Purity, una novela inmensa

Purity

Jonathan Franzen,

Farrar, Straus and Giraux,

New York 2015.

Los fanáticos de Jonathan Franzen debieron sentirse muy complacidos al saber que después de cinco años de espera, por fin, su autor favorito lanzaba al mercado una nueva novela. Compré Purity porque la vi en las listas de recomendación de varios medios como The New Yorker, The New York Times, The Guardian, Chicago Tribune y hasta la del diario español El País. La imagen de la portada del libro estaba en todos lados, hasta en las sugerencias de revistas financieras aparecía. Debí sospechar de tanto elogio, sin embargo, me ganó la curiosidad y pedí el libro. Como se trata de una novela de 563 páginas, fue hasta este verano que pude empezarlo a leer.

​En la búsqueda que todo escritor hace al iniciar una lectura, me topé con la dificultad de discernir cuál era la emoción regente de la novela. Fue hasta haber leído la mitad que caí en la cuenta que era claridad. Franzen apuesta por escribir en la forma más directa posible y deja al lector muy poco espacio de interpretación, le facilita el trabajo y no le permite perder el tiempo imaginando o distrayéndose en caminos que son erróneos. El autor rápidamente esclarece sus intenciones. Se ayuda de un narrador, a veces en primera persona, a veces en tercera que le ahorra confusiones al lector. Tiene la habilidad de desenmarañar la complejidad del pensamiento humano y lo hace aparecer muy fácil. Hace conexiones muy certeras entre el proceso de las ideas y el lenguaje:

​Pureza, era para ella la palabra más vergonzosa en todo el lenguaje, porque ese fue el nombre que le dieron. (48)

​La estructura del libro es sencilla, se divide en capítulos con distintos narradores, con figuras retóricas bien escritas, intercala analepsias y prolepsis sin confundir al lector, aunque a veces lo cansa.

Purity es el nombre del personaje central de la historia, una chica que recorrerá su camino de transformación, uno bastante predecible, por cierto. La protagonista es una joven que vive en el área de la Bahía de Oakland que no sabe quién es porque su madre se ha empeñado en ocultarle la verdadera identidad. Ella será el punto nodal del que se desprenden varias historias que convergen, de una u otra forma y que se relacionan con un asesinato. Los nombres de Andreas, Tom, Anagret, Anabel se entremezclan con el de Purity y su ficción. Por supuesto, como toda buena historia de Cenicienta, hay pobreza y desesperación. Franzen es muy eficiente al hacernos sentir la terrible levedad de una chica estadounidense con problemas cotidianos como una deuda de estudios impagable, una madre que envejece y es una lata, un trabajo aburrido, una carencia absoluta de herramientas para enfrentar la vida.

​De Purity se desprenden varios hilos narrativos: a veces demasiados.

​Había muchas pequeñas cosas que debería estar recordando, para hacerlas en la secuencia exacta y no lo estaba haciendo. (136)

Y tal como lo dice el narrador, parece que al autor se le enredaron las historias y no supo qué hacer con tantas buenas ideas. Va del Internet a las filtraciones, hace una buena justificación del periodismo y da su opinión acerca del porqué la red no va a acabar con los reporteros de investigación. Entra a una crítica del mundo corporativo, al sexo casual, a la existencia de Dios y es que en casi seiscientas hojas, el autor cree que tiene tiempo de todo y derecho de narrarlo.

​Uno de los aciertos de Purity es narrar desde dentro de Berlín Oriental lo que sucedió antes y durante la caída del Muro. El punto de vista es interesante, ya que es narrado por Andreas un personaje que vive en el estrecho mundo del privilegio en la Alemania socialista.

​La suerte de toparte con un belinés del oriente cuando estaba siendo integrado al oeste hacía que el tono fuera casi poético. (418)  

​Las partes narrativas dedicadas a entender el punto de vista de un alemán socialista privilegiado, que vivió sintiéndose espiado y las miles de formas en que se sintió obligado a burlarse del sistema y a transformarlo en un megalómano son lo mejor del libro.

​Sin embargo, me parece que Franzen corrió una apuesta y perdió. Un libro de largo aliento debe tener una historia que aguante ya que de lo contrario empieza a rechinar y se resquebraja. Si una narración tan larga no pasa la prueba de verosimilitud, se vuelve un acto fallido. La forma en que el autor empieza a hilvanar las historias es muy adecuada, pero abusa de la paciencia del lector. Hay segmentos en que las descripciones son absurdamente detalladas, innecesariamente meticulosa, como toda la delineación del asesinato: pierde al lector y su interés. Todo ¿para qué? Para que las razones y complicidades que llevan al crimen sean absurdas y por lo tanto, inverosímiles. Me hace sospechar que más que una intención literaria, el autor tiene ganas de sumar hojas escritas.

​También, fallan las voces de los personajes, todos tienen el mismo tono, usan un vocabulario idéntico, las expresiones de unos y otros no cambian, hay ocasiones en las que no se distingue si es un hombre o una mujer la que habla y el lector queda angustiado sin saber quién dijo qué.

—Eso no estaba mal, dijo ella.

—Siento que tuvieras que ayudar.

—Es que… no lo sé.

—¿Qué pasa?

—Dime, ¿qué pasa?(142)

​Daba la impresión de estar frente a un relleno mal pegado y en ocasiones el autor corre el riesgo de que el lector aviente el libro. Tampoco de diferencia entre las edades de los personajes, ni se explota la diversidad de las nacionalidades, a Franzen le basta con poner palabras en alemán o en español para dar coloratura y esa es una opción fallida, no basta.

​Las historias de amor desesperan, las parejas se conforman por la misma fórmula: machos hijos de una madre odiosa y odiada y mujeres feministas totalmente sometidas. El dinero se pone como el villano corruptor y un amor cursi, facilón que sale de la nada da un golpe final redentor a la historia que termina con un cuasi y vivieron felices para siempre, sólo que no fue así.

​Cuando uno lee comentarios como: Es una obra maestra de la ficción norteamericana —Sam Tanenhaus, The New York Times—, o: Es una obra conmovedora y extraordinaria —David Ulin, Los Angeles Times—, o El trabajo de un genio —Sam Anderson, New Yorker— debiéramos sospechar. No entiendo cómo ignoré la advertencia de la página del New Yorker que me hacía notar que le inserción era pagada. Debí hacerle caso al comentario de Julia Keller del Chicago Tribune que describió Purity en una sola palabra: Inmensa. Sí, cuando una novela es inmensa y nada más queda un sabor pastoso y la impresión de que debimos elegir otra cosa para leer en el verano.

No me quiero ir

Siempre me quiero quedar, nunca me quiero ir. No importa si sólo es un fin de semana o fue el verano entero, jamás es suficiente. No se terminan de llenar los ojos de los amaneceres a treinta grados, de los donluises pecho amarillo, de las olas interminables del mar, de las caminatas matutinas, de los platillos de Reyna, de las horas de alberca, de los atardeceres de diorama, de las nubes de algodón, de las luces que se encienden una a una y las noches cálidas.

Las horas siempre se van tan rápido. Apenas llego, ya me tengo que ir. Esa es siempre la sensación.  Invitados vienen y van, las pláticas son eternas: desde que sale el sol hasta que se esconde detrás de las montañas. Risas y risas. La luna llena se vuelve menguante y otra vez se vuelve a llenar. Algunos llegan y quieren salir, otros comparten conmigo el deseo de siempre estar aquí. Los segundos parecen todos iguales y siempre hay algo distinto que hacer. La casa nos acoge, nos divierte, nos envuelve. No hay quien diga, ya estuvo bueno, ya me quiero ir. Yo menos que nadie. 

Este verano hubo kayak, aprendimos a subirnos y a remar en el mar. Quisimos llegar hasta La Roqueta, será el año que entra. Siempre hay buenos pretextos para volver y estar aquí. Las lecturas se hicieron sin mirar el reloj. Bodo y Muffin nos regalaron esos motivos para sonreír. Una maravillosa tormenta de relámpagos iluminó el cielo. Nueva colección de recuerdos, muchísimas fotos, bríos renovados para volver a la cotidianidad y, aunque el cansancio se perdió entre los días de la vacación y se derritió en el calor del estío, no quiero volver. ¿Quién se quisiera ir de este paraíso? El deber aguarda.

Dice el slogan:  Habla bien de Acapulco. No hace falta, el puerto se defiende solo. Insisto, no hay lugar más bello en el mundo. La Bahía de Santa Lucía se basta y se sobra y la generosidad y la majestuosidad no se puede abarcar con palabras. Aquí las noticias  internacionales se atenúan y las nacionales no lucen tan graves. El sabor a sal y el aroma a brisa marina todo lo alivian. Como niña, quisiera abrazarme al suelo y no irme jamás. Y, en el fondo del corazón escucho una voz que me dice, no llores, vas a volver, siempre vas a volver y yo voy a estar aquí.

Mártires católicos

Podríamos pensar que se trata de personajes de otro tiempo que vivieron muchos años antes y que dieron su vida por la fe que profesaban. Al escuchar sobre mártires, evocamos a San Esteban, primer mártir que murió por defender la incipiente creencia en Jesús Resucitado. Tal vez, lleguemos a pensar en Cecilia, mártir de la época romana o en Lorenzo que murió en la parrilla. Es posible que el pensamiento nos acerque a la mítica Juana de Arco que murió en la hoguera pero pensar en que en las últimas horas alguien sacrifique su vida por una profesión de fe resulta dificiel de creer.

Sin embargo, en la nación de la laicidad, a unos metros de la ciudad de Rohen, en la provincia de Saint Etiene du Rouvray, en Normandia, Jacques Hamel, un sacerdote católico de ochenta y seis años, hombre servicial enérgico y vital fue degolllado mientras oficiaba misa. Dos hombres armados con cuchillos entraron a la iglesia, encerraron a los parroquianos, capturaron a un feligrés, a una monja y al padre que oficiaba. Degolló al padre y mató a una monja. Tomó dos rehenes y al salir a la calle, fueron abatidos por la policía.

Al enterarme de la noticia, el cuerpo se estremece. No hay momento más sagrado que el recogimiento de la oración. Quien interrumpe y produce muerte, comete un crimen abusivo, bárbaro e irracional. No hay explicación que valga, no hay teoría sociológica, de patología psicológica o de cualquier índole que pueda justificar a un par de gorilas que atacan a un hombre de ochenta y seis años mientras está presidiendo un acto sagrado.

Pareciera que la Humanidad ha echado para atrás las manecillas del reloj y que estamos en los albores de la era cristiana. No hay mucha diferencia entre lo sucedido en Francia y los martirios en Roma. Estamos dejándonos invadir por sentimientos salvajes, en la búsqueda de la razón, hemos olvidado lo escencial, elevar los ojos al cielo y pedir paz a Dios. No importa el credo, ni siquiera es relevante si se es ateo, lo que es inaplazable es la urgencia de parar la violencia que siempre es absurda.

Hoy la iglesia católica tiene nuevos mártires. Elevemos una oración por ellos.  

¿Quién es Elon Musk?

El nombre de Elon Reeve Musk puede haber pasado desapercibido para nosotros hasta el momento, sin embargo, este sudafricano nacido en 1971 es un sujeto que llama la atención por la gran capacidad para detectar ventanas de oportunidad. Es un hombre de rasgos poco sobresalientes, no destacaría entre una multitud, no es especialmente guapo, sin embargo, el tipo es interesante. Es un inventor, físico y empresario. Es popular por ser el cofundador de PayPal, Tesla Motors, SpaceX, SolarCity, Hyperloop y OpenAI. Actualmente, es el director ejecutivo y CEO de SpaceX, director ejecutivo de Tesla Motors y Presidente de SolarCity. 

Musk es conocido por haber logrado algo que parecía imposible pero que era muy deseable : crear el primer automóvil eléctrico viable para producción en la era moderna:Tesla Roadster, por SolarCity, que suministra electricidad renovable a los automóviles de Tesla, por diseñar un sucesor privado del Transbordador Espacial ,el F9/Dragon y en su dinamismo, crear PayPal, el sistema de pagos en línea más grande del mundo.

Con esa virtud que tienen los visionarios, es decir, hacen caso de lo evidente, Musk se hizo cargo de que el petróleo es un recurso no renovable y tomó acciones en el momento adecuado, antes de que se acabara. Si el mundo ya no se va a poder mover con hidrocarburos, hay que encontrar otra forma de hacerlo. La energía eléctrica es una opción limpia que debería hacerse viable. Mientras muchos se burlaron, él siguió adelante. Sus autos ya están rodando y ahora quiere lanzar camiones y autobuses a las calles.

Esta semana dio a conocer su plan de acción para poner a disposición del mercado vehículos de gran formato. Los analistas de Barclays dicen que el plan es una locura, que el valor presente neto no da, que la tasa interna de retorno es inalcanzable y  que el proyecto parece más una ocurrencia que una buena idea. Es una locura. Eso dijeron hace años y quienes en el pasado invirtieron en acciones de Tesla han visto su dinero florecer y generar utilidades. A veces los locos tienen buenas ideas.

Elon Musk puede estar loco como muchos dicen, puede estar generando ideas que al mundo le parecen poco viables, no obstante, es necesario saber quien es este hombre que ante lo evidente, pone manos a la obra y presenta soluciones. Tal vez no le pegue a la primera, pero parece ser que lleva el rumbo correcto.

A pesar de todo… Acapulco

Según indican las estadísticas emitidas por la Secretaría de Turismo Municipal, Acapulco registró una ocupación hotelera promedio general del 74.7 por ciento. Según desde donde se vea, la cifra puede decir muchas cosas. A simple vista, el número no luce muy bien. En plena temporada vacacional, el puerto debería estar a reventar y no es así. Se ve más bien solo. Muchos turistas que antes venían para acá, prefirieron irse a pasear a otro lado.

No está el horno para bollos. El jueves, los maestros de la CNTE volvieron a tomar la Autopista del Sol. Aunque fueron dos horas las que bloquearon ambos sentidos, muchos paseantes prefirieron darse la vuelta en redondo y se fueron para otro lado. ¿A quién le gusta iniciar la vacación parado por tiempo indefinido, en pleno rayo de sol y sin posibilidades de ir al baño? Nadie quiere empezar el descanso haciendo corajes.

Luego, el viernes por la mañana, nos desayunamos con la noticia de que atraparon a un operador importante de los Beltrán Leyva. El Ruso y dos mujeres fueron detenidos, sin balazos ni escándalos, por el área de Diamante, en pleno Boulevard de las Naciones. En las calles, hay vehículos del Ejército , de la Policia Federal y, en general, los turistas y las armas no se llevan bien. Los rumores de que en la morgue del puerto, los refrigeradores son insuficientes, pone los pelos de punta a cualquiera.

Enciendo la televisión y veo imagenes de Munich. Todavía no se me olvidan las de Niza y ya estamos estrenando nuevo atentado. Veo a expertos opinando y sus palabras me suenan huecas, adivinatorias. Más que argumentos, me parece que estoy escuchando a niños que cogieron el palo de la piñata y están dando golpes de ciego. Ni Niza ni Munich ni Nigeria ni Afganistán ni Oaxaca ni Acapulco tienen una explicación plausible. 

Dicen que tanta violencia en Acapulco se debe a que organizaciones criminales antagónicas se están peleando la plaza. ¡Qué raro! ¿Será que no se dan cuenta que están asustando a los clientes? ¿A quién le van a vender sus artículos si la gente deja de venir? No entiendo y cuando no comprendo algo, me da por sospechar. Aquí hay gato encerrado. 

Elevo los ojos al cielo y en vez de encontrar respuestas, me topo con un cielo multicolor que se refleja en el espejo de agua de mar. Amanecer a veintinueve grados, sentir que el sol gana potencia, salir a caminar, meterse a la alberca, jugar en el mar, comer delicioso, disfrutar del calorcito, verme la piel bronceada, morirme de risa, contemplar un velero, seguir con la mirada un parachute, subir en kayak, tomar agua de tamarindo, estar en familia, platicar con Reyna… En fin, tantos motivos para seguir amando Acapulco.

A pesar de todo, habemos quienes seguimos pensando que este es el mejor lugar del mundo. Según donde se vea y dadas las circunstancias, el 74.7 por ciento de ocupación hotelera, no está mal. Y, es que esta Bahía es maravillosa. A pesar de tanto, Acapulco y sus colores, siguen dándonos el mejor pretexto para venir.

El candidato republicano

Lo inverosímil se vuelve realidad como si se tratara de una mala narración. Lo que resultaba increíble, sucedió. Donald Trump consiguió los votos necesarios para ser el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos. El partido de Lincoln, de Grant y de Reagan pone en la posibilidad de ser presidente a un personaje cuasi cómico que parece salido de un cartón dibujado por un pésimo caricaturista. No será la primera vez que los republicanos le entregan al mundo a un ser impresentable, George W. Bush no me dejará mentir.

En la línea que tan buenos resultados ha traído, sin ideas y con muchas arengas, con peroratas en vez de discursos, los republicanos se ponen de rodillas ante su flamante candidato. Al grito de ¡enciérrenla!, refiriéndose a Hillary Clinton, festejan los buenos resultados que trae hacer sentir en vez de pensar. ¿Qué pasará cuando acabe la fiesta y tengan que ponerse a trabajar? ¿Quién limpiará semejande cochinero?

El gobernador Chris Christie sale a los gritos, ¿culpable o inocente?, mira a la multitud enardecida. ¿Cuántos se lavarán las manos y dirán: ya qué? El gobernador de Colorado, anfitrión de la Convención, no estuvo ahí. Algunos prefieron desmarcarse desde el primer instante. Mientras algunos se confunden y creen estar viendo el Superbowl, otros se tapan la cara y no entienden cómo fuern a dar ahí.

Solamente unas horas antes, la señora Trump plagiaba las palabras de Michelle Obama. Pero la eficiencia de las consignas y un buen slogan han sustituido las buenas razones. En un mundo en el que la información esta al alcance de los dedos, la gente analiza poco y piensa menos. Pronto las bocas de chancla, los peluquines de pelos de elote, la ostentación vulgar se pondra de moda. 

No sé si Hillary Clinton sea o no culpable de lo que se le imputa, no creo que sea una blanca paloma. Tampoco creo que quiera mucho a los mexicanos o que tenga una política que beneficie gratuitamente al mundo, pero parece que la mujer sabe pensar. Esa es hoy ina gran cualidad. Pero parece que a los republicanos eso de pensar, no les gusta tanto.

Veintidós y seguimos sumando

Mi Gordi, en los aniversarios uno suele mirar atrás, contar una y otra vez la misma anécdota aderezando ciertos detalles incluyendo algunas cosas y olvidando otras. Sintiendo como nos vamos alejando cada vez más de aquella fecha que juramos no olvidar jamás. Pero, como un par de veleros, hace veintidós años soltamos las amarras y empezamos a avanzar y aquel punto de arranque está cada día más lejano y, sin duda, algo desdibujado. 

Algunos se quedaron en el muelle, agitando las manos diciendo adiós. Otros, nos han acompañado desde entonces y unos pocos más han llegado después. El tiempo nos ha transformado en un catamarán de doble quilla. La individualidad de cada uno no ha estorbado el camino del otro, ha contribuido a darle rumbo. Sin duda el peso específico de nuestras ideas y el impulso de nuestras mañas han dado ritmo ha esta vida en común que es nuestro matrimonio. 

El tiempo ha cambiado y nos ha cambiado. No vivimos en el lugar que elegimos para iniciar nuestra vida juntos, nos mudamos. Nuestra primera licuadora se descompuso hace años, el equipo de sonido que nos regalaron ya ni funciona, ya fue sustituido por algo mejor. Han desfilado varias televisiones y nuestra primera sala, esa que nos tardamos tanto en pagar, la vendimos ¿te acuerdas? Pero, sigue llegando el mismo periódico a la casa. Cada domingo, sales al puesto de periódicos a traerme el ejemplar dominical que tanto me gusta leer. Vamos juntos a La Villa y nos hincamos frente a la Guadalupana.

Haz hecho las locuritas que te he pedido. Eres un esposo generoso.  

Hoy, después de veintidós años de compartir prosperidad y adversidades sigo teniendo ganas de hacer planes contigo. Mi mejor ilusión es seguir viviendo como hasta ahorita, como siempre lo hemos hecho, usando esos apodos cariñosos que nos dijimos desde el principio. Que sea yo simpre tu Gordi y mi Gog tú. Que nos gane la risa después del enojo. Que en la salud y la enfermedad conservemos el buen humor. Que en nuestra mesa no falle la conversación entretenida. Que nunca nos abata el aburrimiento. Que la cotidianidad no nos gane la carrera. Que los buenos argumentos ganen. Y, que cuando todo falle, venga el gran amor que te tengo a remediarlo todo.

Después de veintidós años, no importa que aquel punto luzca tan lejano. Lo importante es que tu mano sigue en la mía y así, vamos avanzando juntos, como nos lo prometimos esa noche, frente al altar de Dios.

Paseo de los ingleses

Al pensar en El Paseo de los ingleses, imaginaba a Henri Matisse caminando con los pinceles en la mano planenado su siguiente pintura, moviendo los colores de lugar y colocándolos donde le parecían mas bonitos. Casi puedo ver a Chagall estudiando los reflejos del mar para entender los juegos de luz que más tarde  plasmaría en sus vitrales. Cada que pienso en Niza recuerdo el Mediterraneo, el casino, las vistas, los cafes y la memoria se llena de nombres queridos y eventos divertidos. 

Nunca vi al Paseo de los ingleses como un lugar peligroso al que debiera evitar para estar a salvo. Siempre fue la recomendación para quienes viajarían a la Costa Azul. Era el paso obligado para quienes llegaban en avión o en tren. Propios y ajenos se llenaban la vista con los bañistas al sol, con playa y cielo, con un ambiente refinado y a la vez relajado tan típico del sur de Francia.

Ni Matisse ni Chagall  ni Picasso ni Dalí ni nadie jamás se imaginaron ver el pavimento del Paseo de los ingleses pintado de rojo. En la conmemoración de la fiesta nacional, los franceses y sus visitas salieron a buscar los fuegos artificiales y a participar de los festejos. Azul, blanco y rojo eran los colores reinantes, ganó el último. La sangre quedó. Un hombre condujo un camión con el unico fin de arrollar a quien tuviera enfrente. Zigzagueó para atinar a la mayor cantidad de personas. Se llevó entre las ruedas a más de ochenta personas, no le interesó que sus víctimas también fueran niños. Menos le importó que en ello se le fuera la vida. Terminó muerto.

En medio de lo inexplicable, en el caos que se produce por una tragedia se piden respuestas que nadie puede dar. El ministro Valla dice que hay que acostumbrarse a vivir así, resulta complicado hacerse a la idea de estar sobre un varril de pólvora al que ya le encendieron la mecha. Los franceses le reclaman al Presidente Hollande, durante su mandato ha tenido que salir a dar ánimo a su gente, a tratar de explicar, de unificar. Los franceses están enfadados de tantos discursos.

La gente eleva la voz, quiere que sus autoridades den mejores respuestas, exigen resultados. No hay respuestas ni resultados. No hay palabras adecuadas. No hay forma. El enemigo no sólo es huidizo sino inmaterial. No lo entendemos. Estamos frente al choque de civilizaciones. Enfrentamos muertes y asesinatos.

El Paseo de los ingleses fue diseñado como un bulevar para caminar en paz. ¿Ya no será eso posible? Nos tendremos que conformar a ver esas imagenes de familias en la calle sólo en los cuadros que se pintaron antes. No. Espero que no.

Los planes de Akihito

El emperador de Japón tiene planes de abdicar en favor de su hijo mayor. La última vez que un monarca abdicó al trono de la dinastía del Crisantemo sucedió hace doscientos años. Akihito dice que ya siente la edad. En los ojos rasgados se ve serenidad, sonríe pacificamente y con palabras sencillas dice dignamente que algunas veces ha cometido errores en actos públicos. Se va, pero aún no se ha ido. Entre sus planes está una serie de viajes con los que pretende sanar heridas históricas que ha infligido su patria. 

Akihito quiere ponerle ungüento a las aflicciones que causó la Segunda Guerra Mundial, quiere visitar los campos de batalla chinos, estará en Palau y Filipinas para honrar a aquellos que fueron víctimas de la agresión de los conflictos bélicos. Dejará el trono pero antes quiere reparar daños. También, en concordancia con la visión que ha sostenido desde que era principe heredero, busca vencer fronteras y dejar un Japón más libre de cara al mundo. Abrir puertas y brazos, dar la bienvenida para ser bienvenidos.

El emperador japonés a sus ochenta y dos años alberga una sabiduría entrañable. Sorpende lo moderno de su punto de vista, tan contrastante con la visión del estadounidense, Donald Trump o con el de la recién estrenada Primer Ministra de Gran Bretaña, Theresa May. El contrapunto de Akihito con estos dos personajes viene de la profundidad que se entraña en el alma de cada uno. Mientras uno mira con tranquilidad, los otros tienen molestia en sus rostros. 

De Trump, casi todo está dicho. Desde su vulgaridad exacerbada hasta su lengua incontrolada, la identidad que se escapa a todo filtro de análisis y a cualquier capacidad de coherencia, y un grupo de fanáticos que brincan al ritmo de sus ocurrencias catapultados por las sensaciones viserales. De Theresa May sorprenden las imágenes en las que se le capta humilde haciendo una genuflexión a la reina Isabel II y por otro lado nombrando al excéntrico Boris Johnson, anterior alcalde de Londres, un hombre euro escéptico, que ha hecho declaraciones polémicas de tipo racistas y sexistas, como su ministro  de Relaciones Exteriores. Qué curiosa elección.

Akihito se va y ella llega. El Emperador abdica y él quiere llegar a ser candidato republicano en los Estados Unidos. Entre los rasgos de los tres, me quedo con la sonrisa de un hombre que se quiere ir y que entiende que antes de hacerlo, vale la pena dejar clara la postura para el mundo. Mientras uno pretende elevar muros, otra llevará a cabo los trámites de divorcio de Gran Bretaña con Europa, Akihito busca remendar los pedazos rotos. Unos salen con un mazo dispuestos a romper y el emperador japonés encuentra pretextos para sacar su aguja e hilvanar lo que alguna vez se rompió. Él dice que le pesa la edad y a mí me parece que le da peso.

Me gustan mas los planes de Akihito. Me gustaría  ver que sus intenciones permearan en las mentes de otros, que en lugar de rasgar fuéramos en pos de reparar. 

#Era familiar

Resulta que habrá una serie de conferencias que tendrán lugar en el Hotel Princess en Acapulco. Los participantes son tan variados y la variedad está curiosa. Estarán despostillados, personajes empolvados y también funcionarios en activo. Desde Pedro Ferriz de Con hasta Margarita Zavala, desde el Presidente Salinas, hasta los panistas Fox y Calderón, desde Miguel Ángel Mancera hasta Andrés Openhaimer. Con el eslogan Nos vemos en Acapulco, estos personajes de la vida nacional se aflojaran la corbata, se bajarán de los tacones para compartir sus puntos de vista.

Acapulco será anfitrión de gente destacada y dejará que este verano se le vea como una pasarela diversa. Estarán los que se quieren dejar ver. Entre el sol y la playa, no muy alejados del CNTE de las protestas y los bloqueos, estos notables vienen a ilustrarnos sobre todo lo que ellos pueden hacer por el mundo y por nosotros, si se les da una oportunidad. Algunos hablarán de lo que falta por hacer y otros de las maravillas que nos regalaron cuando tuvieron la batuta en las manos.

No deja de llamar la atención que tanta celebridad quiera venir a iluminarnos. No me imagino lo que  Ferriz querrá decirnos. Espero que las palabras de Zavala sirvan para decirnos qué tiene para ofrecer, además de su visión femenina. Quiero escuchar cómo explicará Mancera tanta ocurrencia, o las reacciones que tendrá el respetable cuando vea subir a Carlos Salinas al escenario. 

Las cosas se pondrán interesantes en Acapulco. Al estar en uno de los lugares más hermosos de México, merecemos escuchar las propuestas de tantos notables para solucionar los problemas. Me gusta que lleguen hasta acá, en donde el horno no está para bollos, y vengan a proponer soluciones a problemas fuertes que  nacieron  y se dejaron crecer a unos cuantos metros del lugar en el que ellos estarán tomando un micrófono.

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