Los efectos en Jerusalén

Cuando un paquidermo se mueve, el entorno no sólo percibe su movimiento, también retiembla la tierra. El cambio de la embajada de Estados Unidos en Israel de Tel Aviv a Jerusalén es una decisión que tiene daños colaterales mas allá de la soberanía de dos naciones. Sí, Estados Unidos puede decidir con entera libertad dónde poner sus sedes diplomáticas, pero la diplomacia tiene tiempos, formas, protocolos que buscan el entendimiento. Por lo tanto, la diplomacia busca promover el dialogo, no cerrar puertas y abrir barreras.

Pero la frivolidad, la insensibilidad y la ignorancia son ingredientes peligrosos así solitos, ni duda cabe de lo letales que son cuando se mezclan. Ver a la hija de Donald Trump abriendo las puertas de la embajada estadounidense en Jerusalén me puso la piel de gallina, me revolvió el estómago y me indignó verla tan sonriente como si estuviera asistiendo a la inauguración de una tienda departamental de lujo y no se enterara de la ofensa que buena parte del mundo estaba recibiendo con ese acto. Ofender y sonreír es humillar. Todo tiene consecuencias.

Por lo pronto, van mas de medio centenar de muertos en la marcha mas sangrienta en Gaza desde el inicio de las manifestaciones contra el traslado de la embajada de los Estados Unidos. La ceremonia festiva de inauguración de la sede diplomática, la sonrisa y el peinado perfectos de Ivanka Trump daban miedo. No es para menos. Ese vestido sin arrugas, esas manos tan bien manicuradas, ese pelo perfecto ya se mancharon con la sangre de los protestantes heridos y muertos por una decisión controvertida y la falta de prudencia y discreción de los norteamericanos.

Los efectos de la frivolidad, la insensibilidad y la ignorancia ya se sienten en Jerusalén.

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Carne y arena va a Washington

Muchos no están de acuerdo con el hecho de que el arte tome una postura política. Sin embargo, cuando tenemos frente a nosotros una pieza artística que nos conmueve y que tiene una bandera ideológica, la combinación resulta virtuosa en dos sentidos: cumple con el objetivo artístico y transmite un pensamiento que nos hace reflexionar.

González Iñarritu es una mente creativa e inteligente. Sabe hacer germinar arte y reflexión, tiene una mirada que nos pone en la mira aquello que no hemos visto por desconocimiento, desprecio, obviedad, o porque sencillamente no quisimos. Carne y arena es una producción que nos mete a la experiencia de un migrante en forma virtual. Desde la seguridad de estar viviendo una situación de mentiritas nos ponemos en los zapatos de un inmigrante y vemos lo que se siente.

Ganó un Oscar honorarios por Carne y arena, la montó en La Ciudad de México, en Cannes y ahora lo hará en Washington. La noticia llega justo cuando el presidente Trump está mandando guardias armados a la frontera. ¿Querría ir este señor a vivir esta experiencia? Dice González Iñarritu que al vivirla busca generar empatía para estos seres humanos. Busca que al entrar en esos zapatos caminantes se les entienda y, tal vez, se les pueda amar.

En fin, ¿no es eso el arte? El arte busca una expresión estética en la que se transmitan emociones, ideas y se refleje una realidad del mundo, ¿no es así? Pues, Carne y arena está en la ciudad de Washington, a unos pasos de la Casa Blanca. ¿Alguien se atreverá a llevar a Donald Trump?

Maestros armados

Ya no sé si me da risa o me da pánico oír las ocurrencias del presidente de Estados Unidos. Donald Trump propone armar a los maestros y entrenarlos para que en caso de que a algún estudiante se le ocurra sacar una metralleta en el salón de clase, la maestra saque una pistola o un rifle y ponga orden. Claramente, el señor no tiene idea de lo que es ser un profesor. Por suerte, yo no soy maestra en ninguna universidad estadounidense, sino, ya me veo cargando computadora, bolsa y rifle por los pasillos hasta llegar al salón de clases.

Si, de por sí toda la vida ando con dolor de espalda por todo lo que cargo desde el estacionamiento hasta el aula, un rifle sería como ponerle una raya más al tigre. Tendría que sumarle a la computadora, exámenes, libros y cuadernos, el peso de un arma poderosa porque una pistolita daría risa. O, tendría que decidir entre llegar al salón con libros o con una Ak-47. Me imagino que mis alumnos se sentirían felices de ver a sus profesores caminar por los pasillos con sus armas colgadas al hombro. Tal vez, pondrían mas atención a una mujer que además de enseñarlos a pensar, los persuada con un rifle como mejor argumento.

Seguro que ningún loco entraría a mi salón, presa del miedo de verme armada. Se mosquearía y no se atrevería a disparar a sus compañeros porque ahí estaría yo con mi rifle para defenderlos. Entonces, según imagino, el maestro que se vea en semejante situación deberá apuntar y disparar al alumno para evitar mas muerte. Entonces, un profesor deberá anotar en su descripción de puestos que una de las habilidades para pararse frente a un grupo es la puntería y otra será la sangre fría. Habrá que disparar y matar, ¿cuántos maestros de kínder hasta doctorado querrán hacer eso?

Por suerte, no soy maestra en Estados Unidos. Pero, me imagino a Michael Porter entrando a Harvard con semejante ametralladora y a Mika Ronkainen en Georgetown con un rifle de alto poder o a Miss Christie en el Jardín de Niños, o al Profe Paul en la primaria… ¿irán a poner percheros para colgar las pistolas o las tendrán que dejar el arma sobre el escritorio? Tal vez las de los profesores de diseño serán de colores y las de la facultad de medicina vendrán con un dispositivo que tenga gel antibacterial.

Yo que creía que enseñar era compartir, ahora me entero que para el presidente de los Estados Unidos es mejor volver a los tiempos en los que la letra entraba con sangre. ¿Cuántos maestros se querrán ensuciar las manos? Me aterra pensar en la respuesta, mejor que nos gane la risa.

La marcha por nuestras vidas

Una matanza tras otra y luego, el olvido. Un individuo saca una pistola y mata porque puede, porque tiene un arma a la mano. La fórmula macabra marca la consecuencia, si no se hace nada, si no se pone un alto, la tragedia vuelve a suceder. Vemos con estupefacción que este tipo de sucesos se repiten con mayor frecuencia y el dolor desaparece del recuerdo, se diluye en la mente colectiva hasta que viene el siguiente. Por supuesto, para prevenir, habría que hacer algo distinto. Si se sigue haciendo lo mismo, ¿cómo se pretenden resultados diferentes? Es curioso, en los Estados Unidos es más fácil conseguir un arma que un medicamento.

Pero, los estudiantes de Parkland en Florida quieren hacer la diferencia. La marcha por nuestras vidas busca generar el cambio que se necesita para prevenir una nueva matanza. Es tiempo de sostener la cara, de manifestar el desacuerdo, de decirle a los políticos que es indignante que estén tomando dinero de la asociación del rifle, que apoyen esas posturas, que vean como se vulnera la seguridad del ciudadano y que apuesten por el olvido.

Irán a Washington con l a intención de poner al gobierno contra la pared. Exigirán que no haya ni uno sólo más que muera en esta forma tan absurda. Se trata de detener el derramamiento de sangre, se trata de ponerle un punto final a esta política sangrienta. No bastaron las imágenes de horror ni los familiares llorosos ni los funerales ni la angustia. Todos esos sentimientos fueron desestimados. Las fotos con el presidente y la primera dama en el hospital no sirven de nada, como tampoco sirvieron las lágrimas sentidísimas de un presidente.

Sirve la acción, sirve cambiar las reglas, sirve tocar las puertas al congreso estadounidense para exigir que las armas sean reguladas. Veo las fotografías de cazadores que guardan un arsenal de rifles y armas de fuego que le causarían envidia a algún ejercito pobre. ¿En serio se necesita tanto? Me parece que el riesgo de esa pseudolibertad es muy alto. Pero, los que miramos a la distancia aplaudimos esta iniciativa de los jóvenes que buscan despertar la consciencia de una nación aletargada por el ego consumista y por el amor ridículo a las armas.

¿Quieres más a sus rifles que a sus hijos? La pregunta está en el aire. La respuesta la hemos conocido por los hechos. Las armas de alto poder son un boleto a la destrucción, no a la defensa personal. Si no me creen, vean y juzguen.

Un personaje de armas tomar (Tres anuncios en las afueras)

Hacía mucho tiempo que no salía del cine después de haber visto una película tan compleja. Me reí, me enojé, me indigné, me enternecí, admiré y detesté a los personajes presentados que son tan redondos, tan humanos que me hicieron comprender lo complicada que es la realidad. Tres anuncios en las afueras es una película dura que te mete a la trama, te atrapa, te enreda, te da de vueltas y no te suelta hasta el final. Es de esas presentaciones que te tienen al filo de la silla y que cuando salen los créditos te dejan con la boca abierta.

La trama nos narra la lucha de una madre que, harta del sistema policial, de la inacción y de que no se encuentre al culpable de la violación y posterior asesinato de su muerte de su hija, siente que debe hacer algo y manda colocar tres carteles con mensajes muy directos a la entrada del pueblo. Son mensajes contra el jefe de policía local que dicen “Violada mientras moría” / ¿Por qué no hay detenciones? / ¿Cómo es posible, comisario Willoughby?”

La madre, interpretada por una magnífica Frances McDormand está más sola que la nadie en esta cruzada por buscar justicia, puesto que el padre de la niña está más preocupado sanar las heridas que le dejó la muerte de su hija y por continuar su vida con una muchachita de diecinueve años que por acompañar a su exmujer en buscar justicia. El hijo es un adolescente que está tratando de manejar su propia pena y de contrarrestar los efectos sociales de tener una mamá de armas tomar, ruda ,que no se deja de nadie y que no está dispuesta a agachar la cabeza.

El escenario es un pequeño pueblo provinciano en el sur de Estados Unidos en el que el machismo, el racismo y los prejuicios llevan la voz cantante. Esta película es una crítica a la realidad estadounidense. Lo resumió perfectamente Woody Harrelson, quien interpreta al jefe de la policía: “Uno de los peligros de la actual polarización de la sociedad estadounidense, que quedó partida entre quienes buscan la igualdad y quienes se aferran a dividir. Es una crítica severa a la percepción profunda todo el mundo del puritano racista e idiota.

La película muestra con dureza los motivos y preocupaciones de la gente que se aferra a sus prejuicios y que los ve como una forma natural de vivir , gente que siente que ha sido olvidada por los políticos. Gente que piensa en forma censurable pero que también puede mostrar que tiene buen corazón.

La interpretación de Frances McDormand es prácticamente impecable, una mujer cuya capacidad interpretativa está por encima de cualquier duda. Con ella, vuelve la eterna cuestión de los papeles protagónicos y de calidad para las mujeres mayores.

Martin McDonagh ha asegurado que escribió el guión pensando en ella, pero McDormand asegura que, cuando lo leyó, “pensé que era demasiado vieja para el personaje. Ahora tengo 60 años, y tenía 58 cuando me llegó la oferta.

No es fácil encontrar una buena película que respete el fino equilibrio entre calidad, ritmo, buen contenido y risas,con fondo amargo y sin él. De esto puede presumir ‘Tres anuncios en las afueras’, con un guión intenso, de comentarios afilados y sin tonterías. Es mordaz y es irónica, y tiene la capacidad de provocarte la risa y la sonrisa mientras estás viendo lo que es en realidad una historia con tintes trágicos.

Toca la fibra del corazón de las madres. Cualquiera que haya tenido un hijo va a sentirse removido por una historia en la que el eje es la violación y posterior asesinato de una menor y la injusticia cometida por una policía incapaz de moverse para resolver el caso. Pero, se acerca a la madre de adolescentes que se siente sola frente a las exigencias de hijos que desbordan a sus padres, que los desesperan y que batallan en una época de la vida en que es fácil equivocarse, sentirse desesperado y sin apoyo real. La película no es sensiblera en ningún momento, todo lo contrario.

La fuerza del personaje protagónico nos lleva, por momentos, a sentir una gran ternura y nos confronta con situaciones en las que verdaderamente no sabemos que pensar pues sus acciones son realmente controvertidas. El elenco es genial y las actuaciones de todos es soberbia. Una película que vale la pena ver, sin duda.

Las balas de Nikolas Cruz

Desde que este blog tiene vida, ha habido nueve masacres por tiroteos en los Estados Unidos. En este milenio son doce. Doce eventos en los que un aparente lobo solitario saca un arma y se dedica a tirar balazos por el gusto de hacerlo y mata a inocentes porque puede y no hay quien se lo impida. No son ataques terroristas ni se reivindica ningún ideal religioso o político. Se mata y ya está. Luego, vienen los abogados y buscan cualquier excusa, desde desequilibrio mental, angustia extrema, incapacidad civil para que al final, olvidemos nombres y apellidos y nos enteremos, al tiempo, que volvió a suceder.

Desde abril de 2007 a la fecha los eventos de Virginia Tech, Birmingham, Fort Hood, Aurora, Sandy Hook, Base Naval de Washington, Roseburg, San Bernardino, Orlando, Las Vegas, Sutherland Springs y Parkland, casi cuatrocientas personas perdieron la vida sin sospechar que la muerte les andaba rondando. Se despidieron por la mañana y no pudieron volver por la tarde.

Cada historia es diferente, Nikolas Cruz acababa de perder a su madre. Estaba tristísimo porque Lunda Cruz su madre adoptiva falleció el pasado noviembre. Entonces, para curarse la depresión, fue a comprar un fusil de asalto AR-15 que. O exige ni permiso ni licencia y se fue a la escuela donde había sido expulsado por indisciplina y asesinó a diecisiete personas. El chico tiene diecinueve años.

Imagino que para Cruz fue más fácil comprar armas que antidepresivos, pues en Estados Unidos es más sencillo comprar una pistola que una caja de antibióticos ya no hablemos de conseguir ansiolíticos. Ayer, el joven asesino compareció ante un juez y se declaró profundamente arrepentido. Por lo menos dice estar consciente de lo que hizo. Y, de repente el,sueño americano se viene abajo, se mancha de sangre y un lugar maravilloso como Florida o Sandy Hook, un lugar divertido como Las Vegas, un cine en Aurora, un espacio de alta seguridad como una Base naval, una ciudad o un pueblo se convierten en el escenario de una masacre porque es muy fácil que alguien coja una pistola.

Las balas de Nikolas Cruz debieran servir para reflexionar. Nos enfrentamos al desguace de la imagen del americano pacífico que vive la vida sonriendo, comiendo hamburguesas y vestido de shorts. La tristeza es que los estereotipos se desgastan y nos ponemos frente a una nación que quiere defender su sentir bélico. Es irracional que se pueda comprar un arma en el súper, es terrible que haya balas al alcance de muchachos de diecinueve años y que se las vendan como quien compra una coca-cola porque una cerveza es más difícil de comprar si no te identificas.

Y, después de tantas lágrimas, se insiste en la estupidez extrema. Se cree que con inteligencia y procesos de espionaje se abatirá el problema. ¿Y si hubiera menos armas? Si eso sucediera, en Estados Unidos bajaría la venta de armamento y eso es económicamente pésimo para gente que prefiere ver como aumentan sus ingresos mientras aumentan sus muertos.

El premio Alfaguara para Jorge Volpi (el riesgo que se corre al escribir sobre la inmundicia)

Me entero de que Jorge Volpi ganó el premio Alfaguara con Una novela criminal, que narra la trama del caso Cassez-Vallarta, una inmundicia que nos duele como mexicanos, que expone la frivolidad de un régimen, el poder de una cara, el oportunismo, la poca importancia que se da al servicio a la justicia y, sobre todo, lo nada relevantes que resultan las víctimas en un tema tan doloroso.

Leo las alabanzas sobre el laureado y su nueva obra. Muchos se inclinan ante el premiado y vitorean la obra. Eso, de entrada me hace sospechar. La mayoría de los que lo alaban ni siquiera han leído el libro. Dicen que la obra es un intento de poner al lector frente a los hechos sin que medie un filtro que nuble la objetividad. Según leo, la intención de Volpi es que el lector llegue a sus propias conclusiones y emita su juicio. Ya se sabe que lo que un escritor diga de su propia obra es totalmente irrelevante. Su creación es un ser independiente al creador. Pero eso de decir que la obra es una puesta en escena transparente me hace arrugar la cara. En fin, me resulta difícil creerlo.El primer filtro que hay es el propio Volpi. Más allá de su genuina intención, está la forma en la que el vio el caso, la selección de la evidencia, la elección de las palabras, la forma en la que presenta los sucesos. Todo tiene el sello del autor, no hay remedio. Así sucede cuando uno escribe. Por más que el escritor tome distancia, ahí está su pluma.

En segundo lugar, está el título de la obra. El propio autor confiesa que es una novela. No es una crónica ni un reportaje. Por lo tanto, hay ficción. Ni siquiera tratando de imitar a Truman Capote, nos quitamos el filtro. Las novelas reportaje, las novelas testimonio han sido criticadas precisamente porque el híbrido se sostiene con la estabilidad de un bebé aprendiendo a caminar. El género de esta entrega es periodístico-literario que nace en los años 60, se define como una corriente rompedora en el periodismo e innovadora en literatura que persigue llevar a cabo una investigación periodística exhaustiva basada en hechos reales y explicar la historia con un tono literario. Pretende construir un texto escena por escena, incluir gran cantidad de diálogos, definir con detalle a los personajes, adoptar siempre un punto de vista para explicar la historia. Y, por eso la falla, esas selecciones ya marcan un tamiz por el que tiene que pasar el lector.

El riesgo de esta novela es el mismo que sufrió A sangre fría de Truman Capote. Muchos de los que no creen en esta corriente han clasificado a Capote como un oportunista y se cuestiona el arribismo del autor, incluso cuando tuvo un gran cuidado al abordar la situación de las víctimas. El riesgo que corrió Capote es el mismo que corre Volpi. Ambos decidieron perpetuar en la memoria un hecho inmundo, terrible y si uno terminó manchado, el otro puede acabar igual.

Si los ponemos a competir, el caso abordado por Volpi es aún mas inmundo que el de Capote. ¿Por qué lo digo? Porque en el caso de A sangre fría la justicia prevaleció, en esta cloaca vergonzosa, claramente no. En el caso de Truman Capote, las víctimas estaban muertas, aquí no. Al igual que el escritor estadounidense, el mexicano crea escándalo con su texto. El riesgo que se corre al escribir de inmundicias es creer que se puede volar sobre el fango sin ensuciarse. No importa que tan impecable sea la prosa o que tan objetivo sea el punto de vista, escribir sobre ese caso, por fuerza, ensucia las manos. Mostrar las manos sucias a las víctimas, después de haber revuelto tanta suciedad es algo que no imagino que pueda salir bien. Ni hablar, cada quien escribe y premia lo que le parece bueno. Aunque ello no lo entrañe.

Por mi parte, no podré criticar este libro. No pienso leerlo, no quiero. Quienes han sufrido un crimen de seguridad entenderán mis razones.

El show que montó Donald Trump

Cuando una persona viene del mundo del entretenimiento, monta espectáculos cuyo objetivo es captar audiencias. Trump lo hizo y lo logró. ¿Por que no repetir la estrategia que siempre le cosecha buenos resultados? Este ha sido uno de los informes, State of the union, más vistos en los últimos años. No sólo los estadounidenses estaban al pendiente de lo que diría su presidente, en el mundo entero hubo gente pegada al televisor esperando lo que el señor diría y en México muchos catastrofistas estaban seguros de que escucharíamos una noticia fatal.

Pero, el mundo del espectáculo no funciona así. La intención de quien monta una producción es generar un golpe mediático que capte al público objetivo y lo divierta para que siga enganchado y no se vaya a otro lado. Por eso, Trump sigue con el objetivo claro y el foco puesto en sus votantes a quienes les dice lo que quieren oír. También, para esta ocasión, adoptó una estrategia que funciona bien en la industria: trató de conmover.

Sus adeptos le habrán creído, los republicanos le aplaudieron como morsas:con el agua hasta el cuello y vitoreando. Pero, eso de tratar de sacarle las lágrimas al respetable a costillas ajenas, como que no todo el mundo se la traga. Es más, estoy segura de que un buen número de espectadores se sintieron ofendidos la escuchar las palabras del señor Trump. Otros, habrán echado los ojos para atrás y habrán movido la cabeza.

El discurso de informe lo habrá dejado exhausto. Andy Borowitz dice que seguro que el presidente terminó cansadísimo de pretender ser quien no es, de fingir empatía por quien siente desprecio. Yo, creo todo lo contrario. El señor está tan acostumbrado que ya ni le salen los colores, disfrazarse y hacerse pasar por algo diferente le es cotidiano. En fin, así es la fiesta del espectáculo y el show continuará. Continuará hasta que la verdad lo alcance. Entonces…, entonces sí.

Pero, hoy por hoy, ni noticias fabulosas, ni confirmación de las tragedias que vaticinó el oráculo. Palabras, aire, actuación y mucho show. ¿Dónde está la sorpresa? ¿Dónde quedó la bolita?

Lágrimas por Jerusalem

“Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita.” Lc 19:41-44.

Para los creyentes de muchas religiones, Jerusalem es el centro del universo. La llamamos Tierra Santa. Los pasos de Dios y su mirada han quedado plasmadas en las calles y murallas de esta ciudad sagrada. Pero, la tierra prometida, la roca del profeta Mahoma, el sitio de la Resurrección de Jesús es un espacio que no encuentra calma desde hace años.

Caminar por las calles de Jerusalem es algo único. El misterio de lo divino, la diversidad de los cultos, el recelo de la fe se mezclan en un conglomerado tan diferente como entrañable. Es peligroso, es fuerte, es conmovedor. Amo Jerusalem con ese amor entrañable y apasionado que nada me detuvo para recorrer la Ciudad Santa antes del amanecer y llegar a centro de mi fe. Por eso, la piel se me enchina al ver la necedad de quienes sin deberla ni temerla meten ruido político que no suma paz.

Jesús lloró al ver Jerusalem desde el Monte de los Olivos. Sabía lo que esta ciudad iba a padecer.

No entendemos. La paz es el vehículo de la verdadera felicidad. Los muros, las separaciones, los detectores de metales, no sirven. Al revés, generan resentimiento. El muro que divide a Palestina de Israel es más alto que el que inicia en Belén y termina en Sisjordania. El respeto a las diferencias no se manifiesta con imposiciones. La tranquilidad huye presurosa frente a los gritos y a los golpes de poder.

La embajada de cualquier país en Jerusalem es una manifestación de falta de sensibilidad. La de Estados Unidos es un signo de imperialismo. Qué lejos lucen los acuerdos de Camp David, qué distantes están Arafat y Rabin, qué pequeños lucen Netanyahu y Trump, qué pena más grande siento por una ciudad que sin pedirlo, se ha convertido en un bastión político sin que le sea respetada su santidad.

Lo que quedará de los Estados Unidos

La presidencia de Donald Trump parece un chivo en cristalería. Los movimientos de este sujeto parecen torpes y violentos pero se mueven en una línea estratégica que lo lleva a conseguir sus metas. Sus convicciones son tan firmes como la roca de Gibraltar y su perseverancia es inquebrantable. No le gusta el libre comercio, no entiende de economía, no le caen bien los migrantes, le interesan poco los derechos humanos, no sabe de diplomacia, considera que el cambio climático es una tontería.Así ejerce su mandato, entre gritos y sombrerazos, va derecho y no se quita. Se ve a sí mismo y tiene tantos puntos ciegos que se parece al personaje principal del cuento El traje nuevo del emperador.

Así ganó la presidencia, así abandonó el TPP, el Acuerdo de París, el Tratado de Refugiados. Así va como una aplanadora arrasando con todo lo que tiene a su alcance. Y, así fue como le prometió a sus conciudadanos hacer de su nación algo grande otra vez. Lo está logrando: está haciendo un gran desastre. La imagen del estadounidense ignorante, bobalicón, pedante y súper racista ha agitado el desprecio mundial vuelve por los fueron de este sujeto. Pasaron muchos años para que se borrara esa caricatura mal planteada del gringo que come sin modales, que viste de shorts y usa camisas floreadas, que no quiere usar zapatos y jamás se pone una corbata.

Y, luego vino la imagen desdibujada de los Chicago boys, de los bostonianos civilizantes, de los yuppies que se comían el mundo a puños pero que no hacían ruido con la boca, conocían de vino y buen vivir. Creímos que todos eran Paul Auster, Michael Porter, Michelle Obama o Reese Witherspoon. Nos olvidamos de los gambusinos, del kukuxklan, de las sectas como la de Waco Texas, de las señoras que guardan cadáveres en el congelador y de los sujetos como Harvey Weinstein.

Y, Trump les habló a ellos. Lo escucharon. Lo llevaron a la presidencia. Lo apoyan. Su presidente es fiel a ellos. Es consistente. Con la consciencia, o inconsciencia, de hacer y luego reparar, va tirando acuerdos y deshaciendo lo que tardaron años en levantar.

En esa consistencia, Trump toma lo que le conviene a sus intereses, usa a quien le ayuda y cuando deja de serle útil lo abandona. La lista de colaboradores que se han quedado colgados en el aire y caen al precipicio es larga y no hay novedades. Desde Spicer hasta Flynn sobran ejemplos de las traiciones de la administración trumpista. Muchos auguran que ya empezó la recta final de este mandato. Se le desmorona el entramado, el problema no es ese, es responder a una pregunta elemental. ¿Qué quedará de Estados Unidos después de Trump?

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