está desmoronando.

Dicen que cuando Nerón incendió Roma se fue a los límites de la ciudad a ver como las flamas consumían los edificios mientras él tocaba la lira. Era como si contemplara la belleza de la destrucción que había causado y se extasiara en ello. Luego, lloraría. Pero, mientras tanto, disfrutaba al ver como todo se reducía a cenizas. 

La salida de Margarita Zavala no es el cerillo que inició el incendio panista. De hecho, muchos panistas de cepa creen que el círculo al que ella pertenece capturó al partido y que su salida es liberadora. No obstante, escuchar que otros panistas se sienten apartados por su líder, ya empieza a preocupar.

En la última elección, cuando Felipe Calderón era presidente en funciones, el PAN cayó a ser la tercera fuerza política después de haber ganado la elección. El partido sufrió un golpe durísimo, pero aun no veiamos lo peor. Después vinieron los dimes, diretes, promesas, traiciones, juegos de sillas y todas las maravillas que les conocimos una vez que volvieron a meter al PRI a Los Pinos.

La renuncia de Margarita Zavala lastima al panismo porque la intención de voto se divide. Hay quienes dicen que esto ayuda al PRI y otros piensan que López Obrador se muere de risa. Lo que es un misterio es lo que piensa Ricardo Anaya. Ni sus propios compañeros de partido lo saben.

En fin, no nos queda más que imaginarnos la soledad profunda en la que está Ricardo Anaya. Pero, tal vez sea una fantasía, tal vez esté mas y mejor acompañado de lo que creemos. Lo malo es que sólo él lo sabe.

Los electores no queremos crecer.

En el marasmo que se ha convertido la política del siglo XXI, en el que habríamos creído que el elector sería una persona con capacidades para distinguir entre un anhelo, una mentira descarada, un interés genuino o la aspiración personal de resolverle la vida a tres generaciones familiares, nos topamos con la pared. Después de tantos años, de tantísimas experiencias, de conocer desfalcos, crímenes de estado, escándalos, simulaciones y de enterarnos que esos cara de ángeles no eran más que perversos con disfraces, el desencanto se hace presente. Nos encogemos en vez de progresar. El abstencionismo, los resultados sorprendentes, los que atizan los miedos son síntomas de que los electores estamos en pañales y no queremos crecer.  

El desencanto es el camino fácil. Como si no nos hubieramos enterado de que esas sonrisas eran falsas, esas promesas nunca se podrían cumplir y esas figuras impolutas no existen. Luego nos escandalizamos, nos preguntamos cómo es posible que el expresidente, exgobernador, exalcalde hayan tenido semejante ambición y no hayan tenido llenadera. ¿Quién los puso ahí? Parecemos criaturs de pecho. Nos ponemos de cabeza cuando vemos que aún andan por ahí comunistas, fascistas, nacionalistas, que al llegar al poder se sienten monarcas y arrastran con todo lo que se les pone en frente. Pero, decidimos creer.

Ni izquierdas ni derechas en el mundo tiene las manos limpias. Sabemos de los robos millonarios de Jordi Pujol y su familia mientras agitaba la bandera de Cataluña y ponía a pelear a los ciudadanos. Los distraía exaltando las diferencias entre los catalanes y los españoles mientras se forraba los bolsillos sin que nadie lo mirara, andaban ocupados. Nos falla la inteligencia al valorar. Creemos que un caudillo como Chávez representaba al pueblo por bondad y que Maduro grita contra los traidores a la patria mientras en Venezuela la gente padece todos los días. Trump trae a sus amigos a Washington a hacer mejores negocios y en México creemos en la honestidad de los que luego se fugan dejando las arcas devastadas.

Los políticos en campaña hablan de las maravillas que pueden hacer, pero no han hecho; se refieren a la mafia del poder como algo informe e innombrado pero no dicen quién, cómo, cuándo y cuánto. Las posibilidades de cumplir promesas se deben valorar. Los electores seguimos como esas adolescentes enamoradas que creen porque sí, porque quieren creer, nomporque haya razones para hacerlo. No queremos crecer, tenemos miedo de que se nos rompa el corazón. 

El discurso de Netanyahu

¿En qué piensa un hombre cuándo pronuncia un discurso en contra de su anfitrión? Con la sensibilidad de un hipopótamo y pensando que estaba haciendo una gracia, el Primer Ministro de Israel fue a pronunciar un discurso frente al Congreso Norteaméricano. Se le abrieron las puertas del Capitolio y arremetió contra la política estadounidense con respecto a medio oriente. La intención de los repúblicanos al externderle la invitacion a Benjamín Netanyahu era clara, querían hacerle pasar un dolor de cabeza al Presidente Obama. Los motivos del israelita estaban a la luz, hacía campaña proselitista aprovechando los reflectores que le daba la tribuna de Capitol Hill para llamar la atención mundial.

Hay que decir que lo logró. Sin embargo, no siempre que se llama la atención se genera un efecto positivo. Los votantes en Israel estallaron furiosos al ver a su representante pronunciando un discurso nada diplómatico en contra del Presidente de su principal aliado en el mundo. Sin el apoyo norteamericano, el Estado de Israel tendría serios problemas. Eso lo saben todos, especialmente los que se encuentran en una situación tan vulnerable como la que viven los habitantes del territorio israelí. Si así, con todo y el apoyo norteamericano, sufren ataque terroristas y gracias al respaldo estadounidense, lo que ellos hacen encuetra miles de disculpas, sin ese apoyo la circunstancia geopolítica sería muy diferente.  

Evidentemente, el discurso no cayó simpático en la Casa Blanca. Obama dijo en forma diplómatica que no lo pudo ver y que sólo leyó la transcripción. También dijo, y es verdad, que Netanyahu no hizo ninguna propuesta que generara valor. En pocas palabras, el Presidente de los Estados Unidos le dijo al Premier Israelí, veniste a gritar a mi casa y no trajiste nada que valga la pena. Un desastre de la diplomacia de Israel en voz de su Primer Ministro.

Con el discurso, no ganó Obama, que fue regañado en su propio territorio, no ganó Benjamín ya que sus votantes despreciaron sus palabras y generó todavía más encono de Medio Oriente. ¿Quien ganó? Creo que nadie. Ni siquiera los republicanos que tronaron en aplausos para el señor Netanyahu. Digo que ni ellos, ya que así se ponen en evidencia. Contratan personajes para que le falten al respeto a una figura del Estado Norteamericano. Sus votantes no son tontos y ponen atencion. Ese gesto, tal vez travieso, les puede costar muy caro.

De política o futbol

Ya sabemos que hay tres temas de los que no se debe hablar si no se quiere sacar chispas: religión, política y futbol. Por supuesto, estos tres temas son la fórmula más sencilla para causar escándalos y llamar la atención. El efecto se potencializa cuando algunos de estos tres elementos se revuelven. Por eso, la noticia de que Cuauhtémoc Blanco, conocidísimo y queridísimo astro del deporte, se postula como alcalde de Cuernavaca sacó centellas de todos colores.
La pregunta obligada es ¿qué sabe Cuauhtémoc Blanco de los oficios que implica despachar como presidente municipal de una ciudad como Cuernavaca? La capital de Morelos es una ciudad compleja, en ella conviven los habitantes propios de la demarcación, los que tienen allá sus casas de descanso, los turistas, es la sede de uno de los órganos descentralizados del gobierno federal con mayor poder y presupuesto: Capufe, hay problemas de delincuencia que son profundos y el secuestro, aunque dicen que ha bajado, sigue siendo una práctica común. ¿El futbolista tiene las habilidades para mantener la armonía entre tantos estratos tan disímbolos y con intereses tan diferentes o sólo sabe de meter goles?
¿Por qué un partido postula a un hombre que se jacta de que nunca a votado ni tiene pensado hacerlo? Fácil, porque quiere llamar la atención. El Partido Social Demócrata sabe que al arropar al futbolista más querido de México va a llamar la atención y eso es lo que quiere un partido pequeño y local, darse a conocer. Vaya si lo ha logrado.
Pero, fuera máscaras. Blanco no es la persona ideal para ser alcalde de ningún municipio, menos de uno tan importante como Cuernavaca, no parece tener la preparación, ni la visión para enfrentar semejante responsabilidad. Pero los partidos políticos hacen uso de estos personajes para ganar espacios. Al final, lo que quieren es un candidato popular, no uno apto. Eso es la democracia, llevar al poder al que el pueblo ama, al que prefiere, con el que se identifica. Y ahí, Cuauhtémoc cumple. Si fuera una aristocracia, es decir, el gobierno de los mejores (aristos=mejor), entonces Blanco no calificaría por ningún lado. ¿Qué queremos los electores simpatía o pericia?
Lo curioso es que el tema va a seguir dando tela de donde cortar. La Federación Mexicana de Futbol ya le dijo, o pides votos o anotas goles, las dos cosas no se pueden. Y no se pueden por una sencilla razón, los afiliados al organismo tienen un código de ética que los compromete a ser neutrales en asuntos de carácter político y religioso. ¡Santo cielo! ¿Se acordara el Cuau que firmó ese documento?
¡Vaya! Miren de dónde salió la cordura, por dónde vino un aire de razón. Por fin hubo quien se diera cuenta que mezclar asuntos de política y futbol no es buena idea. ¿Con quién se irá Cuauhtémoc Blanco, con melón o con sandía?

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Las recetas de los partidos

Cualquiera hubiera pensado con justificada razón que después de las elecciones del año 2000, el PRI estaba condenado a desaparecer. Un humillado Francisco Labastida perdió por primera vez la continuidad del partido reinante y la aparente dictadura perfecta se desmoronaba ante el gusto de propios y extraños. No sería México el país señalado por la antidemocracia, no más. Se podrían oír los estertores mortuorios de los dinosaurios fuera de Los Pinos. Pero pareciera que sus pies no fueron de barro y pasaron doce años para que retoñaran rozagantes y más fuertes que nunca. La sentencia de muerte no se cumplió.
Por su parte el PRD que en su última elección pasó de ser la tercera fuerza al segundo lugar en el ranking de popularidad, sí se está muriendo. A lo lejos no se entiende cómo un partido que iba ganando terreno de repente dobló el pico. ¿Qué pasó? Los perredistas se están disolviendo como pastilla efervescente y en cuestión de segundos pierde forma.
Las recetas del PRI y del PRD son similares pero uno logró revivir y el otro se ve difícil que sobreviva. La diferencia es un valor viejo y encomiable que se llama lealtad. En el PRD no son leales, así nacieron y por esa misma razón morirán. Su origen viene de la disidencia, de la escisión del Partido primigenio y son tan parecidos que ambos reclaman a la antigua Revolución de 1910 como su bastión fundacional.
Las figuras relevantes del PRD fueron militantes activos del PRI, Cuauhtémoc Cardenas fue gobernador de Michoacán abanderado por el tricolor y Porfirio Muñoz Ledo ocupó muchas veces cargos ostentando los colores priistas. Andrés Manuel López Obrador fue uno de los militantes tabasqueños que mayores beneficios sacó del PRI y después lo abandonó. Esa es la historia del PRD, gente que llega de otro lado, lo exprime y después se va. El propio ingeniero Cardenas fue dos veces candidato fallido a la presidencia por el Sol Azteca y ya se fue. Lo mismo López Obrador. Piensen en el nombre de cualquier notable del PRD y verán que, la mayoría, viene de otro lado.
En su afán por ganar militancia, el PRD le abrió la puerta a muchos que lo único que hicieron fue aprovecharse del partido para luego abandonarlo. Así entró gente rijosa, marrullera, retrograda,abusiva y también criminales cuyo único fin era lavar dinero. El PRD como madre amorosa, abrió los brazos a muchos aprovechados que al no encontrar cause a sus aspiraciones en otro lado, se fueron a servir con la cuchara grande en el partido amarillo. Así llegaron al poder muchos que en otras circunstancias jamás lo hubieran logrado. Muchos que ojalá no lo hubieran logrado. Luego volvían el rostro y le hacían muecas desagradecidas al perredismo.
Que el ingeniero Cardenas renuncie por desacuerdos con el Comité Ejecutivo no me parece un acto honroso. Me da la impresión que debió advertir públicamente, desde antes, el cochinero de ese partido. Él, como líder moral, tuvo una responsabilidad y debió dirigir a buen puerto las intenciones de la gente de izquierda. Debió ser él quien cerrara las puertas al mal en vez de ofrecerles las sillas de honor. El capitán de un barco no salta cuando se está hundiendo. El líder es el último en cerrar la puerta, es el que pone el punto final. Cardenas salta por la borda, Andrés Manuel ya había saltado.
Ahí está la diferencia de las recetas entre el PRI y el PRD. Los priistas aguantaron el temporal, se fajaron mientras anduvieron bocabajeados, se agazaparon esperando la rendija que les permitiera saltar y ganar nueva vida. Ahí están en Los Pinos, un lugar al que el PRD no podrá acceder.
¿Quién le será leal al PRD? No se ven muchos candidatos, Alejandro Encinas dice que el partido está herido de muerte, el padiernismo y el bejaranismo andan nerviosos, Miguel Barbosa habla de pérdida de identidad y Carlos Navarrete piensa en refundar.
Sin duda, aunque es el mismo material, las recetas son diferentes.

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