Turismofobia

Es curioso, pero para descansar en verdad y retomar bríos no es suficiente dormir horas y horas. No hay nada más efectivo que cambiar de aires, salir de la rutina y ver escenarios nuevos. Viajar constituye una de las formas de renovación más efectivas que hay. El turismo es una fuente de riquezas que echa a andar la economía. Se le conoce como la industria sin chimeneas. En esa condición, los turistas debieran ser vistos como una bendición y no siempre es así.
El fenómeno es peculiar, la gente viaja cada vez más, salir de casa se ha hecho más fácil, más accesible. El espíritu aventurero se despierta con mayor fuerza si el agobio aprieta. Por eso, muchos hemos sido turistas alguna vez en la vida. Claro que las formas de viajar han cambiado. El estilo se ha modificado. Antes una persona que vacacionaba seguía ciertas reglas de etiqueta. Hoy, otras. Y, esas nuevas formas no son del agrado de algunas ciudades anfitrionas. Este desagrado ha ido creciendo hasta ganarse una denominación: turismofobia.

Madrid y Barcelona son dos ejemplos de ciudades que padecen esta sintomatología. Han visto crecer el número de visitantes, pero no todos les resultan gratos. Parece un rasgo de petulancia —tal vez lo sea—, incluso le podemos llamar intolerancia, pero los modos de viajar y los modelos de negocio para recibir turistas han causado molestias entre los habitantes.
La ocupación hotelera ha crecido a más de cuarenta y siete millones de huéspedes que se reciben en hoteles de España, pero más de ocho millones de viajeros se han hospedado en casas y departamentos. Por supuesto, cuando se revuelve la cotidianidad del que se tiene que levantar a trabajar al día siguiente con la fiesta del turista, la mezcla saca chispas.
Peor, la situación se agrava cuando el dueño de una propiedad se la renta a alguien, pensando que será usada como casa habitación y se entera de que su inmueble se usa como hotel. El desgaste por la sobreutilización y los problemas con los vecinos se los queda el dueño, mientras el arrendatario y sus inquilinos efímeros desaparecen.
Todas las ciudades quieren recibir visitas de personas educadas que se saben comportar, pero en todos lados se cuecen habas. Florencia ve multitudes en sus calles, filas eternas para conocer sus emblemas y goza de las mieles de los ingresos que tanto turismo trae. Ese pacto es correcto. Todos dan y todos reciben. Lo que a ningún destino le gusta es recibie a gente que exige mucho y paga poco. 
El disgusto que causa ver las calles infectadas de gente con cámara fotográfica y pantalones cortos, aunque entendible, resulta egoísta. Claro que a nadie le gusta enfrentarse a situaciones de ruido y abuso del espacio. Por supuesto que a todos nos fascina escuchar el sonido de la máquina registradora. La turismofobia no es un tema menor y el libre mercado aquí no funciona, debe entrar el Estado regulador a equilibrar lo que se desbalanceó. Esto es en beneficio de propios y ajenos. 

No es agradable toparse con un mensaje de odio, cuando vas a dejar tu dinero en una comunidad. El turismo es una actividad benéfica si sabemos administrarla bien.

Somos baratos

¡Ay, Dios! ¿Cuándo entenderemos que el silencio nos ofrece un refugio espléndido cuando no tenemos algo bueno que decir? La cotización del tipo de cambio rebasó la banda de los diecisiete pesos por dólar y el Banco de México tuvo que agarrar a billetazos al mercado para que las aguas regresaran a sus cauces. En eso se nos están yendo las reservas que tanto trabajo costó forjar.

No, no todo es culpa del Señor Presidente. Él ni tiene la culpa del desplome del precio del petróleo, ni fue su responsabilidad la devaluación del yuan, ni los dispendios de algunos países de ultramar, ni el populismo de Tsipras, ni la migración, ni el fenómeno del Niño. No, nada de eso estuvo dentro de su albedrío. 

Pero hay muchas cosas que sí están en su ámbito de gestión y yo lo veo muy institucional, esperando, tal vez, al primero de septiembre para festejar el día del presidente cortando cabezas. Porque, ni modo que El Chapo se haya salido solo, o la Sección 22 actúe por su cuenta, o los actos de corrupción se cometan por generación espontánea. 

La gente de a pie ya no ve lo duro, sino lo tupido. Nos cuentan que la tasa de desempleo va a la baja y yo sigo viendo a muchos desempleados, que va a haber apoyo a los emprendedores y sigo viendo una cantidad de trámites que lo único que fomentan son la corrupción en vez de alentar la producción, que la educación va a ser prioridad y veo a los encargados de despacho como aletrgados.

Los mexicanos esperamos que el Jefe del Ejecutivo salga a informarnos cómo le va a hacer para recomponer este escenario sombrío. Ni modos, él no hizo este tiradero pero le toca recoger los platos rotos. ¿Ya se le olvidó que para eso fue votado?

La gente está enojada. El presidente tiene niveles de aceptación bajísimos y su esposa le cae mal a todo el mundo. El gabinete no opera y encima de todo, Enrique Peña Nieto sale a decir que la devaluación del peso no es tan mala. Ahora se promoverá el turismo y la exportación. O sea que al señor presidente le gustó decir que somos baratos.

En serio, a veces el silencio es un gran tesoro. Si estas son las declaraciones con las que un líder quiere consolar a su pueblo, cuando debería de estar consolidándolo —eso fue lo que prometió— seria mejor que no dijera nada. En verdad, como decía mi abuelita, calladito se vería más bonito.

  

Otra buena noticia para México

Parece que como quien sale con una red a atrapar mariposas, así México salió esta semana a encadenar una serie de buenas noticias y es sorprendente como, entre tanta basura mediática y contenido de porquería se pasan por alto temas que son motivo de felicidad. Me refiero al hecho de que México volvió al escenario de las grandes ligas en términos de turismo.

¿Qué quiere decir eso, especificamente? Quiere decir, según la Organización Mundial de Turismo, que México regresó a la tabla de los diez destinos más visitados en el mundo. Fueron poco más de veintinueve millones de turistas los que llegaron a disfrutar de la oferta de playas, cultura, ciudades coloniales, salud, compras en tierras mexicanas. 

México es el segundo país más visitado de América, solamente lo supera Estados Unidos. Es decir, estamos por encima de Canadá y de cualquier otro destino latinoaméricano. Recibimos a más gente que la mayoría de los países asiáticos, sólo China, Turquía y Rusia están  en una mejor posición y los dos últimos atraen en lamparte más europeizada.  No está nada mal, dadas las circunstancias. 

Sí, la oferta que México plantea al mundo es muy atractiva. La relación precio-calidad es sumamente seductora. Con poco dinero, un visitante puede disfrutar de infraestructura hotelera y en restaurantes muy superior a lo que por el doble de precio se disfruta en otro lados. Además, la hospitalidad mexicana es un activo que se empieza a valorar por los trotamundos. Esa amabilidad que expresa con sinceridad: mi casa es tu casa, ha dado frutos  en la preferencia de los viajeros. 

Curiosamente, el interés turístico no abarca unicamente las maravillosas playas, famosas a nivel mundial por su belleza natural, por el clima y la temperatura del mar, ni se centra en la magnífica arquitectura colonial de ciudades tan apreciadas como San Miguel de Allende, Zacatecas, Oaxaca o San Cristobal  de las Casas. No. También se aprecian las ventajas de las compras que entre los descuentos, el tipo de cambio y la comodidad de las plazas comerciales, dan a México un lugar relevante entre los que conocen y saben de compras.

Sin embargo, también se reconoce la capacidad profesional de los mexicanos en el terreno de la salud. Venir a encontrar el remedio a padecimientos en México ha resultado muy conveniente. Los servicios médicos son de altísima calidad y los precios con respecto a lo que se cobra en otras partes del mundo son competitivos. Estudios de laboratorio, radiológicos, de imagenología, horas de quirófano, consultas, cirugías, servicios dentales, tienen una popularidad creciente dentro del turista que quiere curar un padecimiento que en casa sale malo y caro.

Otro factor es el intercambio universitario. Muchos extranjeros vienen de intercambio a complementar sus estudios a la Ciudad de México, a Guadalajara y a Monterrey. Hay respeto por la academia y reconocimiento del catedrático mexicano. Se respeta y se busca la oferta de educacion superior. 

También el turismo religioso es un factor que ayuda a México a regresar a la tabla de popularidad. Los mexicanos sabemos tratar al peregrino. No los sometemos a procesos engorrosos, no les cobramos cuotas para entrar a los santuarios, ni les hacemos padecer la angustia de ver que un espacio de oración se convirtió en un museo o un adoratorio de selfies. Al peregrino se le quiere, se le acoge y se le respeta. En el Tepeyac, en el valle de San Juan de los Lagos, en Chalma o en cualquier lugar en el que exista una imagen de veneracion, la gente es bienvenida con expresiones de color y fe.

Lo curioso es que entre tanta basura mediática, estas buenas noticias se pasen por alto. Hay que resaltarlas y celebrar otra buena noticia para México.  

El error de Canadá

Todos sabemos que al proteger algunas cosas desprotegemos otras. El problema es que al hacerlo, a veces nos sale el tiro por la culata, resulta que lo que se trató de cobijar era menos relevante que lo que quedó descobijado. Parece que así les sucedió a los canadienses con las visas que impusieron a los turistas y a gente de negocios que quieren entrar a la nación de la Hoja de Maple.
Según cifras reportadas por el Periódico Reforma, el turismo proveniente de México ha disminuido en un 45%, lo cual no es poco, y además tiene muy preocupado al sector turístico, de convenciones y educativo.
¿Quiénes viajaban a Canadá? Aquellos que veían en Canadá una opción menos cara que Estados Unidos y menos restrictiva. Pero al cambiar esas variables, los mexicanos optamos por hacer nuestras convenciones en otro lado, por mandar a los jóvenes a otros campamentos de verano y por vacacionar en otros sitios.
Robert Maddox trabaja en hotelería en la ciudad de Montral. Se queja. Dice que ahora con la visa impuesta a los mexicanos, sus anteriores clientes han optado por otras ciudades. “Nos pegó todo, nos alejamos de México. Mexicana de Aviación cerró y por meses no tuvimos vuelo directo a la Ciudad de México, luego la visa. Muchos mexicanos se enfurecieron y con razón, perdieron vuelos y boletos de crucero y nadie se hizo responsable. Además, para llegar Montreal o Quebec hay que hacer vuelos de casi seis horas por las escalas, así que para venir hasta acá tienen que pasar migración dos veces, una en Estados Unidos y otra aquí, eso es muy incómodo. Muchos mexicanos prefieren volar a Londres o de plano irse a París o a Madrid. Ahí no les ponen restricciones. Y la apreciación del dólar canadiense tampoco obró a nuestro favor. Ha sido un despropósito esto de la visa.”
Maddox tiene razón. Mucho del turismo de Canadá tiene que ver con los eventos que se organizan en el país. El Gran Premio de Canadá, que se corre en Montreal, es un evento maravilloso, muy bien organizado en una pista de ensueño que está en una isla rodeada por el lago. Se accede muy fácilmente en metro. Las prácticas y la competencia son en la mañana y por la tarde se puede visitar la ciudad. Lo malo es que el evento es el mismo día que el Abierto de Tenis de Francia, muchos turistas mexicanos han optado por volar a París en vez de a Montreal. El Abierto de Tenis de Canadá, la Rogers Cup, un año se juega en Montreal y otro en Toronto, también ha visto como el público mexicano ha dejado de asistir, prefieren ir a Cincinnati o de plano al US Open. Esta falta de interés de los mexicanos ha repercutido mucho, lo que antes eran eventos Sold out, ahora tienen huecos y precios de remate. Ha habido una pérdida cuantiosa en el sector turístico.
Las escuelas y campamentos de verano en el norte de Estados Unidos se han beneficiado con los alumnos que ya no llegan a Canadá, ahora van a. Maine, Massachusetts, Nueva Inglaterra, Nueva York, Washington, y otros.
El trámite de la visa es caro y engorroso. Preguntan de todo y cosas que son difíciles de contestar. Por ejemplo, preguntan por datos de hermanos, dónde viven, estado civil,cuántos hijos tienen, cuánto ganan. ¡Ja! Ya me imagino lo que mi hermana me contestaría si le pregunto cuánto le pagan. O mis cuñados, no puedo ni pensar la cara que harían al escuchar la pregunta. No, pues mejor no voy. Además sé de mucha gente a la que le han perdido el pasaporte al hacer el trámite. Desde luego, nadie se hace responsable. La embajada dice que es cosa de la compañía de mensajería y viceversa, mientras tanto el viaje pende de un hilo y el pasaporte sólo Dios sabe por dónde anda.
Ya he viajado a Canadá en la era de las visas. Lo he hecho por placer, por ir a algún evento específico y también he sido de las que ha preferido llevarse su dinero a otro lado. Maddox, ciudadano canadiense, lo resumió muy bien ” ¿qué prefieres? ¿tomar un vino canadiense o uno español; escuchar palabras en francés recorriendo París o Quebec, comer en Roma o en Toronto, pasear en Madrid o en Halifax, cuando como mexicano vas a gastar lo mismo o un poco más? Los mexicanos son turistas conocedores y traen una gran derrama económica a sus destinos de preferencia, Canadá se ha alejado de ellos y ha hecho mal. Mal en perjuicio de nosotros mismos que resentimos la ausencia del turismo de México que ha diferencia de otros, no es gente que viene a la fiesta barata. ”
Será cuestión de que el gobierno canadiense evalúe si lo que protegió vale más o menos de lo que descobijó. Veremos que nos dice el señor Harper, ahora que está en tierras mexicanas.

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Mi Acapulco se pone de pie.

Amanece y el azul profundo del mar se mezcla con el rosa algodonado de las nubes en el cielo. En el cielo. Sí. En el cielo. Las montañas, los edificios y las palmeras se reflejan en el agua. Recién se apagaron las luces de las farolas que iluminan la ciudad. Una brisa mañanera abraza y despeina las copas de los tabachines y de los cocoteros. Si se observa con cuidado es posible ver la sonrisa del puerto. Las chachalacas salen de sus nidos, una formación de pelícanos atraviesan de un lado al otro la bahía y el ratatatá de la lancha de pescadores llama la atención de las gaviotas hambrientas que salen disparadas detrás de ella. La mar en calma es un espejo tan grande en el que cabe todo lo que alcanzo a ver desde mi ventana.
Muchos se pierden este espectáculo, están dormidos después de la fiesta de anoche. Salieron a cenar, se fueron a bailar y se quedaron hasta minutos antes de que rompiera la noche. Tal cómo antes, así cómo siempre. Acapulco se pone de pie. La ocupación fue casi al cien por ciento. Los hoteleros, lo a restauranteros, los comerciantes están felices, la belleza del lugar saca una vez más la casta y se sitúa en el corazón de sus visitantes.
La zona turística está sumamente vigilada. Hay guardias por todos lados. Desde policía municipal, estatal, federal hasta marinos. También hay uniformados de Asuntos Internos que preguntan a todo el mundo si están bien y si se saben el teléfono de emergencia, por cualquier cosa. La gente se ve contenta y relajada. Se asolean en las playas, caminan por sus plazas, comen en restaurantes, salen a los bares y a bailar. Hay tráfico en el Boulevard de las Naciones, en la Avenida Escénica y en la Costera Miguel Alemán, es decir, el movimiento abarca desde la Zona Diamante hasta la Zona Dorada. Desde Caleta hasta Barra Vieja hay gente feliz paseándose por el puerto. Son buenas noticias.
Mientras llegue gente a la zona turística, Acapulco se recuperará más rápido. Es cierto, la franja más cercana a la playa está tan hermosa como siempre, lista para seguir recibiendo a los eternos amantes del sol y la arena. También es cierto que en las colonias al interior las cosas no están tan recuperadas y que siguen pasando cosas. Cosas feas.
Los que amamos Acapulco nos sentimos felices de ver la ocupación tan alta, de saber que está llenísimo. Ni siquiera nos quejamos del tráfico que no te deja avanzar, ni de los bocinazos de la gente que quiere llegar a dónde sea, ni de que hay que hacer reservación en todos lados para que te reciban, ni de las colas interminables para entrar o salir del puerto. Al contrario, sonreímos y miramos al cielo para dar gracias a Dios.
Pedimos por la recuperación de Acapulco y poco a poco en milagro nos está siendo concedido. Por lo pronto las visitas ya encontraron la casa tan hermosos como siempre, ahora falta arreglarlo en lo profundo. Acapulco se está poniendo de pie y eso son buenas noticias. Me gusta esté tono acapulqueño, este azul,profundo que se mezcla con el rosa, este contraste que es parte de la belleza inevitable de este paraíso terrenal.

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Señoras y señores, con ustedes: Oaxaca la bella

Sí escuchas una marimba tocando Clocks de Coldplay, no estás soñando, estás en Oaxaca. Aquí la música empieza a las nueve da la mañana y se acaba cuando se acaba. En la antigua ciudad de Antequera a cada paso te topas con diferentes tipos de melodías, por aquí un Mariachi nos informa que La vida no vale nada, por acá un trío me dice que Somos novios, más allá un violinista interpreta a Vivaldi, un guitarrista prefiere la trova cubana y las campanas de La Catedral y de Santo Domingo aportan lo suyo al tono de la ciudad.
Entre el andador turístico y el zócalo la gente puede caminar e integrarse con el verde de la cantera de paredes milenarias, con el azul, amarillo o rosa de las casas, con las piedras de banquetas y calles. Oaxaca hechiza al visitante. Se lo apropia a tal grado que las que venimos terminamos vistiendo huipiles con flores y pájaros de colores. Hay de todo tipo: de telar de cintura y de esos que se hacen en serie y que sospecho que vienen de China. Ni modo. Aquí todas dejamos nuestras prendas tradicionales y nos ponemos al modo oaxaqueño.
Es muy simpático ver gente con atuendos de manta, bordados con figuras hermosas que nos ofrecen los locales, que hablan en francés, inglés, alemán y demás lenguas. En Oaxaca aprendemos más de tolerancia que nada. A los locales les gusta que los que no somos de aquí nos integremos a sus costumbres. Los visitantes comemos moles negros, rojos, amarillos, verdes, probamos las tlayudas de quesillo, tasajo o cecina. Nos hacemos de cualquier pretexto para tomar chocolate a todas horas, a mí me gusta más con leche, pero con agua es estupendo. Aquí los diferentes son aceptados. Nos pueden ver sentados en los portales, dejando que el tiempo pase desde que sale el sol hasta el ocaso.
Oaxaca abraza al visitante, lo acuna entre hojas de tamal, lo arropa con mano indígena y lo atrapa con sus mezcales, con sus brillos, con sus piedras y con la sonrisa de su gente. Aquí la amabilidad es parte de la cotidianidad. El fervor se talla en hoja de oro con generosidad que propios y extraños admiramos. Ante tanta grandeza el forastero se quiere mimetizar y ser parte de ella. ¿Quién se querría ir de está tierra maravillosa? Soy cómo una niña pequeña que se esconde en el baño del hotel para no irse. Carlos me mira con ternura y me dice entre risas hay que volver. Yo agitó la cabeza y digo que no. Andrea y Dany son mis cómplices. Queremos segur desayunando al son de la marimba que canta llorona, seguir caminando por las calles en perfecta paz, sentándonos en el atrio de la Iglesia de La Soledad a comer helados, o en cualquier terraza a ver las Torres de Santo Domingo. No quiero dejar mi balcón, desde el que vi las Calendas Navideñas, y fui protagonista en La Noche de Rábanos. No. No me quiero ir. Quiero quedarme bajo el manto de la Virgen Patrona de este lugar, quiero tomarla de las manos y no soltarme jamás.
Pero hay que volver. Aunque también me quedo. Me quedo en esta Oaxaca tan bella, tan cariñosa, tan colorida y tan sabrosa. Me quedo con esta ciudad que despertó en mi la esperanza de que todo puede ser maravilloso, como lo es aquí en esta época navideña. Me quedo con la luz que se alumbró el veinticuatro y que pido quede encendida en mi por siempre.

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La mejor ciudad del mundo, San Miguel de Allende

La guía Condé de Nast clasificó a la ciudad de San Miguel de Allende como la mejor ciudad del mundo. Este pueblo colonial fue distinguido por la revista de viajes que consultan loc. conocedores y con ello la condecora para rendirle tributo a sus calles, balcones, plazas, iglesias, callejones y lugares que han sido recuperados por autoridades y habitantes del lugar.
San Miguel se constituye como referente turístico! no sólo para los mexicanos, también para el mundo. No en balde muchos estadounidenses, canadienses y europeos la han elegido como lugar de retiro. ¿Y cómo no? Es un lugar maravilloso con un clima de privilegio y con unas vistas de sueño. Tiene todo belleza, historia, tradición y movimiento.
Históricamente, la ciudad es importante por ser la cuna de Ignacio Allende, cuyo apellido fue adosado al nombre de la ciudad en 1826, — un arcángel y un militar unidos por un nombre— así como por haber sido el primer municipio declarado independiente del gobierno español por el Ejército Insurgente durante la Guerra de Independencia de México. Mucha historia y tradición acompañan a esta ciudad tan típicamente bella del Bajío mexicano.
Sin embargo, la ciudad decayó durante y después de la guerra de Independencia, y en los comienzos del siglo XX estaba en peligro de convertirse en un pueblo fantasma. Pero ojos visionarios fijaron su mirada en San Miguel. Sus estructuras coloniales barrocas y neoclásicas fueron redescubiertas por artistas nacionales y extranjeros que llegaron y abrieron institutos de arte y cultura, como el Instituto Allende y la Escuela de Bellas Artes. Esto le dio a la ciudad reputación, atrayendo a artistas como David Alfaro Siqueiros. En las calles se escucha gente hablando en inglés, en alemán, en francés, es posible que pronto la lengua de uso corriente no sea le español. Pero la idea se viene abajo por sí misma. El español les encanta a todos los visitantes.
De entonces a la fecha, ciudadanos y autoridades se han encargado de hacer bien su trabajo. Las calles están limpias, los negocios están llenos de mercancías de todos colores, los restaurantes son estupendos. Debo decir que lo que más me gusta es la amabilidad de la gente. Todos son auténticamente simpáticos, las sonrisas les brotan de forma natural. Creo que es porque están habituados a recibir visitas. Los lugareños son hospitalarios y saben tratar al turista.
Tal vez fue eso lo que atrajo a estudiantes extranjeros de arte, a gente con deseos de retirarse, sobre todo antiguos soldados estadounidenses que estudiaron en el G.I. Bill después de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, la ciudad ha atraído a un gran número de jubilados extranjeros, artistas, escritores y turistas, lo que ha cambiando la economía del área, de la agricultura y la industria al comercio y servicios para los visitantes externos y residentes. Un círculo virtuoso que tiene a San Miguel en los cuernos de la luna y en el mejor puesto de la calificación del Condé de Nast.
Las palabras no hacen justicia a la belleza de la ciudad, al aire fresco que se mezcla con rayos de sol y con nubes algodonadas que adornan el cielo tan azul y limpio. Las Torres de la Catedral se elevan como agujas de cantera y las baldosas cuadradas del piso son tan brillantes que parecen estar mojadas. Me siento en una de las bancas de la plaza principal a ver las copas de los árboles que se unen como si fueran una sola. Las sensaciones y los olores me hacen sentir feliz. Seguro es por eso que San Miguel está de moda. La felicidad en otros lugares es escasa, aquí es bien común. Hay que venir a San Miguel de Allende para sentir y entender porque la guía tiene razón al hacer de está hermosa ciudad la número uno.

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Turismo negro

Se supone que al viajar buscamos pasarla bien, visitar lugares hermosos, comer rico y divertirnos. Se espera que al estar de viaje, lejos de casa, vivamos experiencias que nos enriquezcan y nos enseñen a apreciar otro tipo de bellezas que no tenemos a nuestro alcance en la cotidianidad. Eso es lo que en teoría la gente esperamos de un viaje. Pero el mundo es redondo y diverso. En este planeta hay gustos para todo.
Resulta cada vez más frecuente encontrar gente buscando recorridos por lugares que han pasado a la palestra no por su belleza sino por su relación con sucesos trágicos. A estos viajeros les gusta sentir las vibraciones intensas de lugares en los que se han vivido tragedias, se ha sentido dolor y miedo. Espacios en los que se ha cobrado la vida de personas, como muros de fusilamiento, campos de concentración, lugares devastados por una bomba, sitios de guerra, castillos embrujados, hoteles en los que se han llevado a cabo asesinatos, restaurantes con animas en pena. Esta tendencia se llama turismo negro, turismo de dolor y año con año atrapa el interés de un mayor número de viajeros. Es de llamar la atención cómo muchos lugares que jamás pensamos ver como polos turísticos están atrayendo turistas.
Hay gente interesada en visitar la ciudad fantasma de Chernobil. Quieren recorrer esas calles abandonadas, los edificios desiertos, entrar en el mecanismo sucio y oxidado de una máquina inmóvil, de una rueda de la fortuna que se detuvo para no volver a girar jamás.
También hay mucho interés por visitar Auschwitz. Sorprende saber que la sede del holocausto o una de ellas, hoy convertida en museo, ha sido visitado por más de veinticinco millones de personas desde que el gobierno polaco abrió sus puertas y dio la bienvenida a esos ojos curiosos que quieren atisbar cómo era la vida de los prisioneros en el campo, cómo se amontonaban en las celdas y baños y cómo eran las cámaras de gas.
Hiroshima llama la atención de los turistas negros, a casi siete décadas de la tragedia nuclear, miles van a la ciudad a comprobar que existe vida después de la destrucción. Más allá de la devastación, hay oportunidad de dar vuelta a la hoja y comprobar con los propios ojos que existe una cúpula que se resistió a caer, que aguantó el bombazo.
Berlín dejó un pedazo de muro. Los alemanes tienen en su capital el recuerdo de una cicatriz que en el pasado fue herida. En el centro, cerca de las emblemáticas puertas de Brandemburgo, está ese tramo de pared y también dejaron una caseta pequeña que luce la fotografía de un soldado estadounidense de un lado y de un ruso del otro. Ahí estaba el charlies checkpoint, es decir, el punto por el cual los diplomáticos podían cruzar la frontera oriental a la occidental. Hoy, existe una tienda de recuerdos, en la que los turistas pueden llevarse algo a casa.
Un punto obligado de turismo negro es el castillo del Conde Vlad en Rumania. Hay que subir mil cuatrocientos escalones para llegar a la fortaleza de Poncari, casa del Emperador y Principe de Valquiria que es mejor conocido como Drácula. Algunos llegan atraídos por la historia del vampiro inmortal, otros para ver los vestigios de las torres y la ciudadela donde fueron torturados y ejecutados miles de enemigos de este legendario personaje de Transilvania.
La Ciudad de México ofrece opciones para el turismo de dolor. Existe un paseo que requiere de pocos pasos alrededor de Centro Histórico que llama la atención. En la antigua sede de la escuela de medicina se encontraba el recinto de la Santa Inquisición, no fueron tantos como en Europa, pero sí suficientes los que fueron torturados en ese lugar que hoy alberga una exposición que tiene como tema central el maltrato y la tortura. Al cruzar la calle y atrás de los arcos de la iglesia de Santo Domingo se encuentra el sitio en el que se encendía la pira para quemar a los herejes. Caminando por la calle de Brasil rumbo al Zócalo está la Catedral Metropolitana en cuyos cimientos gimen los restos de La Gran Tenochtitlán, frente está el edificio del Monte de Piedad, institución de empeño. Hoy en día, se pueden ver las largas filas de sufrientes que dejan sus prendas a cambio de un préstamo. A cruzar la plancha del Zócalo, frente a la sede de la Suprema Corte de Justicia de la Nación está una fuente que representa el descubrimiento del águila posada sobre un nopal devorando una serpiente. Es el monumento que conmemora el descubrimiento del sitio buscado desde Aztlán y también es el lugar en el que miles de indígenas fueron asesinados en los tiempos de la Conquista. La cantina de la Ópera dicen que tiene los fantasmas de comensales importantes que no han encontrado el descanso eterno, que se quedaron perdidos y caminan por las calles de Tacuba,
Cinco de Mayo y Madero. Por estas calles corrieron muchos ciudadanos despavoridos huyendo de las balaceras de la Decena Trágica.
¿Será morbo o empatía lo que mueve al turista negro? ¿Será reflexión o curiosidad? Tal vez las dos cosas, pero resulta cada vez más frecuente ver a viajeros atrapados por el gusto del dolor y el miedo que se vivió en algún lugar. Les gusta la intensidad atizada por el paso del tiempo.

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¿Qué tan hermoso es Acapulco?

¿Qué tan hermoso es Acapulco? Mucho, sin duda el puerto es sumamente bello. Tan precioso es que aguanta caudales de ineptitudes, descuidos, tranzas, babosadas, omisiones, de particulares, de gobiernos municipales, estatales y federales. Solamente la belleza puede salvar este lugar de ensueño de tanto pillo, incompetente y salvaje que lo han tomado por asalto.
Cómo si estuviéramos en tiempos del pirata Lafitte, Acapulco padece su hermosura y paga una cuota muy alta por ser la bahía más hermosa del mundo. La zona turística de la Costera Miguel Alemán, que por años fue el núcleo de la actividad por tener playas de arena fina y dorada, por su agua tibia y por la seguridad que daban sus aguas al estar confinadas por los brazos protectores de la herradura que se forma desde Icacos hasta Caleta, pronto cambió de lugar por dos razones, las aguas residuales se descargaban en el mejor activo del puerto, es decir en la bahía y, alguien decidió que el desarrollo debía apuntar rumbo al Revolcadero, que es un lugar de playa a mar abierto, espléndido para e surf, aunque peligroso para los bañistas. La inseguridad fue la otra.
Lo malo fue que con esa decisión, el inteligente que así lo pensó, olvidó que esa zona era un humedal. No le importó dar autorización para construir en zonas agrícolas de cocotales y manglares que conectan la Laguna de Tres Palos con la Laguna Negra de Puerto Marqués. En un acto de extrema codicia, se cambió el uso de suelo para convertirlo de zona prohibida en habitacional, sin tomar en cuenta que el agua tiene memoria y reclama sus territorios. La belleza del puerto despertó el anhelo de muchos que quisieron comparar un pedacito de cielo en la tierra y así llegó gente que compró departamentos de ciento cincuenta metros cuadrados por más de un millón de dólares, por estar en la zona más chic de Acapulco, con vista al mar abierto y a conjuntos de vivienda popular que se vendían a sobreprecio por estar en el lugar de mayor plusvalía.
La convivencia de dos sectores económicos distintos, el nivel incremental de demanda de agua, drenaje, luz, energía, fue un coctel siniestro que como bomba de tiempo hacía tic tac cada vez más fuerte, avisando de la probable tragedia, sin que nadie hiciera caso. Todos los compradores de esa zona, gente acaudalada, clasemedieros, personas informadas, sin información, educadas, mal educadas, preparadas, sin preparación, todos, hechizados por la seducción del puerto, colgaron la inteligencia en un clavo y dejaron de ver los riesgos implícitos, creyendo en las promesas de los lobos de mar que hacían su agosto estafando a los enamorados de los rayos de sol y el agua con sal.
La hermosa Bahía de Santa Lucía se fue vaciando poco a poco. Los turistas fueron cambiando la playa de Caleta, Hornos, Tamarindo, Condesa e Icacos por el Revolcadero. Creyeron en la locura de Howard Huges y abandonaron la vista de la Roqueta para enloquecerse con la vista de hoteles como el Princess, Pierre Marqués, Mayan Palace, y con los condominios de gente bonita que juega golf, tenis, hace jogging, surf y no alcanza a ver que hay algo que no funciona.
Manuel, la tormenta tropical que arrasó con todo, hizo evidente tanta corrupción, cochupos y descuidos. Devastó a los ingenuos que vieron como su sueño se les venía encima. Por fin abrieron los ojos y se dieron cuenta del engaño: no se dotó al puerto de la infraestructura necesaria. ¿Qué tan bello será Acapulco que a pesar de lo evidente, la gente seguía poniendo su dinero donde no se debía?
El proyecto de Carlos Trouyet se hace grande, se evidencia el buen ojo del empresario que siempre supo que el mejor atributo de Acapulco es la belleza de su Bahía. Un hombre que desarrolló y ganó mucho dinero con el amor que siempre le tuvo. Hizo negocios limpios, no dañó, ni al puerto, ni a sus compradores. Desde la cima, Las Brisas brilla con la espectaculiaridad de sus vistas.
Hoy, Acapulco tiene la gran oportunidad de reconstruirse. De apoyar los dones que le regaló la naturaleza con obra que lo conviertan en un destino de clase mundial como se merece. El puerto merece inversiones, le urge un sistema de agua potable eficiente, no uno de titiritaña que deje secas a colonias enteras cuando la naturaleza estornuda; un sistema eléctrico que no se apague si la ocupación se eleva, un drenaje que desahogue el agua si llueve de más, mejores vías de comunicación, servicios de nivel certificado.
Es un trabajo de autoridades y de particulares. Los hoteleros y restauranteros deben apoyar y limpiar las playas, no ensuciarlas, las empresas concesionarias deberán invertir y dar servicios a la altura de las cuotas que cobran, los que viven del turista deberán capacitarse para atender bien y cuidar su mejor fuente de ingresos.
Es tiempo de reconstruir Acapulco. ¿Qué tan hermoso es Acapulco, que a pesar de todo, sigue y seguirá seduciendo a todos los que nos hemos bañado en sus playas, nos hemos emocionado con los clavados de la Quebrada, nos hemos dejado impactar con los atardeceres de Pie de la Cuesta, o hemos dejado el corazón en el centro de la Bahía de Santa Lucía? ¿Qué tan hermoso será Acapulco que a pesar de tanto pirata que lo ha saqueado históricamente sigue siendo el puerto de mil amores? Ciertamente, para aguantar tanto, Acapulco es bellísimo. Basta venir para enamorarse perdidamente sin remedio. ¿Si no, cómo ha podido aguantar tanto?

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Un rescate alternativo

México es un país con lugares maravillosos, vistas increíbles, hoteles de calidad mundial, gastronomía sorprendente y música que alegra el corazón. Mi país tiene las mejores playas del mundo, un clima agradable todo el año, sitios arqueológicos, ciudades coloniales, pueblos mágicos que le dan gusto al sibarita más exigente. Por si la oferta no estuviera completa, el tipo de cambio del peso mexicano frente a las monedas internacionales hace que los precios que se pagan por los servicios sean sumamente económicos. Es decir, el turista que visita México recibe más y paga menos que en otros destinos.
Mientras en España, Portugal, Italia y Grecia se ve con esperanza la llegada de visitantes, en México no estamos dándonos cuenta de las posibilidades que ofrece la industria sin chimeneas que genera movimiento económico, generación de empleos y derrama de beneficios. Los países que han sido golpeados más duramente por la crisis del Euro aprovechan sus bellezas y cosechan los beneficios del flujo turístico a sus países.
En la Ciudad de México se inició una campaña internacional para promover las bellezas que el visitante puede disfrutar en una de las capitales mundiales más grandes y diversas del mundo. Se muestran los Museos, las pinturas de Diego y Frida, los parques, Chapultepec, La Alameda, los monumentos, las calles, los edificios, los centros comerciales que hay en México, D. F. Se deja ver la parte ultramoderna de Santa Fe, las ruinas de pirámides circulares –únicas en el mundo–, los retablos barrocos de las iglesias coloniales, la Avenida de los Insurgentes, El Paseo de la Reforma, en fin, las estampas más bellas que representan la grandeza de la capital.
Pero los maestros de la CNTE toman las calles y bloquean el Paseo de la Reforma y los accesos al aeropuerto más importante del país. Los turistas se van de la ciudad furiosos, sin poder disfrutar de aquello que se les prometió y que es real, pero que gracias a una turba de protestantes, no pudieron ver.
¿Cómo decirles a estos visitantes que vuelvan? ¿Cómo hacerles ver que la ciudad sí es bella y que no todos los mexicanos estamos de acuerdo con lo que ellos vieron? ¿Cómo hacerles entender a los maestros que el daño no sólo queda en las aulas? Se priva a los niños del derecho a ser educados y se ahuyenta la posibilidad de un impulso económico.
El gobierno de la Ciudad gasta en promoverla y tolera a quienes vienen a faltarle al respeto. El Banco de Mexico baja la tasa de interés en un intento de reactivar el paso y los manifestantes molestan a los turistas que genera empleos e impulsan la economía.
El turismo ha sido para España, Italia, Portugal y Grecia una palanca que activa al país y una reforma financiera alternativa. Lo que no se ha logrado por medio de políticos y Bancos Centrales, se logra con la belleza propia de los lugares, con la amabilidad de quienes los habitan y la hospitalidad de su gente.
México tiene los medios para hacer lo mismo que estos países europeos, para desatorar el desarrollo e impulsar el bienestar, pero en vez de apoyar lo correcto parece que nos gusta hacer lo contrario. Los mexicanos somos amables, cálidos y sabemos atender al visitante. El dicho de mi casa es tu casa nos ha hecho famosos en el mundo. Pero si las autoridades del Distrito Federal no imponen orden, si no cuidan yo dan a respetar a la Ciudad, los turistas seguirán huyendo de aquí.
A los turistas no se les engaña con discursos demagogos, ellos eligen y, evidentemente la gente no visita lugares en los que hay violencia, disturbios y bloqueos.
Faltan varias reformas por aprobar, muchas expresiones de desacuerdo están por venir. Cada quien está en su derecho de manifestar su opinión, si y sólo si no le faltas a los demás. Por el bien de todos, hay que respetarnos, hay que ordenarnos. Hay que dar la bienvenida a los que nos visitan y aprovechar la belleza de nuestra tierra para retomar el ritmo y crecer.

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