Ecos y reflejos

La mañana amanece húmeda, llovió por la noche, hay muchas nubes grises, el piso está mojado. En fin, el clima no pudo ser mejor. Es perfecto, tal como a ella le gusta. Se despertó temprano, estoy segura de que ninguna alarma le dijo que era hora. Eligió con cuidado y escogió la blusa favorita. Debo decir que se ve preciosa. Las palabras de una madre siempre tienden a describirlas así. No por eso deja de ser verdad que se ve tan linda, tan grande y tan segura.

Viene a despedirse, a pedir de la bendición. Elevo los ojos al cielo, pido la protección de Dios y de la Corte Celestial. Se va con una sonrisa que no le cabe en el rostro. El eco del día en que la dejé en el kínder en manos de Miss Vero y se despidió encantada de ir a jugar resuena en mis recuerdos. En su primer día de escuela, ella entró dando de saltos y yo me quedé en la puerta con el corazón algo arrugado. Hoy ese reflejo destella y me hace chispas en la boca del estómago.

Escucho la puerta del garage que se cierra, el coche arranca y el tallar de las ruedas en el pavimento se aleja. Ahí va Andrea a su primer día de trabajo. El primer empleo que consiguió por sus méritos, sin que papá o mamá metiéramos las manos. Como estoy de vacaciones, me quedo acurrucada en la cama. El tiempo pasa tan rápido, me lo dijeron siempre y es verdad. Me hago bolita y abrazo las rodillas con fuerza. Sonrío. Aquel día que la dejé en el kínder dibujé unas alas que hoy se extendieron y ya se agitan para volar.

Los ciclos de la vida son virtuosos. Vuelvo a mirar al cielo. Ahora, además de pedir protección, doy gracias y alabanzas porque en su gran poder, Dios me escuchó y me sigue escuchando. Hoy me hija se fue a trabajar.

La migración como un derecho.

Mientras la caravana de migrantes centroamericanos avanza en su andar rumbo a Estados Unidos, en medio de la estridencia de declaraciones entre el gobierno electo, los silencios incómodos de quienes siguen gobernando y la inminente visita del señor Pompeo a territorio mexicano, las palabras de Yann Moulier Boutang nos dan otro punto de vista. Una visión diferente y menos estrepitosa.

El economista e investigador francés participó en un conversatorio donde expuso la necesidad de generar políticas de integración que favorezcan a los migrantes. El “Derecho a migrar” fue el tema que abordó en la XVIII Feria Internacional del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México 2018, que tiene por lema “Derechos y libertades”. El fenómeno de la migración no es una novedad, ha sido una constante en la historia mundial y ha dado origen a diversos países de la talla de Francia y Estados Unidos, génesis que no ha sido reconocida por ambas naciones, parece que lo han olvidado.

Según Yann Moulier Boutang, toda migración sin excepción representa un acto de naturaleza dual. Es un acto tanto económico como político en el que el migrante trata de mantener algunos rasgos identitarios pese a la necesidad de adaptación. Esta lucha interna por conservar sus raíces y mimetizarse en el territorio que los recibe es sumamente fuerte. Además, la complicación se agrava cuando las clases bajas y obreras de los países que reciben a los expatriados se ven amenazados por los recién llegados, quienes en esta condición de desprotección se perciben disminuidos. “La relevancia económica de la migración actual radica en la perspectiva de ver con inferioridad a aquellos que llegan, es una mirada que justifica la esclavitud y las malas condiciones de trabajo”, puntualizó.

La manera como los países se han cerrado a los derechos de los migrantes es un sinsentido, es una aberración y además es una tontería. La migración tiene muchos beneficios para la nación receptora, sin embargo, ha sido consistentemente desestimada. Como es el caso de la ciudad de Cali, en Francia, que multó a los campesinos que contrataran migrantes. El municipio enarbola como un gran logro que ahora ya casi no hay gente de fuera trabajando sus campos. Lo cual es un desperdicio económico.

Asimismo, el trato que se le da a los migrantes se transforma en un acto político, según Moulier-Boutang, “existe la idea de que los migrantes causan problemas, pero hay que entender que la sociedad que los recibe es la que tiene estos problemas y tratan de echarle la culpa a los migrantes, proyectan ciertos problemas a la cuestión migratoria sólo porque ahora la migración se hace más evidente”. Con esta visión, un tanto infantil, se pasan por alto los grandes beneficios que traen consigo las personas que llegan. En muchos casos, lo que traen son soluciones que no se valoran lo suficiente.

En un principio, dice Moulier-Boutang, los migrantes trabajaban en lugares cerrados y alejados como fábricas o campos, lo que los mantenía convenientemente ocultos durante el día de trabajo, pero las posibilidades laborales se han expandido y esto ha hecho que se vuelvan más visibles. “Son útiles mientras permanecen, ocultos pero se vuelven un problema cuando se vuelven evidentes. No se ha asumido que los migrantes han formado parte activa e importante a lo largo de la historia.”

Si, como lo hace Yann Moulier-Boutang, empezáramos a ver que la migración es un derecho y se debe pasar de una política de asimilación a una política de integración que favorezca a los migrantes con documentos, que eviten la discriminación en el mercado laboral y den la posibilidad de instalarse en el país con derechos, estaríamos propiciando mayor armonía y beneficios para quienes llegan y para la nación que los recibe. “Hay que pasar de lo internacional a lo transnacional, sólo así vamos a poder resolver el problema del siglo XXI: la migración.”

Ver la migración como un derecho nos pone en otro escenario. Uno en el que hay posibilidades de que todas las partes tengan un beneficio. Unos buscan trabajar y según los cursos de economía elemental, el trabajo es la fuerza que propicia el progreso.

El plenoempleo en México

Sorprende leer que México se encuentra en plenoempleo, es decir, en este país todos los trabajadores que tiene capacidad de desempeñarse encuentran empleo. Las cifras del IMSS y del INEGI revelan que en tierras mexicanas se tiene un mercado laboral robusto. Según estas instituciones, mes a mes se incorporan a las filas del mundo laboral aquellos que están buscando trabajar. Desde luego, el dato es duro y, a pesar de la seriedad de la información a mí me da por sospechar. 

Claro, siempre hay letras pequeñas a las que debemos ponerle atención. Es cierto, hay mucha gente que está incorporandose a la trinchera de la actividad económica, pero los sueldos que consiguen son de mala calidad. Muchos son absorbidos por la informalidad. Parece que hemos pasado de una situación en la que ya no hay gente que trabaje cero horas en un periodo, a personas que trabajan y reciben pago, aunque no sea muy bueno. Muchos dirán preferible algo que nada y tendrán razón. No sé, tal vez alla plenoempleo de diversas calidades.

No se trata de ser pesimista. De lo perdido, lo encontrado. Es mejor ganar mal que no ganar nada, pero seguimos desperdiciando talento. Una economía que tiene personas que pudiendo trabajar, no encuentra en donde hacerlo, está derrochando porque no apovecha en plenitud sus capacidades. Tener médicos manejando taxis, licenciados en gastronomía atendiendo el mostrador de cafeterías, contadores vendiendo electrónicos no tiene nada de indigno, pero están preparados para hacer algo mejor. 

La brecha que existe entre lo que pueden hacer y lo que están haciendo se llama subempleo. El subempleo merma la autoestima, genera tristeza, rencor y una sensación de impotencia en quienes se encuentran en esta situación. Al,parecer, el patrón se ve beneficiado con una persona competente que se desempeñará por menos dinero, pero eso es una falacia. El trabajador que no está bien remunerado  se siente inquieto, se irá. O, bien, buscará equilibrios. Estará distraído. En todo caso, tampoco el patrón se beneficia totalmente con este escenario.

Generar empleos de mejor calidad es el reto que enfrenta México, pagar mejor a su gente y dignificar a su fuerza labiral es un pendiente en estas tierras. Es verdad, el plenoempleo que gozamos deja pálido de envidia a otros pueblos. Eso no es consuelo. Es una gran noticia saber que hay fuentes de empleo, sería mejor si estas fueran de calidad.

¡Me voy a trabajar!

El trabajo es la forma que el ser humano tiene para ganarse la vida desde que fue expulsado del Paraíso Terrenal. La verdad, aunque a veces parece otra cosa, es que el castigo que Dios le dio a Adán y Eva, resultó ser una fuente de dulce afirmación del ser humano. El trabajo da tono y ritmo a la vida de las personas, para muchos es una seña de identidad y la mayor parte de las veces revela muchos rasgos de nuestra personalidad. Nos ha costado entender que el trabajo es una bendición por medio de la cual podemos llevar el pan y la sal a nuestras mesas gracias al sudor de nuestra frente. Nada se compara al sueño fruto del cansancio por la tarea realizada. El castigo, en todo caso, es la modorra que causa el aburrimiento por la falta de actividad.
A mí me gusta trabajar. Creo que lo llevo en los genes. Mi abuelo materno se topó con la muerte mientras abría la cortina de su negocio, mi abuelo paterno, un hombre dedicado al trabajo del campo, se bajó del caballo para irse al hospital en dónde entregó ese espíritu infatigable que no conoció descanso, mi padre sigue trabajando hoy en día, a sus ochenta años sigue al frente de su negocio. El trabajo es el inicio de un circuito virtuoso en el que se genera riqueza material y de toda especie.
Pero el trabajo se ha convertido en un bien escaso. El mundo sabe que se deben generar fuentes de empleo, la teoría de John Maynard Keynes que dice que toda economía debe tender al plenoempleo sigue vigente, sin embargo, las desaceleraciones económicas, las crisis financieras, y todos los problemas que han frenado el crecimiento del mundo tienen como consecuencia fatal y casi epidémica el desempleo.
En Europa, en Estados Unidos, en México, urbi et orbi, el desempleo genera un círculo vicioso que a su vez provoca una cascada de males, no sólo de índole financiera, también de estabilidad, empuje, psicológica, de salud. Las sociedades involucionan cuando el desempleo crece. Keynes define el desempleo como el fenómeno de gente que quiere y puede trabajar pero no encuentra una forma de emplearse. Eso, con independencia del efecto multiplicador en las economías, es una lástima a nivel personal y una tragedia a nivel microeconómico.
Luego viene una definición que hoy pierde vigencia, el subempleo. Subemplearse, según Keynes, es contratarse en una labor para la que se está sobrecalificado. Es, por ejemplo, cuando un médico maneja un taxi, un ingeniero sirve café en un restaurante, un químico hace tortas en un puesto de lámina. Todos sabemos de que se trata el tema del subempleo pues es un fenómeno cada día más común. Eso, en el pasado se veía como una actividad indigna. Cada vez más los definición de subempleo pierde vigencia y el empleo, del estilo que sea, gana dignidad.
Las universidades hacen mal en lanzar al mundo a gente que si no recibe un puesto de dirección, prefiere no hacer nada. Hacen fatal en promover en sus educandos la idea de que si no emprenden un proyecto o no llegan de inmediato a la cima, han fracasado. Un puesto de auxiliar les parece indigno. Arrugan la nariz y se horrorizan al pensar que se van a sentar en una cruceta y su peor tragedia es darse cuenta de que no llegarán a una oficina con puerta, vista a los rascacielos y un ejército a su cargo.
Una persona inteligente, que sabe de sus capacidades, en lugar de sentirse resentida por estar subempleada, estará agradecida por tener empleo. Sus capacidades superiores le ayudarán a hacer mejor su trabajo, a destacarse y a progresar. Trabajar se trata de algo similar a subir una escalera. A veces nos toca empezar a subir desde el tercer escalón, a veces nos toca arrancar desde el sótano. El chiste no es fijar la vista en el origen sino en el destino. ¡Qué nos importa dónde iniciamos el ascenso! Lo relevante es llegar al lugar propuesto.
Mi papa decía, el trabajo es similar a un autobús. En ocasiones nos toca estar en el lugar del conductor, otras nos toca ir en el lugar de hasta atrás. Hay veces que el autobús está arrancando y la única opción para subirte es treparte e ir de mosca. Hay momentos en que ni siquiera hay espacio, lo único que hay es una mano que se tiende para que te cuelgues de ella.
Muchos despreciarán la oportunidad de subirse así. Lo percibirán como indigno y despreciable. Preferirán dejar ir la oportunidad. Se quedarán abajo viendo como el autobús se aleja. Alcanzarán a ver que aquel que les tendía la mano ya se sentó en un asiento modesto. Se enterarán de que poco a poco este sujeto va avanzando y va encontrado espacios más cómodos en el autobús. No podrán dar crédito de que aquel que les extendió la mano, al poco tiempo, ya va manejando. Ellos seguirán viendo, desde la lejanía, como el subempleo se transforma en fuente de alegría y en generación de riqueza. De una manera mágica el subempleo se convirtió en empleo.
Así sucede con la piel de muchas personas. En uno y en otro sentido. Unos esperarán con paciencia a que la oportunidad dorada llegue, sin ensuciarse haciendo tareas para las que están sobrecalificados, otras, con humildad aprovecharán la oportunidad. Algunos tendrán la fortuna de ver su paciencia coronada con el empleo anhelado; otras envejecerán esperando. La suerte no llega, se la forja uno con el trabajo. Las ventanas de oportunidad se abren y se cierran constantemente, lo que falta es estar atentos para poder aprovecharlas. Los prejuicios son obstáculos que hay que sortear con cuidado para no tropezarnos. Los peores y más elevados son los que construimos alrededor de nosotros mismos, entorno a nuestros merecimientos. Nos atrapan en una caja de cristal, nos inmovilizan y cuando menos nos damos cuenta estamos siendo derrotados por nosotros mismos.
Aceptar con alegría lo que existe y promover la dignidad del trabajo es una muestra de inteligencia que rinde frutos en el entusiasmo, en el sentido de vida, en la identidad y en el aspecto económico financiero.
Yo, por lo pronto, si me lo permiten, ¡me voy a trabajar!

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De regreso a lo esencial

Lo esencial vuelve a estar de moda. Existe una fuerte tendencia en el mundo de la capacitación para regresar a las bases que dan sustento al individuo. Grandes empresas, corporativos, instituciones trasnacionales, universidades de primer nivel incluyen en sus programas de formación temas que buscan el fortalecimiento personal. Parece que dadas las circunstancias mundiales crece la idea de mirar al hombre.
Se ilumina la idea de que privilegiando a la persona y su bienestar se aumentan las posibilidades de hacer las cosas bien. El tema nodal es fijarnos más en el desarrollo del capital humano para que a partir de éste se alcancen los resultados deseados. Los indices, parámetros, planes y presupuestos no pierden su importancia, simplemente toman su lugar.
Así, con la persona como centro, se logran los mejores proyectos de desarrollo y crecimiento. Cada día es más frecuente que los programas de formación atiendan temas técnicos, personales y sociales. Los centros de trabajo se ocupan de dar herramientas para que los empleados puedan desarrollar su labor pero, por fin, se llega a la conclusión de que un individuo requiere de armonía para entregar mejores resultados. Por ello, la tendencia es brindar programas que ponderen en igualdad de importancia los aspectos técnicos, humanos y sociales de los integrantes de la empresa, desde la punta de la pirámide jerárquica hasta sus bases.
Los nuevos planes de capacitación incluyen cuestiones académicas que ayuden al individuo a alcanzar una visión de como realizar sus tareas, pero quedarse ahí sería limitar el desarrollo. Entonces se acentúa en primer término al ser humano en primera persona, es decir, se invita a la persona a mirarse de frente, a hacer una autoevalución, una toma de inventario de lo que hay y de lo que no hay en el individuo y se empieza a trabajar para lograr lo que se quiere. Lo que cada quien quiere es un anhelo íntimo, es una conclusión individual que brota de un análisis honesto y que ayuda a alcanzar lo que cada uno entiende como desarrollo.
A partir de lo que cada persona descubre, se integra también la parte social. Se forma un mosaico multifacético en el que la variedad crea el sabor. Se trabaja con los mejores anhelos del individuo y a partir de ellos se alinean las aspiraciones a la visión de la empresa.
Se trata de sumar felicidad al proceso.
La búsqueda de un desarrollo integral de ejecutivos y trabajadores es una preocupación que está dando buenos resultados. Cada vez queda más clara la necesidad de contar con gente que tenga una formación integral que le haga posible ver más allá, que le posibilite una visión global y más humana del entorno.
Se vuelve a lo esencial. Los valores humanos se convierten en la tendencia que está a la vanguardia. Caemos en la cuenta de que el éxito es el balance que se da entre lo que queremos conseguir y la forma de hacerlo.
Las historias de empresas con desempeños extraordinarios se han escrito sustentadas en un buen producto, en técnicas y oportunidades, en conocimientos, sí, sin duda, pero se han afirmado sobre las bases de valores claros y trabajo arduo.
En un mundo tan competitivo es importante manejar adecuadamente la ambición y el deseo de realización. Tenemos que promover una cultura en la que formemos personas integras que tengan empuje, que se atrevan a emprender, a poner en acción sus ideas, a desarrollar su creatividad, que respeten a los demás partiendo del respeto hacia si mismos.
Las nuevas tendencias de capacitación ven que el desarrollo radica en la formación integral del individuo, en la visión institucional para ayudar a las personas a alcanzar el bienestar y la felicidad. A partir de este sustento llegará una derrama natural de entusiasmo y empuje que impactará positivamente a las instituciones y al mundo en general.
Son buenas noticias que las tendencias señalen el camino de regreso a lo esencial.

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Prometimos poco, pero vamos a cumplir

Llegamos al pueblo de Albergaria, uno de los solos del recorrido. Me sorprende el tamaño del supermercado que está a las afueras, es enorme. Las calles están desiertas, ni siquiera los fantasmas salen en esta tarde lluviosa. ¿A qué? Sólo los peregrinos se mojan. Las banquetas húmedas, los restaurantes y comercios cerrados. Es domingo y ni siquiera las puertas de la iglesia están abiertas. Raro, aunque ni tanto, es el día de las elecciones.
Llegamos al albergue. Un verdadero lugar para peregrinos, sencillo, muy sencillo. La máquina del tiempo funciona. El albergue parece uno de los años sesenta. Es una casona con muchos cuartos, todos amueblados con camas y roperos de los tiempos de María Castaña. Te preguntan si quieres una habitación con o sin baño. Sí, eso existe todavía. Del Internet mejor ni hablamos. La alfombra, las cortinas y las toallas parecen traídas de otra época. No hay tele. Todo es sumamente austero.
Vamos a cenar, delicioso y acto seguido a dormir. No hay nada más que hacer. Apagamos la luz y justo cuando estamos apunto de caer en los brazos de Morfeo, entra de la calle el ritmo de una batucada. Gritos y vítores. Bocinas de autos. Ratatatá, ratatá. Tambores. Hay festejo.
Imposible conciliar el sueño. Abrimos la ventana para ver qué sucede. La gente,,por fin, ha salido de sus casas.Albergaría no es un pueblo fantasma. El resultado de la elección ya se conoce. El candidato ganador se reúne con su gente para agradecer. A eso se debe le jolgorio.
Bajamos a la plaza a ver el festejo. El vencedor da su discurso. Dice que no prometió mucho, pero que va a cumplir. Escuchar eso me impresiona.
Cumplir, me quedo con esas palabras. El empeño de las mismas. ¿Para que prometer las perlas de la virgen si no se van a poder conseguir? Mejor empeñar la palabra en lo poco para poder honrarla. Sin embargo, entre las palabras portuguesas alcanzo a entender que la promesa es trabajo. Mayores fuentes de empleo. No es una promesa menor. Pero, en apariencia, esa fue la promesa que los llevó al triunfo.
En el festejo hay viejos, jóvenes, mujeres, niños y dos peregrinos. Todos felices. El candidato da voces de entusiasmo. Portugal no la está pasando bien. Hemos visto puebos abandonados, hay mucha migración. Las personas buscan trabajo. Los políticos lo ofrecen. ¿Serán capaces de cumplir?
A pesar de que la lluvia es fuerte, la gente escucha a los ganadores, se resiste a regresar a sus hogares. Aguanta el embate de la lluvia que se hace más fuerte. Decidimos regresar al albergue. Pienso en que el trabajo se ha convertido en el oro que hace emigrar a las personas. Es el tesoro anhelado y, por desgracia, un bien escaso. No únicamente en Portugal, en muchos lugares del mundo.
No sé si este político de cuyo nombre no me voy a acordar va a cumplir la palabra empeñada. A mí me marcaron esas que dijo: No prometimos mucho, pero lo que prometimos lo vamos a cumplir/.
Esa es la enseñanza. Comprometerse a lo que se va a cumplir.

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Berlín, sobria.

Es primavera y en Berlín hace frío, amanece a menos siete grados centígrados y la temperatura se niega a escalar por encima de los dos, a pesar de que el sol brilla con poder. Si en las fotografías no se viera la nieve, cualquiera pensaría que el día está caluroso. Nada de eso. El viento sopla y da la impresión de que el invierno se quiere quedar con los alemanes.
Así es Berlín, bipolar, contrastante. Una ciudad ultramoderna y sobria. Un lugar con años de historia y tradición que se oculta. Hay que poner atención, hay que ir de mano de un experto para escarbar en sus entrañas y encontrar la ciudad de los libros. La del imperio, la de Hitler, la dividida, la de la guerra fría, la líder de Europa, todos esos hilos narrativos se pierden en una ciudad que se sigue reconstruyendo. En el paisaje se ven las grúas que movilizan enormes piezas de concreto. Berlín sigue en construcción. Es como la mujer que se arregla eternamente y no termina de estar lista.
Es por su historia. Hace algunos años parecía que Berlín no sería definitivo. Era en sí mismo una isla, un enclave sitiado de la Alemania Occidental en la Oriental. Se arreglaban las cosas de manera provisional, esperando tiempos mejores. Cuánta razón tuvieron. Esos tiempos ya están aquí. Acabó la división.
La austeridad alemana está siendo recompensada. El orden que se refleja en las calles viene de las casas. Nada fuera de su lugar. No hay excesos, están ocupados de lo necesario. Para muestra un botón: Ángela Merkel no vive en una residencia oficial. En Berlín no hay Casa Blanca, ni Rosada, ni Downing Street, ni Los Pinos. Ella vive en la casa que compró con su marido antes de ser la Canciller de Alemania. Un apartamento sencillo a la vera de la isla de los museos. Si no me lo advierten, no me hubiera enterado. Únicamente dos guardias de la policía municipal resguardan el lugar. No se despilfarra en escoltas, ni en parafernalia. Un cantante chafa en México tiene más custodios que la casa de la mujer más poderosa de Europa.
Así es Berlín. No hay grandes memoriales para los caídos en el holocausto. Hay pequeñas placas en el suelo que cuentan cada historia. Historia que debe ser elaborada por el lector. Nombre, fecha de nacimiento, fecha de aprensión, forma y lugar del asesinato, fecha de muerte. Cada uno debemos de llenar el espacio. Lo único que sabemos es que cada placa fue colocada frente a la casa donde habitó el judío en cuestión. El judío o aquel que fue clasificado como tal según los criterios del régimen. Tal vez en esa sobriedad se refleja de forma más dura la realidad de Berlín.
Guillermo, el experto que nos guío por Berlín me dijo,¿Ves esa pared en ese edificio, tiene nombres, los notas? Sí, claro. ¿Te fijas que al lado del edificio hay un terreno vacío? Sí, desde luego. Es la casa vacía. Me reí, pensé que se trataba de un chiste. Nada de eso. La casa vacía es un monumento. Ahí, en ese lugar hubo una casa que fue destruida por una bomba, los nombres son los de las personas que vivieron y murieron ahí. Jamás se construirá otra cosa ahí.
Ese es Berlín. No oculta sus co atrices pero tampoco las a da presumiendo. Sorprendente, pero debe ser descubierto. No se da tan fácilmente, hay que hacer la tarea.
Berlín es sobria y congruente. No se deja seducir por los cantos de la riqueza, no se emborracha con los vapores pasajeros de la gloria. Tal vez porque sabe de lo que le están hablando.
Por la noche, la ciudad se viste de luces, las suficientes, para hechizar al visitante. No es el resplandor encandilante de otras ciudades. Aquí no hay derroches. Es lo justo para dar belleza y realce a está ciudad que no se deja encantar por las sirenas.

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El largo de la falda

El periódico Reforma, en su sección de moda, hace una analogía muy curiosa, relaciona el largo de las faldas con los tiempos de crisis y de bonanza. Dicen que en épocas de crisis la falda se alarga y en las de bonanza la falda se acorta. ¿Será verdad que las mujeres mostramos más o menos pierna de acuerdo a la situación macroeconómica?
Es interesante, según el económista George Taylor, profesor de la Universidad de Wharton, se puede predecir la tendencia económica por medio de la moda y del largo de la falda. Según su Himeline Índex, si sube el dobladillo de la prenda, el mundo vivirá una tendencia alcista, si el dobladillo baja, bajaran las expectativas y la actividad económica. Parece una ocurrencia, sin embargo, existe una simpática correlación entre el largo de la bastilla y los resultados económicos.
Puede ser una coincidencia, pero la historia parece ratificar la teoría de Taylor.
En la década de los veinte el mundo vivía años de tranquilidad económica y los vestidos se llevaban a la rodilla, era la época del Charlestón, altura Chanel, flequillos, y cortes lineales y simples.
La crisis del veintinueve no sólo precipitó las bolsas de valores, el dobladillo llegó hasta el tobillo, faldas sencillas, de cortes minimalistas, prácticamente sin adornos. Las piernas femeninas se ocultaron para mayor tristeza de los varones. Quebrados y sin alicientes visuales.
En los sesenta las grandes guerras ya habían concluido, las restauraciones ya eran evidentes, la paz mundial sembró optimismo y recuperación. El animo, las bolsas y el dobladillo subieron. En los sesenta nació la minifalda.
Vietnam, los movimientos estudiantiles, las protestas y la intranquilidad, asustaron a la humanidad. Las bolsas de valores, sensibles al entorno, se desplomaron y el largo de los vestidos también. El movimiento hippie apuesta por faldas que rozan el piso. Son los inicios de la década de los setenta.
En los ochenta, la tendencia neoliberal trae bonanza económica, los movimientos punk y new age elevan el dobladillo de la falda. Las bolsas suben sus indices a niveles históricos.
El crack de finales de los ochentas, no tan intenso como la crisis de los veinte, baja el dobladillo a media pierna. Se deja ver un poco de pantorrilla. Hasta que el mínimalismo de los noventas eleva las bolsas y el alto de la falda.
A principios del siglo veintiuno los diseñadores apostaron por cortes con faldas largas y amplias.
Hoy, vemos por las calles faldas cortas, con o sin vuelos, largas, de lápiz, de cigarro, y amplias y largas. Hay evocaciones a las divas de Hollywood, pero se puede ver también ropa cómoda y sin pretensiones.
Igual en la economía, hay pronósticos fatalistas con respecto a Norteamérica y la zona Euro, mientras a América Latina parece irle mejor en las tendencias.
¿Qué tan larga queremos usar la falda? ¿Hay que hacerle caso al señor Taylor y subir el dobladillo?, ¿Le hacemos caso a la liga de la decencia y asumimos que al bajar el dobladillo puede bajar la bolsa? Mejor le hacemos caso al espejo, digo yo. Simpática correlación entre le mundo de la moda y de la economía. ¿Será una casualidad o una constante?

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