En busca del sujeto.

¿Se acuerdan de sus clases de español en la escuela primaria? En aquellos años nos hacían analizar las oraciones: sujeto, verbo y complemento. El sujeto es el que realiza la acción. El verbo es la acción realizada. Perder el sujeto es un error grave y por desgracia muy común. No saber quién realizó la acción impide fincar responsabilidades.
En el caso de Lady Profeco, en realidad traemos perdido al sujeto. No sabemos quien ordenó la clausura, fallida por suerte, del restaurante Maximo Bistro. Sabemos que la niña Benítez, que no tan niña es, montó soberano berrinche, sin embargo, la falta de educación, la poca clase y todo lo que se pueda decir de ella al respecto, queda en el sabroso terreno del cotorreo de sobremesa. En donde se traspasó la frontera fue en la Profeco. ¿Quién dio la orden? ¿Dónde está el sujeto de esa acción que casi culmina en otra clausura indebida? El sujeto está perdido.
Dicen que no fue el Procurador, Humberto Benítez, quien se está recuperando de una operación, pobre, con los disgustos que le da su niña. Hay voces que alegan que no se puede condenar a un funcionario publico por mal educar a sus hijos. De acuerdo. Pero, de ser el caso, se le debe condenar por poner al servicio de un familiar el poder de la Procuraduría del Consumidor. Lo grave no es la falta de educación, lo es el intento de atropello contra ciudadanos que quieren trabajar decentemente.
Y, ¿Si no fue el Procurador, quién fue? Su hija, peor tantito. Pero ella es una civil que no tiene autoridad para mandar en la Profeco, hombre, de facto sí, ya lo vimos, pero ¿quién firmó el oficio y por qué?
No es menor este caso. Es importante saber quién. ¿Qué personaje protagonizó esta historia y no está dando la cara? El restaurante Máximo Bistro no fue clausurado por obra y gracia de las redes sociales, pero hay otros lugares que se clausuran con impunidad y sin razón, únicamente por atender caprichos, por mostrar músculo, por… y la lista puede seguir ad infinitum. Eso lo se muy bien.
La justicia es el terreno en el que los seres humanos convivimos civilizadamente. Para que la justicia se dé, hay que fincar responsabilidades, no buscar chivos expiatorios. No se podrá llegar a la justicia si no se conoce quién dio la orden. No habrá justicia si seguimos con el sujeto perdido. Es preciso encontrarlo.

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Lady Profeco

Algunas veces ofrecer una disculpa no es suficiente. Si yo ensucio un hermoso mantel blanco y digo: ¿Me perdonas?, la mancha seguirá ahí. no importa si fue sin querer, disculparse no basta. Hay que reparar el error. Claro que hay de errores a errores. Peor si la que cometió el desaguisado es una hija. A los padres nos duelen los tropezones de los nuestros, lo malo es que algunas veces no sólo los toleramos, sino que nos hacemos los disimulados, para no enfrentarlos, para no corregirlos. Resultado: arrojamos monstritos incontrolables al mundo. ¿Qué culpa tiene el mundo de nuestra falta de energía? ¿Por qué tendrían que tolerar a una berrinchuda indomada a la que no se le pudo educar?
Y, luego, ahí están los padres poniendo la cara por los hijos. Así le pasó a Humberto Benítez, titular de la Procuraduría Federal del Consumidor, una instancia creada para proteger a los ciudadanos de los abusos de los que ofrecen productos y servicios. Pero, ¿quién nos protege de los exabruptos de los familiares de los funcionarios?
Andrea Benítez, hija del procurador del consumidor, niña berrinchuda, que no sabe que su padre es un servidor público, no un señor feudal, arremetió contra el restaurante Máximo Bistro que cometió la terrible falta de no asignarle la mesa que su majestad Lady Profeco quería. La reacción de la tiranita fue hablarle a las poderosas huestes de su padre, que ya dije no son de él, sino de la Procuraduría del Consumidor, echó la carne al asador y con la furia de vulcano, ordenó que se clausurara el establecimiento.
Los diligentes funcionarios, salieron a toda prisa con sellos en mano, para obedecer los deseos de su altísima majestad. ¿Y la defensa del consumidor? Esa, que espere. ¿Y la defensa del consumidor? Sí, señoras y señores, se transformó en un instrumento de coerción.
Por desgracia, ya nada nos sorprende. Una dependencia que en su origen fue una buena idea, que era bien intencionada, se ha convertido en una forma de amenazar a la gente de buena voluntad que no hace más que abrir las puertas de su negocio y pedirle a Dios que hoy no lo vengan a extorsionar. Hay tantas revisiones sin sentido que sufren los negocios y cuya única intención es sacar para el refresco, el desayuno o el pago de la despensa de los inspectores. Ahora también hay que temer a las hijas de los servidores.
Parece que no basta con la desaceleración económica, los empresarios en México también tienen que luchar con la inseguridad, ahora no únicamente causada por bandidos y maleantes, sino por las hijas furibundas de los que tienen poder en México.
No, señores. A los empresarios hay que apoyarlos, no fastidiarlos. Me alegro que el presidente Peña Nieto esté metiéndole manos al asunto. Me da gusto que Ildefonso Guajardo, Secretario de Economía esté enterado de semejante barbaridad. Pero, hay algunas veces que ofrecer una disculpa no es suficiente.
El berrinche de Andrea Benítez no fue una simple pataleta, no fue un acto de prepotencia de una pequeña burguesa venida a más. No. Es el reflejo de la forma de actuar en una dependencia de gobierno. Se descorrió el velo. La Procuraduría del Consumidor no está para proteger al ciudadano, se usa para golpear, y eso es malo. Es un garrote al servicio de la estupidez.
Por eso, no basta con ofrecer una disculpa. Hay que limpiar la mancha, hay que arreglar ese cochinero.

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¿Y si fuéramos felices?

¿Y si fuéramos felices? ¿Y si en lugar de ver el jardín de al lado nos concentráramos en el propio? ¿Y si en lugar de comparar tanto nos dedicáramos a disfrutar lo que hay? ¿Y si en vez de fijarnos en la mancha nos hiciéramos disimulados? ¿Y si analizáramos menos y sonriéramos más? ¿Y si echamos a un lado el agobio? ¿Y si abriéramos los brazos en vez de apretar los dientes? ¿Y si dejáramos de sufrir por el auto que no vamos a comprar o las vacaciones a las que no podemos ir?
¿Y si le dedico menos tiempo a la pantalla y más a dar besos? ¿Y si dejáramos de criticar? ¿Y si nos alejáramos del chisme? ¿Y si le bajo al nivel de rencor? ¿Y si extendiera la mano? ¿Y si me alejo de la báscula y me como diez chocolates? ¿Y si digo buenos días? ¿Y si arreglo mi escritorio? ¿Y si comparto más y me quejo menos? ¿Y si visito a mi amiga en vez de hablarle por teléfono? ¿Y si me atrevo a dejar los pretextos a un lado? ¿Y si nos acercamos? ¿Y si encuentro más razones para ofrecer una disculpa? ¿Y si me atrevo a no tener la razón? ¿Y si dejo que me gane la risa? ¿Y si te hago cosquillas? ¿Y si doy las gracias? ¿Y si pienso en Dios? ¿Y si le doy espacio? ¿Y si lo logramos? ¿Y si fuéramos felices?

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Hoy no fío, mañana sí

En la tienda de Don Nacho, una miscelánea que vendía abarrotes, colgaba del mostrador un letrero que decía: Hoy no fío, mañana sí. Tal parece ser la filosofía que tiene la banca en México. El crédito no fluye como es debido, no al menos, en los niveles necesarios para impulsar en serio la actividad económica, no como en otros países. El poco que hay es caro y no tan bueno. Los empresarios se quejan, no hay forma de contratar crédito a estas tasas. Los ahorradores resienten lo poco que reciben por el dinero en sus cuentas.
La diferencia que existe entre la tasa pasiva y la activa es grande, es decir, lo que cobran los bancos por prestar es mucho más alto que los intereses que le pagan a sus ahorradores. Me explican que eso se debe a que las instituciones bancarias no tienen muchas garantías para cobrar, por ello necesitan leyes que los ayuden a lograrlo. Bajando el riesgo que los banqueros corren al dar créditos hay mayores posibilidades para que esa brecha entre las tasa de interés se acorte.
Sí, tal vez.
La reforma financiera no será la cereza en el pastel en esta convención bancaria. El sol de Acapulco brillará un poco menos para los banqueros y el azul del mar no les parecerá tan profundo. México necesita más actividad bancaria, reducir sus operaciones en efectivo y hacerse más formal. Es cierto. Los banqueros quieren garantías, es comprensible.
Se que hay quienes han pedido créditos con la firme convicción de no pagarlos después. Se que a veces es difícil recuperar aquello que se prestó. Conozco el proceso, se presta de buena voluntad y a la hora del cobro se cambian los papeles. El que debe se hace el disimulado y el que cobra parece limosnero. No es posible que eso sea así. No es justo.
Entiendo.
Sin embargo, veo a España. Tantos desalojos no parecen estar resolviendo el problema. Ponerle músculo al cobro no los está llevando a solucionar nada. Ni a los despojados, ni a los banqueros. Los números son fríos. Basta ver los resultados de la banca española.
Creo que todo se reduce a la sencillez de las palabras de la abuela, no gastes más de lo que puedes. Eso en primer lugar. Lo mismo está diciendo la señora Merkel.
Los banqueros en respuesta toman la filosofía de Don Nacho, el tendero, Hoy no fío, mañana sí. O peor, con el retraso de la reforma financiera, dicen: Hoy no fío, mañana tal vez.

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Manos sucias

Uno no se sienta a la mesa con las manos sucias, ni se presenta a trabajar, ni come, ni saluda. El que lo hace ensucia todo lo que toca. La suciedad se nota, es imposible ocultarla. Embarra y mancha. Deja huella. Por más esfuerzos que se hagan por negarlas, las manchas flotan y se abren caminos para lucirse en toda la extensión de su mugre.
La suciedad de las manos es una preocupación antigua es una ocupación de mentes claras, como lo dijo Jean Paul Sartre.
El sucio, el corrupto, el mentiroso tienen características similares, son hipócritas, lobos que se visten con las pieles de cordero, pero lo trompudo siempre se nota. Javier Marías, el escritor español dice en su libro Tu rostro mañana, que si pudiéramos ver el rostro de un traidor al día siguiente de habernos traicionado, si le pudiéramos ver la cara, es probable que este sujeto nos mire con cinismo, con arrepentimiento, con maldad, pero nosotros no lo veríamos con sorpresa. En el fondo de nuestra alma siempre hubo esa señal de alerta a la que nunca atendimos.
Es cierto, todos tenemos una voz interior que nos avisa. Casi siempre sabemos la verdad, o por lo menos la intuíamos. Difícilmente en esos terrenos nos sorprendemos. Lo que efectivamente sucede es que al enterarnos de la verdad, la voz de advertencia que antes era un susurro ahora se transforma en gritos. Lo sabía, lo sabía, nos decimos, pero no nos hicimos caso.
Si escucháramos mejor nuestra voz interna nos evitaríamos muchos descalabros. Vean al delegado de Coyoacan. No nos sorprende tanta fechoría por la que se le acusa, ni su cinismo, ni las manos llenas de lodo con las que se presenta por la vida. No. Su antecesor era igual o peor. Lo que sorprende es que sigamos viendo en posiciones de responsabilidad a personajes de esa talla.
Lo que indigna es el cinismo con el que desacata la ley, las instrucciones de un juez y que no pase nada.
Ser delegado es Coyoacan es una mina de oro. Con la complicidad de los comités vecinales se hace la mancuerna precisa. La forma de operar es la siguiente: vas a solicitar un permiso, te dan una forma que no corresponde, que es la equivocada, intentas ejercer la acción para la que solicitaste y obtuviste permiso -y que ellos te sugirieron-, los vecinos se quejan, se manda una inspección, ¡albricias¡, está mal. Ahí si que viene una sorpresa. Tú dices que tienes permiso, ellos que no es el adecuado, los vecinos avalan. Las autoridades clausuran. Los vecinos festejan. Las inversiones se pudren. Después de forma disimulada, un mandadero de la delegación, se acerca a decir que él te puede ayudar con tu problema. El coyotaje en Coyoacan es terrible.
Si tratas de resolver el problema por tu cuenta, jamás lo logras. Debes contratar los servicios de un tramitero. De uno de esos tipos que coincidentemente tiene un amigo, pariente, conocido, compadre, que nos va a ayudar a arreglar su asunto. Y sólo así, entrando en ese torbellino vertiginoso, en el cual de manera casi absurda pasas de oficina en oficina, de puerta en puerta , para que se arreglen las cosas. Puertas que antes estaban tan clausuradas como tu inversión, ahora se abren de forma mágica. Las salas de espera en las que antes se veía transcurrir el tiempo son que pasara nada, ahora gracias al ángel de los tramites, se evitan, pasas directamente. Las secretarias que antes no te veían, ahora te saludan. Muy bonita forma de desarrollo.
La vía de la justicia no resuelve. Si la Delegación pierde un juicio, que importa, es suficiente con no obedecerle al juez y no pasa nada. El delegado desacata la orden judicial, total, nadie dirá nada. Y el tiempo juega en contra de los que debieran ser defendidos y no atacados por la autoridad.
Hablo de un pozo de mugre. Basta darse una vuelta por el centro de Coyoacan para que verifiquen que lo que digo es verdad. Cuenten cuantas obras, negocios, casas clausuradas hay. Cada una es otra oportunidad de extorsión, otro negocio, no para el inversionista, adivinen para quién. No hay que leerlo en el periódico para saber que es cierto. Que las autoridades en la delegación tienen las manos sucias. Eso, como dice Marías, no sorprende. Es evidente.
Lo que sorprende es que no haya una acción fuerte en contra de todos estos lobos que no se cansan de ahuyentar con sus aullidos a la gente que quiere invertir y trabajar en esa delegación. Lo que sorprende es que los vecinos prefieran trabajar con gente que tiene las manos sucias y corran a los que las tienen limpias. Eso sí que sorprende.
Las manos sucias terminan embarrando todo, cara, cuerpo, entorno. Sino me creen, dense una vuelta por Coyoacan.

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Tomar distancia

Recuerdo cuando nos formábamos en la escuela. Nos poníamos unos detrás de otros, estirábamos el brazo y lo poníamos en el hombro del de enfrente para tomar distancia y marcar el espacio vital. También recibíamos en nuestro propio hombro la mano del de atrás. Así, no nos empujábamos, no nos molestábamos, no nos pisoteábamos. Avanzábamos al salón conviviendo de forma respetuosa y civilizada.
Con el tiempo he valorado esa enseñanza de la escuela primaria. Tomar distancia es sano. No siempre se puede vivir amueganado, es más, casi nunca da buenos resultados vivir así.
La distancia da libertad de movimiento, de acción. Te impide molestar al de al lado con los movimientos de tu cuerpo y logras amplitud. Ganas espacios. Si eso es importante a nivel físico, si fue importante cuando éramos niños, imaginen lo relevante que eso se vuelve a nivel de pensamiento cuando se ha crecido.
El alejamiento, en ciertas circunstancias, no sólo es sano, también es necesario, especialmente cuando aparecen en escena la manipulación y el chantaje. Más en el momento en el que alguien te quiere imponer su punto de vista, te quiere ordenar lo que se tienes que hacer. Indispensable cuando no estas de acuerdo.
Miguel Angel Mancera tomó distancia y le aplaudo. Las huestes del PRD le dictaron línea, no reconozcas a Rosario Robles, secretaria de Sedesol, como interlocutora. Apártala de la mesa del dialogo. El Jefe de Gobierno se alejó del modo tradicional de operar, es decir, le doy lata al gobierno federal, lo chantajeo hasta que se enfade y me conceda ciertas canónigas. Mancera no le entró al jueguito. Me alegro.
Es refrescante ver a un Jefe de Gobierno que actúa con autonomía y se apoya en la inteligencia para tomar decisiones. Usa el criterio y el sentido común y decide lo que es más conveniente para la capital del país. Se reúne con Rosario Robles, acuerda con ella lo que debe hacerse en términos de pobreza alimentaria en México, le explica en donde podría haber despilfarros y desperdicios, la previene de posibles malos manejos, aplaca la voracidad de sus delegados y se pone de acuerdo con la federación. Todos contentos, menos los chantajistas que le dijeron, no vayas.
Con estas acciones Miguel Mancera no sólo tomó distancia de las huestes del PRD sino también de su antecesor. Carambola de cuatro bandas. Marcelo Ebrard se la pasó, mientras estuvo al frente del gobierno de la ciudad, rehuyendo al presidente Calderón. López Obrador dictó línea, Marcelo obedeció, la ciudad perdió. Es verdad, Marcelo fue buen alcalde, pudo ser mejor. Tanta obediencia le salió cara. La proximidad casi le saca un ojo. Perdió independencia. Al final de su gestión se dio cuenta y se dejó tomar la foto con Felipe.
A diferencia de Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera entiende que no es lo mismo las personas que las instituciones. No habla con Rosario, dialoga con la Secretaria de Desarrollo Social, no se toma un café con esta mujer tan controvertida, se pone de acuerdo en los planes para prevenir el hambre, no se trata de él y de ella. Se trata de la Ciudad y sus pendientes, no de simpatías o de intereses clientelares.
Qué bueno que Mancera opte por el dialogo, que tome distancia desde el principio, que use su criterio y pacte en favor de la ciudad. Maravilloso que no se enganche en el método del chantaje que no le entre a la cohesión política. Es bueno para él, es mejor para la Ciudad de México.

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Un regalito para los banqueros

Vaya, vaya. Parece que los banqueros recibieron un regalito que en realidad es un gran obsequio. El gobierno federal se pone generoso y reparte dádivas. Los banqueros se frotan las manos y sonríen. La convención de banqueros de México tiene una cereza en el pastel: la iniciativa de reforma financiera que hoy se presentará al congreso.
Muy bonito, dicha reforma contempla, entre otras maravillas, facilitar al acreedor el cobro de créditos mediante el embargo precautorio de bienes del deudor. Por si fuera poco, que caray, la generosidad del ejecutivo da para eso y para más, también hay que otorgarle más derechos al acreedor, especialmente si son bancos, quė importa que los bancos estén en manos extranjeras, que los deudores sean mexicanos. Eso es lo de menos.
Hay que proteger al acreedor que cobra intereses de agiotista y crearle tribunales especializados en temas mercantiles y otorgarles la capacidad de señalar bienes para liquidar el adeudo. El chiste es facilitar el cobro en caso de incumplimiento. El deudor, desde luego, es lo de menos.
¿Qué no aprendimos la lección? Ya se nos olvidó lo que nos pasó a principios del sexenio de Ernesto Zedillo. Departamentos vacíos, abandonados que perdieron valor, enormes estacionamientos de los bancos con autos embargados que se hicieron viejos, se echaron a perder y ni le sirvieron a Dios ni al diablo. Mal negocio hicieron los bancos que perdieron e hicieron perder. ¿Qué no tenemos ojos para ver lo que está pasando en Europa? Cambiaron el ganar-ganar por el todos pierden.
No se trata de fomentar el incumplimiento de las deudas. No. El que adquiera un compromiso debe honrarlo. Si pides, paga. Pero el problema es que los bancos ofrecen créditos a diestra y siniestra sin estudiar a su deudor, no se fijan si tendrán o no capacidad de pago. En una visión de corto plazo, colocan crédito caro, especialmente tarjetas y luego a embargar.
Sí, sin duda la gente que contrata créditos, que gasta más de lo que puede, tiene que pagar, pero quė hay de los que irresponsablemente reparten deuda como si repartieran volantes en la calle. Tanto peca el que mata a la vaca como el que le jala la pata. Acreedores y deudores son cómplices. ¿Por qué cargarle la mano a un sólo lado? Y sobre todo, ¿por qué al más débil?
Si la vulnerabilidad se castiga en México, que mal trabajo están haciendo nuestros representantes. Ojalá que diputados y senadores tengan memoria y recuerden lo que nos pasó hace veinte años, si no estuvieron ahí, pregunten. O bien, échenle un ojo al mundo y vean.
No es así como se resuelven los problemas.
Los banqueros que se están frotando las manos deberán ser cautos. A lo mejor el regalo se les convierte en manzana envenenada. ¿Quién les dijo que embargar es buen negocio? Miren la banca española, no trae muy buenos números después de tanto desalojo.
Privilegiar la caución por encima del arreglo, de la negociación, es un grave error. Me parece que banqueros, autoridades, deudores y la sociedad en general, ganan más en una mesa de negociación que en un tribunal.

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Pobreza e inseguridad

No hay forma de justificar la violencia, pero si de prevenirla. Para ello hay que observarla y analizarla. Una de las conclusiones más tristes es que la violencia y la miseria van de la mano. Algunas de las zonas del país más subyugadas por la inseguridad pertenecen a aquellas en las que la situación laboral y el salario se han deteriorado de forma acentuada.
Las zonas metropolitanas de Monterrey, Cuernavaca, Guadalajara, Veracruz, Zacatecas y varias delegaciones del Distrito Federal han visto como creció el indice de pobreza laboral, es decir, la gente no puede lograr los satisfactores básicos de vida con el ingreso de su trabajo. En otras palabras, su sueldo no es suficiente para pagar luz, renta, agua y comida. O sea, no les alcanza para cubrir la canasta básica de mil ciento sesenta y un pesos, alrededor de noventa dólares.
La desesperación de la gente que quiere y puede trabajar y que no encuentra empleo está relacionada con la inseguridad. La pobreza no solo genera hambre, también violencia y resentimiento. ¿Por qué aquel tiene y yo no? En ocasiones el tamiz de la lógica se empaña con el hueco en el estómago, con la necesidad de sobrevivir y se cae en la tentación de arrebatar lo ajeno. No está bien robar. No está bien ser pobre.
La tesis que se plantea es que aliviando los niveles de pobreza, sacando a la gente de esa angustia constante, los niveles de inseguridad bajarán. El ser humano, si se le da a escoger, preferirá hacer las cosas bien. Es casi seguro que muchos se inician en la delincuencia porque no encontraron una forma licita de sobrevivir. Porque se les cerraron las puertas.
“Las zonas de más violencia, con mayores problemas de inseguridad están asociadas con los lugares donde la pobreza laboral se ha intensificado”, confirmó Omar Garfias, secretario técnico de la Comisión para la Cruzada contra el Hambre de la Secretaria de Desarrollo Social.
El mundo necesita fomentar el empleo. México necesita crear fuentes de empleo, darle a su gente un lugar para generarse el sustento de forma digna. Impulsar a los empresarios y emprendedores a invertir en proyectos de largo plazo que den trabajo a las personas que mueren de ganas de ser productivos. Apoyarlos, propiciar el crecimiento. Abrir puertas. Iniciar un circulo virtuoso y cancelar el circuito de desastre que genera la pobreza y da como fruto la inseguridad.
Pero si en lugar de hacerlo nos empeñamos en clausurar cuanto negocio se inicia, si le ponemos todo tipo de obstáculos a la inversión, si amagamos a los empresarios con mordidas y corrupción, si asustamos a los emprendedores, jamás lo vamos a lograr. Estamos operando alrevės.
Fíjense lo que pasa en Coyoacán, una delegación del Distrito Federal en la que hay de todo, pobreza laboral y riqueza extrema. En el centro de la delegación se encuentra uno de los lugares turísticos emblemáticos de la ciudad. Pasear por ahí era obligado por lo bello de sus jardines, su arquitectura, sus plazas. Hoy, Coyoacán vive amagado por una serie de comités vecinales que no dejan trabajar a la gente decente. Su gran logro, y así lo presumen, es clausurar negocios. Lo hacen en complicidad con autoridades corruptas que se aprovechan del poder y van repartiendo sellos de clausura por todo el territorio de la delegación. Cierran puertas en lugar de abrirlas. Yo me pregunto si en París, Praga, Berlin, Hong Kong, o en cualquier parte del mundo que quiera fomentar el turismo se le permiten estos excesos a la gente. No. Claro que no. Ahí se anima al empresario y se cuida la belleza de los lugares históricos, la autoridad ayuda a preservar la belleza, no contribuye a la fealdad con sellos a diestra y siniestra, que ahuyentan la inversión y el flujo de dinero que tanto se requiere. Échenle un ojo a las declaraciones del exsecretario particular del actual delegado coyoacanense, indaguen un poco de lo que hizo el antiguo delegado y verán.
La solución a la pobreza y a la inseguridad radica en el apoyo a la inversión. No en alejarla. Basta de frivolidad y complacencia con los comités vecinales, es tiempo que dejen trabajar a la gente de bien. Basta de corrupción, es momento de parar tanto cochupo y cochineros. Es por nuestra seguridad. Es por solidaridad.

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Mesas de regalos

Hace años las mesas de regalos no existían. Surgieron como una estrategia comercial de los grandes almacenes que descubrieron un buen nicho de mercado que une dos características: evita recibir regalos no deseados y ayuda a los asistentes a un evento a regalar algo esperado por los novios. Esta idea evita regalos no deseados, o la acumulación de obsequios en el armario a la espera de ser reciclados.
Fueron las bodas las que dieron origen a las mesas de regalos, ahora ya hay mesa de regalos para XV años, Baby Shower, bautizos, despedidas de soltera y todo eso. Todos los grandes almacenes de México ofrecen este sistema. En términos generales, la mesa de regalos de una pareja que se va a casar funciona de la siguiente manera: la pareja elige, de acuerdo a su gusto, lo que desearían recibir. No entraré, no hoy por lo menos, a los procesos de negociación que los futuros esposos tienen que hacer para integrar esta lista. Muchas veces las parejas no superan esta etapa de pleitos y cada uno regresa solo a su casa.
No. Hoy quiero hablar de lo que las mesas de regalos de una pareja que se va a casar refleja a partir de su selección, ya que ėsta contiene un cúmulo de información importante. En primer lugar, al ver la lista de los artículos elegidos sabemos si son bohemios, serios, minimalistas, rococós. Nos adherimos o rechazamos su buen o mal gusto para decorar su nido de recién casados. Sabemos si les gusta la cocina por los utensilios, si serán fiesteros, si fuman o no y miles de cosas más.
Pero más allá de eso, se ve el tipo de personas que son y el tipo de pareja que serán. En la selección de regalos se nota si los novios son voraces o prudentes, si te ven como un invitado o como un patrocinador de su evento. Se revelan las intenciones de la pareja, quieren invitarte a compartir el momento de gran felicidad o quieren a alguien que les ayude a amueblar su casa.
Antes, la gente invitaba a su boda a las personas con las que se quería estar en el momento crucial de unir dos vidas. En muchos casos sigue siendo así, pero en otros, parece que, más que una invitación, estás recibiendo el boleto para una coperacha o la boleta de pago de una hipoteca.
Nada menos, en esta semana leí la lista de regalos de una pareja de famosos cuyos precios oscilaban entre los dieciocho mil y los veinticinco mil pesos, poco más de mil quinientos euros. ¿Qué no les alcanzó con lo que ganan ella haciendo telenovelas y él siendo hijo de un político de grandes ligas? Pareciera que estaban cobrando derecho de piso a cada invitado, eso sin mencionar las estrictas reglas de seguridad que los hicieron padecer. Prohibiciones y torturas. Vigilantes de empresas de seguridad privada y guardias estatales. ¿Habrán hecho un pago especial para gozar del privilegio de ser cuidados por la vigilancia del estado? Lo dudo.Ya sabemos que tipo de gente son los nuevos esposos, ¿o, no?
Pero no únicamente los famosos hacen evidente su falta de educación y mal gusto. Escuché a una novia decir que era maravilloso ir de compras con dinero ajeno y que no sabía si invitar a fulano o a mengano, a pesar de ser familia cercana, porque a lo mejor ni regalo le daban. Otra sentó a los invitados por el monto del obsequio que compraron en la mesa de regalos. También conocí una pareja que decidió no poner regalos de más de doscientos pesos, quince euros, en su mesa. Evitaron someter a sus invitados a la tortura del regalo excesivamente caro, dado por compromiso.
Están los millonarios que en lugar de mesa de regalos prefieren que sus invitados donen a proyectos de caridad. Me parece que eso es igual al regalo de mil euros. En todo caso, mejor invitar y aclarar que el mejor obsequio es la presencia del invitado, ¿no creen?
Hay peores casos, los que de plano se saltan la mesa de regalos y piden dinero. Eso revela datos del nuevo matrimonio.
Sea como sea, sea qué te inviten para compartir, o para cualquier otro motivo oculto, es fácil revelar el secreto. Basta echarle un ojo a la mesa de regalos.

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El que busca encuentra (Homenaje a los padres de María Bárbara Reyes Muñíz)

Reza el dicho: el que busca encuentra. Buscar es complicado, es desgastante y sobre todo, tienen grandes cantidades de angustia y frustración. Las búsquedas tienen etapas, la primera es darte cuenta de que has perdido algo, es el momento en el que recibes el golpe que te dolerá hasta que pase una de dos cosas, encuentres lo perdido o sepas con cierto grado de certeza lo que sucedió con aquello que se perdió.
Hay de pérdidas a pérdidas, no es lo mismo perder las llaves que perder el coche. No es igual perder algo por descuido que si te lo han robado. No hay comparación posible cuando se ha perdido a una hija.
María Bárbara Reyes fue secuestrada en agosto de 2011, sus captores pidieron rescate y jamás volvieron a saber de ellos. Los padres empezaron a buscarla. En esta etapa, en la búsqueda, pasa de todo, se necesita ayuda, tiempo, dinero, paciencia. Por lo general, todo eso siempre escasea, falla y se acaba. En el caso de los padres de María Bárbara pudo más el cariño que el desanimo, la perseverancia que la desesperación. Su empeño no conoció el límite del ya no puedo más.
Solos, con sus propios recursos, emprendieron una campaña en redes sociales, con carteles, con volantes, con investigaciones, pistas, visitas a uno y otro lado.
Buscaron durante 618 días, por fin, ayer les entregaron sus restos. Lo triste es que las autoridades del Estado de México tuvieron el cuerpo de María Bárbara durante meses y no lo reportaron. No fue mala voluntad, es el reflejo de la desorganización que existe. La iniciativa de los padres venció ese monstruo de miles de cabezas que en su gran desorden pierde de vista la parte humana, que mezcla osamentas de una persona con otra, que no sabe dónde ubicar nada, que todo pierde, que poco ayuda.
“La tristeza y la angustia por la incertidumbre han terminado, en el universo queda un hueco por tu ausencia que no se podrá llenar pero hoy en el cielo están gozando de tu presencia”, se lee en el portal de Facebook de Lourdes, la madre de María Bárbara Reyes Muñiz.
No sabrán. Pues el estado en el que les entregaron los restos lo hace imposible, no sabrán las causas que le dieron muerte a su hija de dieciséis años. Por lo menos tendrán una tumba en donde llorar su ausencia, antes ni eso tenían. Mata más una falsa esperanza que una cruda realidad. La familia de María Bárbara ya sabe qué pasó. Lo malo es que no saben por qué pasó.
La Procuraduría reconoció irregularidades en la identificación del cuerpo al llegar al Servicio Médico Forense de Cuautitlán Izcalli.
¿Encontraran justicia? La respuesta de Alejandro Reyes, padre de la chica, genera decepción. “Dudo que aquí se pueda encontrar justicia.” Por desgracia, tengo que estar de acuerdo con él. Si no recibieron la ayuda elemental para encontrar los restos mortales de su hija, si su cuerpo fue tratado con tanto descuido, no nos queda más que la evidencia de que el proceso para alcanzar justicia no pueda estar muy organizado.
Pero el amor de estos padres que buscaron, que desafiaron al sistema, que no se desanimaron ni perdieron la paciencia, finalmente alcanzó su objetivo. El que busca encuentra. Mi admiración y máxima solidaridad con esta familia.

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