Cuando la verdad se esconde

Pensé que esa vieja costumbre de esconder la tierra debajo del tapete había quedado en el pasado. Creí que hacernos los que no vemos que algo está mal colocado ya era cosa de antes. Estaba segura de que brincar los estorbos, en vez de quitarlos del camino era una práctica erradicada. En fin, me hice la ilusión que la verdad brilla y en su imperio viviríamos felices para siempre.

Sí, claro.

Para mi sorpresa, los cuentos de hadas y sus promesas son cosas infantiles. Las reducciones, las simplificaciones, las generalizaciones no tienen finales que se puedan predecir en la vida real. Falta ver lo que ha sucedido este 2016 para darnos cuenta. Sabemos que las mentiras, las seducciones cubiertas de falsas esperanzas, las promesas que no se van a cumplir, las amenazas, las prácticas que causan miedo han dado mayores frutos que hablar con la verdad llana y lisa. Las encuestas, la probabilidad y estadística, las tendencias, fallaron y alguien ganó la carrera.

Se nos inventa un término absurdo: la postverdad. La definen como aquello que sucede después, cuando nos enfrentamos a la realidad. Es decir, cuando nos damos cuenta de la Verdad. La postverdad es el enfrentamiento con el hecho de haber sido engañados. Es caer en la cuenta de que mordimos el anzuelo, nos engancharon con un engaño, nos tragamos la píldora y ahora nos queda el regusto amargo.

En el fondo, sabemos que nos engañaron, lo supimos siempre, pero quisimos creer. Pero, la mentira es de polvo y con una brisa se desintegra. No hay que esperar los grandes vendabales para enterarnos que caímos en una trampa. Cuando nos enteramos que cambiamos nuestro oro por espejitos, que nos manipularon para obtener un voto, que nos prometieron grandezas, reconstrucciones, empleo, prosperidad y luego nos damos cuenta que eso llegará pero sólo a ciertas personas, las orejas crecen y sentimos ganas de rebuznar.

Tal vez, debieramos tener más cuidado. Verificar nuestras fuentes. Leer más de tres renglones. Llegar al final. Así nos enteraríamos de que se lleva nuestras simpatías sin que después nos sintamos sorprendidos, sin que nos ofendan nuestras elecciones, sin que nos queramos dar de topes contra la pared. Tal vez,  no es que la Verdad se oculte, más bien no la queremos ver.

De mentiras y odios

No mentirás. El decálogo que recibió Moisés no da concesiones ni habla de estados de excepción. Es sencillo de comprender y difícil de ejecutar. Desde el dile que no estoy, hasta la sofisticación más alta, desde el mejor deseo de no lastimar hasta la más grande traición llevan adosadas una mentira. La mentira es mala y por eso está prohibida. Antes, al que mentía se le cortaba la lengua, después se le lavaba la,boca con jabón, hoy con la estupidez de los tiempos, se vitorea al mentiroso y se le pone en posibilidad de mover los hilos de la Humanidad.

Después de años, la Ley de Moisés se sustuyó por un mandamiento nuevo, el del amor. Sin embargo, el odio toma velocidad y parece ganar la carrera. El odio se manifiesta por las cosas más nimias y no hay pudor para mostrarlo abiertamente. Se odia al que tiene la piel de color diferente, al que huele distinto, al que tiene mucho, al que nada tiene, al que huye, al que da refuigio, al que no comparte mis gustos, mis ideologias, al que no vive como yo creo, al que dice idioteces y al que es muy inteligente.

La combinación de mentiras y odio es explosiva. Las dice Trump y ya está a las puertas de un empate técnico con Hillary. Odia el que debiera sustentar el amor como bandera, lanzamos a la gente a las calles a críticar formas de vida para que   protesten con furia sobre las formas que deben tener las familias. Unos y otros van a salir ¿a qué? La confrontación me resulta aturdidora. ¿No debemos amar al prójimo? O, ¿será que el prójimo también tiene castas y clasificaciones? Entonces, ¿si eres soltera,divorciada, dejada, vieja, pobre, gay, analfabeta, solo, indigente, discapacitado, prieto, naco, mal educado, hermoso, rico, poderoso, espectacular, estridente, o lo que sea, eres menos prójimo?

Odiar y mentir parece ser una fórmula muy efectiva. Venden espejitos y lo pagamos a precio de oro. Es tiempo de echar un paso atrás para que prive la reflexión. Analizar el rumbo que llevan las mentiras y los resultados del odio. Tal vez, contemplando el desfiladero, podamos entender que el abismo no es camino. Amar y decir la verdad son mejor opción. No hay duda.

Medir al enemigo (Truth, la película)

Parece que los dramas periodisticos están de moda. El periodismo de investigación da un paso al frente y se abre paso en los telones de Hollywood. La trama está basada en hecho reales. Protagonizada por una estupenda Cate Blanchett y un sereno Robert Redford, se trata un tema espinoso que saca ronchas: un expresidente y el cumplimiento del deber. George W. Bush es subido a la palestra para cuestionarlo sobre si recibió provilegios que le evitaron ir a Vietnam y la veracidad sobre su servicio militar. En fin, la fórmula que muchos periodistas andan buscando: poner en entredicho a un poderoso. Desde mi punto de vista, esta cacería de brujas no lo es tanto, es mas bien la reflexión que se debe hacer antes de enfrentar a un enemigo poderoso.

Cate Blanchett da vida a Mary Mapes, productora del segmento periodístico 60 Minutes para la CBS y quien reúne a un grupo de colegas para investigar la veracidad de unos memorandos que ponen en duda la participación de Bush en el servicio militar en la década de los 70. A pesar de existir ciertas dudas sobre el origen de los documentos, el equipo opta por compartir la noticia con el público vía Dan Rather interpretado por Robert Redford, presentador de noticias de la cadena televisora. Apenas la noticia sale a la luz, el equipo enfrenta una serie de cuestionamientos sobre de la veracidad de los documentos presentados en televisión, poniendo en riesgo sus carreras profesionales y su integridad.
La historia es sobre la guerra que enfrentan este grupo de periodistas. Las cosas no salen bien y van de mal a peor. La película es fiel al presentar a Mapes como una mujer con buen olfato que se precipita. Piensa más en las glorias que el material puede traerle, en premios y reconocimientos que en los peligros que se engendran al meterse con un poderoso. Es presa de la ingenuidad. No mide las reacciones que puede tener un presidente en funciones y que, además está en campaña. Tampoco prevé las reacciones de sus empleadores.

Todos sabemos que George W. Bush logró la reelección. 

El equipo de contrataque no se pone frente a la pantalla. Sin embargo, queda claro que hicieron bien su trabajo. Lograron poner en evidencia los descuidos, que por las prisas, cometió el grupo de 60 minutos. Los precios de las urgencias de la televisión se sobreponen a la meticulosidad que debe haber en una investigación periodistica de semejante envergadura y se pagan muy caro.

Robert Redford dice como Rather que lo importante es la verdad, y se olvida de la veracidad. Lo curioso es cómo no se pone en duda si Bush fue probo respecto al servicio militar, parece que a todos les queda claro que no lo fue. El nodo del problema es si para probar la falta de probidad, se usó material legítimo o no. La verdad quedo de lado.

Me parece interesante que en medio de la discusión, se hace referencia al trabajo periodístico que sacó de la Casa Blanca a Nixón. La diferencia entre uno y otro, tal vez fue la sorpresa. Ahora, los equipos que asesoran a los poderosos ya tienen antecedentes y no se dejan sorprender tan fácilmente. Los cuidados se deben aumentar, las precisiones se deben cuidar. Una desesperada Mapes se da topes al ver como la verdad pierde relevancia y la atención general corre en otras direcciones. No puede creer que Bush tenga tanta suerte. No fue suerte.

Y, aún cuando todo esté amarrado, cuando un poderoso sea evidenciado  con las manos en la masa, no hay que ser ingenuos. Hay que medir al enemigo, evaluar las consecuencias y decidir si el esfuerzo vale o no la pena. Es una cuestión de valoración de riesgos. El peso de un pez gordo siempre es mayor que el de un periodista que cree descubrir una mina de oro. Sacarse un tigre en la rifa no es tsn buena noticia.  Meterse a patear a un grandote requiere de tener la cabeza fría y los pies en la tierra. Claro, si eso fuera así, tal vez nadie lo haría.

¿Quién quiere perder trabajo y prestigio a cambio de nada?

  

Reto WordPress: Tres días de frases favoritas (Día 1)

Por esos raros misterios que se entrañan en Internet, recibí un reto en la forma más inesperada, es decir, en la más grata. El desafío me evoca esos duelos de otras épocas en las que, como entonces, al más puro estilo Winchester, se recibía una guantada cuyo significado era ponerse listo para el lance sin indagar ni el origen ni las consecuencias. Lo prioritario era poner manos a la obra para salir lo mejor librado que se pudiera.

El reto consiste en publicar durante tres días consecutivos entradas relativas a frases favoritas. Así que sin más padrinos que los autores a los que citaré en los siguientes tres días y sin mayores preámbulos… comenzamos.

“Siempre he preferido la mitología a la Historia

pues  la Historia está hecha se verdades que

después de un tiempo,

se convierten en mentiras,

mientras que la mitología está hecha de mentiras que, con el tiempo, se vuelven verdades” 

Jean Cocteau

Los escritores tenemos dos herramientas básicas para trabajar: la palabra y la fantasía. Creamos mundos alternativos para contar anécdotas. Usamos palabras para estirar el tiempo, para regresar o adelantar las manecillas del reloj, para servir de ventana en la que se hace una descripción, para transportar al lector a ese lugar en el que dos personas se conectan: el que escribió y el que lee. No importa que tan lejos esté el lector del escritor, puede que sea la distancia física la que los separe, o el tiempo, la forma de pensar, incluso la muerte. Sin embargo, la conexión se da.

Jean Cocteau nos atrapa en sus redes y nosotros caemos como mariposas. Tiende los hilos de conexión entre dos mundos paralelos que no se han de tocar.  Al leer entramos en ese mundo en el que Don Quijote de la Mancha es más real que la persona que nos atendió en el supermercado y El Infierno de Dante es más temido que la advertencia que nos hizo el jefe apenas ayer. Puede ser que jamás hayamos pasado los ojos por las líneas de Cervantes o de Dante pero todos sabemos de lo que estoy hablando.

La Historia, dice Manuel León Portilla, no la escriben los vencidos y, por lo mismo, está llena de patrañas de autoinmolación y adoración al ego que tienden a alterar lo que verdaderamente pasó. Sucede todos los días y después de un tiempo, gana más peso lo que no sucedió que lo que en verdad pasó.Nada más basta escuchar a un fanfarrón para entender de lo que estoy hablando. ¿Cuántas veces hemos visto que alguien se adjudica el éxito de otra persona? Hay muchos cínicos en el mundo.

Sin embargo, a diferencia de Cocteau, no creo que la repetición desfachatada e innumerable de una mentira la convierta en realidad. Por curioso que parezca, la verdad encuentra su camino y se hace escuchar. Algunos héroes históricos pierden brillo y los villanos emblemáticos ganan indulgencias. La verdad camina y alcanza a la mentira.  Basta pensar en Maximiliano de Hapsburgo o en Porfirio Díaz, el tiempo les ha ido quitando el barro que les fue lanzado en forma flagrante. Pero, la Historia siempre causa controversia.

En cambio, como dice Cocteau, la mitología está hecha de fantasías que al paso de los días ganan corporeidad. Un personaje de novela puede llegar a ser tan entrañable que seconvierte en un alter ego, no solo de su autor, sino de muchos lectores. La fantasía es el material más fino del que se nutre un escritor. Incluso Truman Capote, en A sangre fría, cuyo estilo narrativo pretende ser absolutamente fiel a la verdad de la anécdota que cuenta, se vale de la fantasía para aderezar las descripciones realistas. Hasta el que quiere serle fiel a lo verdadero, falla si exagera o si omite ciertos detalles.

El puente que se tiende entre la verdad y la fantasía, entre el que miente y el que fabrica ensueños, es el objetivo que tiene quien las crea. Uno sabe distinguir perfectamente entre la figuración y la realidad. Cervantes siempre supo que el lugar de la Mancha al que él se refería, salió de su imaginación. Un vulgar mentiroso no cuenta con ese discernimiento.

Sí. Por esos misteriosos caminos del Internet, me llegó un reto que es real y me hace referirme a la ficción. Enhorabuena, he tomado el reto y como dice el dicho, es de bien nacidos ser agradecidos. Gracias, Patricia

Patricia Álvarez, bloggera que publica Big Ben Antigüedades y Coleccionismo, es peruana y escribe sobre la pasión que siente por lo antiguo. Visiten su espacio bigbenantiguedades.wordpress.com para adentrarse en ese maravilloso mundo del que busca una pieza de otros tiempos y la aventura que ello implica.
  

Estas son las bases del Reto WordPress:

1.Publicar en tu blog tres veces consecutivas una frase, una entrada cada día. La frase puede ser de un libro, de un autor, o tuya.

2.Etiquetar a tres blogueros-as con cada entrada que publiques para retarlos.

3.Agradecer al blog que te nominó.

Vientos y palabras

Hay palabras que no se las lleva el viento. Algunas son como una navaja que tiene doble filo y que cortan igual al que las pronuncia que al que las escucha. Lastiman de ida y vuelta, si no lo hacen hoy, lo harán mañana. Las hemos escuchado y las hemos dicho. Eso sin duda. Son, la mayoría de la veces, esas frases a las que les asiste la verdad pero que fueron dichas en cierto tono, en un contexto en el que aunque se tenga la razón dejan en el paladar un gusto amargo.
El proceso de decirle la verdad a alguien y no hacerlo en la forma adecuada, siembra en algunos una semilla que necesita de poco para alimentarse y crecer. Por lo general, lo único que necesita es tiempo y el rencor crece y crece como árbol de frondosos brazos, pero no da frutos dulces. No da frutos. La amargura de escuchar lo que no queremos se destila y sirve de abono a esa cimiente que terminará creciendo y no dejará de hacerlo hasta ver concretada una revancha.
Hay circunstancias, es cierto, en que la semilla se alberga ahí sin razón aparente. Pero no nos podemos engañar, la razón existe y puede ser tan trivial como decirle a alguien que el peinado le quedó mal, u opinar de las cosas que es mejor callarse, pues no conocemos detalles, y eso desatará el proceso germinal. Muchas veces no somos conscientes de la importancia del tono y del ritmo al pronunciar palabras. Pensamos, engañados, que las palabras se las lleva el viento, que no quedará marca de lo dicho, pero, queda.
Quedan huellas tan visibles como las que dejan las ruedas de una carreta al pasar por terreno blando. Terreno blando, nos gusta sacar la navaja en lugares suaves, para que no cuesten trabajo. Arremetemos con el filo de las palabras y entre sustantivos, verbos y adjetivos, vamos batiendo la tierra y dejando un cochinero. Dejando heridas.
Ni la distancia, ni el tiempo, ni nada se llevan esas palabras, mucho menos el viento. No importa ver que la verdad te asiste, que la razón te acompaña, y que la buena intención apadrina, los efectos duelen y son de largo aliento. Parece mentira pero a ciertas alturas del partido ya ni siquiera importa de que lado de la cancha te tocó jugar, únicamente se sienten las cortadas que se quedaron. Las que no se enseñan son las que más duelen.
Hay verdades que pueden más que mil cariños, palabras que se nos escurren por las comisuras de los labios y que en el momento no suenan ni tan fuertes ni tan terribles, y se dicen. Luego, la lengua queda pastosa y arenosa. ¡Ojalá que las palabras sí se las llevara el viento!
Digo que estas palabras que se resisten ráfagas y que no se las lleva nadie son como una navaja de doble filo. El que las escucha se llevará anidada la semilla y el que las pronuncia pierde. A veces tarde, a veces temprano, pero compró boleto. Le van a cobrar. Seguramente el cobro llegará cuando esté más desprevenido. En este círculo todos pierden.
El ser humano en su complejidad, a veces hace daño con la mejor intención y luego desea no haber hecho nada. No puedo hacer nada por cortar el follaje que crece en otros corazones, pero si puedo expulsar esa mala semilla de mi corazón. Una vez arrancada, sólo queda mirar al frente, porque las palabras no se las lleva el viento.

20140131-080854.jpg

Para empezar

Para empezar bien este año, Señor te pido, que me tomes de la mano.
Que tu Divina Providencia me mire con cariño y que yo no lo pase por alto. Que el corazón se llene de tu luz y de tu agua viva.
Que la casa, la mía, esté llena de los míos, protegida por ti, abrigada por tu amor y que él reine en ella.
Que la honra se mantenga en alto, que la mentira no la manche, ni mis malas acciones la percuda, que crezca gracias a tu generosidad y que la parte buena que Tú sembraste en mi desde el primer día y venza la oscuridad que me tienta. Que sea reflejo de tu presencia.
Que el vestido se obtenga con el sudor del trabajo productivo y que de el broten flores y frutos de colores y sabores maravillosos. Que sean tan abundantes que alcancen para saciar mis ansias, mis pesares y se conviertan en risas y sonrisas de olor a jazmín; que tenga la capacidad de compartir con los que nada tienen y con los que tienen mucho, siempre en el mismo tono.
Que el sustento no falle, ni el físico, ni el espiritual. Que la mesa esté repleta y los vasos se desborden de cariño, solidaridad y que el lugar de honor sea el Tuyo. Que encuentre siempre la fuerza para honrar mis compromisos y ser fiel a mis principios.
Que la salud y la serenidad broten de tus manos.
Que el amor sea a imitación del tuyo y que logremos desterrar la maldad con la misma determinación que corriste a los usureros del templo.
Que haya vida en abundancia, que te reconozcamos como el Camino, la Verdad y la Vida. Y que en el momento de la muerte no nos falte la protección de tu Santísimo Sacramento,
Enséñame señor a abrir los brazos y cerrar la boca,
A escuchar, a pedir disculpas cuando sea necesario, a regalar mi ausencia a quienes no valoran mi presencia, a ser empatía y simpática, a ser buena mamá, a darle apoyo a los míos, paciente con el marido, también amorosa y a dar consuelo. A ser agradecida y a no tenerle miedo a la palabra gracias.
Enséñame a buscarte y a entender que desde siempre ya te encontré porque estás en mí.
Amén.

20140101-100603.jpg

Dar la cara

Dar la cara es lo mínimo indispensable que se debe hacer en cualquier situación, con más razón si se trata de defender un punto de vista, ideales o verdades. El que se tapa el rostro es que algo quiere esconder. Es cobardía pura. El anonimato es perdida de identidad. Cuando alguien se ampara detrás de una capucha le está negando paternidad a sus ideas. A mi no me gustan los padres irresponsables que no dan la cara por sus hijos.
Los súper héroes se tapan la cara en un acto de modestia para seguir con una vida normal cuando están en su identidad de vida normal. Aquí no estamos ni en
Ciudad Gótica, ni en Metrópolis. Estos personajes que han salido a la calle con garrotes y en grito de guerra a protestar, más me huelen a anarquistas que a otra cosa.
No se trata de desestimar las ganas de protestar. Para estar en desacuerdo con las cosas sobran las razones. Para quejarse nada mas basta mirar los periódicos y ver como los indices económicos bajan y los de inseguridad suben.
Pero para hacerlo hay que dar la cara. Los mejores ideales se vuelven basura cuando se les mancha con cobardía. Ojo, cobardía no es sinónimo de miedo. Cobardía es hacer las cosas por debajo de la mesa, por la espalda.
Brutos, el asesino de Julio César, fue yerno de Catón el republicano. Sus ideales eran legítimos, sus modos no. Traicionó a quien en su estima lo llevó al poder, conspiró en su contra y por fin lo asesinó.
¿Tú también?, pregunta el César al traidor en la obra de Shakespeare. Ser republicano es bueno, ser traidor no.
Salir a manifestarse, dar una opinión, es bueno. Salir a las calles a defender un punto de vista es legitimo, causar pánico y destrozos con el rostro oculto en una capucha, no. Pensar en defender los nuestro es válido. Armarse y utilizar pistolas y metrallas de uso exclusivo del ejercito, no. Especialmente cuando no doy la cara. Especialmente cuando las razones para ocultarla no es una cuestión de modestia, sino más bien de cobardía. Además, los superhéroes están en las tiras cómicas, no en las calles.

20130902-095500.jpg

Disculparse

Un requisito básico para ofrecer una disculpa es que sea sincera, por ahí debemos empezar. El paso número uno es reconocer que se hizo mal, se causó daño y se está dispuesto a admitir la autoría de los hechos. Sin duda, para eso hace falta valor, pero no es suficiente. En segundo lugar hay que ver la forma de resarcir el daño causado. Para eso no basta con ser valiente, es necesario ser honorable.
El honor, al parecer, es un valor en desuso, una palabra olvidada. Honor es, según la Real Academia de la Lengua, la cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes con los demás y con uno mismo. Nuestro prójimo más cercano son los nuestros, son los hijos. Fallar ahí es fracasar, fallar por falta de honor es una mancha en la consciencia y una seña de identidad. Si le incumples a un hijo y tus acciones en vez de ser meritorias son viles, ¿qué pueden esperar los demás?
Para impartir justicia, debes ser una persona de honor, es decir, perseguir la verdad y el mérito auténtico, sin sesgos, sin prejuicios, sin intereses particulares. Ser intachable y probo.
Cuando alguien engaña, lastima el honor, cuando alguien engaña y ofrece una disculpa con antelación, presumimos que hay honestidad, y el honor se restituye. Somos humanos, somos falibles. Disculparse se vale. Pero cuando las disculpas llegan porque te agarraron con las manos en la masa, la sinceridad queda en tela de juicio y el honor hecho trizas.
Ayer, el ministro de la corte en retiro, inició un discurso con las siguientes palabras en un acto de sinceridad y conciencia, yo, Genaro Góngora Pimentel, ofrezco disculpas a la madre de mis hijos, a su familia y a mis pequeños si en algo les he fallado./em>
No lo sé. Las palabras no me suenan sinceras desde el momento en que son producto de un descubrimiento periodístico que dio a conocer que el ex ministro y ex presidente de la suprema corte de justicia, encarceló a la madre de sus hijos para evitarse dar una pensión alimenticia.
Dejando a un lado el delicioso sabor del chisme de enterarnos que un magistrado de la suprema corte tuvo un amante con la que procreó dos hijos, que están enfermos, diagnosticados con autismo y que el juez no pasaba para el gasto con regularidad, está la falta de honor de una persona que administró justicia.
¿Cómo imaginar imparcialidad en un hombre que fue capaz de meter a la cárcel a su examante con tal de darle la vuelta a sus obligaciones? No se trata de juzgar los deslices de un hombre, cada quiėn su intimidad. Más bien llama la atención e indigna un padre irresponsable que nos vendió la figura de un ser intachable a un nivel tal que se encargo de la máxima magistratura del país. De un maestro que instruyó a casi todos los jueces de los tribunales de justicia de la nación. ¿Se imaginan cuantos subordinados y alumnos agradecidos tiene el juez Góngora?
Genero Góngora Pimentel no es un marinero que tenga varias mujeres, hijos en cada puerto y familias olvidadas por los siete mares, si así fuera, el tono seria distinto. Pero no. Tampoco se trata de justificar una reacción apasionada de enojo, de una venganza o de una irresponsabilidad cualquiera No. No me refiero a un desobligado, que al ver la situación de enfermedad de sus hijos salió huyendo. Se trata del expresidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y todo lo que el los implica.
Sale a ofrecer disculpas en una tribuna pública, en vez de correr al lugar de reclusión de se ex pareja a pedir perdón. Se vale de los medios de comunicación y se enarbola una sinceridad que suena, por decir lo menos, débil. El honor del juez en retiro queda por los suelos independientemente de los pleitos razonables o de lavadero que tenga con la madre de sus hijos.
Hay cosas que no se deben hacer, fronteras que no se deben cruzar, hitos que no se deben tocar. La responsabilidad con los hijos es una. El honor de cumplirles a carta cabal es otro. Sin embargo, el indispensable es ver por su bienestar, si no partimos de ahí, estamos cimentando sobre terrenos porosos.
El honor ha de ser sólido para aguantar las pruebas todoterreno, si no, las disculpas nunca serán sinceras, ni valientes, ni honorables. Si no, miren nada más.

20130525-084012.jpg

¿Qué pensará Ingrid Betancourt?

¿Qué pensará Ingrid Betancourt al ver llegar a Florence Cassez a París? ¿Qué dirá del montaje que hizo el gobierno francés para darle le bienvenida? La recibieron con los mismos honores que se ofrece a los más altos dignatarios. Al descender del avión la esperaba el Canciller francés, dio entrevistas en televisión, durmió en el Hotel Bristol, uno de los más lujosos de la capital francesa y será recibida por el presidente francés. ¿Que dirá de que una supuesta secuestradora es recibida tal como se le recibió a ella, una auténtica víctima de secuestro?
¿Qué pensará Ingrid Betancourt cuando la escucha decir que la declararon inocente? Cassez dice que la exculparon. No es verdad, pero eso dice ella. La reciben como a una gran actriz, tal vez lo sea. ¿Opinará que el señor Hollande no leyó la sentencia que puso en libertad a la mujer que va a recibir en el Eliseo? ¿Creerá que no está bien enterado, que el embajador de Francia en México no lo informó de las razones que le permitieron salir a Florence Cassez de la penitenciaria? ¿Le parecerá incongruente que el montaje que la exculpó y que fue tan criticado por las autoridades francesas sea similar al que se preparó para recibirla? Tal vez crea que fue una exageración haberla recibido en el Pabellón de Honor del aeropuerto Charles de Gaulle. ¿Qué tiene de honor salir de una penitenciaria por las razones por las que ella encontró la libertad?
Es probable que Ingrid Betancourt le de el beneficio de la duda, que piense que no hay razones para decir que Florence Cassez no es culpable. Tampoco para decir que es inocente. Mucho menos para decir que brilló la verdad. Sin embargo, tambien es probable que le dé el beneficio de la duda a las víctimas que identificaron su voz. ¿Por qué no, si ella sabe lo que es estar secuestrada?
¿Qué pensará Ingrid Betancourt de todo esto? Ella que sufrió años de cautiverio, que padeció los horrores de un secuestro, que fue víctima y fue privada de la libertad por años y años. ¿Sentirá que le dieron la misma bienvenida a ella que a Cassez? Tal vez eso sea lo de menos. ¿Estará de acuerdo con las palabras de Hollande? ¿Con la resolución de la ministra mexicana? ¿Con las conclusiones a las que llega Cassez? Eso sí que es importante.¿Qué dirá del proyecto de película del caso de su compatriota? ¿De qué tratará? ¿De una pobre francesa enamorada de un secuestrador con el que vivía? ¿De una mujer que vivió engañada, que nunca supo a que se dedicaba el hombre con el que dormía? ¿Será eso verosímil? ¿Se incluirá una escena de víctimas que reconocieron una voz con acento francés pero que no era la de la protagonista? ¿Será ella misma la que interprete el papel de protagonista? Tal vez, la recién liberada, aproveche la oportunidad que la vida le da para demostrarnos qué tan buena o mala actriz es. Tal vez así el mundo se de cuenta. Tal vez así brille la verdad, porque hoy con respecto a ese caso únicamente existen tinieblas. Nadie puede alzar la voz para decir que triunfó la verdad. En este caso la verdad no la hizo libre, fue algo más. Probablemente nunca nos enteremos pero que bueno sería que la verdad encuentre su camino. Tal vez algún día.
¿Qué pensará Ingrid Betancourt del despilfarro para ofrecer esta fiesta suntuosa cuando las variables macroeconómicas en Francia no están para desperdiciar el dinero de los contribuyentes? Me lo imagino ya que el desempleo en el país galo crece de manera galopante. ¿Dirá que ahora que el gobierno francés está expulsando a tanta celebridad con sus políticas fiscales, como Depardieu y a varios empresarios, necesitan otras nuevas? Seguramente reconocerá la diferencia entre Florance Cassez y tantos empresarios que han salido del país.
Estoy segura de que lo que Ingrid Betancourt piensa es que ella y Florance Cassez son francesas que recibieron el apoyo solidario de su gobierno. Sí. Pero son mujeres totalmente diferentes.

20130125-105425.jpg

20130125-105507.jpg

Miedo

Cristina se pregunta cuándo empezó a tenerle miedo a las palabras. Piensa y tiene razón que si descubre el momento preciso en el que se dejó atrapar por este temor, entenderá el caos que se desató a su alrededor.
Es tan fácil caer en las redes del miedo, se dice. Sube a la máquina del tiempo en busca de respuestas. Recuerda. Cae en la cuenta. Todo comenzó al tratar de suavizar la verdad para no herir susceptibilidades, con aquellos silencios a los que se forzó para no incomodar a la gente, con esas opiniones teñidas de prudencia, que en realidad fueron cobardía, para no lastimar a los demás. Y, es que a Cristina la educaron para ser correcta, intachable, impoluta. Eso es un objetivo casi imposible de alcanzar. Cuando alguien emite una opinión habrá quien concuerde y quien desacuerde. Cristina no fue hecha para resistir los desacuerdos. Le dijeron: Te arrepentirás de lo que digas, jamás de lo que calles. Y ella prefería guardar silencio para no tener de que arrepentirse. Quería ser monedita de oro y caerle bien a todo el mundo. No, eso es imposible.
Pero, a pesar de todo, Cristina es una mujer de convicciones. Una mujer que puede discernir entre lo correcto y lo que no lo es. Un día le dijeron que la verdad es un punto de vista y ella, cansada de guardarse sus opiniones, estalló. A gritos expresó que la Verdad es una. Una que no se modifica con las opiniones, ni con los pensamientos de terceros, que no se cambia con las mentiras, que no se mueve ante los embustes, que no es maleable. Las cosas son como son a pesar de los pesares.
¡Pobre Cristina! Decidió tomar el camino de la Verdad y el mundo se le vino encima. ¿Qué le pasó a Cristina? se preguntan todos asombrados, ¿se volvió loca? ¿se le metió el diablo?, murmuran muchos escandalizados. Muchos se alejan de ella. ¿Quién quiere estar a su lado? Pocos. Son mejores compañías las que eligen sinónimos en lugar de los conceptos originales, los que prefieren decir la verdad a medias, los que medio mienten. La verdad no peca pero incomoda.
¡No hay sinónimos, hay palabras exactas!, Cristina se desespera, ¡No hay verdades a medias! El que empieza a tenerle miedo a la verdad, termina diciendo mentiras. Es cierto. Por eso, decidió dejar de buscar formas para atenuar los hechos. Decidió dejar de tener miedo y decir las cosas tal como son. Eligió parase del lado de la Verdad y pagar el precio. Lo decidió porque es lo correcto. ¿Entonces, por qué las cosas se han vuelto tan difíciles? ¿Por qué le resultó tan caro?
Cristina está triste, llora y por momentos se siente tan fuerte como un polvorón. En su viaje al pasado se encuentra con imágenes agradables. Todos la apreciaban, la consideraban tan simpática, tan servicial, tan comedida. Era tan popular. Las lagrimas le mojan el rostro y las manos.
Consuélate Cristina. El camino de la Verdad es duro pero es el único seguro. La ruta de las medias tintas es muy cómodo, es fácil y en apariencia es muy satisfactorio. Pero la falsedad tiene un precio muy alto. Cuesta mantenerla, es frágil y pasajera. La Verdad es eterna, es sólida y aunque ahora te sea difícil de creer, es liberadora.
¡No te confundas Cristina! Te dirán que eres cursi, tal vez lo seas. A corto plazo el camino que elegiste parece tortuoso, puedes tener la tentación de claudicar y volver a la ruta de las apariencias, dejarte seducir por los encantos que te ofrece. ¡No lo hagas! Al parecer los que van por esa ruta van a gusto, complacidos, les va bien. Al parecer tu camino es pesado, difícil y sin sentido. Te tengo noticias, la ruta de las apariencias tiene curvas y desfiladeros que no se ven. En el camino de la Verdad, también, pero las señales son claras y los que caminan por ahí van arropados por la sinceridad y la honestidad, auténticos ángeles guardianes.
No te desesperes, Cristina. No dudes más. Elegiste el buen camino. Deja ya de mirar al pasado, los que se vuelven hacia atrás se convierten en estatuas de sal. Deja ya de lamentar tus pérdidas y empieza a hacer conciencia de tus bendiciones. Agradece. Cuenta cada una de las gracias que tienes. Fija tu mirada en el futuro y ama tu presente.
Disfruta el camino, Cristina. No temas, elegiste bien. Aunque las apariencias engañen, tus evidencias te lo demuestran.
Cristina sonríe, se enjuga las lagrimas y decide mirar al frente. Hoy, a pesar del caos, Cristina decide mirar al frente.

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: