¿Por encima de la ley?

La editorial de la revista The Economist nos plantea está pregunta respecto al presidente de los Estados Unidos ¿puede estar por encima de la ley? Los recientes acontecimientos que revelan las fechorías de Paul Manafort, su exjefe de campaña y de Michael Cohen, su antiguo abogado nos llevan a esta reflexión. Que estos señores hayan sido encontrados culpables de las acusaciones que enfrentaban no sorprende a casi nadie. Aunque la presunción de inocencia debe prevalecer, también es claro que si huele a estiercol, se oyen mugidos y sale leche, por ahí hay una vaca.

El predicamento en el que se encuentra el presidente Trump no se resuelve con declaraciones flamígeras ni con actitudes cínicas. La pregunta que el pueblo norteamericano se debe plantear es si algún ciudadano puede estar por encima de la ley. La fidelidad de sus huestes le alcanzará para torcer la ley, hacerla moño y seguir apoyando a un sujeto que claramente da evidencias de no tener respeto por las regulaciones.

El problema, según The Economist, no es legal, es político. Sin embargo, me parece que el meollo del asunto tiene que ver con la confianza que el pueblo estadounidense tiene y puede perder en la persona que dirige sus destinos. Es vergonzoso ver al habitante de la Casa Blanca dar este tipo de espectáculos. Siempre supimos que esa era la arena en la que Trump se desempeñaba. Pero, ¿será que los estadounidenses quieren un payaso que no respeta la ley para seguirlos representando?

¿Quién puede estar por encima de la ley? Esto es lo que nuestros vecinos deberán empezarse a preguntar.

(The Economist, 25/08/2018)

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El imperio del cinismo

Parece que en este mundo, para sobrevivir hay que ser un cínico. Ejemplos sobran, pero hay tres que me tienen pasmada. Los dos primeros me indignan, el tercero me duele.

Ver a Donald Trump evidenciado por sus amigos Cohen y Manafort me dice que no hay nada nuevo bajo el sol. Ya sabíamos que los chismes que corrían por ahi eran ciertos, que Stormy Daniels era una realidad y que el presidente de los Estados Unidos es un cínico redomado con la suerte de tener una base fiel que lo apoya a pesar de las vergüenzas a las que los somete. Lo que pasa es que una cosa es el rumor y otra es la certeza. Uno creería que en esta condición la figura de semejante personaje se debilitaría, no obstante, lo vemos sonreír como si nada y seguir con la misma actitud.

El caso de Elba Esther Gordillo, una mujer que llevaba un nivel de gastos que dejaría pálido a los reyes absolutistas. Una maestra que compraba joyas que le habrían resuelto la vida a una sección entera de profesores, regresa aclamada por sus huestes como si fuera una nueva versión de Ulises. No hay ni memoria ni lógica en el sinsentido de ver a un personaje así vitoreado por masas. Hierve la sangre frente a esa sonrisa. Pero, ahora hasta nos dicen que estuvo presa por cuestiones políticas. Me imagino que nos subestiman a tal nivel como para decirnos semejantes cosas y pensar que nuestra ingenuidad no tiene límites. ¿Tendrán razón?

El tercero duele, es el caso de los sacerdotes pederastas y el código de silencio con el que se protegieron para seguir haciendo el mal. Duele porque quienes debieron hacer el bien optaron por el camino del mal. Escondieron su hocino de lobos detrás de una sotana manchando con sus porquerías una institución que reúne a gente que buscamos el bien. Los católicos no nos merecemos este tipo de cinismo en el centro de nuestra Iglesia, no debiéramos ser embarrados por semejante oprobio, ni queremos proteger a monstruos que dañan a los más desvalidos. De eso no se trata el amor de Dios.

Es horrible que a curas, a maestros y a gobernantes se les encuentre un hilo de semejanza tan espantoso. Son cínicos que hacen sus porquerías y esperan a que sus fieles los salven a pesar de sus espantosas fallas.

¿Qué pasó con la decencia y el lenguaje?

El lenguaje es una seña de identidad, lo que hablamos también habla por nosotros. El que usa un lenguaje técnico revela la profesión que ejerce, el que elige palabras complicadas revela una personalidad compleja, quien prefiere la sencillez del mensaje nos deja ver a una persona práctica. ¿Qué pasa cuando el lenguaje es procaz, grosero, que insulta? Pues, en la misma línea de pensamiento, podemos entender que así son las personas.

El lenguaje es el reflejo de quienes somos, por lo tanto, es muy importante elegir adecuadamente el vocabulario con el que nos queremos expresar. Si descuidamos las palabras estamos revelando que somos personas despreocupadas y eso tarde o temprano puede convertirse en un evento similar a escupir al cielo.

El uso de las palabras no es un tema menor. Tristemente, en el mundo hay una tendencia creciente que marca el desaseo del lenguaje. Decir groserías, utilizar palabras altisonantes, expresarse con vulgaridad pareciera ser un hecho que ya a pocos sorprende. En aulas de estudio, en espacios universitarios, en ambientes profesionales el lenguaje padece el descuido a diario. Es tan fácil decir palabras que suenan mal en momentos en el que nos sentimos cómodos o que estamos muy irritados.

Estamos perdiendo la costumbre de usar un lenguaje decente.

En la cotidianidad, desde que amanece hasta que anochece, lo usual es escuchar majaderías. Al salir de casa en el trayecto al gimnasio, la gente va mascullando groserías y lanzando majaderías al que se le atravesó, al que no le dio el paso y hasta al que lo saludó. En el gimnasio es muy frecuente escuchar a entrenadores animar a sus pupilos a base de peladeces y palabras ofensivas: échale gorda, muévete marrana son parte del argot cotidiano que muchos de los que están ejercicios ya han asimilado como normales. En los pasillos de la universidad, los muchachos se hablan con palabras poco educadas y de repente uno se pregunta si está en una casa de estudio o en un billar.

Inclusive, en programas de televisión y de radio el lenguaje se ha vulgarizado en forma alarmante. En horarios familiares escuchamos palabras que antes se reservaban al espacio de adultos y los cómicos se creen muy graciosos cuando se expresan con groserías.

Todo esto podría parecer algo pasado de moda o un discurso de púlpito que se escuchaba en el siglo pasado. No obstante, mi lucha ha sido por componer el lenguaje y adaptarlo a los ambientes en los que nos encontramos. Debemos de elegir las palabras precisas, no hay palabras malditas pero para todo hay un uso correcto y un lugar para ejercerlo.

Por eso, ayer que escuché a Chris Cuomo en CNN hacer un panegírico sobre la decencia del lenguaje, no pude más que ponerme feliz. Cuomo sostiene y estoy de acuerdo que quien usa un lenguaje grosero y vulgar muestra la pobreza de sus argumentos y la falta de ideas. Se refería al tema de Donald Trump ofendiendo a Omorosa, una afroamericana que trabajó en la Casa Blanca y que está publicando un libro muy oportunista para criticar al Presidente de los Estados Unidos. El debate entre Trump y Omorosa no es de mi interés porque son tal para cual, lo que llamó mi atención fue precisamente la caída precipitosa que se ha dado en el lenguaje que se utiliza desde el poder ejecutivo de una nación de la talla de los Estados Unidos.

Es lamentable ver como un hombre de estado elige tan mal las palabras, cuando en otros tiempos otro líder mundial, Winston Churchill, ganó un Premio Nobel de Literatura por sus discursos. En fin, no hay punto de comparación. Pero, el efecto del lenguaje de Trump se ve en la forma en la que se eligen las palabras para expresarnos a diario. Sería tan bueno volver a aplicar la decencia en el lenguaje. Creo que es una forma fácil de empezar a resolver tanta violencia y agresividad que padece el mundo en estos momentos.

El lenguaje decente nos muestra como personas cuidadosas que buscamos expresarnos en forma ordenada, coherente y minuciosa, haciendo un análisis del vocabulario que queremos utilizar. El lenguaje debe ser una herramienta que nos ayude a mostrar preparación, seguridad, calidad y firmeza en las ideas.

La basura que va dejando Trump

Me sorprendió que un taxista en Bruselas me dijera con tanta precisión las palabras que resumen el sentimiento de Europa tiene por el presidente de Estados Unidos, Trump es una persona sucia que va dejando basura tras de sí.

Efectivamente, Donald Trump estaba en Bruselas y la ciudad era un caos. La capital de Europa, acostumbrada a recibir y atender mandatarios no podía creer el desquiciamiento causado por una persona. Todo bloqueado, calles cerradas, trabas para pasar de un lado al otro, templetes grandilocuentes para desplegar la presencia del tipo por el que la gente salió a mostrar repudio.

En público, fue grosero. Fue agresivo con sus anfitriones, pasa y como dicen que sucedía con Atila, va secando el terreno que pisa. En Londres no lo quieren recibir. Hay una alerta para los ciudadanos americanos, deben ser discretos, temen agresiones de los locales. Podrían desquitarse con los civiles por lo que hace su presidente.

Esa es la basura que Trump va dejando a su paso, que triste será ser recordado así, que pena me dan los estadounidenses que son representados por un personaje de esta talla.

Sin reconocer a su aliado

Nos pasa algunas veces, no entendemos por qué pero dejamos de entender las razones que tienen nuestros amigos para actuar de ciertas formas y en el peor de los casos, estamos en un punto de desacuerdo tan fuerte que ya ni los reconocemos. Eso sucede con la gente y con las naciones. Europa deja esa relación cordial con Estados Unidos y se pregunta qué está pasando.

No sólo se trata de las estridencias, de los terrores de lesa humanidad que se están perpetrando, del racismo rampante y el desprecio al migrante, ahora también hay agresiones directas a quienes debieran ser aliados. La diplomacia se encarga de recibir a Trump en la sede de Europa, pero la gente en las calles no se siente cómoda de tenerlo como visitante.

La prensa holandesa se pregunta qué argumento podrá sustentar un oficial para separar una criatura de los brazos de sus padres. No se trata de un problema de migración sino de la crueldad extrema que se inflige a inocentes e indefensos. ¿En eso se está transformando Estados Unidos? No se trata de otra cosa más que de reflexionar sobre la calidad ética de una nación que abusa sin pudor.

Hoy, Europa se siente más lejos de Estados Unidos y siente que el fuego amigo es duro e incomprensible. No se entiende con Donald Trump que mezcla temas, negocia en forma errática y declara sin datos exactos, lo hace con ambigüedades. Desde Europa, la visión es que Estados Unidos está generando una crisis migratoria y que pronto no sabrán qué hacer al respecto.

Trump llega a la reunión de la OTAN con arrogancia a frotar sal sobre las heridas de sus aliados. En las reuniones privadas se reporta a un Trump cordial, en público escupe fuego. En las fotografías aparece aburrido. No entiende a Macron ni a Merkel.

Los ataca. Macron mira al cielo, Merkel sonríe. Europa deja de reconocer a su aliado. En las calles, la gente se expresa. Los cárteles son elocuentes.

Asociaciones judías elevan la voz a favor de los niños migrantes separados de sus familia

La nota la tomo de Jerusalem Post, Donald Trump está logrando lo insólito. Está uniendo al mundo en una ola de indignación y protesta en contra de los actos de crueldad que se están perpetrando en contra de criaturas inocentes. Por ejemplo, veintisiete grupos judíos -incluyendo, una rara muestra de unanimidad y liderazgo de los cuatro principales movimientos religiosos judíos estadounidenses- firmaron una carta abierta a Sessions denunciando la política de la Casa Blanca, diciendo que “socava los valores de nuestra nación y pone en peligro la seguridad y el bienestar de miles de personas”. La declaración es dura y es vehemente, deja ver que se han abierto heridas que el paso del tiempo no borran no se deben olvidar.

“No he visto nada como esto en este campo desde que salió la primera orden ejecutiva”, dijo Mark Hetfield, presidente de la organización nacional HIAS, en referencia a la prohibición de viajar de enero de 2017 a siete países musulmanes. Casi todos los principales grupos judíos estadounidenses se opusieron a esa política también. Esta administración está desorbitada, desbordada, desordenada, es momento de alzar la voz.

Rothschild, un demócrata, dijo que debido a que la separación familiar es un resultado de la política federal, no hay mucho que pueda hacer directamente como alcalde de Tucson para obstaculizarlo. Pero firmó una carta conjunta este mes con los alcaldes de Los Ángeles, Houston y Albuquerque, Nuevo México, calificando la política de “cruel”, “moralmente reprensible” y “completamente inconsistente con nuestros valores de decencia y compasión”. Aunque Arizona como estado tiene una historia de estricta legislación de inmigración, Rothschild dice que sus electores se oponen en gran medida a la política de separación familiar. “Tenemos una comunidad donde muchas personas tienen amigos, familiares y parientes que viven en ambos lados de la frontera”, dijo. “En Tucson, el consenso abrumador es que estas son malas políticas”.

Uno de los constituyentes de Rothschild es Alma Hernández, una mujer judía mexicano-estadounidense que se postulará este año para la Cámara de Representantes de Arizona. Hernández, de 24 años, renunció como coordinador del Consejo de Relaciones Comunitarias Judías de Tucson para postularse para un cargo. Este año, al percibir la falta de acción política progresiva de la comunidad judía establecida, cofundó el grupo activista Tucson Jews for Justice, que planea participar en mítines contra la política de separación y otros asuntos.

El mundo siente que el estómago se revuelve frente a hechos tan atroces y crueles como si se tratara de una guerra en la que la debilidad del adversario impulsara los peores instintos. No hay nobleza. No hay moral. No hay entrañas. Sé que esto no es una novedad, que se hacía en el mandato de Obama, pero ellos tuvieron el pudor, la hipocresía, o la prudencia de no presumirlo. Esta administración se regodea en sus actos y muestra al mundo todo lo que se requiere para indignar y repudiar.

El día que Estados Unidos cambió

Una terrible crisis humanitaria está sucediendo en la frontera sur de Estados Unidos. Una serie de actos que muestran que la arrogancia y la estupidez de un líder pueden causar tanta pena y tanto miedo en los más vulnerables. Como si no fuera suficiente escuchar a Donald Trump decir que los latinos somos animales, su administración le sube al tono y trata a los migrantes como animales. La Patrulla Fronteriza captura a las familias, las mete en una bodega, las separa como si fueran ganado: mete en jaulas a las hembras, a los machos los mete a otras y los separan de sus crías. Con esa brutalidad se está tratando a seres humanos.

Ayer, CNN transmitió la grabación de niños llorando en el momento en el que eran separados de sus padres. Pequeños cuyas edades varían, desde chiquitines de menos de seis años hasta preadolescentes muertos de miedo porque no entienden qué está sucediendo y lloran con amargura. No saben cuándo podrán ver a sus padres o si los volverán a ver. Las familias son tratadas como delincuentes por cruzar la frontera en forma ilegal y les dan trato infrahumano.

Cuando nos advertían que Donald Trump era un loco de las proporciones de Hitler, siempre pensé que eran exageraciones. No lo eran. El desprecio al diferente, el castigo doloroso, la tolerancia cero, la crueldad con niños es la ley que rige en Estados Unidos. No nos engañemos, con Obama esto también sucedía. Las deportaciones se llevaban a cabo, había jaulas para migrantes y gente en condiciones de horror. El problema es que ahora todo se acelera.

La crudeza y la crueldad están tomando notas de estridencia alarmantes. ¿Dónde andan los gobiernos de los países que están al sur del Río Bravo? Están maltratado a su gente y no veo notas diplomáticas ni quejas ante la ONU. ¿Qué esperan? Estados Unidos cambió y el país de la esperanza se está convirtiendo en una tierra desconocida que da miedo. Ese faro de libertad que ellos decían ser, se convierte en un territorio oscuro en el que los derechos humanos se aplican a unos sí y a otros no. Son letra muerta, conceptos olvidados. La perversidad de la Guardia Fronteriza nos recuerda a los uniformados con escudo de svástica.

El partido que llevó a Lincoln a la presidencia hoy levanta la mano sobre los inocentes y los azota con el peso de una ley. Los niños no entienden, lloran solos en una jaula y sus lágrimas no conmueven a nadie. No podemos bajar la voz, si los gobiernos se quieren hacer los disimulados, nosotros no debemos dejarlos solos.

Separar familias

No sé en qué cabeza puede caber la idea de que separar familias es buena idea. Me quisiera imaginar qué argumentos se dicen para hacer entender a la gente que arrebatar hijos de los brazos de sus padres puede ser bueno. No puedo imaginar al caradura que enarbole la justificación de la ley para perpetrar semejante acto. ¿A dónde hemos llegado?

Invocar la práctica de cero tolerancia a familias que, sin duda, cruzaron la frontera de forma ilegal, me parece tan pertinente como intentar justificar un genocidio para preservar la pureza de una raza. No hay discurso que se pueda pronunciar y logre justificar una atrocidad de este estilo.

La crueldad humana se encarna en una mujer que con tal de no perder su trabajo, se para frente a los medios de comunicación y con cara de palo dice que su jefe actúa bien. La fealdad del alma se le refleja en la cara a Sara Sanders. Los votantes duros de Donald Trump tendrán que aprender a tragar el bulto de la amargura que causa la decisión de un radical que lo que tiene es cero cerebro.

Los que se atrevan a decir, son ilegales y ellos se la buscaron, tengan cuidado: con la vara que midas serás medido. Los radicales que crean que arrancarle de las manos a un padre o a una madre a sus hijos y que encuentren satisfacción en la angustia y la desesperación de estas familias que están siendo desmembradas ni se imaginan que esa crueldad que hoy avalan, en el futuro les golpeará la cara cuando menos lo piensen.

Las justificaciones y quienes las plantean confían en la estupidez de la gente. Lanzan palabras con el efecto de un anzuelo que le desgarra las entrañas a los peces que abren la boca alegremente, engañados por la carnada. No podemos contemplar el,espectáculo y quedarnos callados, no podemos ser indiferentes a tanto dolor y a tanta lágrima derramada.

La deshumanización y la frivolidad son como un bumerán que se lanza con fuerza y con la misma regresa a golpear en la nuca. Los que escupen al cielo, tendrán su recompensa. La ley de la gravedad no hace excepciones. Es una pena que el sueño americano se convierta en una tragedia. El reflejo de una nación está en sus hechos. Pobres, están rompiendo espejos a mazazos y ni cuenta se dan de los años de mala suerte que se están echando encima.

Marihuana recreativa en Canadá

Arranca la cumbre del G7, los líderes se reúnen en Canadá y llegan a tierras canadienses con la novedad de que ahora pueden fumar marihuana en forma recreativa sin esconderse. Es el primer país de los integrantes a este selecto grupo en legalizar la marihuana, fuera máscaras, ahí la gente se puede echar un churro por pura diversión.

La reunión empieza con tensiones, además de el uso feliz de marihuana, también están los aranceles impuestos por el presidente Trump a sus aliados. ¿Así se trata a los amigos? Los mercados están con la atención puesta en Canadá. Ya veremos que postura guardan frente al proteccionismo de Estados Unidos.

En México, mientras tanto, el dólar emprende el vuelo, los candidatos se siguen peleando en vez de presentar propuestas. En territorio nacional se ponen las cosas difíciles y pintan para peor, las opciones de quienes dirigirán nuestros destinos no nos dejan ver buenos pilotos. Meade es un tipo preparado que no se sabe comunicar; Anaya nos deja dudas sobre su probidad; López Obrador genera desconfianza: se ve viejo, cansado, aturdido y es el que va como puntero en las encuestas.

Los pleitos de quienes nos quieren dirigir nos quedan a deber. Nadie parece estar en la jugada. Aquí los muertos, la violencia, las guerras, crecen. Entiendo que la legalización de la marihuana no resuelve el problema de crimen organizado ni el de los carteles de la droga. Pero, por algo se empieza. ¿No sería una buena forma de decirle a Estados Unidos, ya estate quieto?

Canadá lo hizo. Algunos estados de la Unión Americana ya lo hicieron. Podríamos empezar a hablar de ello, pero nuestros candidatos andan distraídos pegándose golpes bajos.

Desinformación y ganancias políticas

En una columna muy lúcida, Miguel Ángel del Fresno escribe sobre el maridaje entre la desinformación y la tecnología que da como resultado fatal un uso político que lleva agua al molino de la gente que sabe manipular masas. La mezcla es sencilla, digo un montón de imprecisiones, las mezclo con algo de verdad para hacerlas verosímiles y la receta trae resultados magníficos.

Así, sin importar la Verdad, sin tener en cuenta los hechos, se generan discursos basados en opiniones, en pareceres, en puntos de vista que si se pasaran por el tamiz de la razón nos daríamos cuenta de que no habría forma de que se sostuvieran. Sin embargo, se sostienen, crecen, se multiplican y abruman. ¿Por cuánto tiempo?

La fórmula ha sido usada desde tiempos antiguos: Platón lo denunció y la búsqueda de la Verdad cribada por la razón ha sido tema de los grandes filósofos desde los griegos hasta Kant. El uso faccioso de la mentira revuelta con algo que simule lo cierto es practica vieja y muy eficiente. Entonces, cuando las mentes serenas analizan y se dan cuenta de la trampa son fulminadas por la pasión que engendró el manipulador.

Así, vemos a Donald Trump desatando una guerra comercial, a Theresa May haciendo malabares para justificar el Brexit, a Benjamin Netanyahu santificando la ocupación de la franja de Gaza, a López Obrador proponiendo cambios según la audiencia que lo escucha.

El problema es que la Verdad es una, la guerra de Trump genera simpatías a su base pero trae consecuencias económicas que son perjudiciales para su propia gente, el Brexit ha impactado negativamente al Reino Unido, Netanyahu agita una bomba de tiempo y de injusticia, López Obrador promete a todos y no se entiende cómo le va a hacer para cumplir.

Pero, la desinformación rinde frutos. Los eslóganes que saben meter el dedo en la yaga reditúan. Pero, el corto plazo es su vigencia, la caducidad es corta. Entonces, la Humanidad se regodea con los bocadillos del banquete sin darse cuenta que de seguir así no vamos a llegar al postre.

A veces, como el Bautista, vamos clamando en el desierto.

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