Matando niños

 Según los datos que revela el último estudio sobre violencia de la Unicef, la cifra de asesinatos se ha incrementado. América Latina es la región en el mundo en la que mueren más personas asesinadas. Ni la región de Africa Subsahariana ni algún país de Asia, tienen cifras tan altas de homicidios. Lo que resulta alarmante es que el sector de la población que es más victimizado son los niños.

En América Latina las cifras quitan el aliento. Un niño muere asesinado cada cinco minutos. El porcentaje representa aproximadamente a 1,000 millones de niños que padecen maltrato y caen a manos de un asesino. La mayor de parte de los asesinatos han sido cometidos por sus cuidadores. La muerte llega después de haber padecido una combinación de castigos físicos y psicológicos. El homicida confiesa que se le pasó la mano, que no era su intención, que no estaba en sus planes. Generalmente, el crimen es el resultado de un castigo porque el niño se hizo pipí en la cama, porque ensució la ropa, porque rompió algo o por alguna razón similar.

Más de noventa y cinco mil pequeños fueron asesinados en 2015 en algún país latinoamericano. Esta cifra convirtió al asesinato en la principal causa prevenible de lesiones, heridas y muertes de menores. Estos valores, que parecen abstractos, lejanos y fríos dan cuenta de la terrible realidad. Un niño puede estar perdiendo la vida de manos de un ser querido en este momento.

Actualmente en muchos países el castigo físico es normal. No sólo en América Latina, otros paises tambien cuentan estas historias. En Australia, 1 de cada 10 familias aboga por castigar a sus hijos con bastones, palos o cinturones; o Reino Unido, donde 17.000 niños deben recibir atención especial tras haber sufrido abusos y maltratos. El mapa de la violencia hace víctimas a los mas vulnerables.

México, Brasil y El Salvador ocupan los primeros lugares de asesinato infantil. Mientras en Irak murieron 1777 niños asesinados, la cifra en Venezuela es de 8,563. Por años, México se había alejado de las estadisticas de asesinatos infantiles. Los sexenios de Ernesto Zedillo y de Vicente Fox vieron disminuir estas cifras. Los de Felipe Calderón y de Enrique Peña han dado un aumento que nos deja en los primeros lugares.

El dato deja la piel de gallina. Los niños deben estar jugando en las calles, corriendo muertos de risa, estudiando y  siendo felices. Los adultos debemos estar ahí para protegerlos, cuidarlos y procurarlos, no para ignorarlos, maltratarlos o matarlos. Pero, en América Latina, según la Unicef, se están matando niños. Debemos hacer consciencia y parar la tendencia ya. 

  

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La voz de los niños

Sin duda, en cualquier tipo de crisis, los que llevan la peor parte son los ñiños. Los menores son los que se encuentran en una situación de mayor susceptibilidad y la principal razón de ello es la debilidad de su voz. Es fácil callar a un niño, basta una mirada dura, un bofetón, una amenaza y se hace el silencio.
Los niños son siempre los más vulnerables en las crisis humanitarias. Los más pequeños son los que están en un mayor en peligro de sufrir enfermedades, desnutrición, explotación y abusos. Muchos tienen que interrumpir su educación y padecen graves trastornos psicológicos. Unicef lanza la campaña Voces de los niños en emergencia para que el mundo escuche sus problemas.
Celebridades como Pau Gasol e Imanol Arias serán parte de esta campaña que, según la agencia de la ONU, “ofrece a muchos de estos menores la posibilidad de contar sus propias historias”. El jugador de la NBA protagoniza el spot, al que también han puesto su rostro y voz otros embajadores de UNICEF como el actor Ewan McGregor (Reino Unido), el futbolista Robert Lewandowski (Polonia), el jugador de baloncesto Bostjan Nachbar (Eslovenia), la actriz Evanna Lynch (Irlanda), el periodista Pavlos Tsimas (Grecia), y la actriz Gaia Amaral (Italia).
El tema aterriza en un momento sensible, el tema de abuso, violencia y marginación a niños y jóvenes tiene índices de crecimiento aterradores. Sucede en Nigeria, en Turquía, en Estados Unidos y en el patio de juegos de escuelas y casas cercanas a nosotros.
Darle voz a los niños es un buen comienzo, ahora necesitamos escuchar. Es preciso poner atención y tratar con delicadeza estos temas. La fragilidad de un menor es una característica que debemos tener en cuenta y el la primera cualidad de se necesita atender.
Padres, escuelas, maestros debemos hacer un frente común y poner manos a la obra. Si queremos un mundo mejor, pacífico y armonioso, debemos propiciar que la niñez sea una etapa gozosa, feliz y no un bastión de guerra en que los juegos se confunden con actos criminales. Es nuestra responsabilidad vigilarlos.

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