Ayudar

Ayudar, pero, qué tanto. Hasta que duela, habría contestado Santa Teresa De Calcuta. Ya nos está empezando a doler. La condición de la peste es contagiar el mal. Por eso, la prudencia al prometer siempre es recomendable. Ni modo, hemos criticado a quienes han abusado de los migrantes. Especialmente, hemos alzado la voz en defensa de los abusos a mexicanos que han cruzado la frontera en busca de lo que aquí no pudieron encontrar.

Por fortuna, la expulsión de mexicanos de nuestras tierras va en descenso. Parece que si México no es la tierra que mana leche y miel, para muchos es mejor quedarse aquí que irse para allá. El problema es que los migrantes extranjeros que llegan a nuestro país se enfrentan con corrupción, maltrato, condiciones miserables y con un Estado Mexicano que prometió bondades y los está deteniendo para contener una crisis diplomática con Estados Unidos.

Si ayudar hasta que duela tiene límites, en México estamos empezando a ver las consecuencias de recibir a más gente de la que podemos ayudar. La casa es frágil, el conductor de nuestro barco anda dudoso, la tripulación no se ve muy hábil, la violencia va en aumento y, de repente, nos topamos con un problema que nos estalla en la nariz.

Me parece que México es como esta casa en la que hay adolescentes en crisis y en un momento, al papá se le aflojó la boca e hizo promesas. De repente, su hermana le manda a sus hijos para que le ayude porque ella no puede con ellos. Los sobrinos no quieren estar ahí, van de paso, pero comen, duermen, van al baño en su casa. La mamá no está nada contenta de recibir a los hijos de la cuñada en casa y tiene que estirar el gasto aún más, cuando ya de por sí, no le alcanzaba. Hay que ayudar, dirá el papá. ¿Cómo?, preguntará la madre mostrándole el monedero con billetes de baja denominación. Unos sobrinos se portan bien y otros muy mal. ¿Qué hacemos?, preguntarán los hijos que tienen sus propias necesidades.

Dar un trato solidario a cualquiera, sin importar dónde haya nacido, es un imperativo. Ni hablar, pero al decidir a quién ayudar primero, a propios o a extraños, la panza se nos hace nudos. Hemos sido contagiados por la peste porque en el fondo, sabemos la respuesta.

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El abogado de El Chapo

Resulta que Adela Micha viajó a Nueva York a entrevistar al abogado de Joaquín Guzmán Loera. Jeffrey Lichtman es un hombre de cincuenta y cuatro años que defiende a clientes complicados, poco simpáticos y para decirlo con claridad, con amplias sospechas de culpabilidad. Pero, la justicia se sustenta en la presunción de inocencia, así que su trabajo es meterse en la mente del jurado a sembrar dudas razonables. Con el caso de El Chapo no pudo, hubo demasiada evidencia.

Lo curioso de esta entrevista es que Lichtman dijo varias cosas escandalosas que el juicio fue in circo preparado para inculpar a su pobrecito cliente, que las autoridades mexicanas son corruptos, que Peña, Calderón, Fox y Zedillo recibieron dinero del narco y que lo mejor es hacer un muro mas alto y más ancho para evitar que nuestra suciedad manche la limpieza de los Estados Unidos.

Es verdad, habló de lo terrible que es que los estadounidenses no puedan vivir sin drogas. El drama de los ciudadanos en Estados Unidos que no pueden con su cotidianidad si no es en un estado alterado de conciencia. Esa necesidad, esa ansiedad ha hecho millonarios a gente como Joaquín Guzmán Loera y ha derramado mucha sangre. Dijo, también que criminalizar las drogas transformó un buen negocio en un delito.

Vamos, no dijo nada nuevo.

Entonces, de sus silencios intuyo varias cosas. No dijo nada de los carteles que operan de aquel lado de la frontera. No habló de las complicidades que hay en Estados Unidos para que sus ciudadanos se droguen alegremente cada que quieran. ¿O, creerá que las sustancias entran y caminan solas y se distribuyen por generación espontánea? Y, si en México nuestras autoridades son corruptas, ¿allá son inmaculados o tontos? ¿No pueden ver los caminos de la droga?

De alguna manera, si Lichtman dijo que el juicio era un circo, quiere decir que la justicia estadounidense no es tan honesta ni tan prístina ni tan clara, ¿Eso nos quiso hacer entender? Lo terrible es que nos quiso vender espejitos y hay muchos que se los compraron.

Habló de Joaquín la persona y de El Chapo el personaje como si se tratara del Neo Robin Hood o la versión remasterizada de Chucho El Roto. No hubo un contrapunto, nadie que le dijera que el señor que defendió es un asesino, a lo mejor muy lúcido, muy inteligente, muy simpático, pero un asesino. No defendió a un buen hombre. La evidencia lo llevó a ser declarado culpable. Ni modo que creyéramos que el señor era inocente.

Mucho cinismo, muchas falacias, muchas sonrisas, poca verdad. Entiendo que Lichtman hizo lo que le correspondía, me hubiera gustado ver a Adela preguntando lo que nadie se atreve: ¿por qué en Estado Unidos necesitan personajes como El Chapo, por qué le compran tanto, por qué se drogan tanto?

Necear

Parece que las necedades en el mundo tienen víctimas, pero los necios siguen ya que los victimarios no las padecen, al menos no en primera instancia. Sin embargo, la obstinación es un escupitajo que se lanza al cielo y la ley de gravedad no se puede modificar. Las cosas caen por su propio peso. El muro atrapa a Trump, las andanzas de Maduro lo condenan al aislamiento, la crisis política de Nicaragua hunde la economía, el Reino Unido pasa aceite con el Brexit y en México a pocos días de iniciado el mandato de López Obrador vemos que las buenas intenciones no bastan.

Las necedades terminan siendo un asunto central y un signo que lastima a los ciudadanos. En Venezuela no se cuenta con el apoyo del grupo de Lima y México se acoge al principio de no intervención para no firmar la condena a los hechos de Maduro. Tal vez, por lo mismo, Mexico guarda silencio ante la crisis nicaragüense que tiene a tantos ciudadanos huyendo en busca de algo mejor, muchos están viviendo en situaciones terribles en la frontera, mientras esperan entrar a los Estados Unidos. Con el tema del muro, Trump se desespera e insulta, acá el silencio de la administración y la templanza del Canciller Ebrard empieza a ser incómodo.

La gente no sólo no está contenta, sino que sufre. Los venezolanos, los nicaragüenses, los hondureños y muchos mexicanos padecen las necedades de sus mandatarios. Necear es una muestra de que se está acabando el margen de maniobra. Las seducciones que se lograron a base de espejismos no pueden durar toda la vida y llega el momento de darse cuenta.

Necear también es signo de falta de pericia. Es ver que alguien llegó a un callejón sin salida y ya se paralizó, no ve opciones, no aprecia alternativa, no tiene otro plan. En Gran Bretaña el Parlamento acorrala a May, Trump tiene cerrada la administración de su país, Maduro recibe condenas mundiales… Hay que entender que no hay capital político que alcance frente a un necio y nadie deja de ver sus afectaciones por más cariño que un político carismático lo intente.

Más divididos

La sentencia estaba dictada desde antes. La elección confirmó lo que ya nos sospechábamos. Estados Unidos amanece más dividido que ayer, si es que esto es posible. Las elecciones de medio término son una muestra de la polarización profunda que existe en la sociedad estadounidense. El miedo volvió a rendir frutos, sálvese quien pueda.

Ni demócratas ni republicanos son peritas en dulce, en realidad ambas fracciones le han pasado facturas amargas al mundo. Sus visiones están encontradas y la división afecta la objetividad. Los medios de comunicación se polarizan y en vez de analizar en forma seria, se dedican a atacar y a lanzar jitomatazos a diestra y siniestra elevando el encono. Claro, ellos no son los únicos. El Presidente Trump les ha ayudado muchísimo.

El discurso de lavadero se está poniendo de moda. Los golpes de timón y los manazos sobre la mesa se vuelven prácticas comunes. A muchos, todo esto les parece normal. Usar vocabulario soez, provocar la desinformación, apoyarse en datos falsos, mentir, manipular ya resultan naturales en el ejercicio de la cotidianidad. Lo hacen demócratas y republicanos, lo hace Fox News y CNN, y muchos en el planeta observan, aprenden y copian el estilo. No falla poner atención.

Lo cierto es que las elecciones intermedias en Estados Unidos era aburridas y ahora jalaron la atención mundial. Las casas encuestadoras cumplieron y ahora sí dieron en el clavo: resultado dividido. Veremos si la voluntad del pueblo estadounidense sirve para darle impuso a la democracia y si le dieron fuerza al autoritarismo.

Hoy, lo primero que se ve en la escena es un país dividido. Aún más dividido, si es que eso podía ser posible.

¿Por encima de la ley?

La editorial de la revista The Economist nos plantea está pregunta respecto al presidente de los Estados Unidos ¿puede estar por encima de la ley? Los recientes acontecimientos que revelan las fechorías de Paul Manafort, su exjefe de campaña y de Michael Cohen, su antiguo abogado nos llevan a esta reflexión. Que estos señores hayan sido encontrados culpables de las acusaciones que enfrentaban no sorprende a casi nadie. Aunque la presunción de inocencia debe prevalecer, también es claro que si huele a estiercol, se oyen mugidos y sale leche, por ahí hay una vaca.

El predicamento en el que se encuentra el presidente Trump no se resuelve con declaraciones flamígeras ni con actitudes cínicas. La pregunta que el pueblo norteamericano se debe plantear es si algún ciudadano puede estar por encima de la ley. La fidelidad de sus huestes le alcanzará para torcer la ley, hacerla moño y seguir apoyando a un sujeto que claramente da evidencias de no tener respeto por las regulaciones.

El problema, según The Economist, no es legal, es político. Sin embargo, me parece que el meollo del asunto tiene que ver con la confianza que el pueblo estadounidense tiene y puede perder en la persona que dirige sus destinos. Es vergonzoso ver al habitante de la Casa Blanca dar este tipo de espectáculos. Siempre supimos que esa era la arena en la que Trump se desempeñaba. Pero, ¿será que los estadounidenses quieren un payaso que no respeta la ley para seguirlos representando?

¿Quién puede estar por encima de la ley? Esto es lo que nuestros vecinos deberán empezarse a preguntar.

(The Economist, 25/08/2018)

¿Qué pasó con la decencia y el lenguaje?

El lenguaje es una seña de identidad, lo que hablamos también habla por nosotros. El que usa un lenguaje técnico revela la profesión que ejerce, el que elige palabras complicadas revela una personalidad compleja, quien prefiere la sencillez del mensaje nos deja ver a una persona práctica. ¿Qué pasa cuando el lenguaje es procaz, grosero, que insulta? Pues, en la misma línea de pensamiento, podemos entender que así son las personas.

El lenguaje es el reflejo de quienes somos, por lo tanto, es muy importante elegir adecuadamente el vocabulario con el que nos queremos expresar. Si descuidamos las palabras estamos revelando que somos personas despreocupadas y eso tarde o temprano puede convertirse en un evento similar a escupir al cielo.

El uso de las palabras no es un tema menor. Tristemente, en el mundo hay una tendencia creciente que marca el desaseo del lenguaje. Decir groserías, utilizar palabras altisonantes, expresarse con vulgaridad pareciera ser un hecho que ya a pocos sorprende. En aulas de estudio, en espacios universitarios, en ambientes profesionales el lenguaje padece el descuido a diario. Es tan fácil decir palabras que suenan mal en momentos en el que nos sentimos cómodos o que estamos muy irritados.

Estamos perdiendo la costumbre de usar un lenguaje decente.

En la cotidianidad, desde que amanece hasta que anochece, lo usual es escuchar majaderías. Al salir de casa en el trayecto al gimnasio, la gente va mascullando groserías y lanzando majaderías al que se le atravesó, al que no le dio el paso y hasta al que lo saludó. En el gimnasio es muy frecuente escuchar a entrenadores animar a sus pupilos a base de peladeces y palabras ofensivas: échale gorda, muévete marrana son parte del argot cotidiano que muchos de los que están ejercicios ya han asimilado como normales. En los pasillos de la universidad, los muchachos se hablan con palabras poco educadas y de repente uno se pregunta si está en una casa de estudio o en un billar.

Inclusive, en programas de televisión y de radio el lenguaje se ha vulgarizado en forma alarmante. En horarios familiares escuchamos palabras que antes se reservaban al espacio de adultos y los cómicos se creen muy graciosos cuando se expresan con groserías.

Todo esto podría parecer algo pasado de moda o un discurso de púlpito que se escuchaba en el siglo pasado. No obstante, mi lucha ha sido por componer el lenguaje y adaptarlo a los ambientes en los que nos encontramos. Debemos de elegir las palabras precisas, no hay palabras malditas pero para todo hay un uso correcto y un lugar para ejercerlo.

Por eso, ayer que escuché a Chris Cuomo en CNN hacer un panegírico sobre la decencia del lenguaje, no pude más que ponerme feliz. Cuomo sostiene y estoy de acuerdo que quien usa un lenguaje grosero y vulgar muestra la pobreza de sus argumentos y la falta de ideas. Se refería al tema de Donald Trump ofendiendo a Omorosa, una afroamericana que trabajó en la Casa Blanca y que está publicando un libro muy oportunista para criticar al Presidente de los Estados Unidos. El debate entre Trump y Omorosa no es de mi interés porque son tal para cual, lo que llamó mi atención fue precisamente la caída precipitosa que se ha dado en el lenguaje que se utiliza desde el poder ejecutivo de una nación de la talla de los Estados Unidos.

Es lamentable ver como un hombre de estado elige tan mal las palabras, cuando en otros tiempos otro líder mundial, Winston Churchill, ganó un Premio Nobel de Literatura por sus discursos. En fin, no hay punto de comparación. Pero, el efecto del lenguaje de Trump se ve en la forma en la que se eligen las palabras para expresarnos a diario. Sería tan bueno volver a aplicar la decencia en el lenguaje. Creo que es una forma fácil de empezar a resolver tanta violencia y agresividad que padece el mundo en estos momentos.

El lenguaje decente nos muestra como personas cuidadosas que buscamos expresarnos en forma ordenada, coherente y minuciosa, haciendo un análisis del vocabulario que queremos utilizar. El lenguaje debe ser una herramienta que nos ayude a mostrar preparación, seguridad, calidad y firmeza en las ideas.

La basura que va dejando Trump

Me sorprendió que un taxista en Bruselas me dijera con tanta precisión las palabras que resumen el sentimiento de Europa tiene por el presidente de Estados Unidos, Trump es una persona sucia que va dejando basura tras de sí.

Efectivamente, Donald Trump estaba en Bruselas y la ciudad era un caos. La capital de Europa, acostumbrada a recibir y atender mandatarios no podía creer el desquiciamiento causado por una persona. Todo bloqueado, calles cerradas, trabas para pasar de un lado al otro, templetes grandilocuentes para desplegar la presencia del tipo por el que la gente salió a mostrar repudio.

En público, fue grosero. Fue agresivo con sus anfitriones, pasa y como dicen que sucedía con Atila, va secando el terreno que pisa. En Londres no lo quieren recibir. Hay una alerta para los ciudadanos americanos, deben ser discretos, temen agresiones de los locales. Podrían desquitarse con los civiles por lo que hace su presidente.

Esa es la basura que Trump va dejando a su paso, que triste será ser recordado así, que pena me dan los estadounidenses que son representados por un personaje de esta talla.

Asociaciones judías elevan la voz a favor de los niños migrantes separados de sus familia

La nota la tomo de Jerusalem Post, Donald Trump está logrando lo insólito. Está uniendo al mundo en una ola de indignación y protesta en contra de los actos de crueldad que se están perpetrando en contra de criaturas inocentes. Por ejemplo, veintisiete grupos judíos -incluyendo, una rara muestra de unanimidad y liderazgo de los cuatro principales movimientos religiosos judíos estadounidenses- firmaron una carta abierta a Sessions denunciando la política de la Casa Blanca, diciendo que “socava los valores de nuestra nación y pone en peligro la seguridad y el bienestar de miles de personas”. La declaración es dura y es vehemente, deja ver que se han abierto heridas que el paso del tiempo no borran no se deben olvidar.

“No he visto nada como esto en este campo desde que salió la primera orden ejecutiva”, dijo Mark Hetfield, presidente de la organización nacional HIAS, en referencia a la prohibición de viajar de enero de 2017 a siete países musulmanes. Casi todos los principales grupos judíos estadounidenses se opusieron a esa política también. Esta administración está desorbitada, desbordada, desordenada, es momento de alzar la voz.

Rothschild, un demócrata, dijo que debido a que la separación familiar es un resultado de la política federal, no hay mucho que pueda hacer directamente como alcalde de Tucson para obstaculizarlo. Pero firmó una carta conjunta este mes con los alcaldes de Los Ángeles, Houston y Albuquerque, Nuevo México, calificando la política de “cruel”, “moralmente reprensible” y “completamente inconsistente con nuestros valores de decencia y compasión”. Aunque Arizona como estado tiene una historia de estricta legislación de inmigración, Rothschild dice que sus electores se oponen en gran medida a la política de separación familiar. “Tenemos una comunidad donde muchas personas tienen amigos, familiares y parientes que viven en ambos lados de la frontera”, dijo. “En Tucson, el consenso abrumador es que estas son malas políticas”.

Uno de los constituyentes de Rothschild es Alma Hernández, una mujer judía mexicano-estadounidense que se postulará este año para la Cámara de Representantes de Arizona. Hernández, de 24 años, renunció como coordinador del Consejo de Relaciones Comunitarias Judías de Tucson para postularse para un cargo. Este año, al percibir la falta de acción política progresiva de la comunidad judía establecida, cofundó el grupo activista Tucson Jews for Justice, que planea participar en mítines contra la política de separación y otros asuntos.

El mundo siente que el estómago se revuelve frente a hechos tan atroces y crueles como si se tratara de una guerra en la que la debilidad del adversario impulsara los peores instintos. No hay nobleza. No hay moral. No hay entrañas. Sé que esto no es una novedad, que se hacía en el mandato de Obama, pero ellos tuvieron el pudor, la hipocresía, o la prudencia de no presumirlo. Esta administración se regodea en sus actos y muestra al mundo todo lo que se requiere para indignar y repudiar.

El día que Estados Unidos cambió

Una terrible crisis humanitaria está sucediendo en la frontera sur de Estados Unidos. Una serie de actos que muestran que la arrogancia y la estupidez de un líder pueden causar tanta pena y tanto miedo en los más vulnerables. Como si no fuera suficiente escuchar a Donald Trump decir que los latinos somos animales, su administración le sube al tono y trata a los migrantes como animales. La Patrulla Fronteriza captura a las familias, las mete en una bodega, las separa como si fueran ganado: mete en jaulas a las hembras, a los machos los mete a otras y los separan de sus crías. Con esa brutalidad se está tratando a seres humanos.

Ayer, CNN transmitió la grabación de niños llorando en el momento en el que eran separados de sus padres. Pequeños cuyas edades varían, desde chiquitines de menos de seis años hasta preadolescentes muertos de miedo porque no entienden qué está sucediendo y lloran con amargura. No saben cuándo podrán ver a sus padres o si los volverán a ver. Las familias son tratadas como delincuentes por cruzar la frontera en forma ilegal y les dan trato infrahumano.

Cuando nos advertían que Donald Trump era un loco de las proporciones de Hitler, siempre pensé que eran exageraciones. No lo eran. El desprecio al diferente, el castigo doloroso, la tolerancia cero, la crueldad con niños es la ley que rige en Estados Unidos. No nos engañemos, con Obama esto también sucedía. Las deportaciones se llevaban a cabo, había jaulas para migrantes y gente en condiciones de horror. El problema es que ahora todo se acelera.

La crudeza y la crueldad están tomando notas de estridencia alarmantes. ¿Dónde andan los gobiernos de los países que están al sur del Río Bravo? Están maltratado a su gente y no veo notas diplomáticas ni quejas ante la ONU. ¿Qué esperan? Estados Unidos cambió y el país de la esperanza se está convirtiendo en una tierra desconocida que da miedo. Ese faro de libertad que ellos decían ser, se convierte en un territorio oscuro en el que los derechos humanos se aplican a unos sí y a otros no. Son letra muerta, conceptos olvidados. La perversidad de la Guardia Fronteriza nos recuerda a los uniformados con escudo de svástica.

El partido que llevó a Lincoln a la presidencia hoy levanta la mano sobre los inocentes y los azota con el peso de una ley. Los niños no entienden, lloran solos en una jaula y sus lágrimas no conmueven a nadie. No podemos bajar la voz, si los gobiernos se quieren hacer los disimulados, nosotros no debemos dejarlos solos.

Separar familias

No sé en qué cabeza puede caber la idea de que separar familias es buena idea. Me quisiera imaginar qué argumentos se dicen para hacer entender a la gente que arrebatar hijos de los brazos de sus padres puede ser bueno. No puedo imaginar al caradura que enarbole la justificación de la ley para perpetrar semejante acto. ¿A dónde hemos llegado?

Invocar la práctica de cero tolerancia a familias que, sin duda, cruzaron la frontera de forma ilegal, me parece tan pertinente como intentar justificar un genocidio para preservar la pureza de una raza. No hay discurso que se pueda pronunciar y logre justificar una atrocidad de este estilo.

La crueldad humana se encarna en una mujer que con tal de no perder su trabajo, se para frente a los medios de comunicación y con cara de palo dice que su jefe actúa bien. La fealdad del alma se le refleja en la cara a Sara Sanders. Los votantes duros de Donald Trump tendrán que aprender a tragar el bulto de la amargura que causa la decisión de un radical que lo que tiene es cero cerebro.

Los que se atrevan a decir, son ilegales y ellos se la buscaron, tengan cuidado: con la vara que midas serás medido. Los radicales que crean que arrancarle de las manos a un padre o a una madre a sus hijos y que encuentren satisfacción en la angustia y la desesperación de estas familias que están siendo desmembradas ni se imaginan que esa crueldad que hoy avalan, en el futuro les golpeará la cara cuando menos lo piensen.

Las justificaciones y quienes las plantean confían en la estupidez de la gente. Lanzan palabras con el efecto de un anzuelo que le desgarra las entrañas a los peces que abren la boca alegremente, engañados por la carnada. No podemos contemplar el,espectáculo y quedarnos callados, no podemos ser indiferentes a tanto dolor y a tanta lágrima derramada.

La deshumanización y la frivolidad son como un bumerán que se lanza con fuerza y con la misma regresa a golpear en la nuca. Los que escupen al cielo, tendrán su recompensa. La ley de la gravedad no hace excepciones. Es una pena que el sueño americano se convierta en una tragedia. El reflejo de una nación está en sus hechos. Pobres, están rompiendo espejos a mazazos y ni cuenta se dan de los años de mala suerte que se están echando encima.

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