De Lance Armstrong y de Walmart

La noticia se robó las ocho columnas: Lance Armstrong admite, después de años de haberlo negado, que se dopó, que usó sustancias prohibidas y peor aún, que cuando lo hacía no sentía que estuviera haciendo trampa porque todos competían haciendo lo mismo. Y todavía peor, lo negó y lo negó hasta que no pudo más. En entrevista con Oprah Winfrey, Armstrong salió del closet. Y ahí va, un héroe al desfiladero.
Trece años después de subir al podio en los Juegos Olímpicos de Sydney, Lance Armstrong fue despojado de sus medallas. No será invitado a los festejos del Centenario del Tour de France. El prestigio se convirtió en vergüenza. Le dijo a Oprah que tomó decisiones equivocadas y que estaba ahí para reconocerlo. Es un poco tarde, ¿no creen? Admitir públicamente su culpa después de años de negarlo con firmeza y en ocasiones con violencia, parece algo fuera de lugar. Especialmente por lo que este hombre representó. Fue un ejemplo de fortaleza, un sobreviviente que alcanzó la salud y tuvo éxito. Un superhombre que llenó al mundo con sus emblemáticas pulseritas de caucho, que todos usamos, para ayudar a los enfermos con cáncer. Su proceder manchó a la fundación Armstong y a la verdadera noble labor que llevan a cabo.
Más que el dopaje es la mentira reiterada lo que hace que brote el enojo, la decepción y el sentimiento de traición de todos los que le creímos una y otra vez cuando dijo que no, que él no se dopaba. Ahora resulta que siempre sí. El héroe al hoyo.
Con Wal-Mart sucede algo similar. Esta empresa es caso de estudio en muchas universidades del mundo como modelo de crecimiento, expansión y rectitud. Y no. Resulta que no. Que la gran cadena de tiendas tiene una red de corrupción sobre la que ha sustentado su crecimiento. El éxito se nubla ante la evidencia: en los periódicos nos enteramos de que la honorable cadena agarró a billetazos a varios funcionarios delegacionales para abrir un Sam’s Club cerca de la Villa y ya ni hablar del escándalo por los sobornos repartidos para abrir otra tienda en el área de Teotihuacan. Ahí las implicaciones ensucian a actuales gobernadores, funcionarios y ex funcionarios de dependencias municipales y federales, parece que hasta el INAH recibió donativos sin factura.
No se trata de decir que Wal-Mart sí es honrado, pero, al país que fueres hay que hacer lo que vieres. Tampoco se trata de algo menor o focalizado en el territorio nacional. Este es un problema grave para la empresa pues el 20% de sus puntos de venta se encuentran en México y parece que para cada apertura ha habido que incentivar a la autoridad a tomar la decisión en favor de la cadena de tiendas.
Abusos y corrupción.
Pero ellos se dicen honrados. El primer principio de gobierno corporativo de Wal-Mart es: ” actuar con ética e integridad “. Es el primero, el que da sustento y viabilidad a su negocio, según se lee en la pagina electrónica de la empresa. Y ya ven.
Lance Armstrong no admitía su proceder. Wal-Mart tampoco. Armstrong ya confesó. La cadena de autoservicios no.
A mí me entristece. Yo le creí al ciclista cada vez que negó el dopaje, me enojé por el acoso que denunció en su contra. Yo fui de las que defendí a Wal-Mart, diciendo que en México se critica a las empresas que quieren generar empleos y derrama económica. Sin embargo, no me gusta poner la cara y defender un tema para que luego me salgan con que, en un ataque de sinceridad, digan que siempre sí se arrepienten, que honestamente lo sienten. ¿Honestamente? Sobre que bases les creemos si se acaban de desbarrancar. Falta escuchar que tiene que decir la cadena de autoservicios más poderosa del mundo. Ya me imagino.

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